Cómo superar la culpa

«No puedo evitar sentirme culpable por todo. Si llego tarde a un sitio, aunque haya sido por motivos ajenos a mi, me siento culpable. Si en una reunión social digo algo inconveniente me paso días dándole vueltas a la cabeza sobre lo ocurrido sintiéndome fatal. Si mis padres discuten o me enfado con mi pareja ¡peor!. No hago más que buscar qué he hecho mal y me martirizo pensando que ha sido por mi culpa».
Este puede perfectamente ser el comienzo en terapia de una conversación en torno al sentimiento de culpa, instalado de una manera desproporcionada en personas con una elevada auto-exigencia o que han aprendido desde la infancia a atribuirse la responsabilidad de casi todo. Personas que tienen la creencia de que están obligadas a tenerlo todo controlado, incluso lo que no depende de ellas. La culpa es una de las emociones que peor fama tienen, pero como decíamos en el artículo: «Las emociones, base de una buena autoestima», todas las emociones tiene su función. El sentimiento de culpa, si es proporcionado a la conducta, favorece a través del arrepentimiento no trasgredir las normas sociales. Es algo así como un «medidor moral interno» necesario para relacionarnos y convivir con los demás, sin pasar la raya fundamental del respeto hacía el otro. Esto ayuda a corregir los errores, a disculparnos y elegir otra vía de actuación para futuras situaciones. Reconocer el error y permitirse el arrepentimiento, entendiendo que soy humano y que tengo derecho a equivocarme y pedir perdón, sin que ello suponga un signo de debilidad, es la manera de superar la culpa y liberarse del aluvión de desencadenantes emocionales que la culpa conlleva.
La culpa es una de las emociones que peor fama tienen
Pero ¿qué ocurre cuando la culpa es desproporcionada y parece formar parte de mi carácter? En ocasiones detrás de la culpa hay una cierta soberbia, una creencia interiorizada de que «yo no puedo equivocarme», pero en otras denota que la persona se juzga por todo, siempre que las cosas no salen como espera o como se supone que deberían ser. Pero ¿qué sale tal y cómo esperamos? ¡No podemos pretender que todo a nuestro alrededor sea completamente armónico! Es en estos casos cuando ese «policía moral interno», como lo denomina Daniel Goleman, es más bien un tirano que se encarga de tenernos bien sometidos y en un estado de sumisión que repercute en nuestra autoestima. El perfeccionismo y unas metas sobrevaloradas nos mantienen en el sentimiento de culpa. La culpa es negativa cuando a través de ella nos descalificamos y etiquetamos. Esto nos paraliza y no permite una resolución del conflicto. Emocionalmente quedamos atrapados en un malestar que podemos llegar a somatizar, con mensajes recurrentes y descalificativos sobre nuestra persona.

CÓMO SUPERAR LA CULPA

Cuando detectamos que algo de lo que hemos hecho o dicho ha repercutido negativamente sobre alguien, de nada sirve lamentarse y rumiar una y otra vez lo sucedido infravalorándonos. Hay personas que cuando cometen un error responden a su sentimiento de culpa proyectando fuera su enfado contra el otro. «Me siento mal por haberte fallado y te ataco, ya que creo que este malestar me lo generas tú». Este es un ejemplo de cómo, cuando no localizamos la emoción ni los pensamientos que la generan, podemos actuar por impulsos, con respuestas toscas ante las emociones, empeorando más las cosas. De ahí que sea tan importante darnos cuenta de lo que pensamos y cómo esto nos hace sentir, por ejemplo: Llego tarde a una cita, el tráfico está imposible pero lo cierto es que me he levantado tarde. Algunas personas pensarían: «estoy angustiado por si la persona que me espera está enfadada, luego... ¡a quien se le ocurre quedar a estas horas!¡luego le digo que nunca más!". En otros casos: «soy un desastre, soy lo peor por llegar tarde. Mi amigo está esperando por mi culpa, luego...¡no merezco tener buenos amigos!". Está claro que ninguno de los dos casos se enfrenta al sentimiento de culpa de forma constructiva, pero ¿cómo hacerlo?:
  • 1. detecto lo que pienso: «he cometido un error al levantarme tan tarde y no es justo que lo pague mi amigo".
  • 2. localizo la emoción: «me siento avergonzado por ello, tengo un nudo en el estómago».
  • 3. ajusto el pensamiento responsabilizándome de lo sucedido: «es cierto que no lo he hecho bien, he cometido un error pero no significa que sea mal amigo de mis amigos o que no les tenga en cuenta. Trataré de tener más cuidado la próxima vez".
    Este planteamiento favorece que mi autoestima no se vea dañada a la vez que reconozco mi error, del cual aprendo. Además cuando me encuentre con mi amigo éste agradecerá mis disculpas y yo dejaré de darle vueltas a lo sucedido martirizándome. Conclusión, un exceso de culpabilidad nos paraliza y no ayuda a solucionar los problemas. Nos bloquea generando una baja autoestima y creencias irracionales sobre nuestra persona o los demás. Reconocer que hemos cometido un error, es decir, responsabilizarnos no culpabilizarnos, es fundamental a la hora de relacionarnos con los demás. Somos humanos ¡imagina la de errores que podemos cometer en un día! sentirme culpable con cada uno de ellos y juzgarme me amargará el día y seguro que dará cancha a la úlcera. No olvidemos tampoco los mensajes culpabilizadores que se nos hayan repetido desde pequeños por no cumplir las expectativas puestas sobre nosotros. En estos casos es muy importante diferenciar los deseos de los demás de los propios. Desarrollarme y tomar decisiones bajo mi propio criterio es un derecho, tan importante en la experiencia vital como el de equivocarme al hacerlo.

    Bibliografía:

    • • "Trabajar con las emociones en Psicoterapia" (1997). Leslie S. Greenberg y Sandra C. Pavio
    • • "Psicología Social" (2002). Editorial Pearson Education.
    • • «Inteligencia Social» (2006). Editoril Kairos. Daniel Goleman.

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