Cómo afecta el alcohol a las personas con trastornos mentales

¿Cómo afecta el alcohol a las personas con trastornos mentales?

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¿Cómo afecta el alcohol a las personas con trastornos mentales?. El consumo regular de alcohol es siempre algo malo para la salud física y mental, por mucho que esta clase de bebidas estén muy normalizadas. Sin embargo, esto es especialmente cierto en el caso de las personas con problemas de salud mental. Es por ello que a la vez que quienes han desarrollado una psicopatología van a psicoterapia, se les recomienda que o consuman ninguna droga, incluyendo estas tan comunes.

En este artículo hablaremos acerca de cómo afectan las bebidas alcohólicas a las personas con trastornos mentales, las diferentes maneras en las que las perjudican.

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¿Cómo afecta el alcohol a las personas con trastornos mentales?

El consumo de alcohol empeora también el estado de las personas que ya presentan afectaciones mentales, ya que lejos de servir como método para inhibir y olvidar nuestros problemas, hará que la funcionalidad del paciente se vea más afectada y que pueda desarrollar una patología dual, donde se observará un trastorno mental y uno por consumo de sustancia. Este tipo de afectación incrementa la gravedad de la situación y el número de ingresos, recaídas y peor seguimiento del tratamiento.

Pero incluso si la toma de bebidas alcohólicas o llega a consolidar la aparición de una adicción, este tipo de hábito resulta perjudicial para la salud mental, y por eso es muy recomendable dejar de lado este tipo de productos mientras dure el proceso de terapia. A continuación veremos cuáles son las distintas maneras en las que el consumo de alcohol perjudica a la persona que ya había desarrollado un trastorno mental.

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1. Interacciones con el psicofármaco que se toma

El alcohol puede interactuar con el psicofármaco recetado por el médico que toma el sujeto para tratar sus problemas de salud mental, haciendo que se altere su estado de ánimo. Por ejemplo, el efecto de las benzodiacepinas se puede ver reducido, ya que es un ansiolítico que actúa sobre el neurotransmisor GABA, depresor del sistema nervioso, el mismo neurotransmisor vinculado con el consumo de alcohol, y puede producirse una tolerancia cruzada. Esto significa que la dependencia del alcohol y consecuente alteración del GABA disminuyen los efectos de las benzodiacepinas y repercuten en el estado del paciente.

De un modo similar pasa con los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, los ISRS, ya que se ha observado que el consumo de alcohol repetido produce un déficit serotoninérgico que interfiere en el modo en el que el sistema nervioso procesa este neurotransmisor y hace que el funcionamiento de los antidepresivos no sea correcto. De este modo, en un paciente con patología dual no se ha visto efectivo tratarlo con ISRS directamente, primero se pone énfasis en eliminar el consumo de la sustancia adictiva para así poder empezar el tratamiento farmacológico si los síntomas depresivos perduran.

2. Mayor predisposición a la impulsividad y al comportamiento violento

El aumento de la agresividad o violencia también puede ser una alteración que se presente como consecuencia del alcohol, sobre todo a dosis pequeñas, cuando se produce una desinhibición cortical y aparece un estado de excitación.

El sujeto estará mucho más irritable, lo cual, unido a los problemas de ansiedad generados por el trastorno mental, termina afectando su estado anímico y generando un elevado nivel de frustración y malestar que vuelve a la persona más proclive a actuar de manera agresiva (porque no se ve con la capacidad de lidiar con los inconvenientes o malentendidos de su día a día de una manera ordenada y deteniéndose a pensar). Aunque queremos recalcar que el alcohol no te hace una persona violenta si no lo eres, solo predispone y facilita que aparezcan estas conductas si el sujeto ya es propenso a mostrarlas.

De este modo, durante la terapia psicológica se trabaja para que el sujeto aprenda nuevas maneras no lesivas de relajarse, desconectar y mejorar su estado de ánimo; planteamos qué le hace sentir bien, buscando así alternativas más saludables al consumo de alcohol. Por ejemplo, hay sujetos que les relaja pintar o practicar deporte y les ayuda a no pensar en sus problemas.

3. Mayor propensión a aislarse socialmente

Tanto la adicción al alcohol como el hecho de emborracharse y después sufrir la resaca hace que los vínculos sociales queden dañados. La persona que suele beber productos alcohólicos con regularidad suele llevar un estilo de vida muy sedentario, y termina acostumbrándose a beber por cualquier excusa, haciendo de ello un pasatiempo. Esto resulta especialmente dañino en personas con trastornos del estado del ánimo, porque la falta de actividades que impliquen relacionarse con el mundo y con otras personas contribuyen al mantenimiento de los síntomas depresivos.

4. Tendencia a usar el alcohol para evadirse

Las personas con trastornos mentales están especialmente expuestas a utilizar el alcohol como una manera aparentemente sencilla y barata de no pensar en lo que les preocupa y/o les hace sentirse mal. Enmascara ese malestar con un alivio transitorio. Por ello, es más fácil que caigan en el círculo vicioso del alcoholismo.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona. ¿Cómo afecta el alcohol a las personas con trastornos mentales?

Rivas, V., Rodriguez, C.M., Arias, M.R., Carrillo, L., Cetina, E. y Gonzalez, R. (2016) Relación del consumo de alcohol y trastornos mentales en habitantes de una población rural.

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autora del artículo

Laura Palomares Pérez

PSICÓLOGA - SEXÓLOGA COLEGIADA M-15270

Laura Palomares (Madrid, 1973) se licenció en Psicología en la por la UAM, funda y forma parte de Avance Psicólogos desde el año 1999. Amplía su formación en los siguientes ámbitos de la psicología: Título de Formadora en Sexología por el Instituto de Ciencias Sexológicas (In.Ci.Sex) Universidad de Alcalá de Henarés. Master en Sexología por el Instituto de Sexología de Madrid (In.Ci.Sex) Universidad de Alcalá de Henares. Prácticum en la Sociedad Sexológica de Madrid-Fundación SEXPOL. Título de Especialista en Terapia Gestalt, por la Fundación Laureano Cuesta en la Universidad de Comillas. Especialista en Terapia de Pareja, por el Centro Psicológico Dr. De Francisco. Diploma en Técnicas de Integración Cerebral (TIC), por el Centro de Terapias de Avanzadas. Tras 25 años de experiencia como psicoterapeuta, ahora colabora como divulgadora para medios especializados en el ámbito de la Psicología y la salud.

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