Carga mental de trabajo: qué es y cómo se puede medir

Laura Palomares

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El mundo laboral cada vez es un entorno más controlado, donde no se suele dejar ninguna variable al azar. La carga mental de trabajo no es una excepción.

Con este artículo trataremos de arrojar luz sobre este concepto, averiguando cuáles son los principales factores sobre los que se sostiene, cuál es su importancia, cómo podemos evaluarlo y otras cuestiones igualmente relevantes.

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Qué es la carga mental de trabajo

Para definir la carga mental de trabajo es importante que tengamos en cuenta el contexto en el que se engloba dicho concepto. Se trata de una cuestión estudiada ampliamente en los ámbitos de higiene laboral y psicología organizacional. Se trata de un fenómeno complejo, por lo que debemos comenzar desde el principio.

Hablar de trabajo es hablar de cualquier actividad que los humanos lleven a cabo mediante tareas físicas y/o cognitivas, para lograr unos determinados objetivos al mismo tiempo que el potencial del trabajador se desarrolla, y todo ello a cambio de una retribución por los esfuerzos prestados. Teniendo esto en cuenta, podemos inferir qué es la carga de trabajo, en general, concepto que debemos desarrollar antes de llegar a la carga mental de trabajo.

Por lo tanto, la carga de trabajo se referiría a la cantidad de esfuerzo que el trabajador ha tenido que emplear para realizar todas esas tareas que en última instancia le han permitido alcanzar las metas establecidas. Además, no se trata únicamente del esfuerzo, sino de la interacción de este con la dificultad de la tarea en cuestión. Lógicamente, las características individuales de cada trabajador, centro de trabajo y tarea, modifican esta ecuación.

Es ahora cuando podemos hacer una apreciación sobre esta descripción para alcanzar la definición de la carga mental de trabajo. Mencionábamos que el trabajo se puede realizar mediante tareas que impliquen un esfuerzo de tipo físico o bien de tipo cognitivo. Bien, pues el concepto que nos ocupa se referiría a ese segundo tipo. Por lo tanto, hace referencia a la cantidad de tareas de tipo no físico que una persona ha de realizar en su puesto laboral, y a su relación con las características del trabajador o trabajadora.

Así pues, la carga mental de trabajo es un concepto perteneciente al ámbito de la ergonomía cognitiva que surge de la interacción entre las exigencias psicológicas de un trabajo (tareas de toma de decisiones, atencionales, memorísticas, etc.) y de las aptitudes o habilidades de quien lleva a cabo ese trabajo. Es uno de los elementos de la carga de trabajo, que incluye las exigencias psicológicas y físicas ligadas a una tarea o un proceso laboral. En la práctica, la carga mental de trabajo muchas veces va acompañada de algún tipo de reto de carácter físico.

¿Cómo se mide la carga mental de trabajo?

No existe una sola metodología o herramienta para medir la carga mental de trabajo, sino varias. Las más importantes tienen en cuenta variables que pertenecen a estas dimensiones:

  • Fenómenos fisiológicos.
  • Sentimientos y subjetividad del trabajador.
  • Rendimiento del trabajador.
  • Análisis del puesto de trabajo: entorno físico, responsabilidades a realizar…

 

Así pues, estudiar la carga mental de trabajo no consiste simplemente en centrarse en el trabajador como individuo, sino ir más allá y tener en cuenta también el entorno en el que trabaja y lo que ocurre en este.

Las implicaciones de no tenerla en cuenta en la empresa

Las empresas y organizaciones en general deben tener en cuenta la carga mental de trabajo para prevenir la aparición de problemas tanto en el rendimiento como en la salud de los trabajadores. Si se da un desajuste demasiado pronunciado entre las exigencias del trabajo y las habilidades del trabajador, es fácil que aparezcan alteraciones psicológicas.

El insomnio y los problemas de estrés y ansiedad (problemas muy relacionados entre sí) están entre los fenómenos más habituales cuando la carga mental de trabajo sobrepasa las capacidades de la persona. En estas situaciones surgen síntomas como los problemas de concentración, la fatiga prematura, los pensamientos catastróficos, la rumiación psicológica, la procrastinación, etc.

Otra de las alteraciones psicológicas frecuentes es el síndrome de burnout, en la que encontramos un conjunto de síntomas vinculados al estrés y otros asociados a la desmotivación y la pasividad: esto ocurre cuando se mezcla una presión alta de trabajo y una cierta monotonía y falta de expectativas estimulantes.

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Referencias bibliográficas:

Arquer, M.I. (1997) “Carga Mental de Trabajo: Fatiga”. Madrid: INSHT. Notas Técnicas de Prevención NTP-445.
Karasek R. A. (1979). “Job demands, job decision latitude, and mental strain-implications for job redesign“. Administrative Science Quarterly, 24(2): pp. 285 – 308.
Rubio Valdehita, S.; Díaz Ramiro, E. (1999). La medida de la carga mental de trabajo I: Índices basados en el rendimiento. Boletín Digital de Factores Humanos, 20.

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