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3 consejos para liberarse de la ansiedad

Terapia Aceptación y Compromiso: 3 Consejos contra la Ansiedad

La ansiedad puede ser motivo de un alto sufrimiento psicológico y pérdida de satisfacción con la vida. Es un cuadro muy común en las consultas por lo que el estudio de los procesos que la mantienen se hace especialmente importante en la investigación en psicología clínica.

Hoy nos centraremos en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y su tratamiento para la ansiedad basado en la aceptación de la experiencia ansiosa y la dirección hacia acciones comprometidas.

Nuestra Terapia para la Ansiedad

¿Qué la ansiedad en las terapias ACT?

Entendemos por ansiedad una respuesta de nuestro cuerpo que se caracteriza por un conjunto de síntomas que van desde sensaciones (ahogo, palpitaciones, sudoración, nudo en la garganta, miedo, problemas estomacales.. )hasta pensamientos y creencias (temor a un estímulo, desesperanza, miedo a la pérdida de control, desazón porque ocurra algo malo…).

La ansiedad es una respuesta normal del cuerpo ante un estímulo que nos parece amenazante (sea o no realmente amenazante nuestro cuerpo así lo siente). Se trata de algo que, aunque no nos guste , forma parte de la experiencia del ser humano. La viviremos, sin ninguna duda, en un momento u otro de nuestra vida.

¿Cómo funciona la ansiedad?

Es importante conocer su funcionamientos para salir del círculo vicioso que genera:

Algunas personas cuando experimentan esa sintomatología tan desagradable, incómoda e incluso dolorosa es habitual que se asusten y comiencen a realizar comportamientos para neutralizarla. Estos intentos de neutralización es lo que denominamos “luchar contra la ansiedad”. Esta lucha está encaminada a que los síntomas desaparezcan y a minimizar las probabilidades de que nos “dé” la ansiedad. Normalmente se tiende a evitar situaciones que me generaron ansiedad, se hacen comportamientos de distracción, se tiende a dar vueltas a la cabeza, dejamos de hacer cosas que creemos que nos podrían poner ansiosos,etc.

Este tipo de comportamientos reducen a corto plazo el malestar de la ansiedad pero a la larga pueden tener un coste importante en nuestra vida. Podemos perder actividades importantes que nos gustan y deteriorar nuestras relaciones con los demás además de hacer mella en nuestra autoestima.

Además , quien padezca o observe a alguien con ansiedad, se percatará de la paradoja de las evitaciones: parecen la única buena idea a corto plazo pero a la larga no hacen que desaparezca…¡todo lo contrario! la mantiene e incluso la aumenta.

En pocas palabras: ademas de privarme de hacer cosas valiosas por evitar sentirla la alimento y aumento a largo plazo…Mala estrategia ¿no?

Desde las Terapias de Aceptación y Compromiso (ACT) se proponen una serie de movimientos que pueden ayudarnos a salir de este bucle y llevar una vida plena.

1. “Dejar estar” a la ansiedad: experimentar y mantenerme en lo importante.

Por lo comentado anteriormente el abandono de la lucha es un paso primordial para liberarnos de la ansiedad. aprender a dejar estar la ansiedad y seguir realizando nuestras actividades importantes es crucial para “ponerla a raya” y conseguir que se aleje de nosotros. Aprender a visualizar mi ansiedad, perderle el miedo, sentirla, experimentarla y dejarla pasar son movimientos clave que pueden ayudarnos a salir de la lucha infructuosa del bucle.

2.Aprender a poner fin a la rumia

Otro aspecto muy importante en la lucha de la ansiedad es la rumia. Rumiar es un intento mental de solucionar el problema, de encontrar por fin la solución que haga que acabe nuestro sufrimiento. Es el “dar vueltas y vueltas” al tema. Lo que encontramos en el caso de las emociones en general, y la ansiedad en particular, es que pensar no sirve de gran cosa, es más, tiene tendencia a alimentarla aun más por culpa de centrar tanta energía en mi problema. ¿ y si consiguiéramos mover toda la energía que gastamos en dar vueltas hacia otra cosa? ¿Me acercaría un poco más a la vida que deseo? ¿ pondría así un poco “a dieta” a mi ansiedad?

Aprender a parar el comportamiento de dar vueltas es crucial para dejar de luchar contra la ansiedad y conseguir llevar una vida plena. El mindfulness y las técnicas de meditación son centrales en este tipo de terapias. Ayudar a la persona a no dar vueltas a los síntomas y los pensamientos ansiosos reducen significativamente el bucle ansioso y ayudan a que nos acerquemos a las personas que queremos ser.

3. Volver a conectar con las cosas valiosas de mi vida.

Como comentamos, la ansiedad tiene tendencia a empujarnos hacia las evitaciones y los sitios seguros y tranquilos. Si padeces o conoces a la ansiedad sabrás que son estrategias infructuosas ya que no ayudan a acabar con la ansiedad además de alejarnos de las cosas que nos gustan. Una gran parte de la terapia de aceptación y compromiso es explorar y conectar con los valores que son importantes para nosotros y utilizarlos como brújula para andar hacia ellos a pesar de que la ansiedad haga su aparición. Aprender a dejar de ser esclavo de la ansiedad y dejar de concederle el poder de mi vida para poder centrarnos en las actividades y actitudes que realmente importan.

Preguntarnos a nosotros mismos ¿cuál es la mejor versión de mi mismo que puedo dar ahora mismo? ¿qué es lo que quiere la ansiedad que haga y qué es lo que yo quiero hacer? Este tipo de reflexiones nos ayudan a estar conectados con las cosas valiosas a pesar de que los síntomas hagan su aparición.

En resumen, conocer cómo funciona la ansiedad y dejar de ser esclavos de sus apetencias para pasar a tener el control de nuestra vida son aspectos que se han demostrado centrales en la liberación del bucle de la ansiedad.

Si necesitas ayuda para conseguirlo no dudes en contactar con un profesional.

Nuestra Terapia Psicológica

abulia

Abulia

La depresión es uno de los conceptos de la psicología clínica y de la psiquiatría más conocidos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que este trastorno psicológico es un conjunto de problemas emocionales y comportamentales muy variados. En este articulo estudiaremos la abulia.

Y es que existen personas que desarrollan depresión de un modo, y otras que la desarrollan de otra manera muy distinta. De hecho ni siquiera hay dos tipos de depresión, sino una miríada de variedades que presentan diferentes combinaciones de síntomas, y que a veces incluso se solapan con las manifestaciones patológicas de otros trastornos psicológicos.

Así pues, la depresión se expresa mediante varios síntomas y alteraciones psicológicas complejas habituales en quienes presentan esta alteración. En este artículo nos centraremos en uno de los más significativos que, aunque suele darse con la depresión, también va de la mano de otros trastornos: la abulia.

Nuestra Terapia para la Depresión

¿Qué es la abulia?

La abulia es un fenómeno psicológico caracterizado por un estado persistente en el que prácticamente desaparece la capacidad de sentirse motivado o ilusionado por cualquier cosa, hasta el punto en el que se desatienden las rutinas del día a día necesarias para llevar una vida normal. Es, dicho de una manera resumida, una tendencia a la extrema falta de iniciativa, o a la apatía.

Así pues, en situaciones en las que la abulia se manifiesta acostumbra a darse también una tendencia al estilo de vida sedentario, falta de autocuidado (incluyendo higiene personal), y un empobrecimiento de la vida social.

Sin embargo, las circunstancias particulares de cada caso influyen en la manera de experimentar este fenómeno; por ejemplo, una persona que tenga un trabajo precario de cara al público puede encontrar la motivación para arreglarse lo suficiente para no ser despedido, y descuidarse durante el resto del tiempo. Como en prácticamente todas las alteraciones psicológicas de relevancia clínica, la abulia presenta diferentes grados de intensidad, y en las más severas la persona ni siquiera puede mantener una trayectoria laboral de manera consistente.

Por otro lado, la abulia es un síntoma que está asociado a los trastornos del estado del ánimo, si bien puede aparecer en otras alteraciones psicológicas descritas por la psiquiatría y la psicología clínica.

¿Es un síndrome o un síntoma?

Uno de los problemas a la hora de investigar la abulia es que no existe un consenso acerca de la naturaleza de esta alteración psicológica, ya que a veces es descrita como un síntoma (es decir, como una de las manifestaciones de un trastorno) y a veces es considerada una entidad clínica propia (es decir, un trastorno por sí mismo). Sin embargo, a la práctica esto es un problema sobre todo en el ámbito de la investigación, y no cambia mucho las cosas a la hora de abordar este problema en pacientes desde la psicoterapia.

Trastornos a los que va asociada

Tal y como hemos visto, la abulia está muy relacionada con la depresión. Sin embargo, también se solapa con otros problemas psiquiátricos y psicológicos de carácter clínico.

Por ejemplo, se da típicamente en las personas con demencia en general y específicamente con la enfermedad de Alzheimer, cuando estas ha llegado a un grado de desarrollo moderado o avanzado. También puede aparecer en personas con esquizofrenia, o en pacientes que han sufrido lesiones cerebrales en zonas subcorticales del encéfalo, entre otras enfermedades.

¿Cómo afecta a la vida diaria?

La abulia puede quedar manifiesta en muchos tipos de situaciones, pero algunas de las que se ven de una manera más habitual en los pacientes que acuden a terapia son las siguientes:

  • Ausencia de interés por mejorar su estado laboral.
  • Falta de autocuidado: problemas de higiene, poca atención al modo de vestir o peinarse, etc.
  • Desatención de los proyectos personales o de las aficiones.
  • Tendencia a no iniciar conversaciones y a hablar muy poco.
  • Práctica desaparición de las interacciones sociales fuera del hogar durante el tiempo libre.
  • Tendencia a moverse muy poco, o a hacerlo con mucha parsimonia.
  • Empobrecimiento de la alimentación.
  • Tendencia a no ayudar a los demás.

Causas

Las causas de la abulia son muy complejas, y a pesar de que aún no se conocen con detalle, los investigadores asumen que se debe a una combinación de alteraciones neurológicas en el encéfalo, por un lado, y al hecho de haber pasado por ciertas experiencias vitales, por el otro.

En lo que respecta al primer tipo de causas, las alteraciones cerebrales, se cree que la abulia puede estar relacionada con el circuito de neuronas que forma el sistema de recompensa del cerebro, que se distribuye por la vía mesocortical y mesolímbica.

Tratamiento

Los casos claros de abulia son tratados a partir de la terapia farmacológica combinada con la psicoterapia y, si es necesario, con los programas de rehabilitación.

En el caso del uso de psicofármacos, estos siempre tienen que ser consumidos con prescripción médica y siguiendo las indicaciones del profesional; suele tratarse de antidepresivos, utilizados habitualmente para favorecer la activación de los pacientes. Sin embargo, el uso de estos productos no “cura” de por sí a los pacientes, sino que en algunos casos ayudan a paliar la intensidad y frecuencia de los síntomas.

La psicoterapia, por otro lado, puede ayudar a las personas a adoptar hábitos de pensamiento y conducta más saludables, y que las predispongan a adoptar un estilo de vida con más movimiento, a partir del cual puedan volver a acostumbrarse a conectar emocionalmente con lo que ocurre a su alrededor.

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Referencias bibliográficas:

Berrios G.E. and Gili M. (1995). Will and its disorders. A conceptual history. History of Psychiatry 6: 87 – 104.
Marit, R. S., & Wilkosz, P. A. (2005). Disorders of diminished motivation. [Article]. Journal of Head Trauma Rehabilitation, 20(4), 377 – 388.
Vijayaraghavan, L., Krishnamoorthy, E. S., Brown, R. G., & Trimble, M. R. (2002). Abulia: A Delphi survey of British neurologists and psychiatrists. Movement Disorders, 17(5), 1052 – 1057.

Ciclotimia síntomas, causas y tratamiento

Ciclotimia: síntomas, causas y tratamiento

Las emociones humanas son muy diversas y llenas de matices, y por eso, también lo son aquellas que llegan a convertirse en un problema para nosotros y una fuente de malestar.
Y es que los trastornos del estado de ánimo incluyen varios tipos de alteraciones psicológicas con características diferentes. La más famosa es la depresión mayor, pero hay otras, como esta que conoceremos en las próximas líneas: la ciclotimia. Si te interesa saber cuáles son sus síntomas, el modo en el que afecta a la vida de las personas, y cómo se trata en terapia, sigue leyendo.

¿Qué es la ciclotimia?

Puede ser que, al hablar lo los trastornos del estado de ánimo, solo te venga a la mente la depresión, un fenómeno asociado a la tristeza y al agotamiento emocional. Esto es así porque tendemos a asumir que el principal problema emocional que podemos experimentar consiste en la tristeza y sus derivados, algo que reconocemos universalmente como un signo de que se sufre.

Sin embargo, también podemos experimentar algunos problemas vinculados al estado de ánimo por exceso de activación, incluso experimentando un estado que no nos hace sufrir de manera directa, sino a partir de las consecuencias de nuestras acciones imprudentes. Un ejemplo de esto es la hipomanía, una característica de la ciclotimia. ¿En qué consiste este último trastorno?

La ciclotimia puede ser resumida como la versión menos intensa del trastorno bipolar. Por consiguiente, es un trastorno del estado de ánimo en el que se van sucediendo fases de hipomanía y de depresión leve. Es decir, ciclos de estado de ánimo muy bajo y ciclos de estado de ánimo muy elevado.

Veamos con más detalle en qué consisten los síntomas característicos de cada etapa de desarrollo de la ciclotimia.

Síntomas

Estas son las formas en las que la ciclotimia se expresa en las personas que desarrollan este trastorno.

Depresión leve

La depresión leve se caracteriza por una serie de síntomas vinculados con la tristeza, la fatiga y la aparición de ideas de marcado sesgo pesimista.

En primer lugar, es muy frecuente que la persona sea menos propensa a experimentar alegría o placer, fenómeno conocido como anhedonia. Además, le cuesta más sentir motivación o involucrarse emocionalmente en proyectos y actividades, lo cual se conoce como abulia.

En la depresión leve también surgen ideas catastrofistas sobre el futuro, desesperanza acerca del margen de posibilidades con el que cuenta la persona que lo sufre (o ella y la sociedad en general), y crisis de llanto.

Sin embargo, como ya hemos comentado, no tienen por qué darse todos estos síntomas a la vez, dado que la ciclotimia, como cualquier otro trastorno psicológico, tiene muchas maneras de desarrollarse dependiendo de muchas variables.

Hipomanía

La hipomanía es un fenómeno caracterizado por la euforia y por la activación general de la persona, que se siente capaz de hacer muchas cosas que normalmente ni se plantearía, y que siente que tiene la capacidad y la energía necesaria para ello. En ocasiones, esto puede traducirse también en una mayor propensión a la agresividad.

Por otro lado, la hipomanía se distingue de la manía (típica del trastorno bipolar) en que en la mayoría de las ocasiones no daña significativamente la calidad de vida de la persona, y tampoco va de la mano de síntomas psicóticos como los delirios.

Causas

No existe una sola causa que produzca la aparición de la ciclotimia, sino un solapamiento de variables de muchos tipos, entre los que existen las propensiones genéticas y otras que tienen que ver con las experiencias por las que ha pasado el individuo.

Además, se sabe que muchos casos de ciclotimia surgen tras una fase en las que se manifiesta depresión, algo que puede suponer la primera señal de desequilibrio emocional y que desencadena una serie de cambios.

 Tratamiento

¿Cómo se trata la ciclotimia? En estos casos, se considera que es muy importante acudir a terapia psicológica. En estas sesiones con el profesional de psicoterapia, el paciente va encontrando maneras de contrarrestar sus propensiones emocionales dependiendo de la fase de la ciclotimia en la que se encuentra. Estas técnicas, en las que es entrenado en terapia, van enfocadas a modificas los patrones de comportamiento y la manera de alimentar unas maneras u otras de pensar y de sentir.

Por otro lado, también puede ser recomendable usar psicofármacos para mitigar los síntomas. Dependiendo de si se está en fase de hipomanía o de depresión leve, se suelen utilizar antipsicóticos o antidepresivos, respectivamente. En cualquier caso, el uso de estos medicamentos siempre debe ser supervisado por médicos, y su consumo debe ser realizado siguiendo sus indicaciones.

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Referencias bibliográficas:

Danner, Stephanie; Mary A. Fristad; L. Eugene Arnold; Eric A. Youngstrom; Boris Birmaher; Sarah M. Horwitz; Christine Demeter; Robert L. Findling; Robert A. Kowatch (2009). “Early-Onset Bipolar Spectrum Disorders: Diagnostic Issues”. Clinical Child and Family Psychology Review. 12(3): pp. 271 – 293.
Parker, G; McCraw, S; Fletcher, K (June 2012). “Cyclothymia”. Depression and Anxiety. 29 (6): 487 – 494.
Sass, H.; Juneman, K. (2003). Affective disorders, personality and personality disorders. Acta Psychiatr Scand. 108 (418): pp. 34 – 40.

Cómo mejorar el bajo estado de ánimo

Cómo mejorar el bajo estado de ánimo

Nuestro estado de ánimo es un fenómeno psicológico sumamente dinámico, que depende lo las situaciones a las que nos exponemos. Sin embargo, eso no significa que no seamos capaces de influir en este, porque si sabemos cómo, podemos modificar nuestro entorno para que este genere en nosotros el estado emocional. El bajo estado de ánimo se puede mejorar.

Si te interesa ganar capacidad a la hora de modular tus emociones, sigue leyendo, porque en este artículo veremos varios consejos acerca de cómo mejorar el bajo estado de ánimo cuando hay algo que nos mantiene tristes o desanimados.

Cómo mejorar el estado de ánimo cuando te sientas mal

Estas son diversas ideas clave que puedes poner en práctica cada vez que quieras mejorar tu estado de ánimo. Hay que tener en cuenta que debes adaptar estos consejos a tu situación particular, dado que cada caso es único y las causas por las que te sientes desanimado o desanimada influyen en el modo en el que puedes volver a estar bien.

1. Come bien

Si tu cuerpo no cuenta con las vitaminas y los macronutrientes necesarios, lo más probable es que tiendas a experimentar bajo estado de ánimo. ¿Por qué? Porque en esas situaciones el organismo entra en el modo “ahorro de energía”, y esto se nota también en el ámbito de lo psicológico: tienes menos ganas de hacer cosas, sientes menos motivación por involucrarte en planes y proyectos, y hasta te cuesta más concentrarte para hacer algo productivo.

La malnutrición lleva al sedentarismo, y a su vez el sedentarismo disminuye nuestra exposición a situaciones interesantes o estimulantes, capaces de hacernos sentir bien.

2. Duerme bien

Este es otro de los consejos para mejorar el estado de ánimo que van en la línea del anterior. La falta de sueño te mantiene en un estado de constante fatiga y malestar, algo que ya de por sí podría ser la principal causa por la que tienes un ánimo decaído.

Así, evita hacer ejercicio durante las horas previas a irte a dormir, no te distraigas con móviles u otros tipos de pantallas luminosas cuando estés en la capa antes de apagar la luz, y fíjate horarios razonables que te permitan descansar durante unas 7 u 8 horas.

3. Evita los atracones

Es muy habitual querer darse atracones de comida (especialmente si es comida muy sabrosa) cuando nos sentimos tristes o preocupados por algo. Sin embargo, esta rutina nos mete en un círculo vicioso, porque solo aporta un alivio pasajero, y rápidamente tenemos un motivo extra por el que sentirnos mal.

De hecho, si nos acostumbramos demasiado a caer en este tipo de comportamientos, nuestro sistema nervioso puede adaptarse para que solo seamos capaces de experimentar un estado de activación relativa durante los atracones de comida, haciendo que nuestro bienestar depende de este hábito tan poco saludable.

4. Ayuda a los demás

El tiempo que dediques a ayudar a los demás será un factor importante para mejorar tu estado de ánimo. Aunque solo si esta ayuda es significativa: no es lo mismo participar en una mudanza que dejarle a alguien una goma de borrar que podría conseguir en cualquier otro sitio.

La idea es que cuando estés ayudando a alguien, será muy complicado que pienses que estrás perdiendo el tiempo: te sentirás útil y capaz de marcar la diferencia en la vida de otra persona, independientemente de si es tu amiga o no.

5. Practica ejercicio

Realizar ejercicio moderado de manera semanal es una muy buena manera de mejorar el bajo estado de ánimo. Por un lado, la actividad física ya de por sí te lleva a activarte, a entrar en un estado opuesto al decaído característico de los momentos en los que estamos tristes. Por el otro, el ejercicio te plantea metas sencillas pero que exigen concentración, de manera que puedes hacer que las preocupaciones y los miedos “se desprendan” de tu consciencia.

Además, practicar ejercicio de manera regular mejora tu imagen y tu condición física y te muestra tus progresos en diferentes tipos de actividades, algo que de por sí puede aportar un refuerzo para tu autoestima.

6. Oblígate a socializar

Cuando sentimos bajo estado de ánimo, es probable que no nos sintamos con ganas de hablar con prácticamente nadie. Sin embargo, hay que romper esta dinámica para no entrar en un círculo vicioso. Las relaciones sociales siguen siendo la principal fuente de situaciones estimulantes.

Así pues, realizad actividades novedosas o que involucren la focalización en un proyecto capaz de interesar a todo el grupo, o bien exponeos a contactos con personas desconocidas pero con algo interesante que aportar.

7. Revisa tus creencias limitantes

Finalmente, hay que considerar la opción de dedicarle un tiempo a la introspección, a cuestionar creencias sobre uno mismo y los demás que pueden estar manteniéndonos en un estado de tristeza. Para conseguirlo, apunta en un folio un listado de un máximo de 8 motivos por los que crees que puedes estar experimentando bajo estado de ánimo, y plantea explicaciones sobre lo que pasa alternativas a cada uno de ellos. Así, verás que no son verdades incuestionables, y que hay otras vías por las que seguir siendo feliz.

Si necesitas ayuda…

Si crees que no es suficiente con estas medidas, plantéate acudir al psicólogo para recibir ayuda profesional. La atención personalizada por parte de expertos de la salud mental hace que sea mucho más sencillo adoptar hábitos de mejora del estado de ánimo.

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Referencias bibliográficas:

Ayuso-Mateos J.L.; et al. (2001). Depressive Disorders in Europe: Prevalence figures from the ODIN study. British Journal of Psychiatry. 179 (4): pp. 308 – 316.
Berrios, G.E. (1985). The Psychopathology of Affectivity: Conceptual and Historical Aspects. Psychological Medicine. 15(4): pp. 745 – 758.
Jonas B.S., Brody D., Roper M., Narrow W.E. (2003). Prevalence of mood disorders in a national sample of young American adults. Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology. 38(11): pp. 618 – 624.

distimia

Distimia

Nos preguntamos: ¿qué es el trastorno psicológico de la distimia?. La depresión es posiblemente el trastorno del estado de ánimo más conocido. Sin embargo, dentro de esta categoría de alteraciones psicológicas dañinas hay algunas más, como la distimia.

Si te interesa saber más acerca de este trastorno psicológico, reconocer sus síntomas y conocer el tratamiento terapéutico usado en los pacientes que lo sufren, sigue leyendo.

¿Qué es la distimia?

La distimia es un trastorno de ansiedad caracterizado por tener ciclos largos en los que se expresan los síntomas, y por el hecho de que estos son significativamente menos intensos que en la depresión mayor.

Así, los síntomas depresivos (que luego veremos con más detalle) están presentes durante la mayor parte del día, y en ciclos que duran al menos dos años. La diferencia en cuanto a la depresión unipolar (o depresión mayor) es más cuantitativa que cualitativa, porque sus síntomas son aproximadamente los mismos, pero cambiando la duración y lo severo de los síntomas.

Por otro lado, la distimia es un poco más común en mujeres, y está presente en aproximadamente un 5% de la población.

Síntomas

Los síntomas de la distimia son los típicos de los trastornos del estado de ánimo unipolares. Veamos un resumen de los más representativos.

 

1. Abulia

La abulia es una forma de alteración mental caracterizada por la falta de energía o motivación para involucrarse en tareas o participar en actividades sociales. Está ligada al aislamiento y al sedentarismo.

2. Astenia

Asociada a la abulia, la astenia es una sensación de fatiga constante, cansancio que es percibido como algo físico, no simple falta de fuerza de voluntad.

 

3. Alteraciones del sueño

Las personas con distimia tienden a padecer alteraciones del sueño. Tanto la hipersomnia (exceso de tiempo durmiendo) como el insomnio (problemas para conciliar el sueño o mantenerse dormido) son frecuentes.

 

4. Baja autoestima

Otro de los síntomas de la distimia más frecuentes es la baja autoestima. La persona que padece este trastorno tiende a pensar que no vale nada, que no es capaz de llevar a cabo ningún proyecto significativo, y que prácticamente nadie le quiere.

 

5. Alteraciones cognitivas

Otro grupo de síntomas de la distimia son de tipo cognitivo, y afectan sobre todo a la memoria y a la capacidad de concentración. Los terapeutas que tratan a personas con distimia ven que estos suelen tener problemas para concentrarse y para recordar eventos ocurridos hace poco. La memoria a largo plazo, la que tiene que ver con el conocimiento básico sobre el mundo y sobre uno mismo, no se ve afectada por la distimia.

Causas

Tal y como ocurre con todos los trastornos psicológicos, no existe una sola causa que explique la aparición de la distimia. En todo caso, se trata de un fenómeno emocional de carácter multicausal, en el que participan tanto las predisposiciones genéticas como las experiencias vividas (y el modo en el que reaccionamos ante ellas).

En general, existen eventos que aumentan las probabilidades de sufrir distimia, pero ninguno de ellos es causa suficiente para asegurar que una persona en concreto sufrirá este trastorno si pasa por una experiencia de este tipo; se trata de indicios estadísticos. Por eso, cada psicólogo debe examinar caso por caso para determinar qué tipo de hábitos y comportamientos del paciente están reforzando la presencia de la distimia, para proponer patrones de conducta alternativas.

 

Tratamiento de este trastorno

El tratamiento de la distimia es complejo, pero se muestra eficaz a la hora de mitigar los síntomas y hacer que el ciclo de malestar se acorte y llegue a su fin pronto. Por otro lado, también hay casos en los que la distimia desaparece por completo sin llegar a presentar brotes en cuestión de meses o años.

Para lograrlo, los psicólogos abordan tanto el nivel de lo emocional como en el del comportamiento y los hábitos del paciente.

Por un lado, se utiliza la reestructuración cognitiva para propiciar que el paciente se cuestione sus creencias acerca de sí mismo, contribuyendo así a mejorar la autoestima. Esto, a su vez, tiene un efecto de reacción en cadena que facilita el resto de partes del tratamiento.

Otra de las herramientas que se utilizan en terapia psicológica contra la distimia es la activación conductual. Esta consiste fundamentalmente en crear contextos en los que el paciente se vea involucrado en tareas estimulantes que le permitan romper el ciclo de sedentarismo y pasividad. Activando físicamente el cuerpo se activa también la mente, se le da una “inercia” que mitigará la astenia y la abulia.

En ocasiones, la terapia psicológica es combinada con la intervención de médicos psiquiatras que pueden prescribir psicofármacos para tratar los síntomas. Estos fármacos antidepresivos no deben ser vistos como la solución, ya que tan solo rebajan el malestar durante un tiempo y además tienen efectos secundarios a tener en cuenta. Además, solo pueden ser utilizados bajo indicación médica.

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Referencias bibliográficas:

Ayuso-Mateos, J.L. et al. (2001). Depressive Disorders in Europe: Prevalence figures from the ODIN study. British Journal of Psychiatry (en inglés) 179: pp. 308 – 316.

Goodman, S.H., Schwab-Stone, M., Lahey, B.B., Shaffer, D. & Jensen, P.S. (2000). Major Depression and Dysthymia in Children and Adolescents: Discriminant Validity and Differential Consequences in a Community Sample. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. 39 (6): pp. 761 – 771.

Griffiths, J.; Ravindran, A.V.; Merali, Z.; H Anisman (2000). Dysthymia: a review of pharmacological and behavioral factors. Molecular Psychiatry. 5 (3): pp. 242 – 261.

Ravindran, A.V., Smith, A.. Cameron, C., Bhatal, R., Cameron, I., Georgescu, T.M., Hogan, M.J. (2009). Toward a Functional Neuroanatomy of Dysthymia: A Functional Magnetic Resonance Imaging Study. Journal of Affective Disorders. 119 (1-3): pp. 9 – 15.

terapia ansiedad

¿Qué hacer para ayudar a un amigo o familiar que sufre ansiedad?

Prácticamente todos los problemas psicológicos por los que la gente acude a psicoterapia no se resuelven solo durante el transcurso de las sesiones de psicoterapia: hay que realizar progresos también entre sesión y sesión, siguiendo las indicaciones del psicólogo. En este sentido, los trastornos de ansiedad no son una excepción. De hecho, para combatir este tipo de malestar hay que adoptar nuevos hábitos que nos lleven a nuevas formas de relacionarnos con la ansiedad y con las situaciones que favorecen su aparición. Y en esto, el apoyo de la familia y de los amigos resulta fundamental. En este artículo explicaremos una serie de ideas clave acerca de qué hacer para ayudar a un amigo o familiar que sufre ansiedad, consejos para darle apoyo sin presionarlo demasiado.

¿Qué son los problemas de ansiedad?

Empecemos por lo más importante: qué implica sufrir de ansiedad? La ansiedad es un conjunto de procesos fisiológicos y psicológicos que se manifiestan en las personas cuando un estímulo interno o externo (es decir, proveniente de los sentidos o de la combinación de la memoria y la capacidad de imaginar) es interpretado como una señal de alarma, algo que supone un riesgo.

Esta señal de peligro puede hacer referencia a algo que compromete la integridad física de quien experimenta esta sensación, como por ejemplo un jabalí que se acerca corriendo hacia nosotros, o puede referirse a un peligro más abstracto, como por ejemplo la posibilidad de suspender un examen de conducir.

Por otro lado, la ansiedad en sí no es algo malo; solo se transforma en patológico cuando empieza a ser una respuesta recurrente y muy intensa ante contextos que no suponen un riesgo real. El ejemplo más claro de esto es el caso de las fobias, que son un tipo de trastorno de ansiedad en el que se desarrolla una respuesta de estrés y angustia con posibles crisis de pánico ante estímulos tan inofensivos como los gatos; pero también hay otros desordenes psicológicos pertenecientes a esta categoría de trastornos, como el trastorno de pánico o el Trastorno de

Ansiedad Generalizada.

En todos estos casos, la ansiedad aparece como una respuesta de aparición automática e involuntaria en situaciones en las que causa más daño que bien, y no solo genera malestar y sufrimiento; además, daña la capacidad de la persona a la hora de relacionarse y de llevar un estilo de vida autónomo y funcional.

¿Cómo ayudar a un amigo o familiar que está sufriendo por ansiedad?

Ahoya que ya sabemos qué son los problemas de ansiedad, veamos varios consejos que podemos seguir como amigos o familiares de la persona que sufre por los estados ansiosos.

1. Ayúdale a ir al psicólogo

Cuando la ansiedad se transforma en un verdadero problema, es muy importante no asumir que el malestar se irá solo, sin más. Lo primero que hay que hacer es aconsejar e informar sobre la importancia de asistir a psicoterapia a quien sufre por esa ansiedad.

Algo tan simple como proponerle leer juntos información sobre los centros de psicología a los que podría acudir resulta un gran avance; también puedes contribuir a resolver sus dudas acerca de en qué consiste la psicoterapia contra la ansiedad, aunque sea aportándole información básica que hayas encontrado en libros o páginas web especializadas.

Finalmente, le puedes proponer poneros en contacto juntos con algún equipo de psicólogos, para que así aumenten las posibilidades de que empiece a comprometerse con el proceso de mejora con ayuda profesional, sin que lo deje siempre “para mañana”.

2. Apoya y aconseja, pero no presiones

En todo momento, a la hora de ayudar a alguien con ansiedad, hay que poner cuidado en que nuestras aportaciones no sean interpretadas como actos de imposición, sobre todo al tratar con personas adultas. Recuerda que el objetivo es ayudar a un amigo o familiar que sufre ansiedad.

Por eso, hay que acompañar y dar apoyo, y en ningún caso organizar la vida de ese amigo o familiar y a obligarlo a seguir una serie de rutinas para que esas acciones pasen de ser una imposición a ser un hábito. En todo caso hay que buscar consensos, hay que favorecer que el compromiso que esa persona tiene con su proceso de mejora quede reforzado.

3. Interésate por su progreso y nuevos retos

Resulta recomendable ir interesándote por sus avances de manera que surjan conversaciones (aunque sean breves) sobre este tema. Así, estos pequeños pasos hacia la recuperación que suponen combatir la ansiedad patológica serán más estimulantes, porque generarán el beneficio añadido de saber que alguien más reconoce y aplaude esos esfuerzos y las victorias que procura el compromiso con la terapia.

Además, no solo hay que interesarse con sus progresos pasados. También es bueno hablar sobre los retos que aspira a cumplir en lo relativo a ir venciendo a la ansiedad.

Por ejemplo, es recomendable que te intereses por los objetivos de mejora diarios o semanales que se haya fijado, ya sea hablar con un cierto número de desconocidos, salir de casa a dar un paseo durante determinado tiempo, etc.

De esta manera, tu amigo o familiar tendrá presentes sus objetivos y ello hará que sean más importantes para él.

4. Evita la condescendencia y céntrate en reconocer sus esfuerzos

Que un amigo o familiar sufra de ansiedad no significa que se transforme en un bebé que necesita cuidados constantes.

Por eso, es contraproducente tratar a estas personas como si no tuviesen el criterio suficiente como para saber qué es lo correcto. Incluso en los casos en los que no se cumplen los objetivos fijados para ir mejorando, esto no es porque no sean conscientes de lo que deben y no deben hacer, sino que son consecuencias de los procesos psicológicos de miedo y evitación asociados a los trastornos de ansiedad, algo que va más allá de la razón y de las palabras.

Así, si en determinado momento ese familiar o amigo incumple las normas que en consenso con el psicólogo se había asignado a sí mismo, no hay que sermonear; simplemente, hay que darle apoyo emocional y hacer lo posible por que la próxima vez pueda conseguirlo.

5. Crea entornos que favorezcan su recuperación

Este es uno de los consejos más útiles para ayudar a amigos y familiares con ansiedad, porque obedece a criterios objetivos. Consiste en hacer lo posible por que el entorno de la persona ansiosa esté libre de estímulos que puedan interferir con su mejoría.

Por ejemplo, si has observado que cuando tu familiar o amigo piensa en una responsabilidad que debe hacer combate la ansiedad dándose atracones de comida en vez de haciendo eso que debe ser hecho, pídele permiso para tirar todos los snacks y productos de picoteo entre horas, y cuando diga sí, hazlo tú mismo. Si fuma mucho cuando siente ansiedad porque le permite salir al patio y alejarse de aquello que debe hacer, pídele permiso para tirar o esconder el tabaco, etc.

6. Ayúdale con las técnicas de relajación

Cuando tu amigo o familiar acuda a psicoterapia, probablemente tarde o temprano recibirá entrenamiento en técnicas de relajación. Por eso, pregúntale si puedes ayudar creando ambientes relajantes en los que llevarlos a cabo, o guiándole en el proceso actuando como “narrador externo”.

Nuestra Terapia para la Ansiedad

Referencias bibliográficas:

Morissette, S.B., Tull, M.T., Gulliver, S.B., Kamholz, B.W., Zimering R.T. (2007). “Anxiety, anxiety disorders, tobacco use, and nicotine: a critical review of interrelationships”. Psychological Bulletin. 133 (2): 245–72.
Rapee, R.M., Heimberg R.G. (1997). “A cognitive-behavioral model of anxiety in social phobia”. Behaviour Research and Therapy. 35 (8): 741–56.
Rynn MA, Brawman-Mintzer O (2004). “Generalized anxiety disorder: acute and chronic treatment”. CNS Spectrums. 9 (10): 716 – 723.

Psicoterapia para casos de autoestima

¿Es efectiva la psicoterapia en casos de baja autoestima?

Los problemas de baja autoestima son parte de los motivos más frecuentes por los que personas de todas las edades acuden a terapia psicológica. Y es que valorarse poco a uno mismo no solo causa un significativo malestar; además, se traduce en dinámicas de comportamiento que traen muchos problemas tanto en el ámbito personal como laboral. Ahora bien… ¿Es efectiva la psicoterapia en casos de baja autoestima? ¿Hasta qué punto los psicólogos pueden ayudar a reforzar la autoestima, y qué estrategias utilizan para conseguirlo? Veámoslo en las siguientes líneas

¿Qué son los problemas de autoestima?

La autoestima es la valoración que hacemos de nuestro autoconcepto, es decir, del concepto de nosotros mismos que tenemos. Si el autoconcepto es el conjunto de ideas y de creencias que hacen referencia a cómo es uno mismo, la autoestima es el componente valorativo y emocional que se aplica sobre esa descripción del “Yo”.

Por otro lado, entendemos por problemas de autoestima un patrón de valoración del “Yo” que da problemas por desgastar la calidad de vida de la persona que lo experimenta en sus carnes, y/o la del resto de personas de su entorno. Es decir, consiste en tener un nivel de autoestima que no encaja con un modo de vida satisfactorio o que no es fácil de integrar en relaciones sociales significativas y armoniosas.

En teoría, este desajuste entre autoestima y capacidad para adaptarse al entorno de una manera adecuada y gratificante puede darse tanto por autoestima excesivamente inflada como por baja autoestima. A la práctica, sin embargo, los problemas por baja autoestima son mucho más frecuentes en personas que buscan ayuda profesional en psicoterapia.

Además, si bien los problemas de baja autoestima pueden darse sin ir de la mano de otros problemas psicológicos, muchas veces surgen junto a la depresión, trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia o la bulimia, el Trastorno Obsesivo-Compulsivo o las adicciones.

La efectividad de la psicoterapia en el tratamiento de la baja autoestima

A la hora de tratar en psicoterapia los problemas de baja autoestima, en psicología se suele optar por la terapia cognitivo-conductual adaptada a las características de esta forma de malestar.

La función de la terapia cognitivo-conductual es intervenir en dos ámbitos de la psicología humana: los procesos mentales, o parte cognitiva, y los procesos comportamentales, o parte conductual.

Por ejemplo, si una persona llega a la consulta de un psicólogo con la voluntad de tratar su baja autoestima, el psicoterapeuta aplicará estrategias que lleven al paciente a adoptar estilos de comportamiento que no alimenten esa percepción negativa de uno mismo, a la vez que le ayudará a cuestionar esas creencias limitantes que le llevan a dar por supuesto que vale poco como ser humano.

Es decir, que por un lado se actúa en el componente dinámico del modo en el que el paciente suele relacionarse con el entreno y con los demás, y en el componente relativamente estático de las creencias pesimistas ligadas al autoconcepto, del estilo de “no valgo nada”, “soy incapaz de gustar a otros” o “no le importo a nadie”.

¿Es eficaz esta psicoterapia para tratar la baja autoestima?

Los estudios científicos realizados sobre este tema indican que sí, dado que las personas que pasan por este tratamiento psicológico tienen un mejor funcionamiento autónomo, presentan menos tendencia a manifestar síntomas depresivos, y tienen menos probabilidades de presentar otros trastornos mentales.

Estos efectos de la psicoterapia aparecen porque gracias al trabajo de los psicólogos tanto en el área del comportamiento como en el área de los patrones de pensamiento y de percepción de la realidad, los pacientes se exponen a más experiencias capaces de evidenciar sus propias virtudes y a la vez son más capaces de detectar estas señales de la propia valía y de reconocerlas como tales.

De esta manera, se ha de romper con el círculo vicioso de quienes por problemas de autoestima se aíslan de los demás, no toman la iniciativa de empezar proyectos estimulantes, y asumen que cualquier expresión de sus propias virtudes (poco frecuentes, dado su modo de vida pasivo) son en realidad producto de la suerte o de la intervención de otras personas.

¿Cómo se trabajan estos problemas en terapia psicológica?

Estas son algunas de las estrategias que utilizan los psicólogos para contribuir a que los pacientes con baja autoestima adopten una manera más adaptativa y realista de quiénes son y de qué son capaces.

1. Reestructuración Cognitiva

La Reestructuración Cognitiva tiene como objetivo hacer que el paciente se cuestione ciertas creencias a las que se ha estado aferrando mucho tiempo a pesar de que no son realistas y le causan dolor o problemas en la interacción con los demás.

Y es que muchas personas tienen baja autoestima, entre otras cosas, porque dan por supuesto ideas que definen su propia identidad y que resultan poco razonables.

2. Entrenamiento en habilidades sociales

La autoestima está formada a partir de la interacción con lo que nos rodea, y por lo tanto, también a partir de la interacción con los demás. El modo en el que percibimos cómo nos ven influye mucho en el autoconcepto.

Por eso, en psicoterapia para casos de autoestima se contribuye a mejorar el modo en el que la persona se relaciona con los demás y valora esas relaciones personales: a veces, el hecho de que según quien no nos acepte es de hecho algo positivo, mientras que la actitud positiva que otras personas tienen hacia nosotros nos puede pasar desapercibida por no atrevernos a profundizar en esas relaciones.

3. Activación conductual

Esta herramienta terapéutica se utiliza mucho en personas que además de baja autoestima presentan síntomas depresivos. Consiste en crear contextos en los que el paciente se anime a involucrarse en actividades estimulantes capaces de poner en relieve las cualidades positivas de uno mismo: empezar un programa de entrenamiento, empezar a dibujar, etc.

En todos estos casos, ver el progreso y el perfeccionamiento de ciertas habilidades en relativamente poco tiempo (al ser actividades que antes no formaban parte de la rutina que se seguía) refuerzan la autoestima.

Nuestra Terapia para la Autoestima

Referencias bibliográficas

Orth, U., Trzesniewski, K.H., Robins, R.W. (2010). Self-esteem development from young adulthood to old age: A cohort-sequential longitudinal study. Journal of Personality and Social Psychology, 98(4), 645-658.
Waite, P. (2012). Cognitive behavior therapy for low self-esteem: A preliminary randomized controlled trial in a primary care setting. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry 43(4): 1049 – 1057.

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Terapia de duelo: cómo ayudar a una persona ante una pérdida

El duelo patológico es una de las experiencias más angustiantes por las que puede pasar un paciente. Este fenómeno surge cuando sentimos la pérdida de algo o alguien con quien manteníamos un fuerte vínculo afectivo, normalmente un familiar o amigo. A lo largo de este artículo veremos en qué consiste la terapia de duelo, en tipo de intervención psicológica que utilizan los psicólogos para tratar a las personas cuyo duelo les impide ser felices y llevar una vida normal.

Ponte en contacto con nosotros si crees que podemos apoyarte en un proceso de duelo.

Nuestra Terapia para el Duelo

¿Qué es la terapia de duelo?

En el mundo de la psicoterapia, existe una gran diversidad de estrategias y herramientas utilizadas por los psicólogos para mejorar la calidad de vida de sus pacientes. La diversidad de estos recursos terapéuticos es un reflejo de la diversidad de problemas psicológicos a tratar o a solucionar, y la terapia de duelo es justamente el tipo de intervención que se utiliza en los casos de duelo patológico, cuyas características veremos más adelante.

En definitiva, el objetivo de la terapia de duelo es ayudar a la persona a superar la muerte de un ser querido o la desaparición de algún elemento de su vida por el cual el paciente sentía un fuerte apego.

La naturaleza de este tipo de terapia psicológica la convierten tanto en una manera de apoyar a alguien en momentos difíciles, como en una herramienta para que esta persona aprenda nuevas maneras de interpretar la realidad y de interactuar con el entorno y con los demás, de modo que vuelva a tener una vida normal. Todo esto se hace desde la idea de que nuevos hábitos de acción y de pensamiento generan a su vez nuevas maneras de sentir, de vivir las emociones.

Ahora bien… ¿en qué casos se considera que el duelo se ha transformado en patológico y que por consiguiente requiere de terapia de duelo? Veámoslo.

¿Qué es el duelo patológico?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el duelo no es en sí un trastorno mental. En la mayoría de las ocasiones, se trata de una reacción normal y esperable ante la pérdida de alguien o algo por lo que hemos sentido emociones de afectividad, ya sea porque hemos establecido un vínculo amoroso con esa persona (familiares, amigos, pareja, etc.) o porque lo consideramos una parte importante de nuestra vida en general (casa, pueblo de origen, etc.).

El duelo surge normalmente ante la idea de que muy probablemente no volveremos a ver aquello por lo que sentimos afecto, probabilidad que se convierte en certeza cuando esta situación involucra la muerte o la destrucción total de una estructura u objeto.

Así, podríamos decir que el duelo es la otra cara de la moneda del hecho de amar; cuando aquello a lo que queremos desaparece, sentimos que nos han arrebatado algo importante de nuestras vidas.

Con el paso del tiempo, la mayoría de situaciones de duelo desaparecen, y conseguimos adaptarnos a una vida en la que esa persona u elemento ya no está. Pero en ciertos casos, el duelo llega a ser tan intenso y persistente, que se convierte en un problema a tratar en psicoterapia. Es entonces cuando es necesario el uso de la terapia de duelo.

El duelo patológico suele expresarse a través de síntomas propios de los trastornos del estado del ánimo, como la depresión o la distimia.

Algunos de estos síntomas son la abulia (desmotivación generalizada y falta de energías para realizar las tareas cotidianas), la anhedonia (dificultades para experimentar placer o alegría) y una tristeza más o menos intensa pero constante, vinculada normalmente a la melancolía y el sentimiento de desesperanza.

¿Cómo funciona este tipo de terapia psicológica?

Estas son algunas de las pautas que los psicólogos utilizan en terapia de duelo para contribuir a que los pacientes superen el duelo.

1. Reestructuración cognitiva

La reestructuración cognitiva es una estrategia por la cual el terapeuta contribuye a que el paciente se cuestione sus creencias que le producen malestar y las sustituya por otras más adaptativas.

Por ejemplo, muchas personas que experimentan duelo por la pérdida de un ser querido creen que están solas ante la muerte, o que no pueden amar a más gente para no volver a sufrir de esa manera. En terapia, se plantean razonamientos en los que se ve la nula utilidad y el escaso realismo de esas ideas.

Además, en esta fase de la reestructuración cognitiva también se trabajan contenidos relacionados con la autoimagen y la autoestima del paciente, ya que en los casos de duelo suelen aparecer problemas en estas áreas. El objetivo es que se asuma la propia mortalidad y la propia vulnerabilidad ante el mundo y el paso del tiempo como algo normal, que nos define, y que no debería impedirnos ser felices.

2. Activación conductual

La activación conductual se usa en pacientes con síntomas depresivos, y se basa fundamentalmente a crear las condiciones para que la persona vuelva a adoptar un estilo de vida activo.

Para ello, se busca que el paciente se comprometa con la realización de ciertas actividades en su vida cotidiana, de manera que se rompa el círculo vicioso de la pasividad y el sedentarismo. Involucrarse físicamente en actividades estimula el pensamiento y hace aparecer sensaciones y sentimientos nuevos.

3. Desensibilización sistemática

En los casos en los que el duelo patológico vaya de la mano de traumas psicológicos (por ejemplo, por haber presenciado una muerte repentina) se utilizan técnicas propias de los trastornos de ansiedad, como la desensibilización sistemática.

La idea es asociar los pensamientos intrusivos vinculados al trauma con sensaciones neutrales, que no generan malestar. De esta manera, estas imágenes mentales pierden poder de influencia sobre nosotros, dejamos de prestarles atención, y finalmente van desapareciendo poco a poco.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas

Archer, J. (1999). The nature of grief: The evolution and psychology of reactions to loss. Londres: Routledge.
Bayés, R. (2001). Psicología del sufrimiento y de la muerte. Barcelona: Martínez Roca.
Worden, W.J. (2004). El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós.

Tratamientos para la depresión

¿Cuáles son los tratamientos más efectivos contra la depresión?

La depresión es uno de los trastornos psicológicos más comunes y con unos efectos más potencialmente dañinos. Se trata de una alteración mental perteneciente a la categoría de los trastornos del estado de ánimo, y sus síntomas afectan a todos los ámbitos de la vida de la persona. Por ello, es natural que las personas que experimentan depresión se preocupen por lo que les pasa y quieran volver a sentirse como antes de que este trastorno empezase a infiltrarse en su día a día. ¿Qué se puede hacer al respecto? A continuación veremos un resumen de cuáles son los tratamientos psicológicos más efectivos contra la depresión, y su funcionamiento.

Nuestra Terapia para la Depresión

Tratamientos contra la depresión: los más efectivos

Hay que tener claro que la depresión es un trastorno lo suficientemente grave y complejo como para que no pueda ser eliminado realizando un solo tipo de actividad. Es necesario un acompañamiento constante y la asistencia terapéutica de profesionales de la salud mental, y el uso de diferentes herramientas y técnicas que se complementan entre sí.

Estos tratamientos están diseñados para intervenir tanto en las acciones de los pacientes, sus hábitos de vida, como en sus ideas y sus creencias, aquello que conforma la perspectiva desde la que se interpreta el mundo y lo que ocurre en él.

Por otro lado, los tratamientos contra la depresión que veremos a continuación no se usan en casos en los que la persona tenga un estado de ánimo deprimido por un periodo puntual o a causa de un suceso claramente dañino, sino solo cuando hay depresión diagnosticada como cuadro clínico (algo que hacen psicólogos clínicos y médicos).

  • 1. Terapia cognitiva

La terapia cognitiva tiene como objetivo modificar los procesos cognitivos, es decir, aquellos que tienen que ver con los pensamientos y las ideas de la persona.

Dentro de este conjunto de prácticas terapéuticas aplicadas tanto en casos de depresión como en pacientes con otros trastornos psicológicos, destaca la reestructuración cognitiva.

Este procedimiento sirve para hacer que los pacientes se replanteen las creencias más interiorizadas que tienen acerca de uno mismo y de su entorno, lo cual resulta útil sobre todo para motivar a la persona a adoptar otros hábitos que permitan mejorar física y mentalmente.

Por ejemplo, las personas con depresión suelen tener un ideario más pesimista que el resto de las personas, y si se quiere contribuir a que se comprometan con la terapia, hay que ayudarles a dejar atrás las creencias que las llevan a auto-sabotear sus posibles progresos.

2. Activación conductual

Si la terapia cognitiva tiene como diana las ideas de los pacientes depresivos, la activación conductual involucra todas las partes del cuerpo del paciente, e incluso aquello que está más allá de este: el entorno.

Mediante este tratamiento se busca, fundamentalmente, que se deje atrás la pasividad y el estado de abulia (desmotivación extrema) que viven las personas diagnosticadas con este trastorno psicológico.

Si bien existen maneras de aplicar la activación conductual de manera sistematizada, la idea general que hay tras este tratamiento es: hazlo aunque tu cuerpo te pida no hacerlo. Realizar actividades que mantengan el cuerpo en marcha y expuesto a nuevas fuentes de gratificación hace que poco a poco se rompa a burbuja de apatía en la que vive instalado el paciente, de manera que el hacer actividades diversas cada vez se va volviendo un acto más espontáneo.

En definitiva, la activación conductual sirve para trazar vínculos entre la persona y los contextos capaces de aportarle sensaciones positivas y nuevas formas de motivación.

3. Terapia interpersonal

La terapia interpersonal es parecida a la activación conductual, en el sentido de que también busca los mecanismos de la vuelta a la normalidad del paciente en las relaciones que este mantiene con su entorno. Sin embargo, en esta ocasión se focaliza en un elemento concreto del entorno: el resto de personas.

Así mediante pautas de comunicación y de expresión de las emociones, este tratamiento psicológico contra la depresión favorece que los pacientes abracen hábitos de relación interpersonal más significativos y motivadores, lo cual es capaz de transformar su día a día y permitir que los síntomas vayan debilitándose. No hay que olvidar que buena parte de nuestra forma de interpretar cómo nos sentimos está mediada por cómo valoramos nuestra vida social.

4. Terapia farmacológica

La terapia farmacológica es un complemento de la terapia psicológica, y no puede ser la única solución. De hecho, en algunos casos se ha visto que resulta contraproducente utilizar estos medicamentos, debido a sus efectos secundarios y al hecho de que no hacen desaparecer completamente los síntomas, sino que en todo caso los vuelven algo menos intensos.

Normalmente, los fármacos son utilizados en casos de depresión mayor o trastornos depresivos moderados, y no cuando los síntomas son más bien débiles.

Normalmente, en terapia farmacológica aplicada a pacientes con depresión se utilizan fármacos antidepresivos, los cuales son muy variados y tienen un gran abanico de efectos y mecanismos de acción en el cerebro. Por otro lado, esta clase de medidas solo deben ser adoptadas bajo indicación médica, siguiendo al pie de la letra las indicaciones del especialista, y asumiendo que si en cualquier momento los efectos adversos resultan demasiado perjudiciales, se retirará el uso de este fármaco o se empezará a recetar otro.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders, fifth edition. Arlington, VA: American Psychiatric Association.
Heim C., Newport D.J., Mletzko T., Miller A.H., Nemeroff C.B. (2008). The link between childhood trauma and depression: insights from HPA axis studies in humans. Psychoneuroendocrinology. 33 (6): 693 – 710.
Mélendez J.C., Alfonso-Benlliure V., Mayordomo T. (2018). Idle minds are the devil’s tools? Coping, depressed mood and divergent thinking in older adults. Aging & Mental Health. 22 (12): 1606 – 1613.

Qué son los traumas y cómo se pueden tratar desde la psicología

¿Qué son los traumas y cómo se pueden tratar desde la psicología?

Los traumas psicológicos son parte de los aspectos de la mente humana que más interés generan. Es en parte por eso que en obras de ficción de todo tipo algunos personajes quedan definidos como seres traumatizados, cuya identidad pende de heridas emocionales relacionadas con su pasado. En estos casos, dicha vulnerabilidad sirve para mantener la historia en movimiento.

Sin embargo, más allá de la carga dramática o incluso el glamour que los traumas imprimen en el mundo de la literatura, el cine y similares, en la vida real este tipo de trastornos mentales no dependen de arcos narrativos: de hecho, eso es algo que los vuelve aún más dolorosos.

Por sí solo, el trauma psicológico no es un medio que nos lleve a transformarnos en alguien más interesante o maduro que antes, eso depende enteramente de nuestra manera de gestionarlo y de regular su capacidad de hacernos sentir mal. Y es ahí donde entra en juego la importancia de la psicología y concretamente de la psicoterapia. Así pues, veamos qué son los traumas y cómo podemos tratarlos desde la psicología.

Nuestra Terapia para los Traumas

¿Qué es un trauma?

Un trauma psicológico es un conjunto de recuerdos pertenecientes principalmente a la memoria emocional que han quedado almacenados en nuestra mente de manera que vienen a nuestra consciencia de manera relativamente frecuente y nos causan un gran malestar, normalmente vinculada a la angustia y muchas veces también a la vergüenza y los sentimientos de indefensión.

A la práctica, los traumas están basados en experiencias pasadas que están relacionadas de algún modo con la violencia y la muerte: palizas, abusos sexuales y violaciones, pérdidas de seres queridos por accidentes, etc.

Por otro lado, el concepto de trauma no es en sí una categoría diagnóstica en psiquiatría o en psicología clínica, sino que es un concepto más global y abstracto que se expresa a través de trastornos más definidos y acotados; sobre todo, el Trastorno de Estrés Postraumático y el Trastorno por Estrés Agudo.

En estas categorías diagnósticas se describen cuadros clínicos en los que la persona sufre episodios de fuerte ansiedad, malestar general y pensamientos intrusivos tras haber vivido una experiencia marcada por la violencia en alguna de sus formas, sufrida por uno mismo de manera directa o presenciada mientras les ocurría a otros.

Estas imágenes recurrentes que saltan a la consciencia de manera incontrolada e imprevista, por su contenido, tienen que ver con esas vivencias, y producen una gran incomodidad y angustia.

La principal diferencia entre el Trastorno por Estrés Agudo y el Trastorno por Estrés Postraumático es la duración: en el segundo caso, los síntomas duran varios meses.

Síntomas

Los principales síntomas relacionados con los traumas son los siguientes.

1. Estado de alerta e hipervigilancia constante

En las persona con fuertes traumas, hay fases de aparición frecuente en las que se está en un estado de alerta constante, irritabilidad, reacciones exageradas ante estímulos poco significativos, y problemas para dormir.

2. Pensamientos intrusivos

Ideas e imágenes vinculadas a la vivencia traumática invaden la consciencia de la persona de manera imprevista, trayendo consigo toda una serie de sensaciones altamente desagradables o dolorosas: vergüenza, frustración, miedo…

3. Evitación de situaciones vinculadas al trauma

La persona con traumas intenta estar alejada de los lugares o contextos que le recuerden la experiencia que originó el trastorno psicológico.

4. Síntomas del estado de ánimo

Quien sufre por traumas psicológicos se siente agotado anímicamente, en parte por tener que gestionar todos los síntomas vistos hasta ahora, y es más difícil que experimente placer o que tenga sentido del humor.

Causas

Las causas de la aparición de traumas tienen dos componentes: uno experiencial y otro neuropsicológico.

En el primero encontramos hechos que con mucha frecuencia son vistas como fuentes de peligro o señales de que algo muy grave pasa en el entorno, como un accidente de tráfico o un abuso sexual. Estos eventos tienen implicaciones significativas para la integridad de las personas, y por eso tienen una alta carga emocional.

En el segundo, el aspecto relacionado con el funcionamiento del sistema nervioso, encontramos el modo en el que la información referente a estos hechos es procesada y almacenada por el cerebro.

Como en episodios de alta ansiedad el encéfalo trabaja de un modo algo diferente, porque segrega proporciones de sustancias químicas distintas a las habituales, la experiencia queda “grabada” en el cerebro junto a aquellos rastros que deja la activación anormal del sistema nervioso.

Dicho de otro modo, en el encéfalo queda un rastro de la experiencia traumática que hace que esta tenga una gran facilidad para ser “recordada” una y otra vez, junto a toda una serie de sensaciones y emociones negativas.

A su vez, el temor a experimentar otra vez los efectos dolorosos del trauma aumenta la ansiedad anticipatoria, lo cual contribuye a que ese recuerdo dañino no se debilite con el paso del tiempo.

Tratamiento psicológico de los traumas

Desde el punto de vista de los profesionales de la salud mental, en las sesiones de psicoterapia para tratar a pacientes con traumas hay varias herramientas eficaces que pueden ser utilizadas para intervenir en estos casos.

Una de las más habituales es la terapia de exposición al trauma, parecida a los procedimientos utilizados para tratar las fobias y otros trastornos de ansiedad.

El objetivo de estas prácticas es contribuir a que la persona se enfrente a esos recuerdos e imágenes intrusivas viendo que no está predestinada a reaccionar a esto desde la ansiedad y el malestar. Dicho de otro modo, se intenta que la persona asocie esas vivencias a la experimentación de un estado emocional más neutral, lo cual favorece también que la ansiedad anticipatoria se disipe.

Al seguir las indicaciones del psicólogo o psicóloga, los recuerdos vinculados al trauma no desaparecen, pero van perdiendo importancia y pasan a tener menos capacidad de retener nuestra atención y el poder de llevarnos al estado de hipervigilancia.

El uso de psicofármacos solo es considerado una opción cuando es necesario para controlar los síntomas, algo que ocurre sobre todo en la primera etapa del tratamiento. En cualquier caso, el consumo de ansiolíticos o medicamentos similares solo debe darse si hay indicación médica para hacerlo.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Caballo, V. E. (1998). Manual de técnicas de terapia y modificación de conducta (4ª edición). SIGLO XXI.
Frommberger, U. (2014). Post-traumatic stress disorder – a diagnostic and therapeutic challenge. Deutsches Arzteblatt International. 111 (5): 59 – 65.

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