Especialidades

Nuestras especialidades en Avance Psicólogos

Cómo mejorar el bajo estado de ánimo

Cómo mejorar el bajo estado de ánimo

Nuestro estado de ánimo es un fenómeno psicológico sumamente dinámico, que depende lo las situaciones a las que nos exponemos. Sin embargo, eso no significa que no seamos capaces de influir en este, porque si sabemos cómo, podemos modificar nuestro entorno para que este genere en nosotros el estado emocional. El bajo estado de ánimo se puede mejorar.

Si te interesa ganar capacidad a la hora de modular tus emociones, sigue leyendo, porque en este artículo veremos varios consejos acerca de cómo mejorar el bajo estado de ánimo cuando hay algo que nos mantiene tristes o desanimados.

Cómo mejorar el estado de ánimo cuando te sientas mal

Estas son diversas ideas clave que puedes poner en práctica cada vez que quieras mejorar tu estado de ánimo. Hay que tener en cuenta que debes adaptar estos consejos a tu situación particular, dado que cada caso es único y las causas por las que te sientes desanimado o desanimada influyen en el modo en el que puedes volver a estar bien.

1. Come bien

Si tu cuerpo no cuenta con las vitaminas y los macronutrientes necesarios, lo más probable es que tiendas a experimentar bajo estado de ánimo. ¿Por qué? Porque en esas situaciones el organismo entra en el modo “ahorro de energía”, y esto se nota también en el ámbito de lo psicológico: tienes menos ganas de hacer cosas, sientes menos motivación por involucrarte en planes y proyectos, y hasta te cuesta más concentrarte para hacer algo productivo.

La malnutrición lleva al sedentarismo, y a su vez el sedentarismo disminuye nuestra exposición a situaciones interesantes o estimulantes, capaces de hacernos sentir bien.

2. Duerme bien

Este es otro de los consejos para mejorar el estado de ánimo que van en la línea del anterior. La falta de sueño te mantiene en un estado de constante fatiga y malestar, algo que ya de por sí podría ser la principal causa por la que tienes un ánimo decaído.

Así, evita hacer ejercicio durante las horas previas a irte a dormir, no te distraigas con móviles u otros tipos de pantallas luminosas cuando estés en la capa antes de apagar la luz, y fíjate horarios razonables que te permitan descansar durante unas 7 u 8 horas.

3. Evita los atracones

Es muy habitual querer darse atracones de comida (especialmente si es comida muy sabrosa) cuando nos sentimos tristes o preocupados por algo. Sin embargo, esta rutina nos mete en un círculo vicioso, porque solo aporta un alivio pasajero, y rápidamente tenemos un motivo extra por el que sentirnos mal.

De hecho, si nos acostumbramos demasiado a caer en este tipo de comportamientos, nuestro sistema nervioso puede adaptarse para que solo seamos capaces de experimentar un estado de activación relativa durante los atracones de comida, haciendo que nuestro bienestar depende de este hábito tan poco saludable.

4. Ayuda a los demás

El tiempo que dediques a ayudar a los demás será un factor importante para mejorar tu estado de ánimo. Aunque solo si esta ayuda es significativa: no es lo mismo participar en una mudanza que dejarle a alguien una goma de borrar que podría conseguir en cualquier otro sitio.

La idea es que cuando estés ayudando a alguien, será muy complicado que pienses que estrás perdiendo el tiempo: te sentirás útil y capaz de marcar la diferencia en la vida de otra persona, independientemente de si es tu amiga o no.

5. Practica ejercicio

Realizar ejercicio moderado de manera semanal es una muy buena manera de mejorar el bajo estado de ánimo. Por un lado, la actividad física ya de por sí te lleva a activarte, a entrar en un estado opuesto al decaído característico de los momentos en los que estamos tristes. Por el otro, el ejercicio te plantea metas sencillas pero que exigen concentración, de manera que puedes hacer que las preocupaciones y los miedos “se desprendan” de tu consciencia.

Además, practicar ejercicio de manera regular mejora tu imagen y tu condición física y te muestra tus progresos en diferentes tipos de actividades, algo que de por sí puede aportar un refuerzo para tu autoestima.

6. Oblígate a socializar

Cuando sentimos bajo estado de ánimo, es probable que no nos sintamos con ganas de hablar con prácticamente nadie. Sin embargo, hay que romper esta dinámica para no entrar en un círculo vicioso. Las relaciones sociales siguen siendo la principal fuente de situaciones estimulantes.

Así pues, realizad actividades novedosas o que involucren la focalización en un proyecto capaz de interesar a todo el grupo, o bien exponeos a contactos con personas desconocidas pero con algo interesante que aportar.

7. Revisa tus creencias limitantes

Finalmente, hay que considerar la opción de dedicarle un tiempo a la introspección, a cuestionar creencias sobre uno mismo y los demás que pueden estar manteniéndonos en un estado de tristeza. Para conseguirlo, apunta en un folio un listado de un máximo de 8 motivos por los que crees que puedes estar experimentando bajo estado de ánimo, y plantea explicaciones sobre lo que pasa alternativas a cada uno de ellos. Así, verás que no son verdades incuestionables, y que hay otras vías por las que seguir siendo feliz.

Si necesitas ayuda…

Si crees que no es suficiente con estas medidas, plantéate acudir al psicólogo para recibir ayuda profesional. La atención personalizada por parte de expertos de la salud mental hace que sea mucho más sencillo adoptar hábitos de mejora del estado de ánimo.

Referencias bibliográficas:

Ayuso-Mateos J.L.; et al. (2001). Depressive Disorders in Europe: Prevalence figures from the ODIN study. British Journal of Psychiatry. 179 (4): pp. 308 – 316.
Berrios, G.E. (1985). The Psychopathology of Affectivity: Conceptual and Historical Aspects. Psychological Medicine. 15(4): pp. 745 – 758.
Jonas B.S., Brody D., Roper M., Narrow W.E. (2003). Prevalence of mood disorders in a national sample of young American adults. Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology. 38(11): pp. 618 – 624.

distimia

Distimia

Nos preguntamos: ¿qué es el trastorno psicológico de la distimia?. La depresión es posiblemente el trastorno del estado de ánimo más conocido. Sin embargo, dentro de esta categoría de alteraciones psicológicas dañinas hay algunas más, como la distimia.

Si te interesa saber más acerca de este trastorno psicológico, reconocer sus síntomas y conocer el tratamiento terapéutico usado en los pacientes que lo sufren, sigue leyendo.

¿Qué es la distimia?

La distimia es un trastorno de ansiedad caracterizado por tener ciclos largos en los que se expresan los síntomas, y por el hecho de que estos son significativamente menos intensos que en la depresión mayor.

Así, los síntomas depresivos (que luego veremos con más detalle) están presentes durante la mayor parte del día, y en ciclos que duran al menos dos años. La diferencia en cuanto a la depresión unipolar (o depresión mayor) es más cuantitativa que cualitativa, porque sus síntomas son aproximadamente los mismos, pero cambiando la duración y lo severo de los síntomas.

Por otro lado, la distimia es un poco más común en mujeres, y está presente en aproximadamente un 5% de la población.

Síntomas

Los síntomas de la distimia son los típicos de los trastornos del estado de ánimo unipolares. Veamos un resumen de los más representativos.

 

1. Abulia

La abulia es una forma de alteración mental caracterizada por la falta de energía o motivación para involucrarse en tareas o participar en actividades sociales. Está ligada al aislamiento y al sedentarismo.

2. Astenia

Asociada a la abulia, la astenia es una sensación de fatiga constante, cansancio que es percibido como algo físico, no simple falta de fuerza de voluntad.

 

3. Alteraciones del sueño

Las personas con distimia tienden a padecer alteraciones del sueño. Tanto la hipersomnia (exceso de tiempo durmiendo) como el insomnio (problemas para conciliar el sueño o mantenerse dormido) son frecuentes.

 

4. Baja autoestima

Otro de los síntomas de la distimia más frecuentes es la baja autoestima. La persona que padece este trastorno tiende a pensar que no vale nada, que no es capaz de llevar a cabo ningún proyecto significativo, y que prácticamente nadie le quiere.

 

5. Alteraciones cognitivas

Otro grupo de síntomas de la distimia son de tipo cognitivo, y afectan sobre todo a la memoria y a la capacidad de concentración. Los terapeutas que tratan a personas con distimia ven que estos suelen tener problemas para concentrarse y para recordar eventos ocurridos hace poco. La memoria a largo plazo, la que tiene que ver con el conocimiento básico sobre el mundo y sobre uno mismo, no se ve afectada por la distimia.

Causas

Tal y como ocurre con todos los trastornos psicológicos, no existe una sola causa que explique la aparición de la distimia. En todo caso, se trata de un fenómeno emocional de carácter multicausal, en el que participan tanto las predisposiciones genéticas como las experiencias vividas (y el modo en el que reaccionamos ante ellas).

En general, existen eventos que aumentan las probabilidades de sufrir distimia, pero ninguno de ellos es causa suficiente para asegurar que una persona en concreto sufrirá este trastorno si pasa por una experiencia de este tipo; se trata de indicios estadísticos. Por eso, cada psicólogo debe examinar caso por caso para determinar qué tipo de hábitos y comportamientos del paciente están reforzando la presencia de la distimia, para proponer patrones de conducta alternativas.

 

Tratamiento de este trastorno

El tratamiento de la distimia es complejo, pero se muestra eficaz a la hora de mitigar los síntomas y hacer que el ciclo de malestar se acorte y llegue a su fin pronto. Por otro lado, también hay casos en los que la distimia desaparece por completo sin llegar a presentar brotes en cuestión de meses o años.

Para lograrlo, los psicólogos abordan tanto el nivel de lo emocional como en el del comportamiento y los hábitos del paciente.

Por un lado, se utiliza la reestructuración cognitiva para propiciar que el paciente se cuestione sus creencias acerca de sí mismo, contribuyendo así a mejorar la autoestima. Esto, a su vez, tiene un efecto de reacción en cadena que facilita el resto de partes del tratamiento.

Otra de las herramientas que se utilizan en terapia psicológica contra la distimia es la activación conductual. Esta consiste fundamentalmente en crear contextos en los que el paciente se vea involucrado en tareas estimulantes que le permitan romper el ciclo de sedentarismo y pasividad. Activando físicamente el cuerpo se activa también la mente, se le da una “inercia” que mitigará la astenia y la abulia.

En ocasiones, la terapia psicológica es combinada con la intervención de médicos psiquiatras que pueden prescribir psicofármacos para tratar los síntomas. Estos fármacos antidepresivos no deben ser vistos como la solución, ya que tan solo rebajan el malestar durante un tiempo y además tienen efectos secundarios a tener en cuenta. Además, solo pueden ser utilizados bajo indicación médica.

Nuestra Terapia para la Depresión

Referencias bibliográficas:

Ayuso-Mateos, J.L. et al. (2001). Depressive Disorders in Europe: Prevalence figures from the ODIN study. British Journal of Psychiatry (en inglés) 179: pp. 308 – 316.

Goodman, S.H., Schwab-Stone, M., Lahey, B.B., Shaffer, D. & Jensen, P.S. (2000). Major Depression and Dysthymia in Children and Adolescents: Discriminant Validity and Differential Consequences in a Community Sample. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. 39 (6): pp. 761 – 771.

Griffiths, J.; Ravindran, A.V.; Merali, Z.; H Anisman (2000). Dysthymia: a review of pharmacological and behavioral factors. Molecular Psychiatry. 5 (3): pp. 242 – 261.

Ravindran, A.V., Smith, A.. Cameron, C., Bhatal, R., Cameron, I., Georgescu, T.M., Hogan, M.J. (2009). Toward a Functional Neuroanatomy of Dysthymia: A Functional Magnetic Resonance Imaging Study. Journal of Affective Disorders. 119 (1-3): pp. 9 – 15.

terapia ansiedad

¿Qué hacer para ayudar a un amigo o familiar que sufre ansiedad?

Prácticamente todos los problemas psicológicos por los que la gente acude a psicoterapia no se resuelven solo durante el transcurso de las sesiones de psicoterapia: hay que realizar progresos también entre sesión y sesión, siguiendo las indicaciones del psicólogo. En este sentido, los trastornos de ansiedad no son una excepción. De hecho, para combatir este tipo de malestar hay que adoptar nuevos hábitos que nos lleven a nuevas formas de relacionarnos con la ansiedad y con las situaciones que favorecen su aparición. Y en esto, el apoyo de la familia y de los amigos resulta fundamental. En este artículo explicaremos una serie de ideas clave acerca de qué hacer para ayudar a un amigo o familiar que sufre ansiedad, consejos para darle apoyo sin presionarlo demasiado.

¿Qué son los problemas de ansiedad?

Empecemos por lo más importante: qué implica sufrir de ansiedad? La ansiedad es un conjunto de procesos fisiológicos y psicológicos que se manifiestan en las personas cuando un estímulo interno o externo (es decir, proveniente de los sentidos o de la combinación de la memoria y la capacidad de imaginar) es interpretado como una señal de alarma, algo que supone un riesgo.

Esta señal de peligro puede hacer referencia a algo que compromete la integridad física de quien experimenta esta sensación, como por ejemplo un jabalí que se acerca corriendo hacia nosotros, o puede referirse a un peligro más abstracto, como por ejemplo la posibilidad de suspender un examen de conducir.

Por otro lado, la ansiedad en sí no es algo malo; solo se transforma en patológico cuando empieza a ser una respuesta recurrente y muy intensa ante contextos que no suponen un riesgo real. El ejemplo más claro de esto es el caso de las fobias, que son un tipo de trastorno de ansiedad en el que se desarrolla una respuesta de estrés y angustia con posibles crisis de pánico ante estímulos tan inofensivos como los gatos; pero también hay otros desordenes psicológicos pertenecientes a esta categoría de trastornos, como el trastorno de pánico o el Trastorno de

Ansiedad Generalizada.

En todos estos casos, la ansiedad aparece como una respuesta de aparición automática e involuntaria en situaciones en las que causa más daño que bien, y no solo genera malestar y sufrimiento; además, daña la capacidad de la persona a la hora de relacionarse y de llevar un estilo de vida autónomo y funcional.

¿Cómo ayudar a un amigo o familiar que está sufriendo por ansiedad?

Ahoya que ya sabemos qué son los problemas de ansiedad, veamos varios consejos que podemos seguir como amigos o familiares de la persona que sufre por los estados ansiosos.

1. Ayúdale a ir al psicólogo

Cuando la ansiedad se transforma en un verdadero problema, es muy importante no asumir que el malestar se irá solo, sin más. Lo primero que hay que hacer es aconsejar e informar sobre la importancia de asistir a psicoterapia a quien sufre por esa ansiedad.

Algo tan simple como proponerle leer juntos información sobre los centros de psicología a los que podría acudir resulta un gran avance; también puedes contribuir a resolver sus dudas acerca de en qué consiste la psicoterapia contra la ansiedad, aunque sea aportándole información básica que hayas encontrado en libros o páginas web especializadas.

Finalmente, le puedes proponer poneros en contacto juntos con algún equipo de psicólogos, para que así aumenten las posibilidades de que empiece a comprometerse con el proceso de mejora con ayuda profesional, sin que lo deje siempre “para mañana”.

2. Apoya y aconseja, pero no presiones

En todo momento, a la hora de ayudar a alguien con ansiedad, hay que poner cuidado en que nuestras aportaciones no sean interpretadas como actos de imposición, sobre todo al tratar con personas adultas. Recuerda que el objetivo es ayudar a un amigo o familiar que sufre ansiedad.

Por eso, hay que acompañar y dar apoyo, y en ningún caso organizar la vida de ese amigo o familiar y a obligarlo a seguir una serie de rutinas para que esas acciones pasen de ser una imposición a ser un hábito. En todo caso hay que buscar consensos, hay que favorecer que el compromiso que esa persona tiene con su proceso de mejora quede reforzado.

3. Interésate por su progreso y nuevos retos

Resulta recomendable ir interesándote por sus avances de manera que surjan conversaciones (aunque sean breves) sobre este tema. Así, estos pequeños pasos hacia la recuperación que suponen combatir la ansiedad patológica serán más estimulantes, porque generarán el beneficio añadido de saber que alguien más reconoce y aplaude esos esfuerzos y las victorias que procura el compromiso con la terapia.

Además, no solo hay que interesarse con sus progresos pasados. También es bueno hablar sobre los retos que aspira a cumplir en lo relativo a ir venciendo a la ansiedad.

Por ejemplo, es recomendable que te intereses por los objetivos de mejora diarios o semanales que se haya fijado, ya sea hablar con un cierto número de desconocidos, salir de casa a dar un paseo durante determinado tiempo, etc.

De esta manera, tu amigo o familiar tendrá presentes sus objetivos y ello hará que sean más importantes para él.

4. Evita la condescendencia y céntrate en reconocer sus esfuerzos

Que un amigo o familiar sufra de ansiedad no significa que se transforme en un bebé que necesita cuidados constantes.

Por eso, es contraproducente tratar a estas personas como si no tuviesen el criterio suficiente como para saber qué es lo correcto. Incluso en los casos en los que no se cumplen los objetivos fijados para ir mejorando, esto no es porque no sean conscientes de lo que deben y no deben hacer, sino que son consecuencias de los procesos psicológicos de miedo y evitación asociados a los trastornos de ansiedad, algo que va más allá de la razón y de las palabras.

Así, si en determinado momento ese familiar o amigo incumple las normas que en consenso con el psicólogo se había asignado a sí mismo, no hay que sermonear; simplemente, hay que darle apoyo emocional y hacer lo posible por que la próxima vez pueda conseguirlo.

5. Crea entornos que favorezcan su recuperación

Este es uno de los consejos más útiles para ayudar a amigos y familiares con ansiedad, porque obedece a criterios objetivos. Consiste en hacer lo posible por que el entorno de la persona ansiosa esté libre de estímulos que puedan interferir con su mejoría.

Por ejemplo, si has observado que cuando tu familiar o amigo piensa en una responsabilidad que debe hacer combate la ansiedad dándose atracones de comida en vez de haciendo eso que debe ser hecho, pídele permiso para tirar todos los snacks y productos de picoteo entre horas, y cuando diga sí, hazlo tú mismo. Si fuma mucho cuando siente ansiedad porque le permite salir al patio y alejarse de aquello que debe hacer, pídele permiso para tirar o esconder el tabaco, etc.

6. Ayúdale con las técnicas de relajación

Cuando tu amigo o familiar acuda a psicoterapia, probablemente tarde o temprano recibirá entrenamiento en técnicas de relajación. Por eso, pregúntale si puedes ayudar creando ambientes relajantes en los que llevarlos a cabo, o guiándole en el proceso actuando como “narrador externo”.

Nuestra Terapia para la Ansiedad

Referencias bibliográficas:

Morissette, S.B., Tull, M.T., Gulliver, S.B., Kamholz, B.W., Zimering R.T. (2007). “Anxiety, anxiety disorders, tobacco use, and nicotine: a critical review of interrelationships”. Psychological Bulletin. 133 (2): 245–72.
Rapee, R.M., Heimberg R.G. (1997). “A cognitive-behavioral model of anxiety in social phobia”. Behaviour Research and Therapy. 35 (8): 741–56.
Rynn MA, Brawman-Mintzer O (2004). “Generalized anxiety disorder: acute and chronic treatment”. CNS Spectrums. 9 (10): 716 – 723.

Psicoterapia para casos de autoestima

¿Es efectiva la psicoterapia en casos de baja autoestima?

Los problemas de baja autoestima son parte de los motivos más frecuentes por los que personas de todas las edades acuden a terapia psicológica. Y es que valorarse poco a uno mismo no solo causa un significativo malestar; además, se traduce en dinámicas de comportamiento que traen muchos problemas tanto en el ámbito personal como laboral. Ahora bien… ¿Es efectiva la psicoterapia en casos de baja autoestima? ¿Hasta qué punto los psicólogos pueden ayudar a reforzar la autoestima, y qué estrategias utilizan para conseguirlo? Veámoslo en las siguientes líneas

¿Qué son los problemas de autoestima?

La autoestima es la valoración que hacemos de nuestro autoconcepto, es decir, del concepto de nosotros mismos que tenemos. Si el autoconcepto es el conjunto de ideas y de creencias que hacen referencia a cómo es uno mismo, la autoestima es el componente valorativo y emocional que se aplica sobre esa descripción del “Yo”.

Por otro lado, entendemos por problemas de autoestima un patrón de valoración del “Yo” que da problemas por desgastar la calidad de vida de la persona que lo experimenta en sus carnes, y/o la del resto de personas de su entorno. Es decir, consiste en tener un nivel de autoestima que no encaja con un modo de vida satisfactorio o que no es fácil de integrar en relaciones sociales significativas y armoniosas.

En teoría, este desajuste entre autoestima y capacidad para adaptarse al entorno de una manera adecuada y gratificante puede darse tanto por autoestima excesivamente inflada como por baja autoestima. A la práctica, sin embargo, los problemas por baja autoestima son mucho más frecuentes en personas que buscan ayuda profesional en psicoterapia.

Además, si bien los problemas de baja autoestima pueden darse sin ir de la mano de otros problemas psicológicos, muchas veces surgen junto a la depresión, trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia o la bulimia, el Trastorno Obsesivo-Compulsivo o las adicciones.

La efectividad de la psicoterapia en el tratamiento de la baja autoestima

A la hora de tratar en psicoterapia los problemas de baja autoestima, en psicología se suele optar por la terapia cognitivo-conductual adaptada a las características de esta forma de malestar.

La función de la terapia cognitivo-conductual es intervenir en dos ámbitos de la psicología humana: los procesos mentales, o parte cognitiva, y los procesos comportamentales, o parte conductual.

Por ejemplo, si una persona llega a la consulta de un psicólogo con la voluntad de tratar su baja autoestima, el psicoterapeuta aplicará estrategias que lleven al paciente a adoptar estilos de comportamiento que no alimenten esa percepción negativa de uno mismo, a la vez que le ayudará a cuestionar esas creencias limitantes que le llevan a dar por supuesto que vale poco como ser humano.

Es decir, que por un lado se actúa en el componente dinámico del modo en el que el paciente suele relacionarse con el entreno y con los demás, y en el componente relativamente estático de las creencias pesimistas ligadas al autoconcepto, del estilo de “no valgo nada”, “soy incapaz de gustar a otros” o “no le importo a nadie”.

¿Es eficaz esta psicoterapia para tratar la baja autoestima?

Los estudios científicos realizados sobre este tema indican que sí, dado que las personas que pasan por este tratamiento psicológico tienen un mejor funcionamiento autónomo, presentan menos tendencia a manifestar síntomas depresivos, y tienen menos probabilidades de presentar otros trastornos mentales.

Estos efectos de la psicoterapia aparecen porque gracias al trabajo de los psicólogos tanto en el área del comportamiento como en el área de los patrones de pensamiento y de percepción de la realidad, los pacientes se exponen a más experiencias capaces de evidenciar sus propias virtudes y a la vez son más capaces de detectar estas señales de la propia valía y de reconocerlas como tales.

De esta manera, se ha de romper con el círculo vicioso de quienes por problemas de autoestima se aíslan de los demás, no toman la iniciativa de empezar proyectos estimulantes, y asumen que cualquier expresión de sus propias virtudes (poco frecuentes, dado su modo de vida pasivo) son en realidad producto de la suerte o de la intervención de otras personas.

¿Cómo se trabajan estos problemas en terapia psicológica?

Estas son algunas de las estrategias que utilizan los psicólogos para contribuir a que los pacientes con baja autoestima adopten una manera más adaptativa y realista de quiénes son y de qué son capaces.

1. Reestructuración Cognitiva

La Reestructuración Cognitiva tiene como objetivo hacer que el paciente se cuestione ciertas creencias a las que se ha estado aferrando mucho tiempo a pesar de que no son realistas y le causan dolor o problemas en la interacción con los demás.

Y es que muchas personas tienen baja autoestima, entre otras cosas, porque dan por supuesto ideas que definen su propia identidad y que resultan poco razonables.

2. Entrenamiento en habilidades sociales

La autoestima está formada a partir de la interacción con lo que nos rodea, y por lo tanto, también a partir de la interacción con los demás. El modo en el que percibimos cómo nos ven influye mucho en el autoconcepto.

Por eso, en psicoterapia para casos de autoestima se contribuye a mejorar el modo en el que la persona se relaciona con los demás y valora esas relaciones personales: a veces, el hecho de que según quien no nos acepte es de hecho algo positivo, mientras que la actitud positiva que otras personas tienen hacia nosotros nos puede pasar desapercibida por no atrevernos a profundizar en esas relaciones.

3. Activación conductual

Esta herramienta terapéutica se utiliza mucho en personas que además de baja autoestima presentan síntomas depresivos. Consiste en crear contextos en los que el paciente se anime a involucrarse en actividades estimulantes capaces de poner en relieve las cualidades positivas de uno mismo: empezar un programa de entrenamiento, empezar a dibujar, etc.

En todos estos casos, ver el progreso y el perfeccionamiento de ciertas habilidades en relativamente poco tiempo (al ser actividades que antes no formaban parte de la rutina que se seguía) refuerzan la autoestima.

Nuestra Terapia para la Autoestima

Referencias bibliográficas

Orth, U., Trzesniewski, K.H., Robins, R.W. (2010). Self-esteem development from young adulthood to old age: A cohort-sequential longitudinal study. Journal of Personality and Social Psychology, 98(4), 645-658.
Waite, P. (2012). Cognitive behavior therapy for low self-esteem: A preliminary randomized controlled trial in a primary care setting. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry 43(4): 1049 – 1057.

psicologo madrid terapia duelo

Terapia de duelo: cómo ayudar a una persona ante una pérdida

El duelo patológico es una de las experiencias más angustiantes por las que puede pasar un paciente. Este fenómeno surge cuando sentimos la pérdida de algo o alguien con quien manteníamos un fuerte vínculo afectivo, normalmente un familiar o amigo. A lo largo de este artículo veremos en qué consiste la terapia de duelo, en tipo de intervención psicológica que utilizan los psicólogos para tratar a las personas cuyo duelo les impide ser felices y llevar una vida normal.

Ponte en contacto con nosotros si crees que podemos apoyarte en un proceso de duelo.

Nuestra Terapia para el Duelo

¿Qué es la terapia de duelo?

En el mundo de la psicoterapia, existe una gran diversidad de estrategias y herramientas utilizadas por los psicólogos para mejorar la calidad de vida de sus pacientes. La diversidad de estos recursos terapéuticos es un reflejo de la diversidad de problemas psicológicos a tratar o a solucionar, y la terapia de duelo es justamente el tipo de intervención que se utiliza en los casos de duelo patológico, cuyas características veremos más adelante.

En definitiva, el objetivo de la terapia de duelo es ayudar a la persona a superar la muerte de un ser querido o la desaparición de algún elemento de su vida por el cual el paciente sentía un fuerte apego.

La naturaleza de este tipo de terapia psicológica la convierten tanto en una manera de apoyar a alguien en momentos difíciles, como en una herramienta para que esta persona aprenda nuevas maneras de interpretar la realidad y de interactuar con el entorno y con los demás, de modo que vuelva a tener una vida normal. Todo esto se hace desde la idea de que nuevos hábitos de acción y de pensamiento generan a su vez nuevas maneras de sentir, de vivir las emociones.

Ahora bien… ¿en qué casos se considera que el duelo se ha transformado en patológico y que por consiguiente requiere de terapia de duelo? Veámoslo.

¿Qué es el duelo patológico?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el duelo no es en sí un trastorno mental. En la mayoría de las ocasiones, se trata de una reacción normal y esperable ante la pérdida de alguien o algo por lo que hemos sentido emociones de afectividad, ya sea porque hemos establecido un vínculo amoroso con esa persona (familiares, amigos, pareja, etc.) o porque lo consideramos una parte importante de nuestra vida en general (casa, pueblo de origen, etc.).

El duelo surge normalmente ante la idea de que muy probablemente no volveremos a ver aquello por lo que sentimos afecto, probabilidad que se convierte en certeza cuando esta situación involucra la muerte o la destrucción total de una estructura u objeto.

Así, podríamos decir que el duelo es la otra cara de la moneda del hecho de amar; cuando aquello a lo que queremos desaparece, sentimos que nos han arrebatado algo importante de nuestras vidas.

Con el paso del tiempo, la mayoría de situaciones de duelo desaparecen, y conseguimos adaptarnos a una vida en la que esa persona u elemento ya no está. Pero en ciertos casos, el duelo llega a ser tan intenso y persistente, que se convierte en un problema a tratar en psicoterapia. Es entonces cuando es necesario el uso de la terapia de duelo.

El duelo patológico suele expresarse a través de síntomas propios de los trastornos del estado del ánimo, como la depresión o la distimia.

Algunos de estos síntomas son la abulia (desmotivación generalizada y falta de energías para realizar las tareas cotidianas), la anhedonia (dificultades para experimentar placer o alegría) y una tristeza más o menos intensa pero constante, vinculada normalmente a la melancolía y el sentimiento de desesperanza.

¿Cómo funciona este tipo de terapia psicológica?

Estas son algunas de las pautas que los psicólogos utilizan en terapia de duelo para contribuir a que los pacientes superen el duelo.

1. Reestructuración cognitiva

La reestructuración cognitiva es una estrategia por la cual el terapeuta contribuye a que el paciente se cuestione sus creencias que le producen malestar y las sustituya por otras más adaptativas.

Por ejemplo, muchas personas que experimentan duelo por la pérdida de un ser querido creen que están solas ante la muerte, o que no pueden amar a más gente para no volver a sufrir de esa manera. En terapia, se plantean razonamientos en los que se ve la nula utilidad y el escaso realismo de esas ideas.

Además, en esta fase de la reestructuración cognitiva también se trabajan contenidos relacionados con la autoimagen y la autoestima del paciente, ya que en los casos de duelo suelen aparecer problemas en estas áreas. El objetivo es que se asuma la propia mortalidad y la propia vulnerabilidad ante el mundo y el paso del tiempo como algo normal, que nos define, y que no debería impedirnos ser felices.

2. Activación conductual

La activación conductual se usa en pacientes con síntomas depresivos, y se basa fundamentalmente a crear las condiciones para que la persona vuelva a adoptar un estilo de vida activo.

Para ello, se busca que el paciente se comprometa con la realización de ciertas actividades en su vida cotidiana, de manera que se rompa el círculo vicioso de la pasividad y el sedentarismo. Involucrarse físicamente en actividades estimula el pensamiento y hace aparecer sensaciones y sentimientos nuevos.

3. Desensibilización sistemática

En los casos en los que el duelo patológico vaya de la mano de traumas psicológicos (por ejemplo, por haber presenciado una muerte repentina) se utilizan técnicas propias de los trastornos de ansiedad, como la desensibilización sistemática.

La idea es asociar los pensamientos intrusivos vinculados al trauma con sensaciones neutrales, que no generan malestar. De esta manera, estas imágenes mentales pierden poder de influencia sobre nosotros, dejamos de prestarles atención, y finalmente van desapareciendo poco a poco.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas

Archer, J. (1999). The nature of grief: The evolution and psychology of reactions to loss. Londres: Routledge.
Bayés, R. (2001). Psicología del sufrimiento y de la muerte. Barcelona: Martínez Roca.
Worden, W.J. (2004). El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós.

Tratamientos para la depresión

¿Cuáles son los tratamientos más efectivos contra la depresión?

La depresión es uno de los trastornos psicológicos más comunes y con unos efectos más potencialmente dañinos. Se trata de una alteración mental perteneciente a la categoría de los trastornos del estado de ánimo, y sus síntomas afectan a todos los ámbitos de la vida de la persona. Por ello, es natural que las personas que experimentan depresión se preocupen por lo que les pasa y quieran volver a sentirse como antes de que este trastorno empezase a infiltrarse en su día a día. ¿Qué se puede hacer al respecto? A continuación veremos un resumen de cuáles son los tratamientos psicológicos más efectivos contra la depresión, y su funcionamiento.

Nuestra Terapia para la Depresión

Tratamientos contra la depresión: los más efectivos

Hay que tener claro que la depresión es un trastorno lo suficientemente grave y complejo como para que no pueda ser eliminado realizando un solo tipo de actividad. Es necesario un acompañamiento constante y la asistencia terapéutica de profesionales de la salud mental, y el uso de diferentes herramientas y técnicas que se complementan entre sí.

Estos tratamientos están diseñados para intervenir tanto en las acciones de los pacientes, sus hábitos de vida, como en sus ideas y sus creencias, aquello que conforma la perspectiva desde la que se interpreta el mundo y lo que ocurre en él.

Por otro lado, los tratamientos contra la depresión que veremos a continuación no se usan en casos en los que la persona tenga un estado de ánimo deprimido por un periodo puntual o a causa de un suceso claramente dañino, sino solo cuando hay depresión diagnosticada como cuadro clínico (algo que hacen psicólogos clínicos y médicos).

  • 1. Terapia cognitiva

La terapia cognitiva tiene como objetivo modificar los procesos cognitivos, es decir, aquellos que tienen que ver con los pensamientos y las ideas de la persona.

Dentro de este conjunto de prácticas terapéuticas aplicadas tanto en casos de depresión como en pacientes con otros trastornos psicológicos, destaca la reestructuración cognitiva.

Este procedimiento sirve para hacer que los pacientes se replanteen las creencias más interiorizadas que tienen acerca de uno mismo y de su entorno, lo cual resulta útil sobre todo para motivar a la persona a adoptar otros hábitos que permitan mejorar física y mentalmente.

Por ejemplo, las personas con depresión suelen tener un ideario más pesimista que el resto de las personas, y si se quiere contribuir a que se comprometan con la terapia, hay que ayudarles a dejar atrás las creencias que las llevan a auto-sabotear sus posibles progresos.

2. Activación conductual

Si la terapia cognitiva tiene como diana las ideas de los pacientes depresivos, la activación conductual involucra todas las partes del cuerpo del paciente, e incluso aquello que está más allá de este: el entorno.

Mediante este tratamiento se busca, fundamentalmente, que se deje atrás la pasividad y el estado de abulia (desmotivación extrema) que viven las personas diagnosticadas con este trastorno psicológico.

Si bien existen maneras de aplicar la activación conductual de manera sistematizada, la idea general que hay tras este tratamiento es: hazlo aunque tu cuerpo te pida no hacerlo. Realizar actividades que mantengan el cuerpo en marcha y expuesto a nuevas fuentes de gratificación hace que poco a poco se rompa a burbuja de apatía en la que vive instalado el paciente, de manera que el hacer actividades diversas cada vez se va volviendo un acto más espontáneo.

En definitiva, la activación conductual sirve para trazar vínculos entre la persona y los contextos capaces de aportarle sensaciones positivas y nuevas formas de motivación.

3. Terapia interpersonal

La terapia interpersonal es parecida a la activación conductual, en el sentido de que también busca los mecanismos de la vuelta a la normalidad del paciente en las relaciones que este mantiene con su entorno. Sin embargo, en esta ocasión se focaliza en un elemento concreto del entorno: el resto de personas.

Así mediante pautas de comunicación y de expresión de las emociones, este tratamiento psicológico contra la depresión favorece que los pacientes abracen hábitos de relación interpersonal más significativos y motivadores, lo cual es capaz de transformar su día a día y permitir que los síntomas vayan debilitándose. No hay que olvidar que buena parte de nuestra forma de interpretar cómo nos sentimos está mediada por cómo valoramos nuestra vida social.

4. Terapia farmacológica

La terapia farmacológica es un complemento de la terapia psicológica, y no puede ser la única solución. De hecho, en algunos casos se ha visto que resulta contraproducente utilizar estos medicamentos, debido a sus efectos secundarios y al hecho de que no hacen desaparecer completamente los síntomas, sino que en todo caso los vuelven algo menos intensos.

Normalmente, los fármacos son utilizados en casos de depresión mayor o trastornos depresivos moderados, y no cuando los síntomas son más bien débiles.

Normalmente, en terapia farmacológica aplicada a pacientes con depresión se utilizan fármacos antidepresivos, los cuales son muy variados y tienen un gran abanico de efectos y mecanismos de acción en el cerebro. Por otro lado, esta clase de medidas solo deben ser adoptadas bajo indicación médica, siguiendo al pie de la letra las indicaciones del especialista, y asumiendo que si en cualquier momento los efectos adversos resultan demasiado perjudiciales, se retirará el uso de este fármaco o se empezará a recetar otro.

Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders, fifth edition. Arlington, VA: American Psychiatric Association.
Heim C., Newport D.J., Mletzko T., Miller A.H., Nemeroff C.B. (2008). The link between childhood trauma and depression: insights from HPA axis studies in humans. Psychoneuroendocrinology. 33 (6): 693 – 710.
Mélendez J.C., Alfonso-Benlliure V., Mayordomo T. (2018). Idle minds are the devil’s tools? Coping, depressed mood and divergent thinking in older adults. Aging & Mental Health. 22 (12): 1606 – 1613.

Nuestra Terapia Psicológica

Qué son los traumas y cómo se pueden tratar desde la psicología

¿Qué son los traumas y cómo se pueden tratar desde la psicología?

Los traumas psicológicos son parte de los aspectos de la mente humana que más interés generan. Es en parte por eso que en obras de ficción de todo tipo algunos personajes quedan definidos como seres traumatizados, cuya identidad pende de heridas emocionales relacionadas con su pasado. En estos casos, dicha vulnerabilidad sirve para mantener la historia en movimiento.

Sin embargo, más allá de la carga dramática o incluso el glamour que los traumas imprimen en el mundo de la literatura, el cine y similares, en la vida real este tipo de trastornos mentales no dependen de arcos narrativos: de hecho, eso es algo que los vuelve aún más dolorosos.

Por sí solo, el trauma psicológico no es un medio que nos lleve a transformarnos en alguien más interesante o maduro que antes, eso depende enteramente de nuestra manera de gestionarlo y de regular su capacidad de hacernos sentir mal. Y es ahí donde entra en juego la importancia de la psicología y concretamente de la psicoterapia. Así pues, veamos qué son los traumas y cómo podemos tratarlos desde la psicología.

Nuestra Terapia para los Traumas

¿Qué es un trauma?

Un trauma psicológico es un conjunto de recuerdos pertenecientes principalmente a la memoria emocional que han quedado almacenados en nuestra mente de manera que vienen a nuestra consciencia de manera relativamente frecuente y nos causan un gran malestar, normalmente vinculada a la angustia y muchas veces también a la vergüenza y los sentimientos de indefensión.

A la práctica, los traumas están basados en experiencias pasadas que están relacionadas de algún modo con la violencia y la muerte: palizas, abusos sexuales y violaciones, pérdidas de seres queridos por accidentes, etc.

Por otro lado, el concepto de trauma no es en sí una categoría diagnóstica en psiquiatría o en psicología clínica, sino que es un concepto más global y abstracto que se expresa a través de trastornos más definidos y acotados; sobre todo, el Trastorno de Estrés Postraumático y el Trastorno por Estrés Agudo.

En estas categorías diagnósticas se describen cuadros clínicos en los que la persona sufre episodios de fuerte ansiedad, malestar general y pensamientos intrusivos tras haber vivido una experiencia marcada por la violencia en alguna de sus formas, sufrida por uno mismo de manera directa o presenciada mientras les ocurría a otros.

Estas imágenes recurrentes que saltan a la consciencia de manera incontrolada e imprevista, por su contenido, tienen que ver con esas vivencias, y producen una gran incomodidad y angustia.

La principal diferencia entre el Trastorno por Estrés Agudo y el Trastorno por Estrés Postraumático es la duración: en el segundo caso, los síntomas duran varios meses.

Síntomas

Los principales síntomas relacionados con los traumas son los siguientes.

1. Estado de alerta e hipervigilancia constante

En las persona con fuertes traumas, hay fases de aparición frecuente en las que se está en un estado de alerta constante, irritabilidad, reacciones exageradas ante estímulos poco significativos, y problemas para dormir.

2. Pensamientos intrusivos

Ideas e imágenes vinculadas a la vivencia traumática invaden la consciencia de la persona de manera imprevista, trayendo consigo toda una serie de sensaciones altamente desagradables o dolorosas: vergüenza, frustración, miedo…

3. Evitación de situaciones vinculadas al trauma

La persona con traumas intenta estar alejada de los lugares o contextos que le recuerden la experiencia que originó el trastorno psicológico.

4. Síntomas del estado de ánimo

Quien sufre por traumas psicológicos se siente agotado anímicamente, en parte por tener que gestionar todos los síntomas vistos hasta ahora, y es más difícil que experimente placer o que tenga sentido del humor.

Causas

Las causas de la aparición de traumas tienen dos componentes: uno experiencial y otro neuropsicológico.

En el primero encontramos hechos que con mucha frecuencia son vistas como fuentes de peligro o señales de que algo muy grave pasa en el entorno, como un accidente de tráfico o un abuso sexual. Estos eventos tienen implicaciones significativas para la integridad de las personas, y por eso tienen una alta carga emocional.

En el segundo, el aspecto relacionado con el funcionamiento del sistema nervioso, encontramos el modo en el que la información referente a estos hechos es procesada y almacenada por el cerebro.

Como en episodios de alta ansiedad el encéfalo trabaja de un modo algo diferente, porque segrega proporciones de sustancias químicas distintas a las habituales, la experiencia queda “grabada” en el cerebro junto a aquellos rastros que deja la activación anormal del sistema nervioso.

Dicho de otro modo, en el encéfalo queda un rastro de la experiencia traumática que hace que esta tenga una gran facilidad para ser “recordada” una y otra vez, junto a toda una serie de sensaciones y emociones negativas.

A su vez, el temor a experimentar otra vez los efectos dolorosos del trauma aumenta la ansiedad anticipatoria, lo cual contribuye a que ese recuerdo dañino no se debilite con el paso del tiempo.

Tratamiento psicológico de los traumas

Desde el punto de vista de los profesionales de la salud mental, en las sesiones de psicoterapia para tratar a pacientes con traumas hay varias herramientas eficaces que pueden ser utilizadas para intervenir en estos casos.

Una de las más habituales es la terapia de exposición al trauma, parecida a los procedimientos utilizados para tratar las fobias y otros trastornos de ansiedad.

El objetivo de estas prácticas es contribuir a que la persona se enfrente a esos recuerdos e imágenes intrusivas viendo que no está predestinada a reaccionar a esto desde la ansiedad y el malestar. Dicho de otro modo, se intenta que la persona asocie esas vivencias a la experimentación de un estado emocional más neutral, lo cual favorece también que la ansiedad anticipatoria se disipe.

Al seguir las indicaciones del psicólogo o psicóloga, los recuerdos vinculados al trauma no desaparecen, pero van perdiendo importancia y pasan a tener menos capacidad de retener nuestra atención y el poder de llevarnos al estado de hipervigilancia.

El uso de psicofármacos solo es considerado una opción cuando es necesario para controlar los síntomas, algo que ocurre sobre todo en la primera etapa del tratamiento. En cualquier caso, el consumo de ansiolíticos o medicamentos similares solo debe darse si hay indicación médica para hacerlo.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Caballo, V. E. (1998). Manual de técnicas de terapia y modificación de conducta (4ª edición). SIGLO XXI.
Frommberger, U. (2014). Post-traumatic stress disorder – a diagnostic and therapeutic challenge. Deutsches Arzteblatt International. 111 (5): 59 – 65.

Las causas más habituales del estrés

Las causas más habituales del estrés

El estrés es un tipo de experiencia muy conocido por todos, al menos en sus aspectos más fundamentales. Todos, con cierta frecuencia, hemos notado cómo sus efectos se extienden por nuestro cuerpo y pensamientos, y normalmente no es una sensación precisamente agradable. Conozcamos las causas del estrés.

Eso sí, que sentir estrés resulte muchas veces poco satisfactorio no significa que sea algo malo. En la mayoría de las ocasiones, nos ayuda a tomar consciencia de que hay un problema que debemos atender cuanto antes, y en general nos lleva a un estado de alerta desde el cual empezamos a buscar soluciones ante una determinada necesidad.

Pero en algunos casos, el estrés sí constituye un problema y pasa a ser un problema, más que una solución. En las próximas líneas nos centraremos en este tipo de estrés de tipo patológico y veremos cuáles son sus principales causas, y el modo en el que estas nos afectan dañando nuestra calidad de vida.

Tal y como veremos, entre las causas más habituales del estrés las hay tanto físicas como psicológicas.

Si necesitas contactar con un profesional por un tema de estrés, entra en esta página de contacto.

Nuestra Terapia para el Estrés

Las causas más habituales del estrés

Aquí encontrarás un resumen de las principales causas del estrés, los cuales muchas veces están detrás de los problemas y quejas que expresan los pacientes que asisten a psicoterapia para regular sus estados de nerviosismo y ansiedad.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que su presencia no nos lleva irremediablemente a sufrir por estrés, dado que la asistencia a psicoterapia puede proporcionar los recursos necesarios para combatir esta fuente de malestar y no dejar que limite nuestras vidas.

1. Predisposiciones genéticas

No es ninguna novedad que una parte del estrés queda explicado por la configuración genética de las personas. Existen algunos genes que favorecen la aparición de procesos de estrés y ansiedad en los individuos que los presentan en su genotipo, de manera que la producción de determinadas moléculas bajo las instrucciones del ADN nos vuelve más vulnerables a esta forma de malestar.

Sin embargo, esto no significa que la presencia de ciertos genes “produzca” estrés del mismo modo en el que determinadas glándulas de la boca producen saliva. En todo caso, algunas variantes de genes crean situaciones por las que es más probable que experimentemos estrés con mayor facilidad que el resto de personas, lo cual significa que el entorno social en el que vivimos y nuestra manera de interactuar con el mundo siguen siendo muy determinantes.

2. Exposición a situaciones de violencia

El haber pasado por situaciones de violencia, agresiones sexuales o acoso en la escuela o en el trabajo hace que las personas tengan más probabilidades de sufrir problemas de estrés.

De hecho, haber interiorizado la noción de que el mundo es un lugar hostil en el que hay que estar alerta para prevenir ataques lleva a una especie de estado de paranoia en la que muchos estímulos ambiguos pueden ser interpretados como indicadores de peligro inminente.

3. Cambios súbitos en el estilo de vida

Mudarse a otra ciudad o irse a vivir a otro país, tener un hijo, casarse, empezar un nuevo trabajo… Todas estas situaciones nos enfrentan a nuevos retos y a momentos en los que no está muy claro lo que hay que hacer.

La sucesión continuada de experiencias marcadas por la ambigüedad y la incertidumbre puede ser una de las causas del estrés con mayor capacidad de afectar a todas las áreas de nuestra vida.

4. Los entornos altamente competitivos

Competir por un ascenso, estudiar para unas oposiciones, entrenar para un torneo deportivo… Son situaciones en las que podemos llegar a sentirnos culpables en los momentos de descanso, asumiendo que otros estarán progresando mientras nosotros cargamos energía.

Este desgaste físico y mental tiene en el estrés y la ansiedad sus primeras manifestaciones como problemas psicológicos.

5. Problemas en las relaciones personales

Tener dificultades en las relaciones sociales puede causar mucho estrés, porque por un lado lleva a un estilo de vida poco amable debido al miedo a buscar ayuda o aliados, y por el otro las conversaciones se convierten en una fuente de temor y de anticipación del fracaso.

6. Trastornos mentales

La presencia de un trastorno mental diagnosticado puede llevarnos a pasar por situaciones que causan mucho estrés. Esto se deber a que la anticipación del malestar generado por esa alteración comportamental mental es en sí un problema extra que hay que saber regular emocionalmente.

7. Hábitos de vida poco saludables

Otra de las causas del estrés más infravaloradas es el no seguimiento de un estilo de vida sano. Estar en un mal estado físico nos vuelve menos capaces de adaptarnos a situaciones complejas y complicadas, y peores a la hora de gestionar la energía de nuestro cuerpo.

Por ello, para frenar el malestar causado por el estrés es recomendable dormir bien y comer de manera regular alimentos de calidad con las vitaminas y los macronutrientes necesarios.

8. Obligaciones vinculadas a la familia

El ámbito familiar suele ser una fuente de protección, pero a veces también se transforma en una incubadora de problemas de relación interpersonal y lazos afectivos.

Por ejemplo, depositar demasiadas esperanzas en un hijo puede llevar a controlar demasiado su vida, aunque en teoría sea “por su bien”. Por otro lado, las discusiones familiares tienen mayor capacidad de producir malestar, porque afectan a relaciones cotidianas y a personas que consideramos parte del ambiente “estable” de nuestro día a día.

9. Perfeccionismo extremo

El exceso de perfeccionismo está vinculado a muchos problemas por estrés, e incluso a la procrastinación, que es lo que pasa cuando el temor de no hacer bien algo nos paraliza y contribuye a que finalmente no hagamos nada en todo el día, postergándolo y dejando que el problema se vaya haciendo más grande.

10. Malos ambientes de trabajo

Factores tan simples como oficinas en las que hay mucho ruido o asientos de trabajo muy incómodos que obligan a adoptar una mala postura, pueden generar estrés debido a la incomodidad constante.

Este tipo de causas habituales del estrés son estudiadas por la disciplina conocida como ergonomía, y también por la psicología ambiental, si bien desde psicoterapia se puede ayudar a darles solución.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Hüther, G. (2012). Biología del miedo. El estrés y los sentimientos. Barcelona: Plataforma Editorial.
Koolhaas J, et al. (2011). Stress revisited: A critical evaluation of the stress concept. Neuroscience and Biobehavioral Reviews. 35 (5): 1291–1301.

trastorno bipolar

Trastorno bipolar: ¿qué es y cómo podemos tratarlo desde la psicología?

El trastorno bipolar es una patología mental que se caracteriza por cambios severos de humor que van de la depresión a episodios de manía.

Afecta a una de cada cien personas adultas, normalmente comienza en la etapa de la adolescencia (pero no hay que confundirlo en esta etapa con un TDDEA) y rara vez se inicia en personas de más de 40 años.

La causa concreta no está especificada y puede ser múltiple:
– Un trastorno físico dentro del sistema cerebral que se encarga de controlar el estado de ánimo (sistema límbico)
– Un acontecimiento estresante en la vida podría desencadenar un episodio
– Un componente genético

El trastorno bipolar se manifiesta en varios grados o tipos: El bipolar I y II; el trastorno ciclotímico y el de ciclación rápida. De ellos, es más complicado de diagnosticar el tipo II porque sus síntomas son más suaves y la fase maníaca no es tan aguda, pudiendo confundirse con depresión, pero de ellos hablaremos mas extensamente en otro post.

Nuestra Terapia Psicológica

Manifestaciones del trastorno bipolar: episodios

El trastorno bipolar o maníaco-depresivo se evidencia en cambios de humor muy severos que van hacia uno de los dos polos: un periodo depresivo o un periodo maníaco.

Durante la etapa maníaca la persona tiene sentimientos extremos de bienestar, de alegría, optimismo, confianza en sí mismo y en sus capacidades de manera muy intensa. La persona muestra cambios de comportamiento que pueden aparecer como planes grandilocuentes y poco realistas; puede hablar con mucha rapidez, está activo, se siente lleno de energía y no tiene necesidad de dormir; está feliz y se siente importante; puede tener grandes deseos sexuales; cambia de ideas con rapidez y también puede estar irritable. La primera vez que sucede es habitual que la persona que sufre este episodio no lo perciba, pero sí las personas que le rodean como familiares o amigos.

En la etapa depresiva, el sentimiento de depresión es mayor, es continuo y duradero y le hace a la persona no poder con el día a día. Es un episodio de depresión profunda donde se acusan cambios como llanto incontrolado, pérdida de interés, pérdida en la confianza en uno mismo e incapacidad para tomar decisiones; pérdida de peso y apetito, fatiga extrema y trastornos del sueño; ideas de suicidio.

El trastorno bipolar es difícil de diagnosticar porque puede confundirse con depresión en la fase depresiva. Es muy importante el acompañamiento de la familia durante los episodios

Cuando alguna de estas fases es muy severa pueden aparecer síntomas psicóticos: aparecen durante la fase maníaca con ideas grandiosas sobre uno mismo, creer que se tiene una misión importante que cumplir en el mundo o que se tienen poderes sobrenaturales. En fase depresiva, la culpabilidad es tan profunda que pueden sentir que es la peor persona del mundo. Además de estos síntomas se pueden presentar alucinaciones auditivas, visuales o sensitivas que no se pueden justificar.

Los episodios pueden durar de semanas a meses y la intensidad es muy elevada. Entre los episodios antes se pensaba que entre ambos se recuperaba la normalidad del ánimo, pero hoy se sabe que esto no le ocurre a todas las personas con trastorno bipolar.

Los episodios se pueden desencadenar por factores estresantes: Enamoramiento, un nuevo trabajo, un despido, una ruptura… Que el estresor sea negativo no garantiza que el episodio sea depresivo o maníaco. Cualquier estresor puede dar como resultado uno de ambos.

Tratamiento

Lo ideal es la combinación de tratamiento farmacológico y psicológico como la mejor opción para abordar el trastorno bipolar.

El tratamiento farmacológico facilita la regulación del estado de ánimo para que no haya subidas o bajadas repentinas; y la terapia acompaña al paciente a conocer su enfermedad a través de técnicas psicoeducativas, a la vez que hace un seguimiento del estado anímico y a identificar cuándo se está produciendo un cambio de humor para autocontrolarlos.

Conviviendo con el trastorno bipolar

Es importante que haya un acompañamiento y seguimiento de familiares o personas cercanas cuando se trata de este trastorno. Durante las fases agudas, el acompañamiento es muy importante. Hay que ser paciente, comprensivo y realista, no agrandar las ideas cuando están en fase aguda. En caso de urgencia, es interesante pedir ayuda médica urgente si la persona deja de comer o beber; cuando el comportamiento es arriesgado para sí o para los otros o cuando aparecen ideas de suicidio.

Las personas que conviven con una persona con trastorno bipolar pueden sentirse agotadas o angustiadas tanto en las fases de manía como de depresión, a veces también es interesante buscar apoyo como acompañante para aprender estrategias de control y afrontamiento del estrés.

TDDEA

TDDEA: trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo

Los problemas de conducta y la irritabilidad exagerada es uno de los motivos más frecuentes por el que las familias acuden a un psicólogo o a su centro de salud. Este tipo de conductas disruptivas es lo que ha hecho que el DSM-5 incorporara el TDDEA como nueva categoría dentro de los trastornos depresivos para no confundirlo con otros como el trastorno negativista, el bipolar o el TDDEA (Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo)

Nuestra Terapia Infantil

¿Qué es el TDDEA?

El TDDEA es un trastorno que cursa con episodios indefinidos de cambios de conducta que no son los habituales en el niño y que no están relacionados con la etapa de desarrollo. Existe una continuidad en el cambio de conducta, es decir, se mantiene en el tiempo como una irritabilidad crónica con accesos de ira desproporcionados.

El diagnóstico se realiza entre los 6 y los 10 años de edad y se caracteriza por

  • Accesos de cólera graves y recurrentes que aparecen al menos tres o más veces por semana y que no concuerdan con el nivel de desarrollo
  • La irritabilidad se mantiene entre los episodios de cólera, la persona está irascible la mayor parte del tiempo
  • Los episodios se dan en todos los contextos sociales del niño (casa, escuela, compañeros) y algunos son de gravedad.
  • Se inician antes de los 10 años de edad y se mantienen por un periodo de 12 meses o más

Estos accesos de cólera desmedidos aparecen ante estresores comunes, es decir, son respuesta a las frustraciones y pueden aparecer tanto verbalmente como con conductas agresivas que aprecian personas fuera del entorno familiar del niño.

Los niños que sufren TDDEA tienen un mayor riesgo de desarrollar un trastorno depresivo y de ansiedad en la etapa adulta.

Esto provoca que el niño tenga dificultades en las relaciones con otros, así como dificultades con el rendimiento académico.

Causas y tratamiento

Aunque todavía se está investigando en las causas, se sabe que un trauma en la infancia, la separación con la figura de apego o la negligencia, que presenta un importante conflicto emocional, pueden ser el origen de este trastorno.

El diagnóstico temprano de este trastorno es fundamental. En la preadolescencia y adolescencia, entre los 12 y los 16 años el diagnóstico de TDDEA predice una serie de problemas en el adulto joven como depresión y ansiedad, por eso es importante acudir a un profesional cuando se tiene sospecha.

El tratamiento para este trastorno pasa por una estrecha colaboración entre los padres con los profesionales que atienden al niño para aprender estrategias de manejo de la conducta. En general, se utiliza la psicoterapia y la medicación combinadas.

Ir arriba
Abrir chat