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¿Cómo ayudar a mi hijo a superar la muerte de su mascota?

¿Cómo ayudar a mi hijo a superar la muerte de su mascota?

¿Cómo ayudar a mi hijo a superar la muerte de su mascota?. Dada la esperanza de vida de la mayoría de especies animales tenidas como mascotas, la muerte de uno de estos seres queridos es una experiencia relativamente frecuente en los hogares españoles. Normalmente, estas situaciones dan lugar a lo que se conoce como duelo psicológico, un fenómeno asociado al malestar emocional y a las dificultades para seguir afrontando los retos del día a día tal y como se venía haciendo.

Sin embargo, hay maneras de pasar por esta experiencia minimizando el malestar y favoreciendo una adaptación relativamente rápida a la nueva realidad sin la compañía de ese animal al cual queríamos. En este artículo haremos un repaso de los principales consejos a tener en cuenta a la hora de ayudar a un hijo o una hija de corta edad a la hora de superar la muerte de una mascota, dado que los pequeños de la casa son especialmente sensibles a esta clase de pérdidas.

¿En qué consiste el duelo por muerte de una mascota?

El duelo psicológico es el proceso de alteraciones emocionales y cognitivas (es decir, relativas a cómo se piensa, a las ideas que cruzan nuestra mente) que se dan tras tener consciencia de que hemos perdido a algo o a alguien importante para nosotros. Es una experiencia asociada al malestar emocional, y a veces también físico, dado que nos vemos obligados a adaptarnos a una realidad en la que esa persona, animal u objeto con el que manteníamos un vínculo de afecto o amor ya no está con nosotros, o directamente ha dejado de existir.

Así, este fenómeno psicológico no se limita a los casos en los que muere un ser querido, aunque a la práctica situaciones de este tipo son las que se viven con una mayor intensidad y las que dan lugar a procesos de duelo más claros.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el duelo psicológico que sufrimos cuando muere un ser querido, ya sea amigo, familiar o una mascota, no es en sí una psicopatología, aunque si se dan ciertas circunstancias puede derivar en la aparición de un trastorno psicológico.

¿Cómo afectará el duelo a mi hijo o hija?

Los niños y los adolescentes están expuestos al duelo psicológico en la misma medida que los adultos; sin embargo, los más jóvenes están en una situación más vulnerable porque su capacidad para procesar adecuadamente las emociones aún está en desarrollo. Esto, junto al hecho de que por pura estadística lo más probable es que dispongan de poca o nula experiencia superando un proceso de duelo, hace que muchos padres y madres se preocupen cuando su hijo o hija de corta edad pierde un ser querido, como por ejemplo una mascota.

En la mayoría de casos no aparecerán alteraciones como trastornos psicológicos ligados al trauma, pero también es posible que lo pasen muy mal durante varias semanas, o incluso que adopten patrones de comportamiento problemáticos: querer esta a solas en todo momento, sufrir episodios de llanto descontrolado a lo largo de periodos prolongados, auto-inducirse a alimentar el sentimiento de culpa, etc. Por ello, es bueno conocer algunos principios básicos para ayudarles a pasar página del mejor modo posible.

Consejos para ayudar a un niño a superar la muerte de su mascota

Tal y como hemos visto, en la mayoría de los casos no es imprescindible acudir al psicólogo si se quiere superar un duelo por muerte de un ser querido.

Normalmente somos capaces de pasar página por nosotros solos, y a pesar de que en los primeros días es una experiencia muy dolorosa emocionalmente, por lo general las probabilidades de que puedan quedar secuelas son bajas, independientemente de la edad de quien ha perdido a alguien.

Sin embargo, más allá del ámbito psicoterapéutico existen estrategias para contribuir a superar el duelo del mejor modo y evitando molestias y problemas innecesarios. Se trata de prácticas que pueden ser aplicadas por uno mismo ante una situación de duelo, ya sea para gestionar mejor las propias emociones o para ayudar a alguien cercano a nosotros. Aquí veremos cuáles son las principales, asumiendo que queremos ayudar a un niño o a un adolescente que ha perdido a su mascota; también daremos las claves para saber en qué casos en necesario acudir al psicólogo.

 

1. Dale su propio espacio durante las primeras horas

Es normal que en las primeras horas de duelo quiera estar a solas, así que lo mejor es no presionarle para que se comporta como si en ese día nada especial hubiese ocurrido. Es importante que empiece a elaborar el duelo, y hacer que otras cosas pasen por delante en la lista de prioridades puede retrasar demasiado esto.

2. Ayudarle a integrar los recuerdos de su mascota al día a día

Intentar evitar pensar en la persona o animal que ha muerto es un error común entre quienes intentan superar el duelo psicológico sin supervisión profesional. Esta clase de estrategias son disfuncionales porque tienen un efecto contrario: le evitación lleva a darle más importancia a esos recuerdos, y a hacer que sigan estando asociados al dolor emocional (dado que evocarlos es vivido como un fracaso personal).

Lo más útil en este sentido es hacer que la evocación de esos recuerdos quede integrada en el día a día de los pequeños de una nueva forma, como parte del nuevo presente en el que la mascota ya no existe como tal, pero sí la marca (positiva) que ha dejado en uno mismo, como parte de la trayectoria vital del pequeño. Por eso, se le puede animar a crear un objeto que simbolice el recuerdo de ese animal, y en el que quede ligadas la propia representación del afecto o el amor que se siente por él, por un lado, y el hecho objetivo de que esa mascota existió y formó parte de la vida del niño o niña.

 

3. Rememorad juntos vivencias con esa mascota

Combinar puntos de vista ayudará a que el niño o niña salga de su mentalidad triste o incluso pesimista, e integre otras emociones a los recuerdos de la mascota. Por ejemplo, incluso podéis divertiros rememorando experiencias graciosas en las que la mascota estuvo involucrada.

4. Ayúdale a practicar Mindfulness

El Mindfulness puede ser muy útil para fomentar el equilibrio emocional, y además algunos de sus ejercicios son lo suficientemente sencillos como para que los pequeños de la casa los puedan practicar.

5. Si es necesario, recurrid a la psicoterapia

Si el duelo deriva en comportamientos psicopatológicos o se mantiene con alta intensidad durante varias semanas, es importante acudir al psicólogo. La terapia infanto-juvenil ofrece herramientas de gestión emocional eficaces para superar el duelo complicado.

 

¿Buscas asistencia psicoterapéutica?

Si alguien de tu familia o tú estáis pasando por un momento complicado emocionalmente, os invitamos a poneros en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos llevamos más de 20 años ofreciendo servicios de psicoterapia, y atendemos tanto a adultos como a niños y adolescentes. Nuestro equipo está formado por profesionales de todos los ámbitos de la salud mental, desde la psicología hasta la asistencia psiquiátrica y neuropsicológica; además, las sesiones pueden ser presenciales o bien en formato online a través de videollamada.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
Andrés-Rupérez, M. T. (2003). El concepto de la muerte y el ritual funerario en la prehistoria. Cuadernos de Arqueología. 11: pp. 13 – 36.
Didonna, F. (2011). Manual clínico de Mindfulness. Bilbao: Desclée de Brouwer, S.A.
Kübler-Ross, E. (2006) Sobre el duelo y el dolor. Ediciones Luciérnaga. Barcelona. ¿Cómo ayudar a mi hijo a superar la muerte de su mascota?

¿Cómo ayudar a una persona que sufre estrés postraumático?

¿Cómo ayudar a una persona que sufre estrés postraumático?

¿Cómo ayudar a una persona que sufre estrés postraumático?. El estrés postraumático es una alteración psicopatológica capaz de dañar mucho la calidad de vida de quien la sufre. Pero por suerte, es posible ayudar a las personas que lo desarrollan.
Aquí encontrarás varios consejos acerca de cómo ayudar a una persona que sufre estrés postraumático, como alguien que no se dedica a la salud mental.

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¿Qué es el TEPT?

El Trastorno por Estrés Postraumático, llamado también TEPT, es un trastorno psicológico surgido a partir de vivencias traumáticas que dejan una marca en la memoria emocional de la persona que desarrolla esta psicopatología. Normalmente, estas experiencias generadoras del trauma son de carácter violento y/o catastrófico: accidentes de coche, presenciar la muerte súbita e inesperada de un ser querido, ser víctima de un ataque brutal, etc.

Los síntomas del TEPT pueden tardar un tiempo en aparecer, y conforman el fenómeno conocido como estrés postraumático. Este está compuesto por alteraciones psicológicas puntuales y otras de carácter más bien cuantitativo que se mantienen en el tiempo. Los síntomas “puntuales” más destacables son los flashbacks, que consisten en imágenes mentales que aparecen en la consciencia de la persona de forma súbita e involuntaria y la hacen experimentar de nuevo lo que sintió en el momento en el que sucedió la experiencia traumática. Es decir, es como un pensamiento intrusivo y perturbador pero que además de producir una rápida subida de ansiedad, va de la mano de una rememoración muy vívida de lo sucedido. Muchas veces, el flashback no es exactamente aquello que sucedió, sino una versión distorsionada y que resulta aún más dolorosa emocionalmente, al quedar exagerados todos los aspectos negativos de lo que ocurrió.

También son habituales los síntomas disociativos como la desrealización, que consiste en percibir el entorno como una realidad ajena a uno mismo y con la que es imposible sentir apego, como si nada importase demasiado más allá del peligro que pueda suponer.

En cuanto al resto de síntomas, que son de carácter más bien cuantitativo (por ser una exacerbación de fenómenos que ocurren muchas veces también en personas sin trastornos), son los siguientes:

  • Problemas para conciliar el sueño.
  • Pesadillas.
  • Tendencia a la irritabilidad.
  • Elevado nivel de ansiedad.

Consejos básicos para ayudar a una persona con estrés postraumático

Estas son recomendaciones a adoptar para dar apoyo a una persona que ha desarrollado estrés postraumático (o que, en ausencia de un diagnóstico, parezca mostrar los síntomas típicos de esta alteración psicológica). Ten en cuenta que deben ser adaptadas a cada caso y contexto particular, y que en caso de ir en contra de lo indicado por un profesional de la salud mental que esté supervisando a esa persona, debe prevalecer su criterio, dado que conocerá el caso concreto y las medidas a adoptar para dar respuesta a los problemas del o de la paciente.

1. Lo más importante es ir a terapia

Debe quedar muy claro que la solución pasa por ir a terapia, a poder ser contando tanto con psicólogos como médicos. Estos consejos no sustituyen la atención profesional.

Así pues, intenta convencer a esa persona para ponerse en manos de expertos en salud mental (debidamente acreditados en Medicina o en la rama clínica y de la salud de la Psicología). En caso de que tenga reticencias debido a miedos infundados, le puedes ayudar a quitarse de la cabeza mitos acerca de la psicoterapia a partir del material que encontrarás en nuestro blog.

2. Si se está medicando, ayúdale a seguir las pautas

Interésate por el modo en el que va siguiendo el tratamiento y si notas que quiere dejar de tomar el fármaco recetado, pregúntale si es por síntomas concretos (efectos secundarios) que se ha notado. Si es así, proponle acudir al médico una vez más para una posible modificación del tratamiento, pero no le recomiendes dejar de consumir totalmente esa sustancia si eso no es lo que le ha recomendado el especialista en caso de que el medicamento le dé problemas.

 

3. Si convives con esa persona, ayúdala a que la casa esté tranquila

Las personas con estrés postraumático necesitan recuperar el control de sus horas del sueño. En las horas previas al momento de irse a dormir (y evidentemente, también cuando toque irse a la cama), evita que el hogar esté lleno de ruidos y sonidos molestos, así como de luces muy intensas.

4. Préstate a ser una especie de diario personal

Ir preguntando por sus avances en terapia e interesándote por lo que hace en las sesiones le ayudará a mantener una alta motivación y a seguir esforzándose por llegar a los objetivos de esa semana. Al rememorar sus logros y sus experiencias vinculadas con el tratamiento, será más fácil que se centre en este aspecto de su vida y que le dé el aspecto que merece.

5. En los momentos de flasback, acude para prestar ayuda

Los momentos en los que aparecen los flashbacks suelen ser muy perturbadores; si estás cerca cuando se produce, ve y ofrece ayuda para que pueda gestionar la ansiedad cuanto antes y sin que se produzcan problemas añadidos.

 

¿Buscas servicios de psicoterapia?

Tanto el Trastorno por Estrés Postraumático como el resto de alteraciones psicológicas vinculadas al trauma son psicopatologías que deben ser tratadas cuanto antes a través de la ayuda de profesionales en salud mental. Si crees que estás experimentando una forma de malestar de este tipo, ponte en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos llevamos más de 20 años trabajando en el ámbito de la psicoterapia, y en la actualidad ofrecemos terapia a adultos, niños y adolescentes, terapia de pareja, procesos de coaching, logopedia, psiquiatría y neuropsicología. Nos encontrarás en nuestro centro situado en Madrid (barrio de Goya).

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Referencias bibliográficas:

Bisson, J.; et. al. (2019). The International Society for Traumatic Stress Studies New Guidelines for the Prevention and Treatment of Posttraumatic Stress Disorder: Methodology and Development Process. Journal of Traumatic Stress. 32(4): pp. 475 – 483.
Frommberger, U. (2014). Post-traumatic stress disorder – a diagnostic and therapeutic challenge. Deutsches Arzteblatt International. 111 (5): pp. 59 – 65.
Herman, J. (2015). Trauma and Recovery: The Aftermath of Violence – From Domestic Abuse to Political Terror. Nueva York: Basic Books.
Olver, C. (2012). Psychological costs of war: Military combat and mental health. Journalist’s Resource.
Rothschild, B. (2000). The Body Remembers: The Psychophysiology of Trauma and Trauma Treatment. Nueva York: W.W. Norton & Company.

Las principales diferencias entre estrés e insomnio

Las principales diferencias entre estrés e insomnio

Las principales diferencias entre estrés e insomnio. Tanto los problemas de estrés como los relacionados con el insomnio son formas de malestar relativamente frecuentes entre la población. En nuestro día a día atendiendo pacientes, los psicólogos vemos muchos casos de ambos tipos de alteraciones, y de hecho es muy frecuente que se solapen, es decir, que quien va a la consulta quejándose por problemas para dormir, tenga además un exceso de estrés, y viceversa.

A pesar de que estas dos experiencias tengan que ver con el hecho de estar muy activados psicológicamente, hay que saber distinguir entre las dos. Por eso, aquí te vamos a explicar en qué consisten las diferencias entre el estrés y el insomnio.

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Las diferencias entre el insomnio y el estrés: ¿cómo distinguir entre ambas?

Estos son los aspectos más importantes que permiten diferenciar entre el estrés y el insomnio.

1. El insomnio es considerado un trastorno

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el insomnio es considerado un trastorno en todos los casos; es decir, es un problema que afecta negativamente a la calidad de vida de quien lo sufre, y que es motivo para pedir ayuda profesional. En los manuales diagnósticos usados en psiquiatría y psicología clínica, el insomnio se engloba dentro de la categoría de los trastornos del sueño, concepto que incluye también, por ejemplo, la narcolepsia, el sonambulismo, o la enuresis.

Por otro lado, el estrés es un concepto mucho más amplio que el insomnio, y no se lo considera un trastorno psicológico en sí mismo, aunque es cierto que puede representar un problema. Así, por ejemplo, hay personas que experimentan estrés sin que este suponga un problema, sino una ventaja ante determinado reto a afrontar: el el caso del eustrés, o estrés positivo, que permite reaccionar rápidamente a oportunidades. No es de extrañar que la entrada en un estado de estrés forme parte de la realidad de muchos profesionales y deportistas que rinden muy bien en su ámbito de trabajo.

Sin embargo, en algunos casos el estrés va de la mano de una serie de alteraciones psicológicas que sí se considera que son problemáticas y desgastan la calidad de vida de la persona. Por ejemplo, el estrés es un fenómeno muy ligado a los trastornos de ansiedad, y también aparece en el Trastorno por Estrés Postraumático. Como vemos, incluso en estos casos el estrés no es un trastorno, sino un elemento más que participa en la aparición de trastornos psicológicos diversos.

 

2. El insomnio se manifiesta en las horas a las que se debería dormir

Como hemos visto, el insomnio se restringe al ámbito de las conductas ligadas al dormir. Es por ello que aunque se ve influido por aspectos del día a día durante las 24 horas, sus síntomas se manifiestan solo en determinadas horas.

En cambio, las personas que presentan malestar por un exceso de estrés pueden sufrirlo en cualquier momento. Esto hace que muchas veces el estrés dé paso o refuerce el insomnio, dado que tener el sistema nervioso muy activo en horas en las que se debería estar durmiendo hace que no se llegue a conciliar el sueño fácilmente, no al menos hasta que el nivel de agotamiento sea muy alto. Además, esto explica por qué los problemas de insomnio se ven muy afectados por la mala gestión de los horarios, mientras que el estrés no es tan sensible a los cambios en nuestra manera de organizar el tiempo del que dispone el día.

 

3. El estrés va ligado a un problema que nos preocupa u obsesiona

El insomnio es un fenómeno cuya aparición no tiene por qué estar ligada a un pensamiento, concepto o idea que nos ronde la cabeza constantemente. Muchas cosas con problemas para dormir bien simplemente notan que no les llega el momento de la pérdida de consciencia en un estado relajado, y hasta que no se produce esa entrada en el estado de sueño, no saben en qué ocupar su atención: van pensando en muchas cosas, pasando de una a otra de una manera un tanto arbitraria o caótica.

En cambio, las personas que sufren un exceso de estrés, sí tienen un pensamiento, una idea o un recuerdo que les pertura y/o les preocupa generándoles angustia. Por ejemplo: un examen, una presentación oral frente a la clase, el hecho de recibir pronto los resultados de una prueba médica, etc. A diferencia del insomnio o incluso de la ansiedad, el estrés va asociado a la necesidad de superar un reto o de evitar un peligro concreto; en algunos casos ese grado de preocupación se vuelve demasiado intenso o se transforma en un temor paralizante, y es ahí cuando da problemas.

 

¿Buscas apoyo psicológico profesional?

Si estás experimentando problemas para dormir bien, o crees que sufres de un exceso de estrés, ansiedad o angustia, y te interesa acudir a terapia para superar esta clase de malestar, te invitamos a ponerte en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos llevamos dos décadas tratando a pacientes que presentan estos u otros problemas de tipo emocional, comportamental y cognitivo, y estaremos encantados de atenderte. Nos puedes encontrar en nuestras instalaciones de Madrid, o bien puedes recurrir a nuestros servicios de terapia online por videollamada.

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Referencias bibliográficas:

Cheng, S.K.; Dizon J. (2012). Computerised cognitive behavioural therapy for insomnia: a systematic review and meta-analysis. Psychotherapy and Psychosomatics. 81(4): pp. 206 – 216.
Goldstein, D.S.; Kopin, I.J. (2007). Evolution of concepts of stress. Stress. 10(2): pp. 109 – 120.
Herman, J.P. (2013). Neural control of chronic stress adaptation. Frontiers in Behavioral Neuroscience, 7: 61.
Keil R.M.K. (2004). “Coping and Stress: A Conceptual Analysis”. Journal of Advanced Nursing. 45 (6): 659–665.
Lichstein, K.L.; Taylor, D.J.; McCrae, C.S.; Petrov, M. (2010). Insomnia: Epidemiology and Risk Factors. Principles and Practice of Sleep Medicine. Amsterdam: Elsevier Inc.
Ulrich-Lai, Yvonne M.; Herman, James P. (7 February 2017). “Neural Regulation of Endocrine and Autonomic Stress Responses”. Nature Reviews Neuroscience, 10(6): pp. 397 – 409.

¿Qué es la fobia a la sangre y cómo se trata?

¿Qué es la fobia a la sangre y cómo se trata?

¿Qué es la fobia a la sangre y cómo se trata?. La fobia a la sangre es un tipo de alteración psicológica capaz de producir problemas serios, sobre todo en lo relativo al uso de recursos propios del sistema sanitario. Este trastorno de ansiedad puede llevar a quienes lo desarrollan a evitar pasar por procedimientos médicos que impliquen cortar o perforar la piel, con todo lo que esto implica.

Aquí veremos en qué consiste la fobia a la sangre, y cómo se trata en psicoterapia.

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¿Qué es la fobia a la sangre?

Empecemos por lo fundamental: ¿qué es la fobia a la sangre, también llamada hemofobia o hematofobia? Se trata de una alteración psicológica englobada dentro de los trastornos de ansiedad, es decir, problemas psicológicos cuya gravedad es lo suficientemente significativa como para ser considerada una entidad clínica, y que se basa en los patrones de aparición de los estados de ansiedad y sus síntomas asociados.

En concreto, lo que define a esta psicopatología es la tendencia a sufrir ataques de tipo ansioso-evitativo en momentos en los que se percibe sangre, o la posibilidad de ver sangre. A la práctica, la gran mayoría de las personas que desarrollan hematofobia expresan estos síntomas en todo lo relativo a las heridas y la sangre, como por ejemplo las inyecciones o incluso las agujas en general, y es por eso que en los manuales diagnósticos como el DSM-5, este fenómeno queda incluido en el concepto Fobia a la Sangre-Inyección-Daño (o SID).

 

Síntomas

En primer lugar veremos un resumen de los síntomas de la fobia a la sangre que son comunes a esta y al resto de fobias, y al final veremos con algo más de detalle una característica propia de la hematofobia, que no se da en el resto de trastornos similares.

Estos síntomas aparecen cuando la persona con fobia a la sangre se expone a estímulos o contenidos de imaginación relacionados con la sangre, sobre todo si esta es representada mentalmente de forma vívida. Son los siguientes:

  • Mareos.
  • Temblores.
  • Náuseas.
  • Aceleración del pulso.
  • Sudores fríos.
  • Problemas para respirar bien.
  • Sentimiento de necesitar retirarse a otro sitio cuanto antes.

Como hemos avanzado, los síntomas de la fobia a la sangre son en buena parte los típicos del resto de fobias específicas (como por ejemplo la fobia a las arañas o la fobia a los aviones), pero a la vez, presenta una característica distintiva. Se trata de la respuesta bifásica, que no se da en otras fobias. Esta se llama así porque se desarrolla en dos fases: primero, una subida repentina de la presión sanguínea y de la tasa respiratoria, y luego, una bajada repentina de estas. Debido al contraste entre una situación y la otra, este fenómeno fisiológico produce desmayos de manera habitual: más de la mitad de las ocasiones en las que este trastorno se expresa se produce un desmayo, si bien esto varía entre individuos.

Se cree que esta respuesta bifásica es el producto de dos mecanismos en parte contradictorios produciéndose a la vez. En primer lugar, la reacción ansiosa típica de las fobias, que lleva al sistema nervioso a activarse mucho para reaccionar rápidamente ante el potencial peligro. En segundo lugar, un mecanismo evolutivo orientado a evitar la pérdida de sangre.

Causas

En general, la fobia a la sangre aparece sobre todo durante la infancia, a partir de los 7 u 8 años, lo cual ha llevado a hipotetizar que las influencias genéticas juegan un papel poderoso en este trastorno, si bien no son determinantes. Sin embargo, hay que tener que las fobias son siempre la combinación de aspectos biológicos y de aspectos vinculados al aprendizaje y a las experiencias pasadas. En todo caso, pueden ser consideradas una consecuencia indeseada del funcionamiento de mecanismos evolutivamente útiles, relacionados con la ansiedad, una emoción que en la mayoría de los casos nos permite reaccionar con rapidez ante las situaciones en las que esto es necesario.

Tratamiento

La terapia psicológica se ha mostrado útil para superar la fobia a la sangre en cuestión de meses o semanas, dependiendo del grado de intensidad con el que se presente esta alteración. Resultan especialmente útiles procedimientos como la desensibilización sistemática o la exposición controlada.

 

¿Quieres asistir a psicoterapia?

Si estás pasando por un mal momento debido a algún problema comportamental como las fobias u otros trastornos de ansiedad, ponte en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos llevamos dos décadas ofreciendo nuestros servicios de psicoterapia, y en la actualidad atendemos a personas de todas las edades en áreas como la psicoterapia individual, la terapia de pareja, la neuropsicología y la psiquiatría, el coaching, o la terapia sexológica. Puedes contar con nosotros tanto en nuestro centro situado en barrio de Goya o a través de la modalidad de terapia online (con videollamada).

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Referencias bibliográficas:

Ayala, E.S.; et al. (2009), Treatments for blood-injury-injection phobia: a critical review of current evidence. Journal of Psychiatric Research, 43(15): pp. 1235 – 1242.
Ost, L.G.; et al. (1991), Applied tension, exposure in vivo, and tension-only in the treatment of blood phobia, Behaviour Research and Therapy, 29(6): pp. 561 – 574.
Stinson, F.S.; Dawson, D.A.; Chou, S.P.; Smith, S. (2007). The epidemiology of DSM-IV specific phobia in the USA: results from the National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions. Psychological Medicine, 37(7): pp. 1047 – 1059.

¿Cómo ayudar a una persona con distimia?

¿Cómo ayudar a una persona con distimia?

¿Cómo ayudar a una persona con distimia?. La distimia es un trastorno que afecta a alrededor del 5% de la población en los países occidentales. Se caracteriza por un estado de ánimo decaído y que se mantiene así durante largos periodos, hasta el punto de causar problemas y de dañar la calidad de vida de quienes desarrollan la psicopatología.

Además, se trata de una alteración emocional que suele afectar no solo a quien la sufre en propia piel, sino también a las personas de su entorno, las cuales notan cambios en la relación que tienen con ella.

Sin embargo, no se trata de un problema ante el cual no haya nada que hacer más allá de sufrir sus síntomas; hay ciertas medidas que es recomendable adoptar para favorecer la recuperación psicológica. Por eso, en este artículo veremos una serie de consejos para saber cómo ayudar a una persona que haya desarrollado distimia.

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¿Qué es la distimia?

La distimia e una alteración psicológica que ha sido recientemente renombrada como trastorno depresivo persistente. Esta segunda denominación ya da pistas acerca de la naturaleza de este fenómeno: se trata de una psicopatología vinculada a la depresión, y que por consiguiente forma parte de los trastornos del estado de ánimo.

Lo que caracteriza a la distimia es que sus síntomas son menos intensos que los de la depresión mayor, pero su duración es mayor. Así, mientras la depresión mayor dura varios meses seguidos, la distimia se alarga hasta un mínimo de dos años, de forma que con el paso del tiempo pasa a formar parte del día a día de la persona, hasta un punto en el que prácticamente se mezcla con su filosofía de vida.

Los principales síntomas de la distimia son los siguientes, si bien no tienen por qué darse todos a la vez:

  • Sentimiento de desesperanza.
  • Baja autoestima.
  • Melancolía, tristeza por no poder volver al pasado.
  • Insomnio.
  • Cambios en la manera de relacionarse con la comida.
  • Fatiga.
  • Problemas a la hora de concentrarse en una tarea.
  • Falta de motivación.

Cabe recordar que solo los profesionales de la salud mental pueden diagnosticar distimia, y que es frecuente que muchas personas se sientan identificadas con estas descripciones de síntomas pero en realidad no hayan desarrollado este trastorno, ya sea porque no encajan exactamente con los criterios diagnósticos o porque estos no llegan a ser tan graves como para dañar su calidad de vida.

Cómo ayudar a una persona con distimia

A la hora de dar apoyo a un amigo o familiar que haya desarrollado distimia, puedes seguir estas pautas para saber qué hacer y evitar errores que contribuirían a agravar el problema. Eso sí, recuerda que todo caso es único, por lo que debes adaptar estas recomendaciones a las características y contexto de la persona a la que quieras ayudar.

 

1. No la culpabilices

Las personas con distimia pueden llegar a mostrarse irritables y poco propensas a ser receptivas ante los demás, lo cual a veces frustra a sus amigos y familiares. Sin embargo, hay que recordar que este trastorno psicológico está más allá de la voluntad de la persona; no es su culpa, no puede evitar sentirse así. Hacer que se sienta culpable sino agravaría la situación.

2. Si se medica, interésate por el modo en el que gestiona el consumo de fármacos

Haz lo posible por llevar un seguimiento acerca del modo en el que consume las pastillas, para que no haga un mal uso de estas. Recuerda que estas sustancias pueden tener efectos secundarios graves.

 

3. Si no está yendo a terapia, facilita que adopte esa decisión

Pónselo muy fácil para empezar a ir a terapia si no está haciéndolo ya. Por ejemplo, podéis revisar juntos páginas web de información y centros de psicología. Si nunca ha asistido a terapia de manera consistente, puede que esta opción le produzca algo de temor. Ante esto, lo mejor es contribuir a que entienda cómo funciona el proceso terapéutico, para que vea que no hay peligro.

 

4. Contribuye a que le sea más fácil estructurar su día a día

La mejor forma de hacer que vuelva a encontrar quehaceres estimulantes y motivadores, es hacer que no caiga en un estilo de vida muy pasivo y sedentario. Para ello, anímale a crearse un horario semanal compuesto por tareas sencillas con las que sea fácil comprometerse.

5. Facilita que tenga vida social de calidad

Normalmente, las personas con trastornos del estado de ánimo de tipo depresivo tienen poco interés por dedicar su tiempo libre a las relaciones sociales. Sin embargo, es positivo que le ayudes a seguir relacionándose con otras personas más allá de la familia. Eso sí, procura que sea tiempo de calidad; más que perderse en fiestas en las que no conoce a nadie, es mejor hacer reuniones de amigos en las que sea posible participar y hablar.

6. Anímale a llevar un autorregistro de pensamientos

Para que entienda que parte de su pesimismo se debe a la propia distimia, y que la realidad no es tan cruel y dolorosa como parece, es bueno que quien ha desarrollado distimia se familiarice con los patrones de pensamiento que contribuyen a que se sienta mal. Es una manera de ver los mecanismos que actúan por detrás de estos estados de ánimo, para darse cuenta de que no ve las cosas objetivamente, sino de un modo sesgado. Para ello, es útil que vaya anotando lo que piensa antes, durante y después de los momentos en los que siente más tristeza o desesperanza, poniendo cuidado en realizar descripciones objetivas acerca de lo que le pasa por la cabeza, y en qué contexto ocurre eso.

7. Aconsejale que no intente bloquear la angustia

Sería un error intentar suprimir los pensamientos dolorosos, dado que eso les da más fuerza. En vez de eso, es mejor asumir que ese malestar es ahí, y dedicarse a orientar la atención hacia aspectos de la realidad que sean más estimulantes.

 

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Panamericana.
Niculescu, A.B.; Akiskal, H.S. (2001). Proposed Endophenotypes of Dysthymia: Evolutionary, Clinical, and Pharmacogenomic Considerations. Molecular Psychiatry. 6(4): pp. 363 – 366.
O’Donohue, W. & Ferguson, K.E. (2006). Evidence-Based Practice in Psychology and Behavior Analysis. The Behavior Analyst Today.
Ravindran, A. V., Smith, A. Cameron, C., Bhatal, R., Cameron, I., Georgescu, T. M., Hogan, M. J. (2009). Toward a Functional Neuroanatomy of Dysthymia: A Functional Magnetic Resonance Imaging Study. Journal of Affective Disorders. 119 (1–3): pp. 9 – 15.
Sansone, R.A.; Sansone; L.A. (2009). Dysthymic Disorder: Forlorn and Overlooked?. Psychiatry. 6 (5): 46–50.
World Health Organization. (2007). Depression. Geneva: World Health Organization.

Eritrofobia: los síntomas y características de la fobia a ruborizarse

Eritrofobia: los síntomas y características de la fobia a ruborizarse

En psicología, se conoce como eritrofobia un tipo de trastorno perteneciente a la categoría de las fobias, y que tiene que ver con el miedo a ruborizarse en situaciones sociales, es decir, al interactuar con los demás.

En este artículo veremos en qué consiste exactamente la eritrofobia, cuáles son sus síntomas, y qué debe hacer una persona que haya desarrollado esta alteración psicológica.

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¿Qué es la eritrofobia?

La ansiedad está implicada en buena parte de los trastornos psicológicos que aparecen en los manuales diagnósticos de psiquiatría y psicología clínica. Se trata de un fenómeno que suele producir un malestar difuso, cuyo origen muchas veces cuesta de identificar, y que puede afectarnos durante un tiempo indeterminado.

Por ejemplo, podemos sentirnos ansiosos porque tenemos una presentación oral en nuestra clase de universidad, o porque sentimos que se nos acumula el trabajo, o incluso porque no sabemos qué hacer ante una decisión difícil. En todas estas situaciones el malestar puede irse acumulando, llevándonos a estar alerta y a volvernos sensibles ante prácticamente cualquier inconveniente que nos ocurra.

Sin embargo, hay ocasiones en las que la ansiedad adopta una naturaleza más concreta, apareciendo y desapareciendo siguiendo una serie de patrones más o menos predecibles. Esto es lo que ocurre en el caso de las fobias, que son trastornos de ansiedad ligadas a eventos específicos que son capaces de llevarnos a sentir mucha angustia y estrés en cuestión de segundos.

Esto nos lleva a hablar de la eritrofobia, que es una de las maneras en las que la ansiedad puede expresarse de forma psicopatológica. En concreto, la eritrofobia es el trastorno psicológico en el que la idea de ruborizarse a la vista de una o más personas produce tanto temor o inseguridad que surge un estado de intensa ansiedad en muy poco tiempo, cuestión de segundos.

Así pues, este fenómeno no se diferencia mucho del resto de trastornos de tipo fóbico, tal y como es habitual en este tipo de alteraciones de la salud mental; en ellas, normalmente lo único que varía son las situaciones que hacen que surja la reacción psicopatológica de ansiedad extrema. En lo que se refiere a los síntomas, casi todas las fobias son muy parecidas.

 

Síntomas

Estos son los síntomas típicos que pueden empezar a manifestar quienes han desarrollado eritrofobia. Se trata de fenómenos de tipo psicológico y fisiológico que aparecen cuando la persona cree que se expone al “peligro” de ponerse muy roja estando con alguien, o exponiéndose a la mirada de gente con la que se tiene poca confianza. Estos desaparecen casi en su totalidad poco después de que la persona deje de exponerse a esas situaciones, pero siguen condicionando su comportamiento y causándole malestar.

1. Sudoración excesiva

Los sudores son un síntoma muy habitual en quienes sufren un trastorno de ansiedad, y el caso de la eritrofobia no es una excepción.

2. Temblores

Cuando sube el nivel de ansiedad debido a una fobia, la tensión muscular aumenta, y esto hace que muchas personas que han desarrollado el trastorno tiemblen de manera visible cuando en los momentos en los que entran en crisis.

3. Náuseas

Los mareos y las náuseas son habituales en los casos más severos, en los que la persona se siente físicamente muy mal debido a la fobia.

4. Problemas digestivos

Cuando la ansiedad se acumula en exceso, esto se hace notar en los procesos digestivos. Pueden aparecer gases, dolor de vientre, etc.

5. Pensamientos catastróficos

Las personas con eritrofobia o con cualquier otro tipo de fobia tienden a desarrollar previsiones muy pesimistas acerca de lo que les ocurrirá a causa de aquello que ha desencadenado la subida del nivel de ansiedad. Por ejemplo, quienes presentan eritrofobia pueden llegar a pensar que su rubor facial hará que reciban fuertes burlas o incluso marginación social.

6. Conductas de huida

En el momento en el que se da la crisis de ansiedad causada por la eritrofobia, la persona pierde buena parte del control de sus actos y por eso siente la necesidad de alejarse cuanto antes del contexto que ha desencadenado ese subida repentina de su nivel de ansiedad (una conversación, un evento público, etc.).

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7. Conductas evitativas

Finalmente, también hay que destacar que la mayoría de personas con eritrofobia tienden a evitar situaciones de socialización en las que creen que pueden sufrir crisis de ansiedad debidos a este trastorno.

¿Qué hacer?

La eritrofobia puede parecer una alteración psicológica muy irracional, y en cierto punto lo es, pero eso no significa que no sea seria. Puede llegar a limitar o extinguir casi totalmente la vida social de quien la desarrolla, además de producir mucho malestar. Por ello, la solución pasa por asistir a psicoterapia y ponerse en manos de profesionales de la salud mental. La buena noticia es que las fobias son trastornos que responden bien al tratamiento, y en cuestión de pocos meses la intensidad de sus síntomas suele rebajarse mucho, hasta el punto de dejar de ser un problema significativo.

¿Te interesa asistir a terapia para superar una fobia?

Si crees que has desarrollado un trastorno psicológico de tipo fóbico y estás buscando ayuda profesional para superarlo, ponte en contacto con nosotros.

Los psicoterapeutas que formamos parte del equipo de Avance Psicólogos disponemos de una trayectoria de más de 20 años de experiencia tratando a pacientes con trastornos de ansiedad como la eritrofobia, y hoy en día ofrecemos terapia tanto en nuestro centro ubicado en Madrid como a través de los servicios de terapia online a partir de videollamada.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5ª ed.), Arlington: American Psychiatric Publishing.
Caballo, V. (1998). International Handbook of Cognitive and Behavioural Treatments for Psychological Disorders. Oxford: Pergamon.
Edmund, J.B. (2005). The Anxiety & Phobia Workbook. Oakland: New Harbinger Publications.
Hamm, A.O. (2009). Specific phobias. The Psychiatric Clinics of North America. 32(3): pp. 577 – 591.

El dolor de cabeza por ansiedad: cómo surge, y qué hacer

El dolor de cabeza por ansiedad: cómo surge, y qué hacer

La ansiedad y el dolor de cabeza son dos formas de malestar comunes, capaces de afectar a todo tipo de personas, de manera que son muy conocidas a nivel popular. Sin embargo, lo que no todo el mundo sabe es que hay una conexión causal entre ellas; es decir, que en ocasiones, una produce la otra.

A lo largo de este artículo veremos cuáles son las características principales del dolor de cabeza por ansiedad y qué se puede hacer para combatir ese malestar.

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La ansiedad como fuente de molestias

Aunque normalmente pensemos en la ansiedad como algo que produce incomodidad o directamente dolor emocional, en realidad es un estado psicológico y fisiológico necesario para la supervivencia.

La ansiedad forma parte de los mecanismos biológicos que nos permiten adaptarnos a los retos que nos plantea el entorno, ya que, normalmente, gracias a ella somos capaces de reaccionar ante problemas y peligros de manera rápida, evitando riesgos. Es cierto que produce malestar, pero a cambio de mejorar nuestras probabilidades de no salir mal parados cuando aparece un reto que debemos superar sin demoras.

Sin embargo, este sistema falla a veces, y por ello en ocasiones la ansiedad deja de ser un remedio y pasa a ser un problema, algo que daña nuestra calidad de vida y cuyas ventajas no compensan sus inconvenientes. Es lo que ocurre cuando nos ponemos ansiosos sin que existan motivos que permitan justificarlo y, a la vez, sufrimos problemas de salud por culpa de esa acumulación de ansiedad, como por ejemplo una bajada de la actividad de nuestro sistema inmunitario o el problema que nos concierne en este artículo: el dolor de cabeza.

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Los dolores de cabeza por ansiedad: ¿cómo surgen?

Una de las características de la ansiedad es que, de manera automática y ajena a nuestra voluntad, hace que la tensión de nuestros músculos aumente incluso cuando no hacemos fuerza de manera deliberada.

Esto se ve claramente cuando nos ponemos tan ansiosos que aparecen los temblores: esto es consecuencia de que las fibras musculares reciben tal estimulación por parte de nuestro sistema nervioso que se mantienen tensas, de manera que muchas partes de nuestro cuerpo empiezan a tirar hacia sí.

Sin embargo, incluso cuando no hay temblores claramente visibles, la ansiedad hace lo mismo a pequeña escala, de manera que nuestros músculos se mantienen como si estuviesen preparados para hacer servir la fuerza rápidamente, en cuanto reciban órdenes del cerebro.

La cabeza y la zona del cuello son dos de las partes del cuerpo más sensibles a este tipo de fenómenos, ya que por ellas pasan una gran cantidad de músculos. Esto hace que a menudo, al pasar mucho tiempo con tensión en esas fibras musculares, surjan dolores de cabeza llamados cefaleas tensionales. Este tipo de cefalea surge cuando hay demasiada tensión en la parte del cuello y del cuero cabelludo, y la ansiedad es una de sus causas principales, si bien no la única; también puede estar producida por el simple hecho de haber pasado varios minutos en una postura incómoda, o por una lesión.

¿Qué hacer?

Existen varias maneras de prevenir la aparición de dolores de cabeza debidos a la ansiedad, y todas coinciden más o menos con las medidas adoptadas para dificultar que nos pongamos ansiosos en exceso o que nos pongamos en situaciones generadoras de mucho estrés. Estos son algunos consejos.

 

1. Practica ejercicios de relajación

Existen varios ejercicios de relajación simples de aplicar y que solo requieren dedicarles unos minutos. Por ejemplo, la relajación muscular progresiva de Jacobson o el body scan.

2. Duerme bien

El hecho de no descansar lo suficiente nos expone más a la ansiedad, y además nos predispone a sufrir dolores de cabeza prácticamente desde que nos despertamos.

3. Lleva ropa cómoda

Realizar actividades llevando ropa que no está adaptada a esas tareas nos vuelve más vulnerables al estrés y a adoptar posturas inadecuadas.

4. Asegúrate de que respiras bien

Respirar de manera inadecuada también hace más probable que nos sintamos ansiosos. Por ello, debemos procurar respirar haciendo uso del diafragma.

5. Acude a psicoterapia

Si crees que hagas lo que hagas no consigues combatir los dolores de cabeza debidos a la ansiedad, considera la posibilidad de acudir a psicoterapia. Los centros de asistencia psicológica también ofrecemos servicios especializados para gestionar esta clase de problemas en los que lo emocional se mezcla con lo físico.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
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Duelo por la muerte de una mascota: qué es y qué hacer

Duelo por la muerte de una mascota: qué es y qué hacer

Duelo por la muerte de una mascota: qué es y qué hacer. El duelo es un fenómeno del que se suele hablar sobre todo en momentos en los que alguien ha perdido a uno de sus amigos o familiares.

Se trata de un tipo de malestar que hemos aprendido a asociar a los velatorios, los momentos en los que se da el pésame, y en general, todo lo que involucra la muerte de un ser humano, con todos los rituales y simbolismos que ello engloba. Sin embargo, el duelo engloba muchas más situaciones.

En este artículo hablaremos acerca del duelo por la muerte de mascotas, cómo surge, y qué se hace para gestionar esta perturbación emocional cuando produce mucho dolor.

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¿Qué es el duelo?

El duelo es el conjunto de patrones de comportamiento, de pensamiento y de gestión de las emociones que surge ante un contexto de pérdida.

Esta pérdida debe ser entendida en un sentido amplio; puede aparecer a partir de la muerte de un ser querido, pero también hay otras experiencias capaces de darle paso; por ejemplo, el hecho de sufrir un accidente que deje secuelas crónicas, el hecho de dejar atrás un modo de vida que nos resultaba familiar (un divorcio, una jubilación…) el hecho de separarse de una posesión con valor sentimental, etc.

Si solemos asociar el duelo psicológico a la muerte de seres queridos es, en parte, porque esa clase de eventos son u ejemplo radical de pérdida, en la que se deja atrás una realidad de manera totalmente irreversible: si perdemos un puesto de trabajo podemos albergar la esperanza de volver a trabajar en un puesto parecido, pero tras la defunción de alguien especial para nosotros, cobramos la consciencia de que pase lo que pase, esa persona no volverá a la vida. Así, tenemos que adaptarnos a una realidad en la que un ser querido ya no está más que en nuestros recuerdos.

Características del duelo por la muerte de una mascota

Tal y como hemos visto, el duelo se fundamenta en procesos psicológicos abstractos que están relacionados con la pérdida. Por ello, también es muy común que se manifieste en casos en los que muere una mascota. No hay que olvidar que los vínculos emocionales que se establecen con los animales son totalmente reales y no obedecen solo a propósitos instrumentales (proteger al hogar o jugar con los pequeños de la casa).

De hecho, algunos animales domésticos han pasado por un proceso de selección artificial en el que se han primado las características que potencian la socialización con los seres humanos.

El caso más claro es el de los perros, que conforman una subespecie del lobo que surgió a partir de milenios de domesticación y cría selectiva. Hoy, sabemos que los perros son capaces de establecer vínculos afectivos bidireccionales con los seres humanos, incluyendo comportamientos amistosos propios de nuestra especie, como el hecho de mirarse a los ojos de manera prolongada (algo que en los lobos ocurre en mucha menor medida).

Pero más allá de los cánidos, la mayoría de los animales utilizados normalmente como mascotas son capaces de aprender a interactuar con sus dueños a través del juego, la cooperación, y otras conductas prosociales. Esto genera hábitos de convivencia, momentos de ocio en compañía del animal, preocupación por su bienestar, y toda una serie de hábitos que, con la muerte del animal, pasan a formar parte de un pasado al que no se puede volver, lo cual desencadena la aparición del duelo.

 

¿Qué se hace para superar este dolor emocional?

Estas son algunas pautas de actuación que pueden ser de ayuda para atravesar del mejor modo posible el duelo por la muerte de una mascota.

1. Pasados unos días, no adoptar rutinas de evitación

Una vez hayan pasado unos días tras la muerte del animal, es recomendable no acostumbrarse a evitar todo aquello que nos recuerde a la mascota que ya no está. De no ser así, se puede llegar a generar una dependencia de estos procesos de evitación.

2. Hablar de ello con personas cercanas

Desahogarse plasmando en palabras lo que sentimos ayuda a ordenar los pensamientos y nos permite descargar tensiones.

3. Practicar Mindfulness

El Mindfulness es una herramienta eficaz para gestionar la ansiedad y la angustia, dado que nos ayuda a experimentar el presente desprendiéndonos de inercias emocionales irracionales que nos mantienen atados al pasado.

4. Ir a psicoterapia

En algunos casos, el duelo pasa a ser tan problemático que hace necesaria la intervención de profesionales de la psicoterapia. En estas sesiones, se entrena a los pacientes a adaptarse a la nueva realidad sin la mascota a través de nuevos hábitos y maneras de pensar basadas en la aceptación del presente.

 

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Referencias bibliográficas:

Archer, J. (1999). The nature of grief: The evolution and psychology of reactions to loss. Londres: Routledge.
Bayés, R. (2001). Psicología del sufrimiento y de la muerte. Barcelona: Martínez Roca.
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James, J.W. & Friedman, R. (2009). The Grief Recovery Handbook, 20th Anniversary Expanded Edition. Nueva York: William Morrow Paperbacks.
Nagasawa, M.; Mitsui, S.; En, S.; Ohtani, N.; Ohta, M.; Sakuma, Y., et al. (2015). Oxytocin-gaze positive loop and the coevolution of human-dog bonds. Science 348, pp. 333 – 336.
Winegard, B.M.; Reynolds T.; Baumeister R.F.; Winegard B.; Maner J. K. (2014). Grief functions as an honest indicator of commitment. Personality and Social Psychology Review. 18(2): pp. 168 – 186.
Worden, W.J. (2004). El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós.

Los trastornos del estado de ánimo más frecuentes

Los trastornos del estado de ánimo más frecuentes

Los trastornos del estado de ánimo están entre las alteraciones psicológicas más comunes tanto entre las personas que acuden a la consulta de psicoterapia como entre la población en general.

Se trata de fenómenos psicopatológicos que, como su nombre indica, afectan sobre todo al estado emocional de las personas, y en muchos casos degeneran en situaciones muy dañinas que implican el riesgo de perder la vida, muchas veces mediante el suicidio.
En este artículo veremos cuáles son los trastornos del estado de ánimo más frecuentes, así como sus características principales.

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¿Cuáles son los trastornos del estado de ánimo más comunes?

Aquí encontrarás un resumen acerca de los trastornos del estdo de ánimo más extendidos entre la población general, sus síntomas, y más adelante veremos el tipo de tratamientos usados para ayudar a los pacientes que presentan estas psicopatologías.

1. Depresión mayor

La depresión mayor, o depresión clínica, es el trastorno del estado de ánimo más frecuente, y se estima que está presente en aproximadamente un 4% de la población. Sus síntomas tienen que ver con un estado de ánimo extremadamente bajo y la pérdida de interés por involucrarse en actividades más o menos complejas aunque cotidianas, especialmente socializar durante el tiempo libre, cuidar del propio estado de salud, iniciar proyectos personales, etc. También suelen estar presentes los momentos de llanto incontrolado, pensamientos de desesperanza acerca del futuro, e incluso ideación suicida.

Eso sí, no es imprescindible presentar todos estos síntomas a la vez; por ejemplo, mucha gente desarrolla depresión mayor y no considera sentirse triste, ni llora.

 

2. Distimia

La distimia está presente en, más o menos, un 2% de la población. Esta alteración psicológica puede ser entendida como una versión de la depresión clínica en la que los síntomas son menos intensos pero duran más (al menos, dos años). Por ello, en la distimia están presentes los síntomas depresivos típicos, pero en los casos severos no hay síntomas de tipo psicótico como por ejemplo las alucinaciones, algo que a veces sí ocurre en la depresión mayor y el trastorno bipolar.
A pesar de que el grado de sufrimiento suele ser menor que en la depresión mayor, se sigue necesitando asistencia psicológica y, en algunos casos, también psiquiátrica. En este sentido, quizá te interese nuestro post: Distimia: causas y síntomas de un trastorno parecido a la depresión

Nuestra Terapia para la Depresión

 

3. Trastorno bipolar

El trastorno bipolar está presente más o menos en un 1% de la población. Se caracteriza por la alternancia entre episodios de manía o hipomanía, y otras etapas en las que predominan los síntomas depresivos.

La manía es un estado psicológica caracterizado por la euforia excesiva y la tendencia a tener una confianza ciega en las propias capacidades hasta el punto en el que la persona puede exponerse a serios peligros. Por otro lado, la hipomanía es una versión menos intensa de la manía, y no suele poner a la persona en situaciones arriesgadas para su integridad física.

4. Trastorno del estado de ánimo inducido por sustancias

Esta es una categoría muy heterogénea de alteraciones psicológicas ligadas al estado de ánimo, y está compuesta por los problemas que en algunos casos surgen debido al consumo de sustancias con efectos psicoactivos, ya sean fármacos, drogas ilegales o drogas legales como el alcohol. Existen resultados muy variados a la hora de investigar la frecuencia con la que afecta a las personas, pero se estima que menos del 1% de la población lo ha desarrollado.

¿Cómo se tratan?

Diferentes trastornos del estado de ánimo requieren diferentes formas de intervención en salud mental, pero en general, hay algunos aspectos comunes de la terapia que conforman la estructura del apoyo que se da a los pacientes con esta clase de alteraciones.

En lo que respecta a la psicoterapia, es frecuente el uso de las técnicas de reestructuración cognitiva y de activación conductual. Las primeras tienen como objetivo ayudar a las personas a cuestionarse y a modificar su sistema de creencias, para descartar aquellas ideas a las que se aferran a pesar de resultar dañinas a la hora de interpretar el mundo a través de ellas. Las de activación cognitiva tienen como objetivo ayudar a la persona a mantenerse alejada del modo de vida sedentario y solitario (que refuerza aún más la intensidad y la duración de los síntomas depresivos) y permitirle encontrar nuevas fuentes de motivación a través de hábitos sencillos.

 

Además, como muchos pacientes con trastornos del estado de ánimo también han desarrollado trastornos de ansiedad, en muchos casos también se utilizan métodos de exposición controlada, para “perderle” el miedo” a algunas situaciones y empezar a tener una vida más rica en matices.

Por otro lado, desde la intervención psiquiátrica, se suelen utilizar fármacos de tipo antidepresivo para mitigar a medio plazo la intensidad y frecuencia de los síntomas depresivos. Este es un método de intervención que solo puede ser utilizado por los centros que contamos con médicos.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Panamericana.
Blanco C.; Alegría, A.A.; Liu, S.M.; Secades-Villa, R.; Sugaya, L.; Davies, C.; Nunes, E.V. (2012). Differences among major depressive disorder with and without co-occurring substance use disorders and substance-induced depressive disorder: results from the National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions. J Clin Psychiatry. 73(6):865-73.
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de Zwart PL, Jeronimus BF, de Jonge P, et al. (2019). Empirical evidence for definitions of episode, remission, recovery, relapse and recurrence in depression: a systematic review. Epidemiology and Psychiatric Sciences. 28 (5): 544 – 562.
Organización Mundial de la Salud. CIE 10. (1992). Décima Revisión de la Clasificación Internacional de Las Enfermedades. Trastornos Mentales y del Comportamiento: Descripciones Clínicas y pautas para el Diagnóstico. Madrid: Meditor.
Sansone, R. A.; Sansone, L. A. MD (2009). Dysthymic Disorder: Forlorn and Overlooked? Psychiatry. 6 (5): 46 – 50.

Los 5 principales síntomas fisiológicos del estrés

Los 5 principales síntomas fisiológicos del estrés

Los 5 principales síntomas fisiológicos del estrés. El estrés es uno de los principales fenómenos que estudian tanto la psicología como la fisiología y otras ciencias afines, y no es para menos. Está presente tanto en una gran cantidad de trastornos psicológicos como en patrones de comportamiento no patológicos, pero es más conocido como fuente de malestar cuando se nos acumula en exceso.

Por otro lado, no es fácil describir en qué consiste el estrés, dado que tiene muchas facetas diferentes. En este artículo nos centraremos en una de ellas, y veremos cuáles son los síntomas fisiológicos del estrés, aquellos que tienen que ver con procesos biológicos que son relativamente independientes de lo que pensamos y lo que sentimos.

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¿Qué es el estrés?

El estrés es un conjunto de fenómenos biológicos y psicológicos que se activan ante potenciales situaciones peligrosas o que reflejan un riesgo de perder algo importante para nosotros. Por ello, está vinculado al temor, y nos lleva a entrar en un estado de alerta, dado que nos ayuda a reaccionar rápidamente para lograr objetivos a corto plazo y evitar problemas.

Por otro lado, el estrés tiene un componente psicológico y otro componente fisiológico. El primero engloba todo aquello que nos pasa por la cabeza, como los pensamientos o las emociones que sentimos de manera consciente; por el otro lado, lo fisiológico está compuesto por procesos biológicos automáticos y que existen más allá de la consciencia, como por ejemplo la salivación, el erizado de nuestro vello corporal, los cambios hormonales, etc.

Síntomas fisiológicos vinculados al estrés

Estos son los principales síntomas de tipo psicológico que aparecen en las personas cuando sus niveles de estrés son demasiado elevados.

1. Tensión muscular

Como hemos visto, el estrés es una predisposición a mantenernos alerta y a poder reaccionar rápidamente a posibles fuentes de problemas. Por ello, tiene sentido que esto se plasme en el estado que tienen por defecto los principales grupos musculares del cuerpo, dado que estos son los que permiten moverse.

Así, las personas que están muy estresadas tienden a experimentar tensión muscular: incluso sin estar realizando tareas que requieran contraer músculos, estos se mantienen más tensos de lo normal. Lo cual produce el siguiente síntoma de este pequeño listado.

2. Temblores

En los momentos en los que el estrés es más alto, la tensión muscular puede llegar a ser tan intensa que produce temblores visibles. Esto genera incomodidad en la persona que lo vive en su propia piel, porque le da motivos para preocuparse por que los demás no perciban esta señal de inseguridad o temor.

3. Problemas de digestión

El estrés suele producir alteraciones de tipo gastrointestinal. Esto es así porque, en situaciones en las que nuestro cuerpo interpreta que hay peligro, empieza a priorizar los mecanismos de reacción rápida que nos permiten movernos a la mínima señal de que estamos en una situación muy vulnerable, y prioriza menos aquellos procesos cuya finalidad es a medio y largo plazo. Como la digestión es un proceso lento y con metas a medio plazo, deja de tener tanta importancia durante un tiempo, y esto hace que surjan problemas.

Por eso, cuando una persona pasa por un periodo en el que el estrés se acumula durante mucho tiempo, es habitual que surjan problemas como los gases, la diarrea, el dolor de vientre, etc.

4. Sudores fríos

Los sudores fríos son otros de los principales síntomas fisiológicos de la ansiedad. Suele aparecer de manera clara en la frente de la persona que está estresada, y de manera menos clara, en el resto del cuerpo. Esta es una reacción ante la necesidad de refrigerar el cuerpo, dado que se eleva su temperatura por el mayor gasto de energía.

5. Palidez de la piel
Este síntoma puede parecer contradictorio con lo anterior, teniendo en cuenta que todos los síntomas del estrés que hemos visto hasta ahora se relacionan con una mayor activación del cuerpo, y solemos asociar la piel pálida a la debilidad y la falta de energía.

Sin embargo, el hecho de tener la piel con un color más apagado cuando se está estresado tiene sentido: como es posible que haya algo peligroso cerca, los capilares de la zona más superficial de la piel se contraen, de manera que en caso de sufrir heridas, se sangre menos. Todo lo que hay a niveles más profundos sigue funcionando a un ritmo tanto o más intenso que antes.

 

¿Buscas servicios de psicoterapia con garantías?

Si te interesa asistir a terapia psicológica, te proponemos ponerte en contacto con nuestro equipo de profesionales de la salud mental. En Avance Psicólogos disponemos de más de 20 años de experiencia atendiendo a pacientes de todas las edades, y en la actualidad puedes contar con nuestro apoyo tanto en nuestro centro ubicado en Madrid como a través de la terapia online. Ponte en contacto con nosotros y resolveremos todas tus dudas acerca de los servicios que ofrecemos y cómo trabajamos.

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Referencias bibliográficas:

Goldstein, D.S.; Kopin, I.J. (2007). Evolution of concepts of stress. Stress. 10 (2): pp. 109 – 120.
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Khansari D.; Murgo A.; Faith R. (May 1990). “Effects of stress on the immune system”. Immunology Today. 11 (5): pp. 170 – 175.
Lazarus, R.S. (1966). Psychological Stress and the Coping Process. New York: McGraw-Hill.
Notaras, Michael; van den Buuse, Maarten (3 January 2020). “Neurobiology of BDNF in fear memory, sensitivity to stress, and stress-related disorders”. Molecular Psychiatry: pp. 1 – 24.
Shalev, A.Y.; Yehuda, R.; Alexander, C.; McFarlane, A. (2000). International handbook of human response to trauma. New York: Kluwer Academic/Plenum Press.

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