Duelo

El duelo es la fase natural de dolor y adaptación que una persona vive tras la pérdida de un ser querido. El duelo también se vive tras una ruptura sentimental.

Durante el duelo pasamos por varias fases: la negación, el enfado, la tristeza y la aceptación. Estas pueden darse entremezcladas y es importante asegurarse de que cada una de ellas se va cerrando, desde la comprensión de que son normales y de que cada una lleva su tiempo.

En ocasiones la pérdida es repentina e inesperada, por lo que el proceso de aceptación es más difícil y se corre riesgo de cronificar el duelo.

Cuando la pérdida del ser querido se ha dado tras una larga enfermedad, es importante restablecerse de las situaciones vividas a lo largo de la enfermedad, en ocasiones muy dolorosas o traumáticas.

Respetar el dolor y los tiempos, aprendiendo a expresar los sentimientos que provoca el duelo, es imprescindible para su superación.

¿Cómo ayudar a mi hijo a superar la muerte de su mascota?

¿Cómo ayudar a mi hijo a superar la muerte de su mascota?

¿Cómo ayudar a mi hijo a superar la muerte de su mascota?. Dada la esperanza de vida de la mayoría de especies animales tenidas como mascotas, la muerte de uno de estos seres queridos es una experiencia relativamente frecuente en los hogares españoles. Normalmente, estas situaciones dan lugar a lo que se conoce como duelo psicológico, un fenómeno asociado al malestar emocional y a las dificultades para seguir afrontando los retos del día a día tal y como se venía haciendo.

Sin embargo, hay maneras de pasar por esta experiencia minimizando el malestar y favoreciendo una adaptación relativamente rápida a la nueva realidad sin la compañía de ese animal al cual queríamos. En este artículo haremos un repaso de los principales consejos a tener en cuenta a la hora de ayudar a un hijo o una hija de corta edad a la hora de superar la muerte de una mascota, dado que los pequeños de la casa son especialmente sensibles a esta clase de pérdidas.

¿En qué consiste el duelo por muerte de una mascota?

El duelo psicológico es el proceso de alteraciones emocionales y cognitivas (es decir, relativas a cómo se piensa, a las ideas que cruzan nuestra mente) que se dan tras tener consciencia de que hemos perdido a algo o a alguien importante para nosotros. Es una experiencia asociada al malestar emocional, y a veces también físico, dado que nos vemos obligados a adaptarnos a una realidad en la que esa persona, animal u objeto con el que manteníamos un vínculo de afecto o amor ya no está con nosotros, o directamente ha dejado de existir.

Así, este fenómeno psicológico no se limita a los casos en los que muere un ser querido, aunque a la práctica situaciones de este tipo son las que se viven con una mayor intensidad y las que dan lugar a procesos de duelo más claros.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el duelo psicológico que sufrimos cuando muere un ser querido, ya sea amigo, familiar o una mascota, no es en sí una psicopatología, aunque si se dan ciertas circunstancias puede derivar en la aparición de un trastorno psicológico.

¿Cómo afectará el duelo a mi hijo o hija?

Los niños y los adolescentes están expuestos al duelo psicológico en la misma medida que los adultos; sin embargo, los más jóvenes están en una situación más vulnerable porque su capacidad para procesar adecuadamente las emociones aún está en desarrollo. Esto, junto al hecho de que por pura estadística lo más probable es que dispongan de poca o nula experiencia superando un proceso de duelo, hace que muchos padres y madres se preocupen cuando su hijo o hija de corta edad pierde un ser querido, como por ejemplo una mascota.

En la mayoría de casos no aparecerán alteraciones como trastornos psicológicos ligados al trauma, pero también es posible que lo pasen muy mal durante varias semanas, o incluso que adopten patrones de comportamiento problemáticos: querer esta a solas en todo momento, sufrir episodios de llanto descontrolado a lo largo de periodos prolongados, auto-inducirse a alimentar el sentimiento de culpa, etc. Por ello, es bueno conocer algunos principios básicos para ayudarles a pasar página del mejor modo posible.

Consejos para ayudar a un niño a superar la muerte de su mascota

Tal y como hemos visto, en la mayoría de los casos no es imprescindible acudir al psicólogo si se quiere superar un duelo por muerte de un ser querido.

Normalmente somos capaces de pasar página por nosotros solos, y a pesar de que en los primeros días es una experiencia muy dolorosa emocionalmente, por lo general las probabilidades de que puedan quedar secuelas son bajas, independientemente de la edad de quien ha perdido a alguien.

Sin embargo, más allá del ámbito psicoterapéutico existen estrategias para contribuir a superar el duelo del mejor modo y evitando molestias y problemas innecesarios. Se trata de prácticas que pueden ser aplicadas por uno mismo ante una situación de duelo, ya sea para gestionar mejor las propias emociones o para ayudar a alguien cercano a nosotros. Aquí veremos cuáles son las principales, asumiendo que queremos ayudar a un niño o a un adolescente que ha perdido a su mascota; también daremos las claves para saber en qué casos en necesario acudir al psicólogo.

 

1. Dale su propio espacio durante las primeras horas

Es normal que en las primeras horas de duelo quiera estar a solas, así que lo mejor es no presionarle para que se comporta como si en ese día nada especial hubiese ocurrido. Es importante que empiece a elaborar el duelo, y hacer que otras cosas pasen por delante en la lista de prioridades puede retrasar demasiado esto.

2. Ayudarle a integrar los recuerdos de su mascota al día a día

Intentar evitar pensar en la persona o animal que ha muerto es un error común entre quienes intentan superar el duelo psicológico sin supervisión profesional. Esta clase de estrategias son disfuncionales porque tienen un efecto contrario: le evitación lleva a darle más importancia a esos recuerdos, y a hacer que sigan estando asociados al dolor emocional (dado que evocarlos es vivido como un fracaso personal).

Lo más útil en este sentido es hacer que la evocación de esos recuerdos quede integrada en el día a día de los pequeños de una nueva forma, como parte del nuevo presente en el que la mascota ya no existe como tal, pero sí la marca (positiva) que ha dejado en uno mismo, como parte de la trayectoria vital del pequeño. Por eso, se le puede animar a crear un objeto que simbolice el recuerdo de ese animal, y en el que quede ligadas la propia representación del afecto o el amor que se siente por él, por un lado, y el hecho objetivo de que esa mascota existió y formó parte de la vida del niño o niña.

 

3. Rememorad juntos vivencias con esa mascota

Combinar puntos de vista ayudará a que el niño o niña salga de su mentalidad triste o incluso pesimista, e integre otras emociones a los recuerdos de la mascota. Por ejemplo, incluso podéis divertiros rememorando experiencias graciosas en las que la mascota estuvo involucrada.

4. Ayúdale a practicar Mindfulness

El Mindfulness puede ser muy útil para fomentar el equilibrio emocional, y además algunos de sus ejercicios son lo suficientemente sencillos como para que los pequeños de la casa los puedan practicar.

5. Si es necesario, recurrid a la psicoterapia

Si el duelo deriva en comportamientos psicopatológicos o se mantiene con alta intensidad durante varias semanas, es importante acudir al psicólogo. La terapia infanto-juvenil ofrece herramientas de gestión emocional eficaces para superar el duelo complicado.

 

¿Buscas asistencia psicoterapéutica?

Si alguien de tu familia o tú estáis pasando por un momento complicado emocionalmente, os invitamos a poneros en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos llevamos más de 20 años ofreciendo servicios de psicoterapia, y atendemos tanto a adultos como a niños y adolescentes. Nuestro equipo está formado por profesionales de todos los ámbitos de la salud mental, desde la psicología hasta la asistencia psiquiátrica y neuropsicológica; además, las sesiones pueden ser presenciales o bien en formato online a través de videollamada.

Nuestra Terapia Infantil

 

Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
Andrés-Rupérez, M. T. (2003). El concepto de la muerte y el ritual funerario en la prehistoria. Cuadernos de Arqueología. 11: pp. 13 – 36.
Didonna, F. (2011). Manual clínico de Mindfulness. Bilbao: Desclée de Brouwer, S.A.
Kübler-Ross, E. (2006) Sobre el duelo y el dolor. Ediciones Luciérnaga. Barcelona. ¿Cómo ayudar a mi hijo a superar la muerte de su mascota?

Duelo por la muerte de una mascota: qué es y qué hacer

Duelo por la muerte de una mascota: qué es y qué hacer

Duelo por la muerte de una mascota: qué es y qué hacer. El duelo es un fenómeno del que se suele hablar sobre todo en momentos en los que alguien ha perdido a uno de sus amigos o familiares.

Se trata de un tipo de malestar que hemos aprendido a asociar a los velatorios, los momentos en los que se da el pésame, y en general, todo lo que involucra la muerte de un ser humano, con todos los rituales y simbolismos que ello engloba. Sin embargo, el duelo engloba muchas más situaciones.

En este artículo hablaremos acerca del duelo por la muerte de mascotas, cómo surge, y qué se hace para gestionar esta perturbación emocional cuando produce mucho dolor.

Nuestra Terapia para el Duelo

¿Qué es el duelo?

El duelo es el conjunto de patrones de comportamiento, de pensamiento y de gestión de las emociones que surge ante un contexto de pérdida.

Esta pérdida debe ser entendida en un sentido amplio; puede aparecer a partir de la muerte de un ser querido, pero también hay otras experiencias capaces de darle paso; por ejemplo, el hecho de sufrir un accidente que deje secuelas crónicas, el hecho de dejar atrás un modo de vida que nos resultaba familiar (un divorcio, una jubilación…) el hecho de separarse de una posesión con valor sentimental, etc.

Si solemos asociar el duelo psicológico a la muerte de seres queridos es, en parte, porque esa clase de eventos son u ejemplo radical de pérdida, en la que se deja atrás una realidad de manera totalmente irreversible: si perdemos un puesto de trabajo podemos albergar la esperanza de volver a trabajar en un puesto parecido, pero tras la defunción de alguien especial para nosotros, cobramos la consciencia de que pase lo que pase, esa persona no volverá a la vida. Así, tenemos que adaptarnos a una realidad en la que un ser querido ya no está más que en nuestros recuerdos.

Características del duelo por la muerte de una mascota

Tal y como hemos visto, el duelo se fundamenta en procesos psicológicos abstractos que están relacionados con la pérdida. Por ello, también es muy común que se manifieste en casos en los que muere una mascota. No hay que olvidar que los vínculos emocionales que se establecen con los animales son totalmente reales y no obedecen solo a propósitos instrumentales (proteger al hogar o jugar con los pequeños de la casa).

De hecho, algunos animales domésticos han pasado por un proceso de selección artificial en el que se han primado las características que potencian la socialización con los seres humanos.

El caso más claro es el de los perros, que conforman una subespecie del lobo que surgió a partir de milenios de domesticación y cría selectiva. Hoy, sabemos que los perros son capaces de establecer vínculos afectivos bidireccionales con los seres humanos, incluyendo comportamientos amistosos propios de nuestra especie, como el hecho de mirarse a los ojos de manera prolongada (algo que en los lobos ocurre en mucha menor medida).

Pero más allá de los cánidos, la mayoría de los animales utilizados normalmente como mascotas son capaces de aprender a interactuar con sus dueños a través del juego, la cooperación, y otras conductas prosociales. Esto genera hábitos de convivencia, momentos de ocio en compañía del animal, preocupación por su bienestar, y toda una serie de hábitos que, con la muerte del animal, pasan a formar parte de un pasado al que no se puede volver, lo cual desencadena la aparición del duelo.

 

¿Qué se hace para superar este dolor emocional?

Estas son algunas pautas de actuación que pueden ser de ayuda para atravesar del mejor modo posible el duelo por la muerte de una mascota.

1. Pasados unos días, no adoptar rutinas de evitación

Una vez hayan pasado unos días tras la muerte del animal, es recomendable no acostumbrarse a evitar todo aquello que nos recuerde a la mascota que ya no está. De no ser así, se puede llegar a generar una dependencia de estos procesos de evitación.

2. Hablar de ello con personas cercanas

Desahogarse plasmando en palabras lo que sentimos ayuda a ordenar los pensamientos y nos permite descargar tensiones.

3. Practicar Mindfulness

El Mindfulness es una herramienta eficaz para gestionar la ansiedad y la angustia, dado que nos ayuda a experimentar el presente desprendiéndonos de inercias emocionales irracionales que nos mantienen atados al pasado.

4. Ir a psicoterapia

En algunos casos, el duelo pasa a ser tan problemático que hace necesaria la intervención de profesionales de la psicoterapia. En estas sesiones, se entrena a los pacientes a adaptarse a la nueva realidad sin la mascota a través de nuevos hábitos y maneras de pensar basadas en la aceptación del presente.

 

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Referencias bibliográficas:

Archer, J. (1999). The nature of grief: The evolution and psychology of reactions to loss. Londres: Routledge.
Bayés, R. (2001). Psicología del sufrimiento y de la muerte. Barcelona: Martínez Roca.
Freedman, A.H.; Wayne, R.K. (2017). Deciphering the Origin of Dogs: From Fossils to Genomes. Annual Review of Animal Biosciences. 5: pp. 281 – 307.
James, J.W. & Friedman, R. (2009). The Grief Recovery Handbook, 20th Anniversary Expanded Edition. Nueva York: William Morrow Paperbacks.
Nagasawa, M.; Mitsui, S.; En, S.; Ohtani, N.; Ohta, M.; Sakuma, Y., et al. (2015). Oxytocin-gaze positive loop and the coevolution of human-dog bonds. Science 348, pp. 333 – 336.
Winegard, B.M.; Reynolds T.; Baumeister R.F.; Winegard B.; Maner J. K. (2014). Grief functions as an honest indicator of commitment. Personality and Social Psychology Review. 18(2): pp. 168 – 186.
Worden, W.J. (2004). El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós.

Terapia de duelo: cómo ayudar a una persona ante una pérdida

cómo ayudar a una persona en duelo

El duelo patológico es una de las experiencias más angustiantes por las que puede pasar un paciente. Este fenómeno surge cuando sentimos la pérdida de algo o alguien con quien manteníamos un fuerte vínculo afectivo, normalmente un familiar o amigo. A lo largo de este artículo veremos en qué consiste la terapia de duelo, en tipo de intervención psicológica que utilizan los psicólogos para tratar a las personas cuyo duelo les impide ser felices y llevar una vida normal.

Ponte en contacto con nosotros si crees que podemos apoyarte en un proceso de duelo.

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¿Qué es la terapia de duelo?

En el mundo de la psicoterapia, existe una gran diversidad de estrategias y herramientas utilizadas por los psicólogos para mejorar la calidad de vida de sus pacientes. La diversidad de estos recursos terapéuticos es un reflejo de la diversidad de problemas psicológicos a tratar o a solucionar, y la terapia de duelo es justamente el tipo de intervención que se utiliza en los casos de duelo patológico, cuyas características veremos más adelante.

En definitiva, el objetivo de la terapia de duelo es ayudar a la persona a superar la muerte de un ser querido o la desaparición de algún elemento de su vida por el cual el paciente sentía un fuerte apego.

La naturaleza de este tipo de terapia psicológica la convierten tanto en una manera de apoyar a alguien en momentos difíciles, como en una herramienta para que esta persona aprenda nuevas maneras de interpretar la realidad y de interactuar con el entorno y con los demás, de modo que vuelva a tener una vida normal. Todo esto se hace desde la idea de que nuevos hábitos de acción y de pensamiento generan a su vez nuevas maneras de sentir, de vivir las emociones.

Ahora bien… ¿en qué casos se considera que el duelo se ha transformado en patológico y que por consiguiente requiere de terapia de duelo? Veámoslo.

¿Qué es el duelo patológico?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el duelo no es en sí un trastorno mental. En la mayoría de las ocasiones, se trata de una reacción normal y esperable ante la pérdida de alguien o algo por lo que hemos sentido emociones de afectividad, ya sea porque hemos establecido un vínculo amoroso con esa persona (familiares, amigos, pareja, etc.) o porque lo consideramos una parte importante de nuestra vida en general (casa, pueblo de origen, etc.).

El duelo surge normalmente ante la idea de que muy probablemente no volveremos a ver aquello por lo que sentimos afecto, probabilidad que se convierte en certeza cuando esta situación involucra la muerte o la destrucción total de una estructura u objeto.

Así, podríamos decir que el duelo es la otra cara de la moneda del hecho de amar; cuando aquello a lo que queremos desaparece, sentimos que nos han arrebatado algo importante de nuestras vidas.

Con el paso del tiempo, la mayoría de situaciones de duelo desaparecen, y conseguimos adaptarnos a una vida en la que esa persona u elemento ya no está. Pero en ciertos casos, el duelo llega a ser tan intenso y persistente, que se convierte en un problema a tratar en psicoterapia. Es entonces cuando es necesario el uso de la terapia de duelo.

El duelo patológico suele expresarse a través de síntomas propios de los trastornos del estado del ánimo, como la depresión o la distimia.

Algunos de estos síntomas son la abulia (desmotivación generalizada y falta de energías para realizar las tareas cotidianas), la anhedonia (dificultades para experimentar placer o alegría) y una tristeza más o menos intensa pero constante, vinculada normalmente a la melancolía y el sentimiento de desesperanza.

 

¿Cómo funciona este tipo de terapia psicológica?

Estas son algunas de las pautas que los psicólogos utilizan en terapia de duelo para contribuir a que los pacientes superen el duelo.

1. Reestructuración cognitiva

La reestructuración cognitiva es una estrategia por la cual el terapeuta contribuye a que el paciente se cuestione sus creencias que le producen malestar y las sustituya por otras más adaptativas.

Por ejemplo, muchas personas que experimentan duelo por la pérdida de un ser querido creen que están solas ante la muerte, o que no pueden amar a más gente para no volver a sufrir de esa manera. En terapia, se plantean razonamientos en los que se ve la nula utilidad y el escaso realismo de esas ideas.

Además, en esta fase de la reestructuración cognitiva también se trabajan contenidos relacionados con la autoimagen y la autoestima del paciente, ya que en los casos de duelo suelen aparecer problemas en estas áreas. El objetivo es que se asuma la propia mortalidad y la propia vulnerabilidad ante el mundo y el paso del tiempo como algo normal, que nos define, y que no debería impedirnos ser felices.

 

2. Activación conductual

La activación conductual se usa en pacientes con síntomas depresivos, y se basa fundamentalmente a crear las condiciones para que la persona vuelva a adoptar un estilo de vida activo.

Para ello, se busca que el paciente se comprometa con la realización de ciertas actividades en su vida cotidiana, de manera que se rompa el círculo vicioso de la pasividad y el sedentarismo. Involucrarse físicamente en actividades estimula el pensamiento y hace aparecer sensaciones y sentimientos nuevos.

 

3. Desensibilización sistemática

En los casos en los que el duelo patológico vaya de la mano de traumas psicológicos (por ejemplo, por haber presenciado una muerte repentina) se utilizan técnicas propias de los trastornos de ansiedad, como la desensibilización sistemática.

La idea es asociar los pensamientos intrusivos vinculados al trauma con sensaciones neutrales, que no generan malestar. De esta manera, estas imágenes mentales pierden poder de influencia sobre nosotros, dejamos de prestarles atención, y finalmente van desapareciendo poco a poco.

 

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Referencias bibliográficas:

Archer, J. (1999). The nature of grief: The evolution and psychology of reactions to loss. Londres: Routledge.
Bayés, R. (2001). Psicología del sufrimiento y de la muerte. Barcelona: Martínez Roca.
Worden, W.J. (2004). El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós.

El duelo, sus fases y cómo superar una pérdida

El duelo sus fases y cómo superar una pérdida

Uno de los momentos más difíciles en la vida de una persona es afrontar la pérdida de un ser querido, ya sea por fallecimiento o ruptura de una relación. En este artículo estudiaremos el duelo, sus fases y cómo superar una pérdida.

¿Qué es un proceso de duelo?

Aunque en este artículo nos centraremos en el proceso referido a la pérdida de un ser querido, es importante saber que la pérdida de un trabajo, un cambio de ciudad o país, o la pérdida de una mascota requieren también del proceso de duelo.

El duelo implica un proceso de recuperación del equilibrio emocional tras la pérdida, por lo que lejos de considerarlo una enfermedad, hablamos de “duelo normal” para referirnos al modo natural y transitorio de readapatación a nuestro entorno.

Es fundamental no precipitar la aceptación de la pérdida; expresiones como “tienes que ser fuerte”, “todo pasa”, “tienes que sobreponerte por los tuyos”, son expresiones bien intencionadas pero que lejos de ayudar, suponen una presión y expectativa sobre la persona que sufre, que además no es realista.

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Fases del duelo

El proceso de duelo conlleva una serie de fases, que es importante respetar y dejarse sentir sin la impaciencia de su superación, ya que de no ser así se puede generar un duelo no resuelto o incluso cronificarse.

La intensidad y profundidad del apego que se ha establecido con la persona perdida, influirá en la duración del duelo, además de las diferencias individuales de cada persona a la hora de afrontar la pérdida.

Respetar este dolor y acompañar, sin que la persona se sienta evaluada o exigida, será la mejor ayuda en este momento del duelo.

Diferenciar cada una de las fases de este proceso, aunque suponga una simplificación, puede ayudarnos a entender su desarrollo, a sabiendas de que no siempre sigue un mismo orden y que normalmente se entremezclan, con picos de mayor o menor intensidad de cada una de ellas.

1. Fase de negación

Una primera reacción defensiva de negación amortigua el dolor, dosificando el proceso de aceptación. Hablar de la persona perdida en presente, expresiones como “esto no ha ocurrido”, o en el caso de ruptura de pareja “sé que volverá”, reflejan este momento del duelo, necesario para la posterior aceptación de la pérdida. En ocasiones esta fase se alarga, y se mantiene, bloqueando la recuperación, y es ahí donde han de saltar las alarmas para plantear su recuperación.

En estos casos, con frecuencia se hace un pacto implícito con la familia y amigos de “no hablar de la persona ausente”, que no hace sino agravar la posibilidad de cronificar o paralizar el duelo. Esta fase de negación anula el dolor, por lo que se puede acompañar de sentimientos de culpa, por no sentir la suficiente pena o tristeza. No poder llorar o que se reaccione centrándose en lo cotidiano, pensando en “cómo voy a resolver tal o cual tema del banco o de la compra” no son ni más ni menos que síntomas de negación y parte del shock causado por la muerte o pérdida del ser querido, para poder soportar la intensidad del dolor, por lo que siempre es bueno entendernos ante estas reacciones sin sentirnos culpables.

2. Fase de enfado

enfadarse con la persona perdida, o proyectar la ira por su pérdida sobre otras personas o el entorno es completamente normal. De no entender esto, se generan además sentimientos de culpa por sentir ira.

De algún modo esta fase es también defensiva, “me es más fácil sentir ira y rabia que dolor” y además es preparatoria para una sana aceptación. Sentir enfado y rabia, y señalar las faltas de la persona perdida, reconociendo las carencias de la relación que se hayan podido dar, ayudan a un posterior perdón y cierre de las cuentas pendientes. Si negamos este enfado y no podemos localizar y expresar, aunque sea íntimamente, estas fallas o carencias lógicas en cualquier relación, no podremos aceptar la pérdida de una manera profunda y serena.

3. Fase de tristeza

este suele ser el momento del duelo que más suele asustar a familiares y amigos de la persona que pasa por un duelo. En el artículo sobre “la expresión de emociones”, hablamos de la importancia de la emoción de tristeza y su necesidad para digerir y colocar emocionalmente los procesos dolorosos.

En esta fase, debemos entender que nos acercamos a la aceptación, se trata de una preparación a la despedida, por lo que es importante no pedir al que sufre, como decíamos al principio, que se recupere o que sea fuerte. Debe llorar y sentir nostalgia, recordar y contar (expresar verbalmente es fundamental en este momento). Respetar este dolor y acompañar, sin que la persona se sienta evaluada o exigida, será la mejor ayuda en este momento del duelo.

4. Fase de aceptación

Conlleva la despedida y cierre del duelo. Aunque sigue teñida de tristeza, los picos de angustia y desesperación van siendo menos intensos. Se va dando una adaptación progresiva a la nueva situación, recomponiendo el entorno actual y recuperando la homeostasis emocional. Aunque no siempre se encuentre una explicación o un “porqué” que dé respuesta a la pérdida, se puede racionalizar y expresar sin tanta angustia. Los pensamientos recurrentes y el miedo al abandono descienden.

Es en este momento cuando la persona está preparada para despedirse, con el dolor y la pena que esto implica, desde un mayor sosiego que en etapas anteriores. La aceptación implica reconciliarse con la persona pérdida, sin sentimientos de culpa ni ira.

 

El duelo no resuelto o patológico

Es importante señalar que las fases descritas corresponden a la sucesión de un duelo normal. Decimos que un duelo es patológico o no resuelto,cuando se da un bloqueo en cualquiera de ellas.

Cuando una persona llora con el desconsuelo del primer día por la pérdida, después de muchos años, habla en presente de la persona perdida o no la menciona en absoluto, guarda sus objetos personales del mismo modo y en el mismo sitio a cómo los dejó, mantiene síntomas de tristeza que derivan en depresión, se muestra enfadada con el mundo o muestra un miedo exagerado a la muerte o a las enfermedades, podemos encontrarnos ante las señales de un duelo no resuelto.

La principal repercusión a tener en cuenta de un duelo sin resolver, es que puede conllevar futuras somatizaciones o trastornos emocionales como ansiedad, depresión, trastornos del sueño o la alimentación, obsesiones o conductas compulsivas, etc. De ahí la importancia, de evaluar la posibilidad de que tras el motivo de consulta con el que la persona acude a terapia, se oculte un duelo no resuelto, que de no detectarse, mantenga cualquier somatización o expresión del dolor bloqueado.

 

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