Estrés

El estrés se produce cuando nos cuesta adaptarnos a una situación de cambio (como un ascenso, cambio de casa o de puesto de trabajo), cuando soportamos excesiva cantidad de trabajo, responsabilidad o demanda del entorno. En ocasiones también se presenta si nos faltan herramientas para afrontar ciertas dificultades de nuestro presente. Esto puede generar baja autoestima, sentimientos de ira y frustración y en algunos casos trastornos como ansiedad y depresión.

El estrés se manifiesta con síntomas físicos y psicológicos, en el intento que cuerpo y mente hacen por recuperar su equilibrio ante los estresores del entorno.

Las principales diferencias entre estrés e insomnio

Las principales diferencias entre estrés e insomnio

Las principales diferencias entre estrés e insomnio. Tanto los problemas de estrés como los relacionados con el insomnio son formas de malestar relativamente frecuentes entre la población. En nuestro día a día atendiendo pacientes, los psicólogos vemos muchos casos de ambos tipos de alteraciones, y de hecho es muy frecuente que se solapen, es decir, que quien va a la consulta quejándose por problemas para dormir, tenga además un exceso de estrés, y viceversa.

A pesar de que estas dos experiencias tengan que ver con el hecho de estar muy activados psicológicamente, hay que saber distinguir entre las dos. Por eso, aquí te vamos a explicar en qué consisten las diferencias entre el estrés y el insomnio.

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Las diferencias entre el insomnio y el estrés: ¿cómo distinguir entre ambas?

Estos son los aspectos más importantes que permiten diferenciar entre el estrés y el insomnio.

1. El insomnio es considerado un trastorno

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el insomnio es considerado un trastorno en todos los casos; es decir, es un problema que afecta negativamente a la calidad de vida de quien lo sufre, y que es motivo para pedir ayuda profesional. En los manuales diagnósticos usados en psiquiatría y psicología clínica, el insomnio se engloba dentro de la categoría de los trastornos del sueño, concepto que incluye también, por ejemplo, la narcolepsia, el sonambulismo, o la enuresis.

Por otro lado, el estrés es un concepto mucho más amplio que el insomnio, y no se lo considera un trastorno psicológico en sí mismo, aunque es cierto que puede representar un problema. Así, por ejemplo, hay personas que experimentan estrés sin que este suponga un problema, sino una ventaja ante determinado reto a afrontar: el el caso del eustrés, o estrés positivo, que permite reaccionar rápidamente a oportunidades. No es de extrañar que la entrada en un estado de estrés forme parte de la realidad de muchos profesionales y deportistas que rinden muy bien en su ámbito de trabajo.

Sin embargo, en algunos casos el estrés va de la mano de una serie de alteraciones psicológicas que sí se considera que son problemáticas y desgastan la calidad de vida de la persona. Por ejemplo, el estrés es un fenómeno muy ligado a los trastornos de ansiedad, y también aparece en el Trastorno por Estrés Postraumático. Como vemos, incluso en estos casos el estrés no es un trastorno, sino un elemento más que participa en la aparición de trastornos psicológicos diversos.

 

2. El insomnio se manifiesta en las horas a las que se debería dormir

Como hemos visto, el insomnio se restringe al ámbito de las conductas ligadas al dormir. Es por ello que aunque se ve influido por aspectos del día a día durante las 24 horas, sus síntomas se manifiestan solo en determinadas horas.

En cambio, las personas que presentan malestar por un exceso de estrés pueden sufrirlo en cualquier momento. Esto hace que muchas veces el estrés dé paso o refuerce el insomnio, dado que tener el sistema nervioso muy activo en horas en las que se debería estar durmiendo hace que no se llegue a conciliar el sueño fácilmente, no al menos hasta que el nivel de agotamiento sea muy alto. Además, esto explica por qué los problemas de insomnio se ven muy afectados por la mala gestión de los horarios, mientras que el estrés no es tan sensible a los cambios en nuestra manera de organizar el tiempo del que dispone el día.

 

3. El estrés va ligado a un problema que nos preocupa u obsesiona

El insomnio es un fenómeno cuya aparición no tiene por qué estar ligada a un pensamiento, concepto o idea que nos ronde la cabeza constantemente. Muchas cosas con problemas para dormir bien simplemente notan que no les llega el momento de la pérdida de consciencia en un estado relajado, y hasta que no se produce esa entrada en el estado de sueño, no saben en qué ocupar su atención: van pensando en muchas cosas, pasando de una a otra de una manera un tanto arbitraria o caótica.

En cambio, las personas que sufren un exceso de estrés, sí tienen un pensamiento, una idea o un recuerdo que les pertura y/o les preocupa generándoles angustia. Por ejemplo: un examen, una presentación oral frente a la clase, el hecho de recibir pronto los resultados de una prueba médica, etc. A diferencia del insomnio o incluso de la ansiedad, el estrés va asociado a la necesidad de superar un reto o de evitar un peligro concreto; en algunos casos ese grado de preocupación se vuelve demasiado intenso o se transforma en un temor paralizante, y es ahí cuando da problemas.

 

¿Buscas apoyo psicológico profesional?

Si estás experimentando problemas para dormir bien, o crees que sufres de un exceso de estrés, ansiedad o angustia, y te interesa acudir a terapia para superar esta clase de malestar, te invitamos a ponerte en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos llevamos dos décadas tratando a pacientes que presentan estos u otros problemas de tipo emocional, comportamental y cognitivo, y estaremos encantados de atenderte. Nos puedes encontrar en nuestras instalaciones de Madrid, o bien puedes recurrir a nuestros servicios de terapia online por videollamada.

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Referencias bibliográficas:

Cheng, S.K.; Dizon J. (2012). Computerised cognitive behavioural therapy for insomnia: a systematic review and meta-analysis. Psychotherapy and Psychosomatics. 81(4): pp. 206 – 216.
Goldstein, D.S.; Kopin, I.J. (2007). Evolution of concepts of stress. Stress. 10(2): pp. 109 – 120.
Herman, J.P. (2013). Neural control of chronic stress adaptation. Frontiers in Behavioral Neuroscience, 7: 61.
Keil R.M.K. (2004). “Coping and Stress: A Conceptual Analysis”. Journal of Advanced Nursing. 45 (6): 659–665.
Lichstein, K.L.; Taylor, D.J.; McCrae, C.S.; Petrov, M. (2010). Insomnia: Epidemiology and Risk Factors. Principles and Practice of Sleep Medicine. Amsterdam: Elsevier Inc.
Ulrich-Lai, Yvonne M.; Herman, James P. (7 February 2017). “Neural Regulation of Endocrine and Autonomic Stress Responses”. Nature Reviews Neuroscience, 10(6): pp. 397 – 409.

Los 5 principales síntomas fisiológicos del estrés

Los 5 principales síntomas fisiológicos del estrés

Los 5 principales síntomas fisiológicos del estrés. El estrés es uno de los principales fenómenos que estudian tanto la psicología como la fisiología y otras ciencias afines, y no es para menos. Está presente tanto en una gran cantidad de trastornos psicológicos como en patrones de comportamiento no patológicos, pero es más conocido como fuente de malestar cuando se nos acumula en exceso.

Por otro lado, no es fácil describir en qué consiste el estrés, dado que tiene muchas facetas diferentes. En este artículo nos centraremos en una de ellas, y veremos cuáles son los síntomas fisiológicos del estrés, aquellos que tienen que ver con procesos biológicos que son relativamente independientes de lo que pensamos y lo que sentimos.

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¿Qué es el estrés?

El estrés es un conjunto de fenómenos biológicos y psicológicos que se activan ante potenciales situaciones peligrosas o que reflejan un riesgo de perder algo importante para nosotros. Por ello, está vinculado al temor, y nos lleva a entrar en un estado de alerta, dado que nos ayuda a reaccionar rápidamente para lograr objetivos a corto plazo y evitar problemas.

Por otro lado, el estrés tiene un componente psicológico y otro componente fisiológico. El primero engloba todo aquello que nos pasa por la cabeza, como los pensamientos o las emociones que sentimos de manera consciente; por el otro lado, lo fisiológico está compuesto por procesos biológicos automáticos y que existen más allá de la consciencia, como por ejemplo la salivación, el erizado de nuestro vello corporal, los cambios hormonales, etc.

Síntomas fisiológicos vinculados al estrés

Estos son los principales síntomas de tipo psicológico que aparecen en las personas cuando sus niveles de estrés son demasiado elevados.

1. Tensión muscular

Como hemos visto, el estrés es una predisposición a mantenernos alerta y a poder reaccionar rápidamente a posibles fuentes de problemas. Por ello, tiene sentido que esto se plasme en el estado que tienen por defecto los principales grupos musculares del cuerpo, dado que estos son los que permiten moverse.

Así, las personas que están muy estresadas tienden a experimentar tensión muscular: incluso sin estar realizando tareas que requieran contraer músculos, estos se mantienen más tensos de lo normal. Lo cual produce el siguiente síntoma de este pequeño listado.

2. Temblores

En los momentos en los que el estrés es más alto, la tensión muscular puede llegar a ser tan intensa que produce temblores visibles. Esto genera incomodidad en la persona que lo vive en su propia piel, porque le da motivos para preocuparse por que los demás no perciban esta señal de inseguridad o temor.

3. Problemas de digestión

El estrés suele producir alteraciones de tipo gastrointestinal. Esto es así porque, en situaciones en las que nuestro cuerpo interpreta que hay peligro, empieza a priorizar los mecanismos de reacción rápida que nos permiten movernos a la mínima señal de que estamos en una situación muy vulnerable, y prioriza menos aquellos procesos cuya finalidad es a medio y largo plazo. Como la digestión es un proceso lento y con metas a medio plazo, deja de tener tanta importancia durante un tiempo, y esto hace que surjan problemas.

Por eso, cuando una persona pasa por un periodo en el que el estrés se acumula durante mucho tiempo, es habitual que surjan problemas como los gases, la diarrea, el dolor de vientre, etc.

4. Sudores fríos

Los sudores fríos son otros de los principales síntomas fisiológicos de la ansiedad. Suele aparecer de manera clara en la frente de la persona que está estresada, y de manera menos clara, en el resto del cuerpo. Esta es una reacción ante la necesidad de refrigerar el cuerpo, dado que se eleva su temperatura por el mayor gasto de energía.

5. Palidez de la piel
Este síntoma puede parecer contradictorio con lo anterior, teniendo en cuenta que todos los síntomas del estrés que hemos visto hasta ahora se relacionan con una mayor activación del cuerpo, y solemos asociar la piel pálida a la debilidad y la falta de energía.

Sin embargo, el hecho de tener la piel con un color más apagado cuando se está estresado tiene sentido: como es posible que haya algo peligroso cerca, los capilares de la zona más superficial de la piel se contraen, de manera que en caso de sufrir heridas, se sangre menos. Todo lo que hay a niveles más profundos sigue funcionando a un ritmo tanto o más intenso que antes.

 

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Si te interesa asistir a terapia psicológica, te proponemos ponerte en contacto con nuestro equipo de profesionales de la salud mental. En Avance Psicólogos disponemos de más de 20 años de experiencia atendiendo a pacientes de todas las edades, y en la actualidad puedes contar con nuestro apoyo tanto en nuestro centro ubicado en Madrid como a través de la terapia online. Ponte en contacto con nosotros y resolveremos todas tus dudas acerca de los servicios que ofrecemos y cómo trabajamos.

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Referencias bibliográficas:

Goldstein, D.S.; Kopin, I.J. (2007). Evolution of concepts of stress. Stress. 10 (2): pp. 109 – 120.
Graham J.; Christian L.; Kiecolt-Glaser J. (2006). “Stress, Age, and Immune Function: Toward a Lifespan Approach”. Journal of Behavioral Medicine. 29(4): pp. 389 – 400.
Khansari D.; Murgo A.; Faith R. (May 1990). “Effects of stress on the immune system”. Immunology Today. 11 (5): pp. 170 – 175.
Lazarus, R.S. (1966). Psychological Stress and the Coping Process. New York: McGraw-Hill.
Notaras, Michael; van den Buuse, Maarten (3 January 2020). “Neurobiology of BDNF in fear memory, sensitivity to stress, and stress-related disorders”. Molecular Psychiatry: pp. 1 – 24.
Shalev, A.Y.; Yehuda, R.; Alexander, C.; McFarlane, A. (2000). International handbook of human response to trauma. New York: Kluwer Academic/Plenum Press.

Las causas más habituales del estrés

Las causas más habituales del estrés

El estrés es un tipo de experiencia muy conocido por todos, al menos en sus aspectos más fundamentales. Todos, con cierta frecuencia, hemos notado cómo sus efectos se extienden por nuestro cuerpo y pensamientos, y normalmente no es una sensación precisamente agradable. Conozcamos las causas del estrés.

Eso sí, que sentir estrés resulte muchas veces poco satisfactorio no significa que sea algo malo. En la mayoría de las ocasiones, nos ayuda a tomar consciencia de que hay un problema que debemos atender cuanto antes, y en general nos lleva a un estado de alerta desde el cual empezamos a buscar soluciones ante una determinada necesidad.

Pero en algunos casos, el estrés sí constituye un problema y pasa a ser un problema, más que una solución. En las próximas líneas nos centraremos en este tipo de estrés de tipo patológico y veremos cuáles son sus principales causas, y el modo en el que estas nos afectan dañando nuestra calidad de vida.

Tal y como veremos, entre las causas más habituales del estrés las hay tanto físicas como psicológicas.

Si necesitas contactar con un profesional por un tema de estrés, entra en esta página de contacto.

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Las causas más habituales del estrés

Aquí encontrarás un resumen de las principales causas del estrés, los cuales muchas veces están detrás de los problemas y quejas que expresan los pacientes que asisten a psicoterapia para regular sus estados de nerviosismo y ansiedad.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que su presencia no nos lleva irremediablemente a sufrir por estrés, dado que la asistencia a psicoterapia puede proporcionar los recursos necesarios para combatir esta fuente de malestar y no dejar que limite nuestras vidas.

 

1. Predisposiciones genéticas

No es ninguna novedad que una parte del estrés queda explicado por la configuración genética de las personas. Existen algunos genes que favorecen la aparición de procesos de estrés y ansiedad en los individuos que los presentan en su genotipo, de manera que la producción de determinadas moléculas bajo las instrucciones del ADN nos vuelve más vulnerables a esta forma de malestar.

Sin embargo, esto no significa que la presencia de ciertos genes “produzca” estrés del mismo modo en el que determinadas glándulas de la boca producen saliva. En todo caso, algunas variantes de genes crean situaciones por las que es más probable que experimentemos estrés con mayor facilidad que el resto de personas, lo cual significa que el entorno social en el que vivimos y nuestra manera de interactuar con el mundo siguen siendo muy determinantes.

2. Exposición a situaciones de violencia

El haber pasado por situaciones de violencia, agresiones sexuales o acoso en la escuela o en el trabajo hace que las personas tengan más probabilidades de sufrir problemas de estrés.

De hecho, haber interiorizado la noción de que el mundo es un lugar hostil en el que hay que estar alerta para prevenir ataques lleva a una especie de estado de paranoia en la que muchos estímulos ambiguos pueden ser interpretados como indicadores de peligro inminente.

3. Cambios súbitos en el estilo de vida

Mudarse a otra ciudad o irse a vivir a otro país, tener un hijo, casarse, empezar un nuevo trabajo… Todas estas situaciones nos enfrentan a nuevos retos y a momentos en los que no está muy claro lo que hay que hacer.

La sucesión continuada de experiencias marcadas por la ambigüedad y la incertidumbre puede ser una de las causas del estrés con mayor capacidad de afectar a todas las áreas de nuestra vida.

4. Los entornos altamente competitivos

Competir por un ascenso, estudiar para unas oposiciones, entrenar para un torneo deportivo… Son situaciones en las que podemos llegar a sentirnos culpables en los momentos de descanso, asumiendo que otros estarán progresando mientras nosotros cargamos energía.

Este desgaste físico y mental tiene en el estrés y la ansiedad sus primeras manifestaciones como problemas psicológicos.

5. Problemas en las relaciones personales

Tener dificultades en las relaciones sociales puede causar mucho estrés, porque por un lado lleva a un estilo de vida poco amable debido al miedo a buscar ayuda o aliados, y por el otro las conversaciones se convierten en una fuente de temor y de anticipación del fracaso.

 

6. Trastornos mentales

La presencia de un trastorno mental diagnosticado puede llevarnos a pasar por situaciones que causan mucho estrés. Esto se deber a que la anticipación del malestar generado por esa alteración comportamental mental es en sí un problema extra que hay que saber regular emocionalmente.

 

7. Hábitos de vida poco saludables

Otra de las causas del estrés más infravaloradas es el no seguimiento de un estilo de vida sano. Estar en un mal estado físico nos vuelve menos capaces de adaptarnos a situaciones complejas y complicadas, y peores a la hora de gestionar la energía de nuestro cuerpo.

Por ello, para frenar el malestar causado por el estrés es recomendable dormir bien y comer de manera regular alimentos de calidad con las vitaminas y los macronutrientes necesarios.

 

8. Obligaciones vinculadas a la familia

El ámbito familiar suele ser una fuente de protección, pero a veces también se transforma en una incubadora de problemas de relación interpersonal y lazos afectivos.

Por ejemplo, depositar demasiadas esperanzas en un hijo puede llevar a controlar demasiado su vida, aunque en teoría sea “por su bien”. Por otro lado, las discusiones familiares tienen mayor capacidad de producir malestar, porque afectan a relaciones cotidianas y a personas que consideramos parte del ambiente “estable” de nuestro día a día.

9. Perfeccionismo extremo

El exceso de perfeccionismo está vinculado a muchos problemas por estrés, e incluso a la procrastinación, que es lo que pasa cuando el temor de no hacer bien algo nos paraliza y contribuye a que finalmente no hagamos nada en todo el día, postergándolo y dejando que el problema se vaya haciendo más grande.

10. Malos ambientes de trabajo

Factores tan simples como oficinas en las que hay mucho ruido o asientos de trabajo muy incómodos que obligan a adoptar una mala postura, pueden generar estrés debido a la incomodidad constante.

Este tipo de causas habituales del estrés son estudiadas por la disciplina conocida como ergonomía, y también por la psicología ambiental, si bien desde psicoterapia se puede ayudar a darles solución.

 

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Referencias bibliográficas:

Hüther, G. (2012). Biología del miedo. El estrés y los sentimientos. Barcelona: Plataforma Editorial.
Koolhaas J, et al. (2011). Stress revisited: A critical evaluation of the stress concept. Neuroscience and Biobehavioral Reviews. 35 (5): 1291–1301.

El estrés laboral: ¿qué es y por qué muchas personas lo sufren?

estrés laboral

Sobre el estrés en el trabajo se ha escrito mucho, puesto que España es uno de los países donde más porcentaje de personas sufre estrés laboral (casi un 60%), mientras que en Europa se registra que hay alrededor de un 30% que lo sufren.

El estrés se produce cuando una persona es incapaz de adaptarse a una situación de cambio, así como dificultades de afrontamiento para superar las demandas que considera excesivas porque no cuenta con los recursos suficientes para afrontar estas situaciones. Esto genera emociones tales como la ira, ansiedad y en algunos casos depresión.

El estrés laboral se manifiesta como un conjunto de alteraciones a nivel físico y psíquico que la persona no sabe cómo manejar

El estrés laboral se define por la dificultad de afrontar una situación o circunstancia relacionada con el trabajo; los estresores activan las capacidades para hacer frente a esa nueva situación pero la persona no consigue controlarlos o manejarlos para volver a una situación de equilibrio.

 

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Síntomas de estrés laboral

El estrés produce reacciones complejas a nivel cognitivo, fisiológico e incluso a nivel motórico, fácilmente identificables:

  • Preocupación, inseguridad e indecisión
  • Miedo, pensamientos negativos
  • Cambios de humor
  • Dificultades para buscar soluciones, para concentrarse
  • Dolores de cabeza, estómago, náuseas
  • Sudoración excesiva, tensión muscular, bruxismo
  • Comer, fumar, beber compulsivamente
  • Conductas de evitación
  • Ansiedad

 

Afrontar situaciones de estrés

El estrés en principio no tiene por qué entenderse como algo negativo, hay muchas circunstancias que nos producen estrés y ello nos ayuda a activar todas nuestras capacidades para afrontar los cambios (cambiarnos de casa o salir de viaje también son situaciones de estrés). Cualquier modificación en general en nuestras rutinas diarias, en nuestro cuerpo nos puede producir estrés, lo importante es saber manejar estos estresores para que nos permitan avanzar.

Si estás en un momento laboral complejo, porque hay un cambio en tu trabajo (nuevos compañeros, nuevos responsables, nuevos proyectos, etc.) y no consigues desconectar o te sientes desbordado por la situación, es importante en primer lugar parar y tomar conciencia de lo que te está pasando. Párate a escucharte un momento a nivel emocional y físico y atiende a lo que te está pasando sin juzgarlo. En algunos manuales sobre manejo del estrés se habla de las “seis erres”:

  • Relajación: busca algo que hacer para ti mismo y encuentra la calma; planifica tu tiempo de preocupación, pon un límite a ello.
  • Responsabilidad: Establece las prioridades, aprenda a decir no, a delegar, a posponer. Controla la situación y así te colocas en una posición de fuerza ante los estresores.
  • Reflexión: ¿qué cosas son las que le están produciendo estrés? Si eres consciente de los síntomas del estrés estos se hacen abarcables y manejables.
  • Relaciones: Cuenta lo que te pasa a las personas cercanas y activa tus relaciones sociales, busca momentos para disfrutar con ellas.
  • Recreación: ¡Disfruta! Fuera del trabajo tu vida continúa. Diviértete, sonríe y busca el placer. Ahonda en las cosas que te producen felicidad y positividad.
  • Reaprovisionamiento: pasea, aliméntate bien, elimina tóxicos de tu cuerpo y de tu mente.

 

 

Técnicas para recuperar la calma cuando tenemos estrés

En primer lugar conecta contigo y para, recupera la calma, es el primer paso para tomar conciencia y escuchar qué te está pasando.

Las técnicas de relajación van muy bien en estos casos: cierra los ojos y respira profundamente durante 10 segundos. Intenta fijar la atención en la respiración.

Tómate un respiro de cinco minutos, cierra los ojos y concéntrate en visualizar un lugar apacible o una situación relajante. Algunas personas les funciona muy bien recrear situaciones refrescantes (un baño fresco, una ducha, la lluvia…)

Haz un listado de las cosas que te molestan o que te preocupan. Guárdalo y léelo cuando estés en calma para ver si has magnificado las cosas.

Piensa en cosas bellas y busca un momento de paz.

Muévete, da un paseo por la ciudad, por el campo, cambia de ambiente. Aprovecha para estirarte.

Si las situaciones de estrés se mantienen en el tiempo impidiendo a la persona colocarse en una posición de manejo con pérdida del interés por la realización de actividades (síndrome de Burnout), es interesante buscar ayuda profesional para evitar que nuestra salud emocional y física empeore. La terapia nos proporciona técnicas y seguimiento con resultados muy positivos.

 

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Trastorno de estrés postraumático: qué es y cuáles son sus causas

trastorno estres postraumatico

El trastorno de estrés postrumático puede desarrollarse después de vivir directamente un acontecimiento traumático o ser testigos de ello.

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¿Qué es el estrés postraumático?

Todos hemos sentido en algún momento el horror y la angustia ante un suceso dramático; bien porque conocemos de alguna catástrofe natural, accidente o suceso más o menos cercano a nosotros, bien porque lo hemos experimentado en primera persona.

Cuando nos encontramos en una situación en la que nuestra vida o la de otras personas corre peligro, se activa inmediatamente en nosotros un instinto de supervivencia que nos ayuda a reaccionar. Las facultades cognitivas y fisiológicas se activan y las reacciones de búsqueda de soluciones ante el peligro nos protegen.

Cuando el acontecimiento traumático es muy intenso, bien porque lo sufrimos directamente o porque somos testigos, puede desarrollarse lo que conocemos como síndrome de estrés postraumático.

El estrés postraumático según el DSM IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) se caracteriza por una reacción psíquica y fisiológica posterior a un acontecimiento traumático en el que “la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás”, reaccionando con “temor, desesperanza o un horror intensos”.

Síntomas

Según este mismo manual de psicodiagnóstico algunos de los síntomas son:

  • Imágenes intrusivas y repetitivas o flasback en forma de recuerdos, sobre escenas del acontecimiento.
  • Pensamientos recurrentes sobre el acontecimiento.
  • Sueños recurrentes sobre el suceso traumático o pesadillas.
  • Malestar psicológico intenso al recordar algún detalle del acontecimiento.
  • Sensaciones o percepciones de que el suceso se está experimentando de nuevo.
  • Malestar fisiológico y psicológico intenso ante estímulos que recuerdan al suceso traumático.
  • Evitación de estímulos que se asocian al suceso (lugares, personas, objetos).
  • Desmotivación y desesperanza sobre el futuro.
  • Falta de emociones de tipo afectivo.
  • Irritabilidad.
  • Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
  • Hipervigilancia y estado de alerta desproporcionado.
  • Dificultad para concentrarse y mantener la atención, en gran medida debido a los pensamientos e imágenes intrusivas.
  • Amnesia o lagunas de memoria, de algunos de los aspectos más importantes del suceso traumático.

 

Lo que en principio es una respuesta de alerta normal tras haber corrido un peligro, puede mantenerse en el tiempo generando una ansiedad generalizada con sentimientos de indefensión y un bajo estado de ánimo.

Características

La ansiedad generalizada se caracteriza por la aparición y mantenimiento de pensamientos catastrofistas del tipo: “si cualquier cosa terrible puede pasar en cualquier momento y no depende de mi control, no puedo bajar la guardia”, de este modo la cotidianidad puede verse sensiblemente influida por esta premisa, afectando a nuestras relaciones sociales y familiares, debido a las conductas fóbicas y evitaciones con que se suele manifestar.

el tratamiento psicológico es imprescindible para destraumatizar y desaprender el miedo, evitando así que este malestar se cronifique.

La aparición de síntomas físicos de un trastorno de ansiedad, como taquicardia, sudoración, tensión muscular, sensación de ahogo o presión en el pecho, hiperventilación, etc, también suelen darse, manteniendo el temor y alerta constante.

 

El trastorno de estrés postraumático no aparece únicamente tras accidentes o sucesos violentos puntuales; una persona que ha vivido una situación de violencia y temor, de forma continuada, como ocurre en los casos de maltrato en el entorno familiar, laboral o escolar, puede desarrollar este trastorno de forma crónica. Aunque el objeto que provoca el miedo no esté presente, y la situación familiar haya cambiado, el temor continua en nuestras vidas y esa sensación de alerta y miedo sigue estando presente. La indefensión aprendida con el consecuente bajo estado de ánimo y la ansiedad generalizada, queda implantada en la cotidianidad de la persona, que en la mayoría de las ocasiones no entiende que le pasa, creyendo que su angustia y tendencia a la melancolía es parte de su personalidad.

 

Algunos síntomas físicos del estrés postrumático

Las somatizaciones en estos casos suelen ser evidentes, algunas de las expresiones físicas más comunes son:

  • Bruxismo (apretar las mandíbulas durante el sueño)
  • Contracturas casi permanentes debido a la tensión muscular.
  • Dolores de cabeza de origen tensional.
  • Problemas digestivos.
  • Trastornos del sueño: agitación, pesadillas, dificultad para conciliar o mantener el sueño…

 

Es fundamental identificar en niños que han vivido malos tratos en casa su evolución, con el objetivo de tratar cuanto antes “el miedo instalado” o aprendido en sus vidas. Representar el suceso o sucesos traumáticos en sus juegos, dibujar reiteradamente lo que les preocupa o angustia, muestras de ira y agresividad, llanto injustificado y pesadillas, son algunas de las expresiones de la ansiedad en la infancia.

En todos los casos descritos, el tratamiento psicológico es imprescindible para destraumatizar y desaprender el miedo, evitando así que este malestar se cronifique.

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