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Fobia a los insectos: qué es y cómo se trata

Fobia a los insectos: qué es y cómo se trata

Fobia a los insectos: qué es y cómo se trata. La entomofobia es un trastorno psicológico que también es conocido de una manera más informal como fobia a los insectos.

No se trata de una alteración psicológica muy frecuente en sus formas más severas, pero se sabe que el miedo a los insectos es un fenómeno relativamente común, si bien en la mayoría de las ocasiones no llega a cruzar el límite de lo clínico (es decir, no pasa a ser una psicopatología).

Aquí veremos cuáles son las características de la fobia a los insectos, cómo podemos distinguirla del simple miedo a algunos insectos, y qué se hace para tratar este problema psicológico.

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¿Qué es una fobia?

Las fobias son una clase de trastornos de ansiedad que aparecen cuando una persona desarrolla un patrón de sobre-activación y estrés cuando es expuesta a determinado estímulo concreto, sin que lo que emite esos estímulos sea algo que constituye un verdadero peligro.

Por ejemplo, las personas con fobia a las agujas siente un nivel de malestar extremadamente alto al estar cerca de uno de estos objetos (viéndolo), aunque nada en el contexto indique que la aguja vaya a poner en riesgo su integridad física, algo que ocurre por ejemplo en una consulta médica con las inyecciones.

Así, las fobias se caracterizan por el carácter específico de aquello que produce una reacción de carácter ansioso en la persona (alguien con fobia a los insectos no tiene por qué sentir pánico cuando se le acerca un perro, pero no ocurre lo mismo cuando se le acerca una libélula) y el nivel excesivamente alto de la ansiedad que genera, hasta el punto de que esta limita la calidad de vida de la persona con este problema.

 

Fobia a los insectos: qué es y cómo se trata

Como su nombre indica, la fobia a los insectos es el tipo de fobia en el que el estímulo que desencadena la reacción ansiosa va ligado a la presencia de insectos, o al hecho de pensar en ellos o imaginarlos de una manera muy vívida.

Sin embargo, en la práctica casi siempre hay una serie de insectos que producen mayor reacción que otros, y los casos en los que todas estas formas de vida tienen el mismo potencial para generar un pico de ansiedad son excepcionales.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que como las fobias funcionan a través de los estímulos y de las apariencias, la fobia a los insectos también puede manifestarse en experiencias en las que técnicamente no se está ante insectos de verdad. Por ejemplo, las arañas no son insectos, pero se les parecen; lo mismo ocurre con algunos crustáceos.

Es por eso que estos animales también pueden producir malestar en algunas personas que han desarrollado este trastorno de ansiedad. Además, esto explica que los insectos diseñados en entornos de realidad virtual también puedan producir un efecto muy parecido, o el mismo efecto, que los insectos reales, si el grado de inmersión en esos entornos tridimensionales es el adecuado (por ejemplo, usando gafas de realidad virtual y creando lugares muy realistas gracias a los avances en software de 3D).

Síntomas

Los principales síntomas de la fobia a los insectos son los mismos que surgen en casi todos los tipos de fobias. Estos aparecen al sentirse cerca de aquello que produce la fobia (en este caso, los insectos y similares), y son los siguientes:

  • Mareos.
  • Náuseas.
  • Experimentación de mucha ansiedad.
  • Sube la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea.
  • Respiración agitada o con dificultades.
  • Pensamientos catastróficos sobre lo que puede ocurrir.
  • Ganas de huir.

¿Cómo distinguirla del miedo (no patológico) a los insectos?

El diagnóstico de una fobia solo puede ser realizado por los profesionales de la salud mental. Sin embargo, es útil conocer varios criterios para saber distinguir entre la fobia a los insectos y el miedo a estos animales, dado que esto último es frecuente.

Por un lado, la entomofobia suele manifestarse incluso cuando hay muy pocas posibilidades de que el insecto nos vaya a tocar en cuestión de pocos segundos: el simple hecho de verlo ya genera malestar. Por el otro, con la fobia, la persona siente que pierde el control de sus acciones y que necesita alejarse cuanto antes el insecto; con el miedo a los insectos, es posible tolerar el hecho de tener cerca a este animal.

Finalmente, el aspecto más importante es que la fobia a los insectos limita la calidad de la persona de manera frecuente; si estos episodios de pánico se producen de manera muy puntual, es posible que a pesar de que la reacción ansiosa sea muy intensa, no se trate de una fobia.

Tratamiento

Las fobias son alteraciones psicológicas que responden muy bien al tratamiento psicológico, de manera que si se va al psicólogo, las probabilidades de que este trastorno deje de ser un problema son muy altas.

En terapia, se utilizan estrategias y técnicas que ayudan a la persona a sobreponerse a sus miedos de manera controlada y bajo la supervisión del especialista en salud mental. Esto significa que superar una fobia conlleva enfrentar esas situaciones que produce malestar, pero de un modo en el que estas experiencias no resulten tan desagradables que generen aún más rechazo por aquello que genera la fobia, y ganando resistencia y capacidad de control sobre los propios actos hasta que llega un punto en el que ya no aparecen esos picos repentinos de ansiedad.

Entre estos recursos terapéuticos destacan la desensibilización sistemática y la exposición controlada, así como otros que sirven de apoyo, como la reestructuración cognitiva, y que ayudan a debilitar las creencias que predisponen al paciente a sentir miedo o angustia ante el estímulo fóbico.

 

¿Buscas apoyo psicológico?

Si has desarrollado una fobia o cualquier otro trastorno psicológico, o experimentas algún tipo de malestar en tu día a día debido a dificultades para gestionar tus emociones o tus relaciones interpersonales más significativas, ponte en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos contamos con 20 años de experiencia ofreciendo terapia, y en la actualidad ayudamos a personas de todas las edades también mediante servicios de psiquiatría y neurología. Nos puedes encontrar en nuestro centro situado en Madrid, o puedes optar por la modalidad de terapia online por videollamada.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed.), Arlington: American Psychiatric Publishing.
Cavallo, V. (1998). International Handbook of Cognitive and Behavioural Treatments for Psychological Disorders. Oxford: Pergamon Press. Fobia a los insectos: qué es y cómo se trata
McCabe, R.E. Milosevic, I.; McCabe, R.E. (2015). Phobias: The Psychology of Irrational Fear: The Psychology of Irrational Fear. ABC-CLIO. pp. 125 – 27. Fobia a los insectos: qué es y cómo se trata

8 libros de psicoterapia que tienes que leer

8 libros de psicoterapia que tienes que leer

8 libros de psicoterapia que tienes que leer. El ámbito de la psicoterapia es un campo de conocimiento inacabable y muy interesante; no en vano, la carrera universitaria de Psicología es una de las más populares entre las personas que eligen entre diferentes opciones en estudios superiores.

Eso hace que los libros relacionados con este tema sean populares no solo entre quienes están preparándose para atender pacientes en psicoterapia, sino también entre curiosos que deciden aprender de manera autodidacta la teoría de esta profesión, observándola desde fuera para comprender mejor el funcionamiento de la mente. Y, por supuesto, los psicólogos necesitan formarse constantemente, por lo que también leen de manera habitual piezas de literatura especializada en el ámbito de la ciencia del comportamiento.

Ahora bien… ¿cómo elegir entre tantas obras? Si te interesa leer acerca de este tema, este artículo te interesará, dado que a continuación te mostramos varios libros de psicoterapia que son muy recomendables.

8 libros de psicoterapia que te pueden interesar

Estas son ejemplos de literatura centrada en la psicoterapia que muestran las diferentes facetas de este proceso de ayuda profesional. Eso sí, ten en cuenta que el simple hecho de leer libros de este tipo no capacita a nadie para realizar psicoterapia.

1. Filosofía, conceptos psicológicos y psiquiatría (Alejandro Tomassini)

¿Cuál es el límite entre el ámbito de la psicoterapia y el de la psiquiatría? ¿Es lo psicológico parte de la biología? ¿Qué son las emociones? En este interesante libro del filósofo Alejandro Tomassini se abordan estas y otras muchas preguntas que son de gran relevancia en la práctica de la psicoterapia.

2. El tratamiento del duelo (J. William Worden)

El duelo psicológico es uno de los problemas emocionales que más se ven en las consultas de psicoterapia, y es por ello que durante décadas, la ciencia del comportamiento humano le ha dado mucha importancia a este tema a la hora de investigar.

Por ello, este libro es un poderoso aliado a la hora de entender la lógica que hay detrás de los procesos de duelo y el modo en el que estos pueden ser utilizados para superar esta situación tan dolorosa, especialmente cuando resulta incapacitante.

 

3. Manual de terapia de pareja (Robert Paul Liberman et. al.)

Este libro es uno de los clásicos de terapia de pareja, y no es para menos. A pesar de no tener una gran extensión, da una visión global y muy completa sobre las dinámicas que se establecen en terapia de pareja, y sobre los elementos que hay que tener en cuenta en esta: el lenguaje no verbal, la naturaleza del tipo de problemas tratados, la evaluación de la motivación, etc.

4. Psicología clínica basada en la evidencia (Francisco Javier Labrador Encinas, Maria Crespo Lopez)

Un libro que ayuda a comprender dónde empiezan y dónde acaban aquellos procedimientos terapéuticos que disponen de evidencia científica respaldando su uso. Es una lectura muy recomendada para saber si las técnicas y las estrategias usadas al ayudar a pacientes disponen tienen eficacia probada en el ámbito de la investigación, más allá de la experiencia personal.

5. Hazlo ahora: supera la procrastinación y saca provecho de tu tiempo libre (Neil Fiore)

Este libro cuenta con más de dos décadas a sus espaldas, y si ha llegado hasta nuestros días siendo una referencia en el apoyo de la gestión del tiempo es por algo. Aunque técnicamente no esté planteado como un libro a ser aplicado en terapia, da las claves para comprender los principios teórico-prácticos de modificación conductual que los psicólogos usamos en las sesiones con los pacientes.

6. La Alianza Terapéutica (M.L. Firedlander, V. Escudero y L. Heatherington)

Dado que hace tiempo que la psicoterapia ha dejado de centrarse fundamentalmente en el individuo, se hace necesario adaptarse a las dinámicas que surgen cuando más de dos personas interactúan en el contexto de las sesiones en consulta. Este libro es de gran utilidad para establecer la alianza terapéutica adecuada al ayudar a parejas y familias, conociendo de antemano los factores que pueden unir y separar a las personas. Por cierto, sus autores son conocidos entre otras cosas por haber desarrollado el SOFTA (Sistema de Observación de Alianza Terapéutica en Intervención Familiar).

7. Manual de evaluación y entrenamiento de las habilidades sociales (Vicente E. Caballo)

Las relaciones interpersonales tienen una gran importancia en el bienestar psicológico, y a la vez, este último influye sobre cómo interactuamos con los demás. Este completo libro ayuda a comprender buena parte de los factores que entran en juego al relacionarnos con los demás, y es por ello que son muchos los psicólogos que lo tienen a mano en su día a día ayudando a las personas.

8. Análisis aplicado de conducta (John O. Cooper, Timothy E. Heron, William E. Leward)

El Análisis Aplicado de Conducta es una de las herramientas fundamentales en cualquier intervención psicológica, tanto en psicoterapia como en otros ámbitos del apoyo profesional a personas y grupos: psicología deportiva, psicología educativa, etc. Este pequeño libro es de gran utilidad para entender sus fundamentos.

 

¿Qué puede hacer la psicología por ti en tiempos de crisis?

¿Qué puede hacer la psicología por ti en tiempos de crisis?

¿Qué puede hacer la psicología por ti?. En época de crisis, los beneficios de los servicios de asistencia psicológica se notan más que nunca. Sin embargo, los rituales suelen centrarse en los aspectos materiales de estas situaciones en las que la ciudadanía se ve afectada por tiempos difíciles, ya sea por una emergencia sanitaria como la de la reciente pandemia como por la recesión económica.

Esto oculta una realidad muy importante: el impacto psicológico que todo esto tiene en las personas, y que no solo afecta a su equilibrio emocional, sino también al modo en el que se comportan.

Por eso, en este artículo veremos cuáles son los principales beneficios que la psicología aporta a las personas en tiempos de crisis.

Lo que la psicología puede hacer por ti en tiempos de crisis

Estos son los aspectos más importantes en los que los psicólogos te podemos ayudar en tiempos de crisis a través de los servicios de psicoterapia, terapia de pareja o terapia familiar.

1. Ayuda a regular la ansiedad

En tiempos de crisis es fácil creer que estamos perdiendo el tiempo, que nada de lo que estamos haciendo es lo suficientemente útil o edificante. Además, la sensación de vulnerabilidad genera un desgaste constante: el miedo a no poder pagar facturas, a no encontrar un modo de vida digno, etc.

El resultado de todo esto es la rumiación psicológica, es decir, los pensamientos preocupantes que nos vienen a la mente una y otra vez y que no nos sacamos de la cabeza, así como la ansiedad que produce esto.

2. Protege la autoestima

En tiempos de crisis, muchas personas desarrollan problemas de autoestima.

Por un lado, hay quienes perciben que sus malos resultados encontrando una vía de ingresos estable son vistos por los demás como un fracaso, algo que produce decepción.

Por el otro, hay problemas para dejar las los planes de futuro y las expectativas de vida que teníamos antes de la crisis, al menos a corto y medio plazo. La comparación entre el “debería ser” y el “soy”, si no se gestiona bien, puede resultar muy dolorosa.

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3. Es imprescindible en la lucha contra las adicciones

Allí donde una crisis llega y tiene un efecto disruptivo en el modo de vida de las personas, aumentan mucho los casos de adicciones. El trabajo de los psicólogos es fundamental tanto en la prevención como en el tratamiento y proceso de rehabilitación de quienes ya han desarrollado un trastorno por adicción.

4. Permite aprovechar mejor el tiempo de descanso

La emocionalidad negativa, mezcla de ansiedad y bajo estado de ánimo, suelen venir de la mano de los problemas para dormir, que se vuelven aún más graves si también entra en juego una adicción. En psicoterapia se ayuda a las personas a adoptar hábitos que hacen posible un sueño reparador, fundamental no solo para sentirse bien, sino también para no sufrir la falta de sueño en la agilidad mental, imprescindible sobre todo en tiempos de crisis, en los que hay que saber encontrar soluciones y probar cosas nuevas.

5. Ayuda a prevenir y solventar conflictos familiares y de pareja

El contexto de crisis puede llevar al límite a algunas personas, que debido a la frustración acumulada de tener problemas para disfrutar de su tiempo libre descansar bien, se vuelven más irritables.

Además, si la presión por encontrar un buen trabajo hace mella, o si cuesta compaginar el trabajo remunerado con las responsabilidades del hogar o de la crianza de los hijos, todo esto propicia la aparición de discusiones y conflictos en el ámbito de la familia y de la pareja.

En la consulta del psicólogo es posible abordar esta clase de problemas a través de la terapia familiar o de la terapia de pareja.

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6. Ayuda a no sufrir desgaste psicológico en el ámbito laboral

Cuando se dan tiempos de crisis, el contexto laboral se vuelve especialmente crudo: se pone énfasis en la necesidad de ser competitivo y de administrar bien el tiempo y los recursos para no perder eficiencia. En ocasiones, esto se transforma en auténtica explotación laboral, pero en otros casos todo daño puede ser evitado simplemente adoptando las dinámicas de trabajo adecuadas.

En este sentido, la asistencia psicológica puede ser de gran ayuda. Los psicólogos no solo trabajamos mediante el tratamiento de trastornos, sino que también podemos intervenir en situaciones en las que lo que se necesita es rendir mejor y controlar la ansiedad que produce la idea de tener mucho trabajo acumulado.

¿Te interesa contar con ayuda en sesiones de psicoterapia?

Si quieres contar con apoyo profesional por parte de un equipo de psicólogos, puedes ponerte en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos llevamos más de 20 años ayudando a todo tipo de pacientes, y además ofrecemos tanto terapia presencial como terapia online mediante videollamada.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Panamericana.
Balaban CD, Thayer JF (January–April 2001). Neurological bases for balance-anxiety links. J Anxiety Disord. 15 (1–2): pp. 53 – 79.
Didonna F. (2011). Manual Clínico de Mindfulness. Desclée de Brouwer.
Hassed C. & Chambers, R. (2014). Mindful learning: reduce stress and improve brain performance for effective learning. Exisle Publishing.
National Collaborating Centre for Mental Health. Depression. (2009). The treatment and management of depression in adults (updated edition). National Clinical Practice Guideline Number 90. Londres: British Psychological Society and Royal College of Psychiatrists.
Subirana, S. R., & Adell, M. À. M. (2014). Tratamiento de la agitación nocturna y el insomnio en el mayor. FMC-Formación Médica Continuada en Atención Primaria, 21(2): pp. 104 – 112.
Toker, S.; Melamed, S.; Berliner, S.; Zeltser, D. & Shapira, I. (2012). Burnout and risk of coronary heart disease: A prospective study of 8838 employees. Psychosomatic Medicine, 74: pp. 840 – 847.

Qué hacer para ayudar a una persona que se quiere suicidar

ayudar a una persona que se quiere suicidar

¿Qué hacer para ayudar a una persona que se quiere suicidar?. La ideación suicida es un fenómeno intensamente estudiado por la psicología, debido a la evidente importancia de poder desarrollar programas de prevención e intervención capaces de salvar vidas. Es por ello que los expertos en salud mental y psicoterapia intentan actualizarse lo más rápidamente posible para estar al corriente de las últimas tendencias y descubrimientos.

Sin embargo, en los primeros momentos en los que alguien se plantea terminar con su vida, cuando aún no ha entrado en contacto con el apoyo psicológico de los profesionales, también hay medidas que pueden y deben tomar quienes rodean a esa persona, y que la conduzcan a la recuperación. E incluso cuando esa persona ya está en terapia, la implicación de amigos y familiares resulta muy importante.

Es por ello que en este artículo veremos qué hacer para ayudar a una persona que se quiere suicidar; repasaremos varias ideas clave para que no consume esas ideas y, sobre todo, cómo ofrecerle alternativas para que poner fin a su vida de manera voluntaria deje de tener sentido.

 

¿Cómo ayudar a una persona que se quiere suicidar?

Aplica estos consejos si crees que alguien de tu entorno se está planteando suicidarse, pero ten en cuenta que en el momento en el que haya un profesional que supervise el caso, sus propuestas pasan a ser aquellas a seguir, dado que estarán adaptadas al caso particular y a las características de esa persona.

 

1. Exprésale tu preocupación

Para abrir una vía de conversación sobre el tema, háblale desde tu punto de vista acerca de aquellos aspectos de su comportamiento que te han hecho preocuparte. De esta manera conseguirás el doble efecto de pedirle que te informe sobre lo que le ocurre, y hacerlo mostrando tu disposición a ayudar y a dar apoyo emocional.

2. Pregúntale si tiene un plan

Es importante saber hasta qué punto ha estado madurando la idea de suicidarse, para hacerte una idea del grado de urgencia que hay. Para ello, pregúntale los detalles de lo que ha estado pensando, si tiene algo planeado y si ha fijado un calendario.

Evidentemente, esto no debe ser lo primero que preguntes en esta conversación, porque antes es importante crear la conexión emocional; que la otra persona sepa que seguir hablando no servirá solo para frustrar sus ganas de morir, sino que le aportará un nuevo contexto en el que podría dejar de ser infeliz.

3. Escucha y no prejuzgues

Quien debe tener más espacio para expresarse es la otra persona, no tú. Esta conversación no debe ser una en la que des lecciones de moralidad ni de cómo debe vivir su vida la otra persona: estás recopilando información para que la intervención en esa persona sea más fácil y llegue a tiempo.

Así, respeta sus turnos de palabra sin interrumpir, no le des máximas de vida en términos abstractos como si se tratase de un mitin político o una charla religiosa, y limítate a hacer lo posible para que quien piensa en el suicidio pueda abrirse y expresar lo que siente. También es importante que no cuestiones sus emociones y sentimientos, incluso aunque a ti te parezca que “no hay para tanto”.

4. Ofrécele una alternativa y acompañamiento

No le pidas a esa persona que actúe de una manera diferente para “dejar de estar triste”; probablemente no tiene fuerzas para hacerlo por sí misma. En vez de eso, proponle ampliar esa red de apoyo de la que tú eres la primera pieza: podéis ir juntos a que le diga cómo se siente a otra persona con la que tenga confianza (un amigo o ser querido de la familia).

Y lo que es más importante, de manera proactiva debes animarla a pedir ayuda profesional cuanto antes, sin dejar de ofrecerle apoyo e incluso acompañándola a la primera sesión d terapia si puedes (si no, puede hacerlo otra persona de esa red de apoyo que has contribuido a formar a su alrededor).

5. Ayúdala a seguir su tratamiento

Dependiendo de tu grado de proximidad con esa persona, implícate en lo posible en su progreso terapéutico; interésate por sus avances, ofrece tu ayuda para que sea más fácil no abandonar la terapia, felicítale cuando haya llegado a determinado objetivo, etc.

Si convives con esa persona, es bueno que negociéis algún modo por el cual puedes reducir su riesgo de suicidio manteniendo fuera de su alcance elementos peligrosos. Por ejemplo, llevando solo tú la llave de la caja de los medicamentos.

 

¿Buscas ayuda?

La ideación suicida es uno de los síntomas habituales de la depresión, trastorno que puede ser abordado de manera exitosa a través de la psicoterapia. Si necesitas ayuda para superar situaciones de este tipo, te invitamos a ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos.

Nuestra Terapia Psicológica

 

Referencias bibliográficas:

Brown, G.K.; et al. (2005). The internal struggle between the wish to die and the wish to live: a risk factor for suicide. American Journal of Psychiatry. 162(10): 1977 – 1979.
Galynker, I. (2017). The Suicidal Crisis: Clinical Guide to the Assessment of Imminent Suicide Risk. Nueva York: Oxford University Press.
Soloff, P.H.; Kevin, G.L.; Thomas, M.K.; Kevin, M.M.; Mann, J.J. (2000). Characteristics of Suicide Attempts of Patients With Major Depressive Episode and Borderline Personality Disorder: A Comparative Study. American Journal of Psychiatry. 157 (4): 601 – 608.
Valenstein, H.; Cronkite, R.C.; Moos, R.H.; Snipes, C.; Timko, C. (2012). Suicidal ideation in adult offspring of depressed and matched control parents: Childhood and concurrent predictors. Journal of Mental Health. 21 (5): 459 – 468.

Personas reactivas: estos rasgos las caracterizan

personas reactivas

A la hora de impulsar proyectos, ya sean personales o profesionales, la actitud es muy importante. Y es que la disposición con la que afrontamos las tareas influye mucho en toda la cadena de pasos que recorreremos para llegar a la meta, e incluso en la manera en la que definiremos esa meta.

Es por eso que muchas veces los psicólogos organizacionales o del ámbito clínico distinguimos entre la reactividad y la proactividad, dos maneras muy diferentes de interactuar con el entorno y con los retos que este nos depara.

En este artículo veremos cuál es el perfil típico de las personas reactivas, con algunos ejemplos.

Diferencias entre las personas reactivas y las personas proactivas

No existe un solo criterio para establecer una definición de lo que significa tender a la reactividad o a la proactividad, sino un grupo de estos. Sin embargo, resumiendo, podemos decir que las personas reactivas son aquellas que al detectar un problema o reto, permanecen a la espera para ver si otros eventos del entorno dan pistas acerca de lo que hay que hacer, mientras que las personas proactivas se lanzan desde un principio a la tarea de intentar resolver ese problema con los medios en los que disponen en ese momento.

Así pues, la proactividad se relaciona con la voluntad de tomar el control de la situación, mientras que la reactividad implica un componente de evitación, es decir, intentar crear una situación en la que no sea necesario enfrentarse a cierto hecho, o en la que sea posible enfrentarse a este solo parcialmente, facilitando que otras personas u eventos intermedien.

Esto es así porque ven el entorno como un medio en el que la única manera de evitar que las cosas malas ocurran consiste en adoptar una actitud pasiva; en ese sentido “reaccionan” al ver problemas, pero no intentan alterar activamente el entorno, solo se reacomodan ellas como personas individuales para que el riesgo de que las cosas salgan mal pase de largo.

Dicho en una palabra, en las personas reactivas hay falta de iniciativa, mientras que ocurre lo contrario en el caso de las proactivas.

Características de las personas reactivas

Estos son los principales rasgos de las personas reactivas y que pueden ser observadas tanto en el ámbito profesional como en las relaciones personales y otros aspectos privados de su vida.

1. No piensan más allá de la meta

Las personas reactivas pueden ser muy creativas en otros aspectos de la vida, pero en aquellos en los que ellas no controlan aquello que hay que hacer (por ejemplo, en un puesto de trabajo como asalariado), no piensan más allá de lo que técnicamente deben hacer.

Esto hace que, aunque tengan la inteligencia para hallar nuevas soluciones a un problema, no realicen propuestas a sus superiores para cambiar determinadas cosas acerca de la manera de enfocar el problema a resolver.

2. Tienen menos asertividad

En comparación con las personas proactivas, las personas reactivas muestran una cierta falta de asertividad. Esto significa que tienen más problemas para atreverse a decir lo que piensan en algunas situaciones en las que hacerlo sería pertinente o incluso necesario, simplemente porque hacer eso conlleva el riesgo de incomodar al interlocutor.

Así pues, ante la duda, prefieren no crear situaciones que puedan salirse de lo protocolario y no causar estridencias.

 

3. Tienden a la falta de comunicación al detectar problemas

Es muy típico que las personas reactivas detecten que algo no va bien y que sin embargo no lo comuniquen hasta que el problema ha crecido mucho y resulta muy evidente. Esto se debe a que a la hora de valorar si algo va bien o no, dan mucha importancia a las normas y a las instrucciones formales, y no tanto a sus propias ideas e impresiones acerca de lo que está ocurriendo.

Por ejemplo, si una persona reactiva tiene instrucciones de repartir comida y a la vez se da cuenta de que otra parte del equipo empieza a retirar poco a poco los alimentos para almacenarlos en otra habitación, será menos probable que informen de este problema de coordinación.

4. No muestran predisposición al liderazgo

Como consecuencia de lo anterior, las personas reactivas no tienen una predisposición natural a liderar grupos de trabajo y coordinación, a no ser que estos tengan que ver con áreas que dominan muy bien y en las que se sienten sobradamente capacitadas.

5. Tienden a la evitación del conflicto en las relaciones

Al detectar posibles fuentes de conflicto, las personas reactivas reacomodan su actitud y su manera de expresar sus ideas, para no generar discusiones o enfrentamientos directos. Dicho de otro modo, dan por supuesto que si no ocultan lo que piensan, el choque de trenes ocurrirá. Esto se nota en las relaciones amorosas, en las que los problemas no resueltos pueden llegar a cronificarse por no haber sido atendidos a tiempo.

 

¿Es posible ser más proactivo?

Sí, se puede pasar de ser una persona reactiva a ser una persona proactiva, no es algo inalterable o marcado a fuego en el cerebro. Para ello es recomendable contar con la ayuda de psicólogos, que proponen un programa de cambio de hábitos y de maneras de pensar y de sentir a través de terapia.

 

Nuestra Terapia Psicológica

 

Referencias bibliográficas:

O’Donohue, W. (2003). “Psychological skills training: Issues and controversies”. The Behavior Analyst Today. J.D. Cautilli. 4 (3): 331 – 335.
Chan, K., & Drasgow, F. (2001). Toward a theory of individual differences and leadership: Understanding the motivation to lead. Journal of Applied Psychology, 86(3): pp. 481 – 498.

Diferencias entre la psicoterapia y el psicoanálisis

diferencias entre psicología y psicoanálisis

¿Cuáles son las diferencias entre la psicoterapia y el psicoanálisis? En la cultura popular, dentro del término “psicología” se agrupan muchas corrientes teóricas, prácticas y filosóficas que tienen poco que ver entre sí. Es por eso que, actualmente, se distingue entre la psicoterapia y el psicoanálisis, dos ámbitos con su propia manera de definir la relación terapeuta-paciente y el tipo de problema psicológico a abordar.

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En este artículo veremos cuáles son exactamente las diferencias entre las sesiones de psicoanálisis y las de psicoterapia, con explicaciones resumidas acerca de cada una de ellas.

Las principales diferencias entre la psicoterapia y el psicoanálisis

Estas son las claves para distinguir entre la psicoterapia y el psicoanálisis, dos conceptos que a menudo son confundidos.

1. Tienen diferentes orígenes

Tanto la psicoterapia como el psicoanálisis surgen aproximadamente a finales del siglo XIX e inicios del XX, pero lo hicieron a partir de planteamientos diferentes.

El psicoanálisis aparece de la mano de Sigmund Freud, que inspirado en los trabajos del médico Josef Breuer y Jean-Martin Charcot, planteó unas sesiones terapéuticas centradas en el fenómeno de lo inconsciente, aquellos procesos mentales que ocurren en nosotros sin que nos demos cuenta. De este modo, para Freud aquello en lo que debe intervenir el psicoanalista son fenómenos que él describía como impulsos psíquicos expresados en forma de símbolos y de conceptos que, en ocasiones, se manifiestan en nuestro comportamiento objetivo de manera automática, al margen de nuestra voluntad (por ejemplo, al estar hablando y sustituir una palabra por otra que en esa frase no tiene sentido).

Por otro lado, la psicoterapia aparece muy influida por la corriente filosófica del positivismo, de manera que desde el principio aspira a parecerse a las ciencias naturales. En este sentido, al dar sus primeros pasos, los psicólogos dedicados a la terapia con pacientes siempre intentaban crear registros sistematizados para recopilar información de los pacientes del modo más objetivo posible, de manera que los datos obtenidos de una persona fuesen comparables a los datos obtenidos de otra.

Debido a esto, el psicoanálisis ha tenido una buena acogida entre los ámbitos de análisis influidos por el post-estructuralismo y las corrientes postmodernas en general, más preocupadas por la subjetividad de los individuos, mientras que la psicoterapia aspira a ser un ámbito más de la ciencia aplicada, como podría ser la medicina.

 

2. Tienen diferentes objetivos

Tal y como hemos visto, el psicoanálisis trata de desentrañar los significados ocultos que hipotéticamente explican el malestar que está experimentando el paciente. Esto pasa por estudiar su caso particular, de manera que tanto el paciente como el psicoanalista permanecen al principio ignorantes de cuál es el principal problema en el que intervenir.

En cambio, la psicoterapia no se fundamenta en la idea de símbolos que significan más de lo que parece. Se centra en modificar las conductas en sí y los estados psicológicos indeseados, por lo que se asume que en las primeras horas de la terapia el paciente sabe más acerca del problema que el terapeuta. Por ello, en la mayoría de los casos el objetivo es resolver la situación haciendo que el paciente llegue a sus metas.

3. La duración es diferente

Como la psicoterapia pretende solucionar problemas definidos del modo menos ambiguo posible, se intenta que la duración de este proceso de mejoría del paciente sea lo más rápido posible.

En cambio, el psicoanálisis no se plantea como un proceso que vaya a terminar rápido. El motivo es que según las ideas propuestas por Sigmund Freud, el paso del tiempo y la vivencia de diferentes experiencias lleva necesariamente a ir desarrollando desajustes en nuestro lado inconsciente, aunque no siempre lleguen a ser tan graves como para requerir acudir a un profesional.

Eso sí, hace ciertas propuestas terapéuticas heredadas del psicoanálisis que sí ofrecen planes de terapia breves, de pocas semanas de duración. Es el caso de la terapia psicodinámica.

4. El psicoanálisis se basa en el pasado lejano, la psicoterapia no

Para los psicoanalistas, las vivencias de la infancia tienen un peso fundamental en el desarrollo psicológico de las personas. Es por ello que, al atender a pacientes, indagan mucho en sus recuerdos de su niñez.

En cambio, en las sesiones de psicoterapia no se suele dar por sentado que la información relativa a la infancia vaya a revelar aspectos importantes para alcanzar los objetivos terapéuticos. En cambio, se pregunta más acerca de los contextos y las situaciones que se vinculan a los momentos en los que el trastorno o problema a tratar genera más malestar, y solo se pregunta acerca del pasado para ver si esto explica aspectos concretos del presente.

 

Nuestra Terapia Psicoanálisis

Referencias bibliográficas:

Labrador F. & Muñoz, J. (1997). Manual de técnicas de modificación y terapia de conducta. Madrid: Pirámide.

Riva, G.; Baños, R.M.; Botella, C.; Mantovani, F.; Gaggioli, A. (2016). Transforming experience: The potential of augmented reality and virtual reality for enhancing personal and clinical change. Frontiers in Psychiatry. 7: 164.

Zhou, X.; Hetrick, S.E.:, Cuijpers, P.; Qin, B.; Barth J.; Whittington, C.J.; Cohen, D.; Del Giovane, C.; Liu, Y.; Michael, K.D.; Zhang, Y.; Weisz, J.R.; Xie, P. (2015). Comparative efficacy and acceptability of psychotherapies for depression in children and adolescents: A systematic review and network meta-analysis. World Psychiatry. 14 (2): 207 – 222.

5 diferencias entre un psicólogo, un pedagogo y un logopeda

psicologo pedagogo logopeda

¿Qué diferencia hay entre un psicólogo, un pedagogo y un logopeda? ¿Alguna vez te has preguntado qué es exactamente lo que estudia la psicología? Este es un tema complejo, pero resumiendo mucho se puede decir que los psicólogos nos dedicamos a estudiar el comportamiento, y a diseñar maneras de hacer que este se adapte mejor a las necesidades que surgen en el día a día de los individuos. 

Sin embargo, en esta respuesta necesariamente simplificada hay trampa, puede que ya te hayas dado cuenta. Y es que además de los psicólogos, hay otros profesionales cuyo trabajo también se ajustaría a la descripción del párrafo anterior. De entre estos, los más conocidos son los pedagogos y los logopedas, que en su día a día observan patrones de comportamiento y se esfuerzan en mejorarlos para que puedan aportar beneficios a las personas.

En este artículo veremos de las diferencias entre los psicólogos, los pedagogos y los logopedas, atendiendo a sus ámbitos de trabajo y maneras de ayudar a las personas.

Las funciones de la psicología, la logopedia y la pedagogía

Empecemos describiendo por encima en qué consisten estas tres disciplinas para comprender de un modo más sencillo cómo podemos diferenciar entre un psicólogo, un pedagogo y un logopeda.

¿Qué es la psicología?

La psicología es la ciencia del comportamiento y de los procesos mentales, lo cual implica que estudia tanto los fenómenos conductuales que se expresan en la interacción del individuo con el entorno (por ejemplo, el modo en el que una persona aprende a utilizar su espacio de trabajo) y en la interacción entre un grupo y otros grupos (por ejemplo, las dinámicas de enfrentamiento y hostilidad entre dos partes de una misma familia).

Aunque en teoría la psicología estudia la conducta en general, y son muchas las formas de vida que expresan diferentes comportamientos, a la práctica se centra más en el ser humano, dando prioridad a la resolución de problemas que nos afectan en aspectos como la salud mental, el rendimiento laboral o el deportivo, los problemas sociales y la conflictividad, etc.

Así, la psicología dispone de diferentes ramas de trabajo que se especializan en áreas específicas de la vida. Una de ellas e el aprendizaje tanto de los conocimientos acerca del mundo como de las acciones que nos permiten relacionarnos y comunicarnos con los demás, y este es el motivo por el que a veces surgen dudas acerca de cuál es la diferencia entre la psicología, la pedagogía y la logopedia, dado que en este punto parece que las tres se solapan entre ellas.

Nuestra Terapia Psicológica

¿Qué es la pedagogía?

La pedagogía se encarga, principalmente, de estudiar las dinámicas de educación y proponer mejoras que puedan ser aplicadas. Es por eso que es una disciplina muy relacionada con las actividades de los centros escolares. En la actualidad, la pedagogía centra buena parte de sus esfuerzos en los procesos de educación a la infancia que tienen lugar en escuelas e institutos, aunque no se centra exclusivamente en la juventud, ya que estamos sujetos a la influencia de entidades educativas durante toda nuestra vida.

En España, Psicología y Pedagogía son dos carreras universitarias diferentes, dado que se considera que abordan áreas de estudio claramente diferenciadas.

¿Qué es la logopedia?

Por otro lado, la logopedia se encarga de intervenir en los problemas relacionados con la comunicación entre seres humanos, especialmente en lo relativo al habla. Esto hace que a la práctica trabaje más con niños, adolescentes y gente joven, dado que las alteraciones a solucionar son mucho más frecuentes en los primeros años de vida (más adelante pueden surgir a causa de enfermedades, pero poca gente “se olvida” de comunicarse bien).

 

Nuestra Terapia Logopeda

Diferencias entre los logopedas, los psicólogos y los pedagogos

Ahora que ya hemos conocido qué es cada uno de estos ámbitos de trabajo, es hora de hablar de las diferencias que hay entre ellos.

1. La psicología es un ámbito más amplio

La primera diferencia tiene que ver con la magnitud de los contenidos con los que trabaja cada disciplina. La psicología aborda una mayor variedad de temas que la logopedia y la pedagogía, dado que su alcance abarca todos los comportamientos en general, algo que no se puede decir de las otras dos, que están pensadas para alcanzar un tipo de conocimiento más específico.

2. La pedagogía no pone énfasis en el ámbito clínico

A la práctica, tanto la psicología como la pedagogía son conocidas por tender a adaptarse a las necesidades de personas individuales, típicamente pacientes que acuden a terapia y que por sus características únicas como individuos, requieren una atención adaptada a sus necesidades. En cambio, la pedagogía piensa más en términos de colectivos, y no ofrece tanto servicios de apoyo a personas individuales sino que más bien pone sus objetivos en comprender dinámicas educativas que afectan a varias personas a la vez.

Eso sí, hay que tener en cuenta que la psicología se ocupa tanto del trato individualizado como del estudio e intervención sobre grupos y colectivos.

3. La pedagogía se centra en la educación, no en el aprendizaje en general

Tanto la psicología como la logopedia estudian procesos de aprendizaje, pero la pedagogía se centra en el mundo de la educación. Es decir, que las dos primeras tienen en cuenta cualquier proceso de aprendizaje voluntario o involuntario e implícito o explícito, mientras que la pedagogía pone su lupa en cómo las ideas, conocimientos y conceptos son aprendidos a través de procesos sociales ligados a la cultura en la que se está.

Pensemos por ejemplo en una persona que aprende a tocar un instrumento por su cuenta. Este es un proceso de aprendizaje, pero no un fenómeno educativo, tal y como sí lo sería si fuese a un conservatorio a tomar lecciones de música. Lo segundo formaría parte del ámbito de interés de la pedagogía, mientras que lo primero no.

4. La logopedia tiene una orientación más aplicada

En comparación con las otras dos, la logopedia es una disciplina científica de carácter más aplicado, y su instrumento más importante es probablemente la terapia de lenguaje. En cambio, la psicología y la pedagogía tienen una faceta aplicada y otra centrada en la generación de teorías generales, y entre ambas hay una relación de igualdad.

 

5. La logopedia se centra en los déficits

El principal objetivo de la logopedia es ayudar a personas que tienen problemas comunicativos que la mayoría de las personas no tienen. En cambio, la psicología y la pedagogía no se centran especialmente en las personas con déficits, sino que también pueden trabajar en mejorar lo que ya funciona.

Referencias bibliográficas:

Illeris, K. (2004). The three dimensions of learning. Malabar: Krieger Pub. Co.
Kincheloe, Joe (2008). Critical Pedagogy Primer. New York: Peter Lang.
Richard G.J. (2011). The role of the speech-language pathologist in identifying and treating children with auditory processing disorder. Lang Speech Hear Serv Sch. 42 (3): 241 – 245.
Vidales, I. (2004). Psicología general. México D.F.: Limusa.

¿Por qué me siento aletargado?

Por qué me siento aletargado

Muchas veces, el motivo que lleva a las personas a pedir cita con el psicólogo no tiene tanto que ver con un gran sufrimiento emocional ni por el hecho de tener problemas en las relaciones personales, sino que tiene que ver con la confusión que produce lo que se siente, ¿por qué me siento aletargado?

Y es que si ya tendemos a querer conocer el porqué de lo que ocurre a nuestro alrededor, cuando aquello que no entendemos ocurre en nuestra propia mente, llegar a comprender lo que está pasando es aún más importante, sobre todo si nos genera alguna incomodidad o nos pone trabas a la hora de llegar a nuestras metas.

Es por ello que en este artículo nos centraremos en una de las preguntas que se escuchan más en las primeras sesiones de psicoterapia: ¿por qué me siento aletargado? Daremos un repaso a los diferentes fenómenos a los que puede referirse este concepto, y a sus causas probables.

La importancia de reconocer emociones

Uno de los aspectos más complicados de la psicología tiene que ver con saber identificar el estado emocional en el que nos encontramos. Es decir, ser capaces de identificar correctamente las emociones que predominan en nosotros en un momento determinado.

Nadie nace sabiendo, y por eso es muy frecuente no saber muy bien qué nos pasa cuando nos sentimos raros, o cuando nos invaden sensaciones complejas o aparentemente contradictorias. Y, por supuesto, si ni siquiera entendemos bien la emoción que sentimos, es más complicado aún saber por qué nos sentimos de esa manera.

Por ejemplo, se ha visto que las personas con menos habilidad a la hora de identificar sus emociones es más propensa, estadísticamente, a comer sin hambre por el simple hecho de aliviar el malestar que generan las emociones negativas. De este modo se intenta “compensar” mediante sensaciones placenteras un estado emocional que en realidad tiene una causa no fisiológica (por ejemplo, la ansiedad que produce la fecha de un examen que cada día está más próximo).

De este modo, es importante evitar términos ambiguos y conocer los conceptos psicológicos que resultan útiles para saber lo que realmente está pasando en nosotros.

¿Por qué me siento aletargado? Una pregunta habitual en terapia

Vayamos al caso específico: la pregunta típica de “¿por qué me siento aletargado?”. Aquí veremos desde la respuesta más obvia a esto, relacionada con los problemas para dormir, hasta otros fenómenos psicológicos de causas más difusas y complejas.

Y es que el concepto de “aletargado” puede estar refiriéndose a muchas cosas diferentes. Por un lado, podría vincularse a la necesidad de descansar más, que se plasma en una serie de síntomas bien conocidos por la medicina y la psicología clínica. Pero por el otro, puede deberse a sintomatología asociada a los trastornos del estado del ánimo, como veremos (aunque no en todos los casos tiene por qué llegar a un grado de intensidad en el que se considere patológico).

Posibles causas

Estas son las razones habituales por las que los pacientes comentan que se sienten aletargados.

1. Trastornos del sueño

Esta es una de las causas más habituales de la sensación de estar aletargado, y de hecho es el que se corresponde mejor con el significado de la palabra en castellano. La sensación de sueño tiene unas características propias identificables por la mayor parte de las personas, y se caracteriza por la fisicalidad: dolor o sensación de incomodidad en los ojos, tendencia a bostezar a lo largo del día, segregación de lágrima, etc.

Por otro lado, el insomnio es uno de los trastornos del sueño que generan esta sensación de manera más frecuente. Esto se debe a que resta horas de sueño, lo cual impide que el sistema nervioso se prepare adecuadamente para afrontar un nuevo día. La buena noticia es que, a no ser que exista una enfermedad física que propicie este problema, suele ser relativamente sencillo superar el insomnio con la adecuada asistencia profesional.

2. Abulia

La Abulia es una alteración psicológica caracterizada por la falta de motivación y de interés por la mayoría de las actividades o de las posibilidades de acción que nos plantea el día a día. Se trata de una actividad clínica que frecuentemente aparece junto con la depresión o con las demencias, y que a la práctica lleva a que la persona se sienta vacía emocionalmente, sin nada que sea capaz de ilusionarla.

Por eso, las personas que desarrollan abulia adoptan un estilo de vida más bien pasivo, tienden a aislarse socialmente (a causa de que la energía y la implicación necesarias para socializar las sobrepasa), y notan que no hay demasiada diferencia entre lo que sienten cuando están despiertas y lo que sienten cuando están dormitando. La característica clave aquí es la falta de interés y de motivación por interactuar con el entorno, o incluso por adentrarse en actividades introspectivas.

3. Depresión

La depresión es otra de las alteraciones psicológicas que pueden ser confundidas con el aletargamiento.

Es uno de los trastornos psicológicos más frecuentes, y aunque sus síntomas son variados y no todos se dan a la vez en la misma persona, se caracteriza por el bajo estado de ánimo y la fatiga mental.

Es por eso que las personas con depresión suelen sentir que están vacías emocionalmente, y que les cuesta conectar con lo que ocurre a su alrededor (de un modo similar a lo que ocurre con la abulia, con la que de hecho se solapa a menudo).

 

4. Anhedonia

Finalmente, la anhedonia puede ser otro de los fenómenos psicológicos de relevancia clínica que lleven a alguien a preguntarse por su estado de aparente aletargamiento.

Esta alteración, que al igual que la abulia se suele solapar con la depresión, se caracteriza por la incapacidad por experimentar plenamente alegría o placer. Esto hace que la persona apenas sienta estímulos positivos en su día a día.

¿Buscas ayuda profesional?

Hay que tener en cuenta que aunque aquí hayamos visto varios posibles motivos por los que puede surgir aletargamiento, el más habitual surge de los trastornos del sueño, y en concreto del insomnio.

La palabra trastorno no implica que sea una enfermedad crónica, y de hecho el tratamiento psicológico suele ayudar mucho a superarlo en poco tiempo. Si te interesa contar con nuestro equipo de profesionales de la salud mental, te invitamos a pedir cita con nosotros.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Berrios, G.E. and Gili M. (1995) Abulia and impulsiveness revisited. Acta Psychiatrica Scandinavica 92: 161 – 167.
Hays RD, Wells KB, Sherbourne CD (1995). «Functioning and well-being outcomes of patients with depression compared with chronic general medical illnesses». Archives of General Psychiatry 52 (1): 11 – 19.
Mahowald, M. (2000). What is causing excessive daytime sleepiness? Evaluation to distinguish sleep deprivation from sleep disorders. Postgraduate Medicine. 107(3): 108 – 110, 115 – 118, 123.