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Qué hacer para ayudar a una persona que se quiere suicidar

ayudar a una persona que se quiere suicidar

¿Qué hacer para ayudar a una persona que se quiere suicidar?. La ideación suicida es un fenómeno intensamente estudiado por la psicología, debido a la evidente importancia de poder desarrollar programas de prevención e intervención capaces de salvar vidas. Es por ello que los expertos en salud mental y psicoterapia intentan actualizarse lo más rápidamente posible para estar al corriente de las últimas tendencias y descubrimientos.

Sin embargo, en los primeros momentos en los que alguien se plantea terminar con su vida, cuando aún no ha entrado en contacto con el apoyo psicológico de los profesionales, también hay medidas que pueden y deben tomar quienes rodean a esa persona, y que la conduzcan a la recuperación. E incluso cuando esa persona ya está en terapia, la implicación de amigos y familiares resulta muy importante.

Es por ello que en este artículo veremos qué hacer para ayudar a una persona que se quiere suicidar; repasaremos varias ideas clave para que no consume esas ideas y, sobre todo, cómo ofrecerle alternativas para que poner fin a su vida de manera voluntaria deje de tener sentido.

 

¿Cómo ayudar a una persona que se quiere suicidar?

Aplica estos consejos si crees que alguien de tu entorno se está planteando suicidarse, pero ten en cuenta que en el momento en el que haya un profesional que supervise el caso, sus propuestas pasan a ser aquellas a seguir, dado que estarán adaptadas al caso particular y a las características de esa persona.

 

1. Exprésale tu preocupación

Para abrir una vía de conversación sobre el tema, háblale desde tu punto de vista acerca de aquellos aspectos de su comportamiento que te han hecho preocuparte. De esta manera conseguirás el doble efecto de pedirle que te informe sobre lo que le ocurre, y hacerlo mostrando tu disposición a ayudar y a dar apoyo emocional.

2. Pregúntale si tiene un plan

Es importante saber hasta qué punto ha estado madurando la idea de suicidarse, para hacerte una idea del grado de urgencia que hay. Para ello, pregúntale los detalles de lo que ha estado pensando, si tiene algo planeado y si ha fijado un calendario.

Evidentemente, esto no debe ser lo primero que preguntes en esta conversación, porque antes es importante crear la conexión emocional; que la otra persona sepa que seguir hablando no servirá solo para frustrar sus ganas de morir, sino que le aportará un nuevo contexto en el que podría dejar de ser infeliz.

3. Escucha y no prejuzgues

Quien debe tener más espacio para expresarse es la otra persona, no tú. Esta conversación no debe ser una en la que des lecciones de moralidad ni de cómo debe vivir su vida la otra persona: estás recopilando información para que la intervención en esa persona sea más fácil y llegue a tiempo.

Así, respeta sus turnos de palabra sin interrumpir, no le des máximas de vida en términos abstractos como si se tratase de un mitin político o una charla religiosa, y limítate a hacer lo posible para que quien piensa en el suicidio pueda abrirse y expresar lo que siente. También es importante que no cuestiones sus emociones y sentimientos, incluso aunque a ti te parezca que “no hay para tanto”.

4. Ofrécele una alternativa y acompañamiento

No le pidas a esa persona que actúe de una manera diferente para “dejar de estar triste”; probablemente no tiene fuerzas para hacerlo por sí misma. En vez de eso, proponle ampliar esa red de apoyo de la que tú eres la primera pieza: podéis ir juntos a que le diga cómo se siente a otra persona con la que tenga confianza (un amigo o ser querido de la familia).

Y lo que es más importante, de manera proactiva debes animarla a pedir ayuda profesional cuanto antes, sin dejar de ofrecerle apoyo e incluso acompañándola a la primera sesión d terapia si puedes (si no, puede hacerlo otra persona de esa red de apoyo que has contribuido a formar a su alrededor).

5. Ayúdala a seguir su tratamiento

Dependiendo de tu grado de proximidad con esa persona, implícate en lo posible en su progreso terapéutico; interésate por sus avances, ofrece tu ayuda para que sea más fácil no abandonar la terapia, felicítale cuando haya llegado a determinado objetivo, etc.

Si convives con esa persona, es bueno que negociéis algún modo por el cual puedes reducir su riesgo de suicidio manteniendo fuera de su alcance elementos peligrosos. Por ejemplo, llevando solo tú la llave de la caja de los medicamentos.

 

¿Buscas ayuda?

La ideación suicida es uno de los síntomas habituales de la depresión, trastorno que puede ser abordado de manera exitosa a través de la psicoterapia. Si necesitas ayuda para superar situaciones de este tipo, te invitamos a ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos.

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Referencias bibliográficas:

Brown, G.K.; et al. (2005). The internal struggle between the wish to die and the wish to live: a risk factor for suicide. American Journal of Psychiatry. 162(10): 1977 – 1979.
Galynker, I. (2017). The Suicidal Crisis: Clinical Guide to the Assessment of Imminent Suicide Risk. Nueva York: Oxford University Press.
Soloff, P.H.; Kevin, G.L.; Thomas, M.K.; Kevin, M.M.; Mann, J.J. (2000). Characteristics of Suicide Attempts of Patients With Major Depressive Episode and Borderline Personality Disorder: A Comparative Study. American Journal of Psychiatry. 157 (4): 601 – 608.
Valenstein, H.; Cronkite, R.C.; Moos, R.H.; Snipes, C.; Timko, C. (2012). Suicidal ideation in adult offspring of depressed and matched control parents: Childhood and concurrent predictors. Journal of Mental Health. 21 (5): 459 – 468.

Personas reactivas: estos rasgos las caracterizan

personas reactivas

A la hora de impulsar proyectos, ya sean personales o profesionales, la actitud es muy importante. Y es que la disposición con la que afrontamos las tareas influye mucho en toda la cadena de pasos que recorreremos para llegar a la meta, e incluso en la manera en la que definiremos esa meta.

Es por eso que muchas veces los psicólogos organizacionales o del ámbito clínico distinguimos entre la reactividad y la proactividad, dos maneras muy diferentes de interactuar con el entorno y con los retos que este nos depara.

En este artículo veremos cuál es el perfil típico de las personas reactivas, con algunos ejemplos.

Diferencias entre las personas reactivas y las personas proactivas

No existe un solo criterio para establecer una definición de lo que significa tender a la reactividad o a la proactividad, sino un grupo de estos. Sin embargo, resumiendo, podemos decir que las personas reactivas son aquellas que al detectar un problema o reto, permanecen a la espera para ver si otros eventos del entorno dan pistas acerca de lo que hay que hacer, mientras que las personas proactivas se lanzan desde un principio a la tarea de intentar resolver ese problema con los medios en los que disponen en ese momento.

Así pues, la proactividad se relaciona con la voluntad de tomar el control de la situación, mientras que la reactividad implica un componente de evitación, es decir, intentar crear una situación en la que no sea necesario enfrentarse a cierto hecho, o en la que sea posible enfrentarse a este solo parcialmente, facilitando que otras personas u eventos intermedien.

Esto es así porque ven el entorno como un medio en el que la única manera de evitar que las cosas malas ocurran consiste en adoptar una actitud pasiva; en ese sentido “reaccionan” al ver problemas, pero no intentan alterar activamente el entorno, solo se reacomodan ellas como personas individuales para que el riesgo de que las cosas salgan mal pase de largo.

Dicho en una palabra, en las personas reactivas hay falta de iniciativa, mientras que ocurre lo contrario en el caso de las proactivas.

Características de las personas reactivas

Estos son los principales rasgos de las personas reactivas y que pueden ser observadas tanto en el ámbito profesional como en las relaciones personales y otros aspectos privados de su vida.

1. No piensan más allá de la meta

Las personas reactivas pueden ser muy creativas en otros aspectos de la vida, pero en aquellos en los que ellas no controlan aquello que hay que hacer (por ejemplo, en un puesto de trabajo como asalariado), no piensan más allá de lo que técnicamente deben hacer.

Esto hace que, aunque tengan la inteligencia para hallar nuevas soluciones a un problema, no realicen propuestas a sus superiores para cambiar determinadas cosas acerca de la manera de enfocar el problema a resolver.

2. Tienen menos asertividad

En comparación con las personas proactivas, las personas reactivas muestran una cierta falta de asertividad. Esto significa que tienen más problemas para atreverse a decir lo que piensan en algunas situaciones en las que hacerlo sería pertinente o incluso necesario, simplemente porque hacer eso conlleva el riesgo de incomodar al interlocutor.

Así pues, ante la duda, prefieren no crear situaciones que puedan salirse de lo protocolario y no causar estridencias.

 

3. Tienden a la falta de comunicación al detectar problemas

Es muy típico que las personas reactivas detecten que algo no va bien y que sin embargo no lo comuniquen hasta que el problema ha crecido mucho y resulta muy evidente. Esto se debe a que a la hora de valorar si algo va bien o no, dan mucha importancia a las normas y a las instrucciones formales, y no tanto a sus propias ideas e impresiones acerca de lo que está ocurriendo.

Por ejemplo, si una persona reactiva tiene instrucciones de repartir comida y a la vez se da cuenta de que otra parte del equipo empieza a retirar poco a poco los alimentos para almacenarlos en otra habitación, será menos probable que informen de este problema de coordinación.

4. No muestran predisposición al liderazgo

Como consecuencia de lo anterior, las personas reactivas no tienen una predisposición natural a liderar grupos de trabajo y coordinación, a no ser que estos tengan que ver con áreas que dominan muy bien y en las que se sienten sobradamente capacitadas.

5. Tienden a la evitación del conflicto en las relaciones

Al detectar posibles fuentes de conflicto, las personas reactivas reacomodan su actitud y su manera de expresar sus ideas, para no generar discusiones o enfrentamientos directos. Dicho de otro modo, dan por supuesto que si no ocultan lo que piensan, el choque de trenes ocurrirá. Esto se nota en las relaciones amorosas, en las que los problemas no resueltos pueden llegar a cronificarse por no haber sido atendidos a tiempo.

 

¿Es posible ser más proactivo?

Sí, se puede pasar de ser una persona reactiva a ser una persona proactiva, no es algo inalterable o marcado a fuego en el cerebro. Para ello es recomendable contar con la ayuda de psicólogos, que proponen un programa de cambio de hábitos y de maneras de pensar y de sentir a través de terapia.

 

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Referencias bibliográficas:

O’Donohue, W. (2003). “Psychological skills training: Issues and controversies”. The Behavior Analyst Today. J.D. Cautilli. 4 (3): 331 – 335.
Chan, K., & Drasgow, F. (2001). Toward a theory of individual differences and leadership: Understanding the motivation to lead. Journal of Applied Psychology, 86(3): pp. 481 – 498.

Diferencias entre la psicoterapia y el psicoanálisis

diferencias entre psicología y psicoanálisis

¿Cuáles son las diferencias entre la psicoterapia y el psicoanálisis? En la cultura popular, dentro del término “psicología” se agrupan muchas corrientes teóricas, prácticas y filosóficas que tienen poco que ver entre sí. Es por eso que, actualmente, se distingue entre la psicoterapia y el psicoanálisis, dos ámbitos con su propia manera de definir la relación terapeuta-paciente y el tipo de problema psicológico a abordar.

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En este artículo veremos cuáles son exactamente las diferencias entre las sesiones de psicoanálisis y las de psicoterapia, con explicaciones resumidas acerca de cada una de ellas.

Las principales diferencias entre la psicoterapia y el psicoanálisis

Estas son las claves para distinguir entre la psicoterapia y el psicoanálisis, dos conceptos que a menudo son confundidos.

1. Tienen diferentes orígenes

Tanto la psicoterapia como el psicoanálisis surgen aproximadamente a finales del siglo XIX e inicios del XX, pero lo hicieron a partir de planteamientos diferentes.

El psicoanálisis aparece de la mano de Sigmund Freud, que inspirado en los trabajos del médico Josef Breuer y Jean-Martin Charcot, planteó unas sesiones terapéuticas centradas en el fenómeno de lo inconsciente, aquellos procesos mentales que ocurren en nosotros sin que nos demos cuenta. De este modo, para Freud aquello en lo que debe intervenir el psicoanalista son fenómenos que él describía como impulsos psíquicos expresados en forma de símbolos y de conceptos que, en ocasiones, se manifiestan en nuestro comportamiento objetivo de manera automática, al margen de nuestra voluntad (por ejemplo, al estar hablando y sustituir una palabra por otra que en esa frase no tiene sentido).

Por otro lado, la psicoterapia aparece muy influida por la corriente filosófica del positivismo, de manera que desde el principio aspira a parecerse a las ciencias naturales. En este sentido, al dar sus primeros pasos, los psicólogos dedicados a la terapia con pacientes siempre intentaban crear registros sistematizados para recopilar información de los pacientes del modo más objetivo posible, de manera que los datos obtenidos de una persona fuesen comparables a los datos obtenidos de otra.

Debido a esto, el psicoanálisis ha tenido una buena acogida entre los ámbitos de análisis influidos por el post-estructuralismo y las corrientes postmodernas en general, más preocupadas por la subjetividad de los individuos, mientras que la psicoterapia aspira a ser un ámbito más de la ciencia aplicada, como podría ser la medicina.

 

2. Tienen diferentes objetivos

Tal y como hemos visto, el psicoanálisis trata de desentrañar los significados ocultos que hipotéticamente explican el malestar que está experimentando el paciente. Esto pasa por estudiar su caso particular, de manera que tanto el paciente como el psicoanalista permanecen al principio ignorantes de cuál es el principal problema en el que intervenir.

En cambio, la psicoterapia no se fundamenta en la idea de símbolos que significan más de lo que parece. Se centra en modificar las conductas en sí y los estados psicológicos indeseados, por lo que se asume que en las primeras horas de la terapia el paciente sabe más acerca del problema que el terapeuta. Por ello, en la mayoría de los casos el objetivo es resolver la situación haciendo que el paciente llegue a sus metas.

3. La duración es diferente

Como la psicoterapia pretende solucionar problemas definidos del modo menos ambiguo posible, se intenta que la duración de este proceso de mejoría del paciente sea lo más rápido posible.

En cambio, el psicoanálisis no se plantea como un proceso que vaya a terminar rápido. El motivo es que según las ideas propuestas por Sigmund Freud, el paso del tiempo y la vivencia de diferentes experiencias lleva necesariamente a ir desarrollando desajustes en nuestro lado inconsciente, aunque no siempre lleguen a ser tan graves como para requerir acudir a un profesional.

Eso sí, hace ciertas propuestas terapéuticas heredadas del psicoanálisis que sí ofrecen planes de terapia breves, de pocas semanas de duración. Es el caso de la terapia psicodinámica.

4. El psicoanálisis se basa en el pasado lejano, la psicoterapia no

Para los psicoanalistas, las vivencias de la infancia tienen un peso fundamental en el desarrollo psicológico de las personas. Es por ello que, al atender a pacientes, indagan mucho en sus recuerdos de su niñez.

En cambio, en las sesiones de psicoterapia no se suele dar por sentado que la información relativa a la infancia vaya a revelar aspectos importantes para alcanzar los objetivos terapéuticos. En cambio, se pregunta más acerca de los contextos y las situaciones que se vinculan a los momentos en los que el trastorno o problema a tratar genera más malestar, y solo se pregunta acerca del pasado para ver si esto explica aspectos concretos del presente.

 

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Referencias bibliográficas:

Labrador F. & Muñoz, J. (1997). Manual de técnicas de modificación y terapia de conducta. Madrid: Pirámide.

Riva, G.; Baños, R.M.; Botella, C.; Mantovani, F.; Gaggioli, A. (2016). Transforming experience: The potential of augmented reality and virtual reality for enhancing personal and clinical change. Frontiers in Psychiatry. 7: 164.

Zhou, X.; Hetrick, S.E.:, Cuijpers, P.; Qin, B.; Barth J.; Whittington, C.J.; Cohen, D.; Del Giovane, C.; Liu, Y.; Michael, K.D.; Zhang, Y.; Weisz, J.R.; Xie, P. (2015). Comparative efficacy and acceptability of psychotherapies for depression in children and adolescents: A systematic review and network meta-analysis. World Psychiatry. 14 (2): 207 – 222.

5 diferencias entre un psicólogo, un pedagogo y un logopeda

psicologo pedagogo logopeda

¿Qué diferencia hay entre un psicólogo, un pedagogo y un logopeda? ¿Alguna vez te has preguntado qué es exactamente lo que estudia la psicología? Este es un tema complejo, pero resumiendo mucho se puede decir que los psicólogos nos dedicamos a estudiar el comportamiento, y a diseñar maneras de hacer que este se adapte mejor a las necesidades que surgen en el día a día de los individuos. 

Sin embargo, en esta respuesta necesariamente simplificada hay trampa, puede que ya te hayas dado cuenta. Y es que además de los psicólogos, hay otros profesionales cuyo trabajo también se ajustaría a la descripción del párrafo anterior. De entre estos, los más conocidos son los pedagogos y los logopedas, que en su día a día observan patrones de comportamiento y se esfuerzan en mejorarlos para que puedan aportar beneficios a las personas.

En este artículo veremos de las diferencias entre los psicólogos, los pedagogos y los logopedas, atendiendo a sus ámbitos de trabajo y maneras de ayudar a las personas.

Las funciones de la psicología, la logopedia y la pedagogía

Empecemos describiendo por encima en qué consisten estas tres disciplinas para comprender de un modo más sencillo cómo podemos diferenciar entre un psicólogo, un pedagogo y un logopeda.

¿Qué es la psicología?

La psicología es la ciencia del comportamiento y de los procesos mentales, lo cual implica que estudia tanto los fenómenos conductuales que se expresan en la interacción del individuo con el entorno (por ejemplo, el modo en el que una persona aprende a utilizar su espacio de trabajo) y en la interacción entre un grupo y otros grupos (por ejemplo, las dinámicas de enfrentamiento y hostilidad entre dos partes de una misma familia).

Aunque en teoría la psicología estudia la conducta en general, y son muchas las formas de vida que expresan diferentes comportamientos, a la práctica se centra más en el ser humano, dando prioridad a la resolución de problemas que nos afectan en aspectos como la salud mental, el rendimiento laboral o el deportivo, los problemas sociales y la conflictividad, etc.

Así, la psicología dispone de diferentes ramas de trabajo que se especializan en áreas específicas de la vida. Una de ellas e el aprendizaje tanto de los conocimientos acerca del mundo como de las acciones que nos permiten relacionarnos y comunicarnos con los demás, y este es el motivo por el que a veces surgen dudas acerca de cuál es la diferencia entre la psicología, la pedagogía y la logopedia, dado que en este punto parece que las tres se solapan entre ellas.

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¿Qué es la pedagogía?

La pedagogía se encarga, principalmente, de estudiar las dinámicas de educación y proponer mejoras que puedan ser aplicadas. Es por eso que es una disciplina muy relacionada con las actividades de los centros escolares. En la actualidad, la pedagogía centra buena parte de sus esfuerzos en los procesos de educación a la infancia que tienen lugar en escuelas e institutos, aunque no se centra exclusivamente en la juventud, ya que estamos sujetos a la influencia de entidades educativas durante toda nuestra vida.

En España, Psicología y Pedagogía son dos carreras universitarias diferentes, dado que se considera que abordan áreas de estudio claramente diferenciadas.

¿Qué es la logopedia?

Por otro lado, la logopedia se encarga de intervenir en los problemas relacionados con la comunicación entre seres humanos, especialmente en lo relativo al habla. Esto hace que a la práctica trabaje más con niños, adolescentes y gente joven, dado que las alteraciones a solucionar son mucho más frecuentes en los primeros años de vida (más adelante pueden surgir a causa de enfermedades, pero poca gente “se olvida” de comunicarse bien).

 

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Diferencias entre los logopedas, los psicólogos y los pedagogos

Ahora que ya hemos conocido qué es cada uno de estos ámbitos de trabajo, es hora de hablar de las diferencias que hay entre ellos.

1. La psicología es un ámbito más amplio

La primera diferencia tiene que ver con la magnitud de los contenidos con los que trabaja cada disciplina. La psicología aborda una mayor variedad de temas que la logopedia y la pedagogía, dado que su alcance abarca todos los comportamientos en general, algo que no se puede decir de las otras dos, que están pensadas para alcanzar un tipo de conocimiento más específico.

2. La pedagogía no pone énfasis en el ámbito clínico

A la práctica, tanto la psicología como la pedagogía son conocidas por tender a adaptarse a las necesidades de personas individuales, típicamente pacientes que acuden a terapia y que por sus características únicas como individuos, requieren una atención adaptada a sus necesidades. En cambio, la pedagogía piensa más en términos de colectivos, y no ofrece tanto servicios de apoyo a personas individuales sino que más bien pone sus objetivos en comprender dinámicas educativas que afectan a varias personas a la vez.

Eso sí, hay que tener en cuenta que la psicología se ocupa tanto del trato individualizado como del estudio e intervención sobre grupos y colectivos.

3. La pedagogía se centra en la educación, no en el aprendizaje en general

Tanto la psicología como la logopedia estudian procesos de aprendizaje, pero la pedagogía se centra en el mundo de la educación. Es decir, que las dos primeras tienen en cuenta cualquier proceso de aprendizaje voluntario o involuntario e implícito o explícito, mientras que la pedagogía pone su lupa en cómo las ideas, conocimientos y conceptos son aprendidos a través de procesos sociales ligados a la cultura en la que se está.

Pensemos por ejemplo en una persona que aprende a tocar un instrumento por su cuenta. Este es un proceso de aprendizaje, pero no un fenómeno educativo, tal y como sí lo sería si fuese a un conservatorio a tomar lecciones de música. Lo segundo formaría parte del ámbito de interés de la pedagogía, mientras que lo primero no.

4. La logopedia tiene una orientación más aplicada

En comparación con las otras dos, la logopedia es una disciplina científica de carácter más aplicado, y su instrumento más importante es probablemente la terapia de lenguaje. En cambio, la psicología y la pedagogía tienen una faceta aplicada y otra centrada en la generación de teorías generales, y entre ambas hay una relación de igualdad.

 

5. La logopedia se centra en los déficits

El principal objetivo de la logopedia es ayudar a personas que tienen problemas comunicativos que la mayoría de las personas no tienen. En cambio, la psicología y la pedagogía no se centran especialmente en las personas con déficits, sino que también pueden trabajar en mejorar lo que ya funciona.

Referencias bibliográficas:

Illeris, K. (2004). The three dimensions of learning. Malabar: Krieger Pub. Co.
Kincheloe, Joe (2008). Critical Pedagogy Primer. New York: Peter Lang.
Richard G.J. (2011). The role of the speech-language pathologist in identifying and treating children with auditory processing disorder. Lang Speech Hear Serv Sch. 42 (3): 241 – 245.
Vidales, I. (2004). Psicología general. México D.F.: Limusa.

¿Por qué me siento aletargado?

Por qué me siento aletargado

Muchas veces, el motivo que lleva a las personas a pedir cita con el psicólogo no tiene tanto que ver con un gran sufrimiento emocional ni por el hecho de tener problemas en las relaciones personales, sino que tiene que ver con la confusión que produce lo que se siente, ¿por qué me siento aletargado?

Y es que si ya tendemos a querer conocer el porqué de lo que ocurre a nuestro alrededor, cuando aquello que no entendemos ocurre en nuestra propia mente, llegar a comprender lo que está pasando es aún más importante, sobre todo si nos genera alguna incomodidad o nos pone trabas a la hora de llegar a nuestras metas.

Es por ello que en este artículo nos centraremos en una de las preguntas que se escuchan más en las primeras sesiones de psicoterapia: ¿por qué me siento aletargado? Daremos un repaso a los diferentes fenómenos a los que puede referirse este concepto, y a sus causas probables.

La importancia de reconocer emociones

Uno de los aspectos más complicados de la psicología tiene que ver con saber identificar el estado emocional en el que nos encontramos. Es decir, ser capaces de identificar correctamente las emociones que predominan en nosotros en un momento determinado.

Nadie nace sabiendo, y por eso es muy frecuente no saber muy bien qué nos pasa cuando nos sentimos raros, o cuando nos invaden sensaciones complejas o aparentemente contradictorias. Y, por supuesto, si ni siquiera entendemos bien la emoción que sentimos, es más complicado aún saber por qué nos sentimos de esa manera.

Por ejemplo, se ha visto que las personas con menos habilidad a la hora de identificar sus emociones es más propensa, estadísticamente, a comer sin hambre por el simple hecho de aliviar el malestar que generan las emociones negativas. De este modo se intenta “compensar” mediante sensaciones placenteras un estado emocional que en realidad tiene una causa no fisiológica (por ejemplo, la ansiedad que produce la fecha de un examen que cada día está más próximo).

De este modo, es importante evitar términos ambiguos y conocer los conceptos psicológicos que resultan útiles para saber lo que realmente está pasando en nosotros.

¿Por qué me siento aletargado? Una pregunta habitual en terapia

Vayamos al caso específico: la pregunta típica de “¿por qué me siento aletargado?”. Aquí veremos desde la respuesta más obvia a esto, relacionada con los problemas para dormir, hasta otros fenómenos psicológicos de causas más difusas y complejas.

Y es que el concepto de “aletargado” puede estar refiriéndose a muchas cosas diferentes. Por un lado, podría vincularse a la necesidad de descansar más, que se plasma en una serie de síntomas bien conocidos por la medicina y la psicología clínica. Pero por el otro, puede deberse a sintomatología asociada a los trastornos del estado del ánimo, como veremos (aunque no en todos los casos tiene por qué llegar a un grado de intensidad en el que se considere patológico).

Posibles causas

Estas son las razones habituales por las que los pacientes comentan que se sienten aletargados.

1. Trastornos del sueño

Esta es una de las causas más habituales de la sensación de estar aletargado, y de hecho es el que se corresponde mejor con el significado de la palabra en castellano. La sensación de sueño tiene unas características propias identificables por la mayor parte de las personas, y se caracteriza por la fisicalidad: dolor o sensación de incomodidad en los ojos, tendencia a bostezar a lo largo del día, segregación de lágrima, etc.

Por otro lado, el insomnio es uno de los trastornos del sueño que generan esta sensación de manera más frecuente. Esto se debe a que resta horas de sueño, lo cual impide que el sistema nervioso se prepare adecuadamente para afrontar un nuevo día. La buena noticia es que, a no ser que exista una enfermedad física que propicie este problema, suele ser relativamente sencillo superar el insomnio con la adecuada asistencia profesional.

2. Abulia

La Abulia es una alteración psicológica caracterizada por la falta de motivación y de interés por la mayoría de las actividades o de las posibilidades de acción que nos plantea el día a día. Se trata de una actividad clínica que frecuentemente aparece junto con la depresión o con las demencias, y que a la práctica lleva a que la persona se sienta vacía emocionalmente, sin nada que sea capaz de ilusionarla.

Por eso, las personas que desarrollan abulia adoptan un estilo de vida más bien pasivo, tienden a aislarse socialmente (a causa de que la energía y la implicación necesarias para socializar las sobrepasa), y notan que no hay demasiada diferencia entre lo que sienten cuando están despiertas y lo que sienten cuando están dormitando. La característica clave aquí es la falta de interés y de motivación por interactuar con el entorno, o incluso por adentrarse en actividades introspectivas.

3. Depresión

La depresión es otra de las alteraciones psicológicas que pueden ser confundidas con el aletargamiento.

Es uno de los trastornos psicológicos más frecuentes, y aunque sus síntomas son variados y no todos se dan a la vez en la misma persona, se caracteriza por el bajo estado de ánimo y la fatiga mental.

Es por eso que las personas con depresión suelen sentir que están vacías emocionalmente, y que les cuesta conectar con lo que ocurre a su alrededor (de un modo similar a lo que ocurre con la abulia, con la que de hecho se solapa a menudo).

 

4. Anhedonia

Finalmente, la anhedonia puede ser otro de los fenómenos psicológicos de relevancia clínica que lleven a alguien a preguntarse por su estado de aparente aletargamiento.

Esta alteración, que al igual que la abulia se suele solapar con la depresión, se caracteriza por la incapacidad por experimentar plenamente alegría o placer. Esto hace que la persona apenas sienta estímulos positivos en su día a día.

¿Buscas ayuda profesional?

Hay que tener en cuenta que aunque aquí hayamos visto varios posibles motivos por los que puede surgir aletargamiento, el más habitual surge de los trastornos del sueño, y en concreto del insomnio.

La palabra trastorno no implica que sea una enfermedad crónica, y de hecho el tratamiento psicológico suele ayudar mucho a superarlo en poco tiempo. Si te interesa contar con nuestro equipo de profesionales de la salud mental, te invitamos a pedir cita con nosotros.

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Referencias bibliográficas:

Berrios, G.E. and Gili M. (1995) Abulia and impulsiveness revisited. Acta Psychiatrica Scandinavica 92: 161 – 167.
Hays RD, Wells KB, Sherbourne CD (1995). «Functioning and well-being outcomes of patients with depression compared with chronic general medical illnesses». Archives of General Psychiatry 52 (1): 11 – 19.
Mahowald, M. (2000). What is causing excessive daytime sleepiness? Evaluation to distinguish sleep deprivation from sleep disorders. Postgraduate Medicine. 107(3): 108 – 110, 115 – 118, 123.

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