Psicología

como mejorar la relación entre hermanos

Mala relación entre hermanos: ¿cómo mejorarla?

Normalmente damos por supuesto que los miembros de la familia mantienen un fuerte vínculo de afecto que los une. En el caso de los hermanos, este lazo emocional suele ser descrito como una relación entre personas que se ayudan mutuamente y que se dan apoyo emocional, sobre todo cuando no hay mucha diferencia de edad entre ellas. Esto hace que incluso lleguemos a usar el concepto de “hermandad” para designar a las relaciones estrechas y basadas en la solidaridad y el respeto mutuo. Decir que “esa persona es como un hermano para mí” es una manera fácil y sencilla de expresar que existe una amistad profunda.

Sin embargo, más allá de la teoría, la práctica nos dice que la mala relación entre hermanos es una realidad relativamente frecuente. ¿Qué podemos hacer para mejorarla?

Cómo mejorar la mala relación entre hermanos

Veamos ahora una serie de consejos para mejorar la relación entre hermanos. En todos los casos hay que tener en cuenta que incluso si tenemos más de un hermano o hermana y nuestro trato es malo con más de uno, estos consejos deberían ser aplicados a cada caso de manera individual, poniendo el foco en una persona cada vez, dado que cada relación es diferente y tiene sus particularidades.

1. Detectar asimetrías en la relación

El primero paso para mejorar la relación es pararse a analizar de manera honesta si el trato distante u hostil que existe entre nosotros y un hermano o hermana es fruto del mal comportamiento del otro o si ambas partes tenemos culpas comparables (no necesariamente iguales, sino comparables).

Por ejemplo, si el principal problema es que nuestro hermano menor nos pegaba durante buena parte de nuestra infancia, eso nuestra estrategia irá encaminada a ayudar a esa persona a reconocer sus errores y a reparar el daño. Pero si nosotros infringimos tanto daño en un hermano o hermana como el que nos infringió él o ella, a la hora de mejorar la relación deberemos además saber disculparnos y reparar el daño.

2. Tener claro que un ataque no anula otro ataque en sentido contrario

Sería un error pensar que todo lo malo que un hermano le hace al otro queda contrarrestado por lo malo que el segundo ejerce sobre el primero. Si fuese así, la relación que hay tras el intercambio de ataques sería la misma que hay antes de que este se haya producido, y esto, claramente, no es así.

Por eso, para mejorar la mala relación entre hermanos hay que identificar claramente como excusas inaceptables todos los pensamientos que nos vengan a la mente y que sean del estilo de “yo le hice aquella jugarreta, pero él también me hizo aquella otra, así que no tengo nada por lo que pedir perdón”. Lo cual nos lleva al siguiente punto.

3. Reconocer los errores del pasado

La relación entre hermanos suele reposar sobre muchos eventos y anécdotas que se han ido sucediendo a lo largo de los años y en las que se han podido ir acumulando importantes fuentes de resquemor y frustración. Muchas veces, la simple incapacidad para mirar hacia atrás y reconocer esos problemas o esos comportamientos inadecuados por parte de uno mismo es lo que hace que surja ese trato distante u hostil.

Si mirar a la cara a un hermano nos evoca todos esos episodios de peleas, accidentes por imprudencias o momentos de hostilidad, es difícil que la relación sea fluida y satisfactoria.

Por eso, para mejorar la relación es necesario modificar el modo en el que interpretamos esos recuerdos sobre cosas que ocurrieron hace mucho tiempo, y esto solo se puede conseguir con la voluntad de admitir errores. Hacer ver que el vínculo entre hermanos ha nacido de la nada hace relativamente poco, haciendo borrón y cuenta nueva sin haber hecho nada malo en el pasado, solo agravará la situación.

4. Dar el primer paso al mostrar vulnerabilidad

La mala relación entre hermanos se debe en parte a la lucha de Egos, un afán competitivo por ofrecer la mejor imagen de autosuficiencia y de habilidad en ciertos dominios de la vida. Pues bien; para mejorar la mala relación entre hermanos, hay que dejar de lado esta mentalidad, y dar el primer paso a la hora de mostrar nuestra vulnerabilidad.

Incluso en el caso de que no tengamos grandes motivos para pedir perdón y realmente solo queramos facilitarle a la otra persona la tarea de disculparse, para ello primero hay que mostrar que eso es importante para uno mismo, algo que en cierto modo necesitamos, porque no nos gusta el tipo de trato que tenemos con nuestro hermano o hermana.

Hay que expresar que existe este lado vulnerable en nosotros, de manera honesta, para ponérselo más fácil a la otra persona a la hora de correspondernos.

5. Mostrar fe en la buena voluntad de la otra persona

Cualquier intento de reconciliación terminará mal si desde el principio se comunica que no se confía en la otra persona, o que se tiene un bajo concepto de ella. Son actitudes que invitan a zanjar el tema deprisa y corriendo, o directamente a rechazar esa interacción, ya que es más fácil no querer saber nada del otro que intentar arreglar las cosas con alguien que dice buscar hacer las paces y a la vez se comporta como si no lo quisiera.

Por eso, aunque como hemos visto no se puede hacer ver que no han existido problemas entre nosotros y nuestro hermano o hermana, hay que actuar como si supiéramos que en ese momento puede “nacer” en la otra persona una versión de sí misma capaz de reconocer sus errores, pedir perdón y reparar el daño, incluso antes de que eso haya pasado. En psicología, las expectativas muchas veces crean la realidad; debemos contagiarle al otro nuestras expectativas de que la relación mejore.

6. Asumir los propios errores y animar a reconocer los propios

Tal y como hemos visto, hay veces en las que, de manera objetiva, la mayor parte de la responsabilidad en el deterioro de la relación entre hermanos la tiene la otra persona. Sin embargo, incluso en esos casos, es bueno mostrarnos dispuestos a reconocer errores. Errores que no necesariamente han dañado a esa otra persona de manera específica, pero errores al fin y al cabo. De esta manera, sin necesidad de pedir perdón, al menos fomentamos un clima de honestidad y de cierta intimidad.

La lógica a seguir aquí es, una vez más, dar el primer paso a la hora de despojarse de esa máscara de perfección que muchas veces se intenta mostrar ante el hermano o hermana, para que la otra persona pueda hacer lo mismo sin grandes resistencias.

7. Reparar el daño

Una vez reconocidas las responsabilidades, es momento de darle cierre a este momento de reconciliación. Y esto se puede conseguir mediante la reparación del daño, cuyo valor es más simbólico que material. La idea es que quien ha obrado mal debe realizar un cierto sacrificio para mostrar de manera objetiva que asume las consecuencias de sus malas decisiones. Esto no solo sirve para beneficiar a la parte que resultó dañada; también ayuda a que quien causó el daño no se sienta mal, y que por consiguiente el trato no quede enrarecido.

Tal y como hemos visto, si tanto nosotros como ese hermano o hermana nos portamos mal, ambos tendremos que realizar ese ritual de reparación del daño. Si es la otra persona la que se ha comportado mal, hay que proponerle esa acción de manera honesta y directa, no como una orden sino como un deseo personal para que la relación mejore, y evidentemente proponiendo un sacrificio razonable en comparación a las culpas asumidas.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

● Olea, J.C. (2003). Psicología de la convivencia: aportaciones prácticas. Encuentros Multidisciplinares, pp. 1 – 7.
● Sternberg, R. (2004). A Triangular Theory of Love. In Reis, H. T.; Rusbult, C. E. Close Relationships. New York: Psychology Press.

beneficios tener mascota

Los 6 beneficios de tener una mascota en casa

Gran parte de nuestro bienestar psicológico depende del contexto cotidiano con el que nos relacionamos. Estudiemos los beneficios de tener una mascota.

Concretamente, nuestras relaciones sociales ayudan a dar forma lo que pensamos y lo que sentimos en cada momento, nos aportan motivaciones significativas, y también nos procuran momentos de ocio y diversión. Esto es muy relevante, sobre todo teniendo en cuenta que no todas las interacciones sociales tienen que ser con miembros de nuestra misma especie.

Es por ello que tener una mascota en casa puede llegar a transformar nuestras vidas en muchos sentidos. En este artículo veremos cuáles son los beneficios de tener una mascota en el hogar, de que qué manera influye en nuestro nivel de bienestar.

Los beneficios de tener una mascota

Está claro que las experiencias por las que pasamos al tener una mascota en casa depende del tipo de animal del que se trata, pero hay una serie de beneficios que se dan generalmente en quienes tratan de manera cotidiana con los animales de su hogar.

Estas son ventajas que no han pasado desapercibidas en el mundo de la psicología aplicada, hecho por el que hace tiempo que se realizan investigaciones sobre el potencial terapéutico de las actividades con animales.

A modo de resumen, a continuación veremos cuáles son los beneficios de tener mascotas en casa; motivos por los que compartir el día a día con animales amigables que se alegran casi cada vez que nos ven.

1. Ayudan a gestionar el estrés

El contacto con un animal preparado para ser una mascota ayuda a aliviar el estrés, ya que nos permite sincronizar nuestro estado de actividad con el de otro ser sintiente que nos invita a relajarnos y a pasar tiempo juntos, aunque sea a través de interacciones sencillas como caricias o un simple abrazo.

Por ello, las personas que sufran ansiedad pueden encontrar un apoyo emocional en las mascotas (si bien en los casos en los que el nivel de ansiedad acumulada es patológico no son “la cura” definitiva).

2. Aportan un sentido de propósito

Allí donde hay mascotas, hay unos ciertos cuidados que hay que realizar para que los animales vivan bien y se sientan felices a nuestro lado. Este conjunto de tareas y responsabilidades aportan una fuente de motivaciones significativas para muchas personas; el tiempo pasado en mejorar las condiciones de vida de las mascotas nunca es tiempo perdido.

Con el paso del tiempo, al ver cómo las mascotas crecen sanas y felices, eso es un reflejo del esfuerzo invertido en su cuidado, y eso también tiene un efecto positivo en la autoestima.

3. Permiten aprender de otras maneras de ver la realidad

Aunque no hablen, los animales no humanos tienen su propia forma de entender lo que pasa a su alrededor a partir de conceptos no verbalizables. Ser testigos de esto por medio de las mascotas nos permite flexibilizar nuestras ideas acerca de las diferentes maneras de pensar que pueden existir. Esto nos ayuda a cuestionar dogmas a través de la observación y de los juegos con perros, gatos, reptiles en su terrario, etc.

4. Tienen un efecto terapéutico

Los animales domesticados pueden llegar a ser la base de formas de terapia para ciertos trastornos neurológicos y psiquiátricos. Por ejemplo, la terapia asistida con animales se ha mostrado eficaz para ciertos tipos de Trastornos del Espectro Autista, para pacientes con algunas formas de lesión cerebral, el Trastorno de Estrés Postraumático y el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad, entre otros.

Más allá de las sesiones terapéuticas realizadas en contextos controlados por profesionales y con animales entrenados para participar en este tipo de terapia, se cree que tener mascotas en casa también puede ser un factor capaz de ayudar a estos pacientes (si se cuenta con ayuda para cuidar de los animales).

5. Reducen el sentimiento de soledad

Muchas personas viven en condiciones de soledad no buscada. En estos casos, el hecho de tener mascota puede llegar a aliviar mucho el malestar, al aportar relaciones afectivas sin varias de las desventajas que ofrecen las relaciones sociales con humanos. Eso sí, hay que tener en cuenta que el bienestar de las mascotas tiene valor en sí mismo, y no como un simple medio con el que llegar a una finalidad.

6. Nos animan a mantenernos activos

Tener mascota siempre va de la mano de moverse literalmente para cuidar de su salud y felicidad. Por eso, contribuye a evitar el sedentarismo extremo, especialmente en el caso de las especies que necesitan moverse cada día, como es el caso de los perros medianos y grandes, a los cuales hay que sacar a pasear habitualmente como parte de su rutina.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Bivens A, Leinart D, Klontz B, Klontz T (2007). “The Effectiveness of Equine-Assisted Experiential Therapy: Results of an Open Clinical Trial”. Society & Animals. 15 (3): 257 – 267.
Charry-Sánchez, J.D., Pradilla, I., Talero-Gutiérrez, C. (2018). Animal-assisted therapy in adults: A systematic review. Complementary Therapies in Clinical Practice. 32: 169 – 180.

Ciclotimia síntomas, causas y tratamiento

Ciclotimia: síntomas, causas y tratamiento

Las emociones humanas son muy diversas y llenas de matices, y por eso, también lo son aquellas que llegan a convertirse en un problema para nosotros y una fuente de malestar.
Y es que los trastornos del estado de ánimo incluyen varios tipos de alteraciones psicológicas con características diferentes. La más famosa es la depresión mayor, pero hay otras, como esta que conoceremos en las próximas líneas: la ciclotimia. Si te interesa saber cuáles son sus síntomas, el modo en el que afecta a la vida de las personas, y cómo se trata en terapia, sigue leyendo.

¿Qué es la ciclotimia?

Puede ser que, al hablar lo los trastornos del estado de ánimo, solo te venga a la mente la depresión, un fenómeno asociado a la tristeza y al agotamiento emocional. Esto es así porque tendemos a asumir que el principal problema emocional que podemos experimentar consiste en la tristeza y sus derivados, algo que reconocemos universalmente como un signo de que se sufre.

Sin embargo, también podemos experimentar algunos problemas vinculados al estado de ánimo por exceso de activación, incluso experimentando un estado que no nos hace sufrir de manera directa, sino a partir de las consecuencias de nuestras acciones imprudentes. Un ejemplo de esto es la hipomanía, una característica de la ciclotimia. ¿En qué consiste este último trastorno?

La ciclotimia puede ser resumida como la versión menos intensa del trastorno bipolar. Por consiguiente, es un trastorno del estado de ánimo en el que se van sucediendo fases de hipomanía y de depresión leve. Es decir, ciclos de estado de ánimo muy bajo y ciclos de estado de ánimo muy elevado.

Veamos con más detalle en qué consisten los síntomas característicos de cada etapa de desarrollo de la ciclotimia.

Síntomas

Estas son las formas en las que la ciclotimia se expresa en las personas que desarrollan este trastorno.

Depresión leve

La depresión leve se caracteriza por una serie de síntomas vinculados con la tristeza, la fatiga y la aparición de ideas de marcado sesgo pesimista.

En primer lugar, es muy frecuente que la persona sea menos propensa a experimentar alegría o placer, fenómeno conocido como anhedonia. Además, le cuesta más sentir motivación o involucrarse emocionalmente en proyectos y actividades, lo cual se conoce como abulia.

En la depresión leve también surgen ideas catastrofistas sobre el futuro, desesperanza acerca del margen de posibilidades con el que cuenta la persona que lo sufre (o ella y la sociedad en general), y crisis de llanto.

Sin embargo, como ya hemos comentado, no tienen por qué darse todos estos síntomas a la vez, dado que la ciclotimia, como cualquier otro trastorno psicológico, tiene muchas maneras de desarrollarse dependiendo de muchas variables.

Hipomanía

La hipomanía es un fenómeno caracterizado por la euforia y por la activación general de la persona, que se siente capaz de hacer muchas cosas que normalmente ni se plantearía, y que siente que tiene la capacidad y la energía necesaria para ello. En ocasiones, esto puede traducirse también en una mayor propensión a la agresividad.

Por otro lado, la hipomanía se distingue de la manía (típica del trastorno bipolar) en que en la mayoría de las ocasiones no daña significativamente la calidad de vida de la persona, y tampoco va de la mano de síntomas psicóticos como los delirios.

Causas

No existe una sola causa que produzca la aparición de la ciclotimia, sino un solapamiento de variables de muchos tipos, entre los que existen las propensiones genéticas y otras que tienen que ver con las experiencias por las que ha pasado el individuo.

Además, se sabe que muchos casos de ciclotimia surgen tras una fase en las que se manifiesta depresión, algo que puede suponer la primera señal de desequilibrio emocional y que desencadena una serie de cambios.

 Tratamiento

¿Cómo se trata la ciclotimia? En estos casos, se considera que es muy importante acudir a terapia psicológica. En estas sesiones con el profesional de psicoterapia, el paciente va encontrando maneras de contrarrestar sus propensiones emocionales dependiendo de la fase de la ciclotimia en la que se encuentra. Estas técnicas, en las que es entrenado en terapia, van enfocadas a modificas los patrones de comportamiento y la manera de alimentar unas maneras u otras de pensar y de sentir.

Por otro lado, también puede ser recomendable usar psicofármacos para mitigar los síntomas. Dependiendo de si se está en fase de hipomanía o de depresión leve, se suelen utilizar antipsicóticos o antidepresivos, respectivamente. En cualquier caso, el uso de estos medicamentos siempre debe ser supervisado por médicos, y su consumo debe ser realizado siguiendo sus indicaciones.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Danner, Stephanie; Mary A. Fristad; L. Eugene Arnold; Eric A. Youngstrom; Boris Birmaher; Sarah M. Horwitz; Christine Demeter; Robert L. Findling; Robert A. Kowatch (2009). “Early-Onset Bipolar Spectrum Disorders: Diagnostic Issues”. Clinical Child and Family Psychology Review. 12(3): pp. 271 – 293.
Parker, G; McCraw, S; Fletcher, K (June 2012). “Cyclothymia”. Depression and Anxiety. 29 (6): 487 – 494.
Sass, H.; Juneman, K. (2003). Affective disorders, personality and personality disorders. Acta Psychiatr Scand. 108 (418): pp. 34 – 40.

Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso?

Una de las características de la psicología aplicada es que no existe un solo modelo que permita llevarla a cabo siguiendo un “canon”, una manera totalmente consensuada de hacer las cosas en terapia, como si todo se tratase de poner en práctica lo que pone en un manual de salud mental. Estudiaremos que es la terapia de aceptación y compromiso.

Es por eso que existen varios tipos de terapia que responden a perspectivas diferentes, maneras de ver las necesidades y los problemas psicológicos que afectan a las personas, así como las soluciones que pueden ser planteadas en cada caso.

En este artículo veremos una de esas propuestas de intervención psicológica en pacientes, la Terapia de Aceptación y Compromiso, o ACT, y explicaremos cuáles son las características que la definen.

Un tipo de terapia contextual

La Terapia de Aceptación y Compromiso es una forma de intervención en psicoterapia que forma parte de lo que se conoce como terapias de tercera generación, o Terapias Contextuales.

Esta tercera oleada de formas de intervención en paciente se caracteriza por no centrarse tanto en la eliminación o mitigación del síntoma como en poner el foco en la aceptación de y la capacidad para tolerar ciertas formas de imperfecciones e incomodidad inherente a la vida. En este sentido se distingue de la segunda generación de psicoterapias, las cognitivo-conductuales, que sí buscan combatir de manera directamente el malestar tanto en sus aspectos emocionales y cognitivos como en los comportamentales.

Dicho de otro modo, las terapias de tercera generación adoptan una perspectiva más positiva sobre los problemas que han llevado a los pacientes a tomar la decisión de ir al psicólogo, y enseñan a adoptar una nueva perspectiva de vida más constructiva y que no ponga el foco en la necesidad de hacer desaparecer de raíz el sufrimiento, sino en abrazar una nueva mentalidad y valores que permitan vivir la vida en positivo, apuntando hacia la consecución de valores que encajen con nuestra filosofía de vida.

Así, las terapias contextuales, como su nombre indica, se adaptan al contexto en el que vive cada paciente para examinar el tipo de valores desde los que, en cada caso, es más fácil ofrecer una perspectiva positiva y constructiva de lo que ocurre, aportando herramientas para que el malestar y el sufrimiento no lo impregnen todo y a la vez no poniendo como objetivo la meta irrealizable de hacer que todo sea bienestar constante.

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso?

Ahora que ya sabemos aproximadamente qué son las terapias contextuales, podemos entender cuál es la filosofía desde la que parte la Terapia de Aceptación y Compromiso.
Tal y como hemos visto, el foco de este tipo de intervención no está planteado en negativo, en eliminar malestar, sino en positivo, que en este caso implica aportar maneras de vivir la vida y de interpretar la realidad que permitan aumentar el grado de aceptación de aquello malo que ocurre sin que lo podamos controlar.

¿Y cómo se trabaja desde la ACT para conseguir esto? Durante las sesiones de psicoterapia, se crean situaciones desde las que se va entrenando al paciente para que se acostumbre a desprenderse de la rigidez psicológica, por un lado, y del fenómeno conocido como evitación experiencial, por el otro. Veamos en qué consisten.

La rigidez psicológica

Buena parte de lo que sentimos y pensamos no surge en nosotros porque sí, sino que es fruto de una serie de aprendizajes previos que hemos interiorizado consciente o inconscientemente.

Como se trata de esquemas mentales que ni siquiera sabemos que están ahí (porque nos cuesta imaginarnos cómo sería ver la vida desde otra perspectiva), apenas nos cuestionamos esas predisposiciones a pensar y a experimentar emociones de esa manera, lo cual significa que en ocasiones esas pautas psicológicas se convierten en una prisión, algo que nos constriñe y que genera rigidez psicológica.

Así pues, la Terapia de Aceptación y Compromiso se fundamenta en la idea de que los problemas que pueden salir a nuestro paso son demasiado diversos como para afrontarlos siempre con los mismos mapas mentales, y nos propone flexibilizar nuestra forma de interpretar lo que ocurre en nosotros y a nuestro alrededor. De esa forma, problemas que antes considerábamos que debíamos suprimir por completo se transforman en fuentes de incomodidad cuya importancia sabemos ver en perspectiva y que, visto desde cierto ángulo, no tiene por qué desgastar significativamente nuestra estabilidad psicológica.

La evitación experiencial

La evitación experiencial es el otro concepto clave de la Terapia de Aceptación y Compromiso. Consiste en la paradoja que se da cuando detectamos un problema que causa malestar psicológico: nuestras ganas de hacer que esa incomodidad desaparezca nos vuelve cada vez más sensibles a ese malestar, es decir, nos resta poder y se lo da a aquello que nos hace daño.

Así, la Terapia de Aceptación y Compromiso plantea vías alternativas a la evitación experiencial, haciendo que integremos las imperfecciones de la realidad en nuestra manera de entender la vida.

Un ejemplo de la ACT en pacientes

Veamos ahora un ejemplo de cómo funciona la Terapia de Aceptación y Compromiso en el caso de una mujer que está pasando por problemas para aceptar los signos que el envejecimiento provoca en su apariencia física.

En este caso, una manera de intentar abordar el problema sería considerar que la tristeza y la ansiedad que la persona siente al mirarse al espejo o al salir a la calle (a la vista de los demás) es en sí una fuente de malestar que hay que eliminar. Y otra manera de ver el problema sería comprobar que la persona sufre innecesariamente a causa de su incapacidad para aceptar aquello que considera una imperfección muy grave.

En este ejemplo, la persona tiene una excesiva rigidez psicológica en lo relativo a los cánones de belleza, lo cual hace que experimente la pérdida de la tersitud y del brillo de la piel una especie de duelo: aquello que antaño consideraba que le venía dado desaparece, dejando detrás de sí un cuerpo extraño que no le pertenece.

Por otro lado, la mujer también pasa por la evitación experiencial, algo que se nota desde la primera hora de la mañana, cuando evita mirarse al espejo y se pone chapuceramente una gruesa capa de maquillaje para cubrir sus arrugas.

La Terapia de Aceptación y Compromiso ayudará a esta persona a reconciliarse con su cuerpo real, a dejar de dar por sentado que tiene que parecerse a una versión idealizada de ella misma, y a vivir la vida sin preocuparse por problemas que principalmente existen en su imaginación.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

● Arch, Joanna J.; Craske, Michelle G. (2008). “Acceptance and commitment therapy and cognitive behavioral therapy for anxiety disorders: Different treatments, similar mechanisms?”. Clinical Psychology: Science and Practice. 15 (4): pp. 263 – 279.
● Hayes, S. C., Barnes-Holmes, D., & Roche, B. (Eds.). (2001). Relational Frame Theory: A Post-Skinnerian account of human language and cognition. New York: Plenum Press.
● Luciano, C., Valdivia, S., Gutiérrez, O., y Páez, M. (2006). Avances desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). EduPsykhé. Revista de Psicología y Psicopedagogía, 5(2), pp. 173 – 201.

Cómo nos afecta el frío psicológicamente

¿Cómo nos afecta el frío psicológicamente?

Uno de los mitos psicológicos más extendidos entre la población es que el cuerpo y la mente son elementos separados que de vez en cuando interactúan entre sí. Lo cierto es que tal distinción solo existe en nuestra imaginación, porque no existe la actividad psicológica más allá del cuerpo, y en los animales no existe un cuerpo funcional si en él no hay actividad psicológica. Y la relación entre lo psicológico y los cambios de temperatura es un ejemplo muy útil para entender que mente y organismo forman parte de lo mismo. Para comprobarlo, en este artículo veremos cómo nos afecta psicológicamente el frío, en diferentes aspectos de la vida y de las relaciones sociales.

Los efectos psicológicos del frío

Cuando las temperaturas caen, lo que ocurre en nuestro cuerpo va más allá de los mecanismos fisiológicos. El frío también tiene un efecto en nuestra manera de sentir, de pensar y de comportarnos, aunque en muchas ocasiones ni nos demos cuenta de esto.

¿Podemos contrarrestar el frío y hacer que no nos afecte mucho? Solo en parte. Más allá de abrigarnos, existen dos mecanismos por los que amortiguamos el impacto que esta sensación tiene en nosotros: la adaptación y la habituación. En el primer caso, prácticamente dejamos de sentir frío tras estar varios minutos sintiéndolo en una parte del cuerpo; por ejemplo, es lo que pasa al ponerse una bolsa de hielo sobre la frente. En el segundo caso, seguimos sintiendo frío, pero le prestamos menos atención.

Pero más allá de estos mecanismo psicológicos, la influencia del frío se deja notar más y más a medida que el termómetro muestra temperaturas más bajas.

A continuación veremos un listado de estos efectos psicológicos del frío en seres humanos, maneras en las que la temperatura ayuda a tallar nuestr a actividad física y mental.

1. Nos mostramos más desconfiados

Varios estudios sugieren que, con el frío, aparece una ligera tendencia psicológica a mostrarnos más cerrados, más desconfiados con el resto. Esta actitud distante incluso tiene su plasmación en el lenguaje, dado que sin saber muy bien cómo explicarnos, asociamos el carácter frío a la manera de comportarse de alguien que no expresa muestras de afecto ni carácter amigable en general.

El motivo por el que ocurre este efecto psicológico es desconocido, pero puede tener que ver con una estrategia de ahorro de energía y de preservación de la temperatura corporal (manteniendo las extremidades relativamente cercanas al tronco).

Además, una de las particularidades de este efecto es que se contagia al interactuar con los demás. Los seres humanos tendemos a imitar inconscientemente las actitudes y elementos de lenguaje corporal que vemos en otros.

Si otra persona tiene el umbral de sensibilidad al frío más bajo que nosotros y siente mayor malestar a causa de las bajas temperaturas, veremos a partir de su postura y gestos que su actitud es la de alguien que en ese momento no está muy interesado en caer bien o en relacionarse con los demás, y tenderemos a comportarnos de un modo parecido, transmitiéndole ese mismo mensaje de vuelta a la otra persona.

2. Disminuye nuestra capacidad de ser creativos

El frío no se lleva bien con la creatividad. Todo aquello que tiene que ver con el pensamiento lateral, las maneras no convencionales de razonar y de buscar asociaciones entre conceptos, se ve mermado en contextos en los que hay bajas temperaturas. Posiblemente, porque los lugares con condiciones duras no son un sitio adecuado en el que arriesgarse a probar experimentos si se quiere sobrevivir.

Por supuesto, esto no significa que sea imposible ser creativo en regiones en las que imperan el hielo y la nieve, pero el frío no dejará de ser un obstáculo a superar.

3. Facilita la aparición de trastornos mentales

La temperatura podría estar entre las causas ambientales que contribuyen de manera significativa a la manifestación de síntomas ligados a trastornos psicológicos y psiquiátricos, como la depresión mayor, alteración mental que durante los meses de invierno afecta a más personas que en ninguna otra época del año. Sin embargo, parte de este efecto puede deberse también a la falta de luz natural asociada a los lugares en los que hay bajas temperaturas, ya sea por las nubes o por la falta de horas en las que no es de noche.

En otros casos, como el que vemos en el Trastorno Afectivo Estacional, la influencia que la temperatura tiene en el desarrollo de trastornos mentales es aún más clara.

4. Ayuda a conciliar el sueño

Uno de los efectos psicológicos del frío que podemos considerar positivos es que ayuda a dormirse antes. Se cree que esto se debe al modo en el que esta sensación incide en la circulación de la sangre.

Así pues, si tienes que darte una ducha al atardecer, prueba con agua ligeramente fría; de esta manera, en el momento en el que toque irse a la cama, lo tendrás más fácil para conciliar el sueño.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

● Modell JG, Rosenthal NE, Harriett AE, Krishen A, Asgharian A, Foster VJ, Metz A, Rockett CB, Wightman DS (October 2005). “Seasonal affective disorder and its prevention by anticipatory treatment with bupropion XL”. Biological Psychiatry. 58 (8): pp. 658 – 67.
● Willmer, Pat; Stone, Graham; Johnston, Ian (2000). Environmental Physiology of Animals. Blackwell Science. p. 644.

distorsiones de la memoria

¿Recordamos lo que queremos recordar? 6 Distorsiones de la memoria

El aprendizaje es experiencia; todo lo demás es información.

Albert Einstein

La memoria es la capacidad que tenemos de adquirir, almacenar y recuperar la información de lo que somos, de nuestras experiencias y de nuestras vivencias. Son fuente esencial de lo que somos y de cómo entendemos y nos desenvolvemos en el mundo, y aunque funciona como un ordenador, la neuropsicología nos dice que la memoria no es unitaria, sino que se compone de sistemas interconectados y con diferentes propósitos. Es por esto por lo que a veces nos juega malas pasadas y guarda la información que no necesitamos y olvida aquello que queremos recordar.

 

Para recuperar la información extraemos los recuerdos, que es la información de algo que hemos aprendido y vivido. Y es en este punto donde está implícita la emoción. El estado de ánimo y el recuerdo influyen enormemente, porque recordamos mejor aquello que se relaciona con sucesos emocionalmente significativos (recuerdos vividos) y esto también hace que nuestra memoria cometa errores o distorsiones. En este sentido, olvidamos cosas cuando hay una saturación de información, pero también el olvido es un mecanismo de defensa ante experiencias emocionalmente dolorosas o desagradables. Un elevado nivel de estrés dificulta la concentración y la capacidad de atención ante distintos estímulos, esto es causa de las nombradas distorsiones que dificultan el aprendizaje. Vamos a ver cuáles son estas distorsiones.

 

1. Las omisiones por bloqueo

Son los olvidos puntuales de algo concreto, cuando la persona dice ¡Lo tengo en la punta de la lengua! Cuando buscamos la información y no la encontramos, nos ponemos nerviosos y entonces analizamos peor. Para este tipo de olvidos lo mejor es buscar estrategias de reconstrucción de los sucesos. La frustración y el estrés no son los mejores aliados.

 

2. Atribución errónea

Atribuimos un recuerdo a una fuente equivocada, recordando cosas que no han sucedido por lo que lo asociamos con otras ideas situándolo en un contexto equivocado. Por ejemplo: No sé cuando, pero he estado allí. Una forma de ello es la criptomnesia, atribuirse a uno mismo experiencias que en realidad proceden de otras personas y que reproducimos e interiorizamos como nuestras porque lo hemos visto muchas veces.

 

3. Sugestibilidad

Es la tendencia a incorporar información engañosa procedente de otras personas, imágenes o medios de comunicación. Nuestra mente se puede sugestionar por agentes externos haciéndonos creer que son hechos que han ocurrido realmente cuando no lo son. Se produce por estrés emocional, por presión social o desconfianza en la memoria. Para evitarlo lo mejor es confiar en la propia memoria y evitar incorporar información de otras fuentes.

 

4. Propensión

A veces reelaboramos nuestros recuerdos para que encajen con las necesidades y opiniones del momento. Nuestra mente es capaz de colorear nuestros recuerdos con nuestra propia personalidad haciendo que un hecho del pasado sea distinto.

Cuando recordamos filtramos usando nuestra propia biografía desde el momento en que se produjo la situación que se trate. El sesgo, que es una herramienta muy potente, puede falsear nuestros recuerdos y se produce por estereotipos o teorías que tenemos acerca de nosotros mismos, confundiendo lo que somos con lo que hacemos. Para luchar contra ello es importante ser realistas e identificar las posibles fuentes de nuestras creencias sobre el pasado y el presente.

 

5. Persistencia

Consiste en perpetuar los recuerdos dolorosos porque están ligados a nuestra vida emocional, impidiendo tener una visión positiva. Se trata de ua constante revisión de algo que hemos vivido y que querríamos modificar en el presente: la muerte de un ser querido, rechazo de una persona importante para nosotros o un fracaso en los estudios. La mejor manera de tratar la persistencia es afrontar estos recuerdos.

 

6. Distrabilidad

Se produce cuando estamos preocupados por otros asuntos y no estamos atentos a lo que sucede. Se produce una atención dividida y esto hace que no podamos recordar lo que nos interesa. Para ello, hay que desocupar la memoria y recurrir a ayuda externa en el momento que se necesite y confiar en uno mismo.

El psicólogo estadounidense Daniel Schacter considera que los fallos de la memoria son un instrumento de supervivencia. De esta manera tan importante es olvidar como recordar. Nuestra memoria sufre cuando estamos estresados. Generarnos retos y crear entornos que nos estimulen, pueden volver nuestra mente más joven.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Bibliografía

 

Schacter, D: Los siete pecados de la memoria, Ariel, 2007.

Kandel, E.: En busca de la memoria. El nacimiento de una nueva ciencia de la mente, 2007.

Trastorno esquizoafectivo

Trastorno esquizoafectivo

Los trastornos mentales no suelen presentar límites muy claros que permitan diferenciarlos del resto de fenómenos psicológicos de carácter patológico. El trastorno esquizoafectivo es un ejemplo de esto, porque presenta características típicas de las alteraciones psicóticas y de los trastornos del estado de ánimo.

A lo largo de este artículo veremos cuáles son las particularidades y características del trastorno esquizoafectivo, sus posibles causas, sus síntomas y el tipo de tratamiento que se utiliza en este tipo de pacientes.

¿Qué es el trastorno esquizoafectivo?

El trastorno esquizoafectivo es descrita como un trastorno psiquiátrico en el que se dan tanto síntomas vinculados a los trastornos depresivos o de la bipolaridad como los que pertenecen al espectro de la psicosis y la esquizofrenia.

Así, las personas que pueden ser diagnosticadas con trastorno esquizoafectivo pueden presentar síntomas como la fática o la abulia (ausencia de motivación) o episodios maníacos propios de la depresión unipolar o del trastorno bipolar, y otros como las alucinaciones, delirios o habla desorganizada.

De esta manera, el trastorno esquizoafectivo desafía las clasificaciones utilizadas en los manuales diagnósticos, y presenta una complejidad especial.

Por otro lado, este es un trastorno relativamente poco frecuente, ya que se estima que en los países occidentales afecta a menos del 1% de la población, aunque puede ser diagnosticado en alrededor del 30% de los pacientes que ya han sido diagnosticados con esquizofrenia.

Síntomas

Para ver un resumen de los síntomas del trastorno esquizoafectivo, lo más útil es dividirlos según su naturaleza psicótica o depresiva-bipolar.

Síntomas de carácter psicótico

Es común que las personas con trastorno esquizoafectivo presenten crisis por alucinaciones, siendo especialmente comunes las auditivas (escuchar voces inexistentes u otros sonidos), aunque pueden estar vinculados a todos los sentidos. También se dan delirios, en los que existe un fallo en la percepción de la persona pero no a nivel sensorial, sino de creencias: la persona cree cosas imposibles o absurdas acerca de ella o el resto del mundo (es común que estos pacientes desconfíen del resto, al creer delirios persecutorios).

Por otro lado, otro de los síntomas del trastorno esquizoafectivo del espectro de la psicosis es el habla desorganizada, en la que lo que se dice no tiene sentido o está demasiado desordenado para ser fácil de comprender.

Síntomas depresivos

Los síntomas depresivos más habituales son la abulia o falta generalizada de involucrarse en actividades y relaciones personales, la anhedonia o falta de capacidad para experimentar placer, y la tristeza generalizada.

En ocasiones aparecen episodios mixtos, en los que surgen síntomas depresivos combinados con manía o hipomanía. Este segundo grupo de síntomas se asocian a un estado de ánimo extremadamente elevado, hasta el punto en el que la persona puede ponerse en peligro o puede poner en peligro a los demás. Por ejemplo, la persona entra en un estado de entusiasmo y agitación combinados con ideaciones de grandeza (la creencia de que uno lo puede todo) que le lleva a conducir un coche sin carné.

Causas

No existe una sola causa clara que explique por qué una persona desarrolla y manifiesta el trastorno esquizoafectivo, pero se asume que existen predisposiciones genéticas y factores ambientales que desencadenan esta alteración psiquiátrica. Hipotéticamente, tanto vivencias fuertemente estresantes o ligadas a un alto malestar, como el abuso de sustancias psicoactivos, pueden alterar la química cerebral y favorecer la aparición de trastornos psicóticos.

Por ello, durante el tratamiento se va con mucho cuidado para evitar que el uso de ciertos fármacos no empeore la situación: cada persona es única, y no existe una certeza total de que determinados medicamentos vayan a funcionar en un individuo.

Tratamiento

¿Qué se puede hacer para tratar el trastorno esquizoafectivo en terapia? En estos casos es necesario intervenir mediante la psicoterapia y la intervención psiquiátrica.

Esto implica que en fases de crisis grave puede recurrirse al internamiento, pero en general se realiza un seguimiento del caso combinando el uso de psicofármacos (antipsicóticos y antidepresivos) con la intervención psicológica, la psicoeducación y la terapia ocupacional.

Sin embargo, esta combinación de terapias por sí misma no suele curar totalmente a los pacientes, sino que sirve para amortiguar el carácter dañino de los síntomas y a hacer que se manifiesten menos veces y de manera menos intensa.

Por otro lado, en algunos casos los trastornos de este tipo desaparecen solos al cabo de varios años, pero esto no debe servir de excusa para no acudir a expertos en salud mental, dado que el trastorno esquizoafectivo puede ser mortal si no se gestiona bien.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

● Goetz, C.G. (2003). Textbook of Clinical Neurology. St. Louis: WB Saunders.
● Goodwin, F.K.; Jamison, K.R. (2007). Manic-Depressive Illness: Bipolar Disorders and Recurrent Depression, 2nd Edition. New York: Oxford University Press.
● Malaspina, D., Owen, M.J., Heckers S., Tandon R., Bustillo J., Schultz S., Barch D.M., Gaebel W., Gur R.E., Tsuang M., Van Os J., Carpenter W. (2013). Schizoaffective disorder in the DSM-5. Schizophrenia Research. 150 (1): pp. 21 – 25.
● Martin L.F., Hall M.H., Ross R.G., Zerbe G., Freedman R., Olincy A. (2007). Physiology of schizophrenia, bipolar disorder, and schizoaffective disorder. The American Journal of Psychiatry. 164 (12): pp. 1900 – 1906.

Síndrome amotivacional

Síndrome amotivacional

A pesar de que la marihuana tenga mejor imagen que el resto de drogas cuya venta es ilegal, lo cierto es que su consumo está asociado a riesgos significativos. Un ejemplo de esto lo encontramos en el síndrome amotivacional, fenómeno psicológico que surge como efecto a largo plazo tras llevar tiempo consumiendo cannabis.

En este artículo veremos qué es el síndrome amotivacional, cuáles son sus síntomas y causas típicas, y qué se hace en estos casos.

¿Qué es el síndrome amotivacional?

El consumo de sustancias con efectos psicoactivos puede dar paso a un amplio abanico de alteraciones psicológicas. El síndrome amotivacional es uno de ellos, y se da típicamente en quienes han estado consumiendo cannabis durante mucho tiempo y han desarrollado una intoxicación crónica.

En concreto, el síndrome amotivacional se caracteriza por la disminución significativa de las ganas de involucrarse en tareas que exijan un cierto esfuerzo, incluyendo las interacciones sociales. También está asociado al aplanamiento afectivo, es decir, un alejamiento de las propias emociones.

Estas características hacen que el síndrome amotivacional se asemeje en ciertos aspectos a la depresión, en la que también hay una pérdida de la capacidad de sentirse motivado (fenómeno conocido como abulia) y baja la reactividad emocional ante lo que ocurre alrededor de la persona. Sin embargo, en el síndrome amotivacional no suelen manifestarse pensamientos negativos o pesimistas, y tampoco un marcado sentimiento de tristeza o desesperanza.

En definitiva, tal y como hemos visto el síndrome amotivacional está compuesto por síntomas emocionales y cognitivos, y todos ellos tienen un impacto en el comportamiento de la persona afectada, la cual tiende a adoptar hábitos sedentarios, una actitud de pasividad, y tiene una vida social muy pobre o casi inexistente, marcada por el aislamiento. Veamos de manera más detallada cuáles son los síntomas típicos que manifiestan las personas con esta alteración.

Síntomas

Estos son los síntomas del síndrome amotivacional que suelen darse en la gran mayoría de los casos.

1. Aislamiento social

Las relaciones sociales siempre conllevan ciertos esfuerzos y sacrificios, y por ello este es uno de los ámbitos de la vida que se ven más afectados por el síndrome amotivacional. A la persona le cuesta encontrar incentivos para salir encontrarse con sus amigos o incluso para mantener conversaciones más o menos complejas y largas.

Además, a la práctica, muchas de las personas con síndrome amotivacional siguen consumiendo cannabis, hecho que las mantiene aún más aisladas en el caso de que en su círculo social cercano no sea habitual usar esta droga.

2. Desconexión con las propias emociones

Otro síntoma típico es el desapego con el entorno y con lo que le pasa a uno mismo. Se vive la vida como si se estuviese viendo una película. Esto se traduce en aplanamiento afectivo, es decir, que es muy poco habitual experimentar emociones intensas.

3. Pasividad generalizada

Otras maneras en las que el síndrome amotivacional se expresa lo encontramos en la pasividad de la persona ante sus responsabilidades y los problemas que debe resolver. Resulten habituales las quejas para que sean otros quienes atiendan estas cuestiones, o directamente la adopción de un estilo de vida basado en procrastinar (dejar para otro día lo que debe ser gestionado en el presente).

4. Dificultades para concentrarse

Las personas con síndrome amotivacional también suelen experimentar problemas a la hora de concentrarse para realizar tareas. Esto les afecta sobre todo en el contexto laboral, o en los estudios.

5. Cambios posturales

El síndrome amotivacional también se plasma en el lenguaje no verbal de la persona. En casos muy avanzados, la postura es encorvada, e incluso la manera de sentarse es diferente, caracterizada por la apatía y la falta de energía.

Causas

Aunque las causas específicas del síndrome amotivacional no son conocidas con exactitud, se asume que entran en juego tanto predisposiciones en cuanto a personalidad, como las alteraciones neuroquímicas que el consumo del cannabis tiene en el cerebro a largo plazo.

Así, uno de los factores más influyentes sería la modificación que esta sustancia tiene en los circuitos de recompensa del cerebro: con el tiempo, el sistema nervioso de la persona tiende a amoldarse a la necesidad de tener como prioridad el consumo de cannabis, y desatender todo lo demás.

En cualquier caso, una de las particularidades de este síndrome es que no aparece en todas las personas que abusan del cannabis durante varios meses o años, si bien esto no debería ser una excusa para dejar de tener en cuenta este riesgo.

Además, el síndrome amotivacional también podría estar causado, en algunos casos, por el uso prolongado de psicofármacos ISRS contra la depresión.

Tratamiento

Todas las intervenciones para combatir el síndrome amotivacional pasan por procesos de desintoxicación y cese del consumo del cannabis o de la sustancia que esté manteniendo este cuadro clínico. Para ello suele ser necesario tanto la asistencia terapéutica por parte de psicólogos, como la ayuda de psiquiatras.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Calabria B, Degenhardt L, Hall W, Lynskey M (May 2010). “Does cannabis use increase the risk of death? Systematic review of epidemiological evidence on adverse effects of cannabis use”. Drug and Alcohol Review. 29(3): 318 – 330.
Johnson, B.A. (1990). Psychopharmacological effects of cannabis. British Journal of Hospital Medicine. 43(2): 114 – 116, 118 – 120, 122.
Richard H.S. (1987). Marijuana: An Overview 34. Pediatric Clinics of North America. pp. 305 – 317.

beneficios psicológicos de estar en contacto con la naturaleza

Los beneficios psicológicos de estar en contacto con la naturaleza

Estar en contacto con la naturaleza no es solo una experiencia agradable. En muchos casos, resulta algo terapéutico, que ayuda a mitigar problemas de tipo físico y psicológico, o directamente a prevenir su aparición. En este artículo veremos cuáles son los principales beneficios psicológicos de exponernos a entornos naturales como bosques, parques grandes o montañas con una cierta vegetación, y de qué manera podemos aprovechar las ventajas que esto tiene para nuestra salud mental.

¿Por qué nos beneficia estar en entornos naturales?

Empecemos por lo más básico. ¿A qué se debe este curioso efecto que la naturaleza tiene en nosotros?

A pesar de que existen muchas maneras por las que los entornos naturales nos pueden favorecer, y de que también hay diferentes tipos de entornos naturales, asumiremos que cuando hablamos de “estar en contacto con la naturaleza” nos referiremos a localizaciones con mucho verde, en las que la intervención del ser humano es mínimo o inexistente, y que tampoco reciben mucha contaminación de zonas adyacentes. Partiendo de este supuesto, las causas por las que la naturaleza le sienta bien a nuestra mente son las siguientes:

1. Hay aire puro

Esta característica de nuestra interacción con la naturaleza es básica. El cerebro es un conjunto de órganos muy sensible a las disminuciones del nivel de oxígeno, y los espacios en los que podemos disponer de aire de calidad y sin sustancias que entorpezcan la asimilación de este elemento son los naturales, alejados de la contaminación y el humo de las ciudades y otros entornos urbanos.

2. Nos aporta sonidos relajantes

En los espacios naturales hay una constante banda sonora relajante: los pájaros, el sonido de las hojas y las ramas moviéndose por el viento, los riachuelos… Esto contribuye a dejarse llevar por la situación.

3. Nos aleja de lo que nos preocupa

Cualquier espacio natural es solo eso, naturaleza. En estos lugares difícilmente encontraremos objetos o situaciones que nos recuerden aquello que lleva un tiempo preocupándonos, así que hace que sea mucho más fácil desconectar.

 

4. Nos obliga a ejercitarnos

En la mayoría de lugares en los que prima la naturaleza, el terreno es irregular y nos obliga a ejercitar grandes grupos musculares, aunque solo sean los de las piernas.

Beneficios psicológicos de estar en contacto con la naturaleza

Los entornos a los que nos exponemos tienen una poderosa influencia en nuestra salud mental. No en vano prácticamente ningún trastorno psicológico se manifiesta sin que no haya detrás causas ambientales que, conjuntamente con las predisposiciones biológicas de la persona, contribuyan al deterioro de nuestro estado de ánimo, de nuestro nivel de ansiedad, etc.

Por supuesto, esta relación entre el organismo y el entorno va en ambas direcciones: no solo podemos resentirnos por la exposición a ciertos ambientes, sino que también podemos beneficiarnos de los efectos que otras localizaciones tienen en nosotros. Este hecho es aprovechado por la psicoterapia, en la cual se tiene en cuenta que los problemas de los pacientes no existen al margen del contexto al que se expone la persona que va a consulta en busca de ayuda profesional.

Así pues… ¿cuáles son los beneficios psicológicos de estar en contacto con la naturaleza? Aquí puedes ver un resumen de los más importantes.

1. Nos ayuda a eliminar la rumiación

La rumiación es el problema que se da cuando somos incapaces de sacarnos una idea de la cabeza, siendo esta idea principalmente desagradable.

Cuando nos adentramos en un bosque, una pradera o una montaña, quedamos rodeados de algo que es totalmente distinto a aquellos entornos en los que surgen nuestras preocupaciones: no vemos ni calendarios, ni pilas de documentos a rellenar, ni obligaciones domésticas a atender, ni personas con las que no nos apetece cruzarnos. Por ello, desconectamos, y facilitamos que nuestras obsesiones, miedos e ideas angustiantes se disipen.

2. Nos ayuda a concentrarnos

Tal y como hemos visto, la exposición a aire más puro tiene un impacto directo en el buen funcionamiento del cerebro. Uno de los aspectos en los que esto se nota más está en la capacidad de concentración. De hecho, se ha visto que en las escuelas que están más cerca de áreas naturales con vegetación, los niños y niñas sacan mejores notas.

3. Facilita combatir el estrés

La mezcla de aire de calidad, sonido envolvente y relajante y en algunos casos la realización de ejercicio moderado (sobre todo en las montañas y colinas) que se suele dar en la naturaleza, nos ayuda a combatir el estrés y la ansiedad. Además, este tipo de localizaciones son perfectas para meditar o practicar Mindfulness.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

● Barker P (2003). Psychiatric and Mental Health Nursing: The Craft of Caring. London: Edward Arnold.
● Craske, Michelle G.; Stein, Murray B.; Eley, Thalia C.; Milad, Mohammed R.; Holmes, Andrew; Rapee, Ronald M.; Wittchen, Hans-Ulrich (May 4, 2017). “Anxiety disorders”. Nature Reviews Disease Primers. 3: 17024.
● Sahanahan, D.; Bush, R.; Gaston, K.J.; Lin, B.B.; Dean, J.; Barber, E.; Fuller, R.A. (2016). Health Benefits from Nature Experiences Depend on Dose. Scientific Reports volume 6, Article number: 28551.

Diferencias entre la terapia presencial y la terapia online

Diferencias entre la terapia presencial y la terapia online

La terapia online es una de las nuevas formas de intervención psicológica que se aprovechan de los avances tecnológicos ligados a Internet. Es el modo en el que mucha gente recurre a la ayuda profesional para tratar problemas psicológicos o mejorar su bienestar y sus habilidades para adaptarse a los retos.

Ahora bien… ¿cuáles son las diferencias entre la terapia online y la terapia presencial? ¿Cómo saber cuál de las dos es mejor o conviene más teniendo en cuenta las necesidades del paciente? Esto es lo que veremos a lo largo de este artículo.

Diferencias entre la terapia presencial y la terapia online

Si te interesa saber cuáles son los aspectos en los que la psicoterapia online difiere de la terapia presencial, aquí encontrarás un resumen de estas diferencias.

Sin embargo, seguramente te darás cuenta de que, en el fondo, el modo en el que estas formas de acudir al psicólogo son distintas se puede resumir en el canal que se establece entre el psicólogo y el paciente. Todo el resto de diferencias se derivan de esta.

1. El canal

Como hemos anticipado, el aspecto básico en el que podemos distinguir entre la terapia online y la terapia presencial es el canal a través del cual se establece la comunicación entre el psicoterapeuta y el cliente o paciente. En la gran mayoría de los casos se trata de la conexión a Internet, y más concretamente un programa de videollamadas en el que sea posible que profesional y paciente puedan verse y escucharse en tiempo real.

De esta manera, mientras que en la terapia presencial las sesiones se desarrollan en la consulta del psicólogo, en la terapia online el espacio de interacción entre las dos partes es un entorno virtual, creado solo para que dos personas puedan hablar independientemente de dónde estés. Estos servicios de videollamada son accesibles mediante dispositivos electrónicos como los PCs, los ordenadores portátiles o las tablets, asumiendo que disponen de micrófono, cámara y capacidad para conectarse a Internet.

2. La accesibilidad de la terapia online es mayor

Prácticamente todo el mundo puede acudir a la consulta del psicólogo para contar con los servicios de psicoterapia, pero es cierto que la terapia online resulta aún más accesible. Esto es así porque los problemas a la hora de desplazarse a la consulta que experimentan personas con poca capacidad para moverse por la ciudad se esfuman cuando la psicoterapia se realiza a través de Internet.

Así, gente mayor, personas con discapacidades motoras o pobladores de barrios o municipios mal conectados pueden contar con ayuda psicológica profesional. Incluso quienes no saben muy bien cómo funciona un ordenador pueden aprender fácilmente, ya que no se requieren muchos clics para establecer la conexión.

3. La flexibilidad horaria

El hecho de que se realice terapia online en vez de terapia presencial no significa que se pueda improvisar con la hora a la que se realiza, haciendo que varíe semana a semana. Sin embargo, es cierto que cuando se opta por la alternativa de terapia a distancia, es mucho más fácil hacer que la terapia encaje en los horarios, porque el paciente se ahorra el tiempo de desplazamiento en la ida y en la vuelta.

4. La familiaridad del espacio

La terapia online permite realizar la psicoterapia en entornos que le resultan familiares al paciente, como las diferentes habitaciones de su hogar. En muchos casos, esto hace que se relaje más durante las sesiones iniciales, en las que algunas personas están algo nerviosas o con propensión a estar a la defensiva.

5. El grado de anonimidad

En la terapia online hay mayor grado de anonimidad, ya que no hay que entrar al gabinete o clínica de psicología. Esto es algo que algunos pacientes aprecian, si bien actualmente hay mucho menos estigma acerca de lo que supone ir al psicólogo (sobre todo entre los más jóvenes). Además, los programas utilizados para hacer las videollamadas son seguros, y funcionan con protocolos para evitar que la información vertida en el dispositivo electrónico se disemine por la red.

Por supuesto, el código deontológico de los psicoterapeutas y la necesidad de ofrecerle confidencialidad al paciente están presentes tanto en la terapia presencial como en la terapia online, de manera que en este último formato no se pierde privacidad de ningún tipo, solo se gana justo antes y justo después de reunirse con el psicólogo.

¿Quieres saber más?

Si te interesa saber más acerca de la terapia online, ponte en contacto con nosotros y resolveremos todas las dudas que puedas tener acerca de este tema: cómo es la primera sesión, cómo funciona el programa de videollamadas, de qué manera se coordinan las sesiones, etc.

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Referencias bibliográficas:

● Change, P.M. (2011). Effectiveness of cybertherapy in mental health: a critical appraisal. Stud Health Technol Inform 167: pp. 3 – 8.
● Change, D.J. (2010). Empirical evidence on the use and effectiveness of telepsychiatry via videoconferencing: implications for forensic and correctional psychiatry. Soc Sci Med 71: pp. 1308 – 1315.
● Gratzer, D. y Khalid-Khan, F. (2016). Internet-delivered cognitive behavioural therapy in the treatment of psychiatric illness. CMAJ, 188(4) pp. 263 – 272.
● González-Peña, P., Torres, R., Del Barrio, V., y Olmedo, M. (2017). Uso de la tecnología en la práctica psicológica en España. Infocop.

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