Psicología

Síndrome de la covada: síntomas, causas, y qué hacer

Síndrome de la covada: síntomas, causas, y qué hacer

El embarazo es mucho más que un proceso biológico basado en las hormonas y la reproducción. Es, además, un fenómeno psicológico que modifica por completo la realidad de quien va a tener un bebé.

Sin embargo, las implicaciones psicológicas del embarazo no terminan en la piel de la mujer embarazada: tienen consecuencias también en su entorno social, especialmente en su pareja, en caso de tenerla.

Uno de los ejemplos más claros de esto es lo que se conoce como síndrome de la covada, cuyas características veremos a continuación de manera resumida.

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¿Qué es el síndrome de la covada?

El síndrome de la covada, también conocido como síndrome de Couvade, es un fenómeno psicológico que se da en personas muy cercanas a la mujer embarazada, especialmente el padre del bebé. En concreto, está compuesto por síntomas típicos en mujeres embarazadas, aunque normalmente con menor intensidad.

Como a la práctica quien más de cerca vive el embarazo es, además de la mujer embarazada, la pareja de esta, en ocasiones se llama “embarazo psicológico masculino”, dado que las uniones más comunes son heterosexuales. Sin embargo, no existen mecanismos psicológicos específicos que nos indiquen que el síndrome de la covada solo puede ser desarrollado por hombres.

 

Síntomas

Estos son los principales síntomas del síndrome de la covada.

1. Ansiedad

La ansiedad es uno de los aspectos más destacables del síndrome de la covada, y se mezcla con el resto de síntomas tanto en lo cognitivo como en lo comportamental.

La persona experimenta de forma relativamente frecuente un sensación de que necesita estar alerta, a veces debido a pensamientos preocupantes y en otras ocasiones sin ser capaz de detectar una causa concreta. Esto se debe a un desajuste hormonal.

2. Problemas de digestión

Los problemas de digestión van asociados al estrés, y se hacen notar enseguida, tras el inicio de estos episodios de ansiedad. Incluyen náuseas, gases, etc.

3. Trastornos del sueño

La persona con síndrome de la covada suele tener problemas para empezar a dormir, y en los casos más extremos, incluso se despierta varias veces sin motivo aparente más allá del hecho de tener un sueño ligero.

4. Antojos

Los antojos a la hora de comer son el resultado de un estilo de afrontación del malestar que produce el síndrome de la covada. Se busca una distracción en el hecho de saborear ciertos alimentos.

5. Dolores

Los dolores de tipo muscular también son comunes, sin que se hayan producido lesiones. En general, el sistema nervioso es más sensible a los estímulos provenientes del exterior.

6. Alteraciones cutáneas

La piel es una de las partes del cuerpo en la que los efectos del estrés y de la ansiedad más se hacen notar, y este caso no es una excepción. Ante el síndrome de la covada, pueden aparecer sarpullidos y problemas de acné.

7. Fatiga

En parte a todo lo anterior, las personas que desarrollan síndrome de la covada tienden a sentirse fatigadas con una frecuencia más elevada de la normal.

 

Causas

Al ser un fenómeno psicológico complejo, no existe una sola causa que permita explicar cómo surge el síndrome de la covada: cada caso es único y tiene sus características, y siempre hay involucradas variables tanto biológicas y genéticas como ambientales y dependiente del aprendizaje (voluntario o inconsciente).

Por otro lado, desde la psicología evolucionista se plantea la hipótesis de que el síndrome de la covada es el fruto de un mecanismo de adaptación por selección natural. En concreto, se han observado indicios de que la regulación hormonal de los hombres tiende a coordinarse con la de sus parejas cuando estas están embarazadas; de este modo, ambos prestan especial atención al proceso de desarrollo del bebé y eso facilita que nazca sano (y que la madre disponga de ayuda).

¿Qué hacer?

Tal y como hemos visto, el síndrome de la covada no es en sí un trastorno psicológico ante el cual sea necesario buscar ayuda profesional en todos los casos. Sin embargo, sí es verdad que algunas personas que han desarrollado este fenómeno pueden llegar a un punto en el que se sienten superadas por la situación, y buscan asistir a psicoterapia.
En estos casos, los psicólogos podemos ayudar a partir de nuestra formación y nuestro dominio de estrategias y recursos terapéuticos de gestión de las emociones, que tienen efectos positivos tanto en los hábitos y la manera de relacionarse con el entorno y con los demás, como en la manera de interpretar la realidad y de relacionarse con los propios pensamientos. Si te interesa, ponte en contacto con nuestro equipo de psicoterapeutas para asistir a sesiones presenciales u online.

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Referencias bibliográficas:

Bogren, L.Y. (1984). The couvade syndrome: Background variables. Acta Psychiatrica Scandinavica. 70 (4): pp. 316 – 320.
Masoni, S.; Maio, A.; Trimarchi, G.; De Punzio, C.; Fioretti, P. (1994). The couvade syndrome. Journal of Psychosomatic Obstetrics & Gynecology. 15(3): pp. 125 – 131.
Storey, A.E.; Walsh, C.J.; Quinton, R.L. & Wynne-Edwards, K.E. (2000). Hormonal correlates of paternal responsiveness in new and expactant fathers. Evolution and Human Behavior, 21: pp. 79 – 95.

Morderse las uñas: ¿qué hacer para abandonar este hábito?

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El hábito de morderse las uñas es un fenómeno que algunas personas desarrollan hasta un extremo que resulta problemático. Lo que empieza siendo un acto semi-inconsciente y automático pasa a ser una fuente de malestar y dolor, el cual incluso va de la mano de un mayor riesgo de infecciones.

En este artículo veremos las características del hábito de morderse las uñas y algunos consejos acerca de qué hacer para superarlo.

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Morderse las uñas de manera descontrolada: un problema frecuente

Son muchas las personas que en algún momento de su vida desarrollan el hábito de morderse las uñas. Se trata de un patrón de comportamiento que aparece de manera casi inconsciente, de un modo en el que no se le presta demasiada atención, y en algunos casos puede llegar a ser muy persistente, apareciendo una y otra vez cuando la persona deja de prestar atención a lo que hace con su cuerpo. Esto hace que, con el tiempo, puedan aparecer heridas en la punta de los dedos.

Causas

No existe una sola causa que explique la costumbre de morderse las uñas: es producto de una combinación de predisposiciones biológicas y experiencias aprendidas. Sin embargo, sí es cierto que se ha observado una mayor incidencia entre personas con determinados trastornos, como el síndrome de Tourette y determiadas adicciones. En general, es más frecuente que se transforme en un problema en quienes expresan dificultades para controlar sus impulsos.

Diferencia con la onicofagia

El hábito de morderse las uñas debe ser distinguido de la onicofagia. Esta palabra hace referencia a un trastorno psicológico basado en la conducta de comerse las uñas. Así, se distingue de la costumbre de morderse las uñas en dos aspectos fundamentales. Por un lado, en la mayoría de los casos implica meterse los trozos de uñas en la boca e incluso ingerirlos, no solo mordisquear. Por el otro, el grado en el que las personas que desarrollan onicofagia no pueden controlar este impulso hace que sea un trastorno; algo que no puede decirse de todos los casos en los que las personas se acostumbran a morderse las uñas.

¿Qué hacer ante este hábito?

Estos son algunos consejos a seguir para ayudar a mantener a raya la costumbre de morderse las uñas. Si tienes ese problema, aplícalos adaptándolos a tu caso específico.

1. Lleva un autorregistro

Tener a mano una pequeña libreta en la que ir anotando lo que nos pasa por la cabeza cada vez que nos mordemos las uñas con insistencia es una manera útil de aprender a detectar el estado psicológico previo a esta clase de comportamientos automáticos.

2. Aplica estrategias de gestión del estrés

Muchas veces, la acción de morderse las uñas responde a una manera de descargar tensiones acumuladas por el estrés. Por eso, aplicar medidas para gestionar la ansiedad y el estrés suele funcionar.

 

3. Aplica un sistema de incentivos

Establece metas a corto plazo para conseguir pasar cuanto más tiempo posible sin llevarte los dedos a la boca. Por ejemplo, pasar 6 horas sin morderte las uñas para concederte un pequeño regalo cada vez que lo consigas.

4. Avisa a las personas de tu entorno cercano

Explícales que estás tomando medidas para dejar de lado el molesto hábito de morderte las uñas. De ese modo, tu grado de compromiso con este proceso de cambio aumentará, al tener más motivos para no abandonarlo al intentar evitar que los demás te vean mordiéndote las uñas.

5. Ve a terapia psicológica

Si no te funciona ningún consejo y por mucho que lo intentes sigues mordiéndote las uñas, es recomendable que acudas al psicólogo. En psicoterapia es posible contar con el trato personalizado de profesionales expertos en este tipo de problemas (y de muchos otros relacionados con la gestión de los impulsos).

¿Buscas apoyo psicoterapéutico?

Si buscas ayuda profesional para superar este u otros problemas de tipo psicológico, ponte en contacto con nuestro equipo. En Avance Psicólogos disponemos de una trayectoria de más de dos décadas atendiendo a personas de todas las edades, y actualmente realizamos psicoterapia tanto de manera presencial como online.

A través de un proceso terapéutico de varias sesiones, ayudamos a las personas a mejorar en aspectos como la gestión de las emociones y de los impulsos, el establecimiento de hábitos más saludables, la adopción de marcos de pensamiento y de interpretación de la realidad más constructivos, el manejo del estrés, etc.

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Referencias bibliográficas:

Bohne A, Keuthen N, Wilhelm S (2005). Pathologic hairpulling, skin picking, and nail biting. Annals of Clinical Psychiatry, 17 (4): pp. 227- 232.
Brewer, P. (2008). The Neurobiology and Genetics of Impulse Control Disorders: Relationships to Drug Addictions. Biochemical Pharmacology. 75(1): 63 – 75.
Dell’Osso, B.; Altamura, A.C.; Allen, A.; Marazziti, D.; Hollander, E. (2006). Epidemiologic and clinical updates on impulse control disorders: a critical review. European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience. 256 (8): 464–75.
Leung AK, Robson WL (1990). «Nailbiting». Clin Pediatr (Phila) 29 (12): 690-2

Los 12 efectos psicológicos del alcohol

Los 12 efectos psicológicos del alcohol

Cualquier tipo de adicción a una sustancia genera una peor calidad de vida, y el alcohol no es una excepción.

El consumo excesivo de esta clase de bebidas genera tanto daños a nivel físico como a nivel psicológico, y sus efectos son distinto a corto y a largo plazo. Al fin y al cabo, el órgano que se ve más afectado por cualquier tipo de adicción es uno muy importante, el cerebro, ya que este es muy sensible a los cambios que se experimenta en el organismo.

En este artículo nos centraremos en los efectos psicológicos del consumo del alcohol, para comprender mejor cómo nos afecta esta sustancia.

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Los principales efectos psicológicos del alcohol

Al hablar de los efectos psicológicos del consumo del alcohol, es importante dividirlos en dos grandes grupos según el momento en el que se desarrollan y se expresan. Es decir, si aparecen inmediatamente tras su consumo (a corto plazo) o tras un tiempo consumiendo (a largo plazo). Por eso, aquí los veremos clasificados de esa manera, aunque estos efectos no son los mismos en todas las personas y dependen factores como la edad, el sexo o el peso corporal.

A corto plazo

Si nos centramos en los efectos psicológicos del alcohol que surgen en cuestión de minutos tras su consumo, destacan los siguientes.

1. Lapsos de memoria

La ingesta de alcohol puede producir alteraciones en la región de la memoria del cerebro (hipocampo), lo que provoca pérdidas de memoria momentáneas o de sucesos completos, según la cantidad ingerida.

2. Cambio emocional

Es uno de los efecto más visibles. Las personas suelen beber alcohol para desinhibirse y volverse más sociables, pero la verdad es que se trata de un depresor del sistema nervioso, y por eso pasados los primeros efectos genera cambios emocionales como la tristeza, la ansiedad o la agresividad.

3. Impulsividad

Relacionado al anterior, este efecto psicológico del consumo de alcohol se debe a que afecta a la región del córtex prefrontal, donde se controla la impulsividad de la persona, entre otras cosas. Por ello, ingerir bebidas alcohólicas tiende a hacer que seamos más impulsivos en la tomas de decisiones y arriesgado.

4. Pérdida de conocimiento

Al consumir grandes cantidades de alcohol en poco tiempo, se provoca un aumento vertiginoso en la cantidad de esta sustancia que hay en la sangre, lo que puede inducir a un desmayo o pérdida de la conciencia cuando el contenido de la bebida pasa a ser metabolizado.

A largo plazo

Ahora, pasemos a ver cuáles son los efectos psicológicos del alcohol a largo plazo, es decir, en la escala de semanas, meses y años.

1. Destrucción neuronal

El consumo continuo de alcohol provoca un descenso marcado en la cantidad de neuronas que hay en el cerebro, debido a que muchas mueren por la exposición a los efectos de la sustancia en el sistema nervioso.

2. Trastornos emocionales

Si a corto plazo el alcohol modifica el carácter, a largo plazo este efecto psicológico por el consumo de alcohol es más potente y duradero.

El consumo continuado de esta droga lleva en muchos casos a disminuir la cantidad de serotonina, neurotransmisor implicado en el estado de ánimo, lo que lleva a que un alcohólico presente, típicamente, cuadros depresivos.

A esto hay que sumarle otros factores externos, como el rechazo social o la sensación de tristeza o inutilidad, que alimentan aún más la situación.

 

3. Inmadurez emocional

El abuso del alcohol y la situación de la persona frente la sociedad llevan a las personas alcohólicas a tener una conducta inmadura; en otras palabras, les cuesta afrontar problemas, sufren baja autoestima y tienen sensación de fracaso en sus vidas.

4. Problema en el desarrollo cerebral

El consumo abusivo del alcohol en jóvenes afecta a un correcto desarrollo del cerebro. Esto se traduce en dificultades de aprendizaje y memoria. Por desgracia, el consumo de bebidas alcohólicas se da cada vez en edades más tempranas.

5. Distorsión de la realidad

Este efecto psicológico derivado del consumo del alcohol lleva a las personas a generarse ideas falsas, autoengañarse y desconfiar de los demás, lo que sumado a lo anterior, agrava estados de depresión.

6. Demencia

Si a corto plazo ocurren ya daños en el sistema nervioso propiciados por las bebidas alcohólicas, a largo son peores. El alcohol puede destruir las neuronas del hipocampo, lo que implica dificultades en retener recuerdos, por lo que surgen problemas de memoria. En algunos casos, estos daños son permanentes incluso una vez superada la adicción.

7. Psicosis

En las adicciones prolongadas, el exceso de alcohol en sangre hace que algunas personas propensas a los síntomas psicóticos experimenten alucinaciones. Asimismo, cortar de forma repentina el consumo provoca un síndrome de abstinencia al alcohol que se representa con movimientos involuntarios, temblores, náuseas o incluso la muerte.

8. Síndrome de Wernicke-Korsakoff

Esta alteración tiene su origen en la carencia de vitamina B1, y es habitual en personas que sufren de alcoholismo. Este síndrome es la suma de la encefalopatía de Wernicke, enfermedad que genera entre otros efectos una descoordinación a la hora de caminar o mover los ojos, y el síndrome de Korsakoff, basado en problemas de memoria.

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Referencias bibliográficas:

Elzo, J. (dir) et al (2009): Las culturas de las drogas en los jóvenes y fiestas. Vitoria, Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco.
Gómez-Jarabo, G. (1999). Farmacología de la conducta. Manual básico para psicoterapeutas y clínicos. Madrid: Síntesis psicología.

Eritrofobia: los síntomas y características de la fobia a ruborizarse

Eritrofobia: los síntomas y características de la fobia a ruborizarse

En psicología, se conoce como eritrofobia un tipo de trastorno perteneciente a la categoría de las fobias, y que tiene que ver con el miedo a ruborizarse en situaciones sociales, es decir, al interactuar con los demás.

En este artículo veremos en qué consiste exactamente la eritrofobia, cuáles son sus síntomas, y qué debe hacer una persona que haya desarrollado esta alteración psicológica.

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¿Qué es la eritrofobia?

La ansiedad está implicada en buena parte de los trastornos psicológicos que aparecen en los manuales diagnósticos de psiquiatría y psicología clínica. Se trata de un fenómeno que suele producir un malestar difuso, cuyo origen muchas veces cuesta de identificar, y que puede afectarnos durante un tiempo indeterminado.

Por ejemplo, podemos sentirnos ansiosos porque tenemos una presentación oral en nuestra clase de universidad, o porque sentimos que se nos acumula el trabajo, o incluso porque no sabemos qué hacer ante una decisión difícil. En todas estas situaciones el malestar puede irse acumulando, llevándonos a estar alerta y a volvernos sensibles ante prácticamente cualquier inconveniente que nos ocurra.

Sin embargo, hay ocasiones en las que la ansiedad adopta una naturaleza más concreta, apareciendo y desapareciendo siguiendo una serie de patrones más o menos predecibles. Esto es lo que ocurre en el caso de las fobias, que son trastornos de ansiedad ligadas a eventos específicos que son capaces de llevarnos a sentir mucha angustia y estrés en cuestión de segundos.

Esto nos lleva a hablar de la eritrofobia, que es una de las maneras en las que la ansiedad puede expresarse de forma psicopatológica. En concreto, la eritrofobia es el trastorno psicológico en el que la idea de ruborizarse a la vista de una o más personas produce tanto temor o inseguridad que surge un estado de intensa ansiedad en muy poco tiempo, cuestión de segundos.

Así pues, este fenómeno no se diferencia mucho del resto de trastornos de tipo fóbico, tal y como es habitual en este tipo de alteraciones de la salud mental; en ellas, normalmente lo único que varía son las situaciones que hacen que surja la reacción psicopatológica de ansiedad extrema. En lo que se refiere a los síntomas, casi todas las fobias son muy parecidas.

 

Síntomas

Estos son los síntomas típicos que pueden empezar a manifestar quienes han desarrollado eritrofobia. Se trata de fenómenos de tipo psicológico y fisiológico que aparecen cuando la persona cree que se expone al “peligro” de ponerse muy roja estando con alguien, o exponiéndose a la mirada de gente con la que se tiene poca confianza. Estos desaparecen casi en su totalidad poco después de que la persona deje de exponerse a esas situaciones, pero siguen condicionando su comportamiento y causándole malestar.

1. Sudoración excesiva

Los sudores son un síntoma muy habitual en quienes sufren un trastorno de ansiedad, y el caso de la eritrofobia no es una excepción.

2. Temblores

Cuando sube el nivel de ansiedad debido a una fobia, la tensión muscular aumenta, y esto hace que muchas personas que han desarrollado el trastorno tiemblen de manera visible cuando en los momentos en los que entran en crisis.

3. Náuseas

Los mareos y las náuseas son habituales en los casos más severos, en los que la persona se siente físicamente muy mal debido a la fobia.

4. Problemas digestivos

Cuando la ansiedad se acumula en exceso, esto se hace notar en los procesos digestivos. Pueden aparecer gases, dolor de vientre, etc.

5. Pensamientos catastróficos

Las personas con eritrofobia o con cualquier otro tipo de fobia tienden a desarrollar previsiones muy pesimistas acerca de lo que les ocurrirá a causa de aquello que ha desencadenado la subida del nivel de ansiedad. Por ejemplo, quienes presentan eritrofobia pueden llegar a pensar que su rubor facial hará que reciban fuertes burlas o incluso marginación social.

6. Conductas de huida

En el momento en el que se da la crisis de ansiedad causada por la eritrofobia, la persona pierde buena parte del control de sus actos y por eso siente la necesidad de alejarse cuanto antes del contexto que ha desencadenado ese subida repentina de su nivel de ansiedad (una conversación, un evento público, etc.).

 

7. Conductas evitativas

Finalmente, también hay que destacar que la mayoría de personas con eritrofobia tienden a evitar situaciones de socialización en las que creen que pueden sufrir crisis de ansiedad debidos a este trastorno.

¿Qué hacer?

La eritrofobia puede parecer una alteración psicológica muy irracional, y en cierto punto lo es, pero eso no significa que no sea seria. Puede llegar a limitar o extinguir casi totalmente la vida social de quien la desarrolla, además de producir mucho malestar. Por ello, la solución pasa por asistir a psicoterapia y ponerse en manos de profesionales de la salud mental. La buena noticia es que las fobias son trastornos que responden bien al tratamiento, y en cuestión de pocos meses la intensidad de sus síntomas suele rebajarse mucho, hasta el punto de dejar de ser un problema significativo.

¿Te interesa asistir a terapia para superar una fobia?

Si crees que has desarrollado un trastorno psicológico de tipo fóbico y estás buscando ayuda profesional para superarlo, ponte en contacto con nosotros.

Los psicoterapeutas que formamos parte del equipo de Avance Psicólogos disponemos de una trayectoria de más de 20 años de experiencia tratando a pacientes con trastornos de ansiedad como la eritrofobia, y hoy en día ofrecemos terapia tanto en nuestro centro ubicado en Madrid como a través de los servicios de terapia online a partir de videollamada.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5ª ed.), Arlington: American Psychiatric Publishing.
Caballo, V. (1998). International Handbook of Cognitive and Behavioural Treatments for Psychological Disorders. Oxford: Pergamon.
Edmund, J.B. (2005). The Anxiety & Phobia Workbook. Oakland: New Harbinger Publications.
Hamm, A.O. (2009). Specific phobias. The Psychiatric Clinics of North America. 32(3): pp. 577 – 591.

El dolor de cabeza por ansiedad: cómo surge, y qué hacer

El dolor de cabeza por ansiedad: cómo surge, y qué hacer

La ansiedad y el dolor de cabeza son dos formas de malestar comunes, capaces de afectar a todo tipo de personas, de manera que son muy conocidas a nivel popular. Sin embargo, lo que no todo el mundo sabe es que hay una conexión causal entre ellas; es decir, que en ocasiones, una produce la otra.

A lo largo de este artículo veremos cuáles son las características principales del dolor de cabeza por ansiedad y qué se puede hacer para combatir ese malestar.

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La ansiedad como fuente de molestias

Aunque normalmente pensemos en la ansiedad como algo que produce incomodidad o directamente dolor emocional, en realidad es un estado psicológico y fisiológico necesario para la supervivencia.

La ansiedad forma parte de los mecanismos biológicos que nos permiten adaptarnos a los retos que nos plantea el entorno, ya que, normalmente, gracias a ella somos capaces de reaccionar ante problemas y peligros de manera rápida, evitando riesgos. Es cierto que produce malestar, pero a cambio de mejorar nuestras probabilidades de no salir mal parados cuando aparece un reto que debemos superar sin demoras.

Sin embargo, este sistema falla a veces, y por ello en ocasiones la ansiedad deja de ser un remedio y pasa a ser un problema, algo que daña nuestra calidad de vida y cuyas ventajas no compensan sus inconvenientes. Es lo que ocurre cuando nos ponemos ansiosos sin que existan motivos que permitan justificarlo y, a la vez, sufrimos problemas de salud por culpa de esa acumulación de ansiedad, como por ejemplo una bajada de la actividad de nuestro sistema inmunitario o el problema que nos concierne en este artículo: el dolor de cabeza.

 

Los dolores de cabeza por ansiedad: ¿cómo surgen?

Una de las características de la ansiedad es que, de manera automática y ajena a nuestra voluntad, hace que la tensión de nuestros músculos aumente incluso cuando no hacemos fuerza de manera deliberada.

Esto se ve claramente cuando nos ponemos tan ansiosos que aparecen los temblores: esto es consecuencia de que las fibras musculares reciben tal estimulación por parte de nuestro sistema nervioso que se mantienen tensas, de manera que muchas partes de nuestro cuerpo empiezan a tirar hacia sí.

Sin embargo, incluso cuando no hay temblores claramente visibles, la ansiedad hace lo mismo a pequeña escala, de manera que nuestros músculos se mantienen como si estuviesen preparados para hacer servir la fuerza rápidamente, en cuanto reciban órdenes del cerebro.

La cabeza y la zona del cuello son dos de las partes del cuerpo más sensibles a este tipo de fenómenos, ya que por ellas pasan una gran cantidad de músculos. Esto hace que a menudo, al pasar mucho tiempo con tensión en esas fibras musculares, surjan dolores de cabeza llamados cefaleas tensionales. Este tipo de cefalea surge cuando hay demasiada tensión en la parte del cuello y del cuero cabelludo, y la ansiedad es una de sus causas principales, si bien no la única; también puede estar producida por el simple hecho de haber pasado varios minutos en una postura incómoda, o por una lesión.

¿Qué hacer?

Existen varias maneras de prevenir la aparición de dolores de cabeza debidos a la ansiedad, y todas coinciden más o menos con las medidas adoptadas para dificultar que nos pongamos ansiosos en exceso o que nos pongamos en situaciones generadoras de mucho estrés. Estos son algunos consejos.

 

1. Practica ejercicios de relajación

Existen varios ejercicios de relajación simples de aplicar y que solo requieren dedicarles unos minutos. Por ejemplo, la relajación muscular progresiva de Jacobson o el body scan.

2. Duerme bien

El hecho de no descansar lo suficiente nos expone más a la ansiedad, y además nos predispone a sufrir dolores de cabeza prácticamente desde que nos despertamos.

3. Lleva ropa cómoda

Realizar actividades llevando ropa que no está adaptada a esas tareas nos vuelve más vulnerables al estrés y a adoptar posturas inadecuadas.

4. Asegúrate de que respiras bien

Respirar de manera inadecuada también hace más probable que nos sintamos ansiosos. Por ello, debemos procurar respirar haciendo uso del diafragma.

5. Acude a psicoterapia

Si crees que hagas lo que hagas no consigues combatir los dolores de cabeza debidos a la ansiedad, considera la posibilidad de acudir a psicoterapia. Los centros de asistencia psicológica también ofrecemos servicios especializados para gestionar esta clase de problemas en los que lo emocional se mezcla con lo físico.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
Benzon, H.T.; Raja, S.N.; Liu, S.S.; Fishman, S.M.; Cohen, S.P.; (2018). Essentials of Pain Medicine. Filadelfia: Elsevier.
Jensen, R.H. (2018). Tension-type headache – the normal and most prevalent headache. Headache; 58(2): pp. 339 – 345.
Loder E, Rizzoli P; Rizzoli (2008). Tension-type headache. BMJ. 336(7635): pp. 88 – 92.
McLaughlin, K.; Behar, E.; Borkovec, T. (2005). Family history of psychological problems in generalized anxiety disorder. Journal of Clinical Psychology 64 (7): pp. 905 – 918.
Rynn, M.A.; Brawman-Mintzer, O. (2004). Generalized anxiety disorder: acute and chronic treatment. CNS Spectrums. 9(10): pp. 716 – 723.

Los 6 principales beneficios del yoga, explicados

beneficios del yoga

Los 6 principales beneficios del yoga, explicados. El yoga es una práctica que cuenta con una historia milenaria; sus orígenes están ligados a religiones como el hinduismo, el budismo y otros sistemas de creencias relacionados con estas dos.

Sin embargo, con el paso del tiempo no sólo no ha perdido popularidad, sino que hoy en día se ha expandido a muchas otras culturas, y es practicado incluso por quienes no se interesan por la carga religiosa de esta clase de ejercicios.

El reconocimiento que el yoga cuenta entre gran parte de la población no es simplemente una cuestión de modas, dado que incorporar esta práctica al día a día como un hábito más tiene varias ventajas en términos de mejoras para la calidad de vida. Es por ello que en este artículo veremos un resumen de los beneficios más importantes del yoga.

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Los 6 principales beneficios del yoga, explicados

Este es un resumen de los principales beneficios del yoga, tanto los físicos como los psicológicos. Sin embargo, ten en cuenta que al existir tipos muy diversos de yoga, estos efectos en el bienestar de las personas también varían, y no en todos los casos se dan cada uno de los beneficios listados a continuación.

1. Permite mejorar la consciencia corporal

Tal y como ocurre con muchos tipos de ejercicio físico, el yoga es una manera de aumentar la consciencia corporal. Es decir, que al habituarnos a practicarlo, nuestro “mapa mental” de nuestro cuerpo se desarrolla hasta llegar a ser significativamente más detallado que antes. Esto hace posible mejorar en la coordinación de movimientos.

2. Ayuda a fortalecer los músculos

Muchas prácticas de yoga son verdaderos ejercicios isométricos, es decir, ejercicios en los que hay que mantener la tensión muscular y hacer fuerza para ser capaces de mantener una postura. Así, se realiza esfuerzo físico para aguantar el peso de determinadas partes del cuerpo. Esto permite fortalecer los músculos a partir de movimientos libres, de manea que cada vez activamos fibras musculares diferentes y existe una gran variedad de combinaciones.

3. Puede ser una base para el Mindfulness

El Mindfulness es una práctica inspirada en la meditación vipassana y que actualmente es usada para intervenir psicológicamente para ayudar a gestionar las emociones y los niveles de ansiedad; hoy en día cada vez es aplicada en contextos muy variados, como la psicoterapia o los espacios de trabajo y aprendizaje (oficinas, escuelas…). Consiste en inducir un estado mental conocido como Atención Plena, y que se caracteriza por mantener la consciencia fijada en el aquí y ahora.

Además, otra de las características del Mindfulness es que es muy flexible y dispone de varias maneras de ser practicado.

Esto hace que el Mindfulness pueda ser aplicado a ejercicios de yoga, combinando el componente físico de este último con los aspectos de regulación de la atención del primero.

4. Ayuda a dormir mejor

Las personas que en ocasiones tengan problemas para dormir que no lleguen a constituir un trastorno pueden beneficiarse de practicar yoga, siempre que esta práctica no implique realizar grandes esfuerzos físicos pocas antes de irse a la cama.

Una posible explicación que ayuda a entender esto es que el yoga estimula la producción de serotonina, neurotransmisor que favorece los estados de relajación y además impulsa la generación de melatonina, la sustancia que nos lleva a un estado de sueño.

5. Ayuda a mejorar la flexibilidad

Este es otro de los beneficios más destacables del yoga: el modo en el que potencia la flexibilidad corporal. Esto no resulta sorprendente, dado que al realizar posturas muy variadas, se intenta aprovechar al máximo el rango de movimiento.

 

6. Es una manera de desconectar

No hay que olvidar que el yoga también es bueno por su valor como actividad agradable. Es una forma estimulante de desconectar de todo aquello que nos ha estado produciendo estrés en el día a día y de centrarse en el presente.

Una práctica tan estimulante como útil

El yoga dispone hoy en día de muchas variantes, y es fácil encontrar a profesionales que trabajan como instructores. En cualquier caso, para iniciarse en esta práctica es recomendable no intentar los ejercicios más complicados sin contar con supervisión o experiencia previa. Lo mejor es empezar con ejercicios sencillos que no fuerzan mucho las articulaciones, para poco a poco ir desarrollando flexibilidad.

 

¿Buscas apoyo profesional para mejorar tu bienestar emocional?

Si te interesa mejorar tu bienestar psicológico y aprender hábitos que potencien la armonía emocional, considera la opción de ponerte en contacto con nuestro equipo de profesionales de la psicología.

En Avance Psicólogos contamos con más de 20 años de experiencia atendiendo a personas de todas las edades, y contamos con expertos especializados en aspectos muy diversos de la salud mental y emocional, trabajando de manera coordinada.

Puedes contar con nosotros a través de sesiones presenciales en nuestras instalaciones en Madrid o de manera online mediante videollamada.

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Referencias bibliográficas:

Bronkhorst, J. (1993), The Two Traditions of Meditation in Ancient India. Delhi. Motilal Banarsidass.
Didonna, F. (2011). Manual Clínico de Mindfulness. Paris: Desclée de Brouwer.
Feuerstein, G. (2001). The Yoga Tradition: Its History, Literature, Philosophy and Practice. Arizona, USA: Hohm Press.
White, D.G. (2011). Yoga in Practice. Princeton: Princeton University Press.

¿Por qué sentimos miedo?

¿Por qué sentimos miedo?

¿Por qué sentimos miedo? El miedo es una de las emociones más potentes, entre otras cosas, porque con cierta frecuencia entendemos que es un problema.

De hecho, es habitual que se hable de él entendiéndolo como una “emoción tóxica”, algo que hace de nuestras vidas algo más doloroso y que nos aleja de la felicidad. El miedo, en definitiva, es entendido muchas veces como uno de los aspectos a evitar.

Sin embargo, eso es precisamente lo que nos da pistas acerca de por qué tiene valor y por qué tiene sentido que exista: el miedo es un fenómeno positivo y útil. A lo largo de este artículo hablaremos justamente acerca de este tema, es decir, por qué sentimos miedo, cuál es su razón de ser.

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¿Por qué sentimos miedo? La utilidad de esta emoción

Es cierto que sentir miedo no es una experiencia agradable: cuando esta emoción emerge con fuerza en nuestro estado mental nuestra atención queda centrada en ella justamente porque es un fenómeno disruptivo, que desearíamos que desapareciese cuanto antes. Con algunas excepciones, como por ejemplo la sensación de tensión que nos invade al ver películas de terror o al explorar zonas de parques de atracciones diseñadas para dar “sustos”, nos resulta evidente que el miedo forma parte del displacer, y no se mezcla para nada con el goce. Esto es por un motivo.

El miedo existe precisamente porque es una fuente de motivación muy potente, y como tal, desencadena acciones. En concreto, despierta en nosotros la necesidad de evitar situaciones o de esquivar factores de riesgo, priorizando esto y dejando todo lo demás para más tarde. Por consiguiente, es una herramienta adaptativa, un fenómeno psicológico y fisiológico que compartimos con muchos otros animales justamente porque resulta muy útil para una gran variedad de formas de vida.

Así pues… ¿por qué sentimos miedo? Porque aunque es una experiencia desagradable, nos lo ha puesto mucho más fácil a la hora de sobrevivir durante cientos de miles de años. El miedo hace que no tengamos que depender de la razón, que suele tomarse su tiempo para arrojar conclusiones ante un tema y aportar decisiones ante una duda, y que podamos reaccionar rápidamente cuando hay algo a nuestro alrededor que nos da motivos para preocuparnos. No hay que olvidar que el cuerpo humano está diseñado sobre todo para sobrevivir, y no tanto para sentir placer constantemente.

Los problemas que pueden surgir

A pesar de que en la mayor parte de las ocasiones el miedo sea algo que o nos beneficia o no nos perjudica, en casos específicos puede llegar a constituir un problema, dado que como mecanismo de adaptación al entorno, no es perfecto al ser producto de la evolución, un fenómeno natural y sin nadie que lo dirija. Estos son algunos ejemplos.

1. Fobias

Las fobias son trastornos de ansiedad que aparecen cuando una persona desarrolla patrones de evitación ante determinados estímulos que no suponen un peligro real, y que pueden ser muy variados: agujas, arañas, rayos y tormentas, etc.

2. Parálisis del análisis

La parálisis del análisis no es un trastorno psicológico propiamente dicho, pero puede llegar a causar muchos problemas. Consiste en una situación de bloqueo en la que el miedo a tomar una situación incorrecta hace que la persona no se decante hacia ninguna de las opciones entre las que puede elegir, dejando que pase el tiempo.

 

3. Trastorno de pánico

El trastorno de pánico es otra alteración psicológica perteneciente a los trastornos de ansiedad, como las fobias. Se caracteriza por la aparición de episodios de crisis de ansiedad sin desencadenante objetivo claro, en los que la persona pierde el control a la vez que experimenta síntomas como los temblores, las dificultades para respirar, sudores fríos, mareos, etc.

 

¿Cómo tratar los problemas relacionados con el miedo?

Tal y como hemos visto, el miedo puede dar lugar a algunos problemas, parte de los cuales son tan significativos que constituyen un trastorno psicológico. En estos casos es importante acudir cuanto antes a psicoterapia e iniciar un proceso de aprendizaje en la gestión de las emociones.

Esto se consigue a través de varias sesiones en las que el psicólogo analiza el caso concreto de la persona que busca apoyo psicoterapéutico, establece una hipótesis acerca de cuál es el problema a tratar, y propone un plan de acción personalizado y basado en adoptar nuevos hábitos a la hora de interactuar con el entorno y modular las emociones, entrenando al paciente en varias técnicas y estrategias eficaces. Esto tiene lugar a lo largo de semanas o meses, teniendo en cuenta que entre sesión y sesión se le asignan tareas al paciente, y estas deben ser realizadas por su cuenta.

Si te interesa contar con ayuda psicológica profesional para aprender a gestionar tus miedos, ponte en contacto con nosotros.

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Referencias bibliográficas:

Garcia, R. (2017). Neurobiology of fear and specific phobias. Learn Mem. 24(9): pp. 462 – 471.
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Ledoux, J. (2003). The emotional brain, fear, and the amygdala. Cellular and Molecular Neurobiology. 23(4–5): pp. 727 – 738.
Lewis, M. & Haviland-Jones, J.M. (2000). Handbook of emotions. Nueva York: The Guilford Press.
Olsson, A.; Nearing, K.I.; Phelps, E.A. (2006). “Learning fears by observing others: The neural systems of social fear transmission”. Social Cognitive and Affective Neuroscience. 2 (1): pp. 3 – 11.

¿Por qué es importante la dopamina?

¿Por qué es importante la dopamina?

¿Por qué es importante la dopamina?. Nuestro cerebro es el elemento clave que nos convierte en humanos. Un gran entramado de conexiones que nos permite desde lo más simple, como caminar, hasta maravillas como la acción de imaginar.

Para llevar a cabo estas comunicaciones neuronales que permiten realizar todo tipo de acciones, nuestro sistema nervioso hace uso de unas moléculas llamadas neurotransmisores. Existen muchos de ellos, y uno de los más importantes es la dopamina, sustancia asociada a la producción del placer y la felicidad.

Sin embargo, la importancia de la dopamina no se limita a lo placentero; estas no son sus únicas funciones, y cada vez se encuentra más. De hecho la dopamina es el neurotransmisor más utilizado por el cerebro, y tanto su exceso como su ausencia se asocian a enfermedades mentales y neurológicas tales como el Parkinson.

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Dopamina: ¿por  qué es tan importante para nuestro cuerpo?

La relevancia de la dopamina reside en el hecho de que está implicada en muchas funciones vitales de nuestro día a día, siendo las siguientes las más destacadas.

1. La coordinación del movimiento

Se ha visto que, para una coordinación eficaz de los movimientos, la dopamina es clave.

En el caso de un exceso, provoca que haya movimientos excesivos e innecesarios, algo que puede verse expresado a través de los ticks. En cambio, la falta de dopamina en el sistema nervioso hace que se ralenticen los movimientos, e incluso dificulta que lleguen a ser ejecutados si son más o menos complejos.

2. Funciones en la memoria y la atención

La presencia de dopamina tiene relevancia en las funciones cognitivas como la memoria, la atención o el aprendizaje.

Al aprender algo que nos satisface, la dopamina abre conexión con el hipocampo, área del cerebro encargada de la memoria, para así permitirnos retener la información y crear nuevos recuerdos.

Como siempre, aquí la importancia está en mantener un equilibrio, es decir, el exceso o ausencia de la dopamina genera problemas de memoria, imposibilidad de concentración o dificultades de aprendizaje.

3. El sistema de recompensa

Otro de los motivos por los que la dopamina es importante tiene que ver con la posibilidad de tener fuentes de motivación que nos lleven a realizar acciones voluntarias. De hecho, una de las funciones de la dopamina es a la sensación del placer, aquella que nos aporta propósito al esperar determinadas consecuencias positivas a partir de nuestras acciones.

Cuando realizamos una actividad que nos agrada, el cerebro libera dopamina para darnos la sensación del placer como recompensa, lo que favorece que repitamos la tarea en futuras decisiones. Por extensión, la dopamina tiene su papel en la motivación, viéndose que personas enfocadas en un objetivo presentan más dopamina en su sistema nervioso.

Por este mecanismo de recompensa basado (entre otras sustancias) en la dopamina se explica que algunas drogas, como la cocaína o anfetaminas, generen adicción, debido que intervienen en esos circuitos dopaminérgicos del placer y hacen que el estímulo del consumo de esas sustancias pase a ser la prioridad absoluta de la persona.

Finalmente, la dopamina también está asociada al sobrepeso y la obesidad, ya que muchas de las personas que tienen tendencias a estos problemas de salud presentan menos de un tipo de receptor neuronal para la dopamina, lo que implica que necesitan comer más para llegar al nivel de satisfacción al que otras personas llegarían con menos comida. Eso se traduce en alimentarse en exceso y almacenar esto en forma de grasa en nuestro organismo.

4. Funciones sociales

La dopamina también regula las interacciones sociales de la persona. La tendencia a liberar menos dopamina en el sistema nervioso está presente en personas con fobia social. Por otro lado, en las personas con trastorno bipolar en fase maníaca, que tienden a la hiper-sociabilidad, hay un exceso de acción de la dopamina.

Además, estudios indican que los jóvenes toman más decisiones arriesgadas cuando hay mucha cantidad de dopamina en ciertas regiones del cerebro.

Por este motivo se entiende que la presencia de dopamina tiene implicaciones en el desarrollo de patrones de personalidad vinculados con la vida social y la interacción con los demás; hace que crezcan o disminuyan las probabilidades de actuar de una manera más introvertida o extrovertida; valiente o temerosa, por ejemplo.

 

5. Regulación del sueño

La dopamina también es relevante en lo relativo a la liberación la melatonina, hormona implicada en el ciclo del sueño y que ofrece la sensación de necesitar dormir. Por ello, los problemas de dopamina pueden degenerar en trastornos de sueño, debido que no se liberan las cantidades adecuadas de melatonina.

6. Regulación de la prolactina

La dopamina se encarga de mantener la producción de la prolactina inactiva en el cerebro. Esta hormona es la encargada de que se inicie la secreción de leche por parte de las glándulas mamarias en el periodo de lactancia.

7. La generación de dolor y náuseas

La dopamina está implicada en el procesamiento del dolor. Niveles bajos de dopamina provocan sensación de dolor en enfermedades como en el Parkinson, por ejemplo. No hay que olvidar que el dolor es un fenónemo muy importante para nuestra supervivencia, y quienes por alguna enfermedad de tipo neurológico no son capaces de experimentarlo, suelen tener serios problemas en su vida cotidiana, al tardar en reaccionar a las lesiones.

Otro de los motivos por los que la dopamina es crucial para nosotros es que está implicada en el reflejo náuseas y vómitos, mecanismo muy útil para proteger nuestro sistema digestivo. El uso de fármacos que impiden trabajar a la dopamina evitan que los pacientes de quimioterapia, por ejemplo, tengan ganas de vomitar.

8. Modulación del humor

Se ha visto que los niveles de dopamina están más bajos de lo normal en casos de personas con depresión y bajo estado de ánimo, por lo que se cree que su presencia importa mucho a la hora de mantener el equilibrio emocional. Eso sí, esta función no es exclusiva de la dopamina, dado que también hay otras hormonas y neurotransmisores implicadas, como por ejemplo la serotonina.

 

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Referencias bibliográficas:

Baliki, M.N.; Mansour A.; Baria A.T.; Huang L.; Berger S.E.; Fields H.L.; Apkarian A.V. (2013). Parceling human accumbens into putative core and shell dissociates encoding of values for reward and pain. The Journal of Neuroscience. 33(41): pp. 16383 – 16393.
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Yager, L.M.; Garcia, A.F.; Wunsch, A.M.; Ferguson, S.M. (2015).

Los trastornos del estado de ánimo más frecuentes

Los trastornos del estado de ánimo más frecuentes

Los trastornos del estado de ánimo están entre las alteraciones psicológicas más comunes tanto entre las personas que acuden a la consulta de psicoterapia como entre la población en general.

Se trata de fenómenos psicopatológicos que, como su nombre indica, afectan sobre todo al estado emocional de las personas, y en muchos casos degeneran en situaciones muy dañinas que implican el riesgo de perder la vida, muchas veces mediante el suicidio.
En este artículo veremos cuáles son los trastornos del estado de ánimo más frecuentes, así como sus características principales.

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¿Cuáles son los trastornos del estado de ánimo más comunes?

Aquí encontrarás un resumen acerca de los trastornos del estdo de ánimo más extendidos entre la población general, sus síntomas, y más adelante veremos el tipo de tratamientos usados para ayudar a los pacientes que presentan estas psicopatologías.

1. Depresión mayor

La depresión mayor, o depresión clínica, es el trastorno del estado de ánimo más frecuente, y se estima que está presente en aproximadamente un 4% de la población. Sus síntomas tienen que ver con un estado de ánimo extremadamente bajo y la pérdida de interés por involucrarse en actividades más o menos complejas aunque cotidianas, especialmente socializar durante el tiempo libre, cuidar del propio estado de salud, iniciar proyectos personales, etc. También suelen estar presentes los momentos de llanto incontrolado, pensamientos de desesperanza acerca del futuro, e incluso ideación suicida.

Eso sí, no es imprescindible presentar todos estos síntomas a la vez; por ejemplo, mucha gente desarrolla depresión mayor y no considera sentirse triste, ni llora.

 

2. Distimia

La distimia está presente en, más o menos, un 2% de la población. Esta alteración psicológica puede ser entendida como una versión de la depresión clínica en la que los síntomas son menos intensos pero duran más (al menos, dos años). Por ello, en la distimia están presentes los síntomas depresivos típicos, pero en los casos severos no hay síntomas de tipo psicótico como por ejemplo las alucinaciones, algo que a veces sí ocurre en la depresión mayor y el trastorno bipolar.
A pesar de que el grado de sufrimiento suele ser menor que en la depresión mayor, se sigue necesitando asistencia psicológica y, en algunos casos, también psiquiátrica. En este sentido, quizá te interese nuestro post: Distimia: causas y síntomas de un trastorno parecido a la depresión

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3. Trastorno bipolar

El trastorno bipolar está presente más o menos en un 1% de la población. Se caracteriza por la alternancia entre episodios de manía o hipomanía, y otras etapas en las que predominan los síntomas depresivos.

La manía es un estado psicológica caracterizado por la euforia excesiva y la tendencia a tener una confianza ciega en las propias capacidades hasta el punto en el que la persona puede exponerse a serios peligros. Por otro lado, la hipomanía es una versión menos intensa de la manía, y no suele poner a la persona en situaciones arriesgadas para su integridad física.

4. Trastorno del estado de ánimo inducido por sustancias

Esta es una categoría muy heterogénea de alteraciones psicológicas ligadas al estado de ánimo, y está compuesta por los problemas que en algunos casos surgen debido al consumo de sustancias con efectos psicoactivos, ya sean fármacos, drogas ilegales o drogas legales como el alcohol. Existen resultados muy variados a la hora de investigar la frecuencia con la que afecta a las personas, pero se estima que menos del 1% de la población lo ha desarrollado.

¿Cómo se tratan?

Diferentes trastornos del estado de ánimo requieren diferentes formas de intervención en salud mental, pero en general, hay algunos aspectos comunes de la terapia que conforman la estructura del apoyo que se da a los pacientes con esta clase de alteraciones.

En lo que respecta a la psicoterapia, es frecuente el uso de las técnicas de reestructuración cognitiva y de activación conductual. Las primeras tienen como objetivo ayudar a las personas a cuestionarse y a modificar su sistema de creencias, para descartar aquellas ideas a las que se aferran a pesar de resultar dañinas a la hora de interpretar el mundo a través de ellas. Las de activación cognitiva tienen como objetivo ayudar a la persona a mantenerse alejada del modo de vida sedentario y solitario (que refuerza aún más la intensidad y la duración de los síntomas depresivos) y permitirle encontrar nuevas fuentes de motivación a través de hábitos sencillos.

 

Además, como muchos pacientes con trastornos del estado de ánimo también han desarrollado trastornos de ansiedad, en muchos casos también se utilizan métodos de exposición controlada, para “perderle” el miedo” a algunas situaciones y empezar a tener una vida más rica en matices.

Por otro lado, desde la intervención psiquiátrica, se suelen utilizar fármacos de tipo antidepresivo para mitigar a medio plazo la intensidad y frecuencia de los síntomas depresivos. Este es un método de intervención que solo puede ser utilizado por los centros que contamos con médicos.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Panamericana.
Blanco C.; Alegría, A.A.; Liu, S.M.; Secades-Villa, R.; Sugaya, L.; Davies, C.; Nunes, E.V. (2012). Differences among major depressive disorder with and without co-occurring substance use disorders and substance-induced depressive disorder: results from the National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions. J Clin Psychiatry. 73(6):865-73.
Connolly, Kevin R.; Thase, Michael E. (2011). The Clinical Management of Bipolar Disorder: A Review of Evidence-Based Guidelines. Prim Care Companion CNS Disord.
de Zwart PL, Jeronimus BF, de Jonge P, et al. (2019). Empirical evidence for definitions of episode, remission, recovery, relapse and recurrence in depression: a systematic review. Epidemiology and Psychiatric Sciences. 28 (5): 544 – 562.
Organización Mundial de la Salud. CIE 10. (1992). Décima Revisión de la Clasificación Internacional de Las Enfermedades. Trastornos Mentales y del Comportamiento: Descripciones Clínicas y pautas para el Diagnóstico. Madrid: Meditor.
Sansone, R. A.; Sansone, L. A. MD (2009). Dysthymic Disorder: Forlorn and Overlooked? Psychiatry. 6 (5): 46 – 50.

Trastorno explosivo intermitente

Trastorno explosivo intermitente

La gestión de las emociones es uno de los aspectos clave de la salud mental, y las deficiencias en este aspecto pueden dar paso a una gran variedad de problemas y formas de malestar. Un ejemplo de esto lo tenemos en el trastorno explosivo intermitente, alteración psicológica de la que hablaremos en este artículo.

¿Qué es el trastorno explosivo intermitente?

Lo que conocemos como trastorno explosivo intermitente es una alteración psicológica que forma parte de los trastornos del control de los impulsos. En esta categoría también quedan incluídos fenómenos psicopatológicos como la piromanía o la cleptomanía, entre otros.

Así pues, se caracteriza por tener dificultades a la hora de reprimir conductas de tipo hostil u agresivo, que expresa enfado abiertamente y lleva al cuerpo a un estado de activación propio del que tiene lugar cuando se va a pelear con alguien.

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Síntomas

Los principales síntomas del trastorno explosivo intermitente son los siguientes, aunque no tienen por qué estar presentes todos a la vez en la misma persona.

1. Aparecen estallidos de ira como reacciones desmesuradas

Estas reacciones aparecen sin que pueda encontrarse una justificación, y la persona tampoco suele ser capaz de aportar motivos que expliquen completamente la intensidad del enfado. A veces aparecen en situaciones que han generado una cierta frustración en la persona, pero en otras ocasiones ni siquiera hay un aspecto del entorno que resulte molesto.

Además, estas explosiones de ira suelen durar menos de una hora, y tras su finalización es habitual que surja un sentimiento de culpa.

2. Los estallidos de ir no pueden ser reprimidos

La persona tiene serias dificultades para adaptar su gestión de la ira dependiendo del contexto en el que se encuentre. Por ejemplo, pueden aparecer estando a solas, o también en eventos familiares con mucha gente.

3. Los ataques de ira son inesperados

Estas crisis de ira surgen sin premeditación, a la persona le cuesta prepararse para intentar reprimir la aparición de estos.

4. Hay ataques involucrados

Como consecuencia de la intensidad de estos ataques de ira, la persona con trastorno explosivo intermitente puede llegar a atacar física o verbalmente a los demás, prácticamente sin importar los vínculos afectivos que haya formado con esas personas.

5. Los síntomas se mantienen de manera consistente

Todo lo anterior debe aparecer frecuentemente en el día a día de la persona durante al menos varios meses, y no pueden ser explicados por el consumo de drogas.

Causas

No se conocen con precisión cuáles son las causas del trastorno explosivo intermitente, aunque parece ser que los factores biológicos ligados al cerebro tienen un papel importante en su aparición. Alteraciones como una cantidad significativamente baja de serotonina en el sistema nervioso han sido asociadas a este trastorno, así como disfunciones en la corteza prefrontal (involucrada en el “filtrado” de las emociones) y en las amígdalas (partes del encéfalo que actúan como activadoras de estados emocionales).

 

Tratamiento psicológico

Como trastorno psicológico que es, el trastorno explosivo intermitente puede ser tratado por profesionales de la salud mental, tanto desde la psiquiatría como desde la psicología.

En el caso de la terapia psicológica, suele trabajarse con herramientas vinculadas al modelo de intervención cognitivo-conductual. Este, aplicado al trastorno explosivo intermitente, tiene dos objetivos principales: por un lado, ayudar a la persona a reconocer el estado psicológico que se produce justo antes y durante los estallidos de ira y modificar sus patrones cognitivos vinculados a esto; y por el otro, permitirle adoptar hábitos y comportamientos que favorezcan el control de esos impulsos.

Específicamente, se utilizan dos técnicas: la reestructuración cognitiva y la exposición controlada.

La reestructuración cognitiva es un proceso de auto-examinación de las creencias que mantienen el comportamiento problemático (en este caso, la mala gestión de los impulsos de ira). Este proceso se realiza con la ayuda del terapeuta, que va ayudando al paciente a descubrir aspectos conflictivos de su manera habitual de pensar. Además, a partir de esta serie de ejercicios basados en el diálogo y la reflexión, es posible anticipar pensamientos asociados a la mala regulación de la ira, de manera que cuando aparezcan, la persona ponga en práctica modos de actuar para los que ha sido entrenado en las sesiones de terapia.
Por otro lado, la exposición controlada es, como su nombre indica, un proceso en el cual el paciente es expuesto a situaciones capaces de hacer surgir el patrón psicológico problemático. Esto se hace siguiendo una curva de dificultad ascendente, yendo de lo más sencillo a lo más complicado, y en un contexto en el que el psicólogo da pautas sobre qué hacer, supervisa lo que ocurre y proporciona un contexto seguro.

 

¿Buscas ayuda psicológica ante el trastorno explosivo intermitente?

Si presentas los síntomas del trastorno explosivo intermitente o ya te han diagnosticado este trastorno y buscas servicios de psicoterapia para tratarlo con la ayuda de profesionales, considera la opción de ponerte en contacto con nuestro equipo de psicoterapeutas. En Avance Psicólogos disponemos de más de 20 años de experiencia tratando a pacientes de todas las edades, y podemos atenderte tanto de manera presencial en nuestro centro ubicado en Madrid, como mediante la terapia online.

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Referencias bibliográficas:

Aboujaoude, E., & Koran, L. M. (2010). Impulsive control disorders. Cambridge University Press: Cambridge.
Coccaro, E.F.; Posternak, M.A.; Zimmerman M. (2005). Prevalence and features of intermittent explosive disorder in a clinical setting». Journal of Clin. Psychiatry (en inglés) 66 (10): pp. 1221 – 1227.
Coccaro, EF, Lee, R, & McCloskey, MF (2014). Validity of the new A1 and A2 criteria for DSM-5 intermittent explosive disorder. Comprehensive Psychology, 55(2). doi: 10.1016/j.comppsych.2013.09.007.
Jaspers, K. (1946/1993). Psicopatología General. México: FCE.
McElroy SL (1999). «Recognition and treatment of DSM-IV intermittent explosive disorder». Journal of Clin. Psychiatry (en inglés) 60 (15): pp. 12 – 16.

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