Psicología

¿Es efectiva la terapia infantil?

¿Es efectiva la psicoterapia infantil?

¿Es efectiva la terapia infantil?. La infancia es una época clave en el desarrollo de todo ser humano, tanto en lo bueno como en lo malo. En esta fase vital aparece una curiosidad innata por experimentar con el entorno y, si bien se necesita de la educación y la enseñanza de los adultos, buena parte del aprendizaje se realiza de manera autónoma, a partir de la experimentación y el juego.

Ahora bien, precisamente porque los niños y niñas son muy sensibles a lo que ocurre a su alrededor, también están en una situación de relativa vulnerabilidad ante aquellas situaciones que favorecen la aparición de trastornos psicológicos y problemas comportamentales en general.

Por suerte, muchos psicólogos están formados precisamente para intervenir tanto en la prevención como en el tratamiento de este tipo de alteraciones emocionales, comportamentales y/o cognitivas en los más jóvenes. Ahora bien… ¿hasta qué punto es eficaz la psicoterapia infantil? Veámoslo en este artículo.

¿Qué es la terapia infantil, y qué problemas trata?

La psicoterapia infantil es la rama de la psicología aplicada orientada a la intervención sobre los problemas psicológicos presentes en la población infantil, esto es, niños y niñas que aún no han llegado a la adolescencia. En el caso de la psicología aplicada a niños y adolescentes, hablamos de psicoterapia infanto-juvenil.

Así pues, en las sesiones de terapia infantil los psicólogos nos adaptamos a la manera de pensar y de interactuar con el entorno de los más pequeños, para facilitar que desarrollen sus propios recursos y habilidades de regulación de las emociones y de gestión de sus propios comportamientos.
Ejemplos de problemas en los que la terapia infantil resulta eficaz
Aquí puedes ver algunos de los trastornos psicológicos más comunes en los que la psicoterapia infantil ha demostrado ser eficaz a través de multitud de investigaciones.

1. Estrés postraumático

Los traumas psicológicos basados en eventos catastróficos o ataques y abusos están asociados a secuelas psicológicas en forma de subidas repentinas en los niveles de estrés, pensamientos intrusivos, sentimientos de culpa, baja autoestima, etc. La psicoterapia infantil ha demostrado ser eficaz para estos casos a través de los métodos de la terapia cognitivo-conductual.

2. Trastorno de conducta

El trastorno de conducta se caracteriza por los comportamientos impulsivos y desafiantes, que llevan a iniciar conflictos, discusiones y enfrentamientos en genera de manera recurrente y con pequeños desencadenantes. En casos severos, se asocia también a las actividades delictivas. Es propio de la infancia y la adolescencia.

3. Trastornos del sueño

Los problemas para dormir son muy frecuentes en la infancia, ya sea por el miedo a la oscuridad o por otros motivos. En terapia infantil es posible ayudarles a superar estas fuentes de malestar y agotamiento.

 

4. Fobia social y fobias específicas

La fobia social es un trastorno de ansiedad que puede afectar a los niños y niñas sobre todo a partir de los 7 u 8 años, momento en el que los grupos de socialización empiezan a expandirse. Esta alteración se caracteriza por el miedo a interactuar con personas desconocidas o con las que se tiene poca confianza, y la sensación de perder el control en situaciones así, que lleva a querer evitar esta clase de situaciones.

Del mismo modo, las fobias específicas producen síntoma del mismo tipo, aunque en este caso el estímulo puede ser de cualquier tipo, y no se ciñe a las relaciones sociales.

5. Enuresis y encopresis

La incapacidad de regular los esfínteres al dormir produce lo que se conoce como enuresis y encopresis, siendo más habitual el primero de estos fenómenos, que consiste en orinarse en la cama. La psicoterapia infantil ha demostrado ser muy efectiva para estos casos.

6. Depresión infantil

Los trastornos del estado de ánimo forman parte de las psicopatologías más comunes en prácticamente todas las edades, y en el caso de la depresión, ésta puede afectar también a niños y niñas de corta edad. En las sesiones de psicoterapia es posible dar tratamiento eficaz a este trastorno y a sus síntomas asociados: tristeza, baja autoestima, desesperanza, etc.

 

7. Trastorno Obsesivo-Compulsivo

El Trastorno Obsesivo-Compulsivo lleva a las personasa sentir la necesidad de realizar una serie de secuencias de comportamiento a modo de rituales para aliviar el malestar producido por determinados pensamientos o imágenes mentales. Una de sus variantes más comunes es la necesidad de lavarse constantemente las manos ante la idea de tenerlas llenas de gérmenes.

La terapia infantil es eficaz para superar este trastorno y hacer que los pequeños aprendan formas mucho más adecuadas de lidiar con la angustia o los pensamientos desagradables.

8. TDAH

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad es una alteración que produce problemas especialmente en el ámbito del aprendizaje y la educación, dado que se asocia fuertemente al fracaso escolar. Los niños y niñas que lo desarrollan, en caso de no contar con apoyo profesional, tienden a sacar poco partido de la escuela.

¿Buscas apoyo psicológico en terapia infantil?

Si te interesa contar con la ayuda de profesionales de la psicología especializados en terapia infantil o infanto-juvenil, ponte en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos contamos con dos décadas de experiencia ayudando a las personas de todas las edades.

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Referencias bibliográficas:

APA Task Force on Evidence-Based Practice with Children and Adolescents (2008). Disseminating Evidence-Based Practice For Children & Adolescents: a systems approach to enhancing care. Washington, DC: American Psychological Association.
West-Eberhard, Mary Jane (2003). Developmental plasticity and evolution. Oxford University Press.
Weisz, J.R.; Weiss, B.; Alicke, M.D.; Klotz, M.L. (1987). Effectiveness of Psychotherapy With Children and Adolescents: A Meta-Analysis for Clinicians. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 55(4): pp. 542 – 549

¿Existen realmente las “personas tóxicas”?

¿Existen realmente las "personas tóxicas"?

En el año 2010, el psicólogo Bernardo Stamateas publicó un libro que en poco tiempo se convirtió en un superventas: “Gente Tóxica”. En esta obra se ofrecen algunos consejos para mantenernos lo más alejados posibles de las “personas problemáticas” que pueblan nuestras vidas, poniendo por delante nuestra salud emocional.

Sin embargo, el concepto de las personas tóxicas no ha estado exento de polémica. No en vano hace ya décadas que se critica el uso de etiquetas descriptivas para resumir la manera de ser de los individuos en unas pocas palabras, algo asociado a situaciones de estigmatización que se pueden ver, sobre todo, en el ámbito de la salud mental y los contextos de la psiquiatría y de la psicología clínica.

Así pues… ¿existen realmente las personas tóxicas, o este término es tan solo una simplificación llevada al extremo? A lo largo de las próximas líneas reflexionaremos sobre este tema.

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¿Existen de verdad las personas tóxicas?

Empecemos por la pregunta más importante: ¿qué entendemos por “persona tóxica”? En el libro de Stamateas, el autor no dedica demasiado espacio a definir el término, algo relativamente comprensible si tenemos en cuenta que se trata de una obra dirigida al público en general. En su obra se desprende la idea de que alguien tóxico es un individuo que, al interactuar con nosotros, nos genera emocionalidad negativa directa o indirectamente, es decir, ya sea al entrar en contacto con sus ideas o al interactuar con el entorno estando nosotros cerca. Así, ejemplos de personas tóxicas serían quienes tienen tendencia al mal genio, al carácter autoritario, quienes se quejan mucho, etc.

El problema de esta concepción tan abierta de lo que es una persona tóxica es que en ella puede entrar prácticamente cualquier ser humano. Es más, incluso puede depender del contexto cultural en el que estemos. Por ejemplo, en una sociedad ultrarreligiosa, un ateo puede ser considerado una persona tóxica, ya que cuestiona creencias que son muy importantes para los demás, y eso hace que por el simple hecho de emitir sus opiniones acerca de la existencia de una divinidad, mucha gente a su alrededor se sienta mal.

Sin embargo, no tenemos porqué quedarnos con la definición abierta de personas tóxicas que usa Stamateas. Demos por supuesto que hay determinados grupos de personas que, a la práctica, tienen más probabilidades de hacer que los demás se sientan mal cuando andan cerca. En casos así… ¿se puede decir que existen las personas tóxicas?

 

La importancia del contexto

Las relaciones personales son siempre fenómenos contextuales, es decir, que están ligados a un momento y a un lugar determinados. Por ejemplo, las personas más extrovertidas pueden actuar de una manera típica de las personas tímidas si se dan las circunstancias adecuadas, y viceversa. Del mismo modo, las personas que normalmente nos hacen sentir mal voluntaria o involuntariamente, no lo hacen porque esa clase de conductas refleje su esencia, sino por una serie de elementos contextuales que están más allá de su individualidad.

Así, por ejemplo, alguien que esté sufriendo una mala situación familiar en su casa probablemente sea más propenso a mostrarse irritable y a tener mal humor en su día a día, y eso no implica que sea una persona tóxica. Alguien que haya sufrido bullying puede estar a la defensiva aparentemente sin motivo ante personas que acaba de conocer, y eso no significa que tenga ganas de generar hostilidad porque esa es su personalidad.

Toda interacción está explicada no solo por las características individuales de las personas, sino también por el lugar en el que se produce esa toma de contacto, y todo lo que ha sucedido antes. En definitiva, las consecuencias positivas o negativas de relacionarnos con alguien son el producto de un fenómeno dinámico, que no se detiene en ningún momento, y no de esencias que las personas llevan consigo.

En ese sentido, el concepto de “persona tóxica” es engañoso, porque pretende delimitar algo que en realidad no es estático, sino que se basa en el movimiento: los procesos de interacción, de aprendizaje, de creación de expectativas, etc. Es por eso, entre otras cosas, que los psicólogos especializados en psicoterapia no nos limitamos a “etiquetar” a las personas sino que las ayudamos a propiciar cambios en uno u otro sentido, dependiendo de lo que sea aquello que se busca llegar a ser.

 

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Si te interesa contar con apoyo psicoterapéutico profesional para tratar problemas como la gestión de tus emociones, el manejo de la ansiedad, el aumento de tu estado de ánimo o el desarrollo de habilidades sociales para mejorar tus relaciones personales, ponte en contacto con nuestro equipo de profesionales. En Avance Psicólogos llevamos dos décadas ayudando a personas de todas las edades tanto en psicoterapia como en terapia de pareja y terapia familiar, y en la actualidad también ofrecemos servicios de sexología y psiquiatría.

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Referencias bibliográficas:

Buckels, E.E.; Trapnell, P.D.; Paulhus, D.L. (2014). Trolls just want to have fun. Personality and Individual Differences. 67: pp. 97 – 102.
Goldberg, L.R. (1992). The development of markers for the Big-Five factor structure. Psychological Assessment. 4(1): pp. 26 – 42.
Leary, M.R. & Hoyle, R.H. (2009). Handbook of Individual Differences in Social Behavior. Nueva York: Guilford.
Skeem, Jennifer L.; Polaschek, Devon L. L.; Patrick, Christopher J.; Lilienfeld, Scott O. (2011). Psychopathic Personality. Psychological Science in the Public Interest. 12(3): pp. 95 – 162.
Trnka, R.; Balcar, K.; Kuška, M.; Hnilica, K. (2012). Neuroticism and Valence of Negative Emotional Concepts. Social Behavior and Personality: An International Journal. 40(5): pp. 843 – 844.

Celos entre hermanos: ¿qué hacer para ayudarles a superarlos?

Celos entre hermanos: ¿qué hacer para ayudarles a superarlos?

Los celos entre hermanos pueden llegar a ser un problema significativo no solo a la hora de evitar conflictos en el ámbito familiar, sino también en lo relativo a la felicidad y el sano desarrollo psicológico de los pequeños de la casa.

Aquí veremos algunos consejos para prevenir y dar salida a esta clase de problemas entre los hijos o hijas menores de edad en el contexto de la familia.

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Consejos ante los celos entre hermanos o hermanas

Sigue estas pautas para ayudar a que esta clase de problemas no lleguen a producirse o queden resueltos cuanto antes si es que ya han empezado a desarrollarse.

1. Por defecto, ofrece el mismo trato

A no ser que existan motivos concretos para no hacerlo, intenta que todos los hermanos o hermanas tengan acceso al mismo sistema de incentivos y de normas a seguir; hay que evitar las discriminaciones que no pueden ser justificadas. Eso no significa que la manera de expresar sentimientos o la manera de hablar e interactuar a través de la comunicación no verbal con cada uno de los menores debe ser calcada; eso sería imposible. Pero en lo que se refiere a los patrones de comportamiento formalizados, como por ejemplo los horarios a seguir o las consecuencias de no hacer los deberes, a priori hay que tender a la igualdad.

Esta debe ser la opción “por defecto” es decir, la que se da desde un principio, a no ser que surjan casos que lleven a opinar que en ciertos aspectos del día a día, una serie de normas son aplicadas de manera específica solo a uno de los pequeños, por ejemplo. Lo cual nos conduce al siguiente consejo.

2. Explica bien el trato diferente a cada hermano

Es normal que las diferencias individuales den paso a un trato distinto por parte de los padres a cada uno de los hermanos. De hecho, es prácticamente inevitable, algo que surge de manera espontánea al intentar satisfacer sus necesidades. Por ejemplo, la edad es un factor que influye mucho en la manera en que cada menor será tratado en el seno de la familia.
Sin embargo, esto no es en sí mismo algo malo, ni supone que tengan que surgir necesariamente celos entre los pequeños. Como siempre, la comunicación es la clave.

Explicarles bien el porqué de ese trato diferente permite que entiendan que no se trata de una situación de injusticia. Una vez han adquirido una comprensión acerca de por qué se da esa asimetría en el trato (por ejemplo, por qué el hermano mayor recibe más cuidados, o por qué el hermano mayor recibe una paga semanal), es menos probable que la situación de paso a relaciones conflictivas.

 

3. No uses etiquetas

A veces, las familias caen en el error de abusar de las etiquetas para referirse a los pequeños de la casa. Por ejemplo, “el responsable” y “el travieso”. Esta clase de apelativos son, ya de por sí, un factor que puede generar insatisfacción tanto bajo la forma de los problemas de autoestima como bajo la forma de celos, si se interpreta que la etiqueta usada para definir al hermano o a la hermana es mejor, moralmente más valiosa.

Además, encorseta su capacidad para desarrollarse. No olvidemos que estas etiquetas son a fin de cuentas una manera de apelar a la “esencia” de una persona, algo que supuestamente cada individuo lleva dentro y que nunca puede cambiar del todo. Pero si algo nos enseña la ciencia del comportamiento es que nuestra manera de actuar está ligada al contexto en el que vivimos, y a lo que percibimos que los demás esperan de nosotros.

4. Escucha lo que tienen que decir

No hay que olvidar que los celos entre hermanos no son un tipo de problema uniforme, que se da siempre de la misma manera. Cada niño o niña es un mundo, y hay que actuar en consecuencia. Por eso, hay que darle la oportunidad de expresarse y de explicar qué es exactamente aquello que le hace sentir mal. Es posible que en primer lugar ni siquiera sea un verdadero problema de celos, pero aunque lo sea, hay que adaptarse a su manera de ver las cosas para ayudarle a reconstruir su autoestima reconociendo cuál es la situación de la que se parte.

5. No ridiculices sus sentimientos

Este consejo vale para todos los momentos de comunicación entre padres e hijos en general. Evidentemente, los niños no llegan a tener un punto de vista perfectamente razonable acerca de todo lo que les ocurre, pero eso no significa que debamos usar eso para ridiculizar lo que dicen o cómo se sienten, dado que eso solo sirve para que en el futuro expresen mucho menos su punto de vista. En todo caso, hay que ayudarles a que cuestionen aquellas creencias a las que se mantienen aferrados a pesar de que les están haciendo daño. Es una tarea conjunta, no algo que haya que imponerles intentando “eliminar” sus ideas equivocadas riéndose de ellas.

 

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Referencias bibliográficas:

Loeser, M-K-; Whiteman, S.D. & McHale, S.M. (2016). Siblings’ Perceptions of Differential Treatment, Fairness, and Jealousy and Adolescent Adjustment: A Moderated Indirect Effects Model. Journal of Child and Family Studies, 25(8): pp. 2405 – 2414.
Rauera, A.J. & Vollingb, B.L. (2007). Differential parenting and sibling jealousy: Developmental correlates of young adults’ romantic relationships. 14(4): pp. 495 – 511.

Cómo notar los avances terapéuticos: consejos para facilitar la mejora

Cómo notar los avances terapéuticos: consejos para facilitar la mejora

Cómo notar los avances terapéuticos. La terapia psicológica es un progreso cuyos efectos no suelen notarse desde el primer día; es necesario facilitar un proceso de acumulación de pequeñas mejoras en la manera de sentir, de pensar y de interactuar con el entorno.

A su vez, estos progresos no son algo que los psicoterapeutas “introduzcan” en la mente de sus pacientes, sino que para que se produzcan es necesaria la implicación activa de estos últimos.

Sin embargo, si se tiene la mentalidad de querer ver mejoras en la propia vida yendo al psicólogo, hay muchas maneras de contribuir en ese cambio en calidad de paciente. A lo largo de este artículo nos centraremos precisamente en este tema: cómo hacer aumentar las posibilidades de notar claros avances terapéuticos yendo al psicólogo.

Cómo facilitar los avances en psicoterapia como paciente

Actualmente, existe mucha evidencia científica de que la terapia psicológica es eficaz a la hora de superar una amplia variedad de problemas psicológicos y a la hora de gestionar adecuadamente los síntomas y el malestar producido por enfermedades de tipo crónico. Además, esta eficacia se plasma tanto en la psicoterapia presencial como en la psicoterapia online por videollamada.

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Pero más allá de eso, se sabe que la predisposición a mejorar y la actitud con la que se afronta la psicoterapia como paciente son factores muy relevantes en la obtención o no de resultados positivos. Por eso, pequeños cambios en la manera de comportarse en quien acude a psicoterapia pueden llegar a marcar la diferencia.

Teniendo en cuenta eso, estas son algunas claves psicológicas para facilitar los avances en terapia.

 

1. Comprométete con la regularidad de las sesiones

Este es sin duda uno de los aspectos más importantes a la hora de facilitar el cambio a mejor como paciente. Interrumpir la regularidad de las sesiones de manera frecuente suele llevar a la no obtención de resultados.

2. Lleva un auto-registro

Algo muy útil para potenciar el progreso de la psicoterapia es llevar a mano una pequeña libreta o diario en cuyas páginas ir escribiendo pensamientos, ideas y sensaciones vinculadas al problema a tratar, escribiendo tanto su contenido como la fecha y hora y el contexto en el que surge en nuestra consciencia. Este material será muy valioso para detectar patrones de pensamiento que ayuden a comprender las dinámicas que alimentan la alteración psicológica a resolver.

3. Mantén un estilo de vida sano

Esto es fundamental. Muchas personas que acuden a psicoterapia adoptan hábitos de vida poco sanos debido al malestar o al agotamiento que experimentan. Sin embargo, hay que tener siempre en cuenta que lo mental está ligado a lo físico y en muchos aspectos es parte de ello. Todo desgaste de salud que experimente nuestro organismo, se hará notar no solo en cómo nos sintamos emocionalmente, sino incluso en cómo nos comportamos.

Por ello, duerme bien y las horas suficientes, come sano, y realiza ejercicio moderado de forma regular, a poder ser dos o tres veces por semana como mínimo, y teniendo en cuenta el estado de tu cuerpo para forzarlo demasiado.

 

4. Toma nota de tus maneras de lidiar con el malestar

En los momentos en los que experimentes un malestar intenso debido al problema por el que vas a terapia, fíjate en tus maneras de intentar resolver esa tensión interna. Muchas veces, los hábitos que adoptamos para lidiar con ese malestar son parte del problema. Por ejemplo, algunas personas se dan atracones de comida tan solo para dejar de pensar en algo que las perturba, y ni siquiera reparan en que están comiendo sin tener hambre real.

5. Observa qué situaciones y contextos te generan obstáculos y cuáles no

El cambio terapéutico no es algo que tenga lugar solo en las sesiones con el psicólogo; sobre todo, es un proceso ligado a los contextos a los que nos solemos exponer en nuestro día a día. Por ello, toma nota de las situaciones, lugares y círculos sociales que te anclan al problema psicológico del que te quieres desprender.

Un ejemplo claro es el de las amistades que dificultan la salida de la adicción, al estar consumiendo o incluso invitando a drogas de manera habitual.

6. Mantén una comunicación honesta con el terapeuta

Por supuesto, leer la mente no está entre el repertorio de habilidades de los psicólogos, así que difícilmente podremos ayudar a un paciente que mienta de manera sistemática. Es importante mantener la honestidad en el flujo de comunicación; para facilitar esto, el código ético de los psicólogos impide compartir con terceros esta información privada, a no ser que la integridad física de alguien esté en juego.

 

¿Te interesa contar con ayuda psicológica?

Si te estás planteando ir al psicólogo y quieres disponer del apoyo de profesionales con muchos años de experiencia ofreciendo psicoterapia, ponte en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos disponemos de una trayectoria de más de 20 años ayudando a todo tipo de pacientes a través de servicios de psicoterapia, sexología y psiquiatría. Además, atendemos ya sea en nuestro centro ubicado en Madrid como mediante sesiones de terapia online por videollamada.

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Referencias bibliográficas:

Campbell, L.F.; Norcross, J.C.; Vasquez M.J.; Kaslow N.J. (2013). Recognition of psychotherapy effectiveness: the APA resolution. Psychotherapy. 50(1): pp. 98 – 101.
Change, D. (2008). The Effectiveness of Telemental Health Applications. Canadian Journal of Psychiatry 53: pp. 769 – 778.
Delgado Senior, F. (1983). Aplicaciones clínicas de la terapia de conducta. México: Trillas.
Kuška, M.; Trnka, R.; Tavel, P.; Constantino, M.J.; Angus, L.; Moertl, K. (2015). The role of cultural beliefs and expectations in the treatment process: clients’ reflections following individual psychotherapy. Sexual and Relationship Therapy: pp. 1 – 12.
Kanfer, F.H. & Goldstein, A.P. (1986). Cómo ayudar al cambio en psicoterapia. Bilbao: DDB.
Richards, D.; Richardson, T. (2012). Computer-based psychological treatments for depression: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review. 32(4): pp. 329 – 342.
Roth A. & Fonagy P. (2005) What Works for Whom: A critical review of psychotherapy research. Nueva York: The Guildford Press.

Cómo ser más organizado en el trabajo

Cómo ser más organizado en el trabajo

Cómo ser más organizado en el trabajo. Las personas que más y mejor rinden en el contexto profesional saben que en lo relativo al tiempo dedicado a trabajar, a veces menos es más. La clave está en saber administrar las horas de las que disponemos a lo largo de nuestras jornadas laborales, y para ello, saber organizarse es fundamental.

Sin embargo, esto no es algo que todo el mundo aprenda de manera espontánea. A veces, hace falta una ayuda.

Por suerte, este es un tema en el que los psicólogos nos hemos interesado ya desde hace décadas, y es por ello que actualmente existe un número respetable de investigaciones propias de la ciencia del comportamiento en las que quedan plasmadas las claves para organizarse bien a la hora de trabajar.

En este artículo nos centraremos en este tema, así que si sigues leyendo encontrarás una serie de consejos acerca de cómo podemos ser más organizados en el trabajo, con algunos ejemplos.

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¿Cómo puedo tener más organización a la hora de trabajar?

Sigue estas pautas para mejorar tu nivel de organización en el trabajo.

1. Asegúrate de tener un horario en papel

Es importante que te hagas un horario detallado de las actividades que tendrán lugar en tus jornadas laborales a lo largo de la semana, pero no solo eso. Este horario no debe existir tan solo en formato digital; plásmalo en papel, y ponlo en un lugar que tengas a mano allí donde trabajas.

De esta manera, se reducirá tu propensión a hacer las tareas a destiempo o de manera desorganizada, al tener un recordatorio constante de la secuencia de trabajos a realizar. Será la referencia que vertebrará tu jornada.

2. Detecta tus principales elementos de distracción

En los trabajos que no son de tipo manual, es relativamente común perder tiempo casi sin darnos cuenta, debido a distracciones. Por ello, algo que ayuda a ganar en el control del tiempo es dedicar una o dos jornadas laborales a realizar anotaciones sobre aquello que nos ha distraído durante más de un minuto seguido, el momento en el que se ha producido la distracción, y su duración aproximada (evidentemente, visto en retrospectiva, en la medida en la que nos acordemos).

3. Fíjate limitaciones claras

Una vez tengas claro qué es aquello que más te distrae, deja por escrito un breve listado de “prohibiciones” a respetar durante tu jornada laboral. Estas deben ser muy específicas, para que quede claro el punto en el que estas normas son transgredidas.

 

4. Agrupa tareas similares en bloques

Agrupar en un mismo momento de la jornada de trabajo todas aquellas tareas que se parezcan entre sí acostumbra a ser una buena manera de realizarlas rápido y sin dejar pasar el tiempo, dado que una vez se ha empezado a hacer algo, es mucho más fácil que no cueste esfuerzo seguir hasta terminar con esa tanda de tareas. En cambio, tenerlas separadas entre sí en el horario del día hace que suban las probabilidades de que surjan interrupciones en el flujo de trabajo.

5. Divide la jornada en varias metas

Tener referencias temporales claras acerca de lo que tienes que haber conseguido al llegar determinada hora ayuda mucho a agilizar el ritmo de trabajo y a evitar que se te acumule todo en las últimas dos o tres horas. Para conseguirlo, por ejemplo, fíjate metas realistas acerca de lo que debes haber realizado al llegar la hora de almorzar, y al llegar al momento en el que solo te quedan dos o tres horas de trabajo.

El apoyo psicológico para ganar en organización al trabajar

Los profesionales del mundo de la psicología no nos limitamos exclusivamente a atender a personas con trastornos mentales; además, muchos estamos formados para ayudar a mejorar la calidad de vida de personas completamente autónomas y con un modo de vida funcional, pero que querrían mejorar en algún aspecto de sus hábitos. A fin de cuentas, somos expertos del comportamiento humano en general, y no solo del comportamiento asociado a una psicopatología.

Es por eso que, a veces, aquello que ofrecemos al paciente no es terapia para superar un trastorno en sí, sino un proceso de entrenamiento para abrazar nuevos estilos de conducta más adecuados para determinado contexto de su día a día. Por ejemplo, maneras de lidiar con el estrés laboral, formas de mejorar las habilidades sociales, o formas de organizarse mejor al trabajar, entre otras cosas.

Es por ello que si crees que tienes mucho por mejorar en este aspecto de tu vida, merece la pena que te plantees acudir a sesiones de asistencia psicológica para ir más allá de los consejos y contar con un programa de intervención totalmente personalizado y adaptado a tu contexto vital, tus rutinas y hábitos, y las tareas a las que sueles dedicarte.

 

¿Te interesa contar con asesoramiento psicológico?

Si quieres contar con el apoyo profesional de un equipo de psicólogos con más de 20 años de experiencia, ponte en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos disponemos de un amplio equipo de expertos en salud mental que, ya sea desde la psicoterapia, la sexología o desde la psiquiatría, ayudan a personas de todas las edades. Además, atendemos tanto en nuestro centro de Madrid como a través del servicio de terapia online por videollamada.

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Referencias bibliográficas:

Hsin Chun Chu, A.; Nam Choi, J. (2005). Rethinking Procrastination: Positive Effects of “Active” Procrastination Behavior on Attitudes and Performance. The Journal of Social Psychology. 145(3): pp. 245 – 264.
Jackson, T.; Fritch, A.; Nagasaka, T.; Pope, L. (2003). Procrastination and Perceptions of Past, Present, and Future. Individual Differences Research. 1: pp. 17 – 28.
Lakein, A. (1973). How to Get Control of Your Time and Your Life. New York: P.H. Wyden.
Richard, W. (2008). Time Management: Proven Techniques for Making Every Minute Count. Adams Media. pp. 232 – 238.

Consejos para prevenir la disonancia cognitiva

Consejos para prevenir la disonancia cognitiva

La disonancia cognitiva es un fenómeno psicológico descubierto a mediados del siglo XX y que explica buena parte de nuestro repertorio de comportamientos. Cuando se expresa, nos invade una sensación de malestar ante la cual nos sentimos en la necesidad de posicionarnos.

Sin embargo, que la disonancia cognitiva produzca una cierta incomodidad no significa que debamos resignarnos a sufrirla sin más. Es posible adoptar determinadas estrategias y algunos hábitos para gestionar esta clase de “tensiones” psicológicas. Por eso, en este artículo abordaremos el tema de cómo prevenir la disonancia cognitiva y el impacto emocional que conlleva.

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¿Qué entendemos por disonancia cognitiva?

El concepto de “disonancia cognitiva” fue acuñado y desarrollado por el psicólogo Leon Festinger en la década de los 50. Este investigador se centró en el estudio de lo que ocurre cuando los hechos percibidos y las ideas transmitidas por otros chocan con los sistemas de creencias que resultan importantes para uno mismo.

Por ejemplo, Festinguer hizo un seguimiento de lo que ocurría en una secta apocalíptica al comprobar que el día del supuesto fin del mundo (fecha que teóricamente había sido transmitida por telepatía a la persona que lideraba este culto) no se producía ningún evento significativo ni morían personas masivamente. Ante este hecho, que producía mucho malestar en los integrantes de este grupo, se buscó una explicación alternativa que servía para salvaguardar las creencias de la secta, aunque al precio de manipular aún más sus explicaciones acerca de cómo funciona el mundo.

Del mismo modo, la disonancia cognitiva produce malestar cuando los hechos realizados por uno mismo no se ajustan a la racionalidad que esperaríamos de un “Yo” ideal, guiado por la lógica y el sentido común. Por ejemplo, Festinguer vio que las personas a las que se les había pedido que realizaran una tarea aburrida, semanas después de llevarla a cabo, la valoraban como mucho más entretenida de lo que realmente fue, a causa de saber que otras personas habían recibido más dinero que ellas por la misma actividad. Dicho de otro modo, para no aceptar que habían aceptado hacer algo monótono y aburrido por menos dinero, se auto-convencían de que lo habían disfrutado más de lo que realmente lo habían disfrutado.

 

¿Qué hacer para prevenir la disonancia cognitiva?

Estos son algunos consejos útiles para prevenir la disonancia cognitiva.

1. Adopta la auto-observación como hábito

Es importante acostumbrarse a detectar patrones de pensamiento problemáticos, dado que de este modo es más sencillo reconocer maneras irracionales de pensar que con frecuencia darán paso a la disonancia cognitiva debido a sus discrepancias con la realidad. Para lograr esto, resulta recomendable llevar un diario personal en el que ir anotando aquellas ideas y pensamientos que nos producen incomodidad o resultan perturbadores, así como el tipo de situaciones en las que han aparecido en nuestra consciencia. Con esta información, será más fácil reconocer patrones de pensamiento.

2. Haz que tu autoestima sea compatible con la humildad

La pretensión de llegar a ser una versión idealizada de nosotros mismos produce más frustraciones que satisfacciones. Hay que aceptar que en nosotros siempre quedarán defectos e imperfecciones, y asumir que la ignorancia en ciertos temas es algo irremediable: nadie puede saberlo todo. Por ello, sentir que varias ideas chocan entre sí no es algo que evidencie que tenemos problemas, sino algo normal, fruto de la complejidad del mundo y de nuestra incapacidad de comprender al instante todo lo que pasa.

3. Aprende a partir de la disonancia cognitiva

La disonancia cognitiva no es un simple estorbo; es una oportunidad para aprender, ya que a veces indica una laguna de conocimiento, y en otras ocasiones indica un aspecto en el que nos comportamos de manera poca lógica. Es decir, aporta información ya sea sobre nuestro entorno, o sobre nosotros mismos. Ante esto, tenemos la oportunidad de usarla para mejorar, ya sea aprendiendo sobre un tema desconocido, o entrenando nuestras capacidades para adaptarnos mejor a situaciones para las que no estamos del todo preparados.

 

4. Rechaza los packs ideológicos

Una ideología puede ser entendida como un conjunto de creencias interconectadas, o como una corriente de pensamiento impulsada por grupos con influencia y que uno interioriza. Esta segunda definición hace referencia a un fenómeno que nos vuelve más propensos a sufrir malestar por disonancia cognitiva, dado que en este caso, las creencias van asociadas a un sentimiento de identidad grupal al que nos debemos. Siempre es recomendable diferenciar entre nuestras opiniones y aquellos grupos con los que solemos coincidir en nuestras opiniones.

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Si estás pensando en acudir a profesionales de la psicología para empezar un proceso de psicoterapia, ponte en contacto con nuestro centro. En Avance Psicólogos disponemos de un amplio equipo de la salud mental que da servicios en psicoterapia, sexología y psiquiatría, a personas de todas las edades. También atendemos a través de terapia online.

 

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Referencias bibliográficas:

Cooper, J.; Fazio, R.H. (1984). A New Look at Dissonance Theory. In Berkowitz, Leonard (ed.). Advances in Experimental Social Psychology. 17. Academic Press. pp. 229 – 266.
Festinger, L. (1957). A theory of cognitive dissonance. Stanford: Stanford University Press.
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Jarcho, J.M.; Berkman, E.T.; Lieberman, M.D. (2010). The Neural Basis of Rationalization: Cognitive Dissonance Reduction During Decision-making. Social Cognitive and Affective Neuroscience. 6 (4): pp. 460 – 467.
Lee, S.W.S.; Schwarz, N. (2010). Washing Away Postdecisional Dissonance. Science. 328(5979): 709.

Disforia de género: qué es, y cómo se trata

Disforia de género: qué es, y cómo se trata

La disforia de género es un concepto que suele ir acompañado de polémica, dado que históricamente ha ido acompañado del de lo transgénero, el cual genera incluso en nuestros días debates muy polarizadores tanto en política como en filosofía y Ciencias Sociales.

En este artículo veremos en qué consiste la disforia de género, hablaremos sobre si se considera o no un trastorno psicológico, y sobre el tipo de intervenciones realizadas para ayudar a las personas que la experimentan y buscan ayuda profesional.

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¿Qué es la disforia de género?

Entendemos por disforia de género a la no correspondencia entre el sexo asignado al nacer (es decir, el que se atribuye a partir de la morfología visible desde el exterior) y la identidad de género, cuando esta discordancia genera un malestar psicológico significativo.

Esto significa, entre otras cosas, que no todas las personas transgénero tienen por qué presentar disforia de género, dado que el simple hecho de ser no ser cisgénero (es decir, con identidad de género que se corresponde con el sexo identificado al nacer) no es de por sí un motivo suficiente para sentirse mal por ello, si bien a la práctica se sabe que un porcentaje muy elevado de personas trans o no binarias desarrolla disforia de género.

Además, las personas que no se consideran transgénero sino no binarias también pueden experimentar disforia de género, dado que también ellas salen de la cisnorma, el conjunto de pautas de comportamiento según el cual los comportamientos de cada persona deben corresponderse con su sexo aparente.

 

¿Es un trastorno psicológico?

Hasta hace relativamente poco, la disforia de género formaba parte de un concepto clínico que sí se consideraba trastorno: se llamaba trastorno de identidad de género, y formaba parte de la categoría de los trastornos sexuales. Sin embargo, con la publicación del DSM-5, se ha dado paso al término disforia de género, que cuenta con su propia categoría fuera de la sección de trastornos.

Sin embargo, el hecho de que la disforia de género aparezca descrita en el marco de un manual diagnóstico de trastornos mentales sigue generando mucha polémica; actualmente siguen existiendo movimientos de despatologización de las identidades no cisgénero que son muy activos,y que consideran que las formas de malestar y los problemas psicológicos que estadísticamente son más padecidos por personas trans y no binarias que por personas cisgénero se deben a fenómenos sociales e históricos de discriminación y presión social, y no por razones psiquiátricas o de la psicología individual.

Ahora bien, asumiendo que la disforia de género es por definición un problema de malestar psicológico (independientemente de si sus causas son más o menos sociales)… ¿cómo se expresa?

El malestar asociado a la disforia de género puede adoptar formas muy diversas, pero por lo general se expresa a través de un sentimiento de angustia o ansiedad, y muchas veces bajo estado de ánimo y graves problemas de autoestima. Por otro lado, estadísticamente suele solaparse con otros fenómenos que sí son considerados trastornos por la mayor parte de la comunidad científica.

Por ejemplo, se solapa de manera frecuente con la depresión, con las adicciones, con los trastornos de ansiedad, con los Trastornos de la Conducta Alimentaria y con el TOC.

En la mayor parte de los casos se trata de alteraciones emocionales y comportamentales que van de la mano de los pensamientos negativos e intrusivos vinculados a la autoestima. Muchas personas con disforia de género se sienten mal con el simple hecho de mirarse en un espejo, o al salir a la calle. En cualquier caso, la disforia de género viene y va en diferentes grados de intensidad, dependiendo del momento y del contexto.

Tratamiento

Aunque la disforia de género no sea considerada un trastorno, eso no significa que no pueda ser tratada por profesionales, del mismo modo en el que los problemas de autoestima tampoco son un trastorno pero son motivo para ir a psicoterapia.

¿Qué se hace para ayudar a quienes sienten esta clase de malestar? En primer lugar, se recomienda el apoyo psicológico. En muchos casos, la disforia de género se da como resultado de una falta de información o de maduración psicológica sobre los conceptos de la identidad de género, orientación sexual, y roles de género. Por ello no sorprende que en la mayor parte de los casos en los que niños, niñas o adolescentes señalan no sentirse identificados con su sexo biológico, terminan no siendo transgénero o personas no binarias. Las confusiones son frecuentes en casos de homosexualidad, bisexualidad, asexualidad o afinidad por afinidad por aficiones y estéticas consideradas propias del sexo contrario.

Así, en psicoterapia se dan herramientas para desprenderse de las creencias que lastran la autoestima, así como para gestionar la ansiedad que muchas veces es generada por la presión social (no hay que olvidar que las personas trans o no binarias siguen siendo muy discriminadas). Además, se ofrece psicoeducación en estos temas, aclarando confusiones y dando pie a entender mejor de qué se trata aquello por lo que está pasando la persona.

 

Sin embargo, cuando hay motivos de peso para considerar que la disforia de género está realmente presente, es persistente y constituye una fuente de dolor psicológico de alta intensidad, y si así lo desea la persona, se da la posibilidad de realizar cirugías de reasignación de sexo. Estas permiten modificar los caracteres sexuales primarios y secundarios para que adopten la apariencia y algunas de las funcionalidades propias del sexo contrario, si bien no sirven para cambiar el sexo biológico en sí.

Estadísticamente, se trata de una medida eficaz para atenuar significativamente o incluso para eliminar la disforia de género; la cantidad de personas que terminan arrepintiéndose de haber pasado por estos procedimientos quirúrgicos es muy bajo, menor que el de los procedimientos de cirugía estética para personas cisgénero.

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Referencias bibliográficas:

Gijs, L; Brawaeys, A (2007). “Surgical Treatment of Gender Dysphoria in Adults and Adolescents: Recent Developments, Effectiveness, and Challenges“. Annual Review of Sex Research. 18, 178 – 224.
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Zucker, Kenneth J.; Lawrence, Anne A.; Kreukels, Baudewijntje P.C. (2016). “Gender Dysphoria in Adults”. Annual Review of Clinical Psychology. 12: 217 – 247.

Qué es un neuropsicólogo y qué trastornos puede tratar

Qué es un neuropsicólogo y qué trastornos puede tratar. La neuropsicología es una de las ramas de la psicología más importantes, de manera que los centros de asistencia psicológica más completos incluimos esta clase de servicios entre las opciones de evaluación e intervención en pacientes.

Ahora bien, al no tratarse de un ámbito profesional que encaje exactamente con el estereotipo de psicoterapeuta que escucha y toma anotaciones desde su silla, muchas personas desconocen en qué consiste esta profesión. Por eso, en este artículo abordaremos el tema de qué es un neuropsicólogo y cuáles son los trastornos que trata en su día a día.

¿En qué consiste ser neuropsicólogo?

La neuropsicología es la disciplina científica orientada hacia el estudio y la intervención en los fenómenos caracterizados por la relación entre el sistema nervioso y la conducta.

Así, un neuropsicólogo es, en realidad, un psicólogo especializado en este ámbito de trabajo, y que ayuda a las personas que presentan patologías en las que lo orgánico y lo psicológico están claramente ligados, afectándose mutuamente. Ejemplos de estas enfermedades son las que afectan a la memoria, a la atención, a la capacidad intelectual, al procesamiento del lenguaje, etc.

A la práctica, los neuropsicólogos intervienen sobre todo ante problemas generados por lesiones cerebrales, como por ejemplo las que se derivan de tumores, traumatismos craneoencefálicos, enfermedades neurodegeneralivas, accidentes cerebrovasculares, etc.

Hay que aclarar que todo trastorno psicológico tiene, por definición, un efecto en el funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso en general. Sin embargo, en el caso de aquello de lo que se ocupan los neuropsicólogos, esta relación entre lo comportamental y lo neurofisiológico está especialmente clara y delimitada, y afecta a funciones específicas y relativamente fáciles de diferenciar del resto.

Por ejemplo, una persona con afasia de Broca tendrá dificultades a la hora de hablar, leer y escribir, pero probablemente no experimente problemas significativos de memoria, ni tiene por qué ser mala tomando decisiones con la información de la que dispone.

Del mismo modo, una persona con amnesia lacunar no recordará determinados eventos, pero no tendrá problemas relacionados con el lenguaje ni con la realización de movimientos voluntarios, etc.

¿Qué trastornos puede tratar al atender a pacientes?

Tal y como hemos visto, los neuropsicólogos están especializados en los problemas psicológicos vinculados a un funcionamiento anormal de ciertas partes del sistema nervioso, y en concreto, del cerebro. Incluso en los casos en los que la curación total no es posible debido al carácter irreversible de las lesiones en el sistema nervioso, estos profesionales ofrecen rehabilitación neuropsicológica para mitigar los síntomas de la enfermedad, en la que los pacientes aprenden técnicas y hábitos para ganar autonomía, capacidad de autocuidado, y en general, maneras de evitar en la medid de lo posible el deterioro de su calidad de vida.

Teniendo en cuenta lo anterior, estas son algunas de las patologías relativamente frecuentes entre la población en las que un neuropsicólogo puede intervenir.

1. Afasias

Las afasias son trastornos del lenguaje que adoptan formas muy variadas, afectando a la comprensión del habla y la lectura, la producción de discurso o la capacidad de escribir. La recuperación total de estas habilidades no suele producirse, pero con apoyo neuropsicológico, es posible mejorar la calidad de vida de estas personas.

2. Demencias

Las demencias forman parte de las enfermedades neurodegenerativas más comunes, y ante el avance de sus síntomas, es importante disponer de apoyo neuropsicológico para frenarlos en la medida de lo posible.

3. Daño cerebral adquirido

Tras haber sufrido una lesión cerebral, es importante asistir a sesiones de rehabilitación neuropsicológica cuanto antes (un vez estabilizado el daño y controlado su avance), dado que en etapas tempranas existe una mayor capacidad de auto-reparación del cerebro.

4. Apraxias

Las apraxias son un grupo de enfermedades neuropsicológicas que afectan a la capacidad de realizar movimientos voluntarios. Detectar estos casos cuanto antes y empezar un proceso de entrenamiento en rehabilitación es crucial.

5. TDAH

El TDAH es una alteración de la atención relativamente frecuente, y tiene un impacto especialmente perjudicial en la niñez, ya que afecta mucho al rendimiento escolar y a la capacidad de socializar. Es por ello que detectar estos casos y contar con un programa de intervención neuropsicológica cuanto antes resulta prioritario.

6. Otras alteraciones y síndromes

Todas las partes del cerebro trabajan coordinándose entre sí, y es por ese motivo que con mucha frecuencia las enfermedades con base neurológica se presentan a la vez, o a través de un conjunto de síntomas variados difícil de clasificar en los manuales diagnósticos. También en casos así es posible beneficiarse de los servicios de la neuropsicología, a través de programas de intervención centrados en los síntomas y totalmente adaptados a la persona.

 

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Referencias bibliográficas:

Antonio, P.P. (2010). Introducción a la neuropsicología. Madrid: McGraw-Hill.
Beaumont, J.G. (1983). Introduction to Neuropsychology. Nueva York: Guilford.
Finger, S. (1994), “History of Neuropsychology”, Neuropsychology, Elsevier, pp. 1 – 28.
Peña Casanova, J. (2007). Neurología de la Conducta y Neuropsicología. Madrid: Editorial Medica Panamericana.
Posner, M.I.; Digirolamo, G.J. (2000). Cognitive neuroscience: Origins and promise. Psychological Bulletin. 126(6): pp. 873 – 889.
Viney, Wayne (2003). A History of Psychology: Ideas and Context (3rd ed.). Boston: Pearson.

Terapia humanista: qué es y qué propone para ayudar a las personas

Terapia humanista: qué es y qué propone para ayudar a las personas

La terapia humanista es una de las variantes que puede adoptar la psicología aplicada al servicio de apoyo a pacientes. Sin embargo, lo habitual es que las personas que se están planteando acudir al psicólogo se encuentren con esta denominación y no sepan a qué se refiere.

Por eso, en este artículo veremos en qué consiste la terapia humanista, y de qué manera se utiliza para ayudar a las personas.

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¿Qué es la terapia humanista?

La terapia humanista es un concepto difícil de definir, porque sus principios teórico-prácticos no están claramente delimitados, como sí ocurre por ejemplo con la terapia cognitivo-conductual o con la terapia conductual. Esto es así porque más que referirse a un modelo de intervención psicológica, el término se aplica a un conjunto de formas de apoyo a pacientes que parten de una filosofía de trabajo concreta.

Es decir, que la terapia humanista no se caracteriza por definir de una manera concreta sus técnicas de intervención, ni por usar un conjunto de conceptos sistematizados y cuyos significados comparten todos los psicólogos que trabajan desde esta perspectiva; se caracteriza más bien por el modo en el que establece cuál es el objetivo de la terapia, y por varias ideas generales que guían la intervención en pacientes, y que veremos más adelante.

Por otro lado, se considera que los orígenes de esta manera de entender la psicoterapia surgieron en los inicios de la segunda mitad del siglo XX, cuando investigadores como Abraham Maslow o Carl Rogers empezaron a criticar la tendencia a centrarse solo en los trastornos que mostraba la psicología aplicada de aquella época. Para los defensores de la psicología humanista, es tan o más importante que eso poner el foco en el potencial de desarrollo personal de cada individuo, es decir que hay que procurar alcanzar mejoras, no solo aliviar o evitar la pérdida de bienestar. Es una perspectiva en positivo de lo que debe hacer la psicología al ayudar a personas con problemas concretos en sus vidas.

 

Principios en los que se basa esta forma de intervención en pacientes

Estas son las ideas fundamentales en las que se apoya la terapia humanista.

1. La importancia de lo subjetivo

En la terapia humanista, se da una gran importancia al modo en el que los pacientes perciben lo que ocurre en sus mentes. Dentro de lo que cabe, se intenta partir más bien del modo en el que la persona estructura la interpretación de lo que le pasa, y no tanto de categorías de tipo clínico que aparecen en los manuales diagnósticos.

2. Foco en el potencial para encontrar significado en la vida

En la terapia humanista no se pretende simplemente poner fin al malestar que ha llevado a la persona a consulta, sino que se intenta que alcance un buen estado de ánimo en su globalidad. Es decir, que no se aborda el motivo de consulta como un elemento individual, sino como un componente más de la experiencia de la vida de esa persona. Este objetivo es planteado a través de la búsqueda de maneras de interpretar el mundo que aporten significado a lo que ocurre, así como proyectos de vida ilusionantes.

3. Rechazo de los parámetros convencionales de felicidad y éxito

Como la mejora del estado de ánimo y la felicidad en general deben partir de las características de cada persona, la terapia humanista plantea la idea de que no hay que dar por buenos los criterios convencionales para definir el éxito en la vida, es decir, aquellos que vienen dados por presión social o por las dinámicas de mercado. Cada uno tiene su manera de ser feliz, y descubrir cuál es forma parte del proceso terapéutico.

4. Cada persona es el motor de su propio cambio

La terapia humanista señala que la responsabilidad de la mejora y de los avances durante el proceso terapéutico, así como el mérito de este progreso, son sobre todo del paciente. El terapeuta es visto como un facilitador que da pie a conocerse mejor a uno mismo.

 

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Referencias bibliográficas:

Bugental, J.F.T. (1964). «The Third Force in Psychologist». Journal of Humanistic Psychology. 4(1): pp.19 – 25.
Clay, R.A. (2002). A renaissance for humanistic psychology. The field explores new niches while building on its past. American Psychological Association Monitor, 33(8).
DeCarvalho, R.J. (1991). The founders of humanistic psychology. New York, NY: Praeger Publishers.
Martorell, J.L. & Prieto, J.L. (2008). Fundamentos de Psicología. Madrid: Ed. C. A. Ramón Areces.
Polkinghorne, D.E. (1993). Research methodology in humanistic psychology. The Humanistic Psychologist, 20(2-3): pp. 218 – 242.

Terapia psicológica para personas en paro

Terapia psicológica para personas en paro

Terapia psicológica para personas en paro. Los fenómenos sociales y económicos siempre han tenido mucha relación con el bienestar psicológico. Y es que si bien el ser humano no necesita mucho para sobrevivir, sí necesita estar bien insertado en la sociedad para ser feliz y tener una vida digna; esto último es algo que se complica mucho al estar en paro durante un tiempo relativamente largo.

No es que quien no tiene trabajo remunerado deba ser excluido ni sea de por sí alguien rechazado por los demás; es que si esa situación de desempleo es involuntaria, la persona ve muy limitadas sus perspectivas de mantener un modo de vida adecuado, y a la vez pierde control sobre sus planes de futuro, al depender cada vez más de los demás. Esto, a su vez, se suma al malestar que experimenta la persona debido a lo que le sucede, y la combinación de ambas cosas puede llevar a un punto en el que es importante disponer de apoyo psicológico.

Por eso, en este artículo nos centraremos en los beneficios de la terapia psicológica para personas en paro.

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Efectos psicológicos del desempleo

Estos son algunos de los efectos psicológicos dañinos asociados al desempleo.

1. Aumento en los niveles de ansiedad

El desempleo es una fuente de pensamientos negativos asociados a la ansiedad. Esto ocurre porque la situación se presta a experimentar pensamientos catastróficos acerca de lo que podría ocurrir si no se encuentra trabajo pronto, y a la vez, la persona siente que tiene que estar siempre alerta para poder reaccionar cuanto antes ante la mínima oportunidad de conseguir trabajo.

 

2. Tendencia a tener horarios desestructurados

Para muchas personas, la pérdida de trabajo hace que ya no exista una actividad que estructure su horario acerca de lo que hay que hacer día a día. Por ejemplo, ante el hecho de que no hay un motivo concreto para levantarse temprano, mucha gente termina yéndose a dormir tarde, lo cual predispone a adoptar un modo de vida de aislamiento social, horarios de sueño caóticos, pocos momentos de salir y ejercitarse, etc.

3. Mayor riesgo de caer en adicciones

La mezcla entre frustración, desesperanza y tiempo libre hace que un número significativo de personas en paro empiecen a desarrollar problemas de adicción, o al menos, que se expongan más a estas.

4. Mayor exposición a la depresión

Las personas en paro durante un tiempo prolongado tienen mayores probabilidades de desarrollar depresión. Se cree que esto es debido a una mezcla entre la desesperanza y la frustración de llevar mucho tiempo sin satisfacer esa necesidad, por un lado, y la falta de estímulos ligados a la satisfacción de haber llegado a una meta, por el otro. Además, en los casos en los que la persona termina desarrollando hábitos sedentarios, esto también facilita que surjan trastornos del estado de ánimo.

5. Efecto desgaste en el nivel de autoestima

En la sociedad occidental, la autoestima está muy ligada al puesto de trabajo del que se dispone. Para quienes están en paro, esto puede llevar a que surja el miedo a ser percibidos por los demás como personas incapaces de valerse por sí mismas, o incluso incapaces de aportar algo a la familia. Esta presión resulta especialmente dura en el caso de los hombres.

6. Malestar psicológico derivado del malestar físico

Casi todo lo que hemos visto hasta ahora tiene un impacto en la salud física de las personas, especialmente aquello relacionado con la presencia de un horario de sueño desestructurado, mala alimentación y sedentarismo. Esto, a su vez, hace que se tienda más a la depresión y a los problemas de ansiedad.

Por otro lado, el malestar psicológico también se plasma en somatizaciones con relativa frecuencia.

Funciones de la terapia psicológica para personas en paro

Estos son algunos de los efectos positivos que la intervención psicológica puede tener en las personas en paro.

1. Adopción de un estilo de vida estructurado

El primer paso es adoptar una manera de vivir el día a día en la que hay varias metas a lograr a corto y medio plazo, más allá del objetivo general de lograr empleo. De esta manera será posible ir realizando progresos en todas las áreas de la vida a abordar desde la psicoterapia.

2. Gestión de la ansiedad

Uno de los principales objetivos de la psicoterapia es ofrecer a las personas herramientas y técnicas para saber gestionar los pensamientos ligados a la ansiedad, asi como dar las pautas para crear hábitos que ayuden a prevenir esta clase de problemas.

3. Entrenamiento en habilidades comunicativas

Buena parte del éxito a la hora de encontrar trabajo tiene que ver con las habilidades a la hora de comunicar y de persuadir. En psicoterapia es posible entrenar varias de las más importantes.

4. Potenciación de la autoestima

En terapia, hay un proceso de auto-conocimiento y de establecimiento de metas que transforma las debilidades percibidas en uno mismo en referencias para marcarse nuevas metas de mejora.

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Referencias bibliográficas:

Terapia psicológica para personas en paro. Batic-Mujanovic, O.; Poric, S.; Pranjic, N.; Ramic, E.; Alibasic,E. & Karic, E. (2017). Influence of Unemployment on Mental Health of the Working Age Population. Materia Socio-Medica, 29(2): pp. 92 – 96.
Blustein, David L.; Kozan, Saliha; Connors-Kellgren, Alice (2013). “Unemployment and underemployment: A narrative analysis about loss”. Journal of Vocational Behavior. 82 (3): 256–265.
Linn, M.W.; Sandifer, R. & Stein, S. (1985). Effects of unemployment on mental and physical health. 75(5): pp. 502 – 506.
Navarro-Abal,Y.; Climent-Rodríguez,J.A.; López-López, M.J. & Gómez-Salgado, J. (1787). Psychological Coping with Job Loss. Empirical Study to Contribute to the Development of Unemployed People. International Journal of Environmental Research and Public Health. 15(8): 1787.

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