Psicología

¿Cuáles son los tratamientos más efectivos contra la depresión?

Tratamientos para la depresión

La depresión es uno de los trastornos psicológicos más comunes y con unos efectos más potencialmente dañinos. Se trata de una alteración mental perteneciente a la categoría de los trastornos del estado de ánimo, y sus síntomas afectan a todos los ámbitos de la vida de la persona. Por ello, es natural que las personas que experimentan depresión se preocupen por lo que les pasa y quieran volver a sentirse como antes de que este trastorno empezase a infiltrarse en su día a día. ¿Qué se puede hacer al respecto? A continuación veremos un resumen de cuáles son los tratamientos psicológicos más efectivos contra la depresión, y su funcionamiento.

Nuestra Terapia para la Depresión

Tratamientos contra la depresión: los más efectivos

Hay que tener claro que la depresión es un trastorno lo suficientemente grave y complejo como para que no pueda ser eliminado realizando un solo tipo de actividad. Es necesario un acompañamiento constante y la asistencia terapéutica de profesionales de la salud mental, y el uso de diferentes herramientas y técnicas que se complementan entre sí.

Estos tratamientos están diseñados para intervenir tanto en las acciones de los pacientes, sus hábitos de vida, como en sus ideas y sus creencias, aquello que conforma la perspectiva desde la que se interpreta el mundo y lo que ocurre en él.

Por otro lado, los tratamientos contra la depresión que veremos a continuación no se usan en casos en los que la persona tenga un estado de ánimo deprimido por un periodo puntual o a causa de un suceso claramente dañino, sino solo cuando hay depresión diagnosticada como cuadro clínico (algo que hacen psicólogos clínicos y médicos).

1. Terapia Cognitiva

La terapia cognitiva tiene como objetivo modificar los procesos cognitivos, es decir, aquellos que tienen que ver con los pensamientos y las ideas de la persona.

Dentro de este conjunto de prácticas terapéuticas aplicadas tanto en casos de depresión como en pacientes con otros trastornos psicológicos, destaca la reestructuración cognitiva.

Este procedimiento sirve para hacer que los pacientes se replanteen las creencias más interiorizadas que tienen acerca de uno mismo y de su entorno, lo cual resulta útil sobre todo para motivar a la persona a adoptar otros hábitos que permitan mejorar física y mentalmente.

Por ejemplo, las personas con depresión suelen tener un ideario más pesimista que el resto de las personas, y si se quiere contribuir a que se comprometan con la terapia, hay que ayudarles a dejar atrás las creencias que las llevan a auto-sabotear sus posibles progresos.

2. Activación conductual

Si la terapia cognitiva tiene como diana las ideas de los pacientes depresivos, la activación conductual involucra todas las partes del cuerpo del paciente, e incluso aquello que está más allá de este: el entorno.

Mediante este tratamiento se busca, fundamentalmente, que se deje atrás la pasividad y el estado de abulia (desmotivación extrema) que viven las personas diagnosticadas con este trastorno psicológico.

Si bien existen maneras de aplicar la activación conductual de manera sistematizada, la idea general que hay tras este tratamiento es: hazlo aunque tu cuerpo te pida no hacerlo. Realizar actividades que mantengan el cuerpo en marcha y expuesto a nuevas fuentes de gratificación hace que poco a poco se rompa a burbuja de apatía en la que vive instalado el paciente, de manera que el hacer actividades diversas cada vez se va volviendo un acto más espontáneo.

En definitiva, la activación conductual sirve para trazar vínculos entre la persona y los contextos capaces de aportarle sensaciones positivas y nuevas formas de motivación.

 

3. Terapia interpersonal

La terapia interpersonal es parecida a la activación conductual, en el sentido de que también busca los mecanismos de la vuelta a la normalidad del paciente en las relaciones que este mantiene con su entorno. Sin embargo, en esta ocasión se focaliza en un elemento concreto del entorno: el resto de personas.

Así mediante pautas de comunicación y de expresión de las emociones, este tratamiento psicológico contra la depresión favorece que los pacientes abracen hábitos de relación interpersonal más significativos y motivadores, lo cual es capaz de transformar su día a día y permitir que los síntomas vayan debilitándose. No hay que olvidar que buena parte de nuestra forma de interpretar cómo nos sentimos está mediada por cómo valoramos nuestra vida social.

 

4. Terapia farmacológica

La terapia farmacológica es un complemento de la terapia psicológica, y no puede ser la única solución. De hecho, en algunos casos se ha visto que resulta contraproducente utilizar estos medicamentos, debido a sus efectos secundarios y al hecho de que no hacen desaparecer completamente los síntomas, sino que en todo caso los vuelven algo menos intensos.

Normalmente, los fármacos son utilizados en casos de depresión mayor o trastornos depresivos moderados, y no cuando los síntomas son más bien débiles.

Normalmente, en terapia farmacológica aplicada a pacientes con depresión se utilizan fármacos antidepresivos, los cuales son muy variados y tienen un gran abanico de efectos y mecanismos de acción en el cerebro. Por otro lado, esta clase de medidas solo deben ser adoptadas bajo indicación médica, siguiendo al pie de la letra las indicaciones del especialista, y asumiendo que si en cualquier momento los efectos adversos resultan demasiado perjudiciales, se retirará el uso de este fármaco o se empezará a recetar otro.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders, fifth edition. Arlington, VA: American Psychiatric Association.
Heim C., Newport D.J., Mletzko T., Miller A.H., Nemeroff C.B. (2008). The link between childhood trauma and depression: insights from HPA axis studies in humans. Psychoneuroendocrinology. 33 (6): 693 – 710.
Mélendez J.C., Alfonso-Benlliure V., Mayordomo T. (2018). Idle minds are the devil’s tools? Coping, depressed mood and divergent thinking in older adults. Aging & Mental Health. 22 (12): 1606 – 1613.

Terapia sexológica: ¿cómo funciona exactamente?

terapia sexológica cómo funciona

La terapia sexológica es una de las herramientas del bienestar físico y psicológico más importantes. De hecho, su capacidad de adaptarse a las necesidades de los pacientes hace que esta propuesta terapéutica no pueda ser considerada una técnica, sino un conjunto de métodos y prácticas muy diversas, mediante las cuales los sexólogos ayudan a las personas a sentirse mejor con su sexualidad. En este artículo veremos qué es y cómo funciona la terapia sexológica, y por qué merece la pena plantearse utilizar este servicio si se tiene algún problema en la manera de vivir el sexo (con o sin pareja).

Nuestra Terapia Sexológica

¿Qué es la terapia sexológica?

El tabú que envuelve la sexualidad ha hecho que, en demasiadas ocasiones, subestimemos la importancia que tiene la manera de experimentar la vida sexual.

Y es que para la gran mayoría de las personas, este fenómeno vinculado con las pasiones y la faceta íntima de cada uno forma parte de la propia identidad, de manera que los problemas sexuales no solo nos afectan al tener sexo, sino que también nos dañan en cualquier otro momento: inseguridades, frustración, baja autoestima, pensamientos catastrofistas sobre la búsqueda de pareja, etc.

La terapia sexológica tiene como objetivo intervenir en ese amplio espectro de maneras de vivir la sexualidad, ayudando a las personas que experimenten algún tipo de problema o malestar en este ámbito de la vida. Por consiguiente, no se centra solo en los aspectos más biológicos y mecánicos de las prácticas sexuales convencionales, sino que va más allá, cubriendo fenómenos como las parafilias, las inseguridades ligadas a una orientación sexual no normativa o a la disforia de género, los problemas de autoestima vinculados al sexo, etc.

Como la terapia sexológica interviene en procesos en los que se conjugan lo biológico, lo psicológico y lo contextual, pertenece a un área de trabajo totalmente interdisciplinar: la sexología, en la que pueden trabajar médicos y psicólogos.

De esta manera, la terapia sexual va más allá de la evaluación médica y la realización de procedimientos quirúrgicos o el uso de medicamentos, los cuales en muchos casos no son necesarios; hace uso de técnicas provenientes del mundo de la psicoterapia, y además proporciona a los pacientes un contexto profesional en el que es posible expresarse sin temor a ser prejuzgados.

¿Para qué problemas y trastornos sexuales sirve?

Normalmente, la terapia sexológica se utiliza o bien como complemento de procedimientos médicos que afectan a las funciones sexuales (para adaptarse a los cambios), o bien para hacer que los síntomas de los trastornos sexuales disminuyan.

Hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones, incluso los problemas que aparentemente tienen causas fisiológicas, como la disfunción eréctil o el vaginismo, tienen también raíz psicológica, mientras que otros tienen una vinculación más clara con los procesos mentales, como los miedos e inseguridades relacionadas con el sexo o la propia desnudez.

Dicho esto, algunos de los trastornos sexuales que llevan a la gente a los servicios de la terapia sexológica son los siguientes:

  • Trastorno sexual hipoafectivo
  • Adicciones sexuales
  • Vaginismo
  • Impotencia masculina
  • Eyaculación precoz
  • Dispareunia
  • Fobias vinculadas a la práctica sexual

 

Herramientas y tratamientos usados en terapia sexual

Para entender cómo funciona la terapia sexológica, veamos un resumen de varias de las prácticas más comunes utilizadas durante las sesiones (aunque hay muchas más).

1. Reestructuración cognitiva

Este procedimiento tiene como objetivo que los pacientes se cuestionen creencias que están muy arraigadas en ellos y que resultan dañinas en su manera de vivir su sexualidad. Por ejemplo, la creencia de que todo el mundo es juzgado como ridículo estando desnudo, o que las mujeres no disfrutan del sexo.

2. Ejercicios de Kegel

Los ejercicios de Kegel sirven para fortalecer una serie de músculos del suelo pélvico, los cuales además de jugar un papel en la contención de la orina en hombres y mujeres, están vinculados a la existencia o no de eyaculación precoz, entre otras alteraciones.

3. Técnicas de relajación

Las técnicas de relajación sirven para gestionar las situaciones de ansiedad que algunas personas sienten al intimar con otras. Además, relajarse permite que se activen los procesos fisiológicos que intervienen en la erección y la lubricación de la vagina.

4. Desensibilización sistemática

Este tipo de prácticas terapéuticas también se utiliza en personas cuyos problemas en lo relativo al sexo están relacionados con la ansiedad, algo muy común en el vaginismo o la disfunción eréctil, por ejemplo.

Consiste en enfrentarse a situaciones temidas sin huir de ellas, a la vez que realiza ejercicios de relajación. De esta manera, se asocia esa fuente de estrés a un contexto de relajación, para terminar experimentando en primera persona cómo con el paso del tiempo nada malo ocurre y la angustia va desapareciendo.

5. Técnica de parada y arranque

La técnica de la parada y arranque sirve para reconocer las sensaciones previas al reflejo orgásmico, y resulta especialmente útil en la terapia sexológica aplicada a los problemas por eyaculación precoz.

6. Psicoeducación

Si bien no es en sí una forma de terapia en el sentido de que no sirve para combatir síntomas concretos, la psicoeducación o charlas informativas son un paso que suele resultar imprescindible, ya que permite que los pacientes comprendan lo que les pasa y cuál será el objetivo de las técnicas utilizadas en la terapia.

Esto es muy importante en un tema como el de la sexualidad, en el que el tabú y la censura hacen que existan muchos mitos y una gran cantidad de desinformación, la cual podría obstaculizar el progreso de la intervención sexológica.

Conclusión: atención profesional para los problemas íntimos

Tal y como hemos visto, la terapia sexológica combina la aproximación profesional y sistemática para intervenir en los problemas sexuales, por un lado, con el trato cercano y el sumo respeto por el punto de vista, los miedos y las inquietudes del paciente, por el otro.

De esta manera, este contexto terapéutico es el momento y el lugar adecuado para contar con la ayuda de profesionales que ayudan sin prejuzgar, que asumen que la sexualidad es siempre íntima y con un punto irracional, y que están capacitados para usar las técnicas más efectivas para disfrutar de bienestar también en este ámbito de la vida.

 

Referencias bibliográficas:

Binik, Y.M. y Hall, K.S.K. (2014). Principles and practice of sex therapy. Nueva York: Guildford Press.
Kaplan, H. S. (1974). The New Sex Therapy. Nueva York: Times Books.

Nuestra Terapia Psicológica

 

Trastornos psicológicos que pueden aparecer durante el embarazo

Trastornos psicológicos del embarazo

El embarazo es una etapa clave tanto en la vida de la madre como, naturalmente, en el desarrollo del feto. Por eso, velar por el bienestar psicológico de la mujer a medida que la gestación va avanzando su curso es fundamental. En este artículo veremos cuáles son los trastornos psicológicos que típicamente pueden aparecer a lo largo del embarazo.

Trastornos psicológicos frecuentes durante el embarazo

La aparición de alteraciones o crisis en esta fase tan delicada puede desencadenar una serie de complicaciones graves, cuya marca se podría notar durante años tanto en la integridad del feto como en la vivencia de la maternidad en la madre.

A su vez, los cambios biológicos y relativos a los hábitos de vida pueden exponer a la mujeres embarazada a ciertos trastornos psicológicos. Evidentemente, el simple hecho de quedar encinta no implica tener un alto riesgo de desarrollar una alteración mental, pero en ciertos casos hace que las vulnerabilidades que ya estaban latentes en la vida de la futura mamá emerjan y resquebrajen su calidad de vida.

Esta pescadilla que se muerde la cola, la exposición a alteraciones psicológicas y el alto riesgo que estas tienen en cuanto a potencial dañino, hace que sea muy beneficioso contar con asistencia psicológica.

En cuanto a los trastornos psicológicos que pueden aparecer a lo largo del embarazo, los más frecuentes son los que veremos a continuación.

 

1. Trastorno de Ansiedad Generalizada

Los trastornos de ansiedad son un grupo de alteraciones mentales vinculadas a la angustia y al estrés; es decir, estados de hiper-activación del sistema nervioso y de los grupos musculares, que llevan a la persona a estar en un estado de alerta durante mucho tiempo seguido, y que aumentan la propensión a sufrir ataques de pánico.

Dentro de esta categoría de fenómenos psicológicos dañinos, los que pueden aparecer durante el embarazo con mayor probabilidad son las diferentes variantes del Trastorno de Ansiedad Generalizada.

Este trastorno se caracteriza por un estado de alerta constante, una mayor tendencia a la irritabilidad ante los estímulos mínimamente molestos, una mayor probabilidad de sufrir episodios de pánico sin ningún motivo aparente, tendencia a sobresaltarse fácilmente, experimentación de crisis con temblores, mareos e intensa sudoración, y cansancio debido al desgaste que todo lo anterior conlleva.

 

2. Trastorno Obsesivo-Compulsivo

El Trastorno Obsesivo-Compulsivo, como el TAG, también está vinculado a episodios de una fuerte ansiedad, pero en este caso también hay otros dos elementos clave: obsesiones y compulsiones. Las primeras son pensamientos intrusivos y catastróficos que generan un gran malestar y que la persona lucha por eliminar de su consciencia.

Las compulsiones son rituales repetitivos y de una gran rigidez en cuanto a que no pueden desviarse de la norma auto-impuesta, y cuya finalidad es que la imagen surgida en el pensamiento intrusivo no se transforme en una realidad.

En mujeres embarazadas, el TOC está relacionado al hecho de que hay un motivo extra por el que preocuparse: que la gestación y el nacimiento vayan bien. Como las complicaciones en el embarazo pueden ser graves, la posibilidad de que algo vaya mal es capaz de infiltrarse en la consciencia de la mujer embarazada y hacer que se imagine lo peor.

A partir de ahí, las probabilidades de buscar maneras de eliminar esa imagen de la mente aumentan, y de esa manera puede empezar el desarrollo de las compulsiones: estirarse del pelo, limpiarse, comer, determinados productos siguiendo un orden muy sistematizado, etc.

3. Depresión

Según la American Congress of Obstetricians and Gynecologists, entre un 14% y un 23% de las mujeres experimentará síntomas de la depresión durante el embarazo. Esto no significa que en todos estos casos de vaya a desarrollar depresión mayor, la forma más grave de este trastorno, pero sí implica una probabilidad a tener cuenta de sentirse mal a lo largo de este proceso si no se cuenta con asistencia psicoterapéutica.

Los síntomas que caracterizan al espectro de alteraciones mentales englobadas en el concepto de la depresión son la abulia, la anhedonia y el sentimiento de tristeza o desesperanza.

La primera, la abulia, consiste en un estado de motivación extremadamente bajo en todos los aspectos de la vida de la persona, de manera que no tiene ganas de hacer prácticamente ninguna actividad.

La segunda, la anhedonia, es la incapacidad de sentir placer o alegría en alguna de sus formas, o al menos la incapacidad de experimentarlas plenamente.

La tristeza y la desesperanza suelen estar vinculadas al desasosiego por todo lo que ocurre en el presente, y en algunos casos aparece la nostalgia con el pasado, combinada con la certeza de que esos momentos no volverán.

 

4. Trastornos de la conducta alimentaria

El embarazo tiene un impacto incuestionable en la apariencia y las necesidades de alimentación de la mujer gestante, y estos cambios pueden exponerla más a los trastornos de la conducta alimentaria.

Obsesionarse con no engordar, o con no adoptar una dieta que perjudique al feto, puede tener el efecto paradójico de que la propia salud quede comprometida, y con ella la viabilidad del embarazo.

¿Qué hacer para prevenirlas?

La psicología clínica y de la salud está equipada con las herramientas y las técnicas adecuadas para atender a las mujeres que van a dar a luz.

De hecho, son muchos los profesionales de la psicoterapia con formación en este ámbito, especializados en el tratamiento y la atención a las mujeres embarazadas, y preparados para prevenir estos trastornos psicológicos y detectar sus primeras señales en caso de que empiecen a manifestarse en el comportamiento de la futura madre.

Finalmente, hay que tener en cuenta que estas alteraciones mentales no están desencadenadas solamente por los cambios hormonales y biológicos vinculados a la gestación.

La manera de relacionarse con el entorno y con los demás también juega un papel muy importante en la vulnerabilidad o la resistencia ante estos trastornos, y los psicoterapeutas utilizan esta vía para mejorar y reforzar la calidad de vida de la mujer gestante.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013), Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. Arlington: American Psychiatric Publishing.
The American Congress of Obstetricians and Gynecologist (2019). Depression and Postpartum Depression: Resource Overview.

¿Qué son los traumas y cómo se pueden tratar desde la psicología?

Qué son los traumas y cómo se pueden tratar desde la psicología

Los traumas psicológicos son parte de los aspectos de la mente humana que más interés generan. Es en parte por eso que en obras de ficción de todo tipo algunos personajes quedan definidos como seres traumatizados, cuya identidad pende de heridas emocionales relacionadas con su pasado. En estos casos, dicha vulnerabilidad sirve para mantener la historia en movimiento.

Sin embargo, más allá de la carga dramática o incluso el glamour que los traumas imprimen en el mundo de la literatura, el cine y similares, en la vida real este tipo de trastornos mentales no dependen de arcos narrativos: de hecho, eso es algo que los vuelve aún más dolorosos.

Por sí solo, el trauma psicológico no es un medio que nos lleve a transformarnos en alguien más interesante o maduro que antes, eso depende enteramente de nuestra manera de gestionarlo y de regular su capacidad de hacernos sentir mal. Y es ahí donde entra en juego la importancia de la psicología y concretamente de la psicoterapia. Así pues, veamos qué son los traumas y cómo podemos tratarlos desde la psicología.

Nuestra Terapia para los Traumas

¿Qué es un trauma?

Un trauma psicológico es un conjunto de recuerdos pertenecientes principalmente a la memoria emocional que han quedado almacenados en nuestra mente de manera que vienen a nuestra consciencia de manera relativamente frecuente y nos causan un gran malestar, normalmente vinculada a la angustia y muchas veces también a la vergüenza y los sentimientos de indefensión.

A la práctica, los traumas están basados en experiencias pasadas que están relacionadas de algún modo con la violencia y la muerte: palizas, abusos sexuales y violaciones, pérdidas de seres queridos por accidentes, etc.

Por otro lado, el concepto de trauma no es en sí una categoría diagnóstica en psiquiatría o en psicología clínica, sino que es un concepto más global y abstracto que se expresa a través de trastornos más definidos y acotados; sobre todo, el Trastorno de Estrés Postraumático y el Trastorno por Estrés Agudo.

En estas categorías diagnósticas se describen cuadros clínicos en los que la persona sufre episodios de fuerte ansiedad, malestar general y pensamientos intrusivos tras haber vivido una experiencia marcada por la violencia en alguna de sus formas, sufrida por uno mismo de manera directa o presenciada mientras les ocurría a otros.

Estas imágenes recurrentes que saltan a la consciencia de manera incontrolada e imprevista, por su contenido, tienen que ver con esas vivencias, y producen una gran incomodidad y angustia.

La principal diferencia entre el Trastorno por Estrés Agudo y el Trastorno por Estrés Postraumático es la duración: en el segundo caso, los síntomas duran varios meses.

Síntomas

Los principales síntomas relacionados con los traumas son los siguientes.

1. Estado de alerta e hipervigilancia constante

En las persona con fuertes traumas, hay fases de aparición frecuente en las que se está en un estado de alerta constante, irritabilidad, reacciones exageradas ante estímulos poco significativos, y problemas para dormir.

2. Pensamientos intrusivos

Ideas e imágenes vinculadas a la vivencia traumática invaden la consciencia de la persona de manera imprevista, trayendo consigo toda una serie de sensaciones altamente desagradables o dolorosas: vergüenza, frustración, miedo…

3. Evitación de situaciones vinculadas al trauma

La persona con traumas intenta estar alejada de los lugares o contextos que le recuerden la experiencia que originó el trastorno psicológico.

4. Síntomas del estado de ánimo

Quien sufre por traumas psicológicos se siente agotado anímicamente, en parte por tener que gestionar todos los síntomas vistos hasta ahora, y es más difícil que experimente placer o que tenga sentido del humor.

 

Causas

Las causas de la aparición de traumas tienen dos componentes: uno experiencial y otro neuropsicológico.

En el primero encontramos hechos que con mucha frecuencia son vistas como fuentes de peligro o señales de que algo muy grave pasa en el entorno, como un accidente de tráfico o un abuso sexual. Estos eventos tienen implicaciones significativas para la integridad de las personas, y por eso tienen una alta carga emocional.

En el segundo, el aspecto relacionado con el funcionamiento del sistema nervioso, encontramos el modo en el que la información referente a estos hechos es procesada y almacenada por el cerebro.

Como en episodios de alta ansiedad el encéfalo trabaja de un modo algo diferente, porque segrega proporciones de sustancias químicas distintas a las habituales, la experiencia queda “grabada” en el cerebro junto a aquellos rastros que deja la activación anormal del sistema nervioso.

Dicho de otro modo, en el encéfalo queda un rastro de la experiencia traumática que hace que esta tenga una gran facilidad para ser “recordada” una y otra vez, junto a toda una serie de sensaciones y emociones negativas.

A su vez, el temor a experimentar otra vez los efectos dolorosos del trauma aumenta la ansiedad anticipatoria, lo cual contribuye a que ese recuerdo dañino no se debilite con el paso del tiempo.

Tratamiento psicológico de los traumas

Desde el punto de vista de los profesionales de la salud mental, en las sesiones de psicoterapia para tratar a pacientes con traumas hay varias herramientas eficaces que pueden ser utilizadas para intervenir en estos casos.

Una de las más habituales es la terapia de exposición al trauma, parecida a los procedimientos utilizados para tratar las fobias y otros trastornos de ansiedad.

El objetivo de estas prácticas es contribuir a que la persona se enfrente a esos recuerdos e imágenes intrusivas viendo que no está predestinada a reaccionar a esto desde la ansiedad y el malestar. Dicho de otro modo, se intenta que la persona asocie esas vivencias a la experimentación de un estado emocional más neutral, lo cual favorece también que la ansiedad anticipatoria se disipe.

Al seguir las indicaciones del psicólogo o psicóloga, los recuerdos vinculados al trauma no desaparecen, pero van perdiendo importancia y pasan a tener menos capacidad de retener nuestra atención y el poder de llevarnos al estado de hipervigilancia.

El uso de psicofármacos solo es considerado una opción cuando es necesario para controlar los síntomas, algo que ocurre sobre todo en la primera etapa del tratamiento. En cualquier caso, el consumo de ansiolíticos o medicamentos similares solo debe darse si hay indicación médica para hacerlo.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Caballo, V. E. (1998). Manual de técnicas de terapia y modificación de conducta (4ª edición). SIGLO XXI.
Frommberger, U. (2014). Post-traumatic stress disorder – a diagnostic and therapeutic challenge. Deutsches Arzteblatt International. 111 (5): 59 – 65.

Los conflictos más habituales en las parejas

Conflictos en las parejas

Una de las quejas más frecuentes que aparecen a lo largo de las sesiones de terapia de pareja tiene que ver con la decepción. Ocurre, normalmente, cuando uno o ambos miembros de la relación vivían instalados en la creencia de que las relaciones amorosas son el encaje entre dos piezas que se corresponden de manera perfecta: el mito de la media naranja. Y es que para bien o para mal, el vínculo afectivo que se produce al tener pareja dista mucho de ser un encaje perfecto; los conflictos forman parte de la naturaleza de estos, así que la clave está no en evitar a toda costa que surjan (algo imposible), sino en saber gestionarlos. Para que sea más fácil, en este artículo veremos un resumen de los conflictos más habituales en las parejas, y qué podemos hacer para combatir sus efectos.

Si crees que podemos ayudarte, entra en nuestra página sobre terapia de pareja.

Nuestra Terapia de Pareja

Los conflictos más frecuentes en las relaciones de pareja

Estos son los principales tipos de conflictos que aparecen tanto en los matrimonios como en las relaciones con novios o novias, y las claves para poder gestionarlas sin dejar que el malestar y la hostilidad vaya a más.

 

1. Falta de objetivos comunes

La sensación de no saber cuál es el rumbo que debe tomar la relación es algo que genera mucho malestar y discusiones muy enconadas. Por ejemplo, no saber a qué país trasladarse, no tener claro si hay que dedicar más tiempo al cuidado de los hijos o al trabajo, o incluso tener serias dudas acerca de cómo debería experimentarse la sexualidad, suele dar problemas.

En estos casos, es necesario planear momentos para hablar de ello de manera honesta, aceptando de entrada que no debemos procurar dar la mejor imagen de nosotros mismos sino expresar lo que de verdad sentimos. Normalmente con una charla no suele ser suficiente, ya que hay muchos temas que tratar; en cualquier caso, si surgen problemas a la hora de entenderse, la terapia de pareja es un muy buen contexto para hacer esto.

2. Celos

Los problemas de confianza relacionados con los celos son más frecuentes de lo que muchos están dispuestos a admitir.

Aunque los indicios para sospechar que alguien podría cometer una infidelidad o traicionar alguno de los principios de la pareja sean mínimos, los sacrificios y esfuerzos invertidos en la relación hacen que esta posibilidad sea vista como catastrófica, lo cual, unido a una concepción muy controladora de la vida amorosa, hace que esta clase de conflictos surjan.

Simplemente, la idea de que podamos estar siendo traicionados aparece como una posibilidad que aunque es pequeña, atrae toda nuestra atención debido a su gravedad.

Los celos son uno de los motivos de conflictos en la pareja más difíciles de gestionar, y normalmente no dependen tanto del tipo de vínculo que se tiene con la otra persona como de las creencias y la manera de interpretar la realidad que tiene uno mismo. Por ello, si hablar honestamente del tema con el ser querido no funciona, lo recomendable es asistir a terapia de pareja.

3. Mala comunicación

En las relaciones amorosas, puede darse la paradoja de que la expectativa de poder conocer a la otra persona de un modo que nadie más lo ha hecho nos lleve a asumir demasiadas cosas sobre lo que nuestra pareja siente, quiere o piensa.

No hay que olvidar que las relaciones de pareja existen porque existe un diálogo constante, y que si ese diálogo se interrumpe, la relación estará caminando sobre la nada. Dedicar momentos a hablar y a aclarar malentendidos es primordial, y no hay que asustarse si en el proceso descubrimos que mucho de lo que creíamos sobre ese ser querido resulta ser falso; es natural y esperable que no podamos conocer a la perfección a otro ser humano, por mucho que lo queramos.

4. Desatención

La idea de que se está desatendiendo la vida amorosa también es uno de los conflictos de pareja más habituales, y está vinculado a la desmotivación.

Sin embargo, esto no es tanto una causa de conflicto, como una consecuencia de que hay algo que subyace a esta desatención; es esa causa primaria la verdadera fuente de malestar sobre la que hay que intervenir, y su naturaleza puede variar mucho. Hay que indagar en ello y ver qué se esconde bajo esa aparente indiferencia hacia el amante, el esposo o la esposa.

 

5. Mala asignación de las tareas

Muchas veces olvidamos que las relaciones de pareja que ya están consolidadas son, además de un vínculo amoroso, una relación de convivencia que se lleva a cabo en términos muy materiales: limpiar la casa, llevar al día la economía doméstica, cocinar, atender a los hijos (si los hay), etc. En muchos casos, la pareja y el reparto de responsabilidades familiares son dos fenómenos indesligables.

Por eso, hay que tener claro que independientemente de la intensidad con la que se ame a alguien, si el reparto de actividades que tienen que ver con el cuidado de la casa o de los hijos no funciona, surgirán frecuentes conflictos de pareja. Abordar el tema de manera directa y llevando a cabo un cálculo de las horas de trabajo doméstico que debe cubrir cada uno es la mejor solución.

6. Problemas de compatibilidad sexual

La mala compatibilidad en cuento a la vida sexual es otro factor a tener en cuenta a la hora de analizar los conflictos por los que puede estar pasando una pareja. Afortunadamente, en muchos casos esto puede ser solucionado mediante terapia sexual y de pareja, y en muchos casos se debe a problemas de inseguridad, mala comunicación, ideas preconcebidas sobre lo que quiere la otra persona, etc.

 

Nuestra Terapia de Pareja

Referencias bibliográficas:

Chapman, A.L. y Compton, J.S.: (2003) From Traditional Behavioral Couple Therapy to Integrative Behavioral Couple Therapy: New Research Directions The Behavior Analyst Today, 4 (1), 17 – 25.
Halford, K., Markman, H., Kline, G., Stanley, S. M. (2003). Best practice in couples relationship education. Journal of Marital & Family Therapy. 29(3), pp. 385 – 406.
Sternberg, J. (1997). Satisfaction in close relationships. Nueva York: Guilford Press.

Las causas más habituales del estrés

Las causas más habituales del estrés

El estrés es un tipo de experiencia muy conocido por todos, al menos en sus aspectos más fundamentales. Todos, con cierta frecuencia, hemos notado cómo sus efectos se extienden por nuestro cuerpo y pensamientos, y normalmente no es una sensación precisamente agradable. Conozcamos las causas del estrés.

Eso sí, que sentir estrés resulte muchas veces poco satisfactorio no significa que sea algo malo. En la mayoría de las ocasiones, nos ayuda a tomar consciencia de que hay un problema que debemos atender cuanto antes, y en general nos lleva a un estado de alerta desde el cual empezamos a buscar soluciones ante una determinada necesidad.

Pero en algunos casos, el estrés sí constituye un problema y pasa a ser un problema, más que una solución. En las próximas líneas nos centraremos en este tipo de estrés de tipo patológico y veremos cuáles son sus principales causas, y el modo en el que estas nos afectan dañando nuestra calidad de vida.

Tal y como veremos, entre las causas más habituales del estrés las hay tanto físicas como psicológicas.

Si necesitas contactar con un profesional por un tema de estrés, entra en esta página de contacto.

Nuestra Terapia para el Estrés

Las causas más habituales del estrés

Aquí encontrarás un resumen de las principales causas del estrés, los cuales muchas veces están detrás de los problemas y quejas que expresan los pacientes que asisten a psicoterapia para regular sus estados de nerviosismo y ansiedad.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que su presencia no nos lleva irremediablemente a sufrir por estrés, dado que la asistencia a psicoterapia puede proporcionar los recursos necesarios para combatir esta fuente de malestar y no dejar que limite nuestras vidas.

 

1. Predisposiciones genéticas

No es ninguna novedad que una parte del estrés queda explicado por la configuración genética de las personas. Existen algunos genes que favorecen la aparición de procesos de estrés y ansiedad en los individuos que los presentan en su genotipo, de manera que la producción de determinadas moléculas bajo las instrucciones del ADN nos vuelve más vulnerables a esta forma de malestar.

Sin embargo, esto no significa que la presencia de ciertos genes “produzca” estrés del mismo modo en el que determinadas glándulas de la boca producen saliva. En todo caso, algunas variantes de genes crean situaciones por las que es más probable que experimentemos estrés con mayor facilidad que el resto de personas, lo cual significa que el entorno social en el que vivimos y nuestra manera de interactuar con el mundo siguen siendo muy determinantes.

2. Exposición a situaciones de violencia

El haber pasado por situaciones de violencia, agresiones sexuales o acoso en la escuela o en el trabajo hace que las personas tengan más probabilidades de sufrir problemas de estrés.

De hecho, haber interiorizado la noción de que el mundo es un lugar hostil en el que hay que estar alerta para prevenir ataques lleva a una especie de estado de paranoia en la que muchos estímulos ambiguos pueden ser interpretados como indicadores de peligro inminente.

3. Cambios súbitos en el estilo de vida

Mudarse a otra ciudad o irse a vivir a otro país, tener un hijo, casarse, empezar un nuevo trabajo… Todas estas situaciones nos enfrentan a nuevos retos y a momentos en los que no está muy claro lo que hay que hacer.

La sucesión continuada de experiencias marcadas por la ambigüedad y la incertidumbre puede ser una de las causas del estrés con mayor capacidad de afectar a todas las áreas de nuestra vida.

4. Los entornos altamente competitivos

Competir por un ascenso, estudiar para unas oposiciones, entrenar para un torneo deportivo… Son situaciones en las que podemos llegar a sentirnos culpables en los momentos de descanso, asumiendo que otros estarán progresando mientras nosotros cargamos energía.

Este desgaste físico y mental tiene en el estrés y la ansiedad sus primeras manifestaciones como problemas psicológicos.

5. Problemas en las relaciones personales

Tener dificultades en las relaciones sociales puede causar mucho estrés, porque por un lado lleva a un estilo de vida poco amable debido al miedo a buscar ayuda o aliados, y por el otro las conversaciones se convierten en una fuente de temor y de anticipación del fracaso.

 

6. Trastornos mentales

La presencia de un trastorno mental diagnosticado puede llevarnos a pasar por situaciones que causan mucho estrés. Esto se deber a que la anticipación del malestar generado por esa alteración comportamental mental es en sí un problema extra que hay que saber regular emocionalmente.

 

7. Hábitos de vida poco saludables

Otra de las causas del estrés más infravaloradas es el no seguimiento de un estilo de vida sano. Estar en un mal estado físico nos vuelve menos capaces de adaptarnos a situaciones complejas y complicadas, y peores a la hora de gestionar la energía de nuestro cuerpo.

Por ello, para frenar el malestar causado por el estrés es recomendable dormir bien y comer de manera regular alimentos de calidad con las vitaminas y los macronutrientes necesarios.

 

8. Obligaciones vinculadas a la familia

El ámbito familiar suele ser una fuente de protección, pero a veces también se transforma en una incubadora de problemas de relación interpersonal y lazos afectivos.

Por ejemplo, depositar demasiadas esperanzas en un hijo puede llevar a controlar demasiado su vida, aunque en teoría sea “por su bien”. Por otro lado, las discusiones familiares tienen mayor capacidad de producir malestar, porque afectan a relaciones cotidianas y a personas que consideramos parte del ambiente “estable” de nuestro día a día.

9. Perfeccionismo extremo

El exceso de perfeccionismo está vinculado a muchos problemas por estrés, e incluso a la procrastinación, que es lo que pasa cuando el temor de no hacer bien algo nos paraliza y contribuye a que finalmente no hagamos nada en todo el día, postergándolo y dejando que el problema se vaya haciendo más grande.

10. Malos ambientes de trabajo

Factores tan simples como oficinas en las que hay mucho ruido o asientos de trabajo muy incómodos que obligan a adoptar una mala postura, pueden generar estrés debido a la incomodidad constante.

Este tipo de causas habituales del estrés son estudiadas por la disciplina conocida como ergonomía, y también por la psicología ambiental, si bien desde psicoterapia se puede ayudar a darles solución.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Hüther, G. (2012). Biología del miedo. El estrés y los sentimientos. Barcelona: Plataforma Editorial.
Koolhaas J, et al. (2011). Stress revisited: A critical evaluation of the stress concept. Neuroscience and Biobehavioral Reviews. 35 (5): 1291–1301.

Trastorno de Ansiedad Generalizada: ¿qué es y cómo tratarlo?

Trastorno de Ansiedad Generalizada

La ansiedad es un fenómeno que está presente en muchos de los trastornos psicológicos más relevantes. Esto es natural, puesto que es una reacción del cuerpo ante situaciones de malestar o de anticipación de un peligro o riesgo, de manera que la propia anticipación de los síntomas genera esta experiencia de angustia y estrés. Sin embargo, hay ciertas alteraciones psicológicas en las que la ansiedad tiene una gran importancia a la hora de explicar los síntomas: se trata de los trastornos de ansiedad. En este artículo nos centraremos en uno de ellos, el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), y veremos de qué manera produce malestar y cómo se trata a los pacientes con esta alteración en las sesiones de psicoterapia.

Nuestra Terapia para la Ansiedad

¿Qué es el Trastorno de Ansiedad Generalizada?

El Trastorno de Ansiedad Generalizada es una alteración psicológica con síntomas psicológicos y fisiológicos que pertenece a la categoría de los llamados trastornos de ansiedad, y que se caracteriza por la presencia de malestar por ansiedad o angustia ante una amplia gama de situaciones en las que no hay un peligro real pero cuya ambigüedad es percibida como amenazante.

Así, mientras que en otros trastornos de ansiedad como las fobias o el Trastorno Obsesivo-Compulsivo la angustia o ansiedad está ligada a un tipo de experiencia muy concreta, en el TAG este malestar es más “generalizado”, con unos límites más difusos y capaces de reproducirse en situaciones variadas y en diferentes actividades.

Por otro lado, el Trastorno de Ansiedad Generalizada puede darse tanto en adultos como en niños y niñas (si bien los criterios diferentes son diferentes dependiendo de la edad), y sus efectos y síntomas deben estar presente durante varios meses seguidos y aparecer durante la mayor parte del tiempo.

 

Síntomas del TAG

Existe una cierta variabilidad en el modo en el que el Trastorno de Ansiedad Generalizada produce síntomas dependiendo del individuo.

Sin embargo, existen varios de ellos que suelen ser recurrentes y que por ello se utilizan como criterio diagnóstico, de modo que la presencia de muchos de ellos durante un periodo determinado indica la presencia de TAG. En cualquier caso, el diagnóstico solo puede ser realizado por profesionales de la salud mental debidamente entrenados y titulados para ello.

A modo de resumen, los principales síntomas del Trastorno de Ansiedad Generalizada son los siguientes:

  • Temblores
  • Irritabilidad muy intensa
  • Náuseas y mareos
  • Sudoración
  • Temor a situaciones percibidas como de alto riesgo a pesar de que no lo son
  • Problemas para “desenganchar” el foco de atención de la idea que causa temor o angustia
  • Sequedad en la boca
  • Insomnio
  • Pensamiento catastrófico (imaginar situaciones futuras en las que todo va mal)
  • Angustia al tener que realizar una elección en una situación de incertidumbre
  • Miedo extremo a escoger la opción incorrecta al tener que elegir
  • Problemas significativos al intentar concentrarse en una tarea
  • Ritmo cardíaco más alto de lo normal
  • Sensación de presión en el pecho o en el cuello

 

Para que el profesional diagnostique a un paciente con TAG, algunos de estos síntomas (una cantidad fijada por el especialista dependiendo de los que se presenten) deben hacer aparición durante más de 6 meses, y siempre que estos no puedan explicarse mejor por la presencia de otra alteración psicológica, como el trastorno de pánico.

Causas y factores de riesgo

Tal y como ocurre con todos los trastornos psicológicos, en el Trastorno de Ansiedad Generalizada no existe una sola causa que produzca este fenómeno, sino varios factores y predisposiciones que, en conjunto, facilitan su aparición.

Por ejemplo, se cree que existe una significativa influencia de las predisposiciones genéticas a la hora de desarrollar el TAG, una característica heredable en el momento de la gestación que no dependería de un solo gen, sino de una combinación de varios de ellos.

Por otro lado, el efecto de situaciones generadoras de un alto estrés como sucesos traumáticos o momentos de peligro (físico o de cualquier otro tipo) también pueden contribuir a que aparezca un estado de ansiedad y angustia que perdure y se agrave a medida que otras experiencias ligadas a factores estresantes van dejando su huella en nosotros. Por ejemplo, si a una mala situación familiar se le añaden problemas en el trabajo o mobbing, el Trastorno de Ansiedad Generalizada puede surgir.

En cualquier caso, aún hace falta investigar más para comprender las causas del TAG, tanto las que están vinculadas a la genética de los individuos como a la vivencia de situaciones estresantes y sus bases neurológicas que tienen lugar en el cerebro. Por el momento, se sabe que los principales factores de riesgo, hechos que aumentan sus posibilidades de aparición, son los siguientes:

1. Género

El Trastorno de Ansiedad Generalizada es mucho más común en mujeres, lo cual puede deberse tanto a diferencias biológicas presentes desde el nacimiento como a diferencias en su socialización.

2. Personalidad

Los rasgos de personalidad vinculados a la experimentación de un elevado temor por la propia integridad y por la imagen pública que se ofrece suelen estar correlacionados con mayores probabilidades de desarrollar trastornos de ansiedad como el TAG.

3. Uso de drogas

Los niveles de ansiedad pueden subir significativamente a raíz del uso de ciertas drogas, como el alcohol o las benzodiacepinas.

4. Genes

Existen varios grupos de genes que, combinados, están presentes en individuos con mayor facilidad de desarrollar problemas de estrés y ansiedad.

Tratamiento en psicoterapia

El tratamiento del Trastorno de Ansiedad Generalizada bajo la asistencia psicológica de un psicólogo se adapta siempre a las características y contexto de cada paciente, pero generalmente hay una serie de herramientas y estrategias que resultan especialmente comunes.

La combinación de la terapia cognitivo-conductual y ciertos psicofármacos ansiolíticos y algunos antidepresivos (solo bajo indicación médica) suele ser efectiva para que los síntomas se reduzcan hasta no generar un malestar significativo, si bien siempre que sea posible se evita la utilización de medicamentos. En determinados casos la terapia será suficiente.

Mediante la intervención de tipo cognitivo-conductual se trata de revertir los patrones de pensamiento y de comportamiento que mantienen vivo en ciclo de la ansiedad excesiva, como los pensamientos catastróficos y anticipatorios del malestar, así como las actividades que nos exponen a la angustia de una manera poco controlada.

Por otro lado, el uso de herramientas como las técnicas de relajación pueden ser utilizadas también para controlar las manifestaciones fisiológicas de la ansiedad, como los temblores y el alto ritmo cardíaco.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Spitzer, R. L.; Kroenke, K; Williams, J.B.; Löwe, B. (2006). A Brief Measure for Assessing Generalized Anxiety Disorder. Archives of Internal Medicine. 166 (10): 1092- 1907.
Torpy, J. M.; Burke, A.E.; Golub, R.M. (2011). Generalized Anxiety Disorder. JAMA. 305 (5): 522.

19 trastornos que precisan la atención de un sexólogo

trastornos que precisan la atención de un sexólogo

19 trastornos que precisan la atención de un sexólogo. La sexualidad humana está llena de matices, y es en parte por ello que es uno de los ámbitos más importantes de la vida. Sin embargo, el hecho de que nuestra manera de experimentar el sexo esté llena de complejidades hace que existan muchas maneras posibles de que surjan trastornos sexuales.

A continuación veremos varios trastornos que necesitan la atención de un sexólogo o sexóloga, profesionales de la salud especializados en este tipo de problemas. Pero antes, veamos de qué se encargan estos expertos de la terapia sexual.

Nuestra Terapia Sexológica

Las funciones de la sexología

Entendemos por sexología el ámbito de investigación e intervención terapéutica interdisciplinar centrado en nuestra manera de vivir el sexo.

Su faceta más conocida consiste en dar terapia a pacientes con problemas sexuales, pero también se aplica a muchos otros ámbitos: la mejora de la experiencia, la educación, la investigación sobre las diferencias culturales relacionadas con la sexualidad, etc. Además, como es interdisciplinar, se la puede abordar desde la medicina, la psicología, la antropología y muchos otros campos científicos.

La terapia sexológica se centra en el bienestar sexual de los pacientes que recurren a ella

Dicho esto, ahora nos centraremos en la parte de la sexología vinculado a las ciencias de la salud y veremos varios trastornos sexuales que pueden ser motivo de consulta con sexólogos.

Trastornos que requieren terapia con un sexólogo

Estas son varias de las alteraciones de la salud y el bienestar que llevan a los pacientes a citarse con un sexólogo o sexóloga.

Algunas de ellas son de causas más bien psicológicas, mientras que en otras la raíz es de tipo más biológico y fisiológico, si bien en muchos casos ambos factores influyen de manera importante. Por otro lado, también es muy frecuente que varios trastornos o fuentes de malestar se solapen entre sí; esto no impide que se pueda realizar una intervención por terapia sexual, sino que forma parte de la normalidad en el día a día de los sexólogos.

 

1. Fetichismo

Tener fetiches sexuales no es algo necesariamente malo, pero en algunos casos este fenómeno llega a ser patológico siendo considerado un tipo de parafilia.

Normalmente, esto ocurre cuando las preferencias sexuales de la persona son tan concretas y específicas que no puede satisfacer esa clase de gustos con la regularidad deseable, o bien cuando ese fetiche comporta el sufrimiento físico o emocional de personas directamente afectadas por esto.

Por ejemplo, el hecho de disfrutar del sexo solamente cuando se realiza en situaciones de riesgo puede ser motivo de consulta.

2. Vaginismo

El vaginismo es la contracción involuntaria de los músculos perineales, ubicados en la vagina, durante la penetración. Esto impide el coito, o lo hace doloroso.

3. Eyaculación precoz

Este trastorno se debe a la falta de control voluntario en el reflejo eyaculatorio, el cual hace que la eyaculación se produzca mucho antes de lo que se quería: normalmente, en segundos o en los primeros minutos tras iniciar el contacto sexual.

4. Dispareunia

La dispareunia, llamada también coitalgia, es una categoría que abarca diversas formas de malestar y dolor físico durante el coito, o justo antes o después. Por otro lado, el coito doloroso puede afectar tanto a hombres como a mujeres.

5. Trastorno sexual hipoactivo

Esta alteración consiste en la ausencia de deseo sexual durante periodos largos, debidos normalmente a experiencias pasadas o problemas en otros ámbitos de la vida. Resulta especialmente común en mujeres.

6. Trastorno de la excitación sexual femenina

Consiste en la imposibilidad de llegar a niveles altos de excitación sexual por parte de algunas mujeres, lo cual también genera una insuficiente lubricación en la vagina.

7. Voyeurismo

El voyeurismo es la obtención de satisfacción sexual observando a otras personas. Este fenómeno llega a ser parafilia si se trata de la única manera de encontrar placer sexual o si las terceras personas involucradas deben no ser conscientes de que se las está observando mientras esto ocurre.

8. Frotteurismo

Este trastorno sexual es similar al voyeurismo patológico, en el sentido de que involucra terceras personas que no tienen por qué ser conscientes de lo que pasa o consentir que eso ocurra. Aquí, el placer se obtiene mediante el roce con otros, muchas veces sin quitarse la ropa y en lugares públicos.

9. Inseguridades por homofobia o transfobia

Las consecuencias de la discriminación contra colectivos LGTBI pueden hacer que muchas personas tengan una relación conflictiva con su manera de vivir el sexo, se avergüencen de sus gustos y preferencias, o no sepan qué quieren o qué pueden esperar de esta faceta de sus vidas.

10. Sadismo

La necesidad de humillar o herir a otros para obtener excitación sexual es también una parafilia.

11. Exhibicionismo

Los pacientes con exhibicionismo acostumbran a encontrar placer en mostrar su desnudez a desconocidos o personas que no han dado su consentimiento, normalmente en lugares públicos en los que tienden “emboscadas”.

12. Urofilia

La urofilia aparece en pacientes cuya excitación depende de involucrar la orina en sus relaciones sexuales.

13. Otras parafilias

Entre el resto de parafilias encontramos la somnofilia, la blastolagnia, el triolismo o la dependencia de la asfixia erótica para satisfacerse, si bien hay muchas más.

14. Trastorno orgásmico femenino

Estadísticamente, la anorgasmia es uno de los problemas más frecuentes que experimentan las mujeres. Consiste en la baja intensidad o el retraso excesivo en la aparición del orgasmo.

15. Trastorno orgásmico masculino

La anorgasmia también puede darse en hombres. También aquí cuesta mucho llegar al orgasmo, o este es poco intenso.

16. Traumas psicológicos

El haber sido víctima de una violación o de abusos sexuales muchas veces genera secuelas en muchos aspectos de la vida, siendo la sexualidad uno de los más afectados. Por ello, el trauma psicológico es uno de los trastornos que precisan de la atención de un sexólogo o sexóloga.

17. Adicciones sexuales

En algunos casos, se desarrolla un trastorno sexual por el cual se desarrolla una necesidad incontrolable de realizar acciones sexuales, lo cual muchas veces interfiere con otros ámbitos del día a día: la adicción al sexo, a la pornografía o a la masturbación pueden, por ejemplo, producir problemas amorosos, laborales, etc.

18. Impotencia masculina

Este es uno de los problemas más habituales en hombres: los problemas para alcanzar la erección. Normalmente tiene una raíz psicosexual, más que biológica.

19. Fobias

Ciertos tipos de fobias pueden dañar significativamente la capacidad de desarrollar una sexualidad plena. Por ejemplo, el miedo a estar desnudo, o la fobia al coito, limitan mucho. Afortunadamente, este tipo de trastornos de ansiedad responden bien al tratamiento por parte de sexólogos con formación en psicoterapia.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Diamond, Milton (2004). Sex, gender, and identity over the years: a changing perspective. Child and Adolescent Psychiatric Clinics of North America. 13 (3): 591–607.
Ellis, A. (2008). Psychology of Sex. Read Books.

¿Qué es la psicología infantil y en qué casos puede ayudar?

Qué es la psicología infantil

Cuando pensamos en la palabra “psicología”, es fácil que nos venga a la mente la imagen de una persona adulta recibiendo la asistencia de algún profesional de la psicoterapia.

Sin embargo, no hay que olvidar que el trabajo de los psicólogos no se limita a las preocupaciones y los problemas típicos de quienes hace tiempo que han dejado atrás la adolescencia. La infancia es una etapa clave en la que la psicología centra buena parte de su atención.

En este artículo veremos qué es la psicología infantil, cuáles son las áreas de trabajo en las que interviene, y cómo se plasma tanto en el ámbito de la psicoterapia como en el de la educación.

Si necesitas terapia infantil, ponte en contacto con nosotros.

Nuestra Terapia Infantil

Psicología infantil: qué es y para qué sirve

Tal y como su nombre indica, la psicología infantil es la rama de la psicología que se centra en el bienestar de los niños y niñas en los niveles emocional, cognitivo y comportamental.

El objetivo de la psicología infantil es mejorar la calidad de vida de los niños y niñas en lo referente a la manera en que interpretan lo que les sucede

Muchas veces, los profesionales de la psicología infantil también son expertos en el trabajo con jóvenes que se encuentran en la etapa vital de la adolescencia (iniciada aproximadamente a los 11 años de edad), aunque en otras ocasiones se distingue entre psicología infantil y psicología infanto-juvenil para evitar confusiones.

El objetivo principal del psicólogo infantil tiene que ver con que los niños y niñas con los que trabaja mejoren su calidad de vida en lo referente a su manera de interpretar lo que les ocurre y de interactuar con el entorno, si bien una consecuencia de esto es que también se mejora el estado de bienestar de sus padres y madres y de su entorno familiar cercano.

Sin embargo, en ciertos casos los psicólogos especializados en esta rama pueden recomendar realizar terapia familiar para intervenir en un problema de tipo relacional, si creen que el problema del niño o niña se debe más al funcionamiento de la familia y no tanto a su manera de comportarse aisladamente.

Por otro lado, el trabajo de los psicólogos infantiles suele orientarse a la calidad de vida de los más pequeños en un sentido general, aunque también puede darse el caso de que ciertos profesionales se especialicen mucho más en un aspecto del bienestar infantil en concreto.

Es decir, que también en la psicología infantil encontramos sub-categorías de trabajo que sirven para darnos una idea de las diferentes funciones y objetivos que agrupa esta disciplina.

La terapia infantil y el acompañamiento en el aprendizaje

Dentro de la psicología infantil encontramos una división fundamental: la psicoterapia infantil y la psicología infantil centrada en la educación y los procesos de aprendizaje.

Si bien esta división en dos es hasta cierto punto artificial dado que la psicoterapia también se basa en última instancia en procesos de aprendizaje, nos ayuda a tener en mente lo diferente que resulta en un contexto clínico o terapéutico, por un lado, y en el contexto del progreso en la educación y en los centros escolares, por el otro.

Los psicólogos infantiles cuyo ámbito de trabajo es el de la terapia para niños y niñas ejercen en un contexto en el que los padres y madres han asistido a consulta preocupados por un problema que en muchas ocasiones no tiene que ver solo con el desempeño del menor en la escuela, sino que afecta también a su estado anímico y emocional o a su comportamiento en casa.

El trabajo de los psicólogos infantiles resulta necesario para evitar que los niños tengan que enfrentarse solos a posibles trastornos psicológicos, cuya gestión por su parte puede causar problemas añadidos

De esta manera, el psicólogo infantil ofrece tratamiento a pacientes que ya en su infancia pueden estar desarrollando trastornos como el TDAH, la enuresis, los trastornos de aprendizaje y del desarrollo como la dislexia, el trauma infantil, etc.

Por otro lado, los psicólogos infantiles que trabajan en contextos escolares o en centros educativos de otro tipo no tienen por qué trabajar con niños y niñas con trastornos psicológicos, sino que se centran más bien en los estilos de aprendizaje y en la organización para el estudio que han adoptado los menores.

Esta es una rama muy relacionada con la psicopedagogía, y por ello se trabaja tanto exponiendo a los pequeños a experiencias que les ayuden a mejorar en ciertas aptitudes como potenciando maneras alternativas de estudiar y de interactuar con los contenidos escolares.

Eso sí, en psicología infantil los profesionales trabajan siempre en constante comunicación con las familias de los niños; no solo para informarles acerca de lo que pasa en las sesiones, sino también para darles pautas de educación y crianza que deben seguir en casa para que se puedan alcanzar los objetivos fijados en las primeras visitas.

Beneficios de contar con un psicólogo infantil

Las ventajas y beneficios de poder contar con los servicios de un psicólogo infantil pueden ser resumidas en lo siguiente:

 

1. Aportan detección temprana de trastornos psicológicos

La infancia es la etapa de la vida en la que el desarrollo psicológico de las personas cambia de una manera más rápida, tanto para bien como para mal.

Además, dado que en los primeros años se forman muchos de los rasgos psicológicos del ser humano, es importante que este desarrollo se produzca del modo más armonioso posible, dada la vulnerabilidad de los pequeños y su incapacidad para adaptarse a los problemas tal y como un adulto lo haría.

Por eso, el trabajo de los psicólogos infantiles resulta necesario para evitar que los niños tengan que enfrentarse solos a posibles trastornos psicológicos, cuya gestión por su parte puede causar problemas añadidos como estilos de apego inadecuados, desarrollo de una autoestima muy baja, traumas y otros trastornos de ansiedad vinculados al malestar experimentado, etc.

2. Permiten sacarle partido a la escuela

La escuela es un lugar en el que se da la oportunidad de interiorizar habilidades y competencias fundamentales para tener una buena vida en la adultez y llegar a ser un ser humano autónomo.

Los psicólogos infantiles facilitan sacarle partido a este entorno, sin dejar que los sentimientos de inferioridad y las creencias irracionales acerca de uno mismo y los demás lleven a los niños a ver la obligación de estudiar como una penitencia o un recordatorio de sus defectos.

3. Ayudan a fortalecer vínculos afectivos

Contribuir a que un niño o niña sea feliz y se sienta bien con su vida hace más fácil que su relación con los padres sea buena.

Y es que por mucho que se quiera a un hijo o hija, las relaciones familiares no son lo mismo si cada día hay episodios de crisis de ansiedad, pataletas, frustraciones y lloros incontrolables que persisten; esa manera de convivir puede estar alimentando el sufrimiento de los pequeños y de sus padres.

 

4. Les quita cargas innecesarias a los padres

No todo es cuestión de esforzarse al máximo para hacer felices a los hijos; lo importante es esforzarse del modo adecuado, dado que a veces con menos tiempo y recursos se consiguen mejores resultados que apostando ciegamente por el sacrificio de uno mismo.

La figura del psicólogo infantil sirve entre otras cosas para llevar a los padres y madres por la manera adaptativa de criar y educar, haciendo un uso inteligente del tiempo y de las propias capacidades y sin caer en el error de aplicar estrategias costosas que no funcionan.

 

Referencias bibliográficas:

Morris, C. (1997). Introducción a la Psicología (Novena edición edición). Prentice Hall.
Vidales, I. (2004). Psicología general. México: Limusa.

¿Cómo funciona la terapia online y para qué casos es positiva?

Cómo funciona la terapia online

¿Cómo funciona la terapia online?. Uno de los problemas que afrontan quienes quieren encontrar un psicólogo que atienda su caso es la falta de tiempo. Afortunadamente, a medida que la tecnología ha ido avanzando, el desarrollo de las herramientas online ha hecho posible que surja un nuevo tipo de psicoterapia que se adapta mejor a los horarios de las personas: la terapia online.

Si continúas leyendo, aprenderás cómo funciona la psicoterapia online, cuáles son sus ventajas y en qué casos resulta especialmente útil para los pacientes.

Nuestra Terapia Online

Terapia online: qué es y cómo funciona

Dicho de manera resumida, la terapia online es fundamentalmente la versión a distancia de la psicoterapia de siempre, utilizando las ventajas y los recursos de Internet.

Así, la psicoterapia online es una modalidad de intervención psicológica que se adapta al potencial de las nuevas herramientas desarrolladas en el mundo digital y aprovechando su capacidad para flexibilizar el tipo de servicio ofrecido.

En la gran mayoría de los casos, los psicólogos y clínicas de psicología que realizan sesiones de evaluación y tratamiento a pacientes a través de Internet no requieren que estos últimos tengan grandes conocimientos de informática; al contrario, plantean estas sesiones para que sea muy fácil usarlas. Desde el punto de vista de quienes quieren encontrar ayuda psicológica en la terapia online, solo es necesario poseer un nivel básico, de usuario, en el uso los aparatos conectados a la red virtual.

La psicoterapia online se suele basar en la videollamada, la experiencia es muy similar a la de las sesiones presenciales, y su eficacia es la misma.

Y decimos “aparatos” en general porque la terapia online no se limita solamente a los ordenadores tipo PC, sino que puede desarrollarse mediante aparatos más pequeños siempre que tengan acceso a la web. Eso sí, para sacar máximo provecho de este tipo de servicio, en general se recomienda que en los momentos de iniciar la interacción con el profesional de la salud mental se esté en un lugar tranquilo y apartado, y que se pueda disponer de una pantalla que permita ver bien al terapeuta.

Más allá de estas diferencias técnicas con la terapia presencial, la terapia online no se diferencia mucho de las sesiones de psicoterapia de toda la vida. El principal componente distintivo entre recurrir a los psicólogos online y asistir al gabinete o consulta para asistir a la cita con el psicólogo es el medio a través del cual tiene lugar la comunicación. Todas las diferencias entre una modalidad y la otra parten de eso.

Como la psicoterapia online se suele basar en la videollamada, la experiencia es muy similar a la de las sesiones presenciales, y su eficacia es la misma.

 

Ventajas: un tipo de asistencia psicológica especialmente positiva para…

A continuación veremos varios de los puntos fuertes y ventajas que tiene la terapia online, y el tipo de pacientes que más se pueden beneficiar de este servicio.

1. Ahorrar en tiempo

Con la psicoterapia online no es necesario realizar desplazamientos desde casa ni prepararse para salir a la calle; tan solo hay que encender el ordenador o dispositivo similar, y en unos pocos clics ya se inicia la sesión a la hora acordada.

De esta manera, quienes tienen un horario muy ajustado porque deben atender a un gran número de responsabilidades en casa o en el trabajo, encuentran en la terapia online un recurso para dedicar tiempo a su bienestar psicológico de una manera más eficiente.

2. Preservar aún más el anonimato y la discreción

Si bien la idea de que ir a terapia es motivo para avergonzarse ha ido desapareciendo en las últimas décadas a medida que se ha asumido que todo el mundo puede necesitar de estos servicios en algún momento de su vida, no es poco frecuente que algunos pacientes tengan reparos a la hora de exponerse yendo al psicólogo.

Se trata de un temor irracional que a pesar de que solo existe a causa de la tradicional estigmatización de los pacientes de terapia, puede llegar a afectar a muchas personas. Y esto hace que a pesar de que realmente se necesite asistencia psicológica, se busquen excusas para no ir.

Afortunadamente, la terapia online ayuda a combatir estos miedos limitadores. Los sistemas de cifrado que utilizan la mayoría de plataformas digitales en las que se apoya la terapia online hacen que todo el contenido del intercambio de información entre pacientes y psicólogos online sea anónimo y privado.

Además, el hecho de no tener que ir a una clínica o gabinete de psicología hace que la discreción aumente.

De esta manera, las personas con tendencia a preocuparse por el qué dirán, o que sientan que su entorno cercano busca cualquier excusa para criticar su estilo de vida, encuentran en la terapia online un potente aliado que paradójicamente les puede ayudar también a dejar de estar sujetas a esa clase de temores y fuentes de ansiedad.

3. No verse limitado por la geografía

Gracias a la terapia online, no vivir en el mismo pueblo o ciudad que el profesional de la psicoterapia no resulta un impedimento importante.

Esto resulta especialmente útil para quienes viven en zonas relativamente aisladas o en las que no hay demasiada oferta en cuanto a psicólogos, y permite elegir al psicoterapeuta que encaje con lo que se busca sin preocuparse por el factor geográfico.

4. Mantenerse en un lugar seguro

Evidentemente, técnicamente casi cualquier centro de psicología es seguro; pero el hecho de poder recibir asistencia psicológica casi en cualquier lugar gracias a la terapia online permite que muchos pacientes se sientan más seguros y cómodos al abrirse a esta experiencia en un espacio que les resulta familiar.

Esta característica es algo que agradecen especialmente las personas que van a terapia sintiendo una cierta inseguridad e incertidumbre sobre lo que pasará, de manera que resulta una ventaja que se plasma sobre todo en las primeras sesiones.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Feixas, G. y Miró, M.T.(1998). Aproximaciones a la psicoterapia. Una introducción a los tratamientos psicológicos. Barcelona: Paidós.
Gratzer, D. y Khalid-Khan, F. (2016). Internet-delivered cognitive behavioural therapy in the treatment of psychiatric illness. CMAJ, 188(4) pp. 263 – 272.

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