Psicología

Egocentrismo: ¿qué es y en qué se diferencia del Narcisismo?

egocentrismo

En muchas situaciones se utilizan indistintamente estos dos términos para referirse a las conductas y pensamientos que manifiestan algunas personas, sin embargo el egocentrismo no es narcisismo, como veremos.

La personas egocéntricas demuestran poca empatía y dificultades para ponerse en el lugar de los demás, pero no hay un interés en instrumentalizar a otros para conseguir su objetivo

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Narcisismo: ¿qué es exactamente?

El narcisismo es un rasgo de personalidad que en función del grado en que se manifiesta puede conllevar un trastorno conocido como Trastorno Narcisista de la Personalidad. Este trastorno se caracteriza por la necesidad de admiración, falta de empatía, egocentrismo en cuanto sobre-estimación de las propias capacidades e instrumentalización del otro para el propio beneficio.

El egocentrismo es un modo de pensar e interpretar el mundo, inmaduro al no tener en cuenta al otro, pero a diferencia del narcisismo no se subestima a los demás ni hay una intención de utilizar, humillar o parasitar al otro. La personas egocéntricas demuestran poca empatía y dificultades para ponerse en el lugar de los demás pues consideran que el resto deben pensar o sentir como ellos, a la vez que (al contrario de lo que pudieran aparentar) en el fondo tienen una baja autoestima, poca confianza en sí mismos y sentimientos de inseguridad.

La etapa infantil

Jean Piaget describió el egocentrismo como una fase del desarrollo durante la etapa infantil que demuestra que el cerebro aún no está lo suficientemente maduro como para empatizar y entender que las cosas no solo se ven desde el punto de vista de uno mismo, sino que hay otros puntos de vista. Esta fase del desarrollo infantil puede perdurar durante la fase adulta debido a unas experiencias y conductas aprendidas en un entorno familiar o social en el que no se han valorado la empatía y la afectividad y se han puesto grandes expectativas en la persona en cuestión. El resultado de todo ello, es una fuerte necesidad de aprobación por parte de los demás debido a una autoestima frágil, poca sensibilidad respecto a los sentimientos de otras personas y dificultades de relaciones interpersonales, mostrándose muy sensibles a las críticas. Esto hace que se sientan solos o desplazados y con altibajos emocionales.

Sin embargo las personas egocéntricas no tienen la necesidad de destruir a los demás para estar por encima de ellos, porque sencillamente no piensan en los demás. No existe esa sensación de mala fe que desprende el trastorno narcisista de la personalidad. La egolatría se muestra como un mecanismo de defensa ante la baja autoestima. Trabajar en este sentido fomentando a las vez habilidades sociales es una manera eficaz de abordar esta conducta.

 

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Misofobia: la aversión a la suciedad

Misofobia

La misofobia es un tipo de fobia simple que genera un miedo a contaminarse con gérmenes. Este tipo de fobia está relacionada con el trastorno obsesivo-compulsivo del que hablamos en otro post. Cuando es muy acusado, se manifiesta como un miedo a contaminarse por gérmenes y contraer alguna enfermedad, por tanto las conductas más habituales de las personas que lo padecen tienden a la evitación (no estrechar la mano, taparse la boca en los centros hospitalarios, lavarse constantemente las manos, no usar baños públicos, evitar cambiar las bolsas de basura…) y a extremar la higiene personal y ambiental para impedir contagiarse.

Ser una persona muy pulcra y cuidadosa con la higiene personal o del hogar, no es sinónimo de misofobia

Nuestra Terapia para las Obsesiones

 

Este trastorno puede tener su origen en una experiencia traumática vivida y la exposición al foco que genera el miedo desarrolla la sintomatología propia de la ansiedad: taquicardia, sudor frío, e incluso en casos graves, ataques de pánico.

Existen diferentes grados en personas con misofobia, desde aquellas que pueden realizar una vida normal hasta aquellas que incluso pueden llegar a no querer salir de casa por miedo al contagio.

A pesar de lo llamativo de este miedo, la terapia frente a esta fobia tiene muy buenos resultados ayudando a comprender la raíz de este trastorno y trabajar las preocupaciones que rodean al afectado para modificar la percepción que se tiene de la idea de suciedad, mejorando la calidad de vida de los pacientes.

También puede ayudar la meditación, ya que estas técnicas mejoran el control frente a la ansiedad.

 

El duelo en la infancia: ¿qué es y qué fases tiene?

duelo en la infancia

Dentro de los procesos de crisis que afectan a las personas, el duelo en la infancia es sin duda de gran trascendencia. Como ya habéis leído en otro post, es una forma de adaptación a una pérdida que no se refiere solo a un ser querido, si no también a otras situaciones de pérdida: de pareja, trabajo, amistades, etc.

En función de la madurez y la edad, la cultura o las circunstancias en las que se produce, el duelo se manifiesta de forma diferente. En este sentido, existen variedad de factores que afectan a cómo se vivencia el duelo (características en que se da; los recursos que cada uno posee para afrontarlo; el vínculo afectivo con el objeto de la pérdida; la disponibilidad de apoyos; la posibilidad de expresar la pérdida… etc.)

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Cómo ayudar a superar una pérdida durante la infancia

Durante la etapa infantil y adolescente, las emociones que desarrollan los niños en el periodo de duelo son más intensas y arbitrarias que en los adultos. Es importante que durante el duelo, se establezca una buena relación con la persona que lo padece y demostrar una buena escucha activa. Es importante favorecer la comunicación y la expresión de sentimientos y también dar información de cómo funciona el duelo. Si la persona tiene deseos de buscar en el pasado hay que dejarle indagar y no hacer hincapié en que se centre en el futuro o en el presente.

 

En el caso concreto de los niños/as es recomendable:

    • No ocultar la pérdida ni presuponer que los niños no son conscientes o que no se van a enterar de nada; el niño percibe que a su alrededor ocurre algo, y al ocultárselo, no puede identificar qué es, con lo cual se pueden generar pensamientos de culpa debido al concepto de justicia inmanente (ha pasado algo muy malo y debe ser porque yo he hecho algo mal).
    • Responder a todas las dudas en la medida de lo posible, adaptándolo a su edad y madurez, eliminando toda la responsabilidad sobre lo sucedido, y dejando claro que la persona ausente no va a volver, es para siempre.
    • Usar siempre explicaciones que pueda entender, igual que antes, ajustándolo a su edad, procurando no utilizar elementos sobrenaturales e incomprensibles.
    • Modificar lo menos posible las rutinas habituales.
    • Ofrecer afecto y apoyo incondicional, empatizando con el niño (estoy aquí cuando necesites mi ayuda).

 

Fases del duelo en la infancia

John Bowlby, psicólogo destacado en la Teoría del Apego, fue pionero en establecer las fases del duelo durante la infancia. Bowlby determinó las siguientes fases:

      • Embotamiento. Fase de aturdimiento e incapacidad de aceptar la noticia, pueden sentirse diferentes emociones contrapuestas como ira y júbilo; habla de una duración de unas 3 semanas, normalmente menos. La persona está en estado de shock.
      • Anhelo y búsqueda de la figura perdida. Durante esta fase, hay conciencia de la realidad, momento en que se padecen crisis de desesperación y llanto y sensación de que el desaparecido está vivo; tendencia a buscar y recuperar la figura perdida. En esta fase es habitual visitar la tumba, examinar fotografías, etc. Y puede surgir un impulso de búsqueda que puede ser consciente o no; en ocasiones hay ira dirigida a la persona perdida, pero es más frecuente contra familiares, médicos, funcionarios… también puede tomar la forma del autorreproche.
      • Deseperación. El dolor deja de manifestarse de manera externa y pasa a convertirse en un sentimiento de tristeza. Determinadas situaciones pueden provocar de nuevo el llanto y/o la ira, pero ya no es el comportamiento habitual.
      • Reorganización (desapego). Se asume la ausencia como definitiva, superándose la pérdida. Durante esta fase, desaparecen los trastornos del sueño como el insomnio y las alteraciones emocionales.

 

Hablamos de duelo normalizado cuando se pasa por las diferentes fases (negación, enfado, tristeza y aceptación), pero también se habla de duelo patológico cuando es muy prolongado e intenso o de duelo en negación cuando se retrasa o se inhibe. En algunas ocasiones existen elementos que dificultan un duelo normalizado, por ejemplo, cuando la pérdida es inesperada, repentina o bien múltiple; en situaciones de catástrofes; cuando existen problemas económicos y de aislamiento social, etc.

 

Nuestra Terapia para el Duelo

“Lo quiero para ayer”: sobre la impaciencia

la impaciencia

Vivimos en la era de la inmediatez. Todo lo que nos rodea es rápido, volátil e inmediato y parece que queremos estar en todo, algo que es prácticamente imposible. Aquí aprenderás las principales causas sobre la impaciencia.

Nos hemos vuelto impacientes, lo queremos todo ya y ahora, olvidando lo importante de cocinar a fuego lento las experiencias.Y es que en un mundo tan mecanizado y tecnológico, si no te subes al tren, parece que te quedas fuera. Aunque esto puede tener una parte de verdad, tampoco pasa nada por posponer las cosas o dejarlas estar para otro momento.

Los avances tecnológicos distorsionan la visión de la realidad, inconscientemente parece que queremos conseguirlo todo en cuestión de pocos minutos y en caso contrario, surge la frustración. Hay una necesidad de recuperar la calma y eso podemos lograrlo desde nosotros mismos. Hay un momento para parar y prestar atención a los detalles que pasan inadvertidos.

Vivir diariamente con impaciencia hace que aumente la frustración; los niveles de estrés se disparan, aumenta la angustia… Y el problema es que esta sensación continua por querer hacer constantemente algo es contagiosa: influye en el resto de personas con las que convivimos en el trabajo, en casa, en cualquier ambiente social y no todas las personas están dispuestas a vivir en esa velocidad, en resumen: se relaciona directamente con un deterioro de las relaciones personales y laborales.

Y no solo hay una correspondencia con los problemas emocionales y de relación con los otros, se ha demostrado que este estado de ansiedad continua produce problemas fisiológicos, tales como la hipertensión y trastornos psicosomáticos.

 

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Recuperar la calma

Ciertas cosas se pueden solucionar en cuestión de minutos, otras requieren más tiempo. Precipitarse conduce a la insatisfacción, a la frustración y al final lo que conseguimos por adelantar los acontecimientos por procurar tener todo bajo control, es acabar agotados, sin energía y desbordados.

Cuando se actúa con impaciencia, se está trabajando desde el lado más emocional e impulsivo y esto puede llevar a tomar una mala decisión.

Si sentimos malestar causado por una actitud de impaciencia, es el momento de parar y recuperar la calma, porque el cuerpo nos está avisando de que ese no es el camino.

Pongamos un ejemplo: está con su coche en medio de un atasco y comienza a ponerse nervioso, quiere salir de allí de una vez por todas y su cabeza solo revive una y otra vez la situación y cada vez se impacienta más. Al final entra en un bucle del que solo cree que estará a gusto cuando haya salido.

Sin embargo, podríamos buscar un pensamiento que nos calmara, el atasco va a continuar por mucho que queramos que desaparezca. La realidad es que recuperando la calma podremos estar a gusto en cualquier situación incómoda. Podríamos distraernos poniendo la radio, pensando en positivo (esta situación no va a durar eternamente), cantando o aprovechando para atender a las emociones que estamos sintiendo.

Para bajar nuestro nivel de impaciencia es importante disminuir el ritmo al que estamos sometidos, tratando de comprender que las cosas suceden cuando tienen que suceder. Cuando lo conseguimos nos sentimos mejor con nosotros mismos porque eso quiere decir que nos empezamos a conocer mejor.

Anticipar las situaciones no es prever ciertos aspectos. Imaginemos la situación del atasco anterior: estamos dentro del coche, cada vez estamos más nerviosos y entonces anticipamos las consecuencias de llegar tarde a una reunión, a recoger a los niños del colegio… etc sin que esa situación de haya dado. Esto se conoce en psicología como profecía autocumplida, tener una creencia firme en que algo nos va a ocurrir y al final nos ocurre, y esto sucede porque nuestra conducta intenta ser coherente con nuestros pensamientos.

En vez de anticipar, lo que podemos hacer en situaciones incómodas es prever ciertos aspectos: voy a avisar de que quizá llegue tarde a la reunión o voy a avisar al colegio, si así lo necesitamos.

 

Comprender el valor de la espera

El teléfono móvil vibra, alguien nos manda un mensaje; entre tanto recibo una llamada mientras descargo los correos electrónicos y termino de leer un documento que me han enviado para ayer.

Vivimos rodeados de millones de estímulos que reclaman constantemente nuestra atención pero no por ello tenemos que dar respuesta a todo justo en el momento en que se nos reclama. Hay reclamos que pueden esperar, y eso tenemos que comprenderlo, tanto si actuamos de un lado como del otro.

La impaciencia está ligada a una baja tolerancia a la frustración, no obtener lo que se desea en un momento dado no debería inquietarnos, y sin embargo sentir impaciencia puede servir de estímulo para dar un paso adelante o para mejorar algún aspecto personal, porque el deseo y las ganas de conseguir cosas son positivas, aunque requieran más tiempo del que nos gustaría y esto no debería desanimarnos.

Es sencillo comprender que todas las cosas tienen su tiempo y que en gran medida no dependen de nosotros, lo que sí depende de nosotros es nuestra actitud a la hora de afrontarlas.

 

Aprender a ser Feliz: 6 trucos muy efectivos

Aprender a ser feliz

¿Qué es la felicidad y cómo puedo ser feliz? Estas son las preguntas del millón que todas las personas alguna vez nos hemos formulado. No es fácil definir la felicidad puesto que es un constructo y cada ser humano lo organiza a través de datos y experiencias de su mundo.

¿Qué es la felicidad exactamente?

Por lo tanto, la felicidad tiene más que ver con nosotros y en cómo vivenciamos las cosas.
Esta idea de felicidad viene relacionada con diferentes aspectos como:

  • El grado de satisfacción que tenemos con la vida: lo vinculamos a las experiencias placenteras que experimentamos que van unidas a emociones positivas.
  • El reconocimiento de la propia felicidad a través de las cosas que realizamos y con las que nos sentimos bien, que nos entusiasman y nos dan placer.
  • El sentido personal que le damos para colaborar con un bien mayor.

 

Podemos decir que la felicidad se construye con aspectos emocionales y sensoriales que incluyen emociones positivas; con los logros en las metas que nos ponemos y las relaciones buenas con otros, de tal manera que la evaluación de nuestra vida nos reporte un sentido de satisfacción.

Muchas veces sabemos qué es lo que no nos hace felices y cuando lo somos no reparamos en ello. Por eso es importante estar atentos a las buenas experiencias, a las que nos reportan bienestar y placer que son muchas veces las grandes olvidadas. En este sentido, es importante conocerse bien, conocer nuestras emociones y para ello es necesario prestar atención, porque como dijimos en otro post, nadie puede ayudarnos como nosotros mismos.

 

Aprender a ser feliz

En la filosofía griega, la idea de felicidad viene del término eudaimonia, refiriéndose a la valoración que se hace de la vida en todo su recorrido. Pero ¿qué podemos hacer para mejorar nuestro estado de felicidad día a día para sentirnos satisfechos?

  •  Trabajar en cómo expresamos nuestros pensamientos y emociones.
  •  Establecer relaciones que nos reporten vínculos positivos.
  •  Reducir los pensamientos negativos afrontando que son humanos.
  •  Establecer metas y logros que nos hagan sentirnos bien con nosotros mismos.
  •  Hacer lo que nos gusta y aprender a disfrutar del día a día.
  •  Gratitud, no olvidar estar agradecidos y valorar lo que tenemos, habituarnos a vivir los acontecimientos como oportunidades de aprendizaje y desarrollo personal.

 

No existe una llave general para lograr ser felices, cada persona encuentra su propia manera de sentirse bien consigo mismo, lo importante: aprender a percibir esos momentos que nos reportan bienestar y plenitud.

 

Nuestra Terapia Psicológica

 

Pensamientos intrusivos: ¿qué son y cómo afrontarlos correctamente?

pensamientos intrusivos

Los pensamientos intrusivos son un síntoma de ansiedad. Es bastante frecuente en terapia escuchar a personas que acuden porque tienen “pensamientos negativos” que les aparecen sin motivo, de manera inconsciente y que les dejan una mala sensación o malestar difícil de controlar.

Esto de lo que hablamos en psicología se define como pensamientos intrusivos. Aparecen de modo involuntario interrumpiendo la actividad normal, dejando esa sensación que decíamos antes de malestar emocional y que incluso a veces son difíciles de eliminar.

Este tipo de pensamientos que aparecen de manera espontánea e incontrolada los tenemos todos, sobre todo en periodos de nuestra vida en los que pasamos por momentos de estrés, cuando nos enfrentamos a cambios importantes o en momentos precisos de ansiedad. Sin embargo, cuando este tipo de pensamientos ser vuelven recurrentes, dejan de ser algo puntual para convertirse en obsesivos y nos dejan un poso emocional negativo, quizá sea el momento de prestarles atención.

Hay dos formas en que se manifiestan estos pensamientos:

        • como una imagen muy vivida de algo concreto (visualizando la imagen)
        • como una idea abstracta (rumiando una idea en concreto que no se me quita de la cabeza)

 

Las personas que padecen depresión o ansiedad suelen tener este tipo de pensamientos que son difíciles de relativizar, y que con el tiempo pueden cobrar mayor importancia; también es común en personas obsesivas.

 

Nuestra Terapia para la Ansiedad

Cómo afrontar los pensamientos intrusivos

“He tenido una fuerte discusión con una persona y no puedo quitármelo de la cabeza, estoy todo el rato dándole vueltas al asunto… siento mucho enfado, a veces rabia y a veces tristeza…”

Es evidente que este pensamiento no nos favorece para nada, puesto que no estamos dando una solución al problema, simplemente estamos dándole vueltas al asunto pero no hay una solución.

En este caso, podríamos pensar en buscar la solución pero antes tendríamos que hallar algo que nos haga relajarnos. Puede servir escribir todo lo que estamos sintiendo y leerlo más tarde para ver si estamos engrandeciendo la situación; hablarlo con alguien ajeno también nos puede ayudar a ver las cosas desde otro punto de vista.

Estos pensamientos que aparecen de manera espontánea los tenemos todos, pero cuando son muy recurrentes quizá sea el momento de prerstarles atención

Pero ¿qué hago para calmarme en ese momento? Lo primero y más importante es localizar el pensamiento que nos está alterando e identificarlo, hacernos conscientes de que es un pensamiento invasivo y recurrente y entender que no por pensar algo significa que sea cierto. En segundo lugar no forzarnos a que desaparezca, dejarlo estar sin pretender que desaparezca, conscientes como decíamos de que es un pensamiento de tipo obsesivo pero no por ello real. De esta manera vamos deteniendo el círculo vicioso o el bucle que nos generan los pensamientos negativos, y poco a poco dejaremos de identificarnos con esas ideas que nos perjudican. Otra manera de trabajar el pensamiento es escribirlo y leerlo durante un rato hasta que notemos que pierde fuerza y baja la ansiedad, a esta técnica se le llama saciación.

Es importante entender que estos pensamientos no tienen por qué reprimirse ni tampoco suprimirse, a medida que comprendemos el funcionamiento que tienen se van espaciando y se aprende a que son controlables. Afrontar estos pensamientos involuntarios es la clave para conseguir tratarlos de manera efectiva.

 

Nuestra Terapia Psicológica

 

Nadie puede ayudarte como tú mismo

Nadie puede ayudarte como tú mismo

Nadie puede ayudarte como tu mismo. Esto es lo que a menudo traslado en terapia a mis pacientes y lo creo firmemente.

La persona, a medida que se conoce a sí misma, acepta sus limitaciones sin juzgarlas, sencillamente las observa, se hace consciente de ellas y va potenciando sus capacidades o virtudes, de las que también va tomando conciencia. A esto se une el desarrollo de un diálogo interno positivo, fundamental para sentirse bien en su vida.

Desapegarme de la idea que tengo de mí, o que los demás tienen de mí, para aprender a mirarme desde fuera y observar cómo me trato y cómo me hablo, es un ejercicio fundamental para generar un diálogo interno positivo

Este diálogo interno es la manifestación de la relación amistosa que empieza ha establecer consigo mismo/a.

 

Nuestra Terapia Psicológica

¿Qué es el diálogo interno?

El diálogo interno viene dándose de siempre, pero a menudo de manera negativa e incluso destructiva sin que seamos conscientes. Las relaciones afectivas tempranas con la familia, con el grupo de amigos y figuras de autoridad, a menudo construyen un discurso cargado de etiquetas, roles preestablecidos y creencias erróneas o distorsionadas. Desapegarme de la idea que tengo de mí, o que los demás tienen de mi, para aprender a mirarme desde fuera y observar cómo me trato y cómo me hablo, es un ejercicio fundamental para generar un diálogo interno positivo, además de un camino apasionante.

Vivimos con la convicción de que las emociones, conocidas como negativas, son malas. La tristeza, el dolor, el enfado, etc, generan terror a quien las padece y creen que sentirlas es sinónimo de estar mal o de depresión. De aquí suele derivar un discurso o diálogo interior tan dañino como desproporcionado: “estás fatal, seguro que te estás deprimiendo porque eres débil y no puedes afrontar nada en la vida”. Este pensamiento genera sentimientos de culpa, rechazo y enfado hacía uno mismo, ansiedad y baja autoestima… ¡Nada menos! Y ha sido tan “fácil” como dos segundos de tiempo al valorar que si llevamos un rato sintiendo tristeza significa que somos débiles y además nos estamos deprimiendo. Esos dos segundos te marcan el día y puede que si se entra en el círculo vicioso de seguir observándonos desde el juicio y el enfado, efectivamente esa tristeza se mantenga y nos deje realmente abatidos.

 

El Análisis Transaccional de Berne

EN 1964, el psicólogo humanista Berne, desarrolló el análisis TRANSACCIONAL de la personalidad, basado en tres estados o modos de comunicación con los demás. Según Berne, en cada uno de nosotros conviven tres formas del yo o tres estados o expresiones del sí mismo: el Padre, el Adulto y El Niño.

El cómo nos expresamos en según qué momento, determina nuestras relaciones con los demás y, en mi opinión aún más importante: nuestra relación con nosotros mismos.

El padre

Viene del tipo de autoridad que ha predominado en nuestra infancia, que puede ser del tipo rígido o flexible. Se aprenden patrones de conducta y comunicación así como creencias que luego predominarán en nuestro día a día. Si la vertiente de Padre es negativa: aparecerá con juicios de valor, rigidez, enfado y culpabilización. Por ejemplo, si algo me sale mal o cometo un error su mensaje podría ser: “eres un desastre, no haces nada a derechas”.

En la relación con los demás puede expresarse con frases como: “no pones atención, deberías estudiar más o todo te saldrá mal”. Vemos que la relación que se establece con uno mismo y/o con los demás es excesivamente tensa, infantilizando y culpando a la otra parte con el abuso de reproches y exceso de debes, tienes y el nunca, jamás, etc.

De este modo el Padre bloquea y paraliza con su discurso machacón y abusón, lo que afecta sobre la autoestima irremediablemente. También es habitual que este exceso de reproche derive en una conducta rebelde del niño, que si está demasiado asustado lo hará a escondidillas, de manera pasivo-agresiva: “como haga lo que haga todo está mal, no voy a hacer nada”. Esta “pasividad” es un castigo al Padre pero al fin y al cabo, un boicoteo a uno mismo. Si la vertiente del Padre es positiva: será protector y abastecedor, tratando de animar y generar confianza.

Expresiones al otro o a uno mismo del tipo: “¡vamos, tú puedes!”, “no todo sale a la primera y además se aprende de los errores” son típicas expresiones del Padre abastecedor, que actúa de manera más que positiva en nuestra relación con los otros y dentro del diálogo interno, en nuestra relación con nosotros mismos. En ocasiones esta vertiente positiva puede irse al extremo y ser demasiado protector o consentidor, lo que tampoco es positivo al no dejar crecer al niño ni enseñarle a asumir responsabilidades.

El adulto

El adulto es mesurado, reflexivo y objetivo. Analiza los datos y busca soluciones. Cuando padre y niño mantienen una relación de tensión, bien porque el primero es excesivamente rígido y culpabilizador generando inseguridad en El Niño o provocando su rebeldía, es fundamental su labor de mediador. Debe marcar límites a un padre agresivo o a un niño consentido y protegido por un padre demasiado consentidor. Desarrollar conscientemente al adulto es fundamental en el diálogo interno para conseguir una buena autoestima. En la relación con los demás es la expresión de la asertividad y de la comunicación constructiva y ajustada, generando vínculos positivos.

El niño

El Niño que todos llevamos dentro se expresará en función como decíamos de cómo haya sido nuestra experiencia con la autoridad. Es fundamental su papel en nuestras vidas porque es el origen de la creatividad, expresión, curiosidad, ganas de jugar y aprender y de la espontaneidad. Si ha sido muy reprimido se mostrará inseguro con los demás, excesivamente tímido y asustado. Esto indica que ese padre con el que también convive está siendo demasiado represor y agresivo. En su vertiente negativa, si es un niño consentido puede ser tirano, caprichoso y marca su conducta con los demás y uno mismo con una baja tolerancia a la frustración y buscando el refuerzo a corto plazo.

El equilibrio entre estos tres aspectos o estados de nosotros mismos es por lo tanto crucial para nuestra autoestima. Tomar conciencia de cómo se manifiestan en nosotros nos da la pista para trabajarlo conscientemente y es un viaje apasionante de superación y autoconocimiento.

Cuando se produce un diálogo positivo y equilibrado de estas partes, efectivamente llegamos a la conclusión de que nadie puede ayudarnos como nosotros mismos.

 

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¿Qué es un Informe Pericial Psicológico y para qué sirve?

informe pericial psicológico

En el ámbito de la Psicología Forense, el informe pericial psicológico es la herramienta principal del psicólogo forense. Este instrumento es fundamental para detectar elementos probatorios de aspectos psicológicos o de la salud mental de los individuos en el contexto legal.

el informe pericial psicológico es un medio probatorio esencial que aporta información objetiva, veraz e imparcial; la cual es imprescindible en múltiples ocasiones en la decisión judicial de un procedimiento.

¿Por qué es importante un Informe Pericial Psicológico?

La labor de los psicólogos peritos viene regulada por la Ley de Enjuiciamiento Criminal (Libro II del Sumario, Título V; DE la Comprobación de Delito y de la averiguación del delincuente, Capítulo VII, Del Informe pericial, art. 564 a 485).

El art. De la LECrim sostiene que “El juez acordará el informe pericial cuando, para conocer o apreciar algún hecho o circunstancia importante en el sumario, fuesen necesarios o convenientes conocimientos técnicos o artísticos”.

Es decir, tal y como se expone en estos artículos, en ciertas ocasiones el juez no cuenta con los conocimientos técnicos para conocer la naturaleza de los hechos denunciados, por lo que en ocasiones recurren a la ayuda del psicólogo perito con objeto de que le “asesoren” u orienten en el esclarecimiento de los hechos y así poder tomar una decisión judicial adecuada. En suma, debido al gran avance científico desarrollado en las últimas décadas, la de demanda de los jueces sobre este tipo de periciales va en aumento.

En este sentido, el psicólogo perito cuenta con los conocimientos teóricos y técnicos, así como con los instrumentos de evaluación o tests psicológicos necesarios que permiten, a través de una metodología científica, obtener los datos o resultados objetivos para la elaboración del informe pericial psicológico.

 

El papel del psicólogo forense

Por su parte, el psicólogo forense actúa en diferentes ámbitos del derecho (civil, familiar, penal, laboral, social y del menor). Particularmente, sólo el profesional de la psicología cuenta con los recursos necesarios para valorar elementos psicológicos como pueden ser:

  • Daños y secuelas psicológicas en una víctima
  • Perfil de personalidad de base de un acusado o trastornos de personalidad
  • Situaciones de maltrato
  • Abuso sexual infantil
  • Acoso laboral
  • Incapacidades psicológicas, ya sean cognitivas, volitivas o cognoscitivas

 

Estos recursos permiten tener una mayor certeza de la veracidad de los hechos denunciados.

EJEMPLOS DE INFORMES PERICIALES PSICOLÓGICOS

Para una mayor comprensión de la utilidad de los informes periciales psicológicos, se expondrán varios ejemplos generales que puedan dar una información global al lector.

  • En el caso de un divorcio contencioso con menores, el psicólogo forense tiene la función de valorar la competencia o idoneidad parental de los progenitores para el adecuado y correcto desarrollo de sus hijos. Además, evaluará el estado mental de los menores, así como, su desarrollo psicoevolutivo, relación de afectividad, habilidades conductuales, y el contexto familiar general. Con las conclusiones obtenidas de toda esta información, el juez podrá estar en una mayor condición para establecer la guarda y custodia de los menores y el régimen de visita de los progenitores.
  • Por otro lado, en el caso de una situación de maltrato psicológico en un posible delito de violencia de género, el perito o psicólogo forense valorará si existen indicios de daño o secuelas psicológicas en la víctima, y se buscará si éstas son compatibles con los hechos denunciados. Por su parte, se estudiará el perfil psicológico del acusado para comprender si también puede ser congruente con los hechos.
  • Igualmente, en un delito penal de otras características en las que pudieran existir indicios de la presencia de un trastorno psicológico grave por parte del acusado, el juez podrá contar con la ayuda de un perito psicológico para valorar las capacidades volitivas y cognoscitivas de la persona durante la realización de los hechos delictivos, con el fin de que el juez pueda determinar la imputabilidad o responsabilidad penal del individuo. Es decir, si la persona sufriera un trastorno psicótico y cometiese un delito de homicidio, el perito podrá valorar si durante los hechos, ésta estaría sufriendo un brote psicótico o lo realizó estando en sus plenas facultades mentales.

 

En definitiva, el informe pericial psicológico es un medio probatorio esencial que aporta información objetiva, veraz e imparcial; la cual es imprescindible en múltiples ocasiones en la decisión judicial de un procedimiento.

Por último, señalar que ninguna pericial es vinculante a la decisión de un juez. No obstante, se trata de una prueba científica verdaderamente útil para la justicia. En el caso de que un juez se oponga a la prueba científica, debe argumentarlo cumpliendo las reglas de la lógica o leyes de la naturaleza, para ir en contra del criterio científico.

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Reconocer el maltrato; violencia machista contra la mujer

Reconocer el maltrato

Es fundamental reconocer el maltrato, identificarlo para ponerle nombre y que la persona que lo sufre pueda prepararse para liberarse y superarlo. Pero esa identificación del maltrato nos compete a todos. Amigos, familia, sociedad debemos saber reconocerlo para poder denunciarlo.

Replantearnos cómo socialmente maltratamos también a la víctima, la hacemos doblemente víctima al cuestionarla con prejuicios, muchos de ellos machistas sobre su comportamiento, es una autocrítica obligada y urgente. Expresiones como: “que hubiera dicho no”, “que hubiera denunciado antes”, “luego volverá con él”, son un signo tan disparatado de desconocimiento del terror al que estas mujeres son sometidas, ya sea en un maltrato continuado o acerca de las víctimas de una agresión sexual, que es imposible que siga pasando desapercibido. Ya no.

El maltrato consiste en la agresión reiterada ejercida por alguien que aprovecha algún tipo de fuerza con un abuso de poder sobre otra persona que sufre daño físico o psicológico

No podemos justificarnos a estas alturas por falta de información o desconocimiento; tenemos la capacidad suficiente cada uno de nosotros como para reconocer nuestros prejuicios y el legado machista, con sus sutiles actitudes y muletillas, que llevamos dentro. La mujer maltratada no es una “mujer débil y sumisa que se ha dejado maltratar”. La mujer maltratada es una persona coaccionada con técnicas perversas, anulada progresivamente porque su agresor la considera menos, una posesión a la que no se respeta si no que se maneja ya que “se me debe” y no es equiparable a mi. Muy al contrario son mujeres tremendamente fuertes, supervivientes de una auténtica tortura psicológica y física.

En la violación o agresión sexual, que la mujer sea cuestionada por no haber dicho claramente no, o no haberse defendido físicamente porque no tiene golpes o rasguños por haberse defendido, nos acusa claramente de querer seguir creyendo que no entendemos la parálisis del pánico. A estas alturas ya no cuela. Somos una sociedad que debiera tener la madurez suficiente como para entender y conocer los diferentes modos de ejercer la violencia y cómo ésta afecta sobre cualquier ser humano.

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Definición del maltrato

El maltrato consiste en la agresión reiterada ejercida por alguien que aprovecha algún tipo de fuerza con un abuso de poder sobre otra persona que sufre daño físico o psicológico viendo vulnerada su libertad. Estas agresiones pueden ser físicas, psicológicas o de otra índole. Se suele dar en la relación de pareja pero en ocasiones puede ejercer el maltrato un familiar y en otros contextos como el laboral, puede ser un jefe, un compañero o compañera, etc.

En este artículo nos vamos a centrar en el maltrato a la mujer, dada la obvia herida reflejada en nuestra sociedad; noticias de violaciones, de abusos sexuales y asesinatos a mujeres son diarias. Esta herida deviene de un sistema social anclado en bases culturales machistas y patriarcales. Son muchos, muchísimos los hombres que en absoluto se mueven bajo estos parámetros; muy al contrario los rechazan y los denuncian, pero hablamos de un ente cultural, algo que nos maneja a todos, hombres y mujeres que muchas veces favorecemos este machismo sin ni siquiera ser conscientes. He atendido a muchas mujeres que al solicitar la reducción de jornada por maternidad se han encontrado con el juicio y rechazo de sus compañeros, hombres y tristemente también mujeres.

 

Maltrato psicológico

No se ve y no se demuestra fácilmente , sin embargo es devastador. La constante desvalorización de la víctima a través del reproche, indiferencia, insultos, rechazo, etc, va minando la autoestima e identidad de la mujer que lo sufre. Se acaban sintiendo responsables de ser maltratadas y el sentimiento de culpa se encarga de que se mantengan en la relación. Suele haber además intimidación a través del control, amenazas, chantaje emocional, maltrato de los hijos, golpear objetos, gestos y posturas, etc. Se ejerce además por parte del agresor una serie de conductas restrictivas con el fin de que la pareja vaya perdiendo autonomía, aislándola socialmente y de la familia, impidiéndole trabajar, etc.

Maltrato físico

El maltrato físico siempre conlleva maltrato psicológico. Se refiere a cualquier conducta que implique un abuso físico del agresor: puñetazos, patadas, bofetadas, tirones de pelo, empujones, mordiscos, estrangulamiento, retener por la fuerza, etc.

Maltrato sexual

El maltrato sexual es forzar a la víctima a mantener relaciones sexuales contra su voluntad, bajo la fuerza física o coacción a través de amenazas ( de palizas, de arremeter contra los hijos…)

23 comportamientos del maltratador

En el maltrato físico y psicológico se dan los siguientes comportamientos por parte del agresor:

  • Le hace sentir inferior.
  • Insulta y amenaza.
  • Se muestra indiferente.
  • Le repite a menudo que está loca, que es una histérica y que todo lo exagera.
  • Justifica su agresividad culpándola a ella: “tú me provocas”.
  • Controla la economía familiar desde el abuso.
  • Toma decisiones sin respetar la opinión de la pareja.
  • Habla mal de los amigos y familiares de la pareja generándole desconfianza hacia ellos.
  • Trata de convencerla de que su familia no la quiere.
    Insiste a la mínima oportunidad en hacerle creer que no se puede valer por sí misma.
  • Le hace creer que nadie la puede querer, que nadie se enamoraría de ella.
  • Reproches contantes sobre lo mal que hace las cosas.
  • Controla su forma de vestir y la critica.
  • Habla despectivamente sobre su aspecto.
  • Miradas enjuiciadoras sin venir a cuento.
  • Le hace sentir culpable de lo que está mal.
  • Nunca valora los logros o triunfos de ella, al contrario los desprecia e infravalora.
  • Se enfada desproporcionadamente y fuera de contexto.
  • Rompe objetos, golpea muebles.
  • Amenaza con matarla si le deja.
  • Amenaza con suicidarse si le deja.
  • Amenaza con hacerle la vida imposible si le deja.
  • Amenaza con quedarse con los hijos si le deja.

 

Qué hacer si sufres maltrato

  • Si el maltrato es físico, lo primero es acudir a tu centro médico para asegurar que estás bien y que te proporcionen un parte médico de lesiones.
  • Seguidamente denunciar con esos informes médicos. Si el maltrato es psicológico, denunciar también en la policía.
  • Contactar con Servicios Sociales de tu zona y con el Área de la Mujer del Ayuntamiento, donde obtendrás asesoramiento jurídico, psicológico y ayudas sociales.
  • Si es necesario solicita piso de acogida.
  • Teléfono del maltrato: 016

 

 

Después de denunciar, cómo protegerte

Uno de los motivos más poderosos por los que la mayoría de las mujeres no denuncian es por el miedo a represalias además de sentimientos de vergüenza, la dependencia económica y la baja autoestima.

  • Solicita piso de acogida.
  • Intenta estar siempre acompañada.
  • Informa a tus amigos y familia.
  • Rompe tus rutinas.
  • No mantengas el contacto con tu agresor.
  • Denuncia cualquier amenaza o acoso.

 

Posibles reacciones del maltratador si te separas

  • Chantaje emocional: llanto, te hace responsable del fracaso de su vida, expresiones de arrepentimiento, te dice que va a cambiar…
  • Regalos constantes y demostraciones de que eres la mujer se su vida.
  • Amenaza con suicidarse, quedarse con los niños, dejar el trabajo…
  • Cuidado con las posibles reacciones violentas. Es muy fácil que te busque a la salida del trabajo, o en cualquier lugar por el que pases habitualmente.

 

Socialmente somos responsables de que estas agresiones se mantengan; una educación transversal, centrada en la igualdad y el respeto a las diferencias así como educar en emociones, es el primer paso para prevenir el maltrato. Continuar con los estudios y programas de intervención y tratamiento del maltratador es también necesario.

Nuestra Terapia de Pareja

 

Referencias bibliográficas:

Belén Sarasua e Irene Zubizarreta, 2000. Editorial Aljibe. “Violencia en la pareja”

La ansiedad se supera: cómo tratarla desde la Psicología

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