Psicología

La ansiedad puede superarse: síntomas y tratamiento

ansiedad

Cuando la ansiedad aparece en nuestras vidas y se mantiene, nada parece volver a ser lo mismo y nuestro día a día es un constante comparar con la vida que teníamos antes y cómo nos sentíamos. Aparece un alto estado de  alerta a que los síntomas de la ansiedad aparezcan en cualquier momento y esa es la pescadilla que se muerde la cola, mi elevada alerta provocará la sintomatología que tanto tememos.

La ansiedad puede superarse si aprendemos a reconocer los síntomas y a no luchar contra ellos.

Parece así dicho tarea fácil, pero existen multitud de técnicas de la psicología que así lo demuestran.

Nuestra Terapia para la Ansiedad

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una reacción natural en el ser humano, siempre que ésta sea proporcionada al estímulo que la desencadena. Sentiremos ansiedad antes de un examen, en una entrevista de trabajo o ante una situación objetivamente tensa. Por lo general la ansiedad es una respuesta adaptativa.

En cambio, cuando aparece de forma injustificada, sin razón aparente o ante estímulos o situaciones que no suponen una amenaza real, hasta el punto de interferir en nuestra vida diaria, se habla de una ansiedad des-adaptativa.

Síntomas físicos

  • Taquicardia.
  • Sensación de falta de respiración u opresión en el pecho.
  • Tensión muscular.
  • Temblores.
  • Sudoración.
  • Alteraciones del sueño: dificultad para conciliarlo o despertarse sobresaltado en mitad de la noche.
  • Alteraciones de la alimentación: falta de apetito o comer en exceso.
  • Tensión o nudo en el estómago.
  • Sensación de mareo.

Síntomas cognitivos

  • Pensamientos catastrofistas.
  • Pensamientos recurrentes de miedo a la enfermedad, a alguna desgracia o a que aparezcan los síntomas físicos.
  • Pensamientos de anticipación al futuro o de anclaje al pasado.
  • Falta de concentración y dificultad para mantener la atención.
  • Desorientación y sensación de pérdida de control.
  • Miedo a volverse loco.

Síntomas conductuales

  • Evitar sitios concurridos o salir de casa solo.
  • Evitar las relaciones sociales.
  • Comprobar constantemente sobre nuestro estado de salud, tomándonos la tensión, palpándonos o preguntando a familiares o allegados qué tal aspecto tenemos.
  • Comprobando constantemente que todo está en orden, para sentir cierto control.

Tratamiento

Cuando la ansiedad genera la sensación de indefensión y de no control sobre nuestro cuerpo y conducta, la autoestima y el estado de ánimo pueden verse seriamente dañados al aparecer un sentimiento de indefensión y de no control de nuestras vidas.

El estrés diario, la aparición de problemas o dificultades concretas, algún suceso traumático o la pérdida de un ser querido, ya sea por ruptura o fallecimiento, son algunas de las causas que se encuentran en ocasiones tras la ansiedad.

La psicoterapia, junto con las técnicas de des-aprendizaje de la ansiedad y superación de traumas a través de la psicología humanista o de las últimas técnicas desarrolladas a partir de los descubrimientos de la neuropsicología, como el EMDR o las Técnicas de Integración Cerebral, nos ayudan a superar la ansiedad.

El principal objetivo no es que la ansiedad desaparezca, sino en primer lugar perderle el miedo, para  después de aprender a identificar cómo se manifiesta en nuestro cuerpo, pensamiento y emoción dejar de luchar contra ella y entender la ansiedad no como un enemigo dispuesto a atacar, sino como una expresión desajustada y desproporcionada de nuestro cuerpo, que si sabemos cómo manejar se irá rebajando hasta desaparecer.

Nuestra Terapia Psicológica

La depresión postparto: causas, síntomas y tratamiento

depresión postparto

Sobre la depresión postparto se habla mucho pero se sabe poco.

Nuestra Terapia para la Depresión

¿Qué es la depresión postparto?

Durante el embarazo son muchos los esfuerzos del organismo para gestar una nueva vida. Huesos, sistema digestivo, sistema reproductor y sistema respiratorio, se adaptan al crecimiento y soporte de una nueva vida. Aproximadamente el 80 por ciento de las mujeres mostrarán algún signo de depresión tras los meses posteriores al parto.

 La idealización social y cultural del embarazo y de la maternidad conlleva que si no se cumplen las expectativas previstas y los sentimientos no son siempre de felicidad y plenitud, no se está siendo buena madre.

La influencia de las hormonas

Los cambios hormonales a lo largo del embarazo son también violentos y la futura madre ha de adaptarse a estos cambios física y psicológicamente. Los niveles de corticotropina (CHR), hormona liberada para la regulación del cuerpo al estrés, parecen tener relación con la depresión postparto.

Esta hormona es también liberada durante el embarazo por la placenta además de por el hipotálamo para la preparación al parto. Esto, unido a la bajada brusca en los niveles de estrógenos y progesterona, influye en el estado de ánimo al desencadenar una alteración en el sistema endocrino con el aumento en la producción de hormonas del estrés.

La presión social

La presión social y cultural ejerce también una enorme influencia. La idealización del embarazo y de la maternidad conlleva que si no se cumplen las expectativas previstas y los sentimientos y situaciones alrededor de la maternidad no son ideales, tal y como cabe esperar, el sentimiento de culpa y el miedo a no estar siendo una buena madre refuerzan el bajo estado de ánimo que muchas veces ocurre tras el parto.

El parto es además un momento determinante. Muchas mujeres que sufren depresión postparto, me hablan en terapia de una mala experiencia durante el parto. En ocasiones el protocolo médico, sobre todo si surge alguna complicación, es una experiencia dura de sobrellevar y genera un sentimiento de “cosificación” que posteriormente se ha de colocar y superar. Este punto es importante para posteriores embarazos.

Factores ambientales

El cambio radical de vida, la falta de sueño y cansancio propio de la crianza, la influencia sobre la relación de pareja y los apoyos externos son algunos de los factores ambientales que influyen sobre el estado de ánimo tras el parto. Psicológicamente, hay una fase de pérdida de identidad como mujer o como la persona en la que la madre se reconocía antes, debido a las constantes necesidades del hijo en torno a su crianza.

Durante los primeros meses el bebé es completamente dependiente del adulto pero sobre todo de la madre, que lo amamanta para asegurar su supervivencia. En ocasiones este fuerte grado de responsabilidad junto al miedo a no hacerlo bien y visualizar la fase de crianza de los primeros meses como una pérdida de independencia irrecuperable lo afianza. Con el tiempo, la autonomía que el bebé va adquiriendo ayuda a recuperar los tiempos y hábitos tan necesarios para que la madre vuelva a sí misma y la creencia de que no recuperará su independencia se diluye.

La ansiedad a no hacerlo bien, no ser buena madre o sentirse atrapada junto con la culpa por tener estos sentimientos, generan una sensación de indefensión y de no control de las emociones que mantienen el bajo estado de ánimo.

Factores psicológicos

Una personalidad demasiado autoexigente, una baja autoestima o sufrir ansiedad durante el embarazo parecen ser factores que predisponen a una posible depresión postparto.

Es fundamental desculpabilizar y que la madre entienda que tener dudas sobre la maternidad, sentimientos de ira, frustración, agobio o sentir a veces a su bebé como a alguien extraño o ajeno, no son más que síntomas típicos de una elevada ansiedad y autoexigencia que pueden generar sentimientos ambivalentes y de disociación. Cuando la madre entiende esto, la ansiedad baja y se va recuperando progresivamente la sensación de control, restableciéndose poco a poco la confianza y una nueva homeostasis ante la nueva situación vital.

Síntomas frecuentes

Algunos de los síntomas típicos de la depresión postparto son:

  • Trastornos del sueño: dificultad para conciliarlo, despertarse sobresaltada, pesadillas…
  • Trastornos de la alimentación, ya sea no tener apetito o comer demasiado y con ansiedad.
  • Susceptibilidad e irritación.
  • Llantos.
  • Dificultad para mantener la atención y retener la información.
  • Ansiedad.
  • Pensamientos negativos o catastrofistas.
  • Sentimientos de desesperanza.
  • Falta de ilusión.
  • Cansancio y fatiga.
  • Dolores musculares, de cabeza.

Entender la depresión postparto como un proceso de adaptación a un nuevo y, en ocasiones, desconocido ciclo vital, necesario para ir ajustando poco a poco las expectativas a la realidad, junto a la constatación de que se va recuperando un ritmo llevadero de vida a medida que el bebé adquiere autonomía, es muy importante para que la madre se desculpabilice, y salga del círculo vicioso culpa-depresión que le permita recuperar la confianza en si misma, viendo como las cosas salen y requieren de un aprendizaje.

Nuestra Terapia Psicológica

Anorexia nerviosa: causas y síntomas

La anorexia nerviosa es un trastorno alimenticio que se caracteriza por la pérdida de peso debido a la restricción drástica y voluntaria de comer.

Nuestra Terapia para Trastornos de Alimentación

Causas de la Anorexia nerviosa

La excesiva preocupación por la imagen en nuestra sociedad actual, en la que la delgadez es un valor o requisito fundamental del actual canon de belleza, tiene como consecuencia, en algunos casos, el miedo desproporcionado a engordar. Este miedo aparece, en una alta frecuencia, durante la adolescencia, etapa en la que la opinión de los demás y la aceptación social adquiere en ocasiones demasiada importancia, sobre todo en la mujer, culturalmente más expuesta a las exigencias estéticas.

En el tratamiento de la anorexia el principal reto del terapeuta es ayudar a la persona a reconocer que tiene una enfermedad

No obstante, en la actualidad, se está generando una tendencia similar, en cuanto a exigencias, hacia el modelo estético masculino, por lo que cada vez son más los hombres que pueden llegar a desarrollar una preocupación desproporcionada por el peso, con la consecuente restricción alimentaria. Factores ambientales y rasgos de personalidad, como una elevada auto exigencia y necesidad de control así como una tendencia al perfeccionismo, aumentan considerablemente la posibilidad de padecer este trastorno.

Nuestra Terapia Psicológica

El maltrato psicológico en la pareja: ¿qué es y cómo ponerle freno?

El maltrato psicológico en la pareja

El maltrato psicológico pasa muchas veces desapercibido porque no deja huella aparente, como sí sucede en el maltrato físico. Este hecho lo hace tremendamente peligroso para quien lo sufre, ya que la mayoría de las veces ni la propia víctima es consciente de que está siendo maltratada.

Las consecuencias del maltrato psicológico son muy graves porque dan lugar a la desestructuración psíquica y a la devastación del equilibrio emocional de la persona que lo sufre.

El objetivo de este artículo es identificar y poner palabras a las conductas y estrategias que se dan en el maltrato, para que cualquier persona que lo esté sufriendo o que sospeche de algún ser querido que está en esta situación, tenga la posibilidad de reaccionar y hacer frente a este problema.

A menudo la persona que sufre un maltrato acude a consulta psicológica porque se siente deprimida, sin saber qué es lo que le está pasando. A lo largo del proceso terapéutico comienza a identificar y a poner palabras al maltrato; aquí comienza un arduo trabajo durante el cual tiene por fin la posibilidad de liberarse.

A la dificultad para identificarlo se une la dificultad para demostrarlo en un procedimiento judicial, por lo que muchas personas que lo sufren no encuentran salida.

Nuestra Terapia Psicológica

Maltrato psicológico: ¿qué es?

Podemos definir el maltrato como la conducta perversa y destructiva que emite un miembro de la pareja sobre el otro en desigualdad de condiciones, con abuso de poder y tratando de  anular a la pareja a través de la manipulación. La relación es por lo tanto asimétrica.

En ocasiones hay cambios externos en la persona que lo sufre que pueden ayudar a identificar un maltrato: tristeza, inseguridad, pérdida de peso, deja de ser ella o él, “no parece la misma persona”. La persona deja de comportarse como lo haría normalmente, pierde espontaneidad, pero muchas veces el cambio es tan progresivo que las personas de alrededor no lo detectan. La persona maltratada además puede tratar de disimularlo por vergüenza  o temor a que los demás noten algo.

La violencia psicológica se ejerce a menudo buscando el aislamiento de la víctima de cualquier apoyo o referente como los amigos, familia, trabajo o estudios; en ocasiones hasta el punto de alejarlas físicamente, cambiando de barrio, ciudad, etc.

A veces el aislamiento es más taimado, a través de la manipulación de los amigos y familiares con mentiras y una actitud victimista. El perverso narcisista es tremendamente persuasivo y consigue poner en contra en muchas ocasiones a la propia familia y amigos de la víctima o como mínimo sembrar la desconfianza.

Técnicas de dominación: la tortura psicológica

Las estrategias de dominación y control sobre la víctima suelen ser veladas; al comienzo de la relación pocas veces se hacen evidentes con el fin de mantener paralizada a la víctima en la confusión, que de este modo es más manipulable y sobre todo está más asustada y desconcertada.

Algunas de estas conductas son las siguientes:

  • Insinuaciones que buscan generar inseguridad.
  • Lenguaje sarcástico o irónico.
  • Silencios interminables.
  • Chantaje emocional.
  • Uso de la mentira sin mostrar resquicio de duda y con toda convicción para rebatir cualquier tema.
  • Acusaciones o proyecciones del propio defecto sobre la víctima.
  • Caras y gestos de desprecio.
  • Mensajes contradictorios en los que se dice una cosa y la contraria a la vez.
  • Descalificaciones personales.
  • Comentarios despreciativos.
  • Humillaciones en público o en privado.
  • Instrumentalización del sexo como premio-castigo.

Esta comunicación sádica, mantenida en el tiempo sin que la persona agredida pueda prever cuando acontecerá el conflicto o será señalada la “falta” o el “defecto” empieza por paralizar y acaba anulando.

Expresiones del tipo: “antes tenías mejor tipo”, “ese corte de pelo te queda un poco raro”, “ no es la cena que quería, pero claro, nunca suele serlo”, “tu amiga sí que es inteligente” a expresiones más directas e insultos: “pareces tonto/a”, “no vales para nada”, “das asco”, “estás hecha/hecho un adefesio”,etc; mantiene a la víctima en un estado de alerta, en un estrés constante que empieza a materializarse en su cuerpo; su expresión es de tristeza, su cuerpo se encoge como si se estuviera consumiendo y es posible que descuide su aspecto, dejando de arreglarse o de preocuparse por su físico.

La salud también se resiente y se empieza a somatizar con trastornos de la alimentación, contracturas, trastornos del sueño, crisis de ansiedad, bajo estado de ánimo e incluso depresión.

Si el agresor detecta que tensa demasiado la cuerda, se mostrará cariñoso, quitando importancia a lo ocurrido o presentándose con un regalo. A veces pedirá perdón, pero más desde el victimismo y el chantaje emocional que desde el arrepentimiento o reconocimiento del error, generando de nuevo un sentimiento de culpa en su víctima por no haberle entendido y tomarse las cosas demasiado en serio.

La víctima duda cada vez más de sí misma y esto refuerza su desequilibrio y crisis de identidad, cada vez está más anulada ya que no puede confiar en su propio criterio.

No podrá tampoco compartirlo, bien porque nadie la creería o bien porque quiere protegerlo debido a que en el fondo de sí misma no puede ver y afrontar lo que está sucediendo.

Para el agresor el otro no existe, no le escucha con el fin de anularle: si no te reconocen es como si no existieras. Esta táctica va cobrando fuerza y la víctima sin ser consciente va interiorizando esta creencia.

Cualquier problema será responsabilidad de la víctima, incluso aunque se den dificultades que no tengan que ver con la pareja, le hará sentir culpable a través de silencios o malas caras.

Utilizará también la insinuación, de manera que el otro no pueda defenderse y con el fin de generar inseguridad y mermar la autoestima, con comentarios como: “¿tu amiga/o es mucho más joven que tú, no? (aquí, se conteste lo que se conteste muy probablemente seguirá un suspiro, un gesto de decepción o de descontento). La triangulación o mostrar interés por terceras personas para generar inseguridad y celos es a veces utilizado por el maltratador o maltratadora.

Uno de los mecanismos más empleados por el perverso narcisista es el de la proyección, mediante el cual señala su propio defecto en el otro para no asumir responsabilidad alguna, esta conducta confunde enormemente a la víctima, al llegar a creer que efectivamente es ella quien grita, falta al respeto o provoca la discusión.

El uso de la mentira, de manera fría y descarada, muchas veces en público, deja tan desconcertada a la víctima que no sabe cómo reaccionar.

La emisión de un mensaje y el contrario a la vez, donde el tono verbal y el cuerpo se contradice con lo expresado, es también una estrategia que una vez más lleva al desconcierto y la parálisis. Este modo de comunicar es tremendamente paranoide y desestructurante.

El uso de los silencios como castigo pasivo-agresivo es también muy empleado y tremendamente violento. El agresor puede estar horas e incluso días sin dirigir la palabra a su víctima sin que ésta entienda lo que ha pasado. Lo más dañino y perverso de este comportamiento es que además no va a permitir hablar de lo que está ocurriendo, no concederá a su víctima la posibilidad de entender qué ha hecho mal. Por este motivo muchas veces las personas que sufren maltrato tratan de acceder a su agresor escribiéndoles cartas, notas o mensajes de móvil que en la mayoría de las ocasiones el otro ni siquiera lee.

La falta de palabras de apoyo, reconocimiento o valoración, se da casi desde el principio de la relación, en contraste con sus comienzos donde todo era adulación. Si esta carencia dentro de la relación de pareja ya es difícil de sobrellevar, se irá además intercalando más adelante con mensajes indirectos de descalificación, acerca de su físico o de su personalidad: “estás echa un asco”, “nada te queda bien”, “nunca te enteras de nada”…

La parálisis y bloqueo, baja autoestima , ansiedad y estado de alerta constante, sensación de miedo e incluso terror, son algunas de las expresiones emocionales que se van generando en la víctima, llegando a tal desestructuración y crisis de identidad que en la terapia, el trabajo consiste básicamente en reconstruir poco a poco la personalidad. Se trata de un viaje de reencuentro de la víctima consigo misma, de “reparación del alma” que ha quedado rota, en el que pasará por varias fases que desarrollaremos en otro artículo

A menudo se dan conductas en las que el agresor trata de comprobar su poder y dominación además de provocar el desconcierto y la indefensión:

…. si la víctima le está esperando y se ha preparado para salir, el agresor le dirá que no puede acudir y la dejará plantada. La víctima no se quejará para evitar el conflicto ya que sabe que se ofende con tremenda facilidad; pero al día siguiente, si la víctima no se ha preparado porque da por hecho que no se van a ver, el perverso narcisista le llamará diciendo que le está esperando reprochándole su falta. La víctima le implorará que le espere, que enseguida va, que no se enfade, pero no habrá tregua y ofendido u ofendida dejará plantada una vez más a su víctima con un enorme sentimiento de culpa.

Lo que vamos describiendo son conductas y técnicas que se caracterizan por ser veladas. Existen otras a través del control y el insulto más claras y directas. Se controlará el móvil, la ropa que la pareja se pone, con quién sale, etc.

A menudo el maltrato psicológico es la antesala del maltrato físico que llegará irremediablemente a medida que el agresor sienta que la víctima es más manejable y sumisa.

Perfil del maltratador: el perverso narcisista

La personalidad del maltratador o maltratadora se retrata bajo el marco de la personalidad narcisista, más concretamente del trastorno narcisista de la personalidad o de lo que denominamos como perverso narcisista.

El perverso narcisista es ante todo un gran seductor, en un principio estudiará a su víctima reconociendo sus puntos débiles y atrayéndola desde la adulación y la supuesta admiración. Su objetivo es desarmarla de forma progresiva para sentir que la posee, cosificandola como un trofeo. Su ego se alimenta de un historial de víctimas a las que ya ha destruido.

La personalidad del perverso narcisista se caracteriza por la falta de empatía, la irresistible necesidad de ser admirado o admirada y la envidia ante las cualidades de los demás, de los que él o ella carece. Buscará precisamente estas cualidades en sus víctimas, con la ilusión de que si las domina puede apropiárselas o en su defecto, destruirlas. No soporta que alguien destaque en lo que él reconoce como su propia carencia.

En el DSM-IV, Manual Internacional de Psicodiagnóstico de las Enfermedades Mentales, se describe a la personalidad narcisista con los siguientes rasgos, de los cuales para considerarse como tal, ha de mostrar al menos cinco de ellos:

  • Sobrestimación de la propia valía.
  •  Excesiva necesidad de admiración.
  • Constantes fantasías de éxito y de poder.
  •  Sentimientos de ser especial con respecto a los demás.
  • Creencia de derecho adquirido o de que merece un trato especial o se le debe todo.
  • Explota a los demás para conseguir sus fines.
  • Carece de empatía o capacidad de ponerse en el lugar del otro.
  • Sentimientos de envidia hacia los demás o creencia de que es envidiado.
  •  Actitud arrogante y prepotente.

El agresor o agresora se encargará además de seducir a el entorno de su víctima, y todos pensarán que es encantador e inteligente. A medida que se vaya ganando la confianza de cada uno de ellos expandirá bulos acerca del desequilibrio de la víctima, llegando a insinuar incluso que es él quien sufre un maltrato velado debido a los cambios de humor e inestabilidad emocional de la verdadera víctima. De este modo, la víctima queda más aislada aún y cualquier queja o reacción de miedo o malestar será tomada por el entorno como la confirmación de esta acusación.

Perfil de la víctima

No hay perfil de víctima, a cualquiera nos puede ocurrir toparnos con una persona tóxica en el trabajo, en la pareja, en la familia y someternos bajo esta tortura psicológica sin darnos cuenta. Qué duda cabe que la persona con tendencia a la dependencia emocional, miedo al abandono, baja autoestima o que pasa por un momento vulnerable es más susceptible de sufrir maltrato o caer en las garras de un perverso/a narcisista, sin embargo todos somos susceptibles de sufrir un maltrato.

Recordemos que el agresor es experto/a en estas lindes y juega con ventaja; la mayor de ellas es que nunca podrías imaginar tanta perversión, tanta mala intención y egoísmo. La incredulidad, él no poder concebir que el agresor puede actuar desde tanta maldad es lo que primeramente paraliza a la víctima.

Recuerda, todos somos susceptibles de sufrir un maltrato psicológico, si puedes reconocerlo puedes liberarte.

Nuestra Terapia Psicológica

¿Qué es la Autoestima y cómo mejorarla?

que es la autoestima

La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos. El ser humano tiene conciencia de sí mismo en varios niveles:

  • Se percibe a nivel sensorial;
  • Piensa sobre sí mismo y sobre sus comportamientos;
  • Se evalúa y los evalúa;
  • Y siente por tanto, emociones relacionadas consigo mismo.

Todo ello evoca tendencias de actuación acordes con sus percepciones pensamientos, evaluaciones y sentimientos.

Tener una autoestima ajustada, siendo conocedores de nuestras cualidades y conscientes de nuestros defectos y limitaciones, nos ayuda a superarnos

Nuestra Terapia para la Autoestima

ç¿Qué es la autoestima?

La percepción de uno mismo siempre será subjetiva, pero en ocasiones la autoestima puede estar distorsionada en sentido positivo o negativo. Personas con un físico objetivamente normal pueden pensar de sí mismas que son la belleza personificada o la fealdad hecha materia y ni una cosa, ni la otra. Ambas extrapolaciones generan malestar, inestabilidad emocional y conflictos de relación.

Tener una autoestima ajustada, siendo conocedores de nuestras cualidades y conscientes de nuestros defectos y limitaciones, nos ayuda a superarnos, valorar las virtudes y aceptar las limitaciones que no podemos cambiar sin sentimientos de culpabilidad ni complejos, si no desde una justa medida que aún siendo subjetiva no nos retira a los infiernos de la inseguridad y la autocompasión.

Puede ocurrir, por ejemplo, que una persona se vea con unos kilos de más y piense de sí misma que es fea y poco atractiva, que su aspecto “no da la talla” para ser apreciada por los demás, lo cual puede provocar sentimientos de vergüenza y una tendencia a evitar la compañía de otras personas. Esta actitud formaría parte de su autoestima, negativa en este caso.

Todo ser humano tiene unas actitudes, positivas o negativas, hacia sí mismo. Nadie puede dejar de pensar sobre sí mismo ni de evaluarse. Todos, pues, desarrollamos una autoestima suficiente o deficiente, positiva o negativa, aunque no seamos conscientes de ello.  Es necesario un entorno facilitador de la toma de conciencia y el desarrollo de esas potencialidades.

Trabajar la autoestima

No olvidemos que la autoestima puede trabajarse, es además un trabajo consciente y de por vida, con la gran recompensa de que desde el auto conocimiento éste puede ser un trabajo apasionante y revelador.

Algunos puntos a tener en cuenta para mejorar la autoestima son los siguientes:

  • Aprender a dar nuestra opinión y a expresar nuestros sentimientos;  la comunicación con los demás gana y perdemos el miedo al rechazo o al conflicto
  • Relativizar la opinión de los demás y entender que no podemos caer bien a todo el mundo. Una vez aceptado esto,  la libertad de expresarse sin la contención del miedo a la crítica aumenta la confianza en nosotros y favorece la expresión de nuestras emociones y opiniones
  • Valorar las propias cualidades y saber reconocerlas, dejando la falsa modestia
  • Reconocer las limitaciones, entendiendo que la perfección no existe, ¡ni falta que hace!
  • Reconocer nuestros errores, aprovechando para enfocarlos como una oportunidad de aprender de ellos y no como un fracaso

Nuestra Terapia Psicológica

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)

TDAH

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperáctividad (TDAH), se caracteriza por conductas de nerviosismo, impulsividad y falta de concentración. De origen neurobiológico, se están estudiando factores genéticos y ambientales en su aparición.

Los síntomas suelen observarse antes de los siete años y se da con más frecuencia en niños que en niñas.

Nuestra Terapia Infantil

Tipos de Trastorno por déficit de atención con hiperactividad

Se reconocen hoy día tres subtipos de TDAH:

  • Inatento: se caracteriza por predominar la falta de atención y concentración en las tareas. Se da más a menudo en niñas y su diagnóstico es más difícil al carecer de síntomas más visibles.
  • Hiperactivo-impulsivo: las conductas de nerviosismo e hiperactividad con falta de control del impulso predominan.
  • Mixto: se manifientan los síntomás de los subtipos anteriores, combinándose la inatención e hiperactividad con bajo control del impulso. Este subtipo es el más frecuente.

Síntomas y señales

Las relaciones sociales y familiares, además de la adaptación escolar se ve muy afectada en el niño con TDAH, debido a lo pronunciado de la sintomatología, afectando seriamente en su autoestima y llevando en ocasiones a la aparición de depresión, reto del tratamiento del psicólogo infantil.

Las conductas de oposicionismo, despistes, impaciencia, verborrea, irritabilidad y no control del impulso, conlleva dificultades y problemáticas en el entorno escolar, con los compañeros y la propia familia. Por todo esto es importante su diagnóstico temprano, con el objetivo de favorecer los aprendizajes y habilidades sociales que atenúen los síntomas y suavicen su incidencia en la adolescencia y edad adulta.

 

¿Qué es la Resiliencia y cómo podemos mejorarla?

resiliencia

La resiliencia se refiere a la capacidad para afrontar momentos difíciles e incluso traumáticos de manera flexible, eficaz y positiva. Las personas resilientes tienen además la capacidad de sobrellevar enormes fuentes de estrés de manera más o menos sosegada, reflexiva y desde el autocontrol.

Aprender a sobrellevar las dificultades de manera más positiva es algo que todos tenemos que hacer antes o después, y se puede.

Nuestra Terapia para la Autoestima

¿Qué es la resiliencia?

A lo largo de mis años como psicóloga he tenido la suerte de conocer en consulta a muchas personas con esta capacidad. Acudir a la consulta del psicólogo no significa, ni mucho menos, que la persona no tenga la capacidad de afrontar las dificultades y acontecimientos traumáticos con una enorme capacidad de superación, que simplemente necesita saber cómo orientar. Ellos me han ayudado a saber más sobre la resiliencia, aplicarlo en mi día a día y a tratar de transmitir estos conocimientos para que otras personas aprendan a desarrollarla.

¿Qué caracteriza a las personas resilientes?

La persona resiliente se caracteriza por algunas de las siguientes capacidades o rasgos:

  • Empatía: saben ponerse en el lugar de los demás, lo que les lleva a enfocar las dificultades desde varios puntos de vista, encontrando más opciones o soluciones a los problemas.
  • Saben relativizar y priorizar, por lo que el estrés es sobrellevado de una manera más positiva.
  • Reconocen el sufrimiento o emociones negativas como una posibilidad de aprendizaje y desarrollo personal.
  • Son autocríticas sin caer en la autocompasión ni victimizarse.
  • No juzgan, ni a ellos mismos ni a los demás.
  • Reconocen y localizan sus emociones, lo que favorece un mayor conocimiento de sí mismos.
  • Saben escuchar, abiertos a otras opiniones o puntos de vista.
  • Ajustan el pensamiento, por lo que los errores de pensamiento o distorsiones cognitivas, muchas veces heredadas de generación en generación y reforzadas por presión social, son desmontadas.
  • Afrontan el problema como un reto lo que les proporciona desenvoltura en la resolución de problemas y toma de decisiones.
  • Tienen un enorme sentido de la justicia que trasladan desde la asertividad.
  • Saben pedir ayuda y poner límites o decir no.
  • Tienen una elevada tolerancia a la frustración.

Muchas veces puede parecer, al describir estas capacidades, que la persona resiliente no sufre ante la adversidad, pero no es así en absoluto. Su tolerancia a la frustración y autocontrol ayudan a que la ansiedad no les lleve al bloqueo, pero eso no quiere decir que no sientan la ansiedad y el dolor ante los acontecimientos difíciles o traumatices.

Otra característica muy importante de las personas resilientes, es que ante las dificultades tratan de “no pagarlo” nunca con los demás, lo que ayuda a que su entorno quede preservado y tengan apoyo a su alrededor.

De todos modos, que duda cabe que las circunstancias personales, nuestro entorno y apoyo emocional por amigos y familiares favorecen la resiliencia.

Mejorar esta capacidad

Con todo esto no debemos pensar que he existe un modo de ser cercano a la perfección y que los demás no tenemos esa capacidad. No siempre se tienen todas estas habilidades y la mayoría se aprenden en el camino; la capacidad de aprender a sobrellevar las dificultades de manera más positiva es algo que todos tenemos que hacer antes o después, y se puede.

Como una huella dactilar, cada uno de nosotros tiene alguna de estas características más o menos desarrollada; se adolece de alguna pero se destaca en otras.

Alcanzar un equilibrio entre todas ellas, reconociendo las que tengo que desarrollar más y dónde están las propias carencias, es uno de los objetivos de la terapia a la hora de afrontar las dificultades e incluso el dolor al que situaciones como una ruptura, la pérdida de un ser querido, problemas en el trabajo, etc, nos exponen.

Nuestra Terapia Psicológica

Trastorno de estrés postraumático: qué es y cuáles son sus causas

trastorno estres postraumatico

El trastorno de estrés postrumático puede desarrollarse después de vivir directamente un acontecimiento traumático o ser testigos de ello.

Nuestra Terapia para el Estrés

¿Qué es el estrés postraumático?

Todos hemos sentido en algún momento el horror y la angustia ante un suceso dramático; bien porque conocemos de alguna catástrofe natural, accidente o suceso más o menos cercano a nosotros, bien porque lo hemos experimentado en primera persona.

Cuando nos encontramos en una situación en la que nuestra vida o la de otras personas corre peligro, se activa inmediatamente en nosotros un instinto de supervivencia que nos ayuda a reaccionar. Las facultades cognitivas y fisiológicas se activan y las reacciones de búsqueda de soluciones ante el peligro nos protegen.

Cuando el acontecimiento traumático es muy intenso, bien porque lo sufrimos directamente o porque somos testigos, puede desarrollarse lo que conocemos como síndrome de estrés postraumático.

El estrés postraumático según el DSM IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) se caracteriza por una reacción psíquica y fisiológica posterior a un acontecimiento traumático en el que “la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás”, reaccionando con “temor, desesperanza o un horror intensos”.

Síntomas

Según este mismo manual de psicodiagnóstico algunos de los síntomas son:

  • Imágenes intrusivas y repetitivas o flasback en forma de recuerdos, sobre escenas del acontecimiento.
  • Pensamientos recurrentes sobre el acontecimiento.
  • Sueños recurrentes sobre el suceso traumático o pesadillas.
  • Malestar psicológico intenso al recordar algún detalle del acontecimiento.
  • Sensaciones o percepciones de que el suceso se está experimentando de nuevo.
  • Malestar fisiológico y psicológico intenso ante estímulos que recuerdan al suceso traumático.
  • Evitación de estímulos que se asocian al suceso (lugares, personas, objetos).
  • Desmotivación y desesperanza sobre el futuro.
  • Falta de emociones de tipo afectivo.
  • Irritabilidad.
  • Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
  • Hipervigilancia y estado de alerta desproporcionado.
  • Dificultad para concentrarse y mantener la atención, en gran medida debido a los pensamientos e imágenes intrusivas.
  • Amnesia o lagunas de memoria, de algunos de los aspectos más importantes del suceso traumático.

Lo que en principio es una respuesta de alerta normal tras haber corrido un peligro, puede mantenerse en el tiempo generando una ansiedad generalizada con sentimientos de indefensión y un bajo estado de ánimo.

La ansiedad generalizada se caracteriza por la aparición y mantenimiento de pensamientos catastrofistas del tipo: “si cualquier cosa terrible puede pasar en cualquier momento y no depende de mi control, no puedo bajar la guardia”, de este modo la cotidianidad puede verse sensiblemente influida por esta premisa, afectando a nuestras relaciones sociales y familiares, debido a las conductas fóbicas y evitaciones con que se suele manifestar.

el tratamiento psicológico es imprescindible para destraumatizar y desaprender el miedo, evitando así que este malestar se cronifique.

La aparición de síntomas físicos de un trastorno de ansiedad, como taquicardia, sudoración, tensión muscular, sensación de ahogo o presión en el pecho, hiperventilación, etc, también suelen darse, manteniendo el temor y alerta constante.

El trastorno de estrés postraumático no aparece únicamente tras accidentes o sucesos violentos puntuales; una persona que ha vivido una situación de violencia y temor, de forma continuada, como ocurre en los casos de maltrato en el entorno familiar, laboral o escolar, puede desarrollar este trastorno de forma crónica. Aunque el objeto que provoca el miedo no esté presente, y la situación familiar haya cambiado, el temor continua en nuestras vidas y esa sensación de alerta y miedo sigue estando presente. La indefensión aprendida con el consecuente bajo estado de ánimo y la ansiedad generalizada, queda implantada en la cotidianidad de la persona, que en la mayoría de las ocasiones no entiende que le pasa, creyendo que su angustia y tendencia a la melancolía es parte de su personalidad.

Algunos síntomas físicos del estrés postrumático

Las somatizaciones en estos casos suelen ser evidentes, algunas de las expresiones físicas más comunes son:

  • Bruxismo (apretar las mandíbulas durante el sueño)
  • Contracturas casi permanentes debido a la tensión muscular.
  • Dolores de cabeza de origen tensional.
  • Problemas digestivos.
  • Trastornos del sueño: agitación, pesadillas, dificultad para conciliar o mantener el sueño…

Es fundamental identificar en niños que han vivido malos tratos en casa su evolución, con el objetivo de tratar cuanto antes “el miedo instalado” o aprendido en sus vidas. Representar el suceso o sucesos traumáticos en sus juegos, dibujar reiteradamente lo que les preocupa o angustia, muestras de ira y agresividad, llanto injustificado y pesadillas, son algunas de las expresiones de la ansiedad en la infancia.

En todos los casos descritos, el tratamiento psicológico es imprescindible para destraumatizar y desaprender el miedo, evitando así que este malestar se cronifique.

Nuestra Terapia Psicológica

Jactatio Capitis nocturna: ¿qué es y cuáles son sus síntomas?

Jactatio capitis nocturna

La Jactatio Capitis es una parasomnia del sueño infantil caracterizada por el movimiento repetitivo de la cabeza o todo el cuerpo.

La intensidad del movimiento puede variar, pero en ocasiones es violento y puede generar una excesiva alarma.

Nuestra Terapia Infantil

¿Qué es Jactatio Capitis?

Estos movimientos suelen desaparecer hacia los tres años de edad, por lo que no requieren intervención

Aunque no se trata de un trastorno grave del sueño, conviene proteger al niño ante posibles golpes de mayor intensidad, acolchando superficies duras de la cama y la pared. Aparece antes de conciliar el sueño o en las fases I y II del sueño NREM, en niños de 9 a 24 meses. Con la edad los síntomas de esta ritmia del sueño se va espaciando, haciéndose menos frecuente su aparición hasta remitir.

Aunque se desconocen sus causas, algunos autores sostienen que simulan los movimientos de mecimiento para conciliar el sueño. Otros autores lo relacionan con una forma de descargar tensión o una excesiva activación. Cuando se mantienen más allá de los cuatro años de edad es conveniente considerar causas emocionales o de origen familiar.

Disfemia infantil: ¿qué es este trastorno del habla y qué síntomas presenta?

disfemia

La disfemia infantil un trastorno de la fluidez en el habla y en el ritmo.

Nuestra Terapia Logopeda

¿Qué es la disfemia infantil (tartamudez)?

Más conocido como tartamudez, se caracteriza por la repetición de sílabas y/o palabras, bloqueos o paros y en ocasiones dar rodeos para evitar la palabra que causa este problema. Muchas veces, este trastorno se acompaña de ansiedad, retraimiento, tensión física y emocional.

En la etapa infantil existen fases diferenciadas:

  • Disfemia inicial: de carácter primaria, fisiológica o del desarrollo. Aparece entre los tres y cinco años de edad, y es muy común durante esta etapa del desarrollo, al comienzo de la utilización del lenguaje.
  • Disfemia episódica: Se desarrolla a partir de los cinco años de edad, generalmente se produce ante situaciones de inseguridad y falta de madurez lingüística.
  • Disfemia, propiamente dicha, aparece a partir de los ocho años de edad. Desde este momento es cuando podemos hablar de un trastorno disfémico.

Durante la infancia pueden aparecer episodios de disfemia ante situaciones de estrés, como el nacimiento de un hermano, un cambio importante…etc, que después remiten.

Aunque ha demostrado que existe un mayor riego de padecer un trastorno disfémico si el niño tiene antecedentes en su entorno familiar, durante la etapa del desarrollo infantil, es muy habitual que los niños pasen en algún momento por una etapa disfémica que desaparece repentinamente.

Qué hacer, y tratamiento

La actitud que muestre familia frente a este trastorno de la fluidez del habla puede ayudar mucho. Procurar no corregir constantemente al niño, interrumpirle o terminar sus frases para evitar que se sienta evaluado, es importante.

    También es interesante buscar ratos de conversación con nuestro hijo y prestarle atención cuando quiera hablarnos de algo, leer juntos algún cuento o libro de su interés y cantar canciones es también un buen ejercicio para mejorar la fluidez.

Si el niño padece ansiedad porque siente miedo de cometer errores al hablar, es interesante trabajar con él este aspecto y ver si es conveniente pedir ayuda para valorar el problema.

Nuestra Terapia Infantil

Ir arriba
Abrir chat
Powered by