Psicología

¿Qué es la Resiliencia y cómo podemos mejorarla?

resiliencia

La resiliencia se refiere a la capacidad para afrontar momentos difíciles e incluso traumáticos de manera flexible, eficaz y positiva. Las personas resilientes tienen además la capacidad de sobrellevar enormes fuentes de estrés de manera más o menos sosegada, reflexiva y desde el autocontrol.

Aprender a sobrellevar las dificultades de manera más positiva es algo que todos tenemos que hacer antes o después, y se puede.

Nuestra Terapia para la Autoestima

¿Qué es la resiliencia?

A lo largo de mis años como psicóloga he tenido la suerte de conocer en consulta a muchas personas con esta capacidad. Acudir a la consulta del psicólogo no significa, ni mucho menos, que la persona no tenga la capacidad de afrontar las dificultades y acontecimientos traumáticos con una enorme capacidad de superación, que simplemente necesita saber cómo orientar. Ellos me han ayudado a saber más sobre la resiliencia, aplicarlo en mi día a día y a tratar de transmitir estos conocimientos para que otras personas aprendan a desarrollarla.

 

¿Qué caracteriza a las personas resilientes?

La persona resiliente se caracteriza por algunas de las siguientes capacidades o rasgos:

  • Empatía: saben ponerse en el lugar de los demás, lo que les lleva a enfocar las dificultades desde varios puntos de vista, encontrando más opciones o soluciones a los problemas.
  • Saben relativizar y priorizar, por lo que el estrés es sobrellevado de una manera más positiva.
  • Reconocen el sufrimiento o emociones negativas como una posibilidad de aprendizaje y desarrollo personal.
  • Son autocríticas sin caer en la autocompasión ni victimizarse.
  • No juzgan, ni a ellos mismos ni a los demás.
  • Reconocen y localizan sus emociones, lo que favorece un mayor conocimiento de sí mismos.
  • Saben escuchar, abiertos a otras opiniones o puntos de vista.
  • Ajustan el pensamiento, por lo que los errores de pensamiento o distorsiones cognitivas, muchas veces heredadas de generación en generación y reforzadas por presión social, son desmontadas.
  • Afrontan el problema como un reto lo que les proporciona desenvoltura en la resolución de problemas y toma de decisiones.
  • Tienen un enorme sentido de la justicia que trasladan desde la asertividad.
  • Saben pedir ayuda y poner límites o decir no.
  • Tienen una elevada tolerancia a la frustración.

 

Muchas veces puede parecer, al describir estas capacidades, que la persona resiliente no sufre ante la adversidad, pero no es así en absoluto. Su tolerancia a la frustración y autocontrol ayudan a que la ansiedad no les lleve al bloqueo, pero eso no quiere decir que no sientan la ansiedad y el dolor ante los acontecimientos difíciles o traumatices.

Otra característica muy importante de las personas resilientes, es que ante las dificultades tratan de “no pagarlo” nunca con los demás, lo que ayuda a que su entorno quede preservado y tengan apoyo a su alrededor.

De todos modos, que duda cabe que las circunstancias personales, nuestro entorno y apoyo emocional por amigos y familiares favorecen la resiliencia.

 

Mejorar esta capacidad

Con todo esto no debemos pensar que he existe un modo de ser cercano a la perfección y que los demás no tenemos esa capacidad. No siempre se tienen todas estas habilidades y la mayoría se aprenden en el camino; la capacidad de aprender a sobrellevar las dificultades de manera más positiva es algo que todos tenemos que hacer antes o después, y se puede.

Como una huella dactilar, cada uno de nosotros tiene alguna de estas características más o menos desarrollada; se adolece de alguna pero se destaca en otras.

Alcanzar un equilibrio entre todas ellas, reconociendo las que tengo que desarrollar más y dónde están las propias carencias, es uno de los objetivos de la terapia a la hora de afrontar las dificultades e incluso el dolor al que situaciones como una ruptura, la pérdida de un ser querido, problemas en el trabajo, etc, nos exponen.

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Trastorno de estrés postraumático: qué es y cuáles son sus causas

trastorno estres postraumatico

El trastorno de estrés postrumático puede desarrollarse después de vivir directamente un acontecimiento traumático o ser testigos de ello.

Nuestra Terapia para el Estrés

¿Qué es el estrés postraumático?

Todos hemos sentido en algún momento el horror y la angustia ante un suceso dramático; bien porque conocemos de alguna catástrofe natural, accidente o suceso más o menos cercano a nosotros, bien porque lo hemos experimentado en primera persona.

Cuando nos encontramos en una situación en la que nuestra vida o la de otras personas corre peligro, se activa inmediatamente en nosotros un instinto de supervivencia que nos ayuda a reaccionar. Las facultades cognitivas y fisiológicas se activan y las reacciones de búsqueda de soluciones ante el peligro nos protegen.

Cuando el acontecimiento traumático es muy intenso, bien porque lo sufrimos directamente o porque somos testigos, puede desarrollarse lo que conocemos como síndrome de estrés postraumático.

El estrés postraumático según el DSM IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) se caracteriza por una reacción psíquica y fisiológica posterior a un acontecimiento traumático en el que “la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás”, reaccionando con “temor, desesperanza o un horror intensos”.

Síntomas

Según este mismo manual de psicodiagnóstico algunos de los síntomas son:

  • Imágenes intrusivas y repetitivas o flasback en forma de recuerdos, sobre escenas del acontecimiento.
  • Pensamientos recurrentes sobre el acontecimiento.
  • Sueños recurrentes sobre el suceso traumático o pesadillas.
  • Malestar psicológico intenso al recordar algún detalle del acontecimiento.
  • Sensaciones o percepciones de que el suceso se está experimentando de nuevo.
  • Malestar fisiológico y psicológico intenso ante estímulos que recuerdan al suceso traumático.
  • Evitación de estímulos que se asocian al suceso (lugares, personas, objetos).
  • Desmotivación y desesperanza sobre el futuro.
  • Falta de emociones de tipo afectivo.
  • Irritabilidad.
  • Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
  • Hipervigilancia y estado de alerta desproporcionado.
  • Dificultad para concentrarse y mantener la atención, en gran medida debido a los pensamientos e imágenes intrusivas.
  • Amnesia o lagunas de memoria, de algunos de los aspectos más importantes del suceso traumático.

 

Lo que en principio es una respuesta de alerta normal tras haber corrido un peligro, puede mantenerse en el tiempo generando una ansiedad generalizada con sentimientos de indefensión y un bajo estado de ánimo.

Características

La ansiedad generalizada se caracteriza por la aparición y mantenimiento de pensamientos catastrofistas del tipo: “si cualquier cosa terrible puede pasar en cualquier momento y no depende de mi control, no puedo bajar la guardia”, de este modo la cotidianidad puede verse sensiblemente influida por esta premisa, afectando a nuestras relaciones sociales y familiares, debido a las conductas fóbicas y evitaciones con que se suele manifestar.

el tratamiento psicológico es imprescindible para destraumatizar y desaprender el miedo, evitando así que este malestar se cronifique.

La aparición de síntomas físicos de un trastorno de ansiedad, como taquicardia, sudoración, tensión muscular, sensación de ahogo o presión en el pecho, hiperventilación, etc, también suelen darse, manteniendo el temor y alerta constante.

 

El trastorno de estrés postraumático no aparece únicamente tras accidentes o sucesos violentos puntuales; una persona que ha vivido una situación de violencia y temor, de forma continuada, como ocurre en los casos de maltrato en el entorno familiar, laboral o escolar, puede desarrollar este trastorno de forma crónica. Aunque el objeto que provoca el miedo no esté presente, y la situación familiar haya cambiado, el temor continua en nuestras vidas y esa sensación de alerta y miedo sigue estando presente. La indefensión aprendida con el consecuente bajo estado de ánimo y la ansiedad generalizada, queda implantada en la cotidianidad de la persona, que en la mayoría de las ocasiones no entiende que le pasa, creyendo que su angustia y tendencia a la melancolía es parte de su personalidad.

 

Algunos síntomas físicos del estrés postrumático

Las somatizaciones en estos casos suelen ser evidentes, algunas de las expresiones físicas más comunes son:

  • Bruxismo (apretar las mandíbulas durante el sueño)
  • Contracturas casi permanentes debido a la tensión muscular.
  • Dolores de cabeza de origen tensional.
  • Problemas digestivos.
  • Trastornos del sueño: agitación, pesadillas, dificultad para conciliar o mantener el sueño…

 

Es fundamental identificar en niños que han vivido malos tratos en casa su evolución, con el objetivo de tratar cuanto antes “el miedo instalado” o aprendido en sus vidas. Representar el suceso o sucesos traumáticos en sus juegos, dibujar reiteradamente lo que les preocupa o angustia, muestras de ira y agresividad, llanto injustificado y pesadillas, son algunas de las expresiones de la ansiedad en la infancia.

En todos los casos descritos, el tratamiento psicológico es imprescindible para destraumatizar y desaprender el miedo, evitando así que este malestar se cronifique.

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Jactatio Capitis nocturna: ¿qué es y cuáles son sus síntomas?

Jactatio Capitis nocturna

La Jactatio Capitis es una parasomnia del sueño infantil caracterizada por el movimiento repetitivo de la cabeza o todo el cuerpo.

La intensidad del movimiento puede variar, pero en ocasiones es violento y puede generar una excesiva alarma.

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¿Qué es Jactatio Capitis?

Estos movimientos suelen desaparecer hacia los tres años de edad, por lo que no requieren intervención

Aunque no se trata de un trastorno grave del sueño, conviene proteger al niño ante posibles golpes de mayor intensidad, acolchando superficies duras de la cama y la pared. Aparece antes de conciliar el sueño o en las fases I y II del sueño NREM, en niños de 9 a 24 meses. Con la edad los síntomas de esta ritmia del sueño se va espaciando, haciéndose menos frecuente su aparición hasta remitir.

 

Aunque se desconocen sus causas, algunos autores sostienen que simulan los movimientos de mecimiento para conciliar el sueño. Otros autores lo relacionan con una forma de descargar tensión o una excesiva activación. Cuando se mantienen más allá de los cuatro años de edad es conveniente considerar causas emocionales o de origen familiar.

Disfemia infantil: ¿qué es este trastorno del habla y qué síntomas presenta?

disfemia infantil

La disfemia infantil un trastorno de la fluidez en el habla y en el ritmo.

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¿Qué es la disfemia infantil (tartamudez)?

Más conocido como tartamudez, se caracteriza por la repetición de sílabas y/o palabras, bloqueos o paros y en ocasiones dar rodeos para evitar la palabra que causa este problema. Muchas veces, este trastorno se acompaña de ansiedad, retraimiento, tensión física y emocional.

En la etapa infantil existen fases diferenciadas:

  • Disfemia inicial: de carácter primaria, fisiológica o del desarrollo. Aparece entre los tres y cinco años de edad, y es muy común durante esta etapa del desarrollo, al comienzo de la utilización del lenguaje.
  • Disfemia episódica: Se desarrolla a partir de los cinco años de edad, generalmente se produce ante situaciones de inseguridad y falta de madurez lingüística.
  • Disfemia, propiamente dicha, aparece a partir de los ocho años de edad. Desde este momento es cuando podemos hablar de un trastorno disfémico.

 

Durante la infancia pueden aparecer episodios de disfemia ante situaciones de estrés, como el nacimiento de un hermano, un cambio importante…etc, que después remiten.

Aunque ha demostrado que existe un mayor riego de padecer un trastorno disfémico si el niño tiene antecedentes en su entorno familiar, durante la etapa del desarrollo infantil, es muy habitual que los niños pasen en algún momento por una etapa disfémica que desaparece repentinamente.

 

Qué hacer, y tratamiento

La actitud que muestre familia frente a este trastorno de la fluidez del habla puede ayudar mucho. Procurar no corregir constantemente al niño, interrumpirle o terminar sus frases para evitar que se sienta evaluado, es importante.

    También es interesante buscar ratos de conversación con nuestro hijo y prestarle atención cuando quiera hablarnos de algo, leer juntos algún cuento o libro de su interés y cantar canciones es también un buen ejercicio para mejorar la fluidez.

Si el niño padece ansiedad porque siente miedo de cometer errores al hablar, es interesante trabajar con él este aspecto y ver si es conveniente pedir ayuda para valorar el problema.

 

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Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG): síntomas y terapia

Trastorno de Ansiedad Generalizada

El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) se caracteriza por una preocupación excesiva generalizada y persistente, además de percibirla (real o imaginariamente) como “incontrolable”, ante las situaciones más diversas. Esto suscita una respuesta de ansiedad continua con una marcada activación muscular (tensión), irritación, fatiga, alteraciones del sueño, sintomatología vegetativa diversa: disfunciones gastrointestinales, cefalalgias, lumbagos, etc.; inquietud con tics u onicofagia (morderse las uñas); tricotilomanía (tocarse o arrancarse el cabello), entre otros.

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¿Qué es el Trastorno de Ansiedad Generalizada?

Una preocupación excesiva o mantenida en el tiempo (seis meses o más) pueden señalar la presencia de este trastorno.

Los temores o miedos anticipatorios de consecuencias catastróficas están presentes en este trastorno (ansiedad anticipatoria). Los estímulos o situaciones que provocan esta ansiedad suelen ser asimismo de lo más variados. En este grupo de edad giran en torno al rendimiento escolar o deportivo, la probabilidad de que algo malo ocurra a los seres queridos, las relaciones sociales (sin ansiedad social diagnosticada), posibles problemas económicos, perfeccionismo, etc.

El objetivo de la terapia psicológica es ayudar a sentirse mejor a quien lo padece; entender y controlar puntos de vista que distorsionan la realidad y que agravan la sensación de estrés; evitar magnificar los problemas y aprender a relajarse, entre otros aspectos.

 

 

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¿Qué son los Trastornos Generalizados del Desarrollo?

Trastornos Generalizados del Desarrollo

Los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD) engloba y hace referencia a diferentes síndromes o trastornos evolutivos, que se evidencian normalmente antes de los tres años de edad, aunque en ocasiones los síntomas aparecen a partir de los tres años, después de un desarrollo normal en los primeros años del niño/a.

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¿Qué son los Trastornos Generalizados del Desarrollo?

Aunque se desconoce su causa exacta, la evidencia de numerosas investigaciones tiende a considerar en su aparición factores genéticos y ambientales (como infecciones víricas durante el embarazo o sufrimiento fetal durante el parto).

Es común en estos trastornos que aparezcan afectadas algunas de las áreas del desarrollo: comunicación, socio-afectividad, motricidad y cognitiva.

Estos trastornos son: El Síndrome autista, conocido también como autismo de Kanner; El Síndrome de Rett; Autismo atípico; El Trastorno desintegrativo de la infancia; Síndrome de Asperger; Trastorno generalizado del desarrollo sin especificar.

En los TGD aparecen como síntomas comunes alteraciones de la comunicación verbal y no verbal, alteraciones en las relaciones sociales y aparición de intereses específicos con conductas estereotipadas y repetitivas. Incluye todos los tipos de autismo, por lo que en la actualidad se está empezando a denominar Trastorno del Espectro Autista (TEA).

 

Síntomas frecuentes

El grado e intensidad de los síntomas es diferente en cada niño, pudiendo ser leves en algunos y muy severos en otros. Los síntomas que antes llaman la atención y generan la preocupación de los padres suelen ser que raramente interactúan con la mirada, no parecen demostrar apego o muestras de complicidad, mantienen una atención exagerada u obsesiva en conductas repetitivas, moviendo o haciendo girar objetos o paseando una vez tras otra por el mismo sitio, poco interés o ninguno en relacionarse con otros niños y no muestran emociones ni empatía.

Llama también la atención, la no aparición del lenguaje o su alteración en el volumen y entonación en su producción, junto a repeticiones o ecolalias. Suelen mostrar un bajo umbral a la frustración ante el cambio, con rabietas desproporcionadas si algo en su entorno se ve alterado, y movimientos de balanceo.

De obligada lectura para la comprensión de los Trastornos del Espectro Autista, son algunas de las obras, en colaboración, de Ángel Riviere , profesor y maestro: “La mirada mental” (1997). Ángel Rivière y M. Nuñez “El tratamiento del autismo” (1997). Ángel Rivière y Juan Martos “El niño pequeño autista” (2000). Ángel Rivière y Juan Martos

 

 

Acoso escolar o bullying: ¿qué es y qué hacer ante un caso así?

Acoso escolar o bullying

El acoso escolar o bullying (término en inglés) hace referencia al maltrato psicológico y/o físico que sufren algunos niños y adolescentes en la etapa escolar. Se suele dar en el centro educativo, donde los niños pasan la mayor parte del tiempo.

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¿Qué es el acoso escolar o bullying?

Cuando un niño es acosado, sufre un hostigamiento reiterado por parte del acosador, en forma de abuso, intimidación, amenazas, humillaciones y/o maltrato físico como vapuleo, golpes, patadas, tirones de pelo, empujones… La desproporción y asimetría de fuerzas respecto al acosador o grupo que acosa, dificulta la capacidad de reacción frente al maltrato.

Es fundamental detectar cuando un niño o adolescente está sufriendo acoso escolar o bullying, ya que las consecuencias sobre su autoestima, desarrollo afectivo y social son muy serias.

Esta situación sufrida día tras día y sin capacidad de defensa, genera obligatoriamente un estado de indefensión aprendida: estar sometido a una fuente de estrés o agresión impredecible y sobre la que nuestro comportamiento no tiene control -no depende de nada que haga o deje de hacer, la agresión o castigo se dará de un momento a otro-.

Este estado de alerta mantenido en el tiempo puede derivar en depresión, baja autoestima, ansiedad anticipatoria, ansiedad social, desconfianza, fobia al colegio y desmotivación en los estudios. En los casos más severos puede, como desgraciadamente ya sabemos, llevar al suicidio.

Pensemos además que el niño o adolescente está conformando su personalidad y que no ha tenido tiempo aún de definirse y reconocer muchas de sus emociones. Tampoco ha desarrollado todas las estrategias de afrontamiento o herramientas para afrontar el estrés, por lo que es muy importante detectar cualquier situación de acoso escolar o bullying, dada la baja posibilidad que el niño o adolescente tiene para defenderse y lo serio de su repercusión.

En el futuro, haber vivido un acoso durante mucho tiempo en la escuela puede afectar al mantenimiento y desarrollo de las relaciones sociales, la afectividad, la estabilidad emocional y desde luego en la valoración personal o autoestima.

 

Algunas señales de acoso escolar

  • Cambios de carácter, irritabilidad, llantos injustificados o repentinos, susceptibilidad, etc.
  • Cambios en los hábitos de alimentación: come menos o muy poco, come demasiado.
  • Problemas para conciliar el sueño, se despierta sobresaltado, pesadillas.
  • Desánimo, tristeza, evita relacionarse en casa y/o huye de las relaciones sociales.
  • Pone excusas para ir al colegio.
  • Presenta heridas, maratones o magulladuras.
  • Vuelve a casa con prendas de vestir rotas o a menudo le desaparecen objetos.

 

En muchas ocasiones estas conductas no se perciben porque la mayoría de los niños que sufren acoso tratan de ocultarlo por miedo a las represalias, a parecer “débiles” ante sus mayores o a ser culpados de la situación.

Una pobre comunicación en casa facilita la ocultación y el miedo a ser juzgado o “dar problemas”. Al acoso se añade entonces la soledad ante el problema.

 

Tipos de acoso escolar o bullying

1. Social

Prohibir jugar en grupo, hablar con otros o intentar aislar al niño en sus relaciones, impidiendo estar en un grupo para anular su red social de amigos.

La manipulación, el niño acosado puede ser manipulado por el agresor de tal manera que adquiere etiquetas para contribuir al rechazo por parte de otros compañeros.

2. Psicológico

Insultar, ridiculizar, faltar al respeto de manera reiterada.

Obligar al acosado desde la coacción a realizar acciones humillantes.

También intimidar para inducir al miedo a través de amenazas.

3. Físico

Todo tipo de violencia física como empujar, pellizcar, tirar del pelo, golpes, patadas, vapuleo…

¿Quién acosa en la escuela?

En la mayor parte de los casos los agresores se desenvuelven en entornos donde aprenden modelos de comunicación y comportamiento agresivos o de lucha de poder como forma de establecer el vínculo y la autoestima. La baja o nula comunicación en casa junto a la pasividad parental o la desestructuración familiar, bien pueden llevarle a suplir la necesidad de pertenencia al grupo buscando el apoyo y complicidad de los compañeros desde la fuerza, como forma de identificarse y sentirse integrado en un entorno social.

En otras ocasiones hay un exceso de sobreprotección o falta de límites que genera una baja tolerancia a la frustración.

No han desarrollado la capacidad de empatizar y suelen buscar el refuerzo a corto plazo e inmediato ante las necesidades. Se autoafirman generando miedo y buscan la complicidad del grupo para apoyar su autoestima. De este modo el acoso se suele dar con la complicidad del grupo y en muchas ocasiones la imitación, lo que acusa la asimetría de fuerzas con respecto al acosado.

Qué hacer si detectas que tu hijo está siendo acosado

  • Ponlo en seguida en conocimiento de los profesores, ellos pueden hacer mucho desarrollando actividades de equipo en el aula y en coordinación con la psicóloga o psicólogo del centro buscarán un plan de actuación.
  • Muestra todo tu apoyo a tu hijo, sin obligarle a hablar pero transmitiéndole que estás ahí para cualquier cosa que necesite o quiera contarte.
  • Refuerza sus logros y exprésale tu cariño verbal y físicamente.
  • Busca momentos de juego y ocio juntos, donde sienta que tiene toda tu atención.

 

Estos puntos son los mismos en caso de que detectes que tu hijo está agrediendo o está siendo cómplice de acoso en la escuela.

 

Prevenir el acoso escolar

Educar en valores sobre el respeto a los demás, a la diferencia, fomentando la empatía y el trabajo en equipo dentro del aula; comunicarse en casa y escuchar al niño y adolescente mostrándole respeto ante sus opiniones, ideas y necesidades o saber establecer límites y saber frustrar cuando es necesario, son claves que previenen de la agresividad en la escuela y ayudan a desarrollar un modo asertivo de relacionarse con el otro y su entorno.

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Síndrome de Münchhausen o Trastorno Ficticio: ¿qué es?

Síndrome de Münchhausen

Síndrome de Münchhausen o Trastorno Ficticio: ¿qué es?. Se trata de un trastorno psiquiátrico caracterizado por la simulación de una enfermedad física o psicológica, con la intención de atraer la atención de los médicos y de quienes le rodean. Toma su nombre del Barón de Münchhausen, un personaje excéntrico, famoso por contar historias fantásticas que nunca le habían sucedido.

Síndrome de Münchhausen o Trastorno Facticio: ¿qué es exactamente?

Se diferencia de la hipocondría y de los trastornos somáticos en que en estos no se fingen síntomas, si no que se da la creencia de que se padece una enfermedad a la que se teme y se acompaña de angustia y elevada preocupación. En el síndrome de Münchhausen, el enfermo detalla toda clase de síntomas, lo que dificulta el diagnóstico y lleva a que se le realicen innumerables pruebas médicas, que no hacen sino reforzar el trastorno.

Su necesidad de sentirse enfermo frente a los demás, como modo de autoafirmación desde un rol sufriente que atrae la atención sobre su persona. Le lleva en ocasiones a autoadministrarse medicamentos que le provoquen ciertos síntomas o a provocarse heridas y cortes. La mentira patológica, con rasgos de masoquismo narcisista, se encuentran presentes en este síndrome complejo y delicado, ya que el hecho de fingir no resta sufrimiento en quien la padece. Debe diferenciarse del “Síndrome de Münchhausen por poder”, del que hablaremos a continuación.

El Síndrome de Münchhausen por poder

Considerado como maltrato infantil, el síndrome de Münchhausen por poder se refiere a la llamada de atención que hace uno de los padres, habitualmente la madre, fingiendo la enfermedad de su hijo, ante la cual expresa y manifiesta una conducta abnegada y de total atención hacia su hijo. Esto lleva a multitud de pruebas médicas, muchas veces dolorosas y con efectos secundarios perjudiciales sobre el o la menor.

Dada la dificultad para diagnosticar este síndrome, muchas veces pasa desapercibido, por lo que el niño sufre este maltrato, en un “peregrinaje”de hospital en hospital sin que se lleguen a atender las causas reales.

 

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Agorafobia: miedo a espacios abiertos

Agorafobia miedo a espacios abiertos

La palabra Agorafobia (palabra compuesta del griego ἀγορά, asamblea, y Fobos, Φόϐος, «pánico») define el miedo a espacios abiertos, a salir de casa o de lugares reconocidos como seguros, sin estar acompañado/a. Se trata de un trastorno de ansiedad, generado normalmente por una experiencia negativa que hace que la persona evite una situación parecida o vivida anteriormente.

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La Agorafobia, un trastorno más común de lo esperable

Las personas que sienten agorafobia desencadenan respuestas fisiológicas propias de los ataques de ansiedad: taquicardia, falta de aire, sudores fríos, etc. La terapia psicológica es tratamiento muy eficaz ante las crisis de ansiedad.

La permanencia en espacios ámplios donde hay tumulto, o donde no se encuentra una salida fácil o a la vista, desencadena el miedo. De este modo, la persona con agorafobia comienza a dar las consecuentes respuestas de evitación, al medio que considera amenazante, agudizando los síntomas, por lo que es muy importante un tratamiento de exposición progresiva y desaprendizaje de la ansiedad.

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¿Qué es la hipocondria y cuáles son sus causas?

Qué es la Hipocondria

¿Qué es la hipocondria?. La hipocondria es una de las manifestaciones concretas de la obsesión. Describe el miedo desproporcionado a padecer una enfermedad. Este miedo viene generado por la interpretación subjetiva y catastrofista de síntomas físicos.

De este modo, una taquicardia o un dolor de estómago se llegan a interpretar como el inicio de un ataque cardiaco a la posibilidad de padecer un cáncer de estómago respectivamente.

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Breve historia de la hipocondría

En la Edad Media, se pensaba que el hipocondrio residía entre las costillas y el estómago, y era esta región la causante de este mal.

La persona hipocondríaca tiene pensamientos irracionales que le llevan a creer que puede tener una enfermedad y esto lo sufre a diario

Aunque la persona reconoce que su pensamiento es irracional, no puede evitar vivirlo como real, por lo que sufre de manera desproporcionada. La hipocondría se manifiesta con pensamientos obsesivos y recurrentes, que dan lugar a la comprobación continua, preguntando a familiares, mirando en libros e internet y acudiendo al médico y a urgencias.

Cuando el médico descarta cualquier dolencia física, la persona con hipocondría se siente incomprendida y mal diagnosticada, al sentir de modo tan real sus síntomas, por lo que con el tiempo puede alcanzar un estado de indefensión con la consecuente bajada de su estado de ánimo.

 

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