Psicología

egocentrismo

Egocentrismo

Egocentrismo. La psicología tiene la difícil tarea de explicar y describir el comportamiento. Para conseguirlo, muchas veces construye conceptos que se refieren a fenómenos psicológicos muy abstractos, es decir, que pueden manifestarse de múltiples maneras.

El egocentrismo es uno de esos conceptos que la psicología ha desarrollado para describir una gran variedad de comportamientos. En este caso, lo que caracteriza a este estilo comportamental es la tendencia a realizar acciones cuya finalidad última es obtener beneficios para uno mismo, sin tener en mucha consideración a los demás.

A lo largo de este artículo veremos qué es el egocentrismo, cómo se expresa en situaciones reales, y pondremos varios ejemplos.

¿Qué es el egocentrismo?

El egocentrismo es la tendencia a centrar la atención en los propios intereses y necesidades, sin prestar atención al punto de vista y a los intereses de los demás.

Así pues, las personas que presentan un alto nivel de egocentrismo no solo sitúan la satisfacción de sus propias necesidades y deseos en la diana de casi todas sus acciones; además, ni siquiera tienen en cuenta a los demás cuando beneficiarlas no les costaría nada. En definitiva, el egocentrismo no consiste tanto en aprovecharse de los demás por interés propio, sino es simplemente no tener en cuenta los intereses de los demás, excepto si esto ayuda a atender las propias necesidades. Es como si en la manera de pensar de los egocéntricos faltase la parte que nos permite conectar emocionalmente con los demás y gracias a lo cual no tenemos que poner esfuerzo en imaginar qué quieren y qué no quieren quienes nos rodean.

Curiosamente, esto no significa que las personas egocéntricas no puedan empatizar con nadie. Significa, más bien, que de manera espontánea no lo hacen, a no ser que las evidencias de que lo que han hecho ha dañado a los demás sean muy evidentes, o a no ser que se pongan a pensar deliberadamente en qué es lo que quieren los demás.

Por otro lado, es importante tener en cuenta que el egocentrismo es un fenómeno gradual. Es decir, que hay muy poca gente egocéntrica al 100%, sino que la mayoría de las personas tienen ciertas expresiones de egocentrismo en contextos determinados, y lo único que cambia es nuestra propensión a dejarlo plasmado en nuestras acciones de manera frecuente y muy clara. Por eso, el concepto de egocentrismo “puro” del que hablamos aquí, a la práctica, es muy poco común entre la población, y conforma más bien una referencia para aprender a detectar esta clase de patrones de comportamiento.

Un ejemplo de persona egocéntrica

Pensemos, por ejemplo, en una persona que está en un vagón de tren y necesita bajarse en una parada, pero le cuesta porque hay mucha gente amontonada frente a la puerta. Alguien que no sea significativamente egocéntrico probablemente comunicará de algún modo que le gustaría que le dejasen pasar, y que para ello necesita que se aparten. En cambio, alguien con tendencias hacia el egocentrismo se avalanzará sobre la puerta sin pensarlo demasiado, realizando movimientos para apartar a quien se ponga por delante, y solo al ver las reacciones de desagrado y de sorpresa de los demás se dará cuenta de que lo que ha hecho ha estado mal, y ha perjudicado a otros.

Características de las personas egocéntricas

Estos son algunos de los rasgos característicos de las personas con un alto nivel de egocentrismo.

1. Hablan casi siempre desde su punto de vista

Las personas egocéntricas experimentan algunos problemas a la hora de negociar o de captar el interés de los demás al hablar, porque raramente adoptan la perspectiva del resto de personas. Esto hace que el contenido de su discurso parezca, en ocasiones, banal, ya que no apela a los intereses reales del resto; siempre tiene al Yo como punto de referencia.

2. Les gusta más bien poco compartir

Para las personas con un marcado egocentrismo, compartir significa perder parte de lo que daban por hecho que tendrían. Por eso, no les gusta, y por defecto no plantearán la posibilidad de que ellas compartan algo con otros, a no ser que crean que esto les reportará beneficios claros en otro aspecto de la vida.

3. Manipulan a los demás con mayor frecuencia

Otra de las características asociadas al egocentrismo es la facilidad con la que se cae en situaciones de manipulación de los demás. A veces, incluso, creyendo que es por el propio bien de la víctima (al no pararse a pensar en los posibles motivos por los que a esa víctima realmente le podría perjudicar estar en esa situación).

5. No respetan el espacio o los momentos de los demás

Las personas egocéntricas interrumpen más e invaden más el espacio del resto de las personas, porque en muchas ocasiones ni siquiera se les pasa por la cabeza que eso exista y deba ser respetado. Esto hace que se expongan a la creación de conflictos, muchas veces sin darse cuenta.

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Referencias bibliográficas:

● Corr, P.J.; Matthews, G. (2009). The Cambridge handbook of personality psychology (1. publ. ed.). Cambridge: Cambridge University Press.
● Epley, N.; Morewedge, C.K.; Keysar, B. (2004). Perspective taking in children and adults: Equivalent egocentrism but differential correction. Journal of Experimental Social Psychology. 40 (6): pp. 760 – 768.
● Surtees, A.D.R. & Apperly, I.A. (2012). Egocentrism and automatic perspective taking in children and adults. Child Development. 83(2): pp. 452 – 460.
● Strack, S. (2005). Handbook of Personology and Psychopathology. Wiley.

La asertividad en el trabajo

La asertividad en el trabajo

Asertividad en el trabajo. Al pensar en cuáles son las aptitudes que necesitamos para desenvolvernos bien en un puesto de trabajo, probablemente lo primero que nos vendrá a la cabeza es aquello que solemos poner en un currículum. Formación profesional o carrera universitaria, idiomas si es el caso, cursillos para dominar herramientas y programas… todo ello, fácilmente demostrable mediante certificados y titulaciones.

Sin embargo, esto es verdad solamente hasta cierto punto. A la hora de la verdad, lo necesario para adaptarse a las empresas, o a cualquier espacio de trabajo en el que haya que coordinarse con otros miembros del equipo, depende en buena parte de nuestras soft skills: las habilidades que forman parte de nuestra personalidad y de nuestro estilo de comportamiento, y que normalmente no quedan plasmadas en documentos oficiales.

De entre estas “habilidades blandas”, una de las que influyen más tanto en nuestra manera de llegar a los objetivos de productividad como en nuestra capacidad para sentirnos cómodos en el contexto laboral, es la asertividad en el trabajo. Veamos en qué consiste y de qué manera la podemos entrenar y poner en práctica.

¿Qué es la asertividad en el trabajo?

Si el ser humano es como es, se debe en parte a las habilidades sociales, que son aquellas que tienen que ver con nuestra capacidad de participar en y promover la creación de un tejido social a nuestro alrededor. La mayoría de ellas se basan en una idea: encontrar un equilibrio entre lo que aportamos y lo que obtenemos de estas alianzas, amistades y vínculos de compromiso mutuo.

La asertividad es una de estas habilidades sociales que tienen que ver con nuestra manera de mantener un equilibrio entre nuestros intereses y los de los demás, algo que es muy relevante en contextos en los que es frecuente negociar, como por ejemplo el entorno laboral.

Así, las personas que son capaces de desplegar un buen nivel de asertividad en el trabajo hacen valer sus intereses, pero a la vez se cuidan de no alimentar el conflicto ni de buscarse enemigos de manera innecesaria. Es, por ello, una poderosa herramienta para hacer que los proyectos laborales salgan bien, y para ser capaces de beneficiarnos de los resultados de estos de una manera justa.

¿Cómo entrenarla?

Estos son algunos consejos para mejorar el uso de la asertividad en el trabajo.

1. Empieza hablando sobre los intereses compartidos

Las primeras ideas que surgen en una interacción social son las que importan más, porque establecen el marco para interpretar todo lo que se dirá después. Por eso, es muy importante no causar rechazo desde la primera frase que formulemos. Lo mejor es poner énfasis en algo que os una para, a partir de ahí, realizar una propuesta.

2. Opta por describir, no por acusar

Si hay algo en lo que no estás de acuerdo, desde el punto de vista del buen uso de la asertividad es no emitir opiniones que suene a acusación, o a valoración muy moralista. En vez de eso, describe tu estado de disconformidad haciendo que suene razonable y fácil de entender por todo el mundo, sin apuntar contra la otra persona sino hacia las implicaciones y consecuencias de lo que ha propuesto y que no te gusta.

3. Comprende los sacrificios que ha hecho cada persona para llegar ahí

A la hora de plantear propuestas que en un primer momento pueden causar rechazo, es importante tener en cuenta el grado de sacrificio y de trabajo que cada persona ha realizado para ocupar el puesto laboral que tiene. Esto ayudará a no herir sensibilidades y a saber en qué momentos hay que tener especial cuidado para comunicar nuestras ideas.

4. Ten en cuenta las relaciones jerárquicas

Las jerarquías son una realidad en la mayor parte de las organizaciones, y no es razonable hacer ver que no existen a la hora de comunicarnos. Por ejemplo, incluso para hacer bromas o hablar sobre temas con un tono desenfadado, es importante no olvidar la posición que mantiene cada uno dentro de la empresa para evitar malentendidos en los que, por ejemplo, un juego de palabras pueda ser interpretado como una burla o una amenaza. Tener en cuenta el contexto es importante, porque puede modificar el significado de las palabras.

5. Haz una lista mental de lo que quieres decir

Aquello que tengas que decir, organízalo en tu mente y redúcelo a ideas simples. De esta manera, podrás comunicarlo de manera improvisada y sin atenerte a guiones rígidos, los cuales te pueden hacer más difícil conectar emocionalmente con tus interlocutores. Cuando sea el momento apropiado de expresar una de estas ideas, hazlo adaptándote al estado presente de la conversación.

¿Te gustaría recibir entrenamiento en habilidades sociales?

Si más allá de seguir estos consejos te interesa entrenar tus habilidades sociales de la mano de expertos del comportamiento que te atiendan de manera individualizada, ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos. Podemos ayudarte a adaptarte a situaciones en las que dominar más o menos estas aptitudes marca la diferencia.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Fragale, A.R., Overbeck, J.R., Neale, M.A. (2011). Resources versus respect: Social judgments based on targets’ power and status positions. Journal of Experimental Social Psychology, 47(4), pp. 767 – 775.
Reid, M. y Hammersley, R. (2000). Communicating Successfully in Groups. Hove: Psychology Press.
Schloss, P.J.; Schloss, C.N.; Wood, C.E.; Kiehl, W.S. (1986). A Critical Review of Social Skills Research with Behaviorally Disordered Students. Behavioral Disorders. 12(1): 1 – 14.

como animar a alguien a ir al psicologo

Cómo animar a alguien a acudir a terapia

A pesar de que se sabe desde hace muchos años que la psicoterapia es eficaz para tratar muchos tipos de problemas psicológicos, aún hoy en día es frecuente encontrarse con personas que, necesitándolo, no quieren ir al psicólogo. Esto puede ser debido a varios factores y creencias, pero el resultado es el mismo: hay alguien sufriendo de una manera innecesaria, que no dispone de asistencia profesional y que puede llegar a empeorar su estado por no recurrir a un especialista con la formación adecuada. Por ello, a lo largo de este artículo veremos una serie de consejos para saber cómo animar a alguien a acudir a terapia psicológica, con varios ejemplos.

¿Cómo animar a una persona a acudir a terapia psicológica?

Una de las maneras más útiles de ayudar a un amigo o familiar que está sufriendo es informarle sobre por qué debería ir a terapia psicológica. Pero a veces, no es suficiente con limitarse a informar de manera genérica; hay que pararse a analizar qué creencias o sentimientos hacen que esa persona se resista a buscar ayuda profesional.

Estas son ideas clave que te pueden ayudar a convencer a alguien de que vaya a psicoterapia. No tienes por qué aplicarlas todas, sino solo aquellas que se adapten a la situación.

1. Explícale cuál es el objetivo de la psicoterapia

A veces, la reticencia a ir al psicólogo se origina simplemente porque se tiene creencias distorsionadas acerca de la naturaleza de este proceso terapéutico. Por eso, refutar ciertos mitos que existen acerca de lo que se hace en estas sesiones es muy eficaz para quitarle el miedo de acudir a psicoterapia a la persona que lo necesita.

Para hacerlo, hay que informarse acerca de los aspectos fundamentales del proceso de asistencia psicológica dada por los profesionales, y saber usar estos datos para rebatir creencias sin fundamento. Algunos de estos mitos que difunden ideas erróneas sobre la psicología son, por ejemplo:

  • La psicoterapia solo sirve para desahogarse, no para mejorar a medio plazo.
  • A terapia solo van las “personas locas”.
  • Los psicólogos tienen por sí mismos demasiados problemas psicológicos como para ayudar a nadie.
  • En terapia se realizan ejercicios de hipnosis que son peligrosos.

Así pues, al animar a alguien para que vaya a terapia, detecta indicios de que esa persona se aferra a creencias sin fundamento de este tipo, y aborda esos temas para cuestionarlos abiertamente y ayudar a que la persona termine desprendiéndose de ellas.

2. Háblale sobre la naturaleza cambiante del problema psicológico

Algunas personas no se animan a ir a psicoterapia porque asumen que tienen “un problema mental” que están condenadas a llevar de por vida, como si fuese cosa del destino. En estos casos, es muy útil hablarles acerca de lo que son los trastornos mentales: en la gran mayoría de los casos, no son únicamente expresiones de predisposiciones biológicas o genéticas, sino una combinación entre genética y el modo en el que hemos aprendido a relacionarnos con el entorno y con los demás.

De este modo, entenderá que desde la psicoterapia puede aprender a diferentes formas de interactuar con lo que le rodea, algo que tendrá un impacto positivo en su calidad de vida.

3. Ponle ejemplos de personas famosas que han ido a terapia

El hecho de hablar de celebridades que han acudido a psicoterapia y les ha servido es muy útil para animar a alguien a ir al psicólogo. Por un lado, muestra que estas sesiones no van asociadas a la marginación social. Por el otro, ofrecen la referencia de seres humanos claramente funcionales, echando por tierra el mito de que un problema psicológico deba “absorber” la vida de quien lo desarrolla.

4. Habla de la tarea de los psicólogos con problemas no patológicos

Otra forma de aliviar el posible temor a ir a psicoterapia es explicar que en psicología también se ayuda a personas que ni siquiera tienen trastornos diagnosticados. La terapia de pareja o la terapia a personas con baja autoestima son ejemplos de esto.

5. Proponte como acompañante para ir a terapia el primer día

Si esa persona siente algo de nervios ante la perspectiva de ir a psicoterapia por primera vez, propón que la acompañarás ese día. Es una manera de hacer que no sienta la necesidad de buscar excusas para no ir, a causa de la presión por enfrentarse a varias situaciones angustiantes a la vez. Se trata de poner muy fácil la primera toma de contacto con la asistencia psicológica por parte de profesionales.

6. Proponle la terapia online

Si ese amigo o familiar se resiste a todos tus intentos anteriores, también puedes proponerle la opción de recurrir a la terapia online. Es un formato de asistencia psicológica con videollamada que puede llegar a convencer más a quienes buscan discreción total, ya que no requiere ni salir de casa.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

● Caballo, V. (1991). Manual de técnicas de modificación y terapia de la conducta. Pirámide, Madrid.
● Robertson, Daniel (2010). The Philosophy of Cognitive–Behavioural Therapy: Stoicism as Rational and Cognitive Psychotherapy. Londres: Karnac.

amaxofobia

Amaxofobia: fobia a conducir

La amaxofobia es uno de los tipos de fobias más peligrosas. Se trata de un trastorno de ansiedad que nos afecta en una de las situaciones en las que hace falta concentrarse totalmente en la tarea a realizar: fobia a conducir.

En este artículo veremos en qué consiste la amaxofobia o fobia a conducir, cuáles son sus síntomas típicos, cuáles pueden ser sus causas, y el tratamiento que suele usarse en psicoterapia para ponerle remedio.

¿Qué es la amaxofobia?

Tal y como hemos visto, la amaxofobia es la fobia a conducir, lo cual significa que al intentar realizar esta actividad la persona con este trastorno sufre un pico de ansiedad intensa que le impide manejar el vehículo con normalidad.

En muchos casos, quien tiene amaxofobia se niega a conducir un coche incluso a pesar de tener la licencia para conducir (si desarrolló el trastorno después de haberse examinado para obtener el carnet), y en otros lo intenta, pero interrumpe rápidamente la conducción debido a lo mal que le hace sentir.

Además, también es relativamente frecuente que las personas con amaxofobia ni siquiera se atrevan a subir a un coche (debido a que ambas experiencias son similares, ya que transcurren en el mismo lugar), lo cual causa aún más problemas.

Efectos en la calidad de vida

Las implicaciones para la vida diaria que presenta la amaxofobia tienen que ver con el no ser capaz de conducir, algo que afecta negativamente a quienes viven en regiones rurales mal conectadas con las grandes ciudades o con el lugar de trabajo. Además, limita las opciones en la búsqueda de empleo, y si se extiende a la ansiedad por el simple hecho de entrar en un coche, también afecta a la vida social.

Síntomas

Los síntomas de la amaxofobia más habituales son los que aparecen clásicamente en todas las fobias específicas en general; solo cambia el tipo de estímulo que desencadena.

Entre los síntomas de tipo psicológico asociados a la amaxofobia están los pensamientos catastróficos (es decir, las previsiones pesimistas acerca de lo que ocurrirá si la persona empieza a conducir un vehículo), la entrada en un estado de alerta basado en dirigir la atención hacia el entorno, y las dificultades para concentrarse en una sola tarea, dado que cualquier estímulo puede llegar a reforzar el estado de alerta en el que se está. Además, la persona tiende a mostrarse más irritable, y reacciona de manera enérgica ante cualquier molestia.

En segundo lugar, los síntomas fisiológicos son los característicos de una subida en el nivel de ansiedad: aumento de la presión sanguínea, temblores, mareos, sudores fríos, aumento del ritmo cardíaco, etc.

Por lo que respecta a los síntomas comportamentales, los más típicos son la tendencia a evitar las situaciones en las que deba conducir un vehículo, y la huida en los casos en los que la persona ya esté dentro de una de esas situaciones.

Causas

Las causas de la amaxofobia no son enteramente conocidas, entre otras cosas porque los trastornos psicológicos en general son fenómenos muy complejos que emergen cuando se combinan entre sí una gran cantidad de eventos biológicos y ambientales.

Así, se sabe que hay ciertas personas con mayor predisposición genética a desarrollar problemas de ansiedad, pero el simple hecho de tener ciertas variantes de genes no conlleva desarrollar necesariamente estas alteraciones psicológicas. Del mismo modo, pasar por experiencias traumáticas o de violencia también hace más probable experimentar problemas de este tipo, pero hay también muchas personas que tras pasar por esas vivencias no llegan a tener problemas de ansiedad pasados unos meses.

En cualquier caso, conocer la causa exacta por la que aparece la amaxofobia en una persona en concreto no es necesario para poder ayudarla en terapia, tal y como veremos. Esto es así porque en el tratamiento psicológico no importa tanto el origen de un problema como aquello que lo mantiene vivo en el presente y lo refuerza día a día.

Tratamiento

El objetivo de la terapia psicológica aplicada a la psicoterapia es ayudar al paciente a que se acostumbre a la exposición a la situación que le produce ansiedad de una manera en la que eso no lleve a situaciones peligrosas. De esta forma, su cuerpo se acostumbra a asociar esa experiencia a un contexto en el que no tiene sentido entrar en estado ansioso, porque no hay un peligro real al que reaccionar rápidamente.

Este tipo de exposición controlada puede ser realizada fácilmente mediante entrenamiento con la imaginación, en la que se entrena al paciente para que sea capaz de imaginar vívidamente una escena en la que conduce un coche, o mediante la realidad virtual, en la que se utilizan recreaciones en tres dimensiones del interior de un coche y de lo que se ve por el parabrisas y las ventanillas.

En el transcurso de varias semanas, el paciente va asumiendo situaciones cada vez más difíciles a medida que progresa, hasta que llega un punto en el que la ansiedad deja de ser un problema a la hora de conducir.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Hamm, A. (2006). Spezifische Phobien. Göttingen: Hogrefe.
Lauer, G. (1992). The Treatment of Driving Phobia. International Journal of Psychology. 27(3): pp. 469 – 469.
Taylor, J.E., Deane F.P., Podd, J.V. (2000). Determining the focus of driving fears. Journal of Anxiety Disorders- 14(5): pp. 453 – 470.

abulia

Abulia

La depresión es uno de los conceptos de la psicología clínica y de la psiquiatría más conocidos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que este trastorno psicológico es un conjunto de problemas emocionales y comportamentales muy variados. En este articulo estudiaremos la abulia.

Y es que existen personas que desarrollan depresión de un modo, y otras que la desarrollan de otra manera muy distinta. De hecho ni siquiera hay dos tipos de depresión, sino una miríada de variedades que presentan diferentes combinaciones de síntomas, y que a veces incluso se solapan con las manifestaciones patológicas de otros trastornos psicológicos.

Así pues, la depresión se expresa mediante varios síntomas y alteraciones psicológicas complejas habituales en quienes presentan esta alteración. En este artículo nos centraremos en uno de los más significativos que, aunque suele darse con la depresión, también va de la mano de otros trastornos: la abulia.

Nuestra Terapia para la Depresión

¿Qué es la abulia?

La abulia es un fenómeno psicológico caracterizado por un estado persistente en el que prácticamente desaparece la capacidad de sentirse motivado o ilusionado por cualquier cosa, hasta el punto en el que se desatienden las rutinas del día a día necesarias para llevar una vida normal. Es, dicho de una manera resumida, una tendencia a la extrema falta de iniciativa, o a la apatía.

Así pues, en situaciones en las que la abulia se manifiesta acostumbra a darse también una tendencia al estilo de vida sedentario, falta de autocuidado (incluyendo higiene personal), y un empobrecimiento de la vida social.

Sin embargo, las circunstancias particulares de cada caso influyen en la manera de experimentar este fenómeno; por ejemplo, una persona que tenga un trabajo precario de cara al público puede encontrar la motivación para arreglarse lo suficiente para no ser despedido, y descuidarse durante el resto del tiempo. Como en prácticamente todas las alteraciones psicológicas de relevancia clínica, la abulia presenta diferentes grados de intensidad, y en las más severas la persona ni siquiera puede mantener una trayectoria laboral de manera consistente.

Por otro lado, la abulia es un síntoma que está asociado a los trastornos del estado del ánimo, si bien puede aparecer en otras alteraciones psicológicas descritas por la psiquiatría y la psicología clínica.

¿Es un síndrome o un síntoma?

Uno de los problemas a la hora de investigar la abulia es que no existe un consenso acerca de la naturaleza de esta alteración psicológica, ya que a veces es descrita como un síntoma (es decir, como una de las manifestaciones de un trastorno) y a veces es considerada una entidad clínica propia (es decir, un trastorno por sí mismo). Sin embargo, a la práctica esto es un problema sobre todo en el ámbito de la investigación, y no cambia mucho las cosas a la hora de abordar este problema en pacientes desde la psicoterapia.

Trastornos a los que va asociada

Tal y como hemos visto, la abulia está muy relacionada con la depresión. Sin embargo, también se solapa con otros problemas psiquiátricos y psicológicos de carácter clínico.

Por ejemplo, se da típicamente en las personas con demencia en general y específicamente con la enfermedad de Alzheimer, cuando estas ha llegado a un grado de desarrollo moderado o avanzado. También puede aparecer en personas con esquizofrenia, o en pacientes que han sufrido lesiones cerebrales en zonas subcorticales del encéfalo, entre otras enfermedades.

¿Cómo afecta a la vida diaria?

La abulia puede quedar manifiesta en muchos tipos de situaciones, pero algunas de las que se ven de una manera más habitual en los pacientes que acuden a terapia son las siguientes:

  • Ausencia de interés por mejorar su estado laboral.
  • Falta de autocuidado: problemas de higiene, poca atención al modo de vestir o peinarse, etc.
  • Desatención de los proyectos personales o de las aficiones.
  • Tendencia a no iniciar conversaciones y a hablar muy poco.
  • Práctica desaparición de las interacciones sociales fuera del hogar durante el tiempo libre.
  • Tendencia a moverse muy poco, o a hacerlo con mucha parsimonia.
  • Empobrecimiento de la alimentación.
  • Tendencia a no ayudar a los demás.

Causas

Las causas de la abulia son muy complejas, y a pesar de que aún no se conocen con detalle, los investigadores asumen que se debe a una combinación de alteraciones neurológicas en el encéfalo, por un lado, y al hecho de haber pasado por ciertas experiencias vitales, por el otro.

En lo que respecta al primer tipo de causas, las alteraciones cerebrales, se cree que la abulia puede estar relacionada con el circuito de neuronas que forma el sistema de recompensa del cerebro, que se distribuye por la vía mesocortical y mesolímbica.

Tratamiento

Los casos claros de abulia son tratados a partir de la terapia farmacológica combinada con la psicoterapia y, si es necesario, con los programas de rehabilitación.

En el caso del uso de psicofármacos, estos siempre tienen que ser consumidos con prescripción médica y siguiendo las indicaciones del profesional; suele tratarse de antidepresivos, utilizados habitualmente para favorecer la activación de los pacientes. Sin embargo, el uso de estos productos no “cura” de por sí a los pacientes, sino que en algunos casos ayudan a paliar la intensidad y frecuencia de los síntomas.

La psicoterapia, por otro lado, puede ayudar a las personas a adoptar hábitos de pensamiento y conducta más saludables, y que las predispongan a adoptar un estilo de vida con más movimiento, a partir del cual puedan volver a acostumbrarse a conectar emocionalmente con lo que ocurre a su alrededor.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Berrios G.E. and Gili M. (1995). Will and its disorders. A conceptual history. History of Psychiatry 6: 87 – 104.
Marit, R. S., & Wilkosz, P. A. (2005). Disorders of diminished motivation. [Article]. Journal of Head Trauma Rehabilitation, 20(4), 377 – 388.
Vijayaraghavan, L., Krishnamoorthy, E. S., Brown, R. G., & Trimble, M. R. (2002). Abulia: A Delphi survey of British neurologists and psychiatrists. Movement Disorders, 17(5), 1052 – 1057.

habilidades comunicativas fundamentales

7 habilidades comunicativas fundamentales

Más allá de la personalidad de cada persona, hay muchos otros elementos que pueden determinar si las conversaciones y las interacciones sociales transcurren sin problemas o no. Buena parte de esto tiene que ver con las habilidades comunicativas, un conjunto de aptitudes que hay que poner en práctica al relacionarnos con los demás para que los diálogos fluyan de la manera adecuada, sin dar pie a malentendidos ni generar resistencias innecesarias.

El hecho de desarrollar habilidades comunicativas puede tener un impacto en muchas áreas de la vida, y por eso en este artículo vamos a ver cuáles son las más importantes y de qué manera nos afectan incluso sin darnos cuenta de ello.

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Habilidades comunicativas a potenciar

Estas son las principales habilidades comunicativas a las que hay que hay que prestar atención para enriquecer las relaciones personales.

1. Asertividad

La asertividad es el núcleo de las habilidades comunicativas, y consiste en la capacidad de encontrar un equilibrio entre lo que se quiere decir y la consideración de los intereses y posibles vulnerabilidades del interlocutor. Es decir, que quien tiene un buen nivel de asertividad, es capaz de encontrar maneras respetuosas de decir algo que es relevante comunicar a pesar de que puede no ser agradable para el interlocutor, y de hacerlo de la manera menos dolorosa posible.

Por ejemplo, si alguien nos pide nuestra opinión acerca de cómo toca la guitarra y creemos que lo ha hecho mal, la asertividad consistirá en no ocultar este hecho, a la vez que se lo decimos poniendo cuidado en no ofender de manera gratuita.

2. Contacto visual

El contacto visual es básico, y es el primer paso a la hora de establecer una conversación cara a cara que transcurra de manera fluida. No mirarse a los ojos a pesar de poder hacerlo (porque se tiene acceso visual a la cara de la otra persona) no solo significa echar a perder la oportunidad de conectar con alguien; además, probablemente creará un ambiente enrarecido, en el que hay desconfianza y emergen las inseguridades, porque se nota que al menos una persona considera que se trata de un momento incómodo.

3. Adopción de la perspectiva del otro

Esta habilidad comunicativa tiene que ver con lo que conocemos como teoría de la mente, que es la capacidad de saber en todo momento qué saben otros sujetos que no es uno mismo. Se trata de una aptitud que aparece alrededor de los 4 años de edad, aunque en algunas personas nunca llega a desarrollarse del todo, tal y como ocurre típicamente con quienes presentan Trastornos del Espectro Autista.

Sin embargo, más allá del hecho de saber el conocimiento del que disponen los demás en cada momento (es decir, sin confundir esto con lo que sabe uno mismo), es muy importante ser capaz de tener en mente las motivaciones e intereses de los demás al tener una conversación. Un ejemplo claro de esto lo encontramos en lo que hacen los comerciales: no se limitan a arrojar sin más las ventajas de lo que venden, sino que adaptan su discurso a las prioridades y necesidades que han detectado en el potencial cliente.

4. Coherencia emoción-mensaje

Esta es una de las habilidades comunicativas fundamentales, ya que los errores en este aspecto pueden degradar rápidamente el transcurso de una conversación. Consiste en mantener una coherencia entre lo que se dice y el modo en el que transmitimos emociones tanto desde nuestros gestos como desde la modulación de la voz. Las incongruencias en este aspecto pueden aparecer, por ejemplo, si experimentamos muchos nervios, así que en estos casos es importante entrenar la gestión de la ansiedad.

5. Capacidad negociadora

Poner en práctica la capacidad negociadora no significa implicarse en una negociación formal, sino que ocurre cada vez que nos involucramos en un diálogo en el que hay al menos dos personas con intereses parcialmente enfrentados. Implica rechazar las formas hostiles de comunicar este choque de intereses, y apostar por mantener el foco en todo momento en lo que ambas partes tienen en común, para llegar a acuerdos haciendo que todos pierdan algo y ganen algo a la vez.

6. Escucha activa

La escucha activa es algo relativamente sencillo: tender, espontáneamente, a dar muestras de que estamos escuchando lo que la otra persona nos dice. Implica afirmar con la cabeza de vez en cuando, mostrar reacciones ante lo que la otra persona dice, hacer pequeños comentarios que expresen interés pero que no lleguen a interrumpir el transcurso del diálogo, etc.

7. Empatía

La empatía tiene que ver más con lo que se muestra y se hace que con lo que se dice. Consiste en la capacidad para hacer que la otra persona vea que lo que comunica es comprendido por nosotros a un nivel afectivo. Por ejemplo, una persona que domine este aspecto de la comunicación mostrará apoyo a otra si esta dice que ha suspendido un examen importante, incluso si para la primera los exámenes no importan demasiado.

Referencias bibliográficas:

Færch, C., & Kasper, G. (1983). Strategies in interlanguage communication. London: Longman.
Leung, C. (2005). Convivial communication: recontextualizing communicative competence. International Journal of Applied Linguistics. 15 (2): 119 – 144.
O’Donohue, William (2003). “Psychological skills training: Issues and controversies”. The Behavior Analyst Today. J.D. Cautilli. 4 (3): 331 – 335.

trastorno de conversión

¿Qué es el trastorno de conversión y cómo se trata?

Que existe una relación directa entre la mente y el cuerpo, es evidente. En el terreno de la psicología nuestra mente nos protege de aquello que nos perjudica a todos los niveles, y en este contexto es donde hay que entender los trastornos somatomorfos o aquellos en los que el cuerpo desarrolla una patología que no tiene una evidencia médica clara.

Existen varios tipos de trastornos donde el cuerpo somatiza, hoy nos centramos en el  Trastorno de conversión.

 

Qué es el trastorno de conversión

Las características que lo definen son la presencia de síntomas no intencionados que afectan a la función motora voluntaria o sensorial y que no se pueden explicar desde un punto de vista neurológico u orgánico. Síntomas tales como pérdida del equilibrio, alteraciones de la coordinación, parálisis, entumecimiento, visión doble, ceguera, afonía…etc.

Normalmente son episodios que duran poco tiempo y se asocian a un factor estresante intenso que actúa como desencadenante. Este episodio puede ser temporal o con recaídas.

Nuestra Terapia para los Traumas

Las personas afectadas no están inventando los síntomas, éstos son reales y debilitantes mientras dura el episodio. Se piensa que los síntomas físicos que se producen son un intento del organismo de resolver un conflicto psicológico, como puede ser una experiencia traumática o estresante.

 

Cómo se trata

La mayoría de las personas que acuden a un centro sanitario con algunos de estos síntomas, no encuentran evidencia diagnóstica tras realizarse pruebas. Cuando los síntomas no se justifican por la presencia de otro tipo de alteración o afección, es cuando hay que buscar otro tipo de causa.

El sistema nervioso es el centro de control que regula la mayoría de las de las actividades de nuestro organismo, desde el reflejo más simple hasta las acciones más complejas que realizamos (pensar, crear, etc.), nos protege de las agresiones externas, pero también de las internas y en este sentido, un factor estresante emocionalmente hablando, puede desencadenar una enfermedad física.

La terapia cognitivo-conductual, el entender cuál es el desencadenante de la enfermedad para que la persona sea consciente de lo que le sucede, y trabajar para eliminar la tensión o estrés, son las herramientas más eficaces para eliminar los problemas que conlleva este trastorno.

Trastorno Desintegrativo en la Infancia

Trastorno Desintegrativo en la Infancia

El desarrollo infantil es un proceso largo y complejo que estamos lejos de entender en su totalidad. Estudiemos el Trastorno Desintegrativo en la Infancia

Por supuesto, sabemos de una manera aproximada cómo se produce el crecimiento de los órganos y las diferentes partes del cuerpo en la mayoría de seres humanos, pero es bastante más complicado saber cómo se transforman los rasgos psicológicos y los procesos mentales durante la infancia. Y cuando lo que intentamos explicar es cómo surgen las alteraciones psicológicas que se dan en una minoría de la población, la cosa se complica (aunque esto no significa que no sea posible ofrecer ayuda terapéutica).

Es por eso, entre otras cosas, que el Trastorno Desintegrativo de la Infancia resulta tan difícil de comprender. En este artículo veremos en qué consiste esta alteración psicológica rara que actualmente está incluida en el concepto de Trastornos del Espectro Autista.

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¿Qué es el Trastorno Desintegrativo de la Infancia?

“Trastorno Desintegrativo de la Infancia”, es un término utilizado hasta hace muy poco para referirnos a una alteración psicológica que se da en niños y niñas alrededor de los 3 años de edad (aunque el momento de inicio varía), y en el que se aprecia un retraso del desarrollo de habilidades cognitivas y comunicativas, e incluso algunas veces una regresión de estas. Esta alteración psicológica también es llamada a veces Síndrome de Heller, o psicosis desintegrativa.

Así pues, se trata de un trastorno generalizado del desarrollo en el que hay una interrupción en el ritmo de evolución de las capacidades cognitivas y comportamentales; tras al menos 2 años de desarrollo normal, este experimenta un parón o incluso sufre una regresión, volviendo a etapas pasadas.

Se trata de una alteración psicológica rara, con una prevalencia mucho más baja que la de, por ejemplo, el Síndrome de Asperger. Concretamente, se estima que aparece en 1,7 personas de cada 100.000.

Por otro lado, actualmente el Trastorno Desintegrativo Infantil forma parte de los Trastornos del Espectro Autista, debido a sus semejanzas con el resto de trastornos psicológicos del desarrollo incluidos en esta categoría.

Síntomas

Los síntomas del Trastorno Desintegrativo de la Infancia se expresan en diferentes dominios del comportamiento: la capacidad psicomotriz, el uso del lenguaje, y la interacción social.

Tal y como hemos visto, los primeros síntomas de este trastorno aparecen alrededor de los 3 años después de un periodo de desarrollo normal acorde a la edad; sin embargo, en algunos casos estos pueden aparecer más tarde, incluso a los 9 o 10 años. La aparición de estas afectaciones suele ser ràpida, hasta el punto de que en ocasiones el niño o niña se da cuenta de que le ocurre algo extraño sin que los demás le digan nada. Además, estos cambios pueden darse en una sola “fase” o en varias fases sucesivas, que acostumbran a ocurrir una detrás de otra sin mucha demora entre ellas.

En cuanto a los síntomas concretos del Trastorno Desintegrativo Infantil, se considera que para que un caso pueda ser descrito con esta denominación deben cumplirse al menos dos de estos requisitos:

  •  Afectación significativa de las habilidades sociales
  •  Afectación de las habilidades psicomotoras.
  •  Fallos en el control del esfínter.
  •  Afectación de la capacidad para comprender el lenguaje oral y escrito.
  •  Afectación de la capacidad para emitir lenguaje.
  •  Afectación de la capacidad para involucrarse en el juego (incluyendo habilidades de pensamiento simbólico).

En general, las personas con Trastorno Desintegrativo Infantil terminan teniendo las funciones del lenguaje muy afectadas, y se considera que es una de las formas de Trastorno del Espectro Autista más incapacitantes, por lo que es muy importante contar con asistencia psicológica y médica.

Causas

Tal y como ocurre con los Trastornos del Espectro Autista, no se conocen las causas exactas del Trastorno Desintegrativo de la Infancia, aunque se cree que tiene un fuerte componente genético, y que su raíz es fundamentalmente neurológica, más que ligada a aprendizajes pasados o a experiencias traumáticas.

Tratamiento

Actualmente no existe una cura que permita revertir los síntomas del Trastorno Desintegrativo de la Infancia; lo que se hace con la ayuda profesional es dar apoyo a estos jóvenes y a sus familias desde el inicio de la detección de los síntomas, para mejorar todo lo posible sus condiciones de vida (si bien las personas con esta alteración probablemente necesitarán ayuda durante toda su vida).

En lo respectivo a la psicoterapia, se utiliza mucho terapia de conducta, mediante la cual se facilita el aprendizaje de claves de comportamiento útiles para que los pequeños ganen autonomía sin necesidad de comprender totalmente lo que se les dice, y se les incentiva para que regulen y limiten conductas que pueden dar problemas en ciertos contextos, como las estereotipias.

Por otro lado, desde los tratamientos psiquiátricos pueden recetarse ciertos psicofármacos para tratar síntomas; en la mayoría de los casos, se hace uso de los antipsicóticos. Sin embargo, debido al riesgo de efectos secundarios, solo se hace uso de estos recursos cuando es necesario, y siempre bajo supervisión médica.

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Referencias bibliográficas:

Fombone, E. (2002). Prevalence of childhood disintegrative disorder. Autism. 6(2): pp. 149 – 57.
Hendry, C.N. (2000). Childhood disintegrative disorder: should it be considered a distinct diagnosis?. Clin Psychol Rev. 20(1): pp. 77 – 90.
Mouridsen, S.E. (2003). Childhood disintegrative disorder. Brain Dev. 25(4): pp. 225 – 228.
Myers, S.M.; Johnson, C. P. (2007). Management of Children With Autism Spectrum Disorders. Pediatrics. 120(5): pp. 1162 – 1182.

como mejorar la relación entre hermanos

Mala relación entre hermanos: ¿cómo mejorarla?

Normalmente damos por supuesto que los miembros de la familia mantienen un fuerte vínculo de afecto que los une. En el caso de los hermanos, este lazo emocional suele ser descrito como una relación entre personas que se ayudan mutuamente y que se dan apoyo emocional, sobre todo cuando no hay mucha diferencia de edad entre ellas. Esto hace que incluso lleguemos a usar el concepto de “hermandad” para designar a las relaciones estrechas y basadas en la solidaridad y el respeto mutuo. Decir que “esa persona es como un hermano para mí” es una manera fácil y sencilla de expresar que existe una amistad profunda.

Sin embargo, más allá de la teoría, la práctica nos dice que la mala relación entre hermanos es una realidad relativamente frecuente. ¿Qué podemos hacer para mejorarla?

Cómo mejorar la mala relación entre hermanos

Veamos ahora una serie de consejos para mejorar la relación entre hermanos. En todos los casos hay que tener en cuenta que incluso si tenemos más de un hermano o hermana y nuestro trato es malo con más de uno, estos consejos deberían ser aplicados a cada caso de manera individual, poniendo el foco en una persona cada vez, dado que cada relación es diferente y tiene sus particularidades.

1. Detectar asimetrías en la relación

El primero paso para mejorar la relación es pararse a analizar de manera honesta si el trato distante u hostil que existe entre nosotros y un hermano o hermana es fruto del mal comportamiento del otro o si ambas partes tenemos culpas comparables (no necesariamente iguales, sino comparables).

Por ejemplo, si el principal problema es que nuestro hermano menor nos pegaba durante buena parte de nuestra infancia, eso nuestra estrategia irá encaminada a ayudar a esa persona a reconocer sus errores y a reparar el daño. Pero si nosotros infringimos tanto daño en un hermano o hermana como el que nos infringió él o ella, a la hora de mejorar la relación deberemos además saber disculparnos y reparar el daño.

2. Tener claro que un ataque no anula otro ataque en sentido contrario

Sería un error pensar que todo lo malo que un hermano le hace al otro queda contrarrestado por lo malo que el segundo ejerce sobre el primero. Si fuese así, la relación que hay tras el intercambio de ataques sería la misma que hay antes de que este se haya producido, y esto, claramente, no es así.

Por eso, para mejorar la mala relación entre hermanos hay que identificar claramente como excusas inaceptables todos los pensamientos que nos vengan a la mente y que sean del estilo de “yo le hice aquella jugarreta, pero él también me hizo aquella otra, así que no tengo nada por lo que pedir perdón”. Lo cual nos lleva al siguiente punto.

3. Reconocer los errores del pasado

La relación entre hermanos suele reposar sobre muchos eventos y anécdotas que se han ido sucediendo a lo largo de los años y en las que se han podido ir acumulando importantes fuentes de resquemor y frustración. Muchas veces, la simple incapacidad para mirar hacia atrás y reconocer esos problemas o esos comportamientos inadecuados por parte de uno mismo es lo que hace que surja ese trato distante u hostil.

Si mirar a la cara a un hermano nos evoca todos esos episodios de peleas, accidentes por imprudencias o momentos de hostilidad, es difícil que la relación sea fluida y satisfactoria.

Por eso, para mejorar la relación es necesario modificar el modo en el que interpretamos esos recuerdos sobre cosas que ocurrieron hace mucho tiempo, y esto solo se puede conseguir con la voluntad de admitir errores. Hacer ver que el vínculo entre hermanos ha nacido de la nada hace relativamente poco, haciendo borrón y cuenta nueva sin haber hecho nada malo en el pasado, solo agravará la situación.

4. Dar el primer paso al mostrar vulnerabilidad

La mala relación entre hermanos se debe en parte a la lucha de Egos, un afán competitivo por ofrecer la mejor imagen de autosuficiencia y de habilidad en ciertos dominios de la vida. Pues bien; para mejorar la mala relación entre hermanos, hay que dejar de lado esta mentalidad, y dar el primer paso a la hora de mostrar nuestra vulnerabilidad.

Incluso en el caso de que no tengamos grandes motivos para pedir perdón y realmente solo queramos facilitarle a la otra persona la tarea de disculparse, para ello primero hay que mostrar que eso es importante para uno mismo, algo que en cierto modo necesitamos, porque no nos gusta el tipo de trato que tenemos con nuestro hermano o hermana.

Hay que expresar que existe este lado vulnerable en nosotros, de manera honesta, para ponérselo más fácil a la otra persona a la hora de correspondernos.

5. Mostrar fe en la buena voluntad de la otra persona

Cualquier intento de reconciliación terminará mal si desde el principio se comunica que no se confía en la otra persona, o que se tiene un bajo concepto de ella. Son actitudes que invitan a zanjar el tema deprisa y corriendo, o directamente a rechazar esa interacción, ya que es más fácil no querer saber nada del otro que intentar arreglar las cosas con alguien que dice buscar hacer las paces y a la vez se comporta como si no lo quisiera.

Por eso, aunque como hemos visto no se puede hacer ver que no han existido problemas entre nosotros y nuestro hermano o hermana, hay que actuar como si supiéramos que en ese momento puede “nacer” en la otra persona una versión de sí misma capaz de reconocer sus errores, pedir perdón y reparar el daño, incluso antes de que eso haya pasado. En psicología, las expectativas muchas veces crean la realidad; debemos contagiarle al otro nuestras expectativas de que la relación mejore.

6. Asumir los propios errores y animar a reconocer los propios

Tal y como hemos visto, hay veces en las que, de manera objetiva, la mayor parte de la responsabilidad en el deterioro de la relación entre hermanos la tiene la otra persona. Sin embargo, incluso en esos casos, es bueno mostrarnos dispuestos a reconocer errores. Errores que no necesariamente han dañado a esa otra persona de manera específica, pero errores al fin y al cabo. De esta manera, sin necesidad de pedir perdón, al menos fomentamos un clima de honestidad y de cierta intimidad.

La lógica a seguir aquí es, una vez más, dar el primer paso a la hora de despojarse de esa máscara de perfección que muchas veces se intenta mostrar ante el hermano o hermana, para que la otra persona pueda hacer lo mismo sin grandes resistencias.

7. Reparar el daño

Una vez reconocidas las responsabilidades, es momento de darle cierre a este momento de reconciliación. Y esto se puede conseguir mediante la reparación del daño, cuyo valor es más simbólico que material. La idea es que quien ha obrado mal debe realizar un cierto sacrificio para mostrar de manera objetiva que asume las consecuencias de sus malas decisiones. Esto no solo sirve para beneficiar a la parte que resultó dañada; también ayuda a que quien causó el daño no se sienta mal, y que por consiguiente el trato no quede enrarecido.

Tal y como hemos visto, si tanto nosotros como ese hermano o hermana nos portamos mal, ambos tendremos que realizar ese ritual de reparación del daño. Si es la otra persona la que se ha comportado mal, hay que proponerle esa acción de manera honesta y directa, no como una orden sino como un deseo personal para que la relación mejore, y evidentemente proponiendo un sacrificio razonable en comparación a las culpas asumidas.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

● Olea, J.C. (2003). Psicología de la convivencia: aportaciones prácticas. Encuentros Multidisciplinares, pp. 1 – 7.
● Sternberg, R. (2004). A Triangular Theory of Love. In Reis, H. T.; Rusbult, C. E. Close Relationships. New York: Psychology Press.

beneficios tener mascota

Los 6 beneficios de tener una mascota en casa

Gran parte de nuestro bienestar psicológico depende del contexto cotidiano con el que nos relacionamos. Estudiemos los beneficios de tener una mascota.

Concretamente, nuestras relaciones sociales ayudan a dar forma lo que pensamos y lo que sentimos en cada momento, nos aportan motivaciones significativas, y también nos procuran momentos de ocio y diversión. Esto es muy relevante, sobre todo teniendo en cuenta que no todas las interacciones sociales tienen que ser con miembros de nuestra misma especie.

Es por ello que tener una mascota en casa puede llegar a transformar nuestras vidas en muchos sentidos. En este artículo veremos cuáles son los beneficios de tener una mascota en el hogar, de que qué manera influye en nuestro nivel de bienestar.

Los beneficios de tener una mascota

Está claro que las experiencias por las que pasamos al tener una mascota en casa depende del tipo de animal del que se trata, pero hay una serie de beneficios que se dan generalmente en quienes tratan de manera cotidiana con los animales de su hogar.

Estas son ventajas que no han pasado desapercibidas en el mundo de la psicología aplicada, hecho por el que hace tiempo que se realizan investigaciones sobre el potencial terapéutico de las actividades con animales.

A modo de resumen, a continuación veremos cuáles son los beneficios de tener mascotas en casa; motivos por los que compartir el día a día con animales amigables que se alegran casi cada vez que nos ven.

1. Ayudan a gestionar el estrés

El contacto con un animal preparado para ser una mascota ayuda a aliviar el estrés, ya que nos permite sincronizar nuestro estado de actividad con el de otro ser sintiente que nos invita a relajarnos y a pasar tiempo juntos, aunque sea a través de interacciones sencillas como caricias o un simple abrazo.

Por ello, las personas que sufran ansiedad pueden encontrar un apoyo emocional en las mascotas (si bien en los casos en los que el nivel de ansiedad acumulada es patológico no son “la cura” definitiva).

2. Aportan un sentido de propósito

Allí donde hay mascotas, hay unos ciertos cuidados que hay que realizar para que los animales vivan bien y se sientan felices a nuestro lado. Este conjunto de tareas y responsabilidades aportan una fuente de motivaciones significativas para muchas personas; el tiempo pasado en mejorar las condiciones de vida de las mascotas nunca es tiempo perdido.

Con el paso del tiempo, al ver cómo las mascotas crecen sanas y felices, eso es un reflejo del esfuerzo invertido en su cuidado, y eso también tiene un efecto positivo en la autoestima.

3. Permiten aprender de otras maneras de ver la realidad

Aunque no hablen, los animales no humanos tienen su propia forma de entender lo que pasa a su alrededor a partir de conceptos no verbalizables. Ser testigos de esto por medio de las mascotas nos permite flexibilizar nuestras ideas acerca de las diferentes maneras de pensar que pueden existir. Esto nos ayuda a cuestionar dogmas a través de la observación y de los juegos con perros, gatos, reptiles en su terrario, etc.

4. Tienen un efecto terapéutico

Los animales domesticados pueden llegar a ser la base de formas de terapia para ciertos trastornos neurológicos y psiquiátricos. Por ejemplo, la terapia asistida con animales se ha mostrado eficaz para ciertos tipos de Trastornos del Espectro Autista, para pacientes con algunas formas de lesión cerebral, el Trastorno de Estrés Postraumático y el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad, entre otros.

Más allá de las sesiones terapéuticas realizadas en contextos controlados por profesionales y con animales entrenados para participar en este tipo de terapia, se cree que tener mascotas en casa también puede ser un factor capaz de ayudar a estos pacientes (si se cuenta con ayuda para cuidar de los animales).

5. Reducen el sentimiento de soledad

Muchas personas viven en condiciones de soledad no buscada. En estos casos, el hecho de tener mascota puede llegar a aliviar mucho el malestar, al aportar relaciones afectivas sin varias de las desventajas que ofrecen las relaciones sociales con humanos. Eso sí, hay que tener en cuenta que el bienestar de las mascotas tiene valor en sí mismo, y no como un simple medio con el que llegar a una finalidad.

6. Nos animan a mantenernos activos

Tener mascota siempre va de la mano de moverse literalmente para cuidar de su salud y felicidad. Por eso, contribuye a evitar el sedentarismo extremo, especialmente en el caso de las especies que necesitan moverse cada día, como es el caso de los perros medianos y grandes, a los cuales hay que sacar a pasear habitualmente como parte de su rutina.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Bivens A, Leinart D, Klontz B, Klontz T (2007). “The Effectiveness of Equine-Assisted Experiential Therapy: Results of an Open Clinical Trial”. Society & Animals. 15 (3): 257 – 267.
Charry-Sánchez, J.D., Pradilla, I., Talero-Gutiérrez, C. (2018). Animal-assisted therapy in adults: A systematic review. Complementary Therapies in Clinical Practice. 32: 169 – 180.

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