Psicología

Terapia de Reescritura de Imágenes

Terapia de Reescritura de Imágenes

Terapia de Reescritura de Imágenes. Hay muchas propuestas de terapia para intervenir en los trastornos de estrés y traumas, ya que hace décadas que se investiga sobre esto, siendo que un alto número de personas sufren de estas alteraciones.

Entre las propuesta podemos encontrar la terapia de Reescritura de Imágenes (RI), que últimamente está ganando peso y se ha mostrado eficaz. En este artículo veremos cuáles son sus características.

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¿Qué es la terapia de Reescritura de Imágenes?

La terapia de Reescritura de Imágenes (“Imaginary Rescripting”) es un tratamiento eficaz para el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), aunque también funciona para otras psicopatologías vinculadas al trauma y a la ansiedad. Su finalidad es llegar a obtener un cambio a la hora de procesar los recuerdos traumáticos, haciendo que sean más fáciles de gestionar en lo que se refiere a su carga emocional.

La importancia de esta terapia tiene mucho que ver con el principal trastorno para el cual ha sido diseñada. El TEPT tiene una alta presencia en la población mundial. Un trastorno que se asocia a discapacidad laboral y social.

 

¿Qué trastornos trata?

La terapia de Reescritura de Imágenes es realmente eficaz para tratar el TEPT, ya que fue diseñada para ello, pero no es el único trastorno que se puede aplicar esta técnica. De manera independiente o dentro de un tratamiento, el RI puede usarse en la intervención terapéutica ante estas alteraciones:

  • Fobias específicas.
  • Trastornos depresivos.
  • Trastorno Obsesivos-Compulsivos (TOC).
  • Fobias sociales.
  • Riesgos de suicidios.

La imaginación como herramienta terapéutica

La terapia de Reescritura de Imágenes utiliza la imaginación como su herramienta primordial, elemento usado a lo largo de la historia en multitud de otras psicoterapias. La imaginación o imágenes mentales se definieron como las representaciones mentales acompañadas por experiencias sensoriales sin necesidad de un estímulo externo que provoque su recuerdo.

Con un ejemplo se comprenderá mejor. Recordar el estar en la playa, las sensaciones que nos vienen en esta situación, el tacto suave de la arena en los pies, el sonido de las olas al romper en la orilla, el olor del agua marina… pero en ningún momento de esta experiencia hemos percibido a través de los sentidos una playa real. Así funciona la imaginación.

Está probado que el uso de las imágenes mentales para generar cambios emocionales, cognitivos y conductuales, resulta eficaz, por lo que es una poderosa herramienta en el tratamiento de trastornos psicológicos.

¿Cómo funciona?

La terapia de Reescritura de Imágenes se puede también definir en su forma de actuación, y es una técnica terapéutica que trabaja con experiencias pasadas que generan problemas en la actualidad. En otras palabras, en el RI para el tratamiento de TEPT, el paciente debe revivir la situación que le genera el trauma a través de su imaginación, para ir modificando ese recuerdo y así reducir la ansiedad que le genera, mejorando su calidad de vida.

El principal factor a observar es cómo exponer al paciente al problema. Imaginarse en la situación es, en muchos sentidos, casi igual que exponerlo frente a ello de forma física, y permite resolver problemas que no se puede hacer de esta segunda manera, como por ejemplo en casos de abusos sexuales (no sería ético).

Procedimiento

Aunque el protocolo puede cambiar según lo que quiere tratarse, la base suele ser la misma. En un primer paso se realiza la exploración del evento traumático. En esta primera fase, el paciente debe revivir en su mente la situación problemática, con todo nivel de detalles, para luego abordarlo. Como se puede imaginar, es una etapa larga y complicada, ya que el paciente debe enfrentarse a sus miedos, y eso no es cómodo, por lo que se recomienda que previamente a esta, se haya afianzado una confianza entre el psicólogo y el paciente para ayudar a afrontar la situación.

Normalmente, en la exploración de trauma que se da en la terapia de Reescritura de Imágenes, el paciente debe cerrar los ojos, imaginarse que se encuentra en ese momento que le genera problemas, y comentar en voz alta lo que está viviendo en presente, con todo nivel de detalle, sobre todo sus sentimientos (ansiedad, miedo,…). Cualquier paso de esto se puede modificar según vea conveniente el psicólogo, para facilitar la exploración, como abrir los ojos para que no sea tan frustrante para el paciente.

 

Una vez conseguido esto, se pasa a la reescritura del recuerdo propiamente dicha, que consiste en añadir modificaciones en ese momento para conseguir que el trauma desaparezca. Estas variaciones son acordadas entre paciente y psicólogo, buscando la mejor manera de que los cambios favorezcan la calidad de vida del paciente. En otras palabras, ambos reescriben la historia para cambiar el final, asumiendo que el recuerdo traumático ya está de por sí bastante distorionado con respecto a lo que ocurrió realmente, debido al paso del tiempo y de su carga emocional. Si los niveles de ansiedad del paciente disminuyen tras la terapia, es que la RI ha tenido efecto positivo en el paciente.

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Referencias bibliográficas:

Arntz, A. (2012). Imagery rescripting as a therapeutic technique: Review of clinical trials, basic studies, and research agenda. Journal of Experimental Psychopathology, 3: pp. 189 – 208.
Smucker, M.R.; Dancu, C.V.; Foa, E.B. & Niederee, J.L. (1995). Imagery rescripting: A new treatment for survivors of childhood sexual abuse suffering from post-traumatic stress. Journal of Cognitive Psychotherapy: An International Quarterly, 9: pp. 3 – 17.

Síndrome de Peter Pan: qué es, y características

Síndrome de Peter Pan: qué es, y características

¿Has oído hablar del síndrome de Peter Pan? Es un término utilizado para referirse a algunas personas que parecen haberse quedado en la etapa de la niñez no intelectualmente, sino emocionalmente.

Veamos en qué consiste a lo largo de este artículo.

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¿En qué consiste madurar y transformarse en adultos?

Para comprender qué es exactamente el síndrome de Peter Pan hay que tener mínimamente claro en qué consiste la etapa de la infancia, y en qué consiste la adultez.

Y es que el concepto de madurez psicológica resulta muy complejo de definir, porque a fin de cuentas… ¿en qué consiste madurar?

Lo que consideramos perteneciente a la vida adulta varía dependiendo de la cultura en la que vivamos, pero en general hay una serie de características y patrones de comportamiento comunes que asociamos a las personas maduras: capacidad de hacerse cargo de las responsabilidades, posibilidad de aplazar determinadas sensaciones gratificantes para poder optar a metas más ambiciosas a largo plazo, habilidad a la hora de gestionar el tiempo y de aplicar esfuerzo de manera estable a lo largo del tiempo, etc.

Por otro lado, la infancia se caracteriza por los problemas a la hora de resistirse a la tentación de ceder a los impulsos del aquí y el ahora, la dificultad para organizar el tiempo de una manera estructurada y coherente (en cuanto a las tareas a realizar) y en general, el egocentrismo, en el sentido de que de manera espontánea se tiende a pasar por alto cómo pueden percibir las cosas los demás. Como veremos, parte de esto está presente en el síndrome de Peter Pan.

Esta referencia acerca de lo que significa pasar de la etapa infantil a la etapa adulta, la tensión entre entre los polos aparentemente opuestos del comportamiento de los niños y el de las personas maduras psicológicamente, nos muestra el proceso de desarrollo psicológico que tiene lugar en el primer cuarto de nuestras vidas.

En esta fase de desarrollo, nuestro sistema nervioso va desarrollando una mayor capacidad para pensar a través de conceptos abstractos, lo cual va de la mano de la capacidad de fijarse metas a largo plazo o basadas en valores, no en experiencias concretas, y esto a su vez permite crear vínculos estables con los demás.

Así, mientras que en la infancia lo que importa es el aquí y ahora y las experiencias concretas valoradas a través de la estimulación de nuestros sentidos, en la adultez nuestro mundo de motivaciones y metas en la vida se abre a todo aquello que tiene que ver con vivir en sociedad y disponer de un entorno material y social más o menos estable, en el que podamos llegar a acuerdos y cumplir compromisos, atender necesidades comunitarias y no solo las nuestras ,etc.

Todo esto ayuda a comprender qué es lo que se ha dado a conocer como síndrome de Peter Pan, que, ahora sí, pasaremos a examinar a continuación.

¿Qué es el síndrome de Peter Pan?

La obra teatral “Peter Pan, o el niño que no quería crecer”, del escritor escocés J. M. Barrie, ha dado lugar a una de las historias más populares hasta nuestros días, sobretodo a partir de la adaptación en forma de película que realizó la compañía Walt Disney en 1953. El nombre de la obra ya explica buena parte del argumento: Peter Pan es un niño que se resiste a convertirse en un adulto, y pretende quedarse viviendo en la infancia de manera indefinida.

El concepto de síndrome de Peter Pan fue creado por Dan Kiley en los años 80, y se inspira en esta famosa historia. Este investigador explica en qué consiste el fenómeno de los adultos que parecen sentir la necesidad de quedarse anclados en la manera de vivir y de pensar propia de la niñez en su libro The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown Up, publicado en el 1983 y que pronto se convirtió en un Best Seller a nivel mundial. De hecho, llegó a ser atribuido al caso de Michael Jackson, si bien esta clase de “diagnósticos” basados en rumores y la aparición en medios de celebridades carecen de cualquier validez.

A pesar de que el término “síndrome de Peter Pan” es muy conocido a nivel popular hoy en día, no es una categoría científica utilizada en Psicología, y tampoco aparece en los manuales diagnósticos en los que nos basamos los psicoterapeutas y los psiquiatras. Por ello, debe ser entendido como una fórmula del lenguaje hecha para simplificar una serie de problemas que de vez en cuando surgen en adolescentes y personas adultas: el deseo de seguir viviendo la vida a través de la perspectiva de un niño o niña, sin acceder a los roles propios de la edad adulta.

 

¿Qué hacer en estos casos?

Tal y como hemos visto, el síndrome de Peter Pan no es en sí un trastorno psicológico ni, en general, un fenómeno estudiado por las ciencias de la salud como la Psicología Clínica o la Psiquiatría. Sin embargo, es cierto que muchas personas adultas o a punto de convertirse en adultas pueden sufrir mucho al notar que se espera de ellas otro tipo de comportamientos más maduros a los que estuvieron reproduciendo durante la niñez.

Aspectos como la necesidad de hacer frente a los problemas sin depender de los demás, gestionar su propio tiempo y hacerse cargo de responsabilidades para con la familia o el resto de la sociedad pueden chocar con formas de vivir demasiado cortoplacistas o basadas en el egocentrismo.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que esto no es en sí un tipo de problema que se de siempre de la misma forma en todas las personas, sino que cada individuo vive necesidades y formas de malestar diferentes y únicas, por lo que en realidad no existe un solo síndrome de Peter Pan, sino muchos aspectos personales y contextuales que, en cada caso específico, dan pie a problemas irrepetibles, propios de la persona que los sufre.

Por ello, la psicoterapia se centra en analizar cada caso particular y ofrecer programas de intervención psicológica hechos a medida, sin basarse en generalidades. Si te interesa contar con ayuda profesional en este aspecto, ponte en contacto con nosotros.

 

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Referencias bibliográficas:

Corliss, R. (2009). Michael Jackson: The Death of Peter Pan. Time.
Kiley, D. (1983) The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown Up. Nueva York: Dodd Mead.

Síndrome de Burnout

Síndrome de Burnout

Síndrome de Burnout. El síndrome de desgaste profesional, también conocido como síndrome de Burnout, es un conjunto de alteraciones psicológicas que surgen como consecuencia de una dinámica de trabajo dañina, ya sea por el exceso de tareas o por la existencia de un entorno en el que no es posible trabajar de manera eficiente y apenas hay momentos de descanso o agradables en este.

En este artículo veremos cuáles son las características de este fenómeno, cómo se relaciona con el estrés y la fatiga, y qué se puede hacer en estos casos.

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¿Qué es el síndrome de Burnout?

Lo que entendemos por síndrome de Burnout es un conjunto de síntomas vinculados al desgaste físico y psicológico y que se da no solo en el contexto del trabajo, sino también en el resto de las áreas de la vida de la persona. Como veremos, tiene mucho que ver con el estrés laboral, y en algunos de sus síntomas se asemeja a la depresión o a la distimia.

A pesar de que este es un concepto importante en el ámbito de la Psicología Clínica y de la Psicología de las Organizaciones y del Trabajo, hay que tener en cuenta que no se trata de un concepto que aparezca en los manuales diagnósticos más utilizados en salud mental.

Síntomas

Estos son los principales síntomas vinculados al síndrome de Burnout

Ansiedad

El estrés se va acumulando volviendo a la persona más propensa a los problemas de ansiedad y angustia, producidos sobre todo por la disonancia entre lo que se percibe que se debe hacer y lo que se percibe que se está haciendo. Aparece la sensación de que “no se llega” a cumplir con los requerimientos del día a día en el trabajo y, por extensión, de la vida en general.

 

Malestar y problemas psicosomáticos

El estado mental de la persona se plasma en un desgaste de la condición física en general: la salud se vuelve más quebradiza a causa del debilitamiento del sistema inmunológico, aparecen dolores y una sensación de malestar en general, y a menudo, insomnio.

 

Agotamiento emocional

La falta de referencias acerca de cómo se puede progresar en lo que se hace, por un lado, y la falta de fuentes de motivación realmente satisfactorias, por el otro, combinadas con el estrés y el fluir constante de responsabilidades a atener, produce un cansancio emocional que recuerda a los síntomas de la depresión. La persona se involucra poco en el trabajo, lo mínimo para “cumplir” con la tarea o incluso ni eso, y predomina la actitud pasiva y apática.

Tendencia al aislamiento y/o a los patrones comunicativos deficientes

La persona con síndrome de Burnout se encierra en sí misma, no siente interés por relacionarse activamente con los demás allí donde puede elegir no hacerlo. Y cuando sí interactúa con otras personas, se vuelve más proclive a la frustración, la irritabilidad y las discusiones.

Disminución del rendimiento laboral

Una de las consecuencias del síndrome de Burnout es la disminución del rendimiento a la hora de trabajar.

Causas

Las principales causas del síndrome de Burnout tienen que ver con la precariedad laboral. El perfil de quienes suelen desarrollar esta clase de problemas son individuos en una situación económica delicada que se ven sometidas a más de 8 horas diarias de trabajo, y/o hace mucho que trabajan realizando las mismas actividades, con poca o ninguna variación.

Por otro lado, también está asociado a las situaciones conflictivas o incluso de mobbing en el trabajo: el mal trato de superiores o compañeros de oficina, la incapacidad para elevar quejas o peticiones a instancias superiores, etc. En definitiva, a lugares en los que predomina un mal clima laboral.

 

Si bien el síndrome de Burnout no tiene una sola causa, sino una multiplicidad de factores causales que se combinan e interactúan entre sí, existe consenso acerca de la idea de que esta alteración psicológica aparece como resultado del mantenimiento de un estado de estrés constante o muy frecuente, el cansancio y los problemas de salud que se derivan de este, y la falta de sentido del progreso en un trabajo (es decir, contextos en los que la persona nota que se ha quedado estancada en su trayectoria laboral.

Tratamiento

El síndrome de Burnout puede ser tratado mediante la psicoterapia, por un lado, y la implantación de nuevas políticas de trabajo allí donde tiene lugar el desempeño laboral, por el otro. Desde el punto de vista de la terapia psicológica, es posible buscar estrategias para gestionar mejor el tiempo, regular mejor los estados de ansiedad y de estrés, y potenciar las habilidades comunicativas y de auto-motivación. Sin embargo, también es importante que esta clase de progresos en el comportamiento de la persona se correspondan con un cambio en el contexto laboral.

¿Buscas apoyo psicoterapéutico?

Si crees que has desarrollado síndrome de Burnout y por consiguiente buscas ayuda psicológica por parte de profesionales, ponte en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos disponemos de un amplio equipo de psicoterapeutas especializados en diferentes áreas del bienestar emocional y de la salud mental en general, y podremos aportarte las soluciones personalizadas que necesitas. Ofrecemos psicoterapia tanto de forma presencial en nuestro centro de Madrid como a través de la terapia online por videollamada.

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Referencias bibliográficas:

Farber, B.A. (2000). Tailoring Treatment Strategies for Different Types of Burnout. Journal of Clinical Psychology. 56 (5): pp. 675 – 689.
Freudenberger, H.J. (1974). Staff burnout. Journal of Social Issues. 30: 159–165.
Maslach, C.; Jackson, S.E; Leiter, M.P. (1996). MBI: The Maslach Burnout Inventory:
Maslach, C.; Schaufeli, W.B. y Leiter, M.P. (2001) Job Burnout. Annual Review of Psychology, 52: pp. 397 – 422.
Manual. Palo Alto: Consulting Psychologists Press.

Qué hacer cuando hay una crisis de pareja

Qué hacer cuando hay una crisis de pareja

Las crisis de pareja son una realidad tan frecuente que no pueden ser consideradas una excepción. Esto es debido a algo que puede resumirse en lo siguiente: del mismo modo en el que las relaciones amorosas influyen en muchos de los ámbitos de la vida de quien está involucrado en una de ellas, hay muchos ámbitos de la propia vida que pueden influir en esa relación.

Ahora bien, que exista una gran variedad de elementos capaces de desestabilizar el vínculo de pareja no significa que no podamos hacer nada para superar esta clase de problemas. Por eso, en este artículo vamos a ver consejos para saber qué hacer cuando hay una crisis de pareja, con varios ejemplos.

¿Qué hacer ante las crisis de pareja?

Veamos algunas ideas clave a seguir ante diferentes problemas de pareja capaces de llevar la relación hacia una crisis.

1. No hacer ver que los problemas no están ahí

Por pura inercia, muchas parejas optan por hacer ver que las crisis en su relación no están ahí, que si hacen ver que no existen, estas se disiparán bajo la influencia de la sugestión.

Sin embargo, esto es un error. Detrás de las crisis de pareja hay fenómenos objetivos que están más allá de la subjetividad de cada uno, y que mientras no sean cambiados, seguirán haciendo emerger problemas en la relación. Por ejemplo, ante un conflicto causado por un desacuerdo sobre si tener hijos o no, es imposible pretender “olvidar” este hecho, porque afecta a los planes de futuro, al tipo de carreras profesionales por los que cada persona quiere optar, etc.

2. Ante los desajustes de convivencia, buscar la simetría

Muchas crisis de pareja llegan a causa de una manera de convivir desestructurada, en la que una persona hace la mayor parte del trabajo.

En los casos en los que ambas personas trabajen o al menos busquen tener un trabajo, es muy importante que el reparto de responsabilidades domésticas sea simétrico, dado que de no ser así, más allá de que la situación sea justa o injusta, esto será una fuente de resentimiento y de discusiones que se irán acumulando.

3. No hacer pasar la venganza por solución

Vengarse de algo que la otra persona nos hizo raramente funciona a la hora de intentar ponerle fin a una crisis de pareja; si acaso, da más motivos para mantener vivo el conflicto.

Incluso en las ocasiones en las que una de las personas involucradas tiene que poner más de su parte para sanear el estado de ese vínculo amoroso, esto no debe ser visto como una venganza sino en todo caso como un acto de reparación y de renovación del compromiso por participar en un proyecto juntos. Hay que ir más allá de la lógica del castigo.

 

4. Potenciar los hábitos que refuercen la inteligencia emocional

La inteligencia emocional es el conjunto de aptitudes y habilidades relacionadas con reconocer las propias emociones y gestionarlas del modo adecuado, así como detectar y comprender correctamente las emociones de los demás. Sus implicaciones en las relaciones de pareja son claras: ayudan a ajustar nuestro comportamiento ante las necesidades y el estado mental de la otra persona, y a orientar nuestras acciones hacia la resolución de metas en común a medio y largo plazo.

Por ejemplo, las personas con una buena inteligencia emocional tienden a no “desahogarse” enzarzándose en discusiones y peleas inútiles, sino que afrontan las diferencias de opiniones e incluso las críticas de los demás de una manera constructiva.

Algunos hábitos útiles tienen que ver con saber cuándo no es buen momento para discutir (por ejemplo, si se está muy cansado o frustrado), detectar intereses en común, dejar pasar ataques de los demás al considerar que son fruto de su malestar y no de su manera de pensar, etc.

 

5. Criticar apelando a las acciones, no a la persona

Para afrontar de manera constructiva los problemas en una relación, hay que evitar “etiquetar” al otro. No es bueno abusar de nombres y adjetivos; es mucho mejor que la queja sea algo más elaborada, para que no apele a esencias (algo que en teoría no puede ser cambiado) y sí a verbos, a acciones. En vez de llamarle “vago”, por ejemplo, lo adecuado es criticar la falta de tiempo de calidad juntos.

6. Llevar un diario de problemas

Muchas veces es positivo crear una rutina en la que ambas personas tengan la oportunidad de expresar sus quejas en igualdad de condiciones, y llevar un diario en el que ir anotando problemas en la relación ayuda ello. Por ejemplo, se puede hacer que cada día, cada persona pueda anotar hasta tres aspectos de la relación que le hicieron sentir mal en ese momento, escribiéndolo siempre de una manera constructiva y proponiendo soluciones concretas.

7. Comprometerse con un proceso de terapia de pareja

La terapia de pareja es un contexto en el que se puede buscar una solución eficaz y adaptada a una crisis de este tipo. No hay que tomárselo como un ring de boxeo en el que ganar discusiones y mostrar a otra persona quién tiene la razón, sino un lugar en el que expresarse, buscar puntos de encuentro y desarrollar nuevas habilidades comunicativas y de regulación emocional.

 

¿Buscas apoyo profesional ante los problemas de pareja?

Si te interesa acudir a terapia de pareja para explorar soluciones y reforzar la relación amorosa, ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos. En Avance Psicólogos llevamos más de 20 años ofreciendo apoyo profesional a quienes experimentan problemas emocionales y/o relacionales, y puedes contar con nosotros tanto de manera presencial en nuestro centro de Madrid, como de manera online.

Nuestra Terapia de Pareja

Referencias bibliográficas:

Atkinson, B.J. (2005). Emotional intelligence in couples therapy: Advances from neurobiology and the science of intimate relationships. W W Norton & Co.
Campuzo Montoya, M. (2002). Pareja humana: Su psicología, sus conflictos, su tratamiento. México: AMPAG.
Dattilio, F.M. & Padesky, C.A. (2004). Terapia Cognitiva con parejas. Bilbao: Editorial Desclée De Brouwer.
Harvey, J. H., Ormarzu, J. (1997). “Minding the close relationship”. Personality and Social Psychology Review. 1: pp. 223 – 239.
Tennov, Dorothy (1979). Love and Limerence: the Experience of Being in Love. Nueva York: Stein and Day.

Miedo a las ratas y roedores

Miedo a las ratas y roedores

Las ratas, los ratones y los roedores de apariencia similar en general son animales que, por razones culturales, tienen mala fama y muchas veces producen reacciones adversas en las personas que se los encuentran.

Pero más allá de esto, a veces este temor a los roedores afines a la rata y el ratón llega a constituir un problema, especialmente en quienes viven en entornos rurales en los que estos mamíferos abundan.

En este artículo profundizaremos en el tema del miedo a las ratas y los roedores en general y veremos qué pueden hacer los profesionales de la psicología para ponerle solución.

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¿Qué entendemos por miedo a las ratas y a los roedores?

El miedo es una de las emociones básicas de los seres humanos, y por ello está presente en todas las culturas y sociedades. Esto es así porque nos resulta útil para sobrevivir: a veces, ser precavidos y evitar determinadas experiencias o situaciones puede llegar a salvarnos la vida, y ante esto, el miedo es parte de las predisposiciones psicológicas que nos llevan a “apartarnos” rápidamente de una potencial fuente de peligro.

Normalmente se trata de un estado psicológico que surge a partir de la experiencia y el aprendizaje, si bien se cree que los humanos tenemos predisposición a desarrollar temor ante determinados elementos de lo que nos rodea; por ejemplo, somos muy sensibles emocionalmente a la presencia de serpientes o de objetos similares a estos animales, o que se mueven de un modo parecido, y esto parece ser innato.

Sin embargo, la mayoría de variedades del miedo pueden ser superadas si se pasa por determinados procesos de entrenamiento y del mismo modo, es posible desarrollar una amplia variedad de miedos.

Un ejemplo de esto es el miedo a las ratas, los ratones y a roedores parecidos a estos dos. Son animales rápidos abundantes y con una gran capacidad para colarse en el hábitat de los seres humanos e incluso de causar daños en este; por ello, son muchas las personas que terminan asociando una gran carga emocional a estos pequeños animales y que se los encuentran a menudo. Esto puede precipitar el hecho de ir desarrollando miedo a estos, a pesar de que la mayoría de las ocasiones no supongan un peligro significativo para la integridad física de uno mismo (especialmente en el caso de los ratones).

 

La musofobia y la murofobia

A veces, la predisposición a sufrir miedo ante las ratas, los ratones y el resto de animales similares a esto encaja en la categoría de fobia.

Una fobia es un tipo de trastorno de ansiedad en la que la persona sufre subidas repentinas de su nivel de estrés ante un estímulo o situación específica, que por un motivo u otro desencadena determinado patrón de activación de la memoria emocional.

Así, existen personas con fobia a las ratas o a los roedores similares en general, otras con fobia a las arañas, otras con fobia a volar en un avión, etc. Hay una gran variedad de trastornos psicológicos de este tipo, prácticamente tantas versiones como conceptos a través de los cuales somos capaces de pensar.

En el caso de que el miedo a las ratas y roedores en general llegue a ser patológico, encaja en las categorías de murofobia y musofobia, fobia a las ratas y fobia a los ratones, respectivamente. En todo caso, los animales que en estos casos desencadenan reacciones de ansiedad en las personas con este tipo de fobias no tienen por qué ser únicamente miembros de estos taxones de la biología: a fin de cuentas, no percibimos la realidad a través de categorías científicas, sino a través de los sentidos, así que alguien que haya desarrollado un trastorno de este tipo probablemente sufrirá sus síntomas también con otras especies morfológicamente similares a las ratas y los ratones, aunque no estén estrechamente emparentadas con estas: musarañas, posums, lirones, antequinos, etc.
Y hablando de los síntomas de la fobia a las ratas o a los roedores… ¿cuáles son? Se trata de los mismos síntomas que aparecen en las fobias en general, y los más importantes son los siguientes: temblores, sudoración excesiva, mareos, irritabilidad, náuseas, dolor de cabeza, aceleración del pulso, y más.

¿Hay tratamiento?

Tanto las fobias como las formas de miedo subclínicas (es decir, aquellas que no producen problemas de tanta intensidad que puedan ser considerados parte de una psicopatología) pueden ser abordadas y tratadas desde la psicoterapia de manera eficaz.

Los profesionales de la psicología estamos formados para ayudar a las personas con formas de malestar de tipo emocional en las que entran en juego la angustia y la ansiedad, el sesgo pesimista o los pensamientos catastróficos acerca de lo que ocurrirá, la experimentación de rumiación psicológica, y más.

Algunas de las técnicas usadas son los ejercicios de relajación, la desensibilización sistemática y la reestructuración cognitiva, formas de intervención en pacientes orientadas a modificar tanto su manera de pensar en estos animales como su manera de experimentar su presencia.

Si te interesa contar con el apoyo de psicoterapeutas expertos en este tema, ponte en contacto con nosotros: en Avance Psicólogos atendemos de manera presencial en nuestro centro ubicado en Madrid y, a la vez, mediante sesiones de terapia online por videollamada.

Nuestra Terapia para las Fobias

Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5ª edición), Arlington: American Psychiatric Publishing.
Bolton, D.; Eley, T.C.; O’Connor, T.G.; Perrin, S.; Rabe-Hesketh, S.; Rijsdijk, F.; Smith, P. (2006). Prevalence and genetic and environmental influences on anxiety disorders in 6-year-old twins. Psychological Medicine. 36(3): pp. 335 – 344.
Edmund J.B. (2005). The Anxiety & Phobia Workbook. New Harbinger Publications.
Myers, K. M. & Davis, M. (2007). Mechanisms of fear extinction. Molecular Psychiatry. 12(2): pp. 120 – 150.
Whalen, P.J.; Elizabeth A. Phelps, eds. (2009). The Human Amygdala. New York: The Guilford Press.

Miedo a la oscuridad en niños

Miedo a la oscuridad en niños

El miedo a la oscuridad es un fenómeno relativamente común entre niños y niñas, incluso cuando ya se aproximan a la adolescencia. En ocasiones, su grado de temor a la falta de luz puede hacer que sientan malestar con frecuencia, pero afortunadamente los casos en los que esto daña de forma significativa su calidad de vida son mucho menos frecuentes.

En cualquier caso, no tenemos por qué asumir que los pequeños no tienen más remedio que soportar sin más ese malestar; existen medidas que podemos adoptar para ayudarles a superar el miedo a la oscuridad.

El miedo a la oscuridad en los niños y niñas: un problema frecuente

El miedo a la oscuridad puede darse en prácticamente cualquier edad, pero es en la infancia donde se hace ver más, dado que por un lado los pequeños tienen una mayor propensión a buscar la compañía, seguridad y ayuda de los mayores, y por el otro expresan de una manera más directa sus emociones.

Ahora bien, evidentemente no hay una causa racional que lleve a los más jóvenes a temerle a la oscuridad: son perfectamente capaces de adoptar las mismas estrategias que los adultos para moverse por sitios en los que hay poca luz, si es que el temor no supone un obstáculo en ese proceso de aprendizaje. Así pues, ¿a qué se debe esta mayor propensión a intentar evitar la oscuridad en muchos de ellos?

 

Posibles causas de este temor

Estos son motivos por los que puede surgir el miedo a la oscuridad en niños.

1. Pensamiento mágico

Todos los niños y niñas en general son propensos al pensamiento mágico, en el que propiedades psicológicas e intencionales propias de los seres humanos son atribuidas a objetos, entornos y animales. Se trata de una consecuencia de no conocer bien los límites de lo que puede ser considerado “mental”, es decir, aquello que puede albergar una mente.

Esto hace que puedan tenerle miedo a muchos elementos que les rodean, al ser posible, para ellos, que determinados elementos que les rodean estén “embrujados” y les puedan atacar.

Aunque se trate de un estilo de pensamiento irracional desde la perspectiva adulta, es totalmente normal cuando se da en niños y niñas siempre que no dañe significativamente su calidad de vida o los exponga a situaciones peligrosas.

2. Experiencias desagradables o traumáticas

El hecho de haber experimentado vivencias desagradables relacionadas con la oscuridad puede hacer que, por un proceso de condicionamiento, el niño o niña no quiera volver a pasar por eso. Por ejemplo, puede ocurrir al haber chocado con una esquina haciéndose mucho daño.

3. Escotofobia

En casos extremos de miedo a la oscuridad, puede considerarse que el niño o niña ha desarrollado escotofobia, un tipo de trastorno de ansiedad independiente de la edad. Se trata de un tipo de fobia en el que el simple hecho de exponernos a entornos oscuro hace que se desencadene una rápida subida del nivel de ansiedad, que puede llegar a ser considerada una crisis debido a que la persona pierde el control de la situación.

La diferencia entre la escotofobia y el miedo a la oscuridad “convencional” es que con el primero se dan síntomas de tipo claramente ansioso y que surgen en cuestión de pocos segundos, haciendo que la persona sienta la necesidad irrefrenable de salir del lugar oscuro.

4. Sentimientos de falta de capacidad para moverse sin chocar

Siendo que los pequeños necesitan una mayor protección y además saben que necesitan esa protección, resulta más fácil que busquen la compañía de los adultos para moverse por lugares con poca luz, al confiar en la experiencia de estos.

5. Cultura de la sobreprotección

Por otro lado, muchos padres y madres intentan por todos los medios que sus hijos no tengan que afrontar ninguna situación incómoda o desagradable, lo cual no facilita que los pequeños alcancen metas de madurez emocional como el hecho de dejar de temerle a la oscuridad.

¿Qué hacer?

Estos son algunos consejos acerca de qué hacer ante el miedo a la oscuridad en niños y niñas.

1. Evita ridiculizar sus miedos

Para ti pueden parecer miedos injustificados, pero para superar ese problema, hay que partir de la aceptación. Hacer ver que si se critica o se opta por las burlas el problema desaparecerá resulta poco ajustado a la realidad.

2. Ayúdale a ir afrontando sus miedos

La única manera de superar el miedo a la oscuridad es afrontar esa clase de situaciones e ir habituándose a ellas, sin ceder a las ganas de huir. Puedes empezar ayudándole a permanecer unos minutos en una zona algo demasiado oscura para sus estándares, para luego ir elevando el nivel de dificultad.

3. Anímale a que lleve un diario con sus progresos

Si puede ir anotando sus pequeñas victorias ante el miedo a la oscuridad, la experiencia será más satisfactoria.

4. En Caso de necesidad, opta por los servicios de psicoterapia

Los psicólogos tenemos mucha experiencia tratando esos problemas de ansiedad.

 

¿Te interesa contar con apoyo en psicoterapia infantil?

Si estás buscando servicios de terapia infanto-juvenil relacionada con el tratamiento de los miedos irracionales o de otros problemas, ponte en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos llevamos muchos años atendiendo a pacientes de todas las edades, y contamos con profesionales específicamente formados para dar apoyo terapéutico a niños y niñas.

Nuestra Terapia Infantil

Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (1994). Diagnostic and statistical manual of mental disorders, 4ª edición. Washington: APA.
Marks, I.M. (1987). Fears, phobias and rituals. New York: Oxford University Press.

Fobia a volar

Fobia a volar

La fobia a volar o aerofobia, es un trastorno de ansiedad relativamente común en el subgrupo de las fobias, y que afortunadamente cuenta con tratamiento psicológico.

A lo largo de este artículo veremos cuáles son las características de la fobia a volar y qué se puede hacer para superarla a lo largo de un proceso de psicoterapia.

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¿Qué es la fobia a volar?

Tal y como su nombre indica, la fobia a volar es el trastorno de tipo fóbico en el que la experiencia de volar y todo lo relacionado con esta produce una reacción de fuerte malestar, relacionado con la ansiedad y el miedo.

Dentro de las fobias, esta forma parte de las fobias específicas, es decir, aquellas cuyas crisis se desencadenan ante elementos concretos que tienen lugar en el tiempo y el espacio: en este caso, entrar en un avión, tener que viajar en él, etc.

Síntomas

Los síntomas de la fobia a volar aparecen cuando la persona se encuenta en situaciones reales o imaginarias en las que los conceptos asociados a volar centran su atención. Por ejemplo al estar dentro de un avión, al imaginarse dentro de uno, etc. En este sentido hay una gran variabilidad, y el grado de intensidad de estos síntomas y la clase de estímulos que los desencadenan dependen de las características y predisposiciones de cada individuo que presenta este trastorno.

Por otro lado, los síntomas de la aerofobia no difieren demasiado de los que aparecen en otros tipos de fobias, tan solo cambia el estímulo fóbico. Son los siguientes.

  • Pensamientos catastróficos.
  • Náuseas.
  • Aumento de la frecuencia cardíaca.
  • Mareos.
  • Sudoración abundante.
  • Tensión muscular, a veces temblores.
  • Problemas para respirar bien.
  • Necesidad de huir o dejar de exponerse al estímulo ansiógeno.
  • Irritabilidad.

Causas de la aerofobia

Las fobias nunca tienen una sola causa, aunque sí es cierto que en muchas ocasiones existen eventos que predisponen a las personas a desarrollarlas. Se trata de vivencias que dejan una fuerte impresión debido a su carga emocional y que en su momento produjeron angustia o directamente miedo, con lo que la ansiedad anticipatoria hace que empiece a elaborarse el patrón de comportamiento que deriva en la aparición del trastorno fóbico.

Por otro lado, es cierto que no en todos los casos se da un evento específico cuyo recuerdo desencadene la aparición de una fobia. A veces se da de manera espontánea, sin una causa determinada más allá de una combinación muy compleja de aprendizajes involuntarios y predisposiciones genéticas.

De todas formas, para tratar este tipo de trastornos no es necesario saber siempre la causa exacta que le dio origen: es suficiente con conocer el estado presente de la alteración.

Tratamiento

El tratamiento de la fobia a volar es el mismo que se suele aplicar con todos los tipos de fobias, adaptándolo a la naturaleza del estímulo fóbico. Se usan técnicas de tipo conductual y también técnicas de tipo cognitivo (es decir, que ponen la diana en la modificación de creencias y de maneras de pensar).

Estas son las principales formas de intervención psicológica más usadas a la hora de tratar la aerofobia.

 

Desensibilización sistemática

La desensibilización sistemática consiste en ayudar al paciente a afrontar aquello que le genera ansiedad, haciendo que se habitúa a esa clase de experiencias en un contexto controlado y bajo el asesoramiento y la supervisión del profesional. Se empieza por situaciones relativamente fáciles de “aguantar” durante varios minutos, y progresivamente se va aumentando la dificultad (por ejemplo en un inicio imaginando que se está en un avión y cerrando los ojos, y luego usando fotografías o vídeos del interior de un avión).

A la vez, se fomenta que el paciente lleve a cabo conductas que inducen a un estado de relajación, para que el estímulo fóbico vaya quedando asociado al estado de calma y tranquilidad.

Exposición controlada

La exposición controlada es muy similar a la desensibilización sistemática, aunque en este caso el tratamiento no se apoya en el uso de recursos de relajación: la persona afronta experiencias que hacen que la fobia se manifieste, dejando que pase el tiempo y sin retirarse ni huir, ajustando esto a l nivel de dificultad adecuado y siguiendo instrucciones del psicólogo.

 

Reestructuración cognitiva

La reestructuración cognitiva se basa en ayudar al paciente a detectar creencias que mantienen vivo el trastorno psicológico, para poner en duda esas ideas e ir desprendiéndose de ellas a medida que se ve que no se ajustan a la realidad y llevan a ver las cosas de una maner sesgada. Se basa en el diálogo socrático, en el que los psicoterapeutas van planteando preguntas que hacen que los pacientes se replanteen las cosas.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013), Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed.), Arlington: American Psychiatric Publishing.
Cavallo, V. (1998). International Handbook of Cognitive and Behavioural Treatments for Psychological Disorders. Pergamon. pp. 5 – 6.
Dubord, G. (2011). Part 12. Systematic desensitization. Canadian Family Physician, 57(11): 1299.
Edmund J.B. (2005). The Anxiety & Phobia Workbook, 4ª ed. New Harbinger Publications.
McGlynn, F.;Smitherman, T.; Gothard, K. (2004). Comment on the Status of Systematic Desensitization. Behavior Modification, 28(2), pp: 194 – 205.

Fobia a los perros

Fobia a los perros

La fobia es un trastorno mucho más común de lo pensado, y puede adoptar diferentes formas; al fin y al cabo es un miedo irracional hacia una experiencia o concepto concreto, con toda la variedad que ello implica. Si esto lo sumamos el hecho de que a veces puede llevar a producir malestar de manera muy frecuente, la calidad de vida de quien la sufre se ve muy mermada.

Un claro ejemplo de esto es la fobia a los perros o cinofobia, ya que esta es la mascota más común que tenemos los seres humanos. Y es que los canes son grandes compañeros; quien haya tenido uno sabe de lo que hablamos, del amor incondicional que ofrecen y la buena compañía que hacen, por lo que fácilmente se convierten en uno de la familia. Sin embargo, para quien desarrolla fobia a los perros, estos animales pueden llegar a ser una verdadera pesadilla.

En este artículo veremos qué es la cinofobia y cuáles son sus características principales.

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¿Qué es la fobia a los perros?

La fobia a los perros es un trastorno de ansiedad perteneciente a categoría de las fobias específicas. Estas son alteraciones psicológicas en las que un entorno, ser vivo u objeto concreto desencadenan reacciones de mucha ansiedad, las cuales aparecen en cuestión de segundos y producen el impulso de dejar de exponerse a esos elementos cuanto antes, hasta el punto de prácticamente perder el control de los propios actos.

Así, la fobia a los perros es un miedo irracional hacia los canes, y en los casos más severos puede llegar a causar bastante ansiedad con solo el hecho de pensar que podemos encontrarnos con uno, es decir, no se necesita ni ver al animal para sufrir esta clase de experiencias de pánico.

A pesar de la popularidad de los perros, este miedo irracional es más común de lo que se puede pensar en un primer momento, por lo que su tratamiento en personas diagnosticadas mejorará su calidad de vida con la superación de este trastorno, porque es fácil encontrarse con alguna de estas mascotas al salir de casa.

Síntomas

La cinofobia comparte una sintomatología similar con el resto de fobias, siendo tanto cambios físicos, cognitivos y conductuales, principalmente:

  • Temor intenso.
  • Ansiedad.
  • Pánico.
  • Sensación de impotencia.
  • Conducta evasiva o de huida.
  • Sudoración excesiva.
  • Palpitaciones cardíacas.
  • Opresión del pecho.
  • Dificultad al respirar.

Causas de esta fobia

El origen de la fobia a los perros es muchas veces el sufrir un evento traumático que implique la presencia de un perro. Por condicionamiento clásico, un mecanismo de la mente que asocia elementos con respuesta involuntaria, se extiende el temor que provocó esa situación a toda especie de perro que exista.

Sin embargo, en muchas ocasiones las personas desarrollan cinofobia sin haber llegado a pasar una experiencia muy dolorosa (física o emocionalmente) con perros.

Por ejemplo, también es posible interiorizar este miedo a partir de la inculcación de ideas y recomendaciones de evitar peligros, como cuando un padre o madre repite que los perros son malos.

En cualquier caso, también puede ser que la fobia a los perros aparezcan sin poder identificar experiencias específicas en las que los perros empezaron a producir temor. No hay que olvidar que los trastornos psicológicos no acostumbran a tener una sola causa, sino que son el producto de una combinación de factores contextuales y de predisposiciones biológicas del sistema nervioso de la persona.

 

Tratamiento de la cinofobia

La fobia a los perros, como cualquier otro tipo de fobia, responde muy bien a la terapia cognitivo-conductual, un método que influye tanto en la manera en la que pensamos como en el modo en el que interactuamos con el entorno.

El método usado tiene como objetivo instaurar nuevos pensamientos y conductas hacia lo que causa la ansiedad, en este caso los perros, por lo que se trabaja no solo en las creencias del paciente, sino también en sus patrones de interacción con estos animales.

Una técnica muy utilizada consiste en exponerse gradualmente a esa fuente de malestar, para que se vayan implementando experiencias más neutrales al principio, y positivas después, en sustitución de las experiencias negativas que se retroalimentan a causa de la ansiedad producida por la exposición a estos animales.

La duración del tratamiento se tiene que prever que será de semanas o meses, ya que superar cualquier tipo de fobia es posible, pero requiere de tiempo, paciencia y compromiso con la terapia. Y es que los miedo irracionales son complicados de gestionar por uno mismo, ya que incluso con el propio hecho de pensar en una situación que involucre su miedo, provoca mucha ansiedad al quien la sufre.

Lo primero de todo es conocer la gravedad de la cinofobia. Si se trata de una fobia a los perros grave, en los primeros contactos con la fuente de ansiedad se realizarán con fotografías o directamente con la imaginación, en vez de exponerlo directamente a un ejemplar vivo o un entorno de realidad virtual. Eso sí, lo más importante en cualquier caso es que se vaya poco a poco.

Durante todo este proceso, el psicólogo se ha mantenido con el paciente, favoreciendo la aparición de pensamientos neutrales o positivos y aconsejando estrategias de gestión de la ansiedad.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013), Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5ª edición), Arlington: American Psychiatric Publishing.
Hamm, A.O. (2009). Specific phobias. The Psychiatric Clinics of North America. 32(3): pp. 577 – 591.
Myers; Davis, K. M. (2007). “Mechanisms of fear extinction”. Molecular Psychiatry. 12 (2): pp. 120 – 150.

Cómo actuar ante una persona fría y distante

Cómo actuar ante una persona fría y distante

Cómo actuar ante una persona fría y distante. En las relaciones sociales y la interacción con los demás, encontrarse con rasgos de personalidad relativamente extremos puede resultar una experiencia confusa, en la que aparecen muchas situaciones en las que no sabemos cómo reaccionar.

Y es que más allá de la ilusión de que todo el mundo espera lo mismo de las relaciones personales, está la realidad de que existe una amplia diversidad de predisposiciones psicológicas, y algunas actitudes con las que muchas personas se aproximan a la vida social pueden llegar a desconcertar.

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¿Qué entendemos por la personalidad fría y distante?

El concepto en sí de “persona distante” o “fría” no conforma una categoría con la que se trabaje en psicología, sino que se utiliza en el lenguaje popular para referirnos a una serie de características que sí son estudiadas por la ciencia del comportamiento.

Eso implica, entre otras cosas, que no existe una sola manera homogénea de comportarse que pueda englobarse dentro de ese término. A veces, el hecho de que alguien se comporte de una manera distante puede suponer un problema o un obstáculo para llegar a establecer una buena dinámica de comunicación o cooperación, y a veces no supone ningún problema.

Así, las personas que tienden a comportarse de una manera distante no tienen por qué hacerlo debido a una actitud hostil, dado que hay otros posibles factores en juego; por ejemplo, la desconfianza no puede ser considerada una forma de oposición, y este elemento está muchas veces detrás de este tipo de conducta.

Del mismo modo, lo que puede ser interpretado como comportamiento distante puede ser en realidad falta de interés por las interacciones sociales, o bien por el hecho de que el simple hecho de comunicarse sin objetivos claros resulta menos estimulante que otras tareas, como por ejemplo la introspección.

Esto es lo que ocurre muchas veces con quienes presentan una clara tendencia a la introversión, es decir, la preferencia por las experiencias que tienen que ver con la reflexión, la imaginación o el aprendizaje de tipo intelectual, más que en las interacciones con el exterior participando activamente en lo que ocurre el entorno.

 

¿Cómo actuar ante una persona distante?

Estos son algunos consejos para saber cómo actuar a la hora de relacionarse con personas frías y distantes.

1. No asumas que tiene un problema contigo

Las personas que se comportan de manera distante no tienen por qué hacerlo reaccionando a nuestra presencia. Es probable que en algunos casos asuman como normal cualquier interacción social que se realiza en esos términos, incluso aunque la otra persona les caiga bien.

Un ejemplo claro de esto lo encontramos en las diferencias culturales relacionadas con la proxemia, es decir, el espacio personal que se considera que hay que mantener alrededor de cada uno. En los países de Latinoamérica o del Mediterráneo, esta distancia es significativamente menor que en Escandinavia, por ejemplo, y ocurre lo mismo con la propensión a tocar a los demás.

2. Considera la influencia del contexto

El contexto es siempre un elemento relevante desde el punto de vista de la psicología. Las mismas dos personas pueden mostrarse más cercanas o más distantes no solo dependiendo del lugar en el que se encuentren, sino también dependiendo de las expectativas puestas en determinada interacción social. Por ejemplo, no es lo mismo encontrarse en una fiesta que encontrarse en una tienda, siendo uno trabajador y el otro cliente.

Para algunas personas, es muy importante no mostrar un grado de cercanía o familiaridad debido a lo que se espera de ellas en el lugar en el que se produce la interacción, quizás por miedo a cruzar ciertas líneas rojas en cuanto a las normas (escritas o no escritas) del lugar.

3. Encuentra su propia manera de crear camaradería

Por muy distante que se muestre una persona, eso no significa que no existan maneras de estrechar vínculos. Esto se realiza no tanto a partir de interacciones físicas y de proximidad, sino más bien a partir de la palabra; pero no a partir de conversaciones que parezcan interrogatorios.

Dado que probablemente la otra persona no estará predispuesta a hablar mucho en un principio, no es útil bombardear a preguntas; es preferible introducir un tema de conversación y explicar el propio punto de vista acerca de algo, dejando que la otra persona realice intervenciones a su propio ritmo.

4. Toma sus intervenciones como un nuevo punto de partida para crear conversación

Dado que las personas que se muestran frías y distantes no hablan mucho, es mejor aprovechar los momentos en los que sí lo hacen para trabajar a partir de esa información, realizando aportaciones u observaciones que le permitan matizar o completar sus afirmaciones, en vez de hacer como si no hubiese dicho nada.

 

5. Acepta su aproximación a las relaciones personales

Una vez ha quedado claro que la otra persona no se muestra distante porque tiene un problema con nosotros o con alguien presente en la conversación, es mejor no hacer comentarios ante ella acerca de su temperamento frío. Eso generaría incomodidad en ella, y aunque en un principio podría llevar a esa persona a intentar demostrar más cercanía (para demostrar que no encaja con esa etiqueta), seguramente guardará un mal recuerdo sobre esa conversación y tendrá menos motivos para interactuar con nosotros.

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Referencias bibliográficas:

Bermúdez, J. (2004). Psicología de la personalidad. Teoría e investigación. (Vol I y II). Unidad Didáctica de la UNED. Madrid.
Bullock, W.A.; Gilliland, K. (1993). Eysenck’s arousal theory of introversion-extraversion: A converging measures investigation. Journal of Personality and Social Psychology. 64(1): pp. 113 – 123.
Danziger, Kurt (1980). “The History of Introspection Reconsidered”. Journal of the History of the Behavioral Sciences. 16 (3): pp. 241 – 262.
Moya, L. (2013) Empatía, entenderla para entender a los demás. A Coruña: Plataforma Actual.
Ryckman, R. (2004). Theories of Personality. Belmont, CA: Thomson/Wadsworth.

7 consejos para estudiar idiomas

7 consejos para estudiar idiomas

7 consejos para estudiar idiomas. Llegar a dominar un idioma es un proceso que acostumbra a llevar varios años y en lo que es necesario invertir esfuerzo de manera consistente. Esto hace que muchas personas se frustren y lo den por imposible, asumiendo que si no pudieron aprender otros idiomas de manera espontánea durante su niñez, ya no podrán.

Nada más lejos de la realidad: los seres humanos estamos preparados para ganar práctica con otras lenguas en prácticamente cualquier edad, aunque sí es cierto que en la vida adulta, siendo que necesitamos combinar este proceso de estudio con la atención de muchas responsabilidades y metas, esto puede llegar a ser complicado, en algunos casos.

Por suerte, hoy en día las investigaciones en psicología y ciencias cognitivas en general nos permiten conocer estrategias y hábitos que nos lo ponen más fácil para dominar idiomas nuevos desde cero. Aplicarlas a nuestro día a día supone hacer un modo óptimo de nuestro tiempo, al asegurarnos de que no perdemos horas en métodos de estudio poco eficientes. Si te interesa conocer varios consejos para estudiar idiomas de la mejor manera posible, sigue leyendo.

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Consejos fundamentales para aprender idiomas se manera efectiva

Sigue estas pautas e ideas clave para aprender idiomas del mejor modo posible y sin frustrarte por la falta de resultados.

1. Estudia y practica un poco cada día

Más que dedicar largas sesiones de estudio con frecuencia semanal, procura repartir ese tiempo de manera diaria o casi diaria, aunque consistan en breves sesiones de 15 o 20 minutos. Se ha comprobado que esta es la mejor manera de memorizar y de permitir que los contenidos pasen de tu memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo, en la que olvidar por completo es bastante menos frecuente.

Así pues, créate un horario en el que se especifique qué momento o momentos del día dedicarás a estudiar. A poder ser, evita establecer sesiones de más de 50 minutos seguidos, en esos casos es mejor partir el tiempo, dado que pasados unos 45 minutos seguramente empezarás a tener problemas para concentrarte.

2. Utiliza la repetición espaciada

Este consejo para estudiar idiomas va en la misma línea que la anterior, y consiste en ir espaciando en el tiempo los momentos en los que repasarás contenidos estudiados anteriormente, ya sea releyendo o poniéndote a prueba para comprobar si te acuerdas de ellos (lo cual implica lo anterior, para saber si has acertado).

3. Aprende mucho vocabulario desde el principio

Es un error asumir que al principio debes aprender sobre todo la gramática para entender cómo funciona el idioma que quieres llegar a dominar. Es muy importante sumergirte en su vocabulario desde el principio y exponerte a conversaciones y textos prácticamennte desde la primera sesión, para que así te vayas familiarizando con las palabras y los fonemas, y te resulte más sencillo ir reconociendo los aspectos fundamentales de esa lengua. Además, de esta manera serás capaz de entender muchas de las rases en un periodo relativamente corto, lo cual te motivará y te llevará a seguir estudiando.

4. Duerme bien

Este consejo puede resultar extraño en el contexto de las recomendaciones para aprender un idioma; sin embargo, es muy importante. En primer lugar, si no duermes lo suficiente, no serás capaz de concentrarte bien en las sesiones de estudio, y tu capacidad de retención caerá en picado. En segundo lugar, porque al dormir se contribuye a que los conocimientos queden integrados en la memoria y no sea tan fácil olvidarlos en cuestión de horas.

5. Realiza sesiones de exposición al idioma

Aprender idiomas a partir de libros de texto es un proceso largo y normalmente poco satisfactorio. Por eso, combínalo con momentos en los que te expongas al idioma que estás aprendiendo, por ejemplo viendo series o películas con subtítulo. También es recomendable que intentes repetir algunas frases, para practicar la pronunciación.

6. Utiliza tarjetas de memoria

Las tarjetas de memoria te permiten anotar una pregunta o ejercicio breve por uno de sus lados, y anotar la respuesta en el lado contrario. Esto te puede ayudar a la hora de ponerte a prueba, algo que debes hacer de manera constante para consolidar en tu memoria lo que vas aprendiendo.

7. Da clases a otras personas con un nivel inferior a ti

Una vez hayas desarrollado un cierto nivel de autonomía a la hora de usar ese idioma, siendo capaz de mantener conversaciones sencillas, ayuda a otras personas a aprender lo que sabes. Esta es una manera fantástica de practicar el idioma y de mantener fresca la gramática, siendo que necesitarás conocer sus aspectos básicos y utilizarlos constantemente.

 

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Referencias bibliográficas:

Goldin-Meadow, S. (2015). Studying the mechanisms of language learning by varying the learning environment and the learner. Journal of Cognitive Neuroscience. 30(8): pp. 899 – 911.
Gupta, J. (2016). Spaced repetition: a hack to make your brain store information. The Guardian.
Smolen, P.; Zhang, Y.; Byrne, J.H. (2016). The right time to learn: mechanisms and optimization of spaced learning. Nature Reviews Neuroscience. 17 (2): pp. 77 – 88.

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