Psicología

¿Qué es la Anorgasmia?

que es la anorgasmia

La anorgasmia es la dificultad para alcanzar el orgasmo, ya sea durante la masturbación o durante la relación sexual.

Si bien esta disfunción sexual se da en ambos sexos, es más frecuente en mujeres.

Nuestra Terapia Sexológica

Causas culturales de la anorgasmia

Si hasta hace apenas unas décadas la mujer tenía prohibido desear y por lo tanto sentir placer durante la relación sexual, en la actualidad una mujer realizada es una mujer sexualmente activa, lo que se mide erróneamente, por su capacidad de llegar al orgasmo y el número alcanzado.

Esta variable de presión, junto a una actitud negativa hacia la sexualidad, ya sea por factores de educación, de religión o personales, influye de manera determinante: la ansiedad por alcanzar el orgasmo impide la suficiente relajación como para que se derive de la respuesta sexual.

 

Tratamientos

En terapia sexológica se da mucha importancia en “reeducar” desde una salud sexual que desmonte, desde la información, los tabúes que giran alrededor del orgasmo y lo desmitifique.

En la medida que se sobrevalora el orgasmo, la relación sexual se convierte en una prueba de aptitud sexual, en la que la ansiedad no va a permitir el disfrute desde la confianza y la relajación necesarias para alcanzar el orgasmo.

 

Nuestra Terapia Sexológica

 

¿Qué es la Disonancia Cognitiva?

disonancia cognitiva

La psicología social describe la disonancia cognitiva como el conflicto o tensión interna que surge ante dos pensamientos o cogniciones que se oponen.

Nuestra Terapia Psicológica

¿Qué es una disonancia cognitiva?

Cuando un pensamiento o modo de actuar entra en conflicto con nuestras creencias, ideología o sistema de valores, genera un conflicto en la percepción de nosotros mismos (autopercepción) que provoca un estado de tensión emocional interna. Si me he hecho la promesa de que a partir de este mes iré al gimnasio y cuando llega el día no puedo evitar quedarme en el sofá, la contradicción entre lo que me he propuesto con mi forma de actuar generará una disonancia cognitiva.

Esta tensión es tan incómoda que no tardamos en tratar de disminuirla generando nuevas cogniciones que rebajen el malestar: “estoy demasiado cansado/a, es normal que no vaya, hoy es mal día para empezar”, “para que voy a ir, a estas horas habrá demasiada gente y al final no haré nada…”.

Causas y estudio de este fenómeno psicológico

Lo curioso es que cuánto mayor es el coste o pérdida de nuestra elección y por lo tanto más en entredicho queda nuestra imagen, mayor es el conflicto interno y más intensas y numerosas son las nuevas cogniciones o planteamientos que elaboramos, así, si además de no ir al gimnasio resulta que he pagado todo el mes por adelantado, tendré la necesidad de ser más convincente con mis propias argumentaciones: “está claro que es es tan bueno para la salud una buena siesta como el ejercicio”.

Fue el psicólogo social Leon Festinger, quien en 1957 planteó por primera vez la teoría de la disonancia cognitiva en su obra “A Theory of Cognitive Dissonance”. En ella explica como una incoherencia interna, que no puede ser corregida, favorece la creación de cogniciones que rebajen nuestro malestar. En ocasiones también ocurre que tratamos de pasar por alto la contradicción, intentando no pensar en ello o tratando de convencernos de que no tiene importancia.

 

Situaciones en las que aparece

El ejemplo anterior es leve, pone de manifiesto una tensión interna de relativa importancia. En ocasiones la motivación del conflicto es mayor cuando nos encontramos ante situaciones en las que mantenemos planteamientos o conductas que entran en oposición con nuestros valores o principios éticos.

La psicología social ha estudiado como en zonas de conflicto en épocas de guerra, si matar al enemigo va en contra de los propios principios, suele resolverse con una compleja elaboración ideológica que lo justifique. Esto unido a otro fenómeno, la dispersión de responsabilidad, descrito también por la psicología social. Según el cual esperamos a que la mayoría actúe o preste ayuda descargando nuestra responsabilidad en los demás y justificando nuestros actos en función de la mayoría. Estos son algunos de los mecanismos que se ponen en acción en el ser humano como modo de resolver un conflicto interno y de autoimagen.

 

Nuestra Terapia Psicológica

 

¿Qué es el Mutismo? Causas, síntomas y tratamiento

mutismo

Podríamos definir el mutismo selectivo como la expresión de una ansiedad social, a edad muy temprana, antes de los cinco años, por la que el niño deja de hablar y de comunicarse en contextos sociales que no considera seguros, aún cuando su adquisición del lenguaje es normal, entiende y habla perfectamente pero sólo en contextos en los que no siente ansiedad, como puede ser en casa y con familiares. Se diferencia del mutismo en que éste se generaliza a cualquier contexto social, incluida la familia.

El niño que muestra mutismo selectivo suele ser tímido y evitativo, aunque se han observado grados en la intensidad de los síntomas. Así, hay niños que aunque inhiben el habla en clase, juegan y se relacionan con sus compañeros y niños que además de no hablar, rehuyen del contacto social.

Nuestra Terapia Logopeda

 

Síntomas

Según el Manual de Psicodiagnótico DSM-IV-TR, algunos de los síntomas que encuadran el mutismo selectivo son:

  • Inhibición persistente del habla en situaciones sociales, a pesar de la correcta adquisición y uso del lenguaje en otras situaciones, durante al menos un mes.
  • Interferencia de esta inhibición en su rendimiento escolar, laboral (en un futuro) y social.
  • No existe incapacidad o falta de adquisición del lenguaje, ni se debe a trastornos de la comunicación ni del desarrollo.
  • Las causas pueden ser genéticas, al observarse en diferentes estudios antecedentes de ansiedad, depresión y fobias en familiares, así como ambientales y por aprendizaje de patrones familiares.

 

 

Nuestra Terapia Logopeda

 

La ansiedad y sus síntomas

La Ansiedad y sus síntomas

La ansiedad es una reacción normal en el ser humano, siempre que ésta sea proporcionada al estímulo que la desencadena. Sentiremos ansiedad antes de un examen, en una entrevista de trabajo o ante una situación objetivamente tensa. Por lo general la ansiedad es una respuesta adaptativa.

Nuestra Terapia Psicológica

Qué es la Ansiedad

Unos niveles bajos de ansiedad pueden ser óptimos para nuestra vida cotidiana, de este modo, acordarnos de mirar a un lado y a otro antes de cruzar la calle, hasta coger un paño antes de tocar la cacerola que está en el fuego, son buenos ejemplos de como la ansiedad influye sobre nuestra conducta de forma positiva.

La ansiedad, entendida como proporcionada con respecto a la exigencia u obstáculo a afrontar, ayuda incluso a aumentar el rendimiento. La ley de Yertes-Dobson (1908), describe la relación existente entre ansiedad y rendimiento: ante un determinado problema o situación estresante como presentarse a un examen, la ansiedad aumenta, pero también la eficacia, atención y rendimiento en la respuesta, siempre que no se pase de unos límites, que no harán sino bajar nuestra atención y bloquear los procesos de recuperación de la información.

En cambio, cuando aparece de forma injustificada, sin razón aparente o ante estímulos o situaciones que no suponen una amenaza real, hasta el punto de interferir en nuestra vida diaria, se habla de una ansiedad des-adaptativa.

Esta ansiedad desproporcionada da lugar a las distintas manifestaciones o cuadros de ansiedad, como son:

  • Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)
  • Crisis de Ansiedad
  • Crisis de pánico
  • Agorafobia

 

Tratamiento y terapia

El psicólogo es consciente de la repercusión que los síntomas de ansiedad tienen sobre las personas que acuden a su consulta y de cómo ésta llega a alterar su día a día. La sensación de indefensión y falta de control sobre la aparición de las crisis de ansiedad puede llegar a generar bajos estados de ánimo, si esta se mantiene en el tiempo.

En la actualidad, el tratamiento de la ansiedad desde la psicología cognitivo-conductual, está dando resultados muy positivos. Mediante la exposición progresiva al estímulo que genera la alerta y el desarrollo de habilidades de afrontamiento y des-aprendizaje de la ansiedad, aplicando en la terapia técnicas desarrolladas durante años a lo largo de la investigación en psicología.

Estas técnicas llegan a aprenderse, de manera que la persona con ansiedad puede utilizarlas en su vida cotidiana, recuperando la sensación de control sobre su cuerpo y estado y consiguiendo remitir la ansiedad y sus crisis.

 

Diferencias entre crisis de ansiedad y crisis de pánico

Crisis de ansiedad

Se caracteriza por la aparición progresiva y en aumento de los síntomas físicos de la ansiedad, como taquicardia, hiperventilación, sensación de ahogo, dilatación de las pupilas, sequedad de boca, rigidez muscular, temblores, escalofríos, etc. Suelen seguir a pensamientos preocupantes para la persona, e incluso al pensar en la propia ansiedad y sus síntomas, antecediendo el malestar hasta acabar generándolo. A diferencia de la crisis de pánico los síntomas aparecen más lentamente y no suelen ir acompañados de miedo a morir.

Crisis de pánico

Se caracteriza por la aparición de los síntomas de la ansiedad, en pocos segundos y sin encontrar un motivo aparente que lo justifique. La intensidad de los síntomas fisiológicos como la taquicardia, hiper-ventilación, sensación de ahogo, tensión muscular, etc., es tan intensa, que la persona puede llegar a pensar que esta sufriendo un ataque al corazón o que corre peligro de morir.

La reacción más frecuente es la de acudir a urgencias, donde se le diagnosticará ansiedad y se le medicará con ansiolíticos. La persona al no entender qué le esta pasando y sentirse incomprendida, puede empezar a desconfiar de los médicos y a temer cualquier enfermedad, desarrollando una hipocondría que no hace sino mantener la ansiedad y aumentar las crisis de pánico.

Síntomas de la ansiedad

A continuación hacemos un repaso de los diferentes tipos de síntomas de la ansiedad, con la idea de reconocerla más fácilmente.

Cognitivos

La ansiedad cognitiva se caracteriza por un estado de preocupación constante que se manifiesta con pensamientos negativos y/o catastrofistas. Estos pensamientos aparecen de manera recurrente e intrusiva, generando una sensación de angustia y malestar junto con la disminución de las capacidades de atención y concentración. Suelen ser pensamientos de anticipación al futuro, que aparecen ante la preocupación de una posible amenaza, miedos, miedo al fracaso o posibilidad de sufrimiento.

Físicos

Los síntomas físicos más habituales son manifestaciones como la taquicardia, sudoración, temblores, hiperventilación, tensión muscular, dilatación de pupilas, tensión en el estómago, presión en el pecho, etc. A esto se une la valoración subjetiva de estos síntomas, de miedo a su posible aparición, lo que lleva a respuestas de evitación de lo que la persona juzga como disparadores de los síntomas físicos.

Sobre la autoestima

La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos. El ser humano se percibe a nivel sensorial; piensa sobre sí mismo y sobre sus comportamientos; se evalúa y los evalúa; siente, en consecuencia, emociones relacionadas consigo mismo. Todo ello evoca tendencias de actuación acordes con sus percepciones pensamientos, evaluaciones y sentimientos. Cuando la ansiedad genera la sensación de indefensión y de no control sobre sus sensaciones físicas y su comportamiento. La autoestima puede verse seriamente dañada, llevando a la persona que la padece a evitar relaciones sociales, salir a la calle, etc.

 

El tratamiento de la ansiedad mediante las técnicas cognitivo-conductuales ha demostrado ser eficaz en la mayor parte de los casos, reduciéndose los síntomas progresivamente hasta su desaparición. Otros síntomas físicos de la crisis de pánico son: sudoración, temblores, náuseas, mareos, miedo a perder el control, miedo a la locura y desorientación. Las terapias humanistas ayudan a resolver los factores emocionales. Muchas veces origen y clave de la aparición de la ansiedad, por lo que un tratamiento ecléctico es siempre recomendable.

 

Nuestra Terapia para la Ansiedad

 

Premio Foro Europa 2001 a Avance Psicólogos

Premio Foro Europa

Premio Foro eUROPA 2001. La psicóloga Laura Palomares, cofundadora de Avance Psicólogos, acaba de recibir la Medalla de Oro en el Premio Foro Europa al mérito y prestigio profesional de manos de José Luis Salaverría (en la imagen, el fundador junto a la galardonada), Presidente de Foro Europa 2001. 

Este premio es el reconocimiento de todo el equipo de Avance Psicólogos

El acto, celebrado este viernes 3 de julio en el hotel Westin Palace de Madrid con motivo del XVIII Aniversario de la entidad. Reunió a destacados profesionales de la psicología y de la salud, así como a reconocidas personalidades de la cultura, el derecho y el sector empresarial.

Recogió el premio Laura Palomares, directora de Avance

En opinión de Laura Palomares “este premio impulsa el esfuerzo de la psicología y de sus profesionales como parte activa y fundamental en el ámbito de la salud, reconoce la comprometida labor de nuestro equipo y se debe a las personas, que en su afán de superación han confiado en nosotros”.

La galardonada es Psicóloga General Sanitaria especialista en Psicología Cognitivo Conductual y Terapia Gestalt, Sexóloga y Psicoterapeuta de Pareja y Especialista en Técnicas de Integración Cerebral.

 

En el año 2000, Laura Palomares, junto a la también psicóloga María Asunción Pérez García, funda en Madrid Avance Psicólogos. Centro reconocido por su constante labor en psicoterapia y que, en la actualidad, impulsa la creación de espacios para la terapia de grupos, terapia para pacientes con cáncer y la impartición de talleres del ámbito de la psicología y la sexología.

Nuestra Terapia Psicológica

 

¿Qué es la Ira y por qué puede ser muy perjudicial?

Qué es la Ira

La ira es una emoción intensa que aparece de manera brusca ante una situación frustrante.

Nuestra Terapia Psicológica

¿Qué es la ira?

Es un enfado de gran intensidad que tiene un sentido de autodefensa desatando el mecanismo de supervivencia ante un peligro de amenaza cuya misión es el ataque. Es una respuesta natural y adaptativa ante una amenaza.

  • Tiene varios grados de intensidad y se manifiesta con componentes fisiológicos (tensión muscular, aceleración del ritmo cardíaco, expresiones faciales…etc.) que predisponen a la agresión.
    Padecer un episodio de ira no es preocupante ni es destructivo, pero cuando se muestra fuera de control y aparece de manera frecuente puede provocar problemas en nuestro entorno familiar, laboral, y en las relaciones con los demás.
  • Ciertas situaciones incómodas hacen que se reaccione con ira en momentos concretos, por ejemplo ante una situación que nos resulta injusta, en una discusión con nuestro jefe, cuando conducimos y no nos ceden el paso en la carretera.
  • Tener momentos de ira de manera esporádica tiene, como hemos visto una razón de ser, pero ¿qué pasa cuando tenemos episodios recurrentes de ira ante situaciones frustrantes? A largo plazo convivir en un ambiente de irritabilidad genera descontento y afecta a nuestra relación con los otros, generando un clima de ansiedad, inseguridad e incluso depresión.
  • Las personas propensas a la ira suelen ser demandantes o exigentes, tienen baja tolerancia a la frustración y no aceptan que las cosas se realicen de otra manera diferente a la que ellas consideran. A ello se suma que la ira se aprende. En ambientes familiares donde el grito, el enfado, la falta de respeto y el exceso de autoridad se hacen patentes, provoca en los niños un aprendizaje por modelado o imitación; se aprende a comunicarse de manera errónea.

 

Consecuencias de la ira

Vivir en un constante estado de alerta defensivo puede traer consecuencias a medio y largo plazo, así que hay que buscar motivaciones para cambiar porque

    • Deteriora las relaciones interpersonales. Los que viven en ambientes irascibles pueden sentir temor, intimidación y baja autoestima. Los que la sufren pueden sentirse rechazados o no queridos.
    • Deteriora al que la sufre. Cuando la intensidad de la emoción baja, puede que se sientan culpables y avergonzados por sus actos.
    • Perjudica nuestra salud física y mental (altos niveles de tensión muscular y recurrentes pensamientos negativos)

 

Cuando se convierte en un problema

Es interesante prestar atención a nuestros enfados para intentar ver si éstos son ajustados realmente a la situación vivida.

Los ataques de ira son en general un problema cuando afectan a nuestras relaciones sociales y cuando producen un malestar excesivo. Más concretamente cuando:

    • Duran mucho tiempo y se prolongan en una rumia que no deja bajar la intensidad
    • Son muy frecuentes o recurrentes
    • Se materializan en agresiones a los demás tanto físicas como verbales
    • Aparecen en momentos poco adecuados y la persona cree que no lo va a poder evitar

 

La ira se relaciona estrechamente con la impulsividad y el bajo autocontrol; en muchas ocasiones es un síntoma de depresión y aparece con mucha frecuencia cuando se ha sufrido un trastorno de estrés postraumático.

 

Terapia: aprendiendo a gestionar la ira

Como cualquier otro cambio, el control de la ira requiere entrenamiento. Es un proceso en el que hay que estar atento a nuestras emociones y pensamientos, y se puede lograr siguiendo unas pautas. Estas pautas nos darán enseguida resultados. Para ello podemos

  • Buscar ayuda psicológica. El terapeuta nos guiará en todo el proceso a través de técnicas de relajación, habilidades sociales, autoinstrucciones y otras técnicas.
  • Pedir ayuda a otros. Las personas cercanas nos pueden dar información de nuestras reacciones y comportamientos irascibles. El punto de vista de la persona que nos aprecia puede ser un detonante importante para el cambio.
  • Escucharnos antes de que la ira nos desborde. La auto observación nos hace estar alerta y puede darnos pistas internas y externas de cómo se activa la ira.

 

“A la ira y al enfado, darles vado” refranero español

Ante una situación que nos provoca al final el estallido de ira (conducir, hacer una petición a nuestro jefe,…) intentaremos advertir cómo empieza, porque en ese momento es cuando podemos llegar a controlarla. Una vez que llegamos al punto álgido, resulta más difícil.

¿En qué tenemos que fijar nuestra atención?

  • En las señales físicas que nos lanza nuestro cuerpo (agitación, aumento de pulsaciones, respiración acelerada, tensión muscular)
  • En indicios emocionales (inseguridad, celos, culpa, miedo, injusticia…)
  • En nuestros pensamientos (qué nos estamos diciendo que hace aumentar y acrecentar el enfado)
  • En nuestros actos (elevamos el tono de voz, gesticulamos rápidamente, usamos el sarcasmo…)

 

Si nos damos cuenta de las señales que envía nuestro cuerpo y nuestra mente, podemos intentar realizar una serie de ejercicios que nos ayuden a bajar la intensidad de la emoción. Por ejemplo,

  • Cierre los ojos y cuente hasta diez
  • Acompañe con una respiración profunda y consciente
  • Desdramatice la situación con otros pensamientos: ”me estoy alterando por algo que realmente no es tan importante”
  • No generalice, concrete la situación para evitar etiquetas.
  • Manténgase alerta a lo que le sucede físicamente y nómbrelo mentalmente: “se me está acelerando el pulso; se me están tensando los músculos de la cara o del cuello; me estoy acalorando…”
  • Relativice la situación e intente ridiculizarla mediante el humor

 

Si consigue bajar la intensidad de la emoción, celébrelo: “no ha sido tan difícil, la cosa ha funcionado” Parar un proceso de ira aumentará nuestra autoestima y nos hará sentir mejor.

Si logra controlar la ira al principio, ante los primeros síntomas, con frecuencia ésta desaparecerá. Es habitual que al principio no nos resulte tan fácil, pero no se abrume, valore el haberlo intentando: “la próxima vez lo voy a conseguir” El tomar conciencia de nuestros pensamientos es de por sí terapéutico.

 

Cómo gestionar una situación de ira

Si vive una situación de enfado desproporcionado con una persona de su entorno (un hijo, un familiar, su pareja…) procure mantener la calma. Mantenga una postura empática o amable y evite enredarse en el problema.

Es importante mantener la escucha y que la persona enfadada sea consciente de ello, que tomamos en serio lo que le sucede.
Si la situación ya se ha desbordado, es inútil razonar, trate de comprender al otro aunque no comparta su punto de vista. A veces dejar a la otra persona un momento a solas, puede ayudar a bajar la intensidad del enfado (“cuando te tranquilices, vuelvo y hablamos de lo que ha pasado”).

Intente hacer que el otro vea la situación desde un punto de vista trivial, mediante el humor y el afecto.

Una vez ha bajado el nivel de ira, puede tratar de hablar con la otra persona para que comprenda la situación y la respuesta desproporcionada, haciéndole entender que le comprende y mostrándole otra vía más ajustada.

Nuestra Terapia Psicológica

 

“No descanso bien”: conociendo los Trastornos del Sueño

trastornos sueño

A menudo llegan a nuestra consulta personas que tienen dificultades para descansar durante la noche. Los trastornos del sueño, también conocidos como desórdenes del sueño, son un fenómeno muy extendido (uno de cada tres españoles piensa que lo padece) y aunque la gravedad es baja, son importantes por las implicaciones en la vida diaria.

Nuestra Terapia Psicológica

¿Qué trastornos del sueño son los más comunes?

Los trastornos del sueño afectan al desarrollo habitual del ciclo normal de sueño-vigilia. Su origen es muy diferente, en ocasiones aparecen cono consecuencia de alguna otra enfermedad o patología.. Los más frecuentes son los que tratamos a continuación.

Algunos de los síntomas que producen los trastornos del sueño son: agotamiento físico, bajo rendimiento, sueño diurno, dificultad para cumplir con las obligaciones profesionales, familiares o sociales, etc. Los más frecuentes son los que tratamos a continuación.

 

1. Insomnio

Consiste en una dificultad para iniciar el sueño, mantenerlo o despertarse muy temprano. El niño/adolescente manifiesta quejas de no haber dormido lo suficiente.

Hay que diferenciar el insomnio como trastorno de las dificultades para dormir que están relacionadas con factores estresantes y en los que el comportamiento de los padres juega un papel fundamental (normas y pautas para irse a dormir a la cama). En la mayoría de las ocasiones está relacionada con la ansiedad, produciendo que el sueño no sea reparador o sea insuficiente.

2. Jactatio Capitis

Parasomnia del sueño infantil caracterizada por el movimiento repetitivo de la cabeza o todo el cuerpo. La intensidad del movimiento puede variar, pero en ocasiones es violento y puede generar una excesiva alarma. Aunque no se trata de un trastorno grave del sueño, conviene proteger al niño ante posibles golpes de mayor intensidad, acolchando superficies duras de la cama y la pared. Aparece antes de conciliar el sueño o en las fases I y II del sueño NREM, en niños de 9 a 24 meses.

Con la edad, los síntomas de esta ritmia del sueño se va espaciando, haciéndose menos frecuente su aparición hasta remitir. Aunque se desconocen sus causas, algunos autores sostienen que simulan los movimientos de mecimiento para conciliar el sueño. Otros autores lo relacionan con una forma de descargar tensión o una excesiva activación. Cuando se mantienen más allá de los cuatro años de edad es conveniente considerar causas emocionales o de origen familiar.

3. Pesadillas

Las pesadillas son sueños angustiosos que despiertan al niño, éste se muestra asustado, pero sabe dónde está y sabe lo que acaba de soñar, cuando llegan los padres para intentar tranquilizarlo, el niño es capaz de hacer un relato estructurado de su mal sueño.

4. Terrores nocturnos

Los terrores nocturnos aparecen cuando el niño está dormido y de pronto se incorpora, comienza a gritar mostrando en su rostro un evidente malestar, estos gritos van acompañados de una activación (sudoración, taquicardia, etc.).

Los padres pueden observar que el niño tiene los ojos abiertos, también observan que el niño “los mira pero no los ve” ya que no se encuentra realmente despierto. No responde a los intentos de los padres a calmarse y tras unos minutos este terror desaparece y el niño se vuelve a dormir sin acordarse de lo ocurrido o lo recordándolo muy vagamente.

 

Para mejorar la calidad del sueño, puede seguir algunas rutinas, por ejemplo:

  • Es interesante que el espacio esté a oscuras o en penumbra
  • Elimine la televisión de la habitación destinada a dormir
  • Dar paseos al aire libre por la tarde favorece la relajación
  • Elimine pensamientos de rumia repetitivos: “verás como no me puedo dormir”
  • Establezca rutinas horarias y situacionales a los niños antes de irse a la cama (leer, contar cuentos, lavarse los dientes…etc.)

 

Nuestra Terapia Psicológica

 

El Trastorno Afectivo Estacional (TAE): causas y síntomas

El Trastorno Afectivo Estacional

El trastorno afectivo estacional  se refiere a la aparición de síntomas depresivos relacionados con la época del año o estación. En la mayoría de los casos se da con la llegada del invierno, durante el otoño, pero puede ocurrir también con la llegada de la primavera.

Trastorno Afectivo Estacional: ¿en qué consiste?

Los cambios estacionales, implican cambios en la luminosidad que inciden directamente sobre nuestro sistema endocrino y nuestro cerebro. El reajuste y regulación, durante los cambios de estación, sobre la neuroquímica de nuestro cerebro y la secreción de hormonas, explican esta sintomatología.

La hipófisis es una zona del cerebro que se encarga de regular el sueño y el estado de ánimo. De este modo, los cambios de luz inciden sobre el nervio óptico llegando a la hipófisis, que regulará la producción de hormonas como la melatonina (en la glándula pineal) o de neurotransmisores como la serotonina. La melatonina es la hormona que se encarga de favorecer el sueño y la serotonina uno de los neurotransmisores que regulan el estado de ánimo y que además favorecen la producción de melatonina.

“En los cambios de estación, podemos sentirnos decaidos, apáticos e incluso tristres” -explican psicólogos de Avance

Cuando descienden las horas de luz se segrega menos serotonina, por lo que el estado de ánimo baja y la melatonina debe reajustarse y empezar a segregarse antes para regular el ciclo del sueño-vigilia.

 

Síntomas

El Trastorno Afectivo Estacional muestra, entre otros, los siguientes síntomas:

  • Tristeza y pensamientos de desesperanza.
  • Irritabilidad.
  • Cansancio, fatiga.
  • Pérdida de intereses y falta de ilusión.
  • Aumento del apetito.
  • Aumento de las horas de sueño.
  • Disminución de la capacidad de atención y concentración.

 

Tratamiento

En su tratamiento, además de la psicoterapia y el uso de antidepresivos, parece eficaz la fototerapia, que consiste en la exposición a la luz emitida por lámparas que simulan la luz solar.

Nuestra Terapia Psicológica

 

Ir arriba
Abrir chat