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Qué hacer cuando hay una crisis de pareja

Qué hacer cuando hay una crisis de pareja

Las crisis de pareja son una realidad tan frecuente que no pueden ser consideradas una excepción. Esto es debido a algo que puede resumirse en lo siguiente: del mismo modo en el que las relaciones amorosas influyen en muchos de los ámbitos de la vida de quien está involucrado en una de ellas, hay muchos ámbitos de la propia vida que pueden influir en esa relación.

Ahora bien, que exista una gran variedad de elementos capaces de desestabilizar el vínculo de pareja no significa que no podamos hacer nada para superar esta clase de problemas. Por eso, en este artículo vamos a ver consejos para saber qué hacer cuando hay una crisis de pareja, con varios ejemplos.

¿Qué hacer ante las crisis de pareja?

Veamos algunas ideas clave a seguir ante diferentes problemas de pareja capaces de llevar la relación hacia una crisis.

1. No hacer ver que los problemas no están ahí

Por pura inercia, muchas parejas optan por hacer ver que las crisis en su relación no están ahí, que si hacen ver que no existen, estas se disiparán bajo la influencia de la sugestión.

Sin embargo, esto es un error. Detrás de las crisis de pareja hay fenómenos objetivos que están más allá de la subjetividad de cada uno, y que mientras no sean cambiados, seguirán haciendo emerger problemas en la relación. Por ejemplo, ante un conflicto causado por un desacuerdo sobre si tener hijos o no, es imposible pretender “olvidar” este hecho, porque afecta a los planes de futuro, al tipo de carreras profesionales por los que cada persona quiere optar, etc.

2. Ante los desajustes de convivencia, buscar la simetría

Muchas crisis de pareja llegan a causa de una manera de convivir desestructurada, en la que una persona hace la mayor parte del trabajo.

En los casos en los que ambas personas trabajen o al menos busquen tener un trabajo, es muy importante que el reparto de responsabilidades domésticas sea simétrico, dado que de no ser así, más allá de que la situación sea justa o injusta, esto será una fuente de resentimiento y de discusiones que se irán acumulando.

3. No hacer pasar la venganza por solución

Vengarse de algo que la otra persona nos hizo raramente funciona a la hora de intentar ponerle fin a una crisis de pareja; si acaso, da más motivos para mantener vivo el conflicto.

Incluso en las ocasiones en las que una de las personas involucradas tiene que poner más de su parte para sanear el estado de ese vínculo amoroso, esto no debe ser visto como una venganza sino en todo caso como un acto de reparación y de renovación del compromiso por participar en un proyecto juntos. Hay que ir más allá de la lógica del castigo.

 

4. Potenciar los hábitos que refuercen la inteligencia emocional

La inteligencia emocional es el conjunto de aptitudes y habilidades relacionadas con reconocer las propias emociones y gestionarlas del modo adecuado, así como detectar y comprender correctamente las emociones de los demás. Sus implicaciones en las relaciones de pareja son claras: ayudan a ajustar nuestro comportamiento ante las necesidades y el estado mental de la otra persona, y a orientar nuestras acciones hacia la resolución de metas en común a medio y largo plazo.

Por ejemplo, las personas con una buena inteligencia emocional tienden a no “desahogarse” enzarzándose en discusiones y peleas inútiles, sino que afrontan las diferencias de opiniones e incluso las críticas de los demás de una manera constructiva.

Algunos hábitos útiles tienen que ver con saber cuándo no es buen momento para discutir (por ejemplo, si se está muy cansado o frustrado), detectar intereses en común, dejar pasar ataques de los demás al considerar que son fruto de su malestar y no de su manera de pensar, etc.

 

5. Criticar apelando a las acciones, no a la persona

Para afrontar de manera constructiva los problemas en una relación, hay que evitar “etiquetar” al otro. No es bueno abusar de nombres y adjetivos; es mucho mejor que la queja sea algo más elaborada, para que no apele a esencias (algo que en teoría no puede ser cambiado) y sí a verbos, a acciones. En vez de llamarle “vago”, por ejemplo, lo adecuado es criticar la falta de tiempo de calidad juntos.

6. Llevar un diario de problemas

Muchas veces es positivo crear una rutina en la que ambas personas tengan la oportunidad de expresar sus quejas en igualdad de condiciones, y llevar un diario en el que ir anotando problemas en la relación ayuda ello. Por ejemplo, se puede hacer que cada día, cada persona pueda anotar hasta tres aspectos de la relación que le hicieron sentir mal en ese momento, escribiéndolo siempre de una manera constructiva y proponiendo soluciones concretas.

7. Comprometerse con un proceso de terapia de pareja

La terapia de pareja es un contexto en el que se puede buscar una solución eficaz y adaptada a una crisis de este tipo. No hay que tomárselo como un ring de boxeo en el que ganar discusiones y mostrar a otra persona quién tiene la razón, sino un lugar en el que expresarse, buscar puntos de encuentro y desarrollar nuevas habilidades comunicativas y de regulación emocional.

 

¿Buscas apoyo profesional ante los problemas de pareja?

Si te interesa acudir a terapia de pareja para explorar soluciones y reforzar la relación amorosa, ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos. En Avance Psicólogos llevamos más de 20 años ofreciendo apoyo profesional a quienes experimentan problemas emocionales y/o relacionales, y puedes contar con nosotros tanto de manera presencial en nuestro centro de Madrid, como de manera online.

Nuestra Terapia de Pareja

Referencias bibliográficas:

Atkinson, B.J. (2005). Emotional intelligence in couples therapy: Advances from neurobiology and the science of intimate relationships. W W Norton & Co.
Campuzo Montoya, M. (2002). Pareja humana: Su psicología, sus conflictos, su tratamiento. México: AMPAG.
Dattilio, F.M. & Padesky, C.A. (2004). Terapia Cognitiva con parejas. Bilbao: Editorial Desclée De Brouwer.
Harvey, J. H., Ormarzu, J. (1997). “Minding the close relationship”. Personality and Social Psychology Review. 1: pp. 223 – 239.
Tennov, Dorothy (1979). Love and Limerence: the Experience of Being in Love. Nueva York: Stein and Day.

Teleterapia: ¿qué es y cómo funciona?

Teleterapia: ¿qué es y cómo funciona?

La teleterapia es una de las formas de intervención psicológica que han ganado más popularidad en los últimos años. No es por casualidad: las características que presenta resultan ventajosas para muchas personas, por lo menos en comparación a la terapia presencial.

Aquí veremos cómo funciona la telepsicología (o teleterapia) y el modo en el que ayuda a las personas. Si te interesa conocer algo más este tipo de intervención en pacientes, sigue leyendo.

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¿Cómo funciona la teleterapia?

Estos son los aspectos que hay que tener en cuenta para saber cómo funciona la teleterapia.

1. Es necesario contar con apoyo tecnológico

En primer lugar, hay que tener en cuenta los requerimientos técnicos necesarios para participar en sesiones de teleterapia, aunque son tan básicos que hoy en día son raras las ocasiones en las que se hace necesario comprar algo que no se tenía ya antes.

A la práctica, es necesario contar al menos con un dispositivo electrónico con pantalla capaz de conectarse a Internet y de realizar videollamadas, es decir, llamadas en las que hay cruce de información visual en tiempo real. También es importante disponer de conexión a Internet en casa, o al menos, tener acceso a un lugar que ofrezca privacidad y conexión a Internet: a la hora de hablar con el psicólogo, no sirve cualquier lugar.

2. Se elige un profesional colegiado

Aunque la primera vez que se entre en contacto con un psicólogo o con un equipo de psicólogos sea a través de Internet, eso no significa que como clientes no tengamos la capacidad de asegurarnos de que el profesional está cualificado para ofrecernos apoyo. Lo más importante es fijarse en si se trata de psicólogos colegiados, es decir, si tienen la formación universitaria en Psicología especializada en psicoterapia y si tienen número de colegiados, que deben ser capaces de compartir contigo.

 

A partir de estos mínimos, podemos indagar en sus especializaciones: por ejemplo, si buscamos ayuda para superar una adicción, alguien que tenga un Máster en este ámbito tendrá un punto a favor.

3. Es necesario concertar cita

Otro aspecto de la terapia online es que, tal y como ocurre en el caso de realizar visitas al gabinete del psicólogo, casi siempre es necesario acordar un día y hora para la primera sesión. Es decir, que el hecho de que no haya recibimiento en la consulta no implica que se pueda recurrir a sesiones de terapia en el momento, sin avisar.

Esto puede hacerse a través de los métodos habituales, ya sea mediante llamadas telefónicas o correos electrónicos, aunque ciertas páginas web permiten realizar este trámite de manera directa a través de su interfaz.

4. Se establece una conexión segura

Cuando llega el día de la primera sesión de teleterapia, se siguen las indicaciones del profesional para establecer la conexión y empezar con la toma de contacto, en la que el psicólogo recabará información sobre el paciente, su problema y su contexto de vida. Esta información (y el resto de la que contará el paciente a lo largo de las siguientes sesiones) es confidencial, y de hecho los psicoterapeutas no tienen permitido compartirla con alguien más, a excepción de los casos en los que no hacerlo supondría poner en peligro la integridad física de alguien.

Por otro lado, si bien el hecho de tener la opción de conectarse desde cualquier lugar aporta discreción (dado que no hay que entrar a la consulta o gabinete del psicólogo), hay que tomar ciertas precauciones en caso de no realizar la conexión desde el domicilio. En concreto, hay que evitar las redes públicas de WiFi, como las que hay en bares, estaciones de tren o aeropuertos.

5. Se acuerda un programa de intervención

En la primera sesión empieza a perfilarse de qué tipo es el problema a tratar, y poco después llega el momento de acordar un plan de acción: el profesional propone una serie de objetivos y actividades, y el paciente los acepta o propone cambios.

En cualquier caso, queda claro desde ese momento el número aproximado de sesiones que se realizarán, así como su frecuencia, que normalmente será semanal. A medida que se avance hacia el final del proceso terapéutico, es probable que el psicólogo proponga espaciar más estas sesiones, de manera que surjan sobre todo como una forma de controlar los progresos y de resolver dudas.

Además, ten en cuenta que, para poder organizarse, los psicólogos necesitan establecer de antemano un horario fijo para planificar estas sesiones: es decir, que salvo excepciones, siempre te atenderán el mismo día de la semana y a la misma hora.

Existen servicios en los que se ofrece ayuda puntual a través de llamadas o videollamadas que no han sido planificadas de antemano, pero estas conversaciones no pueden ser consideradas partes de un proceso terapéutico propiamente dicho, sino más bien apoyo en momentos de crisis o emergencias.

¿En qué casos resulta más útil la telepsicología?

Esta forma de terapia resulta especialmente útil en estos casos:

  • En caso de no poder salir de casa (por ejemplo, por motivos de salud).
  • Si buscas tener más opciones entre las que elegir sin importar dónde vivas.
  • En caso de buscar más discreción.
  • En caso de querer ahorrarse el tiempo de desplazamiento.
  • Cuando se viaja mucho y no es posible comprometerse a acudir a la consulta con la regularidad requerida.

Si te interesa contar con la ayuda de psicoterapeutas altamente cualificados y con muchos años de experiencia, te invitamos a ponerte en contacto con nosotros. Avance Psicólogos lleva más de dos décadas ayudando a pacientes con problemas de todo tipo, y ofrecemos tanto terapia online como terapia presencial en nuestro centro ubicado en Madrid.

 

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Referencias bibliográficas:

Change, D.J. (2010). Empirical evidence on the use and effectiveness of telepsychiatry via videoconferencing: implications for forensic and correctional psychiatry. Soc Sci Med 71: pp. 1308 – 1315.
Feixas, G. y Miró, M.T.(1998). Aproximaciones a la psicoterapia. Una introducción a los tratamientos psicológicos. Barcelona: Paidós.
Gratzer, D. y Khalid-Khan, F. (2016). Internet-delivered cognitive behavioural therapy in the treatment of psychiatric illness. CMAJ, 188(4) pp. 263 – 272.

¿Cómo explicar a tus hijos qué es el coronavirus?

Cómo explicar a tus hijos qué es el coronavirus

¿Cómo explicar a tus hijos qué es el coronavirus?. La crisis del coronavirus SARS-CoV-2 ha hecho que un fenómeno que apenas levantaba expectativa en el mundo occidental haya pasado a ser aquello de lo que hablamos constantemente.

Esto es comprensible: no solo nos ha expuesto a una nueva parte de peligro potencial, sino que también nos ha llevado a abrazar medidas de prevención que transforman totalmente nuestro día a día a causa de la necesidad de confinarse en casa.

Para quienes tienen hijos que están pasando por la infancia, esto significa dos cosas: que necesitan resolver sus dudas acerca de esta pandemia global, y también protegerlos lo máximo posible ante los bulos y rumores sin fundamento que circulan a través del boca-oreja, y que pueden ser peligrosos. Por ello, aquí veremos algunos consejos acerca de cómo explicar a tus hijos qué es el coronavirus y por qué ha hecho que las escuelas cierren.

Cómo explicarles a tus hijos pequeños qué es el coronavirus SARS-CoV-2

Estas son algunas recomendaciones que te pueden servir como pauta a la hora de explicar de manera comprensible qué es el SARS-CoV-2 a un niño o niña. Eso sí, adapta estas ideas a tu caso y a las características del hijo o hija a quien quieras informar, sobre todo teniendo en cuenta su edad.

1. Busca un momento y un lugar adecuados

Hay que saber elegir el momento y el lugar para tratar este tema con toda la profundidad que merece, ante la previsión de que los pequeños dispongan de tiempo para hacer preguntas sobre lo que les preocupa. Es importante evitar darles una explicación incompleta de la situación, dado que esto podría despertar sus miedos ante la falta de información.

2. No hables de los contagiados, sino del virus

Hay que ir con cuidado para evitar que los pequeños adopten una actitud hostil ante las personas infectadas, hayan desarrollado síntomas de COVID-19 o no. Para ello, no centres tu discurso en ellas, sino en el virus que se transmite de una persona a otra.

3. Ve directamente a lo que importa

Si te ves en la necesidad de explicar qué es el coronavirus, es por las consecuencias que esta epidemia está teniendo en el ámbito de la sociedad general y de las familias en particular. Por eso, no te centres en explicar con exactitud los conceptos utilizados por los científicos para hablar de las características físicas del virus; céntrate en su manera de comportarse, de pasar de un cuerpo a otro y de generar la enfermedad del COVID-19.
Eso último es lo más importante y evitará que los pequeños se confundan con tecnicismos. Es preferible que entiendan los aspectos principales del contagio y de la infección, y no preocuparse demasiado con que tengan o no una imagen realista del virus.

4. No alarmes innecesariamente

Por mucho que el coronavirus sea un peligro añadido al día a día, es importante no poner énfasis en el riesgo individual, porque esto puede llegar a generar fuertes miedos en los pequeños. Es mejor limitarse a decir que es más bien que se trata de una versión algo más peligrosa que la gripe, pero sin llegar a hablar de cantidades de muertos o ingresados. Hay que enfocar el tema como un fenómeno de responsabilidad colectiva, y no de evitación del riesgo individual.

 

5. Háblales de las poblaciones de riesgo

Hay que explicarles que las personas mayores y quienes ya tienen la salud comprometida por otras enfermedades son los más vulnerables. Es mejor si les pones ejemplos que conozcan. De esa manera, se comprometerán más fácilmente con las medidas a adoptar para combatir el coronavirus.

6. Ayúdales a entender que todo irá bien si siguen las indicaciones

Por mucho que estemos en un estado de alarma, tus hijos siguen contando con tu protección y la del resto de adultos de la familia. Hay que incidir en esto para que sepan que aunque sus movimientos estén restringidos para evitar contagios, en el ámbito doméstico sigue existiendo la estabilidad.

7. Aclárales que todo pasará

Finalmente, otro de los aspectos importantes de explicar a tus hijos pequeños qué es el coronavirus es no olvidarte de mencionar que todo pasará, que todo lo que están viviendo son medidas transitorias. Para ello puedes utilizar la imagen de la curva de infectados, explicándoles que de lo que se trata es de evitar que la línea suba mucho para arriba. Esta es una manera sencilla de que entiendan que no es un problema estático, sino que el coronavirus va expandiéndose por etapas y que hay que ir adaptándose a estas.

 

¿Buscas ayuda profesional?

Si crees que necesitas ayuda ante esta situación de cuarentena por el coronavirus, puedes contar con nuestros profesionales. En estas es posible resolver dudas, aprender técnicas para gestionar la ansiedad o la depresión, tratar problemas de crianza o de comunicación con los hijos, y más.

Nuestra Terapia Online

Referencias bibliográficas:

European Centre for Disease Prevention and Control. (2020) Outbreak of acute respiratory syndrome associated with a novel coronavirus, China; First cases imported in the EU/EEA; second update. ECDC.
Ministerio de Sanidad. (2020) Preguntas y respuestas sobre el nuevo coronavirus 2019 (2019-nCoV). Gobierno de España.

Cómo salir de una relación tormentosa

Cómo salir de una relación tormentosa

Cómo salir de una relación tormentosa. Para bien y para mal, las relaciones amorosas generan vínculos fuertes que van más allá del aquí y el ahora. Si una pareja de casados empieza a discutir a gritos un día, no es raro que las muestras de afecto aparezcan de nuevo al cabo de pocas horas. Esta clase de uniones sentimentales solo se rompen si hay buenos motivos para ello.

Sin embargo, a veces los motivos para romper la relación están ahí, pero sin embargo nadie termina de dar el paso que beneficiaría a ambos; la inercia de llevar mucho tiempo juntos puede generar presión, e incluso hay casos en los que desafortunadamente lo que evita la separación es el miedo.

En este artículo veremos algunos consejos acerca de cómo salir de una relación amorosa que solo causa dolor emocional y no aporta nada, aunque no olvides que no existen recetas mágicas que funcionen para todo el mundo: debes adaptar estas pautas a vuestro caso particular.

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Consejos para ayudarte a salir de una relación tormentosa

Estas son pautas a seguir que puedes utilizar como una mini-guía para terminar con una relación que te produce dolor.

1. Párate a analizar tus motivos

Si realmente calificarías tu relación de pareja como tormentosa y consideras que el malestar que te produce no está causada por elementos externos a ella (como por ejemplo una enemistad con la familia de la persona a la que amas), entonces tienes motivos legítimos para querer romper, separarte o divorciarte. Debes tener claro que el sufrimiento no es el estado natural de una relación amorosa.

Por eso, el primer paso es comprender que los motivos por los que quieres terminar con esa relación ni dicen algo malo sobre ti, ni resultan superfluos, dado que en esta clase de vínculos afectivos las emociones lo son todo, y si las emociones que el tuyo suele despertar en ti te dañan, eso en sí mismo indica que no tiene sentido sentirse culpable por querer romper, por un lado, y que no debes esperar la aprobación de alguien más para hacerlo.

2. Valora la urgencia con la que debes romper

Salir de una relación de este tipo no es fácil, pero debe hacerse cuanto antes mejor. Eso sí, en algunos casos debe ser algo inmediato, cuestión de pocas horas o de minutos. Si crees que tu relación es tormentosa, plantéate si es porque la otra persona te ataca física o psicológicamente de maneras que vulneran tu integridad y tu dignidad. Si es el caso, independientemente de si crees que lo hace queriendo o sin darse cuenta de lo que hace, debes protegerte cuanto antes y terminar la relación enseguida, sin darle la oportunidad de manipularte.

Ten en cuenta que muchas personas que maltratan a sus parejas realizan comportamientos conocidos como gaslighting, y que consisten en hacer ver que sus ataques son fruto de la imaginación de la víctima, de manera que se exculpan y a la vez hacen sentir culpable a quien ha sido atacado. Por eso, en estos casos hay que poner énfasis en la necesidad de terminar la relación rápidamente y de manera claramente unilateral.

Si crees que romper con la relación puede hacer que la otra persona se vaya a volver más violenta o que vaya a acosar mucho más (porque en el pasado te ha demostrado que tiende a comportarse de esa manera ante la posibilidad de salir de una relación), es importante que te pongas en contacto con las autoridades, para que impidan que se acerque a ti o que te siga atacando.

3. Ponte fechas y pequeños sub-objetivos

Romper suele ser algo que exige salir fuera de la zona de confort, y por eso algunas personas lo van aplazando una y otra vez, sin ver que con eso alargan el problema y el sufrimiento. Para evitar esto, apúntate en la agenda un día y hora concretos en los que se producirá la ruptura, y si es necesario, también el día y la hora en la que debes llevar a cabo algún sub-objetivo para realizar preparativos. Por ejemplo, anota el día del momento en el que te reunirás con esa persona para comunicarle tu decisión, y el día y la hora en la que la llamarás para quedar a esa hora y en ese lugar.

Esto parece un detalle sin importancia, pero realmente marca la diferencia: si creas a tu alrededor elementos que te llevan a comprometerte con el proceso de salir de esa relación tormentosa, aumentarás mucho tus probabilidades de terminar haciéndolo bien.

4. Si puedes, apóyate en tus seres queridos

No todo el mundo siente que debe compartir sus ideas y emociones con sus amigos y familiares en situaciones como esta, pero en el caso de que sí creas que agradecerías algo así, hazlo. Incluso si eres una persona más bien cerrada y que ve con recelo abrirse acerca de sus sentimientos con los demás, lo más probable es que los demás te muestren apoyo enseguida, por mucho que no les tengas acostumbrados a esta clase de situaciones.

No hay que olvidar que existen formas de amor y de afecto de muchos tipos, y que no tiene sentido actuar como si nada profundo te uniese a esos seres queridos: precisamente, la relación que mantienes con ellos está pensada para situaciones como esta por la que pasas.

 

¿Terapia de pareja o terapia individual?

En muchos casos en los que una relación de pareja pasa por malos momentos, surgen dudas acerca de si merece la pena ir en busca de ayuda profesional para ayudar a solventar esta situación. Esto hace que algunas personas que quieren terminar una relación se planteen si deben ir a terapia de pareja o a terapia individual, para tratar sus propios problemas emocionales.

Ante dudas como esta, la respuesta es sencilla y complicada a la vez: si realmente existe una indecisión acerca de si romper o no, la terapia de pareja es una opción a tener en cuenta; pero si ya hemos tomado la decisión de terminar con ese tipo de relación, no tiene sentido ir a terapia de pareja, y en todo caso podemos ir a terapia individual si creemos que lo necesitamos. Es un error ir a terapia de pareja para tener una coartada para justificar la ruptura posterior bajo la idea de que “lo hemos intentado todo”, porque eso supone consumir tiempo y esfuerzos por parte de la persona con la que cortamos.

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Referencias bibliográficas:

Biscotti, O. (2006). Terapia de Pareja: una mirada sistémica. Buenos Aires: Lumen.
Christensen A., Atkins D.C., Baucom B., Yi J. (2010). Marital status and satisfaction five years following a randomized clinical trial comparing traditional versus integrative behavioral couple therapy. Journal of Consulting and Clinical Psychology. 78 (2): pp. 225 – 235.
Coe, C. L.; Wiener, S. G.; Rosenberg, L. T. y Levine, S. (1985). The Psychobiology of Attachment and Separation. Elsevier. pp. 163-199.
Morgan, J.P. (1991). What is codependency? Journal of Clinical Psychology 47(5): pp. 720 – 729.

Los 5 beneficios de la terapia infantil

beneficios de la terapia infantil

Los 5 beneficios de la terapia infantil. La Psicología tiene dos facetas principales: una centrada en la investigación y en la generación de conocimiento general, y otra aplicada, que busca mejorar directamente las condiciones de vida de la gente. En esta última categoría hay también diferentes ramificaciones, ámbitos en los que trabajan los psicólogos del ámbito aplicado. Un ejemplo de estos ámbitos es la terapia infantil, uno de los servicios más demandados por las familias y las instituciones

En este artículo veremos cuáles son los beneficios de la terapia infantil y por qué es importante acudir a psicólogos expertos en este tipo de intervención para prestar ayuda a familias y a instituciones que trabajan con menores.

Los principales beneficios de la psicoterapia infantil

Estos son los aspectos positivos más importantes de la terapia infantil o infanto-juvenil.

1. Permite abordar dificultades del desarrollo

Los primeros años de vida son clave en diferentes aspectos de la vida adulta que está por llegar. Por un lado, en esta edad se expresan numerosos trastornos que tienen un fuerte componente genético o biológico. Por el otro, las consecuencias negativas de no atender estos problemas son mucho peores si surgen en la infancia.

2. Aborda también los problemas de autoestima y de relaciones

Lo que ocurre en la escuela es, en varios aspectos, tanto o más importante que lo que ocurre en casa, con los progenitores. Es en la escuela donde la mayoría de niños y niñas inician sus primeras amistades significativas y sostenidas en el tiempo con personas de su misma edad, y estos menores de su edad pasan rápidamente a convertirse en sus referentes de comportamiento y los miembros del grupo en el que más desean integrarse.

Tener dificultades para hacer amigos, o incluso sufrir acoso escolar, son aspectos que tienen un impacto muy negativo en los pequeños de la casa. No solo les afecta emocionalmente; también les puede llevar a adoptar hábitos demasiado solitarios y poco comunicativos, ligados al sedentarismo y a la mala condición física y mental.

Los psicólogos que ofrecen terapia infantil también intervienen para tratar esta clase de problemas, facilitando que los niños y niñas aprendan maneras de regular sus emociones y de relacionarse con los demás con mayor seguridad, de manera que su autoestima quede reforzada.

 

3. Ofrece apoyo profesional ante las dificultades escolares

Además, la escuela es uno de los principales contextos en los que niños y niñas desarrollarán sus habilidades cognitivas. Las dificultades que puedan surgir pueden llegar a generar un efecto “bola de nieve”, de manera que un mal primer mes escolar lleva a dar el curso entero por imposible, o incluso a desarrollar un fuerte miedo a la escuela.

Por eso, la terapia infantil aporta un apoyo profesional que permita a los pequeños sacar el máximo provecho de la formación escolar.

4. Sirve para asesorar a padres y madres

La terapia infantil se realiza colaborando con los padres, madres o tutores de los niños que acuden al psicólogo. Esto permite que se trabaje por mejorar el bienestar de los menores tanto en las sesiones de terapia como fuera de ellas, desde el contexto familiar. Además, ayudan a los progenitores a adoptar métodos de crianza y educación más adecuados y eficaces, de manera que se evitan problemas y frustraciones dadas por estrategias que no solo no combaten el problema sino que favorecen el comportamiento hostil en los pequeños.

5. Ayuda a los niños a entender qué les pasa

Finalmente, no hay que pasar por alto que otro de los beneficios de la terapia infantil tiene que ver con el modo en el que los niños y niñas procesan lo que les pasa. Tener a un profesional cualificado para expresarse adecuadamente ante la gente de corta edad, haciendo que entiendan el tipo de problemas que tienen, permite que pongan más orden en su percepción del mundo y de ellos mismos.

Esto hace, por ejemplo, que muestren menos propensión a sentirse mal por tener dificultades para realizar determinados ejercicios en clase, o que no sientan que los compañeros de clase que se burlan de ellos tienen razón. Se trata de explicaciones que sirven de mucho y ayudan a cerrar preguntas que de otra manera podrían ser una fuente extra de angustia por no saber lo que pasa ni lo que pasará.

¿Buscas ayuda profesional para tu hijo o hija?

Si te interesa contar con servicios de terapia infantil, puedes contar con nuestro equipo de psicólogos. En Avance Psicólogos atenderemos tus necesidades de manera personalizada y presencial. Nos puedes encontrar en el centro de Madrid.

 

Nuestra Terapia Infantil

 

Referencias bibliográficas:

Blasi, C.H.; Bjorklund, D.F. (2003). Evolutionary Developmental Psychology: A New Tool for Better Understanding Human Ontogeny. Human Development. 46 (5): pp. 259 – 281.
Morris, A. et al. (2009) The Role of the Family Context in Development of Emotion Regulation. National Institute of Health.
Sanz, L.J. (2012). Psicología Evolutiva y de la Educación. Manual CEDE de Preparación PIR, 10. CEDE: Madrid.

9 Mitos sobre la sexualidad

mitos sobre sexualidad

En este artículo estudiaremos 9 mitos muy comunes sobre la sexualidad. Hay muchísimas ideas erróneas sobre las relaciones sexuales, pero aquí recogemos algunas de las más habituales para refutarlas con información real.

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1. “Existe una edad adecuada para perder la virginidad ”

Este es uno de los mitos que todavía preocupa a la población más joven. Y no es un mito sólo porque no exista una edad límite para empezar a mantener relaciones sexualies, sino porque el concepto de la virginidad es erróneo en sí mismo. ¿Se es virgen si se ha tenido sexo oral pero no penetración, por ejemplo? Según esa regla, ¡muchas mujeres lesbianas serían vírgenes toda su vida! Este es un concepto muy problemático que viene de otros mitos como el de concebir el sexo sólo como penetración, o por la desinformación sobre la anatomía del himen.

2. “El sexo tiene que ser espontáneo”

Es muy común pensar que las relaciones tienen que “surgir”, cuando no lo aplicamos a otras actividades de nuestra vida. No comemos sólo cuando tenemos hambre ni dormimos cuando tenemos sueño, y el problema de pensar así sobre el sexo es que a no buscarle un hueco en nuestro día a día puede verse relegado a algo para lo que nunca encontramos el momento. Tener momentos concretos para las relaciones sexuales puede ser excitante, ya que generamos cierta expectación.
Además, al hablar sobre cuándo tenemos sexo estamos incluyendo un componente de consentimiento explícito que por desgracia no siempre está presente.

3. “Los hombres tienen más deseo que las mujeres”

La biología es sólo uno de los factores que influyen en nuestra sexualidad. Es cierto que la testosterona puede incrementar el deseo sexual, pero no olvidemos que todos los seres humanos tenemos testosterona y estrógenos en proporciones variables.
Este mito está muy influido por los roles sociales que se esperan en función del género. Así, la promiscuidad está mal vista en las mujeres mientras que de los hombres se espera que “siempre estén dispuestos”.

4. “Los afrodisíacos aumentan el deseo”

A día de hoy no se ha encontrado ninguna sustancia que se pueda afirmar que incrementa directamente el deseo sexual. Hay sustancias que desinhiben, como el alcohol y otras drogas, pero que después perjudican a la respuesta sexual. Otros elementos pueden favorecer la circulación y mejorar la respuesta sexual, pero sin aumentar el deseo necesariamente. Por lo general, las personas que consumen alimentos y sustancias supuestamente afrodisíacas pueden experimentar mayor deseo por efecto placebo .

5. “El tamaño del pene importa”

La eterna pregunta… El hecho de que un pene mida más o menos centímetros no es relevante para el placer ya que la sensibilidad de la vagina y el ano no se encuentran en puntos muy profundos (en la vagina, por ejemplo, la mayor sensibilidad está en el tercio exterior). Entonces, ¿por qué hay personas que se fijan en el tamaño? Precisamente por el mito del tamaño hay personas que prefieren que el pene sea grande porque les causa una mayor excitación su apariencia, pero realmente las sensaciones sólo cambian si es demasiado pequeño (inferior a 8 cm en erección) o demasiado grande (ya que puede producir dolor).

6. “No tener orgasmos durante la penetración es un problema”

En parejas heterosexuales es una preocupación común. Sin embargo, la mayoría de las mujeres necesitan una estimulación directa del clítoris para alcanzar el orgasmo (y durante el coito la estimulación de este órgano suele ser indirecta).
Además es un error distinguir entre orgasmos vaginales y clitoridiales ; el orgasmo es una respuesta fisiológica única, sea cual sea el estímulo por el que se llegue a él.

 

7. “El sexo durante la menstruación es antihigiénico”

El contacto con la sangre menstrual en las relaciones no es fuente de infecciones o enfermedades. El cuerpo puede estar algo más sensibledurante el periodo, pero si se usan las medidas de precaución habituales es perfectamente seguro. ¡Incluso hay personas que sienten más deseo y placer durante estos días!

8. “El sexo anal está relacionado con la orientación homosexual”

Esto parece muy básico, pero es un mito que aún persiste. El desconocimiento de la estimulación anal provoca miedos a que sea dolorosa, a que descubra “tendencias ocultas”… ¡cuando lo bueno que tiene es que todo el mundo puede disfrutar de ello! Es especialmente frecuente entre muchos chicos cisgénero y heterosexuales tener curiosidad o deseos de llevar a cabo la penetración anal a una mujer al mismo tiempo que experimentan rechazo ante la idea de recibir estimulación anal por la presencia de creencias homófobas.

9. “Si tienes pareja no deberías masturbarte”

Hay personas que se sienten traicionadas si su pareja se masturba, ya que puede provocar inseguridades del tipo: “Si lo hace es porque no está satisfecha” o “Seguro que está pensando en otra”. Pues bien, la autoestimulación es sana y recomendable en todas las etapas de la vida. Autoexplorarse y darse placer permite conocer mejor el propio cuerpo y así disfrutar mejor de la sexualidad con y sin pareja.
Estas y otras creencias erróneas pueden provocar conflictos de culpa, autoestima y problemas de pareja, pero recurrir a profesionales de la Sexología puede ayudar a vivir la
sexualidad de manera más libre y satisfactoria.

 

Nuestra Terapia Sexológica

Referencias bibliográficas:

Crooks, R. y Baur, K. (2010). Nuestra Sexualidad. Santa Fe, México: Cengage Learning.
Fernández, B. y López de la Llave, A. (2015). Mitos y falacias sexuales. Madrid, España: UNED.

Terapia de Aceptación y Compromiso

aceptación y compromiso

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso? Esta variante de intervención psicoterapéutica ha ido ganando terreno en los últimos años, haciendo que cada vez más profesionales se formen en ella, al mismo ritmo en el que crece la cantidad de personas interesadas en aprovechar sus beneficios como pacientes.

En este artículo veremos cuáles son las características de la Terapia de Aceptación y Compromiso, cuál es la filosofía de trabajo en la que se fundamenta, y los efectos positivos que tiene en las personas que acuden a ella a través del apoyo profesional de la mano de los psicólogos.

Nuestra Terapia Psicológica

Las Terapias de Tercera Generación

Lo primero que hay que saber acerca de la Terapia de Aceptación y Compromiso es que forma parte de las Terapias de Tercera Generación. El nombre de esta categoría hace referencia a que estas formas de intervención psicológica surgieron después de la segunda generación de psicoterapias, las cognitivo-conductuales, aparecidas en los años 60. ¿En qué se diferencian con estas? Principalmente, en su manera de conceptualizar el problema al que el que psicólogo y paciente deben enfrentarse, y los objetivos planteados para conseguirlo.

Desde la perspectiva de las terapias cognitivo-conductuales, el objetivo al que hay que aspirar es la eliminación o la mitigación de síntomas psicológicos que generan malestar, y cuyo poder sobre la persona puede ser combatido propiciando que el paciente piense de otras maneras y adopte nuevos hábitos que debiliten el trastorno.

En cambio, desde la perspectiva de las Terapias de Tercera Generación, el objetivo de la intervención no es tanto hacer desaparecer por completo el malestar, sino limitar la influencia negativa que el trastorno tiene en la persona haciendo que esta aprenda a “convivir” con cierto grado de incomodidad y de imperfección en lo que experimenta.

Además, las Terapias de Tercera Generación también son conocidas como Terapias Contextuales, porque ponen especial énfasis en la necesidad de entender el problema a tratar como parte del contexto en el que vive el paciente y del que no se puede desligar.

Características de la Terapia de Aceptación y Compromiso

Ahora que ya hemos visto en qué consiste la categoría a la que pertenece la Terapia de Aceptación y Compromiso, veamos qué es exactamente esta terapia, aunque algunos de sus rasgos principales ya los hemos visto anticipados en la sección anterior.

1. Se inspira en las terapias cognitivo-conductuales

A pesar de que tal y como hemos visto la Terapia de Aceptación y Compromiso no se considere una terapia cognitivo-conductual, eso no significa que se oponga claramente a los principios y métodos de las que sí lo son.

De hecho, ha sido creada desde los fundamentos de las terapias cognitivo-conductuales, de manera que tienen muchas cosas en común: ambas plantean objetivos terapéuticos concretos, se basan en información lo más objetiva posible, se desarrollan a través de unas pocas sesiones durante varias semanas seguidas, pretenden actuar sobre las creencias y la manera de interpretar las cosas del paciente, etc.

 

2. Se basa en la aceptación

Esto puede parecer redundante ya que es una palabra que aparece en el nombre de la terapia, pero realmente es uno de sus aspectos clave. A través de la Terapia de Aceptación y Compromiso, parte del objetivo a alcanzar es lograr un reajuste de las expectativas del paciente. Así, no tener una vida en la que el problema psicológico no ha dejado ningún rastro no se convierte en un factor que produzca una fuerte inestabilidad emocional ni que mantenga a la persona alejada de la felicidad de manera indefinida.

Esto es útil, teniendo en cuenta que a veces no se puede eliminar por completo el malestar ocasionado por un trastorno: las personas que han desarrollado fobias siguen sintiendo una cierta incomodidad al exponerse a lo que antaño las atemorizó, quienes han pasado por una etapa de depresión tienen un mayor riesgo de recaer, quienes han desarrollado adicciones sienten un mayor grado de tentación ante ciertos estímulos, etc.

3. Bloquea la evitación del pensamiento

La Terapia de Aceptación y Compromiso evita que el paciente se obsesiones con evitar ciertas ideas o pensamientos a causa de que anticipa el malestar que estos producirán si captan su atención.

Esto hace que se habitúen a aquello que hasta ese momento causaba angustia o ansiedad, lo cual permite abordar ciertos problemas con una mentalidad más constructiva.

4. Es una herramienta de resiliencia

Por lo que hemos visto, la Terapia de Aceptación y Compromiso es una gran ayuda a la hora de permitir que las personas superen experiencias dolorosas y vuelvan a ser felices incluso en situaciones que ellas mismas habían calificado de catastróficas meses atrás.

Dicho de otro modo, la Terapia de Aceptación y Compromiso potencia la capacidad de resiliencia, es decir, la habilidad a la hora de adaptarse a situaciones desfavorables y de encontrar significado y la posibilidad de ser feliz en momentos complicados.

Referencias bibliográficas:

  • Hayes, S. C., & Smith, S. (2005). Get Out of Your Mind and into Your Life: The New Acceptance and Commitment Therapy. Santa Rosa, CA: New Harbinger Publications.
  • Hayes, S.C.; Strosahl, K. & Wilson, K.G. (1999). Acceptance and Commitment Therapy: An experiential approach to behavior change. New York: Guilford Press.
  • Ruiz Jiménez, Francisco José (2012). Acceptance and commitment therapy versus traditional cognitive behavioral therapy: A systematic review and meta-analysis of current empirical evidence. International Journal of Psychology and Psychological Therapy. 12 (3): pp. 333 – 358.

Diferencias entre la psicoterapia y el psicoanálisis

diferencias entre psicología y psicoanálisis

¿Cuáles son las diferencias entre la psicoterapia y el psicoanálisis? En la cultura popular, dentro del término “psicología” se agrupan muchas corrientes teóricas, prácticas y filosóficas que tienen poco que ver entre sí. Es por eso que, actualmente, se distingue entre la psicoterapia y el psicoanálisis, dos ámbitos con su propia manera de definir la relación terapeuta-paciente y el tipo de problema psicológico a abordar.

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En este artículo veremos cuáles son exactamente las diferencias entre las sesiones de psicoanálisis y las de psicoterapia, con explicaciones resumidas acerca de cada una de ellas.

Las principales diferencias entre la psicoterapia y el psicoanálisis

Estas son las claves para distinguir entre la psicoterapia y el psicoanálisis, dos conceptos que a menudo son confundidos.

1. Tienen diferentes orígenes

Tanto la psicoterapia como el psicoanálisis surgen aproximadamente a finales del siglo XIX e inicios del XX, pero lo hicieron a partir de planteamientos diferentes.

El psicoanálisis aparece de la mano de Sigmund Freud, que inspirado en los trabajos del médico Josef Breuer y Jean-Martin Charcot, planteó unas sesiones terapéuticas centradas en el fenómeno de lo inconsciente, aquellos procesos mentales que ocurren en nosotros sin que nos demos cuenta. De este modo, para Freud aquello en lo que debe intervenir el psicoanalista son fenómenos que él describía como impulsos psíquicos expresados en forma de símbolos y de conceptos que, en ocasiones, se manifiestan en nuestro comportamiento objetivo de manera automática, al margen de nuestra voluntad (por ejemplo, al estar hablando y sustituir una palabra por otra que en esa frase no tiene sentido).

Por otro lado, la psicoterapia aparece muy influida por la corriente filosófica del positivismo, de manera que desde el principio aspira a parecerse a las ciencias naturales. En este sentido, al dar sus primeros pasos, los psicólogos dedicados a la terapia con pacientes siempre intentaban crear registros sistematizados para recopilar información de los pacientes del modo más objetivo posible, de manera que los datos obtenidos de una persona fuesen comparables a los datos obtenidos de otra.

Debido a esto, el psicoanálisis ha tenido una buena acogida entre los ámbitos de análisis influidos por el post-estructuralismo y las corrientes postmodernas en general, más preocupadas por la subjetividad de los individuos, mientras que la psicoterapia aspira a ser un ámbito más de la ciencia aplicada, como podría ser la medicina.

 

2. Tienen diferentes objetivos

Tal y como hemos visto, el psicoanálisis trata de desentrañar los significados ocultos que hipotéticamente explican el malestar que está experimentando el paciente. Esto pasa por estudiar su caso particular, de manera que tanto el paciente como el psicoanalista permanecen al principio ignorantes de cuál es el principal problema en el que intervenir.

En cambio, la psicoterapia no se fundamenta en la idea de símbolos que significan más de lo que parece. Se centra en modificar las conductas en sí y los estados psicológicos indeseados, por lo que se asume que en las primeras horas de la terapia el paciente sabe más acerca del problema que el terapeuta. Por ello, en la mayoría de los casos el objetivo es resolver la situación haciendo que el paciente llegue a sus metas.

3. La duración es diferente

Como la psicoterapia pretende solucionar problemas definidos del modo menos ambiguo posible, se intenta que la duración de este proceso de mejoría del paciente sea lo más rápido posible.

En cambio, el psicoanálisis no se plantea como un proceso que vaya a terminar rápido. El motivo es que según las ideas propuestas por Sigmund Freud, el paso del tiempo y la vivencia de diferentes experiencias lleva necesariamente a ir desarrollando desajustes en nuestro lado inconsciente, aunque no siempre lleguen a ser tan graves como para requerir acudir a un profesional.

Eso sí, hace ciertas propuestas terapéuticas heredadas del psicoanálisis que sí ofrecen planes de terapia breves, de pocas semanas de duración. Es el caso de la terapia psicodinámica.

4. El psicoanálisis se basa en el pasado lejano, la psicoterapia no

Para los psicoanalistas, las vivencias de la infancia tienen un peso fundamental en el desarrollo psicológico de las personas. Es por ello que, al atender a pacientes, indagan mucho en sus recuerdos de su niñez.

En cambio, en las sesiones de psicoterapia no se suele dar por sentado que la información relativa a la infancia vaya a revelar aspectos importantes para alcanzar los objetivos terapéuticos. En cambio, se pregunta más acerca de los contextos y las situaciones que se vinculan a los momentos en los que el trastorno o problema a tratar genera más malestar, y solo se pregunta acerca del pasado para ver si esto explica aspectos concretos del presente.

 

Nuestra Terapia Psicoanálisis

Referencias bibliográficas:

Labrador F. & Muñoz, J. (1997). Manual de técnicas de modificación y terapia de conducta. Madrid: Pirámide.

Riva, G.; Baños, R.M.; Botella, C.; Mantovani, F.; Gaggioli, A. (2016). Transforming experience: The potential of augmented reality and virtual reality for enhancing personal and clinical change. Frontiers in Psychiatry. 7: 164.

Zhou, X.; Hetrick, S.E.:, Cuijpers, P.; Qin, B.; Barth J.; Whittington, C.J.; Cohen, D.; Del Giovane, C.; Liu, Y.; Michael, K.D.; Zhang, Y.; Weisz, J.R.; Xie, P. (2015). Comparative efficacy and acceptability of psychotherapies for depression in children and adolescents: A systematic review and network meta-analysis. World Psychiatry. 14 (2): 207 – 222.

¿Qué es la zona de confort?

zona de confort

Si por algo se caracteriza la psicoterapia, es por no utilizar recetas mágicas que “curan” al paciente sin necesidad de que éste haga nada. Al contrario: para progresar, los profesionales de la salud mental fomentan la participación de los pacientes en su propia mejoría y recuperación del control en sus vidas.

En este sentido, el concepto de la zona de confort es importante para ayudar a las personas a avanzar hacia sus objetivos, tanto dentro como fuera del marco de la psicoterapia. En este artículo veremos qué es y de qué manera nos puede facilitar las cosas tenerlo en cuenta.

¿Qué es la zona de confort y qué nos dice sobre nosotros mismos?

A modo de resumen, podemos decir que la zona de confort es un estado psicológico en el que la persona se siente en una situación en la que controla lo que ocurre, y en la que no existe una amenaza (material o de cualquier otro tipo) que pueda hacer subir los niveles de ansiedad a corto plazo.

Así pues, la zona de confort depende de las características personales de cada individuo, sus aptitudes y su propia sensibilidad al estrés y maneras de interpretar la realidad. De esto se deduce entre otras cosas que alguien con una alta sensibilidad a las situaciones capaces de provocar ansiedad tendrá una zona de confort más reducida, o menos variada, que alguien que no se agobie fácilmente. La misma vivencia estará dentro de la zona de confort para una de estas personas, y fuera para la otra.

Un ejemplo

Es más fácil entender qué es la zona de confort si utilizamos un ejemplo. En este caso veremos uno basado en una situación ficticia.

Pensemos por un momento en el trabajo de un artesano que está realizando varias figuras de barro pequeñas y sencillas, del tipo de las que hace casi cada día porque se venden bien. Como es un procedimiento que ya ha automatizado a través de la costumbre y que puede hacer de manera casi inconsciente, sin prestar mucha atención, el artesano puede permitirse el lujo de relajarse, e incluso encender la radio o ver algún vídeo en YouTube. El estado psicológico asociado a esto configura la zona de confort: un fenómeno mental en la que la persona podría quedarse de manera casi indefinida, ya que constituye su manera “por defecto” de vivir y de operar, sin amenazas y sin necesidades urgentes que atender.

Sin embargo, si a este artesano le llega una llamada de un cliente que necesita un producto totalmente original y creativo para el día siguiente y a cambio de un pago muy alto, probablemente lanzarse hacia esa meta suponga salir de la zona de confort, porque se expondrá a un reto novedoso, ciertas probabilidades de que sus planes se vean frustrados y malgaste recursos para nada, y la necesidad de darse prisa, con el consiguiente desgaste físico y psicológico.

 

Su relación con la autoeficacia

El hecho de traspasar los límites de la zona de confort se relaciona con una buena autoeficacia, la cual se define como la percepción de las propias capacidades y aptitudes.

Esto es importante, porque la autoeficacia se asocia a aspectos tan importantes como el rendimiento laboral, la satisfacción en el trabajo, la felicidad, el buen control de las emociones, y más. Al salirnos de la zona de confort de vez en cuando, adoptamos la creencia de que es posible ampliar nuestros horizontes en cuanto a habilidades y potencial creativo.

Ventajas e inconvenientes

Permanecer en la zona de confort tiene diversas ventajas e inconvenientes. En algunos contextos puede ser útil aspirar a permanecer en la zona de confort tanto tiempo como sea posible; por ejemplo, en una situación de conflicto armado en el que la ciudad en la que vivimos está siendo sacudida por ataques y oleadas de violencia (algo que desgraciadamente es más habitual de lo que parece en muchas partes del mundo).

El hecho de poder permitirse vivir fuera del alcance de la ansiedad y de los riesgos significativos es un lujo en estas situaciones, y optar por lo contrario puede significar exponerse gravemente al peligro. Además, no hay que olvidar que exponerse durante mucho tiempo a niveles altos de estrés tiene un impacto muy negativo en la salud.

Sin embargo, en otros muchos contextos, no salir de la zona de confort causa muchos problemas a tener en cuenta. Por ejemplo, fomenta el estancamiento emocional, al no proporcionarnos nuevas fuentes de motivación ni metas ilusionantes que nos permitan tener una sensación de progreso en nuestras vidas. Si cada día nos limitamos a dormir, comer y ver la televisión, es muy poco probable que este estilo de vida nos resulte estimulante a largo plazo, dado que cada día es como el anterior.

Por otro lado, tal y como hemos anticipado antes, en el contexto de la psicoterapia es muy importante salir de la zona de confort. Veamos por qué.

Salir de la zona de confort en psicoterapia

Las personas que acuden a psicoterapia pueden haber desarrollado o no un trastorno mental, pero lo que prácticamente todas tienen en común es que viven atrapadas en un bucle de patrones de comportamiento que les aporta malestar.

Por ejemplo, algunas personas que están inmersas en una crisis de pareja se han acostumbrado a discutir por todo, las personas con Trastorno Obsesivo-Compulsivo se han acostumbrado a realizar ciertas acciones repetitivas al sentirse angustiadas, las personas con fobias se han acostumbrado a huir de lo que les da miedo, etc. En definitiva, aunque parezca paradójico, la expresión de los síntomas por los que van a terapia es su propia zona de confort deformada, disfuncional y contradictoria; una manera de no tener que afrontar un malestar mayor a corto plazo, a cambio de seguir sintiendo malestar de manera indefinida cada vez que se repita “el ciclo” del problema.

Por ello, la psicoterapia requiere que el paciente se comprometa en el proceso, que sea consciente que deberá esforzarse mínimamente para mejorar y enfrentarse a situaciones novedosas y que suponen un reto si quiere superar el problema por el que va al psicólogo.

 

Para ello contará con la ayuda de los profesionales de la psicoterapia que le acompañarán e intentarán hacer lo necesario para que se sienta motivado, pero quien necesita la ayuda profesional es su propio agente del cambio, y toda mejoría será mérito suyo, principalmente.

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Referencias bibliográficas:

Hewitt, J.P. (2009). Oxford Handbook of Positive Psychology. Oxford University Press. pp. 217- 224.
Judge, T. A.; Bono, J. E. (2001). Relationship of core self-evaluations traits—self-esteem, generalized self-efficacy, locus of control, and emotional stability—with job satisfaction and job performance: A meta-analysis. Journal of Applied Psychology 86 (1): pp. 80 – 92.
White, Alasdair (2009). From Comfort Zone to Performance Management: Understanding Development and Performance. White & MacLean Publishing.

Cómo ayudar a niños con fobias y miedos

fobias niños

Cómo ayudar a niños con fobias y miedos. Las fobias se definen como un miedo extremo y reacciones de ansiedad a un estímulo concreto. La ansiedad es una reacción del cuerpo ante algo que nos resulta amenazante. Es una manera de prepararnos para huir o atacar. Como podemos imaginar ha sido útil en toda la existencia del ser humano, sin embargo, hay ocasiones donde se activa ante estímulos que no son peligrosos. En ambos casos son reacciones normales del cuerpo humano y gestionarla es muy importante.

En los niños ocurre lo mismo que con los adultos y encontramos ansiedad ante ciertos estímulos.

Las fobias más comunes en la infancia

  • Fobia a la oscuridad.
  • Miedo a monstruos y criaturas fantásticas.
  • Miedo a quedarse solos o separarse de los padres.
  • Miedo al cole.
  • Fobia a los animales.
  • Fobia a médicos.

 

Cuando aparecen estos estímulos los niños, como los adultos, comienzan a sentir muchas sensaciones de ansiedad y activación. Estas sensaciones están, además, acompañadas de pensamientos de amenaza y catastróficos. Estos factores hacen que la experiencia de quien lo sufre sea muy intensa y la persona tenga mucha necesidad de huir de la situación.

En los niños es también así e incluso más acusado que en los adultos ya que no disponen todavía de los mecanismos de regulación que hacen que se enfrente al miedo si considera que es necesario en la situación.

 

Ayudar a los niños con miedos es, precisamente, una manera de acercarles a esas estrategias que tenemos más los adultos. Ser capaces de notar que algo me da miedo pero no prestarle mucha atención y “vencer” el miedo.

La superación de las fobias pasa por la exposicion, es decir, ponernos frente a las situaciones que tememos a pesar del miedo que nos generan. Cuando hacemos las exposiciones de manera continua y reiterada el cuerpo empieza a relajarse (por lo que conocemos como habituación) además de darnos cuenta de que no pasa nada y los miedos eran infundados o, al menos, mucho más catastróficos. A la larga conseguimos que la activación que nos genera no sea tan alta y digamos que “se nos ha quitado” el miedo.

Ayudar a los niños con fobias es guiarles en estas exposiciones y, para ello, es importante que sigamos los siguientes consejos:

1. Ayudarle a reconocer el miedo y entenderlo como normal

Explicarle que todos tenemos miedo, que es una reacción normal. Ayudarle a identificar cómo se siente tener miedo. Qué zonas del cuerpo se activan y cómo lo hacen. Podemos guiarle a que nos explique en qué partes del cuerpo lo siente (identificar la emoción) y qué pensamientos van asociados a lo que le da miedo (identificar los pensamientos exagerados y catastrofistas)

En ocasiones se puede pedir al niño que dibuje el miedo en un papel con el mismo fin: identificarlo y entenderlo como una emoción más lo que le permitiría enfrentarse a la situación con una concepción diferente de las sensaciones.

2. Motivarlo a enfrentarse a sus miedos

Acercarle a situaciones donde tiene miedo y explicarle que vamos a enfrentarlas juntos para “vencer al miedo”. Tenemos que potenciar situaciones donde se den las características que le dan miedo y ayudarle, poco a poco, a enfrentarse. Para ello hay que seleccionar aquellas situaciones que generen miedo e ir aumentando el nivel de dificultad. Ponerlo como un reto o una “misión” puede ayudar a motivar al niño a enfrentarse a las situaciones conflictivas de una manera más lúdica y atractiva.

3. No hacer excesivas concesiones porque tenga miedo

En ocasiones los padres y educadores sentimos lástima porque muestren miedo y tendemos a hacer que eviten situaciones importantes porque les hacen sentir temor. Es importante atender que los niños tienen miedos normales de la edad que se irán con el tiempo pero, aun así, si observamos que el miedo perdura con el tiempo y fuera de la edad típica tenemos que dejar de hacer concesiones al miedo y empezar a plantarle cara. De una manera paulatina hay que “tragarnos” la pena que nos da verle con miedo y ayudarle a enfrentarlo aunque se pase un poquito mal (tanto los padres como el pequeño).

4. Ser ejemplo con nuestro comportamiento

Si nosotros mostramos una actitud valiente con las cosas que nos dan miedo seremos un buen modelo para los pequeños. Es importante decirles y mostrarles que nosotros también tenemos miedo y, a pesar de ello, continuamos con lo que tenemos que hacer y no dejamos que el miedo gane la batalla. No solo hay que decirlo si no que tienen que presenciar momentos donde lo pongamos en práctica.

5. Busca ayuda de un especialista

Si el miedo persiste o el niño está muy cerrado a vencerlo consulta con un psicólogo infantil. Él o ella puede ayudaros a analizar mejor la situación y encontrar claves importantes para ayudar al pequeño a superar sus fobias además de trabajar más aspectos que puedan estar relacionados.

 

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