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Terapia de Aceptación y Compromiso

aceptación y compromiso

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso? Esta variante de intervención psicoterapéutica ha ido ganando terreno en los últimos años, haciendo que cada vez más profesionales se formen en ella, al mismo ritmo en el que crece la cantidad de personas interesadas en aprovechar sus beneficios como pacientes.

En este artículo veremos cuáles son las características de la Terapia de Aceptación y Compromiso, cuál es la filosofía de trabajo en la que se fundamenta, y los efectos positivos que tiene en las personas que acuden a ella a través del apoyo profesional de la mano de los psicólogos.

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Las Terapias de Tercera Generación

Lo primero que hay que saber acerca de la Terapia de Aceptación y Compromiso es que forma parte de las Terapias de Tercera Generación. El nombre de esta categoría hace referencia a que estas formas de intervención psicológica surgieron después de la segunda generación de psicoterapias, las cognitivo-conductuales, aparecidas en los años 60. ¿En qué se diferencian con estas? Principalmente, en su manera de conceptualizar el problema al que el que psicólogo y paciente deben enfrentarse, y los objetivos planteados para conseguirlo.

Desde la perspectiva de las terapias cognitivo-conductuales, el objetivo al que hay que aspirar es la eliminación o la mitigación de síntomas psicológicos que generan malestar, y cuyo poder sobre la persona puede ser combatido propiciando que el paciente piense de otras maneras y adopte nuevos hábitos que debiliten el trastorno.

En cambio, desde la perspectiva de las Terapias de Tercera Generación, el objetivo de la intervención no es tanto hacer desaparecer por completo el malestar, sino limitar la influencia negativa que el trastorno tiene en la persona haciendo que esta aprenda a “convivir” con cierto grado de incomodidad y de imperfección en lo que experimenta.

Además, las Terapias de Tercera Generación también son conocidas como Terapias Contextuales, porque ponen especial énfasis en la necesidad de entender el problema a tratar como parte del contexto en el que vive el paciente y del que no se puede desligar.

Características de la Terapia de Aceptación y Compromiso

Ahora que ya hemos visto en qué consiste la categoría a la que pertenece la Terapia de Aceptación y Compromiso, veamos qué es exactamente esta terapia, aunque algunos de sus rasgos principales ya los hemos visto anticipados en la sección anterior.

1. Se inspira en las terapias cognitivo-conductuales

A pesar de que tal y como hemos visto la Terapia de Aceptación y Compromiso no se considere una terapia cognitivo-conductual, eso no significa que se oponga claramente a los principios y métodos de las que sí lo son.

De hecho, ha sido creada desde los fundamentos de las terapias cognitivo-conductuales, de manera que tienen muchas cosas en común: ambas plantean objetivos terapéuticos concretos, se basan en información lo más objetiva posible, se desarrollan a través de unas pocas sesiones durante varias semanas seguidas, pretenden actuar sobre las creencias y la manera de interpretar las cosas del paciente, etc.

 

2. Se basa en la aceptación

Esto puede parecer redundante ya que es una palabra que aparece en el nombre de la terapia, pero realmente es uno de sus aspectos clave. A través de la Terapia de Aceptación y Compromiso, parte del objetivo a alcanzar es lograr un reajuste de las expectativas del paciente. Así, no tener una vida en la que el problema psicológico no ha dejado ningún rastro no se convierte en un factor que produzca una fuerte inestabilidad emocional ni que mantenga a la persona alejada de la felicidad de manera indefinida.

Esto es útil, teniendo en cuenta que a veces no se puede eliminar por completo el malestar ocasionado por un trastorno: las personas que han desarrollado fobias siguen sintiendo una cierta incomodidad al exponerse a lo que antaño las atemorizó, quienes han pasado por una etapa de depresión tienen un mayor riesgo de recaer, quienes han desarrollado adicciones sienten un mayor grado de tentación ante ciertos estímulos, etc.

3. Bloquea la evitación del pensamiento

La Terapia de Aceptación y Compromiso evita que el paciente se obsesiones con evitar ciertas ideas o pensamientos a causa de que anticipa el malestar que estos producirán si captan su atención.

Esto hace que se habitúen a aquello que hasta ese momento causaba angustia o ansiedad, lo cual permite abordar ciertos problemas con una mentalidad más constructiva.

4. Es una herramienta de resiliencia

Por lo que hemos visto, la Terapia de Aceptación y Compromiso es una gran ayuda a la hora de permitir que las personas superen experiencias dolorosas y vuelvan a ser felices incluso en situaciones que ellas mismas habían calificado de catastróficas meses atrás.

Dicho de otro modo, la Terapia de Aceptación y Compromiso potencia la capacidad de resiliencia, es decir, la habilidad a la hora de adaptarse a situaciones desfavorables y de encontrar significado y la posibilidad de ser feliz en momentos complicados.

Referencias bibliográficas:

  • Hayes, S. C., & Smith, S. (2005). Get Out of Your Mind and into Your Life: The New Acceptance and Commitment Therapy. Santa Rosa, CA: New Harbinger Publications.
  • Hayes, S.C.; Strosahl, K. & Wilson, K.G. (1999). Acceptance and Commitment Therapy: An experiential approach to behavior change. New York: Guilford Press.
  • Ruiz Jiménez, Francisco José (2012). Acceptance and commitment therapy versus traditional cognitive behavioral therapy: A systematic review and meta-analysis of current empirical evidence. International Journal of Psychology and Psychological Therapy. 12 (3): pp. 333 – 358.

Diferencias entre la psicoterapia y el psicoanálisis

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¿Cuáles son las diferencias entre la psicoterapia y el psicoanálisis? En la cultura popular, dentro del término “psicología” se agrupan muchas corrientes teóricas, prácticas y filosóficas que tienen poco que ver entre sí. Es por eso que, actualmente, se distingue entre la psicoterapia y el psicoanálisis, dos ámbitos con su propia manera de definir la relación terapeuta-paciente y el tipo de problema psicológico a abordar.

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En este artículo veremos cuáles son exactamente las diferencias entre las sesiones de psicoanálisis y las de psicoterapia, con explicaciones resumidas acerca de cada una de ellas.

Las principales diferencias entre la psicoterapia y el psicoanálisis

Estas son las claves para distinguir entre la psicoterapia y el psicoanálisis, dos conceptos que a menudo son confundidos.

1. Tienen diferentes orígenes

Tanto la psicoterapia como el psicoanálisis surgen aproximadamente a finales del siglo XIX e inicios del XX, pero lo hicieron a partir de planteamientos diferentes.

El psicoanálisis aparece de la mano de Sigmund Freud, que inspirado en los trabajos del médico Josef Breuer y Jean-Martin Charcot, planteó unas sesiones terapéuticas centradas en el fenómeno de lo inconsciente, aquellos procesos mentales que ocurren en nosotros sin que nos demos cuenta. De este modo, para Freud aquello en lo que debe intervenir el psicoanalista son fenómenos que él describía como impulsos psíquicos expresados en forma de símbolos y de conceptos que, en ocasiones, se manifiestan en nuestro comportamiento objetivo de manera automática, al margen de nuestra voluntad (por ejemplo, al estar hablando y sustituir una palabra por otra que en esa frase no tiene sentido).

Por otro lado, la psicoterapia aparece muy influida por la corriente filosófica del positivismo, de manera que desde el principio aspira a parecerse a las ciencias naturales. En este sentido, al dar sus primeros pasos, los psicólogos dedicados a la terapia con pacientes siempre intentaban crear registros sistematizados para recopilar información de los pacientes del modo más objetivo posible, de manera que los datos obtenidos de una persona fuesen comparables a los datos obtenidos de otra.

Debido a esto, el psicoanálisis ha tenido una buena acogida entre los ámbitos de análisis influidos por el post-estructuralismo y las corrientes postmodernas en general, más preocupadas por la subjetividad de los individuos, mientras que la psicoterapia aspira a ser un ámbito más de la ciencia aplicada, como podría ser la medicina.

 

2. Tienen diferentes objetivos

Tal y como hemos visto, el psicoanálisis trata de desentrañar los significados ocultos que hipotéticamente explican el malestar que está experimentando el paciente. Esto pasa por estudiar su caso particular, de manera que tanto el paciente como el psicoanalista permanecen al principio ignorantes de cuál es el principal problema en el que intervenir.

En cambio, la psicoterapia no se fundamenta en la idea de símbolos que significan más de lo que parece. Se centra en modificar las conductas en sí y los estados psicológicos indeseados, por lo que se asume que en las primeras horas de la terapia el paciente sabe más acerca del problema que el terapeuta. Por ello, en la mayoría de los casos el objetivo es resolver la situación haciendo que el paciente llegue a sus metas.

3. La duración es diferente

Como la psicoterapia pretende solucionar problemas definidos del modo menos ambiguo posible, se intenta que la duración de este proceso de mejoría del paciente sea lo más rápido posible.

En cambio, el psicoanálisis no se plantea como un proceso que vaya a terminar rápido. El motivo es que según las ideas propuestas por Sigmund Freud, el paso del tiempo y la vivencia de diferentes experiencias lleva necesariamente a ir desarrollando desajustes en nuestro lado inconsciente, aunque no siempre lleguen a ser tan graves como para requerir acudir a un profesional.

Eso sí, hace ciertas propuestas terapéuticas heredadas del psicoanálisis que sí ofrecen planes de terapia breves, de pocas semanas de duración. Es el caso de la terapia psicodinámica.

4. El psicoanálisis se basa en el pasado lejano, la psicoterapia no

Para los psicoanalistas, las vivencias de la infancia tienen un peso fundamental en el desarrollo psicológico de las personas. Es por ello que, al atender a pacientes, indagan mucho en sus recuerdos de su niñez.

En cambio, en las sesiones de psicoterapia no se suele dar por sentado que la información relativa a la infancia vaya a revelar aspectos importantes para alcanzar los objetivos terapéuticos. En cambio, se pregunta más acerca de los contextos y las situaciones que se vinculan a los momentos en los que el trastorno o problema a tratar genera más malestar, y solo se pregunta acerca del pasado para ver si esto explica aspectos concretos del presente.

 

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Referencias bibliográficas:

Labrador F. & Muñoz, J. (1997). Manual de técnicas de modificación y terapia de conducta. Madrid: Pirámide.

Riva, G.; Baños, R.M.; Botella, C.; Mantovani, F.; Gaggioli, A. (2016). Transforming experience: The potential of augmented reality and virtual reality for enhancing personal and clinical change. Frontiers in Psychiatry. 7: 164.

Zhou, X.; Hetrick, S.E.:, Cuijpers, P.; Qin, B.; Barth J.; Whittington, C.J.; Cohen, D.; Del Giovane, C.; Liu, Y.; Michael, K.D.; Zhang, Y.; Weisz, J.R.; Xie, P. (2015). Comparative efficacy and acceptability of psychotherapies for depression in children and adolescents: A systematic review and network meta-analysis. World Psychiatry. 14 (2): 207 – 222.

¿Qué es la zona de confort?

zona de confort

Si por algo se caracteriza la psicoterapia, es por no utilizar recetas mágicas que “curan” al paciente sin necesidad de que éste haga nada. Al contrario: para progresar, los profesionales de la salud mental fomentan la participación de los pacientes en su propia mejoría y recuperación del control en sus vidas.

En este sentido, el concepto de la zona de confort es importante para ayudar a las personas a avanzar hacia sus objetivos, tanto dentro como fuera del marco de la psicoterapia. En este artículo veremos qué es y de qué manera nos puede facilitar las cosas tenerlo en cuenta.

¿Qué es la zona de confort y qué nos dice sobre nosotros mismos?

A modo de resumen, podemos decir que la zona de confort es un estado psicológico en el que la persona se siente en una situación en la que controla lo que ocurre, y en la que no existe una amenaza (material o de cualquier otro tipo) que pueda hacer subir los niveles de ansiedad a corto plazo.

Así pues, la zona de confort depende de las características personales de cada individuo, sus aptitudes y su propia sensibilidad al estrés y maneras de interpretar la realidad. De esto se deduce entre otras cosas que alguien con una alta sensibilidad a las situaciones capaces de provocar ansiedad tendrá una zona de confort más reducida, o menos variada, que alguien que no se agobie fácilmente. La misma vivencia estará dentro de la zona de confort para una de estas personas, y fuera para la otra.

Un ejemplo

Es más fácil entender qué es la zona de confort si utilizamos un ejemplo. En este caso veremos uno basado en una situación ficticia.

Pensemos por un momento en el trabajo de un artesano que está realizando varias figuras de barro pequeñas y sencillas, del tipo de las que hace casi cada día porque se venden bien. Como es un procedimiento que ya ha automatizado a través de la costumbre y que puede hacer de manera casi inconsciente, sin prestar mucha atención, el artesano puede permitirse el lujo de relajarse, e incluso encender la radio o ver algún vídeo en YouTube. El estado psicológico asociado a esto configura la zona de confort: un fenómeno mental en la que la persona podría quedarse de manera casi indefinida, ya que constituye su manera “por defecto” de vivir y de operar, sin amenazas y sin necesidades urgentes que atender.

Sin embargo, si a este artesano le llega una llamada de un cliente que necesita un producto totalmente original y creativo para el día siguiente y a cambio de un pago muy alto, probablemente lanzarse hacia esa meta suponga salir de la zona de confort, porque se expondrá a un reto novedoso, ciertas probabilidades de que sus planes se vean frustrados y malgaste recursos para nada, y la necesidad de darse prisa, con el consiguiente desgaste físico y psicológico.

 

Su relación con la autoeficacia

El hecho de traspasar los límites de la zona de confort se relaciona con una buena autoeficacia, la cual se define como la percepción de las propias capacidades y aptitudes.

Esto es importante, porque la autoeficacia se asocia a aspectos tan importantes como el rendimiento laboral, la satisfacción en el trabajo, la felicidad, el buen control de las emociones, y más. Al salirnos de la zona de confort de vez en cuando, adoptamos la creencia de que es posible ampliar nuestros horizontes en cuanto a habilidades y potencial creativo.

Ventajas e inconvenientes

Permanecer en la zona de confort tiene diversas ventajas e inconvenientes. En algunos contextos puede ser útil aspirar a permanecer en la zona de confort tanto tiempo como sea posible; por ejemplo, en una situación de conflicto armado en el que la ciudad en la que vivimos está siendo sacudida por ataques y oleadas de violencia (algo que desgraciadamente es más habitual de lo que parece en muchas partes del mundo).

El hecho de poder permitirse vivir fuera del alcance de la ansiedad y de los riesgos significativos es un lujo en estas situaciones, y optar por lo contrario puede significar exponerse gravemente al peligro. Además, no hay que olvidar que exponerse durante mucho tiempo a niveles altos de estrés tiene un impacto muy negativo en la salud.

Sin embargo, en otros muchos contextos, no salir de la zona de confort causa muchos problemas a tener en cuenta. Por ejemplo, fomenta el estancamiento emocional, al no proporcionarnos nuevas fuentes de motivación ni metas ilusionantes que nos permitan tener una sensación de progreso en nuestras vidas. Si cada día nos limitamos a dormir, comer y ver la televisión, es muy poco probable que este estilo de vida nos resulte estimulante a largo plazo, dado que cada día es como el anterior.

Por otro lado, tal y como hemos anticipado antes, en el contexto de la psicoterapia es muy importante salir de la zona de confort. Veamos por qué.

Salir de la zona de confort en psicoterapia

Las personas que acuden a psicoterapia pueden haber desarrollado o no un trastorno mental, pero lo que prácticamente todas tienen en común es que viven atrapadas en un bucle de patrones de comportamiento que les aporta malestar.

Por ejemplo, algunas personas que están inmersas en una crisis de pareja se han acostumbrado a discutir por todo, las personas con Trastorno Obsesivo-Compulsivo se han acostumbrado a realizar ciertas acciones repetitivas al sentirse angustiadas, las personas con fobias se han acostumbrado a huir de lo que les da miedo, etc. En definitiva, aunque parezca paradójico, la expresión de los síntomas por los que van a terapia es su propia zona de confort deformada, disfuncional y contradictoria; una manera de no tener que afrontar un malestar mayor a corto plazo, a cambio de seguir sintiendo malestar de manera indefinida cada vez que se repita “el ciclo” del problema.

Por ello, la psicoterapia requiere que el paciente se comprometa en el proceso, que sea consciente que deberá esforzarse mínimamente para mejorar y enfrentarse a situaciones novedosas y que suponen un reto si quiere superar el problema por el que va al psicólogo.

 

Para ello contará con la ayuda de los profesionales de la psicoterapia que le acompañarán e intentarán hacer lo necesario para que se sienta motivado, pero quien necesita la ayuda profesional es su propio agente del cambio, y toda mejoría será mérito suyo, principalmente.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Hewitt, J.P. (2009). Oxford Handbook of Positive Psychology. Oxford University Press. pp. 217- 224.
Judge, T. A.; Bono, J. E. (2001). Relationship of core self-evaluations traits—self-esteem, generalized self-efficacy, locus of control, and emotional stability—with job satisfaction and job performance: A meta-analysis. Journal of Applied Psychology 86 (1): pp. 80 – 92.
White, Alasdair (2009). From Comfort Zone to Performance Management: Understanding Development and Performance. White & MacLean Publishing.

Cómo ayudar a niños con fobias y miedos

fobias niños

Cómo ayudar a niños con fobias y miedos. Las fobias se definen como un miedo extremo y reacciones de ansiedad a un estímulo concreto. La ansiedad es una reacción del cuerpo ante algo que nos resulta amenazante. Es una manera de prepararnos para huir o atacar. Como podemos imaginar ha sido útil en toda la existencia del ser humano, sin embargo, hay ocasiones donde se activa ante estímulos que no son peligrosos. En ambos casos son reacciones normales del cuerpo humano y gestionarla es muy importante.

En los niños ocurre lo mismo que con los adultos y encontramos ansiedad ante ciertos estímulos.

Las fobias más comunes en la infancia

  • Fobia a la oscuridad.
  • Miedo a monstruos y criaturas fantásticas.
  • Miedo a quedarse solos o separarse de los padres.
  • Miedo al cole.
  • Fobia a los animales.
  • Fobia a médicos.

 

Cuando aparecen estos estímulos los niños, como los adultos, comienzan a sentir muchas sensaciones de ansiedad y activación. Estas sensaciones están, además, acompañadas de pensamientos de amenaza y catastróficos. Estos factores hacen que la experiencia de quien lo sufre sea muy intensa y la persona tenga mucha necesidad de huir de la situación.

En los niños es también así e incluso más acusado que en los adultos ya que no disponen todavía de los mecanismos de regulación que hacen que se enfrente al miedo si considera que es necesario en la situación.

 

Ayudar a los niños con miedos es, precisamente, una manera de acercarles a esas estrategias que tenemos más los adultos. Ser capaces de notar que algo me da miedo pero no prestarle mucha atención y “vencer” el miedo.

La superación de las fobias pasa por la exposicion, es decir, ponernos frente a las situaciones que tememos a pesar del miedo que nos generan. Cuando hacemos las exposiciones de manera continua y reiterada el cuerpo empieza a relajarse (por lo que conocemos como habituación) además de darnos cuenta de que no pasa nada y los miedos eran infundados o, al menos, mucho más catastróficos. A la larga conseguimos que la activación que nos genera no sea tan alta y digamos que “se nos ha quitado” el miedo.

Ayudar a los niños con fobias es guiarles en estas exposiciones y, para ello, es importante que sigamos los siguientes consejos:

1. Ayudarle a reconocer el miedo y entenderlo como normal

Explicarle que todos tenemos miedo, que es una reacción normal. Ayudarle a identificar cómo se siente tener miedo. Qué zonas del cuerpo se activan y cómo lo hacen. Podemos guiarle a que nos explique en qué partes del cuerpo lo siente (identificar la emoción) y qué pensamientos van asociados a lo que le da miedo (identificar los pensamientos exagerados y catastrofistas)

En ocasiones se puede pedir al niño que dibuje el miedo en un papel con el mismo fin: identificarlo y entenderlo como una emoción más lo que le permitiría enfrentarse a la situación con una concepción diferente de las sensaciones.

2. Motivarlo a enfrentarse a sus miedos

Acercarle a situaciones donde tiene miedo y explicarle que vamos a enfrentarlas juntos para “vencer al miedo”. Tenemos que potenciar situaciones donde se den las características que le dan miedo y ayudarle, poco a poco, a enfrentarse. Para ello hay que seleccionar aquellas situaciones que generen miedo e ir aumentando el nivel de dificultad. Ponerlo como un reto o una “misión” puede ayudar a motivar al niño a enfrentarse a las situaciones conflictivas de una manera más lúdica y atractiva.

3. No hacer excesivas concesiones porque tenga miedo

En ocasiones los padres y educadores sentimos lástima porque muestren miedo y tendemos a hacer que eviten situaciones importantes porque les hacen sentir temor. Es importante atender que los niños tienen miedos normales de la edad que se irán con el tiempo pero, aun así, si observamos que el miedo perdura con el tiempo y fuera de la edad típica tenemos que dejar de hacer concesiones al miedo y empezar a plantarle cara. De una manera paulatina hay que “tragarnos” la pena que nos da verle con miedo y ayudarle a enfrentarlo aunque se pase un poquito mal (tanto los padres como el pequeño).

4. Ser ejemplo con nuestro comportamiento

Si nosotros mostramos una actitud valiente con las cosas que nos dan miedo seremos un buen modelo para los pequeños. Es importante decirles y mostrarles que nosotros también tenemos miedo y, a pesar de ello, continuamos con lo que tenemos que hacer y no dejamos que el miedo gane la batalla. No solo hay que decirlo si no que tienen que presenciar momentos donde lo pongamos en práctica.

5. Busca ayuda de un especialista

Si el miedo persiste o el niño está muy cerrado a vencerlo consulta con un psicólogo infantil. Él o ella puede ayudaros a analizar mejor la situación y encontrar claves importantes para ayudar al pequeño a superar sus fobias además de trabajar más aspectos que puedan estar relacionados.

 

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Fantasías Sexuales, un mundo por descubrir

fantasías sexuales

El sexo es un área más de nuestra vida, puede influir en nuestro estado de ánimo, en las relaciones que tengamos con los demás así como en nuestra autoestima y autoimagen. Siendo un tema tan crucial y presente en la vida del 100% de personas, todavía nos queda mucho camino que recorrer en muchos aspectos del sexo. En este post vamos a hablar sobre un aspecto concreto del sexo: fantasías sexuales. Es un tema muy común en las conversaciones entre amigos y amigas. Todo el mundo alguna vez ha tenido alguna fantasía sexual.

Aquí vamos a resolver algunas preguntas que nos pueden surgir cuando hablamos de las fantasías sexuales: ¿tienen más fantasías los hombres que las mujeres? ¿si fantaseo con otra persona que no es mi pareja, le estoy siendo infiel? ¿en las fantasías puede pasar de todo?

Estas preguntas y muchas otras son las que vamos a ir respondiendo a lo largo del post, tratando de resolver cualquier duda que pueda surgir sobre este tema tan famoso y tan poco hablado.

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¿Qué son las fantasías sexuales?

Las fantasías son representaciones mentales que creamos basadas en nuestros deseos. En las fantasías eróticas surgen pensamientos e imágenes que provocan una sensaciones físicas vívidas como placenteras. El mundo creativo nos permite canalizar determinadas sensaciones físicas como psicológicas que en determinados momentos no podemos expresar. De esta manera, a nivel erótico, las fantasías cumplen una serie de funciones para nuestra persona:

1. Ayudan al autoconocimiento

A través de las fantasías que tenemos, vamos a ir averiguando qué es lo que nos produce más placer, qué es lo que nos produce intimidad con nuestra pareja o con la pareja que deseamos, qué es lo que no nos gusta o nos genera sentimientos de angustia o miedo…Todo ello nos da una información muy amplia y heterogénea sobre nuestro propio sentir y nuestro cuerpo.

2. Ayudan a la comprensión de nuestra persona en el terreno psicosexual

Este es el punto de partida para dejar de culparnos por sentir una cosa u otra. Es el primer paso para la psicoterapia, aceptarnos tal y como somos y poder entendernos un poco más, con el objetivo de poder cambiar aquello que nos está dañando.

3. Ayudan al desarrollo sexual, crecimiento personal y a la creatividad no solo en el terreno erótico

Esta última se deriva de las anteriores añadiendo la parte creativa. En el momento en que nuestra mente comienza a crear imágenes o pensamientos, estamos creando algo nuevo, concretamente en el ámbito sexual. Esto nos da a conocer muchas partes de nuestro yo y a partir de ahí poder desarrollarlas como queramos. Esta habilidad, se puede llevar a cualquier ámbito de nuestra vida y fomentar el mundo creativo.

Tipos de fantasías sexuales

Las fantasías eróticas pueden tener distinta temática y desde ahí se derivan los diferentes tipos:

Espontáneas

No son voluntarias y pueden surgir a partir de escuchar alguna canción, de algún olor o de algo que veamos. Surgen a partir de nuestros sentidos pero de una forma no consciente.

Voluntarias

Son aquellas que nos creamos sobre una temática concreta y con alguien concreto. Pueden ser escenas que ya hayamos vivido y las volvemos a revivir; pueden ser escenas no vividas y que deseamos que ocurran; o pueden ser escenas no vividas y que no queremos que nos pasen.

Contenido Sexual

El cual puede ser genital o global. Generalmente se ha comprobado que las fantasías con contenido genital son más propias de los hombres, mientras que las de contenido global, en las que hay más erotismo, romanticismo…son más propias de mujeres.

Contenido Sexual no explícito

Por ejemplo en los fetichismos, donde una prenda de vestir puede convertirse en un estímulo sexual.

La persona como sujeto activo o pasivo

A veces pueden darse fantasías en las que la persona sea espectadora o bien que sea la protagonista de la escena.

Las fantasías sexuales, al igual que nuestra creatividad, va evolucionando según el periodo vital de la persona, sus experiencias y sus valores. Además en ello entra en juego el papel de la cultura en la que crecemos. Con ello quiero decir, la tipología de fantasías sexuales puede ir variando y nos podemos reconocer en todos los tipos a lo largo de nuestra vida.

 

Mitos sobre las fantasías sexuales

Cualquier tema que sea tabú en una sociedad y del que nos hagamos muchas preguntas, provoca que se creen una serie de mitos, que concretamente en el tema sexual, son una de las causas de disfunciones o malestar en la propia persona. Por esto, quiero explicar algunos mitos o preguntas que las personas se hacen con respecto a las fantasías:

Los hombres tienen más fantasías sexuales que las mujeres

Según un estudio publicado en The Journal of Sex Research concluyó que los hombres piensan una media de 19 veces al día en sexo y las mujeres tan solo 10.
Si nos quedamos con este dato sacado del estudio, lo más probable es que demos por válido el mito anterior. No obstante, para poder darle un sentido hay que contextualizar.
Socialmente, a las mujeres se les ha educado para cuidar, estar en pendiente de las relaciones y la expresión de las emociones. En cambio a los hombres se les ha educado en la no expresión de emociones, centrarse en sus deseos e ir a conseguirlos.
Con esto como base, es fácil pensar que los hombres tengan cierta facilidad para tener o crear unas imágenes más sexuales, que van enfocadas a los genitales y a conseguir el orgasmo. En cambio las mujeres, están más enfocadas en la parte más sentimental o romántica de esas imágenes, en lugar de en la genitalidad.
Por supuesto esto no quiere decir que los hombres no tengan fantasías de carácter romántico ni viceversa en las mujeres, lo que demuestra es que debemos poner atención en la educación sexual para abrir las posibilidades tanto a hombres como a mujeres.

Si fantaseas con alguien que no es tu pareja, estás siendo infiel

Esto es un tema muy debatido y que se relaciona con el límite entre lo real y lo ficticio. En las parejas puede generar culpabilidad o dudas en cuanto a los sentimientos que se tienen hacia ellas.
Las fantasías son del mundo imaginario, lo que quiere decir que son representaciones mentales que se crean las personas a partir de sus experiencias, valores, cultura, deseos…Esto forma parte de nuestro mundo interior, privado al que solo puede acceder uno mismo.
Por lo tanto, en la imaginación y en las fantasías puede pasar de todo con quien se quiera, sin significar que quiera acostarme con otra persona que no es mi pareja o que ya no sienta lo mismo por mi pareja.
El mundo creativo nos da información sobre nuestro yo y desde ahí es desde donde lo tenemos que interpretar y analizar para no mezclarlo con nuestra realidad.

¿Hay fantasías buenas y malas?

En relación con lo anterior, obviamente no. Como ya he descrito antes, las fantasías corresponden a nuestro mundo creativo, lo que no implica que no sepamos cuales son los límites de la realidad.
Por ejemplo, si yo sueño que puedo volar, esto no implica que cuando me despierte vaya a saltar por la ventana porque crea que vaya a volar. El mundo de las fantasías es exactamente igual, se queda en la fantasía donde no hay límites, pero no implica que en la realidad vayamos a saltarnos esos límites.
Por lo tanto, las fantasías no son ni buenas ni malas, son creaciones que nos hacemos para expresar algo.

Para concluir este post, decir que las fantasías es una manera de ampliar nuestro mundo creativo y aprovechar al máximo el potencial que tenemos y que no siempre podemos expresar.

 

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Referencias bibliográficas:

Psicoerotismo femenino y masculino. Fina Sanz
The Journal of Research.

Las causas más frecuentes de disfunción eréctil

disfuncion erectil

La Disfunción Eréctil, también conocida como Trastorno de la Erección, es una de las disfunciones sexuales más frecuentes. Popularmente se ha conocido con el nombre de “impotencia”, pero este término tiene connotaciones muy negativas.

La Disfunción Eréctil puede experimentarse de maneras muy diversas: hay quienes tienen dificultades para iniciar la erección mientras que otras personas la pierden en el momento del coito, y también hay quienes experimentan erecciones pero no con la rigidez suficiente como para practicar sexo con penetración. También hay variabilidad en cuanto a la historia del problema, porque hay personas que lo experimentan desde sus primeras experiencias sexuales, pero otras empiezan a sufrirlo en un momento concreto de su vida. Además, a algunas personas les ocurre en todos sus encuentros sexuales mientras que para otras sólo se produce en determinadas situaciones o con una pareja en particular.

Lo que sí es claro es que, como hemos mecionado, es una de las dificultades sexuales más frecuentes; tiene una prevalencia del 37 al 48% pero, dado que es un tema del que no se suele hablar, quienes lo experimentan pueden sufrir un gran estigma y aislamiento.

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Causas y factores principales de la disfunción eréctil

Descubriremos a continuación las dos causas principales de la disfunción eréctil:

 

Factores orgánicos

Los problemas físicos pueden ser la causa en un 30% de los casos de Disfunción Eréctil, aproximadamente. La mayoría de ellos pueden beneficiarse del tratamiento médico. Incluyen problemas estructurales, enfermedades y conductas nocivas para el cuerpo:

Edad

De manera natural, la erección puede ir perdiendo rigidez con los años. A esto pueden sumarse condiciones orgánicas y problemas crónicos propios de la edad que condicionan la
facilidad para tener una erección.

Estilo de vida

Bien sabido es que cuidar la salud en general ayuda a un mejor funcionamiento, incluyendo el ámbito sexual. El sedentarismo, el exceso de colesterol y la obesidad vienen dados por hábitos poco saludables que pueden tener una influencia importante sobre la erección.

Enfermedades

Los problemas vasculares, algunas enfermedades neurológicas y afectaciones de los cuerpos cavernosos (como la enfermedad de Peyronie) tienen las dificultades de erección entre sus síntomas

Por eso es importante hacerse un reconocimiento médico para descartar cualquiera de estas enfermedades.

Alteraciones hormonales

Determinadas deficiencias en los niveles de hormonas pueden ocasionar problemas relacionados con la erección, por lo que se suele recurrir al tratamiento
hormonal en estos casos.

Consumo de sustancias

Desde el alcohol y el tabaco hasta la cocaína y las anfetaminas, pasando por fármacos como los antihipertensivos o los antidepresivos, hay muchas sustancias que pueden influir en la capacidad de erección.

Intervenciones quirúrgicas

Algunas operaciones pueden derivar en problemas de este tipo, como la prostatectomía radical en los casos de cáncer de próstata.

 

Causas psicológicas

Los factores psicológicos se trabajan con terapia psicológica y sexológica, aunque hay personas que al recurrir a ayudas farmacológicas experimentan mayor seguridad a la hora de afrontar sus relaciones sexuales aunque el origen de sus dificultades no sea físico. Estas variables son más complejas ya que suelen estar interrelacionados, pero vamos a tratar de separarlas.

Ansiedad

La respuesta de ansiedad está regulada por el Sistema Nervioso Simpático (encargado de la activación), mientras que la respuesta sexual está regulada por el Sistema Nervioso Parasimpático (relacionado con estados de relajación). Como estas dos divisiones del Sistema Nervioso no pueden actuar al mismo tiempo, al ir a un encuentro sexual con ansiedad no puede darse la respuesta de excitación. El problema puede surgir cuando, a raíz de una experiencia puntual de pérdida de la erección, el episodio se viva con una percepción de fracaso que haga que las siguientes relaciones sexuales se afronten con anticipación ansiosa.

Estrés

Cómo no, el estrés puede ser causa de cualquier malestar. Las etapas de la vida en las que las dificultades parecen amontonarse y no hay tiempos ni recursos para nada dejan poco margen para relajarse a la hora de disfrutar de la sexualidad. Mantener un estado de tensión constante no permite que se activen los mecanismos necesarios para tener una erección, y esto puede unirse a cualquiera de los otros posibles factores que estén influyendo en el problema.

Problemas de pareja

Las expectativas en pareja son fundamentales en estos casos. Una mala reacción ante una pérdida de erección puede ejercer una gran presión y perpetuar el problema, puesto que ya de por sí existe una expectativa exagerada a nivel de género a la hora de “rendir” en el sexo y satisfacer a la pareja (como si nuestro placer sexual fuese responsabilidad de nuestra pareja). Esto, unido al coitocentrismo (o sea, la tendencia a basar todas las relaciones sexuales en la penetración) hace que el momento del coito sea tenso y agobiante. Esto puede darse en pareja cuando no hay un buen hábito de comunicación sexual, pero también ocurre en relaciones esporádicas en las que no existe un grado de confianza que permita relajarse y disfrutar de manera conjunta.

Sea cual sea la causa, es importante tratar la Disfunción Eréctil para que no desemboque en otros problemas como el bajo deseo sexual, problemas en la eyaculación o conflictos de pareja.

 

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Referencias bibliográficas:

Hatzimouratidis K., Amar E., Eardley, I., Giuliano, F., Hatzichristou, D., Montorsi, F…. Wespes, E.
(2010). Guidelines on Male Sexual Dysfunction: Erectile Dysfunction and Premature Ejaculation.
European Urology. Recuperado de doi: 10.1016/j.eururo.2010.02.020
Hurtado, F. (2016). Técnicas de evaluación en sexología clínica y criterios diagnósticos. Madrid,
España: UNED.

10 Errores a evitar en la pareja

errores a evitar en la pareja

No existe la pareja perfecta, pero si queremos tener una relación sana hay puntos fundamentales que debemos cuidar. Estos son algunos de los errores más comunes que debemos evitar en nuestras relaciones de pareja.

Nuestra Terapia de Pareja

¿Cuales son los errores de pareja que podemos evitar?

A continuación descubriremos los 10 errores de pareja que suelen darse comúnmente y como podemos evitarlos:

1. “Querer que quiera”

Muchas veces no nos vale con que nuestra pareja haga las cosas que le pedimos, o las que nos resultan importantes. A veces también pretendemos que la otra persona le dé la misma importancia a las cosas que nos interesan, y esto nos lleva a quejas del tipo “¡Es que sólo lo haces si te lo pido… si no, te da igual!”. Cuando nos molestamos por tener que pedir las cosas, esta actitud nos impide valorar el hecho de que, en realidad, la mayoría de las veces que expresamos nuestras peticiones lo más probable es que nuestra pareja trate de cumplirlas.

2. Pretender que adivine nuestro pensamiento

Aunque a medida que la relación avanza vamos conociéndonos más, es un error creer que la otra persona debería saber lo que queremos, sentimos o pensamos. Ideas del tipo “Ya debería saberlo” son las que nos conducen a problemas de comunicación típicos como responder con un “Nada” o un “Tú sabrás” cuando nos preguntan si nos pasa algo. Por lo general, compensa repetir las cosas las veces que sea necesario en lugar de callarse y dejar que la frustración se acumule.

3. Esperar que el cariño sea siempre espontáneo

Este error viene del mito de que tanto los gestos de afecto como el sexo tienen que “surgir” o resultarán artificiales. Pero… ¿nos resulta artificial que una persona nos diga “Gracias” cuando está estipulado por una norma social? ¿O valoramos menos un regalo por el hecho de que nos lo hagan en nuestro cumpleaños en lugar de cualquier otro día? Nuestras acciones y gestos están más “programados” dentro de la rutina de lo que pensamos. Tener rutinas como el “Te quiero” de despedida antes de ir a trabajar o el beso de irse a dormir puede ser algo muy especial, y lo bueno es que cada pareja puede establecer una costumbre propia y única.

Igualmente, preguntas como “¿Me das un beso?” o “¿Quieres un abrazo?” pueden enternecer mucho a nuestra pareja y dar más protagonismo al afecto físico en nuestra vida.

4. Dar las cosas por hecho

De la misma manera que nos acostumbramos a no pedir, a no comunicar, también nos olvidamos de valorar y reforzar las cosas que nos gustan. Así, nos pesan mucho las conductas de la otra persona que nos molestan, pero tendemos a pasar por alto los detalles positivos: que haya salido un poco antes de trabajar para estar más tiempo en casa, que prepare la cena, que nos envíe un mensaje de buenos días… Este error también afecta en el sentido contrario, cuando damos por hecho que la otra persona ya conoce las cosas positivas de la relación y por eso no nos molestamos en resaltarlas. Una de las formas más comunes que adopta este error es el no decir “Gracias”, “Te quiero” o cualquier otra expresión de aprecio por pensar que la otra persona “ya lo sabe”.

5. Filtrar lo negativo

Como ya hemos visto, nos pesan más los detalles negativos que los positivos. El filtro negativo nos lleva a quedarnos de manera selectiva con todas aquellas ocasiones en las que nuestra pareja nos ha molestado, decepcionado, etc. Entonces empezamos a desarrollar y verbalizar ideas negativas generalizadas como “Nunca haces lo que te pido” o “No hay manera de que me escuches”. Antes de dejarnos llevar por esta negatividad, es importante sopesar y buscar las excepciones a esos pensamientos.

6. Llevar la cuenta

Cuando discutimos, podemos caer en el error de no discutir por lo que nos molesta en el momento. Discutimos por lo de ahora, más lo de ayer, más lo de la semana pasada. Llevar la cuenta de las faltas en la pareja nos hace guardar rencor, de manera que cuando hacemos una crítica o un comentario llevamos una carga de recuerdos pasados y los usamos como arma arrojadiza. Por eso es importante solucionar las cosas de una en una, en vez de sacar a relucir los trapos sucios cada vez que se toca un tema.

7. “Ceder” en vez de aceptar

Adaptarse a la convivencia requiere un grado de aceptación. Y aceptar significa poder vivir con las cosas que mi pareja hace de manera distinta a como lo haría yo. En cambio, ceder implica tragarse el disgusto de las cosas que nos molestan para no tener una discusión; el problema de esto es que crea acumulación. En lugar de ceder, hemos de preguntarnos si lo que nos molesta en ese momento es algo con lo que podemos vivir sin darle tanta importancia, o si por el contrario necesitamos hablar con nuestra pareja para intentar cambiar algo.

8. Hablar desde el ataque

Hay muchas maneras de hablar agresivamente. No sólo los gritos o insultos son formas agresivas de comunicación. Las indirectas pasivo-agresivas, el sarcasmo o hablar siempre en segunda persona (“Te comportas…”, “Es que tú…”) también son ataques a evitar si buscamos una comunicación efectiva.

 

9. Castigar

Ante el enfado, en lugar de hablar directamente es posible que caigamos en la trampa de usar castigos. Por pensar que “no se lo merece” o para “que se fastidie”, podemos llevar a cabo conductas pasivo-agresivas que van desde no hacer cena para la otra persona hasta darle el trato del silencio, pasando por utilizar el sexo como moneda de cambio. Podemos hacerlo con la intención de que así “se dé cuenta de una vez”, pero lo único que conseguiremos será crear más distancia y rabia.

10. No respetar lo individual

Aunque la mayoría de los errores que hemos visto tienden a crear distancia, irse al otro extremo también puede ser perjudicial. Compartir intereses es maravilloso, pero sin caer en el mito de que “hay que hacerlo todo juntos” o que “si te apetece pasar tiempo con otras personas sin tu pareja es que algo va mal”. El tiempo y las actividades en pareja son fundamentales en la relación, pero para que sea sostenible es igualmente importante que haya momentos y cosas reservadas para cada miembro en privado.

 

Nuestra Terapia Psicológica

 

Referencias bibliográficas:

Avoiding the “Four Horsemen” in Relationships (s.f.). Recuperado de
https://ggia.berkeley.edu/practice/avoiding_the_four_horsemen_in_relationships
Bermúdez, C., Brik, E. (2010). Terapia Familiar Sistémica. Madrid, España: Síntesis.
Bustamante, J. (2016). Sexualidad y Terapia de Pareja: la Pareja desde un Enfoque Global.
Madrid, España: UNED.

Cómo animar a alguien a acudir a terapia

como animar a alguien a ir al psicologo

A pesar de que se sabe desde hace muchos años que la psicoterapia es eficaz para tratar muchos tipos de problemas psicológicos, aún hoy en día es frecuente encontrarse con personas que, necesitándolo, no quieren ir al psicólogo. Esto puede ser debido a varios factores y creencias, pero el resultado es el mismo: hay alguien sufriendo de una manera innecesaria, que no dispone de asistencia profesional y que puede llegar a empeorar su estado por no recurrir a un especialista con la formación adecuada. Por ello, a lo largo de este artículo veremos una serie de consejos para saber cómo animar a alguien a acudir a terapia psicológica, con varios ejemplos.

¿Cómo animar a una persona a acudir a terapia psicológica?

Una de las maneras más útiles de ayudar a un amigo o familiar que está sufriendo es informarle sobre por qué debería ir a terapia psicológica. Pero a veces, no es suficiente con limitarse a informar de manera genérica; hay que pararse a analizar qué creencias o sentimientos hacen que esa persona se resista a buscar ayuda profesional.

Estas son ideas clave que te pueden ayudar a convencer a alguien de que vaya a psicoterapia. No tienes por qué aplicarlas todas, sino solo aquellas que se adapten a la situación.

 

1. Explícale cuál es el objetivo de la psicoterapia

A veces, la reticencia a ir al psicólogo se origina simplemente porque se tiene creencias distorsionadas acerca de la naturaleza de este proceso terapéutico. Por eso, refutar ciertos mitos que existen acerca de lo que se hace en estas sesiones es muy eficaz para quitarle el miedo de acudir a psicoterapia a la persona que lo necesita.

Para hacerlo, hay que informarse acerca de los aspectos fundamentales del proceso de asistencia psicológica dada por los profesionales, y saber usar estos datos para rebatir creencias sin fundamento. Algunos de estos mitos que difunden ideas erróneas sobre la psicología son, por ejemplo:

  • La psicoterapia solo sirve para desahogarse, no para mejorar a medio plazo.
  • A terapia solo van las “personas locas”.
  • Los psicólogos tienen por sí mismos demasiados problemas psicológicos como para ayudar a nadie.
  • En terapia se realizan ejercicios de hipnosis que son peligrosos.

 

Así pues, al animar a alguien para que vaya a terapia, detecta indicios de que esa persona se aferra a creencias sin fundamento de este tipo, y aborda esos temas para cuestionarlos abiertamente y ayudar a que la persona termine desprendiéndose de ellas.

 

2. Háblale sobre la naturaleza cambiante del problema psicológico

Algunas personas no se animan a ir a psicoterapia porque asumen que tienen “un problema mental” que están condenadas a llevar de por vida, como si fuese cosa del destino. En estos casos, es muy útil hablarles acerca de lo que son los trastornos mentales: en la gran mayoría de los casos, no son únicamente expresiones de predisposiciones biológicas o genéticas, sino una combinación entre genética y el modo en el que hemos aprendido a relacionarnos con el entorno y con los demás.

De este modo, entenderá que desde la psicoterapia puede aprender a diferentes formas de interactuar con lo que le rodea, algo que tendrá un impacto positivo en su calidad de vida.

3. Ponle ejemplos de personas famosas que han ido a terapia

El hecho de hablar de celebridades que han acudido a psicoterapia y les ha servido es muy útil para animar a alguien a ir al psicólogo. Por un lado, muestra que estas sesiones no van asociadas a la marginación social. Por el otro, ofrecen la referencia de seres humanos claramente funcionales, echando por tierra el mito de que un problema psicológico deba “absorber” la vida de quien lo desarrolla.

 

4. Habla de la tarea de los psicólogos con problemas no patológicos

Otra forma de aliviar el posible temor a ir a psicoterapia es explicar que en psicología también se ayuda a personas que ni siquiera tienen trastornos diagnosticados. La terapia de pareja o la terapia a personas con baja autoestima son ejemplos de esto.

 

5. Proponte como acompañante para ir a terapia el primer día

Si esa persona siente algo de nervios ante la perspectiva de ir a psicoterapia por primera vez, propón que la acompañarás ese día. Es una manera de hacer que no sienta la necesidad de buscar excusas para no ir, a causa de la presión por enfrentarse a varias situaciones angustiantes a la vez. Se trata de poner muy fácil la primera toma de contacto con la asistencia psicológica por parte de profesionales.

6. Proponle la terapia online

Si ese amigo o familiar se resiste a todos tus intentos anteriores, también puedes proponerle la opción de recurrir a la terapia online. Es un formato de asistencia psicológica con videollamada que puede llegar a convencer más a quienes buscan discreción total, ya que no requiere ni salir de casa.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Caballo, V. (1991). Manual de técnicas de modificación y terapia de la conducta. Pirámide, Madrid.
Robertson, Daniel (2010). The Philosophy of Cognitive–Behavioural Therapy: Stoicism as Rational and Cognitive Psychotherapy. Londres: Karnac.

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso?

Terapia de Aceptación y Compromiso

Una de las características de la psicología aplicada es que no existe un solo modelo que permita llevarla a cabo siguiendo un “canon”, una manera totalmente consensuada de hacer las cosas en terapia, como si todo se tratase de poner en práctica lo que pone en un manual de salud mental. Estudiaremos que es la terapia de aceptación y compromiso.

Es por eso que existen varios tipos de terapia que responden a perspectivas diferentes, maneras de ver las necesidades y los problemas psicológicos que afectan a las personas, así como las soluciones que pueden ser planteadas en cada caso.

En este artículo veremos una de esas propuestas de intervención psicológica en pacientes, la Terapia de Aceptación y Compromiso, o ACT, y explicaremos cuáles son las características que la definen.

Un tipo de terapia contextual

La Terapia de Aceptación y Compromiso es una forma de intervención en psicoterapia que forma parte de lo que se conoce como terapias de tercera generación, o Terapias Contextuales.

Esta tercera oleada de formas de intervención en paciente se caracteriza por no centrarse tanto en la eliminación o mitigación del síntoma como en poner el foco en la aceptación de y la capacidad para tolerar ciertas formas de imperfecciones e incomodidad inherente a la vida. En este sentido se distingue de la segunda generación de psicoterapias, las cognitivo-conductuales, que sí buscan combatir de manera directamente el malestar tanto en sus aspectos emocionales y cognitivos como en los comportamentales.

Dicho de otro modo, las terapias de tercera generación adoptan una perspectiva más positiva sobre los problemas que han llevado a los pacientes a tomar la decisión de ir al psicólogo, y enseñan a adoptar una nueva perspectiva de vida más constructiva y que no ponga el foco en la necesidad de hacer desaparecer de raíz el sufrimiento, sino en abrazar una nueva mentalidad y valores que permitan vivir la vida en positivo, apuntando hacia la consecución de valores que encajen con nuestra filosofía de vida.

Así, las terapias contextuales, como su nombre indica, se adaptan al contexto en el que vive cada paciente para examinar el tipo de valores desde los que, en cada caso, es más fácil ofrecer una perspectiva positiva y constructiva de lo que ocurre, aportando herramientas para que el malestar y el sufrimiento no lo impregnen todo y a la vez no poniendo como objetivo la meta irrealizable de hacer que todo sea bienestar constante.

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso?

Ahora que ya sabemos aproximadamente qué son las terapias contextuales, podemos entender cuál es la filosofía desde la que parte la Terapia de Aceptación y Compromiso.
Tal y como hemos visto, el foco de este tipo de intervención no está planteado en negativo, en eliminar malestar, sino en positivo, que en este caso implica aportar maneras de vivir la vida y de interpretar la realidad que permitan aumentar el grado de aceptación de aquello malo que ocurre sin que lo podamos controlar.

¿Y cómo se trabaja desde la ACT para conseguir esto? Durante las sesiones de psicoterapia, se crean situaciones desde las que se va entrenando al paciente para que se acostumbre a desprenderse de la rigidez psicológica, por un lado, y del fenómeno conocido como evitación experiencial, por el otro. Veamos en qué consisten.

La rigidez psicológica

Buena parte de lo que sentimos y pensamos no surge en nosotros porque sí, sino que es fruto de una serie de aprendizajes previos que hemos interiorizado consciente o inconscientemente.

Como se trata de esquemas mentales que ni siquiera sabemos que están ahí (porque nos cuesta imaginarnos cómo sería ver la vida desde otra perspectiva), apenas nos cuestionamos esas predisposiciones a pensar y a experimentar emociones de esa manera, lo cual significa que en ocasiones esas pautas psicológicas se convierten en una prisión, algo que nos constriñe y que genera rigidez psicológica.

Así pues, la Terapia de Aceptación y Compromiso se fundamenta en la idea de que los problemas que pueden salir a nuestro paso son demasiado diversos como para afrontarlos siempre con los mismos mapas mentales, y nos propone flexibilizar nuestra forma de interpretar lo que ocurre en nosotros y a nuestro alrededor. De esa forma, problemas que antes considerábamos que debíamos suprimir por completo se transforman en fuentes de incomodidad cuya importancia sabemos ver en perspectiva y que, visto desde cierto ángulo, no tiene por qué desgastar significativamente nuestra estabilidad psicológica.

La evitación experiencial

La evitación experiencial es el otro concepto clave de la Terapia de Aceptación y Compromiso. Consiste en la paradoja que se da cuando detectamos un problema que causa malestar psicológico: nuestras ganas de hacer que esa incomodidad desaparezca nos vuelve cada vez más sensibles a ese malestar, es decir, nos resta poder y se lo da a aquello que nos hace daño.

Así, la Terapia de Aceptación y Compromiso plantea vías alternativas a la evitación experiencial, haciendo que integremos las imperfecciones de la realidad en nuestra manera de entender la vida.

 

Un ejemplo de la ACT en pacientes

Veamos ahora un ejemplo de cómo funciona la Terapia de Aceptación y Compromiso en el caso de una mujer que está pasando por problemas para aceptar los signos que el envejecimiento provoca en su apariencia física.

En este caso, una manera de intentar abordar el problema sería considerar que la tristeza y la ansiedad que la persona siente al mirarse al espejo o al salir a la calle (a la vista de los demás) es en sí una fuente de malestar que hay que eliminar. Y otra manera de ver el problema sería comprobar que la persona sufre innecesariamente a causa de su incapacidad para aceptar aquello que considera una imperfección muy grave.

En este ejemplo, la persona tiene una excesiva rigidez psicológica en lo relativo a los cánones de belleza, lo cual hace que experimente la pérdida de la tersitud y del brillo de la piel una especie de duelo: aquello que antaño consideraba que le venía dado desaparece, dejando detrás de sí un cuerpo extraño que no le pertenece.

Por otro lado, la mujer también pasa por la evitación experiencial, algo que se nota desde la primera hora de la mañana, cuando evita mirarse al espejo y se pone chapuceramente una gruesa capa de maquillaje para cubrir sus arrugas.

La Terapia de Aceptación y Compromiso ayudará a esta persona a reconciliarse con su cuerpo real, a dejar de dar por sentado que tiene que parecerse a una versión idealizada de ella misma, y a vivir la vida sin preocuparse por problemas que principalmente existen en su imaginación.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Arch, Joanna J.; Craske, Michelle G. (2008). “Acceptance and commitment therapy and cognitive behavioral therapy for anxiety disorders: Different treatments, similar mechanisms?”. Clinical Psychology: Science and Practice. 15 (4): pp. 263 – 279.
Hayes, S. C., Barnes-Holmes, D., & Roche, B. (Eds.). (2001). Relational Frame Theory: A Post-Skinnerian account of human language and cognition. New York: Plenum Press.
Luciano, C., Valdivia, S., Gutiérrez, O., y Páez, M. (2006). Avances desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). EduPsykhé. Revista de Psicología y Psicopedagogía, 5(2), pp. 173 – 201.

Trastorno esquizoafectivo

Trastorno esquizoafectivo

Los trastornos mentales no suelen presentar límites muy claros que permitan diferenciarlos del resto de fenómenos psicológicos de carácter patológico. El trastorno esquizoafectivo es un ejemplo de esto, porque presenta características típicas de las alteraciones psicóticas y de los trastornos del estado de ánimo.

A lo largo de este artículo veremos cuáles son las particularidades y características del trastorno esquizoafectivo, sus posibles causas, sus síntomas y el tipo de tratamiento que se utiliza en este tipo de pacientes.

¿Qué es el trastorno esquizoafectivo?

El trastorno esquizoafectivo es descrita como un trastorno psiquiátrico en el que se dan tanto síntomas vinculados a los trastornos depresivos o de la bipolaridad como los que pertenecen al espectro de la psicosis y la esquizofrenia.

Así, las personas que pueden ser diagnosticadas con trastorno esquizoafectivo pueden presentar síntomas como la fática o la abulia (ausencia de motivación) o episodios maníacos propios de la depresión unipolar o del trastorno bipolar, y otros como las alucinaciones, delirios o habla desorganizada.

De esta manera, el trastorno esquizoafectivo desafía las clasificaciones utilizadas en los manuales diagnósticos, y presenta una complejidad especial.

Por otro lado, este es un trastorno relativamente poco frecuente, ya que se estima que en los países occidentales afecta a menos del 1% de la población, aunque puede ser diagnosticado en alrededor del 30% de los pacientes que ya han sido diagnosticados con esquizofrenia.

Síntomas

Para ver un resumen de los síntomas del trastorno esquizoafectivo, lo más útil es dividirlos según su naturaleza psicótica o depresiva-bipolar.

Síntomas de carácter psicótico

Es común que las personas con trastorno esquizoafectivo presenten crisis por alucinaciones, siendo especialmente comunes las auditivas (escuchar voces inexistentes u otros sonidos), aunque pueden estar vinculados a todos los sentidos. También se dan delirios, en los que existe un fallo en la percepción de la persona pero no a nivel sensorial, sino de creencias: la persona cree cosas imposibles o absurdas acerca de ella o el resto del mundo (es común que estos pacientes desconfíen del resto, al creer delirios persecutorios).

Por otro lado, otro de los síntomas del trastorno esquizoafectivo del espectro de la psicosis es el habla desorganizada, en la que lo que se dice no tiene sentido o está demasiado desordenado para ser fácil de comprender.

Síntomas depresivos

Los síntomas depresivos más habituales son la abulia o falta generalizada de involucrarse en actividades y relaciones personales, la anhedonia o falta de capacidad para experimentar placer, y la tristeza generalizada.

En ocasiones aparecen episodios mixtos, en los que surgen síntomas depresivos combinados con manía o hipomanía. Este segundo grupo de síntomas se asocian a un estado de ánimo extremadamente elevado, hasta el punto en el que la persona puede ponerse en peligro o puede poner en peligro a los demás. Por ejemplo, la persona entra en un estado de entusiasmo y agitación combinados con ideaciones de grandeza (la creencia de que uno lo puede todo) que le lleva a conducir un coche sin carné.

Causas

No existe una sola causa clara que explique por qué una persona desarrolla y manifiesta el trastorno esquizoafectivo, pero se asume que existen predisposiciones genéticas y factores ambientales que desencadenan esta alteración psiquiátrica. Hipotéticamente, tanto vivencias fuertemente estresantes o ligadas a un alto malestar, como el abuso de sustancias psicoactivos, pueden alterar la química cerebral y favorecer la aparición de trastornos psicóticos.

Por ello, durante el tratamiento se va con mucho cuidado para evitar que el uso de ciertos fármacos no empeore la situación: cada persona es única, y no existe una certeza total de que determinados medicamentos vayan a funcionar en un individuo.

Tratamiento

¿Qué se puede hacer para tratar el trastorno esquizoafectivo en terapia? En estos casos es necesario intervenir mediante la psicoterapia y la intervención psiquiátrica.

 

Esto implica que en fases de crisis grave puede recurrirse al internamiento, pero en general se realiza un seguimiento del caso combinando el uso de psicofármacos (antipsicóticos y antidepresivos) con la intervención psicológica, la psicoeducación y la terapia ocupacional.

Sin embargo, esta combinación de terapias por sí misma no suele curar totalmente a los pacientes, sino que sirve para amortiguar el carácter dañino de los síntomas y a hacer que se manifiesten menos veces y de manera menos intensa.

Por otro lado, en algunos casos los trastornos de este tipo desaparecen solos al cabo de varios años, pero esto no debe servir de excusa para no acudir a expertos en salud mental, dado que el trastorno esquizoafectivo puede ser mortal si no se gestiona bien.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Goetz, C.G. (2003). Textbook of Clinical Neurology. St. Louis: WB Saunders.
Goodwin, F.K.; Jamison, K.R. (2007). Manic-Depressive Illness: Bipolar Disorders and Recurrent Depression, 2nd Edition. New York: Oxford University Press.
Malaspina, D., Owen, M.J., Heckers S., Tandon R., Bustillo J., Schultz S., Barch D.M., Gaebel W., Gur R.E., Tsuang M., Van Os J., Carpenter W. (2013). Schizoaffective disorder in the DSM-5. Schizophrenia Research. 150 (1): pp. 21 – 25.
Martin L.F., Hall M.H., Ross R.G., Zerbe G., Freedman R., Olincy A. (2007). Physiology of schizophrenia, bipolar disorder, and schizoaffective disorder. The American Journal of Psychiatry. 164 (12): pp. 1900 – 1906.

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