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Las causas más frecuentes de disfunción eréctil

disfuncion erectil

La Disfunción Eréctil, también conocida como Trastorno de la Erección, es una de las disfunciones sexuales más frecuentes. Popularmente se ha conocido con el nombre de “impotencia”, pero este término tiene connotaciones muy negativas.

La Disfunción Eréctil puede experimentarse de maneras muy diversas: hay quienes tienen dificultades para iniciar la erección mientras que otras personas la pierden en el momento del coito, y también hay quienes experimentan erecciones pero no con la rigidez suficiente como para practicar sexo con penetración. También hay variabilidad en cuanto a la historia del problema, porque hay personas que lo experimentan desde sus primeras experiencias sexuales, pero otras empiezan a sufrirlo en un momento concreto de su vida. Además, a algunas personas les ocurre en todos sus encuentros sexuales mientras que para otras sólo se produce en determinadas situaciones o con una pareja en particular.

Lo que sí es claro es que, como hemos mecionado, es una de las dificultades sexuales más frecuentes; tiene una prevalencia del 37 al 48% pero, dado que es un tema del que no se suele hablar, quienes lo experimentan pueden sufrir un gran estigma y aislamiento.

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Causas y factores principales de la disfunción eréctil

Descubriremos a continuación las dos causas principales de la disfunción eréctil:

 

Factores orgánicos

Los problemas físicos pueden ser la causa en un 30% de los casos de Disfunción Eréctil, aproximadamente. La mayoría de ellos pueden beneficiarse del tratamiento médico. Incluyen problemas estructurales, enfermedades y conductas nocivas para el cuerpo:

Edad

De manera natural, la erección puede ir perdiendo rigidez con los años. A esto pueden sumarse condiciones orgánicas y problemas crónicos propios de la edad que condicionan la
facilidad para tener una erección.

Estilo de vida

Bien sabido es que cuidar la salud en general ayuda a un mejor funcionamiento, incluyendo el ámbito sexual. El sedentarismo, el exceso de colesterol y la obesidad vienen dados por hábitos poco saludables que pueden tener una influencia importante sobre la erección.

Enfermedades

Los problemas vasculares, algunas enfermedades neurológicas y afectaciones de los cuerpos cavernosos (como la enfermedad de Peyronie) tienen las dificultades de erección entre sus síntomas

Por eso es importante hacerse un reconocimiento médico para descartar cualquiera de estas enfermedades.

Alteraciones hormonales

Determinadas deficiencias en los niveles de hormonas pueden ocasionar problemas relacionados con la erección, por lo que se suele recurrir al tratamiento
hormonal en estos casos.

Consumo de sustancias

Desde el alcohol y el tabaco hasta la cocaína y las anfetaminas, pasando por fármacos como los antihipertensivos o los antidepresivos, hay muchas sustancias que pueden influir en la capacidad de erección.

Intervenciones quirúrgicas

Algunas operaciones pueden derivar en problemas de este tipo, como la prostatectomía radical en los casos de cáncer de próstata.

 

Causas psicológicas

Los factores psicológicos se trabajan con terapia psicológica y sexológica, aunque hay personas que al recurrir a ayudas farmacológicas experimentan mayor seguridad a la hora de afrontar sus relaciones sexuales aunque el origen de sus dificultades no sea físico. Estas variables son más complejas ya que suelen estar interrelacionados, pero vamos a tratar de separarlas.

Ansiedad

La respuesta de ansiedad está regulada por el Sistema Nervioso Simpático (encargado de la activación), mientras que la respuesta sexual está regulada por el Sistema Nervioso Parasimpático (relacionado con estados de relajación). Como estas dos divisiones del Sistema Nervioso no pueden actuar al mismo tiempo, al ir a un encuentro sexual con ansiedad no puede darse la respuesta de excitación. El problema puede surgir cuando, a raíz de una experiencia puntual de pérdida de la erección, el episodio se viva con una percepción de fracaso que haga que las siguientes relaciones sexuales se afronten con anticipación ansiosa.

Estrés

Cómo no, el estrés puede ser causa de cualquier malestar. Las etapas de la vida en las que las dificultades parecen amontonarse y no hay tiempos ni recursos para nada dejan poco margen para relajarse a la hora de disfrutar de la sexualidad. Mantener un estado de tensión constante no permite que se activen los mecanismos necesarios para tener una erección, y esto puede unirse a cualquiera de los otros posibles factores que estén influyendo en el problema.

Problemas de pareja

Las expectativas en pareja son fundamentales en estos casos. Una mala reacción ante una pérdida de erección puede ejercer una gran presión y perpetuar el problema, puesto que ya de por sí existe una expectativa exagerada a nivel de género a la hora de “rendir” en el sexo y satisfacer a la pareja (como si nuestro placer sexual fuese responsabilidad de nuestra pareja). Esto, unido al coitocentrismo (o sea, la tendencia a basar todas las relaciones sexuales en la penetración) hace que el momento del coito sea tenso y agobiante. Esto puede darse en pareja cuando no hay un buen hábito de comunicación sexual, pero también ocurre en relaciones esporádicas en las que no existe un grado de confianza que permita relajarse y disfrutar de manera conjunta.

Sea cual sea la causa, es importante tratar la Disfunción Eréctil para que no desemboque en otros problemas como el bajo deseo sexual, problemas en la eyaculación o conflictos de pareja.

 

Nuestra Terapia Psicológica

 

 

Referencias bibliográficas:

Hatzimouratidis K., Amar E., Eardley, I., Giuliano, F., Hatzichristou, D., Montorsi, F…. Wespes, E.
(2010). Guidelines on Male Sexual Dysfunction: Erectile Dysfunction and Premature Ejaculation.
European Urology. Recuperado de doi: 10.1016/j.eururo.2010.02.020
Hurtado, F. (2016). Técnicas de evaluación en sexología clínica y criterios diagnósticos. Madrid,
España: UNED.

10 Errores a evitar en la pareja

errores a evitar en la pareja

No existe la pareja perfecta, pero si queremos tener una relación sana hay puntos fundamentales que debemos cuidar. Estos son algunos de los errores más comunes que debemos evitar en nuestras relaciones de pareja.

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¿Cuales son los errores de pareja que podemos evitar?

A continuación descubriremos los 10 errores de pareja que suelen darse comúnmente y como podemos evitarlos:

1. “Querer que quiera”

Muchas veces no nos vale con que nuestra pareja haga las cosas que le pedimos, o las que nos resultan importantes. A veces también pretendemos que la otra persona le dé la misma importancia a las cosas que nos interesan, y esto nos lleva a quejas del tipo “¡Es que sólo lo haces si te lo pido… si no, te da igual!”. Cuando nos molestamos por tener que pedir las cosas, esta actitud nos impide valorar el hecho de que, en realidad, la mayoría de las veces que expresamos nuestras peticiones lo más probable es que nuestra pareja trate de cumplirlas.

2. Pretender que adivine nuestro pensamiento

Aunque a medida que la relación avanza vamos conociéndonos más, es un error creer que la otra persona debería saber lo que queremos, sentimos o pensamos. Ideas del tipo “Ya debería saberlo” son las que nos conducen a problemas de comunicación típicos como responder con un “Nada” o un “Tú sabrás” cuando nos preguntan si nos pasa algo. Por lo general, compensa repetir las cosas las veces que sea necesario en lugar de callarse y dejar que la frustración se acumule.

3. Esperar que el cariño sea siempre espontáneo

Este error viene del mito de que tanto los gestos de afecto como el sexo tienen que “surgir” o resultarán artificiales. Pero… ¿nos resulta artificial que una persona nos diga “Gracias” cuando está estipulado por una norma social? ¿O valoramos menos un regalo por el hecho de que nos lo hagan en nuestro cumpleaños en lugar de cualquier otro día? Nuestras acciones y gestos están más “programados” dentro de la rutina de lo que pensamos. Tener rutinas como el “Te quiero” de despedida antes de ir a trabajar o el beso de irse a dormir puede ser algo muy especial, y lo bueno es que cada pareja puede establecer una costumbre propia y única.

Igualmente, preguntas como “¿Me das un beso?” o “¿Quieres un abrazo?” pueden enternecer mucho a nuestra pareja y dar más protagonismo al afecto físico en nuestra vida.

4. Dar las cosas por hecho

De la misma manera que nos acostumbramos a no pedir, a no comunicar, también nos olvidamos de valorar y reforzar las cosas que nos gustan. Así, nos pesan mucho las conductas de la otra persona que nos molestan, pero tendemos a pasar por alto los detalles positivos: que haya salido un poco antes de trabajar para estar más tiempo en casa, que prepare la cena, que nos envíe un mensaje de buenos días… Este error también afecta en el sentido contrario, cuando damos por hecho que la otra persona ya conoce las cosas positivas de la relación y por eso no nos molestamos en resaltarlas. Una de las formas más comunes que adopta este error es el no decir “Gracias”, “Te quiero” o cualquier otra expresión de aprecio por pensar que la otra persona “ya lo sabe”.

5. Filtrar lo negativo

Como ya hemos visto, nos pesan más los detalles negativos que los positivos. El filtro negativo nos lleva a quedarnos de manera selectiva con todas aquellas ocasiones en las que nuestra pareja nos ha molestado, decepcionado, etc. Entonces empezamos a desarrollar y verbalizar ideas negativas generalizadas como “Nunca haces lo que te pido” o “No hay manera de que me escuches”. Antes de dejarnos llevar por esta negatividad, es importante sopesar y buscar las excepciones a esos pensamientos.

6. Llevar la cuenta

Cuando discutimos, podemos caer en el error de no discutir por lo que nos molesta en el momento. Discutimos por lo de ahora, más lo de ayer, más lo de la semana pasada. Llevar la cuenta de las faltas en la pareja nos hace guardar rencor, de manera que cuando hacemos una crítica o un comentario llevamos una carga de recuerdos pasados y los usamos como arma arrojadiza. Por eso es importante solucionar las cosas de una en una, en vez de sacar a relucir los trapos sucios cada vez que se toca un tema.

7. “Ceder” en vez de aceptar

Adaptarse a la convivencia requiere un grado de aceptación. Y aceptar significa poder vivir con las cosas que mi pareja hace de manera distinta a como lo haría yo. En cambio, ceder implica tragarse el disgusto de las cosas que nos molestan para no tener una discusión; el problema de esto es que crea acumulación. En lugar de ceder, hemos de preguntarnos si lo que nos molesta en ese momento es algo con lo que podemos vivir sin darle tanta importancia, o si por el contrario necesitamos hablar con nuestra pareja para intentar cambiar algo.

8. Hablar desde el ataque

Hay muchas maneras de hablar agresivamente. No sólo los gritos o insultos son formas agresivas de comunicación. Las indirectas pasivo-agresivas, el sarcasmo o hablar siempre en segunda persona (“Te comportas…”, “Es que tú…”) también son ataques a evitar si buscamos una comunicación efectiva.

 

9. Castigar

Ante el enfado, en lugar de hablar directamente es posible que caigamos en la trampa de usar castigos. Por pensar que “no se lo merece” o para “que se fastidie”, podemos llevar a cabo conductas pasivo-agresivas que van desde no hacer cena para la otra persona hasta darle el trato del silencio, pasando por utilizar el sexo como moneda de cambio. Podemos hacerlo con la intención de que así “se dé cuenta de una vez”, pero lo único que conseguiremos será crear más distancia y rabia.

10. No respetar lo individual

Aunque la mayoría de los errores que hemos visto tienden a crear distancia, irse al otro extremo también puede ser perjudicial. Compartir intereses es maravilloso, pero sin caer en el mito de que “hay que hacerlo todo juntos” o que “si te apetece pasar tiempo con otras personas sin tu pareja es que algo va mal”. El tiempo y las actividades en pareja son fundamentales en la relación, pero para que sea sostenible es igualmente importante que haya momentos y cosas reservadas para cada miembro en privado.

 

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Referencias bibliográficas:

Avoiding the “Four Horsemen” in Relationships (s.f.). Recuperado de
https://ggia.berkeley.edu/practice/avoiding_the_four_horsemen_in_relationships
Bermúdez, C., Brik, E. (2010). Terapia Familiar Sistémica. Madrid, España: Síntesis.
Bustamante, J. (2016). Sexualidad y Terapia de Pareja: la Pareja desde un Enfoque Global.
Madrid, España: UNED.

Cómo animar a alguien a acudir a terapia

como animar a alguien a ir al psicologo

A pesar de que se sabe desde hace muchos años que la psicoterapia es eficaz para tratar muchos tipos de problemas psicológicos, aún hoy en día es frecuente encontrarse con personas que, necesitándolo, no quieren ir al psicólogo. Esto puede ser debido a varios factores y creencias, pero el resultado es el mismo: hay alguien sufriendo de una manera innecesaria, que no dispone de asistencia profesional y que puede llegar a empeorar su estado por no recurrir a un especialista con la formación adecuada. Por ello, a lo largo de este artículo veremos una serie de consejos para saber cómo animar a alguien a acudir a terapia psicológica, con varios ejemplos.

¿Cómo animar a una persona a acudir a terapia psicológica?

Una de las maneras más útiles de ayudar a un amigo o familiar que está sufriendo es informarle sobre por qué debería ir a terapia psicológica. Pero a veces, no es suficiente con limitarse a informar de manera genérica; hay que pararse a analizar qué creencias o sentimientos hacen que esa persona se resista a buscar ayuda profesional.

Estas son ideas clave que te pueden ayudar a convencer a alguien de que vaya a psicoterapia. No tienes por qué aplicarlas todas, sino solo aquellas que se adapten a la situación.

 

1. Explícale cuál es el objetivo de la psicoterapia

A veces, la reticencia a ir al psicólogo se origina simplemente porque se tiene creencias distorsionadas acerca de la naturaleza de este proceso terapéutico. Por eso, refutar ciertos mitos que existen acerca de lo que se hace en estas sesiones es muy eficaz para quitarle el miedo de acudir a psicoterapia a la persona que lo necesita.

Para hacerlo, hay que informarse acerca de los aspectos fundamentales del proceso de asistencia psicológica dada por los profesionales, y saber usar estos datos para rebatir creencias sin fundamento. Algunos de estos mitos que difunden ideas erróneas sobre la psicología son, por ejemplo:

  • La psicoterapia solo sirve para desahogarse, no para mejorar a medio plazo.
  • A terapia solo van las “personas locas”.
  • Los psicólogos tienen por sí mismos demasiados problemas psicológicos como para ayudar a nadie.
  • En terapia se realizan ejercicios de hipnosis que son peligrosos.

 

Así pues, al animar a alguien para que vaya a terapia, detecta indicios de que esa persona se aferra a creencias sin fundamento de este tipo, y aborda esos temas para cuestionarlos abiertamente y ayudar a que la persona termine desprendiéndose de ellas.

 

2. Háblale sobre la naturaleza cambiante del problema psicológico

Algunas personas no se animan a ir a psicoterapia porque asumen que tienen “un problema mental” que están condenadas a llevar de por vida, como si fuese cosa del destino. En estos casos, es muy útil hablarles acerca de lo que son los trastornos mentales: en la gran mayoría de los casos, no son únicamente expresiones de predisposiciones biológicas o genéticas, sino una combinación entre genética y el modo en el que hemos aprendido a relacionarnos con el entorno y con los demás.

De este modo, entenderá que desde la psicoterapia puede aprender a diferentes formas de interactuar con lo que le rodea, algo que tendrá un impacto positivo en su calidad de vida.

3. Ponle ejemplos de personas famosas que han ido a terapia

El hecho de hablar de celebridades que han acudido a psicoterapia y les ha servido es muy útil para animar a alguien a ir al psicólogo. Por un lado, muestra que estas sesiones no van asociadas a la marginación social. Por el otro, ofrecen la referencia de seres humanos claramente funcionales, echando por tierra el mito de que un problema psicológico deba “absorber” la vida de quien lo desarrolla.

 

4. Habla de la tarea de los psicólogos con problemas no patológicos

Otra forma de aliviar el posible temor a ir a psicoterapia es explicar que en psicología también se ayuda a personas que ni siquiera tienen trastornos diagnosticados. La terapia de pareja o la terapia a personas con baja autoestima son ejemplos de esto.

 

5. Proponte como acompañante para ir a terapia el primer día

Si esa persona siente algo de nervios ante la perspectiva de ir a psicoterapia por primera vez, propón que la acompañarás ese día. Es una manera de hacer que no sienta la necesidad de buscar excusas para no ir, a causa de la presión por enfrentarse a varias situaciones angustiantes a la vez. Se trata de poner muy fácil la primera toma de contacto con la asistencia psicológica por parte de profesionales.

6. Proponle la terapia online

Si ese amigo o familiar se resiste a todos tus intentos anteriores, también puedes proponerle la opción de recurrir a la terapia online. Es un formato de asistencia psicológica con videollamada que puede llegar a convencer más a quienes buscan discreción total, ya que no requiere ni salir de casa.

 

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Referencias bibliográficas:

Caballo, V. (1991). Manual de técnicas de modificación y terapia de la conducta. Pirámide, Madrid.
Robertson, Daniel (2010). The Philosophy of Cognitive–Behavioural Therapy: Stoicism as Rational and Cognitive Psychotherapy. Londres: Karnac.

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso?

Terapia de Aceptación y Compromiso

Una de las características de la psicología aplicada es que no existe un solo modelo que permita llevarla a cabo siguiendo un “canon”, una manera totalmente consensuada de hacer las cosas en terapia, como si todo se tratase de poner en práctica lo que pone en un manual de salud mental. Estudiaremos que es la terapia de aceptación y compromiso.

Es por eso que existen varios tipos de terapia que responden a perspectivas diferentes, maneras de ver las necesidades y los problemas psicológicos que afectan a las personas, así como las soluciones que pueden ser planteadas en cada caso.

En este artículo veremos una de esas propuestas de intervención psicológica en pacientes, la Terapia de Aceptación y Compromiso, o ACT, y explicaremos cuáles son las características que la definen.

Un tipo de terapia contextual

La Terapia de Aceptación y Compromiso es una forma de intervención en psicoterapia que forma parte de lo que se conoce como terapias de tercera generación, o Terapias Contextuales.

Esta tercera oleada de formas de intervención en paciente se caracteriza por no centrarse tanto en la eliminación o mitigación del síntoma como en poner el foco en la aceptación de y la capacidad para tolerar ciertas formas de imperfecciones e incomodidad inherente a la vida. En este sentido se distingue de la segunda generación de psicoterapias, las cognitivo-conductuales, que sí buscan combatir de manera directamente el malestar tanto en sus aspectos emocionales y cognitivos como en los comportamentales.

Dicho de otro modo, las terapias de tercera generación adoptan una perspectiva más positiva sobre los problemas que han llevado a los pacientes a tomar la decisión de ir al psicólogo, y enseñan a adoptar una nueva perspectiva de vida más constructiva y que no ponga el foco en la necesidad de hacer desaparecer de raíz el sufrimiento, sino en abrazar una nueva mentalidad y valores que permitan vivir la vida en positivo, apuntando hacia la consecución de valores que encajen con nuestra filosofía de vida.

Así, las terapias contextuales, como su nombre indica, se adaptan al contexto en el que vive cada paciente para examinar el tipo de valores desde los que, en cada caso, es más fácil ofrecer una perspectiva positiva y constructiva de lo que ocurre, aportando herramientas para que el malestar y el sufrimiento no lo impregnen todo y a la vez no poniendo como objetivo la meta irrealizable de hacer que todo sea bienestar constante.

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso?

Ahora que ya sabemos aproximadamente qué son las terapias contextuales, podemos entender cuál es la filosofía desde la que parte la Terapia de Aceptación y Compromiso.
Tal y como hemos visto, el foco de este tipo de intervención no está planteado en negativo, en eliminar malestar, sino en positivo, que en este caso implica aportar maneras de vivir la vida y de interpretar la realidad que permitan aumentar el grado de aceptación de aquello malo que ocurre sin que lo podamos controlar.

¿Y cómo se trabaja desde la ACT para conseguir esto? Durante las sesiones de psicoterapia, se crean situaciones desde las que se va entrenando al paciente para que se acostumbre a desprenderse de la rigidez psicológica, por un lado, y del fenómeno conocido como evitación experiencial, por el otro. Veamos en qué consisten.

La rigidez psicológica

Buena parte de lo que sentimos y pensamos no surge en nosotros porque sí, sino que es fruto de una serie de aprendizajes previos que hemos interiorizado consciente o inconscientemente.

Como se trata de esquemas mentales que ni siquiera sabemos que están ahí (porque nos cuesta imaginarnos cómo sería ver la vida desde otra perspectiva), apenas nos cuestionamos esas predisposiciones a pensar y a experimentar emociones de esa manera, lo cual significa que en ocasiones esas pautas psicológicas se convierten en una prisión, algo que nos constriñe y que genera rigidez psicológica.

Así pues, la Terapia de Aceptación y Compromiso se fundamenta en la idea de que los problemas que pueden salir a nuestro paso son demasiado diversos como para afrontarlos siempre con los mismos mapas mentales, y nos propone flexibilizar nuestra forma de interpretar lo que ocurre en nosotros y a nuestro alrededor. De esa forma, problemas que antes considerábamos que debíamos suprimir por completo se transforman en fuentes de incomodidad cuya importancia sabemos ver en perspectiva y que, visto desde cierto ángulo, no tiene por qué desgastar significativamente nuestra estabilidad psicológica.

La evitación experiencial

La evitación experiencial es el otro concepto clave de la Terapia de Aceptación y Compromiso. Consiste en la paradoja que se da cuando detectamos un problema que causa malestar psicológico: nuestras ganas de hacer que esa incomodidad desaparezca nos vuelve cada vez más sensibles a ese malestar, es decir, nos resta poder y se lo da a aquello que nos hace daño.

Así, la Terapia de Aceptación y Compromiso plantea vías alternativas a la evitación experiencial, haciendo que integremos las imperfecciones de la realidad en nuestra manera de entender la vida.

 

Un ejemplo de la ACT en pacientes

Veamos ahora un ejemplo de cómo funciona la Terapia de Aceptación y Compromiso en el caso de una mujer que está pasando por problemas para aceptar los signos que el envejecimiento provoca en su apariencia física.

En este caso, una manera de intentar abordar el problema sería considerar que la tristeza y la ansiedad que la persona siente al mirarse al espejo o al salir a la calle (a la vista de los demás) es en sí una fuente de malestar que hay que eliminar. Y otra manera de ver el problema sería comprobar que la persona sufre innecesariamente a causa de su incapacidad para aceptar aquello que considera una imperfección muy grave.

En este ejemplo, la persona tiene una excesiva rigidez psicológica en lo relativo a los cánones de belleza, lo cual hace que experimente la pérdida de la tersitud y del brillo de la piel una especie de duelo: aquello que antaño consideraba que le venía dado desaparece, dejando detrás de sí un cuerpo extraño que no le pertenece.

Por otro lado, la mujer también pasa por la evitación experiencial, algo que se nota desde la primera hora de la mañana, cuando evita mirarse al espejo y se pone chapuceramente una gruesa capa de maquillaje para cubrir sus arrugas.

La Terapia de Aceptación y Compromiso ayudará a esta persona a reconciliarse con su cuerpo real, a dejar de dar por sentado que tiene que parecerse a una versión idealizada de ella misma, y a vivir la vida sin preocuparse por problemas que principalmente existen en su imaginación.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Arch, Joanna J.; Craske, Michelle G. (2008). “Acceptance and commitment therapy and cognitive behavioral therapy for anxiety disorders: Different treatments, similar mechanisms?”. Clinical Psychology: Science and Practice. 15 (4): pp. 263 – 279.
Hayes, S. C., Barnes-Holmes, D., & Roche, B. (Eds.). (2001). Relational Frame Theory: A Post-Skinnerian account of human language and cognition. New York: Plenum Press.
Luciano, C., Valdivia, S., Gutiérrez, O., y Páez, M. (2006). Avances desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). EduPsykhé. Revista de Psicología y Psicopedagogía, 5(2), pp. 173 – 201.

Trastorno esquizoafectivo

Trastorno esquizoafectivo

Los trastornos mentales no suelen presentar límites muy claros que permitan diferenciarlos del resto de fenómenos psicológicos de carácter patológico. El trastorno esquizoafectivo es un ejemplo de esto, porque presenta características típicas de las alteraciones psicóticas y de los trastornos del estado de ánimo.

A lo largo de este artículo veremos cuáles son las particularidades y características del trastorno esquizoafectivo, sus posibles causas, sus síntomas y el tipo de tratamiento que se utiliza en este tipo de pacientes.

¿Qué es el trastorno esquizoafectivo?

El trastorno esquizoafectivo es descrita como un trastorno psiquiátrico en el que se dan tanto síntomas vinculados a los trastornos depresivos o de la bipolaridad como los que pertenecen al espectro de la psicosis y la esquizofrenia.

Así, las personas que pueden ser diagnosticadas con trastorno esquizoafectivo pueden presentar síntomas como la fática o la abulia (ausencia de motivación) o episodios maníacos propios de la depresión unipolar o del trastorno bipolar, y otros como las alucinaciones, delirios o habla desorganizada.

De esta manera, el trastorno esquizoafectivo desafía las clasificaciones utilizadas en los manuales diagnósticos, y presenta una complejidad especial.

Por otro lado, este es un trastorno relativamente poco frecuente, ya que se estima que en los países occidentales afecta a menos del 1% de la población, aunque puede ser diagnosticado en alrededor del 30% de los pacientes que ya han sido diagnosticados con esquizofrenia.

Síntomas

Para ver un resumen de los síntomas del trastorno esquizoafectivo, lo más útil es dividirlos según su naturaleza psicótica o depresiva-bipolar.

Síntomas de carácter psicótico

Es común que las personas con trastorno esquizoafectivo presenten crisis por alucinaciones, siendo especialmente comunes las auditivas (escuchar voces inexistentes u otros sonidos), aunque pueden estar vinculados a todos los sentidos. También se dan delirios, en los que existe un fallo en la percepción de la persona pero no a nivel sensorial, sino de creencias: la persona cree cosas imposibles o absurdas acerca de ella o el resto del mundo (es común que estos pacientes desconfíen del resto, al creer delirios persecutorios).

Por otro lado, otro de los síntomas del trastorno esquizoafectivo del espectro de la psicosis es el habla desorganizada, en la que lo que se dice no tiene sentido o está demasiado desordenado para ser fácil de comprender.

Síntomas depresivos

Los síntomas depresivos más habituales son la abulia o falta generalizada de involucrarse en actividades y relaciones personales, la anhedonia o falta de capacidad para experimentar placer, y la tristeza generalizada.

En ocasiones aparecen episodios mixtos, en los que surgen síntomas depresivos combinados con manía o hipomanía. Este segundo grupo de síntomas se asocian a un estado de ánimo extremadamente elevado, hasta el punto en el que la persona puede ponerse en peligro o puede poner en peligro a los demás. Por ejemplo, la persona entra en un estado de entusiasmo y agitación combinados con ideaciones de grandeza (la creencia de que uno lo puede todo) que le lleva a conducir un coche sin carné.

Causas

No existe una sola causa clara que explique por qué una persona desarrolla y manifiesta el trastorno esquizoafectivo, pero se asume que existen predisposiciones genéticas y factores ambientales que desencadenan esta alteración psiquiátrica. Hipotéticamente, tanto vivencias fuertemente estresantes o ligadas a un alto malestar, como el abuso de sustancias psicoactivos, pueden alterar la química cerebral y favorecer la aparición de trastornos psicóticos.

Por ello, durante el tratamiento se va con mucho cuidado para evitar que el uso de ciertos fármacos no empeore la situación: cada persona es única, y no existe una certeza total de que determinados medicamentos vayan a funcionar en un individuo.

Tratamiento

¿Qué se puede hacer para tratar el trastorno esquizoafectivo en terapia? En estos casos es necesario intervenir mediante la psicoterapia y la intervención psiquiátrica.

 

Esto implica que en fases de crisis grave puede recurrirse al internamiento, pero en general se realiza un seguimiento del caso combinando el uso de psicofármacos (antipsicóticos y antidepresivos) con la intervención psicológica, la psicoeducación y la terapia ocupacional.

Sin embargo, esta combinación de terapias por sí misma no suele curar totalmente a los pacientes, sino que sirve para amortiguar el carácter dañino de los síntomas y a hacer que se manifiesten menos veces y de manera menos intensa.

Por otro lado, en algunos casos los trastornos de este tipo desaparecen solos al cabo de varios años, pero esto no debe servir de excusa para no acudir a expertos en salud mental, dado que el trastorno esquizoafectivo puede ser mortal si no se gestiona bien.

 

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Referencias bibliográficas:

Goetz, C.G. (2003). Textbook of Clinical Neurology. St. Louis: WB Saunders.
Goodwin, F.K.; Jamison, K.R. (2007). Manic-Depressive Illness: Bipolar Disorders and Recurrent Depression, 2nd Edition. New York: Oxford University Press.
Malaspina, D., Owen, M.J., Heckers S., Tandon R., Bustillo J., Schultz S., Barch D.M., Gaebel W., Gur R.E., Tsuang M., Van Os J., Carpenter W. (2013). Schizoaffective disorder in the DSM-5. Schizophrenia Research. 150 (1): pp. 21 – 25.
Martin L.F., Hall M.H., Ross R.G., Zerbe G., Freedman R., Olincy A. (2007). Physiology of schizophrenia, bipolar disorder, and schizoaffective disorder. The American Journal of Psychiatry. 164 (12): pp. 1900 – 1906.

Síndrome amotivacional

Síndrome amotivacional

A pesar de que la marihuana tenga mejor imagen que el resto de drogas cuya venta es ilegal, lo cierto es que su consumo está asociado a riesgos significativos. Un ejemplo de esto lo encontramos en el síndrome amotivacional, fenómeno psicológico que surge como efecto a largo plazo tras llevar tiempo consumiendo cannabis.

En este artículo veremos qué es el síndrome amotivacional, cuáles son sus síntomas y causas típicas, y qué se hace en estos casos.

¿Qué es el síndrome amotivacional?

El consumo de sustancias con efectos psicoactivos puede dar paso a un amplio abanico de alteraciones psicológicas. El síndrome amotivacional es uno de ellos, y se da típicamente en quienes han estado consumiendo cannabis durante mucho tiempo y han desarrollado una intoxicación crónica.

En concreto, el síndrome amotivacional se caracteriza por la disminución significativa de las ganas de involucrarse en tareas que exijan un cierto esfuerzo, incluyendo las interacciones sociales. También está asociado al aplanamiento afectivo, es decir, un alejamiento de las propias emociones.

Estas características hacen que el síndrome amotivacional se asemeje en ciertos aspectos a la depresión, en la que también hay una pérdida de la capacidad de sentirse motivado (fenómeno conocido como abulia) y baja la reactividad emocional ante lo que ocurre alrededor de la persona. Sin embargo, en el síndrome amotivacional no suelen manifestarse pensamientos negativos o pesimistas, y tampoco un marcado sentimiento de tristeza o desesperanza.

En definitiva, tal y como hemos visto el síndrome amotivacional está compuesto por síntomas emocionales y cognitivos, y todos ellos tienen un impacto en el comportamiento de la persona afectada, la cual tiende a adoptar hábitos sedentarios, una actitud de pasividad, y tiene una vida social muy pobre o casi inexistente, marcada por el aislamiento. Veamos de manera más detallada cuáles son los síntomas típicos que manifiestan las personas con esta alteración.

Síntomas

Estos son los síntomas del síndrome amotivacional que suelen darse en la gran mayoría de los casos.

1. Aislamiento social

Las relaciones sociales siempre conllevan ciertos esfuerzos y sacrificios, y por ello este es uno de los ámbitos de la vida que se ven más afectados por el síndrome amotivacional. A la persona le cuesta encontrar incentivos para salir encontrarse con sus amigos o incluso para mantener conversaciones más o menos complejas y largas.

Además, a la práctica, muchas de las personas con síndrome amotivacional siguen consumiendo cannabis, hecho que las mantiene aún más aisladas en el caso de que en su círculo social cercano no sea habitual usar esta droga.

2. Desconexión con las propias emociones

Otro síntoma típico es el desapego con el entorno y con lo que le pasa a uno mismo. Se vive la vida como si se estuviese viendo una película. Esto se traduce en aplanamiento afectivo, es decir, que es muy poco habitual experimentar emociones intensas.

3. Pasividad generalizada

Otras maneras en las que el síndrome amotivacional se expresa lo encontramos en la pasividad de la persona ante sus responsabilidades y los problemas que debe resolver. Resulten habituales las quejas para que sean otros quienes atiendan estas cuestiones, o directamente la adopción de un estilo de vida basado en procrastinar (dejar para otro día lo que debe ser gestionado en el presente).

4. Dificultades para concentrarse

Las personas con síndrome amotivacional también suelen experimentar problemas a la hora de concentrarse para realizar tareas. Esto les afecta sobre todo en el contexto laboral, o en los estudios.

5. Cambios posturales

El síndrome amotivacional también se plasma en el lenguaje no verbal de la persona. En casos muy avanzados, la postura es encorvada, e incluso la manera de sentarse es diferente, caracterizada por la apatía y la falta de energía.

Causas

Aunque las causas específicas del síndrome amotivacional no son conocidas con exactitud, se asume que entran en juego tanto predisposiciones en cuanto a personalidad, como las alteraciones neuroquímicas que el consumo del cannabis tiene en el cerebro a largo plazo.

Así, uno de los factores más influyentes sería la modificación que esta sustancia tiene en los circuitos de recompensa del cerebro: con el tiempo, el sistema nervioso de la persona tiende a amoldarse a la necesidad de tener como prioridad el consumo de cannabis, y desatender todo lo demás.

En cualquier caso, una de las particularidades de este síndrome es que no aparece en todas las personas que abusan del cannabis durante varios meses o años, si bien esto no debería ser una excusa para dejar de tener en cuenta este riesgo.

Además, el síndrome amotivacional también podría estar causado, en algunos casos, por el uso prolongado de psicofármacos ISRS contra la depresión.

Tratamiento

Todas las intervenciones para combatir el síndrome amotivacional pasan por procesos de desintoxicación y cese del consumo del cannabis o de la sustancia que esté manteniendo este cuadro clínico. Para ello suele ser necesario tanto la asistencia terapéutica por parte de psicólogos, como la ayuda de psiquiatras.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Calabria B, Degenhardt L, Hall W, Lynskey M (May 2010). “Does cannabis use increase the risk of death? Systematic review of epidemiological evidence on adverse effects of cannabis use”. Drug and Alcohol Review. 29(3): 318 – 330.
Johnson, B.A. (1990). Psychopharmacological effects of cannabis. British Journal of Hospital Medicine. 43(2): 114 – 116, 118 – 120, 122.
Richard H.S. (1987). Marijuana: An Overview 34. Pediatric Clinics of North America. pp. 305 – 317.

Diferencias entre la terapia presencial y la terapia online

Diferencias entre la terapia presencial y la terapia online

La terapia online es una de las nuevas formas de intervención psicológica que se aprovechan de los avances tecnológicos ligados a Internet. Es el modo en el que mucha gente recurre a la ayuda profesional para tratar problemas psicológicos o mejorar su bienestar y sus habilidades para adaptarse a los retos.

Ahora bien… ¿cuáles son las diferencias entre la terapia online y la terapia presencial? ¿Cómo saber cuál de las dos es mejor o conviene más teniendo en cuenta las necesidades del paciente? Esto es lo que veremos a lo largo de este artículo.

Diferencias entre la terapia presencial y la terapia online

Si te interesa saber cuáles son los aspectos en los que la psicoterapia online difiere de la terapia presencial, aquí encontrarás un resumen de estas diferencias.

Sin embargo, seguramente te darás cuenta de que, en el fondo, el modo en el que estas formas de acudir al psicólogo son distintas se puede resumir en el canal que se establece entre el psicólogo y el paciente. Todo el resto de diferencias se derivan de esta.

 

1. El canal

Como hemos anticipado, el aspecto básico en el que podemos distinguir entre la terapia online y la terapia presencial es el canal a través del cual se establece la comunicación entre el psicoterapeuta y el cliente o paciente. En la gran mayoría de los casos se trata de la conexión a Internet, y más concretamente un programa de videollamadas en el que sea posible que profesional y paciente puedan verse y escucharse en tiempo real.

De esta manera, mientras que en la terapia presencial las sesiones se desarrollan en la consulta del psicólogo, en la terapia online el espacio de interacción entre las dos partes es un entorno virtual, creado solo para que dos personas puedan hablar independientemente de dónde estés. Estos servicios de videollamada son accesibles mediante dispositivos electrónicos como los PCs, los ordenadores portátiles o las tablets, asumiendo que disponen de micrófono, cámara y capacidad para conectarse a Internet.

2. La accesibilidad de la terapia online es mayor

Prácticamente todo el mundo puede acudir a la consulta del psicólogo para contar con los servicios de psicoterapia, pero es cierto que la terapia online resulta aún más accesible. Esto es así porque los problemas a la hora de desplazarse a la consulta que experimentan personas con poca capacidad para moverse por la ciudad se esfuman cuando la psicoterapia se realiza a través de Internet.

Así, gente mayor, personas con discapacidades motoras o pobladores de barrios o municipios mal conectados pueden contar con ayuda psicológica profesional. Incluso quienes no saben muy bien cómo funciona un ordenador pueden aprender fácilmente, ya que no se requieren muchos clics para establecer la conexión.

3. La flexibilidad horaria

El hecho de que se realice terapia online en vez de terapia presencial no significa que se pueda improvisar con la hora a la que se realiza, haciendo que varíe semana a semana. Sin embargo, es cierto que cuando se opta por la alternativa de terapia a distancia, es mucho más fácil hacer que la terapia encaje en los horarios, porque el paciente se ahorra el tiempo de desplazamiento en la ida y en la vuelta.

4. La familiaridad del espacio

La terapia online permite realizar la psicoterapia en entornos que le resultan familiares al paciente, como las diferentes habitaciones de su hogar. En muchos casos, esto hace que se relaje más durante las sesiones iniciales, en las que algunas personas están algo nerviosas o con propensión a estar a la defensiva.

5. El grado de anonimidad

En la terapia online hay mayor grado de anonimidad, ya que no hay que entrar al gabinete o clínica de psicología. Esto es algo que algunos pacientes aprecian, si bien actualmente hay mucho menos estigma acerca de lo que supone ir al psicólogo (sobre todo entre los más jóvenes). Además, los programas utilizados para hacer las videollamadas son seguros, y funcionan con protocolos para evitar que la información vertida en el dispositivo electrónico se disemine por la red.

Por supuesto, el código deontológico de los psicoterapeutas y la necesidad de ofrecerle confidencialidad al paciente están presentes tanto en la terapia presencial como en la terapia online, de manera que en este último formato no se pierde privacidad de ningún tipo, solo se gana justo antes y justo después de reunirse con el psicólogo.

 

¿Quieres saber más?

Si te interesa saber más acerca de la terapia online, ponte en contacto con nosotros y resolveremos todas las dudas que puedas tener acerca de este tema: cómo es la primera sesión, cómo funciona el programa de videollamadas, de qué manera se coordinan las sesiones, etc.

 

Nuestra Terapia Online

Referencias bibliográficas:

Change, P.M. (2011). Effectiveness of cybertherapy in mental health: a critical appraisal. Stud Health Technol Inform 167: pp. 3 – 8.
Change, D.J. (2010). Empirical evidence on the use and effectiveness of telepsychiatry via videoconferencing: implications for forensic and correctional psychiatry. Soc Sci Med 71: pp. 1308 – 1315.
Gratzer, D. y Khalid-Khan, F. (2016). Internet-delivered cognitive behavioural therapy in the treatment of psychiatric illness. CMAJ, 188(4) pp. 263 – 272.
González-Peña, P., Torres, R., Del Barrio, V., y Olmedo, M. (2017). Uso de la tecnología en la práctica psicológica en España. Infocop.

Depresión postvacacional

Depresión postvacacional

Nuestro estado de ánimo depende en buena parte de los cambios que experimentamos en nuestros hábitos y en nuestro entorno. Y uno de los ejemplos más claros de este fenómeno lo encontramos en la transición entre el periodo de vacaciones y la vuelta a la rutina y al trabajo. En este artículo veremos qué es exactamente la depresión postvacacional, qué situaciones pueden causarla y el tipo de síntomas a través de los cuales se expresa. También repasaremos algunas posibles soluciones para dejar de sentirse mal en estos casos.

¿Qué es la depresión postvacacional?

La depresión postvacacional, a veces llamada también síndrome postvacacional, es un fenómeno psicológico relativo a los estados de ánimo que surge en algunas personas cuando vuelven a casa tras varios días fuera, normalmente en situaciones de ocio (vacaciones).

Eso no significa que alguien que en una ocasión experimente depresión postvacacional la vaya a vivir cada vez que se vuelva de vacaciones; en general, depende más del contexto que de las características biológicas de la persona.

¿De qué manera influye esta experiencia en el estado de ánimo? Normalmente, lo hace a través de síntomas depresivos leves, aunque en la gran mayoría de los casos estos no llegan a suponer un serio problema para la calidad de vida de la persona, ni están presentes durante más de una semana.

Además, la depresión postvacacional nunca llega a ser tan intensa como la depresión mayor; si existen dudas al respecto, lo más probable es que la persona ya experimentase un estado de ánimo significativamente bajo antes de irse de vacaciones, o durante estas.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la depresión postvacacional no aparece en los manuales de diagnóstico psiquiátrico más utilizados, y por consiguiente no existe una descripción consensuada acerca de lo que es como problema psicológico. Esto hace que sea complicado describir sus síntomas y proponer soluciones eficaces en la mayoría de los casos, aunque sí existen indicaciones que suelen ayudar a mejorar el estado de ánimo en general.

Síntomas

Estos son los síntomas asociados a la depresión postvacacional, aunque no tienen por qué aparecer todos a la vez.

1. Fantasear y rememorar

Tendencia a usar buena parte del tiempo libre a rememorar lo ocurrido en tiempos pasados más felices, o a fantasear con situaciones agradables que no han ocurrido; todo esto, sin que eso ocurriese antes de volver de vacaciones.

2. Bajo grado de motivación y de energía

Motivación muy baja para hacer cualquier cosa, incluidas las actividades de ocio que requieran de cierto esfuerzo físico o intelectual. También puede aparecer una sensación de fatiga física que no puede ser explicada por el estado de salud de la persona o por el hecho de haber comido poco o haber trabajado mucho.

3. Desesperanza

Aparece una sensación de desesperanza, la creencia de que nada de lo que ocurra en el futuro hará mejorar la situación aunque sea un poco. Es decir, que la persona empieza a manifestar un sesgo pesimista acerca de lo que ocurre y lo que puede llegar a ocurrir en el futuro.

4. Pesimismo y determinismo ante las responsabilidades a atender

Combinada con lo anterior encontramos la tendencia a asumir que uno mismo será incapaz de llegar a sus objetivos, a resolver todos aquellos problemas que forman parte de sus responsabilidades en casa y en el trabajo. Surge la sensación de que todo se nos hace “una bola”.

Causas

La depresión postvacacional no suele tener una única causa, pero se considera que el principal explicativo es el cambio; probablemente, si la persona nunca se hubiera ido de vacaciones, el hecho de vivir en la rutina del trabajo doméstico y profesional en el entorno en el que se vive parecería mucho menos terrible, pero es el paso de una situación agradable a otra en la que hay responsabilidades lo que genera un desajuste emocional.

Así, para que la depresión postvacacional deje de ser un problema, hay que realizar acciones que nos permitan re-adaptarnos lo mejor posible a una realidad que durante meses nos ha parecido “lo normal”, y no algo totalmente malo en sí mismo.

 

¿Qué hacer? Tratamiento

Tal y como hemos visto, en la mayoría de los casos la depresión postvacacional se extingue sola, en cuestión de pocos días. Sin embargo, la asistencia psicológica por parte de psicoterapeutas puede ayudar en este proceso.

En las sesiones de psicoterapia, el profesional de la salud mental entrena al paciente en habilidades que permiten adaptarse rápidamente a situaciones que nos exigen cambiar nuestro ritmo de vida de manera brusca.

Además, en estas sesiones de tratamiento psicológico de la depresión postvacacional también se ayuda al paciente a modificar sus sistemas de creencias que están minando su autoestima y la llevan a asumir que nunca podrá gestionar problemas totalmente superables.

 

De esta manera, mediante una mezcla de modificación de las ideas y modificación de los comportamientos que conforman nuestro día a día (lo cual es la base de la terapia cognitivo-conductual), la alianza terapeuta-paciente consigue que este último sea capaz de volver a tener el control de su vida y de afrontar los problemas habituales de lo cotidiano, que normalmente tienen poco que ver con lo que vivimos durante las vacaciones.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Delgado, P (2000). “Depression: the case for a monoamine deficiency”. Journal of Clinical Psychiatry. 61: pp. 7 – 11.
Nawijn, J. et Al. (2010) Vacationers Happier, but Most not Happier After a Holiday. Applied Research in Quality of Life; 5(1): Nawijn, J. et Al. (2010) Vacationers Happier, but Most not Happier After a Holiday. Applied Research in Quality of Life; 5(1): pp. 35 – 47.

Ludopatía, Adicción al juego

Ludopatía, Adicción al juego

El mundo de las adicciones va mucho más allá de los efectos que producen las drogas. La adicción al juego o ludopatía es un ejemplo de dependencia patológica que existe independientemente del consumo de sustancias que afectan al cerebro humano, y muestra que desarrollar ciertos hábitos comportamentales también puede llegar a limitar nuestra libertad.

En este artículo veremos cuáles son los efectos y síntomas de la adicción al juego, cuáles son sus posibles causas, y cómo es el tratamiento psicológico pensado para ayudar a los pacientes con este trastorno.

Ludopatía ¿Qué es la adicción al juego?

La adicción al juego, también llamada ludopatía, es un tipo de adicción que está vinculado a los juegos de azar, y que lleva a la persona a sacrificar muchos aspectos básicos de su vida para poder seguir jugando.

Estos juegos pueden adoptar varias formas: poker, máquinas tragaperras, apuestas… Normalmente, alguien que ha empezado a desarrollar adicción al juego será más propenso que otras personas a involucrarse en partidas de cualquier juego de azar, y no se limitará solo a un solo formato.

Por otro lado, el componente patológico de la adicción al juego hace que estas personas sean capaces de apostarse la mayor parte de su sustento económico en una sola partida, e incluso pueden llegar a apostar recursos que son necesarios para seguir manteniendo a su familia, como la primera residencia o todos los ahorros.

Síntomas

Veamos ahora cuáles son los síntomas de la ludopatía, que incluyen fenómenos emocionales y conductuales.

1. Necesidad de apostar cada vez más

La persona se ve abocada a la necesidad de apostar cada vez mayores cantidades para poder hallar el nivel de satisfacción que busca. Esto hace que la peligrosidad de la adicción al juego sea cada vez mayor.

2. Pérdida de control

Quien sufre ludopatía nota cómo pierde el control de su vida, al intentar dejar de jugar y ser incapaz.

3. Irritabilidad

Si pasa mucho tiempo sin participar en juegos de azar, la persona empieza a mostrarse más irritable e irascible.

4. Problemas en las relaciones sociales

La persona con adicción al juego ve cómo sus relaciones personales significativas se ven dañadas a causa de su tendencia a mentir para ocultar sus intereses o de sus intentos por que los demás le dejen dinero para seguir jugando.

5. Necesidad urgente de recuperar las pérdidas

Tras perder mucho dinero, la persona siente que debe seguir jugando para volver a estar como antes.

6. Usa las apuestas para dejar de sentirse ansioso

Otro de los síntomas de la adicción al juego es la tendencia a usar esta actividad para aliviar el estrés o la ansiedad.

Causas

No existe una sola causa fácilmente identificable que explique por qué aparece la adicción al juego. Normalmente es una consecuencia de la combinación de muchos factores, tanto personales como contextuales.

Algunas de las variables tienen que ver con propensiones genéticas a desarrollar adicciones, aunque estas no son determinantes y no llevarán irremediablemente hacia la ludopatía si la persona no se expone a ciertas situaciones.

Por otro lado, la adicción al juego se da sobre todo entre personas de bajos recursos económicos, posiblemente a causa de las bajas expectativas de mejorar su calidad de vida. Sin embargo, es un trastorno psicológico que puede darse en personas de todas las clases sociales, y con todo tipo de nivel de ingresos.

Además, la propia adicción se retroalimenta a sí misma, presentándole a la persona situaciones de pérdida que en teoría (no a la práctica) podrían ser revertidas o “solucionadas” rápidamente si se sigue jugando. Esto contribuye a que surja un sesgo cognitivo llamado “ilusión de control”, por la que se sobreestiman las propias capacidades y capacidad de solucionar problemas fácilmente.

Tratamiento en terapia psicológica

La adicción al juego es un trastorno psicológico que aparece descrito en los manuales diagnósticos de salud mental más utilizados, y se investiga mucho acerca del tipo de formas de terapia que pueden servir para eliminarla.

En general se recomienda la terapia cognitivo-conductual, en la que se ayuda a la persona a identificar los patrones de pensamiento y las creencias que alimentan a la adicción y contribuyen a que siga formando parte del día a día del paciente, y a la vez se la entrena en conductas que debiliten el poder que la ludopatía tiene sobre uno mismo.

De esta manera, los psicólogos llevan a la persona a cuestionarse muchas de las ideas preconcebidas que tiene acerca de cuál es su relación con el juego, y a la vez ayudan a detectar acciones y pensamientos vinculados a la ludopatía, y a combatirlos.

En algunos casos se recomienda también asistir a sesiones en grupo con otras personas que comparten el mismo tipo de problema, de manera que el apoyo mutuo y el sentimiento de comunidad sirvan como una fuente de inspiración y de motivación para mantener el compromiso de seguir con los programas anti-adicción.

Además, dependiendo de las características y necesidades de cada paciente, médicos y psiquiatras pueden aconsejar la toma de determinados psicofármacos, pero estos no deben ser vistos como la “curación” de la adicción al juego, sino más bien como una ayuda para reducir temporalmente algunos síntomas de la ludopatía, como por ejemplo las crisis de ansiedad.

En cualquier caso, estos medicamentos solo pueden tomarse bajo prescripción médica. No solo por las posibles reacciones adversas que podrían producir en el cuerpo, sino también porque en ciertos casos aumentan el riesgo de desarrollar otra adicción (en este caso, a la sustancia consumida) en personas ya de por sí predispuestas a ello.

 

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders. Arlington: American Psychiatric Publishing.

Kausch, O. (2003). Patterns of Substance Abuse Among Treatment-Seeking Pathological Gamblers. Journal of Substance Abuse Treatment. 25 (4): pp. 263 – 270.

Potenza, M. N (October 12, 2008). “The neurobiology of pathological gambling and drug addiction: an overview and new findings”. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences. 363 (1507): pp. 3181 – 3189.

¿Funciona la terapia a distancia? Las 4 ventajas clave

ventajas clave terapia online

La terapia a distancia es una de las modalidades terapéuticas que se está popularizando más rápidamente.

Esto está causado en buena parte por su propia naturaleza accesible: como hace más fácil contar con los servicios de los psicólogos, su uso se extiende mucho por esta nueva vía de acceso a la terapia.

Sin embargo, el hecho de que tenga diferencias claras con la terapia psicológica clásica (es decir, la presencial) hace que muchas personas que buscan ayuda profesional se pregunten si esta clase de intervención es eficaz, si sirve para tratar sus problemas.

En este artículo hablaremos justamente sobre este tema: ¿funciona la terapia psicológica a distancia? Para ello, empecemos definiendo qué es exactamente este tipo de servicio.

Qué es y qué no es la terapia a distancia

La terapia a distancia es una modalidad de psicoterapia en la que no hay necesidad que el terapeuta y el paciente se comuniquen compartiendo un mismo espacio, habitualmente el despacho del psicólogo. A la práctica, esto significa que utilizan un canal tecnológico para interactuar, gracias al uso de dispositivos electrónicos como el ordenador o la Tablet, por ejemplo.

Esta interacción se produce en tiempo real, tal y como transcurriría una conversación cara a cara, y suele hacer uso del micrófono y de la webcam o cámara de estos dispositivos.

Además, la conexión acostumbra a ser realizada mediante Internet; es por ello que la terapia a distancia suele ser llamada también “terapia online”.

Ventajas

Algunas de las ventajas que ofrece la terapia a distancia son las siguientes:

1. Ocupa menos tiempo

Como no hace falta dedicar tiempo a reunirse con el psicólogo, es mucho más fácil encajar en el horario las sesiones de terapia a distancia.

2. Es más accesible

Las personas con movilidad reducida que no pueden desplazarse o les costaría demasiado esfuerzo, pueden contar con servicios de asistencia psicológica sin mayores dificultades.

3. Se lleva a cabo en un espacio seguro

Cómo es posible hacer todas y cada una de las sesiones de terapia a distancia sin salir de casa, los pacientes se sienten en un entorno familiar y conocido, en el que se pueden relajar más y, a la vez, no preocuparse demasiado por mantener un perfil discreto.

4. Permite bajar los precios

Como consume menos recursos y no requiere de tanta logística, la terapia a distancia permite bajar el precio de las sesiones.

 

¿Funciona la psicoterapia a distancia?

Tal y como hemos visto, la terapia a distancia consiste fundamentalmente en psicoterapia online, en la que la única diferencia esencial con la psicoterapia presencial es el canal por el que se establece la comunicación entre el psicólogo y el paciente (si bien a causa de esto hay una serie beneficios a considerar).

Ahora bien… ¿son todo ventajas, o estas llegan a costa de disponer de un tipo de psicoterapia menos eficaz? Por lo que se sabe hoy en día, no, la terapia a distancia no es menos eficaz que la que se realiza presencialmente. Eso sí, hay que tener en cuenta ciertos matices que veremos a continuación.

En primer lugar… ¿Resulta sorprendente que las investigaciones que se han hecho hasta ahora señalen que la terapia a distancia no es menos eficaz que la presencial? En realidad, no.

Hay que tener en cuenta que el hecho de que este tipo de psicoterapia se realice a través de dispositivos electrónicos no cambia la esencia de la actividad que se está llevando a cabo entre el terapeuta y el paciente. Esta actividad se centra en la comunicación, y la comunicación no es algo que se vea limitado en un formato de terapia online en el que dos personas se ven y hablan en tiempo real.

Es verdad que las implicaciones de estar lejos de alguien y las de estar a un metro de distancia son distintas, pero en un contexto profesional en el que el contacto físico no es importante, esta diferencia se desvanece. A fin de cuentas, el hecho de hacer una videollamada no nos hace ver ni a la otra persona ni a la interacción como algo menos real.

Cuando se hace terapia online, lo único que importa es que se está teniendo un diálogo real en un contexto que no por ser digital resulta menos objetivo, material: no es algo que solo ocurra en nuestra cabeza y, por ejemplo, si un chiste que decimos como pacientes hace reír al psicólogo, el sentimiento de satisfacción no será menor que el que habría producido cara a cara, porque seremos conscientes de que ha sido una interacción verdadera, no artificial. En todo momento se es consciente de que al otro lado de la pantalla hay una persona de carne y hueso.

Sin embargo, como decíamos, hay matices. Cuando se investiga acerca de la eficacia de la psicoterapia, se hace distinguiendo entre los tipos de problemas que presentan los pacientes: algo que funciona para el trastorno bipolar puede no funcionar para el tratamiento de la ansiedad.

Por eso, si bien en general la eficacia de la terapia online cuenta con respaldo científico, hay casos concretos en los que sí se puede ver limitada. Por ejemplo en el caso de que se quiera tratar una fobia mediante la técnica de la exposición con Realidad Virtual, para hacer esto es necesario utilizar unos instrumentos que están disponibles en el centro de psicología, pero no en casa del paciente.

En definitiva, hay que saber qué necesidades presenta el paciente para determinar cuáles son las técnicas y herramientas a usar, y en una minoría de las ocasiones existirán problemas para combinar esos materiales con el tipo de terapia. En cualquier caso, si se prevén estos problemas, el equipo de psicólogos avisa por adelantado sobre qué forma de asistencia terapéutica conviene más.

 

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Referencias bibliográficas:

Change, P.M. (2011). Effectiveness of cybertherapy in mental health: a critical appraisal. Stud Health Technol Inform 167: pp. 3 – 8.
Change, D.J. (2010). Empirical evidence on the use and effectiveness of telepsychiatry via videoconferencing: implications for forensic and correctional psychiatry. Soc Sci Med 71: pp. 1308 – 1315.
González-Peña, P., Torres, R., Del Barrio, V., y Olmedo, M. (2017). Uso de la tecnología en la práctica psicológica en España. Infocop.

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