Terapias

Nuestras terapias en Avance Psicólogos

¿Qué es la Resiliencia y cómo podemos mejorarla?

resiliencia

La resiliencia se refiere a la capacidad para afrontar momentos difíciles e incluso traumáticos de manera flexible, eficaz y positiva. Las personas resilientes tienen además la capacidad de sobrellevar enormes fuentes de estrés de manera más o menos sosegada, reflexiva y desde el autocontrol.

Aprender a sobrellevar las dificultades de manera más positiva es algo que todos tenemos que hacer antes o después, y se puede.

Nuestra Terapia para la Autoestima

¿Qué es la resiliencia?

A lo largo de mis años como psicóloga he tenido la suerte de conocer en consulta a muchas personas con esta capacidad. Acudir a la consulta del psicólogo no significa, ni mucho menos, que la persona no tenga la capacidad de afrontar las dificultades y acontecimientos traumáticos con una enorme capacidad de superación, que simplemente necesita saber cómo orientar. Ellos me han ayudado a saber más sobre la resiliencia, aplicarlo en mi día a día y a tratar de transmitir estos conocimientos para que otras personas aprendan a desarrollarla.

 

¿Qué caracteriza a las personas resilientes?

La persona resiliente se caracteriza por algunas de las siguientes capacidades o rasgos:

  • Empatía: saben ponerse en el lugar de los demás, lo que les lleva a enfocar las dificultades desde varios puntos de vista, encontrando más opciones o soluciones a los problemas.
  • Saben relativizar y priorizar, por lo que el estrés es sobrellevado de una manera más positiva.
  • Reconocen el sufrimiento o emociones negativas como una posibilidad de aprendizaje y desarrollo personal.
  • Son autocríticas sin caer en la autocompasión ni victimizarse.
  • No juzgan, ni a ellos mismos ni a los demás.
  • Reconocen y localizan sus emociones, lo que favorece un mayor conocimiento de sí mismos.
  • Saben escuchar, abiertos a otras opiniones o puntos de vista.
  • Ajustan el pensamiento, por lo que los errores de pensamiento o distorsiones cognitivas, muchas veces heredadas de generación en generación y reforzadas por presión social, son desmontadas.
  • Afrontan el problema como un reto lo que les proporciona desenvoltura en la resolución de problemas y toma de decisiones.
  • Tienen un enorme sentido de la justicia que trasladan desde la asertividad.
  • Saben pedir ayuda y poner límites o decir no.
  • Tienen una elevada tolerancia a la frustración.

 

Muchas veces puede parecer, al describir estas capacidades, que la persona resiliente no sufre ante la adversidad, pero no es así en absoluto. Su tolerancia a la frustración y autocontrol ayudan a que la ansiedad no les lleve al bloqueo, pero eso no quiere decir que no sientan la ansiedad y el dolor ante los acontecimientos difíciles o traumatices.

Otra característica muy importante de las personas resilientes, es que ante las dificultades tratan de “no pagarlo” nunca con los demás, lo que ayuda a que su entorno quede preservado y tengan apoyo a su alrededor.

De todos modos, que duda cabe que las circunstancias personales, nuestro entorno y apoyo emocional por amigos y familiares favorecen la resiliencia.

 

Mejorar esta capacidad

Con todo esto no debemos pensar que he existe un modo de ser cercano a la perfección y que los demás no tenemos esa capacidad. No siempre se tienen todas estas habilidades y la mayoría se aprenden en el camino; la capacidad de aprender a sobrellevar las dificultades de manera más positiva es algo que todos tenemos que hacer antes o después, y se puede.

Como una huella dactilar, cada uno de nosotros tiene alguna de estas características más o menos desarrollada; se adolece de alguna pero se destaca en otras.

Alcanzar un equilibrio entre todas ellas, reconociendo las que tengo que desarrollar más y dónde están las propias carencias, es uno de los objetivos de la terapia a la hora de afrontar las dificultades e incluso el dolor al que situaciones como una ruptura, la pérdida de un ser querido, problemas en el trabajo, etc, nos exponen.

Nuestra Terapia Psicológica

 

Disfemia infantil: ¿qué es este trastorno del habla y qué síntomas presenta?

disfemia infantil

La disfemia infantil un trastorno de la fluidez en el habla y en el ritmo.

Nuestra Terapia Logopeda

¿Qué es la disfemia infantil (tartamudez)?

Más conocido como tartamudez, se caracteriza por la repetición de sílabas y/o palabras, bloqueos o paros y en ocasiones dar rodeos para evitar la palabra que causa este problema. Muchas veces, este trastorno se acompaña de ansiedad, retraimiento, tensión física y emocional.

En la etapa infantil existen fases diferenciadas:

  • Disfemia inicial: de carácter primaria, fisiológica o del desarrollo. Aparece entre los tres y cinco años de edad, y es muy común durante esta etapa del desarrollo, al comienzo de la utilización del lenguaje.
  • Disfemia episódica: Se desarrolla a partir de los cinco años de edad, generalmente se produce ante situaciones de inseguridad y falta de madurez lingüística.
  • Disfemia, propiamente dicha, aparece a partir de los ocho años de edad. Desde este momento es cuando podemos hablar de un trastorno disfémico.

 

Durante la infancia pueden aparecer episodios de disfemia ante situaciones de estrés, como el nacimiento de un hermano, un cambio importante…etc, que después remiten.

Aunque ha demostrado que existe un mayor riego de padecer un trastorno disfémico si el niño tiene antecedentes en su entorno familiar, durante la etapa del desarrollo infantil, es muy habitual que los niños pasen en algún momento por una etapa disfémica que desaparece repentinamente.

 

Qué hacer, y tratamiento

La actitud que muestre familia frente a este trastorno de la fluidez del habla puede ayudar mucho. Procurar no corregir constantemente al niño, interrumpirle o terminar sus frases para evitar que se sienta evaluado, es importante.

    También es interesante buscar ratos de conversación con nuestro hijo y prestarle atención cuando quiera hablarnos de algo, leer juntos algún cuento o libro de su interés y cantar canciones es también un buen ejercicio para mejorar la fluidez.

Si el niño padece ansiedad porque siente miedo de cometer errores al hablar, es interesante trabajar con él este aspecto y ver si es conveniente pedir ayuda para valorar el problema.

 

Nuestra Terapia Infantil

 

¿Qué son los Trastornos Generalizados del Desarrollo?

Trastornos Generalizados del Desarrollo

Los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD) engloba y hace referencia a diferentes síndromes o trastornos evolutivos, que se evidencian normalmente antes de los tres años de edad, aunque en ocasiones los síntomas aparecen a partir de los tres años, después de un desarrollo normal en los primeros años del niño/a.

Nuestra Terapia Logopeda

¿Qué son los Trastornos Generalizados del Desarrollo?

Aunque se desconoce su causa exacta, la evidencia de numerosas investigaciones tiende a considerar en su aparición factores genéticos y ambientales (como infecciones víricas durante el embarazo o sufrimiento fetal durante el parto).

Es común en estos trastornos que aparezcan afectadas algunas de las áreas del desarrollo: comunicación, socio-afectividad, motricidad y cognitiva.

Estos trastornos son: El Síndrome autista, conocido también como autismo de Kanner; El Síndrome de Rett; Autismo atípico; El Trastorno desintegrativo de la infancia; Síndrome de Asperger; Trastorno generalizado del desarrollo sin especificar.

En los TGD aparecen como síntomas comunes alteraciones de la comunicación verbal y no verbal, alteraciones en las relaciones sociales y aparición de intereses específicos con conductas estereotipadas y repetitivas. Incluye todos los tipos de autismo, por lo que en la actualidad se está empezando a denominar Trastorno del Espectro Autista (TEA).

 

Síntomas frecuentes

El grado e intensidad de los síntomas es diferente en cada niño, pudiendo ser leves en algunos y muy severos en otros. Los síntomas que antes llaman la atención y generan la preocupación de los padres suelen ser que raramente interactúan con la mirada, no parecen demostrar apego o muestras de complicidad, mantienen una atención exagerada u obsesiva en conductas repetitivas, moviendo o haciendo girar objetos o paseando una vez tras otra por el mismo sitio, poco interés o ninguno en relacionarse con otros niños y no muestran emociones ni empatía.

Llama también la atención, la no aparición del lenguaje o su alteración en el volumen y entonación en su producción, junto a repeticiones o ecolalias. Suelen mostrar un bajo umbral a la frustración ante el cambio, con rabietas desproporcionadas si algo en su entorno se ve alterado, y movimientos de balanceo.

De obligada lectura para la comprensión de los Trastornos del Espectro Autista, son algunas de las obras, en colaboración, de Ángel Riviere , profesor y maestro: “La mirada mental” (1997). Ángel Rivière y M. Nuñez “El tratamiento del autismo” (1997). Ángel Rivière y Juan Martos “El niño pequeño autista” (2000). Ángel Rivière y Juan Martos

 

 

Acoso escolar o bullying: ¿qué es y qué hacer ante un caso así?

Acoso escolar o bullying

El acoso escolar o bullying (término en inglés) hace referencia al maltrato psicológico y/o físico que sufren algunos niños y adolescentes en la etapa escolar. Se suele dar en el centro educativo, donde los niños pasan la mayor parte del tiempo.

Nuestra Terapia Infantil

¿Qué es el acoso escolar o bullying?

Cuando un niño es acosado, sufre un hostigamiento reiterado por parte del acosador, en forma de abuso, intimidación, amenazas, humillaciones y/o maltrato físico como vapuleo, golpes, patadas, tirones de pelo, empujones… La desproporción y asimetría de fuerzas respecto al acosador o grupo que acosa, dificulta la capacidad de reacción frente al maltrato.

Es fundamental detectar cuando un niño o adolescente está sufriendo acoso escolar o bullying, ya que las consecuencias sobre su autoestima, desarrollo afectivo y social son muy serias.

Esta situación sufrida día tras día y sin capacidad de defensa, genera obligatoriamente un estado de indefensión aprendida: estar sometido a una fuente de estrés o agresión impredecible y sobre la que nuestro comportamiento no tiene control -no depende de nada que haga o deje de hacer, la agresión o castigo se dará de un momento a otro-.

Este estado de alerta mantenido en el tiempo puede derivar en depresión, baja autoestima, ansiedad anticipatoria, ansiedad social, desconfianza, fobia al colegio y desmotivación en los estudios. En los casos más severos puede, como desgraciadamente ya sabemos, llevar al suicidio.

Pensemos además que el niño o adolescente está conformando su personalidad y que no ha tenido tiempo aún de definirse y reconocer muchas de sus emociones. Tampoco ha desarrollado todas las estrategias de afrontamiento o herramientas para afrontar el estrés, por lo que es muy importante detectar cualquier situación de acoso escolar o bullying, dada la baja posibilidad que el niño o adolescente tiene para defenderse y lo serio de su repercusión.

En el futuro, haber vivido un acoso durante mucho tiempo en la escuela puede afectar al mantenimiento y desarrollo de las relaciones sociales, la afectividad, la estabilidad emocional y desde luego en la valoración personal o autoestima.

 

Algunas señales de acoso escolar

  • Cambios de carácter, irritabilidad, llantos injustificados o repentinos, susceptibilidad, etc.
  • Cambios en los hábitos de alimentación: come menos o muy poco, come demasiado.
  • Problemas para conciliar el sueño, se despierta sobresaltado, pesadillas.
  • Desánimo, tristeza, evita relacionarse en casa y/o huye de las relaciones sociales.
  • Pone excusas para ir al colegio.
  • Presenta heridas, maratones o magulladuras.
  • Vuelve a casa con prendas de vestir rotas o a menudo le desaparecen objetos.

 

En muchas ocasiones estas conductas no se perciben porque la mayoría de los niños que sufren acoso tratan de ocultarlo por miedo a las represalias, a parecer “débiles” ante sus mayores o a ser culpados de la situación.

Una pobre comunicación en casa facilita la ocultación y el miedo a ser juzgado o “dar problemas”. Al acoso se añade entonces la soledad ante el problema.

 

Tipos de acoso escolar o bullying

1. Social

Prohibir jugar en grupo, hablar con otros o intentar aislar al niño en sus relaciones, impidiendo estar en un grupo para anular su red social de amigos.

La manipulación, el niño acosado puede ser manipulado por el agresor de tal manera que adquiere etiquetas para contribuir al rechazo por parte de otros compañeros.

2. Psicológico

Insultar, ridiculizar, faltar al respeto de manera reiterada.

Obligar al acosado desde la coacción a realizar acciones humillantes.

También intimidar para inducir al miedo a través de amenazas.

3. Físico

Todo tipo de violencia física como empujar, pellizcar, tirar del pelo, golpes, patadas, vapuleo…

¿Quién acosa en la escuela?

En la mayor parte de los casos los agresores se desenvuelven en entornos donde aprenden modelos de comunicación y comportamiento agresivos o de lucha de poder como forma de establecer el vínculo y la autoestima. La baja o nula comunicación en casa junto a la pasividad parental o la desestructuración familiar, bien pueden llevarle a suplir la necesidad de pertenencia al grupo buscando el apoyo y complicidad de los compañeros desde la fuerza, como forma de identificarse y sentirse integrado en un entorno social.

En otras ocasiones hay un exceso de sobreprotección o falta de límites que genera una baja tolerancia a la frustración.

No han desarrollado la capacidad de empatizar y suelen buscar el refuerzo a corto plazo e inmediato ante las necesidades. Se autoafirman generando miedo y buscan la complicidad del grupo para apoyar su autoestima. De este modo el acoso se suele dar con la complicidad del grupo y en muchas ocasiones la imitación, lo que acusa la asimetría de fuerzas con respecto al acosado.

Qué hacer si detectas que tu hijo está siendo acosado

  • Ponlo en seguida en conocimiento de los profesores, ellos pueden hacer mucho desarrollando actividades de equipo en el aula y en coordinación con la psicóloga o psicólogo del centro buscarán un plan de actuación.
  • Muestra todo tu apoyo a tu hijo, sin obligarle a hablar pero transmitiéndole que estás ahí para cualquier cosa que necesite o quiera contarte.
  • Refuerza sus logros y exprésale tu cariño verbal y físicamente.
  • Busca momentos de juego y ocio juntos, donde sienta que tiene toda tu atención.

 

Estos puntos son los mismos en caso de que detectes que tu hijo está agrediendo o está siendo cómplice de acoso en la escuela.

 

Prevenir el acoso escolar

Educar en valores sobre el respeto a los demás, a la diferencia, fomentando la empatía y el trabajo en equipo dentro del aula; comunicarse en casa y escuchar al niño y adolescente mostrándole respeto ante sus opiniones, ideas y necesidades o saber establecer límites y saber frustrar cuando es necesario, son claves que previenen de la agresividad en la escuela y ayudan a desarrollar un modo asertivo de relacionarse con el otro y su entorno.

Nuestra Terapia para Adolescentes

 

La Asertividad: El arte de la comunicación

La asertividad en la comunicación

La asertividad en la comunicación. Son muchas las situaciones, a la hora de relacionarnos, en las que es necesario decir no, poner límites, o sencillamente dar una opinión contraria a la de nuestros interlocutores e incluso expresar mi enfado o disgusto.

Saber expresar nuestras emociones en un momento dado favorece una mejor relación con los demás, un menor estrés en nuestra cotidianidad y sobre todo salvaguarda nuestra autoestima.

¿Qué es la Asertividad?

El miedo al rechazo o al conflicto con los otros, debido a aprendizajes tempranos, puede enmarcar nuestras relaciones en una actitud sumisa o pasiva. A corto plazo, la persona “pasiva”, evita el supuesto conflicto temido, pero con el tiempo, a medio y largo plazo, se sentirá frustrada y ansiosa.

Tras la frustración, si no expresamos nuestros derechos o necesidades, aparecerá la ira o enfado con uno mismo, junto con el resquemor o rencor hacía los otros. A quienes achacamos la responsabilidad de nuestros sentimientos de rechazo y frustración y de nuestra baja valoración personal, considerando que abusan de nuestra confianza.

De este modo nos encontramos en ese círculo que se retroalimenta y mantiene el miedo al rechazo, y por lo tanto a un malestar generalizado en nuestras relaciones sociales. En el otro extremo nos encontramos con la persona “agresiva”, que sobrerreacciona a las peticiones, opiniones y relación con los otros, desde la desconfianza, bajo la creencia y el miedo a que, “puesto que los demás son malintencionados, intentarán abusar de nosotros y hay que protegerse”.

La autoestima

Este planteamiento va a generar respuestas subidas de tono, que al igual que en la persona pasiva, repercutirán de modo negativo en la autoestima. A corto plazo, se da la descarga o desahogo de la ansiedad que viene del miedo a que el otro abuse de nosotros, pero a medio y largo plazo, el distanciamiento de los otros, incluso su rechazo. Unido al hecho de no dar solución a nuestras necesidades en las relaciones sociales de forma satisfactoria y calmada. Esto repercutirá en una baja valoración de nosotros mismos, un elevado estrés y de nuevo en la “confirmación” de que nuestro malestar se debe a los demás.

Confirmada esta hipótesis, mantengo la desconfianza y la creencia de que no “puedo fiarme, y por lo tanto, debo defenderme de los demás”.

Nuestra actitud con los demás en muchas ocasiones nos hace asumir roles y etiquetas difíciles de cambiar, lo que nos puede provocar ansiedad y frustración. Aprender a comunicarnos de manera asertiva ayuda a liberarnos de esos roles.

Vemos así, como en ambos casos se cumple esa regla, que es fundamental tener en cuenta de modo consciente en nuestro día a día, de que “una expectativa se convierte en profecía autocumplida”.

Hemos de tener claro, que una actitud, un determinado modo de estar con los demás en el mundo, mantenida en el tiempo, conlleva el riesgo de asumir unos roles y etiquetas, que los demás y nosotros mismos nos acabamos colocando, difíciles de cambiar si no nos hacemos conscientes de cómo se desarrollan e implantan en nosotros.

La persona pasiva

La “persona pasiva” en su comunicación, sentirá que su opinión no es importante para los demás, que nadie le pide su opinión o que apenas le miran o se dirigen a ella durante las relaciones sociales. Confirma así su hipótesis del rechazo, su creencia de que es inferior a los demás, por lo que se mantiene su miedo y creencia errónea de que pueden rechazarle en cualquier momento. Sin embargo, lo que realmente sucede es que su expectativa, como profecía que se “autocumple”. Esto dirige sutil e indirectamente el modo en que los demás se relacionan con ella. Así, si en la mayoría de las conversaciones apenas expresa su opinión, no se dirige directamente a los demás, no mantiene la mirada al interactuar o ante cualquier toma de decisiones suele contestar con un “me da igual, lo que tú prefieras”, generará el que los demás, de modo inconsciente y por hábito, dejen de preguntarle o dirigirse a ella.

Lo mismo sucede con la “persona agresiva”, su expectativa de que los “demás pueden agredirme en cualquier momento” ayuda a adoptar una actitud defensiva que le predispone a confrontar con los demás o a que le acaben rehuyendo, por miedo a sus reacciones, por lo que creerá que estaba en lo cierto al desconfiar.

Aprender a comunicarse con los demás

El resultado en ambos casos es, como decíamos más arriba, una mayor ansiedad al relacionarnos con los demás. Una sensación subjetiva de rechazo y por lo tanto una frustración y baja autoestima que mantiene nuestro malestar.

De ahí, que a la hora de empezar a manejarnos en la asertividad, como forma de comunicarnos, no es sólo importante cambiar las respuestas que damos con los demás, a la hora de expresar una opinión o decir no, sino que se hace imprescindible profundizar en cuáles son nuestras creencias erróneas. Esto es normalmente adquirido en etapas tempranas del desarrollo, por experiencias anteriores, más o menos traumáticas o bien aprendidas durante nuestra educación y heredadas de nuestras principales figuras de apego.

Expresa tu opinión

Una vez que se consigue ese punto de equilibrio intermedio, entre expresar mi opinión, disgusto o enfado, decir no o sencillamente, expresar mis emociones, sin imponernos a los demás o considerar que en la comunicación siempre hay ganadores o perdedores. Así favorecemos un clima de confianza con el otro que ayuda a profundizar e intimar en la relación. El otro siente que puede confiar en nosotros, que no le vamos a juzgar o atacar, que vamos a darle nuestra opinión sin eludirla. Con la franca intención de buscar una solución a los posibles conflictos sin buscar quedar por encima o encontrar culpables o perdedores durante la comunicación.

Que decir tiene, que rompemos así “la profecía autocumplida” en que se basaba nuestra expectativa. Desarrollaremos por fin una mejor valoración personal y social, en “un estar con el otro en el mundo”, basado en la confianza y en la seguridad de saber expresarnos y defender nuestros derechos sin miedos.

Nuestra Terapia Psicológica

 

Terapia de pareja: Claves de comunicación en la relación

Terapia de pareja Claves de comunicación en la relación

Terapia de pareja: Claves de comunicación en la relación. Una buena comunicación en pareja depende de múltiples factores a cultivar en el día a día durante la convivencia en pareja y en eso se empeña la terapia de pareja. Está muy extendida la creencia de que la comunicación de la pareja depende de “hablar las cosas y contárselo todo al otro”, sin embargo son muchas más, y más sutiles, las variables que influyen en una buena comunicación.

Comunicarle al otro mis sentimientos, preocupaciones y necesidades, sin exigir ni reprochar, favorece una mejor comunicación y una mayor complicidad.

Nuestra Terapia de Pareja

La propia autoestima o la valoración personal

En la medida que nuestro autoconcepto es positivo, y nuestra vida fuera de la pareja nos resulta satisfactoria, estamos evitando proyectar sobre el otro nuestras propias carencias. A menudo se desencadena el siguiente círculo vicioso: me enamoro y me ausento en un mundo ideal en el que sólo existe la pareja, esto lleva a descuidar e ir dejando de lado estímulos vitales que son fundamentales para una buena autoestima y un necesario desarrollo personal, como son los amigos, hobbies, intereses personales e inquietudes. Mantenido en el tiempo esto nos hace más dependientes de la pareja en exclusiva, de modo que con el tiempo aparece “la rutina”.

La rutina en pareja no es mala, podríamos decir incluso que es inevitable, pero si ese día a día en convivencia se prolonga sin una vida personal enriquecida en estímulos personales y sociales, derivará en una baja autoestima, que influirá negativamente en la relación. De ahí la importancia de conservar y cultivar los referentes de nuestro mundo íntimo, ya que dinamizan y airean “la rutina” que con el tiempo alcanza a la pareja y que bien enfocada puede ser un valor positivo.

 

Reconocer y agradecer

Agradecer y valorar al otro las pequeñas cosas que nos aporta, es fundamental para establecer una mejor comunicación en la pareja. Muchas veces olvidamos que con su presencia, nuestra pareja nos está aportando y apoyando.

Con el tiempo, podemos llegar a creer que esto es algo insustancial y una obligación del otro por el hecho de estar a nuestro lado, sin valorar que los pequeños detalles son fundamentales para mantener la relación. Reconocer estos detalles motiva que el otro se sienta reconocido y valorado a nuestro lado.

Empatizar

Ponerme en el lugar del otro, intentar entenderle mirando desde su punto de vista, reconociendo sus sentimientos o situación en un momento dado, ayudará a “discutir” y negociar los asuntos importantes de la pareja sin caer en la trampa de la “lucha de poder”. Este es uno de los puntos más importantes a trabajar en terapia de pareja.

La lucha de poder, significa que trato de imponerme al otro sin escucharle, con el único objetivo de tener razón, por lo que las discusiones se hacen eternas y elevadas de tono, sin llegar a un punto en común o entendimiento.

Olvidamos a menudo, que en la relación, y como muy sabiamente me expresaba una paciente “cuando se discute, si mi pareja pierde yo pierdo”.

Empatizar con la pareja, significa escucharle y ponerme en su piel, sin olvidar expresar mi opinión, necesidades y sentimientos, con el objetivo de llegar a un punto que respete ambas partes y desde el cual se pueda solucionar el conflicto.

Cuando se discute, si mi pareja pierde yo pierdo

 

Lenguaje corporal

No hay nada tan sutil y valioso como el lenguaje corporal positivo con la pareja. Saber transmitir con una mirada, guiño o sonrisa, el apoyo o empatía; no descuidar las expresiones de afecto como las caricias, besos o cariños, mantiene el enamoramiento y la complicidad. Todo un mundo de hormonas y neurotransmisores que favorecen el bienestar, se despierta y une a ambos miembros de la pareja.

Sobre este despliegue de reacciones fisiológicas, sostenedoras de la relación, hablaremos, largo y tendido dado su interés, en otro artículo.

Desarrollar y mantener un buen lenguaje corporal con el otro, es además fundamental para el erotismo dentro de la pareja y el mantenimiento del deseo sexual.

Expresión de las emociones: asertividad

Saber reconocer y expresar mis emociones al otro, desde el respeto y la ausencia de reproches o exigencias, genera un ambiente de confianza y comunicación con la pareja. Como decíamos en el punto anterior, sobre el reconocimiento y agradecimiento, a menudo esperamos que el otro adivine nuestras necesidades, como prueba de su amor. Esto lleva a malos entendidos y discusiones que a menudo salen a la luz durante la terapia de pareja.

Otras veces, silenciar lo que nos ha hecho daño o molestado, despierta la desconfianza e impotencia de la pareja, por lo que la comunicación se ve dificultada.

Es fundamental expresar lo que nos ocurre sin agredir al otro, de no ser así es fácil que el problema se mantenga latente, amenazando con reaparecer ante cualquier contratiempo.

Espacio individual / espacio compartido

Mantener un equilibrio entre los espacios comunes e individuales, enriquece la comunicación dentro de la relación. Cuando hay hijos, se sufre una merma de estos espacios tan importantes para la convivencia, por lo que es conveniente organizarse entre ambos. Que cada uno tenga un día de la semana para ir a esa actividad o clase que le gusta, mientras el otro se queda con los niños, es una buena forma de garantizar los espacios individuales. Más complicado es disponer de los espacios comunes cuando hay hijos, pero siempre es importante encontrar la forma de coincidir a solas.

Expresar desde la asertividad y la empatía, con la clara conciencia de que el otro no nos pertenece ni debe nada por el hecho de ser nuestra pareja es uno de los objetivos fundamentales de la terapia de pareja para que la relación salga adelante. Son muchos los mitos sobre el amor que hacen daño dentro de la relación y que es imprescindible  cuestionar. La pareja, el otro, no es una fusión o vínculo incondicional, es un mundo aparte de mí con el que se camina, respetando las diferencias y su individualidad.

 

Nuestra Terapia Psicológica

 

Depresión Infantil: causas, síntomas y señales

Depresión Infantil causas síntomas y señales

Se habla poco de la depresión infantil y apenas se tiene en cuenta, ya que muchos de sus síntomas no corresponden con la de los adultos.

¿Cómo es la depresión infantil?

El niño con depresión no tiene por qué manifestar tristeza o apatía, si no que a menudo la expresa con irritabilidad, mal comportamiento e hiperactividad, por lo que a veces pasa desapercibida o se confunde con un trastorno por déficit de atención. En la adolescencia, los síntomas de la depresión se suelen parecer más a los de los adultos, sin embargo en los niños no sucede lo mismo.

Es importante estar atentos a algunos de los de las siguientes síntomas, si se mantienen en el tiempo:

  • Pierde el interés por sus juegos preferidos.
  • No desea ir a la escuela.
  • Se aleja de sus amigos.
  • Presenta una comunicación pobre.
  • Se cansa o se aburre con facilidad.
  • Presenta menos energía en las actividades diarias.
  • Le cuesta concentrarse.
  • Se muestra muy irritable ante pequeñas frustraciones.
  • Tiene rabietas con más facilidad y regularidad.
  • Expresa baja autoestima despreciando a otros o a él mismo.
  • Elige finales tristes para sus juegos.
  • Se comporta agresivamente.
  • Se queja constantemente de dolores de cabeza.
  • Come mucho o muy poco.
  • Tiene problemas para dormir o desea dormir con los padres.
  • Tiene actitudes “regresivas” a una etapa anterior de su desarrollo, como chuparse el dedo u orinarse en la cama.
  • Deterioro en los estudios y ausencias frecuentes de la escuela.
  • Está triste o llora con facilidad.
  • Se lastima, lastima a otros o lastima a animales.

 

Sabemos hoy que la capacidad de relacionarse y la calidad de las relaciones sociales del niño, son fundamentales a la hora de prevenir o tratar una depresión.

 

Síntomas y señales

La psicóloga Victoria del Barrio, en su libro “Depresión infantil”, 1997. Ed. Ariel, afirma que el adulto no cree que el niño pueda tener depresión al carecer de responsabilidades pero no es así, el niño tiene más responsabilidades de las que pensamos y además, en su modo de entender el mundo, muchas responsabilidades que no le corresponden se las atribuye.

El cerebro del niño no está preparado aún para entender muchas de las cosas que ocurren a su alrededor, no tiene aún la madurez emocional ni cognitiva como para digerir e interpretar situaciones, acontecimientos y mensajes que se suceden en su día a día.

La depresión infantil se caracteriza fundamentalmente por un cambio de comportamiento mantenido en el tiempo, al menos un mes, en el que desciende su capacidad para disfrutar de acontecimientos y juegos que antes le interesaban, descenso de la comunicación con los demás y disminución en el rendimiento escolar junto con protestas e irritabilidad. Además, es importante señalar que en la depresión infantil la autoestima está afectada.

Desde la fisiología, se ha observado que la hormona del crecimiento en niños con depresión está alterada, siendo más baja, así como hay un aumento de los niveles de cortisol, la hormona del estrés.

 

Prevención y tratamiento

Sabemos hoy que la capacidad de relacionarse y la calidad de las relaciones sociales del niño, son fundamentales a la hora de prevenir o tratar una depresión. Problemas de comunicación con los padres o una mala relación con los compañeros de clase, son determinantes para la autoestima y estado de ánimo del niño..

Que el niño desarrolle una comunicación basada en la asertividad, así como la autoeficacia e independencia a la hora de realizar pequeñas tareas, generará una base de autoestima que le proteja de la depresión o le ayude a superarla.

 

Nuestra Terapia Infantil

 

El deseo sexual inhibido: qué es y por qué ocurre

deseo sexual inhibido

Es habitual que a lo largo de la relación de pareja haya momentos de menor deseo sexual. Esto no tiene que preocupar demasiado; el día a día con horarios repletos de responsabilidades explican que haya «rachas» de menor deseo. El problema surge cuando la falta de apetencia sexual se mantiene en el tiempo sin que la situación cambie en algún momento, aunque sí lo hagan las circunstancias.

A menudo, tras la falta de deseo en la pareja hay otras causas más profundas, siendo éste la punta del iceberg.

Nuestra Terapia Sexológica

¿Qué es el deseo sexual inhibido?

El deseo sexual inhibido se caracteriza por la falta de apetencia sexual, manifestándose en:

  • Descenso o nada de lubricación, en el caso de la mujer,
  • Dificultad para alcanzar la erección en el hombre,
  • Tensión a la hora de mantener la relación sexual y
  • Ausencia de fantasías eróticas.

 

Este estado mantenido en el tiempo, dentro de la relación de pareja, puede derivar en sentimientos de culpa, distanciamiento afectivo y problemas de comunicación. Llegados a este punto siempre es conveniente consultar con un sexólogo especializado, antes de que la ansiedad generada dentro de la relación de pareja vaya a más.

 

A menudo hay otras causas detrás del deseo sexual inhibido, siendo éste la punta del iceberg; incomunicación, alguna “deuda histórica” o enfado soterrado no sacado a la luz, problemas con la familia política, discusiones constantes o alguna inseguridad o complejo físico o personal, son algunas de las posibles causas de la falta de deseo.

 

Nuestra Terapia Psicológica

 

¿Qué es la Anorgasmia?

que es la anorgasmia

La anorgasmia es la dificultad para alcanzar el orgasmo, ya sea durante la masturbación o durante la relación sexual.

Si bien esta disfunción sexual se da en ambos sexos, es más frecuente en mujeres.

Nuestra Terapia Sexológica

Causas culturales de la anorgasmia

Si hasta hace apenas unas décadas la mujer tenía prohibido desear y por lo tanto sentir placer durante la relación sexual, en la actualidad una mujer realizada es una mujer sexualmente activa, lo que se mide erróneamente, por su capacidad de llegar al orgasmo y el número alcanzado.

Esta variable de presión, junto a una actitud negativa hacia la sexualidad, ya sea por factores de educación, de religión o personales, influye de manera determinante: la ansiedad por alcanzar el orgasmo impide la suficiente relajación como para que se derive de la respuesta sexual.

 

Tratamientos

En terapia sexológica se da mucha importancia en “reeducar” desde una salud sexual que desmonte, desde la información, los tabúes que giran alrededor del orgasmo y lo desmitifique.

En la medida que se sobrevalora el orgasmo, la relación sexual se convierte en una prueba de aptitud sexual, en la que la ansiedad no va a permitir el disfrute desde la confianza y la relajación necesarias para alcanzar el orgasmo.

 

Nuestra Terapia Sexológica

 

¿Qué es la Disonancia Cognitiva?

disonancia cognitiva

La psicología social describe la disonancia cognitiva como el conflicto o tensión interna que surge ante dos pensamientos o cogniciones que se oponen.

Nuestra Terapia Psicológica

¿Qué es una disonancia cognitiva?

Cuando un pensamiento o modo de actuar entra en conflicto con nuestras creencias, ideología o sistema de valores, genera un conflicto en la percepción de nosotros mismos (autopercepción) que provoca un estado de tensión emocional interna. Si me he hecho la promesa de que a partir de este mes iré al gimnasio y cuando llega el día no puedo evitar quedarme en el sofá, la contradicción entre lo que me he propuesto con mi forma de actuar generará una disonancia cognitiva.

Esta tensión es tan incómoda que no tardamos en tratar de disminuirla generando nuevas cogniciones que rebajen el malestar: “estoy demasiado cansado/a, es normal que no vaya, hoy es mal día para empezar”, “para que voy a ir, a estas horas habrá demasiada gente y al final no haré nada…”.

Causas y estudio de este fenómeno psicológico

Lo curioso es que cuánto mayor es el coste o pérdida de nuestra elección y por lo tanto más en entredicho queda nuestra imagen, mayor es el conflicto interno y más intensas y numerosas son las nuevas cogniciones o planteamientos que elaboramos, así, si además de no ir al gimnasio resulta que he pagado todo el mes por adelantado, tendré la necesidad de ser más convincente con mis propias argumentaciones: “está claro que es es tan bueno para la salud una buena siesta como el ejercicio”.

Fue el psicólogo social Leon Festinger, quien en 1957 planteó por primera vez la teoría de la disonancia cognitiva en su obra “A Theory of Cognitive Dissonance”. En ella explica como una incoherencia interna, que no puede ser corregida, favorece la creación de cogniciones que rebajen nuestro malestar. En ocasiones también ocurre que tratamos de pasar por alto la contradicción, intentando no pensar en ello o tratando de convencernos de que no tiene importancia.

 

Situaciones en las que aparece

El ejemplo anterior es leve, pone de manifiesto una tensión interna de relativa importancia. En ocasiones la motivación del conflicto es mayor cuando nos encontramos ante situaciones en las que mantenemos planteamientos o conductas que entran en oposición con nuestros valores o principios éticos.

La psicología social ha estudiado como en zonas de conflicto en épocas de guerra, si matar al enemigo va en contra de los propios principios, suele resolverse con una compleja elaboración ideológica que lo justifique. Esto unido a otro fenómeno, la dispersión de responsabilidad, descrito también por la psicología social. Según el cual esperamos a que la mayoría actúe o preste ayuda descargando nuestra responsabilidad en los demás y justificando nuestros actos en función de la mayoría. Estos son algunos de los mecanismos que se ponen en acción en el ser humano como modo de resolver un conflicto interno y de autoimagen.

 

Nuestra Terapia Psicológica

 

Ir arriba
Abrir chat