Terapia Infantil

La Terapia Infantil persigue evaluar y tratar los problemas diagnosticados utilizando una serie de técnicas dirigidas a la eliminación de los síntomas. Un apoyo que emprenderá el aprendizaje de estrategias que ayudarán al niño, no sólo a resolver el problema principal, sino también a relacionarse con el mundo de manera eficaz, favoreciendo así, un crecimiento pleno y feliz.

¿Es efectiva la terapia infantil?

¿Es efectiva la psicoterapia infantil?

¿Es efectiva la terapia infantil?. La infancia es una época clave en el desarrollo de todo ser humano, tanto en lo bueno como en lo malo. En esta fase vital aparece una curiosidad innata por experimentar con el entorno y, si bien se necesita de la educación y la enseñanza de los adultos, buena parte del aprendizaje se realiza de manera autónoma, a partir de la experimentación y el juego.

Ahora bien, precisamente porque los niños y niñas son muy sensibles a lo que ocurre a su alrededor, también están en una situación de relativa vulnerabilidad ante aquellas situaciones que favorecen la aparición de trastornos psicológicos y problemas comportamentales en general.

Por suerte, muchos psicólogos están formados precisamente para intervenir tanto en la prevención como en el tratamiento de este tipo de alteraciones emocionales, comportamentales y/o cognitivas en los más jóvenes. Ahora bien… ¿hasta qué punto es eficaz la psicoterapia infantil? Veámoslo en este artículo.

¿Qué es la terapia infantil, y qué problemas trata?

La psicoterapia infantil es la rama de la psicología aplicada orientada a la intervención sobre los problemas psicológicos presentes en la población infantil, esto es, niños y niñas que aún no han llegado a la adolescencia. En el caso de la psicología aplicada a niños y adolescentes, hablamos de psicoterapia infanto-juvenil.

Así pues, en las sesiones de terapia infantil los psicólogos nos adaptamos a la manera de pensar y de interactuar con el entorno de los más pequeños, para facilitar que desarrollen sus propios recursos y habilidades de regulación de las emociones y de gestión de sus propios comportamientos.
Ejemplos de problemas en los que la terapia infantil resulta eficaz
Aquí puedes ver algunos de los trastornos psicológicos más comunes en los que la psicoterapia infantil ha demostrado ser eficaz a través de multitud de investigaciones.

1. Estrés postraumático

Los traumas psicológicos basados en eventos catastróficos o ataques y abusos están asociados a secuelas psicológicas en forma de subidas repentinas en los niveles de estrés, pensamientos intrusivos, sentimientos de culpa, baja autoestima, etc. La psicoterapia infantil ha demostrado ser eficaz para estos casos a través de los métodos de la terapia cognitivo-conductual.

2. Trastorno de conducta

El trastorno de conducta se caracteriza por los comportamientos impulsivos y desafiantes, que llevan a iniciar conflictos, discusiones y enfrentamientos en genera de manera recurrente y con pequeños desencadenantes. En casos severos, se asocia también a las actividades delictivas. Es propio de la infancia y la adolescencia.

3. Trastornos del sueño

Los problemas para dormir son muy frecuentes en la infancia, ya sea por el miedo a la oscuridad o por otros motivos. En terapia infantil es posible ayudarles a superar estas fuentes de malestar y agotamiento.

 

4. Fobia social y fobias específicas

La fobia social es un trastorno de ansiedad que puede afectar a los niños y niñas sobre todo a partir de los 7 u 8 años, momento en el que los grupos de socialización empiezan a expandirse. Esta alteración se caracteriza por el miedo a interactuar con personas desconocidas o con las que se tiene poca confianza, y la sensación de perder el control en situaciones así, que lleva a querer evitar esta clase de situaciones.

Del mismo modo, las fobias específicas producen síntoma del mismo tipo, aunque en este caso el estímulo puede ser de cualquier tipo, y no se ciñe a las relaciones sociales.

5. Enuresis y encopresis

La incapacidad de regular los esfínteres al dormir produce lo que se conoce como enuresis y encopresis, siendo más habitual el primero de estos fenómenos, que consiste en orinarse en la cama. La psicoterapia infantil ha demostrado ser muy efectiva para estos casos.

6. Depresión infantil

Los trastornos del estado de ánimo forman parte de las psicopatologías más comunes en prácticamente todas las edades, y en el caso de la depresión, ésta puede afectar también a niños y niñas de corta edad. En las sesiones de psicoterapia es posible dar tratamiento eficaz a este trastorno y a sus síntomas asociados: tristeza, baja autoestima, desesperanza, etc.

 

7. Trastorno Obsesivo-Compulsivo

El Trastorno Obsesivo-Compulsivo lleva a las personasa sentir la necesidad de realizar una serie de secuencias de comportamiento a modo de rituales para aliviar el malestar producido por determinados pensamientos o imágenes mentales. Una de sus variantes más comunes es la necesidad de lavarse constantemente las manos ante la idea de tenerlas llenas de gérmenes.

La terapia infantil es eficaz para superar este trastorno y hacer que los pequeños aprendan formas mucho más adecuadas de lidiar con la angustia o los pensamientos desagradables.

8. TDAH

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad es una alteración que produce problemas especialmente en el ámbito del aprendizaje y la educación, dado que se asocia fuertemente al fracaso escolar. Los niños y niñas que lo desarrollan, en caso de no contar con apoyo profesional, tienden a sacar poco partido de la escuela.

¿Buscas apoyo psicológico en terapia infantil?

Si te interesa contar con la ayuda de profesionales de la psicología especializados en terapia infantil o infanto-juvenil, ponte en contacto con nosotros. En Avance Psicólogos contamos con dos décadas de experiencia ayudando a las personas de todas las edades.

Nuestra Terapia Infantil

Referencias bibliográficas:

APA Task Force on Evidence-Based Practice with Children and Adolescents (2008). Disseminating Evidence-Based Practice For Children & Adolescents: a systems approach to enhancing care. Washington, DC: American Psychological Association.
West-Eberhard, Mary Jane (2003). Developmental plasticity and evolution. Oxford University Press.
Weisz, J.R.; Weiss, B.; Alicke, M.D.; Klotz, M.L. (1987). Effectiveness of Psychotherapy With Children and Adolescents: A Meta-Analysis for Clinicians. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 55(4): pp. 542 – 549

¿Cómo explicar a tus hijos qué es el coronavirus?

Cómo explicar a tus hijos qué es el coronavirus

¿Cómo explicar a tus hijos qué es el coronavirus?. La crisis del coronavirus SARS-CoV-2 ha hecho que un fenómeno que apenas levantaba expectativa en el mundo occidental haya pasado a ser aquello de lo que hablamos constantemente.

Esto es comprensible: no solo nos ha expuesto a una nueva parte de peligro potencial, sino que también nos ha llevado a abrazar medidas de prevención que transforman totalmente nuestro día a día a causa de la necesidad de confinarse en casa.

Para quienes tienen hijos que están pasando por la infancia, esto significa dos cosas: que necesitan resolver sus dudas acerca de esta pandemia global, y también protegerlos lo máximo posible ante los bulos y rumores sin fundamento que circulan a través del boca-oreja, y que pueden ser peligrosos. Por ello, aquí veremos algunos consejos acerca de cómo explicar a tus hijos qué es el coronavirus y por qué ha hecho que las escuelas cierren.

Cómo explicarles a tus hijos pequeños qué es el coronavirus SARS-CoV-2

Estas son algunas recomendaciones que te pueden servir como pauta a la hora de explicar de manera comprensible qué es el SARS-CoV-2 a un niño o niña. Eso sí, adapta estas ideas a tu caso y a las características del hijo o hija a quien quieras informar, sobre todo teniendo en cuenta su edad.

1. Busca un momento y un lugar adecuados

Hay que saber elegir el momento y el lugar para tratar este tema con toda la profundidad que merece, ante la previsión de que los pequeños dispongan de tiempo para hacer preguntas sobre lo que les preocupa. Es importante evitar darles una explicación incompleta de la situación, dado que esto podría despertar sus miedos ante la falta de información.

2. No hables de los contagiados, sino del virus

Hay que ir con cuidado para evitar que los pequeños adopten una actitud hostil ante las personas infectadas, hayan desarrollado síntomas de COVID-19 o no. Para ello, no centres tu discurso en ellas, sino en el virus que se transmite de una persona a otra.

3. Ve directamente a lo que importa

Si te ves en la necesidad de explicar qué es el coronavirus, es por las consecuencias que esta epidemia está teniendo en el ámbito de la sociedad general y de las familias en particular. Por eso, no te centres en explicar con exactitud los conceptos utilizados por los científicos para hablar de las características físicas del virus; céntrate en su manera de comportarse, de pasar de un cuerpo a otro y de generar la enfermedad del COVID-19.
Eso último es lo más importante y evitará que los pequeños se confundan con tecnicismos. Es preferible que entiendan los aspectos principales del contagio y de la infección, y no preocuparse demasiado con que tengan o no una imagen realista del virus.

4. No alarmes innecesariamente

Por mucho que el coronavirus sea un peligro añadido al día a día, es importante no poner énfasis en el riesgo individual, porque esto puede llegar a generar fuertes miedos en los pequeños. Es mejor limitarse a decir que es más bien que se trata de una versión algo más peligrosa que la gripe, pero sin llegar a hablar de cantidades de muertos o ingresados. Hay que enfocar el tema como un fenómeno de responsabilidad colectiva, y no de evitación del riesgo individual.

 

5. Háblales de las poblaciones de riesgo

Hay que explicarles que las personas mayores y quienes ya tienen la salud comprometida por otras enfermedades son los más vulnerables. Es mejor si les pones ejemplos que conozcan. De esa manera, se comprometerán más fácilmente con las medidas a adoptar para combatir el coronavirus.

6. Ayúdales a entender que todo irá bien si siguen las indicaciones

Por mucho que estemos en un estado de alarma, tus hijos siguen contando con tu protección y la del resto de adultos de la familia. Hay que incidir en esto para que sepan que aunque sus movimientos estén restringidos para evitar contagios, en el ámbito doméstico sigue existiendo la estabilidad.

7. Aclárales que todo pasará

Finalmente, otro de los aspectos importantes de explicar a tus hijos pequeños qué es el coronavirus es no olvidarte de mencionar que todo pasará, que todo lo que están viviendo son medidas transitorias. Para ello puedes utilizar la imagen de la curva de infectados, explicándoles que de lo que se trata es de evitar que la línea suba mucho para arriba. Esta es una manera sencilla de que entiendan que no es un problema estático, sino que el coronavirus va expandiéndose por etapas y que hay que ir adaptándose a estas.

 

¿Buscas ayuda profesional?

Si crees que necesitas ayuda ante esta situación de cuarentena por el coronavirus, puedes contar con nuestros profesionales. En estas es posible resolver dudas, aprender técnicas para gestionar la ansiedad o la depresión, tratar problemas de crianza o de comunicación con los hijos, y más.

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Referencias bibliográficas:

European Centre for Disease Prevention and Control. (2020) Outbreak of acute respiratory syndrome associated with a novel coronavirus, China; First cases imported in the EU/EEA; second update. ECDC.
Ministerio de Sanidad. (2020) Preguntas y respuestas sobre el nuevo coronavirus 2019 (2019-nCoV). Gobierno de España.

Los 5 beneficios de la terapia infantil

beneficios de la terapia infantil

Los 5 beneficios de la terapia infantil. La Psicología tiene dos facetas principales: una centrada en la investigación y en la generación de conocimiento general, y otra aplicada, que busca mejorar directamente las condiciones de vida de la gente. En esta última categoría hay también diferentes ramificaciones, ámbitos en los que trabajan los psicólogos del ámbito aplicado. Un ejemplo de estos ámbitos es la terapia infantil, uno de los servicios más demandados por las familias y las instituciones

En este artículo veremos cuáles son los beneficios de la terapia infantil y por qué es importante acudir a psicólogos expertos en este tipo de intervención para prestar ayuda a familias y a instituciones que trabajan con menores.

Los principales beneficios de la psicoterapia infantil

Estos son los aspectos positivos más importantes de la terapia infantil o infanto-juvenil.

1. Permite abordar dificultades del desarrollo

Los primeros años de vida son clave en diferentes aspectos de la vida adulta que está por llegar. Por un lado, en esta edad se expresan numerosos trastornos que tienen un fuerte componente genético o biológico. Por el otro, las consecuencias negativas de no atender estos problemas son mucho peores si surgen en la infancia.

2. Aborda también los problemas de autoestima y de relaciones

Lo que ocurre en la escuela es, en varios aspectos, tanto o más importante que lo que ocurre en casa, con los progenitores. Es en la escuela donde la mayoría de niños y niñas inician sus primeras amistades significativas y sostenidas en el tiempo con personas de su misma edad, y estos menores de su edad pasan rápidamente a convertirse en sus referentes de comportamiento y los miembros del grupo en el que más desean integrarse.

Tener dificultades para hacer amigos, o incluso sufrir acoso escolar, son aspectos que tienen un impacto muy negativo en los pequeños de la casa. No solo les afecta emocionalmente; también les puede llevar a adoptar hábitos demasiado solitarios y poco comunicativos, ligados al sedentarismo y a la mala condición física y mental.

Los psicólogos que ofrecen terapia infantil también intervienen para tratar esta clase de problemas, facilitando que los niños y niñas aprendan maneras de regular sus emociones y de relacionarse con los demás con mayor seguridad, de manera que su autoestima quede reforzada.

 

3. Ofrece apoyo profesional ante las dificultades escolares

Además, la escuela es uno de los principales contextos en los que niños y niñas desarrollarán sus habilidades cognitivas. Las dificultades que puedan surgir pueden llegar a generar un efecto “bola de nieve”, de manera que un mal primer mes escolar lleva a dar el curso entero por imposible, o incluso a desarrollar un fuerte miedo a la escuela.

Por eso, la terapia infantil aporta un apoyo profesional que permita a los pequeños sacar el máximo provecho de la formación escolar.

4. Sirve para asesorar a padres y madres

La terapia infantil se realiza colaborando con los padres, madres o tutores de los niños que acuden al psicólogo. Esto permite que se trabaje por mejorar el bienestar de los menores tanto en las sesiones de terapia como fuera de ellas, desde el contexto familiar. Además, ayudan a los progenitores a adoptar métodos de crianza y educación más adecuados y eficaces, de manera que se evitan problemas y frustraciones dadas por estrategias que no solo no combaten el problema sino que favorecen el comportamiento hostil en los pequeños.

5. Ayuda a los niños a entender qué les pasa

Finalmente, no hay que pasar por alto que otro de los beneficios de la terapia infantil tiene que ver con el modo en el que los niños y niñas procesan lo que les pasa. Tener a un profesional cualificado para expresarse adecuadamente ante la gente de corta edad, haciendo que entiendan el tipo de problemas que tienen, permite que pongan más orden en su percepción del mundo y de ellos mismos.

Esto hace, por ejemplo, que muestren menos propensión a sentirse mal por tener dificultades para realizar determinados ejercicios en clase, o que no sientan que los compañeros de clase que se burlan de ellos tienen razón. Se trata de explicaciones que sirven de mucho y ayudan a cerrar preguntas que de otra manera podrían ser una fuente extra de angustia por no saber lo que pasa ni lo que pasará.

¿Buscas ayuda profesional para tu hijo o hija?

Si te interesa contar con servicios de terapia infantil, puedes contar con nuestro equipo de psicólogos. En Avance Psicólogos atenderemos tus necesidades de manera personalizada y presencial. Nos puedes encontrar en el centro de Madrid.

 

Nuestra Terapia Infantil

 

Referencias bibliográficas:

Blasi, C.H.; Bjorklund, D.F. (2003). Evolutionary Developmental Psychology: A New Tool for Better Understanding Human Ontogeny. Human Development. 46 (5): pp. 259 – 281.
Morris, A. et al. (2009) The Role of the Family Context in Development of Emotion Regulation. National Institute of Health.
Sanz, L.J. (2012). Psicología Evolutiva y de la Educación. Manual CEDE de Preparación PIR, 10. CEDE: Madrid.

Cómo ayudar a niños con fobias y miedos

fobias niños

Cómo ayudar a niños con fobias y miedos. Las fobias se definen como un miedo extremo y reacciones de ansiedad a un estímulo concreto. La ansiedad es una reacción del cuerpo ante algo que nos resulta amenazante. Es una manera de prepararnos para huir o atacar. Como podemos imaginar ha sido útil en toda la existencia del ser humano, sin embargo, hay ocasiones donde se activa ante estímulos que no son peligrosos. En ambos casos son reacciones normales del cuerpo humano y gestionarla es muy importante.

En los niños ocurre lo mismo que con los adultos y encontramos ansiedad ante ciertos estímulos.

Las fobias más comunes en la infancia

  • Fobia a la oscuridad.
  • Miedo a monstruos y criaturas fantásticas.
  • Miedo a quedarse solos o separarse de los padres.
  • Miedo al cole.
  • Fobia a los animales.
  • Fobia a médicos.

 

Cuando aparecen estos estímulos los niños, como los adultos, comienzan a sentir muchas sensaciones de ansiedad y activación. Estas sensaciones están, además, acompañadas de pensamientos de amenaza y catastróficos. Estos factores hacen que la experiencia de quien lo sufre sea muy intensa y la persona tenga mucha necesidad de huir de la situación.

En los niños es también así e incluso más acusado que en los adultos ya que no disponen todavía de los mecanismos de regulación que hacen que se enfrente al miedo si considera que es necesario en la situación.

 

Ayudar a los niños con miedos es, precisamente, una manera de acercarles a esas estrategias que tenemos más los adultos. Ser capaces de notar que algo me da miedo pero no prestarle mucha atención y “vencer” el miedo.

La superación de las fobias pasa por la exposicion, es decir, ponernos frente a las situaciones que tememos a pesar del miedo que nos generan. Cuando hacemos las exposiciones de manera continua y reiterada el cuerpo empieza a relajarse (por lo que conocemos como habituación) además de darnos cuenta de que no pasa nada y los miedos eran infundados o, al menos, mucho más catastróficos. A la larga conseguimos que la activación que nos genera no sea tan alta y digamos que “se nos ha quitado” el miedo.

Ayudar a los niños con fobias es guiarles en estas exposiciones y, para ello, es importante que sigamos los siguientes consejos:

1. Ayudarle a reconocer el miedo y entenderlo como normal

Explicarle que todos tenemos miedo, que es una reacción normal. Ayudarle a identificar cómo se siente tener miedo. Qué zonas del cuerpo se activan y cómo lo hacen. Podemos guiarle a que nos explique en qué partes del cuerpo lo siente (identificar la emoción) y qué pensamientos van asociados a lo que le da miedo (identificar los pensamientos exagerados y catastrofistas)

En ocasiones se puede pedir al niño que dibuje el miedo en un papel con el mismo fin: identificarlo y entenderlo como una emoción más lo que le permitiría enfrentarse a la situación con una concepción diferente de las sensaciones.

2. Motivarlo a enfrentarse a sus miedos

Acercarle a situaciones donde tiene miedo y explicarle que vamos a enfrentarlas juntos para “vencer al miedo”. Tenemos que potenciar situaciones donde se den las características que le dan miedo y ayudarle, poco a poco, a enfrentarse. Para ello hay que seleccionar aquellas situaciones que generen miedo e ir aumentando el nivel de dificultad. Ponerlo como un reto o una “misión” puede ayudar a motivar al niño a enfrentarse a las situaciones conflictivas de una manera más lúdica y atractiva.

3. No hacer excesivas concesiones porque tenga miedo

En ocasiones los padres y educadores sentimos lástima porque muestren miedo y tendemos a hacer que eviten situaciones importantes porque les hacen sentir temor. Es importante atender que los niños tienen miedos normales de la edad que se irán con el tiempo pero, aun así, si observamos que el miedo perdura con el tiempo y fuera de la edad típica tenemos que dejar de hacer concesiones al miedo y empezar a plantarle cara. De una manera paulatina hay que “tragarnos” la pena que nos da verle con miedo y ayudarle a enfrentarlo aunque se pase un poquito mal (tanto los padres como el pequeño).

4. Ser ejemplo con nuestro comportamiento

Si nosotros mostramos una actitud valiente con las cosas que nos dan miedo seremos un buen modelo para los pequeños. Es importante decirles y mostrarles que nosotros también tenemos miedo y, a pesar de ello, continuamos con lo que tenemos que hacer y no dejamos que el miedo gane la batalla. No solo hay que decirlo si no que tienen que presenciar momentos donde lo pongamos en práctica.

5. Busca ayuda de un especialista

Si el miedo persiste o el niño está muy cerrado a vencerlo consulta con un psicólogo infantil. Él o ella puede ayudaros a analizar mejor la situación y encontrar claves importantes para ayudar al pequeño a superar sus fobias además de trabajar más aspectos que puedan estar relacionados.

 

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Cómo disfrutar de más tiempo de calidad con tus hijos

Cómo disfrutar de más tiempo de calidad con tus hijos

Es importante disfrutar de más tiempo con tus hijos. La conciliación familiar es uno de los aspectos actuales más problemáticos del estilo de vida en España. Específicamente, los problemas para disponer de tiempo que pasar con los hijos e hijas durante su infancia y adolescencia suelen causar malestar, y en muchos casos, además, problemas en las dinámicas familiares y en la crianza de los más jóvenes de la casa.

Si eres una de las personas que tienen esta clase de problemas, sigue leyendo, porque en este artículo veremos una serie de consejos prácticos para saber cómo gozar de tiempo de calidad con tus hijos.

¿Por qué es importante pasar tiempo juntos?

La crianza y la educación de los pequeños de la casa conforman un elemento crucial para su correcto desarrollo psicológico. No solo eso, sino que la falta de tiempo juntos suele traer, a largo plazo, distanciamiento y problemas de comunicación, algo cuyos efectos negativos sobre la relación paterno-filial o materno-filial llega a notarse en ocasiones incluso cuando los hijos llegan a la edad adulta.

De esta forma, al pasar tiempo con tus hijos, no solo les estarás sirviendo como referente y como figura de protección y cariño con la que es fácil establecer un vínculo emocional mediante el apego; además, tendrán a alguien con quien compartir sus miedos y preocupaciones, solventar dudas, y abrirse con honestidad sobre temas que les generan inseguridades. Todo lo que es más importante en cuanto a la educación no reglada, en definitiva.

 

Consejos para disfrutar de tiempo de calidad con tus hijos

Uno de los aspectos que se suele olvidar acerca de la crianza y la educación de los hijos es que si no se siguen pautas claras de planificación del tiempo, lo más probable es que no se pase mucho tiempo significativo con ellos, más allá de algunos intentos esporádicos.

El día a día está lleno de distracciones y de exigencias que generan cansancio, y es por eso que cuando hay tiempo en el que no hay algo urgente que hacer, es muy probable que permanezcamos “por defecto” manteniendo una actitud pasiva, algo que no exija tomar la iniciativa.

Por ejemplo, si terminamos de rellenar unos documentos en el ordenador, la opción por defecto es distraerse con contenidos de Internet. O, si solemos comer con el televisor entendido, al terminar es posible que nos quedemos viendo el telenoticias sin tener ni que cambiar de canal.

Por eso, sobre todo si no existe este hábito, hay que hacer esfuerzos conscientes por pasar tiempo juntos. Empezar suele ser lo más complicado porque si no estamos acostumbrados a hacerlo, estos acercamientos son percibidos como una rareza, algo ante lo cual hay que posicionarse mostrando algún tipo de reacción emocional; pero una vez ya es visto como algo normal, estos ratos del día surgen de manera mucho más espontánea.

Así pues, veamos varias prácticas y hábitos que puedes incorporar a tu día a día para poder disponer de más tiempo con tus hijos, sobre todo si tienen hasta 18 años.

1. Cread rutinas semanales

Es bueno crearse la costumbre de, sin necesidad de proponerlo, hacer cada semana una serie de salidas a lugares que gusten tanto a padres y madres como a los hijos. Por ejemplo, escapadas a la montaña, salidas a un museo, excursiones, etc.

En esta clase de contextos llenos de ocio y situaciones estimulantes resulta muy fácil crear vínculos comunicativos fluidos que puedan mantenerse durante el resto de la semana.

Además, de esta forma tendréis usa serie de experiencias compartidas sobre las que poder hablar, rememorar juntos, etc.

 

2. Limita tu ocio a solas

Está claro que todo el mundo merece tiempo a solas, pero ten cuidado de que esta clase de aficiones o hábitos no estén absorbiendo todo tu tiempo libre. Esto no solo te aislará; además, probablemente empeorará tu salud.

3. Asegúrate de tener tiempo con tu pareja

Gestionar bien el tiempo que pasas con tus hijos implica gestionar bien el tiempo que pasas con tu pareja, si tienes. De otro modo, solo experimentaréis frustración por manteneros atados siempre a una solución intermedia, en la que no existe verdadera intimidad.

Recuerda que lo importante es tener tiempo de calidad junto a los pequeños, no tiempo juntos en un sentido literal.

4. Comprende sus gustos y aficiones

Incluso si tus hijos son muy pequeños, te sorprenderá saber que, en el fondo, pueden tener intereses similares a los que tienes tú (en parte, por genética).

Por eso, cuando os comuniquéis, párate a analizar qué es exactamente lo que les gusta a hacer y busca elementos en común contigo. Recuerda que no es necesario que vuestras aficiones coincidan exactamente, sino que tengan elementos similares o una disciplina que las explique a ambas.

Por ejemplo, si le gusta jugar a la peonza y a ti te interesa la física, puedes enseñarle trucos o mecánicas similares pero con otros objetos. Si le gustan los perros y los gatos y a ti te gustan los animales, muéstrale tus conocimientos sobre criaturas exóticas que nunca ha visto, etc.

5. Si son pequeños, juega con ellos

En la primera etapa de la infancia, en la que la socialización más habitual de los pequeños aún no se realiza entre ellos y los niños o niñas de su edad, es importante que juguéis juntos. Usado los juguetes para crear narraciones interesantes, y deja que el pequeño participe en el desarrollo de la historia.

6. Si tienes varios hijos, dedica tiempo a cada uno por separado

Sobre todo si hay una diferencia de edad significativa entre los hermanos o si son muy pequeños, es importante que pases tiempo a solas con cada uno de ellos, y no siempre juntos. De esta manera podrán expresarse y actuar de una manera más libre y honesta.

 

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Referencias bibliográficas:

Cinamon, R. Gali; Rich, Y. (2002). Gender Differences in the Importance of Work and Family Roles: Implications for Work–Family Conflict. Sex Roles. 47 (11–12): pp. 531 – 541.
Cuddy, A., Fiske, S. y Glick, P. (2004). When professionals become mothers, warmth doesn’t cut the ice. Journal of Social Issues, 60, 4: pp. 701 – 718.
Moen, P.; Yu, Y. (2000). Effective Work/Life Strategies: Working Couples, Work Conditions, Gender, and Life Quality. Social Problems – SOC PROBL 47: pp. 291-326.

5 claves para establecer normas y límites en la infancia

normas en la infancia

Es muy común en terapia encontrar familias que acuden a consulta porque la situación familiar con los hijos les desborda, les altera y se sienten incapaces de hacer seguir una serie de normas que a menudo se van incumpliendo, llevando la convivencia a una situación incontrolada. El establecimiento de normas y de límites en casa, esenciales para que la convivencia en familia sea armoniosa y tranquila. Precisan de las claves para establecer normas y límites en la infancia

Qué son las normas

La convivencia en sociedad hace imprescindible el aceptar una serie de normas para que ésta sea posible. Las normas no son más que unas reglas que se aprueban de modo conjunto entre los miembros de una comunidad para el buen funcionamiento de esa comunidad. Es cierto que no todas las personas tenemos las mismas normas en nuestro núcleo de convivencia, por ejemplo: una familia puede establecer la norma de no poner los pies en el sofá y otras no creen necesario establecer esa norma. Así podemos entender que no todas las normas son iguales para todos.

 

Diferencia entre norma y límite

Los límites son normas que no se puede rebasar y que tienen también una penalización a nivel social. Muchas tienen relación con el comportamiento en sociedad. No se modifican, son constructos que se establecen sin discusión, son una prohibición clara. Por ejemplo: no agredir a otra persona física o verbalmente; no pedir las cosas gritando y sin respeto…etc. Son generalmente normas que rigen en sociedad y que van a penalizar si se incumplen también en otros contextos sociales.La importancia de establecer normas y límites para tus hijos

 

5 claves para establecer normas en casa

1. Deben ser realistas

Cuando establecemos una norma, no puede ser imposible de realizar y tiene que estar ajustada a la edad y madurez de los niños. Además, deben cumplirse por todos los miembros de una familia, no sirve que unos las tengan que cumplir y otros miembros no.

2. Conviene que sean claras

Cuando establecemos una norma tiene que haber un feedback, es decir, tenemos que saber que la norma se ha entendido, qué es lo que se espera de nuestros hijos y cual será la consecuencia de ser incumplida.

3. Deben ser despersonalizadas

Cuando establecemos una norma no juzgamos a la persona sino al acto o al comportamiento que se demuestra, de esta manera evitamos etiquetas que bajan la autoestima. Por ejemplo: eres malo, lo cambiamos por te estás comportando mal.

4. Tienen que ser sólidas

La aplicación de la norma debe ser siempre la misma, no dependen de nuestro estado de ánimo en ese momento ni del contexto en el que estemos. Si se incumple una norma debe aplicarse la consecuencia para que ésta funcione y finalmente se interiorice.

5. Se pueden negociar

Algunas normas se pueden negociar dentro del núcleo familiar, aunque sean impuestas, es interesante que se negocien y se modifiquen en función de las necesidades de los niños, de su desarrollo y su nivel de madurez. Así se pueden hablar entre todos y llegar a acuerdos que mejoran la confianza entre los miembros de la familia. Si bien en la etapa infantil apenas hay negociación en las normas, durante la adolescencia es más habitual negociarlas y también es importante tener claro cual será la consecuencia de incumplirlas.

Por qué son útiles las normas y límites

Establecer normas y límites es importante porque, por una parte, a nivel personal, nos ayudan a manejar las situaciones de frustración y nos preparan para la convivencia; y por otra parte, dan seguridad en la etapa infantil y adolescente,  permiten desarrollarse libremente dentro de ese entorno seguro por estar acotado, mejorando la autoestima, la empatía y en general las habilidades sociales.

 

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Referencias bibliográficas:

Blanch, R. Mª.: Las pautas, las normas y los límites en la escuela infantil. Aula infantil, nº 9

Ramos-Paúl, R. y Torres Cardona, L. (2007): Normas y límites. Madrid: El País S.L.

Romero, E., Villar, P., Luengo, M.A., Gómez-Fraguela, J.A y Robles, Z. (2013). EmPeCemos. Programa para la intervención en los problemas de conducta infantiles. Madrid: TEA Ediciones.

Setting Limits: Helping Children Learn Self-Regulation (2005). PBS.www.pbs.org/wholechild/parents/building.html

¿Qué hacer si mi hijo tiene adicción al teléfono móvil?

que hacer si mi hijo pasa demasiado tiempo al movil

La adicción al Smartphone es un fenómeno relativamente nuevo pero que ha llegado a extenderse con relativa rapidez. Se da sobre todo en personas jóvenes, el perfil que utiliza estos dispositivos electrónicos con más frecuencia, y sus efectos negativos van desde el desgaste de los vínculos emocionales significativos hasta el deterioro del estado de salud debido a los malos hábitos que genera. En este artículo intentaremos dar una respuesta a una de las preocupaciones más frecuentes de los padres y madres de estos jóvenes: ¿qué hacer si mi hijo tiene adicción al teléfono móvil? Veámoslo. Pero antes, debemos tener claro qué es exactamente presentar adicción al móvil.

¿Qué es la adicción al móvil?

Por adicción al teléfono móvil entendemos un fenómeno psicológico basado en un estado de dependencia hacia el uso constante de estos dispositivos.

No se trata de una adicción química en la que el organismo desarrolle dependencia a ciertas moléculas, como es el caso de la adicción a la heroína, sino que en este caso todo se origina exclusivamente por un patrón de comportamiento aprendido y que hace que se asocie un estado de bienestar al manejo de estos aparatos, y una sensación de intenso malestar al no usarlo durante muchos minutos.

La adicción al teléfono móvil no es un trastorno mental que esté presente en los manuales diagnósticos utilizados hoy en día en psiquiatría y psicología clínica, aunque es posible que aparezca en las nuevas ediciones que están por llegar.

Síntomas

Los síntomas más frecuentes de la adicción al teléfono móvil son los siguientes:

  • Irritabilidad elevada.
  • Dificultades de concentración cuando no se está consultando el móvil.
  • Ansiedad y malestar cuando se ha estado varios minutos sin usar el móvil.
  • Poca motivación para involucrarse en conversaciones.
  • Uso del móvil antes de irse a dormir, hasta altas horas de la noche.

 

Mi hijo tiene adicción al teléfono móvil: ¿qué puedo hacer?

En caso de que un hijo o familiar cercano de corta edad sufra esta alteración psicológica, sigue estos consejos para ayudarle.

1. Acudid al psicólogo

Este es el primer paso, y el más importante. La adicción al teléfono móvil es un problema lo suficientemente serio como para tratarlo mediante asistencia profesional gracias a la ayuda de psicólogos especializados en psicoterapia. De esta forma, además de interiorizar todas las técnicas psicológicas para ir “desaprendiendo” la adicción, se crean las condiciones necesarias para intervenir en el problema de manera continua y aspirando constantemente a llegar a nuevas metas de mejoría.

Así, los consejos que seguiremos viendo a partir de ahora deben ser entendidos como recomendaciones que van en paralelo a la psicoterapia, para seguir progresando entre sesión y sesión con el psicólogo.

 

2. Apostad por el reloj de pulsera

Para ver la hora, nada como consultar el reloj de pulsera. Esto debilitará más la tentación de consultar el Smartphone para saber qué hora es y que a partir de ahí la persona adicta al móvil se quede “enganchada” otra vez.

3. Desactivad perfiles en redes sociales

Parte de lo que mantiene la adicción al teléfono móvil suele ser el fenómeno conocido como nomofobia, el miedo a perderse cosas que pasan en Internet en general y en las redes sociales en particular.

Para evitar la tentación de utilizar el tiempo libre en navegar por las redes sociales sin buscar nada en concreto, acordad desactivar durante un tiempo sus perfiles en todas o casi todas las redes sociales en las que esté.

Teniendo en cuenta que actualmente los jóvenes se comunican mucho por estos medios e incluso quedan para salir a través de ellos, dependiendo del caso puede ser conveniente mantener activo uno de estos perfiles.

4. Haz que se sienta respaldado o respaldada

Intenta que tu hijo o hija sienta tu apoyo, y que no crea que actúas como un policía constantemente para empezar regañinas si incumple alguna vez los horarios de uso del móvil.

Es mucho más importante mostrar alegría y admiración ante sus progresos que mostrar decepción cuando no llega a los objetivos. De esta manera, tendrá más motivación para ir mejorando, mientras que si da por supuesto que tienes una mala imagen de lo que hace probablemente dará la batalla por perdida.

5. Cread unos horarios rígidos de uso del móvil

Es muy importantedeterminar exactamente en qué momento se puede consultar el móvil, para que poco a poco estos periodos vayan espaciándose y acortándose más. Para ello, cread unas tablas con los horarios en los que conste una marca en las “ventanas de tiempo” en las que  se puede usar este aparato, y colgadlos por varias partes de la casa.

Esta medida debe ser realizada coordinándoos con el psicólogo, ya que las características de este horario dependerán de la fase de recuperación en la que esté tu hijo o hija.

 

6. Planead las comidas familiares

Las comidas en familia son uno de los contextos más propicios para sustituir el uso del teléfono móvil por momentos relacionales y significativos para todos. Al principio es duro debido al malestar y la frustración producida por el hecho de no poder usar el teléfono móvil, pero si se consigue generar una dinámica de conversaciones estimulantes, ese malestar pasa a segundo plano.

 

7. Haced el teléfono móvil menos atractivo

Existen muchos trucos para convertir el Smartphone en un producto menos atrayente, con menos capacidad para hacer que estemos mucho tiempo usándolo.

Por ejemplo, y siempre con el consentimiento de tu hijo o hija, quitadle el sonido (aunque esto implicará que no pueda ser usado para recibir llamadas), modificad la interfaz para que quede todo en blanco y negro, o incluso ponedle una carcasa que resulte muy desagradable o avergonzante, de manera que no se quiera sacarlo del bolsillo durante mucho tiempo.

 

Nuestra Terapia para Adolescentes

Referencias bibliográficas:

Bragazzi, N.L. y Puenete, G.D. (2014). A proposal for including nomophobia in the new DSM-V. Psychology Research and Behavior Management 7. 155 – 160.
Davey, S., Davey, A. (2014). Assessment of Smartphone Addiction in Indian Adolescents: A Mixed Method Study by Systematic-review and Meta-analysis Approach. International Journal of Preventive Medicine; 5(12), pp. 1500 – 1511.
Jonathan K. J. (1998). Internet Addiction on Campus: The Vulnerability of College Students. CyberPsychology & Behavior. 1(1).

Adicción a los videojuegos: síntomas, causas y tratamientos

Adicción a los videojuegos

El mundo de las adicciones va mucho más allá del abuso de sustancias adictivas como el alcohol o la heroína. También es posible desarrollar adicciones comportamentales, que tienen que ver con realizar ciertas acciones en un contexto determinado. En este artículo veremos en qué consiste uno de estos procesos de dependencia, la adicción a los videojuegos, y de qué manera puede llegar a afectar a la calidad de vida de quienes la sufren.

¿Qué es la adicción a los videojuegos?

La adicción a los videojuegos es un patrón de comportamiento y de pensamiento por el que la calidad de vida y la autonomía de la persona se ve limitada por la necesidad de dedicar mucho tiempo a jugar a estas formas de ocio electrónico. Normalmente, esta dependencia no solo se plasma en el hecho de tener unas ganas intensas de iniciar una partida en cualquier momento, sino que también hay problemas para dar la partida por terminada.

Se trata de un problema que la Organización Mundial de la Salud reconoce como trastorno psicológico y que quedará concretado en la CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades), documento clasificador de afecciones cuya nueva edición la OMS publicará en 2022. Su nombre oficial será “Trastorno por videojuegos”.

Por otro lado, todas aquellas situaciones que interrumpen o postergan la sesión de juego con la videoconsola, con el ordenador o con el dispositivo electrónico en el que se pueda jugar, generan una intensa irritabilidad y frustración en la persona, que puede generar aislamiento, incomunicación e incluso peleas.

 

Diferentes estrategias para “enganchar” al jugador

Hay que tener en cuenta que el patrón con el que aparecen las conductas adictivas depende del tipo de mecánicas jugables del videojuego que se esté usando.

En algunos de estos juegos, por ejemplo, la partida se reinicia automáticamente en cuestión de un par de segundos tras haber perdido una partida, con lo que costará más dejar de jugar.

En otros, el principal factor adictivo son los mini-juegos de azar incorporados en el juego, tal y como pasa con algunos títulos en el que pueden tocarnos al azar piezas de vestuario para nuestro personaje principal, alimentando una dinámica de coleccionismo que consume mucho tiempo. Esto último, a veces, ha llegado a monetizarse por separado, haciendo que cada intento de que nos toquen objetos que no teníamos cueste dinero real, y de hecho ha llevado a juicio a algunos desarrolladores de videojuegos.

 

Síntomas

Estos son los principales síntomas de la adicción a los videojuegos que los psicólogos se encuentran en consulta.

Hay que tener en cuenta que el listado oficial de síntomas vinculados al Trastorno por videojuegos creado por la OMS aún no está disponible, así que no es este, y por otro lado no hace falta presentar todos estos síntomas para tener un problema de adicción a los videojuegos, del mismo modo en que la presencia de uno solo no implica que alguien tenga este tipo de relación de dependencia con el ocio electrónico.

Dicho esto, veamos cuáles son los síntomas, a modo de criterios orientativos.

  • Pensamientos constantes sobre el videojuego, fantaseando con partidas o recordando las ya jugadas.
  • Falta de comunicación, consecuencia del aislamiento físico y de la tendencia a fantasear.
  • Tendencia a jugar diariamente a videojuegos durante muchas horas, eclipsando otras formas de ocio.
  • Impaciencia por volver a jugar, tendencia a acortar conversaciones para volver a la pantalla.
  • En niños o niñas, berrinches y pataletas si la partida termina al margen de su voluntad.
  • En adultos, estallidos de ira si la partida termina al margen de su voluntad.
  • Desatención de las relaciones sociales, de las responsabilidades y del cuidado personal.

 

 

Causas

Como ocurre con todos los trastornos psicológicos, no existe una sola causa que genere adicción a los videojuegos, sino que hay muchas combinándose entre sí. Es en terapia donde corresponde examinar cada caso concreto y determinar qué situaciones y contextos han estado alimentando este proceso adictivo.

Sin embargo, varias de las posibles causas de la adicción a los videojuegos son las siguientes.

  • Hábitos de vida solitarios, falta de otros estímulos.
  • Problemas en casa o en la escuela, que favorecen la búsqueda de escapismo e inmersión en mundos imaginarios.
  • Propensiones genéticas a las dinámicas adictivas.
  • Existencia de un único círculo social de amigos, con los videojuegos como principal forma de entretenimiento.
  • Participación en entornos competitivos (sobre todo en videojuegos con multijugador online).

 

Tratamientos

Lo más recomendable para tratar casos de adicciones conductuales es contar con la ayuda de profesionales de la terapia cognitivo-conductual. Este tipo de intervención psicológica se centra en ayudar a la persona a controlar sus acciones y pensamientos, para conseguir en esta caso que no se dirijan hacia el abuso de las partidas de videojuegos.

Así, los psicólogos utilizan técnicas como la reestructuración cognitiva, para que los pacientes se cuestionen creencias que mantienen la dependencia hacia los videojuegos, trabajan para mejorar la autoestima y la confianza en uno mismo para no dar por perdida la posibilidad de adoptar un estilo de vida más sano, ayudan a que los pacientes se estructuren su día a día manteniéndose lejos de los videojuegos, crean un sistema de incentivos para ir viendo los progresos realizados, etc.

Del mismo modo, en psicoterapia contra la adicción a los videojuegos se entrena a los pacientes para que aprendan otras formas de relacionarse con su entorno; manteniéndose lejos de los videojuegos (al menos durante el proceso de recuperación), encontrando nuevas aficiones satisfactorias y significativas, socializando más y con otros entornos que no estén ligados necesariamente a las partidas constantes, etc.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Marco, C. y Cholis, M. (2013). Tratamiento cognitivo-conductual en un caso de adicción a Internet y videojuegos. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 13, 125 – 141.
Miller, P. (2013). Principles of Addiction: Comprehensive Addictive Behaviors and Disorders, Volume 1. Academic Press. pp. 819–825.
Van Rooij, A.J.; Schoenmakers, T.M.; Vermulst, A.A.; Van den Eijnden, R.J.; Van de Mheen, D. (2010). “Online video game addiction: identification of addicted adolescent gamers”. Addiction. 106 (1): 205 – 212.

¿Qué hacer si mi hijo tiene la autoestima baja?

¿Qué hacer si mi hijo tiene la autoestima baja?

Los primeros años de vida conforman una etapa clave en lo que respecta al desarrollo de las características psicológicas más importantes. Por ello, es muy importante que durante la niñez y la adolescencia se disponga de una buena autoestima. Sin embargo, es muy frecuente que padres y madres noten cómo su hijo o hija se valora menos de lo normal, asumiendo ideas pesimistas sobre sus propias capacidades y cualidades positivas. Así pues, hay una duda muy común en lo que se refiere a los procesos de crianza: ¿qué hacer si mi hijo tiene la autoestima baja? En este artículo repasaremos algunas ideas clave para comprender cómo afrontar este problema.

La autoestima en la infancia y la adolescencia

El modo en el que aprendemos a relacionarnos con el entorno y con los demás durante la infancia y la adolescencia tiene un papel muy importante en el desarrollo de nuestra personalidad. Durante la infancia y la adolescencia, concretamente, las relaciones que establecemos con las personas de nuestra edad (normalmente, compañeros de clase) dan forma a las actitudes que adoptamos acerca de nuestra propia identidad, quiénes somos y qué podemos llegar a hacer.

Y es que en nuestros primeros años de vida, la manera en la que percibimos que nos perciben tiene un fuerte impacto emocional en nosotros, para bien o para mal. Si creemos que el resto de personas adopta una actitud hostil o de desinterés al vernos o al conversar con nosotros, eso nos lleva a la conclusión de que el origen de esa antipatía nace en buena parte de un problema en nuestra manera de ser; y si la reacción de los demás es favorable, también asociamos esa sensación satisfactoria a la idea del “Yo”.

En definitiva, en comparación a lo que ocurre en la adultez, etapa en la que lo que los demás piensen de nosotros no nos resulta tan importante, en la infancia y en la adolescencia se es más sensible a lo que ocurre en nuestra vida social.

Situaciones como el bullying, la creencia de que el resto de niños son mejores que uno en las notas o en los deportes, o la falta de amigos y la sensación de soledad, son desencadenantes habituales de problemas de baja autoestima.

Pero a pesar de que las relaciones interpersonales con el resto de niños o jóvenes de la misma edad tiene un peso muy importante en la valoración de uno mismo, como padres y madres podemos contribuir a que la autoestima de los pequeños quede reforzada y no se vea sesgada por el pesimismo. Veamos algunos consejos al respecto

 

Mi hijo tiene baja autoestima: ¿qué hacer?

Estas son algunas pautas y consejos a aplicar en tus hábitos de crianza y educación en casa.

1. No favorezcas las comparaciones

Ensalzar las virtudes de un hijo o hija con problemas de autoestima comparando sus virtudes con las de otros que teóricamente son peores en algo, resulta contraproducente.

El motivo es que a pesar de que lo que estamos diciendo con ello es que nuestro hijo o hija destaca positivamente en algo, a la vez se está reforzando la idea de que el valor de alguien depende de criterios basados en la competición. Y como en ese momento el o la menor de edad tiene una autoestima baja, seguirá aplicando esa clase de razonamientos comparativos a partir de un sesgo pesimista. Es decir, establecerá más comparaciones al notar que los otros son mejores en algo, y no tantas cuando sea él o ella quien destaque.

Por supuesto, intentar motivar a un hijo a volverse más apto para ciertas tareas intentando que se sienta mal por no poder hacerlas como el resto de los jóvenes de su edad, es totalmente desaconsejable.

2. Ayuda a que se involucre en algo que le guste

Muchas veces, los problemas de autoestima llegan por no darse la oportunidad de desarrollar habilidades aplicadas a tareas que produzcan interés o satisfacción en nuestros hijos.

Por ejemplo, si la única actividad de ocio en la que se involucra nuestro hijo son los partidos de fútbol del recreo y no le gusta ese deporte, fácilmente asumirá que no vale para nada.

Pero si como padres y madres le descubrimos que hay muchas otras actividades estimulantes, probablemente encontrará al menos una que le despierte interés y en la que pueda ir aprendiendo, notando su progresión de mejora y la dificultad ascendente de aquellas tareas que puede optar a realizar.

 

3. No penalices por los errores

Más allá del incumplimiento de las normas de convivencia o de los errores que ponen en riesgo su integridad, es importante que como padres y madres no penalicemos a nuestros hijos por hacer las cosas mal (por ejemplo, por hacer mal un ejercicio de matemáticas, o por no poder chutar bien una pelota).

Y es que estas experiencias ya aportan en sí mismas la ligera experiencia desagradable que puede estimular el aprendizaje; no hace falta añadir más malestar, además de que sería poco ético “castigar” a los pequeños por hacer algo que no perjudica a nadie más que a ellos. Equivocarse es parte del proceso de aprender, y la infancia está llena de estas situaciones.

4. Demostrar apoyo incondicional

Como padres y madres, nuestro rol fundamental es el de proporcionar sustento material y amor, un vínculo afectivo gracias al cual los más jóvenes puedan sentirse seguros. Por eso, pasar tiempo en familia y expresar este amor de manera clara resulta en sí mismo algo que contribuye a subir la autoestima.

5. Reconocer sus errores de manera honesta

Es importante demostrar tener una mirada honesta sobre las imperfecciones de nuestros hijos.

Exagerar sus virtudes de una manera demasiado insistente y extrema solo servirá para que los pequeños noten estas imposturas y dejen de tener en cuenta la opinión de sus padres, sintiéndose más perdidos y faltos de referencias.

6. Ir al psicólogo si es necesario

Hay ocasiones en las que es necesario contar con ayuda profesional, lo cual no significa que el o la joven en cuestión tenga ninguna patología mental ni un síndrome que no se vaya a curar.

Eso sí, incluso en estos casos en los que se va al psicólogo, la tarea de intervenir sobre la baja autoestima no es tanto del psicoterapeuta como de los más jóvenes, y de sus padres durante el tiempo que pasen juntos en el hogar.

La terapia infanto-juvenil crea los contextos en los que es posible reforzar la autoestima, pero la implicación de todas las partes involucradas es crucial.

 

Si necesitas más información acerca de la terapia infantil, en el siguiente enlace podrás obtenerla:

Nuestra Terapia Infantil

 

Referencias bibliográficas:

Branden, N. (1995). Los seis pilares de la autoestima. Barcelona: Paidós.
Cava, M. J., y Musitu, G. (2000). La potenciación de la autoestima en la escuela. Barcelona: Paidós

¿Por qué algunos niños temen a la oscuridad?

niños temen a la oscuridad

El miedo a la oscuridad en los niños y niñas es uno de los fenómenos más habituales que causan problemas a los padres y madres a la hora de acostar a sus pequeños. Además, no solo aparece cuando toca ir a dormir: se nota incluso en la autonomía de movimiento de los hijos pequeños, en su manera de evitar pasar por galerías oscuras (aunque necesiten atravesar una para llegar a su casa o habitación) Ahora bien… ¿por qué algunos niños temen a la oscuridad? ¿Qué experiencias o ideas desencadenan este temor? Este es el tema que exploraremos a continuación.

El miedo extremo a la oscuridad y la nictofobia

Tal y como pasa con todos los problemas relacionados con el miedo y la ansiedad, el temor a la oscuridad es un espectro de grises: puede ir desde un extremo en el que resulta insoportable y no permite llevar una vida normal, hasta otro en el que, aunque está presente, solo genera una cierta incomodidad y no tiene un impacto significativo en la calidad de vida.

Cuando este miedo es lo suficientemente intenso, hablamos de nictofobia, mientras que el concepto de “miedo a la oscuridad” abarca todos los casos, desde los que resultan patológicos hasta los que no dan grandes problemas.

En los niños y niñas, el miedo extremo a la oscuridad es mucho más común que en los adultos y en los adolescentes, y sus causas también acostumbran a ser diferentes. El sistema cognitivo con el que los pequeños perciben e interpretan el mundo que los rodea es distinto a los de quienes ya han pasado la adolescencia, y presenta más puntos vulnerables por los que se puede colar el temor.

  • Sin embargo, los síntomas del miedo a la oscuridad son relativamente parecidos en niños y en adultos. Estos síntomas son los siguientes:
  • Temblores
  • Sudores fríos
  • Subida de la presión sanguínea
  • Subida de la frecuencia cardíaca
  • Llanto
  • Mareos
  • Pensamientos catastrofistas (anticipación de heridas o de muerte)
  • Tendencia a evitar sitios oscuros
  • Ganas de huir al estar en un sitio oscuro.

 

Así pues, el miedo a la oscuridad en niños será un problema cuando aparezcan varios de estos síntomas (no necesariamente todos) y sean lo suficientemente intensos y frecuentes como para afectar a su calidad de vida y, por extensión, a la de sus cuidadores.

¿Por qué aparece el temor a la oscuridad en niños y niñas?

Una vez hemos visto en qué consiste el miedo a la oscuridad, que en casos extremos puede llegar a ser considerado nictofobia, veamos cuáles son las causas más frecuentes de que aparezca este tipo de malestar.

 

1. Pensamiento mágico

En psicología infantil, uno de los aspectos de la mente de los niños que más se estudia es el modo en el que los pequeños razonan al margen de los esquemas de la lógica que utilizan los adultos. Y es que los niños y niñas creen en un mundo en el que los fenómenos mágicos son posibles: las ideas representadas en el lenguaje pueden cobrar vida y materializarse en el mundo real. Y una de las consecuencias de esto es que tienden a pensar que los monstruos que se imaginan pueden llegar a existir y a suponer una amenaza.

Sin embargo, normalmente los niños y niñas saben que estas criaturas mágicas no son iguales que el resto de seres vivos: a fin de cuenta, han llegado a su mundo a través del pensamiento mágico, y no a través de la observación directa. Por eso, asumen que los monstruos tienden a esconderse y a aparecer solo en situaciones en las que no están a la vista de todos. Los dormitorios oscuros, los armarios o el hueco de debajo de la cama son parte de los espacios más recurrentes en los que los pequeños se imaginan que hay algo maligno acechando.

Esta característica del pensamiento mágico por el cual los símbolos y las ideas abstractas podrían existir materialmente en el mundo real es algo que favorece la aparición del miedo a la oscuridad, porque hace que los pensamientos catastróficos de nuestros hijos pequeños estén llenos de imágenes horribles que se traducen en un miedo a los ataques físicos.

2. Miedo a las sorpresas

Otra de las causas del miedo a la oscuridad, también relacionada con la anterior, es que allí donde no hay luz podemos toparnos con estímulos desagradables de inmediato, sin verlos venir.

Esto hace que algunos niños y jóvenes entren en un estado de hipervigilancia: no solo sienten que deben detectar ciertos peligros, sino que además deben hacerlo concentrándose mucho para verlos venir y reaccionar teniendo el suficiente tiempo por delante como para evitar el contacto físico.

3. Sensación de separación de los padres

En general, los pequeños de la casa no solo le temen a la oscuridad: le temen a la desprotección y la vulnerabilidad de estar en un lugar en el que no pueden ver nada y en el que por consiguiente sus padres y madres (sus figuras protectoras de referencia) tampoco pueden ver.

Estar en un lugar oscuro no solo nos separa de nuestro entorno, también nos aísla de los demás. Y en la infancia, la necesidad de tener un vínculo constante con los padres o con alguna figura de protección adulta resulta muy importante.

4. Experiencias traumáticas

Aunque son relativamente menos frecuentes que las anteriores causas del miedo a la oscuridad en los niños, las experiencias traumáticas vividas en la oscuridad también pueden dejar una marca en el comportamiento de los niños. Si una de estas situaciones ligadas a un alto nivel de ansiedad se asocia al concepto de la oscuridad, es más probable que se sienta un gran malestar al estar en un lugar con falta o ausencia de luz.

 

¿Qué hacer?

En caso de que un niño o niña experimente un intenso miedo a la oscuridad, lo recomendable es acudir a psicoterapia infantil. Los psicólogos especializados en este ámbito cuentan con las herramientas y las estrategias necesarias para hacer que los pequeños “desaprendan” este temor.

 

Nuestra Terapia Infantil

 

Referencias bibliográficas:

Cavallo, Vicente (1998). International Handbook of Cognitive and Behavioural Treatments for Psychological Disorders. Pergamon.
E. Birren y K. W. Schaie (Eds.), Handbook of the psychology of aging. Nueva York: Academic Press.

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