Terapia Infantil

La Terapia Infantil persigue evaluar y tratar los problemas diagnosticados utilizando una serie de técnicas dirigidas a la eliminación de los síntomas. Un apoyo que emprenderá el aprendizaje de estrategias que ayudarán al niño, no sólo a resolver el problema principal, sino también a relacionarse con el mundo de manera eficaz, favoreciendo así, un crecimiento pleno y feliz.

Cómo disfrutar de más tiempo de calidad con tus hijos

Cómo disfrutar de más tiempo de calidad con tus hijos

Es importante disfrutar de más tiempo con tus hijos. La conciliación familiar es uno de los aspectos actuales más problemáticos del estilo de vida en España. Específicamente, los problemas para disponer de tiempo que pasar con los hijos e hijas durante su infancia y adolescencia suelen causar malestar, y en muchos casos, además, problemas en las dinámicas familiares y en la crianza de los más jóvenes de la casa.

Si eres una de las personas que tienen esta clase de problemas, sigue leyendo, porque en este artículo veremos una serie de consejos prácticos para saber cómo gozar de tiempo de calidad con tus hijos.

¿Por qué es importante pasar tiempo juntos?

La crianza y la educación de los pequeños de la casa conforman un elemento crucial para su correcto desarrollo psicológico. No solo eso, sino que la falta de tiempo juntos suele traer, a largo plazo, distanciamiento y problemas de comunicación, algo cuyos efectos negativos sobre la relación paterno-filial o materno-filial llega a notarse en ocasiones incluso cuando los hijos llegan a la edad adulta.

De esta forma, al pasar tiempo con tus hijos, no solo les estarás sirviendo como referente y como figura de protección y cariño con la que es fácil establecer un vínculo emocional mediante el apego; además, tendrán a alguien con quien compartir sus miedos y preocupaciones, solventar dudas, y abrirse con honestidad sobre temas que les generan inseguridades. Todo lo que es más importante en cuanto a la educación no reglada, en definitiva.

Consejos para disfrutar de tiempo de calidad con tus hijos

Uno de los aspectos que se suele olvidar acerca de la crianza y la educación de los hijos es que si no se siguen pautas claras de planificación del tiempo, lo más probable es que no se pase mucho tiempo significativo con ellos, más allá de algunos intentos esporádicos.

El día a día está lleno de distracciones y de exigencias que generan cansancio, y es por eso que cuando hay tiempo en el que no hay algo urgente que hacer, es muy probable que permanezcamos “por defecto” manteniendo una actitud pasiva, algo que no exija tomar la iniciativa.

Por ejemplo, si terminamos de rellenar unos documentos en el ordenador, la opción por defecto es distraerse con contenidos de Internet. O, si solemos comer con el televisor entendido, al terminar es posible que nos quedemos viendo el telenoticias sin tener ni que cambiar de canal.

Por eso, sobre todo si no existe este hábito, hay que hacer esfuerzos conscientes por pasar tiempo juntos. Empezar suele ser lo más complicado porque si no estamos acostumbrados a hacerlo, estos acercamientos son percibidos como una rareza, algo ante lo cual hay que posicionarse mostrando algún tipo de reacción emocional; pero una vez ya es visto como algo normal, estos ratos del día surgen de manera mucho más espontánea.

Así pues, veamos varias prácticas y hábitos que puedes incorporar a tu día a día para poder disponer de más tiempo con tus hijos, sobre todo si tienen hasta 18 años.

1. Cread rutinas semanales

Es bueno crearse la costumbre de, sin necesidad de proponerlo, hacer cada semana una serie de salidas a lugares que gusten tanto a padres y madres como a los hijos. Por ejemplo, escapadas a la montaña, salidas a un museo, excursiones, etc.

En esta clase de contextos llenos de ocio y situaciones estimulantes resulta muy fácil crear vínculos comunicativos fluidos que puedan mantenerse durante el resto de la semana.

Además, de esta forma tendréis usa serie de experiencias compartidas sobre las que poder hablar, rememorar juntos, etc.

2. Limita tu ocio a solas

Está claro que todo el mundo merece tiempo a solas, pero ten cuidado de que esta clase de aficiones o hábitos no estén absorbiendo todo tu tiempo libre. Esto no solo te aislará; además, probablemente empeorará tu salud.

3. Asegúrate de tener tiempo con tu pareja

Gestionar bien el tiempo que pasas con tus hijos implica gestionar bien el tiempo que pasas con tu pareja, si tienes. De otro modo, solo experimentaréis frustración por manteneros atados siempre a una solución intermedia, en la que no existe verdadera intimidad.

Recuerda que lo importante es tener tiempo de calidad junto a los pequeños, no tiempo juntos en un sentido literal.

4. Comprende sus gustos y aficiones

Incluso si tus hijos son muy pequeños, te sorprenderá saber que, en el fondo, pueden tener intereses similares a los que tienes tú (en parte, por genética).

Por eso, cuando os comuniquéis, párate a analizar qué es exactamente lo que les gusta a hacer y busca elementos en común contigo. Recuerda que no es necesario que vuestras aficiones coincidan exactamente, sino que tengan elementos similares o una disciplina que las explique a ambas.

Por ejemplo, si le gusta jugar a la peonza y a ti te interesa la física, puedes enseñarle trucos o mecánicas similares pero con otros objetos. Si le gustan los perros y los gatos y a ti te gustan los animales, muéstrale tus conocimientos sobre criaturas exóticas que nunca ha visto, etc.

5. Si son pequeños, juega con ellos

En la primera etapa de la infancia, en la que la socialización más habitual de los pequeños aún no se realiza entre ellos y los niños o niñas de su edad, es importante que juguéis juntos. Usado los juguetes para crear narraciones interesantes, y deja que el pequeño participe en el desarrollo de la historia.

6. Si tienes varios hijos, dedica tiempo a cada uno por separado

Sobre todo si hay una diferencia de edad significativa entre los hermanos o si son muy pequeños, es importante que pases tiempo a solas con cada uno de ellos, y no siempre juntos. De esta manera podrán expresarse y actuar de una manera más libre y honesta.

Nuestra Terapia Infantil

Referencias bibliográficas:

Cinamon, R. Gali; Rich, Y. (2002). Gender Differences in the Importance of Work and Family Roles: Implications for Work–Family Conflict. Sex Roles. 47 (11–12): pp. 531 – 541.
Cuddy, A., Fiske, S. y Glick, P. (2004). When professionals become mothers, warmth doesn’t cut the ice. Journal of Social Issues, 60, 4: pp. 701 – 718.
Moen, P.; Yu, Y. (2000). Effective Work/Life Strategies: Working Couples, Work Conditions, Gender, and Life Quality. Social Problems – SOC PROBL 47: pp. 291-326.

normas y limites

5 claves para establecer normas y límites en la infancia

Es muy común en terapia encontrar familias que acuden a consulta porque la situación familiar con los hijos les desborda, les altera y se sienten incapaces de hacer seguir una serie de normas que a menudo se van incumpliendo, llevando la convivencia a una situación incontrolada. El establecimiento de normas y de límites en casa, esenciales para que la convivencia en familia sea armoniosa y tranquila. Precisan de las claves para establecer normas y límites en la infancia

Qué son las normas

La convivencia en sociedad hace imprescindible el aceptar una serie de normas para que ésta sea posible. Las normas no son más que unas reglas que se aprueban de modo conjunto entre los miembros de una comunidad para el buen funcionamiento de esa comunidad. Es cierto que no todas las personas tenemos las mismas normas en nuestro núcleo de convivencia, por ejemplo: una familia puede establecer la norma de no poner los pies en el sofá y otras no creen necesario establecer esa norma. Así podemos entender que no todas las normas son iguales para todos.

Diferencia entre norma y límite

Los límites son normas que no se puede rebasar y que tienen también una penalización a nivel social. Muchas tienen relación con el comportamiento en sociedad. No se modifican, son constructos que se establecen sin discusión, son una prohibición clara. Por ejemplo: no agredir a otra persona física o verbalmente; no pedir las cosas gritando y sin respeto…etc. Son generalmente normas que rigen en sociedad y que van a penalizar si se incumplen también en otros contextos sociales.La importancia de establecer normas y límites para tus hijos

5 claves para establecer normas en casa

 

1. Deben ser realistas.

Cuando establecemos una norma, no puede ser imposible de realizar y tiene que estar ajustada a la edad y madurez de los niños. Además, deben cumplirse por todos los miembros de una familia, no sirve que unos las tengan que cumplir y otros miembros no.

 

2. Conviene que sean claras.

Cuando establecemos una norma tiene que haber un feedback, es decir, tenemos que saber que la norma se ha entendido, qué es lo que se espera de nuestros hijos y cual será la consecuencia de ser incumplida.

 

3. Deben ser despersonalizadas.

Cuando establecemos una norma no juzgamos a la persona sino al acto o al comportamiento que se demuestra, de esta manera evitamos etiquetas que bajan la autoestima. Por ejemplo: eres malo, lo cambiamos por te estás comportando mal.

 

4. Tienen que ser sólidas

La aplicación de la norma debe ser siempre la misma, no dependen de nuestro estado de ánimo en ese momento ni del contexto en el que estemos. Si se incumple una norma debe aplicarse la consecuencia para que ésta funcione y finalmente se interiorice.

 

5. Se pueden negociar

Algunas normas se pueden negociar dentro del núcleo familiar, aunque sean impuestas, es interesante que se negocien y se modifiquen en función de las necesidades de los niños, de su desarrollo y su nivel de madurez. Así se pueden hablar entre todos y llegar a acuerdos que mejoran la confianza entre los miembros de la familia. Si bien en la etapa infantil apenas hay negociación en las normas, durante la adolescencia es más habitual negociarlas y también es importante tener claro cual será la consecuencia de incumplirlas.

 

Por qué son útiles las normas y límites

Establecer normas y límites es importante porque, por una parte, a nivel personal, nos ayudan a manejar las situaciones de frustración y nos preparan para la convivencia; y por otra parte, dan seguridad en la etapa infantil y adolescente,  permiten desarrollarse libremente dentro de ese entorno seguro por estar acotado, mejorando la autoestima, la empatía y en general las habilidades sociales.

Nuestra Terapia Infantil

Bibliografía:

  • Blanch, R. Mª.: Las pautas, las normas y los límites en la escuela infantil. Aula infantil, nº 9
  • Ramos-Paúl, R. y Torres Cardona, L. (2007): Normas y límites. Madrid: El País S.L.
  • Romero, E., Villar, P., Luengo, M.A., Gómez-Fraguela, J.A y Robles, Z. (2013). EmPeCemos. Programa para la intervención en los problemas de conducta infantiles. Madrid: TEA Ediciones.
  • Setting Limits: Helping Children Learn Self-Regulation (2005). PBS.www.pbs.org/wholechild/parents/building.html
que hacer si mi hijo pasa demasiado tiempo al movil

¿Qué hacer si mi hijo tiene adicción al teléfono móvil?

La adicción al Smartphone es un fenómeno relativamente nuevo pero que ha llegado a extenderse con relativa rapidez. Se da sobre todo en personas jóvenes, el perfil que utiliza estos dispositivos electrónicos con más frecuencia, y sus efectos negativos van desde el desgaste de los vínculos emocionales significativos hasta el deterioro del estado de salud debido a los malos hábitos que genera. En este artículo intentaremos dar una respuesta a una de las preocupaciones más frecuentes de los padres y madres de estos jóvenes: ¿qué hacer si mi hijo tiene adicción al teléfono móvil? Veámoslo. Pero antes, debemos tener claro qué es exactamente presentar adicción al móvil.

¿Qué es la adicción al móvil?

Por adicción al teléfono móvil entendemos un fenómeno psicológico basado en un estado de dependencia hacia el uso constante de estos dispositivos.

No se trata de una adicción química en la que el organismo desarrolle dependencia a ciertas moléculas, como es el caso de la adicción a la heroína, sino que en este caso todo se origina exclusivamente por un patrón de comportamiento aprendido y que hace que se asocie un estado de bienestar al manejo de estos aparatos, y una sensación de intenso malestar al no usarlo durante muchos minutos.

La adicción al teléfono móvil no es un trastorno mental que esté presente en los manuales diagnósticos utilizados hoy en día en psiquiatría y psicología clínica, aunque es posible que aparezca en las nuevas ediciones que están por llegar.

Síntomas

Los síntomas más frecuentes de la adicción al teléfono móvil son los siguientes:

  • Irritabilidad elevada.
  • Dificultades de concentración cuando no se está consultando el móvil.
  • Ansiedad y malestar cuando se ha estado varios minutos sin usar el móvil.
  • Poca motivación para involucrarse en conversaciones.
  • Uso del móvil antes de irse a dormir, hasta altas horas de la noche.

Mi hijo tiene adicción al teléfono móvil: ¿qué puedo hacer?

En caso de que un hijo o familiar cercano de corta edad sufra esta alteración psicológica, sigue estos consejos para ayudarle.

1. Acudid al psicólogo

Este es el primer paso, y el más importante. La adicción al teléfono móvil es un problema lo suficientemente serio como para tratarlo mediante asistencia profesional gracias a la ayuda de psicólogos especializados en psicoterapia. De esta forma, además de interiorizar todas las técnicas psicológicas para ir “desaprendiendo” la adicción, se crean las condiciones necesarias para intervenir en el problema de manera continua y aspirando constantemente a llegar a nuevas metas de mejoría.

Así, los consejos que seguiremos viendo a partir de ahora deben ser entendidos como recomendaciones que van en paralelo a la psicoterapia, para seguir progresando entre sesión y sesión con el psicólogo.

2. Apostad por el reloj de pulsera

Para ver la hora, nada como consultar el reloj de pulsera. Esto debilitará más la tentación de consultar el Smartphone para saber qué hora es y que a partir de ahí la persona adicta al móvil se quede “enganchada” otra vez.

3. Desactivad perfiles en redes sociales

Parte de lo que mantiene la adicción al teléfono móvil suele ser el fenómeno conocido como nomofobia, el miedo a perderse cosas que pasan en Internet en general y en las redes sociales en particular.

Para evitar la tentación de utilizar el tiempo libre en navegar por las redes sociales sin buscar nada en concreto, acordad desactivar durante un tiempo sus perfiles en todas o casi todas las redes sociales en las que esté.

Teniendo en cuenta que actualmente los jóvenes se comunican mucho por estos medios e incluso quedan para salir a través de ellos, dependiendo del caso puede ser conveniente mantener activo uno de estos perfiles.

4. Haz que se sienta respaldado o respaldada

Intenta que tu hijo o hija sienta tu apoyo, y que no crea que actúas como un policía constantemente para empezar regañinas si incumple alguna vez los horarios de uso del móvil.

Es mucho más importante mostrar alegría y admiración ante sus progresos que mostrar decepción cuando no llega a los objetivos. De esta manera, tendrá más motivación para ir mejorando, mientras que si da por supuesto que tienes una mala imagen de lo que hace probablemente dará la batalla por perdida.

5. Cread unos horarios rígidos de uso del móvil

Es muy importantedeterminar exactamente en qué momento se puede consultar el móvil, para que poco a poco estos periodos vayan espaciándose y acortándose más. Para ello, cread unas tablas con los horarios en los que conste una marca en las “ventanas de tiempo” en las que  se puede usar este aparato, y colgadlos por varias partes de la casa.

Esta medida debe ser realizada coordinándoos con el psicólogo, ya que las características de este horario dependerán de la fase de recuperación en la que esté tu hijo o hija.

6. Planead las comidas familiares

Las comidas en familia son uno de los contextos más propicios para sustituir el uso del teléfono móvil por momentos relacionales y significativos para todos. Al principio es duro debido al malestar y la frustración producida por el hecho de no poder usar el teléfono móvil, pero si se consigue generar una dinámica de conversaciones estimulantes, ese malestar pasa a segundo plano.

7. Haced el teléfono móvil menos atractivo

Existen muchos trucos para convertir el Smartphone en un producto menos atrayente, con menos capacidad para hacer que estemos mucho tiempo usándolo.

Por ejemplo, y siempre con el consentimiento de tu hijo o hija, quitadle el sonido (aunque esto implicará que no pueda ser usado para recibir llamadas), modificad la interfaz para que quede todo en blanco y negro, o incluso ponedle una carcasa que resulte muy desagradable o avergonzante, de manera que no se quiera sacarlo del bolsillo durante mucho tiempo.

Nuestra Terapia para Adolescentes

Referencias bibliográficas:

Bragazzi, N.L. y Puenete, G.D. (2014). A proposal for including nomophobia in the new DSM-V. Psychology Research and Behavior Management 7. 155 – 160.
Davey, S., Davey, A. (2014). Assessment of Smartphone Addiction in Indian Adolescents: A Mixed Method Study by Systematic-review and Meta-analysis Approach. International Journal of Preventive Medicine; 5(12), pp. 1500 – 1511.
Jonathan K. J. (1998). Internet Addiction on Campus: The Vulnerability of College Students. CyberPsychology & Behavior. 1(1).

adiccion a los videojuegos

Adicción a los videojuegos: síntomas, causas y tratamientos

El mundo de las adicciones va mucho más allá del abuso de sustancias adictivas como el alcohol o la heroína. También es posible desarrollar adicciones comportamentales, que tienen que ver con realizar ciertas acciones en un contexto determinado. En este artículo veremos en qué consiste uno de estos procesos de dependencia, la adicción a los videojuegos, y de qué manera puede llegar a afectar a la calidad de vida de quienes la sufren.

¿Qué es la adicción a los videojuegos?

La adicción a los videojuegos es un patrón de comportamiento y de pensamiento por el que la calidad de vida y la autonomía de la persona se ve limitada por la necesidad de dedicar mucho tiempo a jugar a estas formas de ocio electrónico. Normalmente, esta dependencia no solo se plasma en el hecho de tener unas ganas intensas de iniciar una partida en cualquier momento, sino que también hay problemas para dar la partida por terminada.

Se trata de un problema que la Organización Mundial de la Salud reconoce como trastorno psicológico y que quedará concretado en la CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades), documento clasificador de afecciones cuya nueva edición la OMS publicará en 2022. Su nombre oficial será “Trastorno por videojuegos”.

Por otro lado, todas aquellas situaciones que interrumpen o postergan la sesión de juego con la videoconsola, con el ordenador o con el dispositivo electrónico en el que se pueda jugar, generan una intensa irritabilidad y frustración en la persona, que puede generar aislamiento, incomunicación e incluso peleas.

Diferentes estrategias para “enganchar” al jugador

Hay que tener en cuenta que el patrón con el que aparecen las conductas adictivas depende del tipo de mecánicas jugables del videojuego que se esté usando.

En algunos de estos juegos, por ejemplo, la partida se reinicia automáticamente en cuestión de un par de segundos tras haber perdido una partida, con lo que costará más dejar de jugar.

En otros, el principal factor adictivo son los mini-juegos de azar incorporados en el juego, tal y como pasa con algunos títulos en el que pueden tocarnos al azar piezas de vestuario para nuestro personaje principal, alimentando una dinámica de coleccionismo que consume mucho tiempo. Esto último, a veces, ha llegado a monetizarse por separado, haciendo que cada intento de que nos toquen objetos que no teníamos cueste dinero real, y de hecho ha llevado a juicio a algunos desarrolladores de videojuegos.

Síntomas

Estos son los principales síntomas de la adicción a los videojuegos que los psicólogos se encuentran en consulta.

Hay que tener en cuenta que el listado oficial de síntomas vinculados al Trastorno por videojuegos creado por la OMS aún no está disponible, así que no es este, y por otro lado no hace falta presentar todos estos síntomas para tener un problema de adicción a los videojuegos, del mismo modo en que la presencia de uno solo no implica que alguien tenga este tipo de relación de dependencia con el ocio electrónico.

Dicho esto, veamos cuáles son los síntomas, a modo de criterios orientativos.

  • Pensamientos constantes sobre el videojuego, fantaseando con partidas o recordando las ya jugadas.
  • Falta de comunicación, consecuencia del aislamiento físico y de la tendencia a fantasear.
  • Tendencia a jugar diariamente a videojuegos durante muchas horas, eclipsando otras formas de ocio.
  • Impaciencia por volver a jugar, tendencia a acortar conversaciones para volver a la pantalla.
  • En niños o niñas, berrinches y pataletas si la partida termina al margen de su voluntad.
  • En adultos, estallidos de ira si la partida termina al margen de su voluntad.
  • Desatención de las relaciones sociales, de las responsabilidades y del cuidado personal.

 

Causas

Como ocurre con todos los trastornos psicológicos, no existe una sola causa que genere adicción a los videojuegos, sino que hay muchas combinándose entre sí. Es en terapia donde corresponde examinar cada caso concreto y determinar qué situaciones y contextos han estado alimentando este proceso adictivo.

Sin embargo, varias de las posibles causas de la adicción a los videojuegos son las siguientes.

  • Hábitos de vida solitarios, falta de otros estímulos.
  • Problemas en casa o en la escuela, que favorecen la búsqueda de escapismo e inmersión en mundos imaginarios.
  • Propensiones genéticas a las dinámicas adictivas.
  • Existencia de un único círculo social de amigos, con los videojuegos como principal forma de entretenimiento.
  • Participación en entornos competitivos (sobre todo en videojuegos con multijugador online).

Tratamientos

Lo más recomendable para tratar casos de adicciones conductuales es contar con la ayuda de profesionales de la terapia cognitivo-conductual. Este tipo de intervención psicológica se centra en ayudar a la persona a controlar sus acciones y pensamientos, para conseguir en esta caso que no se dirijan hacia el abuso de las partidas de videojuegos.

Así, los psicólogos utilizan técnicas como la reestructuración cognitiva, para que los pacientes se cuestionen creencias que mantienen la dependencia hacia los videojuegos, trabajan para mejorar la autoestima y la confianza en uno mismo para no dar por perdida la posibilidad de adoptar un estilo de vida más sano, ayudan a que los pacientes se estructuren su día a día manteniéndose lejos de los videojuegos, crean un sistema de incentivos para ir viendo los progresos realizados, etc.

Del mismo modo, en psicoterapia contra la adicción a los videojuegos se entrena a los pacientes para que aprendan otras formas de relacionarse con su entorno; manteniéndose lejos de los videojuegos (al menos durante el proceso de recuperación), encontrando nuevas aficiones satisfactorias y significativas, socializando más y con otros entornos que no estén ligados necesariamente a las partidas constantes, etc.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Marco, C. y Cholis, M. (2013). Tratamiento cognitivo-conductual en un caso de adicción a Internet y videojuegos. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 13, 125 – 141.
Miller, P. (2013). Principles of Addiction: Comprehensive Addictive Behaviors and Disorders, Volume 1. Academic Press. pp. 819–825.
Van Rooij, A.J.; Schoenmakers, T.M.; Vermulst, A.A.; Van den Eijnden, R.J.; Van de Mheen, D. (2010). “Online video game addiction: identification of addicted adolescent gamers”. Addiction. 106 (1): 205 – 212.

¿Qué hacer si mi hijo tiene la autoestima baja?

¿Qué hacer si mi hijo tiene la autoestima baja?

Los primeros años de vida conforman una etapa clave en lo que respecta al desarrollo de las características psicológicas más importantes. Por ello, es muy importante que durante la niñez y la adolescencia se disponga de una buena autoestima. Sin embargo, es muy frecuente que padres y madres noten cómo su hijo o hija se valora menos de lo normal, asumiendo ideas pesimistas sobre sus propias capacidades y cualidades positivas. Así pues, hay una duda muy común en lo que se refiere a los procesos de crianza: ¿qué hacer si mi hijo tiene la autoestima baja? En este artículo repasaremos algunas ideas clave para comprender cómo afrontar este problema.

La autoestima en la infancia y la adolescencia

El modo en el que aprendemos a relacionarnos con el entorno y con los demás durante la infancia y la adolescencia tiene un papel muy importante en el desarrollo de nuestra personalidad. Durante la infancia y la adolescencia, concretamente, las relaciones que establecemos con las personas de nuestra edad (normalmente, compañeros de clase) dan forma a las actitudes que adoptamos acerca de nuestra propia identidad, quiénes somos y qué podemos llegar a hacer.

Y es que en nuestros primeros años de vida, la manera en la que percibimos que nos perciben tiene un fuerte impacto emocional en nosotros, para bien o para mal. Si creemos que el resto de personas adopta una actitud hostil o de desinterés al vernos o al conversar con nosotros, eso nos lleva a la conclusión de que el origen de esa antipatía nace en buena parte de un problema en nuestra manera de ser; y si la reacción de los demás es favorable, también asociamos esa sensación satisfactoria a la idea del “Yo”.

En definitiva, en comparación a lo que ocurre en la adultez, etapa en la que lo que los demás piensen de nosotros no nos resulta tan importante, en la infancia y en la adolescencia se es más sensible a lo que ocurre en nuestra vida social.

Situaciones como el bullying, la creencia de que el resto de niños son mejores que uno en las notas o en los deportes, o la falta de amigos y la sensación de soledad, son desencadenantes habituales de problemas de baja autoestima.

Pero a pesar de que las relaciones interpersonales con el resto de niños o jóvenes de la misma edad tiene un peso muy importante en la valoración de uno mismo, como padres y madres podemos contribuir a que la autoestima de los pequeños quede reforzada y no se vea sesgada por el pesimismo. Veamos algunos consejos al respecto

Mi hijo tiene baja autoestima: ¿qué hacer?

Estas son algunas pautas y consejos a aplicar en tus hábitos de crianza y educación en casa.

1. No favorezcas las comparaciones

Ensalzar las virtudes de un hijo o hija con problemas de autoestima comparando sus virtudes con las de otros que teóricamente son peores en algo, resulta contraproducente.

El motivo es que a pesar de que lo que estamos diciendo con ello es que nuestro hijo o hija destaca positivamente en algo, a la vez se está reforzando la idea de que el valor de alguien depende de criterios basados en la competición. Y como en ese momento el o la menor de edad tiene una autoestima baja, seguirá aplicando esa clase de razonamientos comparativos a partir de un sesgo pesimista. Es decir, establecerá más comparaciones al notar que los otros son mejores en algo, y no tantas cuando sea él o ella quien destaque.

Por supuesto, intentar motivar a un hijo a volverse más apto para ciertas tareas intentando que se sienta mal por no poder hacerlas como el resto de los jóvenes de su edad, es totalmente desaconsejable.

2. Ayuda a que se involucre en algo que le guste

Muchas veces, los problemas de autoestima llegan por no darse la oportunidad de desarrollar habilidades aplicadas a tareas que produzcan interés o satisfacción en nuestros hijos.

Por ejemplo, si la única actividad de ocio en la que se involucra nuestro hijo son los partidos de fútbol del recreo y no le gusta ese deporte, fácilmente asumirá que no vale para nada.

Pero si como padres y madres le descubrimos que hay muchas otras actividades estimulantes, probablemente encontrará al menos una que le despierte interés y en la que pueda ir aprendiendo, notando su progresión de mejora y la dificultad ascendente de aquellas tareas que puede optar a realizar.

3. No penalices por los errores

Más allá del incumplimiento de las normas de convivencia o de los errores que ponen en riesgo su integridad, es importante que como padres y madres no penalicemos a nuestros hijos por hacer las cosas mal (por ejemplo, por hacer mal un ejercicio de matemáticas, o por no poder chutar bien una pelota).

Y es que estas experiencias ya aportan en sí mismas la ligera experiencia desagradable que puede estimular el aprendizaje; no hace falta añadir más malestar, además de que sería poco ético “castigar” a los pequeños por hacer algo que no perjudica a nadie más que a ellos. Equivocarse es parte del proceso de aprender, y la infancia está llena de estas situaciones.

4. Demostrar apoyo incondicional

Como padres y madres, nuestro rol fundamental es el de proporcionar sustento material y amor, un vínculo afectivo gracias al cual los más jóvenes puedan sentirse seguros. Por eso, pasar tiempo en familia y expresar este amor de manera clara resulta en sí mismo algo que contribuye a subir la autoestima.

5. Reconocer sus errores de manera honesta

Es importante demostrar tener una mirada honesta sobre las imperfecciones de nuestros hijos.

Exagerar sus virtudes de una manera demasiado insistente y extrema solo servirá para que los pequeños noten estas imposturas y dejen de tener en cuenta la opinión de sus padres, sintiéndose más perdidos y faltos de referencias.

6. Ir al psicólogo si es necesario

Hay ocasiones en las que es necesario contar con ayuda profesional, lo cual no significa que el o la joven en cuestión tenga ninguna patología mental ni un síndrome que no se vaya a curar.

Eso sí, incluso en estos casos en los que se va al psicólogo, la tarea de intervenir sobre la baja autoestima no es tanto del psicoterapeuta como de los más jóvenes, y de sus padres durante el tiempo que pasen juntos en el hogar.

La terapia infanto-juvenil crea los contextos en los que es posible reforzar la autoestima, pero la implicación de todas las partes involucradas es crucial.

Si necesitas más información acerca de la terapia infantil, en el siguiente enlace podrás obtenerla:

Nuestra Terapia Infantil

Referencias bibliográficas

Branden, N. (1995). Los seis pilares de la autoestima. Barcelona: Paidós.
Cava, M. J., y Musitu, G. (2000). La potenciación de la autoestima en la escuela. Barcelona: Paidós

¿Por qué aparece el temor a la oscuridad en niños y niñas?

¿Por qué algunos niños temen a la oscuridad?

El miedo a la oscuridad en los niños y niñas es uno de los fenómenos más habituales que causan problemas a los padres y madres a la hora de acostar a sus pequeños. Además, no solo aparece cuando toca ir a dormir: se nota incluso en la autonomía de movimiento de los hijos pequeños, en su manera de evitar pasar por galerías oscuras (aunque necesiten atravesar una para llegar a su casa o habitación) Ahora bien… ¿por qué algunos niños temen a la oscuridad? ¿Qué experiencias o ideas desencadenan este temor? Este es el tema que exploraremos a continuación.

El miedo extremo a la oscuridad y la nictofobia

Tal y como pasa con todos los problemas relacionados con el miedo y la ansiedad, el temor a la oscuridad es un espectro de grises: puede ir desde un extremo en el que resulta insoportable y no permite llevar una vida normal, hasta otro en el que, aunque está presente, solo genera una cierta incomodidad y no tiene un impacto significativo en la calidad de vida.

Cuando este miedo es lo suficientemente intenso, hablamos de nictofobia, mientras que el concepto de “miedo a la oscuridad” abarca todos los casos, desde los que resultan patológicos hasta los que no dan grandes problemas.

En los niños y niñas, el miedo extremo a la oscuridad es mucho más común que en los adultos y en los adolescentes, y sus causas también acostumbran a ser diferentes. El sistema cognitivo con el que los pequeños perciben e interpretan el mundo que los rodea es distinto a los de quienes ya han pasado la adolescencia, y presenta más puntos vulnerables por los que se puede colar el temor.

  • Sin embargo, los síntomas del miedo a la oscuridad son relativamente parecidos en niños y en adultos. Estos síntomas son los siguientes:
  • Temblores
  • Sudores fríos
  • Subida de la presión sanguínea
  • Subida de la frecuencia cardíaca
  • Llanto
  • Mareos
  • Pensamientos catastrofistas (anticipación de heridas o de muerte)
  • Tendencia a evitar sitios oscuros
  • Ganas de huir al estar en un sitio oscuro.

Así pues, el miedo a la oscuridad en niños será un problema cuando aparezcan varios de estos síntomas (no necesariamente todos) y sean lo suficientemente intensos y frecuentes como para afectar a su calidad de vida y, por extensión, a la de sus cuidadores.

¿Por qué aparece el temor a la oscuridad en niños y niñas?

Una vez hemos visto en qué consiste el miedo a la oscuridad, que en casos extremos puede llegar a ser considerado nictofobia, veamos cuáles son las causas más frecuentes de que aparezca este tipo de malestar.

1. Pensamiento mágico

En psicología infantil, uno de los aspectos de la mente de los niños que más se estudia es el modo en el que los pequeños razonan al margen de los esquemas de la lógica que utilizan los adultos. Y es que los niños y niñas creen en un mundo en el que los fenómenos mágicos son posibles: las ideas representadas en el lenguaje pueden cobrar vida y materializarse en el mundo real. Y una de las consecuencias de esto es que tienden a pensar que los monstruos que se imaginan pueden llegar a existir y a suponer una amenaza.

Sin embargo, normalmente los niños y niñas saben que estas criaturas mágicas no son iguales que el resto de seres vivos: a fin de cuenta, han llegado a su mundo a través del pensamiento mágico, y no a través de la observación directa. Por eso, asumen que los monstruos tienden a esconderse y a aparecer solo en situaciones en las que no están a la vista de todos. Los dormitorios oscuros, los armarios o el hueco de debajo de la cama son parte de los espacios más recurrentes en los que los pequeños se imaginan que hay algo maligno acechando.

Esta característica del pensamiento mágico por el cual los símbolos y las ideas abstractas podrían existir materialmente en el mundo real es algo que favorece la aparición del miedo a la oscuridad, porque hace que los pensamientos catastróficos de nuestros hijos pequeños estén llenos de imágenes horribles que se traducen en un miedo a los ataques físicos.

2. Miedo a las sorpresas

Otra de las causas del miedo a la oscuridad, también relacionada con la anterior, es que allí donde no hay luz podemos toparnos con estímulos desagradables de inmediato, sin verlos venir.

Esto hace que algunos niños y jóvenes entren en un estado de hipervigilancia: no solo sienten que deben detectar ciertos peligros, sino que además deben hacerlo concentrándose mucho para verlos venir y reaccionar teniendo el suficiente tiempo por delante como para evitar el contacto físico.

3. Sensación de separación de los padres

En general, los pequeños de la casa no solo le temen a la oscuridad: le temen a la desprotección y la vulnerabilidad de estar en un lugar en el que no pueden ver nada y en el que por consiguiente sus padres y madres (sus figuras protectoras de referencia) tampoco pueden ver.

Estar en un lugar oscuro no solo nos separa de nuestro entorno, también nos aísla de los demás. Y en la infancia, la necesidad de tener un vínculo constante con los padres o con alguna figura de protección adulta resulta muy importante.

4. Experiencias traumáticas

Aunque son relativamente menos frecuentes que las anteriores causas del miedo a la oscuridad en los niños, las experiencias traumáticas vividas en la oscuridad también pueden dejar una marca en el comportamiento de los niños. Si una de estas situaciones ligadas a un alto nivel de ansiedad se asocia al concepto de la oscuridad, es más probable que se sienta un gran malestar al estar en un lugar con falta o ausencia de luz.

¿Qué hacer?

En caso de que un niño o niña experimente un intenso miedo a la oscuridad, lo recomendable es acudir a psicoterapia infantil. Los psicólogos especializados en este ámbito cuentan con las herramientas y las estrategias necesarias para hacer que los pequeños “desaprendan” este temor.

Nuestra Terapia Infantil

Referencias bibliográficas:

Cavallo, Vicente (1998). International Handbook of Cognitive and Behavioural Treatments for Psychological Disorders. Pergamon.
E. Birren y K. W. Schaie (Eds.), Handbook of the psychology of aging. Nueva York: Academic Press.

Niños que ven demasiada televisión

Niños que ven demasiada televisión: ¿qué hacer?

La infancia es una etapa clave para el desarrollo físico y psicológico, y justamente por eso es importante evitar que los más pequeños aprendan patrones de comportamiento que les resultan dañinos. En este artículo veremos una serie de claves y consejos para saber qué hacer ante los casos de niños que ven demasiada televisión, un hábito que acarrea varias consecuencias negativas para ellos.

¿Por qué es malo que los pequeños se enganchen a la televisión?

Antes de ver qué podemos hacer como padres, madres o tutores para que los niños no se pasen el día pegados al televisor, es importante que tengamos claras las razones por las que debemos tomar cartas en el asunto. Es decir, conocer las razones por las que esta costumbre diaria es mala para ellos, más allá del rechazo general a las nuevas tecnologías que de manera ambigua e irracional difunden algunos medios de comunicación.

Así pues, los principales motivos por los que ver demasiada televisión durante la infancia es malo son los siguientes.

1. Adopción de un estilo de vida sedentario

Pasar mucho tiempo viendo la televisión lleva hacia un estilo de vida de marcada pasividad, en el que solo importa sentarse en un lugar y mirar una pantalla. Muchas veces, incluso se come realizando esta actividad, y esto restringe el tipo de alimentos que se usan normalmente, comida preparada y ultra-procesada).

2. Evasión de la realidad

Ver durante mucho tiempo la televisión puede ser una manera de imaginarse vivir en otras realidades, de escapar de la cotidianidad de su entorno familiar o escolar, sin participar demasiado en estos últimos.

3. Menos tiempo para aprender experimentando con el entorno

Dedicarle un tiempo excesivo a la televisión también tiene un coste de oportunidad: se deja de vivir experiencias importantes y significativas por el simple hecho de no moverse del sofá o del sillón de casa. Hay una necesidad de restringir el resto de actividades.

Si muchos padres y madres quieren saber qué hacer con los niños que ven demasiada televisión, es en parte porque ven que estos se desentienden de la realidad y viven pensando e imaginando cosas que tienen que ver con mundos ficticios, personajes que solo existen en series y películas, etc.

4. Menos control sobre el horario

La necesidad de no alejarse del televisor crea limitaciones claras en el horario que el niño o niña está dispuesto o dispuesta a seguir.

5. Menos tiempo para conversar y crear vínculos afectivos

Este hábito tiene repercusiones serias sobre la socialización de los pequeños, y también limita su participación en las relaciones familiares.

6. Rabietas ante cualquier cosa que se interponga entre el niño y la pantalla

Cada vez que haya algo que evite que el niño o niña vea la televisión, surgirán rabietas.

Es decir, tanto físicamente (ruidos que impidan escuchar la televisión, personas que tapen parte de la pantalla) como en un sentido más abstracto (planes en familia que transcurran durante la emisión de las series y programas que le gustan), surgirá la necesidad imperiosa de que no haya nada que se interponga entre uno mismo y la pantalla.

¿Qué hacer ante los niños que ven demasiada televisión?

Veamos varios consejos para saber qué hacer ante casos en los que los pequeños se van acostumbrando a dedicar buena parte del día exclusivamente a ver la televisión.

1. Hablar del problema con él o ella

Lo primero que hay que hacer es explicarle al niño o niña cuál es nuestro punto de vista, y por qué tomaremos una serie de medidas que le obligarán a cambiar de hábitos. Hay que transmitirlo desde la calma, de manera honesta y clara, indicando varios de los motivos por los que se va a hacer: por ejemplo, las razones vistas en la sección anterior.

2. Poner horarios claros

Hay que poner un horario que estructure la vida familiar y que sirva como criterio objetivo para saber si se está actuando bien o no con respecto al televisor.

Es mejor si no se prohíbe totalmente el uso de la televisión, dado que algo así causaría una sensación de que es totalmente imposible cumplir con esas nuevas normas de vida familiar.

Lo mejor que se puede hacer es darle al menor en cuestión una horquilla horaria en la que puede elegir cuál será el momento de ver la televisión durante un tiempo determinado. Por ejemplo, se le da a elegir cuándo empieza el momento de ver la televisión durante una hora y cuarto entre las 17 y las 20 horas.

Así, establecerá prioridades, verá que puede vivir perfectamente sin ver ciertos contenidos, y solo verá aquello que más le interese.

Por otro lado, es bueno que el resto de miembros de la familia sigan las mismas normas, si es posible; así se da ejemplo y la motivación para no intentar romper esas reglas será mayor.

3. Limitar también el uso de Internet

Si un niño o niña se engancha al hábito de ver la televisión, es muy probable que también lo haga con otras opciones tecnológicas conectadas a Internet, como las tablets o los smartphones, dado que hoy en día es posible ver la televisión a través de la web.

Por eso, lo recomendable es también asegurarse de que su uso se rige por un horario fijo, en el que puede dedicar tiempo a navegar por internet y/o a chatear con amigos de clase, dependiendo de su edad.

4. Reconocer sus éxitos y su esfuerzo

Es importante comunicarle de manera frecuente lo bien que lo está haciendo, para que se mantenga la motivación por seguir manteniendo esos hábitos de vida más sanos.

Por ejemplo, se puede organizar celebraciones por buen comportamiento cuando lleguen fechas señaladas (un mes después de iniciar la aplicación del horario), y hacer que el pequeño participe en planear este evento, entre otras cosas para crear anticipación.

5. Acudir al psicólogo

Si nada de lo anterior sale bien tras intentarlo durante algunas semanas, probablemente sea el momento de acudir a servicios de psicología infantil.

Seguir las pautas dadas por un profesional que haya explorado nuestro caso de manera personalizada puede ser la solución, y los resultados deberían verse muy rápidamente. Eso sí, en cualquier caso la familia y del niño o niña debería seguir estando implicada; el trabajo se hace tanto en la consulta del centro de psicología como fuera de ella.

Nuestra Terapia Infantil

Referencias bibliográficas:

Butterworth, G.; Harris, M. (1994). Principles of Developmental Psychology. Lawrence Erlbaum Associates.
Field, T. (2002). Infants Need for Touch. Human Development. 45 (2): 100–103.

Terapia infantil

¿Qué es la psicología infantil y en qué casos puede ayudar?

Cuando pensamos en la palabra “psicología”, es fácil que nos venga a la mente la imagen de una persona adulta recibiendo la asistencia de algún profesional de la psicoterapia.

Sin embargo, no hay que olvidar que el trabajo de los psicólogos no se limita a las preocupaciones y los problemas típicos de quienes hace tiempo que han dejado atrás la adolescencia. La infancia es una etapa clave en la que la psicología centra buena parte de su atención.

En este artículo veremos qué es la psicología infantil, cuáles son las áreas de trabajo en las que interviene, y cómo se plasma tanto en el ámbito de la psicoterapia como en el de la educación.

Si necesitas terapia infantil, ponte en contacto con nosotros.

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Psicología infantil: qué es y para qué sirve

Tal y como su nombre indica, la psicología infantil es la rama de la psicología que se centra en el bienestar de los niños y niñas en los niveles emocional, cognitivo y comportamental.

El objetivo de la psicología infantil es mejorar la calidad de vida de los niños y niñas en lo referente a la manera en que interpretan lo que les sucede

Muchas veces, los profesionales de la psicología infantil también son expertos en el trabajo con jóvenes que se encuentran en la etapa vital de la adolescencia (iniciada aproximadamente a los 11 años de edad), aunque en otras ocasiones se distingue entre psicología infantil y psicología infanto-juvenil para evitar confusiones.

El objetivo principal del psicólogo infantil tiene que ver con que los niños y niñas con los que trabaja mejoren su calidad de vida en lo referente a su manera de interpretar lo que les ocurre y de interactuar con el entorno, si bien una consecuencia de esto es que también se mejora el estado de bienestar de sus padres y madres y de su entorno familiar cercano.

Sin embargo, en ciertos casos los psicólogos especializados en esta rama pueden recomendar realizar terapia familiar para intervenir en un problema de tipo relacional, si creen que el problema del niño o niña se debe más al funcionamiento de la familia y no tanto a su manera de comportarse aisladamente.

Por otro lado, el trabajo de los psicólogos infantiles suele orientarse a la calidad de vida de los más pequeños en un sentido general, aunque también puede darse el caso de que ciertos profesionales se especialicen mucho más en un aspecto del bienestar infantil en concreto.

Es decir, que también en la psicología infantil encontramos sub-categorías de trabajo que sirven para darnos una idea de las diferentes funciones y objetivos que agrupa esta disciplina.

La terapia infantil y el acompañamiento en el aprendizaje

Dentro de la psicología infantil encontramos una división fundamental: la psicoterapia infantil y la psicología infantil centrada en la educación y los procesos de aprendizaje.

Si bien esta división en dos es hasta cierto punto artificial dado que la psicoterapia también se basa en última instancia en procesos de aprendizaje, nos ayuda a tener en mente lo diferente que resulta en un contexto clínico o terapéutico, por un lado, y en el contexto del progreso en la educación y en los centros escolares, por el otro.

Los psicólogos infantiles cuyo ámbito de trabajo es el de la terapia para niños y niñas ejercen en un contexto en el que los padres y madres han asistido a consulta preocupados por un problema que en muchas ocasiones no tiene que ver solo con el desempeño del menor en la escuela, sino que afecta también a su estado anímico y emocional o a su comportamiento en casa.

El trabajo de los psicólogos infantiles resulta necesario para evitar que los niños tengan que enfrentarse solos a posibles trastornos psicológicos, cuya gestión por su parte puede causar problemas añadidos

De esta manera, el psicólogo infantil ofrece tratamiento a pacientes que ya en su infancia pueden estar desarrollando trastornos como el TDAH, la enuresis, los trastornos de aprendizaje y del desarrollo como la dislexia, el trauma infantil, etc.

Por otro lado, los psicólogos infantiles que trabajan en contextos escolares o en centros educativos de otro tipo no tienen por qué trabajar con niños y niñas con trastornos psicológicos, sino que se centran más bien en los estilos de aprendizaje y en la organización para el estudio que han adoptado los menores.

Esta es una rama muy relacionada con la psicopedagogía, y por ello se trabaja tanto exponiendo a los pequeños a experiencias que les ayuden a mejorar en ciertas aptitudes como potenciando maneras alternativas de estudiar y de interactuar con los contenidos escolares.

Eso sí, en psicología infantil los profesionales trabajan siempre en constante comunicación con las familias de los niños; no solo para informarles acerca de lo que pasa en las sesiones, sino también para darles pautas de educación y crianza que deben seguir en casa para que se puedan alcanzar los objetivos fijados en las primeras visitas.

Beneficios de contar con un psicólogo infantil

Las ventajas y beneficios de poder contar con los servicios de un psicólogo infantil pueden ser resumidas en lo siguiente:

1. Aportan detección temprana de trastornos psicológicos

La infancia es la etapa de la vida en la que el desarrollo psicológico de las personas cambia de una manera más rápida, tanto para bien como para mal.

Además, dado que en los primeros años se forman muchos de los rasgos psicológicos del ser humano, es importante que este desarrollo se produzca del modo más armonioso posible, dada la vulnerabilidad de los pequeños y su incapacidad para adaptarse a los problemas tal y como un adulto lo haría.

Por eso, el trabajo de los psicólogos infantiles resulta necesario para evitar que los niños tengan que enfrentarse solos a posibles trastornos psicológicos, cuya gestión por su parte puede causar problemas añadidos como estilos de apego inadecuados, desarrollo de una autoestima muy baja, traumas y otros trastornos de ansiedad vinculados al malestar experimentado, etc.

2. Permiten sacarle partido a la escuela

La escuela es un lugar en el que se da la oportunidad de interiorizar habilidades y competencias fundamentales para tener una buena vida en la adultez y llegar a ser un ser humano autónomo.

Los psicólogos infantiles facilitan sacarle partido a este entorno, sin dejar que los sentimientos de inferioridad y las creencias irracionales acerca de uno mismo y los demás lleven a los niños a ver la obligación de estudiar como una penitencia o un recordatorio de sus defectos.

3. Ayudan a fortalecer vínculos afectivos

Contribuir a que un niño o niña sea feliz y se sienta bien con su vida hace más fácil que su relación con los padres sea buena.

Y es que por mucho que se quiera a un hijo o hija, las relaciones familiares no son lo mismo si cada día hay episodios de crisis de ansiedad, pataletas, frustraciones y lloros incontrolables que persisten; esa manera de convivir puede estar alimentando el sufrimiento de los pequeños y de sus padres.

4. Les quita cargas innecesarias a los padres

No todo es cuestión de esforzarse al máximo para hacer felices a los hijos; lo importante es esforzarse del modo adecuado, dado que a veces con menos tiempo y recursos se consiguen mejores resultados que apostando ciegamente por el sacrificio de uno mismo.

La figura del psicólogo infantil sirve entre otras cosas para llevar a los padres y madres por la manera adaptativa de criar y educar, haciendo un uso inteligente del tiempo y de las propias capacidades y sin caer en el error de aplicar estrategias costosas que no funcionan.

Referencias bibliográficas:

Morris, C. (1997). Introducción a la Psicología (Novena edición edición). Prentice Hall.
Vidales, I. (2004). Psicología general. México: Limusa.

Los problemas de conducta en la infancia

Los enfrentamientos entre padres e hijos suelen ser muy habituales en el desarrollo del niño a medida que va creciendo y va poniendo a prueba sus nuevas habilidades de comunicación. problemas de conducta infancia pueden ser un gran problema que amenaza la armonía en casa.

No obstante, aunque es normal que puedan darse algunas discusiones y surgir problemas entre los miembros de la familia, si estas dificultades son demasiado frecuentes y/o se alargan en el tiempo, podrían llegar a ser algo más que simples disputas en el seno familiar convirtiéndose en problemas de conducta serios.

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¿Cuáles son los problemas de conducta típicos de la infancia?

Los comportamientos negativos más comunes en los niños y adolescentes son los siguientes.

Rabietas: cuando no consiguen lo que quieren tienden a gritar, patalear y llamar la atención en general. En adolescentes, pueden aparecer conductas agresivas si no consiguen su objetivo.

Mutismo: cuando guardan silencio o responden sólo con monosílabos impidiendo la comunicación en la familia.

Demanda constante de atención: cuando necesitan que se esté pendiente de ellos en todo momento, observando todo lo que hacen o jugando siempre con ellos, sin dejar apenas espacio o tiempo para los adultos.

Poca autonomía: cuando no son capaces o no quieren hacer cosas propias de su edad y siempre demandan que los padres sean quienes lo terminen haciendo. No hay que olvidar que cualquier extremo es negativo. Por lo tanto,el exceso de autonomía también puede ser un problema, ya que el niño debe seguir un aprendizaje paulatino según su edad y su desarrollo.

Poca atención: cuando parece que no atienden a lo que se les dice, no escuchan, o si escuchan no hacen las cosas que se les piden.

Las disputas en el seno familiar son un motivo habitual de consulta de las familias que se ven desbordadas por ciertas conductas de sus hijos que no saben cómo afrontar

Técnicas para eliminar las conductas perjudiciales

Estos comportamientos negativos que se dan en la infancia en ocasiones no permiten a los niños interactuar con los otros de una manera adecuada. Es decir, cuando los niños interactúan con otros en forma de provocaciones, violencia verbal o física, con burlas, etc, de forma habitual, decimos que tiene un comportamiento desadaptado.

Existen técnicas básicas para eliminar este tipo de comportamientos que podemos utilizar para hacer desaparecer estas conductas poco a poco. Las más habituales son:

Retirada de atención: se basa en no reforzar una conducta. Por ejemplo:

María empieza a llamar la atención diciendo constantemente palabrotas, insultos, etc. Si nuestra respuesta es no prestarla atención o hacer como que no entendemos lo que dice cuando habla así, la conducta irá desapareciendo. Cuando María se esfuerza por pedirnos las cosas de otra manera, sin insultos, estaremos atentos para reforzar la conducta positiva.

Es habitual que al principio estas conductas empeoren, pero si no cejamos en el intento, obtendremos resultados positivos, porque en este caso, María tiene que reaprender que las cosas se pueden pedir de otra manera.

Tiempo fuera: este tipo de técnica consiste en privar al niño de un refuerzo por un corto espacio de tiempo (1-5 minutos) de las actividades que estaba haciendo y de las personas con las que estaba. Pongamos un ejemplo: a María le gusta molestar a sus hermanos, padres, etc cuando éstos están haciendo una actividad (ver una película, jugar) y aumenta en intensidad impidiendo a los demás realizar su actividad. Se utiliza cuando la advertencia verbal ya no sirve de nada. En este caso, apartaremos a María de la actividad y se la retira a un lugar neutro, que tampoco produzca pavor. Es importante explicarle justo antes por qué lo hacemos y qué es lo que no queremos que haga. Esta técnica se tiene que utilizar de forma firme y sistemática hasta que desaparezca la conducta. Pasado el tiempo acordado, se le lleva a realizar una actividad que sea positiva y que reforzaremos.

Técnica de Premark: consiste en asociar una acción desagradable a otra que sea agradable y que se da justo a continuación, y en este orden. Esta técnica se basa en que toda conducta que recibe un premio tiende a repetirse, con lo cual, aumenta la posibilidad de que se repita en el futuro. Por ejemplo: María no quiere recoger sus juguetes, pero si lo hace, después podrá jugar a la plastilina, que es su juego favorito. Como veis, la actividad que viene a continuación funciona como refuerzo para realizar la anterior.

El castigo:supone la aparición de una consecuencia desagradable por una conducta no adecuada. Solo se debe utilizar esta técnica cuando la conducta perjudica a los demás (agresiones físicas y sistemáticas) o para él mismo (cruzar la calle sin mirar). Debe ser utilizado inmediatamente después de la conducta inapropiada, y también debe ser corto aunque intenso. También hay que tener en cuenta que debe ser usado como último recurso para hacer desaparecer una conducta porque puede provocar respuestas emocionales de ansiedad, miedo…etc. Si se utiliza con frecuencia puede originar inseguridad y un mal concepto de sí mismo. Pongamos un ejemplo: María ha pegado con un palo a un amigo en el parque y sus padres han decidido que ya no puede seguir jugando y se marchan, o bien deciden que esta tarde ya no podrá ver sus dibujos preferidos.

Es importante que se ofrezca un modelo adecuado. El adulto debe comportase de manera habilidosa para que el aprendizaje sea eficaz (resolver conflictos dialogando, saber conversar, expresar sus emociones de manera adecuada, defender sus derechos sin ofender a los demás…etc) esto asegura unas buenas habilidades sociales en el futuro.

normas y límites

La importancia de establecer normas y límites para tus hijos

Es muy común en terapia encontrar familias que acuden a consulta porque la situación familiar con los hijos les desborda, les altera y se sienten incapaces de hacer seguir una serie de normas que a menudo se van incumpliendo llevando la convivencia a una situación incontrolada. Hoy vamos a hablar del establecimiento de establecer normas y límites para tus hijos, esenciales para que la convivencia en familia sea armoniosa y tranquila.

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Normas y límites para los hijos: ¿cómo establecerlos correctamente?

La convivencia en sociedad hace imprescindible el aceptar una serie de normas para que ésta sea posible. Las normas no son más que unas reglas que se aprueban de modo conjunto entre los miembros de una comunidad para el buen funcionamiento de esa comunidad. Es cierto que no todas las personas tenemos las mismas normas en nuestro núcleo de convivencia, por ejemplo: una familia puede establecer la norma de no poner los pies en el sofá y otras no creen necesario establecer esa norma. Así podemos entender que no todas las normas son iguales para todos.

Las normas pueden ser diferentes en cada medio familiar, y por lo tanto pueden variar de un contexto a otro; no ocurre lo mismo con los límites.

Esto no pasa con los límites. Los límites son normas que no se puede rebasar y que tienen también una penalización a nivel social. Muchas tienen relación con el comportamiento en sociedad. Por ejemplo: no molestar a los demás, no insultar, hablar con respeto son límites comunes y generalmente cuando éstos de sobrepasan, hay un rechazo que es común en el núcleo familiar y en el entorno social.

Establecer normas y límites es importante porque, por una parte, a nivel personal, nos ayudan a manejar las situaciones de frustración y nos preparan para la convivencia, las cosas no son muchas veces como nos gustaría que fueran; y por otra parte dan seguridad en la etapa infantil y adolescente y permiten desarrollarse libremente dentro de ese entorno seguro por estar acotado, mejorando la autoestima, la empatía y en general las habilidades sociales.

Cómo establecer normas y límites

Normalmente, establecemos normas y límites en casa desde que los niños son pequeños a través de rutinas que se van interiorizando de manera natural: lavarse las manos antes de comer, cepillarse los dientes después de cenar, recoger la habitación después de jugar o hacer la cama a diario son normas que se establecen sin necesidad de una pauta directa. Sin embargo, cuando los niños comienzan a ser más mayores, las normas y los límites se tienen que establecer de forma clara y comprensible.

Para establecer una norma hay que tener en cuenta que:

  • Debe ser realista, no podemos exigir cosas imposibles
  • Debe ser clara, hay que saber que se ha entendido
  • Debe ser despersonalizada, no juzgamos a la persona sino al acto o al comportamiento

Como hemos dicho, las normas en una familia pueden ser distintas en otras y esto no hay que ponerlo en tela de juicio ni tiene que ser motivo de conflicto. Pongamos un ejemplo: Un niño comenta en casa que a su amigo Miguel le dejan ver la televisión después de cenar. En su casa tienen por norma no ver la tele después de las ocho de la tarde, pero el niño, como tiene el deseo de ver la tele, pues intenta por todos los medios conseguirlo.

¿Qué podríamos hacer? Explicarle que cada familia tiene sus normas y que no todas son las mismas sin juzgar a la otra familia, y luego en todo caso, negociar con nuestro hijo si puede o no ver la televisión ese día después de cenar.

Ya hemos dicho que las normas pueden ser volubles, algunas que no consideramos importantes se pueden cambiar o negociar. Para ello es interesante pensar en ellas y saber cuáles son fundamentales y cuáles no.

Si bien en la etapa infantil apenas hay negociación en las normas, durante la adolescencia es más habitual negociarlas y también es importante tener claro cual será la consecuencia de incumplirla.

Los límites, en cambio, no se modifican, son constructos que se establecen sin discusión, son una prohibición clara. Por ejemplo: no agredir a otra persona física o verbalmente; no pedir las cosas gritando y sin respeto… etc. Son generalmente normas que rigen en sociedad y que van a ser penalizadas si se incumplen también en otros contextos sociales.

La familia es el primer lugar de prueba de normas y límites, lo normal es que sea en este contexto en el que los niños intenten saltarlas o retarlas constantemente. Ahí es donde los adultos juegan el importante papel de ayudarles en el aprendizaje de las mismas con tranquilidad, empatía y amor.

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