Terapia Infantil

La Terapia Infantil persigue evaluar y tratar los problemas diagnosticados utilizando una serie de técnicas dirigidas a la eliminación de los síntomas. Un apoyo que emprenderá el aprendizaje de estrategias que ayudarán al niño, no sólo a resolver el problema principal, sino también a relacionarse con el mundo de manera eficaz, favoreciendo así, un crecimiento pleno y feliz.

¿Qué es la psicología infantil y en qué casos puede ayudar?

Qué es la psicología infantil

Cuando pensamos en la palabra “psicología”, es fácil que nos venga a la mente la imagen de una persona adulta recibiendo la asistencia de algún profesional de la psicoterapia.

Sin embargo, no hay que olvidar que el trabajo de los psicólogos no se limita a las preocupaciones y los problemas típicos de quienes hace tiempo que han dejado atrás la adolescencia. La infancia es una etapa clave en la que la psicología centra buena parte de su atención.

En este artículo veremos qué es la psicología infantil, cuáles son las áreas de trabajo en las que interviene, y cómo se plasma tanto en el ámbito de la psicoterapia como en el de la educación.

Si necesitas terapia infantil, ponte en contacto con nosotros.

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Psicología infantil: qué es y para qué sirve

Tal y como su nombre indica, la psicología infantil es la rama de la psicología que se centra en el bienestar de los niños y niñas en los niveles emocional, cognitivo y comportamental.

El objetivo de la psicología infantil es mejorar la calidad de vida de los niños y niñas en lo referente a la manera en que interpretan lo que les sucede

Muchas veces, los profesionales de la psicología infantil también son expertos en el trabajo con jóvenes que se encuentran en la etapa vital de la adolescencia (iniciada aproximadamente a los 11 años de edad), aunque en otras ocasiones se distingue entre psicología infantil y psicología infanto-juvenil para evitar confusiones.

El objetivo principal del psicólogo infantil tiene que ver con que los niños y niñas con los que trabaja mejoren su calidad de vida en lo referente a su manera de interpretar lo que les ocurre y de interactuar con el entorno, si bien una consecuencia de esto es que también se mejora el estado de bienestar de sus padres y madres y de su entorno familiar cercano.

Sin embargo, en ciertos casos los psicólogos especializados en esta rama pueden recomendar realizar terapia familiar para intervenir en un problema de tipo relacional, si creen que el problema del niño o niña se debe más al funcionamiento de la familia y no tanto a su manera de comportarse aisladamente.

Por otro lado, el trabajo de los psicólogos infantiles suele orientarse a la calidad de vida de los más pequeños en un sentido general, aunque también puede darse el caso de que ciertos profesionales se especialicen mucho más en un aspecto del bienestar infantil en concreto.

Es decir, que también en la psicología infantil encontramos sub-categorías de trabajo que sirven para darnos una idea de las diferentes funciones y objetivos que agrupa esta disciplina.

La terapia infantil y el acompañamiento en el aprendizaje

Dentro de la psicología infantil encontramos una división fundamental: la psicoterapia infantil y la psicología infantil centrada en la educación y los procesos de aprendizaje.

Si bien esta división en dos es hasta cierto punto artificial dado que la psicoterapia también se basa en última instancia en procesos de aprendizaje, nos ayuda a tener en mente lo diferente que resulta en un contexto clínico o terapéutico, por un lado, y en el contexto del progreso en la educación y en los centros escolares, por el otro.

Los psicólogos infantiles cuyo ámbito de trabajo es el de la terapia para niños y niñas ejercen en un contexto en el que los padres y madres han asistido a consulta preocupados por un problema que en muchas ocasiones no tiene que ver solo con el desempeño del menor en la escuela, sino que afecta también a su estado anímico y emocional o a su comportamiento en casa.

El trabajo de los psicólogos infantiles resulta necesario para evitar que los niños tengan que enfrentarse solos a posibles trastornos psicológicos, cuya gestión por su parte puede causar problemas añadidos

De esta manera, el psicólogo infantil ofrece tratamiento a pacientes que ya en su infancia pueden estar desarrollando trastornos como el TDAH, la enuresis, los trastornos de aprendizaje y del desarrollo como la dislexia, el trauma infantil, etc.

Por otro lado, los psicólogos infantiles que trabajan en contextos escolares o en centros educativos de otro tipo no tienen por qué trabajar con niños y niñas con trastornos psicológicos, sino que se centran más bien en los estilos de aprendizaje y en la organización para el estudio que han adoptado los menores.

Esta es una rama muy relacionada con la psicopedagogía, y por ello se trabaja tanto exponiendo a los pequeños a experiencias que les ayuden a mejorar en ciertas aptitudes como potenciando maneras alternativas de estudiar y de interactuar con los contenidos escolares.

Eso sí, en psicología infantil los profesionales trabajan siempre en constante comunicación con las familias de los niños; no solo para informarles acerca de lo que pasa en las sesiones, sino también para darles pautas de educación y crianza que deben seguir en casa para que se puedan alcanzar los objetivos fijados en las primeras visitas.

Beneficios de contar con un psicólogo infantil

Las ventajas y beneficios de poder contar con los servicios de un psicólogo infantil pueden ser resumidas en lo siguiente:

 

1. Aportan detección temprana de trastornos psicológicos

La infancia es la etapa de la vida en la que el desarrollo psicológico de las personas cambia de una manera más rápida, tanto para bien como para mal.

Además, dado que en los primeros años se forman muchos de los rasgos psicológicos del ser humano, es importante que este desarrollo se produzca del modo más armonioso posible, dada la vulnerabilidad de los pequeños y su incapacidad para adaptarse a los problemas tal y como un adulto lo haría.

Por eso, el trabajo de los psicólogos infantiles resulta necesario para evitar que los niños tengan que enfrentarse solos a posibles trastornos psicológicos, cuya gestión por su parte puede causar problemas añadidos como estilos de apego inadecuados, desarrollo de una autoestima muy baja, traumas y otros trastornos de ansiedad vinculados al malestar experimentado, etc.

2. Permiten sacarle partido a la escuela

La escuela es un lugar en el que se da la oportunidad de interiorizar habilidades y competencias fundamentales para tener una buena vida en la adultez y llegar a ser un ser humano autónomo.

Los psicólogos infantiles facilitan sacarle partido a este entorno, sin dejar que los sentimientos de inferioridad y las creencias irracionales acerca de uno mismo y los demás lleven a los niños a ver la obligación de estudiar como una penitencia o un recordatorio de sus defectos.

3. Ayudan a fortalecer vínculos afectivos

Contribuir a que un niño o niña sea feliz y se sienta bien con su vida hace más fácil que su relación con los padres sea buena.

Y es que por mucho que se quiera a un hijo o hija, las relaciones familiares no son lo mismo si cada día hay episodios de crisis de ansiedad, pataletas, frustraciones y lloros incontrolables que persisten; esa manera de convivir puede estar alimentando el sufrimiento de los pequeños y de sus padres.

 

4. Les quita cargas innecesarias a los padres

No todo es cuestión de esforzarse al máximo para hacer felices a los hijos; lo importante es esforzarse del modo adecuado, dado que a veces con menos tiempo y recursos se consiguen mejores resultados que apostando ciegamente por el sacrificio de uno mismo.

La figura del psicólogo infantil sirve entre otras cosas para llevar a los padres y madres por la manera adaptativa de criar y educar, haciendo un uso inteligente del tiempo y de las propias capacidades y sin caer en el error de aplicar estrategias costosas que no funcionan.

 

Referencias bibliográficas:

Morris, C. (1997). Introducción a la Psicología (Novena edición edición). Prentice Hall.
Vidales, I. (2004). Psicología general. México: Limusa.

Los problemas de conducta en la infancia

Los problemas de conducta en la infancia

Los enfrentamientos entre padres e hijos suelen ser muy habituales en el desarrollo del niño a medida que va creciendo y va poniendo a prueba sus nuevas habilidades de comunicación. problemas de conducta infancia pueden ser un gran problema que amenaza la armonía en casa.

No obstante, aunque es normal que puedan darse algunas discusiones y surgir problemas entre los miembros de la familia, si estas dificultades son demasiado frecuentes y/o se alargan en el tiempo, podrían llegar a ser algo más que simples disputas en el seno familiar convirtiéndose en problemas de conducta serios.

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¿Cuáles son los problemas de conducta típicos de la infancia?

Los comportamientos negativos más comunes en los niños y adolescentes son los siguientes.

Rabietas

Cuando no consiguen lo que quieren tienden a gritar, patalear y llamar la atención en general. En adolescentes, pueden aparecer conductas agresivas si no consiguen su objetivo.

Mutismo

Cuando guardan silencio o responden sólo con monosílabos impidiendo la comunicación en la familia.

Demanda constante de atención

Cuando necesitan que se esté pendiente de ellos en todo momento, observando todo lo que hacen o jugando siempre con ellos, sin dejar apenas espacio o tiempo para los adultos.

Poca autonomía

Cuando no son capaces o no quieren hacer cosas propias de su edad y siempre demandan que los padres sean quienes lo terminen haciendo. No hay que olvidar que cualquier extremo es negativo. Por lo tanto,el exceso de autonomía también puede ser un problema, ya que el niño debe seguir un aprendizaje paulatino según su edad y su desarrollo.

Poca atención

Cuando parece que no atienden a lo que se les dice, no escuchan, o si escuchan no hacen las cosas que se les piden.

Las disputas en el seno familiar son un motivo habitual de consulta de las familias que se ven desbordadas por ciertas conductas de sus hijos que no saben cómo afrontar

 

Técnicas para eliminar las conductas perjudiciales

Estos comportamientos negativos que se dan en la infancia en ocasiones no permiten a los niños interactuar con los otros de una manera adecuada. Es decir, cuando los niños interactúan con otros en forma de provocaciones, violencia verbal o física, con burlas, etc, de forma habitual, decimos que tiene un comportamiento desadaptado.

Existen técnicas básicas para eliminar este tipo de comportamientos que podemos utilizar para hacer desaparecer estas conductas poco a poco. Las más habituales son:

Retirada de atención

Se basa en no reforzar una conducta. Por ejemplo:

María empieza a llamar la atención diciendo constantemente palabrotas, insultos, etc. Si nuestra respuesta es no prestarla atención o hacer como que no entendemos lo que dice cuando habla así, la conducta irá desapareciendo. Cuando María se esfuerza por pedirnos las cosas de otra manera, sin insultos, estaremos atentos para reforzar la conducta positiva.

Es habitual que al principio estas conductas empeoren, pero si no cejamos en el intento, obtendremos resultados positivos, porque en este caso, María tiene que reaprender que las cosas se pueden pedir de otra manera.

Tiempo fuera

Este tipo de técnica consiste en privar al niño de un refuerzo por un corto espacio de tiempo (1-5 minutos) de las actividades que estaba haciendo y de las personas con las que estaba. Pongamos un ejemplo: a María le gusta molestar a sus hermanos, padres, etc cuando éstos están haciendo una actividad (ver una película, jugar) y aumenta en intensidad impidiendo a los demás realizar su actividad. Se utiliza cuando la advertencia verbal ya no sirve de nada. En este caso, apartaremos a María de la actividad y se la retira a un lugar neutro, que tampoco produzca pavor. Es importante explicarle justo antes por qué lo hacemos y qué es lo que no queremos que haga. Esta técnica se tiene que utilizar de forma firme y sistemática hasta que desaparezca la conducta. Pasado el tiempo acordado, se le lleva a realizar una actividad que sea positiva y que reforzaremos.

Técnica de Premark

Consiste en asociar una acción desagradable a otra que sea agradable y que se da justo a continuación, y en este orden. Esta técnica se basa en que toda conducta que recibe un premio tiende a repetirse, con lo cual, aumenta la posibilidad de que se repita en el futuro. Por ejemplo: María no quiere recoger sus juguetes, pero si lo hace, después podrá jugar a la plastilina, que es su juego favorito. Como veis, la actividad que viene a continuación funciona como refuerzo para realizar la anterior.

El castigo

Supone la aparición de una consecuencia desagradable por una conducta no adecuada. Solo se debe utilizar esta técnica cuando la conducta perjudica a los demás (agresiones físicas y sistemáticas) o para él mismo (cruzar la calle sin mirar). Debe ser utilizado inmediatamente después de la conducta inapropiada, y también debe ser corto aunque intenso. También hay que tener en cuenta que debe ser usado como último recurso para hacer desaparecer una conducta porque puede provocar respuestas emocionales de ansiedad, miedo…etc. Si se utiliza con frecuencia puede originar inseguridad y un mal concepto de sí mismo. Pongamos un ejemplo: María ha pegado con un palo a un amigo en el parque y sus padres han decidido que ya no puede seguir jugando y se marchan, o bien deciden que esta tarde ya no podrá ver sus dibujos preferidos.

Es importante que se ofrezca un modelo adecuado. El adulto debe comportase de manera habilidosa para que el aprendizaje sea eficaz (resolver conflictos dialogando, saber conversar, expresar sus emociones de manera adecuada, defender sus derechos sin ofender a los demás…etc) esto asegura unas buenas habilidades sociales en el futuro.

 

La importancia de establecer normas y límites para tus hijos

normas y límites para tus hijos

Es muy común en terapia encontrar familias que acuden a consulta porque la situación familiar con los hijos les desborda, les altera y se sienten incapaces de hacer seguir una serie de normas que a menudo se van incumpliendo llevando la convivencia a una situación incontrolada. Hoy vamos a hablar del establecimiento de establecer normas y límites para tus hijos, esenciales para que la convivencia en familia sea armoniosa y tranquila.

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Normas y límites para los hijos: ¿cómo establecerlos correctamente?

La convivencia en sociedad hace imprescindible el aceptar una serie de normas para que ésta sea posible. Las normas no son más que unas reglas que se aprueban de modo conjunto entre los miembros de una comunidad para el buen funcionamiento de esa comunidad. Es cierto que no todas las personas tenemos las mismas normas en nuestro núcleo de convivencia, por ejemplo: una familia puede establecer la norma de no poner los pies en el sofá y otras no creen necesario establecer esa norma. Así podemos entender que no todas las normas son iguales para todos.

Las normas pueden ser diferentes en cada medio familiar, y por lo tanto pueden variar de un contexto a otro; no ocurre lo mismo con los límites.

Esto no pasa con los límites. Los límites son normas que no se puede rebasar y que tienen también una penalización a nivel social. Muchas tienen relación con el comportamiento en sociedad. Por ejemplo: no molestar a los demás, no insultar, hablar con respeto son límites comunes y generalmente cuando éstos de sobrepasan, hay un rechazo que es común en el núcleo familiar y en el entorno social.

Establecer normas y límites es importante porque, por una parte, a nivel personal, nos ayudan a manejar las situaciones de frustración y nos preparan para la convivencia, las cosas no son muchas veces como nos gustaría que fueran; y por otra parte dan seguridad en la etapa infantil y adolescente y permiten desarrollarse libremente dentro de ese entorno seguro por estar acotado, mejorando la autoestima, la empatía y en general las habilidades sociales.

 

Cómo establecer normas y límites

Normalmente, establecemos normas y límites en casa desde que los niños son pequeños a través de rutinas que se van interiorizando de manera natural: lavarse las manos antes de comer, cepillarse los dientes después de cenar, recoger la habitación después de jugar o hacer la cama a diario son normas que se establecen sin necesidad de una pauta directa. Sin embargo, cuando los niños comienzan a ser más mayores, las normas y los límites se tienen que establecer de forma clara y comprensible.

Para establecer una norma hay que tener en cuenta que:

  • Ser realista, no podemos exigir cosas imposibles
  • Debe ser clara, hay que saber que se ha entendido
  • Debe ser despersonalizada, no juzgamos a la persona sino al acto o al comportamiento

 

Como hemos dicho, las normas en una familia pueden ser distintas en otras y esto no hay que ponerlo en tela de juicio ni tiene que ser motivo de conflicto. Pongamos un ejemplo: Un niño comenta en casa que a su amigo Miguel le dejan ver la televisión después de cenar. En su casa tienen por norma no ver la tele después de las ocho de la tarde, pero el niño, como tiene el deseo de ver la tele, pues intenta por todos los medios conseguirlo.

¿Qué podríamos hacer? Explicarle que cada familia tiene sus normas y que no todas son las mismas sin juzgar a la otra familia, y luego en todo caso, negociar con nuestro hijo si puede o no ver la televisión ese día después de cenar.

Establecer una prioridad

Ya hemos dicho que las normas pueden ser volubles, algunas que no consideramos importantes se pueden cambiar o negociar. Para ello es interesante pensar en ellas y saber cuáles son fundamentales y cuáles no.

Si bien en la etapa infantil apenas hay negociación en las normas, durante la adolescencia es más habitual negociarlas y también es importante tener claro cual será la consecuencia de incumplirla.

Los límites, en cambio, no se modifican, son constructos que se establecen sin discusión, son una prohibición clara. Por ejemplo: no agredir a otra persona física o verbalmente; no pedir las cosas gritando y sin respeto… etc. Son generalmente normas que rigen en sociedad y que van a ser penalizadas si se incumplen también en otros contextos sociales.

La familia es el primer lugar de prueba de normas y límites, lo normal es que sea en este contexto en el que los niños intenten saltarlas o retarlas constantemente. Ahí es donde los adultos juegan el importante papel de ayudarles en el aprendizaje de las mismas con tranquilidad, empatía y amor.

 

El duelo en la infancia: ¿qué es y qué fases tiene?

duelo en la infancia

Dentro de los procesos de crisis que afectan a las personas, el duelo en la infancia es sin duda de gran trascendencia. Como ya habéis leído en otro post, es una forma de adaptación a una pérdida que no se refiere solo a un ser querido, si no también a otras situaciones de pérdida: de pareja, trabajo, amistades, etc.

En función de la madurez y la edad, la cultura o las circunstancias en las que se produce, el duelo se manifiesta de forma diferente. En este sentido, existen variedad de factores que afectan a cómo se vivencia el duelo (características en que se da; los recursos que cada uno posee para afrontarlo; el vínculo afectivo con el objeto de la pérdida; la disponibilidad de apoyos; la posibilidad de expresar la pérdida… etc.)

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Cómo ayudar a superar una pérdida durante la infancia

Durante la etapa infantil y adolescente, las emociones que desarrollan los niños en el periodo de duelo son más intensas y arbitrarias que en los adultos. Es importante que durante el duelo, se establezca una buena relación con la persona que lo padece y demostrar una buena escucha activa. Es importante favorecer la comunicación y la expresión de sentimientos y también dar información de cómo funciona el duelo. Si la persona tiene deseos de buscar en el pasado hay que dejarle indagar y no hacer hincapié en que se centre en el futuro o en el presente.

 

En el caso concreto de los niños/as es recomendable:

    • No ocultar la pérdida ni presuponer que los niños no son conscientes o que no se van a enterar de nada; el niño percibe que a su alrededor ocurre algo, y al ocultárselo, no puede identificar qué es, con lo cual se pueden generar pensamientos de culpa debido al concepto de justicia inmanente (ha pasado algo muy malo y debe ser porque yo he hecho algo mal).
    • Responder a todas las dudas en la medida de lo posible, adaptándolo a su edad y madurez, eliminando toda la responsabilidad sobre lo sucedido, y dejando claro que la persona ausente no va a volver, es para siempre.
    • Usar siempre explicaciones que pueda entender, igual que antes, ajustándolo a su edad, procurando no utilizar elementos sobrenaturales e incomprensibles.
    • Modificar lo menos posible las rutinas habituales.
    • Ofrecer afecto y apoyo incondicional, empatizando con el niño (estoy aquí cuando necesites mi ayuda).

 

Fases del duelo en la infancia

John Bowlby, psicólogo destacado en la Teoría del Apego, fue pionero en establecer las fases del duelo durante la infancia. Bowlby determinó las siguientes fases:

      • Embotamiento. Fase de aturdimiento e incapacidad de aceptar la noticia, pueden sentirse diferentes emociones contrapuestas como ira y júbilo; habla de una duración de unas 3 semanas, normalmente menos. La persona está en estado de shock.
      • Anhelo y búsqueda de la figura perdida. Durante esta fase, hay conciencia de la realidad, momento en que se padecen crisis de desesperación y llanto y sensación de que el desaparecido está vivo; tendencia a buscar y recuperar la figura perdida. En esta fase es habitual visitar la tumba, examinar fotografías, etc. Y puede surgir un impulso de búsqueda que puede ser consciente o no; en ocasiones hay ira dirigida a la persona perdida, pero es más frecuente contra familiares, médicos, funcionarios… también puede tomar la forma del autorreproche.
      • Deseperación. El dolor deja de manifestarse de manera externa y pasa a convertirse en un sentimiento de tristeza. Determinadas situaciones pueden provocar de nuevo el llanto y/o la ira, pero ya no es el comportamiento habitual.
      • Reorganización (desapego). Se asume la ausencia como definitiva, superándose la pérdida. Durante esta fase, desaparecen los trastornos del sueño como el insomnio y las alteraciones emocionales.

 

Hablamos de duelo normalizado cuando se pasa por las diferentes fases (negación, enfado, tristeza y aceptación), pero también se habla de duelo patológico cuando es muy prolongado e intenso o de duelo en negación cuando se retrasa o se inhibe. En algunas ocasiones existen elementos que dificultan un duelo normalizado, por ejemplo, cuando la pérdida es inesperada, repentina o bien múltiple; en situaciones de catástrofes; cuando existen problemas económicos y de aislamiento social, etc.

 

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Depresión en la infancia y adolescencia: síntomas de alerta

Depresión en la infancia

Depresión en la infancia y adolescencia: síntomas de alerta. En la adolescencia, los síntomas de la depresión se suelen parecer más a los de los adultos, sin embargo en la etapa infantil no sucede lo mismo. En los niños la tristeza se suele manifestar como irritabilidad y hay una mayor conexión con otros trastornos.

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Síntomas de la depresión en niños y adolescentes

Es importante estar atentos cuando un niño o adolescente presente alguna de las siguientes características:

  • Está triste o llora con facilidad.
  • Pierde el interés por sus juegos preferidos.
  • No desea ir a la escuela.
  • Se aleja de sus amigos.
  • Presenta una comunicación pobre.
  • Se cansa o se aburre con facilidad.
  • Presenta menos energía en las actividades diarias.
  • Le cuesta concentrarse.
  • Se muestra muy irritable ante pequeñas frustraciones.
  • Tiene rabietas con más facilidad y regularidad.
  • Expresa baja autoestima despreciando a otros o a él mismo.
  • Elige finales tristes para sus juegos.
  • Se comporta agresivamente.
  • Come mucho o muy poco.
  • Se lastima, lastima a otros o lastima a animales.
  • Se queja constantemente de dolores de cabeza.
  • Tiene problemas para dormir o desea dormir con los padres.
  • Tiene actitudes como si “regresara” a una etapa anterior de su desarrollo, como chuparse el dedo u orinarse en la cama.
  • Habla de muerte, de suicidio (esta característica no es habitual en niños).
  • Deterioro en los estudios y ausencias frecuentes de la escuela.

 

Si detectas algunos de estos síntomas, lo mejor es hablar con el niño/a y estar alerta para ver qué puede estar pasando, pues también el acoso escolar, problemas en la familia etc, pueden ser sinónimo de que algo no marcha bien.

 

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El niño negativista: ¿qué síntomas presenta y cómo tratarlo?

niño negativista

El niño/a negativista se caracteriza por el “no a todo”. Hay ocasiones en las que el niño se comporta con una actitud de oposición, como si tratara de saltarse los límites bien por llamar la atención, bien por que busca y tantea hasta dónde puede llegar y que está bien o qué está mal.

A lo largo del desarrollo, pasar por etapas donde la oposición y el negativismo predomina, es perfectamente normal. En estos casos el niño simplemente busca los límites y el adulto ha de establecerlos. Pero en ocasiones, cuando esta etapa se mantiene en el tiempo y parece formar parte de la cotidianidad en casa, podemos encontrarnos ante un trastorno negativista que ha de atenderse.

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¿Qué hacer cuando el niño dice “no” a todo?

Es muy probable que cuando un niño persiste en el no a todo, esté recibiendo una atención extra que mantiene su conducta, además de un trato de favor por el que al final evita hacerse cargo de sus responsabilidades.

De este modo, si cada vez que sus juguetes están sin recoger sabe que si persiste en decir no, los padres acaban recogiéndolos además de pasar un buen rato detrás de él, no tendrá ningún problema en generalizar esta conducta a todo lo que sean sus obligaciones. Con el tiempo este modo de relacionarse se establece como la normalidad, por lo que el niño va perdiendo autonomía y la autoestima se resiente.

 

Consejos para padres con niños negativistas desafiantes

  • Lo primero que habrá que hacer es extinción al no, es decir, no prestar atención cada vez que su respuesta sea negativa, además de reforzar sus respuestas cuando sean positivas o colabore en tareas. El objetivo es ir cambiando el mantenimiento de la atención a las conductas que son positivas, sin que consiga llamar nuestra atención cada vez que su respuesta es negativa.
  • A medida que colabora y se siente más autónomo la autoestima aumenta, esto unido a nuestro refuerzo cada vez que nos ayuda o colabora, hace más probable que disminuya el negativismo.
  • Es importante empezar por responsabilidades pequeñas, como acercarnos un vaso o darnos su servilleta, para luego ir implicándole en tareas mayores poco a poco, como ayudarnos a poner o recoger la mesa.
  • Si al principio, ante la retirada de atención o extinción, hay rabietas y lloros, es muy importante mantenernos en nuestra actitud, ya que de no ser así valorará que negarse es la manera más útil de conseguir atención y que sólo hay que persistir un poco más.

 

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperáctividad (TDAH), se caracteriza por conductas de nerviosismo, impulsividad y falta de concentración. De origen neurobiológico, se están estudiando factores genéticos y ambientales en su aparición.

Los síntomas suelen observarse antes de los siete años y se da con más frecuencia en niños que en niñas.

 

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Tipos de Trastorno por déficit de atención con hiperactividad

Se reconocen hoy día tres subtipos de TDAH:

  • Inatento: se caracteriza por predominar la falta de atención y concentración en las tareas. Se da más a menudo en niñas y su diagnóstico es más difícil al carecer de síntomas más visibles.
  • Hiperactivo-impulsivo: las conductas de nerviosismo e hiperactividad con falta de control del impulso predominan.
  • Mixto: se manifientan los síntomás de los subtipos anteriores, combinándose la inatención e hiperactividad con bajo control del impulso. Este subtipo es el más frecuente.

 

Síntomas y señales

Las relaciones sociales y familiares, además de la adaptación escolar se ve muy afectada en el niño con TDAH, debido a lo pronunciado de la sintomatología, afectando seriamente en su autoestima y llevando en ocasiones a la aparición de depresión, reto del tratamiento del psicólogo infantil.

 

Las conductas de oposicionismo, despistes, impaciencia, verborrea, irritabilidad y no control del impulso, conlleva dificultades y problemáticas en el entorno escolar, con los compañeros y la propia familia. Por todo esto es importante su diagnóstico temprano, con el objetivo de favorecer los aprendizajes y habilidades sociales que atenúen los síntomas y suavicen su incidencia en la adolescencia y edad adulta.

 

Acoso escolar o bullying: ¿qué es y qué hacer ante un caso así?

Acoso escolar o bullying

El acoso escolar o bullying (término en inglés) hace referencia al maltrato psicológico y/o físico que sufren algunos niños y adolescentes en la etapa escolar. Se suele dar en el centro educativo, donde los niños pasan la mayor parte del tiempo.

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¿Qué es el acoso escolar o bullying?

Cuando un niño es acosado, sufre un hostigamiento reiterado por parte del acosador, en forma de abuso, intimidación, amenazas, humillaciones y/o maltrato físico como vapuleo, golpes, patadas, tirones de pelo, empujones… La desproporción y asimetría de fuerzas respecto al acosador o grupo que acosa, dificulta la capacidad de reacción frente al maltrato.

Es fundamental detectar cuando un niño o adolescente está sufriendo acoso escolar o bullying, ya que las consecuencias sobre su autoestima, desarrollo afectivo y social son muy serias.

Esta situación sufrida día tras día y sin capacidad de defensa, genera obligatoriamente un estado de indefensión aprendida: estar sometido a una fuente de estrés o agresión impredecible y sobre la que nuestro comportamiento no tiene control -no depende de nada que haga o deje de hacer, la agresión o castigo se dará de un momento a otro-.

Este estado de alerta mantenido en el tiempo puede derivar en depresión, baja autoestima, ansiedad anticipatoria, ansiedad social, desconfianza, fobia al colegio y desmotivación en los estudios. En los casos más severos puede, como desgraciadamente ya sabemos, llevar al suicidio.

Pensemos además que el niño o adolescente está conformando su personalidad y que no ha tenido tiempo aún de definirse y reconocer muchas de sus emociones. Tampoco ha desarrollado todas las estrategias de afrontamiento o herramientas para afrontar el estrés, por lo que es muy importante detectar cualquier situación de acoso escolar o bullying, dada la baja posibilidad que el niño o adolescente tiene para defenderse y lo serio de su repercusión.

En el futuro, haber vivido un acoso durante mucho tiempo en la escuela puede afectar al mantenimiento y desarrollo de las relaciones sociales, la afectividad, la estabilidad emocional y desde luego en la valoración personal o autoestima.

 

Algunas señales de acoso escolar

  • Cambios de carácter, irritabilidad, llantos injustificados o repentinos, susceptibilidad, etc.
  • Cambios en los hábitos de alimentación: come menos o muy poco, come demasiado.
  • Problemas para conciliar el sueño, se despierta sobresaltado, pesadillas.
  • Desánimo, tristeza, evita relacionarse en casa y/o huye de las relaciones sociales.
  • Pone excusas para ir al colegio.
  • Presenta heridas, maratones o magulladuras.
  • Vuelve a casa con prendas de vestir rotas o a menudo le desaparecen objetos.

 

En muchas ocasiones estas conductas no se perciben porque la mayoría de los niños que sufren acoso tratan de ocultarlo por miedo a las represalias, a parecer “débiles” ante sus mayores o a ser culpados de la situación.

Una pobre comunicación en casa facilita la ocultación y el miedo a ser juzgado o “dar problemas”. Al acoso se añade entonces la soledad ante el problema.

 

Tipos de acoso escolar o bullying

1. Social

Prohibir jugar en grupo, hablar con otros o intentar aislar al niño en sus relaciones, impidiendo estar en un grupo para anular su red social de amigos.

La manipulación, el niño acosado puede ser manipulado por el agresor de tal manera que adquiere etiquetas para contribuir al rechazo por parte de otros compañeros.

2. Psicológico

Insultar, ridiculizar, faltar al respeto de manera reiterada.

Obligar al acosado desde la coacción a realizar acciones humillantes.

También intimidar para inducir al miedo a través de amenazas.

3. Físico

Todo tipo de violencia física como empujar, pellizcar, tirar del pelo, golpes, patadas, vapuleo…

¿Quién acosa en la escuela?

En la mayor parte de los casos los agresores se desenvuelven en entornos donde aprenden modelos de comunicación y comportamiento agresivos o de lucha de poder como forma de establecer el vínculo y la autoestima. La baja o nula comunicación en casa junto a la pasividad parental o la desestructuración familiar, bien pueden llevarle a suplir la necesidad de pertenencia al grupo buscando el apoyo y complicidad de los compañeros desde la fuerza, como forma de identificarse y sentirse integrado en un entorno social.

En otras ocasiones hay un exceso de sobreprotección o falta de límites que genera una baja tolerancia a la frustración.

No han desarrollado la capacidad de empatizar y suelen buscar el refuerzo a corto plazo e inmediato ante las necesidades. Se autoafirman generando miedo y buscan la complicidad del grupo para apoyar su autoestima. De este modo el acoso se suele dar con la complicidad del grupo y en muchas ocasiones la imitación, lo que acusa la asimetría de fuerzas con respecto al acosado.

Qué hacer si detectas que tu hijo está siendo acosado

  • Ponlo en seguida en conocimiento de los profesores, ellos pueden hacer mucho desarrollando actividades de equipo en el aula y en coordinación con la psicóloga o psicólogo del centro buscarán un plan de actuación.
  • Muestra todo tu apoyo a tu hijo, sin obligarle a hablar pero transmitiéndole que estás ahí para cualquier cosa que necesite o quiera contarte.
  • Refuerza sus logros y exprésale tu cariño verbal y físicamente.
  • Busca momentos de juego y ocio juntos, donde sienta que tiene toda tu atención.

 

Estos puntos son los mismos en caso de que detectes que tu hijo está agrediendo o está siendo cómplice de acoso en la escuela.

 

Prevenir el acoso escolar

Educar en valores sobre el respeto a los demás, a la diferencia, fomentando la empatía y el trabajo en equipo dentro del aula; comunicarse en casa y escuchar al niño y adolescente mostrándole respeto ante sus opiniones, ideas y necesidades o saber establecer límites y saber frustrar cuando es necesario, son claves que previenen de la agresividad en la escuela y ayudan a desarrollar un modo asertivo de relacionarse con el otro y su entorno.

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Depresión Infantil: causas, síntomas y señales

Depresión Infantil causas síntomas y señales

Se habla poco de la depresión infantil y apenas se tiene en cuenta, ya que muchos de sus síntomas no corresponden con la de los adultos.

¿Cómo es la depresión infantil?

El niño con depresión no tiene por qué manifestar tristeza o apatía, si no que a menudo la expresa con irritabilidad, mal comportamiento e hiperactividad, por lo que a veces pasa desapercibida o se confunde con un trastorno por déficit de atención. En la adolescencia, los síntomas de la depresión se suelen parecer más a los de los adultos, sin embargo en los niños no sucede lo mismo.

Es importante estar atentos a algunos de los de las siguientes síntomas, si se mantienen en el tiempo:

  • Pierde el interés por sus juegos preferidos.
  • No desea ir a la escuela.
  • Se aleja de sus amigos.
  • Presenta una comunicación pobre.
  • Se cansa o se aburre con facilidad.
  • Presenta menos energía en las actividades diarias.
  • Le cuesta concentrarse.
  • Se muestra muy irritable ante pequeñas frustraciones.
  • Tiene rabietas con más facilidad y regularidad.
  • Expresa baja autoestima despreciando a otros o a él mismo.
  • Elige finales tristes para sus juegos.
  • Se comporta agresivamente.
  • Se queja constantemente de dolores de cabeza.
  • Come mucho o muy poco.
  • Tiene problemas para dormir o desea dormir con los padres.
  • Tiene actitudes “regresivas” a una etapa anterior de su desarrollo, como chuparse el dedo u orinarse en la cama.
  • Deterioro en los estudios y ausencias frecuentes de la escuela.
  • Está triste o llora con facilidad.
  • Se lastima, lastima a otros o lastima a animales.

 

Sabemos hoy que la capacidad de relacionarse y la calidad de las relaciones sociales del niño, son fundamentales a la hora de prevenir o tratar una depresión.

 

Síntomas y señales

La psicóloga Victoria del Barrio, en su libro “Depresión infantil”, 1997. Ed. Ariel, afirma que el adulto no cree que el niño pueda tener depresión al carecer de responsabilidades pero no es así, el niño tiene más responsabilidades de las que pensamos y además, en su modo de entender el mundo, muchas responsabilidades que no le corresponden se las atribuye.

El cerebro del niño no está preparado aún para entender muchas de las cosas que ocurren a su alrededor, no tiene aún la madurez emocional ni cognitiva como para digerir e interpretar situaciones, acontecimientos y mensajes que se suceden en su día a día.

La depresión infantil se caracteriza fundamentalmente por un cambio de comportamiento mantenido en el tiempo, al menos un mes, en el que desciende su capacidad para disfrutar de acontecimientos y juegos que antes le interesaban, descenso de la comunicación con los demás y disminución en el rendimiento escolar junto con protestas e irritabilidad. Además, es importante señalar que en la depresión infantil la autoestima está afectada.

Desde la fisiología, se ha observado que la hormona del crecimiento en niños con depresión está alterada, siendo más baja, así como hay un aumento de los niveles de cortisol, la hormona del estrés.

 

Prevención y tratamiento

Sabemos hoy que la capacidad de relacionarse y la calidad de las relaciones sociales del niño, son fundamentales a la hora de prevenir o tratar una depresión. Problemas de comunicación con los padres o una mala relación con los compañeros de clase, son determinantes para la autoestima y estado de ánimo del niño..

Que el niño desarrolle una comunicación basada en la asertividad, así como la autoeficacia e independencia a la hora de realizar pequeñas tareas, generará una base de autoestima que le proteja de la depresión o le ayude a superarla.

 

Nuestra Terapia Infantil

 

¿Qué es el Mutismo? Causas, síntomas y tratamiento

mutismo

Podríamos definir el mutismo selectivo como la expresión de una ansiedad social, a edad muy temprana, antes de los cinco años, por la que el niño deja de hablar y de comunicarse en contextos sociales que no considera seguros, aún cuando su adquisición del lenguaje es normal, entiende y habla perfectamente pero sólo en contextos en los que no siente ansiedad, como puede ser en casa y con familiares. Se diferencia del mutismo en que éste se generaliza a cualquier contexto social, incluida la familia.

El niño que muestra mutismo selectivo suele ser tímido y evitativo, aunque se han observado grados en la intensidad de los síntomas. Así, hay niños que aunque inhiben el habla en clase, juegan y se relacionan con sus compañeros y niños que además de no hablar, rehuyen del contacto social.

Nuestra Terapia Logopeda

 

Síntomas

Según el Manual de Psicodiagnótico DSM-IV-TR, algunos de los síntomas que encuadran el mutismo selectivo son:

  • Inhibición persistente del habla en situaciones sociales, a pesar de la correcta adquisición y uso del lenguaje en otras situaciones, durante al menos un mes.
  • Interferencia de esta inhibición en su rendimiento escolar, laboral (en un futuro) y social.
  • No existe incapacidad o falta de adquisición del lenguaje, ni se debe a trastornos de la comunicación ni del desarrollo.
  • Las causas pueden ser genéticas, al observarse en diferentes estudios antecedentes de ansiedad, depresión y fobias en familiares, así como ambientales y por aprendizaje de patrones familiares.

 

 

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