Terapia de Pareja

La terapia de Pareja persigue abordar las dificultades de relación desde la mirada neutral de un profesional. El objetivo es mejorar la calidad de la relación, trabajando desde el convencimiento de que hay que aprender a ser pareja, cuidando la relación y aprendiendo a empatizar.

Cómo salir de una relación tormentosa

Cómo salir de una relación tormentosa

Cómo salir de una relación tormentosa. Para bien y para mal, las relaciones amorosas generan vínculos fuertes que van más allá del aquí y el ahora. Si una pareja de casados empieza a discutir a gritos un día, no es raro que las muestras de afecto aparezcan de nuevo al cabo de pocas horas. Esta clase de uniones sentimentales solo se rompen si hay buenos motivos para ello.

Sin embargo, a veces los motivos para romper la relación están ahí, pero sin embargo nadie termina de dar el paso que beneficiaría a ambos; la inercia de llevar mucho tiempo juntos puede generar presión, e incluso hay casos en los que desafortunadamente lo que evita la separación es el miedo.

En este artículo veremos algunos consejos acerca de cómo salir de una relación amorosa que solo causa dolor emocional y no aporta nada, aunque no olvides que no existen recetas mágicas que funcionen para todo el mundo: debes adaptar estas pautas a vuestro caso particular.

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Consejos para ayudarte a salir de una relación tormentosa

Estas son pautas a seguir que puedes utilizar como una mini-guía para terminar con una relación que te produce dolor.

1. Párate a analizar tus motivos

Si realmente calificarías tu relación de pareja como tormentosa y consideras que el malestar que te produce no está causada por elementos externos a ella (como por ejemplo una enemistad con la familia de la persona a la que amas), entonces tienes motivos legítimos para querer romper, separarte o divorciarte. Debes tener claro que el sufrimiento no es el estado natural de una relación amorosa.

Por eso, el primer paso es comprender que los motivos por los que quieres terminar con esa relación ni dicen algo malo sobre ti, ni resultan superfluos, dado que en esta clase de vínculos afectivos las emociones lo son todo, y si las emociones que el tuyo suele despertar en ti te dañan, eso en sí mismo indica que no tiene sentido sentirse culpable por querer romper, por un lado, y que no debes esperar la aprobación de alguien más para hacerlo.

2. Valora la urgencia con la que debes romper

Salir de una relación de este tipo no es fácil, pero debe hacerse cuanto antes mejor. Eso sí, en algunos casos debe ser algo inmediato, cuestión de pocas horas o de minutos. Si crees que tu relación es tormentosa, plantéate si es porque la otra persona te ataca física o psicológicamente de maneras que vulneran tu integridad y tu dignidad. Si es el caso, independientemente de si crees que lo hace queriendo o sin darse cuenta de lo que hace, debes protegerte cuanto antes y terminar la relación enseguida, sin darle la oportunidad de manipularte.

Ten en cuenta que muchas personas que maltratan a sus parejas realizan comportamientos conocidos como gaslighting, y que consisten en hacer ver que sus ataques son fruto de la imaginación de la víctima, de manera que se exculpan y a la vez hacen sentir culpable a quien ha sido atacado. Por eso, en estos casos hay que poner énfasis en la necesidad de terminar la relación rápidamente y de manera claramente unilateral.

Si crees que romper con la relación puede hacer que la otra persona se vaya a volver más violenta o que vaya a acosar mucho más (porque en el pasado te ha demostrado que tiende a comportarse de esa manera ante la posibilidad de salir de una relación), es importante que te pongas en contacto con las autoridades, para que impidan que se acerque a ti o que te siga atacando.

3. Ponte fechas y pequeños sub-objetivos

Romper suele ser algo que exige salir fuera de la zona de confort, y por eso algunas personas lo van aplazando una y otra vez, sin ver que con eso alargan el problema y el sufrimiento. Para evitar esto, apúntate en la agenda un día y hora concretos en los que se producirá la ruptura, y si es necesario, también el día y la hora en la que debes llevar a cabo algún sub-objetivo para realizar preparativos. Por ejemplo, anota el día del momento en el que te reunirás con esa persona para comunicarle tu decisión, y el día y la hora en la que la llamarás para quedar a esa hora y en ese lugar.

Esto parece un detalle sin importancia, pero realmente marca la diferencia: si creas a tu alrededor elementos que te llevan a comprometerte con el proceso de salir de esa relación tormentosa, aumentarás mucho tus probabilidades de terminar haciéndolo bien.

4. Si puedes, apóyate en tus seres queridos

No todo el mundo siente que debe compartir sus ideas y emociones con sus amigos y familiares en situaciones como esta, pero en el caso de que sí creas que agradecerías algo así, hazlo. Incluso si eres una persona más bien cerrada y que ve con recelo abrirse acerca de sus sentimientos con los demás, lo más probable es que los demás te muestren apoyo enseguida, por mucho que no les tengas acostumbrados a esta clase de situaciones.

No hay que olvidar que existen formas de amor y de afecto de muchos tipos, y que no tiene sentido actuar como si nada profundo te uniese a esos seres queridos: precisamente, la relación que mantienes con ellos está pensada para situaciones como esta por la que pasas.

 

¿Terapia de pareja o terapia individual?

En muchos casos en los que una relación de pareja pasa por malos momentos, surgen dudas acerca de si merece la pena ir en busca de ayuda profesional para ayudar a solventar esta situación. Esto hace que algunas personas que quieren terminar una relación se planteen si deben ir a terapia de pareja o a terapia individual, para tratar sus propios problemas emocionales.

Ante dudas como esta, la respuesta es sencilla y complicada a la vez: si realmente existe una indecisión acerca de si romper o no, la terapia de pareja es una opción a tener en cuenta; pero si ya hemos tomado la decisión de terminar con ese tipo de relación, no tiene sentido ir a terapia de pareja, y en todo caso podemos ir a terapia individual si creemos que lo necesitamos. Es un error ir a terapia de pareja para tener una coartada para justificar la ruptura posterior bajo la idea de que “lo hemos intentado todo”, porque eso supone consumir tiempo y esfuerzos por parte de la persona con la que cortamos.

Nuestra Terapia de Pareja

Referencias bibliográficas:

Biscotti, O. (2006). Terapia de Pareja: una mirada sistémica. Buenos Aires: Lumen.
Christensen A., Atkins D.C., Baucom B., Yi J. (2010). Marital status and satisfaction five years following a randomized clinical trial comparing traditional versus integrative behavioral couple therapy. Journal of Consulting and Clinical Psychology. 78 (2): pp. 225 – 235.
Coe, C. L.; Wiener, S. G.; Rosenberg, L. T. y Levine, S. (1985). The Psychobiology of Attachment and Separation. Elsevier. pp. 163-199.
Morgan, J.P. (1991). What is codependency? Journal of Clinical Psychology 47(5): pp. 720 – 729.

10 Errores a evitar en la pareja

errores a evitar en la pareja

No existe la pareja perfecta, pero si queremos tener una relación sana hay puntos fundamentales que debemos cuidar. Estos son algunos de los errores más comunes que debemos evitar en nuestras relaciones de pareja.

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¿Cuales son los errores de pareja que podemos evitar?

A continuación descubriremos los 10 errores de pareja que suelen darse comúnmente y como podemos evitarlos:

1. “Querer que quiera”

Muchas veces no nos vale con que nuestra pareja haga las cosas que le pedimos, o las que nos resultan importantes. A veces también pretendemos que la otra persona le dé la misma importancia a las cosas que nos interesan, y esto nos lleva a quejas del tipo “¡Es que sólo lo haces si te lo pido… si no, te da igual!”. Cuando nos molestamos por tener que pedir las cosas, esta actitud nos impide valorar el hecho de que, en realidad, la mayoría de las veces que expresamos nuestras peticiones lo más probable es que nuestra pareja trate de cumplirlas.

2. Pretender que adivine nuestro pensamiento

Aunque a medida que la relación avanza vamos conociéndonos más, es un error creer que la otra persona debería saber lo que queremos, sentimos o pensamos. Ideas del tipo “Ya debería saberlo” son las que nos conducen a problemas de comunicación típicos como responder con un “Nada” o un “Tú sabrás” cuando nos preguntan si nos pasa algo. Por lo general, compensa repetir las cosas las veces que sea necesario en lugar de callarse y dejar que la frustración se acumule.

3. Esperar que el cariño sea siempre espontáneo

Este error viene del mito de que tanto los gestos de afecto como el sexo tienen que “surgir” o resultarán artificiales. Pero… ¿nos resulta artificial que una persona nos diga “Gracias” cuando está estipulado por una norma social? ¿O valoramos menos un regalo por el hecho de que nos lo hagan en nuestro cumpleaños en lugar de cualquier otro día? Nuestras acciones y gestos están más “programados” dentro de la rutina de lo que pensamos. Tener rutinas como el “Te quiero” de despedida antes de ir a trabajar o el beso de irse a dormir puede ser algo muy especial, y lo bueno es que cada pareja puede establecer una costumbre propia y única.

Igualmente, preguntas como “¿Me das un beso?” o “¿Quieres un abrazo?” pueden enternecer mucho a nuestra pareja y dar más protagonismo al afecto físico en nuestra vida.

4. Dar las cosas por hecho

De la misma manera que nos acostumbramos a no pedir, a no comunicar, también nos olvidamos de valorar y reforzar las cosas que nos gustan. Así, nos pesan mucho las conductas de la otra persona que nos molestan, pero tendemos a pasar por alto los detalles positivos: que haya salido un poco antes de trabajar para estar más tiempo en casa, que prepare la cena, que nos envíe un mensaje de buenos días… Este error también afecta en el sentido contrario, cuando damos por hecho que la otra persona ya conoce las cosas positivas de la relación y por eso no nos molestamos en resaltarlas. Una de las formas más comunes que adopta este error es el no decir “Gracias”, “Te quiero” o cualquier otra expresión de aprecio por pensar que la otra persona “ya lo sabe”.

5. Filtrar lo negativo

Como ya hemos visto, nos pesan más los detalles negativos que los positivos. El filtro negativo nos lleva a quedarnos de manera selectiva con todas aquellas ocasiones en las que nuestra pareja nos ha molestado, decepcionado, etc. Entonces empezamos a desarrollar y verbalizar ideas negativas generalizadas como “Nunca haces lo que te pido” o “No hay manera de que me escuches”. Antes de dejarnos llevar por esta negatividad, es importante sopesar y buscar las excepciones a esos pensamientos.

6. Llevar la cuenta

Cuando discutimos, podemos caer en el error de no discutir por lo que nos molesta en el momento. Discutimos por lo de ahora, más lo de ayer, más lo de la semana pasada. Llevar la cuenta de las faltas en la pareja nos hace guardar rencor, de manera que cuando hacemos una crítica o un comentario llevamos una carga de recuerdos pasados y los usamos como arma arrojadiza. Por eso es importante solucionar las cosas de una en una, en vez de sacar a relucir los trapos sucios cada vez que se toca un tema.

7. “Ceder” en vez de aceptar

Adaptarse a la convivencia requiere un grado de aceptación. Y aceptar significa poder vivir con las cosas que mi pareja hace de manera distinta a como lo haría yo. En cambio, ceder implica tragarse el disgusto de las cosas que nos molestan para no tener una discusión; el problema de esto es que crea acumulación. En lugar de ceder, hemos de preguntarnos si lo que nos molesta en ese momento es algo con lo que podemos vivir sin darle tanta importancia, o si por el contrario necesitamos hablar con nuestra pareja para intentar cambiar algo.

8. Hablar desde el ataque

Hay muchas maneras de hablar agresivamente. No sólo los gritos o insultos son formas agresivas de comunicación. Las indirectas pasivo-agresivas, el sarcasmo o hablar siempre en segunda persona (“Te comportas…”, “Es que tú…”) también son ataques a evitar si buscamos una comunicación efectiva.

 

9. Castigar

Ante el enfado, en lugar de hablar directamente es posible que caigamos en la trampa de usar castigos. Por pensar que “no se lo merece” o para “que se fastidie”, podemos llevar a cabo conductas pasivo-agresivas que van desde no hacer cena para la otra persona hasta darle el trato del silencio, pasando por utilizar el sexo como moneda de cambio. Podemos hacerlo con la intención de que así “se dé cuenta de una vez”, pero lo único que conseguiremos será crear más distancia y rabia.

10. No respetar lo individual

Aunque la mayoría de los errores que hemos visto tienden a crear distancia, irse al otro extremo también puede ser perjudicial. Compartir intereses es maravilloso, pero sin caer en el mito de que “hay que hacerlo todo juntos” o que “si te apetece pasar tiempo con otras personas sin tu pareja es que algo va mal”. El tiempo y las actividades en pareja son fundamentales en la relación, pero para que sea sostenible es igualmente importante que haya momentos y cosas reservadas para cada miembro en privado.

 

Nuestra Terapia Psicológica

 

Referencias bibliográficas:

Avoiding the “Four Horsemen” in Relationships (s.f.). Recuperado de
https://ggia.berkeley.edu/practice/avoiding_the_four_horsemen_in_relationships
Bermúdez, C., Brik, E. (2010). Terapia Familiar Sistémica. Madrid, España: Síntesis.
Bustamante, J. (2016). Sexualidad y Terapia de Pareja: la Pareja desde un Enfoque Global.
Madrid, España: UNED.

Los problemas más comunes en las relaciones de pareja

problemas de pareja

Como en todos los ámbitos de la vida, las relaciones amorosas no solo se caracterizan por los momentos de alegría; también hay espacio para el conflicto y para todas las emociones relacionadas con el aislamiento y la hostilidad. A lo largo de este artículo veremos cuáles son los problemas más comunes en las relaciones de pareja, situaciones en las que o bien existe resentimiento y enfado por parte de uno o ambos miembros de la pareja, o bien la mala gestión de las expectativas, de la convivencia o de la comunicación desgastan el vínculo amoroso.

Los problemas más frecuentes en las relaciones de pareja

Al contrario de lo que se suele pensar, los problemas más comunes en las relaciones de pareja no solo tienen que ver con las discusiones y los estallidos de ira. A veces, se manifiestan de una manera mucho más sutil y complicada de detectar, a través de hábitos que incluso pueden ser asumidos como algo natural, quedando normalizados.

Como el primer paso antes de poner solución a estas situaciones es reconocer los síntomas de que algo no va bien en la relación, en estas líneas encontrarás un resumen de los problemas en las relaciones de pareja que acostumbran a manifestarse de una manera más frecuente en las sesiones de terapia de pareja.

Así pues, pasemos a ver cuáles son esos principales motivos por los que pueden surgir problemas en una relación de pareja.

1. Celos

Los celos pueden ser uno de los principales motivos de desconfianza y mala comunicación dentro de una relación de pareja, y en ocasiones incluso propician que no se respete la privacidad del otro, algo que sería grave incluso si no existiese un vínculo afectivo fuerte con esa persona.

Además, es muy frecuente que los celos solo sean experimentados por uno de los miembros de la pareja, algo que puede generar sensación de aislamiento y falta de intimidad en la relación, si bien cuando ambas personas son celosas la situación es aún peor.

Normalmente, los celos tienen que ver con los problemas de autoestima y con una serie de creencias disfuncionales acerca de cómo funcionan las relaciones de pareja, las cuales pueden generar otros problemas más allá de este.

 

2. Comunicación pasivo-agresiva y uso de la culpabilidad

Este problema tiene que ver con una fórmula de comunicación disfuncional, en la que una persona deja implícito que la otra tiene motivos para sentirse culpable, pero sin llegar a explicar del todo por qué. De esta manera, ante la ambigüedad y falta de comunicación, la otra persona siente que efectivamente ha hecho algo mal, y se siente culpable sin saber muy bien qué es exactamente el comportamiento que debería corregir.

Además, como este estilo de gestión del conflicto evita tratar el tema de fondo que ha llevado a uno de los miembros de la pareja a estar enfadada, es fácil que nunca se creen las situaciones de comunicación necesarias para evitar que los conflictos sigan produciéndose.

3. Falta de tiempo juntos

Este es uno de los problemas más frecuentes en las relaciones de pareja, y puede adoptar diferentes formas. Por ejemplo, en ciertos casos la falta de tiempo juntos puede consistir en los problemas de conciliación familiar y el exceso de responsabilidades, mientras que en otros se pasa mucho tiempo libre juntos, pero en estos ratos no hay una comunicación significativa y parece que la relación se estanca, como si produjese aburrimiento.

4. Incompatibilidades en la manera de vivir la sexualidad

La sexualidad es otro de los focos importantes de problemas de pareja, y presenta varias particularidades que pueden hacer que ni siquiera se intente arreglar esta clase de malestar.

Por un lado, el sexo es frecuentemente un tema tabú incluso entre quienes son pareja, y por el otro, existe el miedo a exponer las propias vulnerabilidades (o, al menos, aquello que es percibido como una vulnerabilidad de uno mismo) o a hacer que la otra persona se sienta mal.

Varios de los problemas más comunes relacionados con esto son la diferencia entre la libido de una persona y la libido de la otra, la falta de conocimiento sobre lo que le gusta al otro, y el miedo a decir lo que nos gusta a nosotros.

Las discordancias en cuanto a gustos y preferencias en las relaciones íntimas de esta clase pueden tener efectos más allá del dormitorio, expresándose incluso en momentos de conversación en público, en la manera de relacionarse con el otro en cualquier contexto, etc.

5. Falta de un proyecto de vida en común

Las parejas que solo se centran en experimentar el aquí y el ahora suelen sufrir este tipo de problemas tarde o temprano. Se trata de la ausencia de un plan para vivir juntos a largo plazo, algo que genera incertidumbre y discusiones al ver que la otra persona daba por sentado un proyecto de vida que nosotros siempre hemos rechazado, a causa de no haberlo hablado antes.

6. Problemas de convivencia y reparto de responsabilidades

Más allá del amor, los pequeños detalles de la convivencia en el día a día tienen una gran importancia. En este sentido, otro de los problemas de pareja más comunes son las discusiones sobre la asignación de tareas que tienen que ver con el mantenimiento del hogar o con la crianza y cuidado de los hijos, si es que se es padre o madre.

¿Son los malos tratos un problema de pareja?

Los malos tratos y todo lo que llevan asociados, como la violencia física y verbal, solo pueden ser considerados un problema de pareja en el sentido de que se producen en ese ámbito.

Sin embargo, a diferencia de los que hemos visto hasta ahora, en el caso del maltrato el problema no son los daños producidos al vínculo amoroso en sí, sino los daños producidos en la víctima. Por eso, cuando se da este fenómeno, el objetivo para solucionar la situación pasa necesariamente por terminar con la relación.

 

¿Qué hacer para solucionar esto?

Ahora ya hemos visto un desglose de los problemas más comunes que afectan a la vida en común de matrimonios y personas que mantienen una relación de noviazgo, pero falta ver lo más importante: qué hacer al respecto para que el amor no se vea dañado por este desgaste? Veamos algunas ideas clave.

1. Comprometerse a dialogar en caso de conflicto

Es importante que, en un momento en el que no se está discutiendo, ambas personas involucradas en la relación se comprometan a seguir un protocolo de diálogo en los momentos en los que surge una discusión acalorada. Es decir, concretar un plan de acción cuando esto ocurra, una serie de acciones en cooperación que tenga como único objetivo crear un contexto de comunicación y crítica constructiva donde antes solo había reproches y acusaciones.

Por ejemplo, uno de estos protocolos puede ser dejar pasar unos minutos para que se calmen los ánimos, y luego sentarse y respetar a rajatabla los turnos de palabra, expresándose de la manera más neutral posible y sin usar acusaciones.

 

2. Acordar pasar más tiempo juntos

No se trata solo de estar cerca del otro, sino de pasar tiempo de calidad juntos. Muchas veces, los problemas de comunicación se resuelven al involucrarnos en situaciones agradables en las que la intimidad facilita la expresión de emociones y de opiniones.

3. Dejar claros los objetivos de cada uno

Esto es fundamental para resolver uno de los problemas más comunes en las relaciones amorosas de pareja: la discordancia entre las expectativas de uno y otro. Concretar qué es lo que esperamos de la relación y del otro, y qué es lo que uno mismo puede aportar, es necesario para crear planes de futuro que consoliden una relación a largo plazo.

4. Acudir a terapia de pareja

Muchas veces, es demasiado difícil resolver los problemas de pareja sin contar con ayuda profesional. Asistir a sesiones de terapia de pareja no solo supone contar con un espacio de comunicación honesta en el que es posible expresarse sin estar constantemente a la defensiva; además, los psicólogos que ofrecen este servicio especializado ayudan a desarrollar habilidades comunicativas y de gestión de las emociones muy útiles, y cuyo impacto se nota tanto en la vida amorosa como más allá de esta.

 

Nuestra Terapia de Pareja

 

Referencias bibliográficas:

Christensen, A., Atkins, D.C., Yi, J., Baucom, D.H. y George, W.H. (2006). Couple and individual adjustment for 2 years following a randomized clinical trial comparing traditional versus integrative behavioral couple therapy.J Consult Clin Psychol. 74(6):1180 – 1191.
Sternberg, J. (1997). “Satisfaction in close relationships”, Guilford Press.

Los conflictos más habituales en las parejas

Conflictos en las parejas

Una de las quejas más frecuentes que aparecen a lo largo de las sesiones de terapia de pareja tiene que ver con la decepción. Ocurre, normalmente, cuando uno o ambos miembros de la relación vivían instalados en la creencia de que las relaciones amorosas son el encaje entre dos piezas que se corresponden de manera perfecta: el mito de la media naranja. Y es que para bien o para mal, el vínculo afectivo que se produce al tener pareja dista mucho de ser un encaje perfecto; los conflictos forman parte de la naturaleza de estos, así que la clave está no en evitar a toda costa que surjan (algo imposible), sino en saber gestionarlos. Para que sea más fácil, en este artículo veremos un resumen de los conflictos más habituales en las parejas, y qué podemos hacer para combatir sus efectos.

Si crees que podemos ayudarte, entra en nuestra página sobre terapia de pareja.

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Los conflictos más frecuentes en las relaciones de pareja

Estos son los principales tipos de conflictos que aparecen tanto en los matrimonios como en las relaciones con novios o novias, y las claves para poder gestionarlas sin dejar que el malestar y la hostilidad vaya a más.

 

1. Falta de objetivos comunes

La sensación de no saber cuál es el rumbo que debe tomar la relación es algo que genera mucho malestar y discusiones muy enconadas. Por ejemplo, no saber a qué país trasladarse, no tener claro si hay que dedicar más tiempo al cuidado de los hijos o al trabajo, o incluso tener serias dudas acerca de cómo debería experimentarse la sexualidad, suele dar problemas.

En estos casos, es necesario planear momentos para hablar de ello de manera honesta, aceptando de entrada que no debemos procurar dar la mejor imagen de nosotros mismos sino expresar lo que de verdad sentimos. Normalmente con una charla no suele ser suficiente, ya que hay muchos temas que tratar; en cualquier caso, si surgen problemas a la hora de entenderse, la terapia de pareja es un muy buen contexto para hacer esto.

2. Celos

Los problemas de confianza relacionados con los celos son más frecuentes de lo que muchos están dispuestos a admitir.

Aunque los indicios para sospechar que alguien podría cometer una infidelidad o traicionar alguno de los principios de la pareja sean mínimos, los sacrificios y esfuerzos invertidos en la relación hacen que esta posibilidad sea vista como catastrófica, lo cual, unido a una concepción muy controladora de la vida amorosa, hace que esta clase de conflictos surjan.

Simplemente, la idea de que podamos estar siendo traicionados aparece como una posibilidad que aunque es pequeña, atrae toda nuestra atención debido a su gravedad.

Los celos son uno de los motivos de conflictos en la pareja más difíciles de gestionar, y normalmente no dependen tanto del tipo de vínculo que se tiene con la otra persona como de las creencias y la manera de interpretar la realidad que tiene uno mismo. Por ello, si hablar honestamente del tema con el ser querido no funciona, lo recomendable es asistir a terapia de pareja.

3. Mala comunicación

En las relaciones amorosas, puede darse la paradoja de que la expectativa de poder conocer a la otra persona de un modo que nadie más lo ha hecho nos lleve a asumir demasiadas cosas sobre lo que nuestra pareja siente, quiere o piensa.

No hay que olvidar que las relaciones de pareja existen porque existe un diálogo constante, y que si ese diálogo se interrumpe, la relación estará caminando sobre la nada. Dedicar momentos a hablar y a aclarar malentendidos es primordial, y no hay que asustarse si en el proceso descubrimos que mucho de lo que creíamos sobre ese ser querido resulta ser falso; es natural y esperable que no podamos conocer a la perfección a otro ser humano, por mucho que lo queramos.

4. Desatención

La idea de que se está desatendiendo la vida amorosa también es uno de los conflictos de pareja más habituales, y está vinculado a la desmotivación.

Sin embargo, esto no es tanto una causa de conflicto, como una consecuencia de que hay algo que subyace a esta desatención; es esa causa primaria la verdadera fuente de malestar sobre la que hay que intervenir, y su naturaleza puede variar mucho. Hay que indagar en ello y ver qué se esconde bajo esa aparente indiferencia hacia el amante, el esposo o la esposa.

 

5. Mala asignación de las tareas

Muchas veces olvidamos que las relaciones de pareja que ya están consolidadas son, además de un vínculo amoroso, una relación de convivencia que se lleva a cabo en términos muy materiales: limpiar la casa, llevar al día la economía doméstica, cocinar, atender a los hijos (si los hay), etc. En muchos casos, la pareja y el reparto de responsabilidades familiares son dos fenómenos indesligables.

Por eso, hay que tener claro que independientemente de la intensidad con la que se ame a alguien, si el reparto de actividades que tienen que ver con el cuidado de la casa o de los hijos no funciona, surgirán frecuentes conflictos de pareja. Abordar el tema de manera directa y llevando a cabo un cálculo de las horas de trabajo doméstico que debe cubrir cada uno es la mejor solución.

6. Problemas de compatibilidad sexual

La mala compatibilidad en cuento a la vida sexual es otro factor a tener en cuenta a la hora de analizar los conflictos por los que puede estar pasando una pareja. Afortunadamente, en muchos casos esto puede ser solucionado mediante terapia sexual y de pareja, y en muchos casos se debe a problemas de inseguridad, mala comunicación, ideas preconcebidas sobre lo que quiere la otra persona, etc.

 

Nuestra Terapia de Pareja

Referencias bibliográficas:

Chapman, A.L. y Compton, J.S.: (2003) From Traditional Behavioral Couple Therapy to Integrative Behavioral Couple Therapy: New Research Directions The Behavior Analyst Today, 4 (1), 17 – 25.
Halford, K., Markman, H., Kline, G., Stanley, S. M. (2003). Best practice in couples relationship education. Journal of Marital & Family Therapy. 29(3), pp. 385 – 406.
Sternberg, J. (1997). Satisfaction in close relationships. Nueva York: Guilford Press.

Vacaciones y crisis de pareja: causas y cómo evitarlas

vacaciones crisis pareja

Vacaciones y crisis de pareja: es habitual que lleguen a consulta un mayor número de parejas en crisis tras las vacaciones. Esto es indicativo de algún problema no resuelto, que se evidencia durante los periodos en los que la convivencia es mayor.

Por otro lado, la época vacacional suele ser un periodo sobrestimado, sobre el que se deposita una alta expectativa de reconciliación, con la creencia de que si hay dificultades de comunicación, se discute a menudo o a penas se mantienen relaciones sexuales, se debe al cansancio acumulado, a el ritmo de vida o a el estrés. Qué duda cabe que dichas variables influyen en la relación, pero cuando las dificultades en la pareja son más profundas, esta problemática persistirá. Esto es acuciada incluso al pasar más tiempo juntos y generando además una alta frustración al no verse cumplidas las expectativas de mejora.

La época vacacional suele ser un periodo sobreestimado, sobre el que se deposita una alta expectativa de reconciliación.

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Si en la pareja no se ha aprendido a negociar, manteniendo la lucha de poder como lenguaje común, se discute desde el reproche constante, entre gritos, malas contestaciones y se devalúa al otro con cierta frecuencia, si en nuestra opinión “nunca es” o “nunca hace“ las cosas como nosotros creemos que es correcto, pasar largas temporadas con la pareja, en las que el principal objetivo es pasarlo lo mejor posible, verlo todo y estar descansado a la vez y tener que en muchas ocasiones resolver situaciones desde la improvisación, puede ser el detonante de una ruptura o evidenciar que hay problemas que resolver.

 

Cuidar nuestra relación, también en vacaciones

Para hacernos una idea de qué es importante cuidar en la relación de pareja, en el día a día con el fin de evitar las tan temidas crisis, vamos a repasar los que desde la terapia de pareja, son pilares básicos para salvaguardar nuestra relación:

Conservar los propios espacios e inquietudes personales

En la medida que nuestro autoconcepto es positivo, y nuestra vida fuera de la pareja nos resulta satisfactoria, estamos evitando proyectar sobre el otro nuestras propias carencias. Muchas veces se da la pescadilla que se muerde la cola: “me enamoro y me ausento en un mundo ideal en el que sólo existe la pareja”, esto lleva a descuidar e ir dejando de lado estímulos vitales que son fundamentales para una buena autoestima y un necesario desarrollo personal, como son los amigos, hobbies, intereses personales, etc. Con el tiempo estas carencias generarán una pérdida de referentes y espacios fundamentales para un buen autoconcepto.

Espacios compartidos

Cultivar y mantener lo que la pareja tiene en común, al igual que las diferencias, que pueden llegar a ser fuente de estímulo, facilita la comunicación y la ilusión por mantenerse juntos. Es una evidencia que las exigencias del día a día, el cuidado de los hijos, los horarios de trabajo, etc, dificultan que la pareja proteja un espacio íntimo que es tan importante para la complicidad. De ahí que sea tan necesario tratar de guardar esos tiempos en la medida de lo posible. Estos podrían ser: buscar horas del día, aunque sean pequeños ratos al final de la jornada para cenar a solas después de haber acostado a los niños, procurar realizar juntos aquello que al otro le hace ilusión, aunque sea una vez al mes, tratar de encontrar una actividad que os guste realizar juntos…

Demostraciones de afecto

Es precisamente la carga de lo cotidiano y de las responsabilidades lo que también puede mermar la afectividad. Las demostraciones de afecto van desde el lenguaje verbal a su expresión física como la caricia, el beso, una mirada cómplice, una sonrisa. Este punto es muy importante, ya que facilita en gran medida la confianza y el gusto por estar con el otro, además de ser necesario para mantener el erotismo y deseo dentro de la pareja. “Tocar” significa estimular, generar apego y bienestar dentro de la pareja.

Asertividad

Comunicarse desde la intención de entenderse, de ganar juntos y no tratar de tener razón sobre el otro o imponerse: el mejor logro de la pareja es conseguir ante todo ser buenos amigos. El erotismo dentro de la relación, sin este aspecto, no podrá sostener por si mismo una relación duradera.
El respeto a la hora de tomar decisiones, expresar la diferencia de opiniones, discutir e incluso enfadarse es indispensable para mantener la confianza y comunicación en la pareja.

Valorar y reconocer al otro

No dejar ni un sólo día en el que no reconozcamos a la pareja alguna de sus virtudes, favores o detalles. Este punto lo describiría siempre en una sola frase: “no te acostumbres a la presencia del otro”. No des por hecho que al ser tu pareja, cualquier favor o detalle es “un obligatio” y por tanto algo esperable.

Concluir que aunque temidas, las crisis de pareja pueden suponer un espacio de reflexión y reconstrucción de la relación. Sirviendo en muchos casos para cambiar y mejorar aspectos que se tenían abandonados y que sin ser conscientes en muchos casos, nos estaban generando malestar. Si una crisis ayuda a replantear la relación, a reciclarla de modo que se ajuste a la nueva situación de vida, puede en si misma suponer una oportunidad de crecimiento y refuerzo de la pareja.

 

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Celotipia (celos patológicos en la pareja): ¿qué es y cómo evitarla?

celos en la pareja

Es importante diferenciar entre celos normales y celos patológicos. Si bien los primeros obedecen a una reacción normal de miedo a la pérdida, dónde se es capaz de racionalizar y entender que puede tratarse de una percepción subjetiva o inseguridad propia, los celos patológicos conllevan la creencia subjetiva de que el hecho de desconfiar de la pareja significa que hay motivos.

La celotipia o celos patológicos, se caracterizan por la desconfianza y pensamientos constantes, de tipo obsesivo, sobre una posible infidelidad de la pareja.

Los celos son una emoción normal en el ser humano, que todos hemos podido sentir en algún momento. Esta emoción, bien gestionada, de miedo a la pérdida del ser querido, puede activar los resortes que nos hagan cuidar de la relación y no descuidarnos a nosotros mismos. Es muy importante aprender a no volcar nuestras inseguridades y miedos en la pareja.

La celotipia o celos patológicos, se caracterizan por la desconfianza y pensamientos constantes, de tipo obsesivo, sobre una posible infidelidad de la pareja. Puede darse también hacia cualquier persona que se considere importante y por la que se sienta un miedo irracional de posible pérdida. En estos casos suele haber un sentimiento egoísta de posesión de la pareja, bajo la creencia de que el otro nos pertenece. El mayor respeto en la relación de pareja se establece al ser conscientes de que el otro es un mundo a parte y de que no hay certeza de que vaya a estar siempre.

 

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Síntomas de la celotipia

Pasamos a describir más detalladamente alguno de los síntomas que nos han de poner sobre aviso:

  • Uno de los síntomas más frecuentes es el que en psicología cognitivo-conductual conocemos como respuestas de comprobación. Estas respuestas de comprobación o control se ejercen de modo compulsivo, vigilando a la pareja casi en cada uno de sus movimientos: si me ha dado un beso al llegar, si ha llegado más tarde de lo normal, si está demasiado animada o por el contrario descontenta, etc. Se pasa entonces a preguntas constantes y comentarios que tratan de desvelar y ”comprobar” la causa de la sospecha.
  • Otras respuestas de comprobación son mirar el móvil, facebook o contactos de la pareja, repasar las facturas con el fin de encontrar un mayor número de llamadas a determinado número, etc. Esta conducta llega a ser compulsiva, lo que provoca una mayor ansiedad y baja autoestima, por lo que el círculo vicioso de seguir comprobando compulsivamente facilita la distorsión y mantiene la dependencia del otro.
  • Pensamientos obsesivos e irracionales de que la pareja está siendo infiel, sin racionalizar ni entender que puede tratarse de un miedo o inseguridad, de ahí la compulsión que se caracteriza por la necesidad, nunca satisfecha, de comprobar si la pareja nos está engañando. Estos pensamientos de tipo recurrente mantienen un elevado nivel de ansiedad y aparecen de modo intrusivo en cualquier momento.
  • Dependencia emocional que deriva de la creencia, como decíamos más arriba, de que el otro nos pertenece, por lo que cualquier cosa que haga o espacio que tenga que no sea compartido, es motivo de sospecha.En terapia de pareja, nos encontramos a menudo con que los celos han generado una serie de respuestas en la relación que, sin saberlo, mantienen y agravan el problema. Como cabe esperar, la pareja víctima de esta persecución, trata de convencer y justificar todos sus actos con el fin de que no estalle el conflicto, reforzando sin saberlo, el sentimiento de pertenencia del otro. Por otro lado, la búsqueda de reconciliación tratando de calmar y demostrar lo mucho que se quiere al otro para que no desconfíe, va llevando a una constante necesidad de pruebas de afecto y demostraciones de fidelidad con el fin de disminuir la ansiedad, que si dejan de darse son consideradas por la persona celosa como una agresión, muestra de desinterés y provocación de sospecha.

 

 

Cómo prevenir los celos

  • A lo largo de la relación de pareja, es fundamental mantener los espacios individuales y de intimidad, que salvaguardan nuestra autoestima y valoración personal. Al principio de una relación todos estamos tentados de pasar el mayor tiempo posible con el otro, pero si esto se mantiene en el tiempo puede generar una pérdida de referentes y pilares fundamentales para nuestra autoestima, como son las relaciones sociales y de amistad, hobbies e inquietudes personales, etc, que facilita la dependencia emocional.
  • Si los celos empiezan a minar nuestra relación es fundamental frenar las respuestas de comprobación y control del otro, ya que si nos dejamos llevar, fácilmente se convertirán en compulsión y aumentarán nuestra ansiedad.
  • No dejarse llevar por la creencia, tan extendida socialmente, de que sentir celos es una muestra de que quiero al otro o que me quiere. No olvidar que el otro no me pertenece, nadie por el hecho de quererle, se convierte en una pertenencia sobre la que tenemos derecho e impunidad. El mayor respeto en la relación de pareja se establece al ser conscientes de que el otro es un mundo a parte y de que no hay certeza de que vaya a estar siempre.

 

 

Nuestra Terapia Psicológica

El maltrato psicológico en la pareja: ¿qué es y cómo ponerle freno?

El maltrato psicológico en la pareja

El maltrato psicológico pasa muchas veces desapercibido porque no deja huella aparente, como sí sucede en el maltrato físico. Este hecho lo hace tremendamente peligroso para quien lo sufre, ya que la mayoría de las veces ni la propia víctima es consciente de que está siendo maltratada.

Las consecuencias del maltrato psicológico son muy graves porque dan lugar a la desestructuración psíquica y a la devastación del equilibrio emocional de la persona que lo sufre.

El objetivo de este artículo es identificar y poner palabras a las conductas y estrategias que se dan en el maltrato, para que cualquier persona que lo esté sufriendo o que sospeche de algún ser querido que está en esta situación, tenga la posibilidad de reaccionar y hacer frente a este problema.

A menudo la persona que sufre un maltrato acude a consulta psicológica porque se siente deprimida, sin saber qué es lo que le está pasando. A lo largo del proceso terapéutico comienza a identificar y a poner palabras al maltrato; aquí comienza un arduo trabajo durante el cual tiene por fin la posibilidad de liberarse.

A la dificultad para identificarlo se une la dificultad para demostrarlo en un procedimiento judicial, por lo que muchas personas que lo sufren no encuentran salida.

Maltrato psicológico: ¿qué es?

Podemos definir el maltrato como la conducta perversa y destructiva que emite un miembro de la pareja sobre el otro en desigualdad de condiciones, con abuso de poder y tratando de  anular a la pareja a través de la manipulación. La relación es por lo tanto asimétrica.

En ocasiones hay cambios externos en la persona que lo sufre que pueden ayudar a identificar un maltrato: tristeza, inseguridad, pérdida de peso, deja de ser ella o él, “no parece la misma persona”. La persona deja de comportarse como lo haría normalmente, pierde espontaneidad, pero muchas veces el cambio es tan progresivo que las personas de alrededor no lo detectan. La persona maltratada además puede tratar de disimularlo por vergüenza  o temor a que los demás noten algo.

La violencia psicológica se ejerce a menudo buscando el aislamiento de la víctima de cualquier apoyo o referente como los amigos, familia, trabajo o estudios; en ocasiones hasta el punto de alejarlas físicamente, cambiando de barrio, ciudad, etc.

A veces el aislamiento es más taimado, a través de la manipulación de los amigos y familiares con mentiras y una actitud victimista. El perverso narcisista es tremendamente persuasivo y consigue poner en contra en muchas ocasiones a la propia familia y amigos de la víctima o como mínimo sembrar la desconfianza.

Técnicas de dominación: la tortura psicológica

Las estrategias de dominación y control sobre la víctima suelen ser veladas; al comienzo de la relación pocas veces se hacen evidentes con el fin de mantener paralizada a la víctima en la confusión, que de este modo es más manipulable y sobre todo está más asustada y desconcertada.

Algunas de estas conductas son las siguientes:

  • Insinuaciones que buscan generar inseguridad.
  • Lenguaje sarcástico o irónico.
  • Silencios interminables.
  • Chantaje emocional.
  • Uso de la mentira sin mostrar resquicio de duda y con toda convicción para rebatir cualquier tema.
  • Acusaciones o proyecciones del propio defecto sobre la víctima.
  • Caras y gestos de desprecio.
  • Mensajes contradictorios en los que se dice una cosa y la contraria a la vez.
  • Descalificaciones personales.
  • Comentarios despreciativos.
  • Humillaciones en público o en privado.
  • Instrumentalización del sexo como premio-castigo.

 

Esta comunicación sádica, mantenida en el tiempo sin que la persona agredida pueda prever cuando acontecerá el conflicto o será señalada la “falta” o el “defecto” empieza por paralizar y acaba anulando.

Expresiones del tipo: “antes tenías mejor tipo”, “ese corte de pelo te queda un poco raro”, “ no es la cena que quería, pero claro, nunca suele serlo”, “tu amiga sí que es inteligente” a expresiones más directas e insultos: “pareces tonto/a”, “no vales para nada”, “das asco”, “estás hecha/hecho un adefesio”,etc; mantiene a la víctima en un estado de alerta, en un estrés constante que empieza a materializarse en su cuerpo; su expresión es de tristeza, su cuerpo se encoge como si se estuviera consumiendo y es posible que descuide su aspecto, dejando de arreglarse o de preocuparse por su físico.

La salud también se resiente y se empieza a somatizar con trastornos de la alimentación, contracturas, trastornos del sueño, crisis de ansiedad, bajo estado de ánimo e incluso depresión.

Las herramientas

Si el agresor detecta que tensa demasiado la cuerda, se mostrará cariñoso, quitando importancia a lo ocurrido o presentándose con un regalo. A veces pedirá perdón, pero más desde el victimismo y el chantaje emocional que desde el arrepentimiento o reconocimiento del error, generando de nuevo un sentimiento de culpa en su víctima por no haberle entendido y tomarse las cosas demasiado en serio.

La víctima duda cada vez más de sí misma y esto refuerza su desequilibrio y crisis de identidad, cada vez está más anulada ya que no puede confiar en su propio criterio.

No podrá tampoco compartirlo, bien porque nadie la creería o bien porque quiere protegerlo debido a que en el fondo de sí misma no puede ver y afrontar lo que está sucediendo.

Para el agresor el otro no existe, no le escucha con el fin de anularle: si no te reconocen es como si no existieras. Esta táctica va cobrando fuerza y la víctima sin ser consciente va interiorizando esta creencia.

Cualquier problema será responsabilidad de la víctima, incluso aunque se den dificultades que no tengan que ver con la pareja, le hará sentir culpable a través de silencios o malas caras.

Utilizará también la insinuación, de manera que el otro no pueda defenderse y con el fin de generar inseguridad y mermar la autoestima, con comentarios como: “¿tu amiga/o es mucho más joven que tú, no? (aquí, se conteste lo que se conteste muy probablemente seguirá un suspiro, un gesto de decepción o de descontento). La triangulación o mostrar interés por terceras personas para generar inseguridad y celos es a veces utilizado por el maltratador o maltratadora.

Uno de los mecanismos más empleados por el perverso narcisista es el de la proyección, mediante el cual señala su propio defecto en el otro para no asumir responsabilidad alguna, esta conducta confunde enormemente a la víctima, al llegar a creer que efectivamente es ella quien grita, falta al respeto o provoca la discusión.

El uso de la mentira, de manera fría y descarada, muchas veces en público, deja tan desconcertada a la víctima que no sabe cómo reaccionar.

La emisión de un mensaje y el contrario a la vez, donde el tono verbal y el cuerpo se contradice con lo expresado, es también una estrategia que una vez más lleva al desconcierto y la parálisis. Este modo de comunicar es tremendamente paranoide y desestructurante.

El uso de los silencios como castigo pasivo-agresivo es también muy empleado y tremendamente violento. El agresor puede estar horas e incluso días sin dirigir la palabra a su víctima sin que ésta entienda lo que ha pasado. Lo más dañino y perverso de este comportamiento es que además no va a permitir hablar de lo que está ocurriendo, no concederá a su víctima la posibilidad de entender qué ha hecho mal. Por este motivo muchas veces las personas que sufren maltrato tratan de acceder a su agresor escribiéndoles cartas, notas o mensajes de móvil que en la mayoría de las ocasiones el otro ni siquiera lee.

Las consecuencias

La falta de palabras de apoyo, reconocimiento o valoración, se da casi desde el principio de la relación, en contraste con sus comienzos donde todo era adulación. Si esta carencia dentro de la relación de pareja ya es difícil de sobrellevar, se irá además intercalando más adelante con mensajes indirectos de descalificación, acerca de su físico o de su personalidad: “estás echa un asco”, “nada te queda bien”, “nunca te enteras de nada”…

La parálisis y bloqueo, baja autoestima , ansiedad y estado de alerta constante, sensación de miedo e incluso terror, son algunas de las expresiones emocionales que se van generando en la víctima, llegando a tal desestructuración y crisis de identidad que en la terapia, el trabajo consiste básicamente en reconstruir poco a poco la personalidad. Se trata de un viaje de reencuentro de la víctima consigo misma, de “reparación del alma” que ha quedado rota, en el que pasará por varias fases que desarrollaremos en otro artículo

A menudo se dan conductas en las que el agresor trata de comprobar su poder y dominación además de provocar el desconcierto y la indefensión:

…. si la víctima le está esperando y se ha preparado para salir, el agresor le dirá que no puede acudir y la dejará plantada. La víctima no se quejará para evitar el conflicto ya que sabe que se ofende con tremenda facilidad; pero al día siguiente, si la víctima no se ha preparado porque da por hecho que no se van a ver, el perverso narcisista le llamará diciendo que le está esperando reprochándole su falta. La víctima le implorará que le espere, que enseguida va, que no se enfade, pero no habrá tregua y ofendido u ofendida dejará plantada una vez más a su víctima con un enorme sentimiento de culpa.

Lo que vamos describiendo son conductas y técnicas que se caracterizan por ser veladas. Existen otras a través del control y el insulto más claras y directas. Se controlará el móvil, la ropa que la pareja se pone, con quién sale, etc.

A menudo el maltrato psicológico es la antesala del maltrato físico que llegará irremediablemente a medida que el agresor sienta que la víctima es más manejable y sumisa.

 

Perfil del maltratador: el perverso narcisista

La personalidad del maltratador o maltratadora se retrata bajo el marco de la personalidad narcisista, más concretamente del trastorno narcisista de la personalidad o de lo que denominamos como perverso narcisista.

El perverso narcisista es ante todo un gran seductor, en un principio estudiará a su víctima reconociendo sus puntos débiles y atrayéndola desde la adulación y la supuesta admiración. Su objetivo es desarmarla de forma progresiva para sentir que la posee, cosificandola como un trofeo. Su ego se alimenta de un historial de víctimas a las que ya ha destruido.

La personalidad del perverso narcisista se caracteriza por la falta de empatía, la irresistible necesidad de ser admirado o admirada y la envidia ante las cualidades de los demás, de los que él o ella carece. Buscará precisamente estas cualidades en sus víctimas, con la ilusión de que si las domina puede apropiárselas o en su defecto, destruirlas. No soporta que alguien destaque en lo que él reconoce como su propia carencia.

En el DSM-IV, Manual Internacional de Psicodiagnóstico de las Enfermedades Mentales, se describe a la personalidad narcisista con los siguientes rasgos, de los cuales para considerarse como tal, ha de mostrar al menos cinco de ellos:

  • Sobrestimación de la propia valía.
  •  Excesiva necesidad de admiración.
  • Constantes fantasías de éxito y de poder.
  •  Sentimientos de ser especial con respecto a los demás.
  • Creencia de derecho adquirido o de que merece un trato especial o se le debe todo.
  • Explota a los demás para conseguir sus fines.
  • Carece de empatía o capacidad de ponerse en el lugar del otro.
  • Sentimientos de envidia hacia los demás o creencia de que es envidiado.
  •  Actitud arrogante y prepotente.

 

El agresor o agresora se encargará además de seducir a el entorno de su víctima, y todos pensarán que es encantador e inteligente. A medida que se vaya ganando la confianza de cada uno de ellos expandirá bulos acerca del desequilibrio de la víctima, llegando a insinuar incluso que es él quien sufre un maltrato velado debido a los cambios de humor e inestabilidad emocional de la verdadera víctima. De este modo, la víctima queda más aislada aún y cualquier queja o reacción de miedo o malestar será tomada por el entorno como la confirmación de esta acusación.

Perfil de la víctima

No hay perfil de víctima, a cualquiera nos puede ocurrir toparnos con una persona tóxica en el trabajo, en la pareja, en la familia y someternos bajo esta tortura psicológica sin darnos cuenta. Qué duda cabe que la persona con tendencia a la dependencia emocional, miedo al abandono, baja autoestima o que pasa por un momento vulnerable es más susceptible de sufrir maltrato o caer en las garras de un perverso/a narcisista, sin embargo todos somos susceptibles de sufrir un maltrato.

Recordemos que el agresor es experto/a en estas lindes y juega con ventaja; la mayor de ellas es que nunca podrías imaginar tanta perversión, tanta mala intención y egoísmo. La incredulidad, él no poder concebir que el agresor puede actuar desde tanta maldad es lo que primeramente paraliza a la víctima.

Recuerda, todos somos susceptibles de sufrir un maltrato psicológico, si puedes reconocerlo puedes liberarte.

 

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Terapia de pareja: Claves de comunicación en la relación

Terapia de pareja Claves de comunicación en la relación

Terapia de pareja: Claves de comunicación en la relación. Una buena comunicación en pareja depende de múltiples factores a cultivar en el día a día durante la convivencia en pareja y en eso se empeña la terapia de pareja. Está muy extendida la creencia de que la comunicación de la pareja depende de “hablar las cosas y contárselo todo al otro”, sin embargo son muchas más, y más sutiles, las variables que influyen en una buena comunicación.

Comunicarle al otro mis sentimientos, preocupaciones y necesidades, sin exigir ni reprochar, favorece una mejor comunicación y una mayor complicidad.

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La propia autoestima o la valoración personal

En la medida que nuestro autoconcepto es positivo, y nuestra vida fuera de la pareja nos resulta satisfactoria, estamos evitando proyectar sobre el otro nuestras propias carencias. A menudo se desencadena el siguiente círculo vicioso: me enamoro y me ausento en un mundo ideal en el que sólo existe la pareja, esto lleva a descuidar e ir dejando de lado estímulos vitales que son fundamentales para una buena autoestima y un necesario desarrollo personal, como son los amigos, hobbies, intereses personales e inquietudes. Mantenido en el tiempo esto nos hace más dependientes de la pareja en exclusiva, de modo que con el tiempo aparece “la rutina”.

La rutina en pareja no es mala, podríamos decir incluso que es inevitable, pero si ese día a día en convivencia se prolonga sin una vida personal enriquecida en estímulos personales y sociales, derivará en una baja autoestima, que influirá negativamente en la relación. De ahí la importancia de conservar y cultivar los referentes de nuestro mundo íntimo, ya que dinamizan y airean “la rutina” que con el tiempo alcanza a la pareja y que bien enfocada puede ser un valor positivo.

 

Reconocer y agradecer

Agradecer y valorar al otro las pequeñas cosas que nos aporta, es fundamental para establecer una mejor comunicación en la pareja. Muchas veces olvidamos que con su presencia, nuestra pareja nos está aportando y apoyando.

Con el tiempo, podemos llegar a creer que esto es algo insustancial y una obligación del otro por el hecho de estar a nuestro lado, sin valorar que los pequeños detalles son fundamentales para mantener la relación. Reconocer estos detalles motiva que el otro se sienta reconocido y valorado a nuestro lado.

Empatizar

Ponerme en el lugar del otro, intentar entenderle mirando desde su punto de vista, reconociendo sus sentimientos o situación en un momento dado, ayudará a “discutir” y negociar los asuntos importantes de la pareja sin caer en la trampa de la “lucha de poder”. Este es uno de los puntos más importantes a trabajar en terapia de pareja.

La lucha de poder, significa que trato de imponerme al otro sin escucharle, con el único objetivo de tener razón, por lo que las discusiones se hacen eternas y elevadas de tono, sin llegar a un punto en común o entendimiento.

Olvidamos a menudo, que en la relación, y como muy sabiamente me expresaba una paciente “cuando se discute, si mi pareja pierde yo pierdo”.

Empatizar con la pareja, significa escucharle y ponerme en su piel, sin olvidar expresar mi opinión, necesidades y sentimientos, con el objetivo de llegar a un punto que respete ambas partes y desde el cual se pueda solucionar el conflicto.

Cuando se discute, si mi pareja pierde yo pierdo

 

Lenguaje corporal

No hay nada tan sutil y valioso como el lenguaje corporal positivo con la pareja. Saber transmitir con una mirada, guiño o sonrisa, el apoyo o empatía; no descuidar las expresiones de afecto como las caricias, besos o cariños, mantiene el enamoramiento y la complicidad. Todo un mundo de hormonas y neurotransmisores que favorecen el bienestar, se despierta y une a ambos miembros de la pareja.

Sobre este despliegue de reacciones fisiológicas, sostenedoras de la relación, hablaremos, largo y tendido dado su interés, en otro artículo.

Desarrollar y mantener un buen lenguaje corporal con el otro, es además fundamental para el erotismo dentro de la pareja y el mantenimiento del deseo sexual.

Expresión de las emociones: asertividad

Saber reconocer y expresar mis emociones al otro, desde el respeto y la ausencia de reproches o exigencias, genera un ambiente de confianza y comunicación con la pareja. Como decíamos en el punto anterior, sobre el reconocimiento y agradecimiento, a menudo esperamos que el otro adivine nuestras necesidades, como prueba de su amor. Esto lleva a malos entendidos y discusiones que a menudo salen a la luz durante la terapia de pareja.

Otras veces, silenciar lo que nos ha hecho daño o molestado, despierta la desconfianza e impotencia de la pareja, por lo que la comunicación se ve dificultada.

Es fundamental expresar lo que nos ocurre sin agredir al otro, de no ser así es fácil que el problema se mantenga latente, amenazando con reaparecer ante cualquier contratiempo.

Espacio individual / espacio compartido

Mantener un equilibrio entre los espacios comunes e individuales, enriquece la comunicación dentro de la relación. Cuando hay hijos, se sufre una merma de estos espacios tan importantes para la convivencia, por lo que es conveniente organizarse entre ambos. Que cada uno tenga un día de la semana para ir a esa actividad o clase que le gusta, mientras el otro se queda con los niños, es una buena forma de garantizar los espacios individuales. Más complicado es disponer de los espacios comunes cuando hay hijos, pero siempre es importante encontrar la forma de coincidir a solas.

Expresar desde la asertividad y la empatía, con la clara conciencia de que el otro no nos pertenece ni debe nada por el hecho de ser nuestra pareja es uno de los objetivos fundamentales de la terapia de pareja para que la relación salga adelante. Son muchos los mitos sobre el amor que hacen daño dentro de la relación y que es imprescindible  cuestionar. La pareja, el otro, no es una fusión o vínculo incondicional, es un mundo aparte de mí con el que se camina, respetando las diferencias y su individualidad.

 

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