Terapia Psicológica

La Terapia Psicológica consiste en evaluar, diagnosticar y tratar las dificultades que nos hacen sufrir, en relación con el entorno y con nosotros mismos.

Para ello se emplean las diferentes técnicas que nos brinda la psicología científica y humanista. Todas ellas dirigidas a trabajar los síntomas desde la raíz, reconstruyéndote desde tus propias capacidades. Se trata de un apoyo para iniciar el aprendizaje de nuevas estrategias desde tu autoconocimiento.

De esta manera se logra emprender sin juzgarte el camino que te ayudará, no solo a resolver tu dificultad principal, sino también, a relacionarte con el mundo y con los demás de manera más eficaz. El objetivo es un desarrollo pleno y feliz.

como animar a alguien a ir al psicologo

Cómo animar a alguien a acudir a terapia

A pesar de que se sabe desde hace muchos años que la psicoterapia es eficaz para tratar muchos tipos de problemas psicológicos, aún hoy en día es frecuente encontrarse con personas que, necesitándolo, no quieren ir al psicólogo. Esto puede ser debido a varios factores y creencias, pero el resultado es el mismo: hay alguien sufriendo de una manera innecesaria, que no dispone de asistencia profesional y que puede llegar a empeorar su estado por no recurrir a un especialista con la formación adecuada. Por ello, a lo largo de este artículo veremos una serie de consejos para saber cómo animar a alguien a acudir a terapia psicológica, con varios ejemplos.

¿Cómo animar a una persona a acudir a terapia psicológica?

Una de las maneras más útiles de ayudar a un amigo o familiar que está sufriendo es informarle sobre por qué debería ir a terapia psicológica. Pero a veces, no es suficiente con limitarse a informar de manera genérica; hay que pararse a analizar qué creencias o sentimientos hacen que esa persona se resista a buscar ayuda profesional.

Estas son ideas clave que te pueden ayudar a convencer a alguien de que vaya a psicoterapia. No tienes por qué aplicarlas todas, sino solo aquellas que se adapten a la situación.

1. Explícale cuál es el objetivo de la psicoterapia

A veces, la reticencia a ir al psicólogo se origina simplemente porque se tiene creencias distorsionadas acerca de la naturaleza de este proceso terapéutico. Por eso, refutar ciertos mitos que existen acerca de lo que se hace en estas sesiones es muy eficaz para quitarle el miedo de acudir a psicoterapia a la persona que lo necesita.

Para hacerlo, hay que informarse acerca de los aspectos fundamentales del proceso de asistencia psicológica dada por los profesionales, y saber usar estos datos para rebatir creencias sin fundamento. Algunos de estos mitos que difunden ideas erróneas sobre la psicología son, por ejemplo:

  • La psicoterapia solo sirve para desahogarse, no para mejorar a medio plazo.
  • A terapia solo van las “personas locas”.
  • Los psicólogos tienen por sí mismos demasiados problemas psicológicos como para ayudar a nadie.
  • En terapia se realizan ejercicios de hipnosis que son peligrosos.

Así pues, al animar a alguien para que vaya a terapia, detecta indicios de que esa persona se aferra a creencias sin fundamento de este tipo, y aborda esos temas para cuestionarlos abiertamente y ayudar a que la persona termine desprendiéndose de ellas.

2. Háblale sobre la naturaleza cambiante del problema psicológico

Algunas personas no se animan a ir a psicoterapia porque asumen que tienen “un problema mental” que están condenadas a llevar de por vida, como si fuese cosa del destino. En estos casos, es muy útil hablarles acerca de lo que son los trastornos mentales: en la gran mayoría de los casos, no son únicamente expresiones de predisposiciones biológicas o genéticas, sino una combinación entre genética y el modo en el que hemos aprendido a relacionarnos con el entorno y con los demás.

De este modo, entenderá que desde la psicoterapia puede aprender a diferentes formas de interactuar con lo que le rodea, algo que tendrá un impacto positivo en su calidad de vida.

3. Ponle ejemplos de personas famosas que han ido a terapia

El hecho de hablar de celebridades que han acudido a psicoterapia y les ha servido es muy útil para animar a alguien a ir al psicólogo. Por un lado, muestra que estas sesiones no van asociadas a la marginación social. Por el otro, ofrecen la referencia de seres humanos claramente funcionales, echando por tierra el mito de que un problema psicológico deba “absorber” la vida de quien lo desarrolla.

4. Habla de la tarea de los psicólogos con problemas no patológicos

Otra forma de aliviar el posible temor a ir a psicoterapia es explicar que en psicología también se ayuda a personas que ni siquiera tienen trastornos diagnosticados. La terapia de pareja o la terapia a personas con baja autoestima son ejemplos de esto.

5. Proponte como acompañante para ir a terapia el primer día

Si esa persona siente algo de nervios ante la perspectiva de ir a psicoterapia por primera vez, propón que la acompañarás ese día. Es una manera de hacer que no sienta la necesidad de buscar excusas para no ir, a causa de la presión por enfrentarse a varias situaciones angustiantes a la vez. Se trata de poner muy fácil la primera toma de contacto con la asistencia psicológica por parte de profesionales.

6. Proponle la terapia online

Si ese amigo o familiar se resiste a todos tus intentos anteriores, también puedes proponerle la opción de recurrir a la terapia online. Es un formato de asistencia psicológica con videollamada que puede llegar a convencer más a quienes buscan discreción total, ya que no requiere ni salir de casa.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

● Caballo, V. (1991). Manual de técnicas de modificación y terapia de la conducta. Pirámide, Madrid.
● Robertson, Daniel (2010). The Philosophy of Cognitive–Behavioural Therapy: Stoicism as Rational and Cognitive Psychotherapy. Londres: Karnac.

Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso?

Una de las características de la psicología aplicada es que no existe un solo modelo que permita llevarla a cabo siguiendo un “canon”, una manera totalmente consensuada de hacer las cosas en terapia, como si todo se tratase de poner en práctica lo que pone en un manual de salud mental. Estudiaremos que es la terapia de aceptación y compromiso.

Es por eso que existen varios tipos de terapia que responden a perspectivas diferentes, maneras de ver las necesidades y los problemas psicológicos que afectan a las personas, así como las soluciones que pueden ser planteadas en cada caso.

En este artículo veremos una de esas propuestas de intervención psicológica en pacientes, la Terapia de Aceptación y Compromiso, o ACT, y explicaremos cuáles son las características que la definen.

Un tipo de terapia contextual

La Terapia de Aceptación y Compromiso es una forma de intervención en psicoterapia que forma parte de lo que se conoce como terapias de tercera generación, o Terapias Contextuales.

Esta tercera oleada de formas de intervención en paciente se caracteriza por no centrarse tanto en la eliminación o mitigación del síntoma como en poner el foco en la aceptación de y la capacidad para tolerar ciertas formas de imperfecciones e incomodidad inherente a la vida. En este sentido se distingue de la segunda generación de psicoterapias, las cognitivo-conductuales, que sí buscan combatir de manera directamente el malestar tanto en sus aspectos emocionales y cognitivos como en los comportamentales.

Dicho de otro modo, las terapias de tercera generación adoptan una perspectiva más positiva sobre los problemas que han llevado a los pacientes a tomar la decisión de ir al psicólogo, y enseñan a adoptar una nueva perspectiva de vida más constructiva y que no ponga el foco en la necesidad de hacer desaparecer de raíz el sufrimiento, sino en abrazar una nueva mentalidad y valores que permitan vivir la vida en positivo, apuntando hacia la consecución de valores que encajen con nuestra filosofía de vida.

Así, las terapias contextuales, como su nombre indica, se adaptan al contexto en el que vive cada paciente para examinar el tipo de valores desde los que, en cada caso, es más fácil ofrecer una perspectiva positiva y constructiva de lo que ocurre, aportando herramientas para que el malestar y el sufrimiento no lo impregnen todo y a la vez no poniendo como objetivo la meta irrealizable de hacer que todo sea bienestar constante.

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso?

Ahora que ya sabemos aproximadamente qué son las terapias contextuales, podemos entender cuál es la filosofía desde la que parte la Terapia de Aceptación y Compromiso.
Tal y como hemos visto, el foco de este tipo de intervención no está planteado en negativo, en eliminar malestar, sino en positivo, que en este caso implica aportar maneras de vivir la vida y de interpretar la realidad que permitan aumentar el grado de aceptación de aquello malo que ocurre sin que lo podamos controlar.

¿Y cómo se trabaja desde la ACT para conseguir esto? Durante las sesiones de psicoterapia, se crean situaciones desde las que se va entrenando al paciente para que se acostumbre a desprenderse de la rigidez psicológica, por un lado, y del fenómeno conocido como evitación experiencial, por el otro. Veamos en qué consisten.

La rigidez psicológica

Buena parte de lo que sentimos y pensamos no surge en nosotros porque sí, sino que es fruto de una serie de aprendizajes previos que hemos interiorizado consciente o inconscientemente.

Como se trata de esquemas mentales que ni siquiera sabemos que están ahí (porque nos cuesta imaginarnos cómo sería ver la vida desde otra perspectiva), apenas nos cuestionamos esas predisposiciones a pensar y a experimentar emociones de esa manera, lo cual significa que en ocasiones esas pautas psicológicas se convierten en una prisión, algo que nos constriñe y que genera rigidez psicológica.

Así pues, la Terapia de Aceptación y Compromiso se fundamenta en la idea de que los problemas que pueden salir a nuestro paso son demasiado diversos como para afrontarlos siempre con los mismos mapas mentales, y nos propone flexibilizar nuestra forma de interpretar lo que ocurre en nosotros y a nuestro alrededor. De esa forma, problemas que antes considerábamos que debíamos suprimir por completo se transforman en fuentes de incomodidad cuya importancia sabemos ver en perspectiva y que, visto desde cierto ángulo, no tiene por qué desgastar significativamente nuestra estabilidad psicológica.

La evitación experiencial

La evitación experiencial es el otro concepto clave de la Terapia de Aceptación y Compromiso. Consiste en la paradoja que se da cuando detectamos un problema que causa malestar psicológico: nuestras ganas de hacer que esa incomodidad desaparezca nos vuelve cada vez más sensibles a ese malestar, es decir, nos resta poder y se lo da a aquello que nos hace daño.

Así, la Terapia de Aceptación y Compromiso plantea vías alternativas a la evitación experiencial, haciendo que integremos las imperfecciones de la realidad en nuestra manera de entender la vida.

Un ejemplo de la ACT en pacientes

Veamos ahora un ejemplo de cómo funciona la Terapia de Aceptación y Compromiso en el caso de una mujer que está pasando por problemas para aceptar los signos que el envejecimiento provoca en su apariencia física.

En este caso, una manera de intentar abordar el problema sería considerar que la tristeza y la ansiedad que la persona siente al mirarse al espejo o al salir a la calle (a la vista de los demás) es en sí una fuente de malestar que hay que eliminar. Y otra manera de ver el problema sería comprobar que la persona sufre innecesariamente a causa de su incapacidad para aceptar aquello que considera una imperfección muy grave.

En este ejemplo, la persona tiene una excesiva rigidez psicológica en lo relativo a los cánones de belleza, lo cual hace que experimente la pérdida de la tersitud y del brillo de la piel una especie de duelo: aquello que antaño consideraba que le venía dado desaparece, dejando detrás de sí un cuerpo extraño que no le pertenece.

Por otro lado, la mujer también pasa por la evitación experiencial, algo que se nota desde la primera hora de la mañana, cuando evita mirarse al espejo y se pone chapuceramente una gruesa capa de maquillaje para cubrir sus arrugas.

La Terapia de Aceptación y Compromiso ayudará a esta persona a reconciliarse con su cuerpo real, a dejar de dar por sentado que tiene que parecerse a una versión idealizada de ella misma, y a vivir la vida sin preocuparse por problemas que principalmente existen en su imaginación.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

● Arch, Joanna J.; Craske, Michelle G. (2008). “Acceptance and commitment therapy and cognitive behavioral therapy for anxiety disorders: Different treatments, similar mechanisms?”. Clinical Psychology: Science and Practice. 15 (4): pp. 263 – 279.
● Hayes, S. C., Barnes-Holmes, D., & Roche, B. (Eds.). (2001). Relational Frame Theory: A Post-Skinnerian account of human language and cognition. New York: Plenum Press.
● Luciano, C., Valdivia, S., Gutiérrez, O., y Páez, M. (2006). Avances desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). EduPsykhé. Revista de Psicología y Psicopedagogía, 5(2), pp. 173 – 201.

Trastorno esquizoafectivo

Trastorno esquizoafectivo

Los trastornos mentales no suelen presentar límites muy claros que permitan diferenciarlos del resto de fenómenos psicológicos de carácter patológico. El trastorno esquizoafectivo es un ejemplo de esto, porque presenta características típicas de las alteraciones psicóticas y de los trastornos del estado de ánimo.

A lo largo de este artículo veremos cuáles son las particularidades y características del trastorno esquizoafectivo, sus posibles causas, sus síntomas y el tipo de tratamiento que se utiliza en este tipo de pacientes.

¿Qué es el trastorno esquizoafectivo?

El trastorno esquizoafectivo es descrita como un trastorno psiquiátrico en el que se dan tanto síntomas vinculados a los trastornos depresivos o de la bipolaridad como los que pertenecen al espectro de la psicosis y la esquizofrenia.

Así, las personas que pueden ser diagnosticadas con trastorno esquizoafectivo pueden presentar síntomas como la fática o la abulia (ausencia de motivación) o episodios maníacos propios de la depresión unipolar o del trastorno bipolar, y otros como las alucinaciones, delirios o habla desorganizada.

De esta manera, el trastorno esquizoafectivo desafía las clasificaciones utilizadas en los manuales diagnósticos, y presenta una complejidad especial.

Por otro lado, este es un trastorno relativamente poco frecuente, ya que se estima que en los países occidentales afecta a menos del 1% de la población, aunque puede ser diagnosticado en alrededor del 30% de los pacientes que ya han sido diagnosticados con esquizofrenia.

Síntomas

Para ver un resumen de los síntomas del trastorno esquizoafectivo, lo más útil es dividirlos según su naturaleza psicótica o depresiva-bipolar.

Síntomas de carácter psicótico

Es común que las personas con trastorno esquizoafectivo presenten crisis por alucinaciones, siendo especialmente comunes las auditivas (escuchar voces inexistentes u otros sonidos), aunque pueden estar vinculados a todos los sentidos. También se dan delirios, en los que existe un fallo en la percepción de la persona pero no a nivel sensorial, sino de creencias: la persona cree cosas imposibles o absurdas acerca de ella o el resto del mundo (es común que estos pacientes desconfíen del resto, al creer delirios persecutorios).

Por otro lado, otro de los síntomas del trastorno esquizoafectivo del espectro de la psicosis es el habla desorganizada, en la que lo que se dice no tiene sentido o está demasiado desordenado para ser fácil de comprender.

Síntomas depresivos

Los síntomas depresivos más habituales son la abulia o falta generalizada de involucrarse en actividades y relaciones personales, la anhedonia o falta de capacidad para experimentar placer, y la tristeza generalizada.

En ocasiones aparecen episodios mixtos, en los que surgen síntomas depresivos combinados con manía o hipomanía. Este segundo grupo de síntomas se asocian a un estado de ánimo extremadamente elevado, hasta el punto en el que la persona puede ponerse en peligro o puede poner en peligro a los demás. Por ejemplo, la persona entra en un estado de entusiasmo y agitación combinados con ideaciones de grandeza (la creencia de que uno lo puede todo) que le lleva a conducir un coche sin carné.

Causas

No existe una sola causa clara que explique por qué una persona desarrolla y manifiesta el trastorno esquizoafectivo, pero se asume que existen predisposiciones genéticas y factores ambientales que desencadenan esta alteración psiquiátrica. Hipotéticamente, tanto vivencias fuertemente estresantes o ligadas a un alto malestar, como el abuso de sustancias psicoactivos, pueden alterar la química cerebral y favorecer la aparición de trastornos psicóticos.

Por ello, durante el tratamiento se va con mucho cuidado para evitar que el uso de ciertos fármacos no empeore la situación: cada persona es única, y no existe una certeza total de que determinados medicamentos vayan a funcionar en un individuo.

Tratamiento

¿Qué se puede hacer para tratar el trastorno esquizoafectivo en terapia? En estos casos es necesario intervenir mediante la psicoterapia y la intervención psiquiátrica.

Esto implica que en fases de crisis grave puede recurrirse al internamiento, pero en general se realiza un seguimiento del caso combinando el uso de psicofármacos (antipsicóticos y antidepresivos) con la intervención psicológica, la psicoeducación y la terapia ocupacional.

Sin embargo, esta combinación de terapias por sí misma no suele curar totalmente a los pacientes, sino que sirve para amortiguar el carácter dañino de los síntomas y a hacer que se manifiesten menos veces y de manera menos intensa.

Por otro lado, en algunos casos los trastornos de este tipo desaparecen solos al cabo de varios años, pero esto no debe servir de excusa para no acudir a expertos en salud mental, dado que el trastorno esquizoafectivo puede ser mortal si no se gestiona bien.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

● Goetz, C.G. (2003). Textbook of Clinical Neurology. St. Louis: WB Saunders.
● Goodwin, F.K.; Jamison, K.R. (2007). Manic-Depressive Illness: Bipolar Disorders and Recurrent Depression, 2nd Edition. New York: Oxford University Press.
● Malaspina, D., Owen, M.J., Heckers S., Tandon R., Bustillo J., Schultz S., Barch D.M., Gaebel W., Gur R.E., Tsuang M., Van Os J., Carpenter W. (2013). Schizoaffective disorder in the DSM-5. Schizophrenia Research. 150 (1): pp. 21 – 25.
● Martin L.F., Hall M.H., Ross R.G., Zerbe G., Freedman R., Olincy A. (2007). Physiology of schizophrenia, bipolar disorder, and schizoaffective disorder. The American Journal of Psychiatry. 164 (12): pp. 1900 – 1906.

Síndrome amotivacional

Síndrome amotivacional

A pesar de que la marihuana tenga mejor imagen que el resto de drogas cuya venta es ilegal, lo cierto es que su consumo está asociado a riesgos significativos. Un ejemplo de esto lo encontramos en el síndrome amotivacional, fenómeno psicológico que surge como efecto a largo plazo tras llevar tiempo consumiendo cannabis.

En este artículo veremos qué es el síndrome amotivacional, cuáles son sus síntomas y causas típicas, y qué se hace en estos casos.

¿Qué es el síndrome amotivacional?

El consumo de sustancias con efectos psicoactivos puede dar paso a un amplio abanico de alteraciones psicológicas. El síndrome amotivacional es uno de ellos, y se da típicamente en quienes han estado consumiendo cannabis durante mucho tiempo y han desarrollado una intoxicación crónica.

En concreto, el síndrome amotivacional se caracteriza por la disminución significativa de las ganas de involucrarse en tareas que exijan un cierto esfuerzo, incluyendo las interacciones sociales. También está asociado al aplanamiento afectivo, es decir, un alejamiento de las propias emociones.

Estas características hacen que el síndrome amotivacional se asemeje en ciertos aspectos a la depresión, en la que también hay una pérdida de la capacidad de sentirse motivado (fenómeno conocido como abulia) y baja la reactividad emocional ante lo que ocurre alrededor de la persona. Sin embargo, en el síndrome amotivacional no suelen manifestarse pensamientos negativos o pesimistas, y tampoco un marcado sentimiento de tristeza o desesperanza.

En definitiva, tal y como hemos visto el síndrome amotivacional está compuesto por síntomas emocionales y cognitivos, y todos ellos tienen un impacto en el comportamiento de la persona afectada, la cual tiende a adoptar hábitos sedentarios, una actitud de pasividad, y tiene una vida social muy pobre o casi inexistente, marcada por el aislamiento. Veamos de manera más detallada cuáles son los síntomas típicos que manifiestan las personas con esta alteración.

Síntomas

Estos son los síntomas del síndrome amotivacional que suelen darse en la gran mayoría de los casos.

1. Aislamiento social

Las relaciones sociales siempre conllevan ciertos esfuerzos y sacrificios, y por ello este es uno de los ámbitos de la vida que se ven más afectados por el síndrome amotivacional. A la persona le cuesta encontrar incentivos para salir encontrarse con sus amigos o incluso para mantener conversaciones más o menos complejas y largas.

Además, a la práctica, muchas de las personas con síndrome amotivacional siguen consumiendo cannabis, hecho que las mantiene aún más aisladas en el caso de que en su círculo social cercano no sea habitual usar esta droga.

2. Desconexión con las propias emociones

Otro síntoma típico es el desapego con el entorno y con lo que le pasa a uno mismo. Se vive la vida como si se estuviese viendo una película. Esto se traduce en aplanamiento afectivo, es decir, que es muy poco habitual experimentar emociones intensas.

3. Pasividad generalizada

Otras maneras en las que el síndrome amotivacional se expresa lo encontramos en la pasividad de la persona ante sus responsabilidades y los problemas que debe resolver. Resulten habituales las quejas para que sean otros quienes atiendan estas cuestiones, o directamente la adopción de un estilo de vida basado en procrastinar (dejar para otro día lo que debe ser gestionado en el presente).

4. Dificultades para concentrarse

Las personas con síndrome amotivacional también suelen experimentar problemas a la hora de concentrarse para realizar tareas. Esto les afecta sobre todo en el contexto laboral, o en los estudios.

5. Cambios posturales

El síndrome amotivacional también se plasma en el lenguaje no verbal de la persona. En casos muy avanzados, la postura es encorvada, e incluso la manera de sentarse es diferente, caracterizada por la apatía y la falta de energía.

Causas

Aunque las causas específicas del síndrome amotivacional no son conocidas con exactitud, se asume que entran en juego tanto predisposiciones en cuanto a personalidad, como las alteraciones neuroquímicas que el consumo del cannabis tiene en el cerebro a largo plazo.

Así, uno de los factores más influyentes sería la modificación que esta sustancia tiene en los circuitos de recompensa del cerebro: con el tiempo, el sistema nervioso de la persona tiende a amoldarse a la necesidad de tener como prioridad el consumo de cannabis, y desatender todo lo demás.

En cualquier caso, una de las particularidades de este síndrome es que no aparece en todas las personas que abusan del cannabis durante varios meses o años, si bien esto no debería ser una excusa para dejar de tener en cuenta este riesgo.

Además, el síndrome amotivacional también podría estar causado, en algunos casos, por el uso prolongado de psicofármacos ISRS contra la depresión.

Tratamiento

Todas las intervenciones para combatir el síndrome amotivacional pasan por procesos de desintoxicación y cese del consumo del cannabis o de la sustancia que esté manteniendo este cuadro clínico. Para ello suele ser necesario tanto la asistencia terapéutica por parte de psicólogos, como la ayuda de psiquiatras.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Calabria B, Degenhardt L, Hall W, Lynskey M (May 2010). “Does cannabis use increase the risk of death? Systematic review of epidemiological evidence on adverse effects of cannabis use”. Drug and Alcohol Review. 29(3): 318 – 330.
Johnson, B.A. (1990). Psychopharmacological effects of cannabis. British Journal of Hospital Medicine. 43(2): 114 – 116, 118 – 120, 122.
Richard H.S. (1987). Marijuana: An Overview 34. Pediatric Clinics of North America. pp. 305 – 317.

Depresión postvacacional

Depresión postvacacional

Nuestro estado de ánimo depende en buena parte de los cambios que experimentamos en nuestros hábitos y en nuestro entorno. Y uno de los ejemplos más claros de este fenómeno lo encontramos en la transición entre el periodo de vacaciones y la vuelta a la rutina y al trabajo. En este artículo veremos qué es exactamente la depresión postvacacional, qué situaciones pueden causarla y el tipo de síntomas a través de los cuales se expresa. También repasaremos algunas posibles soluciones para dejar de sentirse mal en estos casos.

¿Qué es la depresión postvacacional?

La depresión postvacacional, a veces llamada también síndrome postvacacional, es un fenómeno psicológico relativo a los estados de ánimo que surge en algunas personas cuando vuelven a casa tras varios días fuera, normalmente en situaciones de ocio (vacaciones).

Eso no significa que alguien que en una ocasión experimente depresión postvacacional la vaya a vivir cada vez que se vuelva de vacaciones; en general, depende más del contexto que de las características biológicas de la persona.

¿De qué manera influye esta experiencia en el estado de ánimo? Normalmente, lo hace a través de síntomas depresivos leves, aunque en la gran mayoría de los casos estos no llegan a suponer un serio problema para la calidad de vida de la persona, ni están presentes durante más de una semana.

Además, la depresión postvacacional nunca llega a ser tan intensa como la depresión mayor; si existen dudas al respecto, lo más probable es que la persona ya experimentase un estado de ánimo significativamente bajo antes de irse de vacaciones, o durante estas.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la depresión postvacacional no aparece en los manuales de diagnóstico psiquiátrico más utilizados, y por consiguiente no existe una descripción consensuada acerca de lo que es como problema psicológico. Esto hace que sea complicado describir sus síntomas y proponer soluciones eficaces en la mayoría de los casos, aunque sí existen indicaciones que suelen ayudar a mejorar el estado de ánimo en general.

Síntomas

Estos son los síntomas asociados a la depresión postvacacional, aunque no tienen por qué aparecer todos a la vez.

1. Fantasear y rememorar

Tendencia a usar buena parte del tiempo libre a rememorar lo ocurrido en tiempos pasados más felices, o a fantasear con situaciones agradables que no han ocurrido; todo esto, sin que eso ocurriese antes de volver de vacaciones.

2. Bajo grado de motivación y de energía

Motivación muy baja para hacer cualquier cosa, incluidas las actividades de ocio que requieran de cierto esfuerzo físico o intelectual. También puede aparecer una sensación de fatiga física que no puede ser explicada por el estado de salud de la persona o por el hecho de haber comido poco o haber trabajado mucho.

3. Desesperanza

Aparece una sensación de desesperanza, la creencia de que nada de lo que ocurra en el futuro hará mejorar la situación aunque sea un poco. Es decir, que la persona empieza a manifestar un sesgo pesimista acerca de lo que ocurre y lo que puede llegar a ocurrir en el futuro.

4. Pesimismo y determinismo ante las responsabilidades a atender

Combinada con lo anterior encontramos la tendencia a asumir que uno mismo será incapaz de llegar a sus objetivos, a resolver todos aquellos problemas que forman parte de sus responsabilidades en casa y en el trabajo. Surge la sensación de que todo se nos hace “una bola”.

Causas

La depresión postvacacional no suele tener una única causa, pero se considera que el principal explicativo es el cambio; probablemente, si la persona nunca se hubiera ido de vacaciones, el hecho de vivir en la rutina del trabajo doméstico y profesional en el entorno en el que se vive parecería mucho menos terrible, pero es el paso de una situación agradable a otra en la que hay responsabilidades lo que genera un desajuste emocional.

Así, para que la depresión postvacacional deje de ser un problema, hay que realizar acciones que nos permitan re-adaptarnos lo mejor posible a una realidad que durante meses nos ha parecido “lo normal”, y no algo totalmente malo en sí mismo.

¿Qué hacer? Tratamiento

Tal y como hemos visto, en la mayoría de los casos la depresión postvacacional se extingue sola, en cuestión de pocos días. Sin embargo, la asistencia psicológica por parte de psicoterapeutas puede ayudar en este proceso.

En las sesiones de psicoterapia, el profesional de la salud mental entrena al paciente en habilidades que permiten adaptarse rápidamente a situaciones que nos exigen cambiar nuestro ritmo de vida de manera brusca.

Además, en estas sesiones de tratamiento psicológico de la depresión postvacacional también se ayuda al paciente a modificar sus sistemas de creencias que están minando su autoestima y la llevan a asumir que nunca podrá gestionar problemas totalmente superables.

De esta manera, mediante una mezcla de modificación de las ideas y modificación de los comportamientos que conforman nuestro día a día (lo cual es la base de la terapia cognitivo-conductual), la alianza terapeuta-paciente consigue que este último sea capaz de volver a tener el control de su vida y de afrontar los problemas habituales de lo cotidiano, que normalmente tienen poco que ver con lo que vivimos durante las vacaciones.

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Referencias bibliográficas:

Delgado, P (2000). “Depression: the case for a monoamine deficiency”. Journal of Clinical Psychiatry. 61: pp. 7 – 11.
Nawijn, J. et Al. (2010) Vacationers Happier, but Most not Happier After a Holiday. Applied Research in Quality of Life; 5(1): Nawijn, J. et Al. (2010) Vacationers Happier, but Most not Happier After a Holiday. Applied Research in Quality of Life; 5(1): pp. 35 – 47.

Ludopatía, Adicción al juego

Ludopatía, Adicción al juego

El mundo de las adicciones va mucho más allá de los efectos que producen las drogas. La adicción al juego o ludopatía es un ejemplo de dependencia patológica que existe independientemente del consumo de sustancias que afectan al cerebro humano, y muestra que desarrollar ciertos hábitos comportamentales también puede llegar a limitar nuestra libertad.

En este artículo veremos cuáles son los efectos y síntomas de la adicción al juego, cuáles son sus posibles causas, y cómo es el tratamiento psicológico pensado para ayudar a los pacientes con este trastorno.

Ludopatía ¿Qué es la adicción al juego?

La adicción al juego, también llamada ludopatía, es un tipo de adicción que está vinculado a los juegos de azar, y que lleva a la persona a sacrificar muchos aspectos básicos de su vida para poder seguir jugando.

Estos juegos pueden adoptar varias formas: poker, máquinas tragaperras, apuestas… Normalmente, alguien que ha empezado a desarrollar adicción al juego será más propenso que otras personas a involucrarse en partidas de cualquier juego de azar, y no se limitará solo a un solo formato.

Por otro lado, el componente patológico de la adicción al juego hace que estas personas sean capaces de apostarse la mayor parte de su sustento económico en una sola partida, e incluso pueden llegar a apostar recursos que son necesarios para seguir manteniendo a su familia, como la primera residencia o todos los ahorros.

 

Síntomas

Veamos ahora cuáles son los síntomas de la ludopatía, que incluyen fenómenos emocionales y conductuales.

 

1. Necesidad de apostar cada vez más

La persona se ve abocada a la necesidad de apostar cada vez mayores cantidades para poder hallar el nivel de satisfacción que busca. Esto hace que la peligrosidad de la adicción al juego sea cada vez mayor.

2. Pérdida de control

Quien sufre ludopatía nota cómo pierde el control de su vida, al intentar dejar de jugar y ser incapaz.

3. Irritabilidad

Si pasa mucho tiempo sin participar en juegos de azar, la persona empieza a mostrarse más irritable e irascible.

4. Problemas en las relaciones sociales

La persona con adicción al juego ve cómo sus relaciones personales significativas se ven dañadas a causa de su tendencia a mentir para ocultar sus intereses o de sus intentos por que los demás le dejen dinero para seguir jugando.

5. Necesidad urgente de recuperar las pérdidas

Tras perder mucho dinero, la persona siente que debe seguir jugando para volver a estar como antes.

6. Usa las apuestas para dejar de sentirse ansioso

Otro de los síntomas de la adicción al juego es la tendencia a usar esta actividad para aliviar el estrés o la ansiedad.

Causas

No existe una sola causa fácilmente identificable que explique por qué aparece la adicción al juego. Normalmente es una consecuencia de la combinación de muchos factores, tanto personales como contextuales.

Algunas de las variables tienen que ver con propensiones genéticas a desarrollar adicciones, aunque estas no son determinantes y no llevarán irremediablemente hacia la ludopatía si la persona no se expone a ciertas situaciones.

Por otro lado, la adicción al juego se da sobre todo entre personas de bajos recursos económicos, posiblemente a causa de las bajas expectativas de mejorar su calidad de vida. Sin embargo, es un trastorno psicológico que puede darse en personas de todas las clases sociales, y con todo tipo de nivel de ingresos.

Además, la propia adicción se retroalimenta a sí misma, presentándole a la persona situaciones de pérdida que en teoría (no a la práctica) podrían ser revertidas o “solucionadas” rápidamente si se sigue jugando. Esto contribuye a que surja un sesgo cognitivo llamado “ilusión de control”, por la que se sobreestiman las propias capacidades y capacidad de solucionar problemas fácilmente.

 Tratamiento en terapia psicológica

La adicción al juego es un trastorno psicológico que aparece descrito en los manuales diagnósticos de salud mental más utilizados, y se investiga mucho acerca del tipo de formas de terapia que pueden servir para eliminarla.

En general se recomienda la terapia cognitivo-conductual, en la que se ayuda a la persona a identificar los patrones de pensamiento y las creencias que alimentan a la adicción y contribuyen a que siga formando parte del día a día del paciente, y a la vez se la entrena en conductas que debiliten el poder que la ludopatía tiene sobre uno mismo.

De esta manera, los psicólogos llevan a la persona a cuestionarse muchas de las ideas preconcebidas que tiene acerca de cuál es su relación con el juego, y a la vez ayudan a detectar acciones y pensamientos vinculados a la ludopatía, y a combatirlos.

En algunos casos se recomienda también asistir a sesiones en grupo con otras personas que comparten el mismo tipo de problema, de manera que el apoyo mutuo y el sentimiento de comunidad sirvan como una fuente de inspiración y de motivación para mantener el compromiso de seguir con los programas anti-adicción.

Además, dependiendo de las características y necesidades de cada paciente, médicos y psiquiatras pueden aconsejar la toma de determinados psicofármacos, pero estos no deben ser vistos como la “curación” de la adicción al juego, sino más bien como una ayuda para reducir temporalmente algunos síntomas de la ludopatía, como por ejemplo las crisis de ansiedad.

En cualquier caso, estos medicamentos solo pueden tomarse bajo prescripción médica. No solo por las posibles reacciones adversas que podrían producir en el cuerpo, sino también porque en ciertos casos aumentan el riesgo de desarrollar otra adicción (en este caso, a la sustancia consumida) en personas ya de por sí predispuestas a ello.

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Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders. Arlington: American Psychiatric Publishing.
  • Kausch, O. (2003). Patterns of Substance Abuse Among Treatment-Seeking Pathological Gamblers. Journal of Substance Abuse Treatment. 25 (4): pp. 263 – 270.

Potenza, M. N (October 12, 2008). “The neurobiology of pathological gambling and drug addiction: an overview and new findings”. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences. 363 (1507): pp. 3181 – 3189.

Cómo mejorar las habilidades sociales

¿Cómo mejorar las habilidades sociales con un psicólogo?

En este artículo, descubriremos cómo mejorar las habilidades sociales con un psicólogo. La psicología no solo se encarga de ofrecer tratamiento a las personas con trastornos psicológicos; también pueden ayudar a personas con problemas más variados. Y entre estos problemas, uno de los más frecuentes es el que tiene que ver con la falta de habilidades sociales.

Si sigues leyendo, verás el modo en el que los psicólogos ofrecen asistencia psicológica para mejorar las habilidades sociales y gozar de mejores dotes al conversar, conocer gente, etc.

Nuestra Terapia Psicológica

Cómo mejorar las habilidades sociales con un psicólogo

Estas son varias de las formas en las que los psicólogos ayudan a mejorar las habilidades sociales de los pacientes que lo necesitan. Eso sí, hay que tener en cuenta que la intervención se adapta a cada caso particular, y como no hay dos personas iguales, hay aspectos de la terapia que pueden variar.

1. Mejora de la autoestima

Este es uno de los aspectos más importantes de la intervención psicológica, porque afecta a muchas otras áreas de la vida, y el ámbito social es uno de los más dañados.

Los problemas por baja autoestima generan inseguridades constantes tanto en las conversaciones en el momento en el que estas suceden, como a la hora de plantearse salir a relacionarse con más gente.

En estos casos, la propia ansiedad causada por la creencia de que vamos a hacer el ridículo obstaculiza nuestros intentos por sociabilizar, y se crea un efecto psicológico llamado “profecía auto-cumplida”: el miedo a que suceda algo hace aumentar significativamente de que esa situación temida ocurra.

Por eso, ayudar al paciente a que mejore su nivel de autoestima suele ser uno de los objetivos de la psicoterapia cuando se quiere intervenir en una gran variedad de problemas y alteraciones mentales.

¿Cómo se consigue esto? Para confrontar al paciente con el hecho de que tiene mucho más potencial de lo que cree, se utiliza una técnica llamada reestructuración cognitiva. Esta consiste fundamentalmente en hacer que el paciente ponga a prueba sus creencias más profundas, las más ligadas con su sentido de la identidad, para que así vea que hay muchos casos en los que estas se muestran totalmente irracionales y separadas de la realidad.

2. Asimilación de los fracasos

Otra manera en la que es posible mejorar en habilidades sociales gracias a la ayuda profesional de los psicoterapeutas es aprender a asimilar los pequeños fracasos o momentos incómodos en las conversaciones y las interacciones con los demás.

Y es que muchos de los problemas en las relaciones sociales surgen cuando hay unas expectativas demasiado irreales acerca de cómo deben ser. Idealizar las dotes conversacionales de los demás o asumir que los diálogos de la gente normal se parecen a los guiones de las películas pasa factura a quienes ven cómo lo que ellos hacen se aleja mucho de esa versión idealizada de la comunicación humana. Produce frustración, mina la autoestima, y genera la tendencia a creer que hacemos el ridículo cada vez que hay una pausa demasiado larga, una equivocación en el uso de las palabras, etc.

Mejorar en habilidades sociales significa también tener claro que en las interacciones con los demás lo normal son los errores y los fallos al hablar, algo que resulta tan común que ni reparamos en ello cuando son otros quienes caen en eso.

En definitiva, en las sesiones con el psicólogo se usan una serie de procedimientos para que el paciente sea consciente de que estos fallos forman parte intrínseca de las relaciones humanas.

3. Relativización de la importancia de lo que los demás crean sobre uno mismo

En las sesiones de intervención psicológica también se promueve que el paciente deje de obsesionarse con lo que los demás puedan pensar sobre él. El perderle el miedo a hacer el ridículo, incluso a hacer el ridículo voluntariamente si es necesario, es muy importante. Y también lo es aprender que el sentido del ridículo es algo muy relativo: depende sobre todo del grado en el que uno mismo manifiesta estar incómodo comportándose de cierta manera.

Dos personas haciendo lo mismo pueden ser percibidas de manera muy diferente dependiendo del grado de seguridad en uno mismo que demuestren; de hecho, alguien que se comporte de manera extraña o llamativa puede ser valorada positivamente si demuestra no avergonzarse de ello incluso siendo consciente de que es un comportamiento que llama la atención.

4. Exposición a más relaciones sociales

Los problemas de ansiedad en contextos sociales (o en la anticipación de estos) se trabajan siguiendo un programa de exposición a aquellas situaciones que la persona tema: primero proponiendo retos relativamente fáciles, luego un poco más difíciles, y así progresivamente, siguiendo una curva de dificultad ascendente.

La clave está en proponer tareas en las que la persona se sienta lo suficientemente incómoda y tensa como para que, al cumplir el objetivo, se experimente la mejora, la progresión, pero sin que se sienta tan mal que tire la toalla y le coja miedo a ese procedimiento.

De esta manera, en cuestión de unas pocas semanas es posible ver cómo alguien que al principio de la intervención psicológica sentía un miedo paralizante al hablar con desconocidos, pasa a desenvolverse con solvencia en las relaciones sociales.

5. Creación de rutinas

Otro de los recursos más útiles de la terapia psicológica para mejorar las habilidades sociales es el establecimiento de rutinas pactadas entre el paciente y el psicólogo. El profesional aconseja cuál debe ser la frecuencia y la duración de las situaciones en las que hay relaciones sociales, dependiendo del grado en el que el paciente ha progresado. También se tiene en cuenta el grado de familiaridad con las personas con las que hay que comunicarse: no es lo mismo hablar con un primo segundo que se ve dos veces al año que con un completo desconocido.

De esta manera, se crean rutinas que mantienen al paciente en una situación de constante aprendizaje, entrenándolo para ir acostumbrándose a afrontar estas interacciones de una manera espontánea.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Angélico, A.P.; Crippa, J.A.S.; Louriero, S.R. (2013). Social Anxiety Disorder and Social Skills: A Critical Review of the Literature. International Journal of Behavioral Consultation and Therapy. 7 (4): pp. 16 – 33.
O’Donohue, W. (2003). Psychological Skills Training: Issues and Controversies. The Behavior Analyst Today, 4 (3), pp. 331 – 335
Takeo, D. (2001). The Anatomy of Self: The Individual Versus Society. Kodansha International.

Hábitos para prevenir los trastornos psicológicos

10 hábitos para prevenir trastornos psicológicos

Nadie está predestinado a experimentar un trastorno psicológico. Si bien es cierto que a lo largo de la vida es probable entrar en alguna fase en la que la salud mental se ve comprometida (por crisis familiares, enfermedad, etc.), lo cierto es que hay mucho que podemos hacer para evitar en la medida de lo posible la aparición de estas alteraciones psicológicas. En este artículo vamos a ver 10 hábitos para prevenir trastornos psicológicos, y además explicaremos varias maneras de incorporarlos a tu vida de una manera consistente.

Hábitos para prevenir trastornos psicológicos

Estas son varias de las rutinas que puedes seguir para prevenir la aparición de trastornos. Muchas de ellas tienen que ver con prevenir la ansiedad, un elemento psicológico que aparece en la mayoría de trastornos mentales.

1. No consumas drogas

Este es, posiblemente, el hábito más eficaz para evitar tener problemas en lo relativo a tu salud mental: alejarse de las drogas todo lo posible. Incluyendo el alcohol y el cannabis, que si bien en ciertos entornos gozan de buena imagen (a pesar de que la venta de lo segundo esté prohibido en la mayoría de países), también tienen serias repercusiones psicológicas y son capaces de generar dependencia.

Son muchos los estudios que indican que el consumo de drogas aumentan mucho el riesgo de empezar a manifestar trastornos de tipo psicótico, e incluso si estos síntomas no aparecen, la adicción suelen venir acompañada de alteraciones mentales muy negativas para la salud.

Por cierto, que una droga sea considerada un producto “natural” tampoco es excusa. Hay muchas cosas que a pesar de ser consumidas sin procesarlas demasiado pueden llegar a dañar mucho el funcionamiento del organismo.

2. Duerme bien

Dormir permite que nuestro sistema nervioso se repare y se prepare para un nuevo día en el que deberemos gastar energía y concentrarnos. Acostumbrarse a no tener las horas de sueño necesarias nos perjudica de dos formas: empeora nuestro estado de salud de manera directa, y nos predispone a tomar sustancias que pueden agravar la situación.

3. Haz ejercicio moderado

Practica ejercicio o algún deporte cada dos o tres días, durante más o menos una hora. Esto no solo servirá para ponerte en forma: además, te activará y te proporcionará un contexto en el que desconectar y descargar tensiones.

El hábito de practicar deporte a menudo resulta especialmente eficaz para prevenir los trastornos de ansiedad.

4. Organiza bien tu tiempo

No organizarse bien puede aumentar el riesgo de que empiecen a manifestarse trastornos mentales, porque genera picos de estrés y de ansiedad, y muchas veces nos lleva a aislarnos por falta de tiempo para estar con más gente. Lo cual nos lleva al siguiente consejo

5. Cuida tu vida social

Relacionarnos con los demás no solo sirve para pasar el rato, obtener información y contar con ayuda cuando la pedimos. También tiene un efecto en el funcionamiento de nuestros procesos mentales.

Y es que el aislamiento resultante de pasar mucho tiempo a solas propicia la rumiación, la frustración, sedentarismo, y en general no nos aporta referentes externos para saber en qué momento nuestra salud mental empieza a declinar.

6. Mantén tu mente activada

Es importante que te plantees metas psicológicamente estimulante, objetivos que te obliguen a salir de tu zona de confort. Los hábitos de vida caracterizados por la monotonía hacen que nos estanquemos, mientras que mantener más actividad nos permite reforzar la calidad de nuestras capacidades cognitivas: memorizar, razonar, comunicarnos, etc.

7. Acude a profesionales cuando haga falta

Puede parecer obvio, pero para prevenir trastornos mentales, es importante disponer de la determinación para ir al psicólogo en cuando empezamos a notar que algo no va bien. Postergarlo tan solo empeorará la situación, en muchos casos.

8. Come bien

Otro aspecto básico de la salud mental es que el modo en el que nos sentimos física y psicológicamente depende de la materia prima que le aportamos a nuestro organismo.

Asegúrate de comer bien y de disponer de todos los nutrientes necesarios. De este modo t cuerpo no sufrirá para llegar a los objetivos relacionados con las demandas del día a día (madrugar, llegar al trabajo, concentrarse en una tarea, etc.) algo que podría resultar en un estado psicológico descompensado (un trastorno de ansiedad, baja autoestima por no alcanzar las metas, etc.).

9. Haz escapadas a la naturaleza

Este es otro de esos hábitos para prevenir trastornos mentales que tienen que ver con la importancia de desconectar de nuestras preocupaciones y obsesiones.

Pasear por entornos naturales nos ayuda a dejar de prestarles atención a ciertos pensamientos persistentes y que nos pueden inducir a estados de estrés. La naturaleza nos invita a perdernos en el aquí y el ahora, en el mundo de las sensaciones, algo que se parece mucho a lo que ocurre al meditar.

10. Aprende a no compararte con los demás

Las personas que están constantemente comparándose con los otros tienen más posibilidades de sufrir a causa de inseguridades, baja autoestima, etc. Hay que acostumbrarse a adoptar un punto de vida distanciado y neutral, que no sea presa de la desesperación por agradar a todo el mundo o por encajar en los cánones de lo bello o lo popular.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas

  • American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders. Arlington, VA: American Psychiatric Association.
  • de Weerth, C. (2017). Do bacteria shape our development? Crosstalk between intestinal microbiota and HPA axis. Neuroscience & Biobehavioral Reviews. 83: 458–471. 
  • Jeronimus et al. (2016). Neuroticism’s prospective association with mental disorders halves after adjustment for baseline symptoms and psychiatric history, but the adjusted association hardly decays with time: a meta-analysis on 59 longitudinal/prospective studies with 443 313 participants». Psychological Medicine 46 (14): pp. 2883 – 2906.
  • Öhman, A. (2000). Fear and anxiety: Evolutionary, cognitive, and clinical perspectives. In Lewis M, Haviland-Jones JM (eds.). Handbook of emotions. New York: The Guilford Press. pp. 573–93. 
  • Weston, D.; Morrison, K. (2001). A multidimensional meta-analysis of treatments for depression, panic, and generalized anxiety disorder: An empirical examination of the status of empirically supported therapies. Journal of Consulting and Clinical Psychology. 69 (6): 875–899.

 

Síndrome post-vacacional

Síndrome post-vacacional: ¿por qué ocurre y cuáles son sus síntomas?

El síndrome post-vacacional es una realidad que muchas personas tienen que afrontar en etapas concretas en las que vuelven de vacaciones. No se trata de un trastorno mental al uso, sino de un fenómeno psicológico que engloba varios factores y que se expresa a través de diversas formas de malestar. En este artículo veremos  el síndrome post-vacacional, por qué ocurre, cuáles son sus causas más frecuentes, y qué síntomas lo caracterizan.

¿Qué es el síndrome post-vacacional?

Podemos definir el síndrome post-vacacional como un fenómeno psicológico asociado a la tristeza y el malestar y que se da a la vuelta de vacaciones, durante los primeros días de la vuelta a la rutina en el trabajo o en la atención a las responsabilidades domésticas o familiares.

No es ni un tipo de depresión ni un trastorno mental en general, aunque algunos de sus síntomas se asemejen en parte a los propios de los trastornos del estado de ánimo. Se trata de una experiencia fuertemente vinculada al contexto que se está viviendo durante esos primeros días de retorno a las exigencias del día a día. Por ello, no es tampoco una condición crónica que vaya a afectarnos toda la vida cada vez que volvamos de esa fase de relajación y ocio.

Sin embargo, en algunos casos este nivel de malestar puede ser lo suficientemente intenso como para que quien lo vive en carne propia decida acudir al psicólogo a recibir terapia.

En cualquier caso, las experiencias negativas vinculadas al síndrome post-vacacional se desvanecen al cabo de unos pocos días o semanas, si bien la psicoterapia puede ayudar a que desaparezca antes.

Síntomas

Tal y como hemos visto, el síndrome post-vacacional no es exactamente un trastorno, sino un fenómeno psicológico transitorio y cuyo potencial para perjudicar nuestra calidad de vida es relativamente bajo.

Por ello, cuando hablamos de los síntomas del síndrome post-vacacional, no debemos entender este concepto como referente a lo que es expresado por una patología, sino simplemente como elementos psicológicos, fisiológicos y comportamentales que son fruto de la transición de unos hábitos a otros.

Aquí distinguiremos entre síntomas psicológicos, síntomas fisiológicos y síntomas comportamentales del síndrome post-vacacional.

Síntomas psicológicos

Entre los síntomas psicológicos más comunes encontramos los pensamientos de añoranza con respecto a lo que se ha vivido en el periodo vacacional, así como fases en las que se fantasea con volver allí o en las que se rememora lo sucedido para abstraerse del presente.

También destaca la presencia de la desesperanza acerca de lo que nos depara el aquí y el ahora (y los días por venir), con una visión sesgada sobre los esfuerzos que vamos a tener que realizar. Estas apreciaciones negativas son sobredimensionadas, y se dan porque quien sufre síndrome post-vacacional aún tiene como referencia básica lo que se ha experimentado durante las vacaciones.

Por otro lado, también es frecuente que aparezca la creencia de que uno mismo no va a ser capaz de hacer frente a todo el trabajo que hay por delante, de manera que en algunos casos se entra en un cierto estado de alarma.

Síntomas fisiológicos

En el síndrome post-vacacional es frecuente sentirse débil y a la vez ansioso, con los músculos que por defecto permanecen en un estado de tensión pero experimentando cierta pérdida de fuerza transitoria.

Esto tiene que ver muchas veces con el cambio brusco de hábitos de sueño y, en ciertos casos, también con el jet-lag, que puede llegar a solaparse con el síndrome post-vacacional.
Síntomas comportamentales

Entre los síntomas comportamentales que encontramos en las personas con síndrome post-vacacional figuran la pasividad y la procrastinación, derivados normalmente de la falta de energía o de la parálisis ante la idea de tener que hacer frente a demasiadas responsabilidades. Con el tiempo, los efectos de este fenómeno van agravándose, dado que van acumulándose tareas.

Causas

Hasta aquí ya se han ido intuyendo varias de las causas más importantes del síndrome post-vacacional. Veámoslas con más detalle en este apartado, teniendo en cuenta que como ocurre en cualquier fenómeno psicológico, en el síndrome post-vacacional no hay una sola causa ni se da siempre por las mismas causas.

1. Cambio de hábitos

El simple cambio de hábitos puede hacer que se desarrolle ansiedad y malestar por la situación presente, dado que hay que acostumbrarse (física y psicológicamente) a nuevas rutinas y a un nuevo ritmo de vida.

2. Problemas de sueño

Los problemas de sueño vinculados a la necesidad de ajustarse a las responsabilidades forman parte de las causas más frecuentes e influyentes por las que aparece el síndrome post-vacacional.

3. Mala gestión del tiempo

El empezar a trabajar de nuevo sin habernos preparado para ello puede causarnos problemas, como la incapacidad de hacer todo lo que deberíamos hacer (objetivos de trabajo en nuestro contexto profesional, responsabilidades del hogar en el contexto doméstico, etc.). Esto hace que se nos acumulen los problemas, lo cual a su vez refuerza y mantiene el síndrome post-vacacional.

¿Qué hacer?

La asistencia psicológica puede ayudar a combatir el síndrome post-vacacional, a partir de un programa de intervención terapéutica corta.

En estas sesiones, los psicólogos “entrenan” al paciente para que le resulte más fácil abrazar los nuevos hábitos de vida y que pueda adaptarse a esa rutina con normalidad.

Una vez se ha dado este paso, el día a día una vez pasadas las vacaciones suele ser vivido con normalidad, sin experimentar un especial malestar por no estar en una playa o en un hotel de montaña.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

● Dillner, Luisa (2013). How do you recover from jet lag? The Guardian.
● Nawijn, J., Marchand, M.A., Veenhoven, R., Vingerhoets, J. (2010). Vacationers Happier, but Most not Happier After a Holiday. 5(1): 35 – 47.

 

Los efectos psicológicos de la calor y el verano

Los efectos psicológicos del calor y el verano

El calor no solo es un fenómeno que notamos a través del bienestar o del malestar físico (dependiendo de si nos exponemos a él en exceso o en la justa medida). Además, se sabe que esta temperatura ligada al clima veraniego tiene un impacto en nuestra mente del que no siempre somos conscientes. A lo largo de este artículo veremos cuáles son los efectos psicológicos del calor y del verano, y para estar prevenidos y no preocuparnos solamente por el sudor y la posible incomodidad si las temperaturas son demasiado altas.

Los efectos psicológicos del calor

Este es un resumen de los diferentes modos en el que el calor, y más específicamente los periodos largos de calor como los que se dan típicamente en el verano, afecta a nuestra mente tanto cognitiva como emocionalmente. Por supuesto, no todo el mundo reacciona del mismo modo a los cambios de temperatura, así que lo que viene a continuación debe ser entendido como ideas generales acerca de fenómenos que ocurren a través de toda la población en general cuando el área en el que se vive queda sometida a una temporada calurosa.

1. Falta de concentración

Las dificultades para concentrarse son típicas cuando hace calor, y es uno de los aspectos psicológicos ligados a las altas temperaturas que se notan de una manera más clara, sobre todo en contextos laborales. Algo tan simple como trabajar en una oficina sin un buen sistema de aire acondicionado o sin ventiladores, además de generar malestar en los trabajadores, puede hacer que la productividad caiga.

2. Irritabilidad

La propensión a reaccionar a los estímulos desde una actitud de irritabilidad es otro de los efectos psicológicos del calor. Este fenómeno es común también en todas las situaciones en las que hay algún tipo de estímulo que causa malestar físico de manera constante durante un periodo relativamente largo (varios minutos u horas seguidas).

3. Ansiedad

Este factor puede ser considerado una consecuencia de los dos anteriores, de manera que también se vincula a la exposición al calor. Específicamente se da mucho durante el verano, en el ámbito profesional, dado que la gestión del malestar producido por el calor se suma a la necesidad de llegar a los objetivos laborales.

4. Cansancio

Pasado un rato tras la exposición al calor, surge el cansancio. En estas situaciones, la tendencia a reaccionar de manera excesiva a estímulos y a sentirse en un estado de alerta debido a la sensación de vulnerabilidad se ven sustituidas por el agotamiento, que es consecuencia de haberle exigido mucho a nuestro cuerpo.

Este agotamiento, como siempre, no es solo físico: también es psicológico, y se expresa a través de hechos como la desmotivación, la pasividad, la tendencia a dejarlo todo para mañana (procrastinación), e incluso el pesimismo y la desesperanza con respecto a las responsabilidades a las que hay que atender.

5. Dificultades para recordar

Como consecuencia del mismo desgaste físico que produce el agotamiento, el exceso de calor durante períodos largos produce dificultades para recordar, es decir, fallos transitorios de la memoria.

Este fenómeno no se debe a lesiones cerebrales, sino a cambios en la química del cerebro, que se adapta a las exigencias del entorno en tiempo real y, cuando falta energía, prioriza otras funciones más importantes que la evocación de información.

¿Qué hacer?

Si te interesa mitigar los efectos psicológicos negativos del calor del verano, sigue estos consejos

1. Acostúmbrate a tener localizadas áreas con sombra

En aquellos lugares al aire libre que suelas frecuentar, localiza deliberadamente varios lugares de la zona que ofrezcan sombra, y haz uso de ellos para las pausas para comer, los ratos en los que salgas a leer, etc.

2. Hidrátate bien

Aunque la temperatura no varíe, el estar más o menos hidratados influye mucho en la manera en la que nuestro cuerpo reacciona al calor. Asegúrate de llevar contigo una botella de agua para ir bebiendo de manera regular, para compensar la pérdida de líquido a través del sudor.

3. Usa ropa liviana y ancha

No solo basta con que el tejido sea fino: si quieres protegerte del calor excesivo, asegúrate de que tus prendas tienen al menos varias partes que quedan holgadas. De esta manera, el aire fluirá entre la ropa y la piel, haciendo que el impacto del calor sea menor.

4. Dúchate de manera diaria

Las duchas refrescan el cuerpo y aclaran la mente. Pero ojo, no te duches más de una vez al día de manera regular, dado que esto podría desgastar la capa externa de la piel.

Conclusión

Tal y como hemos visto, los efectos del calor van mucho más allá de lo físico, y se adentran en el ámbito de lo psicológico a través de aspectos cognitivos (como las dificultades para concentrarse y para recordar) y emocionales (como la irritabilidad). Por ello, debemos prestar atención a las señales que nos manda nuestro cuerpo para saber detectar esta clase de alteraciones cuando empiezan a manifestarse.

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Baldauf, D., Desimone, R. (2014). Neural mechanisms of object-based attention. Science. 344 (6182): 424 – 427.
Johnson, J. (2008). Somatosensation. Ámsterdam: Elsevier.
Linnell, K.J. y Caparos, S. (2011). Perceptual and Cognitive Load interact to Control the Spatial Focus of Attention. Journal of Experimental Psychology. 5. 37 (5): 1643 – 1648.
Nakamura, K. (2018). Thermoregulatory behavior and its central circuit mechanism-What thermosensory pathway drives it?. Clinical Calcium. 28 (1): 65 – 72.

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