Terapia Sexológica

La terapia sexológica se centra desde la primera sesión en evaluar e informar del tratamiento concreto que se va a seguir para superar nuestra dificultad sexual, con las técnicas y pautas apropiadas para cada caso.

La terapia sexológica no se puede desligar de la educación sexual y de conocer el modo de vivir de nuestra propia sexualidad, ya que en la mayoría de los casos las dificultades sexuales devienen de miedos, prejuicios, inseguridades y desinformación sobre el sexo y la sexualidad.

El sexólogo es un profesional especializado en la sexualidad humana, que educa y da pautas concretas para superar las dificultades sexuales por las que todos podemos pasar en algún momento de nuestra biografía sexual.

9 Mitos sobre la sexualidad

mitos sobre sexualidad

En este artículo estudiaremos 9 mitos muy comunes sobre la sexualidad. Hay muchísimas ideas erróneas sobre las relaciones sexuales, pero aquí recogemos algunas de las más habituales para refutarlas con información real.

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1. “Existe una edad adecuada para perder la virginidad ”

Este es uno de los mitos que todavía preocupa a la población más joven. Y no es un mito sólo porque no exista una edad límite para empezar a mantener relaciones sexualies, sino porque el concepto de la virginidad es erróneo en sí mismo. ¿Se es virgen si se ha tenido sexo oral pero no penetración, por ejemplo? Según esa regla, ¡muchas mujeres lesbianas serían vírgenes toda su vida! Este es un concepto muy problemático que viene de otros mitos como el de concebir el sexo sólo como penetración, o por la desinformación sobre la anatomía del himen.

2. “El sexo tiene que ser espontáneo”

Es muy común pensar que las relaciones tienen que “surgir”, cuando no lo aplicamos a otras actividades de nuestra vida. No comemos sólo cuando tenemos hambre ni dormimos cuando tenemos sueño, y el problema de pensar así sobre el sexo es que a no buscarle un hueco en nuestro día a día puede verse relegado a algo para lo que nunca encontramos el momento. Tener momentos concretos para las relaciones sexuales puede ser excitante, ya que generamos cierta expectación.
Además, al hablar sobre cuándo tenemos sexo estamos incluyendo un componente de consentimiento explícito que por desgracia no siempre está presente.

3. “Los hombres tienen más deseo que las mujeres”

La biología es sólo uno de los factores que influyen en nuestra sexualidad. Es cierto que la testosterona puede incrementar el deseo sexual, pero no olvidemos que todos los seres humanos tenemos testosterona y estrógenos en proporciones variables.
Este mito está muy influido por los roles sociales que se esperan en función del género. Así, la promiscuidad está mal vista en las mujeres mientras que de los hombres se espera que “siempre estén dispuestos”.

4. “Los afrodisíacos aumentan el deseo”

A día de hoy no se ha encontrado ninguna sustancia que se pueda afirmar que incrementa directamente el deseo sexual. Hay sustancias que desinhiben, como el alcohol y otras drogas, pero que después perjudican a la respuesta sexual. Otros elementos pueden favorecer la circulación y mejorar la respuesta sexual, pero sin aumentar el deseo necesariamente. Por lo general, las personas que consumen alimentos y sustancias supuestamente afrodisíacas pueden experimentar mayor deseo por efecto placebo .

5. “El tamaño del pene importa”

La eterna pregunta… El hecho de que un pene mida más o menos centímetros no es relevante para el placer ya que la sensibilidad de la vagina y el ano no se encuentran en puntos muy profundos (en la vagina, por ejemplo, la mayor sensibilidad está en el tercio exterior). Entonces, ¿por qué hay personas que se fijan en el tamaño? Precisamente por el mito del tamaño hay personas que prefieren que el pene sea grande porque les causa una mayor excitación su apariencia, pero realmente las sensaciones sólo cambian si es demasiado pequeño (inferior a 8 cm en erección) o demasiado grande (ya que puede producir dolor).

6. “No tener orgasmos durante la penetración es un problema”

En parejas heterosexuales es una preocupación común. Sin embargo, la mayoría de las mujeres necesitan una estimulación directa del clítoris para alcanzar el orgasmo (y durante el coito la estimulación de este órgano suele ser indirecta).
Además es un error distinguir entre orgasmos vaginales y clitoridiales ; el orgasmo es una respuesta fisiológica única, sea cual sea el estímulo por el que se llegue a él.

 

7. “El sexo durante la menstruación es antihigiénico”

El contacto con la sangre menstrual en las relaciones no es fuente de infecciones o enfermedades. El cuerpo puede estar algo más sensibledurante el periodo, pero si se usan las medidas de precaución habituales es perfectamente seguro. ¡Incluso hay personas que sienten más deseo y placer durante estos días!

8. “El sexo anal está relacionado con la orientación homosexual”

Esto parece muy básico, pero es un mito que aún persiste. El desconocimiento de la estimulación anal provoca miedos a que sea dolorosa, a que descubra “tendencias ocultas”… ¡cuando lo bueno que tiene es que todo el mundo puede disfrutar de ello! Es especialmente frecuente entre muchos chicos cisgénero y heterosexuales tener curiosidad o deseos de llevar a cabo la penetración anal a una mujer al mismo tiempo que experimentan rechazo ante la idea de recibir estimulación anal por la presencia de creencias homófobas.

9. “Si tienes pareja no deberías masturbarte”

Hay personas que se sienten traicionadas si su pareja se masturba, ya que puede provocar inseguridades del tipo: “Si lo hace es porque no está satisfecha” o “Seguro que está pensando en otra”. Pues bien, la autoestimulación es sana y recomendable en todas las etapas de la vida. Autoexplorarse y darse placer permite conocer mejor el propio cuerpo y así disfrutar mejor de la sexualidad con y sin pareja.
Estas y otras creencias erróneas pueden provocar conflictos de culpa, autoestima y problemas de pareja, pero recurrir a profesionales de la Sexología puede ayudar a vivir la
sexualidad de manera más libre y satisfactoria.

 

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Referencias bibliográficas:

Crooks, R. y Baur, K. (2010). Nuestra Sexualidad. Santa Fe, México: Cengage Learning.
Fernández, B. y López de la Llave, A. (2015). Mitos y falacias sexuales. Madrid, España: UNED.

Fantasías Sexuales, un mundo por descubrir

fantasías sexuales

El sexo es un área más de nuestra vida, puede influir en nuestro estado de ánimo, en las relaciones que tengamos con los demás así como en nuestra autoestima y autoimagen. Siendo un tema tan crucial y presente en la vida del 100% de personas, todavía nos queda mucho camino que recorrer en muchos aspectos del sexo. En este post vamos a hablar sobre un aspecto concreto del sexo: fantasías sexuales. Es un tema muy común en las conversaciones entre amigos y amigas. Todo el mundo alguna vez ha tenido alguna fantasía sexual.

Aquí vamos a resolver algunas preguntas que nos pueden surgir cuando hablamos de las fantasías sexuales: ¿tienen más fantasías los hombres que las mujeres? ¿si fantaseo con otra persona que no es mi pareja, le estoy siendo infiel? ¿en las fantasías puede pasar de todo?

Estas preguntas y muchas otras son las que vamos a ir respondiendo a lo largo del post, tratando de resolver cualquier duda que pueda surgir sobre este tema tan famoso y tan poco hablado.

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¿Qué son las fantasías sexuales?

Las fantasías son representaciones mentales que creamos basadas en nuestros deseos. En las fantasías eróticas surgen pensamientos e imágenes que provocan una sensaciones físicas vívidas como placenteras. El mundo creativo nos permite canalizar determinadas sensaciones físicas como psicológicas que en determinados momentos no podemos expresar. De esta manera, a nivel erótico, las fantasías cumplen una serie de funciones para nuestra persona:

1. Ayudan al autoconocimiento

A través de las fantasías que tenemos, vamos a ir averiguando qué es lo que nos produce más placer, qué es lo que nos produce intimidad con nuestra pareja o con la pareja que deseamos, qué es lo que no nos gusta o nos genera sentimientos de angustia o miedo…Todo ello nos da una información muy amplia y heterogénea sobre nuestro propio sentir y nuestro cuerpo.

2. Ayudan a la comprensión de nuestra persona en el terreno psicosexual

Este es el punto de partida para dejar de culparnos por sentir una cosa u otra. Es el primer paso para la psicoterapia, aceptarnos tal y como somos y poder entendernos un poco más, con el objetivo de poder cambiar aquello que nos está dañando.

3. Ayudan al desarrollo sexual, crecimiento personal y a la creatividad no solo en el terreno erótico

Esta última se deriva de las anteriores añadiendo la parte creativa. En el momento en que nuestra mente comienza a crear imágenes o pensamientos, estamos creando algo nuevo, concretamente en el ámbito sexual. Esto nos da a conocer muchas partes de nuestro yo y a partir de ahí poder desarrollarlas como queramos. Esta habilidad, se puede llevar a cualquier ámbito de nuestra vida y fomentar el mundo creativo.

Tipos de fantasías sexuales

Las fantasías eróticas pueden tener distinta temática y desde ahí se derivan los diferentes tipos:

Espontáneas

No son voluntarias y pueden surgir a partir de escuchar alguna canción, de algún olor o de algo que veamos. Surgen a partir de nuestros sentidos pero de una forma no consciente.

Voluntarias

Son aquellas que nos creamos sobre una temática concreta y con alguien concreto. Pueden ser escenas que ya hayamos vivido y las volvemos a revivir; pueden ser escenas no vividas y que deseamos que ocurran; o pueden ser escenas no vividas y que no queremos que nos pasen.

Contenido Sexual

El cual puede ser genital o global. Generalmente se ha comprobado que las fantasías con contenido genital son más propias de los hombres, mientras que las de contenido global, en las que hay más erotismo, romanticismo…son más propias de mujeres.

Contenido Sexual no explícito

Por ejemplo en los fetichismos, donde una prenda de vestir puede convertirse en un estímulo sexual.

La persona como sujeto activo o pasivo

A veces pueden darse fantasías en las que la persona sea espectadora o bien que sea la protagonista de la escena.

Las fantasías sexuales, al igual que nuestra creatividad, va evolucionando según el periodo vital de la persona, sus experiencias y sus valores. Además en ello entra en juego el papel de la cultura en la que crecemos. Con ello quiero decir, la tipología de fantasías sexuales puede ir variando y nos podemos reconocer en todos los tipos a lo largo de nuestra vida.

 

Mitos sobre las fantasías sexuales

Cualquier tema que sea tabú en una sociedad y del que nos hagamos muchas preguntas, provoca que se creen una serie de mitos, que concretamente en el tema sexual, son una de las causas de disfunciones o malestar en la propia persona. Por esto, quiero explicar algunos mitos o preguntas que las personas se hacen con respecto a las fantasías:

Los hombres tienen más fantasías sexuales que las mujeres

Según un estudio publicado en The Journal of Sex Research concluyó que los hombres piensan una media de 19 veces al día en sexo y las mujeres tan solo 10.
Si nos quedamos con este dato sacado del estudio, lo más probable es que demos por válido el mito anterior. No obstante, para poder darle un sentido hay que contextualizar.
Socialmente, a las mujeres se les ha educado para cuidar, estar en pendiente de las relaciones y la expresión de las emociones. En cambio a los hombres se les ha educado en la no expresión de emociones, centrarse en sus deseos e ir a conseguirlos.
Con esto como base, es fácil pensar que los hombres tengan cierta facilidad para tener o crear unas imágenes más sexuales, que van enfocadas a los genitales y a conseguir el orgasmo. En cambio las mujeres, están más enfocadas en la parte más sentimental o romántica de esas imágenes, en lugar de en la genitalidad.
Por supuesto esto no quiere decir que los hombres no tengan fantasías de carácter romántico ni viceversa en las mujeres, lo que demuestra es que debemos poner atención en la educación sexual para abrir las posibilidades tanto a hombres como a mujeres.

Si fantaseas con alguien que no es tu pareja, estás siendo infiel

Esto es un tema muy debatido y que se relaciona con el límite entre lo real y lo ficticio. En las parejas puede generar culpabilidad o dudas en cuanto a los sentimientos que se tienen hacia ellas.
Las fantasías son del mundo imaginario, lo que quiere decir que son representaciones mentales que se crean las personas a partir de sus experiencias, valores, cultura, deseos…Esto forma parte de nuestro mundo interior, privado al que solo puede acceder uno mismo.
Por lo tanto, en la imaginación y en las fantasías puede pasar de todo con quien se quiera, sin significar que quiera acostarme con otra persona que no es mi pareja o que ya no sienta lo mismo por mi pareja.
El mundo creativo nos da información sobre nuestro yo y desde ahí es desde donde lo tenemos que interpretar y analizar para no mezclarlo con nuestra realidad.

¿Hay fantasías buenas y malas?

En relación con lo anterior, obviamente no. Como ya he descrito antes, las fantasías corresponden a nuestro mundo creativo, lo que no implica que no sepamos cuales son los límites de la realidad.
Por ejemplo, si yo sueño que puedo volar, esto no implica que cuando me despierte vaya a saltar por la ventana porque crea que vaya a volar. El mundo de las fantasías es exactamente igual, se queda en la fantasía donde no hay límites, pero no implica que en la realidad vayamos a saltarnos esos límites.
Por lo tanto, las fantasías no son ni buenas ni malas, son creaciones que nos hacemos para expresar algo.

Para concluir este post, decir que las fantasías es una manera de ampliar nuestro mundo creativo y aprovechar al máximo el potencial que tenemos y que no siempre podemos expresar.

 

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Referencias bibliográficas:

Psicoerotismo femenino y masculino. Fina Sanz
The Journal of Research.

Las causas más frecuentes de disfunción eréctil

disfuncion erectil

La Disfunción Eréctil, también conocida como Trastorno de la Erección, es una de las disfunciones sexuales más frecuentes. Popularmente se ha conocido con el nombre de “impotencia”, pero este término tiene connotaciones muy negativas.

La Disfunción Eréctil puede experimentarse de maneras muy diversas: hay quienes tienen dificultades para iniciar la erección mientras que otras personas la pierden en el momento del coito, y también hay quienes experimentan erecciones pero no con la rigidez suficiente como para practicar sexo con penetración. También hay variabilidad en cuanto a la historia del problema, porque hay personas que lo experimentan desde sus primeras experiencias sexuales, pero otras empiezan a sufrirlo en un momento concreto de su vida. Además, a algunas personas les ocurre en todos sus encuentros sexuales mientras que para otras sólo se produce en determinadas situaciones o con una pareja en particular.

Lo que sí es claro es que, como hemos mecionado, es una de las dificultades sexuales más frecuentes; tiene una prevalencia del 37 al 48% pero, dado que es un tema del que no se suele hablar, quienes lo experimentan pueden sufrir un gran estigma y aislamiento.

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Causas y factores principales de la disfunción eréctil

Descubriremos a continuación las dos causas principales de la disfunción eréctil:

 

Factores orgánicos

Los problemas físicos pueden ser la causa en un 30% de los casos de Disfunción Eréctil, aproximadamente. La mayoría de ellos pueden beneficiarse del tratamiento médico. Incluyen problemas estructurales, enfermedades y conductas nocivas para el cuerpo:

Edad

De manera natural, la erección puede ir perdiendo rigidez con los años. A esto pueden sumarse condiciones orgánicas y problemas crónicos propios de la edad que condicionan la
facilidad para tener una erección.

Estilo de vida

Bien sabido es que cuidar la salud en general ayuda a un mejor funcionamiento, incluyendo el ámbito sexual. El sedentarismo, el exceso de colesterol y la obesidad vienen dados por hábitos poco saludables que pueden tener una influencia importante sobre la erección.

Enfermedades

Los problemas vasculares, algunas enfermedades neurológicas y afectaciones de los cuerpos cavernosos (como la enfermedad de Peyronie) tienen las dificultades de erección entre sus síntomas

Por eso es importante hacerse un reconocimiento médico para descartar cualquiera de estas enfermedades.

Alteraciones hormonales

Determinadas deficiencias en los niveles de hormonas pueden ocasionar problemas relacionados con la erección, por lo que se suele recurrir al tratamiento
hormonal en estos casos.

Consumo de sustancias

Desde el alcohol y el tabaco hasta la cocaína y las anfetaminas, pasando por fármacos como los antihipertensivos o los antidepresivos, hay muchas sustancias que pueden influir en la capacidad de erección.

Intervenciones quirúrgicas

Algunas operaciones pueden derivar en problemas de este tipo, como la prostatectomía radical en los casos de cáncer de próstata.

 

Causas psicológicas

Los factores psicológicos se trabajan con terapia psicológica y sexológica, aunque hay personas que al recurrir a ayudas farmacológicas experimentan mayor seguridad a la hora de afrontar sus relaciones sexuales aunque el origen de sus dificultades no sea físico. Estas variables son más complejas ya que suelen estar interrelacionados, pero vamos a tratar de separarlas.

Ansiedad

La respuesta de ansiedad está regulada por el Sistema Nervioso Simpático (encargado de la activación), mientras que la respuesta sexual está regulada por el Sistema Nervioso Parasimpático (relacionado con estados de relajación). Como estas dos divisiones del Sistema Nervioso no pueden actuar al mismo tiempo, al ir a un encuentro sexual con ansiedad no puede darse la respuesta de excitación. El problema puede surgir cuando, a raíz de una experiencia puntual de pérdida de la erección, el episodio se viva con una percepción de fracaso que haga que las siguientes relaciones sexuales se afronten con anticipación ansiosa.

Estrés

Cómo no, el estrés puede ser causa de cualquier malestar. Las etapas de la vida en las que las dificultades parecen amontonarse y no hay tiempos ni recursos para nada dejan poco margen para relajarse a la hora de disfrutar de la sexualidad. Mantener un estado de tensión constante no permite que se activen los mecanismos necesarios para tener una erección, y esto puede unirse a cualquiera de los otros posibles factores que estén influyendo en el problema.

Problemas de pareja

Las expectativas en pareja son fundamentales en estos casos. Una mala reacción ante una pérdida de erección puede ejercer una gran presión y perpetuar el problema, puesto que ya de por sí existe una expectativa exagerada a nivel de género a la hora de “rendir” en el sexo y satisfacer a la pareja (como si nuestro placer sexual fuese responsabilidad de nuestra pareja). Esto, unido al coitocentrismo (o sea, la tendencia a basar todas las relaciones sexuales en la penetración) hace que el momento del coito sea tenso y agobiante. Esto puede darse en pareja cuando no hay un buen hábito de comunicación sexual, pero también ocurre en relaciones esporádicas en las que no existe un grado de confianza que permita relajarse y disfrutar de manera conjunta.

Sea cual sea la causa, es importante tratar la Disfunción Eréctil para que no desemboque en otros problemas como el bajo deseo sexual, problemas en la eyaculación o conflictos de pareja.

 

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Referencias bibliográficas:

Hatzimouratidis K., Amar E., Eardley, I., Giuliano, F., Hatzichristou, D., Montorsi, F…. Wespes, E.
(2010). Guidelines on Male Sexual Dysfunction: Erectile Dysfunction and Premature Ejaculation.
European Urology. Recuperado de doi: 10.1016/j.eururo.2010.02.020
Hurtado, F. (2016). Técnicas de evaluación en sexología clínica y criterios diagnósticos. Madrid,
España: UNED.

Terapia sexológica: ¿cómo funciona exactamente?

terapia sexológica cómo funciona

La terapia sexológica es una de las herramientas del bienestar físico y psicológico más importantes. De hecho, su capacidad de adaptarse a las necesidades de los pacientes hace que esta propuesta terapéutica no pueda ser considerada una técnica, sino un conjunto de métodos y prácticas muy diversas, mediante las cuales los sexólogos ayudan a las personas a sentirse mejor con su sexualidad. En este artículo veremos qué es y cómo funciona la terapia sexológica, y por qué merece la pena plantearse utilizar este servicio si se tiene algún problema en la manera de vivir el sexo (con o sin pareja).

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¿Qué es la terapia sexológica?

El tabú que envuelve la sexualidad ha hecho que, en demasiadas ocasiones, subestimemos la importancia que tiene la manera de experimentar la vida sexual.

Y es que para la gran mayoría de las personas, este fenómeno vinculado con las pasiones y la faceta íntima de cada uno forma parte de la propia identidad, de manera que los problemas sexuales no solo nos afectan al tener sexo, sino que también nos dañan en cualquier otro momento: inseguridades, frustración, baja autoestima, pensamientos catastrofistas sobre la búsqueda de pareja, etc.

La terapia sexológica tiene como objetivo intervenir en ese amplio espectro de maneras de vivir la sexualidad, ayudando a las personas que experimenten algún tipo de problema o malestar en este ámbito de la vida. Por consiguiente, no se centra solo en los aspectos más biológicos y mecánicos de las prácticas sexuales convencionales, sino que va más allá, cubriendo fenómenos como las parafilias, las inseguridades ligadas a una orientación sexual no normativa o a la disforia de género, los problemas de autoestima vinculados al sexo, etc.

Como la terapia sexológica interviene en procesos en los que se conjugan lo biológico, lo psicológico y lo contextual, pertenece a un área de trabajo totalmente interdisciplinar: la sexología, en la que pueden trabajar médicos y psicólogos.

De esta manera, la terapia sexual va más allá de la evaluación médica y la realización de procedimientos quirúrgicos o el uso de medicamentos, los cuales en muchos casos no son necesarios; hace uso de técnicas provenientes del mundo de la psicoterapia, y además proporciona a los pacientes un contexto profesional en el que es posible expresarse sin temor a ser prejuzgados.

¿Para qué problemas y trastornos sexuales sirve?

Normalmente, la terapia sexológica se utiliza o bien como complemento de procedimientos médicos que afectan a las funciones sexuales (para adaptarse a los cambios), o bien para hacer que los síntomas de los trastornos sexuales disminuyan.

Hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones, incluso los problemas que aparentemente tienen causas fisiológicas, como la disfunción eréctil o el vaginismo, tienen también raíz psicológica, mientras que otros tienen una vinculación más clara con los procesos mentales, como los miedos e inseguridades relacionadas con el sexo o la propia desnudez.

Dicho esto, algunos de los trastornos sexuales que llevan a la gente a los servicios de la terapia sexológica son los siguientes:

  • Trastorno sexual hipoafectivo
  • Adicciones sexuales
  • Vaginismo
  • Impotencia masculina
  • Eyaculación precoz
  • Dispareunia
  • Fobias vinculadas a la práctica sexual

 

Herramientas y tratamientos usados en terapia sexual

Para entender cómo funciona la terapia sexológica, veamos un resumen de varias de las prácticas más comunes utilizadas durante las sesiones (aunque hay muchas más).

1. Reestructuración cognitiva

Este procedimiento tiene como objetivo que los pacientes se cuestionen creencias que están muy arraigadas en ellos y que resultan dañinas en su manera de vivir su sexualidad. Por ejemplo, la creencia de que todo el mundo es juzgado como ridículo estando desnudo, o que las mujeres no disfrutan del sexo.

2. Ejercicios de Kegel

Los ejercicios de Kegel sirven para fortalecer una serie de músculos del suelo pélvico, los cuales además de jugar un papel en la contención de la orina en hombres y mujeres, están vinculados a la existencia o no de eyaculación precoz, entre otras alteraciones.

3. Técnicas de relajación

Las técnicas de relajación sirven para gestionar las situaciones de ansiedad que algunas personas sienten al intimar con otras. Además, relajarse permite que se activen los procesos fisiológicos que intervienen en la erección y la lubricación de la vagina.

4. Desensibilización sistemática

Este tipo de prácticas terapéuticas también se utiliza en personas cuyos problemas en lo relativo al sexo están relacionados con la ansiedad, algo muy común en el vaginismo o la disfunción eréctil, por ejemplo.

Consiste en enfrentarse a situaciones temidas sin huir de ellas, a la vez que realiza ejercicios de relajación. De esta manera, se asocia esa fuente de estrés a un contexto de relajación, para terminar experimentando en primera persona cómo con el paso del tiempo nada malo ocurre y la angustia va desapareciendo.

5. Técnica de parada y arranque

La técnica de la parada y arranque sirve para reconocer las sensaciones previas al reflejo orgásmico, y resulta especialmente útil en la terapia sexológica aplicada a los problemas por eyaculación precoz.

6. Psicoeducación

Si bien no es en sí una forma de terapia en el sentido de que no sirve para combatir síntomas concretos, la psicoeducación o charlas informativas son un paso que suele resultar imprescindible, ya que permite que los pacientes comprendan lo que les pasa y cuál será el objetivo de las técnicas utilizadas en la terapia.

Esto es muy importante en un tema como el de la sexualidad, en el que el tabú y la censura hacen que existan muchos mitos y una gran cantidad de desinformación, la cual podría obstaculizar el progreso de la intervención sexológica.

Conclusión: atención profesional para los problemas íntimos

Tal y como hemos visto, la terapia sexológica combina la aproximación profesional y sistemática para intervenir en los problemas sexuales, por un lado, con el trato cercano y el sumo respeto por el punto de vista, los miedos y las inquietudes del paciente, por el otro.

De esta manera, este contexto terapéutico es el momento y el lugar adecuado para contar con la ayuda de profesionales que ayudan sin prejuzgar, que asumen que la sexualidad es siempre íntima y con un punto irracional, y que están capacitados para usar las técnicas más efectivas para disfrutar de bienestar también en este ámbito de la vida.

 

Referencias bibliográficas:

Binik, Y.M. y Hall, K.S.K. (2014). Principles and practice of sex therapy. Nueva York: Guildford Press.
Kaplan, H. S. (1974). The New Sex Therapy. Nueva York: Times Books.

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19 trastornos que precisan la atención de un sexólogo

trastornos que precisan la atención de un sexólogo

19 trastornos que precisan la atención de un sexólogo. La sexualidad humana está llena de matices, y es en parte por ello que es uno de los ámbitos más importantes de la vida. Sin embargo, el hecho de que nuestra manera de experimentar el sexo esté llena de complejidades hace que existan muchas maneras posibles de que surjan trastornos sexuales.

A continuación veremos varios trastornos que necesitan la atención de un sexólogo o sexóloga, profesionales de la salud especializados en este tipo de problemas. Pero antes, veamos de qué se encargan estos expertos de la terapia sexual.

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Las funciones de la sexología

Entendemos por sexología el ámbito de investigación e intervención terapéutica interdisciplinar centrado en nuestra manera de vivir el sexo.

Su faceta más conocida consiste en dar terapia a pacientes con problemas sexuales, pero también se aplica a muchos otros ámbitos: la mejora de la experiencia, la educación, la investigación sobre las diferencias culturales relacionadas con la sexualidad, etc. Además, como es interdisciplinar, se la puede abordar desde la medicina, la psicología, la antropología y muchos otros campos científicos.

La terapia sexológica se centra en el bienestar sexual de los pacientes que recurren a ella

Dicho esto, ahora nos centraremos en la parte de la sexología vinculado a las ciencias de la salud y veremos varios trastornos sexuales que pueden ser motivo de consulta con sexólogos.

Trastornos que requieren terapia con un sexólogo

Estas son varias de las alteraciones de la salud y el bienestar que llevan a los pacientes a citarse con un sexólogo o sexóloga.

Algunas de ellas son de causas más bien psicológicas, mientras que en otras la raíz es de tipo más biológico y fisiológico, si bien en muchos casos ambos factores influyen de manera importante. Por otro lado, también es muy frecuente que varios trastornos o fuentes de malestar se solapen entre sí; esto no impide que se pueda realizar una intervención por terapia sexual, sino que forma parte de la normalidad en el día a día de los sexólogos.

 

1. Fetichismo

Tener fetiches sexuales no es algo necesariamente malo, pero en algunos casos este fenómeno llega a ser patológico siendo considerado un tipo de parafilia.

Normalmente, esto ocurre cuando las preferencias sexuales de la persona son tan concretas y específicas que no puede satisfacer esa clase de gustos con la regularidad deseable, o bien cuando ese fetiche comporta el sufrimiento físico o emocional de personas directamente afectadas por esto.

Por ejemplo, el hecho de disfrutar del sexo solamente cuando se realiza en situaciones de riesgo puede ser motivo de consulta.

2. Vaginismo

El vaginismo es la contracción involuntaria de los músculos perineales, ubicados en la vagina, durante la penetración. Esto impide el coito, o lo hace doloroso.

3. Eyaculación precoz

Este trastorno se debe a la falta de control voluntario en el reflejo eyaculatorio, el cual hace que la eyaculación se produzca mucho antes de lo que se quería: normalmente, en segundos o en los primeros minutos tras iniciar el contacto sexual.

4. Dispareunia

La dispareunia, llamada también coitalgia, es una categoría que abarca diversas formas de malestar y dolor físico durante el coito, o justo antes o después. Por otro lado, el coito doloroso puede afectar tanto a hombres como a mujeres.

5. Trastorno sexual hipoactivo

Esta alteración consiste en la ausencia de deseo sexual durante periodos largos, debidos normalmente a experiencias pasadas o problemas en otros ámbitos de la vida. Resulta especialmente común en mujeres.

6. Trastorno de la excitación sexual femenina

Consiste en la imposibilidad de llegar a niveles altos de excitación sexual por parte de algunas mujeres, lo cual también genera una insuficiente lubricación en la vagina.

7. Voyeurismo

El voyeurismo es la obtención de satisfacción sexual observando a otras personas. Este fenómeno llega a ser parafilia si se trata de la única manera de encontrar placer sexual o si las terceras personas involucradas deben no ser conscientes de que se las está observando mientras esto ocurre.

8. Frotteurismo

Este trastorno sexual es similar al voyeurismo patológico, en el sentido de que involucra terceras personas que no tienen por qué ser conscientes de lo que pasa o consentir que eso ocurra. Aquí, el placer se obtiene mediante el roce con otros, muchas veces sin quitarse la ropa y en lugares públicos.

9. Inseguridades por homofobia o transfobia

Las consecuencias de la discriminación contra colectivos LGTBI pueden hacer que muchas personas tengan una relación conflictiva con su manera de vivir el sexo, se avergüencen de sus gustos y preferencias, o no sepan qué quieren o qué pueden esperar de esta faceta de sus vidas.

10. Sadismo

La necesidad de humillar o herir a otros para obtener excitación sexual es también una parafilia.

11. Exhibicionismo

Los pacientes con exhibicionismo acostumbran a encontrar placer en mostrar su desnudez a desconocidos o personas que no han dado su consentimiento, normalmente en lugares públicos en los que tienden “emboscadas”.

12. Urofilia

La urofilia aparece en pacientes cuya excitación depende de involucrar la orina en sus relaciones sexuales.

13. Otras parafilias

Entre el resto de parafilias encontramos la somnofilia, la blastolagnia, el triolismo o la dependencia de la asfixia erótica para satisfacerse, si bien hay muchas más.

14. Trastorno orgásmico femenino

Estadísticamente, la anorgasmia es uno de los problemas más frecuentes que experimentan las mujeres. Consiste en la baja intensidad o el retraso excesivo en la aparición del orgasmo.

15. Trastorno orgásmico masculino

La anorgasmia también puede darse en hombres. También aquí cuesta mucho llegar al orgasmo, o este es poco intenso.

16. Traumas psicológicos

El haber sido víctima de una violación o de abusos sexuales muchas veces genera secuelas en muchos aspectos de la vida, siendo la sexualidad uno de los más afectados. Por ello, el trauma psicológico es uno de los trastornos que precisan de la atención de un sexólogo o sexóloga.

17. Adicciones sexuales

En algunos casos, se desarrolla un trastorno sexual por el cual se desarrolla una necesidad incontrolable de realizar acciones sexuales, lo cual muchas veces interfiere con otros ámbitos del día a día: la adicción al sexo, a la pornografía o a la masturbación pueden, por ejemplo, producir problemas amorosos, laborales, etc.

18. Impotencia masculina

Este es uno de los problemas más habituales en hombres: los problemas para alcanzar la erección. Normalmente tiene una raíz psicosexual, más que biológica.

19. Fobias

Ciertos tipos de fobias pueden dañar significativamente la capacidad de desarrollar una sexualidad plena. Por ejemplo, el miedo a estar desnudo, o la fobia al coito, limitan mucho. Afortunadamente, este tipo de trastornos de ansiedad responden bien al tratamiento por parte de sexólogos con formación en psicoterapia.

 

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Referencias bibliográficas:

Diamond, Milton (2004). Sex, gender, and identity over the years: a changing perspective. Child and Adolescent Psychiatric Clinics of North America. 13 (3): 591–607.
Ellis, A. (2008). Psychology of Sex. Read Books.

La sexualidad nos constituye como personas. Entrevista a Laura Palomares, directora de Avance Psicólogos

La sexualidad nos constituye como personas

No sé si conoces el cuadro de Courbet “El origen del mundo”, pero resulta chocante que todavía hoy y a pesar de cómo ha cambiado la mirada y aceptación del sexo, sigue inquietando a los visitantes que ven la obra. Por qué sucede esto si estamos habituados al sexo? Da la impresión de haber una especie de confusión entre erotismo, sexualidad, sensualidad… Quizá porque en realidad no estamos tan habituados al sexo como creemos. ¿Realmente hay una mayor y mejor educación sexual? O los tabúes y miedos acerca del sexo y la sexualidad están maquillados tras un aparente “ahora se habla más”. Es cierto que hablamos más de sexo, pero no mejor ni desde una educación sexual de calidad.

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Prueba de ello como dices, es que muchos conceptos están confundidos y no se diferencian. Esa falta de lenguaje coherente es mantenedor del tabú y su mejor aliado.

En sexología hablamos del “Hecho Sexual Humano”, para distinguir SEXO de SEXUALIDAD y ERÓTICA. Entender las diferencias e interrelación de estos tres conceptos, bien puede ayudar a encender luces y desculpabilizar.

Entendemos por SEXO, al hecho evidente de ser sexuado como varón o como mujer. Este ser sexuado como varón o cómo mujer va a tener una influencia determinante en cómo el ambiente se comporta e interactúa con nosotros, y por ende, nosotros con él. De forma inconsciente socializamos de modo diferente al bebé niño del bebé niña. El modo de hablarles en casa y en el colegio es diferente, damos por hecho que el niño jugará con cochecitos y la niña con muñecas, la ropa será azul o rosa en función del sexo. Los juegos y la manera de referirnos a él o ella varían también en función de su sexo. Las niñas suelen recibir mensajes de atención a su comportamiento:“ser una niña buena” culturalmente sigue teniendo un profundo calado en nuestra sociedad. En los niños se fomenta un mensaje de fortaleza, de intrepidez, incluso aún hoy de no expresión de la emoción: “no seas llorica”.

 

Este interactuar con nuestro entorno en función de nuestro sexo a lo largo de nuestra vida: infancia, adolescencia, madurez y vejez; nos conforma e influye más de lo que creemos.

La SEXUALIDAD se refiere a cómo me siento en el mundo y en mi entorno al ser sexuado, es decir, cómo me siento siendo un ser sexuado como hombre o como mujer. Aquí entra en juego la identidad sexual. Sabemos del sufrimiento de muchas mujeres sexuadas como varón y al revés, hombres cuyo fenotipo o sexo es femenino. Sobre este aspecto de la transexualidad, ha habido cierta evolución en nuestra sociedad a la hora de entender sus consecuencias, pero aún queda mucho por conseguir, pues siguen sufriendo una clara marginalidad a nivel de instituciones públicas y social. Son personas que se sienten como mujeres u hombres y que son socialmente tratad@s en función de su sexo, opuesto a su identidad. El peso de la identidad, cómo factor psicológico es mayor que el hecho genético o físico en este caso, al determinar que la persona pueda ser más o menos feliz con su condición . Recordemos que “salud “según la OMS hace referencia a el “bienestar” de la persona.

La ERÓTICA se refiere al acto sexual en sí mismo, es decir, a la práctica del sexo y a los gustos particulares. Desde a qué posturas nos gustan más, a nuestras zonas erógenas y con quién. Aquí entraría la orientación sexual, es decir, si prefiero el sexo con personas del mismo sexo o no, las fantasías sexuales y el autoerotismo o masturbación.

Si somos seres sexuados, ¿por qué la sociedad castiga el sexo y la libertad sexual de manera flagrante?

La concepción reproduccionista del sexo en nuestra sociedad, de clara influencia judeo-cristiana, ha genitalizado el sexo. Así concebimos el sexo en base a “lo que se hace” y siempre muy relacionado a la penetración. Si a lo largo de nuestra historia cultural, sexo es lo que se practica “por y para la reproducción”, categorizando como inmoral todo lo que se sale de esta premisa, el sexo se ve reducido a una mera función, genitalizada y por lo tanto distorsionada. El sexo nos constituye como personas, simplificar esto da paso y es vía fácil para una moral sexual dominada por prejuicios y tabúes.

Cuando podemos empezar a hablar a nuestros hijos e hijas sobre sexo? ¿Es interesante hacer también hincapié en la educación sexual desde la infancia? ¿Por qué?

¡Desde el principio!, desde que empiezan a entender y hablar, pero adaptando la educación sexual a su edad y a su capacidad, no sólo cognitiva sino emocional de entender. Una educación sexual no hace referencia únicamente a hablar de la reproducción o temas relacionados con la erótica. Ser conscientes de esto ayuda a transmitir un mensaje de sexualidad como valor y no como mera función.

¿Qué podemos hacer para tener una buena salud sexual?

Aunque me repita, intentar partir de entender que la sexualidad no es una función o un añadido, que sirve para tener hijos o sentir placer. La sexualidad nos conforma, es parte de nuestro “ser en el mundo con el otro.”

mi concepción de la sexualidad, descartando los tabúes y centrándome en la información, va a determinar el modo en que me comunico con mi pareja y entiendo la relación.

No tener miedo en hablar, en consultar y en saber conseguir una buena y fiable información sexual es también paso fundamental. Conocer y aceptar nuestros cuerpos, ser conscientes de su sensualidad y capacidad perceptiva, son algunos de los aspectos a tener en cuenta.

Como ves, no entro a hablar de sexualidad en la pareja, porque lo anteriormente citado influye directamente sobre este punto: mi concepción de la sexualidad, descartando los tabúes y centrándome en la información, va a determinar el modo en que me comunico con mi pareja y entiendo la relación.

  • Los adolescentes son aquellos que están en el punto de mira de los prejuicios tanto de sus familias como de sus iguales, así como del entorno en el que se mueven, a lo que se suma el mundo de las redes sociales e internet. Cómo podemos hablarles y qué podemos hacer para que no se sientan intimidados con este tema del que tanto cuesta hablar?

Lo primero que captan es nuestro sonrojo, por lo que evitan consultarnos y hablar sobre sus dudas con nosotros. Este nerviosismo y autocensura es, sin que seamos conscientes, parte de la educación sexual que reciben. El mensaje que les llega es: “mis padres se ponen nerviosos, luego este tema es tabú”.

 

Para poder dar una educación sexual veraz, sin las distorsiones que la saturación de información que internet genera les despiste, y sin la influencia de los propios prejuicios, es imprescindible que seamos nosotros, los adultos, los primeros en tratar de entenderla, educándonos. Tendremos que hacer hincapié entonces, en entender que la sexualidad es una actitud, no una mera recogida de datos, que implica: desde el conocimiento de mi propio cuerpo a la aceptación del mismo, pasando por tirar por tierra mis propios prejuicios una vez localizados, a la información que la aportación de la sexología nos brinda.

 

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El deseo sexual inhibido: qué es y por qué ocurre

deseo sexual inhibido

Es habitual que a lo largo de la relación de pareja haya momentos de menor deseo sexual. Esto no tiene que preocupar demasiado; el día a día con horarios repletos de responsabilidades explican que haya «rachas» de menor deseo. El problema surge cuando la falta de apetencia sexual se mantiene en el tiempo sin que la situación cambie en algún momento, aunque sí lo hagan las circunstancias.

A menudo, tras la falta de deseo en la pareja hay otras causas más profundas, siendo éste la punta del iceberg.

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¿Qué es el deseo sexual inhibido?

El deseo sexual inhibido se caracteriza por la falta de apetencia sexual, manifestándose en:

  • Descenso o nada de lubricación, en el caso de la mujer,
  • Dificultad para alcanzar la erección en el hombre,
  • Tensión a la hora de mantener la relación sexual y
  • Ausencia de fantasías eróticas.

 

Este estado mantenido en el tiempo, dentro de la relación de pareja, puede derivar en sentimientos de culpa, distanciamiento afectivo y problemas de comunicación. Llegados a este punto siempre es conveniente consultar con un sexólogo especializado, antes de que la ansiedad generada dentro de la relación de pareja vaya a más.

 

A menudo hay otras causas detrás del deseo sexual inhibido, siendo éste la punta del iceberg; incomunicación, alguna “deuda histórica” o enfado soterrado no sacado a la luz, problemas con la familia política, discusiones constantes o alguna inseguridad o complejo físico o personal, son algunas de las posibles causas de la falta de deseo.

 

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¿Qué es la Anorgasmia?

que es la anorgasmia

La anorgasmia es la dificultad para alcanzar el orgasmo, ya sea durante la masturbación o durante la relación sexual.

Si bien esta disfunción sexual se da en ambos sexos, es más frecuente en mujeres.

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Causas culturales de la anorgasmia

Si hasta hace apenas unas décadas la mujer tenía prohibido desear y por lo tanto sentir placer durante la relación sexual, en la actualidad una mujer realizada es una mujer sexualmente activa, lo que se mide erróneamente, por su capacidad de llegar al orgasmo y el número alcanzado.

Esta variable de presión, junto a una actitud negativa hacia la sexualidad, ya sea por factores de educación, de religión o personales, influye de manera determinante: la ansiedad por alcanzar el orgasmo impide la suficiente relajación como para que se derive de la respuesta sexual.

 

Tratamientos

En terapia sexológica se da mucha importancia en “reeducar” desde una salud sexual que desmonte, desde la información, los tabúes que giran alrededor del orgasmo y lo desmitifique.

En la medida que se sobrevalora el orgasmo, la relación sexual se convierte en una prueba de aptitud sexual, en la que la ansiedad no va a permitir el disfrute desde la confianza y la relajación necesarias para alcanzar el orgasmo.

 

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