Los conflictos más habituales en las parejas

Conflictos en las parejas

Una de las quejas más frecuentes que aparecen a lo largo de las sesiones de terapia de pareja tiene que ver con la decepción. Ocurre, normalmente, cuando uno o ambos miembros de la relación vivían instalados en la creencia de que las relaciones amorosas son el encaje entre dos piezas que se corresponden de manera perfecta: el mito de la media naranja.

Y es que para bien o para mal, el vínculo afectivo que se produce al tener pareja dista mucho de ser un encaje perfecto; los conflictos forman parte de la naturaleza de estos, así que la clave está no en evitar a toda costa que surjan (algo imposible), sino en saber gestionarlos. Para que sea más fácil, en este artículo veremos un resumen de los conflictos más habituales en las parejas, y qué podemos hacer para combatir sus efectos.

Los conflictos más frecuentes en las relaciones de pareja

Estos son los principales tipos de conflictos que aparecen tanto en los matrimonios como en las relaciones con novios o novias, y las claves para poder gestionarlas sin dejar que el malestar y la hostilidad vaya a más.

1. Falta de objetivos comunes

La sensación de no saber cuál es el rumbo que debe tomar la relación es algo que genera mucho malestar y discusiones muy enconadas. Por ejemplo, no saber a qué país trasladarse, no tener claro si hay que dedicar más tiempo al cuidado de los hijos o al trabajo, o incluso tener serias dudas acerca de cómo debería experimentarse la sexualidad, suele dar problemas.

En estos casos, es necesario planear momentos para hablar de ello de manera honesta, aceptando de entrada que no debemos procurar dar la mejor imagen de nosotros mismos sino expresar lo que de verdad sentimos. Normalmente con una charla no suele ser suficiente, ya que hay muchos temas que tratar; en cualquier caso, si surgen problemas a la hora de entenderse, la terapia de pareja es un muy buen contexto para hacer esto.

2. Celos

Los problemas de confianza relacionados con los celos son más frecuentes de lo que muchos están dispuestos a admitir.

Aunque los indicios para sospechar que alguien podría cometer una infidelidad o traicionar alguno de los principios de la pareja sean mínimos, los sacrificios y esfuerzos invertidos en la relación hacen que esta posibilidad sea vista como catastrófica, lo cual, unido a una concepción muy controladora de la vida amorosa, hace que esta clase de conflictos surjan.

Simplemente, la idea de que podamos estar siendo traicionados aparece como una posibilidad que aunque es pequeña, atrae toda nuestra atención debido a su gravedad.

Los celos son uno de los motivos de conflictos en la pareja más difíciles de gestionar, y normalmente no dependen tanto del tipo de vínculo que se tiene con la otra persona como de las creencias y la manera de interpretar la realidad que tiene uno mismo. Por ello, si hablar honestamente del tema con el ser querido no funciona, lo recomendable es asistir a terapia de pareja.

3. Mala comunicación

En las relaciones amorosas, puede darse la paradoja de que la expectativa de poder conocer a la otra persona de un modo que nadie más lo ha hecho nos lleve a asumir demasiadas cosas sobre lo que nuestra pareja siente, quiere o piensa.

No hay que olvidar que las relaciones de pareja existen porque existe un diálogo constante, y que si ese diálogo se interrumpe, la relación estará caminando sobre la nada. Dedicar momentos a hablar y a aclarar malentendidos es primordial, y no hay que asustarse si en el proceso descubrimos que mucho de lo que creíamos sobre ese ser querido resulta ser falso; es natural y esperable que no podamos conocer a la perfección a otro ser humano, por mucho que lo queramos.

4. Desatención

La idea de que se está desatendiendo la vida amorosa también es uno de los conflictos de pareja más habituales, y está vinculado a la desmotivación.

Sin embargo, esto no es tanto una causa de conflicto, como una consecuencia de que hay algo que subyace a esta desatención; es esa causa primaria la verdadera fuente de malestar sobre la que hay que intervenir, y su naturaleza puede variar mucho. Hay que indagar en ello y ver qué se esconde bajo esa aparente indiferencia hacia el amante, el esposo o la esposa.

5. Mala asignación de las tareas

Muchas veces olvidamos que las relaciones de pareja que ya están consolidadas son, además de un vínculo amoroso, una relación de convivencia que se lleva a cabo en términos muy materiales: limpiar la casa, llevar al día la economía doméstica, cocinar, atender a los hijos (si los hay), etc. En muchos casos, la pareja y el reparto de responsabilidades familiares son dos fenómenos indesligables.

Por eso, hay que tener claro que independientemente de la intensidad con la que se ame a alguien, si el reparto de actividades que tienen que ver con el cuidado de la casa o de los hijos no funciona, surgirán frecuentes conflictos de pareja. Abordar el tema de manera directa y llevando a cabo un cálculo de las horas de trabajo doméstico que debe cubrir cada uno es la mejor solución.

6. Problemas de compatibilidad sexual

La mala compatibilidad en cuento a la vida sexual es otro factor a tener en cuenta a la hora de analizar los conflictos por los que puede estar pasando una pareja. Afortunadamente, en muchos casos esto puede ser solucionado mediante terapia sexual y de pareja, y en muchos casos se debe a problemas de inseguridad, mala comunicación, ideas preconcebidas sobre lo que quiere la otra persona, etc.

Referencias bibliográficas:

  • Chapman, A.L. y Compton, J.S.: (2003) From Traditional Behavioral Couple Therapy to Integrative Behavioral Couple Therapy: New Research Directions The Behavior Analyst Today, 4 (1), 17 – 25.
  • Halford, K., Markman, H., Kline, G., Stanley, S. M. (2003). Best practice in couples relationship education. Journal of Marital & Family Therapy. 29(3), pp. 385 – 406.
  • Sternberg, J. (1997). Satisfaction in close relationships. Nueva York: Guilford Press.