Las 10 debilidades de una persona y cómo pueden limitarte

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    ¿Cuáles crees que son las mayores debilidades de una persona? ¿Consideras que todo el mundo las tiene y que nos afectan por igual? ¿Se pueden cambiar o mejorar estar debilidades?

    Todas las personas tenemos puntos fuertes y puntos débiles. Es cierto que no todo se puede medir por el mismo rasero y, a lo mejor, un día una característica que no te beneficiaba en absoluto, puede ser, que otro día te sirva como protector. Claro ejemplo de ello es el egoísmo, que si bien es algo que nos enseñan que está mal, a veces, por autocuidado, nos toca ser un poco egoístas y mirar por uno mismo. Ahora bien, existen ciertas características psicológicas del ser humano que no suelen tener ventaja alguna. En este post veremos cuáles son algunas de ellas y te explicamos como te limitan.

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    ¿A qué llamamos debilidades de una persona?

    Se tratan de las debilidades que toda persona tiene y que, por ceder ante determinados impulsos y deseos, nos pasan factura a medio-largo plazo. Tienen que ver con cómo gestionamos las emociones, las situaciones o las interacciones sociales, según los recursos psicológicos con los que contamos.

    Ojo, es importante no confundir una debilidad con una emoción. Todas y todos reaccionamos ante determinadas situaciones y nos sentimos de una determinada manera ante ella. Por ejemplo, si te enfadas cuando tienes una discusión no quiere decir que tengas esa debilidad o que seas una persona con mal temperamento. Las emociones son reacciones y dependerá de nuestras estrategias de afrontamiento de cómo las gestionemos.

    Con esto queremos señalar que, independientemente de las emociones que sintamos (todas son válidas), nuestras debilidades estarán mejor o peor gestionadas según cómo interpretemos nuestro pasado, cómo vivimos el presente o con qué mirada vemos el futuro.

    Las 10 debilidades de una persona

    ¿Cómo podemos identificar las debilidades de una persona y cómo podemos ver con buen criterio si estas perjudican o no? Estas son las principales y te las explicamos con ejemplos.

     1. Egoísmo

    Como comentábamos en la introducción, el egoísmo puede ser positivo en situaciones puntuales. Sin embargo, mucha gente cae en la trampa de verlo positivamente siempre, sin mirar el contexto en el que se desenvuelve con la “excusa” del autocuidado y esto empezará a jugar en su contra tarde o temprano.

    Pensemos en una persona que decide empezar a escucharse, hacer lo que le pide el cuerpo. Sus amistades le proponen quedar y se excusa en el “no me apetece, tengo que mirar por mí” o “necesito tiempo para mí sola”. Sin valorar si es cierto o no, si dicha persona hace esto cada vez que le llaman, sus amistades dejarán de hacerlo.

    2. Impaciencia

    Debido a la impaciencia, sin darnos cuenta, nos alejamos de nuestros objetivos y nuestras ambiciones. Hemos de entender que no todo puede ser para antes de ayer y que en la vida son necesarios los procesos. Aunque una meta esté lejos para llegar a ella, necesitas de pequeños pasos y cuando nos ves esos pasos y solo ves la meta final te sobrepasa la impaciencia, comienzas a frustrarte, y seguramente, rendirte, porque a nadie le gusta frustrarse.

    En este sentido, la impaciencia te limita cuando te rindes demasiado pronto por no ver el final y, además, no te permite disfrutar de la carrera, ya que no estás presente durante todos esos procesos que necesitas para alcanzar tu objetivo.

    3. Resignación 

    Muy en el hilo de la impaciencia, la resignación tampoco te deja vivir en el presente. Cuando ocurre algo que no nos gusta, no nos sale o no es como esperábamos, tenemos dos opciones, resignarnos o aceptar. Y aunque son parecidas, la resignación y la aceptación tienen sus diferencias. Cuando aceptas puedes vivir en el momento presente, sin embargo, cuando te resignas tu cabeza seguirá dándole vueltas a todo aquello que no te gusta o no querías.

    4. Poca apertura 

    Esta es una de las debilidades de una persona que más limitan. Con ella nos referimos a la falta de flexibilidad. Cuando nos movemos por el mundo con esquemas mentales demasiado rígidos, ello no nos permite flexibilizar ya abrir la mente a que hay más forma de realizar las cosas u otras maneras de pensar.

    Abrirse a la flexibilidad suele dar un poco de miedo. Por ejemplo, las personas que no se abren a nuevas experiencias se quedarán estancadas en una rutina que les aburre. Salir de la zona de confort es el mejor antídoto para el exceso de rigidez mental y la poca apertura.

    5. Dependencia 

    Todas las personas dependemos de otras y todas nos vemos influenciadas o aprendemos las formas de vivir de otros seres humanos. Sin embargo, llevado al extremo, la dependencia nos puede meter en una vida en la que no vamos a tener criterio propio y que las decisiones que tomemos van a depender la otros.

    La dependencia es una de las debilidades de una persona que te limita en cuanto a que tienes unos objetivos vitales que no son los tuyos propios y que con el tiempo te das cuenta de que has perdido el tiempo.

    6. Testarudez

    La testarudez tiene que ver también con esos esquemas rígidos de los que hablamos. Obstinarse con algo, con alguien o con una forma de hacer las cosas no es sano a nivel psicológico porque impide ver que hay más posibilidades de las que tú piensas. Es importante no confundirla con la tenacidad o la constancia. Se puede ser constante y, a la par, flexible en cómo llevas a cabo los pasos que quieres dar, por ejemplo.

    7. Perfeccionismo

    Lo mismo ocurre con el perfeccionismo. Esta es una de las debilidades de una persona que quiere que todo le salga bien. Es más común de lo que parece. Cuando alguien es demasiado perfeccionista es que tiene detrás la creencia de “siempre se puede hacer mejor”. Esta creencia será útil cuando te esté ayudando a mejorar. El problema es que dicha creencia limita muchísimo porque detrás está otra creencia que dice “si no me va a salir perfecto, mejor no lo hago”, con lo cual estarás dejando de intentar muchas actividades que podrían salirte bien, si eres constante en su práctica. No te va a salir perfecto a la primera, pero si ni siquiera lo intentas, no te va a salir.

    8. Falta de escucha

    Escuchar no es lo mismo que oír. En general, nos falta escuchar lo que los demás nos quieren transmitir con su mensaje y sus palabras. Cuando carecemos de una habilidad que se llama la escucha activa (o capacidad para escuchar y entender lo que nos quiere decir nuestro interlocutor), lo que sucede es que solemos escuchar para responder, no para entender. Entonces, lo que se da es lo que comúnmente se conoce como “una conversación de besugos”. Si nos fijamos, nuestra incapacidad de escucha se retroalimenta con la otra persona, que se siente poco entendida y, a la vez, se pondrá a la defensiva y dejará de escucharte a ti.

    9. Prejuicios

    Tener prejuicios es de las debilidades más limitantes que una persona puede tener. Al hilo de la debilidad anterior, muchas veces no ponemos en práctica la escucha activa porque estamos llenos de prejuicios. Como lo que los demás te dicen no encaja con tu forma de ver el mundo no lo interiorizas y tus prejuicios no te permiten cuestionarte si la otra manera de pensar o de actuar puede ser igualmente válida que la tuya.

    10. Preocupación excesiva

    Es normal y lógico que nos preocupemos por lo que nos sucede en nuestro día a día, incluso por el mañana. Esto nos sirve para prevenir que nada falle. Pero, hemos de admitir que de vez en cuando tenemos preocupaciones irracionales que limitan nuestro bienestar psicológico. Esto hace que perdamos mucho tiempo y energía en preocupaciones que en realidad no tienen tanta importancia. De hecho, la excesiva preocupación viene de una falta de capacidad para relativizar.

    En resumen

    Existen muchas más debilidades de una persona que se pueden poseer. Con todo, es de vital importancia que señalemos que todas estas tendencias de conducta y de pensamiento se pueden modificar y trabajar en terapia. Quedarnos anclados en el “yo soy así” es la mayor debilidad de todas y pensar que no se pueden cambiar o que no merecen la pena es quedarnos en nuestra zona de confort.

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    Referencias bibliográficas:

    Hayes, S. C. (2013). Sal de tu mente, entra en tu vida. Desclée de Brouwer.

    Hayes, S. C. (2015). Terapia de aceptación y compromiso. Desclée De Brouwer.

    Páez-Blarrina, M., Gutiérrez Martínez, O., Valdivia-Salas, S., & Luciano Soriano, M. D. C. (2006). Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y la importancia de los valores personales en el contexto de la terapia psicológica.

    Coletti, J. P., & Teti, G. L. (2015). Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): conductismo, mindfulness y valores. Vertex16(1), 37-42.

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