Del Enamoramiento al Amor: ¿cómo y por qué se produce este cambio?

del enamoramiento al amor

“Ardía en sus ojos una sonrisa tal,
que pensé con los míos llegar al fondo de mi beatitud y de mi paraíso”
Dante Alighieri

Llega la primavera y con ella siempre se dice que resurge el amor, que aparece e invade todas las esquinas. Una pulsión, una energía latente despierta del sueño invernal. Tengo un amigo que dice que tras la apariencia inocente y bella de la primavera hay una brutal violencia. Y es cierto. La naturaleza parece brotar de golpe, la sabia de la vida recorre con fuerza las raíces y arterias de los árboles y hace vibrar sus cortezas. Algo parecido ocurre en nuestro cuerpo cuando nos enamoramos.

¿Qué es el enamoramiento?

El enamoramiento es un estado emocional de intensas sensaciones de alegría y fijación sobre la persona amada. Nos fijamos en una persona determinada y la consideramos especial, la vida no tiene sentido sin su presencia y se convierte en el centro de nuestro interés.

Al enamorarnos la realidad se transforma y todo se ve más positivo, es como estar en una nube donde nos sentimos especiales al ser especiales para la otra persona. Durante esta etapa el otro no tiene defectos, no pueden verse, todo son virtudes que se proyectarán sobre todo lo que nos rodea. El mundo se ve desde una euforia y alegría, un estado casi maníaco e hiperactivo, que nos hace sentir como volando por encima del resto de los mortales.

Una autentica «tormenta química» se da en nuestro organismo y nos adentra en ese estado que tiene muchas similitudes con la neuroquímica del trastorno obsesión.

Al enamorarnos, en nuestro cerebro se empieza a segregar feniletilamina, un neurotransmisor más conocido (paradójicamente) como FEA, con un efecto similar al de las anfetaminas. Esta inundación provoca la activación de diferentes áreas de nuestro cerebro:

  • Aumentan los niveles de dopamina, el neurotransmisor que garantiza la búsqueda y mantenimiento de aquello que nos provoca placer.
  • Aumentan los niveles de noradrenalina, el neurotransmisor que favorece la concentración y fijación de atención en la persona amada.
  • Disminuyen los niveles de serotonina, lo que da lugar al aumento de pensamientos de tipo obsesivo y a necesitar la constante confirmación de que somos correspondidos.

Esta auténtica revolución hormonal explica el estado hipnótico en el que caemos y que evolucionará a otro estado al que llamamos etapa del amor.

La fase del enamoramiento dura entre seis meses y dos años y no podría alargarse mucho más porque ¡no hay organismo que aguante tal activación por mucho tiempo!

La necesidad de comunicación con el otro, de que nos cuente todo sobre su vida hasta el último detalle, la constante búsqueda de confirmación de que nuestro amor es correspondido, se asemeja a un estado de embriaguez y necesidad de la presencia del otro, típico de cualquier adicción.

La pulsión sexual está aumentada por la segregación de testosterona y adrenalina y durante las relaciones sexuales aumentan los niveles de oxitocina, el neurotransmisor que refuerza el apego y la necesidad de estar cerca del otro.

Algunas teorías mantienen que esta activación fisiológica garantiza la reproducción y el mantenimiento de la especie. Otras teorías del enamoramiento hablan de una «narcisización», es decir, idealizar al otro proyectando en él lo que me gustaría ver en mi o enamorarme del reflejo que el otro proyecta de mi, de la imagen idealizada de mi mismo que su mirada me devuelve. Probablemente todas ellas tengan que ver y expliquen el enamoramiento.

Del enamoramiento al amor

«El deseo muere automáticamente cuando se logra; fenece al satisfacerse. El amor en cambio es un eterno deseo insatisfecho»
José Ortega y Gasset

Tras esta primera etapa, se pasa de forma progresiva a la etapa del amor. Si durante el enamoramiento se ha construido una relación basada en el respeto y la admiración hacia el otro, cuidando de los detalles que favorecen la comunicación y los espacios individuales de cada uno, además de los comunes, la relación está preparada para continuar en esta segunda fase. La activación neurofisiológica y hormonal desciende, la famosa FEA deja de segregarse y empieza a reemplazarse por el aumento de endorfinas, auténticos analgésicos naturales segregados por nuestro cerebro, que generan la sensación de calma y bienestar.

Poco a poco se sale de esa nube para empezar a ver también los defectos y entender que no todo lo que veíamos en el otro era tan excepcional. Aquí comienza una etapa de aceptación del otro, diferenciando con claridad sus defectos y virtudes. ¡Y lo mejor! hoy día sabemos que una de las claves para el mantenimiento de esta etapa, es la expresión del afecto. La expresión de las emociones y sentimientos de afecto favorecen la segregación, aunque de modo menos intenso, de las sustancias del amor anteriormente descritas.

Si como decía Ortega y Gasset «el enamoramiento es un estado de imbecilidad transitorio» en el que nos fundimos con el otro sin importar nada más, el amor requiere de un constante cuidado y conciencia del otro, sin olvidar ni dejar de lado la propia identidad y las inquietudes que nos reconfortan y conectan con el mundo.

Lecturas recomendadas

  • Estudios sobre el amor, José Ortega y Gasset
  • Ars Amandi, Ovidio
  • El Asno de Oro, Apuleyo
  • El Amor en Occidente, Denis de Rougemont

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