Por qué el deporte nos ayuda a equilibrar nuestras emociones

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Por qué el deporte nos ayuda a equilibrar nuestras emociones. El bienestar emocional no es solo cuestión de reflexión e introspección: el modo en el que nos movemos e interactuamos con nuestro entorno influye tanto o más en este que lo que ocurre “de puertas para adentro” en nuestra cabeza.

Un ejemplo de esto lo encontramos en los beneficios que el deporte tiene en nuestra capacidad para alcanzar un adecuado equilibrio emocional. En este artículo veremos por qué esta clase de actividad física tiene un impacto positivo en nosotros a la hora de ganar capacidad para gestionar nuestras emociones y sentimientos.

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¿Por qué es posible equilibrar nuestras emociones mediante el deporte?

La práctica habitual de deporte y ejercicio físico en general (adaptado a la edad y a las capacidades de cada persona) es mucho más que poner en movimiento grupos musculares: también implica la participación de procesos psicológicos que, una vez son dinamizados, nos aportan beneficios para el mantenimiento de una correcta salud emocional. Esto se debe a que no existe una separación radical entre lo físico y lo psicológico: en los seres humanos, no puede existir lo uno sin lo otro.

En este sentido, veamos cuáles son las maneras positivas en las que la práctica regular de deporte nos ayuda a regular adecuadamente nuestras emociones.

1. Previene la aparición de problemas de tipo depresivo

Numerosos estudios señalan que el hecho de practicar deporte o ejercicio aeróbico previene la aparición de la depresión en sus diferentes grados de intensidad, siempre que se haga de esto un hábito.

Se cree que este fenómeno se debe a que el ejercicio nos expone a estímulos y tareas basadas en objetivos a corto plazo que suponen una fuente de automotivación, a la vez que mantiene nuestra mente activa.

Hay que tener en cuenta que la depresión puede ser vista como un círculo vicioso de falta de interés por las cosas favorecida por una ausencia de fuentes de motivación reales o adaptadas a nuestra capacidad física y mental del momento. Cuanto peor nos sentimos, en peor estado físico y psicológico estamos para afrontar con éxito retos sencillos. Por suerte, incluso si ya nos sentimos muy tristes o melancólicos, podemos ajustar el nivel de exigencia de los ejercicios que realizamos, para a partir de ahí ir progresando y motivándonos con nuestras mejoras.

2. Es un buen recurso contra la ansiedad

La práctica de deporte y ejercicio regular también se ha mostrado eficaz para prevenir y aliviar los problemas vinculados a un exceso de ansiedad, sobre todo si se basa en el ejercicio aeróbico de intensidad moderada-alta (sesiones de mínimo 40 minutos seguidos).

El hecho de centrar nuestro foco de atención en el aquí y ahora, en las metas a lograr en cuestión de minutos o segundos, y en las sensaciones que nos transmite todo el cuerpo en movimiento, nos lleva a desconectar y a desprendernos de los pensamientos intrusivos y las preocupaciones que muchas veces vamos alimentando inconscientemente.

3. Potencia nuestro bienestar físico, nos vuelve más aptos para adaptarnos a los retos

Cuanto más sanos estemos físicamente, menos vulnerables seremos a los problemas psicológicos derivados de la mala regulación emocional. Entre otras cosas, porque al estar más en forma, nos sentimos también más preparados para hacer frente a los retos del día a día: no nos vemos en la necesidad de “sobrecompensar”.

Por eso, mantener un estilo de vida activo y hacer deporte con relativa frecuencia nos ayuda a estar mejor preparados para afrontar los problemas y las necesidades del día a día y evita que se nos acumulen las tareas. Sabiendo esto de antemano, evitamos que ocurra lo que se conoce como “profecía autocumplida”, al no asumir que nos falta tiempo y recursos y no dejar que el miedo nos paralice en los momentos clave.

4. Ayuda a dormir y a que nuestro cerebro se recupere

Siempre que la práctica de deporte se haga durante el pico de actividad de nuestro ritmo circadiano (en el caso de la mayoría de personas, entre el mediodía y la tarde) y no poco antes de irnos a dormir, participar en actividades deportivas nos lo pone más fácil para conciliar el sueño y dormir profundamente. Esto nos permite recuperarnos mejor física y mentalmente, y además hace posible que lo que hemos ido aprendiendo durante las horas previas se consolide mejor en nuestra memoria.

5. Es un medio de socialización

Socializar con otras personas de manera frecuente también se asocia a una mayor capacidad para gestionar las emociones, entre otras cosas porque pasamos a contar con una red de ayuda y con mayor diversidad de puntos de vista.

Por eso, salir a jugar un partido de fútbol, hacer partidas de tenis, salir a hacer una ruta en bicicleta con los demás o involucrarnos en actividades similares nos da mayor capacidad de “amortiguar” los golpes emocionalmente dolorosos que a veces nos da la vida.

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Referencias bibliográficas:

Anderson, E. & Shivakumar, G. (2013). Effects of Exercise and Physical Activity on Anxiety. Frontiers in Psychiatry, 4: 27. Por qué el deporte nos ayuda a equilibrar nuestras emociones

Aylett, E.; Small, N.; Bower, P. (2018). Exercise in the treatment of clinical anxiety in general practice – a systematic review and meta-analysis. BMC Health Services Research, 18: 559.

Summers, J. J., Machin, V. J. y Sargent, G. (1983). Psychosocial factors related to marathon running. Journal of Sport Psychology 5: 314 – 331. Por qué el deporte nos ayuda a equilibrar nuestras emociones

Tenenbaum, G.; Eklund, R.C. (2007). Handbook of Sport Psychology. Hoboken, NJ: John Wiley & Sons.

Williams, J.M. (2006), Applied Sport Psychology: Personal Growth to Peak Performance (pp. 40-56). Nueva York: McGraw-Hill.

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autora del artículo

Laura Palomares Pérez

PSICÓLOGA - SEXÓLOGA COLEGIADA M-15270

Laura Palomares (Madrid, 1973) se licenció en Psicología en la por la UAM, funda y forma parte de Avance Psicólogos desde el año 1999. Amplía su formación en los siguientes ámbitos de la psicología: Título de Formadora en Sexología por el Instituto de Ciencias Sexológicas (In.Ci.Sex) Universidad de Alcalá de Henarés. Master en Sexología por el Instituto de Sexología de Madrid (In.Ci.Sex) Universidad de Alcalá de Henares. Prácticum en la Sociedad Sexológica de Madrid-Fundación SEXPOL. Título de Especialista en Terapia Gestalt, por la Fundación Laureano Cuesta en la Universidad de Comillas. Especialista en Terapia de Pareja, por el Centro Psicológico Dr. De Francisco. Diploma en Técnicas de Integración Cerebral (TIC), por el Centro de Terapias de Avanzadas. Tras 25 años de experiencia como psicoterapeuta, ahora colabora como divulgadora para medios especializados en el ámbito de la Psicología y la salud.

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