Las dificultades sexuales en las relaciones de pareja

Andrea Martínez

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Las dificultades sexuales en las relaciones de pareja son mucho más habituales de lo que pudiera parecer. Pero, ¿conoces a mucha gente de tu entorno que esté pasando por un problema de este tipo? Es probable que no, porque todavía hay cierto tabú a la hora de hablar sobre este tema.

Nos sigue costando mucho hablar de sexo, y esto favorece que proliferen ideas erróneas. El origen de algunas disfunciones tiene mucho que ver con la falta de educación sexual. Sin la información adecuada, podemos llegar a asumir como ciertos muchos mitos sobre la sexualidad que son en realidad falsos.

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¿En qué consisten las dificultades y disfunciones sexuales?

Cuando hablamos de disfunciones nos referimos a fallos en alguna de las fases de la respuesta sexual humana. En nuestras interacciones sexuales, las personas seguimos una serie de etapas sucesivas: deseo, excitación, meseta, orgasmo y resolución. Aquí puedes conocerlas una por una:

  • El deseo es el estado de predisposición que nos lleva a buscar o mostrar receptividad a una posible estimulación sexual. O sea, cuando “apetece”.
  • La excitación consiste en una respuesta física de activación que se puede notar sobre todo en los genitales, los pezones, el ritmo cardíaco y la piel.
  • La meseta se trata de un estado relativamente estable de excitación y placer que puede variar en su duración dependiendo del tipo e intensidad de la estimulación.
  • El orgasmo o “clímax” es una descarga de la tensión sexual acumulada, que se libera al llegar a un umbral determinado con una sensación de placer intenso.
  • La resolución es el proceso por el que el cuerpo vuelve a su estado de base. Aquí, las personas con pene pasan por un período refractario, un tiempo de espera necesario entre una eyaculación y la siguiente que puede durar más o menos dependiendo de la edad y otros factores.

Cuando alguna de estas fases se ve impedida, el ciclo de respuesta sexual se altera y esto puede afectar a nuestra satisfacción a nivel sexual.

Las 5 dificultades sexuales más frecuentes en las relaciones

Estas son cinco de las disfunciones más habituales que encuentran las parejas en sus relaciones sexuales y su relación con diferentes estereotipos y creencias erróneas acerca de la sexualidad:

1. Disfunción eréctil

La dificultad para tener erecciones afecta principalmente a hombres heterosexuales y a hombres gays de rol “activo”. Existen muchos estereotipos acerca de la idea de que a los hombres “siempre les apetece tener sexo”. Por lo tanto, se espera que siempre estén preparados para tener una erección.

La sexualidad de los hombres está muy centrada en el pene, que se toma como símbolo de virilidad: sólo hay que pararse a pensar en el término coloquial “impotencia” para darse cuenta de las implicaciones que esto tiene para la autoestima y la masculinidad. Con toda esta presión por “rendir”, es normal que al mínimo contratiempo surja ansiedad en lugar de excitación ante las relaciones sexuales.

Además, cuando la pareja interpreta la falta de erección como una falta de deseo o de atracción se pueden generar aún más preocupaciones y más presión por lograr una erección.

La realidad es que la erección es un proceso fisiológico que no se puede controlar a voluntad, y esto es algo importante a tener en cuenta para hacer frente a los mitos y a la ansiedad por ejecución que lo rodean.

2. Diferencias en el deseo sexual

Cuando se habla de problemas en torno al deseo, la mayor parte de las veces se habla de “bajo deseo sexual”. Al darle este nombre podemos caer en el falso mito de que existe una cantidad adecuada de deseo, o una frecuencia apropiada de relaciones sexuales.

Es cierto que algunas personas ven mermado su deseo por muchas cuestiones (cambios en su vida, estrés, cuestiones hormonales, etc.) y desean recuperarlo. Pero en muchas ocasiones el problema no es una falta de deseo sexual sino un desajuste en la frecuencia con la que los miembros de una pareja desean mantener encuentros sexuales.

En estas situaciones es frecuente que la persona que tiene más deseo busque a la otra, que puede sentirse invadida y reaccionar con rechazo. Esto genera frustración en ambas partes cuando no hay una comunicación efectiva, y puede llevar a una pérdida de la intimidad y el cariño en la relación de pareja.

Además, sobre las cuestiones del deseo también pesan muchos mitos y estereotipos de género. Por ejemplo, se tiende a pensar que los hombres tienen por defecto mayor deseo sexual que las mujeres. Los factores que explican las diferencias en los niveles de deseo tienen más que ver con aspectos sociales que biológicos.

Por último, la pérdida de deseo puede ser consecuencia de otra disfunción sexual previa: cuando existe algún tipo de dificultad o ansiedad en torno a las relaciones sexuales, hay personas que terminan evitando cualquier acercamiento para evitar situaciones desagradables.

3. Dificultades sexuales para alcanzar el orgasmo

La palabra anorgasmia se refiere a la dificultad o incapacidad para llegar al orgasmo. La mayoría de personas que acuden a consulta con esta preocupación son mujeres, y ante este dato conviene hablar del fenómeno conocido como la brecha orgásmica.

En los encuentros heterosexuales, especialmente cuando son esporádicos, los hombres eyaculan un 90% de las veces mientras que sólo un 30% de las mujeres tienen un orgasmo. Estas diferencias se reducen, por ejemplo, en las relaciones sexuales entre mujeres o en parejas estables con buena comunicación sexual.

Uno de los motivos que contribuyen a esta brecha es el hábito de centrar las relaciones heterosexuales en el coito, cuando en realidad sólo un 18% de las personas con vulva llegan al orgasmo sin estimulación directa del clítoris.

Así, muchas personas consideran que tienen un problema por no tener “orgasmos vaginales” cuando en realidad pueden alcanzar el clímax sin penetración (por ejemplo, con masturbación o estimulación oral).

De hecho, la distinción entre el orgasmo clitoriano y vaginal es errónea ya que, se estimule la zona del cuerpo que se estimule, sólo existe una única respuesta orgásmica a nivel fisiológico. Por desgracia, por culpa de ciertos mitos sexuales se ha dado más valor a los orgasmos obtenidos con penetración vaginal ya que es la práctica que se considera más importante. Así, acabamos relegando los demás actos sexuales a una categoría de segunda: los mal llamados “preliminares”.

Ojo, también está el caso de las mujeres que no tienen orgasmos en sus relaciones sexuales en pareja por no atreverse a expresar lo que les gusta (por miedo, vergüenza…) ¡o que ni siquiera saben qué les gusta! Por eso el autoconocimiento es fundamental para evitar el rol pasivo o “de espectador” en el sexo. Hay algunas mujeres que no se atreven a masturbarse por todos los mitos y estereotipos de género que restringen la sexualidad de la mujer.

Otras, en cambio, experimentan dificultades por no experimentar la excitación adecuada. El orgasmo sólo se puede desencadenar cuando se alcanza un umbral determinado de excitación, y cuando no se dedica el tiempo o los estímulos necesarios para desarrollar dicha excitación es imposible alcanzar el clímax. También hay quienes se inhiben ante las señales previas al orgasmo por miedo a la sensación de descontrol.

En el polo opuesto tendríamos la presión excesiva. Hay mujeres que se sienten presionadas para tener multiorgasmos, squirt, etc. Evidentemente, la exigencia es enemiga de la desinhibición necesaria para llegar al orgasmo y por lo tanto es necesario prescindir de ella.

No obstante, también hay algunos hombres que acuden a consulta por dificultades para eyacular. La eyaculación retardada y la aneyaculación (ausencia de eyaculación) pueden darse precisamente cuando la eyaculación se convierte en una obligación: por ejemplo, cuando una pareja está buscando el embarazo.

4. Eyaculación precoz

Dentro de las dificultades sexuales más habituales, la eyaculación precoz es otro de los problemas que más afectan a hombres heterosexuales y gays activos. El problema con la eyaculación rápida o anticipada es que se tiene la idea equivocada de que la relación sexual (o, más bien, la parte del coito) tiene que tener una duración determinada que hay que “aguantar”.

En realidad, la clave del problema no está en la duración sino en la habilidad para detectar las señales previas a la eyaculación. La mayoría de las personas con pene no suelen tener problema en anticipar la eyaculación si están a solas; pero cuando se da tanta importancia a la penetración y al concepto de “rendir” aparecen los problemas, porque se desvía el foco de las sensaciones. Cuando pasa esto, aunque haya eyaculación ni siquiera suele resultar especialmente placentera.

Las dificultades sexuales relativas a la eyaculación también vienen alimentadas por el mito de que la relación sexual se termina con la eyaculación, dado que en ese momento el pene pierde la erección. ¡Con la de prácticas placenteras que pueden llevarse a cabo sin necesitar un pene erecto!

5. Vaginismo y dispareunia

El vaginismo consiste en una contracción involuntaria de la musculatura pélvica que hace que sea imposible la penetración vaginal. Dependiendo del grado, puede darse solamente ante la penetración con el pene pero también puede ocurrir de manera más generalizada: al intentar introducir dedos, un tampón, una copa menstrual o un espéculo para un examen ginecológico. Esto puede darse por experiencias traumáticas o por miedo a la penetración en la mayoría de las ocasiones.

Por otra parte, la dispareunia implica dolor en la penetración vaginal: es decir, la penetración sí es posible pero resulta dolorosa. En muchos casos esto puede tener un origen físico, como una contractura o hipertonía del suelo pélvico. Hay muchas personas que tardan demasiado tiempo en buscar ayuda porque todavía existe el mito sexual de que la penetración vaginal es dolorosa, y por eso se normaliza el dolor cuando no se debería.

Otras personas, debido a la desinformación y los mitos, se crean la idea errónea de que si experimentan dolor es porque pueden tener la vagina demasiado estrecha o corta. Estas ideas pueden generar una percepción de no ser “normal” y llevarles a ocultar el problema a su pareja o parejas sexuales, forzándose a tener relaciones sexuales con dolor. ¡Y el sexo se ha de tener para disfrutar, nunca para sufrir!

El papel de la comunicación

Como has podido ver, la desinformación y la ansiedad son dos grandes factores comunes en las dificultades sexuales. Por eso es importante seleccionar la información que provenga de fuentes fiables que te ayuden a distinguir los datos reales de los mitos sobre la sexualidad.

Puedes pensar “¿Y si la disfunción la tiene mi pareja y no yo?”. Pues bien, cuando hay una dificultad sexual (aunque afecte especialmente a uno de los individuos) siempre implica a la pareja. A nivel de relación, la reacción de la pareja es un factor fundamental. Cuando tu pareja experimenta algún tipo de problema en el sexo pueden surgir muchas inseguridades, pero responder de manera comprensiva y paciente puede marcar una gran diferencia. Tanto si eres tú, como si le ocurre a tu pareja y os encontráis ante dificultades sexuales de este tipo, la comunicación siempre será un punto clave.

 

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Referencias bibliográficas

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Washington, D.C.: American Psychiatric Publishing.

Hurtado, F. (2016). Evaluación y tratamiento de las disfunciones sexuales. Madrid, España: UNED.

Mahar, E. A., Mintz, L. B. y Akers, B. M. (2020) Orgasm Equality: Scientific Findings and Societal Implications. Current Sexual Health Reports, 12 (24-32).

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