Distinguir entre miedo y fobia: ¿cómo puede ayudarnos la terapia?

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Distinguir entre un miedo, digamos, “corriente”, y una fobia, no siempre es fácil, ya que presentan síntomas parecidos. Ambos están estrechamente ligados a los sentimientos de angustia, y en ambos casos se tiende a evitar el objeto que desencadena el miedo o la fobia.

Entre los trastornos de ansiedad más comunes que existen se encuentran las fobias; millones de personas ven su vida afectada, de un modo u otro, por este problema. Las fobias pueden comportar un detrimento notable en nuestra calidad de vida, pero recordemos que no tienen por qué convertirse en crónicas. Hoy en día, por suerte, existen muchos especialistas en el tratamiento de este tipo de trastornos, que te pueden ayudar a entender qué te sucede y cuándo aparecen los síntomas. Tener claro esto nos puede ayudar, y mucho, a combatir una fobia y recuperar nuestro día a día.

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Miedo y fobia no son lo mismo

El miedo es una respuesta normal de un organismo sano. Forma parte de las emociones básicas, que nos ayudan a avanzar y a superar situaciones que suponen un conflicto. Se trata de un mecanismo que ha ayudado a nuestra especie a sobrevivir en un medio hostil, ya que nos incita a huir o a luchar.

En este sentido, el miedo es una emoción muy poderosa, y a menudo es tan intensa que nos sobrecoge o nos bloquea. Cuando sentimos que no controlamos completamente una situación se despierta en nosotros un sentimiento de inquietud que dispara nuestro cuerpo y lo prepara para dar una respuesta a ese conflicto.

Así pues, el miedo está hecho para sobrevivir, pero el cuerpo no está preparado para un miedo constante. Se trata de una emoción que invita a reaccionar rápidamente, pero no está diseñada para prolongarse en el tiempo. Muchas veces, los miedos condicionan de tal manera la vida de la persona, que esta no se ve capaz de llevar una existencia plena y feliz. En estos casos, el miedo ya no está cumpliendo la función de ayuda, sino que, por el contrario, nos está impidiendo nuestro desarrollo vital.

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre miedo y fobia? Precisamente, la proporción entre la intensidad del sentimiento y el peligro real. Muchas veces, el miedo que desencadena un elemento o una situación es objetivamente desproporcionado en comparación con la amenaza que supone. Así, ante un caso de un miedo excesivamente intenso, podemos decir que, seguramente, se trata de una fobia.

Es importante entender las diferencias entre uno y otro, ya que solo así el terapeuta puede diseñar un tratamiento adecuado para la persona que lo sufre.

¿Cómo distinguir miedo de fobia?

A continuación, encontrarás algunas claves que te podrán ayudar a la hora de distinguir entre miedo y fobia.

1. La fobia siempre está vinculada a síntomas físicos

A diferencia de un miedo funcional, la fobia siempre provoca una respuesta física muy intensa. Entre los síntomas que podemos encontrar se encuentran la respiración acelerada o entrecortada, taquicardias, cefaleas, sudores, etc. También es frecuente que se den estallidos de llanto.

2. Si hay evitación, se trata de una fobia

La necesidad de huir del sitio o del elemento que nos provoca el miedo intenso es apremiante. Son muy frecuentes también las conductas de evitación, en las que la persona que sufre la fobia evita tener contacto con lo que le produce la reacción. Así, por ejemplo, una persona con fobia a volar no cogerá un avión, y una persona con fobia social intentará evitar a toda costa encontrarse en eventos sociales o con mucha gente. Esta evitación no suele aparecer en el caso de los miedos funcionales.a

El problema de la evitación va mucho más allá de los momentos de miedo intenso, ya que condicionan la vida de la persona que sufre la fobia. Volviendo al ejemplo de la persona que tiene fobia a volar, probablemente no podrá viajar a los lugares a los que ha soñado siempre ir porque solo se puede acceder a ellos a través del avión. Y en el caso de la persona con fobia social, evitar los eventos sociales puede repercutir en la relación con sus amistades, e incluso en su vida laboral.

3. La fobia presenta afectaciones diferentes que las del miedo

Las afectaciones cognitivas que implican las fobias son muy diferentes a las del miedo funcional. Entre las más habituales están la dificultad de concentrarse, pérdidas de memoria y problemas en la resolución de conflictos. Todas estas afectaciones impiden que la persona se desarrolle plena y satisfactoriamente tanto en su vida personal como en el trabajo y los estudios.

5. La fobia no tiene por qué tener un desencadenante real

A diferencia del miedo, que suele ser desencadenado por la presencia externa de un peligro o una situación que representa un conflicto, las fobias se activan a través de imágenes de la mente y/o estímulos que recuerdan al objeto de la fobia.

Por ejemplo, si la persona que tiene miedo a volar ve una película en la que un avión se estrella, es muy posible que presente algunos de los síntomas que hemos descrito en el otro apartado. Por tanto, las fobias repercuten de forma mucho más severa en la vida de la persona, ya que no es necesario que el objeto o la situación esté presente para desencadenarla.

Recursos terapéuticos

Así como al miedo funcional no se aplica tratamiento (ya que es una respuesta normal de nuestro organismo), en el caso de las fobias es altamente recomendable acudir a un especialista.

En las terapias dirigidas a tratar las fobias, podemos encontrar varios recursos. Entre ellos, la identificación por parte del paciente de los pensamientos de índole catastrófica y la detección de las situaciones o elementos que desencadenan la fobia, así como una exposición gradual al objeto temido.

Por otro lado, es muy habitual en terapia recomendar al paciente un registro de síntomas, reacciones, mejoras, recaídas, etc., que le pueda ayudar a entender mejor qué le sucede.

Todo ello está orientado a una reestructuración cognitiva, es decir, conseguir un cambio en aquellas creencias del paciente que le han llevado a tener una visión distorsionada de la realidad.

Por otro lado, la desensibilización sistemática es otra de las maneras en las que se hace frente a una fobia en terapia, aunque esta estrategia supone ir más allá de la intervención en el modo en el que el paciente piensa en su problema, y genera cambios en la propia respuesta ansiosa en los momentos de mayor ansiedad.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013), Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. Arlington: American Psychiatric Publishing.

Cavallo, V. (1998). International Handbook of Cognitive and Behavioural Treatments for Psychological Disorders. Oxford: Pergamon. Distinguir entre miedo y fobia ¿Cuándo asistir a terapia?

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autora del artículo

Laura Palomares Pérez

PSICÓLOGA - SEXÓLOGA COLEGIADA M-15270

Laura Palomares (Madrid, 1973) se licenció en Psicología en la por la UAM, funda y forma parte de Avance Psicólogos desde el año 1999. Amplía su formación en los siguientes ámbitos de la psicología: Título de Formadora en Sexología por el Instituto de Ciencias Sexológicas (In.Ci.Sex) Universidad de Alcalá de Henarés. Master en Sexología por el Instituto de Sexología de Madrid (In.Ci.Sex) Universidad de Alcalá de Henares. Prácticum en la Sociedad Sexológica de Madrid-Fundación SEXPOL. Título de Especialista en Terapia Gestalt, por la Fundación Laureano Cuesta en la Universidad de Comillas. Especialista en Terapia de Pareja, por el Centro Psicológico Dr. De Francisco. Diploma en Técnicas de Integración Cerebral (TIC), por el Centro de Terapias de Avanzadas. Tras 25 años de experiencia como psicoterapeuta, ahora colabora como divulgadora para medios especializados en el ámbito de la Psicología y la salud.

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