El duelo en la infancia

Dentro de los procesos de crisis que afectan a las personas, el duelo es sin duda de gran trascendencia. Como ya habéis leído en otro post, es una forma de adaptación a una pérdida que no se refiere solo a un ser querido, si no también a otras situaciones de pérdida: de pareja, trabajo, amistades, etc. En función de la madurez y la edad, la cultura o las circunstancias en las que se produce, el duelo se manifiesta de forma diferente. En este sentido, existen variedad de factores que afectan a cómo se vivencia el duelo (características en que se da; los recursos que cada uno posee para afrontarlo; el vínculo afectivo con el objeto de la pérdida; la disponibilidad de apoyos; la posibilidad de expresar la pérdida…etc.)

Cómo ayudar a superar una pérdida durante la infancia

Durante la etapa infantil y adolescente, las emociones que desarrollan los niños en el periodo de duelo son más intensas y arbitrarias que en los adultos. Es importante que durante el duelo, se establezca una buena relación con la persona que lo padece y demostrar una buena escucha activa. Es importante favorecer la comunicación y la expresión de sentimientos y también dar información de cómo funciona el duelo. Si la persona tiene deseos de buscar en el pasado hay que dejarle indagar y no hacer hincapié en que se centre en el fututo o en el presente.   En el caso concreto de los niños/as es recomendable:  
  • - No ocultar la pérdida ni presuponer que los niños no son conscientes o que no se van a enterar de nada; el niño percibe que a su alrededor ocurre algo, y al ocultárselo, no puede identificar qué es, con lo cual se pueden generar pensamientos de culpa debido al concepto de justicia inmanente (ha pasado algo muy malo y debe ser porque yo he hecho algo mal).
  • - Responder a todas las dudas en la medida de lo posible, adaptándolo a su edad y madurez, eliminando toda la responsabilidad sobre lo sucedido, y dejando claro que la persona ausente no va a volver, es para siempre.
  • - Usar siempre explicaciones que pueda entender, igual que antes, ajustándolo a su edad, procurando no utilizar elementos sobrenaturales e incomprensibles.
  • - Modificar lo menos posible las rutinas habituales.
  • - Ofrecer afecto y apoyo incondicional, empatizando con el niño (estoy aquí cuando necesites mi ayuda).
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    FASES DEL DUELO EN LA INFANCIA

      John Bowlby, psicólogo destacado en la Teoría del Apego, fue pionero en establecer las fases del duelo durante la infancia. Bowlby determinó las siguientes fases:
    • Embotamiento. Fase de aturdimiento e incapacidad de aceptar la noticia, pueden sentirse diferentes emociones contrapuestas como ira y júbilo; habla de una duración de unas 3 semanas, normalmente menos. La persona está en estado de shock.
    • Anhelo y búsqueda de la figura perdida. Durante esta fase, hay conciencia de la realidad, momento en que se padecen crisis de desesperación y llanto y sensación de que el desaparecido está vivo; tendencia a buscar y recuperar la figura perdida. En esta fase es habitual visitar la tumba, examinar fotografías, etc. Y puede surgir un impulso de búsqueda que puede ser consciente o no; en ocasiones hay ira dirigida a la persona perdida, pero es más frecuente contra familiares, médicos, funcionarios... también puede tomar la forma del autorreproche.
    • Deseperación. El dolor deja de manifestarse de manera externa y pasa a convertirse en un sentimiento de tristeza. Determinadas situaciones pueden provocar de nuevo el llanto y/o la ira, pero ya no es el comportamiento habitual.
    •  Reorganización (desapego). Se asume la ausencia como definitiva, superándose la pérdida. Durante esta fase, desaparecen los trastornos del sueño como el insomnio y las alteraciones emocionales.
    • Hablamos de duelo normalizado cuando se pasa por las diferentes fases (negación, enfado, tristeza y aceptación), pero también se habla de duelo patológico cuando es muy prolongado e intenso o de duelo en negación cuando se retrasa o se inhibe. En algunas ocasiones existen elementos que dificultan un duelo normalizado, por ejemplo, cuando la pérdida es inesperada, repentina o bien múltiple; en situaciones de catástrofes; cuando existen problemas económicos y de aislamiento social, etc.

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