El duelo, sus fases y cómo superar una pérdida

El duelo sus fases y cómo superar una pérdida

Uno de los momentos más difíciles en la vida de una persona es afrontar la pérdida de un ser querido, ya sea por fallecimiento o ruptura de una relación. En este artículo estudiaremos el duelo, sus fases y cómo superar una pérdida.

¿Qué es un proceso de duelo?

Aunque en este artículo nos centraremos en el proceso referido a la pérdida de un ser querido, es importante saber que la pérdida de un trabajo, un cambio de ciudad o país, o la pérdida de una mascota requieren también del proceso de duelo.

El duelo implica un proceso de recuperación del equilibrio emocional tras la pérdida, por lo que lejos de considerarlo una enfermedad, hablamos de “duelo normal” para referirnos al modo natural y transitorio de readapatación a nuestro entorno.

Es fundamental no precipitar la aceptación de la pérdida; expresiones como “tienes que ser fuerte”, “todo pasa”, “tienes que sobreponerte por los tuyos”, son expresiones bien intencionadas pero que lejos de ayudar, suponen una presión y expectativa sobre la persona que sufre, que además no es realista.

Nuestra Terapia para el Duelo

Fases del duelo

El proceso de duelo conlleva una serie de fases, que es importante respetar y dejarse sentir sin la impaciencia de su superación, ya que de no ser así se puede generar un duelo no resuelto o incluso cronificarse.

La intensidad y profundidad del apego que se ha establecido con la persona perdida, influirá en la duración del duelo, además de las diferencias individuales de cada persona a la hora de afrontar la pérdida.

Respetar este dolor y acompañar, sin que la persona se sienta evaluada o exigida, será la mejor ayuda en este momento del duelo.

Diferenciar cada una de las fases de este proceso, aunque suponga una simplificación, puede ayudarnos a entender su desarrollo, a sabiendas de que no siempre sigue un mismo orden y que normalmente se entremezclan, con picos de mayor o menor intensidad de cada una de ellas.

1. Fase de negación

Una primera reacción defensiva de negación amortigua el dolor, dosificando el proceso de aceptación. Hablar de la persona perdida en presente, expresiones como “esto no ha ocurrido”, o en el caso de ruptura de pareja “sé que volverá”, reflejan este momento del duelo, necesario para la posterior aceptación de la pérdida. En ocasiones esta fase se alarga, y se mantiene, bloqueando la recuperación, y es ahí donde han de saltar las alarmas para plantear su recuperación.

En estos casos, con frecuencia se hace un pacto implícito con la familia y amigos de “no hablar de la persona ausente”, que no hace sino agravar la posibilidad de cronificar o paralizar el duelo. Esta fase de negación anula el dolor, por lo que se puede acompañar de sentimientos de culpa, por no sentir la suficiente pena o tristeza. No poder llorar o que se reaccione centrándose en lo cotidiano, pensando en “cómo voy a resolver tal o cual tema del banco o de la compra” no son ni más ni menos que síntomas de negación y parte del shock causado por la muerte o pérdida del ser querido, para poder soportar la intensidad del dolor, por lo que siempre es bueno entendernos ante estas reacciones sin sentirnos culpables.

2. Fase de enfado

enfadarse con la persona perdida, o proyectar la ira por su pérdida sobre otras personas o el entorno es completamente normal. De no entender esto, se generan además sentimientos de culpa por sentir ira.

De algún modo esta fase es también defensiva, “me es más fácil sentir ira y rabia que dolor” y además es preparatoria para una sana aceptación. Sentir enfado y rabia, y señalar las faltas de la persona perdida, reconociendo las carencias de la relación que se hayan podido dar, ayudan a un posterior perdón y cierre de las cuentas pendientes. Si negamos este enfado y no podemos localizar y expresar, aunque sea íntimamente, estas fallas o carencias lógicas en cualquier relación, no podremos aceptar la pérdida de una manera profunda y serena.

3. Fase de tristeza

este suele ser el momento del duelo que más suele asustar a familiares y amigos de la persona que pasa por un duelo. En el artículo sobre “la expresión de emociones”, hablamos de la importancia de la emoción de tristeza y su necesidad para digerir y colocar emocionalmente los procesos dolorosos.

En esta fase, debemos entender que nos acercamos a la aceptación, se trata de una preparación a la despedida, por lo que es importante no pedir al que sufre, como decíamos al principio, que se recupere o que sea fuerte. Debe llorar y sentir nostalgia, recordar y contar (expresar verbalmente es fundamental en este momento). Respetar este dolor y acompañar, sin que la persona se sienta evaluada o exigida, será la mejor ayuda en este momento del duelo.

4. Fase de aceptación

Conlleva la despedida y cierre del duelo. Aunque sigue teñida de tristeza, los picos de angustia y desesperación van siendo menos intensos. Se va dando una adaptación progresiva a la nueva situación, recomponiendo el entorno actual y recuperando la homeostasis emocional. Aunque no siempre se encuentre una explicación o un “porqué” que dé respuesta a la pérdida, se puede racionalizar y expresar sin tanta angustia. Los pensamientos recurrentes y el miedo al abandono descienden.

Es en este momento cuando la persona está preparada para despedirse, con el dolor y la pena que esto implica, desde un mayor sosiego que en etapas anteriores. La aceptación implica reconciliarse con la persona pérdida, sin sentimientos de culpa ni ira.

 

El duelo no resuelto o patológico

Es importante señalar que las fases descritas corresponden a la sucesión de un duelo normal. Decimos que un duelo es patológico o no resuelto,cuando se da un bloqueo en cualquiera de ellas.

Cuando una persona llora con el desconsuelo del primer día por la pérdida, después de muchos años, habla en presente de la persona perdida o no la menciona en absoluto, guarda sus objetos personales del mismo modo y en el mismo sitio a cómo los dejó, mantiene síntomas de tristeza que derivan en depresión, se muestra enfadada con el mundo o muestra un miedo exagerado a la muerte o a las enfermedades, podemos encontrarnos ante las señales de un duelo no resuelto.

La principal repercusión a tener en cuenta de un duelo sin resolver, es que puede conllevar futuras somatizaciones o trastornos emocionales como ansiedad, depresión, trastornos del sueño o la alimentación, obsesiones o conductas compulsivas, etc. De ahí la importancia, de evaluar la posibilidad de que tras el motivo de consulta con el que la persona acude a terapia, se oculte un duelo no resuelto, que de no detectarse, mantenga cualquier somatización o expresión del dolor bloqueado.

 

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