Qué es el hiperoptimismo infantil y por qué es tan importante

¿Qué es el hiperoptimismo infantil y por qué es importante en la niñez?

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El hiperoptimismo infantil es un concepto clave en el mundo de la Psicología del Desarrollo, porque nos da una idea acerca de cómo piensan y cómo interpretan la realidad los niños y niñas. Se trata de un ejemplo de cómo las emociones pueden pesar más que los hechos objetivos, y de cómo esta falta de realismo puede llegar a resultar útil en algunos contextos.

Si quieres saber cuáles son las particularidades del hiperoptimismo en la fase de la infancia, este artículo es para ti.

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¿Qué es exactamente el hiperoptimismo infantil?

El hiperoptimismo es, tal y como indica su nombre, una tendencia a confundir deseos con realidad. Dicho de otro modo, es una propensión a caer de manera persistente en lo que en inglés se llama “wishful thinking”, haciendo que el relato optimista desde el cual se interpreta el mundo quede por encima de los hechos objetivos. Por otro lado, es un fenómeno psicológico que es muy común en la etapa de la niñez, y que solo en unos pocos casos persiste en la etapa adulta.

La gran mayoría de niños y niñas tienen niveles elevados de confianza en sí mismos. De igual forma, tienen mucha curiosidad, vitalidad y energía chispeante que se va desgastando con los años. Si bien se sabe de la importancia y gran favorecimiento del bienestar que el hiperoptimismo puede darle a los infantes al tener una actitud positiva frente al entorno que los rodea, en algunos casos esta tendencia psicológica puede dar lugar a problemas que hay que saber gestionar como padres y madres. Ahora bien, en un contexto en el que gozamos de la protección de nuestros padres, sobreestimar nuestras capacidades puede ser útil para aprender rápidamente y explorar nuestros talentos y aptitudes sin miedo.

Así, por ejemplo, el hiperoptimismo predispone a los pequeños de la casa a querer aprender sobre el mundo, y a no renunciar a emprender todo tipo de proyectos, aunque sea a través del juego. Ello se plasma claramente en el modo en el que los niños y niñas se plantean dedicarse a profesiones que les fascinan y que aún no comprenden bien, o incluso se plantean dedicarse a varias a la vez: “seré arquitecto y director de cine”, “seré veterinaria y cantante”, etc. Estas ficciones momentáneas no se ajustan bien a la realidad de sus propias capacidades en el momento presente, pero les sirve como combustible motivador para interesarse por distintas facetas del mundo, por lo que en este sentido, el hiperoptimismo es positivo.

El hiperoptimismo infantil no es una experiencia totalmente universal, pues muchos individuos no llegan a experimentarlo. Se sabe que el sesgo de niveles elevados de positivismo inicia de forma intensa a los 3 años de edad y que no disminuye hasta que llega la preadolescencia.

Son muchas las personas que no lograron tener este factor en sus vidas por diversas razones; una de ellas es el estilo de crianza que pudieron haber percibido de sus padres y madres. Quienes han sufrido infancias muy difíciles o directamente traumáticas no desarrollan este grado de hiperoptimismo. No obstante, es importante señalar que uno de los principales compromisos que los padres deben adoptar consiste en velar por la felicidad de sus hijos y promover la confianza en ellos mismos.

¿Cómo evoluciona con la edad el hiperoptimismo infantil?

Diversos estudios muestran que, a medida que los niños y niñas cruzan la etapa de la pubertad, el hiperoptimismo va perdiendo su fuerza y va dejando paso al realismo. De esta manera, a la hora de realizar predicciones y estimaciones sobre lo que ocurrirá en el futuro, el “wishful thinking” va quedando aplacado por el peso de la experiencia, de la comparación entre expectativas y realidad. Aunque en la mayoría de los casos no desaparece del todo un ligero sesgo al optimismo, el tránsito hacia la vida adulta hace que los más jóvenes vayan desprendiéndose de ese carácter soñador, aunque en algunos casos esto no ocurre y da lugar a problemas.

Hiperoptimismo en la adolescencia

A medida que vamos creciendo tenemos que ir lidiando con esta manera fantasiosa y positivista de ver las cosas. Vamos entendiendo que la vida no es como lo que veíamos de pequeños, sobre todo durante la pubertad y la adolescencia. Empezamos a vivenciar eventos desfavorables que a veces escapan de nuestro control y entendemos que eso es parte de la vida.

Para algunas personas esto puede ser muy decepcionante y desesperanzador, otras comprenderán que es parte del proceso de nuestro desarrollo y podrán adaptarse a los retos que surjan a su paso sin mayores complicaciones.

Hiperoptimismo en la adultez

En esta etapa de vida del ser humano se siguen dando las mismas dificultades de diferente forma. El excesivo sesgo positivo puede ser poco saludable, recomendable e incluso inteligente, pues podría hacernos anhelar sueños irreales y esperanzadores de éxito que normalmente no se ajustan con nuestra realidad, sobre todo porque no tenemos las condiciones de poder alcanzarlos con los niveles de tiempo y esfuerzo que estamos dispuestos a dedicarle.

Muchas cosas pueden ser alcanzadas a base de sacrificio y esfuerzo, pero no por pensar de forma positiva cuando somos adultos tendremos acceso directo a esas metas. Es preciso construir expectativas ajustadas a nuestra realidad para no caer una y otra vez en la frustración y en la infelicidad.

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Referencias bibliográficas:

Habicht, J.; Bowler, A.; Moses-Payne, M.E.; Hauser, T.U. (2021). Children are full of optimism, but those rose-tinted glasses are fading—Reduced learning from negative outcomes drives hyperoptimism in children. Journal of Experimental Psychology: General. Advance online publication.

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autora del artículo

Picture of Por Laura Palomares Pérez

Por Laura Palomares Pérez

PSICÓLOGA - SEXÓLOGA COLEGIADA M-15270

Laura Palomares (Madrid, 1973) se licenció en Psicología en la por la UAM, funda y forma parte de Avance Psicólogos desde el año 1999. Amplía su formación en los siguientes ámbitos de la psicología: Título de Formadora en Sexología por el Instituto de Ciencias Sexológicas (In.Ci.Sex) Universidad de Alcalá de Henarés. Master en Sexología por el Instituto de Sexología de Madrid (In.Ci.Sex) Universidad de Alcalá de Henares. Prácticum en la Sociedad Sexológica de Madrid-Fundación SEXPOL. Título de Especialista en Terapia Gestalt, por la Fundación Laureano Cuesta en la Universidad de Comillas. Especialista en Terapia de Pareja, por el Centro Psicológico Dr. De Francisco. Diploma en Técnicas de Integración Cerebral (TIC), por el Centro de Terapias de Avanzadas. Tras 25 años de experiencia como psicoterapeuta, ahora colabora como divulgadora para medios especializados en el ámbito de la Psicología y la salud.

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