Inteligencia cristalizada

Inteligencia cristalizada: Definición, evolución y medición

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La inteligencia cristalizada es uno de los constructos psicológicos más importantes, y explica buena parte de la capacidad de los seres humanos a la hora de hacer frente a los retos de la vida. En este artículo veremos en qué consiste.

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¿Qué es la inteligencia cristalizada?

La inteligencia cristalizada es, como su nombre indica, un tipo de inteligencia centrada en el uso de los elementos ”fijados” en nuestra memoria, es decir, en nuestra capacidad de aprovechar y utilizar bien nuestros conocimientos. En este sentido se diferencia de la inteligencia fluida, su antítesis, basada en nuestra capacidad para adaptarnos a los problemas nuevos a través de la agilidad mental, sin depender de contenidos almacenados en nuestra mente de forma previa.

Hay que aclarar que ni la inteligencia cristalizada ni la fluida son totalmente independientes ni son entidades totalmente separadas del concepto de “inteligencia” a secas. Ambas forman parte de la inteligencia general, es decir, ayudan a comprender los matices y los diferentes procesos mentales que nos hacen más o menos inteligentes, y en muchos aspectos se solapan entre sí.

En definitiva, la inteligencia cristalizada agrupa aptitudes fundamentadas en cómo aplicamos a la práctica aquello que sabemos y conocemos bien, pero por supuesto, no podría existir sin nuestra capacidad de adaptarnos a lo nuevo, de forma que depende en parte de la inteligencia fluida (y viceversa). Las diferencias entre ambas son relativas, no absolutas, y no están divididas por una línea clara, pero sí son lo suficientemente distintas como para tener en cuenta sus características propias.

¿Cómo evoluciona la inteligencia cristalizada con la edad?

En comparación con la inteligencia fluida, que crece durante la juventud y decae significativamente cuando nos adentramos en la etapa de la madurez, la inteligencia cristalizada se mantiene relativamente estable, si bien cae ligeramente a partir de los 30 a 50 años (y luego va cayendo a un ritmo mayor). Esto puede deberse a que cuanto más crecemos, más facilidad tenemos para hacer un buen uso de los conocimientos que nos parecen útiles.

 

Implicaciones de la medición de esta inteligencia

Tal y como hemos visto, por su propia naturaleza, la inteligencia cristalizada tiene mucho que ver con los contenidos almacenados en la memoria a largo plazo. Es decir, que está asociado a los conocimientos previos almacenados en nuestro sistema a través de la interacción con el entorno, estando basado en una lógica de acumulación: cuantas más experiencias vivimos, más fuentes y referencias pueden ser utilizadas para resolver ciertos problemas.

Sin embargo, no hay que olvidar que los conocimientos que vamos interiorizando no surgen a través de interacciones realizadas como individuos solitarios, sino que la influencia del contexto social condiciona mucho este proceso Es decir, que la cultura en la que vivimos y nos desarrollamos se plasma en cómo interpretamos la información obtenida a través de la experiencia. Esto significa entre otras cosas que el proceso de adaptación a una realidad cultural tiene un efecto en cómo las personas se desempeñan a través de su inteligencia cristalizada.

Esto no es necesariamente malo (no hay ninguna manera de desarrollar pensamiento abstracto al margen de una determinada cultura), pero tiene implicaciones importantes a la hora de estudiar y medir la inteligencia cristalizada. Por ejemplo, significa que si no tenemos en cuenta las diferencias culturales, podemos estar aplicando test de inteligencia poco adecuados a la hora de estudiar determinadas sociedades. Esto podría llevar a sesgos que lleven a perjudicar a minorías o a grupos étnicos cuya realidad social no se parece a la de la clase media blanca occidental (en la que se centran la mayoría de trabajos de investigación en Psicología).

Por suerte, se están realizando importantes avances en este sentido; desde versiones adaptadas de test de inteligencia hasta test de inteligencia que dejan claro su enfoque limitado hacia la inteligencia fluida, que se ve mucho menos condicionada por la experiencia previa.

 

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Referencias bibliográficas:

Cattell, R.B. (1963). Theory of fluid and crystallized intelligence: A critical experiment. Journal of Educational Psychology. 54: pp. 1 – 22.
Goldstein, S.; Princiotta, D.; Naglieri, J.A., Eds. (2015). Handbook of Intelligence: Evolutionary Theory, Historical Perspective, and Current Concepts. Londres: Springer.
Haier, R. (2016). The Neuroscience of Intelligence. Cambridge: Cambridge University Press.
Hülür, G.; Gasimova, F.; Robitzsch, A.; Wilhelm, O. (2018). Change in Fluid and Crystallized Intelligence and Student Achievement: The Role of Intellectual Engagement. Child Development, 89(4): pp. 1074 – 1087.
Thorsen, C.; Gustafssonand, J.E.; Cliffordson. C. (2014). The influence of fluid and crystallized intelligence on the development of knowledge and skills. British Journal of Educational Psychology, 84: pp. 556 – 570.

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autora del artículo

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Por Laura Palomares Pérez

PSICÓLOGA - SEXÓLOGA COLEGIADA M-15270

Laura Palomares (Madrid, 1973) se licenció en Psicología en la por la UAM, funda y forma parte de Avance Psicólogos desde el año 1999. Amplía su formación en los siguientes ámbitos de la psicología: Título de Formadora en Sexología por el Instituto de Ciencias Sexológicas (In.Ci.Sex) Universidad de Alcalá de Henarés. Master en Sexología por el Instituto de Sexología de Madrid (In.Ci.Sex) Universidad de Alcalá de Henares. Prácticum en la Sociedad Sexológica de Madrid-Fundación SEXPOL. Título de Especialista en Terapia Gestalt, por la Fundación Laureano Cuesta en la Universidad de Comillas. Especialista en Terapia de Pareja, por el Centro Psicológico Dr. De Francisco. Diploma en Técnicas de Integración Cerebral (TIC), por el Centro de Terapias de Avanzadas. Tras 25 años de experiencia como psicoterapeuta, ahora colabora como divulgadora para medios especializados en el ámbito de la Psicología y la salud.

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