La aceptación de nuestros defectos: la sombra como camino de crecimiento

la aceptacion de nuestros defectos

En este artículo explicamos el concepto de la sombra, desarrollado por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung (1875-1961), como uno de los aspectos esenciales para alcanzar lo que denominó el proceso de individuación: el reconocimiento de las partes más oscuras de nuestra psique, y su aceptación, para la integración de la personalidad y la autorrealización, la aceptación de nuestros defectos.

“Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”
C.G. Jung

Fue Carl Gustav Jung quien habló por primera vez de la sombra que todos tenemos y de cómo tratarla en psicoterapia. La sombra es esa parte oscura de nuestra personalidad que en terapia sabemos que hay que aceptar para poder sanar. Habita en nuestro inconsciente y parece incomodar al consciente. Para Jung este reconocimiento y aceptación, este hacer consciente las partes oscuras del inconsciente, es necesario para desarrollar lo que él denominó el proceso de individuación psicológica.

Desarrollamos a continuación los arquetipos necesarios para entender este proceso:

Los arquetipos de Jung

Son varios los arquetipos que Jung investiga y desarrolla, a través del estudio de lo que él denominó el inconsciente colectivo. Según esta idea, una serie de símbolos, costumbres y modos de pensamiento aparecen en todas las culturas y civilizaciones humanas, de manera común, como si de un mismo pensamiento se tratara. Vamos a tratar algunos de ellos, fundamentales para entender el concepto de la sombra.

La sombra

Para Jung es “la parte inferior de la personalidad. La suma de todas las disposiciones psíquicas personales y colectivas, que no son vividas a causa de su incompatibilidad con la forma de vida elegida conscientemente (…)” es decir esos defectos o partes negativas de nuestra personalidad que no queremos ser ni mostrar. “La sombra se comporta respecto a la consciencia como compensadora, su influencia pues, puede ser tanto negativa como positiva” (de “Recuerdos, sueños, pensamientos”, 2014. Ed Seix Barral).

La persona

Procede del latín persōna, en griego prósōpon, que significa máscara. La máscara hace referencia a la careta que los actores griegos se ponían en las representaciones teatrales. El significado de este arquetipo tiene que ver con la cara que queremos dar a los demás, e incluso a nosotros mismos. Tremendamente socializados, necesitamos sentirnos queridos y admirados por el resto, lo que nos lleva sin darnos cuenta a expresar una imagen ideal, que trata de obviar nuestros defectos y contenerlos. Esta contención puede generar resentimiento, y el resentimiento es posiblemente una de los sentimientos más dañinos y autodestructivos que existen.

Si no aceptamos nuestra sombra, y pretendemos vivir únicamente plantados en la persona, con la máscara constantemente puesta, de una persona ideal, estaremos escindidos. La persona verdaderamente fuerte y sabia, es la que consigue integrar sombra y persona. Esto requiere de un trabajo de honestidad con uno mismo, de conciencia y autocrítica muy importante, pero con grandes beneficios.

  • El sabio es el observador que identifica el defecto, consciente de ello decide integrarlo en vez de rechazarlo, sin autocomplacencia ni autoengaño da el paso de observar, reconocer y aceptar. El sabio reconoce, por ejemplo, que puede hacer daño, que tiene esa capacidad, una agresividad con la que poner límites al entorno, pero elige no hacerlo porque en el momento en que es consciente de ello, ya no lo necesita. Buscará siempre la asertividad, sin preocuparle en cualquier caso el juicio de los demás.
  • El sí mismo es el arquetipo de la integración y de la totalidad. El sí mismo es la unión de los opuestos. Tras la observación y reconocimiento del defecto que nos confiere el sabio, se alcanza el sí mismo o integración.

 

Formas de reconocer nuestra sombra

Existen formas de reconocer nuestra sombra, que a menudo nos pasan desapercibidas y que sin embargo son de lo más cotidianas:

 

1. La sombra y su proyección

Uno de los fenómenos más interesantes de la psicología humana es el de la proyección. Para Jung, no asumir nuestra sombra, nos llevará a proyectarlo en el otro. A menudo, aquello que nos molesta especialmente del otro, es posiblemente lo que no aceptamos de nosotros. Es por ello muy útil estar especialmente atentos a este fenómeno, para identificar nuestras sombras, sobre todo con aquellas personas o comportamientos con los que sobre-reaccionamos o nos generan una emoción demasiado intensa.

2. La sombra y los sueños

En los sueños aparece a menudo, en forma de pesadilla, esa sombra; es esta una oportunidad única para reconocerla y convivir con ella, conscientes.

Los sueños en los que aparecen monstruos, personajes siniestros que nos atacan e incluso literalmente una figura oscura, una sombra que nos acecha (este sueño es bastante común de hecho), no son sino la expresión de esa parte de nuestra personalidad enfadada, resentida con nosotros mismos por no darle cabida, por rechazarle. Como un animal herido en su orgullo, se nos aparecerá a modo de personaje en sueños, de estados de ánimo y sentimientos en la vigilia, y de conductas desafortunadas o exageradas en nuestras relaciones. Acariciar esa parte, a ese animal salvaje nuestro, darle su sitio, conscientes de él, y querernos con él, da lugar a la integración.
Esta parte amarga del autoconocimiento de nuestra oscuridad, es a larga luminosa y desde luego liberadora. Al hacerlo, dejamos de juzgar a los demás y aumenta la comprensión. Podríamos decir que aceptar nuestros defectos desarrolla la empatía.
Los defectos de los demás se ven como parte de la condición humana, al igual que los nuestros, como parte de sus aprendizajes, complejos e inseguridades, y dejamos de considerarlos amenazantes o “malos”.

3. La integración

Asumir que tenemos muchas personalidades, algunas opuestas, y que es humano que así sea, es el primer paso para empezar a aceptar nuestra sombra.
Reconocerlas, observarlas honestamente aun cuando nos genere dolor, ayuda a integrar todas nuestras partes. La integración es el principio de la transmutación.
Luz y oscuridad, si lo pensamos, no son sino la expresión del mismo fenómeno manifestado en diferentes grados de luminosidad. De la misma manera, la psique tiene su parte oscura y su parte luminosa.
Cuando identificamos nuestros defectos sin juzgarlos, observamos nuestras limitaciones, carencias y conductas equivocadas, favorecemos el autoconocimiento y empezamos a soltar lastre.
Asumir nuestra responsabilidad, no desde la culpa o el juicio moral, sino desde la observación “objetiva”, en la medida de lo posible, significa dejar de luchar contra nosotros mismos para empezar a integrarnos.
Jung decía que no podemos cambiar algo si no lo aceptamos. Para aceptar algo de nosotros mismos, primero debemos hacerlo consciente, verbalizarlo y una vez expresado y reconocido, aceptarlo.
Según Jung, la no aceptación conlleva irremediablemente una escisión, una ruptura dentro de uno mismo o lucha interna, origen de la neurosis que conlleva el sufrimiento.
Reconocer nuestros defectos, maldades, sentimientos como la envidia, los celos, el resentimiento o la mala intención, es el primer paso para cambiarlos.
Arrastrar la culpa de la sospecha de no sabernos tan idéales como quisiéramos y desechar el valor de afrontar este hecho, lleva a esa ruptura interna que supone, además, un tremendo gasto de energía en el intento constante de contención de algo que existe en nosotros, tratando de conformar un reflejo de perfección.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

  • Jung, C.G. Arquetipos e inconsciente colectivos. 2009. Ed. Paidós.
  • Recuerdos, sueños, pensamientos. 2014. Ed Seix Barral.
  • Neumann, E. Los orígenes e historia de la conciencia, 2015.Ed. Traducciones Jungianas.
  • Zweig, C y Abrams, J. Encuentro con la sombra: el poder del lado oscuro de la naturaleza humana. Barcelona, 1993. Ed. Kairos.
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