La asertividad en el trabajo

La asertividad en el trabajo

Asertividad en el trabajo. Al pensar en cuáles son las aptitudes que necesitamos para desenvolvernos bien en un puesto de trabajo, probablemente lo primero que nos vendrá a la cabeza es aquello que solemos poner en un currículum. Formación profesional o carrera universitaria, idiomas si es el caso, cursillos para dominar herramientas y programas… todo ello, fácilmente demostrable mediante certificados y titulaciones.

Sin embargo, esto es verdad solamente hasta cierto punto. A la hora de la verdad, lo necesario para adaptarse a las empresas, o a cualquier espacio de trabajo en el que haya que coordinarse con otros miembros del equipo, depende en buena parte de nuestras soft skills: las habilidades que forman parte de nuestra personalidad y de nuestro estilo de comportamiento, y que normalmente no quedan plasmadas en documentos oficiales.

De entre estas “habilidades blandas”, una de las que influyen más tanto en nuestra manera de llegar a los objetivos de productividad como en nuestra capacidad para sentirnos cómodos en el contexto laboral, es la asertividad en el trabajo. Veamos en qué consiste y de qué manera la podemos entrenar y poner en práctica.

¿Qué es la asertividad en el trabajo?

Si el ser humano es como es, se debe en parte a las habilidades sociales, que son aquellas que tienen que ver con nuestra capacidad de participar en y promover la creación de un tejido social a nuestro alrededor. La mayoría de ellas se basan en una idea: encontrar un equilibrio entre lo que aportamos y lo que obtenemos de estas alianzas, amistades y vínculos de compromiso mutuo.

La asertividad es una de estas habilidades sociales que tienen que ver con nuestra manera de mantener un equilibrio entre nuestros intereses y los de los demás, algo que es muy relevante en contextos en los que es frecuente negociar, como por ejemplo el entorno laboral.

Así, las personas que son capaces de desplegar un buen nivel de asertividad en el trabajo hacen valer sus intereses, pero a la vez se cuidan de no alimentar el conflicto ni de buscarse enemigos de manera innecesaria. Es, por ello, una poderosa herramienta para hacer que los proyectos laborales salgan bien, y para ser capaces de beneficiarnos de los resultados de estos de una manera justa.

¿Cómo entrenarla?

Estos son algunos consejos para mejorar el uso de la asertividad en el trabajo.

1. Empieza hablando sobre los intereses compartidos

Las primeras ideas que surgen en una interacción social son las que importan más, porque establecen el marco para interpretar todo lo que se dirá después. Por eso, es muy importante no causar rechazo desde la primera frase que formulemos. Lo mejor es poner énfasis en algo que os una para, a partir de ahí, realizar una propuesta.

 

2. Opta por describir, no por acusar

Si hay algo en lo que no estás de acuerdo, desde el punto de vista del buen uso de la asertividad es no emitir opiniones que suene a acusación, o a valoración muy moralista. En vez de eso, describe tu estado de disconformidad haciendo que suene razonable y fácil de entender por todo el mundo, sin apuntar contra la otra persona sino hacia las implicaciones y consecuencias de lo que ha propuesto y que no te gusta.

3. Comprende los sacrificios que ha hecho cada persona para llegar ahí

A la hora de plantear propuestas que en un primer momento pueden causar rechazo, es importante tener en cuenta el grado de sacrificio y de trabajo que cada persona ha realizado para ocupar el puesto laboral que tiene. Esto ayudará a no herir sensibilidades y a saber en qué momentos hay que tener especial cuidado para comunicar nuestras ideas.

4. Ten en cuenta las relaciones jerárquicas

Las jerarquías son una realidad en la mayor parte de las organizaciones, y no es razonable hacer ver que no existen a la hora de comunicarnos. Por ejemplo, incluso para hacer bromas o hablar sobre temas con un tono desenfadado, es importante no olvidar la posición que mantiene cada uno dentro de la empresa para evitar malentendidos en los que, por ejemplo, un juego de palabras pueda ser interpretado como una burla o una amenaza. Tener en cuenta el contexto es importante, porque puede modificar el significado de las palabras.

 

5. Haz una lista mental de lo que quieres decir

Aquello que tengas que decir, organízalo en tu mente y redúcelo a ideas simples. De esta manera, podrás comunicarlo de manera improvisada y sin atenerte a guiones rígidos, los cuales te pueden hacer más difícil conectar emocionalmente con tus interlocutores. Cuando sea el momento apropiado de expresar una de estas ideas, hazlo adaptándote al estado presente de la conversación.

¿Te gustaría recibir entrenamiento en habilidades sociales?

Si más allá de seguir estos consejos te interesa entrenar tus habilidades sociales de la mano de expertos del comportamiento que te atiendan de manera individualizada, ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos. Podemos ayudarte a adaptarte a situaciones en las que dominar más o menos estas aptitudes marca la diferencia.

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Referencias bibliográficas:

Fragale, A.R., Overbeck, J.R., Neale, M.A. (2011). Resources versus respect: Social judgments based on targets’ power and status positions. Journal of Experimental Social Psychology, 47(4), pp. 767 – 775.
Reid, M. y Hammersley, R. (2000). Communicating Successfully in Groups. Hove: Psychology Press.
Schloss, P.J.; Schloss, C.N.; Wood, C.E.; Kiehl, W.S. (1986). A Critical Review of Social Skills Research with Behaviorally Disordered Students. Behavioral Disorders. 12(1): 1 – 14.

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