Los 5 principales síntomas fisiológicos del estrés

Los 5 principales síntomas fisiológicos del estrés

Los 5 principales síntomas fisiológicos del estrés. El estrés es uno de los principales fenómenos que estudian tanto la psicología como la fisiología y otras ciencias afines, y no es para menos. Está presente tanto en una gran cantidad de trastornos psicológicos como en patrones de comportamiento no patológicos, pero es más conocido como fuente de malestar cuando se nos acumula en exceso.

Por otro lado, no es fácil describir en qué consiste el estrés, dado que tiene muchas facetas diferentes. En este artículo nos centraremos en una de ellas, y veremos cuáles son los síntomas fisiológicos del estrés, aquellos que tienen que ver con procesos biológicos que son relativamente independientes de lo que pensamos y lo que sentimos.

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¿Qué es el estrés?

El estrés es un conjunto de fenómenos biológicos y psicológicos que se activan ante potenciales situaciones peligrosas o que reflejan un riesgo de perder algo importante para nosotros. Por ello, está vinculado al temor, y nos lleva a entrar en un estado de alerta, dado que nos ayuda a reaccionar rápidamente para lograr objetivos a corto plazo y evitar problemas.

Por otro lado, el estrés tiene un componente psicológico y otro componente fisiológico. El primero engloba todo aquello que nos pasa por la cabeza, como los pensamientos o las emociones que sentimos de manera consciente; por el otro lado, lo fisiológico está compuesto por procesos biológicos automáticos y que existen más allá de la consciencia, como por ejemplo la salivación, el erizado de nuestro vello corporal, los cambios hormonales, etc.

Síntomas fisiológicos vinculados al estrés

Estos son los principales síntomas de tipo psicológico que aparecen en las personas cuando sus niveles de estrés son demasiado elevados.

1. Tensión muscular

Como hemos visto, el estrés es una predisposición a mantenernos alerta y a poder reaccionar rápidamente a posibles fuentes de problemas. Por ello, tiene sentido que esto se plasme en el estado que tienen por defecto los principales grupos musculares del cuerpo, dado que estos son los que permiten moverse.

Así, las personas que están muy estresadas tienden a experimentar tensión muscular: incluso sin estar realizando tareas que requieran contraer músculos, estos se mantienen más tensos de lo normal. Lo cual produce el siguiente síntoma de este pequeño listado.

2. Temblores

En los momentos en los que el estrés es más alto, la tensión muscular puede llegar a ser tan intensa que produce temblores visibles. Esto genera incomodidad en la persona que lo vive en su propia piel, porque le da motivos para preocuparse por que los demás no perciban esta señal de inseguridad o temor.

3. Problemas de digestión

El estrés suele producir alteraciones de tipo gastrointestinal. Esto es así porque, en situaciones en las que nuestro cuerpo interpreta que hay peligro, empieza a priorizar los mecanismos de reacción rápida que nos permiten movernos a la mínima señal de que estamos en una situación muy vulnerable, y prioriza menos aquellos procesos cuya finalidad es a medio y largo plazo. Como la digestión es un proceso lento y con metas a medio plazo, deja de tener tanta importancia durante un tiempo, y esto hace que surjan problemas.

Por eso, cuando una persona pasa por un periodo en el que el estrés se acumula durante mucho tiempo, es habitual que surjan problemas como los gases, la diarrea, el dolor de vientre, etc.

4. Sudores fríos

Los sudores fríos son otros de los principales síntomas fisiológicos de la ansiedad. Suele aparecer de manera clara en la frente de la persona que está estresada, y de manera menos clara, en el resto del cuerpo. Esta es una reacción ante la necesidad de refrigerar el cuerpo, dado que se eleva su temperatura por el mayor gasto de energía.

5. Palidez de la piel
Este síntoma puede parecer contradictorio con lo anterior, teniendo en cuenta que todos los síntomas del estrés que hemos visto hasta ahora se relacionan con una mayor activación del cuerpo, y solemos asociar la piel pálida a la debilidad y la falta de energía.

Sin embargo, el hecho de tener la piel con un color más apagado cuando se está estresado tiene sentido: como es posible que haya algo peligroso cerca, los capilares de la zona más superficial de la piel se contraen, de manera que en caso de sufrir heridas, se sangre menos. Todo lo que hay a niveles más profundos sigue funcionando a un ritmo tanto o más intenso que antes.

 

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Referencias bibliográficas:

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