Mobbing o acoso laboral: ¿qué es y cuándo acudir al psicólogo?

El mobbing o acoso en el lugar de trabajo se está dando a conocer como una de las causas de ansiedad y de síntomas depresivos más preocupantes hoy día en el ámbito laboral, debido sobre todo a las consecuencias tan alarmantes sobre la autoestima y el estado de ánimo.

¿Qué es el mobbing y cuándo acudir a terapia psicológica?

Cuando la persona afectada decide hacer un tratamiento psicológico, el proceso de acoso está por lo general muy avanzado, por lo que su entorno laboral se ha condicionado a miedo y ansiedad, le cuesta mantener la concentración, acuden con desordenes somáticos como trastornos del sueño y de la alimentación, ansiedad generalizada con pensamientos catastrofistas, una baja valoración personal y sentimientos de indefensión y desesperanza sobre su futuro.

El acoso se da de una manera tan progresiva y sutil en la mayoría de las ocasiones, que para cuando la persona afectada quiere reaccionar, se ven muy mermadas sus habilidades sociales y su autoestima.

En un primer momento, los ataques son tan difusos y ambiguos que hay una incredulidad, un miedo a estar exagerando las cosas y que nadie vaya a creerles. Esta parálisis o falta de reacción es aprovechada por el acosador, que tratará de dejar cada vez más indefensa a su víctima, a través de bulos, comentarios vagos cuestionando su trabajo e infravaloraciones, con la intención de desprestigiarle en el entorno laboral frente a jefes y compañeros.

Si te encuentras en una situación de mobbing recuerda, nadie tiene derecho a faltarte al respeto, la violencia directa o indirecta nunca está justificada.

Analizando el acoso laboral

Es la violencia, normalmente soterrada y sin testigos, sobre una persona en su entorno laboral, de manera continuada y premeditada.

Este tipo de agresión tiene consecuencias muy serias, tanto físicas como psicológicas sobre quien la sufre, al no darse nunca la agresión de forma evidente.

Quien vive una situación de mobbing va viendo mermadas sus capacidades y autoestima de forma progresiva, con sentimientos de culpa y miedo a no ser creído, por lo que cuando pide ayuda los síntomas depresivos y de ansiedad están muy avanzados.

Normalmente, el abuso de poder se da del jefe a algún subordinado, aunque en ocasiones ocurre entre compañeros de trabajo con el mismo estatus, sobre todo si hay una mala organización en la empresa, saturación de trabajo o no existe una delimitación de funciones clara.

Consideramos que una persona está sufriendo mobbing o acoso laboral, cuando recibe ataques cada vez más frecuentes, mantenidos en el tiempo con la intención de que coja miedo a acudir al trabajo y su capacidad profesional se vea reducida.

Señales de que alguien lo está sufriendo

Para estas personas es tan difícil de creer que lo que les está ocurriendo es un acoso en toda regla, que antes han pasado por un proceso de culpabilización y somatizaciones que les ha hecho creer responsables de lo que les está ocurriendo.

La forma de darse el acoso es especialmente perversa, las armas del agresor son como decíamos soterradas y sin testigos, siempre desde una ambigüedad que les deje indemnes de cualquier acusación sobre sus verdaderas intenciones.

De este modo difunden rumores que desprestigien a su víctima, mienten, se apropian de su trabajo e ideas, sobrecargan de trabajo, siendo menos productivo en los retos realmente importantes de la empresa.

En ocasiones les quitan el trabajo que durante años venían realizando o les marginan, colocándoles en espacios aislados o dejándoles fuera de los proyectos del equipo. Cuando atacan de forma más directa lo hacen sin que nadie este presente, de modo que no se le pueda acusar e incluso culpan a su víctima de ser el verdadero agresor, si se le ocurre defenderse.

Perfil del acosador

Por lo general estas personas tienen un personalidad narcisista, que en función del grado puede considerarse psicopática.

Carecen de empatía o sentimientos de culpa, por lo que son peligrosos al no sentir remordimientos. Para estas personas su objetivo es lo primero, cueste lo que cueste y sin importar los medios.

Son calculadores y conscientes del daño que causan. Manipuladores natos y grandes seductores. En ocasiones su agresividad es más directa, generando miedo en su entorno al humillar e incluso insultar si se les lleva la contraria, en estos casos su abuso de poder es más claro, al estar en puestos altos y sentirse invulnerables. Suelen dirigir su acoso hacia quienes consideran que ponen en peligro su puesto de trabajo u objetivos laborales, por envidia o porque se sienten amenazados por las cualidades de quien consideran rival.

¿Qué hacer ante un caso de mobbing?

Es importante actuar desde el primer momento de las hostigaciones.

  • La asertividad y claridad a la hora de exponer que nos estamos sintiendo agredidos es fundamental desde el primer momento en el que se empiecen a observar. Se amortiguan así en gran medida las intenciones del agresor, al ver que la víctima puede defenderse, sobre todo cuando se hace en público y guardando la calma, de lo contrario puede hacer creer a los demás que él/ella es la víctima.
  • Ante los mensajes ambiguos, pedir siempre a quien los manifieste que concrete lo que quiere decir, con ejemplos claros acerca de sus quejas.
  • Actúa siempre con un lenguaje corporal directo, no evites la mirada ni muestres miedo encogiendo el cuerpo o bajando el tono de voz, tampoco evites los encuentros. Si quien acosa detecta conductas huidizas, éstas le harán crecerse y creer tener poder sobre ti.
  • Si los ataques continúan es importante ponerlo en conocimiento de superiores o del departamento de recursos humanos de la empresa, con el objetivo de detener cuanto antes las agresiones y disuadir a quien trata de conseguir sus objetivos por esta vía.

Si te encuentras en una situación de mobbing recuerda, nadie tiene derecho a faltarte al respeto, la violencia directa o indirecta nunca está justificada.

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