¿Por qué algunas personas no tienen empatía?

¿Por qué algunas personas no tienen empatía?

La empatía es el elemento psicológico que da sentido a las relaciones humanas. Gracias a ella, tenemos una gran facilidad a la hora de formar vínculos sociales estables y significativos, incluso cuando esto no nos aporta ningún beneficio material aparente a corto plazo. Este tipo de comportamientos resulta fundamental para crear y participar en tejidos sociales que funcionen bien, con capacidad de satisfacer las necesidades de muchas personas y familias.

Sin embargo, no es ningún secreto que aunque en general los seres humanos contamos con esta predisposición a ponernos en el lugar del otro de forma espontánea y a un nivel emocional, existen personas que tienen muy poca empatía, o prácticamente ninguna. Veamos por qué.

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¿Por qué hay personas sin empatía?

La empatía puede ser definida, de un modo resumido, como la predisposición a comprender no solo los estados cognitivos de los demás (es decir, saber lo que saben y lo que no saben, y comprender sus creencias), sino también a sentir lo que los demás sienten, sobre todo cuando se trata de emociones y sentimientos muy intensos. Eso hace que entre la mayoría de los seres humanos, los estados emocionales puedan ser, en parte, contagiados.

Sin embargo, hay casos en los que este rasgo psicológico no se da. ¿A qué se debe que existan personas sin empatía? La clave para comprender esto la encontramos en el punto en el que la Psicología y la Biología se encuentran.

 

La distribución normal de los rasgos psicológicos

Lo primero que hay que saber es que del mismo modo en el que no existen dos personas iguales psicológicamente, todo rasgo psicológico cuenta con casos extremos, ya sea por relativa ausencia de una característica, o por todo lo contrario, una gran intensidad.

Por ejemplo, hay muy pocas personas con un nivel extremadamente alto de inteligencia, y muy pocas personas con un nivel de inteligencia excepcionalmente bajo. Lo mismo ocurre con el deseo sexual, con la memoria, con la agresividad… Y la empatía no es diferente en este aspecto.

Así, mientras que la gran mayoría de personas tienen una disposición similar a sentir empatía, hay una minoría de personas extremadamente empáticas, y otra minoría de personas que prácticamente no empatiza con el resto. Además, ambos grupos tienen un tamaño similar, porque el modo en el que la intensidad de los rasgos psicológicos se distribuyen entre la población sigue una curva normal: es decir, la forma de una U invertida con pequeñas faldas a los laterales. La gran mayoría de las personas se concentran en valores de empatía cercanos a la media, y conforme nos alejamos de esta última, hay cada vez menos personas tanto en valores bajos (poca empatía) como altos (mucha empatía).

Esto ocurre de esta manera porque es el modo en el que funciona la Biología: solo en casos excepcionales surgen rasgos extremos, debido a que las características más ventajosas tienden a generalizarse. Esto no significa que ser muy poco empático o muy empático sea algo objetivamente malo o desventajoso, sino que en el contexto actual, tener un nivel más moderado de empatía ayuda más; pero si algo en el entorno cambia, podría darse un contexto en el que los valores extremos se conviertan en lo ventajoso, y a partir de ahí, pasen a ser “lo normal” el rasgo compartido por la mayoría de los individuos.

Ahora bien, hasta ahora hemos abordado este tema centrándonos en las predisposiciones biológicas, si bien lo psicológico no depende solo de los genes y las características de nuestro cuerpo. Veamos cuál es la faceta psicológica de por qué hay personas con poca o ninguna empatía.

 

La psicopatía

Las personas que no conectan emocionalmente con los demás mediante la empatía tienden a presentar un rasgo llamado psicopatía. La psicopatía no es tanto un trastorno psicológico como una característica presente en mayor o menor medida en todas las personas: es decir que todos tenemos una cierta puntuación de psicopatía, ya sea alta o baja.

Las personas con alto grado de psicopatía tienden a pensar más en ellas que en los demás, y rara vez piensan de manera espontánea acerca de los intereses del resto; tan solo si poner su atención ahí les ayuda a obtener un beneficio claro a cambio. Hay casos extremos de individuos que apenas son capaces de amar o de considerar que es preferible que los demás no sufran; es por ello que los casos extremos de psicopatía van frecuentemente de la mano de un pasado de daños o incluso torturas a animales. Por suerte, incluso en casos así los mecanismos legales y coercitivos hechos para evitar crímenes hacen que la mayoría de personas escasamente empáticas y que ven con buenos ojos imponerse por la fuerza ataquen habitualmente a los demás.

Pero también hay casos de personas que a pesar de destacar en el rasgo “psicopatía” y no empatizar demasiado, no tienen una especial predisposición a querer dañar a los demás. No hay que olvidar que incluso en ausencia de facilidad para empatizar con el resto, la agresividad y las conductas delictivas no tienen por qué ser la opción por defecto de estas personas. Es perfectamente posible que tanto la educación como las intervenciones psicológicas ayuden a estas personas a ver que un modo de vida en armonía con los demás es lo más deseable.

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Referencias bibliográficas:

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