¿Por qué me deprimo en invierno?

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    ¿Por qué me deprimo en invierno? El estado de ánimo es un aspecto psicológico sujeto a múltiples influencias, tanto físicas como psicológicas. Muchas de ellas tienen que ver con experiencias puntuales que tienen un impacto en un momento concreto en nuestra consciencia (como por ejemplo la evocación de un recuerdo) y/o en nuestro cuerpo (una lesión); pero otras tienen como desencadenante una experiencia que se despliega a lo largo de una escala temporal mayor.

    Esto es lo que algunas personas con el invierno, una estación del año que llega a ser un sinónimo de tristeza y desánimo para algunos. De hecho, algunas de las personas que acuden a psicoterapia lo hacen, en parte, para comprender a qué se debe ese vaivén emocional que llegan en los meses de frío. ¿Por qué me deprimo en invierno? En este artículo exploraremos dicho tema.

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    ¿Por qué me deprimo en invierno?

    Nuestro estado de ánimo tiene mucho que ver con los patrones de liberación de hormonas y neurotransmisores, sustancias segregadas por diferentes partes de nuestro cuerpo y que además de generar cambios físicos en el organismo, también tienen un impacto en el estado mental que experimentamos.

    Por otro lado, el modo en el que el cuerpo humano produce hormonas de uno u otro tipo en distintas cantidades depende, en buena parte, de la temperatura y del nivel de luz solar a la que nos exponemos. Esto es así porque ambos factores tienen implicaciones en el modo en el que resulta más adaptativo que nos comportamos. Por ejemplo, en invierno tiene sentido que estamos menos activados, para ahorrar energía en un momento en el que durante cientos de miles de años hemos tenido más problemas para encontrar comida y refugio. De este modo, muchas personas están más predispuestas a que, cuando el otoño llega a su fin, sientan que suelen sentir tristeza y decaimiento general con mayor frecuencia, o incluso de manera casi constante, sin llegar a identificar un motivo más allá de la llegada del invierno.

    En este sentido, una de las hormonas clave es la melatonina: esta sustancia es segregada por nuestro cuerpo en momentos en los que llevamos unas horas sin exponernos a mucha luz, y se vincula con un estado mental letárgico y con el sueño (de ahí que las personas con problemas para dormir tomen suplementos de melatonina). Se trata de una adaptación del cuerpo para aprovechar al máximo las horas del día de mayor luz solar, dado que somos una especie diurna, haciendo que nuestro reloj biológico quede calibrado de esa manera; activación de día, poca activación cuando predomina la oscuridad.

    Del mismo modo, los seres humanos somos primates, un grupo de mamíferos adaptados principalmente a las zonas del planeta de clima tropical y subtropical, y hace relativamente poco tiempo que salimos del continente africano. Por ello, biológicamente no estamos muy bien adaptados a las regiones donde el invierno genera cambios muy significativos, y tan solo podemos hacer frente a estos fenómenos ambientales y meteorológicos mediante medidas compensatorias por vía de la tecnología. Pero estos desarrollos tecnológicos no pueden evitar que sigamos sintiendo en el cuerpo el impacto del invierno, algo que en algunas personas desencadena un estado de demasiado déficit de activación nerviosa, algo asociado al estado de ánimo depresivo.

    Es por ello que hay quienes notan cómo con los meses de invierno llega una mayor facilidad a quedarse anclados a la tristeza, la desesperanza, la nostalgia y otros estados emocionales ligados al malestar y a la falta de ganas de realizar actividades; es en parte predisposición genética (más presente en una parte de la población) y en parte el modo en el que se ha aprendido a gestionar las emociones, e incluso el modo de vida. Pero por suerte, en el ámbito de la medicina y de la psicoterapia hay maneras de afrontar esta clase de experiencias y de superarlas.

    ¿Cuándo ocurre el trastorno afectivo emocional?

    Si la bajada de estado de ánimo es muy intensa y coincide con el invierno, podría tratarse de una alteración psicopatológica conocida como trastorno afectivo estacional. Técnicamente, este fenómeno es una versión de la depresión clínica o de determinadas formas de trastorno bipolar.

    Así, si hablamos de trastorno afectivo estacional basado en un caso de depresión, deben cumplirse varios criterios diagnósticos propios de la depresión clínica (cinco de ellos) durante al menos dos semanas. Esta sintomatología de la depresión se caracteriza por la anhedonia, la falta de motivación o interés por participar activamente en actividades que no sean percibidas como obligaciones, un sentimiento persistente de desesperanza, y la tendencia al aislamiento social, entre otras experiencias.

    En el caso de que sea un especificador de la bipolaridad, para que el paciente sea diagnosticado como un problema de salud mental de esta clase deberá mostrar los criterios de manía, en la que aparece un estado de ánimo aumentado de manera continuada, más tres síntomas como podría ser el aumento exagerado de la autoestima, la disminución de las horas de sueño o el aumento del habla, durante mínimo una semana o criterios de hipomanía que son similares a la manía pero con menor intensidad y sin la necesidad de hospitalización ni la presencia de síntomas psicóticos y con una duración seguida de 4 días.

    Como complemento a estas características ya presentadas, para clasificarlo como tipo estacional será necesario que se dé una relación temporal, continua y mantenida en el tiempo, entre el inicio del episodio y una época o estación del año, siendo más normal que se empiecen a presentar los síntomas durante los meses de otoño y se alarguen durante el invierno y no siendo tan habitual en las otras dos estaciones.

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    Referencias bibliográficas:

    American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5ª ed.). Arlington: American Psychiatric Publishing. ¿Por qué me deprimo en invierno?

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