Qué hacer cuando hay una crisis de pareja

Qué hacer cuando hay una crisis de pareja

Las crisis de pareja son una realidad tan frecuente que no pueden ser consideradas una excepción. Esto es debido a algo que puede resumirse en lo siguiente: del mismo modo en el que las relaciones amorosas influyen en muchos de los ámbitos de la vida de quien está involucrado en una de ellas, hay muchos ámbitos de la propia vida que pueden influir en esa relación.

Ahora bien, que exista una gran variedad de elementos capaces de desestabilizar el vínculo de pareja no significa que no podamos hacer nada para superar esta clase de problemas. Por eso, en este artículo vamos a ver consejos para saber qué hacer cuando hay una crisis de pareja, con varios ejemplos.

¿Qué hacer ante las crisis de pareja?

Veamos algunas ideas clave a seguir ante diferentes problemas de pareja capaces de llevar la relación hacia una crisis.

1. No hacer ver que los problemas no están ahí

Por pura inercia, muchas parejas optan por hacer ver que las crisis en su relación no están ahí, que si hacen ver que no existen, estas se disiparán bajo la influencia de la sugestión.

Sin embargo, esto es un error. Detrás de las crisis de pareja hay fenómenos objetivos que están más allá de la subjetividad de cada uno, y que mientras no sean cambiados, seguirán haciendo emerger problemas en la relación. Por ejemplo, ante un conflicto causado por un desacuerdo sobre si tener hijos o no, es imposible pretender “olvidar” este hecho, porque afecta a los planes de futuro, al tipo de carreras profesionales por los que cada persona quiere optar, etc.

2. Ante los desajustes de convivencia, buscar la simetría

Muchas crisis de pareja llegan a causa de una manera de convivir desestructurada, en la que una persona hace la mayor parte del trabajo.

En los casos en los que ambas personas trabajen o al menos busquen tener un trabajo, es muy importante que el reparto de responsabilidades domésticas sea simétrico, dado que de no ser así, más allá de que la situación sea justa o injusta, esto será una fuente de resentimiento y de discusiones que se irán acumulando.

3. No hacer pasar la venganza por solución

Vengarse de algo que la otra persona nos hizo raramente funciona a la hora de intentar ponerle fin a una crisis de pareja; si acaso, da más motivos para mantener vivo el conflicto.

Incluso en las ocasiones en las que una de las personas involucradas tiene que poner más de su parte para sanear el estado de ese vínculo amoroso, esto no debe ser visto como una venganza sino en todo caso como un acto de reparación y de renovación del compromiso por participar en un proyecto juntos. Hay que ir más allá de la lógica del castigo.

 

4. Potenciar los hábitos que refuercen la inteligencia emocional

La inteligencia emocional es el conjunto de aptitudes y habilidades relacionadas con reconocer las propias emociones y gestionarlas del modo adecuado, así como detectar y comprender correctamente las emociones de los demás. Sus implicaciones en las relaciones de pareja son claras: ayudan a ajustar nuestro comportamiento ante las necesidades y el estado mental de la otra persona, y a orientar nuestras acciones hacia la resolución de metas en común a medio y largo plazo.

Por ejemplo, las personas con una buena inteligencia emocional tienden a no “desahogarse” enzarzándose en discusiones y peleas inútiles, sino que afrontan las diferencias de opiniones e incluso las críticas de los demás de una manera constructiva.

Algunos hábitos útiles tienen que ver con saber cuándo no es buen momento para discutir (por ejemplo, si se está muy cansado o frustrado), detectar intereses en común, dejar pasar ataques de los demás al considerar que son fruto de su malestar y no de su manera de pensar, etc.

 

5. Criticar apelando a las acciones, no a la persona

Para afrontar de manera constructiva los problemas en una relación, hay que evitar “etiquetar” al otro. No es bueno abusar de nombres y adjetivos; es mucho mejor que la queja sea algo más elaborada, para que no apele a esencias (algo que en teoría no puede ser cambiado) y sí a verbos, a acciones. En vez de llamarle “vago”, por ejemplo, lo adecuado es criticar la falta de tiempo de calidad juntos.

6. Llevar un diario de problemas

Muchas veces es positivo crear una rutina en la que ambas personas tengan la oportunidad de expresar sus quejas en igualdad de condiciones, y llevar un diario en el que ir anotando problemas en la relación ayuda ello. Por ejemplo, se puede hacer que cada día, cada persona pueda anotar hasta tres aspectos de la relación que le hicieron sentir mal en ese momento, escribiéndolo siempre de una manera constructiva y proponiendo soluciones concretas.

7. Comprometerse con un proceso de terapia de pareja

La terapia de pareja es un contexto en el que se puede buscar una solución eficaz y adaptada a una crisis de este tipo. No hay que tomárselo como un ring de boxeo en el que ganar discusiones y mostrar a otra persona quién tiene la razón, sino un lugar en el que expresarse, buscar puntos de encuentro y desarrollar nuevas habilidades comunicativas y de regulación emocional.

 

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Referencias bibliográficas:

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Campuzo Montoya, M. (2002). Pareja humana: Su psicología, sus conflictos, su tratamiento. México: AMPAG.
Dattilio, F.M. & Padesky, C.A. (2004). Terapia Cognitiva con parejas. Bilbao: Editorial Desclée De Brouwer.
Harvey, J. H., Ormarzu, J. (1997). “Minding the close relationship”. Personality and Social Psychology Review. 1: pp. 223 – 239.
Tennov, Dorothy (1979). Love and Limerence: the Experience of Being in Love. Nueva York: Stein and Day.

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