Qué son las enfermedades psicosomáticas

¿Qué son las enfermedades psicosomáticas? Ejemplos y causas

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¿Alguna vez te han dicho “Eso es psicológico” cuando has consultado por alguna dolencia? Es relativamente frecuente que se atribuya la causa de algunas afecciones físicas a cuestiones psicológicas en lugar de a motivos orgánicos. Cuando esto ocurre, se habla de enfermedades psicosomáticas. La definición más habitual de trastorno psicosomático es “enfermedad cuyo origen es atribuido a factores psicológicos”. Por precisar un poco más, tiene sentido hablar de “factores” ya que normalmente es muy difícil encontrar una causa única para un trastorno; así, tiene más sentido hablar de manifestaciones fisiológicas con componente psicológico (es decir, afecciones físicas en cuyo desarrollo juegan un papel importante las variables psicológicas).

Es importante concretar esto, puesto que el término “psicosomático” tiende a usarse con cierta ambigüedad. Esto puede deberse a que existen diferentes maneras de utilizarlo. Por ejemplo, existe el concepto de Medicina Psicosomática, que hace referencia a un movimiento en la disciplina que trata de tener una perspectiva biopsicosocial de la salud y la enfermedad. En otras ocasiones se utiliza el término a modo de “cajón de sastre” para etiquetar síntomas y afecciones cuando no se cuenta con una explicación fisiológica concreta para ellos.

¿Qué son (y qué no son) las enfermedades psicosomáticas?

El concepto trastorno psicosomático se popularizó en primera instancia por el Psicoanálisis; aquí se utilizaba el concepto de la “psicogénesis” para elaborar teorías cobre cómo determinadas dificultades psicológicas podían por sí solas ser la causa de manifestaciones físicas (lo cual se ha comprobado posteriormente que no es una relación causa-consecuencia tan simple). Más adelante, este término comenzó a ser usado por algunos modelos de Medicina, como el modelo ecológico o el modelo biopsicosocial; estos enfoques entienden que todas las afecciones y enfermedades pueden verse originadas y/o moduladas por la interacción de factores tanto internos como externos. Estos enfoques resultan de gran relevancia porque son los que empiezan a prestar atención a la gran heterogeneidad de los problemas de salud, valorando todas las variables que pueden estar implicadas tanto en su origen como en la manera en que se manifiestan.

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Además de tener esto en cuenta, conviene también conocer la diferencia entre las enfermedades psicosomáticas y los trastornos somatomorfos. Estos últimos son síntomas que no necesariamente tienen una manifestación en forma de signos visibles o detectables con pruebas médicas (como sí suele ocurrir en el caso de las afecciones psicosomáticas) y que por lo tanto no pueden ser atribuidos a una causa orgánica. Se trata de sensaciones y dolencias que pueden afectar a las personas y reducir su calidad de vida, a pesar de que no puedan detectarse por medio de pruebas médicas. Un ejemplo típico de esta situación es la de las personas que experimentan dolor crónico.

Algunos ejemplos de enfermedades psicosomáticas

Como veníamos comentando, las enfermedades psicosomáticas tienen manifestaciones fisiológicas que pueden verse muy influenciadas por cuestiones psicológicas, Dicho esto, hay algunas afecciones en la que resulta más probable que esto ocurra; o sea, que hay enfermedades con un mayor componente psicosomático que otras. Algunas de estas incluyen trastornos cardiovasculares (por ejemplo, la hipertensión), afecciones respiratorias como el asma, enfermedades gastrointestinales (como el síndrome de colon irritable) y también algunos trastornos endocrinos, inmunológicos, dermatológicos e incluso oncológicos. Esto no quiere decir que todas estas enfermedades sean psicosomáticas puesto que, como ya hemos mencionado, existe una gran heterogeneidad dentro de las condiciones de salud; lo que sí es importante tener en cuenta es cómo pueden aliviar o agravar estas condiciones las variables psicológicas.

Además de existir las enfermedades psicosomáticas, podemos encontrarnos el caso contrario: esto es, el de las enfermedades orgánicas que actúan como predisponentes o desencadenantes de trastornos psicológicos. Si nos paramos un poco a pensarlo, esto tiene toda la lógica; convivir con una enfermedad puede reducir de manera notable la calidad de vida, algo que tiene el potencial de impactar considerablemente en la salud mental. Una persona que experimenta una condición limitante como el cáncer o una enfermedad crónica puede ser más susceptible a desarrollar, por ejemplo, un cuadro depresivo. Así, podemos ver que la influencia de unas condiciones de salud sobre otras se produce de manera bidireccional.

Principales causas de enfermedades psicosomáticas

¿Recuerdas cómo al principio del artículo te preguntábamos si alguna vez te han dicho aquello de “eso es psicológico”? Pues bien, aquí entra otro tópico de los factores de salud: ¿Cuál es la principal causa psicológica a la que se atribuyen la mayoría de las enfermedades? Exacto: el estrés. Y ojo, porque con estrés no nos referimos a “estresarse” o agobiarse sin motivo; el estrés es una respuesta que se activa en nuestro organismo cuando nos enfrentamos a una situación desafiante o amenazante. Así, las enfermedades psicosomáticas pueden verse propiciadas por situaciones estresantes que se están viviendo en el presente (por ejemplo, la precariedad laboral) o que se han vivido en el pasado (como haber experimentado maltrato en la familia).

Además del estrés, hay otros factores psicosociales que pueden jugar un papel en el posible desarrollo de enfermedades psicosomáticas: algunos de ellos son el estilo de vida, la disponibilidad de apoyo social y la presencia previa de dificultades psicológicas. Teniendo todo esto en cuenta, se han identificado determinados grupos de población que pueden encontrarse en una situación de mayor vulnerabilidad a la hora de desarrollar enfermedades psicosomáticas: la adolescencia y el periodo universitario, por ejemplo, son algunas de las etapas en las que las personas pueden resultar propensas a desarrollar este tipo de condiciones. En la edad adulta también existen algunas poblaciones especialmente vulnerables, como es el caso de quienes ejercen trabajos de cuidados o a turnos. Por último, las personas de mayor edad (especialmente las que viven solas) también pueden ser más susceptibles de sufrir estos trastornos.

Evaluación y tratamiento de las enfermedades psicosomáticas

Cuando aparece una afección con sintomatología física, la evaluación suele hacerse en medicina de familia primero y después en la especialidad correspondiente. Suele ser entonces, cuando las pruebas no apuntan a causas orgánicas, cuando se solicita una evaluación psiquiátrica y/o psicológica. Por eso en el proceso de evaluación de las enfermedades psicosomáticas es importante tanto la valoración médica como la psicológica.

La fase de intervención también suele requerir un enfoque interdisciplinar, lo que quiere decir que puede haber tanto un tratamiento médico para controlar o paliar los síntomas físicos como una terapia psicológica orientada al manejo de los factores psicológicos que pueden agravarlos. El objetivo de esta colaboración interprofesional ha de estar dirigido a lograr una mejora de la calidad de vida de la persona, así como a contar con estrategias de afrontamiento para el manejo de los síntomas.

Conclusiones

En ocasiones es difícil saber a ciencia cierta cuál de las afecciones es causa y cuál es consecuencia de la otra. Lo que está claro es que existe una cierta correlación entre determinados factores físicos y psicológicos; un ejemplo de esto es la posible relación bidireccional entre la depresión y las enfermedades cardiovasculares en personas mayores. Por eso es siempre importante prestar atención a posibles factores de riesgo para maximizar la prevención de las enfermedades psicosomáticas.

A veces podemos adelantarnos a posibles diagnósticos fomentando algunos buenos hábitos basándonos en los factores de protección que conocemos: promover la construcción de una red social, entrenar habilidades de autocontrol y regulación emocional, y realizar actividades que permitan mantener el estado de ánimo en un buen nivel.

Asistencia psicológica y psiquiátrica

Cuando se diagnostican enfermedades psicosomáticas, es habitual que desde la consulta de medicina de Atención Primaria o de especialidad se derive directamente a la consulta de Psiquiatría o de Psicología. A pesar de que muchos casos requieren que se mantenga un tratamiento médico para el control de los síntomas, la terapia puede jugar un papel importante en la evolución de la patología. En esta parte del tratamiento es esencial la participación activa de la persona, a quien se ha de informar de cómo influyen sus dificultades psicológicas en su sintomatología física. La terapia psicológica se centra especialmente en el desarrollo de estrategias para el control de la activación, el mantenimiento de un buen estado de ánimo o lo que corresponda según el caso.

Si tú (o alguna de las personas de tu entorno) está pasando por un trastorno psicosomático, puedes contar con los servicios de Avance Psicólogos para trabajar este tipo de cuestiones. Contamos con dos despachos de psicología para realizar terapia presencial en Madrid, pero también te ofrecemos sesiones por videollamada mediante terapia con un psicólogo online si lo necesitas o lo prefieres. Nuestro equipo está formado por profesionales de la Psicología y de la Psiquiatría que pueden ayudarte a mejorar tu situación. Te animamos a ponerte en contacto por llamada o mensaje para que nuestro personal pueda informarte de diferentes opciones y así poder encontrar la que mejor se ajusta a tus necesidades.

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Referencias bibliográficas

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Berrocal, C. y cols. (2016). Contribuciones de la Medicina Psicosomática a la Medicina Clínica y Preventiva. Anales de Psicología, 32(3), 828-836.

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Prada, G. I. y Alexa, I. D. (25-28 de junio de 2014). Specific patterns of psychosomatic disorders in older people [Presentación en papel]. Annual Meeting of the European Association of Psychosomatic Medicine, Sibu, Rumanía.

Sánchez, I. M. (2020). Los trastornos psicosomáticos en el niño y el adolescente. MEDISAN, 24(5), 943-961.

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autora del artículo

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Por Andrea Martínez Fernández

PSICÓLOGA - SEXÓLOGA COLEGIADA M-28412

Andrea Martínez es licenciada en Psicología por la Universidad de Deusto. Posee un Máster en Psicología Clínica Basada en la Evidencia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Salud Sexual y Psicología Clínica por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Especialista en Terapias Contextuales (ACT, FAP y técnicas Mindfulness) por el Madrid Institute of Contextual Psychology. También se ha formado en Psicología Afirmativa en Diversidad Sexual y de Género por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Desde 2019 forma parte del equipo colaborador de Avance Psicólogos ofreciendo terapia psicológica, sexológica y de pareja con perspectiva de género. Además, ejerce como divulgadora y formadora en varias plataformas relacionadas con la Educación Sexual.

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