Resaca emocional: Definición, causas, síntomas y su gestión

Resaca emocional: Definición, causas, síntomas y su gestión

La resaca emocional es una experiencia que puede llegar a ser muy desagradable; de ahí su nombre, que muestra su parecido con una resaca por consumo de alcohol.

En este artículo veremos qué es una resaca emocional y qué podemos hacer para gestionarla del mejor modo, haciendo que desaparezca cuanto antes de nuestro estado mental.

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¿Qué es la resaca emocional y cuáles son sus síntomas?

La resaca emocional se define como un estado de cansancio mental surgido a causa de un acontecimiento en el que nos hemos implicado mucho psicológicamente, y que puede tener una carga emocional positiva o negativa: un examen final de curso, nuestra boda, el funeral de un ser querido, el día en el que se va a rescatar un perro a un refugio, la primera vez que se viaja al extranjero, etc.

En nombre que recibe este fenómeno se debe a que la experiencia que ha desencadenado tal estado puede dar lugar a distintos síntomas relativamente desagradables y en cierto modo similares a los de una resaca por consumo de alcohol, aunque en este caso no exista una sustancia exógena que nos haya hecho sentir así (todos los procesos bioquímicos asociados a la resaca emocional se producen a causa de hormonas y neurotransmisores que segrega nuestro propio cuerpo).

Los síntomas de la resaca emocional se solapan en cierto modo al de los trastornos de ansiedad y del estado del ánimo, aunque en este caso no pueden ser explicados por una psicopatología (la resaca emocional no llega a ser una enfermedad mental diagnosticable). Estos síntomas característicos son la irritabilidad, el mal humor, la disminución de la energía (que no puede ser explicada únicamente por hacer realizado un esfuerzo físico), la sensación de embotamiento mental (que significa que a mente funciona más lentamente), sentirse agobiado y con menos capacidad de reacción rápida, las intensas ganas de dormir, las dificultades para mostrarnos creativos o tomar decisiones, y la apatía general.

De igual forma también aparecerán síntomas físicos con frecuencia, como el dolor de cabeza, el malestar y la pesadez muscular, y el dolor de espalda.

Como es obvio, la sensación de cansancio mental y físico no nos dejará rendir bien en nuestra vida cotidiana, pudiendo verse afectadas nuestra memoria y nuestra atención, aunque solo de manera pasajera. Así pues, si este estado de resaca persiste terminará influyendo en nuestra vida laboral, familiar, social, repercutiendo por tanto interna y externamente en nosotros.

Causas de la resaca emocional

La resaca emocional se da por una combinación de causas de tipo biológico y psicosocial, pero de manera resumida podemos decir que se relaciona con la “función de alerta” en la que a veces se pone nuestro cuerpo cuando captamos señales de que debemos prestar especial atención a lo que ocurre, de modo que se activan los mecanismos del estrés.

Lo que ocurre es que a veces no identificamos esta experiencia con el estrés, dado que en ciertas ocasiones no nos sentimos mal en ese momento (y normalmente asociamos el adjetivo “estresado” con un cierto malestar), ya sea porque nuestra mente está demasiado enfocada en algo que nos motiva o porque lo estamos pasando tan bien o somos tan felices que eso eclipsa los síntomas desagradables del estado de ansiedad o estrés.

La resaca emocional se da cuando llevamos un periodo relativamente largo en ese “estado de alerta”. Nuestro organismo empieza a reflejar el grado en el que se resiente por ello; a fin de cuentas, nuestro sistema nervioso es uno de los conjuntos de estructuras del cuerpo que más energía y recursos consume, y tenerlo funcionando a toda máquina pasa factura. Por suerte, al cabo de unas horas acostumbramos a volver a sentirnos bien porque el organismo ya ha logrado recomponerse.

¿Cómo gestionar la resaca emocional?

Sigue estos consejos para afrontar adecuadamente una resaca emocional.

1. Potenciar nuestro autoconocimiento

Vivimos en una sociedad acelerada en la que el tiempo transcurre muy rápido y nos hace estar más centrados en el futuro que en el presente; por este motivo pocas veces nos paramos a pensar, a escucharnos y conocernos a nosotros mismos, y a preguntarnos cómo nos encontramos, qué nos preocupa, qué nos hace estar mal. Es por ello que es relativamente sencillo que ciertas experiencias del día a día nos desborden emocionalmente, y que ni siquiera sepamos hacer ante estas experiencias, dado que nos cuesta identificar esos estados emocionales.

Por esta razón es tan importante que cada día, aunque sea durante unos pocos minutos, nos dediquemos tiempo a nosotros, para conectar con nuestros sentimientos y pensamientos y no solo actuar como autómatas.

Conocernos no solo nos ayudará a darnos cuenta de cómo nos sentimos sino que también nos servirá como herramienta para en futuras experiencias de intensas emociones y consecuentes resacas sepamos cuál es la mejor manera de afrontar la situación y que nos beneficia y funciona mejor en nosotros para disminuir el estado negativo.

Ir rellenando un diario personal nos ayudará a ello. No hace falta que aquello sobre lo que escribimos sean acontecimientos fuera de lo común, sino las pequeñas cosas que nos han gustado y nos han hecho sentir mejor. De este modo, recordándolas y escribiéndolas, seremos más conscientes de ellas. Muchas veces pueden pasar desapercibidas y camufladas por el estado negativo en el que nos encontramos.

2. Aprender a usar técnicas de relajación

Cuando nos brindemos el tiempo para estar con nosotros mismos, también podemos realizar distintas técnicas de relajación para tranquilizarnos, calmarnos y ser más conscientes y ordenar nuestras emociones y pensamientos.

Por ejemplo, una de las estrategias más utilizadas será la relajación mediante la respiración controlada. Escoge un lugar tranquilo, sin mucho ruido y en el que estés cómodo/a, e intenta controlar tu respiración; utiliza el abdomen o el diafragma para respirar, no el pecho; y realiza inspiraciones (coger aire) cortas y exhalaciones (sacarlo) largas. De este modo te estarás ayudando a apaciguar tu mente y a mitigar el cansancio mental y corporal.

3. Realizar actividades que canalicen tu atención

De igual forma, si ves que las técnicas de relajación no te ayudan, debes saber que hay más maneras de relajarte como puede ser pintar, escuchar música o practicar deporte. Este último hábito es aparentemente contradictorio con lo que buscamos conseguir. Ya que si nos sentimos cansados mental y físicamente tendremos tendencia a pensar que no nos ayudará, que nos agotará más; pero contrariamente a lo que pueda parecer, hacer ejercicio nos ayuda a despejar la mente y a generar endorfinas, que es un tipo de opioide endógeno que disminuye el dolor y estimula los circuitos cerebrales del placer.

Cuando nos encontramos en estado de resaca emocional también nos puede ayudar el ser conscientes de nuestros pensamientos. Como hemos dicho, este fenómeno nos genera una sensación de malestar que es probable que derive en pensamientos negativos y catastróficos; por este motivo intentaremos cambiar pensamientos como “todo lo que me pasa es malo” a “este suceso no ha sido bueno, pero puede aprender de él y en el futuro irá mejor porque he aprendido de mis errores”. Nuestros pensamientos influyen mucho en cómo nos sentimos y afrontamos la vida. Y si modificamos nuestra manera de pensar para que no sea tan catastrófica ayudaremos a salir antes del estado de resaca emocional.

4. Si nada funciona, acudir a terapia

Aunque la resaca emocional no sea un trastorno psicológico, puede ser un motivo por el que acudir a psicoterapia. Si notas que la situación te desborda, ponte en contacto con nuestro equipo de profesionales y te ayudaremos. Desde Avance Psicólogos llevamos trabajando en el ámbito de la psicología desde hace más de dos décadas y atendemos a personas de todas las edades.

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Referencias bibliográficas:

Comisión Europea (2017) ¿Qué son las resacas emocionales?

Antequera, J. (2018) Manual CEDE de preparación PIR: Psicología Clínica Vol.1. CEDE: 5ªEdición.

Carrillo, L., Fernández, MªN., Clariana, S.M. y de los Ríos P. (2018) Manual CEDE de preparación PIR. Psicología de la Salud. CEDE: 5ªEdición.

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