Ansiedad

distimia

Distimia

Nos preguntamos: ¿qué es el trastorno psicológico de la distimia?. La depresión es posiblemente el trastorno del estado de ánimo más conocido. Sin embargo, dentro de esta categoría de alteraciones psicológicas dañinas hay algunas más, como la distimia.

Si te interesa saber más acerca de este trastorno psicológico, reconocer sus síntomas y conocer el tratamiento terapéutico usado en los pacientes que lo sufren, sigue leyendo.

Nuestra Terapia para la Depresión

¿Qué es la distimia?

La distimia es un trastorno de ansiedad caracterizado por tener ciclos largos en los que se expresan los síntomas, y por el hecho de que estos son significativamente menos intensos que en la depresión mayor.

Así, los síntomas depresivos (que luego veremos con más detalle) están presentes durante la mayor parte del día, y en ciclos que duran al menos dos años. La diferencia en cuanto a la depresión unipolar (o depresión mayor) es más cuantitativa que cualitativa, porque sus síntomas son aproximadamente los mismos, pero cambiando la duración y lo severo de los síntomas.

Por otro lado, la distimia es un poco más común en mujeres, y está presente en aproximadamente un 5% de la población.

Síntomas

Los síntomas de la distimia son los típicos de los trastornos del estado de ánimo unipolares. Veamos un resumen de los más representativos.

 

1. Abulia

La abulia es una forma de alteración mental caracterizada por la falta de energía o motivación para involucrarse en tareas o participar en actividades sociales. Está ligada al aislamiento y al sedentarismo.

2. Astenia

Asociada a la abulia, la astenia es una sensación de fatiga constante, cansancio que es percibido como algo físico, no simple falta de fuerza de voluntad.

 

3. Alteraciones del sueño

Las personas con distimia tienden a padecer alteraciones del sueño. Tanto la hipersomnia (exceso de tiempo durmiendo) como el insomnio (problemas para conciliar el sueño o mantenerse dormido) son frecuentes.

 

4. Baja autoestima

Otro de los síntomas de la distimia más frecuentes es la baja autoestima. La persona que padece este trastorno tiende a pensar que no vale nada, que no es capaz de llevar a cabo ningún proyecto significativo, y que prácticamente nadie le quiere.

 

5. Alteraciones cognitivas

Otro grupo de síntomas de la distimia son de tipo cognitivo, y afectan sobre todo a la memoria y a la capacidad de concentración. Los terapeutas que tratan a personas con distimia ven que estos suelen tener problemas para concentrarse y para recordar eventos ocurridos hace poco. La memoria a largo plazo, la que tiene que ver con el conocimiento básico sobre el mundo y sobre uno mismo, no se ve afectada por la distimia.

Causas

Tal y como ocurre con todos los trastornos psicológicos, no existe una sola causa que explique la aparición de la distimia. En todo caso, se trata de un fenómeno emocional de carácter multicausal, en el que participan tanto las predisposiciones genéticas como las experiencias vividas (y el modo en el que reaccionamos ante ellas).

En general, existen eventos que aumentan las probabilidades de sufrir distimia, pero ninguno de ellos es causa suficiente para asegurar que una persona en concreto sufrirá este trastorno si pasa por una experiencia de este tipo; se trata de indicios estadísticos. Por eso, cada psicólogo debe examinar caso por caso para determinar qué tipo de hábitos y comportamientos del paciente están reforzando la presencia de la distimia, para proponer patrones de conducta alternativas.

Tratamiento de este trastorno

El tratamiento de la distimia es complejo, pero se muestra eficaz a la hora de mitigar los síntomas y hacer que el ciclo de malestar se acorte y llegue a su fin pronto. Por otro lado, también hay casos en los que la distimia desaparece por completo sin llegar a presentar brotes en cuestión de meses o años.

Para lograrlo, los psicólogos abordan tanto el nivel de lo emocional como en el del comportamiento y los hábitos del paciente.

Por un lado, se utiliza la reestructuración cognitiva para propiciar que el paciente se cuestione sus creencias acerca de sí mismo, contribuyendo así a mejorar la autoestima. Esto, a su vez, tiene un efecto de reacción en cadena que facilita el resto de partes del tratamiento.

Otra de las herramientas que se utilizan en terapia psicológica contra la distimia es la activación conductual. Esta consiste fundamentalmente en crear contextos en los que el paciente se vea involucrado en tareas estimulantes que le permitan romper el ciclo de sedentarismo y pasividad. Activando físicamente el cuerpo se activa también la mente, se le da una “inercia” que mitigará la astenia y la abulia.

En ocasiones, la terapia psicológica es combinada con la intervención de médicos psiquiatras que pueden prescribir psicofármacos para tratar los síntomas. Estos fármacos antidepresivos no deben ser vistos como la solución, ya que tan solo rebajan el malestar durante un tiempo y además tienen efectos secundarios a tener en cuenta. Además, solo pueden ser utilizados bajo indicación médica.

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Referencias bibliográficas:

Ayuso-Mateos, J.L. et al. (2001). Depressive Disorders in Europe: Prevalence figures from the ODIN study. British Journal of Psychiatry (en inglés) 179: pp. 308 – 316.

Goodman, S.H., Schwab-Stone, M., Lahey, B.B., Shaffer, D. & Jensen, P.S. (2000). Major Depression and Dysthymia in Children and Adolescents: Discriminant Validity and Differential Consequences in a Community Sample. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. 39 (6): pp. 761 – 771.

Griffiths, J.; Ravindran, A.V.; Merali, Z.; H Anisman (2000). Dysthymia: a review of pharmacological and behavioral factors. Molecular Psychiatry. 5 (3): pp. 242 – 261.

Ravindran, A.V., Smith, A.. Cameron, C., Bhatal, R., Cameron, I., Georgescu, T.M., Hogan, M.J. (2009). Toward a Functional Neuroanatomy of Dysthymia: A Functional Magnetic Resonance Imaging Study. Journal of Affective Disorders. 119 (1-3): pp. 9 – 15.

libros de psicología

Libros de psicología

Los libros de psicología son uno de los mejores recursos de los que puedes disponer para aprender acerca de todo tipo de temas relacionados con la mente humana. Y es que gracias al hábito de la lectura, los ratos de ocio pueden convertirse, a la vez, en actividades de crecimiento personal y de adquisición de cultura… siempre que demos con las obras adecuadas.

Por eso, en este artículo veremos una selección de libros de psicología recomendados para todas aquellas personas interesadas en conocer mejor qué nos lleva a pensar, sentir y actuar tal y como lo hacemos.

Nuestra Terapia Psicológica

Libros de psicología recomendados

Aquí encontrarás una selección de libros de psicología que cubre ámbitos muy variados de esta ciencia: la toma de decisiones y la racionalidad, las relaciones sociales, las creencias erróneas más extendidas sobre la mente humana, el nexo entre el cerebro y la mente, etc. Todos ellos pueden saciar la curiosidad de cualquier persona que busque obras de divulgación centradas en lo psicológico.

 

1. Pensar rápido, pensar despacio (Daniel Kahneman)

Este es uno de los libros de divulgación más influyentes del ámbito de la psicología, y no es para menos. Escrito por Daniel Kahneman, Premio Nobel en Ciencias Económicas, en sus páginas quedan explicadas la mayor parte de las investigaciones llevadas a cabo por el autor y por Amos Tversky acerca de los sesgos cognitivos y los límites de la racionalidad.

Aquí quedan descritos dos sistemas de pensamiento que utilizamos normalmente: el Sistema 1, rápido, intuitivo y superficial; y el Sistema 2, exhaustivo, lento y que requiere concentración y esfuerzo. A partir de estos dos tipos de procesos mentales, Kahneman muestra de qué manera percibimos y procesamos de manera diferente vivencias del día a día, poniendo como ejemplos experimentos psicológicos de sorprendentes resultados.

2. El error de Descartes (António Damásio)

Este es uno de los grandes clásicos de la literatura sobre psicología, y lo es por una buena razón. La habilidad de António Damásio a la hora de ligar temas tratados por la ciencia con temas abordados por la psicología hace que sus reflexiones sean especialmente interesantes, porque no se limitan a describir; también inspiran.

En este libro, el autor se centra en un tema central de la psicología: la relación entre la mente y el cuerpo. Para Damásio, cometemos un error al asumir que ambas cosas son fenómenos separados, y muestra por qué es recomendable modificar nuestra concepción de lo mental para que pase a formar parte del reino de los procesos naturales, tal y como lo son la reproducción, la alimentación, etc.

3. La tabla rasa (Steven Pinker)

Steven Pinker es uno de los principales divulgadores de los temas estudiados por la psicología evolucionista, perspectiva que investiga acerca de las propensiones psicológicas que hemos heredado genéticamente de nuestros ancestros. En este libro, una de sus obras más famosas, Pinker explica por qué es falaz pensar que los seres humanos nacemos sin tendencias innatas, sin potencialidades diferentes a las del resto de seres humanos. Dicho de otro modo: nos habla acerca del modo en el que la selección natural y otros mecanismos de la evolución biológica han ido tallando nuestras mentes para llegar a ser tal y como somos.

4. La vida secreta de la mente (Mariano Sigman)

Normalmente, podemos observar la capa más superficial de nuestro comportamiento y de nuestras emociones. Pero… ¿qué pasa en nuestro interior cuando soñamos, cuando tomamos una decisión o cuando nos enfadamos?

Este libro de psicología y neuropsicología escrito por Mariano Sigman da un repaso a los procesos cerebrales que dan origen a lo mental. Una obra muy interesante para comprender que hasta el estado psicológico más simple se apoya detrás de una gran complejidad creada a partir de células nerviosas interactuando entre sí.

5. 50 grandes mitos de la psicología popular (varios autores)

Aunque no todo el mundo llegue a estudiar la carrera de Psicología en la universidad, todo el mundo desarrolla creencias acerca de cómo piensa, siente y actúa el ser humano. Este libro es perfecto para cuestionar aquellas creencias extendidas por toda la sociedad que resultan ser parcial o totalmente falsas. Además, está magníficamente documentado e incluye secciones divididas por temáticas.

6. Por qué mentimos… en especial a nosotros mismos (Dan Ariely)

Dan Ariely es conocido por sus investigaciones acerca del comportamiento irracional y la toma de decisiones a partir de las emociones y los sentimientos.
En este interesante libro, el autor se centra en lo que nos lleva a mentir en unas ocasiones y a no hacerlo en otras, mostrándonos que muchas veces seguimos criterios que están muy alejados de la razón.

7. Psicológicamente Hablando: un recorrido por las maravillas de la mente (varios autores)

Esta obra resulta especialmente recomendable para quienes busquen libros de psicología que sirvan para introducirse en este tema por primera vez, aprendiendo sobre los aspectos más investigados y sorprendentes sobre la mente humana. Entre sus páginas aparecen temas muy variados, que van desde el modo en el que procesamos las imágenes hasta nuestra manera de atribuir intenciones a los demás, pasando por estudios realizados acerca de procesos psicológicos inconscientes.

8. Influencia (Robert Cialdini)

La obra que llevó a la fama internacional a Robert Cialdini es uno de los libros de psicología más prácticos que existen, porque se centra en un ámbito de nuestras vidas que nos influye día a día: nuestra capacidad de persuadir a los demás. Se trata de un título especialmente recomendado para quienes trabajen en marketing, publicidad y comunicación, aunque sus enseñanzas pueden ser aprovechadas por todo el mundo.

 

Nuestra Terapia Psicológica

terapia ansiedad

¿Qué hacer para ayudar a un amigo o familiar que sufre ansiedad?

Prácticamente todos los problemas psicológicos por los que la gente acude a psicoterapia no se resuelven solo durante el transcurso de las sesiones de psicoterapia: hay que realizar progresos también entre sesión y sesión, siguiendo las indicaciones del psicólogo. En este sentido, los trastornos de ansiedad no son una excepción. De hecho, para combatir este tipo de malestar hay que adoptar nuevos hábitos que nos lleven a nuevas formas de relacionarnos con la ansiedad y con las situaciones que favorecen su aparición. Y en esto, el apoyo de la familia y de los amigos resulta fundamental. En este artículo explicaremos una serie de ideas clave acerca de qué hacer para ayudar a un amigo o familiar que sufre ansiedad, consejos para darle apoyo sin presionarlo demasiado.

Nuestra Terapia para la Ansiedad

¿Qué son los problemas de ansiedad?

Empecemos por lo más importante: qué implica sufrir de ansiedad? La ansiedad es un conjunto de procesos fisiológicos y psicológicos que se manifiestan en las personas cuando un estímulo interno o externo (es decir, proveniente de los sentidos o de la combinación de la memoria y la capacidad de imaginar) es interpretado como una señal de alarma, algo que supone un riesgo.

Esta señal de peligro puede hacer referencia a algo que compromete la integridad física de quien experimenta esta sensación, como por ejemplo un jabalí que se acerca corriendo hacia nosotros, o puede referirse a un peligro más abstracto, como por ejemplo la posibilidad de suspender un examen de conducir.

Por otro lado, la ansiedad en sí no es algo malo; solo se transforma en patológico cuando empieza a ser una respuesta recurrente y muy intensa ante contextos que no suponen un riesgo real. El ejemplo más claro de esto es el caso de las fobias, que son un tipo de trastorno de ansiedad en el que se desarrolla una respuesta de estrés y angustia con posibles crisis de pánico ante estímulos tan inofensivos como los gatos; pero también hay otros desordenes psicológicos pertenecientes a esta categoría de trastornos, como el trastorno de pánico o el Trastorno de

Ansiedad Generalizada.

En todos estos casos, la ansiedad aparece como una respuesta de aparición automática e involuntaria en situaciones en las que causa más daño que bien, y no solo genera malestar y sufrimiento; además, daña la capacidad de la persona a la hora de relacionarse y de llevar un estilo de vida autónomo y funcional.

¿Cómo ayudar a un amigo o familiar que está sufriendo por ansiedad?

Ahoya que ya sabemos qué son los problemas de ansiedad, veamos varios consejos que podemos seguir como amigos o familiares de la persona que sufre por los estados ansiosos.

1. Ayúdale a ir al psicólogo

Cuando la ansiedad se transforma en un verdadero problema, es muy importante no asumir que el malestar se irá solo, sin más. Lo primero que hay que hacer es aconsejar e informar sobre la importancia de asistir a psicoterapia a quien sufre por esa ansiedad.

Algo tan simple como proponerle leer juntos información sobre los centros de psicología a los que podría acudir resulta un gran avance; también puedes contribuir a resolver sus dudas acerca de en qué consiste la psicoterapia contra la ansiedad, aunque sea aportándole información básica que hayas encontrado en libros o páginas web especializadas.

Finalmente, le puedes proponer poneros en contacto juntos con algún equipo de psicólogos, para que así aumenten las posibilidades de que empiece a comprometerse con el proceso de mejora con ayuda profesional, sin que lo deje siempre “para mañana”.

2. Apoya y aconseja, pero no presiones

En todo momento, a la hora de ayudar a alguien con ansiedad, hay que poner cuidado en que nuestras aportaciones no sean interpretadas como actos de imposición, sobre todo al tratar con personas adultas. Recuerda que el objetivo es ayudar a un amigo o familiar que sufre ansiedad.

Por eso, hay que acompañar y dar apoyo, y en ningún caso organizar la vida de ese amigo o familiar y a obligarlo a seguir una serie de rutinas para que esas acciones pasen de ser una imposición a ser un hábito. En todo caso hay que buscar consensos, hay que favorecer que el compromiso que esa persona tiene con su proceso de mejora quede reforzado.

3. Interésate por su progreso y nuevos retos

Resulta recomendable ir interesándote por sus avances de manera que surjan conversaciones (aunque sean breves) sobre este tema. Así, estos pequeños pasos hacia la recuperación que suponen combatir la ansiedad patológica serán más estimulantes, porque generarán el beneficio añadido de saber que alguien más reconoce y aplaude esos esfuerzos y las victorias que procura el compromiso con la terapia.

Además, no solo hay que interesarse con sus progresos pasados. También es bueno hablar sobre los retos que aspira a cumplir en lo relativo a ir venciendo a la ansiedad.

Por ejemplo, es recomendable que te intereses por los objetivos de mejora diarios o semanales que se haya fijado, ya sea hablar con un cierto número de desconocidos, salir de casa a dar un paseo durante determinado tiempo, etc.

De esta manera, tu amigo o familiar tendrá presentes sus objetivos y ello hará que sean más importantes para él.

4. Evita la condescendencia y céntrate en reconocer sus esfuerzos

Que un amigo o familiar sufra de ansiedad no significa que se transforme en un bebé que necesita cuidados constantes.

Por eso, es contraproducente tratar a estas personas como si no tuviesen el criterio suficiente como para saber qué es lo correcto. Incluso en los casos en los que no se cumplen los objetivos fijados para ir mejorando, esto no es porque no sean conscientes de lo que deben y no deben hacer, sino que son consecuencias de los procesos psicológicos de miedo y evitación asociados a los trastornos de ansiedad, algo que va más allá de la razón y de las palabras.

Así, si en determinado momento ese familiar o amigo incumple las normas que en consenso con el psicólogo se había asignado a sí mismo, no hay que sermonear; simplemente, hay que darle apoyo emocional y hacer lo posible por que la próxima vez pueda conseguirlo.

5. Crea entornos que favorezcan su recuperación

Este es uno de los consejos más útiles para ayudar a amigos y familiares con ansiedad, porque obedece a criterios objetivos. Consiste en hacer lo posible por que el entorno de la persona ansiosa esté libre de estímulos que puedan interferir con su mejoría.

Por ejemplo, si has observado que cuando tu familiar o amigo piensa en una responsabilidad que debe hacer combate la ansiedad dándose atracones de comida en vez de haciendo eso que debe ser hecho, pídele permiso para tirar todos los snacks y productos de picoteo entre horas, y cuando diga sí, hazlo tú mismo. Si fuma mucho cuando siente ansiedad porque le permite salir al patio y alejarse de aquello que debe hacer, pídele permiso para tirar o esconder el tabaco, etc.

6. Ayúdale con las técnicas de relajación

Cuando tu amigo o familiar acuda a psicoterapia, probablemente tarde o temprano recibirá entrenamiento en técnicas de relajación. Por eso, pregúntale si puedes ayudar creando ambientes relajantes en los que llevarlos a cabo, o guiándole en el proceso actuando como “narrador externo”.

Referencias bibliográficas:

Morissette, S.B., Tull, M.T., Gulliver, S.B., Kamholz, B.W., Zimering R.T. (2007). “Anxiety, anxiety disorders, tobacco use, and nicotine: a critical review of interrelationships”. Psychological Bulletin. 133 (2): 245–72.
Rapee, R.M., Heimberg R.G. (1997). “A cognitive-behavioral model of anxiety in social phobia”. Behaviour Research and Therapy. 35 (8): 741–56.
Rynn MA, Brawman-Mintzer O (2004). “Generalized anxiety disorder: acute and chronic treatment”. CNS Spectrums. 9 (10): 716 – 723.

Nuestra Terapia para la Ansiedad

Las causas más habituales del estrés

Las causas más habituales del estrés

El estrés es un tipo de experiencia muy conocido por todos, al menos en sus aspectos más fundamentales. Todos, con cierta frecuencia, hemos notado cómo sus efectos se extienden por nuestro cuerpo y pensamientos, y normalmente no es una sensación precisamente agradable. Conozcamos las causas del estrés.

Eso sí, que sentir estrés resulte muchas veces poco satisfactorio no significa que sea algo malo. En la mayoría de las ocasiones, nos ayuda a tomar consciencia de que hay un problema que debemos atender cuanto antes, y en general nos lleva a un estado de alerta desde el cual empezamos a buscar soluciones ante una determinada necesidad.

Pero en algunos casos, el estrés sí constituye un problema y pasa a ser un problema, más que una solución. En las próximas líneas nos centraremos en este tipo de estrés de tipo patológico y veremos cuáles son sus principales causas, y el modo en el que estas nos afectan dañando nuestra calidad de vida.

Tal y como veremos, entre las causas más habituales del estrés las hay tanto físicas como psicológicas.

Si necesitas contactar con un profesional por un tema de estrés, entra en esta página de contacto.

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Las causas más habituales del estrés

Aquí encontrarás un resumen de las principales causas del estrés, los cuales muchas veces están detrás de los problemas y quejas que expresan los pacientes que asisten a psicoterapia para regular sus estados de nerviosismo y ansiedad.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que su presencia no nos lleva irremediablemente a sufrir por estrés, dado que la asistencia a psicoterapia puede proporcionar los recursos necesarios para combatir esta fuente de malestar y no dejar que limite nuestras vidas.

1. Predisposiciones genéticas

No es ninguna novedad que una parte del estrés queda explicado por la configuración genética de las personas. Existen algunos genes que favorecen la aparición de procesos de estrés y ansiedad en los individuos que los presentan en su genotipo, de manera que la producción de determinadas moléculas bajo las instrucciones del ADN nos vuelve más vulnerables a esta forma de malestar.

Sin embargo, esto no significa que la presencia de ciertos genes “produzca” estrés del mismo modo en el que determinadas glándulas de la boca producen saliva. En todo caso, algunas variantes de genes crean situaciones por las que es más probable que experimentemos estrés con mayor facilidad que el resto de personas, lo cual significa que el entorno social en el que vivimos y nuestra manera de interactuar con el mundo siguen siendo muy determinantes.

2. Exposición a situaciones de violencia

El haber pasado por situaciones de violencia, agresiones sexuales o acoso en la escuela o en el trabajo hace que las personas tengan más probabilidades de sufrir problemas de estrés.

De hecho, haber interiorizado la noción de que el mundo es un lugar hostil en el que hay que estar alerta para prevenir ataques lleva a una especie de estado de paranoia en la que muchos estímulos ambiguos pueden ser interpretados como indicadores de peligro inminente.

3. Cambios súbitos en el estilo de vida

Mudarse a otra ciudad o irse a vivir a otro país, tener un hijo, casarse, empezar un nuevo trabajo… Todas estas situaciones nos enfrentan a nuevos retos y a momentos en los que no está muy claro lo que hay que hacer.

La sucesión continuada de experiencias marcadas por la ambigüedad y la incertidumbre puede ser una de las causas del estrés con mayor capacidad de afectar a todas las áreas de nuestra vida.

4. Los entornos altamente competitivos

Competir por un ascenso, estudiar para unas oposiciones, entrenar para un torneo deportivo… Son situaciones en las que podemos llegar a sentirnos culpables en los momentos de descanso, asumiendo que otros estarán progresando mientras nosotros cargamos energía.

Este desgaste físico y mental tiene en el estrés y la ansiedad sus primeras manifestaciones como problemas psicológicos.

5. Problemas en las relaciones personales

Tener dificultades en las relaciones sociales puede causar mucho estrés, porque por un lado lleva a un estilo de vida poco amable debido al miedo a buscar ayuda o aliados, y por el otro las conversaciones se convierten en una fuente de temor y de anticipación del fracaso.

6. Trastornos mentales

La presencia de un trastorno mental diagnosticado puede llevarnos a pasar por situaciones que causan mucho estrés. Esto se deber a que la anticipación del malestar generado por esa alteración comportamental mental es en sí un problema extra que hay que saber regular emocionalmente.

7. Hábitos de vida poco saludables

Otra de las causas del estrés más infravaloradas es el no seguimiento de un estilo de vida sano. Estar en un mal estado físico nos vuelve menos capaces de adaptarnos a situaciones complejas y complicadas, y peores a la hora de gestionar la energía de nuestro cuerpo.

Por ello, para frenar el malestar causado por el estrés es recomendable dormir bien y comer de manera regular alimentos de calidad con las vitaminas y los macronutrientes necesarios.

8. Obligaciones vinculadas a la familia

El ámbito familiar suele ser una fuente de protección, pero a veces también se transforma en una incubadora de problemas de relación interpersonal y lazos afectivos.

Por ejemplo, depositar demasiadas esperanzas en un hijo puede llevar a controlar demasiado su vida, aunque en teoría sea “por su bien”. Por otro lado, las discusiones familiares tienen mayor capacidad de producir malestar, porque afectan a relaciones cotidianas y a personas que consideramos parte del ambiente “estable” de nuestro día a día.

9. Perfeccionismo extremo

El exceso de perfeccionismo está vinculado a muchos problemas por estrés, e incluso a la procrastinación, que es lo que pasa cuando el temor de no hacer bien algo nos paraliza y contribuye a que finalmente no hagamos nada en todo el día, postergándolo y dejando que el problema se vaya haciendo más grande.

10. Malos ambientes de trabajo

Factores tan simples como oficinas en las que hay mucho ruido o asientos de trabajo muy incómodos que obligan a adoptar una mala postura, pueden generar estrés debido a la incomodidad constante.

Este tipo de causas habituales del estrés son estudiadas por la disciplina conocida como ergonomía, y también por la psicología ambiental, si bien desde psicoterapia se puede ayudar a darles solución.

Referencias bibliográficas:

Hüther, G. (2012). Biología del miedo. El estrés y los sentimientos. Barcelona: Plataforma Editorial.
Koolhaas J, et al. (2011). Stress revisited: A critical evaluation of the stress concept. Neuroscience and Biobehavioral Reviews. 35 (5): 1291–1301.

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Trastorno de Ansiedad Generalizada

Trastorno de Ansiedad Generalizada: ¿qué es y cómo tratarlo?

La ansiedad es un fenómeno que está presente en muchos de los trastornos psicológicos más relevantes. Esto es natural, puesto que es una reacción del cuerpo ante situaciones de malestar o de anticipación de un peligro o riesgo, de manera que la propia anticipación de los síntomas genera esta experiencia de angustia y estrés. Sin embargo, hay ciertas alteraciones psicológicas en las que la ansiedad tiene una gran importancia a la hora de explicar los síntomas: se trata de los trastornos de ansiedad. En este artículo nos centraremos en uno de ellos, el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), y veremos de qué manera produce malestar y cómo se trata a los pacientes con esta alteración en las sesiones de psicoterapia.

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¿Qué es el Trastorno de Ansiedad Generalizada?

El Trastorno de Ansiedad Generalizada es una alteración psicológica con síntomas psicológicos y fisiológicos que pertenece a la categoría de los llamados trastornos de ansiedad, y que se caracteriza por la presencia de malestar por ansiedad o angustia ante una amplia gama de situaciones en las que no hay un peligro real pero cuya ambigüedad es percibida como amenazante.

Así, mientras que en otros trastornos de ansiedad como las fobias o el Trastorno Obsesivo-Compulsivo la angustia o ansiedad está ligada a un tipo de experiencia muy concreta, en el TAG este malestar es más “generalizado”, con unos límites más difusos y capaces de reproducirse en situaciones variadas y en diferentes actividades.

Por otro lado, el Trastorno de Ansiedad Generalizada puede darse tanto en adultos como en niños y niñas (si bien los criterios diferentes son diferentes dependiendo de la edad), y sus efectos y síntomas deben estar presente durante varios meses seguidos y aparecer durante la mayor parte del tiempo.

Síntomas del TAG

Existe una cierta variabilidad en el modo en el que el Trastorno de Ansiedad Generalizada produce síntomas dependiendo del individuo.

Sin embargo, existen varios de ellos que suelen ser recurrentes y que por ello se utilizan como criterio diagnóstico, de modo que la presencia de muchos de ellos durante un periodo determinado indica la presencia de TAG. En cualquier caso, el diagnóstico solo puede ser realizado por profesionales de la salud mental debidamente entrenados y titulados para ello.

A modo de resumen, los principales síntomas del Trastorno de Ansiedad Generalizada son los siguientes:

  • Temblores
  • Irritabilidad muy intensa
  • Náuseas y mareos
  • Sudoración
  • Temor a situaciones percibidas como de alto riesgo a pesar de que no lo son
  • Problemas para “desenganchar” el foco de atención de la idea que causa temor o angustia
  • Sequedad en la boca
  • Insomnio
  • Pensamiento catastrófico (imaginar situaciones futuras en las que todo va mal)
  • Angustia al tener que realizar una elección en una situación de incertidumbre
  • Miedo extremo a escoger la opción incorrecta al tener que elegir
  • Problemas significativos al intentar concentrarse en una tarea
  • Ritmo cardíaco más alto de lo normal
  • Sensación de presión en el pecho o en el cuello

Para que el profesional diagnostique a un paciente con TAG, algunos de estos síntomas (una cantidad fijada por el especialista dependiendo de los que se presenten) deben hacer aparición durante más de 6 meses, y siempre que estos no puedan explicarse mejor por la presencia de otra alteración psicológica, como el trastorno de pánico.

Causas y factores de riesgo

Tal y como ocurre con todos los trastornos psicológicos, en el Trastorno de Ansiedad Generalizada no existe una sola causa que produzca este fenómeno, sino varios factores y predisposiciones que, en conjunto, facilitan su aparición.

Por ejemplo, se cree que existe una significativa influencia de las predisposiciones genéticas a la hora de desarrollar el TAG, una característica heredable en el momento de la gestación que no dependería de un solo gen, sino de una combinación de varios de ellos.

Por otro lado, el efecto de situaciones generadoras de un alto estrés como sucesos traumáticos o momentos de peligro (físico o de cualquier otro tipo) también pueden contribuir a que aparezca un estado de ansiedad y angustia que perdure y se agrave a medida que otras experiencias ligadas a factores estresantes van dejando su huella en nosotros. Por ejemplo, si a una mala situación familiar se le añaden problemas en el trabajo o mobbing, el Trastorno de Ansiedad Generalizada puede surgir.

En cualquier caso, aún hace falta investigar más para comprender las causas del TAG, tanto las que están vinculadas a la genética de los individuos como a la vivencia de situaciones estresantes y sus bases neurológicas que tienen lugar en el cerebro. Por el momento, se sabe que los principales factores de riesgo, hechos que aumentan sus posibilidades de aparición, son los siguientes:

1. Género

El Trastorno de Ansiedad Generalizada es mucho más común en mujeres, lo cual puede deberse tanto a diferencias biológicas presentes desde el nacimiento como a diferencias en su socialización.

2. Personalidad

Los rasgos de personalidad vinculados a la experimentación de un elevado temor por la propia integridad y por la imagen pública que se ofrece suelen estar correlacionados con mayores probabilidades de desarrollar trastornos de ansiedad como el TAG.

3. Uso de drogas

Los niveles de ansiedad pueden subir significativamente a raíz del uso de ciertas drogas, como el alcohol o las benzodiacepinas.

4. Genes

Existen varios grupos de genes que, combinados, están presentes en individuos con mayor facilidad de desarrollar problemas de estrés y ansiedad.

Tratamiento en psicoterapia

El tratamiento del Trastorno de Ansiedad Generalizada bajo la asistencia psicológica de un psicólogo se adapta siempre a las características y contexto de cada paciente, pero generalmente hay una serie de herramientas y estrategias que resultan especialmente comunes.

La combinación de la terapia cognitivo-conductual y ciertos psicofármacos ansiolíticos y algunos antidepresivos (solo bajo indicación médica) suele ser efectiva para que los síntomas se reduzcan hasta no generar un malestar significativo, si bien siempre que sea posible se evita la utilización de medicamentos. En determinados casos la terapia será suficiente.

Mediante la intervención de tipo cognitivo-conductual se trata de revertir los patrones de pensamiento y de comportamiento que mantienen vivo en ciclo de la ansiedad excesiva, como los pensamientos catastróficos y anticipatorios del malestar, así como las actividades que nos exponen a la angustia de una manera poco controlada.

Por otro lado, el uso de herramientas como las técnicas de relajación pueden ser utilizadas también para controlar las manifestaciones fisiológicas de la ansiedad, como los temblores y el alto ritmo cardíaco.

Referencias bibliográficas:

Spitzer, R. L.; Kroenke, K; Williams, J.B.; Löwe, B. (2006). A Brief Measure for Assessing Generalized Anxiety Disorder. Archives of Internal Medicine. 166 (10): 1092- 1907.
Torpy, J. M.; Burke, A.E.; Golub, R.M. (2011). Generalized Anxiety Disorder. JAMA. 305 (5): 522.

Nuestra Terapia para la Ansiedad

Síntomas crisis de pánico

8 Síntomas de la Crisis de Pánico

Las crisis de pánico se caracterizan por la aparición de los síntomas de la ansiedad, en pocos segundos y sin encontrar un motivo aparente que lo justifique. La intensidad de los síntomas fisiológicos es tan intensa, que la persona puede llegar a pensar que está sufriendo un ataque al corazón o que corre peligro de morir.

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LOS 8 SÍNTOMAS DE LA CRISIS DE PÁNICO

A pesar de que los ataques de pánico en sí mismos no ponen en riesgo la vida, pueden provocar mucho miedo y afectar, de manera significativa, tu calidad de vida. Los síntomas físicos más habituales son:

  • Taquicardia,
  • Hiperventilación o sensación de ahogo,
  • Tensión muscular o temblores,
  • Nudo en el estómago o ganas de vomitar,
  • Sudores fríos
  • Mareos,
  • Miedo a perder el control,
  • Miedo a la locura y desorientación.

La reacción más frecuente es la de acudir a urgencias, donde se le diagnosticará ansiedad y se le medicará con ansiolíticos. La persona al no entender qué le está pasando y sentirse incomprendida, puede empezar a desconfiar de los médicos y a temer cualquier enfermedad, desarrollando una hipocondría,  que no hace sino mantener la ansiedad y aumentar las crisis de pánico.

El tratamiento de la ansiedad mediante las técnicas cognitivo-conductuales ha demostrado ser eficiente en la mayor parte de los casos, reduciéndose los síntomas progresivamente hasta su desaparición. Otros síntomas físicos de la crisis de pánico son: sudoración, temblores, náuseas, mareos, miedo a perder el control, miedo a la locura y desorientación.

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crisis de ansiedad

Síntomas de la Crisis de Ansiedad

La crisis de ansiedad se caracteriza por la aparición progresiva y en aumento de los síntomas físicos de la ansiedad que suelen seguir a pensamientos angustiosos y de preocupación, normalmente sobredimensionados o catastrofistas

A menudo, el solo hecho de pensar en la propia ansiedad y la posible aparición de sus síntomas, la genera.

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SÍNTOMAS DE LA CRISIS DE ANSIEDAD

Los síntomas más habituales son:

  • Taquicardia,
  • Hiperventilación,
  • Sensación de ahogo,
  • Dilatación de las pupilas,
  • Sequedad de boca,
  • Rigidez muscular y temblores,
  • Escalofríos, sensación de hormigueo en la piel o piel acorchada,
  • Ojos llorosos, etc.

A diferencia de la crisis de pánico los síntomas aparecen más lentamente y no suelen ir acompañados de miedo a morir.

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Misofonía: causas y síntomas de la hostilidad a ciertos sonidos

Vas en un autobús y a tu lado una persona está mascando chicle y comienzas a sentir un gran malestar e irritabilidad que va en aumento. Este sonido que te resulta molesto hasta el punto de sentir gran irritación y otros síntomas asociados a la ansiedad se conoce como Misofonía, y se define como una sensibilidad selectiva hacia ciertos sonidos que son de baja frecuencia pero que provocan una respuesta de rechazo en la persona que lo escucha.

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¿Qué es la misofonía?

    Por lo general, suelen ser sonidos cotidianos relacionados con actos humanos como alimentarse (masticar o deglutir), chascar la lengua, carraspear, besar, estornudar… etc., si bien otras personas padecen los mismos síntomas asociados a otros sonidos fuera del ámbito personal.

El más común de los síntomas de la misofonía es una respuesta física de irritabilidad hacia cierto tipo de sonidos

    El umbral de tolerancia a estos sonidos para una persona que sufre misofonía es muy bajo y se agudiza cuando se percibe este sonido, desencadenando un estado de estrés y ansiedad, con un fuerte grado de irritabilidad y malestar, hasta el punto de querer escapar de esa situación que lo provoca o agredir.
    En algunos casos el odio a estos sonidos es tan acusado que la persona ante ese estímulo sonoro puede cambiar su estado anímico de tal manera que incluso puede modificar e interferir en la realización de la vida cotidiana (estableciéndose conductas de evitación e incluso aislamiento) debido a la cantidad de emociones negativas que se manifiestan a nivel físico y psíquico.

Síntomas

Algunos síntomas que plantean los pacientes son:

  • Irritabilidad, ira, desagrado, rechazo
  • Taquicardias, sudores fríos, excitación
  • Agresividad hacia la persona que lo produce
  • Ganas de escapar o de huir

Síntomas que se amplifican cuando los sonidos provienen de personas que son cercanas creando problemas en las relaciones interpersonales y en la convivencia.

Aunque aún no está muy claro cuál es el origen de la misofonía, existe una relación con los TOC y se vincula con experiencias negativas o traumáticas asociadas al sonido, lo que provoca la reacción de rechazo.

A pesar de su complejidad, la terapia es eficaz: mejora los niveles de ansiedad con herramientas eficaces que te ayudan a controlarla. También resultan muy efectivas las técnicas de desensibilización, que mejoran la calidad de vida de los pacientes.

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pensamientos intrusivos

Pensamientos intrusivos: ¿qué son y cómo afrontarlos correctamente?

Los pensamientos intrusivos son un síntoma de ansiedad. Es bastante frecuente en terapia escuchar a personas que acuden porque tienen “pensamientos negativos” que les aparecen sin motivo, de manera inconsciente y que les dejan una mala sensación o malestar difícil de controlar.

Esto de lo que hablamos en psicología se define como pensamientos intrusivos. Aparecen de modo involuntario interrumpiendo la actividad normal, dejando esa sensación que decíamos antes de malestar emocional y que incluso a veces son difíciles de eliminar.

Este tipo de pensamientos que aparecen de manera espontánea e incontrolada los tenemos todos, sobre todo en periodos de nuestra vida en los que pasamos por momentos de estrés, cuando nos enfrentamos a cambios importantes o en momentos precisos de ansiedad. Sin embargo, cuando este tipo de pensamientos ser vuelven recurrentes, dejan de ser algo puntual para convertirse en obsesivos y nos dejan un poso emocional negativo, quizá sea el momento de prestarles atención.

Hay dos formas en que se manifiestan estos pensamientos:

        • como una imagen muy vivida de algo concreto (visualizando la imagen)
        • como una idea abstracta (rumiando una idea en concreto que no se me quita de la cabeza)

Las personas que padecen depresión o ansiedad suelen tener este tipo de pensamientos que son difíciles de relativizar, y que con el tiempo pueden cobrar mayor importancia; también es común en personas obsesivas.

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Cómo afrontar los pensamientos intrusivos

 

“He tenido una fuerte discusión con una persona y no puedo quitármelo de la cabeza, estoy todo el rato dándole vueltas al asunto… siento mucho enfado, a veces rabia y a veces tristeza…”

Es evidente que este pensamiento no nos favorece para nada, puesto que no estamos dando una solución al problema, simplemente estamos dándole vueltas al asunto pero no hay una solución.

En este caso, podríamos pensar en buscar la solución pero antes tendríamos que hallar algo que nos haga relajarnos. Puede servir escribir todo lo que estamos sintiendo y leerlo más tarde para ver si estamos engrandeciendo la situación; hablarlo con alguien ajeno también nos puede ayudar a ver las cosas desde otro punto de vista.

Estos pensamientos que aparecen de manera espontánea los tenemos todos, pero cuando son muy recurrentes quizá sea el momento de prerstarles atención

Pero ¿qué hago para calmarme en ese momento? Lo primero y más importante es localizar el pensamiento que nos está alterando e identificarlo, hacernos conscientes de que es un pensamiento invasivo y recurrente y entender que no por pensar algo significa que sea cierto. En segundo lugar no forzarnos a que desaparezca, dejarlo estar sin pretender que desaparezca, conscientes como decíamos de que es un pensamiento de tipo obsesivo pero no por ello real. De esta manera vamos deteniendo el círculo vicioso o el bucle que nos generan los pensamientos negativos, y poco a poco dejaremos de identificarnos con esas ideas que nos perjudican. Otra manera de trabajar el pensamiento es escribirlo y leerlo durante un rato hasta que notemos que pierde fuerza y baja la ansiedad, a esta técnica se le llama saciación.

Es importante entender que estos pensamientos no tienen por qué reprimirse ni tampoco suprimirse, a medida que comprendemos el funcionamiento que tienen se van espaciando y se aprende a que son controlables. Afrontar estos pensamientos involuntarios es la clave para conseguir tratarlos de manera efectiva.

 

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