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¿Funciona la terapia a distancia? Las 4 ventajas clave

La terapia a distancia es una de las modalidades terapéuticas que se está popularizando más rápidamente.

Esto está causado en buena parte por su propia naturaleza accesible: como hace más fácil contar con los servicios de los psicólogos, su uso se extiende mucho por esta nueva vía de acceso a la terapia.

Sin embargo, el hecho de que tenga diferencias claras con la terapia psicológica clásica (es decir, la presencial) hace que muchas personas que buscan ayuda profesional se pregunten si esta clase de intervención es eficaz, si sirve para tratar sus problemas.

En este artículo hablaremos justamente sobre este tema: ¿funciona la terapia psicológica a distancia? Para ello, empecemos definiendo qué es exactamente este tipo de servicio.

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Qué es y qué no es la terapia a distancia

La terapia a distancia es una modalidad de psicoterapia en la que no hay necesidad que el terapeuta y el paciente se comuniquen compartiendo un mismo espacio, habitualmente el despacho del psicólogo. A la práctica, esto significa que utilizan un canal tecnológico para interactuar, gracias al uso de dispositivos electrónicos como el ordenador o la Tablet, por ejemplo.

Esta interacción se produce en tiempo real, tal y como transcurriría una conversación cara a cara, y suele hacer uso del micrófono y de la webcam o cámara de estos dispositivos.

Además, la conexión acostumbra a ser realizada mediante Internet; es por ello que la terapia a distancia suele ser llamada también “terapia online”.

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Ventajas

Algunas de las ventajas que ofrece la terapia a distancia son las siguientes:

1. Ocupa menos tiempo

Como no hace falta dedicar tiempo a reunirse con el psicólogo, es mucho más fácil encajar en el horario las sesiones de terapia a distancia.

2. Es más accesible

Las personas con movilidad reducida que no pueden desplazarse o les costaría demasiado esfuerzo, pueden contar con servicios de asistencia psicológica sin mayores dificultades.

3. Se lleva a cabo en un espacio seguro

Cómo es posible hacer todas y cada una de las sesiones de terapia a distancia sin salir de casa, los pacientes se sienten en un entorno familiar y conocido, en el que se pueden relajar más y, a la vez, no preocuparse demasiado por mantener un perfil discreto.

4. Permite bajar los precios

Como consume menos recursos y no requiere de tanta logística, la terapia a distancia permite bajar el precio de las sesiones.

¿Funciona la psicoterapia a distancia?

Tal y como hemos visto, la terapia a distancia consiste fundamentalmente en psicoterapia online, en la que la única diferencia esencial con la psicoterapia presencial es el canal por el que se establece la comunicación entre el psicólogo y el paciente (si bien a causa de esto hay una serie beneficios a considerar).

Ahora bien… ¿son todo ventajas, o estas llegan a costa de disponer de un tipo de psicoterapia menos eficaz? Por lo que se sabe hoy en día, no, la terapia a distancia no es menos eficaz que la que se realiza presencialmente. Eso sí, hay que tener en cuenta ciertos matices que veremos a continuación.

En primer lugar… ¿Resulta sorprendente que las investigaciones que se han hecho hasta ahora señalen que la terapia a distancia no es menos eficaz que la presencial? En realidad, no.

Hay que tener en cuenta que el hecho de que este tipo de psicoterapia se realice a través de dispositivos electrónicos no cambia la esencia de la actividad que se está llevando a cabo entre el terapeuta y el paciente. Esta actividad se centra en la comunicación, y la comunicación no es algo que se vea limitado en un formato de terapia online en el que dos personas se ven y hablan en tiempo real.

Es verdad que las implicaciones de estar lejos de alguien y las de estar a un metro de distancia son distintas, pero en un contexto profesional en el que el contacto físico no es importante, esta diferencia se desvanece. A fin de cuentas, el hecho de hacer una videollamada no nos hace ver ni a la otra persona ni a la interacción como algo menos real.

Cuando se hace terapia online, lo único que importa es que se está teniendo un diálogo real en un contexto que no por ser digital resulta menos objetivo, material: no es algo que solo ocurra en nuestra cabeza y, por ejemplo, si un chiste que decimos como pacientes hace reír al psicólogo, el sentimiento de satisfacción no será menor que el que habría producido cara a cara, porque seremos conscientes de que ha sido una interacción verdadera, no artificial. En todo momento se es consciente de que al otro lado de la pantalla hay una persona de carne y hueso.

Sin embargo, como decíamos, hay matices. Cuando se investiga acerca de la eficacia de la psicoterapia, se hace distinguiendo entre los tipos de problemas que presentan los pacientes: algo que funciona para el trastorno bipolar puede no funcionar para el tratamiento de la ansiedad.

Por eso, si bien en general la eficacia de la terapia online cuenta con respaldo científico, hay casos concretos en los que sí se puede ver limitada. Por ejemplo en el caso de que se quiera tratar una fobia mediante la técnica de la exposición con Realidad Virtual, para hacer esto es necesario utilizar unos instrumentos que están disponibles en el centro de psicología, pero no en casa del paciente.

En definitiva, hay que saber qué necesidades presenta el paciente para determinar cuáles son las técnicas y herramientas a usar, y en una minoría de las ocasiones existirán problemas para combinar esos materiales con el tipo de terapia. En cualquier caso, si se prevén estos problemas, el equipo de psicólogos avisa por adelantado sobre qué forma de asistencia terapéutica conviene más.

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Referencias bibliográficas:

Change, P.M. (2011). Effectiveness of cybertherapy in mental health: a critical appraisal. Stud Health Technol Inform 167: pp. 3 – 8.
Change, D.J. (2010). Empirical evidence on the use and effectiveness of telepsychiatry via videoconferencing: implications for forensic and correctional psychiatry. Soc Sci Med 71: pp. 1308 – 1315.
González-Peña, P., Torres, R., Del Barrio, V., y Olmedo, M. (2017). Uso de la tecnología en la práctica psicológica en España. Infocop.

habilidades sociales que se pueden entrenar

14 habilidades sociales que se pueden entrenar

El comportamiento humano es sorprendentemente adaptable, y eso hace que, si nos lo proponemos, seamos capaces de dominar aptitudes muy útiles. Por mucho que cuando nos sentimos mal mostremos una tendencia a pensar de manera pesimista que nunca cambiaremos para mejor, esto no tiene por qué ser así, podemos mejorar nuestras habilidades sociales.

En este artículo, por ejemplo, veremos una serie de habilidades sociales que se pueden entrenar si las entrenamos de manera regular a través de nuestros hábitos.

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Varias habilidades sociales que se pueden entrenar

Las habilidades sociales dan forma a buena parte de lo que ocurre en nuestras vidas. Nos afectan a la hora de hacer amigos, a la hora de encontrar trabajo e incluso a la hora de argumentar, convencer y quejarnos por las injusticias que nos puedan ocurrir a lo largo de los años. Además, afectan indirectamente a nuestra autoestima.

Por eso, reforzar las habilidades sociales es una de las áreas de trabajo más importantes en buena parte de las sesiones de terapia que realizan los psicólogos, tanto en casos en los casos en los que hay trastornos diagnosticados como en los que no los hay. El modo en el que interactuamos con los demás puede, por sí solo, hacer que nuestra calidad de vida mejore o empeore significativamente.

Así pues, si te interesa saber cómo mejorar en este conjunto de aptitudes, sigue leyendo; en las próximas líneas encontrarás varios ejemplos de habilidades sociales que se pueden entrenar, y consejos sobre cómo hacerlo.

1. Escucha activa

La escucha activa es el conjunto de conductas por las que se expresa interés y reacción emocional ante lo que explica la otra persona. Por sí solo, este elemento psicológico tan sencillo es la mitad de lo que significa tener buenas habilidades sociales, porque sirve de poco escuchar si no parece que escuchamos.

Aprender a tener una buena escucha activa propicia conversaciones significativas en las que la otra persona no se siente presionada para dejar de hablar.

2. Asertividad

La asertividad es la capacidad de comunicar todo lo que queremos comunicar, sin miedo a las posibles reacciones negativas por parte de los interlocutores y a la vez respetándolos y manteniendo las buenas formas. Se trata de tener en cuenta la necesidad de que haya un equilibrio entre los intereses del otro y los intereses de uno mismo.

Para potenciar la asertividad no es algo que se consiga de la noche a la mañana, pero es totalmente posible si buscamos formas honestas de expresarnos pero sin que parezcan una acusación. Contar con asistencia profesional por parte de psicólogos ayuda mucho a reforzar esta habilidad social.

3. Contacto visual

Puede parecer una tontería, pero el simple hecho de mirar a los ojos a la otra persona hace que la comunicación sea mucho más fluida y que ofrezcamos una imagen mucho mejor, expresando seguridad en uno mismo.

Para conseguirlo, trata de tener en cuenta el tiempo que pasas sin establecer contacto visual y redúcelo progresivamente hasta que te acostumbres a mirar a los ojos de manera espontánea. Esto es mejor que tener como objetivo pasar mucho tiempo mirando a los ojos, dado que esto puede resultar artificial y generarte aún más nervios.

4. Gestionar el sentido del ridículo

El sentido del ridículo puede ser un verdadero obstáculo a la hora de interactuar con desconocidos o con gente a la que conocemos poco. El miedo a quedar mal o a exponernos a silencios incómodos lleva al aislamiento a mucha gente.

Sin embargo, lo cierto es que es muy complicado realizar acciones que sean por sí mismas motivo para quedar en ridículo: en la mayoría de los casos, la actitud que uno tiene a la hora de comportarse y de demostrar seguridad en uno mismo determina de qué manera valoran lo que hacemos. Una misma acción puede ser vista como algo ridículo o como algo admirable dependiendo del modo en el que expresemos autoestima y seguridad: por ejemplo, intentar hacer malabares en una fiesta (de manera no profesional) y fallar la mayor parte de las veces.

5. Regular la ira

La ira puede hacer que realicemos acciones que nos perjudican a nosotros y a los demás.

Nadie gana si, por ejemplo, reaccionamos con mucho enfado cuando nuestra pareja ha tenido un día muy malo y llega a casa con mal humos, contestando de malas maneras cuando hacemos preguntas normales. Hay que saber leer la situación y comprender el contexto en el que otra persona se muestra hostil. Además, incluso cuando la actitud del otro no sea nada justificable, normalmente adoptar su mismo estado de ánimo es totalmente contraproducente.

Realizar ejercicios de Inteligencia Emocional nos ayuda a entrenar esta habilidad social.

6. Expresar afecto

Esta es otra de las habilidades sociales más importantes que podemos entrenar en nuestro día a día. De poco sirve querer o sentir aprecio por una persona si esta no lo sabe.

Para ello, hay que superar autoconceptos demasiado rígidos según los cuales nuestra identidad se caracteriza por el distanciamiento y la frialdad en las relaciones personales.

7. Saber enseñar

En muchas de nuestras interacciones sociales, deberemos instruir o formar a otras personas, aunque sea de una manera no formal. Por ejemplo, es lo que pasa al ayudar a nuestro hijo o sobrino a estudiar, al enseñar a nuestra madre a usar un ordenador, al explicar un procedimiento a un alumno de universidad que hace un trabajo en grupo con nosotros, etc.

Para ello, hay que acostumbrarse a no dar por sentado que todo el mundo sabe lo que nosotros sabemos, y tener paciencia.

8. Pedir perdón de manera honesta

Nadie es perfecto, y debemos admitir nuestros errores para reparar relaciones. Por eso, una de las habilidades sociales que podemos entrenar y que resultan más importantes es la capacidad de disculparse. Negar nuestras equivocaciones, a la larga, ni siquiera sirve para proteger nuestra autoestima, ya que nos aleja de los demás y favorece el aislamiento.

Para acostumbrarse a hacerlo, lo más recomendable es pensar cuál es la idea principal a comunicar, pensar en fórmulas que podrían ser interpretadas como una excusa para evitar no caer en ellas, y expresar esa idea de la manera más espontánea posible teniendo en cuenta lo anterior y ofreciendo disposición para reparar el daño.

9. Pedir ayuda

Tener demasiado orgullo como para pedir ayuda es siempre una mala idea. Ni siquiera es algo que nos permita aprender mejor, pues probablemente hará que nos quede un sabor amargo al intentar hacer aquello para lo que no estamos preparados, haciendo que tiremos la toalla de un modo innecesariamente pesimista.

Para entrenar esta habilidad social, lo mejor que puedes hacer es revisar tu autoestima y tu autoconcepto y cuestionarte si es razonable perseguir como objetivo una versión de ti tan idealizada.

Las personas autosuficientes no existen.

10. Liderazgo

No todo el mundo es igualmente bueno liderando en general, pero todo el mundo es capaz de liderar en contextos específicos. Incluso si eres una persona tímida, lo más probable es que puedas aprender a ser líder en trabajos relacionados con tu área de especialización.

11. Persuasión

Gran parte del impacto emocional que tiene lo que decimos no depende del contenido de lo comunicado, sino de su forma. Encontrar las fórmulas lingüísticas adecuadas para expresar una idea ayuda mucho a convencer, y esto es algo que se puede entrenar parándonos a pensar sobre las diferentes alternativas de las que disponemos para expresar algo.

12. Control del lenguaje no verbal

Comunicar una actitud cercana y abierta es importante para que los demás actúen en consecuencia cuando se relacionan con nosotros. Para esto, es buena idea grabarse en vídeo hablando o dando un discurso, y centrarse en cambiar elementos de la comunicación no verbal que sugieren distanciamiento o desconfianza.

13. Capacidad de crear objetivos colectivos

Esta habilidad social es muy útil para cohesionar grupos y para finalizar disputas. Consiste en la capacidad de entender las motivaciones de los demás y encontrar puntos en común, y se puede hacer si no damos por supuesto que las personas quieren solamente lo que dicen querer. Por ejemplo, tras haber discutido, una de las motivaciones que suelen tener las partes enfrenadas es no dar la imagen de haber sido derrotada.

14. Demostraciones de fiabilidad

Es importante que los demás sean conscientes de las cosas que hacemos en beneficio de sus intereses. La falsa modestia de hacer cosas por los demás sin que estas lo sepan no lleva a ningún lado y pasa factura a nivel de frustración y cansancio.

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Referencias bibliográficas:

Schloss, P.J.; Schloss, C.N.; Wood, C.E.; Wendy S. (1986). A Critical Review of Social Skills Research with Behaviorally Disordered Students. Behavioral Disorders. 12(1): pp. 1 – 14.
Bosch, S. & Hixson, M.D. (2004). The Final Piece to a Complete Science of Behavior: Behavior Development and Behavioral Cusps. The Behavior Analyst Today, 5(3), pp. 244 – 254.

Cómo disfrutar de más tiempo de calidad con tus hijos

Cómo disfrutar de más tiempo de calidad con tus hijos

Es importante disfrutar de más tiempo con tus hijos. La conciliación familiar es uno de los aspectos actuales más problemáticos del estilo de vida en España. Específicamente, los problemas para disponer de tiempo que pasar con los hijos e hijas durante su infancia y adolescencia suelen causar malestar, y en muchos casos, además, problemas en las dinámicas familiares y en la crianza de los más jóvenes de la casa.

Si eres una de las personas que tienen esta clase de problemas, sigue leyendo, porque en este artículo veremos una serie de consejos prácticos para saber cómo gozar de tiempo de calidad con tus hijos.

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¿Por qué es importante pasar tiempo juntos?

La crianza y la educación de los pequeños de la casa conforman un elemento crucial para su correcto desarrollo psicológico. No solo eso, sino que la falta de tiempo juntos suele traer, a largo plazo, distanciamiento y problemas de comunicación, algo cuyos efectos negativos sobre la relación paterno-filial o materno-filial llega a notarse en ocasiones incluso cuando los hijos llegan a la edad adulta.

De esta forma, al pasar tiempo con tus hijos, no solo les estarás sirviendo como referente y como figura de protección y cariño con la que es fácil establecer un vínculo emocional mediante el apego; además, tendrán a alguien con quien compartir sus miedos y preocupaciones, solventar dudas, y abrirse con honestidad sobre temas que les generan inseguridades. Todo lo que es más importante en cuanto a la educación no reglada, en definitiva.

Consejos para disfrutar de tiempo de calidad con tus hijos

Uno de los aspectos que se suele olvidar acerca de la crianza y la educación de los hijos es que si no se siguen pautas claras de planificación del tiempo, lo más probable es que no se pase mucho tiempo significativo con ellos, más allá de algunos intentos esporádicos.

El día a día está lleno de distracciones y de exigencias que generan cansancio, y es por eso que cuando hay tiempo en el que no hay algo urgente que hacer, es muy probable que permanezcamos “por defecto” manteniendo una actitud pasiva, algo que no exija tomar la iniciativa.

Por ejemplo, si terminamos de rellenar unos documentos en el ordenador, la opción por defecto es distraerse con contenidos de Internet. O, si solemos comer con el televisor entendido, al terminar es posible que nos quedemos viendo el telenoticias sin tener ni que cambiar de canal.

Por eso, sobre todo si no existe este hábito, hay que hacer esfuerzos conscientes por pasar tiempo juntos. Empezar suele ser lo más complicado porque si no estamos acostumbrados a hacerlo, estos acercamientos son percibidos como una rareza, algo ante lo cual hay que posicionarse mostrando algún tipo de reacción emocional; pero una vez ya es visto como algo normal, estos ratos del día surgen de manera mucho más espontánea.

Así pues, veamos varias prácticas y hábitos que puedes incorporar a tu día a día para poder disponer de más tiempo con tus hijos, sobre todo si tienen hasta 18 años.

1. Cread rutinas semanales

Es bueno crearse la costumbre de, sin necesidad de proponerlo, hacer cada semana una serie de salidas a lugares que gusten tanto a padres y madres como a los hijos. Por ejemplo, escapadas a la montaña, salidas a un museo, excursiones, etc.

En esta clase de contextos llenos de ocio y situaciones estimulantes resulta muy fácil crear vínculos comunicativos fluidos que puedan mantenerse durante el resto de la semana.

Además, de esta forma tendréis usa serie de experiencias compartidas sobre las que poder hablar, rememorar juntos, etc.

2. Limita tu ocio a solas

Está claro que todo el mundo merece tiempo a solas, pero ten cuidado de que esta clase de aficiones o hábitos no estén absorbiendo todo tu tiempo libre. Esto no solo te aislará; además, probablemente empeorará tu salud.

3. Asegúrate de tener tiempo con tu pareja

Gestionar bien el tiempo que pasas con tus hijos implica gestionar bien el tiempo que pasas con tu pareja, si tienes. De otro modo, solo experimentaréis frustración por manteneros atados siempre a una solución intermedia, en la que no existe verdadera intimidad.

Recuerda que lo importante es tener tiempo de calidad junto a los pequeños, no tiempo juntos en un sentido literal.

4. Comprende sus gustos y aficiones

Incluso si tus hijos son muy pequeños, te sorprenderá saber que, en el fondo, pueden tener intereses similares a los que tienes tú (en parte, por genética).

Por eso, cuando os comuniquéis, párate a analizar qué es exactamente lo que les gusta a hacer y busca elementos en común contigo. Recuerda que no es necesario que vuestras aficiones coincidan exactamente, sino que tengan elementos similares o una disciplina que las explique a ambas.

Por ejemplo, si le gusta jugar a la peonza y a ti te interesa la física, puedes enseñarle trucos o mecánicas similares pero con otros objetos. Si le gustan los perros y los gatos y a ti te gustan los animales, muéstrale tus conocimientos sobre criaturas exóticas que nunca ha visto, etc.

5. Si son pequeños, juega con ellos

En la primera etapa de la infancia, en la que la socialización más habitual de los pequeños aún no se realiza entre ellos y los niños o niñas de su edad, es importante que juguéis juntos. Usado los juguetes para crear narraciones interesantes, y deja que el pequeño participe en el desarrollo de la historia.

6. Si tienes varios hijos, dedica tiempo a cada uno por separado

Sobre todo si hay una diferencia de edad significativa entre los hermanos o si son muy pequeños, es importante que pases tiempo a solas con cada uno de ellos, y no siempre juntos. De esta manera podrán expresarse y actuar de una manera más libre y honesta.

Referencias bibliográficas:

Cinamon, R. Gali; Rich, Y. (2002). Gender Differences in the Importance of Work and Family Roles: Implications for Work–Family Conflict. Sex Roles. 47 (11–12): pp. 531 – 541.
Cuddy, A., Fiske, S. y Glick, P. (2004). When professionals become mothers, warmth doesn’t cut the ice. Journal of Social Issues, 60, 4: pp. 701 – 718.
Moen, P.; Yu, Y. (2000). Effective Work/Life Strategies: Working Couples, Work Conditions, Gender, and Life Quality. Social Problems – SOC PROBL 47: pp. 291-326.

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distimia

Distimia

Nos preguntamos: ¿qué es el trastorno psicológico de la distimia?. La depresión es posiblemente el trastorno del estado de ánimo más conocido. Sin embargo, dentro de esta categoría de alteraciones psicológicas dañinas hay algunas más, como la distimia.

Si te interesa saber más acerca de este trastorno psicológico, reconocer sus síntomas y conocer el tratamiento terapéutico usado en los pacientes que lo sufren, sigue leyendo.

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¿Qué es la distimia?

La distimia es un trastorno de ansiedad caracterizado por tener ciclos largos en los que se expresan los síntomas, y por el hecho de que estos son significativamente menos intensos que en la depresión mayor.

Así, los síntomas depresivos (que luego veremos con más detalle) están presentes durante la mayor parte del día, y en ciclos que duran al menos dos años. La diferencia en cuanto a la depresión unipolar (o depresión mayor) es más cuantitativa que cualitativa, porque sus síntomas son aproximadamente los mismos, pero cambiando la duración y lo severo de los síntomas.

Por otro lado, la distimia es un poco más común en mujeres, y está presente en aproximadamente un 5% de la población.

Síntomas

Los síntomas de la distimia son los típicos de los trastornos del estado de ánimo unipolares. Veamos un resumen de los más representativos.

 

1. Abulia

La abulia es una forma de alteración mental caracterizada por la falta de energía o motivación para involucrarse en tareas o participar en actividades sociales. Está ligada al aislamiento y al sedentarismo.

2. Astenia

Asociada a la abulia, la astenia es una sensación de fatiga constante, cansancio que es percibido como algo físico, no simple falta de fuerza de voluntad.

 

3. Alteraciones del sueño

Las personas con distimia tienden a padecer alteraciones del sueño. Tanto la hipersomnia (exceso de tiempo durmiendo) como el insomnio (problemas para conciliar el sueño o mantenerse dormido) son frecuentes.

 

4. Baja autoestima

Otro de los síntomas de la distimia más frecuentes es la baja autoestima. La persona que padece este trastorno tiende a pensar que no vale nada, que no es capaz de llevar a cabo ningún proyecto significativo, y que prácticamente nadie le quiere.

 

5. Alteraciones cognitivas

Otro grupo de síntomas de la distimia son de tipo cognitivo, y afectan sobre todo a la memoria y a la capacidad de concentración. Los terapeutas que tratan a personas con distimia ven que estos suelen tener problemas para concentrarse y para recordar eventos ocurridos hace poco. La memoria a largo plazo, la que tiene que ver con el conocimiento básico sobre el mundo y sobre uno mismo, no se ve afectada por la distimia.

Causas

Tal y como ocurre con todos los trastornos psicológicos, no existe una sola causa que explique la aparición de la distimia. En todo caso, se trata de un fenómeno emocional de carácter multicausal, en el que participan tanto las predisposiciones genéticas como las experiencias vividas (y el modo en el que reaccionamos ante ellas).

En general, existen eventos que aumentan las probabilidades de sufrir distimia, pero ninguno de ellos es causa suficiente para asegurar que una persona en concreto sufrirá este trastorno si pasa por una experiencia de este tipo; se trata de indicios estadísticos. Por eso, cada psicólogo debe examinar caso por caso para determinar qué tipo de hábitos y comportamientos del paciente están reforzando la presencia de la distimia, para proponer patrones de conducta alternativas.

Tratamiento de este trastorno

El tratamiento de la distimia es complejo, pero se muestra eficaz a la hora de mitigar los síntomas y hacer que el ciclo de malestar se acorte y llegue a su fin pronto. Por otro lado, también hay casos en los que la distimia desaparece por completo sin llegar a presentar brotes en cuestión de meses o años.

Para lograrlo, los psicólogos abordan tanto el nivel de lo emocional como en el del comportamiento y los hábitos del paciente.

Por un lado, se utiliza la reestructuración cognitiva para propiciar que el paciente se cuestione sus creencias acerca de sí mismo, contribuyendo así a mejorar la autoestima. Esto, a su vez, tiene un efecto de reacción en cadena que facilita el resto de partes del tratamiento.

Otra de las herramientas que se utilizan en terapia psicológica contra la distimia es la activación conductual. Esta consiste fundamentalmente en crear contextos en los que el paciente se vea involucrado en tareas estimulantes que le permitan romper el ciclo de sedentarismo y pasividad. Activando físicamente el cuerpo se activa también la mente, se le da una “inercia” que mitigará la astenia y la abulia.

En ocasiones, la terapia psicológica es combinada con la intervención de médicos psiquiatras que pueden prescribir psicofármacos para tratar los síntomas. Estos fármacos antidepresivos no deben ser vistos como la solución, ya que tan solo rebajan el malestar durante un tiempo y además tienen efectos secundarios a tener en cuenta. Además, solo pueden ser utilizados bajo indicación médica.

Nuestra Terapia para la Depresión

Referencias bibliográficas:

Ayuso-Mateos, J.L. et al. (2001). Depressive Disorders in Europe: Prevalence figures from the ODIN study. British Journal of Psychiatry (en inglés) 179: pp. 308 – 316.

Goodman, S.H., Schwab-Stone, M., Lahey, B.B., Shaffer, D. & Jensen, P.S. (2000). Major Depression and Dysthymia in Children and Adolescents: Discriminant Validity and Differential Consequences in a Community Sample. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. 39 (6): pp. 761 – 771.

Griffiths, J.; Ravindran, A.V.; Merali, Z.; H Anisman (2000). Dysthymia: a review of pharmacological and behavioral factors. Molecular Psychiatry. 5 (3): pp. 242 – 261.

Ravindran, A.V., Smith, A.. Cameron, C., Bhatal, R., Cameron, I., Georgescu, T.M., Hogan, M.J. (2009). Toward a Functional Neuroanatomy of Dysthymia: A Functional Magnetic Resonance Imaging Study. Journal of Affective Disorders. 119 (1-3): pp. 9 – 15.

libros de psicología

Libros de psicología

Los libros de psicología son uno de los mejores recursos de los que puedes disponer para aprender acerca de todo tipo de temas relacionados con la mente humana. Y es que gracias al hábito de la lectura, los ratos de ocio pueden convertirse, a la vez, en actividades de crecimiento personal y de adquisición de cultura… siempre que demos con las obras adecuadas.

Por eso, en este artículo veremos una selección de libros de psicología recomendados para todas aquellas personas interesadas en conocer mejor qué nos lleva a pensar, sentir y actuar tal y como lo hacemos.

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Libros de psicología recomendados

Aquí encontrarás una selección de libros de psicología que cubre ámbitos muy variados de esta ciencia: la toma de decisiones y la racionalidad, las relaciones sociales, las creencias erróneas más extendidas sobre la mente humana, el nexo entre el cerebro y la mente, etc. Todos ellos pueden saciar la curiosidad de cualquier persona que busque obras de divulgación centradas en lo psicológico.

 

1. Pensar rápido, pensar despacio (Daniel Kahneman)

Este es uno de los libros de divulgación más influyentes del ámbito de la psicología, y no es para menos. Escrito por Daniel Kahneman, Premio Nobel en Ciencias Económicas, en sus páginas quedan explicadas la mayor parte de las investigaciones llevadas a cabo por el autor y por Amos Tversky acerca de los sesgos cognitivos y los límites de la racionalidad.

Aquí quedan descritos dos sistemas de pensamiento que utilizamos normalmente: el Sistema 1, rápido, intuitivo y superficial; y el Sistema 2, exhaustivo, lento y que requiere concentración y esfuerzo. A partir de estos dos tipos de procesos mentales, Kahneman muestra de qué manera percibimos y procesamos de manera diferente vivencias del día a día, poniendo como ejemplos experimentos psicológicos de sorprendentes resultados.

2. El error de Descartes (António Damásio)

Este es uno de los grandes clásicos de la literatura sobre psicología, y lo es por una buena razón. La habilidad de António Damásio a la hora de ligar temas tratados por la ciencia con temas abordados por la psicología hace que sus reflexiones sean especialmente interesantes, porque no se limitan a describir; también inspiran.

En este libro, el autor se centra en un tema central de la psicología: la relación entre la mente y el cuerpo. Para Damásio, cometemos un error al asumir que ambas cosas son fenómenos separados, y muestra por qué es recomendable modificar nuestra concepción de lo mental para que pase a formar parte del reino de los procesos naturales, tal y como lo son la reproducción, la alimentación, etc.

3. La tabla rasa (Steven Pinker)

Steven Pinker es uno de los principales divulgadores de los temas estudiados por la psicología evolucionista, perspectiva que investiga acerca de las propensiones psicológicas que hemos heredado genéticamente de nuestros ancestros. En este libro, una de sus obras más famosas, Pinker explica por qué es falaz pensar que los seres humanos nacemos sin tendencias innatas, sin potencialidades diferentes a las del resto de seres humanos. Dicho de otro modo: nos habla acerca del modo en el que la selección natural y otros mecanismos de la evolución biológica han ido tallando nuestras mentes para llegar a ser tal y como somos.

4. La vida secreta de la mente (Mariano Sigman)

Normalmente, podemos observar la capa más superficial de nuestro comportamiento y de nuestras emociones. Pero… ¿qué pasa en nuestro interior cuando soñamos, cuando tomamos una decisión o cuando nos enfadamos?

Este libro de psicología y neuropsicología escrito por Mariano Sigman da un repaso a los procesos cerebrales que dan origen a lo mental. Una obra muy interesante para comprender que hasta el estado psicológico más simple se apoya detrás de una gran complejidad creada a partir de células nerviosas interactuando entre sí.

5. 50 grandes mitos de la psicología popular (varios autores)

Aunque no todo el mundo llegue a estudiar la carrera de Psicología en la universidad, todo el mundo desarrolla creencias acerca de cómo piensa, siente y actúa el ser humano. Este libro es perfecto para cuestionar aquellas creencias extendidas por toda la sociedad que resultan ser parcial o totalmente falsas. Además, está magníficamente documentado e incluye secciones divididas por temáticas.

6. Por qué mentimos… en especial a nosotros mismos (Dan Ariely)

Dan Ariely es conocido por sus investigaciones acerca del comportamiento irracional y la toma de decisiones a partir de las emociones y los sentimientos.
En este interesante libro, el autor se centra en lo que nos lleva a mentir en unas ocasiones y a no hacerlo en otras, mostrándonos que muchas veces seguimos criterios que están muy alejados de la razón.

7. Psicológicamente Hablando: un recorrido por las maravillas de la mente (varios autores)

Esta obra resulta especialmente recomendable para quienes busquen libros de psicología que sirvan para introducirse en este tema por primera vez, aprendiendo sobre los aspectos más investigados y sorprendentes sobre la mente humana. Entre sus páginas aparecen temas muy variados, que van desde el modo en el que procesamos las imágenes hasta nuestra manera de atribuir intenciones a los demás, pasando por estudios realizados acerca de procesos psicológicos inconscientes.

8. Influencia (Robert Cialdini)

La obra que llevó a la fama internacional a Robert Cialdini es uno de los libros de psicología más prácticos que existen, porque se centra en un ámbito de nuestras vidas que nos influye día a día: nuestra capacidad de persuadir a los demás. Se trata de un título especialmente recomendado para quienes trabajen en marketing, publicidad y comunicación, aunque sus enseñanzas pueden ser aprovechadas por todo el mundo.

 

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Cómo mejorar las habilidades sociales

¿Cómo mejorar las habilidades sociales con un psicólogo?

En este artículo, descubriremos cómo mejorar las habilidades sociales con un psicólogo. La psicología no solo se encarga de ofrecer tratamiento a las personas con trastornos psicológicos; también pueden ayudar a personas con problemas más variados. Y entre estos problemas, uno de los más frecuentes es el que tiene que ver con la falta de habilidades sociales.

Si sigues leyendo, verás el modo en el que los psicólogos ofrecen asistencia psicológica para mejorar las habilidades sociales y gozar de mejores dotes al conversar, conocer gente, etc.

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Cómo mejorar las habilidades sociales con un psicólogo

Estas son varias de las formas en las que los psicólogos ayudan a mejorar las habilidades sociales de los pacientes que lo necesitan. Eso sí, hay que tener en cuenta que la intervención se adapta a cada caso particular, y como no hay dos personas iguales, hay aspectos de la terapia que pueden variar.

1. Mejora de la autoestima

Este es uno de los aspectos más importantes de la intervención psicológica, porque afecta a muchas otras áreas de la vida, y el ámbito social es uno de los más dañados.

Los problemas por baja autoestima generan inseguridades constantes tanto en las conversaciones en el momento en el que estas suceden, como a la hora de plantearse salir a relacionarse con más gente.

En estos casos, la propia ansiedad causada por la creencia de que vamos a hacer el ridículo obstaculiza nuestros intentos por sociabilizar, y se crea un efecto psicológico llamado “profecía auto-cumplida”: el miedo a que suceda algo hace aumentar significativamente de que esa situación temida ocurra.

Por eso, ayudar al paciente a que mejore su nivel de autoestima suele ser uno de los objetivos de la psicoterapia cuando se quiere intervenir en una gran variedad de problemas y alteraciones mentales.

¿Cómo se consigue esto? Para confrontar al paciente con el hecho de que tiene mucho más potencial de lo que cree, se utiliza una técnica llamada reestructuración cognitiva. Esta consiste fundamentalmente en hacer que el paciente ponga a prueba sus creencias más profundas, las más ligadas con su sentido de la identidad, para que así vea que hay muchos casos en los que estas se muestran totalmente irracionales y separadas de la realidad.

2. Asimilación de los fracasos

Otra manera en la que es posible mejorar en habilidades sociales gracias a la ayuda profesional de los psicoterapeutas es aprender a asimilar los pequeños fracasos o momentos incómodos en las conversaciones y las interacciones con los demás.

Y es que muchos de los problemas en las relaciones sociales surgen cuando hay unas expectativas demasiado irreales acerca de cómo deben ser. Idealizar las dotes conversacionales de los demás o asumir que los diálogos de la gente normal se parecen a los guiones de las películas pasa factura a quienes ven cómo lo que ellos hacen se aleja mucho de esa versión idealizada de la comunicación humana. Produce frustración, mina la autoestima, y genera la tendencia a creer que hacemos el ridículo cada vez que hay una pausa demasiado larga, una equivocación en el uso de las palabras, etc.

Mejorar en habilidades sociales significa también tener claro que en las interacciones con los demás lo normal son los errores y los fallos al hablar, algo que resulta tan común que ni reparamos en ello cuando son otros quienes caen en eso.

En definitiva, en las sesiones con el psicólogo se usan una serie de procedimientos para que el paciente sea consciente de que estos fallos forman parte intrínseca de las relaciones humanas.

3. Relativización de la importancia de lo que los demás crean sobre uno mismo

En las sesiones de intervención psicológica también se promueve que el paciente deje de obsesionarse con lo que los demás puedan pensar sobre él. El perderle el miedo a hacer el ridículo, incluso a hacer el ridículo voluntariamente si es necesario, es muy importante. Y también lo es aprender que el sentido del ridículo es algo muy relativo: depende sobre todo del grado en el que uno mismo manifiesta estar incómodo comportándose de cierta manera.

Dos personas haciendo lo mismo pueden ser percibidas de manera muy diferente dependiendo del grado de seguridad en uno mismo que demuestren; de hecho, alguien que se comporte de manera extraña o llamativa puede ser valorada positivamente si demuestra no avergonzarse de ello incluso siendo consciente de que es un comportamiento que llama la atención.

4. Exposición a más relaciones sociales

Los problemas de ansiedad en contextos sociales (o en la anticipación de estos) se trabajan siguiendo un programa de exposición a aquellas situaciones que la persona tema: primero proponiendo retos relativamente fáciles, luego un poco más difíciles, y así progresivamente, siguiendo una curva de dificultad ascendente.

La clave está en proponer tareas en las que la persona se sienta lo suficientemente incómoda y tensa como para que, al cumplir el objetivo, se experimente la mejora, la progresión, pero sin que se sienta tan mal que tire la toalla y le coja miedo a ese procedimiento.

De esta manera, en cuestión de unas pocas semanas es posible ver cómo alguien que al principio de la intervención psicológica sentía un miedo paralizante al hablar con desconocidos, pasa a desenvolverse con solvencia en las relaciones sociales.

5. Creación de rutinas

Otro de los recursos más útiles de la terapia psicológica para mejorar las habilidades sociales es el establecimiento de rutinas pactadas entre el paciente y el psicólogo. El profesional aconseja cuál debe ser la frecuencia y la duración de las situaciones en las que hay relaciones sociales, dependiendo del grado en el que el paciente ha progresado. También se tiene en cuenta el grado de familiaridad con las personas con las que hay que comunicarse: no es lo mismo hablar con un primo segundo que se ve dos veces al año que con un completo desconocido.

De esta manera, se crean rutinas que mantienen al paciente en una situación de constante aprendizaje, entrenándolo para ir acostumbrándose a afrontar estas interacciones de una manera espontánea.

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Referencias bibliográficas:

Angélico, A.P.; Crippa, J.A.S.; Louriero, S.R. (2013). Social Anxiety Disorder and Social Skills: A Critical Review of the Literature. International Journal of Behavioral Consultation and Therapy. 7 (4): pp. 16 – 33.
O’Donohue, W. (2003). Psychological Skills Training: Issues and Controversies. The Behavior Analyst Today, 4 (3), pp. 331 – 335
Takeo, D. (2001). The Anatomy of Self: The Individual Versus Society. Kodansha International.

Síndrome post-vacacional

Síndrome post-vacacional: ¿por qué ocurre y cuáles son sus síntomas?

El síndrome post-vacacional es una realidad que muchas personas tienen que afrontar en etapas concretas en las que vuelven de vacaciones. No se trata de un trastorno mental al uso, sino de un fenómeno psicológico que engloba varios factores y que se expresa a través de diversas formas de malestar. En este artículo veremos  el síndrome post-vacacional, por qué ocurre, cuáles son sus causas más frecuentes, y qué síntomas lo caracterizan.

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¿Qué es el síndrome post-vacacional?

Podemos definir el síndrome post-vacacional como un fenómeno psicológico asociado a la tristeza y el malestar y que se da a la vuelta de vacaciones, durante los primeros días de la vuelta a la rutina en el trabajo o en la atención a las responsabilidades domésticas o familiares.

No es ni un tipo de depresión ni un trastorno mental en general, aunque algunos de sus síntomas se asemejen en parte a los propios de los trastornos del estado de ánimo. Se trata de una experiencia fuertemente vinculada al contexto que se está viviendo durante esos primeros días de retorno a las exigencias del día a día. Por ello, no es tampoco una condición crónica que vaya a afectarnos toda la vida cada vez que volvamos de esa fase de relajación y ocio.

Sin embargo, en algunos casos este nivel de malestar puede ser lo suficientemente intenso como para que quien lo vive en carne propia decida acudir al psicólogo a recibir terapia.

En cualquier caso, las experiencias negativas vinculadas al síndrome post-vacacional se desvanecen al cabo de unos pocos días o semanas, si bien la psicoterapia puede ayudar a que desaparezca antes.

Síntomas

Tal y como hemos visto, el síndrome post-vacacional no es exactamente un trastorno, sino un fenómeno psicológico transitorio y cuyo potencial para perjudicar nuestra calidad de vida es relativamente bajo.

Por ello, cuando hablamos de los síntomas del síndrome post-vacacional, no debemos entender este concepto como referente a lo que es expresado por una patología, sino simplemente como elementos psicológicos, fisiológicos y comportamentales que son fruto de la transición de unos hábitos a otros.

Aquí distinguiremos entre síntomas psicológicos, síntomas fisiológicos y síntomas comportamentales del síndrome post-vacacional.

Síntomas psicológicos

Entre los síntomas psicológicos más comunes encontramos los pensamientos de añoranza con respecto a lo que se ha vivido en el periodo vacacional, así como fases en las que se fantasea con volver allí o en las que se rememora lo sucedido para abstraerse del presente.

También destaca la presencia de la desesperanza acerca de lo que nos depara el aquí y el ahora (y los días por venir), con una visión sesgada sobre los esfuerzos que vamos a tener que realizar. Estas apreciaciones negativas son sobredimensionadas, y se dan porque quien sufre síndrome post-vacacional aún tiene como referencia básica lo que se ha experimentado durante las vacaciones.

Por otro lado, también es frecuente que aparezca la creencia de que uno mismo no va a ser capaz de hacer frente a todo el trabajo que hay por delante, de manera que en algunos casos se entra en un cierto estado de alarma.

Síntomas fisiológicos

En el síndrome post-vacacional es frecuente sentirse débil y a la vez ansioso, con los músculos que por defecto permanecen en un estado de tensión pero experimentando cierta pérdida de fuerza transitoria.

Esto tiene que ver muchas veces con el cambio brusco de hábitos de sueño y, en ciertos casos, también con el jet-lag, que puede llegar a solaparse con el síndrome post-vacacional.
Síntomas comportamentales

Entre los síntomas comportamentales que encontramos en las personas con síndrome post-vacacional figuran la pasividad y la procrastinación, derivados normalmente de la falta de energía o de la parálisis ante la idea de tener que hacer frente a demasiadas responsabilidades. Con el tiempo, los efectos de este fenómeno van agravándose, dado que van acumulándose tareas.

Causas

Hasta aquí ya se han ido intuyendo varias de las causas más importantes del síndrome post-vacacional. Veámoslas con más detalle en este apartado, teniendo en cuenta que como ocurre en cualquier fenómeno psicológico, en el síndrome post-vacacional no hay una sola causa ni se da siempre por las mismas causas.

1. Cambio de hábitos

El simple cambio de hábitos puede hacer que se desarrolle ansiedad y malestar por la situación presente, dado que hay que acostumbrarse (física y psicológicamente) a nuevas rutinas y a un nuevo ritmo de vida.

2. Problemas de sueño

Los problemas de sueño vinculados a la necesidad de ajustarse a las responsabilidades forman parte de las causas más frecuentes e influyentes por las que aparece el síndrome post-vacacional.

3. Mala gestión del tiempo

El empezar a trabajar de nuevo sin habernos preparado para ello puede causarnos problemas, como la incapacidad de hacer todo lo que deberíamos hacer (objetivos de trabajo en nuestro contexto profesional, responsabilidades del hogar en el contexto doméstico, etc.). Esto hace que se nos acumulen los problemas, lo cual a su vez refuerza y mantiene el síndrome post-vacacional.

¿Qué hacer?

La asistencia psicológica puede ayudar a combatir el síndrome post-vacacional, a partir de un programa de intervención terapéutica corta.

En estas sesiones, los psicólogos “entrenan” al paciente para que le resulte más fácil abrazar los nuevos hábitos de vida y que pueda adaptarse a esa rutina con normalidad.

Una vez se ha dado este paso, el día a día una vez pasadas las vacaciones suele ser vivido con normalidad, sin experimentar un especial malestar por no estar en una playa o en un hotel de montaña.

Referencias bibliográficas:

● Dillner, Luisa (2013). How do you recover from jet lag? The Guardian.
● Nawijn, J., Marchand, M.A., Veenhoven, R., Vingerhoets, J. (2010). Vacationers Happier, but Most not Happier After a Holiday. 5(1): 35 – 47.

 

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Los efectos psicológicos de la calor y el verano

Los efectos psicológicos del calor y el verano

El calor no solo es un fenómeno que notamos a través del bienestar o del malestar físico (dependiendo de si nos exponemos a él en exceso o en la justa medida). Además, se sabe que esta temperatura ligada al clima veraniego tiene un impacto en nuestra mente del que no siempre somos conscientes. A lo largo de este artículo veremos cuáles son los efectos psicológicos del calor y del verano, y para estar prevenidos y no preocuparnos solamente por el sudor y la posible incomodidad si las temperaturas son demasiado altas.

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Los efectos psicológicos del calor

Este es un resumen de los diferentes modos en el que el calor, y más específicamente los periodos largos de calor como los que se dan típicamente en el verano, afecta a nuestra mente tanto cognitiva como emocionalmente. Por supuesto, no todo el mundo reacciona del mismo modo a los cambios de temperatura, así que lo que viene a continuación debe ser entendido como ideas generales acerca de fenómenos que ocurren a través de toda la población en general cuando el área en el que se vive queda sometida a una temporada calurosa.

1. Falta de concentración

Las dificultades para concentrarse son típicas cuando hace calor, y es uno de los aspectos psicológicos ligados a las altas temperaturas que se notan de una manera más clara, sobre todo en contextos laborales. Algo tan simple como trabajar en una oficina sin un buen sistema de aire acondicionado o sin ventiladores, además de generar malestar en los trabajadores, puede hacer que la productividad caiga.

2. Irritabilidad

La propensión a reaccionar a los estímulos desde una actitud de irritabilidad es otro de los efectos psicológicos del calor. Este fenómeno es común también en todas las situaciones en las que hay algún tipo de estímulo que causa malestar físico de manera constante durante un periodo relativamente largo (varios minutos u horas seguidas).

3. Ansiedad

Este factor puede ser considerado una consecuencia de los dos anteriores, de manera que también se vincula a la exposición al calor. Específicamente se da mucho durante el verano, en el ámbito profesional, dado que la gestión del malestar producido por el calor se suma a la necesidad de llegar a los objetivos laborales.

4. Cansancio

Pasado un rato tras la exposición al calor, surge el cansancio. En estas situaciones, la tendencia a reaccionar de manera excesiva a estímulos y a sentirse en un estado de alerta debido a la sensación de vulnerabilidad se ven sustituidas por el agotamiento, que es consecuencia de haberle exigido mucho a nuestro cuerpo.

Este agotamiento, como siempre, no es solo físico: también es psicológico, y se expresa a través de hechos como la desmotivación, la pasividad, la tendencia a dejarlo todo para mañana (procrastinación), e incluso el pesimismo y la desesperanza con respecto a las responsabilidades a las que hay que atender.

5. Dificultades para recordar

Como consecuencia del mismo desgaste físico que produce el agotamiento, el exceso de calor durante períodos largos produce dificultades para recordar, es decir, fallos transitorios de la memoria.

Este fenómeno no se debe a lesiones cerebrales, sino a cambios en la química del cerebro, que se adapta a las exigencias del entorno en tiempo real y, cuando falta energía, prioriza otras funciones más importantes que la evocación de información.

¿Qué hacer?

Si te interesa mitigar los efectos psicológicos negativos del calor del verano, sigue estos consejos

1. Acostúmbrate a tener localizadas áreas con sombra

En aquellos lugares al aire libre que suelas frecuentar, localiza deliberadamente varios lugares de la zona que ofrezcan sombra, y haz uso de ellos para las pausas para comer, los ratos en los que salgas a leer, etc.

2. Hidrátate bien

Aunque la temperatura no varíe, el estar más o menos hidratados influye mucho en la manera en la que nuestro cuerpo reacciona al calor. Asegúrate de llevar contigo una botella de agua para ir bebiendo de manera regular, para compensar la pérdida de líquido a través del sudor.

3. Usa ropa liviana y ancha

No solo basta con que el tejido sea fino: si quieres protegerte del calor excesivo, asegúrate de que tus prendas tienen al menos varias partes que quedan holgadas. De esta manera, el aire fluirá entre la ropa y la piel, haciendo que el impacto del calor sea menor.

4. Dúchate de manera diaria

Las duchas refrescan el cuerpo y aclaran la mente. Pero ojo, no te duches más de una vez al día de manera regular, dado que esto podría desgastar la capa externa de la piel.

Conclusión

Tal y como hemos visto, los efectos del calor van mucho más allá de lo físico, y se adentran en el ámbito de lo psicológico a través de aspectos cognitivos (como las dificultades para concentrarse y para recordar) y emocionales (como la irritabilidad). Por ello, debemos prestar atención a las señales que nos manda nuestro cuerpo para saber detectar esta clase de alteraciones cuando empiezan a manifestarse.

Referencias bibliográficas:

Baldauf, D., Desimone, R. (2014). Neural mechanisms of object-based attention. Science. 344 (6182): 424 – 427.
Johnson, J. (2008). Somatosensation. Ámsterdam: Elsevier.
Linnell, K.J. y Caparos, S. (2011). Perceptual and Cognitive Load interact to Control the Spatial Focus of Attention. Journal of Experimental Psychology. 5. 37 (5): 1643 – 1648.
Nakamura, K. (2018). Thermoregulatory behavior and its central circuit mechanism-What thermosensory pathway drives it?. Clinical Calcium. 28 (1): 65 – 72.

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Beneficios de la lectura

Los beneficios psicológicos de la lectura

Si el ser humano es lo que es, esto es gracias en buena parte, de nuestra habilidad aprendida de leer y escribir. Estudiaremos los principales beneficios psicológicos de la lectura.

Toda nuestra sociedad funciona gracias al hecho de que podemos utilizar la escritura como un sistema de “memoria extendida”, con el que podemos almacenar una cantidad prácticamente ilimitada de información de todo tipo independientemente de las limitaciones de nuestra propia memoria.

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Los 6 beneficios de la lectura

Por ello, y porque buena parte de nuestro funcionamiento social se explica gracias a la existencia de estos escritos, en este artículo veremos cuáles son los beneficios psicológicos de la lectura; el modo en el que leer nos aporta ventajas que van más allá del placer o de la necesidad de saber algo en un momento puntual.

Estos son los principales beneficios psicológicos que el hábito de la lectura nos aporta en nuestro día a día.

1. Nos ayuda a relajarnos

La lectura puede ser una poderosa aliada contra los efectos perjudiciales del exceso de estrés y ansiedad. Nos permite desconectar en cuestión de pocos minutos, sumergirnos en un tema de interés y permitir que nuestro foco de atención deje de estar fijado en aquello que nos lleva preocupando durante mucho rato.

En cierto sentido, leer puede llegar a ser una experiencia similar a la meditación, pues nos ayuda a ganar control sobre nuestra atención y nos separa de nuestras obsesiones para poder centrarnos en el aquí y el ahora.

Así, al terminar de leer, afrontamos nuestros problemas con energías renovadas y sin estar condicionados por el hecho de haber estado atrapados en el mismo bucle mental una y otra vez durante mucho tiempo.

2. Ayuda a retrasar el desgaste cognitivo

Leer mucho no solo permite llegar a conocer cosas que nunca llegaríamos a saber si no fuese por la existencia de ciertos textos; además, nos ayuda a tener un “mapa mental” más enriquecido, en el que cada concepto o idea que hemos interiorizado está conectado a más conceptos o ideas.

Esto es así porque leer nos expone a conceptos que probablemente nunca habríamos aprendido de otra manera, y cada uno de estos nuevos conceptos se basa a su vez en la combinación de las propiedades de otros conceptos.

De esta manera, nuestra mente pasa a estar compuesta por una red de ideas más densa, en la que es posible encontrar varias “rutas mentales” que van de una idea a otra. Y esto, por lo que se ha visto, ayuda a combatir los efectos del desgaste cognitivo producido por la edad, e incluso de las enfermedades neurodegenerativas.

3. Nos ayuda a empatizar

La lectura de ciertos textos escritos desde el punto de vista de personas muy diferentes a nosotros nos permite empatizar con grupos de población que, de otra forma, habrían permanecido totalmente desconocidas para nosotros.

Así, se pasa de no comprender las inquietudes y manera de pensar de una parte de la sociedad, a haber pasado por el proceso de compartir motivaciones, esperanzas y preocupaciones; los textos ofrecen el espacio suficiente para introducirnos en el contexto social de esos sujetos, de manera que es más fácil comprender la mentalidad de quienes viven inmersos en esas situaciones.

4. Nos ofrece un ritual para conciliar el sueño

La lectura de algunos tipos de texto puede llegar a ser útil para conciliar el sueño, si adoptamos el hábito de leer durante unos minutos justo antes de dormir. Nos involucra en una actividad en la que el cuerpo queda más o menos inmóvil y nos dedicamos solo a experimentar imágenes que acceden a nuestra consciencia gracias a una fuente de estímulos externa.

Por eso, si estamos predispuestos a dormir, es fácil que sin darnos cuenta nos quedemos con la experimentación de imágenes desligadas de nuestro entorno y que cada vez tienen menos que ver con lo que leemos, hasta que pasan a ser prácticamente sueños surgidos mientras dormitamos.

Eso sí, esto no funciona con lecturas que nos obligan a pensar mucho; lo ideal es recurrir a los libros que narran historias sencillas y escritas de una manera fácil de comprender, lo contrario a libros de no ficción sin historia y que solamente enseñan conceptos abstractos (los cuales también tienen su valor, pero no para conciliar el sueño).

5. Nos ayuda a dominar el lenguaje

No hay que olvidar que la lectura está vinculada a las habilidades mentales relacionadas con el uso del lenguaje. El hábito de leer nos permite aprender nuevas fórmulas lingüísticas para expresar ideas complejas mediante el uso de expresiones que quizás no se nos habrían ocurrido y no habríamos llegado a conocer por nosotros solos.

Esto tiene beneficios tanto en nuestras relaciones personales (nos permite socializar en más contextos y con más gente) y, por supuesto, laborales. Eso sí, para escribir bien no es suficiente con leer; hay que escribir, si bien el hecho de haber leído mucho nos facilita más las cosas.

6. Nos permite aprender rápidamente

Aprender no solo consiste en memorizar mucho en poco tiempo; también consiste en saber dónde encontrar un tipo de información cuando lo necesitamos.

Leer nos expone a muchas fuentes de información diferentes, y de esta manera ayuda a que creemos un “directorio de conocimientos” en nuestra cabeza. Puede que no recordamos toda la información de un texto que hemos leído, pero probablemente sí nos quedará una noción de los temas tratados en esas páginas, de manera que si en el futuro necesitamos acceder a esa información, sabremos dónde buscar.

 

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Referencias bibliográficas:

Bolitho, J. (2011). Reading into wellbeing: Bibliotherapy, libraries, health and social connection. Aplis. 24 (2): 89 – 90.
Dwivedi, K.N. (1997). The therapeutic use of stories. Nueva York: Routledge.

autorregulacion emocional

7 grandes consejos para la autorregulación emocional

La autorregulación emocional es una capacidad que tenemos todas las personas. En la sociedad actual estamos bombardeados con estímulos de todo tipo que en cada momento requieren una respuesta e incluso nos predisponen a un estado de antelación y de expectativa de la que nos es difícil extraernos. Esta cantidad de estímulos no nos dejan en muchas ocasiones ser conscientes de cómo queremos expresar aquello que nos sucede a nivel emocional, lo que conduce muchas veces a dar respuestas inadecuadas.

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¿Qué es la autorregulación emocional?

El autocontrol emocional es por tanto una herramienta muy necesaria a la hora de enfrentarse con el mundo. Un manejo óptimo de las emociones nos permitiría cambiar una vivencia estresante  e incontrolable de una situación, en una vivenciada como desagradable pero pasajera e impersonal y he ahí donde estamos siendo conscientes de aquello que nos sucede y de cómo queremos que nos suceda.

Un manejo óptimo de las emociones nos permite cambiar el modo de vivenciar lo que nos sucede y autorregularnos conscientemente

Si lo pensamos, cuando estamos tranquilos, relajados o en calma, podemos dar soluciones a problemas que bajo presión no seríamos capaces de ver, y es que cuando nuestro cerebro percibe todo con un tono de amenaza, responde también de esa manera para defenderse, entrando en un estado de hipervigilancia que nos conduce directamente a una mayor ansiedad.

En el libro La resistencia íntima, el filósofo J.M. Esquirol reflexiona sobre la actualidad y su relación con la anticipación:

(…) la paciencia y la temporalidad propias de la maduración no se ajustan a la actualidad. La actualidad como anticipación promueve preferentemente la expectativa y las prisas para no perderse lo que en cada momento se hace actual (…)

Esta sensación es lo que nos transmiten muchas personas en consulta cuando nos hablan de que su vivencia de las cosas les resulta estresante y se desconocen a sí mismas en el poco control ante ciertas situaciones que no son capaces de manejar. No sentirse a gusto con uno mismo es uno de los motivos por los que cada vez más gente recurre a terapia. No obstante, esto es un aprendizaje que requiere tiempo y ganas de conseguir el bienestar que sentimos que hemos perdido y desde luego es un objetivo sencillo de lograr, a pesar de las apariencias.

7 maneras de afrontar el estrés emocional

Existen multitud de herramientas que nos ayudan a manejar situaciones difíciles, todas son válidas y cada uno debe encontrar la que le es más válida:

  • Aprender a delegar: quien mucho abarca, poco aprieta, dice el refrán. Es importante traspasar tareas a las personas con las que convivimos cuando tenemos muchas cosas encima.
  • Saber decir no: No siempre tenemos que realizar acciones que no nos apetece realizar. Sin dañar a los demás, eso es importante. Entrena tu faceta asertiva.
  • Enfocar desde fuera: Desde una perspectiva fuera de lo personal las cosas se ven de diferente manera. Tu mente se va a centrar en aquello que pones tu atención, si te fijas en lo negativo tu estado emocional será negativo.
  • Detener el pensamiento: Para un momento y fíjate en lo que estás pensando, sobre todo si entras en un bucle mental. Detén tus pensamientos un momento y respira o cambia la atención.
  • Afirmaciones en positivo: Si cambias el foco de tu atención a soluciones con optimismo, tu mente también lo hará.
  • Ensayar mentalmente: Ante un problema, recrea la situación con el objetivo de que todo va a salir bien. Imagina incluso los detalles de cómo vas a solucionar ese problema, dirige la situación. Y cuando estés satisfecho, guarda esa película en tu cabeza y evócala cuando la necesites.
  • Cambiar la perspectiva de las situaciones: Cada persona tiene una experiencia diferente de las situaciones que vive porque sus opiniones o valoraciones se han formado con vivencias diferentes a las tuyas. Aceptar esto, es el primer paso para cambiar de perspectiva.

Muchas de estas estrategias para autorregularse como la detención del pensamiento, las afirmaciones en positivo, el cambio en la perspectiva de las cosas o de las situaciones o el ensayo mental tienen un origen común: ser conscientes de lo que nos pasa. El hecho de no juzgar lo que nos pasa, sino el comprender y permitir lo que nos pasa y dejarnos sentir un malestar y observarlo, es el paso previo para darnos la oportunidad de parar y reflexionar. Hay que saber elegir dónde vas a enfocar la atención para cambiar el estado mental. Es el modo de decir aquí estoy yo y lo que me sucede es real, pero también soy capaz de cambiarlo. Solo hay que intentarlo.

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