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¿Funciona la terapia a distancia? Las 4 ventajas clave

La terapia a distancia es una de las modalidades terapéuticas que se está popularizando más rápidamente.

Esto está causado en buena parte por su propia naturaleza accesible: como hace más fácil contar con los servicios de los psicólogos, su uso se extiende mucho por esta nueva vía de acceso a la terapia.

Sin embargo, el hecho de que tenga diferencias claras con la terapia psicológica clásica (es decir, la presencial) hace que muchas personas que buscan ayuda profesional se pregunten si esta clase de intervención es eficaz, si sirve para tratar sus problemas.

En este artículo hablaremos justamente sobre este tema: ¿funciona la terapia psicológica a distancia? Para ello, empecemos definiendo qué es exactamente este tipo de servicio.

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Qué es y qué no es la terapia a distancia

La terapia a distancia es una modalidad de psicoterapia en la que no hay necesidad que el terapeuta y el paciente se comuniquen compartiendo un mismo espacio, habitualmente el despacho del psicólogo. A la práctica, esto significa que utilizan un canal tecnológico para interactuar, gracias al uso de dispositivos electrónicos como el ordenador o la Tablet, por ejemplo.

Esta interacción se produce en tiempo real, tal y como transcurriría una conversación cara a cara, y suele hacer uso del micrófono y de la webcam o cámara de estos dispositivos.

Además, la conexión acostumbra a ser realizada mediante Internet; es por ello que la terapia a distancia suele ser llamada también “terapia online”.

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Ventajas

Algunas de las ventajas que ofrece la terapia a distancia son las siguientes:

1. Ocupa menos tiempo

Como no hace falta dedicar tiempo a reunirse con el psicólogo, es mucho más fácil encajar en el horario las sesiones de terapia a distancia.

2. Es más accesible

Las personas con movilidad reducida que no pueden desplazarse o les costaría demasiado esfuerzo, pueden contar con servicios de asistencia psicológica sin mayores dificultades.

3. Se lleva a cabo en un espacio seguro

Cómo es posible hacer todas y cada una de las sesiones de terapia a distancia sin salir de casa, los pacientes se sienten en un entorno familiar y conocido, en el que se pueden relajar más y, a la vez, no preocuparse demasiado por mantener un perfil discreto.

4. Permite bajar los precios

Como consume menos recursos y no requiere de tanta logística, la terapia a distancia permite bajar el precio de las sesiones.

¿Funciona la psicoterapia a distancia?

Tal y como hemos visto, la terapia a distancia consiste fundamentalmente en psicoterapia online, en la que la única diferencia esencial con la psicoterapia presencial es el canal por el que se establece la comunicación entre el psicólogo y el paciente (si bien a causa de esto hay una serie beneficios a considerar).

Ahora bien… ¿son todo ventajas, o estas llegan a costa de disponer de un tipo de psicoterapia menos eficaz? Por lo que se sabe hoy en día, no, la terapia a distancia no es menos eficaz que la que se realiza presencialmente. Eso sí, hay que tener en cuenta ciertos matices que veremos a continuación.

En primer lugar… ¿Resulta sorprendente que las investigaciones que se han hecho hasta ahora señalen que la terapia a distancia no es menos eficaz que la presencial? En realidad, no.

Hay que tener en cuenta que el hecho de que este tipo de psicoterapia se realice a través de dispositivos electrónicos no cambia la esencia de la actividad que se está llevando a cabo entre el terapeuta y el paciente. Esta actividad se centra en la comunicación, y la comunicación no es algo que se vea limitado en un formato de terapia online en el que dos personas se ven y hablan en tiempo real.

Es verdad que las implicaciones de estar lejos de alguien y las de estar a un metro de distancia son distintas, pero en un contexto profesional en el que el contacto físico no es importante, esta diferencia se desvanece. A fin de cuentas, el hecho de hacer una videollamada no nos hace ver ni a la otra persona ni a la interacción como algo menos real.

Cuando se hace terapia online, lo único que importa es que se está teniendo un diálogo real en un contexto que no por ser digital resulta menos objetivo, material: no es algo que solo ocurra en nuestra cabeza y, por ejemplo, si un chiste que decimos como pacientes hace reír al psicólogo, el sentimiento de satisfacción no será menor que el que habría producido cara a cara, porque seremos conscientes de que ha sido una interacción verdadera, no artificial. En todo momento se es consciente de que al otro lado de la pantalla hay una persona de carne y hueso.

Sin embargo, como decíamos, hay matices. Cuando se investiga acerca de la eficacia de la psicoterapia, se hace distinguiendo entre los tipos de problemas que presentan los pacientes: algo que funciona para el trastorno bipolar puede no funcionar para el tratamiento de la ansiedad.

Por eso, si bien en general la eficacia de la terapia online cuenta con respaldo científico, hay casos concretos en los que sí se puede ver limitada. Por ejemplo en el caso de que se quiera tratar una fobia mediante la técnica de la exposición con Realidad Virtual, para hacer esto es necesario utilizar unos instrumentos que están disponibles en el centro de psicología, pero no en casa del paciente.

En definitiva, hay que saber qué necesidades presenta el paciente para determinar cuáles son las técnicas y herramientas a usar, y en una minoría de las ocasiones existirán problemas para combinar esos materiales con el tipo de terapia. En cualquier caso, si se prevén estos problemas, el equipo de psicólogos avisa por adelantado sobre qué forma de asistencia terapéutica conviene más.

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Referencias bibliográficas:

Change, P.M. (2011). Effectiveness of cybertherapy in mental health: a critical appraisal. Stud Health Technol Inform 167: pp. 3 – 8.
Change, D.J. (2010). Empirical evidence on the use and effectiveness of telepsychiatry via videoconferencing: implications for forensic and correctional psychiatry. Soc Sci Med 71: pp. 1308 – 1315.
González-Peña, P., Torres, R., Del Barrio, V., y Olmedo, M. (2017). Uso de la tecnología en la práctica psicológica en España. Infocop.

distimia

Distimia

Nos preguntamos: ¿qué es el trastorno psicológico de la distimia?. La depresión es posiblemente el trastorno del estado de ánimo más conocido. Sin embargo, dentro de esta categoría de alteraciones psicológicas dañinas hay algunas más, como la distimia.

Si te interesa saber más acerca de este trastorno psicológico, reconocer sus síntomas y conocer el tratamiento terapéutico usado en los pacientes que lo sufren, sigue leyendo.

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¿Qué es la distimia?

La distimia es un trastorno de ansiedad caracterizado por tener ciclos largos en los que se expresan los síntomas, y por el hecho de que estos son significativamente menos intensos que en la depresión mayor.

Así, los síntomas depresivos (que luego veremos con más detalle) están presentes durante la mayor parte del día, y en ciclos que duran al menos dos años. La diferencia en cuanto a la depresión unipolar (o depresión mayor) es más cuantitativa que cualitativa, porque sus síntomas son aproximadamente los mismos, pero cambiando la duración y lo severo de los síntomas.

Por otro lado, la distimia es un poco más común en mujeres, y está presente en aproximadamente un 5% de la población.

Síntomas

Los síntomas de la distimia son los típicos de los trastornos del estado de ánimo unipolares. Veamos un resumen de los más representativos.

 

1. Abulia

La abulia es una forma de alteración mental caracterizada por la falta de energía o motivación para involucrarse en tareas o participar en actividades sociales. Está ligada al aislamiento y al sedentarismo.

2. Astenia

Asociada a la abulia, la astenia es una sensación de fatiga constante, cansancio que es percibido como algo físico, no simple falta de fuerza de voluntad.

 

3. Alteraciones del sueño

Las personas con distimia tienden a padecer alteraciones del sueño. Tanto la hipersomnia (exceso de tiempo durmiendo) como el insomnio (problemas para conciliar el sueño o mantenerse dormido) son frecuentes.

 

4. Baja autoestima

Otro de los síntomas de la distimia más frecuentes es la baja autoestima. La persona que padece este trastorno tiende a pensar que no vale nada, que no es capaz de llevar a cabo ningún proyecto significativo, y que prácticamente nadie le quiere.

 

5. Alteraciones cognitivas

Otro grupo de síntomas de la distimia son de tipo cognitivo, y afectan sobre todo a la memoria y a la capacidad de concentración. Los terapeutas que tratan a personas con distimia ven que estos suelen tener problemas para concentrarse y para recordar eventos ocurridos hace poco. La memoria a largo plazo, la que tiene que ver con el conocimiento básico sobre el mundo y sobre uno mismo, no se ve afectada por la distimia.

Causas

Tal y como ocurre con todos los trastornos psicológicos, no existe una sola causa que explique la aparición de la distimia. En todo caso, se trata de un fenómeno emocional de carácter multicausal, en el que participan tanto las predisposiciones genéticas como las experiencias vividas (y el modo en el que reaccionamos ante ellas).

En general, existen eventos que aumentan las probabilidades de sufrir distimia, pero ninguno de ellos es causa suficiente para asegurar que una persona en concreto sufrirá este trastorno si pasa por una experiencia de este tipo; se trata de indicios estadísticos. Por eso, cada psicólogo debe examinar caso por caso para determinar qué tipo de hábitos y comportamientos del paciente están reforzando la presencia de la distimia, para proponer patrones de conducta alternativas.

Tratamiento de este trastorno

El tratamiento de la distimia es complejo, pero se muestra eficaz a la hora de mitigar los síntomas y hacer que el ciclo de malestar se acorte y llegue a su fin pronto. Por otro lado, también hay casos en los que la distimia desaparece por completo sin llegar a presentar brotes en cuestión de meses o años.

Para lograrlo, los psicólogos abordan tanto el nivel de lo emocional como en el del comportamiento y los hábitos del paciente.

Por un lado, se utiliza la reestructuración cognitiva para propiciar que el paciente se cuestione sus creencias acerca de sí mismo, contribuyendo así a mejorar la autoestima. Esto, a su vez, tiene un efecto de reacción en cadena que facilita el resto de partes del tratamiento.

Otra de las herramientas que se utilizan en terapia psicológica contra la distimia es la activación conductual. Esta consiste fundamentalmente en crear contextos en los que el paciente se vea involucrado en tareas estimulantes que le permitan romper el ciclo de sedentarismo y pasividad. Activando físicamente el cuerpo se activa también la mente, se le da una “inercia” que mitigará la astenia y la abulia.

En ocasiones, la terapia psicológica es combinada con la intervención de médicos psiquiatras que pueden prescribir psicofármacos para tratar los síntomas. Estos fármacos antidepresivos no deben ser vistos como la solución, ya que tan solo rebajan el malestar durante un tiempo y además tienen efectos secundarios a tener en cuenta. Además, solo pueden ser utilizados bajo indicación médica.

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Referencias bibliográficas:

Ayuso-Mateos, J.L. et al. (2001). Depressive Disorders in Europe: Prevalence figures from the ODIN study. British Journal of Psychiatry (en inglés) 179: pp. 308 – 316.

Goodman, S.H., Schwab-Stone, M., Lahey, B.B., Shaffer, D. & Jensen, P.S. (2000). Major Depression and Dysthymia in Children and Adolescents: Discriminant Validity and Differential Consequences in a Community Sample. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. 39 (6): pp. 761 – 771.

Griffiths, J.; Ravindran, A.V.; Merali, Z.; H Anisman (2000). Dysthymia: a review of pharmacological and behavioral factors. Molecular Psychiatry. 5 (3): pp. 242 – 261.

Ravindran, A.V., Smith, A.. Cameron, C., Bhatal, R., Cameron, I., Georgescu, T.M., Hogan, M.J. (2009). Toward a Functional Neuroanatomy of Dysthymia: A Functional Magnetic Resonance Imaging Study. Journal of Affective Disorders. 119 (1-3): pp. 9 – 15.

libros de psicología

Libros de psicología

Los libros de psicología son uno de los mejores recursos de los que puedes disponer para aprender acerca de todo tipo de temas relacionados con la mente humana. Y es que gracias al hábito de la lectura, los ratos de ocio pueden convertirse, a la vez, en actividades de crecimiento personal y de adquisición de cultura… siempre que demos con las obras adecuadas.

Por eso, en este artículo veremos una selección de libros de psicología recomendados para todas aquellas personas interesadas en conocer mejor qué nos lleva a pensar, sentir y actuar tal y como lo hacemos.

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Libros de psicología recomendados

Aquí encontrarás una selección de libros de psicología que cubre ámbitos muy variados de esta ciencia: la toma de decisiones y la racionalidad, las relaciones sociales, las creencias erróneas más extendidas sobre la mente humana, el nexo entre el cerebro y la mente, etc. Todos ellos pueden saciar la curiosidad de cualquier persona que busque obras de divulgación centradas en lo psicológico.

 

1. Pensar rápido, pensar despacio (Daniel Kahneman)

Este es uno de los libros de divulgación más influyentes del ámbito de la psicología, y no es para menos. Escrito por Daniel Kahneman, Premio Nobel en Ciencias Económicas, en sus páginas quedan explicadas la mayor parte de las investigaciones llevadas a cabo por el autor y por Amos Tversky acerca de los sesgos cognitivos y los límites de la racionalidad.

Aquí quedan descritos dos sistemas de pensamiento que utilizamos normalmente: el Sistema 1, rápido, intuitivo y superficial; y el Sistema 2, exhaustivo, lento y que requiere concentración y esfuerzo. A partir de estos dos tipos de procesos mentales, Kahneman muestra de qué manera percibimos y procesamos de manera diferente vivencias del día a día, poniendo como ejemplos experimentos psicológicos de sorprendentes resultados.

2. El error de Descartes (António Damásio)

Este es uno de los grandes clásicos de la literatura sobre psicología, y lo es por una buena razón. La habilidad de António Damásio a la hora de ligar temas tratados por la ciencia con temas abordados por la psicología hace que sus reflexiones sean especialmente interesantes, porque no se limitan a describir; también inspiran.

En este libro, el autor se centra en un tema central de la psicología: la relación entre la mente y el cuerpo. Para Damásio, cometemos un error al asumir que ambas cosas son fenómenos separados, y muestra por qué es recomendable modificar nuestra concepción de lo mental para que pase a formar parte del reino de los procesos naturales, tal y como lo son la reproducción, la alimentación, etc.

3. La tabla rasa (Steven Pinker)

Steven Pinker es uno de los principales divulgadores de los temas estudiados por la psicología evolucionista, perspectiva que investiga acerca de las propensiones psicológicas que hemos heredado genéticamente de nuestros ancestros. En este libro, una de sus obras más famosas, Pinker explica por qué es falaz pensar que los seres humanos nacemos sin tendencias innatas, sin potencialidades diferentes a las del resto de seres humanos. Dicho de otro modo: nos habla acerca del modo en el que la selección natural y otros mecanismos de la evolución biológica han ido tallando nuestras mentes para llegar a ser tal y como somos.

4. La vida secreta de la mente (Mariano Sigman)

Normalmente, podemos observar la capa más superficial de nuestro comportamiento y de nuestras emociones. Pero… ¿qué pasa en nuestro interior cuando soñamos, cuando tomamos una decisión o cuando nos enfadamos?

Este libro de psicología y neuropsicología escrito por Mariano Sigman da un repaso a los procesos cerebrales que dan origen a lo mental. Una obra muy interesante para comprender que hasta el estado psicológico más simple se apoya detrás de una gran complejidad creada a partir de células nerviosas interactuando entre sí.

5. 50 grandes mitos de la psicología popular (varios autores)

Aunque no todo el mundo llegue a estudiar la carrera de Psicología en la universidad, todo el mundo desarrolla creencias acerca de cómo piensa, siente y actúa el ser humano. Este libro es perfecto para cuestionar aquellas creencias extendidas por toda la sociedad que resultan ser parcial o totalmente falsas. Además, está magníficamente documentado e incluye secciones divididas por temáticas.

6. Por qué mentimos… en especial a nosotros mismos (Dan Ariely)

Dan Ariely es conocido por sus investigaciones acerca del comportamiento irracional y la toma de decisiones a partir de las emociones y los sentimientos.
En este interesante libro, el autor se centra en lo que nos lleva a mentir en unas ocasiones y a no hacerlo en otras, mostrándonos que muchas veces seguimos criterios que están muy alejados de la razón.

7. Psicológicamente Hablando: un recorrido por las maravillas de la mente (varios autores)

Esta obra resulta especialmente recomendable para quienes busquen libros de psicología que sirvan para introducirse en este tema por primera vez, aprendiendo sobre los aspectos más investigados y sorprendentes sobre la mente humana. Entre sus páginas aparecen temas muy variados, que van desde el modo en el que procesamos las imágenes hasta nuestra manera de atribuir intenciones a los demás, pasando por estudios realizados acerca de procesos psicológicos inconscientes.

8. Influencia (Robert Cialdini)

La obra que llevó a la fama internacional a Robert Cialdini es uno de los libros de psicología más prácticos que existen, porque se centra en un ámbito de nuestras vidas que nos influye día a día: nuestra capacidad de persuadir a los demás. Se trata de un título especialmente recomendado para quienes trabajen en marketing, publicidad y comunicación, aunque sus enseñanzas pueden ser aprovechadas por todo el mundo.

 

Nuestra Terapia Psicológica

¿Qué hacer si mi hijo tiene la autoestima baja?

¿Qué hacer si mi hijo tiene la autoestima baja?

Los primeros años de vida conforman una etapa clave en lo que respecta al desarrollo de las características psicológicas más importantes. Por ello, es muy importante que durante la niñez y la adolescencia se disponga de una buena autoestima. Sin embargo, es muy frecuente que padres y madres noten cómo su hijo o hija se valora menos de lo normal, asumiendo ideas pesimistas sobre sus propias capacidades y cualidades positivas. Así pues, hay una duda muy común en lo que se refiere a los procesos de crianza: ¿qué hacer si mi hijo tiene la autoestima baja? En este artículo repasaremos algunas ideas clave para comprender cómo afrontar este problema.

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La autoestima en la infancia y la adolescencia

El modo en el que aprendemos a relacionarnos con el entorno y con los demás durante la infancia y la adolescencia tiene un papel muy importante en el desarrollo de nuestra personalidad. Durante la infancia y la adolescencia, concretamente, las relaciones que establecemos con las personas de nuestra edad (normalmente, compañeros de clase) dan forma a las actitudes que adoptamos acerca de nuestra propia identidad, quiénes somos y qué podemos llegar a hacer.

Y es que en nuestros primeros años de vida, la manera en la que percibimos que nos perciben tiene un fuerte impacto emocional en nosotros, para bien o para mal. Si creemos que el resto de personas adopta una actitud hostil o de desinterés al vernos o al conversar con nosotros, eso nos lleva a la conclusión de que el origen de esa antipatía nace en buena parte de un problema en nuestra manera de ser; y si la reacción de los demás es favorable, también asociamos esa sensación satisfactoria a la idea del “Yo”.

En definitiva, en comparación a lo que ocurre en la adultez, etapa en la que lo que los demás piensen de nosotros no nos resulta tan importante, en la infancia y en la adolescencia se es más sensible a lo que ocurre en nuestra vida social.

Situaciones como el bullying, la creencia de que el resto de niños son mejores que uno en las notas o en los deportes, o la falta de amigos y la sensación de soledad, son desencadenantes habituales de problemas de baja autoestima.

Pero a pesar de que las relaciones interpersonales con el resto de niños o jóvenes de la misma edad tiene un peso muy importante en la valoración de uno mismo, como padres y madres podemos contribuir a que la autoestima de los pequeños quede reforzada y no se vea sesgada por el pesimismo. Veamos algunos consejos al respecto

Mi hijo tiene baja autoestima: ¿qué hacer?

Estas son algunas pautas y consejos a aplicar en tus hábitos de crianza y educación en casa.

1. No favorezcas las comparaciones

Ensalzar las virtudes de un hijo o hija con problemas de autoestima comparando sus virtudes con las de otros que teóricamente son peores en algo, resulta contraproducente.

El motivo es que a pesar de que lo que estamos diciendo con ello es que nuestro hijo o hija destaca positivamente en algo, a la vez se está reforzando la idea de que el valor de alguien depende de criterios basados en la competición. Y como en ese momento el o la menor de edad tiene una autoestima baja, seguirá aplicando esa clase de razonamientos comparativos a partir de un sesgo pesimista. Es decir, establecerá más comparaciones al notar que los otros son mejores en algo, y no tantas cuando sea él o ella quien destaque.

Por supuesto, intentar motivar a un hijo a volverse más apto para ciertas tareas intentando que se sienta mal por no poder hacerlas como el resto de los jóvenes de su edad, es totalmente desaconsejable.

2. Ayuda a que se involucre en algo que le guste

Muchas veces, los problemas de autoestima llegan por no darse la oportunidad de desarrollar habilidades aplicadas a tareas que produzcan interés o satisfacción en nuestros hijos.

Por ejemplo, si la única actividad de ocio en la que se involucra nuestro hijo son los partidos de fútbol del recreo y no le gusta ese deporte, fácilmente asumirá que no vale para nada.

Pero si como padres y madres le descubrimos que hay muchas otras actividades estimulantes, probablemente encontrará al menos una que le despierte interés y en la que pueda ir aprendiendo, notando su progresión de mejora y la dificultad ascendente de aquellas tareas que puede optar a realizar.

3. No penalices por los errores

Más allá del incumplimiento de las normas de convivencia o de los errores que ponen en riesgo su integridad, es importante que como padres y madres no penalicemos a nuestros hijos por hacer las cosas mal (por ejemplo, por hacer mal un ejercicio de matemáticas, o por no poder chutar bien una pelota).

Y es que estas experiencias ya aportan en sí mismas la ligera experiencia desagradable que puede estimular el aprendizaje; no hace falta añadir más malestar, además de que sería poco ético “castigar” a los pequeños por hacer algo que no perjudica a nadie más que a ellos. Equivocarse es parte del proceso de aprender, y la infancia está llena de estas situaciones.

4. Demostrar apoyo incondicional

Como padres y madres, nuestro rol fundamental es el de proporcionar sustento material y amor, un vínculo afectivo gracias al cual los más jóvenes puedan sentirse seguros. Por eso, pasar tiempo en familia y expresar este amor de manera clara resulta en sí mismo algo que contribuye a subir la autoestima.

5. Reconocer sus errores de manera honesta

Es importante demostrar tener una mirada honesta sobre las imperfecciones de nuestros hijos.

Exagerar sus virtudes de una manera demasiado insistente y extrema solo servirá para que los pequeños noten estas imposturas y dejen de tener en cuenta la opinión de sus padres, sintiéndose más perdidos y faltos de referencias.

6. Ir al psicólogo si es necesario

Hay ocasiones en las que es necesario contar con ayuda profesional, lo cual no significa que el o la joven en cuestión tenga ninguna patología mental ni un síndrome que no se vaya a curar.

Eso sí, incluso en estos casos en los que se va al psicólogo, la tarea de intervenir sobre la baja autoestima no es tanto del psicoterapeuta como de los más jóvenes, y de sus padres durante el tiempo que pasen juntos en el hogar.

La terapia infanto-juvenil crea los contextos en los que es posible reforzar la autoestima, pero la implicación de todas las partes involucradas es crucial.

Si necesitas más información acerca de la terapia infantil, en el siguiente enlace podrás obtenerla:

Nuestra Terapia Infantil

Referencias bibliográficas

Branden, N. (1995). Los seis pilares de la autoestima. Barcelona: Paidós.
Cava, M. J., y Musitu, G. (2000). La potenciación de la autoestima en la escuela. Barcelona: Paidós

Psicoterapia para casos de autoestima

¿Es efectiva la psicoterapia en casos de baja autoestima?

Los problemas de baja autoestima son parte de los motivos más frecuentes por los que personas de todas las edades acuden a terapia psicológica. Y es que valorarse poco a uno mismo no solo causa un significativo malestar; además, se traduce en dinámicas de comportamiento que traen muchos problemas tanto en el ámbito personal como laboral. Ahora bien… ¿Es efectiva la psicoterapia en casos de baja autoestima? ¿Hasta qué punto los psicólogos pueden ayudar a reforzar la autoestima, y qué estrategias utilizan para conseguirlo? Veámoslo en las siguientes líneas

Nuestra Terapia para la Autoestima

¿Qué son los problemas de autoestima?

La autoestima es la valoración que hacemos de nuestro autoconcepto, es decir, del concepto de nosotros mismos que tenemos. Si el autoconcepto es el conjunto de ideas y de creencias que hacen referencia a cómo es uno mismo, la autoestima es el componente valorativo y emocional que se aplica sobre esa descripción del “Yo”.

Por otro lado, entendemos por problemas de autoestima un patrón de valoración del “Yo” que da problemas por desgastar la calidad de vida de la persona que lo experimenta en sus carnes, y/o la del resto de personas de su entorno. Es decir, consiste en tener un nivel de autoestima que no encaja con un modo de vida satisfactorio o que no es fácil de integrar en relaciones sociales significativas y armoniosas.

En teoría, este desajuste entre autoestima y capacidad para adaptarse al entorno de una manera adecuada y gratificante puede darse tanto por autoestima excesivamente inflada como por baja autoestima. A la práctica, sin embargo, los problemas por baja autoestima son mucho más frecuentes en personas que buscan ayuda profesional en psicoterapia.

Además, si bien los problemas de baja autoestima pueden darse sin ir de la mano de otros problemas psicológicos, muchas veces surgen junto a la depresión, trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia o la bulimia, el Trastorno Obsesivo-Compulsivo o las adicciones.

La efectividad de la psicoterapia en el tratamiento de la baja autoestima

A la hora de tratar en psicoterapia los problemas de baja autoestima, en psicología se suele optar por la terapia cognitivo-conductual adaptada a las características de esta forma de malestar.

La función de la terapia cognitivo-conductual es intervenir en dos ámbitos de la psicología humana: los procesos mentales, o parte cognitiva, y los procesos comportamentales, o parte conductual.

Por ejemplo, si una persona llega a la consulta de un psicólogo con la voluntad de tratar su baja autoestima, el psicoterapeuta aplicará estrategias que lleven al paciente a adoptar estilos de comportamiento que no alimenten esa percepción negativa de uno mismo, a la vez que le ayudará a cuestionar esas creencias limitantes que le llevan a dar por supuesto que vale poco como ser humano.

Es decir, que por un lado se actúa en el componente dinámico del modo en el que el paciente suele relacionarse con el entreno y con los demás, y en el componente relativamente estático de las creencias pesimistas ligadas al autoconcepto, del estilo de “no valgo nada”, “soy incapaz de gustar a otros” o “no le importo a nadie”.

¿Es eficaz esta psicoterapia para tratar la baja autoestima?

Los estudios científicos realizados sobre este tema indican que sí, dado que las personas que pasan por este tratamiento psicológico tienen un mejor funcionamiento autónomo, presentan menos tendencia a manifestar síntomas depresivos, y tienen menos probabilidades de presentar otros trastornos mentales.

Estos efectos de la psicoterapia aparecen porque gracias al trabajo de los psicólogos tanto en el área del comportamiento como en el área de los patrones de pensamiento y de percepción de la realidad, los pacientes se exponen a más experiencias capaces de evidenciar sus propias virtudes y a la vez son más capaces de detectar estas señales de la propia valía y de reconocerlas como tales.

De esta manera, se ha de romper con el círculo vicioso de quienes por problemas de autoestima se aíslan de los demás, no toman la iniciativa de empezar proyectos estimulantes, y asumen que cualquier expresión de sus propias virtudes (poco frecuentes, dado su modo de vida pasivo) son en realidad producto de la suerte o de la intervención de otras personas.

¿Cómo se trabajan estos problemas en terapia psicológica?

Estas son algunas de las estrategias que utilizan los psicólogos para contribuir a que los pacientes con baja autoestima adopten una manera más adaptativa y realista de quiénes son y de qué son capaces.

1. Reestructuración Cognitiva

La Reestructuración Cognitiva tiene como objetivo hacer que el paciente se cuestione ciertas creencias a las que se ha estado aferrando mucho tiempo a pesar de que no son realistas y le causan dolor o problemas en la interacción con los demás.

Y es que muchas personas tienen baja autoestima, entre otras cosas, porque dan por supuesto ideas que definen su propia identidad y que resultan poco razonables.

2. Entrenamiento en habilidades sociales

La autoestima está formada a partir de la interacción con lo que nos rodea, y por lo tanto, también a partir de la interacción con los demás. El modo en el que percibimos cómo nos ven influye mucho en el autoconcepto.

Por eso, en psicoterapia para casos de autoestima se contribuye a mejorar el modo en el que la persona se relaciona con los demás y valora esas relaciones personales: a veces, el hecho de que según quien no nos acepte es de hecho algo positivo, mientras que la actitud positiva que otras personas tienen hacia nosotros nos puede pasar desapercibida por no atrevernos a profundizar en esas relaciones.

3. Activación conductual

Esta herramienta terapéutica se utiliza mucho en personas que además de baja autoestima presentan síntomas depresivos. Consiste en crear contextos en los que el paciente se anime a involucrarse en actividades estimulantes capaces de poner en relieve las cualidades positivas de uno mismo: empezar un programa de entrenamiento, empezar a dibujar, etc.

En todos estos casos, ver el progreso y el perfeccionamiento de ciertas habilidades en relativamente poco tiempo (al ser actividades que antes no formaban parte de la rutina que se seguía) refuerzan la autoestima.

Nuestra Terapia para la Autoestima

Referencias bibliográficas

Orth, U., Trzesniewski, K.H., Robins, R.W. (2010). Self-esteem development from young adulthood to old age: A cohort-sequential longitudinal study. Journal of Personality and Social Psychology, 98(4), 645-658.
Waite, P. (2012). Cognitive behavior therapy for low self-esteem: A preliminary randomized controlled trial in a primary care setting. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry 43(4): 1049 – 1057.

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Los trastornos de la alimentación menos conocidos

En anteriores artículos hemos hablado de los trastornos de la alimentación más conocidos. No queremos olvidarnos de otros trastornos más desconocidos pero no por ello menos importantes, ya que cualquier trastorno de la alimentación es causa de sufrimiento.

Nuestra Terapia para Trastornos de Alimentación

¿Cuáles son los trastornos de la alimentación menos conocidos?

La información es siempre posibilidad de superación, por ello publicamos este artículo, para quien pueda sentirse reconocido y quiera intentar superarlo.

1. Ortorexia

Es la obsesión por seguir una dieta sana. Como todo comportamiento resultante de una preocupación obsesiva, se acaba convirtiendo en desproporcionado y limitante, tanto a nivel social como de salud.

2. Megarexia

Al contrario que en el resto de trastornos de la alimentación, la autopercepción de quien sufre megarexia también está distorsionada pero en sentido inverso; la persona que la padece se ve muy por debajo de su peso real, por lo que puede tener obesidad y percibirse delgada.

3. Vigorexia

Este trastorno se está haciendo cada vez más frecuente, sobre todo en hombres jóvenes. La preocupación por el físico y apoyar la autoestima en la estética en una imagen de fortaleza corporal lleva a estas personas a un ejercicio extremo y compulsivo, con el consumo de anabolizantes y alimentos ricos en proteínas y carbohidratos. La autopercepción también está distorsionada; siempre se ven débiles y enclenques aunque estén fuertes y musculados.

La repercusión sobre su vida cotidiana y social es muy fuerte, ya que con el tiempo se van reduciendo más las relaciones sociales, trabajo y ocio por la obsesión de pasar el mayor tiempo posible en el gimnasio.

4. Pica

Este trastorno suele ir asociado a otras enfermedades mentales. Consiste en la necesidad de comer objetos en vez de alimentos, como yesos, goma, pelo, plásticos, etc. Este trastorno de la alimentación es más extraño y difícil de encontrar.

5. Sadorexia

Se trata de la restricción de la ingesta o anorexia unida a la autolesión como medio para bajar la ansiedad cuando se siente hambre. Es un trastorno muy dañino en el que la persona está seriamente disociada. Suele conllevar una delgadez extrema y el uso de laxantes y diuréticos además de la purga.

6. Potomanía

Se trata de la obsesión de beber agua de forma compulsiva y exagerada, buscando los supuestos beneficios de desintoxicar el cuerpo. La ingesta de agua es beneficiosa si se establece su toma entre los dos y tres litros al día, pero no su abuso.

7. Drunkorexia

Consiste en sustituir la alimentación, durante las salidas del fin de semana, por el alcohol, con la idea de que las calorías del alcohol compensarán los nutrientes y así evitar engordar. Hay un propósito, el de contrarrestar engordar cuando se toma alcohol, por lo que es una manifestación de la anorexia.

8. Permarexia

La obsesión por un cuerpo delgado y el miedo a engordar lleva en ocasiones a mantenerse en constantes dietas, que pueden derivar en anorexia o bulimia.

Nuestra Terapia para Trastornos de Alimentación

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Trastornos de la Alimentación: causas, síntomas y terapia

Los trastornos de la alimentación están íntimamente relacionados con la auto imagen y la autoestima y qué decir con la ansiedad. La autopercepción suele estar distorsionada por lo que se suele acompañar de una elevada indefensión que acaba generando un estado depresivo.

Los estereotipos y presión social sobre la “belleza ideal” acaban haciendo mella sobre las personas con una baja valoración personal y elevados rasgos de perfeccionismo en su personalidad.

A continuación describimos los tipos más importantes de trastornos de la alimentación, para otro artículo dejamos los trastornos de la alimentación menos conocidos.

Nuestra Terapia para Trastornos de Alimentación

Tipos de trastornos de alimentación

Estadísticamente, los trastornos de la alimentación afectan más a las mujeres, aunque también hay muchos casos entre los hombres. Se suele presentar en la adolescencia y van asociados con frecuencia a trastornos de ansiedad y depresión.

1. Anorexia nerviosa

Es descrita por primera vez en 1873 por Lasege como “consunción nerviosa”. Gull la denominará “anorexia nerviosa” un año más tarde.

La anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria en la que predomina el miedo a ganar peso y una elevada ansiedad durante la ingesta. Se manifiesta con la restricción de comida, sobre todo de determinados alimentos como los ricos en hidratos de carbono, salsas, dulces y grasas, así como la necesidad de neutralizar los efectos de cualquier ingesta con ejercicio físico o conductas como comer de pie o mientras se está en movimiento.

También se da en ocasiones el vómito auto inducido y el uso de laxantes.

Suele aparecer en la adolescencia temprana y predomina en mujeres, si bien en los últimos años son cada vez más los hombres, incluso niños y niñas, que presentan este trastorno.

Criterios diagnósticos para la anorexia nerviosa

  • Miedo intenso a engordar, incluso aunque se esté perdiendo peso.
  • Alteración de la imagen corporal. Elevada distorsión de la imagen percibiéndose con mayor peso del real incluso aunque se esté extremadamente delgada/o. En ocasiones la percepción distorsionada se focaliza en una parte del cuerpo.
  • Intenso rechazo a mantener el peso mínimo normal, correspondiente a la edad y estatura, con un peso marcadamente bajo, es decir inferior al mínimo normal.
  • Ausencia de al menos tres ciclos menstruales en el caso de las mujeres. (DSM IV)

La anorexia nerviosa presenta dos subtipos:

  • Bulímico: durante el periodo de anorexia la persona presenta atracones con regularidad.
  • Restrictivo: no se dan atracones.

2. Bulimia nerviosa

Descrita por primera vez por Russell en 1979, la bulimia nerviosa se manifiesta con un extremo miedo a engordar y una elevada ansiedad que lleva a la sobre ingesta o atracones recurrentes seguidos en ocasiones del vómito autoinducido y el uso de laxantes o diuréticos.

También se da más en mujeres que en hombres, pero de mayor edad que la anorexia nerviosa.

Al no darse una pérdida de peso alarmante debido a los atracones y llevarse en secreto, suele pasar desapercibida.

Criterios diagnósticos para la bulimia nerviosa

  • Atracones recurrentes: sobre ingesta de una cantidad de comida superior a la que otra persona ingeriría en un tiempo concreto, que puede en ocasiones llegar a las dos horas,  con sentimientos de falta de control.
  • Conductas compensatorias como el vómito autoinducido, uso de laxantes y diuréticos o ejercicio excesivo.
  • Los atracones y conductas compensatorias se dan al menos una vez a la semana durante tres meses.
  • Autoestima basada en la imagen física y el peso.
  • El trastorno no ocurre únicamente durante los episodios de anorexia.

Subtipos de la bulimia nerviosa:

  • Purgativo: Vómito autoinducido y abuso de laxantes y diuréticos.
  • No purgativo: no se dan vómitos ni abuso de laxantes o diuréticos, pero se trata de compensar el aumento de peso con exceso de ejercicio físico o ayuno.

 

3. Trastorno por atracón

En el trastorno de atracón o sobre ingesta, la persona presenta una ingesta compulsiva de alimentos sin provocarse posteriormente el vómito ni usar laxantes o diuréticos. Se suele comer mucho más rápido de lo normal, hasta sentirse desagradablemente lleno y cuando no se siente hambre. Conlleva sentimientos de vergüenza y culpabilidad. Deriva en bajo estado de ánimo y a comer solo debido a la cantidad de alimentos que se ingieren.Se da también una percepción alterada del propio cuerpo y mucha preocupación por el aumento de peso.

Los trastornos de la alimentación derivan en importantes limitaciones sobre la vida de la persona; su vida social se ve seriamente afectada al evitar comer en público e incluso con la familia, los sentimientos de culpa tras los atracones derivan en una elevada ansiedad, mantener en secreto sus hábitos alimentarios condicionan también sus relaciones sociales añadiendo Fuertes sentimientos de soledad y bajo estado de ánimo.

El tratamiento psicológico para los trastornos de ansiedad

Acudir al psicólogo para el tratamiento de estos trastornos es fundamental ya que es muy difícil que remitan por sí solos. El papel del psicólogo se centra en cortar el círculo vicioso o compulsión de los episodios de restricción de comida- sensación de hambre acompañada de ansiedad-atracón- conductas compensatorias ante el sentimiento de culpa y vuelta a la restricción en el caso de la anorexia y bulimia nerviosa.

El psicólogo enseña a gestionar los pensamientos obsesivos orientados a la imagen por pensamientos más positivos basados en una valoración personal basada en la propia salud y valores relacionados con las propias capacidades en vez del culto al cuerpo, desde la reestructuración cognitiva. El psicólogo hace además hincapié en el restablecimiento de la red social y la exposición progresiva a situaciones sociales durante la ingesta además de enseñar a manejar los episodios de ansiedad y aparición de sentimientos de culpa.
Se va exponiendo a la persona, muy cuidadosa y progresivamente, a alimentos “prohibidos” o “peligrosos” de manera que se vayan integrando en la dieta sin causar ansiedad.

De este modo se consigue restablecer una autopercepción ajustada a la vez que se mejora la autoestima y el estado de ánimo.

Nuestra Terapia para Trastornos de Alimentación

Bibliografía

  • Rosa María Raich (2002). “Anorexia y bulimia: trastornos alimentarios”. Ediciones Pirámide.
  • Miguel Ángel Vallejo Pareja (1998). “Manual de Terapia de Conducta. Volumen II”. Dykinson-Psicología.
empatía

La empatía en la vida afectiva

La empatía es quizá una de las emociones más importantes que desarrollan las personas cuando se ha alcanzado un punto de madurez emocional y cognitiva de comprensión de las emociones en la vida afectiva.

La afectividad es una característica fundamental de los seres humanos a la hora de enfrentarse con el mundo porque permite a las personas comunicarse, procesar la información, desarrollar sus ideas éticas, profundizar en el conocimiento social, y ser la principal fuente de las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida. Una sana vida afectiva es la base de un bienestar individual y una experiencia de plenitud.

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El desarrollo de la empatía

En este sentido, la empatía (del griego ἐμπαθής, que significa emocionado) juega un papel decisivo porque es la emoción la que nos permite situarnos en el lugar del otro posibilitando la comprensión de lo que le sucede. Para ello es importante tener un conocimiento y control previo de las emociones básicas como la alegría, enfado, tristeza… etc.

Hace algunas décadas se pensaba que los niños pequeños no podían ser empáticos puesto que su desarrollo cognitivo no estaba completamente maduro, sin embargo, en investigaciones posteriores se descubrió que los bebés podían demostrar una comprensión rudimentaria de las emociones en los otros, por ejemplo, cuando se contagiaban al oír llorar a otros bebés. No obstante, para que la empatía pueda desarrollarse es necesario haber alcanzado conciencia de uno mismo y esto se da alrededor del año de edad.

La empatía como la compasión o las conductas altruistas permiten ponernos en el lugar del otro posibilitando la comprensión emocional, aumentando nuestra autoestima

Más adelante, la empatía aparece en el lenguaje y a través del juego simbólico, momento evolutivo en que los niños reproducen los sentimientos propios y los ajenos, de hecho es en este momento del desarrollo en el que los niños hablan más de sus afectos en este contexto, que en otros. Este periodo ejerce un papel fundamental en el proceso de la comprensión de las emociones, facilitando el desarrollo emocional porque a través de estos juegos los niños afrontan situaciones de miedo y ansiedad que le produce la vida cotidiana y la adaptación a ella.

Hay que entender que la empatía se relaciona directamente con el sentimiento de seguridad o inseguridad en sus primeras relaciones afectivas con los otros en la infancia y también con la seguridad en el vínculo de apego.

La empatía se divide en dos factores:

1. La empatía afectiva o emocional

Aquella que produce un contagio emocional con los sentimientos del otro.

2. La empatía cognitiva

Consiste en la comprensión del punto de vista del otro. Ambas no van siempre de la mano pero son correlativas.

La importancia de la empatía

La comprensión de las emociones en nosotros y en los demás es esencial para valorar las situaciones y regular nuestra conducta. Todas las emociones tienen una función social de relación con los demás que a lo largo de la vida se van afianzando y se aprende a expresarlas de una manera socialmente adecuada. Esto se conoce como control emocional, y no tiene que ver con la represión de las emociones, sino con la autorregulación de nuestras emociones.

Conseguir un equilibrio emocional aumenta progresivamente la tolerancia a la frustración, permite disfrutar con mayor plenitud de las experiencias que se viven a diario y enriquece nuestro mundo. La empatía en este sentido es una habilidad clave, aumenta las oportunidades y puntos de vista y facilita la resolución de conflictos. Es una herramienta necesaria para cultivar la inteligencia emocional, ya que expresar aquello que sentimos y comprender lo que sienten los demás es esencial para una vida plena.

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ver en positivo

Ver en positivo: ¿cómo logarlo?

Ser positivo es una actitud, un rasgo que puede formar parte de nuestra personalidad. Para lograrlo hay que aprender cuales son las claves y trabajar en ello.

Nunca una noche ha vencido al amanecer, y nunca un problema ha vencido a la esperanza”. Bern Williams

El trabajo, las responsabilidades familiares y personales, la escasez de tiempo, el cansancio…Estos son algunos de los argumentos de las personas que vienen a terapia porque se sienten infelices o no son capaces de disfrutar “como lo hacía antes”. Esto les impide desdramatizar las situaciones cotidianas, que entienden como una carga demasiado pesada y difícil de llevar, y disfrutar con alegría ellas. Sin embargo, la felicidad no tiene tanto que ver en cómo nos vienen las cosas sino en cómo las vivenciamos, y en este aspecto es importante saber ver en positivo.

Con mayor o menor frecuencia nos tenemos que enfrentar a situaciones incómodas, molestas, y a veces nos puede parecer que nada nos satisface. Pero es la forma en que percibimos lo que nos sucede lo que influye de manera decisiva en nuestra sensación de plenitud. No existe una receta de la felicidad, sentirse satisfecho tiene que ver en cómo vemos el vaso de la vida: medio lleno o medio vacío.

Tenemos que aprender a desdramatizar las situaciones que nos impiden vivir plenamente

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Las corrientes de psicología positiva nos hablan de cuáles son los aspectos que deberíamos cultivar para sentirnos felices: agradecer todo lo bueno que nos sucede; celebrar los fracasos, desdramatizar las situaciones tensas, meditar o hacer deporte al aire libre y ser resiliente (sobreponerse con optimismo a las dificultades). Esto es complicado cuando estamos metidos dentro de un bucle negativo, pero es posible entrenar nuestras capacidades de aprendizaje para ver las cosas de otra manera.

Qué podemos hacer para ver en positivo

Disponer de estas herramientas para sobreponerse a situaciones que nos generan una sensación de malestar mejora nuestra autoestima y disminuye la sensación de frustración.

Importante no dar vueltas a las cosas, eso no va a solucionar nada y lo único que conseguimos es entrar en un bucle que estará lleno de automensajes negativos. Para evitar que esto suceda, hay que frenar. Párate y haz otra cosa, puedes pintar, hacer un puzzle, cualquier cosa que requiera concentración hará que dejes de dar vueltas al mismo asunto.

Para aumentar tu autoestima puedes hacer un listado de las cosas que posees y que no tienes en cuenta o no valoras diariamente. O pintar un árbol al que vas añadiendo ramas con los logros. Por ejemplo: una rama de la carrera, una rama por cada hijo, una rama por tu pareja, una rama por tocar el piano o por cocinar… todo aquello que has conseguido se reflejará en ese árbol que luego puedes contemplar y releer o ir añadiendo después.

Actitud positiva: la mayoría de las complicaciones que nos frustran no son tales. Cómo afrontar la situación es la clave. Estar en constante alerta defensiva nos impide ver con la claridad necesaria para aportar soluciones.

Experimentar, hacer cosas, en definitiva, vivir, tiene sus riesgos, solo hay que aprender cómo llevarlos.

Adiccion al trabajo

La adicción al trabajo: ¿por qué aparece y cómo solucionarla?

La adicción al trabajo ha ido cobrando importancia a medida que ha habido un mayor conocimiento sobre sus consecuencias. El nuevo término anglosajón workaholic para referirnos a la compulsión del trabajo, está cada vez más extendido.

La persona con adicción al trabajo, se reconoce dentro de los parámetros psiquiátricos como personalidad del tipo A, esto es, personas que muestran entre otros, rasgos de personalidad obsesivo-compulsivos. El trasfondo es una ansiedad que trata de bajarse con la sensación de control sobre el trabajo.

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¿Qué es la adicción al trabajo?

Las personas con adicción al trabajo aprenden a valorarse en función de los logros profesionales, depositando, cada vez más compulsivamente, su autoestima en su eficiencia profesional. De este modo el problema se va agravando al ir reduciendo progresivamente los espacios personales y familiares. Las carencias afectivas dentro del vínculo familiar y de la pareja se hacen evidentes con el tiempo y ante los problemas, la persona con adicción al trabajo se refugia, aún más si cabe, en estar ocupada.

En nuestro centro de psicología en Madrid son muchas las terapias de pareja que, tras una mirada en profundidad, esconden este problema.

Nuestra sociedad considera a la persona que ejerce su trabajo con profusión como responsable, y todo lo relacionado con el control y el logro profesional es valorado positivamente, lo que muchas veces ayuda a que este problema pase desapercibido hasta que se convierte en una compulsión. Suele ser la familia quien da el primer toque de alarma, pero es condición indispensable que la persona que lo padece lo reconozca como un problema para que pueda tratarse.

Síntomas

Todo aquello que se salga de su ocupación es considerado una pérdida de tiempo, y la irascibilidad y ansiedad tarda poco tiempo en aumentar, además de problemas somáticos, generalmente cardio-vasculares y de hipertensión.

Puede aparecer también la depresión, ante el sentimiento de indefensión que genera “el nunca es suficiente”. Cuando la persona observa que la preocupación es constante, y que por más control que ejerce sobre el trabajo, el estrés nunca desciende, el estado de ánimo baja irremediablemente. Todo esto, unido al empobrecimiento de las relaciones sociales y afectivas y a los escasos espacios de ocio y de desarrollo personal a otros niveles, puede llegar a desestabilizar profundamente a quien padece esta compulsión.

Tratamientos

Una vez reconocido el problema, es muy importante ir reduciendo progresivamente a lo largo de la terapia las respuestas de control sobre el trabajo que están de más.

Muchas veces existe de fondo un miedo a la soledad o a pasar tiempo a solas con uno mismo sin una ocupación o actividad, trabajar sobre este punto, buscando momentos de tranquilidad y de hacer cosas a solas que no tengan que ver con el trabajo, será fundamental. Localizar las actitudes y errores de pensamiento que llevan a contemplar el control y eficacia sobre el trabajo como único modo de éxito, además de relativizar esta misma necesidad de éxito, que muy probablemente esconda un miedo irracional al fracaso, es otro aspecto fundamental del tratamiento.

Y lo más importante, restablecer la vida personal y social, base de la estabilidad personal y autoestima.

Bibliografía consultada y recomendada

  • “Confesiones de un Workcaholico” , 1971. W.E. Oates
  • “Que no te pese el trabajo”, 2007. Ed. Gestión 2000. Marisa Bosqued

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