Crecimiento personal

habilidades sociales que se pueden entrenar

14 habilidades sociales que se pueden entrenar

El comportamiento humano es sorprendentemente adaptable, y eso hace que, si nos lo proponemos, seamos capaces de dominar aptitudes muy útiles. Por mucho que cuando nos sentimos mal mostremos una tendencia a pensar de manera pesimista que nunca cambiaremos para mejor, esto no tiene por qué ser así, podemos mejorar nuestras habilidades sociales.

En este artículo, por ejemplo, veremos una serie de habilidades sociales que se pueden entrenar si las entrenamos de manera regular a través de nuestros hábitos.

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Varias habilidades sociales que se pueden entrenar

Las habilidades sociales dan forma a buena parte de lo que ocurre en nuestras vidas. Nos afectan a la hora de hacer amigos, a la hora de encontrar trabajo e incluso a la hora de argumentar, convencer y quejarnos por las injusticias que nos puedan ocurrir a lo largo de los años. Además, afectan indirectamente a nuestra autoestima.

Por eso, reforzar las habilidades sociales es una de las áreas de trabajo más importantes en buena parte de las sesiones de terapia que realizan los psicólogos, tanto en casos en los casos en los que hay trastornos diagnosticados como en los que no los hay. El modo en el que interactuamos con los demás puede, por sí solo, hacer que nuestra calidad de vida mejore o empeore significativamente.

Así pues, si te interesa saber cómo mejorar en este conjunto de aptitudes, sigue leyendo; en las próximas líneas encontrarás varios ejemplos de habilidades sociales que se pueden entrenar, y consejos sobre cómo hacerlo.

1. Escucha activa

La escucha activa es el conjunto de conductas por las que se expresa interés y reacción emocional ante lo que explica la otra persona. Por sí solo, este elemento psicológico tan sencillo es la mitad de lo que significa tener buenas habilidades sociales, porque sirve de poco escuchar si no parece que escuchamos.

Aprender a tener una buena escucha activa propicia conversaciones significativas en las que la otra persona no se siente presionada para dejar de hablar.

2. Asertividad

La asertividad es la capacidad de comunicar todo lo que queremos comunicar, sin miedo a las posibles reacciones negativas por parte de los interlocutores y a la vez respetándolos y manteniendo las buenas formas. Se trata de tener en cuenta la necesidad de que haya un equilibrio entre los intereses del otro y los intereses de uno mismo.

Para potenciar la asertividad no es algo que se consiga de la noche a la mañana, pero es totalmente posible si buscamos formas honestas de expresarnos pero sin que parezcan una acusación. Contar con asistencia profesional por parte de psicólogos ayuda mucho a reforzar esta habilidad social.

3. Contacto visual

Puede parecer una tontería, pero el simple hecho de mirar a los ojos a la otra persona hace que la comunicación sea mucho más fluida y que ofrezcamos una imagen mucho mejor, expresando seguridad en uno mismo.

Para conseguirlo, trata de tener en cuenta el tiempo que pasas sin establecer contacto visual y redúcelo progresivamente hasta que te acostumbres a mirar a los ojos de manera espontánea. Esto es mejor que tener como objetivo pasar mucho tiempo mirando a los ojos, dado que esto puede resultar artificial y generarte aún más nervios.

4. Gestionar el sentido del ridículo

El sentido del ridículo puede ser un verdadero obstáculo a la hora de interactuar con desconocidos o con gente a la que conocemos poco. El miedo a quedar mal o a exponernos a silencios incómodos lleva al aislamiento a mucha gente.

Sin embargo, lo cierto es que es muy complicado realizar acciones que sean por sí mismas motivo para quedar en ridículo: en la mayoría de los casos, la actitud que uno tiene a la hora de comportarse y de demostrar seguridad en uno mismo determina de qué manera valoran lo que hacemos. Una misma acción puede ser vista como algo ridículo o como algo admirable dependiendo del modo en el que expresemos autoestima y seguridad: por ejemplo, intentar hacer malabares en una fiesta (de manera no profesional) y fallar la mayor parte de las veces.

5. Regular la ira

La ira puede hacer que realicemos acciones que nos perjudican a nosotros y a los demás.

Nadie gana si, por ejemplo, reaccionamos con mucho enfado cuando nuestra pareja ha tenido un día muy malo y llega a casa con mal humos, contestando de malas maneras cuando hacemos preguntas normales. Hay que saber leer la situación y comprender el contexto en el que otra persona se muestra hostil. Además, incluso cuando la actitud del otro no sea nada justificable, normalmente adoptar su mismo estado de ánimo es totalmente contraproducente.

Realizar ejercicios de Inteligencia Emocional nos ayuda a entrenar esta habilidad social.

6. Expresar afecto

Esta es otra de las habilidades sociales más importantes que podemos entrenar en nuestro día a día. De poco sirve querer o sentir aprecio por una persona si esta no lo sabe.

Para ello, hay que superar autoconceptos demasiado rígidos según los cuales nuestra identidad se caracteriza por el distanciamiento y la frialdad en las relaciones personales.

7. Saber enseñar

En muchas de nuestras interacciones sociales, deberemos instruir o formar a otras personas, aunque sea de una manera no formal. Por ejemplo, es lo que pasa al ayudar a nuestro hijo o sobrino a estudiar, al enseñar a nuestra madre a usar un ordenador, al explicar un procedimiento a un alumno de universidad que hace un trabajo en grupo con nosotros, etc.

Para ello, hay que acostumbrarse a no dar por sentado que todo el mundo sabe lo que nosotros sabemos, y tener paciencia.

8. Pedir perdón de manera honesta

Nadie es perfecto, y debemos admitir nuestros errores para reparar relaciones. Por eso, una de las habilidades sociales que podemos entrenar y que resultan más importantes es la capacidad de disculparse. Negar nuestras equivocaciones, a la larga, ni siquiera sirve para proteger nuestra autoestima, ya que nos aleja de los demás y favorece el aislamiento.

Para acostumbrarse a hacerlo, lo más recomendable es pensar cuál es la idea principal a comunicar, pensar en fórmulas que podrían ser interpretadas como una excusa para evitar no caer en ellas, y expresar esa idea de la manera más espontánea posible teniendo en cuenta lo anterior y ofreciendo disposición para reparar el daño.

9. Pedir ayuda

Tener demasiado orgullo como para pedir ayuda es siempre una mala idea. Ni siquiera es algo que nos permita aprender mejor, pues probablemente hará que nos quede un sabor amargo al intentar hacer aquello para lo que no estamos preparados, haciendo que tiremos la toalla de un modo innecesariamente pesimista.

Para entrenar esta habilidad social, lo mejor que puedes hacer es revisar tu autoestima y tu autoconcepto y cuestionarte si es razonable perseguir como objetivo una versión de ti tan idealizada.

Las personas autosuficientes no existen.

10. Liderazgo

No todo el mundo es igualmente bueno liderando en general, pero todo el mundo es capaz de liderar en contextos específicos. Incluso si eres una persona tímida, lo más probable es que puedas aprender a ser líder en trabajos relacionados con tu área de especialización.

11. Persuasión

Gran parte del impacto emocional que tiene lo que decimos no depende del contenido de lo comunicado, sino de su forma. Encontrar las fórmulas lingüísticas adecuadas para expresar una idea ayuda mucho a convencer, y esto es algo que se puede entrenar parándonos a pensar sobre las diferentes alternativas de las que disponemos para expresar algo.

12. Control del lenguaje no verbal

Comunicar una actitud cercana y abierta es importante para que los demás actúen en consecuencia cuando se relacionan con nosotros. Para esto, es buena idea grabarse en vídeo hablando o dando un discurso, y centrarse en cambiar elementos de la comunicación no verbal que sugieren distanciamiento o desconfianza.

13. Capacidad de crear objetivos colectivos

Esta habilidad social es muy útil para cohesionar grupos y para finalizar disputas. Consiste en la capacidad de entender las motivaciones de los demás y encontrar puntos en común, y se puede hacer si no damos por supuesto que las personas quieren solamente lo que dicen querer. Por ejemplo, tras haber discutido, una de las motivaciones que suelen tener las partes enfrenadas es no dar la imagen de haber sido derrotada.

14. Demostraciones de fiabilidad

Es importante que los demás sean conscientes de las cosas que hacemos en beneficio de sus intereses. La falsa modestia de hacer cosas por los demás sin que estas lo sepan no lleva a ningún lado y pasa factura a nivel de frustración y cansancio.

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Referencias bibliográficas:

Schloss, P.J.; Schloss, C.N.; Wood, C.E.; Wendy S. (1986). A Critical Review of Social Skills Research with Behaviorally Disordered Students. Behavioral Disorders. 12(1): pp. 1 – 14.
Bosch, S. & Hixson, M.D. (2004). The Final Piece to a Complete Science of Behavior: Behavior Development and Behavioral Cusps. The Behavior Analyst Today, 5(3), pp. 244 – 254.

Cómo disfrutar de más tiempo de calidad con tus hijos

Cómo disfrutar de más tiempo de calidad con tus hijos

Es importante disfrutar de más tiempo con tus hijos. La conciliación familiar es uno de los aspectos actuales más problemáticos del estilo de vida en España. Específicamente, los problemas para disponer de tiempo que pasar con los hijos e hijas durante su infancia y adolescencia suelen causar malestar, y en muchos casos, además, problemas en las dinámicas familiares y en la crianza de los más jóvenes de la casa.

Si eres una de las personas que tienen esta clase de problemas, sigue leyendo, porque en este artículo veremos una serie de consejos prácticos para saber cómo gozar de tiempo de calidad con tus hijos.

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¿Por qué es importante pasar tiempo juntos?

La crianza y la educación de los pequeños de la casa conforman un elemento crucial para su correcto desarrollo psicológico. No solo eso, sino que la falta de tiempo juntos suele traer, a largo plazo, distanciamiento y problemas de comunicación, algo cuyos efectos negativos sobre la relación paterno-filial o materno-filial llega a notarse en ocasiones incluso cuando los hijos llegan a la edad adulta.

De esta forma, al pasar tiempo con tus hijos, no solo les estarás sirviendo como referente y como figura de protección y cariño con la que es fácil establecer un vínculo emocional mediante el apego; además, tendrán a alguien con quien compartir sus miedos y preocupaciones, solventar dudas, y abrirse con honestidad sobre temas que les generan inseguridades. Todo lo que es más importante en cuanto a la educación no reglada, en definitiva.

Consejos para disfrutar de tiempo de calidad con tus hijos

Uno de los aspectos que se suele olvidar acerca de la crianza y la educación de los hijos es que si no se siguen pautas claras de planificación del tiempo, lo más probable es que no se pase mucho tiempo significativo con ellos, más allá de algunos intentos esporádicos.

El día a día está lleno de distracciones y de exigencias que generan cansancio, y es por eso que cuando hay tiempo en el que no hay algo urgente que hacer, es muy probable que permanezcamos “por defecto” manteniendo una actitud pasiva, algo que no exija tomar la iniciativa.

Por ejemplo, si terminamos de rellenar unos documentos en el ordenador, la opción por defecto es distraerse con contenidos de Internet. O, si solemos comer con el televisor entendido, al terminar es posible que nos quedemos viendo el telenoticias sin tener ni que cambiar de canal.

Por eso, sobre todo si no existe este hábito, hay que hacer esfuerzos conscientes por pasar tiempo juntos. Empezar suele ser lo más complicado porque si no estamos acostumbrados a hacerlo, estos acercamientos son percibidos como una rareza, algo ante lo cual hay que posicionarse mostrando algún tipo de reacción emocional; pero una vez ya es visto como algo normal, estos ratos del día surgen de manera mucho más espontánea.

Así pues, veamos varias prácticas y hábitos que puedes incorporar a tu día a día para poder disponer de más tiempo con tus hijos, sobre todo si tienen hasta 18 años.

1. Cread rutinas semanales

Es bueno crearse la costumbre de, sin necesidad de proponerlo, hacer cada semana una serie de salidas a lugares que gusten tanto a padres y madres como a los hijos. Por ejemplo, escapadas a la montaña, salidas a un museo, excursiones, etc.

En esta clase de contextos llenos de ocio y situaciones estimulantes resulta muy fácil crear vínculos comunicativos fluidos que puedan mantenerse durante el resto de la semana.

Además, de esta forma tendréis usa serie de experiencias compartidas sobre las que poder hablar, rememorar juntos, etc.

2. Limita tu ocio a solas

Está claro que todo el mundo merece tiempo a solas, pero ten cuidado de que esta clase de aficiones o hábitos no estén absorbiendo todo tu tiempo libre. Esto no solo te aislará; además, probablemente empeorará tu salud.

3. Asegúrate de tener tiempo con tu pareja

Gestionar bien el tiempo que pasas con tus hijos implica gestionar bien el tiempo que pasas con tu pareja, si tienes. De otro modo, solo experimentaréis frustración por manteneros atados siempre a una solución intermedia, en la que no existe verdadera intimidad.

Recuerda que lo importante es tener tiempo de calidad junto a los pequeños, no tiempo juntos en un sentido literal.

4. Comprende sus gustos y aficiones

Incluso si tus hijos son muy pequeños, te sorprenderá saber que, en el fondo, pueden tener intereses similares a los que tienes tú (en parte, por genética).

Por eso, cuando os comuniquéis, párate a analizar qué es exactamente lo que les gusta a hacer y busca elementos en común contigo. Recuerda que no es necesario que vuestras aficiones coincidan exactamente, sino que tengan elementos similares o una disciplina que las explique a ambas.

Por ejemplo, si le gusta jugar a la peonza y a ti te interesa la física, puedes enseñarle trucos o mecánicas similares pero con otros objetos. Si le gustan los perros y los gatos y a ti te gustan los animales, muéstrale tus conocimientos sobre criaturas exóticas que nunca ha visto, etc.

5. Si son pequeños, juega con ellos

En la primera etapa de la infancia, en la que la socialización más habitual de los pequeños aún no se realiza entre ellos y los niños o niñas de su edad, es importante que juguéis juntos. Usado los juguetes para crear narraciones interesantes, y deja que el pequeño participe en el desarrollo de la historia.

6. Si tienes varios hijos, dedica tiempo a cada uno por separado

Sobre todo si hay una diferencia de edad significativa entre los hermanos o si son muy pequeños, es importante que pases tiempo a solas con cada uno de ellos, y no siempre juntos. De esta manera podrán expresarse y actuar de una manera más libre y honesta.

Referencias bibliográficas:

Cinamon, R. Gali; Rich, Y. (2002). Gender Differences in the Importance of Work and Family Roles: Implications for Work–Family Conflict. Sex Roles. 47 (11–12): pp. 531 – 541.
Cuddy, A., Fiske, S. y Glick, P. (2004). When professionals become mothers, warmth doesn’t cut the ice. Journal of Social Issues, 60, 4: pp. 701 – 718.
Moen, P.; Yu, Y. (2000). Effective Work/Life Strategies: Working Couples, Work Conditions, Gender, and Life Quality. Social Problems – SOC PROBL 47: pp. 291-326.

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distimia

Distimia

Nos preguntamos: ¿qué es el trastorno psicológico de la distimia?. La depresión es posiblemente el trastorno del estado de ánimo más conocido. Sin embargo, dentro de esta categoría de alteraciones psicológicas dañinas hay algunas más, como la distimia.

Si te interesa saber más acerca de este trastorno psicológico, reconocer sus síntomas y conocer el tratamiento terapéutico usado en los pacientes que lo sufren, sigue leyendo.

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¿Qué es la distimia?

La distimia es un trastorno de ansiedad caracterizado por tener ciclos largos en los que se expresan los síntomas, y por el hecho de que estos son significativamente menos intensos que en la depresión mayor.

Así, los síntomas depresivos (que luego veremos con más detalle) están presentes durante la mayor parte del día, y en ciclos que duran al menos dos años. La diferencia en cuanto a la depresión unipolar (o depresión mayor) es más cuantitativa que cualitativa, porque sus síntomas son aproximadamente los mismos, pero cambiando la duración y lo severo de los síntomas.

Por otro lado, la distimia es un poco más común en mujeres, y está presente en aproximadamente un 5% de la población.

Síntomas

Los síntomas de la distimia son los típicos de los trastornos del estado de ánimo unipolares. Veamos un resumen de los más representativos.

 

1. Abulia

La abulia es una forma de alteración mental caracterizada por la falta de energía o motivación para involucrarse en tareas o participar en actividades sociales. Está ligada al aislamiento y al sedentarismo.

2. Astenia

Asociada a la abulia, la astenia es una sensación de fatiga constante, cansancio que es percibido como algo físico, no simple falta de fuerza de voluntad.

 

3. Alteraciones del sueño

Las personas con distimia tienden a padecer alteraciones del sueño. Tanto la hipersomnia (exceso de tiempo durmiendo) como el insomnio (problemas para conciliar el sueño o mantenerse dormido) son frecuentes.

 

4. Baja autoestima

Otro de los síntomas de la distimia más frecuentes es la baja autoestima. La persona que padece este trastorno tiende a pensar que no vale nada, que no es capaz de llevar a cabo ningún proyecto significativo, y que prácticamente nadie le quiere.

 

5. Alteraciones cognitivas

Otro grupo de síntomas de la distimia son de tipo cognitivo, y afectan sobre todo a la memoria y a la capacidad de concentración. Los terapeutas que tratan a personas con distimia ven que estos suelen tener problemas para concentrarse y para recordar eventos ocurridos hace poco. La memoria a largo plazo, la que tiene que ver con el conocimiento básico sobre el mundo y sobre uno mismo, no se ve afectada por la distimia.

Causas

Tal y como ocurre con todos los trastornos psicológicos, no existe una sola causa que explique la aparición de la distimia. En todo caso, se trata de un fenómeno emocional de carácter multicausal, en el que participan tanto las predisposiciones genéticas como las experiencias vividas (y el modo en el que reaccionamos ante ellas).

En general, existen eventos que aumentan las probabilidades de sufrir distimia, pero ninguno de ellos es causa suficiente para asegurar que una persona en concreto sufrirá este trastorno si pasa por una experiencia de este tipo; se trata de indicios estadísticos. Por eso, cada psicólogo debe examinar caso por caso para determinar qué tipo de hábitos y comportamientos del paciente están reforzando la presencia de la distimia, para proponer patrones de conducta alternativas.

Tratamiento de este trastorno

El tratamiento de la distimia es complejo, pero se muestra eficaz a la hora de mitigar los síntomas y hacer que el ciclo de malestar se acorte y llegue a su fin pronto. Por otro lado, también hay casos en los que la distimia desaparece por completo sin llegar a presentar brotes en cuestión de meses o años.

Para lograrlo, los psicólogos abordan tanto el nivel de lo emocional como en el del comportamiento y los hábitos del paciente.

Por un lado, se utiliza la reestructuración cognitiva para propiciar que el paciente se cuestione sus creencias acerca de sí mismo, contribuyendo así a mejorar la autoestima. Esto, a su vez, tiene un efecto de reacción en cadena que facilita el resto de partes del tratamiento.

Otra de las herramientas que se utilizan en terapia psicológica contra la distimia es la activación conductual. Esta consiste fundamentalmente en crear contextos en los que el paciente se vea involucrado en tareas estimulantes que le permitan romper el ciclo de sedentarismo y pasividad. Activando físicamente el cuerpo se activa también la mente, se le da una “inercia” que mitigará la astenia y la abulia.

En ocasiones, la terapia psicológica es combinada con la intervención de médicos psiquiatras que pueden prescribir psicofármacos para tratar los síntomas. Estos fármacos antidepresivos no deben ser vistos como la solución, ya que tan solo rebajan el malestar durante un tiempo y además tienen efectos secundarios a tener en cuenta. Además, solo pueden ser utilizados bajo indicación médica.

Nuestra Terapia para la Depresión

Referencias bibliográficas:

Ayuso-Mateos, J.L. et al. (2001). Depressive Disorders in Europe: Prevalence figures from the ODIN study. British Journal of Psychiatry (en inglés) 179: pp. 308 – 316.

Goodman, S.H., Schwab-Stone, M., Lahey, B.B., Shaffer, D. & Jensen, P.S. (2000). Major Depression and Dysthymia in Children and Adolescents: Discriminant Validity and Differential Consequences in a Community Sample. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. 39 (6): pp. 761 – 771.

Griffiths, J.; Ravindran, A.V.; Merali, Z.; H Anisman (2000). Dysthymia: a review of pharmacological and behavioral factors. Molecular Psychiatry. 5 (3): pp. 242 – 261.

Ravindran, A.V., Smith, A.. Cameron, C., Bhatal, R., Cameron, I., Georgescu, T.M., Hogan, M.J. (2009). Toward a Functional Neuroanatomy of Dysthymia: A Functional Magnetic Resonance Imaging Study. Journal of Affective Disorders. 119 (1-3): pp. 9 – 15.

libros de psicología

Libros de psicología

Los libros de psicología son uno de los mejores recursos de los que puedes disponer para aprender acerca de todo tipo de temas relacionados con la mente humana. Y es que gracias al hábito de la lectura, los ratos de ocio pueden convertirse, a la vez, en actividades de crecimiento personal y de adquisición de cultura… siempre que demos con las obras adecuadas.

Por eso, en este artículo veremos una selección de libros de psicología recomendados para todas aquellas personas interesadas en conocer mejor qué nos lleva a pensar, sentir y actuar tal y como lo hacemos.

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Libros de psicología recomendados

Aquí encontrarás una selección de libros de psicología que cubre ámbitos muy variados de esta ciencia: la toma de decisiones y la racionalidad, las relaciones sociales, las creencias erróneas más extendidas sobre la mente humana, el nexo entre el cerebro y la mente, etc. Todos ellos pueden saciar la curiosidad de cualquier persona que busque obras de divulgación centradas en lo psicológico.

 

1. Pensar rápido, pensar despacio (Daniel Kahneman)

Este es uno de los libros de divulgación más influyentes del ámbito de la psicología, y no es para menos. Escrito por Daniel Kahneman, Premio Nobel en Ciencias Económicas, en sus páginas quedan explicadas la mayor parte de las investigaciones llevadas a cabo por el autor y por Amos Tversky acerca de los sesgos cognitivos y los límites de la racionalidad.

Aquí quedan descritos dos sistemas de pensamiento que utilizamos normalmente: el Sistema 1, rápido, intuitivo y superficial; y el Sistema 2, exhaustivo, lento y que requiere concentración y esfuerzo. A partir de estos dos tipos de procesos mentales, Kahneman muestra de qué manera percibimos y procesamos de manera diferente vivencias del día a día, poniendo como ejemplos experimentos psicológicos de sorprendentes resultados.

2. El error de Descartes (António Damásio)

Este es uno de los grandes clásicos de la literatura sobre psicología, y lo es por una buena razón. La habilidad de António Damásio a la hora de ligar temas tratados por la ciencia con temas abordados por la psicología hace que sus reflexiones sean especialmente interesantes, porque no se limitan a describir; también inspiran.

En este libro, el autor se centra en un tema central de la psicología: la relación entre la mente y el cuerpo. Para Damásio, cometemos un error al asumir que ambas cosas son fenómenos separados, y muestra por qué es recomendable modificar nuestra concepción de lo mental para que pase a formar parte del reino de los procesos naturales, tal y como lo son la reproducción, la alimentación, etc.

3. La tabla rasa (Steven Pinker)

Steven Pinker es uno de los principales divulgadores de los temas estudiados por la psicología evolucionista, perspectiva que investiga acerca de las propensiones psicológicas que hemos heredado genéticamente de nuestros ancestros. En este libro, una de sus obras más famosas, Pinker explica por qué es falaz pensar que los seres humanos nacemos sin tendencias innatas, sin potencialidades diferentes a las del resto de seres humanos. Dicho de otro modo: nos habla acerca del modo en el que la selección natural y otros mecanismos de la evolución biológica han ido tallando nuestras mentes para llegar a ser tal y como somos.

4. La vida secreta de la mente (Mariano Sigman)

Normalmente, podemos observar la capa más superficial de nuestro comportamiento y de nuestras emociones. Pero… ¿qué pasa en nuestro interior cuando soñamos, cuando tomamos una decisión o cuando nos enfadamos?

Este libro de psicología y neuropsicología escrito por Mariano Sigman da un repaso a los procesos cerebrales que dan origen a lo mental. Una obra muy interesante para comprender que hasta el estado psicológico más simple se apoya detrás de una gran complejidad creada a partir de células nerviosas interactuando entre sí.

5. 50 grandes mitos de la psicología popular (varios autores)

Aunque no todo el mundo llegue a estudiar la carrera de Psicología en la universidad, todo el mundo desarrolla creencias acerca de cómo piensa, siente y actúa el ser humano. Este libro es perfecto para cuestionar aquellas creencias extendidas por toda la sociedad que resultan ser parcial o totalmente falsas. Además, está magníficamente documentado e incluye secciones divididas por temáticas.

6. Por qué mentimos… en especial a nosotros mismos (Dan Ariely)

Dan Ariely es conocido por sus investigaciones acerca del comportamiento irracional y la toma de decisiones a partir de las emociones y los sentimientos.
En este interesante libro, el autor se centra en lo que nos lleva a mentir en unas ocasiones y a no hacerlo en otras, mostrándonos que muchas veces seguimos criterios que están muy alejados de la razón.

7. Psicológicamente Hablando: un recorrido por las maravillas de la mente (varios autores)

Esta obra resulta especialmente recomendable para quienes busquen libros de psicología que sirvan para introducirse en este tema por primera vez, aprendiendo sobre los aspectos más investigados y sorprendentes sobre la mente humana. Entre sus páginas aparecen temas muy variados, que van desde el modo en el que procesamos las imágenes hasta nuestra manera de atribuir intenciones a los demás, pasando por estudios realizados acerca de procesos psicológicos inconscientes.

8. Influencia (Robert Cialdini)

La obra que llevó a la fama internacional a Robert Cialdini es uno de los libros de psicología más prácticos que existen, porque se centra en un ámbito de nuestras vidas que nos influye día a día: nuestra capacidad de persuadir a los demás. Se trata de un título especialmente recomendado para quienes trabajen en marketing, publicidad y comunicación, aunque sus enseñanzas pueden ser aprovechadas por todo el mundo.

 

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Cómo mejorar las habilidades sociales

¿Cómo mejorar las habilidades sociales con un psicólogo?

En este artículo, descubriremos cómo mejorar las habilidades sociales con un psicólogo. La psicología no solo se encarga de ofrecer tratamiento a las personas con trastornos psicológicos; también pueden ayudar a personas con problemas más variados. Y entre estos problemas, uno de los más frecuentes es el que tiene que ver con la falta de habilidades sociales.

Si sigues leyendo, verás el modo en el que los psicólogos ofrecen asistencia psicológica para mejorar las habilidades sociales y gozar de mejores dotes al conversar, conocer gente, etc.

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Cómo mejorar las habilidades sociales con un psicólogo

Estas son varias de las formas en las que los psicólogos ayudan a mejorar las habilidades sociales de los pacientes que lo necesitan. Eso sí, hay que tener en cuenta que la intervención se adapta a cada caso particular, y como no hay dos personas iguales, hay aspectos de la terapia que pueden variar.

1. Mejora de la autoestima

Este es uno de los aspectos más importantes de la intervención psicológica, porque afecta a muchas otras áreas de la vida, y el ámbito social es uno de los más dañados.

Los problemas por baja autoestima generan inseguridades constantes tanto en las conversaciones en el momento en el que estas suceden, como a la hora de plantearse salir a relacionarse con más gente.

En estos casos, la propia ansiedad causada por la creencia de que vamos a hacer el ridículo obstaculiza nuestros intentos por sociabilizar, y se crea un efecto psicológico llamado “profecía auto-cumplida”: el miedo a que suceda algo hace aumentar significativamente de que esa situación temida ocurra.

Por eso, ayudar al paciente a que mejore su nivel de autoestima suele ser uno de los objetivos de la psicoterapia cuando se quiere intervenir en una gran variedad de problemas y alteraciones mentales.

¿Cómo se consigue esto? Para confrontar al paciente con el hecho de que tiene mucho más potencial de lo que cree, se utiliza una técnica llamada reestructuración cognitiva. Esta consiste fundamentalmente en hacer que el paciente ponga a prueba sus creencias más profundas, las más ligadas con su sentido de la identidad, para que así vea que hay muchos casos en los que estas se muestran totalmente irracionales y separadas de la realidad.

2. Asimilación de los fracasos

Otra manera en la que es posible mejorar en habilidades sociales gracias a la ayuda profesional de los psicoterapeutas es aprender a asimilar los pequeños fracasos o momentos incómodos en las conversaciones y las interacciones con los demás.

Y es que muchos de los problemas en las relaciones sociales surgen cuando hay unas expectativas demasiado irreales acerca de cómo deben ser. Idealizar las dotes conversacionales de los demás o asumir que los diálogos de la gente normal se parecen a los guiones de las películas pasa factura a quienes ven cómo lo que ellos hacen se aleja mucho de esa versión idealizada de la comunicación humana. Produce frustración, mina la autoestima, y genera la tendencia a creer que hacemos el ridículo cada vez que hay una pausa demasiado larga, una equivocación en el uso de las palabras, etc.

Mejorar en habilidades sociales significa también tener claro que en las interacciones con los demás lo normal son los errores y los fallos al hablar, algo que resulta tan común que ni reparamos en ello cuando son otros quienes caen en eso.

En definitiva, en las sesiones con el psicólogo se usan una serie de procedimientos para que el paciente sea consciente de que estos fallos forman parte intrínseca de las relaciones humanas.

3. Relativización de la importancia de lo que los demás crean sobre uno mismo

En las sesiones de intervención psicológica también se promueve que el paciente deje de obsesionarse con lo que los demás puedan pensar sobre él. El perderle el miedo a hacer el ridículo, incluso a hacer el ridículo voluntariamente si es necesario, es muy importante. Y también lo es aprender que el sentido del ridículo es algo muy relativo: depende sobre todo del grado en el que uno mismo manifiesta estar incómodo comportándose de cierta manera.

Dos personas haciendo lo mismo pueden ser percibidas de manera muy diferente dependiendo del grado de seguridad en uno mismo que demuestren; de hecho, alguien que se comporte de manera extraña o llamativa puede ser valorada positivamente si demuestra no avergonzarse de ello incluso siendo consciente de que es un comportamiento que llama la atención.

4. Exposición a más relaciones sociales

Los problemas de ansiedad en contextos sociales (o en la anticipación de estos) se trabajan siguiendo un programa de exposición a aquellas situaciones que la persona tema: primero proponiendo retos relativamente fáciles, luego un poco más difíciles, y así progresivamente, siguiendo una curva de dificultad ascendente.

La clave está en proponer tareas en las que la persona se sienta lo suficientemente incómoda y tensa como para que, al cumplir el objetivo, se experimente la mejora, la progresión, pero sin que se sienta tan mal que tire la toalla y le coja miedo a ese procedimiento.

De esta manera, en cuestión de unas pocas semanas es posible ver cómo alguien que al principio de la intervención psicológica sentía un miedo paralizante al hablar con desconocidos, pasa a desenvolverse con solvencia en las relaciones sociales.

5. Creación de rutinas

Otro de los recursos más útiles de la terapia psicológica para mejorar las habilidades sociales es el establecimiento de rutinas pactadas entre el paciente y el psicólogo. El profesional aconseja cuál debe ser la frecuencia y la duración de las situaciones en las que hay relaciones sociales, dependiendo del grado en el que el paciente ha progresado. También se tiene en cuenta el grado de familiaridad con las personas con las que hay que comunicarse: no es lo mismo hablar con un primo segundo que se ve dos veces al año que con un completo desconocido.

De esta manera, se crean rutinas que mantienen al paciente en una situación de constante aprendizaje, entrenándolo para ir acostumbrándose a afrontar estas interacciones de una manera espontánea.

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Referencias bibliográficas:

Angélico, A.P.; Crippa, J.A.S.; Louriero, S.R. (2013). Social Anxiety Disorder and Social Skills: A Critical Review of the Literature. International Journal of Behavioral Consultation and Therapy. 7 (4): pp. 16 – 33.
O’Donohue, W. (2003). Psychological Skills Training: Issues and Controversies. The Behavior Analyst Today, 4 (3), pp. 331 – 335
Takeo, D. (2001). The Anatomy of Self: The Individual Versus Society. Kodansha International.

como conseguir nuevo trabajo

¿Cómo conseguir un nuevo trabajo? 12 claves fundamentales

Cómo conseguir un nuevo trabajo no es fácil. Ser capaz de encontrar un trabajo basado en una actividad que nos guste puede llegar a determinar gran parte de las experiencias positivas o negativas que viviremos. Sin embargo, este hecho va de la mano de una realidad incómoda: encontrar trabajo no es algo que se enseñe en las escuelas y universidades antes de lanzarse al mercado laboral.

En este artículo encontrarás una serie de consejos y claves psicológicas para saber cómo conseguir un nuevo trabajo, con algunos ejemplos para que sea fácil aplicar estas ideas.

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¿Cómo conseguir un nuevo trabajo?

Está claro que no podemos controlar totalmente si vamos a pasar un proceso de selección de personal o no, pero si nos lo proponemos y sabemos qué hacer, es posible mejorar nuestras probabilidades de éxito. En las siguientes líneas puedes ver varios consejos acerca de cómo conseguir un nuevo trabajo aplicando estrategias eficaces a tu búsqueda de un empleo.

1. Define tus metas

Por mucho que pueda parecer que no lanzarse a buscar trabajo inmediatamente es perder el tiempo, es importante hacerlo solo cuando tengas claros tus objetivos. Esto no solo hará disminuir el riesgo de encontrarte trabajando en algo que no te gusta; además, te dotará de mayor seguridad en lo que haces, y esto se notará tanto en las entrevistas de trabajo como en tu manera de rendir en el ámbito profesional una vez hayas accedido al puesto.

2. Ten en cuenta tus recursos

La búsqueda de un nuevo trabajo puede ser un proceso que dure semanas o incluso algunos meses, dependiendo de tus preferencias y de tu situación. Por eso, haz cálculos sobre tus posibilidades económicas y el tiempo con el que dispones.

3. Ten claras tus fortalezas y debilidades

Merece la pena que sepas en qué aspectos destacas más, y en cuáles te hace falta aprender más o seguir entrenándote. Esto te ayudará a encontrar las estrategias de búsqueda de empleo que mejor se adapten a tus características.

4. Plantéate el tipo de autonomía que buscas en tu trabajo

No hay que olvidar que hay mucho campo más allá del trabajo por cuenta ajena: también es posible auto-emplearse. Tomar esta decisión es muy importante, porque cada una de estas dos opciones definirá tu manera de conseguir un nuevo trabajo.

En general, si sientes que te falta experiencia y dinero, lo más probable es que trabajar con un sueldo como empleado o empleada de una empresa te compense más, pero considera los pros y los contras de cada posibilidad.

5. Si quieres que te contraten, elige bien el canal para comunicarlo

Hay que ser cuidadosos a la hora de presentar tu candidatura para conseguir trabajo. No inundes con mails y currículums a una misma empresa, elige el canal que tengan habilitado para ello (no lo hagas por canales menos importantes, como el chat de su página de Facebook), y manda una sola vez tu candidatura. Si te interesa mucho ese lugar y no te corresponden, deja pasar unos meses antes de volver a ponerte en contacto con ellos.

6. Realiza acciones por orden de prioridad

Establece una lista de nichos profesionales en los que te gustaría trabajar, y céntrate en los que más te importan. Muchas veces, la desorganización en este aspecto hace que nos volvamos demasiado dispersos y que las oportunidades nos lleguen desde ofertas de empleo que no nos interesan tanto, mientras que desatendemos otras oportunidades más interesantes sin ni siquiera explorarlas.

7. Cuida la imagen y la organización de tu CV

Si has optado por intentar que te contraten empresas, cuida mucho tu CV. Piensa que la mayoría de profesionales de selección de personal no tienen por qué leerse todos los currículums que reciben, y si les llega uno que es incómodo de leer, es probable que en cuanto lean algo que no encaja con lo que buscan, pasen a otro candidato.

Los currículums estéticamente atrayentes, por así decirlo, nos vuelven más propensos a que nos den “segundas oportunidades”, porque la lectura del CV es fluida y cómoda y seguir indagando en nuestro perfil no se siente como una pérdida de tiempo.

Así pues, asegúrate de que este documento contiene información dividida en bloques temáticos fáciles de identificar y de localizar en un vistazo, y expresa solo lo más importante, con los datos más relevantes al inicio de cada sección.

8. Cuida mucho la redacción

Es muy importante que tanto el CV como la carta de presentación o los posibles correos que mandes a potenciales socios e inversores tengan una buena ortografía y un uso correcto de la gramática. De lo contrario, estarás dando una mala imagen que en muchos sectores suele resultar inaceptable, sobre todo para trabajos cualificados.

9. Cuida tu imagen personal

Del mismo modo en el que la estética y el diseño de tu CV importan, cuida tu aspecto. Esto no significa que lleves trajes o vestidos elegantes, claro; simplemente evita dar un aspecto dejado, y adecua tu vestimenta al tipo de organización que vas a visitar, apostando por lo formal en unos casos y por lo natural en otros.

10. Practica la escucha activa

Esto te servirá en contextos muy diferentes a medida que avances casillas en la búsqueda de empleo: entrevistas personales, rondas de inversores, etc. La idea es no solo tratar de convencer emitiendo información, sino también aprender en tiempo real acerca de las expectativas y las necesidades de quienes pueden hacer posible que accedamos al tipo de trabajo que nos interesa.

11. Busca maneras de compensar tus defectos o hacer de ellos oportunidades

Todo el mundo tiene defectos, pero eso no tiene por qué significar que estemos predestinados a no encontrar trabajo en algo que nos guste. Simplemente, piensa en cómo hacer que no interfieran en tu trabajo, ya sea aprendiendo nuevas formas de trabajar o eligiendo estrategias en las que esos fallos no tengan un impacto significativo en tu rendimiento y en tu relación con los demás.

12. Aprende a controlar el estrés

Saber gestionar el estrés y la ansiedad de la búsqueda de empleo es clave para aumentar tus probabilidades de éxito y evitar que tu salud y calidad de vida sufran demasiado desgaste. Para ello, te puede resultar muy útil acudir a sesiones de psicoterapia: en la consulta del psicólogo, los pacientes reciben entrenamiento orientado a regular sus estados emocionales y a limitar el poder que los nervios tienen sobre uno mismo.

Referencias bibliográficas:

Lock, E.A., & Latham, G.P. (1990). A theory of goal setting and task performance. Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall.
Peeters, M. A., Van Tuijl, H. F., Rutte, C. G., & Reymen, I. M. (2006). Personality and team performance: a meta‐analysis. European Journal of Personality: Published for the European Association of Personality Psychology, 20(5), 377-396.

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Hábitos para prevenir los trastornos psicológicos

10 hábitos para prevenir trastornos psicológicos

Nadie está predestinado a experimentar un trastorno psicológico. Si bien es cierto que a lo largo de la vida es probable entrar en alguna fase en la que la salud mental se ve comprometida (por crisis familiares, enfermedad, etc.), lo cierto es que hay mucho que podemos hacer para evitar en la medida de lo posible la aparición de estas alteraciones psicológicas. En este artículo vamos a ver 10 hábitos para prevenir trastornos psicológicos, y además explicaremos varias maneras de incorporarlos a tu vida de una manera consistente.

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Hábitos para prevenir trastornos psicológicos

Estas son varias de las rutinas que puedes seguir para prevenir la aparición de trastornos. Muchas de ellas tienen que ver con prevenir la ansiedad, un elemento psicológico que aparece en la mayoría de trastornos mentales.

1. No consumas drogas

Este es, posiblemente, el hábito más eficaz para evitar tener problemas en lo relativo a tu salud mental: alejarse de las drogas todo lo posible. Incluyendo el alcohol y el cannabis, que si bien en ciertos entornos gozan de buena imagen (a pesar de que la venta de lo segundo esté prohibido en la mayoría de países), también tienen serias repercusiones psicológicas y son capaces de generar dependencia.

Son muchos los estudios que indican que el consumo de drogas aumentan mucho el riesgo de empezar a manifestar trastornos de tipo psicótico, e incluso si estos síntomas no aparecen, la adicción suelen venir acompañada de alteraciones mentales muy negativas para la salud.

Por cierto, que una droga sea considerada un producto “natural” tampoco es excusa. Hay muchas cosas que a pesar de ser consumidas sin procesarlas demasiado pueden llegar a dañar mucho el funcionamiento del organismo.

2. Duerme bien

Dormir permite que nuestro sistema nervioso se repare y se prepare para un nuevo día en el que deberemos gastar energía y concentrarnos. Acostumbrarse a no tener las horas de sueño necesarias nos perjudica de dos formas: empeora nuestro estado de salud de manera directa, y nos predispone a tomar sustancias que pueden agravar la situación.

3. Haz ejercicio moderado

Practica ejercicio o algún deporte cada dos o tres días, durante más o menos una hora. Esto no solo servirá para ponerte en forma: además, te activará y te proporcionará un contexto en el que desconectar y descargar tensiones.

El hábito de practicar deporte a menudo resulta especialmente eficaz para prevenir los trastornos de ansiedad.

4. Organiza bien tu tiempo

No organizarse bien puede aumentar el riesgo de que empiecen a manifestarse trastornos mentales, porque genera picos de estrés y de ansiedad, y muchas veces nos lleva a aislarnos por falta de tiempo para estar con más gente. Lo cual nos lleva al siguiente consejo

5. Cuida tu vida social

Relacionarnos con los demás no solo sirve para pasar el rato, obtener información y contar con ayuda cuando la pedimos. También tiene un efecto en el funcionamiento de nuestros procesos mentales.

Y es que el aislamiento resultante de pasar mucho tiempo a solas propicia la rumiación, la frustración, sedentarismo, y en general no nos aporta referentes externos para saber en qué momento nuestra salud mental empieza a declinar.

6. Mantén tu mente activada

Es importante que te plantees metas psicológicamente estimulante, objetivos que te obliguen a salir de tu zona de confort. Los hábitos de vida caracterizados por la monotonía hacen que nos estanquemos, mientras que mantener más actividad nos permite reforzar la calidad de nuestras capacidades cognitivas: memorizar, razonar, comunicarnos, etc.

7. Acude a profesionales cuando haga falta

Puede parecer obvio, pero para prevenir trastornos mentales, es importante disponer de la determinación para ir al psicólogo en cuando empezamos a notar que algo no va bien. Postergarlo tan solo empeorará la situación, en muchos casos.

8. Come bien

Otro aspecto básico de la salud mental es que el modo en el que nos sentimos física y psicológicamente depende de la materia prima que le aportamos a nuestro organismo.

Asegúrate de comer bien y de disponer de todos los nutrientes necesarios. De este modo t cuerpo no sufrirá para llegar a los objetivos relacionados con las demandas del día a día (madrugar, llegar al trabajo, concentrarse en una tarea, etc.) algo que podría resultar en un estado psicológico descompensado (un trastorno de ansiedad, baja autoestima por no alcanzar las metas, etc.).

9. Haz escapadas a la naturaleza

Este es otro de esos hábitos para prevenir trastornos mentales que tienen que ver con la importancia de desconectar de nuestras preocupaciones y obsesiones.

Pasear por entornos naturales nos ayuda a dejar de prestarles atención a ciertos pensamientos persistentes y que nos pueden inducir a estados de estrés. La naturaleza nos invita a perdernos en el aquí y el ahora, en el mundo de las sensaciones, algo que se parece mucho a lo que ocurre al meditar.

10. Aprende a no compararte con los demás

Las personas que están constantemente comparándose con los otros tienen más posibilidades de sufrir a causa de inseguridades, baja autoestima, etc. Hay que acostumbrarse a adoptar un punto de vida distanciado y neutral, que no sea presa de la desesperación por agradar a todo el mundo o por encajar en los cánones de lo bello o lo popular.

Referencias bibliográficas

  • American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders. Arlington, VA: American Psychiatric Association.
  • de Weerth, C. (2017). Do bacteria shape our development? Crosstalk between intestinal microbiota and HPA axis. Neuroscience & Biobehavioral Reviews. 83: 458–471. 
  • Jeronimus et al. (2016). Neuroticism’s prospective association with mental disorders halves after adjustment for baseline symptoms and psychiatric history, but the adjusted association hardly decays with time: a meta-analysis on 59 longitudinal/prospective studies with 443 313 participants». Psychological Medicine 46 (14): pp. 2883 – 2906.
  • Öhman, A. (2000). Fear and anxiety: Evolutionary, cognitive, and clinical perspectives. In Lewis M, Haviland-Jones JM (eds.). Handbook of emotions. New York: The Guilford Press. pp. 573–93. 
  • Weston, D.; Morrison, K. (2001). A multidimensional meta-analysis of treatments for depression, panic, and generalized anxiety disorder: An empirical examination of the status of empirically supported therapies. Journal of Consulting and Clinical Psychology. 69 (6): 875–899.

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Síndrome post-vacacional

Síndrome post-vacacional: ¿por qué ocurre y cuáles son sus síntomas?

El síndrome post-vacacional es una realidad que muchas personas tienen que afrontar en etapas concretas en las que vuelven de vacaciones. No se trata de un trastorno mental al uso, sino de un fenómeno psicológico que engloba varios factores y que se expresa a través de diversas formas de malestar. En este artículo veremos  el síndrome post-vacacional, por qué ocurre, cuáles son sus causas más frecuentes, y qué síntomas lo caracterizan.

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¿Qué es el síndrome post-vacacional?

Podemos definir el síndrome post-vacacional como un fenómeno psicológico asociado a la tristeza y el malestar y que se da a la vuelta de vacaciones, durante los primeros días de la vuelta a la rutina en el trabajo o en la atención a las responsabilidades domésticas o familiares.

No es ni un tipo de depresión ni un trastorno mental en general, aunque algunos de sus síntomas se asemejen en parte a los propios de los trastornos del estado de ánimo. Se trata de una experiencia fuertemente vinculada al contexto que se está viviendo durante esos primeros días de retorno a las exigencias del día a día. Por ello, no es tampoco una condición crónica que vaya a afectarnos toda la vida cada vez que volvamos de esa fase de relajación y ocio.

Sin embargo, en algunos casos este nivel de malestar puede ser lo suficientemente intenso como para que quien lo vive en carne propia decida acudir al psicólogo a recibir terapia.

En cualquier caso, las experiencias negativas vinculadas al síndrome post-vacacional se desvanecen al cabo de unos pocos días o semanas, si bien la psicoterapia puede ayudar a que desaparezca antes.

Síntomas

Tal y como hemos visto, el síndrome post-vacacional no es exactamente un trastorno, sino un fenómeno psicológico transitorio y cuyo potencial para perjudicar nuestra calidad de vida es relativamente bajo.

Por ello, cuando hablamos de los síntomas del síndrome post-vacacional, no debemos entender este concepto como referente a lo que es expresado por una patología, sino simplemente como elementos psicológicos, fisiológicos y comportamentales que son fruto de la transición de unos hábitos a otros.

Aquí distinguiremos entre síntomas psicológicos, síntomas fisiológicos y síntomas comportamentales del síndrome post-vacacional.

Síntomas psicológicos

Entre los síntomas psicológicos más comunes encontramos los pensamientos de añoranza con respecto a lo que se ha vivido en el periodo vacacional, así como fases en las que se fantasea con volver allí o en las que se rememora lo sucedido para abstraerse del presente.

También destaca la presencia de la desesperanza acerca de lo que nos depara el aquí y el ahora (y los días por venir), con una visión sesgada sobre los esfuerzos que vamos a tener que realizar. Estas apreciaciones negativas son sobredimensionadas, y se dan porque quien sufre síndrome post-vacacional aún tiene como referencia básica lo que se ha experimentado durante las vacaciones.

Por otro lado, también es frecuente que aparezca la creencia de que uno mismo no va a ser capaz de hacer frente a todo el trabajo que hay por delante, de manera que en algunos casos se entra en un cierto estado de alarma.

Síntomas fisiológicos

En el síndrome post-vacacional es frecuente sentirse débil y a la vez ansioso, con los músculos que por defecto permanecen en un estado de tensión pero experimentando cierta pérdida de fuerza transitoria.

Esto tiene que ver muchas veces con el cambio brusco de hábitos de sueño y, en ciertos casos, también con el jet-lag, que puede llegar a solaparse con el síndrome post-vacacional.
Síntomas comportamentales

Entre los síntomas comportamentales que encontramos en las personas con síndrome post-vacacional figuran la pasividad y la procrastinación, derivados normalmente de la falta de energía o de la parálisis ante la idea de tener que hacer frente a demasiadas responsabilidades. Con el tiempo, los efectos de este fenómeno van agravándose, dado que van acumulándose tareas.

Causas

Hasta aquí ya se han ido intuyendo varias de las causas más importantes del síndrome post-vacacional. Veámoslas con más detalle en este apartado, teniendo en cuenta que como ocurre en cualquier fenómeno psicológico, en el síndrome post-vacacional no hay una sola causa ni se da siempre por las mismas causas.

1. Cambio de hábitos

El simple cambio de hábitos puede hacer que se desarrolle ansiedad y malestar por la situación presente, dado que hay que acostumbrarse (física y psicológicamente) a nuevas rutinas y a un nuevo ritmo de vida.

2. Problemas de sueño

Los problemas de sueño vinculados a la necesidad de ajustarse a las responsabilidades forman parte de las causas más frecuentes e influyentes por las que aparece el síndrome post-vacacional.

3. Mala gestión del tiempo

El empezar a trabajar de nuevo sin habernos preparado para ello puede causarnos problemas, como la incapacidad de hacer todo lo que deberíamos hacer (objetivos de trabajo en nuestro contexto profesional, responsabilidades del hogar en el contexto doméstico, etc.). Esto hace que se nos acumulen los problemas, lo cual a su vez refuerza y mantiene el síndrome post-vacacional.

¿Qué hacer?

La asistencia psicológica puede ayudar a combatir el síndrome post-vacacional, a partir de un programa de intervención terapéutica corta.

En estas sesiones, los psicólogos “entrenan” al paciente para que le resulte más fácil abrazar los nuevos hábitos de vida y que pueda adaptarse a esa rutina con normalidad.

Una vez se ha dado este paso, el día a día una vez pasadas las vacaciones suele ser vivido con normalidad, sin experimentar un especial malestar por no estar en una playa o en un hotel de montaña.

Referencias bibliográficas:

● Dillner, Luisa (2013). How do you recover from jet lag? The Guardian.
● Nawijn, J., Marchand, M.A., Veenhoven, R., Vingerhoets, J. (2010). Vacationers Happier, but Most not Happier After a Holiday. 5(1): 35 – 47.

 

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Los beneficios psicológicos de practicar deporte

Los beneficios psicológicos de practicar deporte

El deporte es una de las prácticas humanas más antiguas. En muchas ocasiones, este fenómeno, que va más allá de la realización de ejercicio (algo que realizan involuntariamente hasta los animales no sociales), ha sido utilizado en rituales ligados a la religiosidad y a lo místico, y en otros casos ha ido vinculado a la creación de elementos culturales que cohesionen a toda la sociedad. Sin embargo, el deporte tiene efectos más allá de su impacto social: también nos aporta bienestar y ayudas para mantener un buen estilo de vida. En este artículo veremos cuáles son los beneficios psicológicos de practicar deporte, es decir, las ventajas que tiene y los beneficios psicológicos de practicar deporte y que no se limitan al mantenimiento de un buen estado físico.

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¿Qué es el deporte?

Empecemos con una breve definición de lo que es el deporte. Se trata de un conjunto de actividad basada en reglas especificadas, que es capaz de aportar beneficios a nivel de condición física en quienes lo practican, y que tiene un cierto componente competitivo (aunque la actividad en sí se realice en solitario, sin competición en tiempo real).

A veces, el deporte se practica en equipos (como en el caso del fútbol), y en otras ocasiones se realiza en solitario (como en el caso del salto con pértiga).

Así pues, aunque el deporte conlleva la práctica del ejercicio, no todo el ejercicio es deporte.

Beneficios psicológicos del deporte
Este es un resumen de los principales beneficios psicológicos del deporte, aquellos que van más allá del mantenimiento de una buena musculatura, postura corporal y regulación de los niveles de grasa.

1. Refuerza la autoestima

La práctica del deporte es una manera muy recomendable de reforzar la autoestima, por varios motivos.

Por un lado, al basarse en un conjunto de reglas y plantear un objetivo claro, permite ver fácilmente el progreso que se realiza en una actividad que nos involucra a muchos niveles, tanto física como mentalmente.

Por el otro, al ir asociado a la mejora de la condición física, quien practica deporte se siente más preparado para abordar todo tipo de retos.

Todo esto tiene un impacto claro en el autoconcepto, es decir, el concepto que se tiene de uno mismo, y hace que nos animemos más a involucrarnos activamente en tareas que exigen un cierto esfuerzo y constancia.

2. Ayuda a gestionar la ansiedad

Practicar deporte es una buena manera de regular nuestros niveles de estrés y ansiedad cuando notamos que estos nos sobrepasan y empiezan a ser un problema.

Esto es así porque, por un lado, el deporte nos obliga a concentrarnos mucho en una meta inmediata, algo que tiene que ver con lo que hacemos en el aquí y el ahora, y de esa manera los pensamientos obsesivos y las preocupaciones que nos hostigan quedan apartadas a un segundo plano.

Por el otro, el simple hecho de ejercer nuestra musculatura y realizar un gasto de energía de manera no dañina para el cuerpo genera una especie de “reinicio” en nuestra mente, haciendo que los músculos sean usados para responder a tareas concretas y dejen de estar en un estado de tensión debido simplemente al estrés.

3. Nos protege de la depresión

La realización de deporte basado en ejercicio moderado suele ser una recomendación que los psicólogos dan a quienes experimentan síntomas depresivos o de la distimia. Este tipo de trastornos del estado de ánimo nos llevan a un estado de inactividad y pasividad, y por eso la constancia de la práctica del deporte ayuda a salir de esas dinámicas de vida sedentaria que están reforzando a esa alteración psicológica.

4. Favorece la vida social

El deporte nunca es la simple práctica del deporte: viene de la mano del desarrollo de una afición, o a veces incluso de una pasión. Esto nos vuelve más propensos a congeniar con quienes tienen intereses similares a nosotros, y por consiguiente nos expone más a los contextos en los que nos vemos involucrados en conversaciones estimulantes.

5. Ayuda a retrasar el deterioro cognitivo

Si bien los principales factores del deterioro cognitivo aún no son muy conocidos por la ciencia, se ha visto que la práctica regular de deporte es capaz de hacer que los síntomas de este desgaste mental (asociado a la pérdida de memoria y de la capacidad de concentrarse) se retrasen.

6. Ayuda a conciliar el sueño

Siempre y cuando el deporte se practique por la mañana, al mediodía o antes del atardecer, hacer deporte nos ayuda a dormirnos rápidamente. Pero cuidado; realizar ejercicio horas antes de irse a la cama tiene el efecto contrario, ya que para cuando intentemos dormir aún estaremos muy activados.

7. Nos ayuda a ser más productivos

La práctica de deporte nos ayuda a organizar mejor nuestro tiempo y a acostumbrarnos a abordar nuestras responsabilidades desde una mentalidad de planificación. A fin de cuentas, el deporte siempre se basa en reglas y nos exige esforzarnos en el aquí y el ahora, sin dejar las tareas para otro momento.

8. Contribuye a concentrarnos

Cuando hacemos deporte, nos estamos involucrando en una actividad que exige altos niveles de concentración. Lo que aprendamos acerca de esta gestión atencional mientras asumimos nuestro rol de deportistas también se trasladará a otros ámbitos de nuestra vida.

9. Nos ayuda a conocer nuestro cuerpo

Quien hace deporte tiene un mapa mental de su cuerpo mucho más rico que quien no se mueve demasiado. Esto implica saber qué movimientos pueden generar lesiones. Cómo podemos mantener el equilibrio en ciertas situaciones, cuál es nuestro límite de flexibilidad, de qué manera debemos levantar un objeto pesado, etc.

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Referencias bibliográficas:

Eassom, S. (1994). Critical Reflections on Olympic Ideology. Ontario: The Centre for Olympic Studies. pp. 120 – 123.
Jowett, S. (2014). Interdependence Theory and Coach-Athlete Relationships. En Eklund & Tenenbaum (Eds), Sage Encyclopedia of Sport and Exercise Psychology. Sage.
Lüschen, G. (1982). Deporte internacional e identidad nacional. Revista Internacional de Ciencias Sociales (Unesco) XXXIV (2): 209 – 222.
Moreau, D., y Conway, A. R. A. (2013). Cognitive enhancement: A comparative review of computerized and athletic training programs. International Review of Sport and Exercise Psychology, 6(1), 155 – 183.

Beneficios de la lectura

Los beneficios psicológicos de la lectura

Si el ser humano es lo que es, esto es gracias en buena parte, de nuestra habilidad aprendida de leer y escribir. Estudiaremos los principales beneficios psicológicos de la lectura.

Toda nuestra sociedad funciona gracias al hecho de que podemos utilizar la escritura como un sistema de “memoria extendida”, con el que podemos almacenar una cantidad prácticamente ilimitada de información de todo tipo independientemente de las limitaciones de nuestra propia memoria.

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Los 6 beneficios de la lectura

Por ello, y porque buena parte de nuestro funcionamiento social se explica gracias a la existencia de estos escritos, en este artículo veremos cuáles son los beneficios psicológicos de la lectura; el modo en el que leer nos aporta ventajas que van más allá del placer o de la necesidad de saber algo en un momento puntual.

Estos son los principales beneficios psicológicos que el hábito de la lectura nos aporta en nuestro día a día.

1. Nos ayuda a relajarnos

La lectura puede ser una poderosa aliada contra los efectos perjudiciales del exceso de estrés y ansiedad. Nos permite desconectar en cuestión de pocos minutos, sumergirnos en un tema de interés y permitir que nuestro foco de atención deje de estar fijado en aquello que nos lleva preocupando durante mucho rato.

En cierto sentido, leer puede llegar a ser una experiencia similar a la meditación, pues nos ayuda a ganar control sobre nuestra atención y nos separa de nuestras obsesiones para poder centrarnos en el aquí y el ahora.

Así, al terminar de leer, afrontamos nuestros problemas con energías renovadas y sin estar condicionados por el hecho de haber estado atrapados en el mismo bucle mental una y otra vez durante mucho tiempo.

2. Ayuda a retrasar el desgaste cognitivo

Leer mucho no solo permite llegar a conocer cosas que nunca llegaríamos a saber si no fuese por la existencia de ciertos textos; además, nos ayuda a tener un “mapa mental” más enriquecido, en el que cada concepto o idea que hemos interiorizado está conectado a más conceptos o ideas.

Esto es así porque leer nos expone a conceptos que probablemente nunca habríamos aprendido de otra manera, y cada uno de estos nuevos conceptos se basa a su vez en la combinación de las propiedades de otros conceptos.

De esta manera, nuestra mente pasa a estar compuesta por una red de ideas más densa, en la que es posible encontrar varias “rutas mentales” que van de una idea a otra. Y esto, por lo que se ha visto, ayuda a combatir los efectos del desgaste cognitivo producido por la edad, e incluso de las enfermedades neurodegenerativas.

3. Nos ayuda a empatizar

La lectura de ciertos textos escritos desde el punto de vista de personas muy diferentes a nosotros nos permite empatizar con grupos de población que, de otra forma, habrían permanecido totalmente desconocidas para nosotros.

Así, se pasa de no comprender las inquietudes y manera de pensar de una parte de la sociedad, a haber pasado por el proceso de compartir motivaciones, esperanzas y preocupaciones; los textos ofrecen el espacio suficiente para introducirnos en el contexto social de esos sujetos, de manera que es más fácil comprender la mentalidad de quienes viven inmersos en esas situaciones.

4. Nos ofrece un ritual para conciliar el sueño

La lectura de algunos tipos de texto puede llegar a ser útil para conciliar el sueño, si adoptamos el hábito de leer durante unos minutos justo antes de dormir. Nos involucra en una actividad en la que el cuerpo queda más o menos inmóvil y nos dedicamos solo a experimentar imágenes que acceden a nuestra consciencia gracias a una fuente de estímulos externa.

Por eso, si estamos predispuestos a dormir, es fácil que sin darnos cuenta nos quedemos con la experimentación de imágenes desligadas de nuestro entorno y que cada vez tienen menos que ver con lo que leemos, hasta que pasan a ser prácticamente sueños surgidos mientras dormitamos.

Eso sí, esto no funciona con lecturas que nos obligan a pensar mucho; lo ideal es recurrir a los libros que narran historias sencillas y escritas de una manera fácil de comprender, lo contrario a libros de no ficción sin historia y que solamente enseñan conceptos abstractos (los cuales también tienen su valor, pero no para conciliar el sueño).

5. Nos ayuda a dominar el lenguaje

No hay que olvidar que la lectura está vinculada a las habilidades mentales relacionadas con el uso del lenguaje. El hábito de leer nos permite aprender nuevas fórmulas lingüísticas para expresar ideas complejas mediante el uso de expresiones que quizás no se nos habrían ocurrido y no habríamos llegado a conocer por nosotros solos.

Esto tiene beneficios tanto en nuestras relaciones personales (nos permite socializar en más contextos y con más gente) y, por supuesto, laborales. Eso sí, para escribir bien no es suficiente con leer; hay que escribir, si bien el hecho de haber leído mucho nos facilita más las cosas.

6. Nos permite aprender rápidamente

Aprender no solo consiste en memorizar mucho en poco tiempo; también consiste en saber dónde encontrar un tipo de información cuando lo necesitamos.

Leer nos expone a muchas fuentes de información diferentes, y de esta manera ayuda a que creemos un “directorio de conocimientos” en nuestra cabeza. Puede que no recordamos toda la información de un texto que hemos leído, pero probablemente sí nos quedará una noción de los temas tratados en esas páginas, de manera que si en el futuro necesitamos acceder a esa información, sabremos dónde buscar.

 

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Referencias bibliográficas:

Bolitho, J. (2011). Reading into wellbeing: Bibliotherapy, libraries, health and social connection. Aplis. 24 (2): 89 – 90.
Dwivedi, K.N. (1997). The therapeutic use of stories. Nueva York: Routledge.

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