Crecimiento personal

¿Cómo conseguir un nuevo trabajo? 12 claves fundamentales

como conseguir nuevo trabajo

Cómo conseguir un nuevo trabajo no es fácil. Ser capaz de encontrar un trabajo basado en una actividad que nos guste puede llegar a determinar gran parte de las experiencias positivas o negativas que viviremos. Sin embargo, este hecho va de la mano de una realidad incómoda: encontrar trabajo no es algo que se enseñe en las escuelas y universidades antes de lanzarse al mercado laboral.

En este artículo encontrarás una serie de consejos y claves psicológicas para saber cómo conseguir un nuevo trabajo, con algunos ejemplos para que sea fácil aplicar estas ideas.

¿Cómo conseguir un nuevo trabajo?

Está claro que no podemos controlar totalmente si vamos a pasar un proceso de selección de personal o no, pero si nos lo proponemos y sabemos qué hacer, es posible mejorar nuestras probabilidades de éxito. En las siguientes líneas puedes ver varios consejos acerca de cómo conseguir un nuevo trabajo aplicando estrategias eficaces a tu búsqueda de un empleo.

 

1. Define tus metas

Por mucho que pueda parecer que no lanzarse a buscar trabajo inmediatamente es perder el tiempo, es importante hacerlo solo cuando tengas claros tus objetivos. Esto no solo hará disminuir el riesgo de encontrarte trabajando en algo que no te gusta; además, te dotará de mayor seguridad en lo que haces, y esto se notará tanto en las entrevistas de trabajo como en tu manera de rendir en el ámbito profesional una vez hayas accedido al puesto.

2. Ten en cuenta tus recursos

La búsqueda de un nuevo trabajo puede ser un proceso que dure semanas o incluso algunos meses, dependiendo de tus preferencias y de tu situación. Por eso, haz cálculos sobre tus posibilidades económicas y el tiempo con el que dispones.

3. Ten claras tus fortalezas y debilidades

Merece la pena que sepas en qué aspectos destacas más, y en cuáles te hace falta aprender más o seguir entrenándote. Esto te ayudará a encontrar las estrategias de búsqueda de empleo que mejor se adapten a tus características.

4. Plantéate el tipo de autonomía que buscas en tu trabajo

No hay que olvidar que hay mucho campo más allá del trabajo por cuenta ajena: también es posible auto-emplearse. Tomar esta decisión es muy importante, porque cada una de estas dos opciones definirá tu manera de conseguir un nuevo trabajo.

En general, si sientes que te falta experiencia y dinero, lo más probable es que trabajar con un sueldo como empleado o empleada de una empresa te compense más, pero considera los pros y los contras de cada posibilidad.

5. Si quieres que te contraten, elige bien el canal para comunicarlo

Hay que ser cuidadosos a la hora de presentar tu candidatura para conseguir trabajo. No inundes con mails y currículums a una misma empresa, elige el canal que tengan habilitado para ello (no lo hagas por canales menos importantes, como el chat de su página de Facebook), y manda una sola vez tu candidatura. Si te interesa mucho ese lugar y no te corresponden, deja pasar unos meses antes de volver a ponerte en contacto con ellos.

6. Realiza acciones por orden de prioridad

Establece una lista de nichos profesionales en los que te gustaría trabajar, y céntrate en los que más te importan. Muchas veces, la desorganización en este aspecto hace que nos volvamos demasiado dispersos y que las oportunidades nos lleguen desde ofertas de empleo que no nos interesan tanto, mientras que desatendemos otras oportunidades más interesantes sin ni siquiera explorarlas.

7. Cuida la imagen y la organización de tu CV

Si has optado por intentar que te contraten empresas, cuida mucho tu CV. Piensa que la mayoría de profesionales de selección de personal no tienen por qué leerse todos los currículums que reciben, y si les llega uno que es incómodo de leer, es probable que en cuanto lean algo que no encaja con lo que buscan, pasen a otro candidato.

Los currículums estéticamente atrayentes, por así decirlo, nos vuelven más propensos a que nos den “segundas oportunidades”, porque la lectura del CV es fluida y cómoda y seguir indagando en nuestro perfil no se siente como una pérdida de tiempo.

Así pues, asegúrate de que este documento contiene información dividida en bloques temáticos fáciles de identificar y de localizar en un vistazo, y expresa solo lo más importante, con los datos más relevantes al inicio de cada sección.

8. Cuida mucho la redacción

Es muy importante que tanto el CV como la carta de presentación o los posibles correos que mandes a potenciales socios e inversores tengan una buena ortografía y un uso correcto de la gramática. De lo contrario, estarás dando una mala imagen que en muchos sectores suele resultar inaceptable, sobre todo para trabajos cualificados.

9. Cuida tu imagen personal

Del mismo modo en el que la estética y el diseño de tu CV importan, cuida tu aspecto. Esto no significa que lleves trajes o vestidos elegantes, claro; simplemente evita dar un aspecto dejado, y adecua tu vestimenta al tipo de organización que vas a visitar, apostando por lo formal en unos casos y por lo natural en otros.

10. Practica la escucha activa

Esto te servirá en contextos muy diferentes a medida que avances casillas en la búsqueda de empleo: entrevistas personales, rondas de inversores, etc. La idea es no solo tratar de convencer emitiendo información, sino también aprender en tiempo real acerca de las expectativas y las necesidades de quienes pueden hacer posible que accedamos al tipo de trabajo que nos interesa.

11. Busca maneras de compensar tus defectos o hacer de ellos oportunidades

Todo el mundo tiene defectos, pero eso no tiene por qué significar que estemos predestinados a no encontrar trabajo en algo que nos guste. Simplemente, piensa en cómo hacer que no interfieran en tu trabajo, ya sea aprendiendo nuevas formas de trabajar o eligiendo estrategias en las que esos fallos no tengan un impacto significativo en tu rendimiento y en tu relación con los demás.

12. Aprende a controlar el estrés

Saber gestionar el estrés y la ansiedad de la búsqueda de empleo es clave para aumentar tus probabilidades de éxito y evitar que tu salud y calidad de vida sufran demasiado desgaste. Para ello, te puede resultar muy útil acudir a sesiones de psicoterapia: en la consulta del psicólogo, los pacientes reciben entrenamiento orientado a regular sus estados emocionales y a limitar el poder que los nervios tienen sobre uno mismo.

 

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Referencias bibliográficas:

Lock, E.A., & Latham, G.P. (1990). A theory of goal setting and task performance. Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall.
Peeters, M. A., Van Tuijl, H. F., Rutte, C. G., & Reymen, I. M. (2006). Personality and team performance: a meta‐analysis. European Journal of Personality: Published for the European Association of Personality Psychology, 20(5), 377-396.

10 hábitos para prevenir trastornos psicológicos

Hábitos para prevenir los trastornos psicológicos

Nadie está predestinado a experimentar un trastorno psicológico. Si bien es cierto que a lo largo de la vida es probable entrar en alguna fase en la que la salud mental se ve comprometida (por crisis familiares, enfermedad, etc.), lo cierto es que hay mucho que podemos hacer para evitar en la medida de lo posible la aparición de estas alteraciones psicológicas. En este artículo vamos a ver 10 hábitos para prevenir trastornos psicológicos, y además explicaremos varias maneras de incorporarlos a tu vida de una manera consistente.

Hábitos para prevenir trastornos psicológicos

Estas son varias de las rutinas que puedes seguir para prevenir la aparición de trastornos. Muchas de ellas tienen que ver con prevenir la ansiedad, un elemento psicológico que aparece en la mayoría de trastornos mentales.

 

1. No consumas drogas

Este es, posiblemente, el hábito más eficaz para evitar tener problemas en lo relativo a tu salud mental: alejarse de las drogas todo lo posible. Incluyendo el alcohol y el cannabis, que si bien en ciertos entornos gozan de buena imagen (a pesar de que la venta de lo segundo esté prohibido en la mayoría de países), también tienen serias repercusiones psicológicas y son capaces de generar dependencia.

Son muchos los estudios que indican que el consumo de drogas aumentan mucho el riesgo de empezar a manifestar trastornos de tipo psicótico, e incluso si estos síntomas no aparecen, la adicción suelen venir acompañada de alteraciones mentales muy negativas para la salud.

Por cierto, que una droga sea considerada un producto “natural” tampoco es excusa. Hay muchas cosas que a pesar de ser consumidas sin procesarlas demasiado pueden llegar a dañar mucho el funcionamiento del organismo.

2. Duerme bien

Dormir permite que nuestro sistema nervioso se repare y se prepare para un nuevo día en el que deberemos gastar energía y concentrarnos. Acostumbrarse a no tener las horas de sueño necesarias nos perjudica de dos formas: empeora nuestro estado de salud de manera directa, y nos predispone a tomar sustancias que pueden agravar la situación.

3. Haz ejercicio moderado

Practica ejercicio o algún deporte cada dos o tres días, durante más o menos una hora. Esto no solo servirá para ponerte en forma: además, te activará y te proporcionará un contexto en el que desconectar y descargar tensiones.

El hábito de practicar deporte a menudo resulta especialmente eficaz para prevenir los trastornos de ansiedad.

4. Organiza bien tu tiempo

No organizarse bien puede aumentar el riesgo de que empiecen a manifestarse trastornos mentales, porque genera picos de estrés y de ansiedad, y muchas veces nos lleva a aislarnos por falta de tiempo para estar con más gente. Lo cual nos lleva al siguiente consejo

5. Cuida tu vida social

Relacionarnos con los demás no solo sirve para pasar el rato, obtener información y contar con ayuda cuando la pedimos. También tiene un efecto en el funcionamiento de nuestros procesos mentales.

Y es que el aislamiento resultante de pasar mucho tiempo a solas propicia la rumiación, la frustración, sedentarismo, y en general no nos aporta referentes externos para saber en qué momento nuestra salud mental empieza a declinar.

6. Mantén tu mente activada

Es importante que te plantees metas psicológicamente estimulante, objetivos que te obliguen a salir de tu zona de confort. Los hábitos de vida caracterizados por la monotonía hacen que nos estanquemos, mientras que mantener más actividad nos permite reforzar la calidad de nuestras capacidades cognitivas: memorizar, razonar, comunicarnos, etc.

7. Acude a profesionales cuando haga falta

Puede parecer obvio, pero para prevenir trastornos mentales, es importante disponer de la determinación para ir al psicólogo en cuando empezamos a notar que algo no va bien. Postergarlo tan solo empeorará la situación, en muchos casos.

8. Come bien

Otro aspecto básico de la salud mental es que el modo en el que nos sentimos física y psicológicamente depende de la materia prima que le aportamos a nuestro organismo.

Asegúrate de comer bien y de disponer de todos los nutrientes necesarios. De este modo t cuerpo no sufrirá para llegar a los objetivos relacionados con las demandas del día a día (madrugar, llegar al trabajo, concentrarse en una tarea, etc.) algo que podría resultar en un estado psicológico descompensado (un trastorno de ansiedad, baja autoestima por no alcanzar las metas, etc.).

9. Haz escapadas a la naturaleza

Este es otro de esos hábitos para prevenir trastornos mentales que tienen que ver con la importancia de desconectar de nuestras preocupaciones y obsesiones.

Pasear por entornos naturales nos ayuda a dejar de prestarles atención a ciertos pensamientos persistentes y que nos pueden inducir a estados de estrés. La naturaleza nos invita a perdernos en el aquí y el ahora, en el mundo de las sensaciones, algo que se parece mucho a lo que ocurre al meditar.

10. Aprende a no compararte con los demás

Las personas que están constantemente comparándose con los otros tienen más posibilidades de sufrir a causa de inseguridades, baja autoestima, etc. Hay que acostumbrarse a adoptar un punto de vida distanciado y neutral, que no sea presa de la desesperación por agradar a todo el mundo o por encajar en los cánones de lo bello o lo popular.

 

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Referencias bibliográficas

  • American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders. Arlington, VA: American Psychiatric Association.
  • de Weerth, C. (2017). Do bacteria shape our development? Crosstalk between intestinal microbiota and HPA axis. Neuroscience & Biobehavioral Reviews. 83: 458–471. 
  • Jeronimus et al. (2016). Neuroticism’s prospective association with mental disorders halves after adjustment for baseline symptoms and psychiatric history, but the adjusted association hardly decays with time: a meta-analysis on 59 longitudinal/prospective studies with 443 313 participants». Psychological Medicine 46 (14): pp. 2883 – 2906.
  • Öhman, A. (2000). Fear and anxiety: Evolutionary, cognitive, and clinical perspectives. In Lewis M, Haviland-Jones JM (eds.). Handbook of emotions. New York: The Guilford Press. pp. 573–93. 
  • Weston, D.; Morrison, K. (2001). A multidimensional meta-analysis of treatments for depression, panic, and generalized anxiety disorder: An empirical examination of the status of empirically supported therapies. Journal of Consulting and Clinical Psychology. 69 (6): 875–899.

 

Síndrome post-vacacional: ¿por qué ocurre y cuáles son sus síntomas?

Síndrome post-vacacional

El síndrome post-vacacional es una realidad que muchas personas tienen que afrontar en etapas concretas en las que vuelven de vacaciones. No se trata de un trastorno mental al uso, sino de un fenómeno psicológico que engloba varios factores y que se expresa a través de diversas formas de malestar. En este artículo veremos  el síndrome post-vacacional, por qué ocurre, cuáles son sus causas más frecuentes, y qué síntomas lo caracterizan.

¿Qué es el síndrome post-vacacional?

Podemos definir el síndrome post-vacacional como un fenómeno psicológico asociado a la tristeza y el malestar y que se da a la vuelta de vacaciones, durante los primeros días de la vuelta a la rutina en el trabajo o en la atención a las responsabilidades domésticas o familiares.

No es ni un tipo de depresión ni un trastorno mental en general, aunque algunos de sus síntomas se asemejen en parte a los propios de los trastornos del estado de ánimo. Se trata de una experiencia fuertemente vinculada al contexto que se está viviendo durante esos primeros días de retorno a las exigencias del día a día. Por ello, no es tampoco una condición crónica que vaya a afectarnos toda la vida cada vez que volvamos de esa fase de relajación y ocio.

Sin embargo, en algunos casos este nivel de malestar puede ser lo suficientemente intenso como para que quien lo vive en carne propia decida acudir al psicólogo a recibir terapia.

En cualquier caso, las experiencias negativas vinculadas al síndrome post-vacacional se desvanecen al cabo de unos pocos días o semanas, si bien la psicoterapia puede ayudar a que desaparezca antes.

 

Síntomas

Tal y como hemos visto, el síndrome post-vacacional no es exactamente un trastorno, sino un fenómeno psicológico transitorio y cuyo potencial para perjudicar nuestra calidad de vida es relativamente bajo.

Por ello, cuando hablamos de los síntomas del síndrome post-vacacional, no debemos entender este concepto como referente a lo que es expresado por una patología, sino simplemente como elementos psicológicos, fisiológicos y comportamentales que son fruto de la transición de unos hábitos a otros.

Aquí distinguiremos entre síntomas psicológicos, síntomas fisiológicos y síntomas comportamentales del síndrome post-vacacional.

Síntomas psicológicos

Entre los síntomas psicológicos más comunes encontramos los pensamientos de añoranza con respecto a lo que se ha vivido en el periodo vacacional, así como fases en las que se fantasea con volver allí o en las que se rememora lo sucedido para abstraerse del presente.

También destaca la presencia de la desesperanza acerca de lo que nos depara el aquí y el ahora (y los días por venir), con una visión sesgada sobre los esfuerzos que vamos a tener que realizar. Estas apreciaciones negativas son sobredimensionadas, y se dan porque quien sufre síndrome post-vacacional aún tiene como referencia básica lo que se ha experimentado durante las vacaciones.

Por otro lado, también es frecuente que aparezca la creencia de que uno mismo no va a ser capaz de hacer frente a todo el trabajo que hay por delante, de manera que en algunos casos se entra en un cierto estado de alarma.

Síntomas fisiológicos

En el síndrome post-vacacional es frecuente sentirse débil y a la vez ansioso, con los músculos que por defecto permanecen en un estado de tensión pero experimentando cierta pérdida de fuerza transitoria.

Esto tiene que ver muchas veces con el cambio brusco de hábitos de sueño y, en ciertos casos, también con el jet-lag, que puede llegar a solaparse con el síndrome post-vacacional.
Síntomas comportamentales

Entre los síntomas comportamentales que encontramos en las personas con síndrome post-vacacional figuran la pasividad y la procrastinación, derivados normalmente de la falta de energía o de la parálisis ante la idea de tener que hacer frente a demasiadas responsabilidades. Con el tiempo, los efectos de este fenómeno van agravándose, dado que van acumulándose tareas.

Causas

Hasta aquí ya se han ido intuyendo varias de las causas más importantes del síndrome post-vacacional. Veámoslas con más detalle en este apartado, teniendo en cuenta que como ocurre en cualquier fenómeno psicológico, en el síndrome post-vacacional no hay una sola causa ni se da siempre por las mismas causas.

1. Cambio de hábitos

El simple cambio de hábitos puede hacer que se desarrolle ansiedad y malestar por la situación presente, dado que hay que acostumbrarse (física y psicológicamente) a nuevas rutinas y a un nuevo ritmo de vida.

2. Problemas de sueño

Los problemas de sueño vinculados a la necesidad de ajustarse a las responsabilidades forman parte de las causas más frecuentes e influyentes por las que aparece el síndrome post-vacacional.

3. Mala gestión del tiempo

El empezar a trabajar de nuevo sin habernos preparado para ello puede causarnos problemas, como la incapacidad de hacer todo lo que deberíamos hacer (objetivos de trabajo en nuestro contexto profesional, responsabilidades del hogar en el contexto doméstico, etc.). Esto hace que se nos acumulen los problemas, lo cual a su vez refuerza y mantiene el síndrome post-vacacional.

¿Qué hacer?

La asistencia psicológica puede ayudar a combatir el síndrome post-vacacional, a partir de un programa de intervención terapéutica corta.

En estas sesiones, los psicólogos “entrenan” al paciente para que le resulte más fácil abrazar los nuevos hábitos de vida y que pueda adaptarse a esa rutina con normalidad.

Una vez se ha dado este paso, el día a día una vez pasadas las vacaciones suele ser vivido con normalidad, sin experimentar un especial malestar por no estar en una playa o en un hotel de montaña.

 

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Referencias bibliográficas:

● Dillner, Luisa (2013). How do you recover from jet lag? The Guardian.
● Nawijn, J., Marchand, M.A., Veenhoven, R., Vingerhoets, J. (2010). Vacationers Happier, but Most not Happier After a Holiday. 5(1): 35 – 47.

 

Los beneficios psicológicos de practicar deporte

Los beneficios psicológicos de practicar deporte

El deporte es una de las prácticas humanas más antiguas. En muchas ocasiones, este fenómeno, que va más allá de la realización de ejercicio (algo que realizan involuntariamente hasta los animales no sociales), ha sido utilizado en rituales ligados a la religiosidad y a lo místico, y en otros casos ha ido vinculado a la creación de elementos culturales que cohesionen a toda la sociedad. Sin embargo, el deporte tiene efectos más allá de su impacto social: también nos aporta bienestar y ayudas para mantener un buen estilo de vida. En este artículo veremos cuáles son los beneficios psicológicos de practicar deporte, es decir, las ventajas que tiene y los beneficios psicológicos de practicar deporte y que no se limitan al mantenimiento de un buen estado físico.

¿Qué es el deporte?

Empecemos con una breve definición de lo que es el deporte. Se trata de un conjunto de actividad basada en reglas especificadas, que es capaz de aportar beneficios a nivel de condición física en quienes lo practican, y que tiene un cierto componente competitivo (aunque la actividad en sí se realice en solitario, sin competición en tiempo real).

A veces, el deporte se practica en equipos (como en el caso del fútbol), y en otras ocasiones se realiza en solitario (como en el caso del salto con pértiga).

Así pues, aunque el deporte conlleva la práctica del ejercicio, no todo el ejercicio es deporte.

Beneficios psicológicos del deporte
Este es un resumen de los principales beneficios psicológicos del deporte, aquellos que van más allá del mantenimiento de una buena musculatura, postura corporal y regulación de los niveles de grasa.

 

1. Refuerza la autoestima

La práctica del deporte es una manera muy recomendable de reforzar la autoestima, por varios motivos.

Por un lado, al basarse en un conjunto de reglas y plantear un objetivo claro, permite ver fácilmente el progreso que se realiza en una actividad que nos involucra a muchos niveles, tanto física como mentalmente.

Por el otro, al ir asociado a la mejora de la condición física, quien practica deporte se siente más preparado para abordar todo tipo de retos.

Todo esto tiene un impacto claro en el autoconcepto, es decir, el concepto que se tiene de uno mismo, y hace que nos animemos más a involucrarnos activamente en tareas que exigen un cierto esfuerzo y constancia.

 

2. Ayuda a gestionar la ansiedad

Practicar deporte es una buena manera de regular nuestros niveles de estrés y ansiedad cuando notamos que estos nos sobrepasan y empiezan a ser un problema.

Esto es así porque, por un lado, el deporte nos obliga a concentrarnos mucho en una meta inmediata, algo que tiene que ver con lo que hacemos en el aquí y el ahora, y de esa manera los pensamientos obsesivos y las preocupaciones que nos hostigan quedan apartadas a un segundo plano.

Por el otro, el simple hecho de ejercer nuestra musculatura y realizar un gasto de energía de manera no dañina para el cuerpo genera una especie de “reinicio” en nuestra mente, haciendo que los músculos sean usados para responder a tareas concretas y dejen de estar en un estado de tensión debido simplemente al estrés.

3. Nos protege de la depresión

La realización de deporte basado en ejercicio moderado suele ser una recomendación que los psicólogos dan a quienes experimentan síntomas depresivos o de la distimia. Este tipo de trastornos del estado de ánimo nos llevan a un estado de inactividad y pasividad, y por eso la constancia de la práctica del deporte ayuda a salir de esas dinámicas de vida sedentaria que están reforzando a esa alteración psicológica.

 

4. Favorece la vida social

El deporte nunca es la simple práctica del deporte: viene de la mano del desarrollo de una afición, o a veces incluso de una pasión. Esto nos vuelve más propensos a congeniar con quienes tienen intereses similares a nosotros, y por consiguiente nos expone más a los contextos en los que nos vemos involucrados en conversaciones estimulantes.

 

5. Ayuda a retrasar el deterioro cognitivo

Si bien los principales factores del deterioro cognitivo aún no son muy conocidos por la ciencia, se ha visto que la práctica regular de deporte es capaz de hacer que los síntomas de este desgaste mental (asociado a la pérdida de memoria y de la capacidad de concentrarse) se retrasen.

6. Ayuda a conciliar el sueño

Siempre y cuando el deporte se practique por la mañana, al mediodía o antes del atardecer, hacer deporte nos ayuda a dormirnos rápidamente. Pero cuidado; realizar ejercicio horas antes de irse a la cama tiene el efecto contrario, ya que para cuando intentemos dormir aún estaremos muy activados.

7. Nos ayuda a ser más productivos

La práctica de deporte nos ayuda a organizar mejor nuestro tiempo y a acostumbrarnos a abordar nuestras responsabilidades desde una mentalidad de planificación. A fin de cuentas, el deporte siempre se basa en reglas y nos exige esforzarnos en el aquí y el ahora, sin dejar las tareas para otro momento.

8. Contribuye a concentrarnos

Cuando hacemos deporte, nos estamos involucrando en una actividad que exige altos niveles de concentración. Lo que aprendamos acerca de esta gestión atencional mientras asumimos nuestro rol de deportistas también se trasladará a otros ámbitos de nuestra vida.

 

9. Nos ayuda a conocer nuestro cuerpo

Quien hace deporte tiene un mapa mental de su cuerpo mucho más rico que quien no se mueve demasiado. Esto implica saber qué movimientos pueden generar lesiones. Cómo podemos mantener el equilibrio en ciertas situaciones, cuál es nuestro límite de flexibilidad, de qué manera debemos levantar un objeto pesado, etc.

 

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Referencias bibliográficas:

Eassom, S. (1994). Critical Reflections on Olympic Ideology. Ontario: The Centre for Olympic Studies. pp. 120 – 123.
Jowett, S. (2014). Interdependence Theory and Coach-Athlete Relationships. En Eklund & Tenenbaum (Eds), Sage Encyclopedia of Sport and Exercise Psychology. Sage.
Lüschen, G. (1982). Deporte internacional e identidad nacional. Revista Internacional de Ciencias Sociales (Unesco) XXXIV (2): 209 – 222.
Moreau, D., y Conway, A. R. A. (2013). Cognitive enhancement: A comparative review of computerized and athletic training programs. International Review of Sport and Exercise Psychology, 6(1), 155 – 183.

Los beneficios psicológicos de la lectura

Beneficios de la lectura

Si el ser humano es lo que es, esto es gracias en buena parte, de nuestra habilidad aprendida de leer y escribir. Estudiaremos los principales beneficios psicológicos de la lectura.

Toda nuestra sociedad funciona gracias al hecho de que podemos utilizar la escritura como un sistema de “memoria extendida”, con el que podemos almacenar una cantidad prácticamente ilimitada de información de todo tipo independientemente de las limitaciones de nuestra propia memoria.

Los 6 beneficios de la lectura

Por ello, y porque buena parte de nuestro funcionamiento social se explica gracias a la existencia de estos escritos, en este artículo veremos cuáles son los beneficios psicológicos de la lectura; el modo en el que leer nos aporta ventajas que van más allá del placer o de la necesidad de saber algo en un momento puntual.

Estos son los principales beneficios psicológicos que el hábito de la lectura nos aporta en nuestro día a día.

 

1. Nos ayuda a relajarnos

La lectura puede ser una poderosa aliada contra los efectos perjudiciales del exceso de estrés y ansiedad. Nos permite desconectar en cuestión de pocos minutos, sumergirnos en un tema de interés y permitir que nuestro foco de atención deje de estar fijado en aquello que nos lleva preocupando durante mucho rato.

En cierto sentido, leer puede llegar a ser una experiencia similar a la meditación, pues nos ayuda a ganar control sobre nuestra atención y nos separa de nuestras obsesiones para poder centrarnos en el aquí y el ahora.

Así, al terminar de leer, afrontamos nuestros problemas con energías renovadas y sin estar condicionados por el hecho de haber estado atrapados en el mismo bucle mental una y otra vez durante mucho tiempo.

2. Ayuda a retrasar el desgaste cognitivo

Leer mucho no solo permite llegar a conocer cosas que nunca llegaríamos a saber si no fuese por la existencia de ciertos textos; además, nos ayuda a tener un “mapa mental” más enriquecido, en el que cada concepto o idea que hemos interiorizado está conectado a más conceptos o ideas.

Esto es así porque leer nos expone a conceptos que probablemente nunca habríamos aprendido de otra manera, y cada uno de estos nuevos conceptos se basa a su vez en la combinación de las propiedades de otros conceptos.

De esta manera, nuestra mente pasa a estar compuesta por una red de ideas más densa, en la que es posible encontrar varias “rutas mentales” que van de una idea a otra. Y esto, por lo que se ha visto, ayuda a combatir los efectos del desgaste cognitivo producido por la edad, e incluso de las enfermedades neurodegenerativas.

3. Nos ayuda a empatizar

La lectura de ciertos textos escritos desde el punto de vista de personas muy diferentes a nosotros nos permite empatizar con grupos de población que, de otra forma, habrían permanecido totalmente desconocidas para nosotros.

Así, se pasa de no comprender las inquietudes y manera de pensar de una parte de la sociedad, a haber pasado por el proceso de compartir motivaciones, esperanzas y preocupaciones; los textos ofrecen el espacio suficiente para introducirnos en el contexto social de esos sujetos, de manera que es más fácil comprender la mentalidad de quienes viven inmersos en esas situaciones.

4. Nos ofrece un ritual para conciliar el sueño

La lectura de algunos tipos de texto puede llegar a ser útil para conciliar el sueño, si adoptamos el hábito de leer durante unos minutos justo antes de dormir. Nos involucra en una actividad en la que el cuerpo queda más o menos inmóvil y nos dedicamos solo a experimentar imágenes que acceden a nuestra consciencia gracias a una fuente de estímulos externa.

Por eso, si estamos predispuestos a dormir, es fácil que sin darnos cuenta nos quedemos con la experimentación de imágenes desligadas de nuestro entorno y que cada vez tienen menos que ver con lo que leemos, hasta que pasan a ser prácticamente sueños surgidos mientras dormitamos.

Eso sí, esto no funciona con lecturas que nos obligan a pensar mucho; lo ideal es recurrir a los libros que narran historias sencillas y escritas de una manera fácil de comprender, lo contrario a libros de no ficción sin historia y que solamente enseñan conceptos abstractos (los cuales también tienen su valor, pero no para conciliar el sueño).

5. Nos ayuda a dominar el lenguaje

No hay que olvidar que la lectura está vinculada a las habilidades mentales relacionadas con el uso del lenguaje. El hábito de leer nos permite aprender nuevas fórmulas lingüísticas para expresar ideas complejas mediante el uso de expresiones que quizás no se nos habrían ocurrido y no habríamos llegado a conocer por nosotros solos.

Esto tiene beneficios tanto en nuestras relaciones personales (nos permite socializar en más contextos y con más gente) y, por supuesto, laborales. Eso sí, para escribir bien no es suficiente con leer; hay que escribir, si bien el hecho de haber leído mucho nos facilita más las cosas.

6. Nos permite aprender rápidamente

Aprender no solo consiste en memorizar mucho en poco tiempo; también consiste en saber dónde encontrar un tipo de información cuando lo necesitamos.

Leer nos expone a muchas fuentes de información diferentes, y de esta manera ayuda a que creemos un “directorio de conocimientos” en nuestra cabeza. Puede que no recordamos toda la información de un texto que hemos leído, pero probablemente sí nos quedará una noción de los temas tratados en esas páginas, de manera que si en el futuro necesitamos acceder a esa información, sabremos dónde buscar.

 

 

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Referencias bibliográficas:

Bolitho, J. (2011). Reading into wellbeing: Bibliotherapy, libraries, health and social connection. Aplis. 24 (2): 89 – 90.
Dwivedi, K.N. (1997). The therapeutic use of stories. Nueva York: Routledge.

7 grandes consejos para la autorregulación emocional

autorregulación emocional

La autorregulación emocional es una capacidad que tenemos todas las personas. En la sociedad actual estamos bombardeados con estímulos de todo tipo que en cada momento requieren una respuesta e incluso nos predisponen a un estado de antelación y de expectativa de la que nos es difícil extraernos. Esta cantidad de estímulos no nos dejan en muchas ocasiones ser conscientes de cómo queremos expresar aquello que nos sucede a nivel emocional, lo que conduce muchas veces a dar respuestas inadecuadas.

¿Qué es la autorregulación emocional?

El autocontrol emocional es por tanto una herramienta muy necesaria a la hora de enfrentarse con el mundo. Un manejo óptimo de las emociones nos permitiría cambiar una vivencia estresante  e incontrolable de una situación, en una vivenciada como desagradable pero pasajera e impersonal y he ahí donde estamos siendo conscientes de aquello que nos sucede y de cómo queremos que nos suceda.

Un manejo óptimo de las emociones nos permite cambiar el modo de vivenciar lo que nos sucede y autorregularnos conscientemente

Si lo pensamos, cuando estamos tranquilos, relajados o en calma, podemos dar soluciones a problemas que bajo presión no seríamos capaces de ver, y es que cuando nuestro cerebro percibe todo con un tono de amenaza, responde también de esa manera para defenderse, entrando en un estado de hipervigilancia que nos conduce directamente a una mayor ansiedad.

En el libro La resistencia íntima, el filósofo J.M. Esquirol reflexiona sobre la actualidad y su relación con la anticipación:

(…) la paciencia y la temporalidad propias de la maduración no se ajustan a la actualidad. La actualidad como anticipación promueve preferentemente la expectativa y las prisas para no perderse lo que en cada momento se hace actual (…)

Esta sensación es lo que nos transmiten muchas personas en consulta cuando nos hablan de que su vivencia de las cosas les resulta estresante y se desconocen a sí mismas en el poco control ante ciertas situaciones que no son capaces de manejar. No sentirse a gusto con uno mismo es uno de los motivos por los que cada vez más gente recurre a terapia. No obstante, esto es un aprendizaje que requiere tiempo y ganas de conseguir el bienestar que sentimos que hemos perdido y desde luego es un objetivo sencillo de lograr, a pesar de las apariencias.

 

7 maneras de afrontar el estrés emocional

Existen multitud de herramientas que nos ayudan a manejar situaciones difíciles, todas son válidas y cada uno debe encontrar la que le es más válida:

Aprender a delegar

Quien mucho abarca, poco aprieta, dice el refrán. Es importante traspasar tareas a las personas con las que convivimos cuando tenemos muchas cosas encima.

Saber decir no

No siempre tenemos que realizar acciones que no nos apetece realizar. Sin dañar a los demás, eso es importante. Entrena tu faceta asertiva.

Enfocar desde fuera

Desde una perspectiva fuera de lo personal las cosas se ven de diferente manera. Tu mente se va a centrar en aquello que pones tu atención, si te fijas en lo negativo tu estado emocional será negativo.

Detener el pensamiento

Para un momento y fíjate en lo que estás pensando, sobre todo si entras en un bucle mental. Detén tus pensamientos un momento y respira o cambia la atención.

Afirmaciones en positivo

Si cambias el foco de tu atención a soluciones con optimismo, tu mente también lo hará.

Ensayar mentalmente

Ante un problema, recrea la situación con el objetivo de que todo va a salir bien. Imagina incluso los detalles de cómo vas a solucionar ese problema, dirige la situación. Y cuando estés satisfecho, guarda esa película en tu cabeza y evócala cuando la necesites.

Cambiar la perspectiva de las situaciones

Cada persona tiene una experiencia diferente de las situaciones que vive porque sus opiniones o valoraciones se han formado con vivencias diferentes a las tuyas. Aceptar esto, es el primer paso para cambiar de perspectiva.

 

Muchas de estas estrategias para autorregularse como la detención del pensamiento, las afirmaciones en positivo, el cambio en la perspectiva de las cosas o de las situaciones o el ensayo mental tienen un origen común: ser conscientes de lo que nos pasa. El hecho de no juzgar lo que nos pasa, sino el comprender y permitir lo que nos pasa y dejarnos sentir un malestar y observarlo, es el paso previo para darnos la oportunidad de parar y reflexionar. Hay que saber elegir dónde vas a enfocar la atención para cambiar el estado mental. Es el modo de decir aquí estoy yo y lo que me sucede es real, pero también soy capaz de cambiarlo. Solo hay que intentarlo.

 

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La empatía en la vida afectiva

empatía

La empatía es quizá una de las emociones más importantes que desarrollan las personas cuando se ha alcanzado un punto de madurez emocional y cognitiva de comprensión de las emociones en la vida afectiva.

La afectividad es una característica fundamental de los seres humanos a la hora de enfrentarse con el mundo porque permite a las personas comunicarse, procesar la información, desarrollar sus ideas éticas, profundizar en el conocimiento social, y ser la principal fuente de las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida. Una sana vida afectiva es la base de un bienestar individual y una experiencia de plenitud.

El desarrollo de la empatía

En este sentido, la empatía (del griego ἐμπαθής, que significa emocionado) juega un papel decisivo porque es la emoción la que nos permite situarnos en el lugar del otro posibilitando la comprensión de lo que le sucede. Para ello es importante tener un conocimiento y control previo de las emociones básicas como la alegría, enfado, tristeza… etc.

Hace algunas décadas se pensaba que los niños pequeños no podían ser empáticos puesto que su desarrollo cognitivo no estaba completamente maduro, sin embargo, en investigaciones posteriores se descubrió que los bebés podían demostrar una comprensión rudimentaria de las emociones en los otros, por ejemplo, cuando se contagiaban al oír llorar a otros bebés. No obstante, para que la empatía pueda desarrollarse es necesario haber alcanzado conciencia de uno mismo y esto se da alrededor del año de edad.

La empatía como la compasión o las conductas altruistas permiten ponernos en el lugar del otro posibilitando la comprensión emocional, aumentando nuestra autoestima

Más adelante, la empatía aparece en el lenguaje y a través del juego simbólico. Momento evolutivo en que los niños reproducen los sentimientos propios y los ajenos, de hecho es en este momento del desarrollo en el que los niños hablan más de sus afectos en este contexto, que en otros. Este periodo ejerce un papel fundamental en el proceso de la comprensión de las emociones, facilitando el desarrollo emocional porque a través de estos juegos los niños afrontan situaciones de miedo y ansiedad que le produce la vida cotidiana y la adaptación a ella.

Hay que entender que la empatía se relaciona directamente con el sentimiento de seguridad o inseguridad en sus primeras relaciones afectivas con los otros en la infancia y también con la seguridad en el vínculo de apego.

 

La empatía se divide en dos factores:

1. La empatía afectiva o emocional

Aquella que produce un contagio emocional con los sentimientos del otro.

2. La empatía cognitiva

Consiste en la comprensión del punto de vista del otro. Ambas no van siempre de la mano pero son correlativas.

La importancia de la empatía

La comprensión de las emociones en nosotros y en los demás es esencial para valorar las situaciones y regular nuestra conducta. Todas las emociones tienen una función social de relación con los demás que a lo largo de la vida se van afianzando y se aprende a expresarlas de una manera socialmente adecuada. Esto se conoce como control emocional, y no tiene que ver con la represión de las emociones, sino con la autorregulación de nuestras emociones.

Conseguir un equilibrio emocional aumenta progresivamente la tolerancia a la frustración, permite disfrutar con mayor plenitud de las experiencias que se viven a diario y enriquece nuestro mundo. La empatía en este sentido es una habilidad clave, aumenta las oportunidades y puntos de vista y facilita la resolución de conflictos. Es una herramienta necesaria para cultivar la inteligencia emocional, ya que expresar aquello que sentimos y comprender lo que sienten los demás es esencial para una vida plena.

 

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Ver en positivo: ¿cómo logarlo?

ser positivo

Ser positivo es una actitud, un rasgo que puede formar parte de nuestra personalidad. Para lograrlo hay que aprender cuales son las claves y trabajar en ello.

Nunca una noche ha vencido al amanecer, y nunca un problema ha vencido a la esperanza”. Bern Williams

El trabajo, las responsabilidades familiares y personales, la escasez de tiempo, el cansancio…Estos son algunos de los argumentos de las personas que vienen a terapia porque se sienten infelices o no son capaces de disfrutar “como lo hacía antes”. Esto les impide desdramatizar las situaciones cotidianas, que entienden como una carga demasiado pesada y difícil de llevar, y disfrutar con alegría ellas. Sin embargo, la felicidad no tiene tanto que ver en cómo nos vienen las cosas sino en cómo las vivenciamos, y en este aspecto es importante saber ver en positivo.

 

Con mayor o menor frecuencia nos tenemos que enfrentar a situaciones incómodas, molestas, y a veces nos puede parecer que nada nos satisface. Pero es la forma en que percibimos lo que nos sucede lo que influye de manera decisiva en nuestra sensación de plenitud. No existe una receta de la felicidad, sentirse satisfecho tiene que ver en cómo vemos el vaso de la vida: medio lleno o medio vacío.

Tenemos que aprender a desdramatizar las situaciones que nos impiden vivir plenamente

Las corrientes de psicología positiva nos hablan de cuáles son los aspectos que deberíamos cultivar para sentirnos felices: agradecer todo lo bueno que nos sucede; celebrar los fracasos, desdramatizar las situaciones tensas, meditar o hacer deporte al aire libre y ser resiliente (sobreponerse con optimismo a las dificultades). Esto es complicado cuando estamos metidos dentro de un bucle negativo, pero es posible entrenar nuestras capacidades de aprendizaje para ver las cosas de otra manera.

 

Qué podemos hacer para ver en positivo

Disponer de estas herramientas para sobreponerse a situaciones que nos generan una sensación de malestar mejora nuestra autoestima y disminuye la sensación de frustración.

Importante no dar vueltas a las cosas, eso no va a solucionar nada y lo único que conseguimos es entrar en un bucle que estará lleno de automensajes negativos. Para evitar que esto suceda, hay que frenar. Párate y haz otra cosa, puedes pintar, hacer un puzzle, cualquier cosa que requiera concentración hará que dejes de dar vueltas al mismo asunto.

Para aumentar tu autoestima puedes hacer un listado de las cosas que posees y que no tienes en cuenta o no valoras diariamente. O pintar un árbol al que vas añadiendo ramas con los logros. Por ejemplo: una rama de la carrera, una rama por cada hijo, una rama por tu pareja, una rama por tocar el piano o por cocinar… todo aquello que has conseguido se reflejará en ese árbol que luego puedes contemplar y releer o ir añadiendo después.

Actitud positiva: la mayoría de las complicaciones que nos frustran no son tales. Cómo afrontar la situación es la clave. Estar en constante alerta defensiva nos impide ver con la claridad necesaria para aportar soluciones.

Experimentar, hacer cosas, en definitiva, vivir, tiene sus riesgos, solo hay que aprender cómo llevarlos.

 

“Lo quiero para ayer”: sobre la impaciencia

la impaciencia

Vivimos en la era de la inmediatez. Todo lo que nos rodea es rápido, volátil e inmediato y parece que queremos estar en todo, algo que es prácticamente imposible. Aquí aprenderás las principales causas sobre la impaciencia.

Nos hemos vuelto impacientes, lo queremos todo ya y ahora, olvidando lo importante de cocinar a fuego lento las experiencias.Y es que en un mundo tan mecanizado y tecnológico, si no te subes al tren, parece que te quedas fuera. Aunque esto puede tener una parte de verdad, tampoco pasa nada por posponer las cosas o dejarlas estar para otro momento.

Los avances tecnológicos distorsionan la visión de la realidad, inconscientemente parece que queremos conseguirlo todo en cuestión de pocos minutos y en caso contrario, surge la frustración. Hay una necesidad de recuperar la calma y eso podemos lograrlo desde nosotros mismos. Hay un momento para parar y prestar atención a los detalles que pasan inadvertidos.

Vivir diariamente con impaciencia hace que aumente la frustración; los niveles de estrés se disparan, aumenta la angustia… Y el problema es que esta sensación continua por querer hacer constantemente algo es contagiosa: influye en el resto de personas con las que convivimos en el trabajo, en casa, en cualquier ambiente social y no todas las personas están dispuestas a vivir en esa velocidad, en resumen: se relaciona directamente con un deterioro de las relaciones personales y laborales.

Y no solo hay una correspondencia con los problemas emocionales y de relación con los otros, se ha demostrado que este estado de ansiedad continua produce problemas fisiológicos, tales como la hipertensión y trastornos psicosomáticos.

 

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Recuperar la calma

Ciertas cosas se pueden solucionar en cuestión de minutos, otras requieren más tiempo. Precipitarse conduce a la insatisfacción, a la frustración y al final lo que conseguimos por adelantar los acontecimientos por procurar tener todo bajo control, es acabar agotados, sin energía y desbordados.

Cuando se actúa con impaciencia, se está trabajando desde el lado más emocional e impulsivo y esto puede llevar a tomar una mala decisión.

Si sentimos malestar causado por una actitud de impaciencia, es el momento de parar y recuperar la calma, porque el cuerpo nos está avisando de que ese no es el camino.

Pongamos un ejemplo: está con su coche en medio de un atasco y comienza a ponerse nervioso, quiere salir de allí de una vez por todas y su cabeza solo revive una y otra vez la situación y cada vez se impacienta más. Al final entra en un bucle del que solo cree que estará a gusto cuando haya salido.

Sin embargo, podríamos buscar un pensamiento que nos calmara, el atasco va a continuar por mucho que queramos que desaparezca. La realidad es que recuperando la calma podremos estar a gusto en cualquier situación incómoda. Podríamos distraernos poniendo la radio, pensando en positivo (esta situación no va a durar eternamente), cantando o aprovechando para atender a las emociones que estamos sintiendo.

Para bajar nuestro nivel de impaciencia es importante disminuir el ritmo al que estamos sometidos, tratando de comprender que las cosas suceden cuando tienen que suceder. Cuando lo conseguimos nos sentimos mejor con nosotros mismos porque eso quiere decir que nos empezamos a conocer mejor.

Anticipar las situaciones no es prever ciertos aspectos. Imaginemos la situación del atasco anterior: estamos dentro del coche, cada vez estamos más nerviosos y entonces anticipamos las consecuencias de llegar tarde a una reunión, a recoger a los niños del colegio… etc sin que esa situación de haya dado. Esto se conoce en psicología como profecía autocumplida, tener una creencia firme en que algo nos va a ocurrir y al final nos ocurre, y esto sucede porque nuestra conducta intenta ser coherente con nuestros pensamientos.

En vez de anticipar, lo que podemos hacer en situaciones incómodas es prever ciertos aspectos: voy a avisar de que quizá llegue tarde a la reunión o voy a avisar al colegio, si así lo necesitamos.

 

Comprender el valor de la espera

El teléfono móvil vibra, alguien nos manda un mensaje; entre tanto recibo una llamada mientras descargo los correos electrónicos y termino de leer un documento que me han enviado para ayer.

Vivimos rodeados de millones de estímulos que reclaman constantemente nuestra atención pero no por ello tenemos que dar respuesta a todo justo en el momento en que se nos reclama. Hay reclamos que pueden esperar, y eso tenemos que comprenderlo, tanto si actuamos de un lado como del otro.

La impaciencia está ligada a una baja tolerancia a la frustración, no obtener lo que se desea en un momento dado no debería inquietarnos, y sin embargo sentir impaciencia puede servir de estímulo para dar un paso adelante o para mejorar algún aspecto personal, porque el deseo y las ganas de conseguir cosas son positivas, aunque requieran más tiempo del que nos gustaría y esto no debería desanimarnos.

Es sencillo comprender que todas las cosas tienen su tiempo y que en gran medida no dependen de nosotros, lo que sí depende de nosotros es nuestra actitud a la hora de afrontarlas.

 

Aprender a ser Feliz: 6 trucos muy efectivos

Aprender a ser feliz

¿Qué es la felicidad y cómo puedo ser feliz? Estas son las preguntas del millón que todas las personas alguna vez nos hemos formulado. No es fácil definir la felicidad puesto que es un constructo y cada ser humano lo organiza a través de datos y experiencias de su mundo.

¿Qué es la felicidad exactamente?

Por lo tanto, la felicidad tiene más que ver con nosotros y en cómo vivenciamos las cosas.
Esta idea de felicidad viene relacionada con diferentes aspectos como:

  • El grado de satisfacción que tenemos con la vida: lo vinculamos a las experiencias placenteras que experimentamos que van unidas a emociones positivas.
  • El reconocimiento de la propia felicidad a través de las cosas que realizamos y con las que nos sentimos bien, que nos entusiasman y nos dan placer.
  • El sentido personal que le damos para colaborar con un bien mayor.

 

Podemos decir que la felicidad se construye con aspectos emocionales y sensoriales que incluyen emociones positivas; con los logros en las metas que nos ponemos y las relaciones buenas con otros, de tal manera que la evaluación de nuestra vida nos reporte un sentido de satisfacción.

Muchas veces sabemos qué es lo que no nos hace felices y cuando lo somos no reparamos en ello. Por eso es importante estar atentos a las buenas experiencias, a las que nos reportan bienestar y placer que son muchas veces las grandes olvidadas. En este sentido, es importante conocerse bien, conocer nuestras emociones y para ello es necesario prestar atención, porque como dijimos en otro post, nadie puede ayudarnos como nosotros mismos.

 

Aprender a ser feliz

En la filosofía griega, la idea de felicidad viene del término eudaimonia, refiriéndose a la valoración que se hace de la vida en todo su recorrido. Pero ¿qué podemos hacer para mejorar nuestro estado de felicidad día a día para sentirnos satisfechos?

  •  Trabajar en cómo expresamos nuestros pensamientos y emociones.
  •  Establecer relaciones que nos reporten vínculos positivos.
  •  Reducir los pensamientos negativos afrontando que son humanos.
  •  Establecer metas y logros que nos hagan sentirnos bien con nosotros mismos.
  •  Hacer lo que nos gusta y aprender a disfrutar del día a día.
  •  Gratitud, no olvidar estar agradecidos y valorar lo que tenemos, habituarnos a vivir los acontecimientos como oportunidades de aprendizaje y desarrollo personal.

 

No existe una llave general para lograr ser felices, cada persona encuentra su propia manera de sentirse bien consigo mismo, lo importante: aprender a percibir esos momentos que nos reportan bienestar y plenitud.

 

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