Depresión

Depresión por soledad: síntomas y tratamiento

depresión por soledad

La depresión se define, entre otras cosas, por su complejidad. Es un trastorno que a veces aparece ligado a un hecho fácil de detectar o ligado a algún evento objetivo, y a veces no.

Desafortunadamente, incluso en los casos en los que se puede determinar cuál es la causa principal por la que ha surgido la depresión, no es fácil lidiar con ella. Y cuando ello está relacionado con las relaciones sociales (o la falta de ellas), todo se vuelve un poco más complicado.

 

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A continuación veremos las características de la depresión por soledad, un problema que afecta a muchas personas y que se refuerza a sí mismo.

¿Cómo aparece la depresión por soledad?

La depresión por soledad no es un concepto que aparezca en los manuales diagnósticos utilizados en salud mental, al contrario de lo que ocurre con términos como “depresión mayor” o “depresión atípica”. Es, en todo caso, un caso de depresión cuyas causas pueden ser atribuidas al aislamiento social.

Existen muchos factores que juegan un papel en la relación entre la depresión y la falta de amigos o de seres queridos en general. Por un lado, se sabe que el sedentarismo asociado a la soledad lleva a los malos hábitos, y estos aumentan mucho las probabilidades de que surjan trastornos depresivos. De hecho, la depresión está alimentada muchas veces por procesos inflamatorios en el organismo, los cuales alteran el equilibrio químico que hay en el cerebro humano.

Además, la falta de vida social estimulante debilita mucho los mecanismos psicológicos de recompensa, aquellos que nos hacen involucrarnos en actividades que nos gustan y que nos aportan sensación de placer que va más allá de los sentidos. Esto tiene mucho que ver con la depresión, porque este trastorno se caracteriza por la incapacidad por sentir interés o ilusión por la vida.

 

Síntomas

Los síntomas de la depresión por soledad son los mismos que en el resto de casos de depresión, lo único que cambia es la causa. Los más comunes son los siguientes, aunque no tienen por qué darse todos en la misma persona:

  • Desmotivación extrema.
  • Desesperanza.
  • Llanto incontrolable.
  • Ideación suicida.
  • Problemas para sentir placer o alegría.

¿Qué mantiene este trastorno?

Otro motivo por el que la depresión por soledad es complicada es que hay muchos aspectos del día a día que mantienen vivo el trastorno.

La falta de estímulos físicos producidos por la falta de energía y la ausencia de interacciones sociales significativas pueden hacer que la persona que ha desarrollado esta alteración mental crea que ese estado es su identidad, o incluso el modo de vida que el destino le ha deparado. Simplemente, se asume que no hay solución, dado que la propia depresión refuerza esa idea de inevitabilidad.

¿Qué hacer?

Estos son algunos consejos a tener en cuenta para combatir la depresión por soledad y recuperarse del mejor modo posible.

1. Buscar ayuda profesional

Es imprescindible acudir a terapia para tratar la depresión. No es un simple estado de ánimo o tristeza, no es pesimismo, y desde luego, no es “tener carácter débil”. Es un trastorno psicológico severo que tiene que ser tomado en serio, y que aumenta el riesgo de sufrir muchos otros problemas y enfermedades, además de intentos de suicidio.

Por ello, busca ayuda en psicólogos especializados en Clínica, y en médicos. Siguiendo de manera constante las pautas del tratamiento, las perspectivas de mejora aumentan mucho.

 

2. No creas que sabes más que el experto

El tratamiento abarca muchos aspectos de tu vida, pero eso no implica que tú sepas más acerca de lo que te conviene que los profesionales que te están tratando. Si tienes dudas o desconfías de algunos procedimientos, comunícalo de manera honesta a quienes monitoricen tu caso, ya sean médicos o psicólogos clínicos.

3. No asumas que la recuperación llega con los psicofármacos

Es cierto que los psicofármacos de tipo antidepresivo son muy utilizados para ayudar a los pacientes con depresión, pero eso no significa que consumirlos permita “curarse”. El uso de estos medicamentos puede llegar a ser eficaz para debilitar los síntomas de este trastorno psicológico, pero no cambia la raíz del problema, y además, en muchos casos no funcionan (con lo que hay que ir cambiando de un principio activo a otro).

4. Duerme lo suficiente

No tendrás energía para socializar si no duermes lo suficiente. Además, es fundamental que lo hagas llevando un horario constante.

5. No te obsesiones con las relaciones sociales

Si intentas “forzar” tener amigos o amigas, la experiencia te parecerá muy violenta y desagradable, y tirarás la toalla. Es mejor ir paso a paso, siguiendo las indicaciones que te den en psicoterapia.

 

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Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Nelson JC, Devanand DP (April 2011). “A systematic review and meta-analysis of placebo-controlled antidepressant studies in people with depression and dementia”. Journal of the American Geriatrics Society. 59 (4): 577–85.
  • Kempton MJ, Salvador Z, Munafò MR, Geddes JR, Simmons A, Frangou S, Williams SC (2011). Structural neuroimaging studies in major depressive disorder. Meta-analysis and comparison with bipolar disorder. Archives of General Psychiatry. 68 (7): 675 – 690.
  • Tsapakis EM, Soldani F, Tondo L, Baldessarini RJ (July 2008). “Efficacy of antidepressants in juvenile depression: meta-analysis”. The British Journal of Psychiatry. 193 (1): 10 – 17.

Ciclotimia: síntomas, causas y tratamiento

Ciclotimia síntomas, causas y tratamiento

Las emociones humanas son muy diversas y llenas de matices, y por eso, también lo son aquellas que llegan a convertirse en un problema para nosotros y una fuente de malestar.
Y es que los trastornos del estado de ánimo incluyen varios tipos de alteraciones psicológicas con características diferentes. La más famosa es la depresión mayor, pero hay otras, como esta que conoceremos en las próximas líneas: la ciclotimia. Si te interesa saber cuáles son sus síntomas, el modo en el que afecta a la vida de las personas, y cómo se trata en terapia, sigue leyendo.

¿Qué es la ciclotimia?

Puede ser que, al hablar lo los trastornos del estado de ánimo, solo te venga a la mente la depresión, un fenómeno asociado a la tristeza y al agotamiento emocional. Esto es así porque tendemos a asumir que el principal problema emocional que podemos experimentar consiste en la tristeza y sus derivados, algo que reconocemos universalmente como un signo de que se sufre.

Sin embargo, también podemos experimentar algunos problemas vinculados al estado de ánimo por exceso de activación, incluso experimentando un estado que no nos hace sufrir de manera directa, sino a partir de las consecuencias de nuestras acciones imprudentes. Un ejemplo de esto es la hipomanía, una característica de la ciclotimia. ¿En qué consiste este último trastorno?

La ciclotimia puede ser resumida como la versión menos intensa del trastorno bipolar. Por consiguiente, es un trastorno del estado de ánimo en el que se van sucediendo fases de hipomanía y de depresión leve. Es decir, ciclos de estado de ánimo muy bajo y ciclos de estado de ánimo muy elevado.

Veamos con más detalle en qué consisten los síntomas característicos de cada etapa de desarrollo de la ciclotimia.

Síntomas

Estas son las formas en las que la ciclotimia se expresa en las personas que desarrollan este trastorno.

Depresión leve

La depresión leve se caracteriza por una serie de síntomas vinculados con la tristeza, la fatiga y la aparición de ideas de marcado sesgo pesimista.

En primer lugar, es muy frecuente que la persona sea menos propensa a experimentar alegría o placer, fenómeno conocido como anhedonia. Además, le cuesta más sentir motivación o involucrarse emocionalmente en proyectos y actividades, lo cual se conoce como abulia.

En la depresión leve también surgen ideas catastrofistas sobre el futuro, desesperanza acerca del margen de posibilidades con el que cuenta la persona que lo sufre (o ella y la sociedad en general), y crisis de llanto.

Sin embargo, como ya hemos comentado, no tienen por qué darse todos estos síntomas a la vez, dado que la ciclotimia, como cualquier otro trastorno psicológico, tiene muchas maneras de desarrollarse dependiendo de muchas variables.

Hipomanía

La hipomanía es un fenómeno caracterizado por la euforia y por la activación general de la persona, que se siente capaz de hacer muchas cosas que normalmente ni se plantearía, y que siente que tiene la capacidad y la energía necesaria para ello. En ocasiones, esto puede traducirse también en una mayor propensión a la agresividad.

Por otro lado, la hipomanía se distingue de la manía (típica del trastorno bipolar) en que en la mayoría de las ocasiones no daña significativamente la calidad de vida de la persona, y tampoco va de la mano de síntomas psicóticos como los delirios.

Causas

No existe una sola causa que produzca la aparición de la ciclotimia, sino un solapamiento de variables de muchos tipos, entre los que existen las propensiones genéticas y otras que tienen que ver con las experiencias por las que ha pasado el individuo.

Además, se sabe que muchos casos de ciclotimia surgen tras una fase en las que se manifiesta depresión, algo que puede suponer la primera señal de desequilibrio emocional y que desencadena una serie de cambios.

 Tratamiento

¿Cómo se trata la ciclotimia? En estos casos, se considera que es muy importante acudir a terapia psicológica. En estas sesiones con el profesional de psicoterapia, el paciente va encontrando maneras de contrarrestar sus propensiones emocionales dependiendo de la fase de la ciclotimia en la que se encuentra. Estas técnicas, en las que es entrenado en terapia, van enfocadas a modificas los patrones de comportamiento y la manera de alimentar unas maneras u otras de pensar y de sentir.

Por otro lado, también puede ser recomendable usar psicofármacos para mitigar los síntomas. Dependiendo de si se está en fase de hipomanía o de depresión leve, se suelen utilizar antipsicóticos o antidepresivos, respectivamente. En cualquier caso, el uso de estos medicamentos siempre debe ser supervisado por médicos, y su consumo debe ser realizado siguiendo sus indicaciones.

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Referencias bibliográficas:

Danner, Stephanie; Mary A. Fristad; L. Eugene Arnold; Eric A. Youngstrom; Boris Birmaher; Sarah M. Horwitz; Christine Demeter; Robert L. Findling; Robert A. Kowatch (2009). “Early-Onset Bipolar Spectrum Disorders: Diagnostic Issues”. Clinical Child and Family Psychology Review. 12(3): pp. 271 – 293.
Parker, G; McCraw, S; Fletcher, K (June 2012). “Cyclothymia”. Depression and Anxiety. 29 (6): 487 – 494.
Sass, H.; Juneman, K. (2003). Affective disorders, personality and personality disorders. Acta Psychiatr Scand. 108 (418): pp. 34 – 40.

Distimia

distimia

Nos preguntamos: ¿qué es el trastorno psicológico de la distimia?. La depresión es posiblemente el trastorno del estado de ánimo más conocido. Sin embargo, dentro de esta categoría de alteraciones psicológicas dañinas hay algunas más, como la distimia.

Si te interesa saber más acerca de este trastorno psicológico, reconocer sus síntomas y conocer el tratamiento terapéutico usado en los pacientes que lo sufren, sigue leyendo.

¿Qué es la distimia?

La distimia es un trastorno de ansiedad caracterizado por tener ciclos largos en los que se expresan los síntomas, y por el hecho de que estos son significativamente menos intensos que en la depresión mayor.

Así, los síntomas depresivos (que luego veremos con más detalle) están presentes durante la mayor parte del día, y en ciclos que duran al menos dos años. La diferencia en cuanto a la depresión unipolar (o depresión mayor) es más cuantitativa que cualitativa, porque sus síntomas son aproximadamente los mismos, pero cambiando la duración y lo severo de los síntomas.

Por otro lado, la distimia es un poco más común en mujeres, y está presente en aproximadamente un 5% de la población.

Síntomas

Los síntomas de la distimia son los típicos de los trastornos del estado de ánimo unipolares. Veamos un resumen de los más representativos.

 

1. Abulia

La abulia es una forma de alteración mental caracterizada por la falta de energía o motivación para involucrarse en tareas o participar en actividades sociales. Está ligada al aislamiento y al sedentarismo.

2. Astenia

Asociada a la abulia, la astenia es una sensación de fatiga constante, cansancio que es percibido como algo físico, no simple falta de fuerza de voluntad.

 

3. Alteraciones del sueño

Las personas con distimia tienden a padecer alteraciones del sueño. Tanto la hipersomnia (exceso de tiempo durmiendo) como el insomnio (problemas para conciliar el sueño o mantenerse dormido) son frecuentes.

 

4. Baja autoestima

Otro de los síntomas de la distimia más frecuentes es la baja autoestima. La persona que padece este trastorno tiende a pensar que no vale nada, que no es capaz de llevar a cabo ningún proyecto significativo, y que prácticamente nadie le quiere.

 

5. Alteraciones cognitivas

Otro grupo de síntomas de la distimia son de tipo cognitivo, y afectan sobre todo a la memoria y a la capacidad de concentración. Los terapeutas que tratan a personas con distimia ven que estos suelen tener problemas para concentrarse y para recordar eventos ocurridos hace poco. La memoria a largo plazo, la que tiene que ver con el conocimiento básico sobre el mundo y sobre uno mismo, no se ve afectada por la distimia.

Causas

Tal y como ocurre con todos los trastornos psicológicos, no existe una sola causa que explique la aparición de la distimia. En todo caso, se trata de un fenómeno emocional de carácter multicausal, en el que participan tanto las predisposiciones genéticas como las experiencias vividas (y el modo en el que reaccionamos ante ellas).

En general, existen eventos que aumentan las probabilidades de sufrir distimia, pero ninguno de ellos es causa suficiente para asegurar que una persona en concreto sufrirá este trastorno si pasa por una experiencia de este tipo; se trata de indicios estadísticos. Por eso, cada psicólogo debe examinar caso por caso para determinar qué tipo de hábitos y comportamientos del paciente están reforzando la presencia de la distimia, para proponer patrones de conducta alternativas.

 

Tratamiento de este trastorno

El tratamiento de la distimia es complejo, pero se muestra eficaz a la hora de mitigar los síntomas y hacer que el ciclo de malestar se acorte y llegue a su fin pronto. Por otro lado, también hay casos en los que la distimia desaparece por completo sin llegar a presentar brotes en cuestión de meses o años.

Para lograrlo, los psicólogos abordan tanto el nivel de lo emocional como en el del comportamiento y los hábitos del paciente.

Por un lado, se utiliza la reestructuración cognitiva para propiciar que el paciente se cuestione sus creencias acerca de sí mismo, contribuyendo así a mejorar la autoestima. Esto, a su vez, tiene un efecto de reacción en cadena que facilita el resto de partes del tratamiento.

Otra de las herramientas que se utilizan en terapia psicológica contra la distimia es la activación conductual. Esta consiste fundamentalmente en crear contextos en los que el paciente se vea involucrado en tareas estimulantes que le permitan romper el ciclo de sedentarismo y pasividad. Activando físicamente el cuerpo se activa también la mente, se le da una “inercia” que mitigará la astenia y la abulia.

En ocasiones, la terapia psicológica es combinada con la intervención de médicos psiquiatras que pueden prescribir psicofármacos para tratar los síntomas. Estos fármacos antidepresivos no deben ser vistos como la solución, ya que tan solo rebajan el malestar durante un tiempo y además tienen efectos secundarios a tener en cuenta. Además, solo pueden ser utilizados bajo indicación médica.

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Referencias bibliográficas:

Ayuso-Mateos, J.L. et al. (2001). Depressive Disorders in Europe: Prevalence figures from the ODIN study. British Journal of Psychiatry (en inglés) 179: pp. 308 – 316.

Goodman, S.H., Schwab-Stone, M., Lahey, B.B., Shaffer, D. & Jensen, P.S. (2000). Major Depression and Dysthymia in Children and Adolescents: Discriminant Validity and Differential Consequences in a Community Sample. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. 39 (6): pp. 761 – 771.

Griffiths, J.; Ravindran, A.V.; Merali, Z.; H Anisman (2000). Dysthymia: a review of pharmacological and behavioral factors. Molecular Psychiatry. 5 (3): pp. 242 – 261.

Ravindran, A.V., Smith, A.. Cameron, C., Bhatal, R., Cameron, I., Georgescu, T.M., Hogan, M.J. (2009). Toward a Functional Neuroanatomy of Dysthymia: A Functional Magnetic Resonance Imaging Study. Journal of Affective Disorders. 119 (1-3): pp. 9 – 15.

Libros de psicología

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Los libros de psicología son uno de los mejores recursos de los que puedes disponer para aprender acerca de todo tipo de temas relacionados con la mente humana. Y es que gracias al hábito de la lectura, los ratos de ocio pueden convertirse, a la vez, en actividades de crecimiento personal y de adquisición de cultura… siempre que demos con las obras adecuadas.

Por eso, en este artículo veremos una selección de libros de psicología recomendados para todas aquellas personas interesadas en conocer mejor qué nos lleva a pensar, sentir y actuar tal y como lo hacemos.

Libros de psicología recomendados

Aquí encontrarás una selección de libros de psicología que cubre ámbitos muy variados de esta ciencia: la toma de decisiones y la racionalidad, las relaciones sociales, las creencias erróneas más extendidas sobre la mente humana, el nexo entre el cerebro y la mente, etc. Todos ellos pueden saciar la curiosidad de cualquier persona que busque obras de divulgación centradas en lo psicológico.

 

1. Pensar rápido, pensar despacio (Daniel Kahneman)

Este es uno de los libros de divulgación más influyentes del ámbito de la psicología, y no es para menos. Escrito por Daniel Kahneman, Premio Nobel en Ciencias Económicas, en sus páginas quedan explicadas la mayor parte de las investigaciones llevadas a cabo por el autor y por Amos Tversky acerca de los sesgos cognitivos y los límites de la racionalidad.

Aquí quedan descritos dos sistemas de pensamiento que utilizamos normalmente: el Sistema 1, rápido, intuitivo y superficial; y el Sistema 2, exhaustivo, lento y que requiere concentración y esfuerzo. A partir de estos dos tipos de procesos mentales, Kahneman muestra de qué manera percibimos y procesamos de manera diferente vivencias del día a día, poniendo como ejemplos experimentos psicológicos de sorprendentes resultados.

2. El error de Descartes (António Damásio)

Este es uno de los grandes clásicos de la literatura sobre psicología, y lo es por una buena razón. La habilidad de António Damásio a la hora de ligar temas tratados por la ciencia con temas abordados por la psicología hace que sus reflexiones sean especialmente interesantes, porque no se limitan a describir; también inspiran.

En este libro, el autor se centra en un tema central de la psicología: la relación entre la mente y el cuerpo. Para Damásio, cometemos un error al asumir que ambas cosas son fenómenos separados, y muestra por qué es recomendable modificar nuestra concepción de lo mental para que pase a formar parte del reino de los procesos naturales, tal y como lo son la reproducción, la alimentación, etc.

3. La tabla rasa (Steven Pinker)

Steven Pinker es uno de los principales divulgadores de los temas estudiados por la psicología evolucionista, perspectiva que investiga acerca de las propensiones psicológicas que hemos heredado genéticamente de nuestros ancestros. En este libro, una de sus obras más famosas, Pinker explica por qué es falaz pensar que los seres humanos nacemos sin tendencias innatas, sin potencialidades diferentes a las del resto de seres humanos. Dicho de otro modo: nos habla acerca del modo en el que la selección natural y otros mecanismos de la evolución biológica han ido tallando nuestras mentes para llegar a ser tal y como somos.

4. La vida secreta de la mente (Mariano Sigman)

Normalmente, podemos observar la capa más superficial de nuestro comportamiento y de nuestras emociones. Pero… ¿qué pasa en nuestro interior cuando soñamos, cuando tomamos una decisión o cuando nos enfadamos?

Este libro de psicología y neuropsicología escrito por Mariano Sigman da un repaso a los procesos cerebrales que dan origen a lo mental. Una obra muy interesante para comprender que hasta el estado psicológico más simple se apoya detrás de una gran complejidad creada a partir de células nerviosas interactuando entre sí.

5. 50 grandes mitos de la psicología popular (varios autores)

Aunque no todo el mundo llegue a estudiar la carrera de Psicología en la universidad, todo el mundo desarrolla creencias acerca de cómo piensa, siente y actúa el ser humano. Este libro es perfecto para cuestionar aquellas creencias extendidas por toda la sociedad que resultan ser parcial o totalmente falsas. Además, está magníficamente documentado e incluye secciones divididas por temáticas.

6. Por qué mentimos… en especial a nosotros mismos (Dan Ariely)

Dan Ariely es conocido por sus investigaciones acerca del comportamiento irracional y la toma de decisiones a partir de las emociones y los sentimientos.
En este interesante libro, el autor se centra en lo que nos lleva a mentir en unas ocasiones y a no hacerlo en otras, mostrándonos que muchas veces seguimos criterios que están muy alejados de la razón.

7. Psicológicamente Hablando: un recorrido por las maravillas de la mente (varios autores)

Esta obra resulta especialmente recomendable para quienes busquen libros de psicología que sirvan para introducirse en este tema por primera vez, aprendiendo sobre los aspectos más investigados y sorprendentes sobre la mente humana. Entre sus páginas aparecen temas muy variados, que van desde el modo en el que procesamos las imágenes hasta nuestra manera de atribuir intenciones a los demás, pasando por estudios realizados acerca de procesos psicológicos inconscientes.

8. Influencia (Robert Cialdini)

La obra que llevó a la fama internacional a Robert Cialdini es uno de los libros de psicología más prácticos que existen, porque se centra en un ámbito de nuestras vidas que nos influye día a día: nuestra capacidad de persuadir a los demás. Se trata de un título especialmente recomendado para quienes trabajen en marketing, publicidad y comunicación, aunque sus enseñanzas pueden ser aprovechadas por todo el mundo.

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¿Qué hacer si un familiar o amigo dice que quiere suicidarse?

¿Qué hacer si un familiar o amigo dice que quiere suicidarse?

La ideación suicida, o existencia de pensamientos relacionados con el suicidio de uno mismo, es una de las manifestaciones más claras de que alguien planea terminar con su vida de manera deliberada. En estos casos hay que actuar con cuidado, ya que a pesar de que haya quien no se toma estas señales de alerta cuando las ve expresadas por sus amigos o familiares, son en realidad un síntoma muy a tener en cuenta y que debe ser tomado en serio. A lo largo de las siguientes líneas veremos varios consejos acerca de qué hacer si un familiar o amigo dice que quiere suicidarse, con ideas acerca del modo en el que le podemos dar apoyo de la mejor manera.

Qué hacer si un amigo o familiar dice querer suicidarse

Aunque cada persona es única y no existan recetas mágicas para hacer que quien se siente infeliz y desesperanzado deje de sentirse mal en cuestión de minutos, sí existen estrategias que sirven para reducir las probabilidades de que alguien termine quitándose la vida.

Es este último el principal objetivo que debemos fijarnos a la hora de dar asistencia a un familiar o amigo con ideación suicida, ya que es la amenaza más grave; una vez superada la fase en la que alguien piensa en suicidarse, es posible trabajar para contribuir a que sea feliz.

Y es que cuando un ser querido expresa sus deseos de terminar con su vida, no hay que pretender hacer que vea su existencia de una manera radicalmente optimista gracias a lo que vayamos a decirle, sino que debemos fijarnos una meta más modesta: que quiera seguir viviendo.

Así pues, en estos consejos que veremos a continuación hablaremos de maneras en las que ganar tiempo y contribuir que ese familiar o amigo se involucre en actividades que le hagan querer levantarse cada mañana.

1. Determina el grado de urgencia

Cuando alguien cercano s nosotros dice que quiere suicidarse, esto siempre tiene que ser visto como una señal de alerta que nos lleve a no dejar parar tiempo antes de hacer algo para velar por su integridad. Sin embargo, hay ocasiones en las que hay una especial necesidad de actuar rápido.

Por eso, antes de nada, párate a valorar si la persona quiere suicidarse en cuestión de segundos o minutos, o si no es el caso. Para saberlo, puedes fijarte en su lenguaje no verbal. La mayoría de las personas que quieren suicidarse están muy tensas y nerviosas durante los momentos anteriores a intentar quitarse la vida, y si te comunican tus intenciones en este periodo, seguramente presentarán síntomas como temblor de voz, sudores fríos, tensión muscular o temblores por todo el cuerpo, etc.

No hace falta que todos estos fenómenos se den a la vez para que asumas el peor escenario posible. Eso sí, el llanto no suele implicar ansiedad, y se corresponde con el bajo estado de ánimo que expresa sus ideas de suicidio, de modo que es algo frecuente en quienes ni siquiera han fijado una fecha para intentar darse muerte.

A su vez, pregúntale a la persona cómo se siente y qué ha pensado hacer exactamente. De esta manera tendrás una visión más objetiva y completa de lo que ocurre, y le darás la oportunidad de convencerte de que no quiere suicidarse en el momento.

Si ves que la vida de ese familiar o amigo corre peligro en ese mismo momento, además de quedarte con esa persona hasta que se calme (algo que debes hacer en todos los casos), es importante que te pongas en contacto con profesionales que puedan intervenir de inmediato, mediante un número de teléfono de emergencias. También puedes acompañar a tu familiar o amigo al hospital más cercano.

2. Avisa a otros familiares o amigos

Avisa a más gente, aunque no de manera indiscriminada; solamente a quienes crees que sean bienvenidos por tu familiar o amigo, y cuya presencia en una situación así no constituya una violación de su intimidad. Si esa persona es menor, avisa a sus padres o a su tutor, alguien con la patria potestad.

Con un grupo reducido de personas, es más fácil dar apoyo y acompañar a alguien que se plantea el suicidio.

3. Comprueba si hay drogas involucradas en su estado de ánimo

Si crees que en este caso la ideación suicida ha aparecido a causa del consumo de sustancias, es aún más importante acudir a un hospital. En primer lugar, de esta manera se interviene sobre los procesos químicos producidos en el cerebro por esa sustancia, y que pueden dañar al sistema nervioso o incluso producir la muerte. En segundo lugar, así se evita que la persona intente suicidarse inmediatamente, en un arrebato, debido a su estado alterado de consciencia.

4. No seas condescendiente ni te lo tomes a broma

Hacer ver que ese familiar o amigo hubiese dicho una tontería o una ridiculez para así intentar quitarle importancia al motivo por el que se siente triste es una muy mala idea. No hay que restarle valor a la manera en la que esa persona se siente, porque hacer lo contrario solo conllevará que deje de hablar con nosotros de ese tema, volviendo más imprevisible su comportamiento en un futuro.

5. No juzgues

Estas situaciones en las que alguien cercano a nosotros nos confiesa sus ganas de suicidarse son el peor contexto en el que dar lecciones de moral. Acepta lo que escuchas aunque vaya en contra de tu sistema de valores: la prioridad es hacer que la persona se sienta apoyada y, a partir de nosotros, busque una ayuda que vaya más allá de esa conversación.

6. Acompaña a esta persona a terapia

Todos estos consejos desembocan en la intervención profesional por parte de psicólogos y psiquiatras. No hay que asumir que alguien que piensa en terminar con su vida se recuperará de manera espontánea: el riesgo es demasiado elevado, y pase lo que pase, sufrirá mucho y durante mucho tiempo si no recibe ayuda profesional.

Durante los próximos días, acompaña a esa persona y contribuye a su proceso de recuperación siguiendo las indicaciones de los profesionales de la salud mental que lo traten.

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Referencias bibliográficas

Bobes, G.J.; Giner Ubago, J.; Saiz Ruiz, J.; (2011). Suicidio y Psiquiatría. Recomendaciones preventivas y de manejo del comportamiento suicida. Madrid: Triacastela.
Herrera, R.; Ures, M.B. y Martínez, J.J. (2015). El tratamiento del suicidio en la prensa española: ¿efecto Werther o efecto Papageno? Rev.Asoc.Esp.Neuropsiq., 35(125). 123-134.

Psicología para casos de cáncer: ¿cómo funciona?

Psicología para pacientes de cáncer

La salud física va ligada a la salud psicológica, para bien y para mal. Es por eso que, ante la aparición de enfermedades graves, es necesario que los pacientes cuenten con asistencia psicológica profesional. A continuación veremos en qué consiste la psicología para los casos de cáncer, y de qué manera se realiza la psicoterapia y la psicoeducación en estos casos.

La importancia de la psicoterapia a pacientes oncológicos

El cáncer es uno de los fenómenos más importantes para los psicólogos que se dedican a la intervención clínica y sanitaria, por dos motivos.

En primer lugar, se trata de una de las enfermedades (o, mejor dicho, uno de los grupos de enfermedades) más extendidas en los países occidentales, y en segundo lugar, suele ir asociado a unas probabilidades relativamente altas de muerte y etapas de sufrimiento. Este último hecho tiene implicaciones claras en la salud mental.

Por eso es tan importante la psicooncología, rama de la psicología aplicada para mejorar la calidad de vida de los pacientes oncológicos y de sus familiares, y de la terapia psicológica para personas con cáncer más allá del contexto estrictamente hospitalario.

Y es que tanto en los hospitales como fuera de ellos hay mucho trabajo que hacer por parte de estos equipos de psicólogos, siempre teniendo en mente un doble objetivo.

El primer objetivo es enseñar a los pacientes a adoptar hábitos de vida que ayuden a combatir el potencial dañino que la enfermedad tiene en la integridad física de la persona. Aquí entre en juego la psicoeducación, que se basa en sesiones en las que se informa, se resuelven dudas, y se entrena en determinadas habilidades útiles. En este proceso también se involucra a la familia.

El segundo es ayudar a gestionar los pensamientos, los sentimientos y la manera de percibir la realidad que se derivan de ser consciente de que se tiene una enfermedad grave, por el otro. Por supuesto, esta meta está íntimamente relacionada con la anterior, de modo que la psicología para los casos de cáncer no se olvida ni de lo cognitivo y emocional ni de lo comportamental.

¿Cómo funciona la psicología para casos de cáncer?

Una vez vistos los principales objetivos de la psicología aplicada a los pacientes con cáncer, veamos las claves de su funcionamiento.

1. El control de las expectativas

No es lo mismo atender a una mujer con cáncer de mama con buen pronóstico, que a una persona con cáncer de páncreas en estadio de metástasis muy avanzado y posibilidades de recuperación prácticamente inexistentes.

Por eso, el control de las expectativas de los pacientes es algo muy delicado de lo que hay que encargarse en terapia, y que en algunos casos pasa por la aceptación de que la propia muerte está cerca minimizando el sufrimiento.

2. La atención a la familia

En Psicología Clínica y de la Salud el rol de la familia es siempre muy relevante, pero cobra una importancia especial en el caso de la psicología aplicada a los casos de cáncer, porque los pacientes oncológicos se vuelven muy dependientes de su entorno cercano tanto en lo material como en lo afectivo y emocional.

Así pues, no solo se instruye a las familias sobre el tipo de medidas que hay que tomar para dar apoyo a alguien con una enfermedad de ese tipo; también se les anima a tomar ciertas medidas especiales para que, de manera activa, mejoren el bienestar de la persona vulnerable desde la cotidianidad del hogar (o en el hospital).

Además, de manera paralela, en ciertos casos también puede ser necesario dar psicoterapia a los familiares más afectados emocionalmente.

3. La gestión de la ansiedad

Los problemas de ansiedad y angustia son muy frecuentes en las personas con cáncer, por el malestar que despierta la incerteza de lo que pasará, la anticipación de más sufrimiento, sus dudas acerca de cómo relacionarse con los seres queridos, etc.

Por eso, en psicoterapia aplicada a casos oncológicos es habitual entrenar a los pacientes en técnicas de relajación y de gestión del estrés, como por ejemplo la Relajación Progresiva de Jacobson o la desensibilización sistemática.

4. La intervención en trastornos del estado de ánimo

En ocasiones, la depresión facilita la aparición de trastornos del estado de ánimo como la depresión o la distimia.

En estos casos, los psicólogos aplican estrategias para evitar que la persona adopte un estilo de vida caracterizado por la pasividad total y la falta de energía, favoreciendo rutinas de activación conductual y contribuyendo a que adopten un estilo de vida lo más sano posible.

La idea es que el paciente se involucre en actividades que supongan fuentes de motivación inmediatas, bajo el principio de que más allá de si el cáncer avanza o no, hay que vivir el presente. Para ello también se utiliza la reestructuración cognitiva, un conjunto de técnicas para que el paciente se cuestione sus creencias más dañinas, las que lo llevan a desentenderse del mundo que lo rodea y de quienes habitan en él.

5. Intervención en autoestima y relaciones sociales

Los psicólogos también hacen lo posible por que los pacientes con cáncer no se vean perjudicados por una autoestima muy baja, que a veces surge ante todo aquello que nos recuerda que somos seres vivos imperfectos y mortales.

Del mismo modo, se entrena en habilidades sociales a la luz de la nueva realidad del cáncer sufrido por uno mismo: de qué manera hablar de él sin tratarlo como un tabú, cómo gestionar las reacciones de los demás, etc.

6. Promoción de hábitos de vida saludable

No hay que olvidar que el cáncer puede multiplicar sus efectos dañinos en el cuerpo humano si surge alguna vulnerabilidad en forma de lesiones o debilitamiento del sistema inmune. Por eso, entre los servicios de asistencia psicológica para pacientes con cáncer también se encuentra la promoción de los hábitos de vida sana.

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Referencias bibliográficas:

Carlson L.E., Angen M., Cullem J., et al. (2004). High levels of untreated distress and fatigue in cancer patients. Br J Cancer, 90: pp. 2297 – 2304.
Park, C. L.; Edmondson, D.; Fenster, J. R.; Blank, T. O. (2008). Meaning making and psychological adjustment following cancer: The mediating roles of growth, life meaning, and restored just-world beliefs. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 76(5): pp. 863 – 875.

Terapia de duelo: cómo ayudar a una persona ante una pérdida

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El duelo patológico es una de las experiencias más angustiantes por las que puede pasar un paciente. Este fenómeno surge cuando sentimos la pérdida de algo o alguien con quien manteníamos un fuerte vínculo afectivo, normalmente un familiar o amigo. A lo largo de este artículo veremos en qué consiste la terapia de duelo, en tipo de intervención psicológica que utilizan los psicólogos para tratar a las personas cuyo duelo les impide ser felices y llevar una vida normal.

Ponte en contacto con nosotros si crees que podemos apoyarte en un proceso de duelo.

Nuestra Terapia para el Duelo

¿Qué es la terapia de duelo?

En el mundo de la psicoterapia, existe una gran diversidad de estrategias y herramientas utilizadas por los psicólogos para mejorar la calidad de vida de sus pacientes. La diversidad de estos recursos terapéuticos es un reflejo de la diversidad de problemas psicológicos a tratar o a solucionar, y la terapia de duelo es justamente el tipo de intervención que se utiliza en los casos de duelo patológico, cuyas características veremos más adelante.

En definitiva, el objetivo de la terapia de duelo es ayudar a la persona a superar la muerte de un ser querido o la desaparición de algún elemento de su vida por el cual el paciente sentía un fuerte apego.

La naturaleza de este tipo de terapia psicológica la convierten tanto en una manera de apoyar a alguien en momentos difíciles, como en una herramienta para que esta persona aprenda nuevas maneras de interpretar la realidad y de interactuar con el entorno y con los demás, de modo que vuelva a tener una vida normal. Todo esto se hace desde la idea de que nuevos hábitos de acción y de pensamiento generan a su vez nuevas maneras de sentir, de vivir las emociones.

Ahora bien… ¿en qué casos se considera que el duelo se ha transformado en patológico y que por consiguiente requiere de terapia de duelo? Veámoslo.

¿Qué es el duelo patológico?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el duelo no es en sí un trastorno mental. En la mayoría de las ocasiones, se trata de una reacción normal y esperable ante la pérdida de alguien o algo por lo que hemos sentido emociones de afectividad, ya sea porque hemos establecido un vínculo amoroso con esa persona (familiares, amigos, pareja, etc.) o porque lo consideramos una parte importante de nuestra vida en general (casa, pueblo de origen, etc.).

El duelo surge normalmente ante la idea de que muy probablemente no volveremos a ver aquello por lo que sentimos afecto, probabilidad que se convierte en certeza cuando esta situación involucra la muerte o la destrucción total de una estructura u objeto.

Así, podríamos decir que el duelo es la otra cara de la moneda del hecho de amar; cuando aquello a lo que queremos desaparece, sentimos que nos han arrebatado algo importante de nuestras vidas.

Con el paso del tiempo, la mayoría de situaciones de duelo desaparecen, y conseguimos adaptarnos a una vida en la que esa persona u elemento ya no está. Pero en ciertos casos, el duelo llega a ser tan intenso y persistente, que se convierte en un problema a tratar en psicoterapia. Es entonces cuando es necesario el uso de la terapia de duelo.

El duelo patológico suele expresarse a través de síntomas propios de los trastornos del estado del ánimo, como la depresión o la distimia.

Algunos de estos síntomas son la abulia (desmotivación generalizada y falta de energías para realizar las tareas cotidianas), la anhedonia (dificultades para experimentar placer o alegría) y una tristeza más o menos intensa pero constante, vinculada normalmente a la melancolía y el sentimiento de desesperanza.

¿Cómo funciona este tipo de terapia psicológica?

Estas son algunas de las pautas que los psicólogos utilizan en terapia de duelo para contribuir a que los pacientes superen el duelo.

1. Reestructuración cognitiva

La reestructuración cognitiva es una estrategia por la cual el terapeuta contribuye a que el paciente se cuestione sus creencias que le producen malestar y las sustituya por otras más adaptativas.

Por ejemplo, muchas personas que experimentan duelo por la pérdida de un ser querido creen que están solas ante la muerte, o que no pueden amar a más gente para no volver a sufrir de esa manera. En terapia, se plantean razonamientos en los que se ve la nula utilidad y el escaso realismo de esas ideas.

Además, en esta fase de la reestructuración cognitiva también se trabajan contenidos relacionados con la autoimagen y la autoestima del paciente, ya que en los casos de duelo suelen aparecer problemas en estas áreas. El objetivo es que se asuma la propia mortalidad y la propia vulnerabilidad ante el mundo y el paso del tiempo como algo normal, que nos define, y que no debería impedirnos ser felices.

2. Activación conductual

La activación conductual se usa en pacientes con síntomas depresivos, y se basa fundamentalmente a crear las condiciones para que la persona vuelva a adoptar un estilo de vida activo.

Para ello, se busca que el paciente se comprometa con la realización de ciertas actividades en su vida cotidiana, de manera que se rompa el círculo vicioso de la pasividad y el sedentarismo. Involucrarse físicamente en actividades estimula el pensamiento y hace aparecer sensaciones y sentimientos nuevos.

3. Desensibilización sistemática

En los casos en los que el duelo patológico vaya de la mano de traumas psicológicos (por ejemplo, por haber presenciado una muerte repentina) se utilizan técnicas propias de los trastornos de ansiedad, como la desensibilización sistemática.

La idea es asociar los pensamientos intrusivos vinculados al trauma con sensaciones neutrales, que no generan malestar. De esta manera, estas imágenes mentales pierden poder de influencia sobre nosotros, dejamos de prestarles atención, y finalmente van desapareciendo poco a poco.

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Referencias bibliográficas

Archer, J. (1999). The nature of grief: The evolution and psychology of reactions to loss. Londres: Routledge.
Bayés, R. (2001). Psicología del sufrimiento y de la muerte. Barcelona: Martínez Roca.
Worden, W.J. (2004). El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós.

¿Cuáles son los tratamientos más efectivos contra la depresión?

Tratamientos para la depresión

La depresión es uno de los trastornos psicológicos más comunes y con unos efectos más potencialmente dañinos. Se trata de una alteración mental perteneciente a la categoría de los trastornos del estado de ánimo, y sus síntomas afectan a todos los ámbitos de la vida de la persona. Por ello, es natural que las personas que experimentan depresión se preocupen por lo que les pasa y quieran volver a sentirse como antes de que este trastorno empezase a infiltrarse en su día a día. ¿Qué se puede hacer al respecto? A continuación veremos un resumen de cuáles son los tratamientos psicológicos más efectivos contra la depresión, y su funcionamiento.

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Tratamientos contra la depresión: los más efectivos

Hay que tener claro que la depresión es un trastorno lo suficientemente grave y complejo como para que no pueda ser eliminado realizando un solo tipo de actividad. Es necesario un acompañamiento constante y la asistencia terapéutica de profesionales de la salud mental, y el uso de diferentes herramientas y técnicas que se complementan entre sí.

Estos tratamientos están diseñados para intervenir tanto en las acciones de los pacientes, sus hábitos de vida, como en sus ideas y sus creencias, aquello que conforma la perspectiva desde la que se interpreta el mundo y lo que ocurre en él.

Por otro lado, los tratamientos contra la depresión que veremos a continuación no se usan en casos en los que la persona tenga un estado de ánimo deprimido por un periodo puntual o a causa de un suceso claramente dañino, sino solo cuando hay depresión diagnosticada como cuadro clínico (algo que hacen psicólogos clínicos y médicos).

  • 1. Terapia cognitiva

La terapia cognitiva tiene como objetivo modificar los procesos cognitivos, es decir, aquellos que tienen que ver con los pensamientos y las ideas de la persona.

Dentro de este conjunto de prácticas terapéuticas aplicadas tanto en casos de depresión como en pacientes con otros trastornos psicológicos, destaca la reestructuración cognitiva.

Este procedimiento sirve para hacer que los pacientes se replanteen las creencias más interiorizadas que tienen acerca de uno mismo y de su entorno, lo cual resulta útil sobre todo para motivar a la persona a adoptar otros hábitos que permitan mejorar física y mentalmente.

Por ejemplo, las personas con depresión suelen tener un ideario más pesimista que el resto de las personas, y si se quiere contribuir a que se comprometan con la terapia, hay que ayudarles a dejar atrás las creencias que las llevan a auto-sabotear sus posibles progresos.

2. Activación conductual

Si la terapia cognitiva tiene como diana las ideas de los pacientes depresivos, la activación conductual involucra todas las partes del cuerpo del paciente, e incluso aquello que está más allá de este: el entorno.

Mediante este tratamiento se busca, fundamentalmente, que se deje atrás la pasividad y el estado de abulia (desmotivación extrema) que viven las personas diagnosticadas con este trastorno psicológico.

Si bien existen maneras de aplicar la activación conductual de manera sistematizada, la idea general que hay tras este tratamiento es: hazlo aunque tu cuerpo te pida no hacerlo. Realizar actividades que mantengan el cuerpo en marcha y expuesto a nuevas fuentes de gratificación hace que poco a poco se rompa a burbuja de apatía en la que vive instalado el paciente, de manera que el hacer actividades diversas cada vez se va volviendo un acto más espontáneo.

En definitiva, la activación conductual sirve para trazar vínculos entre la persona y los contextos capaces de aportarle sensaciones positivas y nuevas formas de motivación.

3. Terapia interpersonal

La terapia interpersonal es parecida a la activación conductual, en el sentido de que también busca los mecanismos de la vuelta a la normalidad del paciente en las relaciones que este mantiene con su entorno. Sin embargo, en esta ocasión se focaliza en un elemento concreto del entorno: el resto de personas.

Así mediante pautas de comunicación y de expresión de las emociones, este tratamiento psicológico contra la depresión favorece que los pacientes abracen hábitos de relación interpersonal más significativos y motivadores, lo cual es capaz de transformar su día a día y permitir que los síntomas vayan debilitándose. No hay que olvidar que buena parte de nuestra forma de interpretar cómo nos sentimos está mediada por cómo valoramos nuestra vida social.

4. Terapia farmacológica

La terapia farmacológica es un complemento de la terapia psicológica, y no puede ser la única solución. De hecho, en algunos casos se ha visto que resulta contraproducente utilizar estos medicamentos, debido a sus efectos secundarios y al hecho de que no hacen desaparecer completamente los síntomas, sino que en todo caso los vuelven algo menos intensos.

Normalmente, los fármacos son utilizados en casos de depresión mayor o trastornos depresivos moderados, y no cuando los síntomas son más bien débiles.

Normalmente, en terapia farmacológica aplicada a pacientes con depresión se utilizan fármacos antidepresivos, los cuales son muy variados y tienen un gran abanico de efectos y mecanismos de acción en el cerebro. Por otro lado, esta clase de medidas solo deben ser adoptadas bajo indicación médica, siguiendo al pie de la letra las indicaciones del especialista, y asumiendo que si en cualquier momento los efectos adversos resultan demasiado perjudiciales, se retirará el uso de este fármaco o se empezará a recetar otro.

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Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders, fifth edition. Arlington, VA: American Psychiatric Association.
Heim C., Newport D.J., Mletzko T., Miller A.H., Nemeroff C.B. (2008). The link between childhood trauma and depression: insights from HPA axis studies in humans. Psychoneuroendocrinology. 33 (6): 693 – 710.
Mélendez J.C., Alfonso-Benlliure V., Mayordomo T. (2018). Idle minds are the devil’s tools? Coping, depressed mood and divergent thinking in older adults. Aging & Mental Health. 22 (12): 1606 – 1613.

Distimia: causas y síntomas de un trastorno parecido a la depresión

distimia

La distimia, también conocida como Trastorno Depresivo Persistente, es un tipo de estado depresivo crónico en el que la persona tiene un ánimo bajo global que viene durando al menos dos años (un año para jóvenes o adolescentes). A menudo hay episodios de mayor intensidad o depresión mayor.

No hay una causa clara para este trastorno que afecta en mayor número a las mujeres, se cree que puede tener un origen en factores psicosociales que podrían venir de la infancia (falta de afecto, de estímulos, desarraigo…).

La distimia se caracteriza por tener síntomas menos graves que la depresión mayor pero que impiden a la persona tener una vida plena

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Síntomas de la distimia

El principal síntoma es un estado de desánimo global, tristeza y desinterés por el mundo que rodea a la persona, del que se tiene una visión negativa o desalentadora, lo que impide a la persona resolver cualquier tipo de problema.

Además a la vez se dan al menos dos o más de estos aspectos:

  • Autoestima baja
  • Desajustes alimentarios y/o del sueño
  • Fatiga o baja energía
  • Falta de concentración
  • Irritabilidad o inquietud
  • Aislamiento
  • Episodios de llanto
  • Pensamientos catastróficos o de muerte

Qué hacer cuando sufrimos este trastorno

Es importante que la persona sea consciente de lo que le sucede para iniciar el cambio y evitar entrar en una depresión mayor.

La terapia se dirige a cambiar la visión distorsionada que tiene la persona de sí misma y de lo que le rodea, a identificar los estresores del entorno y a hacer una introspección en las relaciones afectivas para entender qué es lo que está detrás de esos pensamientos negativos, incrementándose la mejoría en la mayor parte de los afectados. En algunos casos la terapia se combina con medicamentos antidepresivos.

También ha resultado eficaz la terapia grupal.

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La depresión: síntomas y el papel del psicólogo

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El término depresión hace alusión a tres conceptos, según el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) relacionados entre sí pero diferentes: por un lado es un síntoma (tristeza o estado de ánimo deprimido) y como tal, está en la mayor parte de los trastornos psicopatológicos.

Sentirse triste o deprimido es una de las condiciones del malestar psicológico más frecuente en las personas, pero debe diferenciarse del puntual “bajo estado de ánimo” tan frecuente en personas sin patología alguna.

En este artículo analizaremos los principales síntomas de la depresión.

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¿Qué es la depresión?

El papel del psicólogo es superar este primer escollo y crear un clima de confianza y voluntad de superación.

También hace referencia a un síndrome o conjunto de síntomas relacionados: tristeza, pérdida de interés, sentimientos de inutilidad, insomnio, hipersomnia, ideación suicida, pérdida de apetito o de peso, dificultades de concentración, etc. finalmente, el término depresión alude también a un trastorno para el cual se han especificado unos parámetros de duración: los síntomas descritos aparecen, la mayor parte del día o casi todos los días durante un periodo mínimo de dos semanas.Los síntomas más frecuentes son: Falta de interés, de motivación y/o esperanza. Tristeza. Ideas suicidas o de muerte (deseo de morir).

Según el manual de diagnóstico DSM IV, el trastorno depresivo se caracteriza por la aparición de uno o varios episodios depresivos mayores. El episodio depresivo mayor se caracteriza por mantener un periodo de duración de al menos dos semanas, tiempo durante el cual existe un estado deprimido o pérdida de interés, junto a la incapacidad para disfrutar del placer en casi todas las actividades. A esto se añaden al menos cuatro síntomas de la siguiente lista:

  • Pérdida de peso sin que se esté realizando un régimen
  • Aumento de peso.
  • Insomnio o hipersomnia.
  • Agitación o enlentecimiento psicomotor.
  • Fatiga o pérdida de energía.
  • Sentimiento de inutilidad o culpa.
  • Disminución de la capacidad de pensar.
  • Pensamientos recurrentes de muerte o ideas de suicidio.

El papel del psicólogo

Cuando se acude al psicólogo con estos síntomas, el sentimiento de desesperanza y la desconfianza en la mejora está latente.

El papel del psicólogo es superar este primer escollo y crear un clima de confianza y voluntad de superación. Poco a poco, cuando a través del trabajo en las diferentes técnicas de la psicología cognitivo conductual y la profundización en las causas de la depresión, desde el punto de vista emocional, se va generando ese lazo psicólogo paciente, que devuelve la confianza y superación de la depresión.

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