Hijos

Cómo disfrutar de más tiempo de calidad con tus hijos

Cómo disfrutar de más tiempo de calidad con tus hijos

Es importante disfrutar de más tiempo con tus hijos. La conciliación familiar es uno de los aspectos actuales más problemáticos del estilo de vida en España. Específicamente, los problemas para disponer de tiempo que pasar con los hijos e hijas durante su infancia y adolescencia suelen causar malestar, y en muchos casos, además, problemas en las dinámicas familiares y en la crianza de los más jóvenes de la casa.

Si eres una de las personas que tienen esta clase de problemas, sigue leyendo, porque en este artículo veremos una serie de consejos prácticos para saber cómo gozar de tiempo de calidad con tus hijos.

Nuestra Terapia Infantil

¿Por qué es importante pasar tiempo juntos?

La crianza y la educación de los pequeños de la casa conforman un elemento crucial para su correcto desarrollo psicológico. No solo eso, sino que la falta de tiempo juntos suele traer, a largo plazo, distanciamiento y problemas de comunicación, algo cuyos efectos negativos sobre la relación paterno-filial o materno-filial llega a notarse en ocasiones incluso cuando los hijos llegan a la edad adulta.

De esta forma, al pasar tiempo con tus hijos, no solo les estarás sirviendo como referente y como figura de protección y cariño con la que es fácil establecer un vínculo emocional mediante el apego; además, tendrán a alguien con quien compartir sus miedos y preocupaciones, solventar dudas, y abrirse con honestidad sobre temas que les generan inseguridades. Todo lo que es más importante en cuanto a la educación no reglada, en definitiva.

Consejos para disfrutar de tiempo de calidad con tus hijos

Uno de los aspectos que se suele olvidar acerca de la crianza y la educación de los hijos es que si no se siguen pautas claras de planificación del tiempo, lo más probable es que no se pase mucho tiempo significativo con ellos, más allá de algunos intentos esporádicos.

El día a día está lleno de distracciones y de exigencias que generan cansancio, y es por eso que cuando hay tiempo en el que no hay algo urgente que hacer, es muy probable que permanezcamos “por defecto” manteniendo una actitud pasiva, algo que no exija tomar la iniciativa.

Por ejemplo, si terminamos de rellenar unos documentos en el ordenador, la opción por defecto es distraerse con contenidos de Internet. O, si solemos comer con el televisor entendido, al terminar es posible que nos quedemos viendo el telenoticias sin tener ni que cambiar de canal.

Por eso, sobre todo si no existe este hábito, hay que hacer esfuerzos conscientes por pasar tiempo juntos. Empezar suele ser lo más complicado porque si no estamos acostumbrados a hacerlo, estos acercamientos son percibidos como una rareza, algo ante lo cual hay que posicionarse mostrando algún tipo de reacción emocional; pero una vez ya es visto como algo normal, estos ratos del día surgen de manera mucho más espontánea.

Así pues, veamos varias prácticas y hábitos que puedes incorporar a tu día a día para poder disponer de más tiempo con tus hijos, sobre todo si tienen hasta 18 años.

1. Cread rutinas semanales

Es bueno crearse la costumbre de, sin necesidad de proponerlo, hacer cada semana una serie de salidas a lugares que gusten tanto a padres y madres como a los hijos. Por ejemplo, escapadas a la montaña, salidas a un museo, excursiones, etc.

En esta clase de contextos llenos de ocio y situaciones estimulantes resulta muy fácil crear vínculos comunicativos fluidos que puedan mantenerse durante el resto de la semana.

Además, de esta forma tendréis usa serie de experiencias compartidas sobre las que poder hablar, rememorar juntos, etc.

2. Limita tu ocio a solas

Está claro que todo el mundo merece tiempo a solas, pero ten cuidado de que esta clase de aficiones o hábitos no estén absorbiendo todo tu tiempo libre. Esto no solo te aislará; además, probablemente empeorará tu salud.

3. Asegúrate de tener tiempo con tu pareja

Gestionar bien el tiempo que pasas con tus hijos implica gestionar bien el tiempo que pasas con tu pareja, si tienes. De otro modo, solo experimentaréis frustración por manteneros atados siempre a una solución intermedia, en la que no existe verdadera intimidad.

Recuerda que lo importante es tener tiempo de calidad junto a los pequeños, no tiempo juntos en un sentido literal.

4. Comprende sus gustos y aficiones

Incluso si tus hijos son muy pequeños, te sorprenderá saber que, en el fondo, pueden tener intereses similares a los que tienes tú (en parte, por genética).

Por eso, cuando os comuniquéis, párate a analizar qué es exactamente lo que les gusta a hacer y busca elementos en común contigo. Recuerda que no es necesario que vuestras aficiones coincidan exactamente, sino que tengan elementos similares o una disciplina que las explique a ambas.

Por ejemplo, si le gusta jugar a la peonza y a ti te interesa la física, puedes enseñarle trucos o mecánicas similares pero con otros objetos. Si le gustan los perros y los gatos y a ti te gustan los animales, muéstrale tus conocimientos sobre criaturas exóticas que nunca ha visto, etc.

5. Si son pequeños, juega con ellos

En la primera etapa de la infancia, en la que la socialización más habitual de los pequeños aún no se realiza entre ellos y los niños o niñas de su edad, es importante que juguéis juntos. Usado los juguetes para crear narraciones interesantes, y deja que el pequeño participe en el desarrollo de la historia.

6. Si tienes varios hijos, dedica tiempo a cada uno por separado

Sobre todo si hay una diferencia de edad significativa entre los hermanos o si son muy pequeños, es importante que pases tiempo a solas con cada uno de ellos, y no siempre juntos. De esta manera podrán expresarse y actuar de una manera más libre y honesta.

Referencias bibliográficas:

Cinamon, R. Gali; Rich, Y. (2002). Gender Differences in the Importance of Work and Family Roles: Implications for Work–Family Conflict. Sex Roles. 47 (11–12): pp. 531 – 541.
Cuddy, A., Fiske, S. y Glick, P. (2004). When professionals become mothers, warmth doesn’t cut the ice. Journal of Social Issues, 60, 4: pp. 701 – 718.
Moen, P.; Yu, Y. (2000). Effective Work/Life Strategies: Working Couples, Work Conditions, Gender, and Life Quality. Social Problems – SOC PROBL 47: pp. 291-326.

Nuestra Terapia Infantil

¿Qué hacer si mi hijo tiene la autoestima baja?

¿Qué hacer si mi hijo tiene la autoestima baja?

Los primeros años de vida conforman una etapa clave en lo que respecta al desarrollo de las características psicológicas más importantes. Por ello, es muy importante que durante la niñez y la adolescencia se disponga de una buena autoestima. Sin embargo, es muy frecuente que padres y madres noten cómo su hijo o hija se valora menos de lo normal, asumiendo ideas pesimistas sobre sus propias capacidades y cualidades positivas. Así pues, hay una duda muy común en lo que se refiere a los procesos de crianza: ¿qué hacer si mi hijo tiene la autoestima baja? En este artículo repasaremos algunas ideas clave para comprender cómo afrontar este problema.

Nuestra Terapia Infantil

La autoestima en la infancia y la adolescencia

El modo en el que aprendemos a relacionarnos con el entorno y con los demás durante la infancia y la adolescencia tiene un papel muy importante en el desarrollo de nuestra personalidad. Durante la infancia y la adolescencia, concretamente, las relaciones que establecemos con las personas de nuestra edad (normalmente, compañeros de clase) dan forma a las actitudes que adoptamos acerca de nuestra propia identidad, quiénes somos y qué podemos llegar a hacer.

Y es que en nuestros primeros años de vida, la manera en la que percibimos que nos perciben tiene un fuerte impacto emocional en nosotros, para bien o para mal. Si creemos que el resto de personas adopta una actitud hostil o de desinterés al vernos o al conversar con nosotros, eso nos lleva a la conclusión de que el origen de esa antipatía nace en buena parte de un problema en nuestra manera de ser; y si la reacción de los demás es favorable, también asociamos esa sensación satisfactoria a la idea del “Yo”.

En definitiva, en comparación a lo que ocurre en la adultez, etapa en la que lo que los demás piensen de nosotros no nos resulta tan importante, en la infancia y en la adolescencia se es más sensible a lo que ocurre en nuestra vida social.

Situaciones como el bullying, la creencia de que el resto de niños son mejores que uno en las notas o en los deportes, o la falta de amigos y la sensación de soledad, son desencadenantes habituales de problemas de baja autoestima.

Pero a pesar de que las relaciones interpersonales con el resto de niños o jóvenes de la misma edad tiene un peso muy importante en la valoración de uno mismo, como padres y madres podemos contribuir a que la autoestima de los pequeños quede reforzada y no se vea sesgada por el pesimismo. Veamos algunos consejos al respecto

Mi hijo tiene baja autoestima: ¿qué hacer?

Estas son algunas pautas y consejos a aplicar en tus hábitos de crianza y educación en casa.

1. No favorezcas las comparaciones

Ensalzar las virtudes de un hijo o hija con problemas de autoestima comparando sus virtudes con las de otros que teóricamente son peores en algo, resulta contraproducente.

El motivo es que a pesar de que lo que estamos diciendo con ello es que nuestro hijo o hija destaca positivamente en algo, a la vez se está reforzando la idea de que el valor de alguien depende de criterios basados en la competición. Y como en ese momento el o la menor de edad tiene una autoestima baja, seguirá aplicando esa clase de razonamientos comparativos a partir de un sesgo pesimista. Es decir, establecerá más comparaciones al notar que los otros son mejores en algo, y no tantas cuando sea él o ella quien destaque.

Por supuesto, intentar motivar a un hijo a volverse más apto para ciertas tareas intentando que se sienta mal por no poder hacerlas como el resto de los jóvenes de su edad, es totalmente desaconsejable.

2. Ayuda a que se involucre en algo que le guste

Muchas veces, los problemas de autoestima llegan por no darse la oportunidad de desarrollar habilidades aplicadas a tareas que produzcan interés o satisfacción en nuestros hijos.

Por ejemplo, si la única actividad de ocio en la que se involucra nuestro hijo son los partidos de fútbol del recreo y no le gusta ese deporte, fácilmente asumirá que no vale para nada.

Pero si como padres y madres le descubrimos que hay muchas otras actividades estimulantes, probablemente encontrará al menos una que le despierte interés y en la que pueda ir aprendiendo, notando su progresión de mejora y la dificultad ascendente de aquellas tareas que puede optar a realizar.

3. No penalices por los errores

Más allá del incumplimiento de las normas de convivencia o de los errores que ponen en riesgo su integridad, es importante que como padres y madres no penalicemos a nuestros hijos por hacer las cosas mal (por ejemplo, por hacer mal un ejercicio de matemáticas, o por no poder chutar bien una pelota).

Y es que estas experiencias ya aportan en sí mismas la ligera experiencia desagradable que puede estimular el aprendizaje; no hace falta añadir más malestar, además de que sería poco ético “castigar” a los pequeños por hacer algo que no perjudica a nadie más que a ellos. Equivocarse es parte del proceso de aprender, y la infancia está llena de estas situaciones.

4. Demostrar apoyo incondicional

Como padres y madres, nuestro rol fundamental es el de proporcionar sustento material y amor, un vínculo afectivo gracias al cual los más jóvenes puedan sentirse seguros. Por eso, pasar tiempo en familia y expresar este amor de manera clara resulta en sí mismo algo que contribuye a subir la autoestima.

5. Reconocer sus errores de manera honesta

Es importante demostrar tener una mirada honesta sobre las imperfecciones de nuestros hijos.

Exagerar sus virtudes de una manera demasiado insistente y extrema solo servirá para que los pequeños noten estas imposturas y dejen de tener en cuenta la opinión de sus padres, sintiéndose más perdidos y faltos de referencias.

6. Ir al psicólogo si es necesario

Hay ocasiones en las que es necesario contar con ayuda profesional, lo cual no significa que el o la joven en cuestión tenga ninguna patología mental ni un síndrome que no se vaya a curar.

Eso sí, incluso en estos casos en los que se va al psicólogo, la tarea de intervenir sobre la baja autoestima no es tanto del psicoterapeuta como de los más jóvenes, y de sus padres durante el tiempo que pasen juntos en el hogar.

La terapia infanto-juvenil crea los contextos en los que es posible reforzar la autoestima, pero la implicación de todas las partes involucradas es crucial.

Si necesitas más información acerca de la terapia infantil, en el siguiente enlace podrás obtenerla:

Nuestra Terapia Infantil

Referencias bibliográficas

Branden, N. (1995). Los seis pilares de la autoestima. Barcelona: Paidós.
Cava, M. J., y Musitu, G. (2000). La potenciación de la autoestima en la escuela. Barcelona: Paidós

¿Por qué aparece el temor a la oscuridad en niños y niñas?

¿Por qué algunos niños temen a la oscuridad?

El miedo a la oscuridad en los niños y niñas es uno de los fenómenos más habituales que causan problemas a los padres y madres a la hora de acostar a sus pequeños. Además, no solo aparece cuando toca ir a dormir: se nota incluso en la autonomía de movimiento de los hijos pequeños, en su manera de evitar pasar por galerías oscuras (aunque necesiten atravesar una para llegar a su casa o habitación) Ahora bien… ¿por qué algunos niños temen a la oscuridad? ¿Qué experiencias o ideas desencadenan este temor? Este es el tema que exploraremos a continuación.

Nuestra Terapia Infantil

El miedo extremo a la oscuridad y la nictofobia

Tal y como pasa con todos los problemas relacionados con el miedo y la ansiedad, el temor a la oscuridad es un espectro de grises: puede ir desde un extremo en el que resulta insoportable y no permite llevar una vida normal, hasta otro en el que, aunque está presente, solo genera una cierta incomodidad y no tiene un impacto significativo en la calidad de vida.

Cuando este miedo es lo suficientemente intenso, hablamos de nictofobia, mientras que el concepto de “miedo a la oscuridad” abarca todos los casos, desde los que resultan patológicos hasta los que no dan grandes problemas.

En los niños y niñas, el miedo extremo a la oscuridad es mucho más común que en los adultos y en los adolescentes, y sus causas también acostumbran a ser diferentes. El sistema cognitivo con el que los pequeños perciben e interpretan el mundo que los rodea es distinto a los de quienes ya han pasado la adolescencia, y presenta más puntos vulnerables por los que se puede colar el temor.

  • Sin embargo, los síntomas del miedo a la oscuridad son relativamente parecidos en niños y en adultos. Estos síntomas son los siguientes:
  • Temblores
  • Sudores fríos
  • Subida de la presión sanguínea
  • Subida de la frecuencia cardíaca
  • Llanto
  • Mareos
  • Pensamientos catastrofistas (anticipación de heridas o de muerte)
  • Tendencia a evitar sitios oscuros
  • Ganas de huir al estar en un sitio oscuro.

Así pues, el miedo a la oscuridad en niños será un problema cuando aparezcan varios de estos síntomas (no necesariamente todos) y sean lo suficientemente intensos y frecuentes como para afectar a su calidad de vida y, por extensión, a la de sus cuidadores.

¿Por qué aparece el temor a la oscuridad en niños y niñas?

Una vez hemos visto en qué consiste el miedo a la oscuridad, que en casos extremos puede llegar a ser considerado nictofobia, veamos cuáles son las causas más frecuentes de que aparezca este tipo de malestar.

1. Pensamiento mágico

En psicología infantil, uno de los aspectos de la mente de los niños que más se estudia es el modo en el que los pequeños razonan al margen de los esquemas de la lógica que utilizan los adultos. Y es que los niños y niñas creen en un mundo en el que los fenómenos mágicos son posibles: las ideas representadas en el lenguaje pueden cobrar vida y materializarse en el mundo real. Y una de las consecuencias de esto es que tienden a pensar que los monstruos que se imaginan pueden llegar a existir y a suponer una amenaza.

Sin embargo, normalmente los niños y niñas saben que estas criaturas mágicas no son iguales que el resto de seres vivos: a fin de cuenta, han llegado a su mundo a través del pensamiento mágico, y no a través de la observación directa. Por eso, asumen que los monstruos tienden a esconderse y a aparecer solo en situaciones en las que no están a la vista de todos. Los dormitorios oscuros, los armarios o el hueco de debajo de la cama son parte de los espacios más recurrentes en los que los pequeños se imaginan que hay algo maligno acechando.

Esta característica del pensamiento mágico por el cual los símbolos y las ideas abstractas podrían existir materialmente en el mundo real es algo que favorece la aparición del miedo a la oscuridad, porque hace que los pensamientos catastróficos de nuestros hijos pequeños estén llenos de imágenes horribles que se traducen en un miedo a los ataques físicos.

2. Miedo a las sorpresas

Otra de las causas del miedo a la oscuridad, también relacionada con la anterior, es que allí donde no hay luz podemos toparnos con estímulos desagradables de inmediato, sin verlos venir.

Esto hace que algunos niños y jóvenes entren en un estado de hipervigilancia: no solo sienten que deben detectar ciertos peligros, sino que además deben hacerlo concentrándose mucho para verlos venir y reaccionar teniendo el suficiente tiempo por delante como para evitar el contacto físico.

3. Sensación de separación de los padres

En general, los pequeños de la casa no solo le temen a la oscuridad: le temen a la desprotección y la vulnerabilidad de estar en un lugar en el que no pueden ver nada y en el que por consiguiente sus padres y madres (sus figuras protectoras de referencia) tampoco pueden ver.

Estar en un lugar oscuro no solo nos separa de nuestro entorno, también nos aísla de los demás. Y en la infancia, la necesidad de tener un vínculo constante con los padres o con alguna figura de protección adulta resulta muy importante.

4. Experiencias traumáticas

Aunque son relativamente menos frecuentes que las anteriores causas del miedo a la oscuridad en los niños, las experiencias traumáticas vividas en la oscuridad también pueden dejar una marca en el comportamiento de los niños. Si una de estas situaciones ligadas a un alto nivel de ansiedad se asocia al concepto de la oscuridad, es más probable que se sienta un gran malestar al estar en un lugar con falta o ausencia de luz.

¿Qué hacer?

En caso de que un niño o niña experimente un intenso miedo a la oscuridad, lo recomendable es acudir a psicoterapia infantil. Los psicólogos especializados en este ámbito cuentan con las herramientas y las estrategias necesarias para hacer que los pequeños “desaprendan” este temor.

Nuestra Terapia Infantil

Referencias bibliográficas:

Cavallo, Vicente (1998). International Handbook of Cognitive and Behavioural Treatments for Psychological Disorders. Pergamon.
E. Birren y K. W. Schaie (Eds.), Handbook of the psychology of aging. Nueva York: Academic Press.

Niños que ven demasiada televisión

Niños que ven demasiada televisión: ¿qué hacer?

La infancia es una etapa clave para el desarrollo físico y psicológico, y justamente por eso es importante evitar que los más pequeños aprendan patrones de comportamiento que les resultan dañinos. En este artículo veremos una serie de claves y consejos para saber qué hacer ante los casos de niños que ven demasiada televisión, un hábito que acarrea varias consecuencias negativas para ellos.

Nuestra Terapia Infantil

¿Por qué es malo que los pequeños se enganchen a la televisión?

Antes de ver qué podemos hacer como padres, madres o tutores para que los niños no se pasen el día pegados al televisor, es importante que tengamos claras las razones por las que debemos tomar cartas en el asunto. Es decir, conocer las razones por las que esta costumbre diaria es mala para ellos, más allá del rechazo general a las nuevas tecnologías que de manera ambigua e irracional difunden algunos medios de comunicación.

Así pues, los principales motivos por los que ver demasiada televisión durante la infancia es malo son los siguientes.

1. Adopción de un estilo de vida sedentario

Pasar mucho tiempo viendo la televisión lleva hacia un estilo de vida de marcada pasividad, en el que solo importa sentarse en un lugar y mirar una pantalla. Muchas veces, incluso se come realizando esta actividad, y esto restringe el tipo de alimentos que se usan normalmente, comida preparada y ultra-procesada).

2. Evasión de la realidad

Ver durante mucho tiempo la televisión puede ser una manera de imaginarse vivir en otras realidades, de escapar de la cotidianidad de su entorno familiar o escolar, sin participar demasiado en estos últimos.

3. Menos tiempo para aprender experimentando con el entorno

Dedicarle un tiempo excesivo a la televisión también tiene un coste de oportunidad: se deja de vivir experiencias importantes y significativas por el simple hecho de no moverse del sofá o del sillón de casa. Hay una necesidad de restringir el resto de actividades.

Si muchos padres y madres quieren saber qué hacer con los niños que ven demasiada televisión, es en parte porque ven que estos se desentienden de la realidad y viven pensando e imaginando cosas que tienen que ver con mundos ficticios, personajes que solo existen en series y películas, etc.

4. Menos control sobre el horario

La necesidad de no alejarse del televisor crea limitaciones claras en el horario que el niño o niña está dispuesto o dispuesta a seguir.

5. Menos tiempo para conversar y crear vínculos afectivos

Este hábito tiene repercusiones serias sobre la socialización de los pequeños, y también limita su participación en las relaciones familiares.

6. Rabietas ante cualquier cosa que se interponga entre el niño y la pantalla

Cada vez que haya algo que evite que el niño o niña vea la televisión, surgirán rabietas.

Es decir, tanto físicamente (ruidos que impidan escuchar la televisión, personas que tapen parte de la pantalla) como en un sentido más abstracto (planes en familia que transcurran durante la emisión de las series y programas que le gustan), surgirá la necesidad imperiosa de que no haya nada que se interponga entre uno mismo y la pantalla.

¿Qué hacer ante los niños que ven demasiada televisión?

Veamos varios consejos para saber qué hacer ante casos en los que los pequeños se van acostumbrando a dedicar buena parte del día exclusivamente a ver la televisión.

1. Hablar del problema con él o ella

Lo primero que hay que hacer es explicarle al niño o niña cuál es nuestro punto de vista, y por qué tomaremos una serie de medidas que le obligarán a cambiar de hábitos. Hay que transmitirlo desde la calma, de manera honesta y clara, indicando varios de los motivos por los que se va a hacer: por ejemplo, las razones vistas en la sección anterior.

2. Poner horarios claros

Hay que poner un horario que estructure la vida familiar y que sirva como criterio objetivo para saber si se está actuando bien o no con respecto al televisor.

Es mejor si no se prohíbe totalmente el uso de la televisión, dado que algo así causaría una sensación de que es totalmente imposible cumplir con esas nuevas normas de vida familiar.

Lo mejor que se puede hacer es darle al menor en cuestión una horquilla horaria en la que puede elegir cuál será el momento de ver la televisión durante un tiempo determinado. Por ejemplo, se le da a elegir cuándo empieza el momento de ver la televisión durante una hora y cuarto entre las 17 y las 20 horas.

Así, establecerá prioridades, verá que puede vivir perfectamente sin ver ciertos contenidos, y solo verá aquello que más le interese.

Por otro lado, es bueno que el resto de miembros de la familia sigan las mismas normas, si es posible; así se da ejemplo y la motivación para no intentar romper esas reglas será mayor.

3. Limitar también el uso de Internet

Si un niño o niña se engancha al hábito de ver la televisión, es muy probable que también lo haga con otras opciones tecnológicas conectadas a Internet, como las tablets o los smartphones, dado que hoy en día es posible ver la televisión a través de la web.

Por eso, lo recomendable es también asegurarse de que su uso se rige por un horario fijo, en el que puede dedicar tiempo a navegar por internet y/o a chatear con amigos de clase, dependiendo de su edad.

4. Reconocer sus éxitos y su esfuerzo

Es importante comunicarle de manera frecuente lo bien que lo está haciendo, para que se mantenga la motivación por seguir manteniendo esos hábitos de vida más sanos.

Por ejemplo, se puede organizar celebraciones por buen comportamiento cuando lleguen fechas señaladas (un mes después de iniciar la aplicación del horario), y hacer que el pequeño participe en planear este evento, entre otras cosas para crear anticipación.

5. Acudir al psicólogo

Si nada de lo anterior sale bien tras intentarlo durante algunas semanas, probablemente sea el momento de acudir a servicios de psicología infantil.

Seguir las pautas dadas por un profesional que haya explorado nuestro caso de manera personalizada puede ser la solución, y los resultados deberían verse muy rápidamente. Eso sí, en cualquier caso la familia y del niño o niña debería seguir estando implicada; el trabajo se hace tanto en la consulta del centro de psicología como fuera de ella.

Nuestra Terapia Infantil

Referencias bibliográficas:

Butterworth, G.; Harris, M. (1994). Principles of Developmental Psychology. Lawrence Erlbaum Associates.
Field, T. (2002). Infants Need for Touch. Human Development. 45 (2): 100–103.

Trastornos psicológicos de la adolescencia

Los 5 trastornos psicológicos más frecuentes en la adolescencia

La adolescencia es, para muchos jóvenes, una etapa de la vida caracterizada por los cambios y la incertidumbre. No es solo que el cuerpo empiece a desarrollarse de una manera más rápida; además, hay que afrontar nuevas responsabilidades y exponerse a nuevos retos. Todo esto implica la necesidad de adaptarse a nuevos contextos y nuevas sensaciones, y ello puede llegar a generar un malestar significativo, e incluso, en algunos casos, la aparición de alteraciones mentales y trastornos psicológicos en la adolescencia.

En las próximas líneas veremos cuáles son los trastornos psicológicos más comunes durante la adolescencia, qué síntomas los caracterizan y de qué maneras pueden empezar a expresarse a través de las acciones, los pensamientos y los estados de ánimo de los adolescentes.

Si crees que podemos ayudar a tu hijo/a adolescente, ponte en contacto con nosotros.

Nuestra Terapia para Adolescentes

Trastornos psicológicos más comunes en la adolescencia

Las alteraciones psicológicas que veremos a continuación no tienen por qué manifestarse solamente durante la etapa que tiene lugar entre la pubertad y la entrada en la adultez plena, pero tienen un grado de incidencia relativamente alto en adolescentes.

Eso sí, es importante tener claro que el simple hecho de ser un adolescente no implica tener que sufrir estos u otros cuadros clínicos relacionados con la salud mental; en cualquier caso, los adolescentes son estadísticamente algo más propensos a desarrollar estos trastornos.

1. Trastorno de Ansiedad Generalizada

El Trastorno de Ansiedad Generalizada es uno de los principales representantes del grupo de alteraciones conocidas como trastornos de ansiedad, categoría a la que también pertenecen las fobias.

Los síntomas típicos del TAG pueden ser divididos en fisiológicos (temblores, sudoración, mareos, taquicardias, etc.) cognitivos (pensamientos catastróficos, ideas intrusivas que no pueden ser disipadas de la consciencia, creencia en que se corre un grave peligro, etc.) y conductuales (tendencia al aislamiento y evitación de lugares estresantes en los que podrían surgir las crisis de ansiedad).

En los adolescentes, el Trastorno de Ansiedad Generalizada suele estar vinculado al hecho de ir a la escuela y tener que encontrarse con personas semi-desconocidas, tener que hablar frente al resto de la clase, realizar exámenes, o exponerse al riesgo de sufrir bullying (siendo esto último un problema añadido cuya solución está más allá de la terapia individual e involucra a personal docente y familias).

2. Fobia social

La fobia social es un tipo de trastorno de ansiedad en la que los contextos de interacción social con personas que no forman parte del círculo social más cercano producen una gran ansiedad y estrés, pudiendo incluso desencadenar crisis de pánico.

La persona con fobia social experimenta pensamientos catastróficos acerca de lo que puede pasar si inicia una conversación con alguien o si interactúa de alguna manera con gente desconocida (por ejemplo, entrando en su campo de visión y estando más o menos cerca). De manera resumida, puede ser resumido como un fenómeno psicológico parecido a una timidez extrema, aunque sus efectos aparecen incluso sin que haya nadie cerca, mediante la evitación de las situaciones en las que hay interacción social.

A diferencia de lo que ocurre con el Trastorno de Ansiedad Generalizada, aquí existe un tipo de contexto muy concreto que siempre produce una alta ansiedad: las interacciones y la comunicación con otras personas.

La adolescencia es una etapa vital en la que este trastorno puede aflorar como consecuencia de la preocupación excesiva por la imagen de uno mismo que se va a dar ante los demás.

Por otro lado, el simple hecho de que en esta fase existen mayores desigualdades (estar físicamente más desarrollado o no estarlo, tener acceso a una vida más “adulta” o no tenerlo, etc.) hace que las inseguridades y los problemas de autoestima puedan llegar a dispararse en algunos jóvenes.

3. Trastorno de la Conducta

También conocido como trastorno disocial, este fenómeno psicológico se caracteriza por expresarse a través de una tendencia a la agresividad y a transgredir las normas constantemente.

No se trata de una oposición a algunas leyes o reglas consideradas injustas, sino de una indiferencia generalizada ante todas las pautas de comportamiento acordadas por la sociedad para vivir en harmonía y sin generar conflictos, a la que se suma el uso de la violencia: peleas, amenazas, robos, etc.

4. TDAH

Normalmente, el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) es diagnosticado durante la infancia, antes de la llegada de la pubertad. Sin embargo, a veces este reconocimiento de los síntomas se realiza tarde, y en cualquier caso en la mayoría de los casos el trastorno suele continuar durante la adolescencia.

Los síntomas de esta alteración psicológica están relacionados con la necesidad de buscar actividades de interacción con el entorno que distraigan al niño o niña, y con los problemas a la hora de focalizar la atención en un mismo estímulo durante varios minutos seguidos. Esto produce dificultades tanto en la escuela como en las relaciones sociales y en la capacidad para cumplir las normas.

5. Trastornos de la conducta alimentaria

Tal y como hemos visto, durante la adolescencia suelen ganar importancia temas como la aceptación por parte de los demás y la posibilidad de ser un miembro respetado dentro de un grupo social compuesto por los pares (jóvenes de la misma edad que suelen estar en contacto día a día).

Además, la preocupación por la propia imagen también cobra protagonismo, y se asume que la apariencia es la carta de presentación que implicará tener más o menos apoyo en estos grupos de adolescentes.

Esta presión por ofrecer la mejor versión de uno mismo, vuelve a los jóvenes, y especialmente a las mujeres, más vulnerables a los trastornos de la conducta alimentaria, cuyos síntomas acostumbran a estar ligados a una necesidad obsesiva de control del propio peso corporal.

¿Qué hacer para ayudar a estos jóvenes?

La psicoterapia es una herramienta útil para intervenir en casos de trastornos psicológicos a cualquier edad. Algunas de estas alteraciones tienden a responder tan bien a la terapia que sus síntomas prácticamente desaparecen, mientras que en otros casos, si bien el trastorno sigue estando presente, son gestionados de una manera mucho más adecuada por los pacientes, de manera que su calidad de vida mejora significativamente y su desempeño escolar también.

En cualquier caso, en estas edades tan delicadas merece la pena hacer lo posible por que los jóvenes tengan la posibilidad de adaptarse a los cambios que supone la adolescencia de la mejor manera posible, sin que un afrontamiento inadecuao de los trastornos genere problemas añadidos.

Nuestra Terapia para Adolescentes

 

Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. Arlington: American Psychiatric Publishing.
Steinberg, L. (2008). Adolescence. Boston: McGraw-Hill Higher Education.

Logopedia infantil

Logopedia infantil: ¿qué es y en qué casos puede ayudar a tu hijo?

La infancia es una etapa clave en la vida de todas las personas, pero resulta especialmente importante en el desarrollo de ciertas aptitudes psicológicas. Parte de este grupo de capacidades que emergen sobre todo durante los primeros años de vida son las habilidades comunicativas, en cuyo centro está el dominio del lenguaje.

Es precisamente por eso que existen profesionales que se dedican a aplicar terapia para ayudar a aquellos niños y niñas que experimentan problemas a la hora de comunicarse. La logopedia infantil es la disciplina que se encarga de guiar y entrenar a los más pequeños en su proceso de gestionar las alteraciones de la expresión o la comprensión del lenguaje, y en este artículo veremos sus características, funciones y utilidad.

Nuestra Terapia Logopeda

¿Qué es la logopedia infantil?

Para comprender qué es la logopedia infantil, primero hay que conocer el concepto más genérico que lo abarca: la logopedia. Esta es la disciplina que se encarga de intervenir mediante terapia del lenguaje en personas con problemas en su uso de las actividades comunicativas, tanto de manera oral como escrita, y tanto en la comprensión como en la emisión de mensajes.

Así, los logopedas asisten a personas con muchos tipos de alteraciones que afectan directa o indirectamente a su capacidad comunicativa, como las lesiones cerebrales que dificultan la coordinación de los músculos del habla, los trastornos del neurodesarrollo que complican el proceso de leer y comprender un texto, las lesiones en las cuerdas vocales producto de la costumbre de hablar de un modo inadecuado, etc.

Por otro lado, entendemos por logopedia infantil el conjunto de prácticas ejercidas por los logopedas durante su trabajo con niños y niñas, que son un grupo de población especialmente vulnerable a verse perjudicado por problemas en sus capacidades comunicativas.

 

¿Cómo puede ayudar a los niños?

Muchos padres y madres se ven en condiciones de acudir a servicios de logopedia infantil para ayudar a su hijo o hija; es algo normal, porque muchos pequeños pueden experimentar problemas en alguna de las áreas de dominio del lenguaje, dado que hay muchas y todas requieren de un proceso de aprendizaje complejo y que requiere esfuerzo.

Sin embargo, si hay un momento en la vida en el que merece la pena invertir tiempo y esfuerzos en aprender estas habilidades, es la infancia.

La importancia del uso del lenguaje en la infancia no consiste simplemente en que esta última sea la etapa de la vida en el que se aprende más rápido a hablar y a comprender lo que otros dicen; además, hay que tener en cuenta que la niñez supone una ventana de oportunidad para el desarrollo del lenguaje. Por eso, si ante ciertos problemas en el uso del lenguaje se deja pasar el tiempo y no se acude a un logopeda infantil, nada nos garantiza que más adelante no sea mucho más complicado ponerle remedio a esas alteraciones.

Una vez se ha pasado cierta edad, hay ciertas capacidades vinculadas a la comunicación que, en caso de no haber sido aprendidas de la manera correcta, difícilmente llegarán a ser dominadas del todo en la etapa adulta. A su vez, los efectos de algunos trastornos que afectan al habla, la comprensión, a la escritura o al lenguaje no verbal, resultan más dañinos si los experimenta un niño o niña, y eso hace necesaria la intervención de profesionales especializados.

Ejemplos: la utilidad de la logopedia en niños y niñas
Esta es una lista de ejemplos en la que podemos ver casos en los que es importante recurrir a la logopedia infantil.

1. Niños con tartamudez

La tartamudez, también llamada disfemia, es un trastorno en el que la producción del habla queda interrumpida por repeticiones involuntarias de un mismo fonema, o por pausas repentinas.

En algunos casos, la tartamudez es producto de una dinámica errónea de aprendizaje del habla en la cual el niño o niña aprende a reaccionar a sus equivocaciones parando en seco al hablar y tensionando los músculos de la cara como respuesta a la sensación de pérdida de control. Si se consolida esta dinámica de gestión del habla, la tartamudez puede cronificarse, pero con la ayuda de la logopedia infantil en etapas tempranas de este trastorno, se puede llegar a gestionar bien.

2. Niños con dislexia

La dislexia consiste en la dificultad a la hora de leer textos; se lee de manera significativamente más lenta de lo que tocaría para un niño o niñas de esa edad, y esto no se explica por la falta de horas de clase y de prácticas.

El trabajo de la logopedia infantil resulta especialmente importante teniendo en cuenta que las dificultades al leer repercuten claramente en el aprendizaje de los pequeños y pueden predisponer al fracaso escolar. Es decir, el simple hecho de pasarlo mal al leer y hacerlo de una manera poco ágil y eficaz, deriva en otros problemas que tienen que ver con la falta de habilidades y de conocimientos. Un hijo con dislexia no tiene por qué dejar que su vida quede condicionada por un problema tan específico como la dislexia.

3. Niños con disortografía

En algunos casos, las dificultades a la hora de escribir respetando las normas ortográficas son tan notorias que se puede hablar de un trastorno: la disortografía. Contar con el apoyo de logopedas que enseñen al niño o niña a gestionar los efectos de la disortografía y a escribir del mejor modo posible los mantendrá mucho más conectado a una red amplia de relaciones sociales, tanto en el ámbito personal como, más adelante, en el del trabajo.

4. Niños con discapacidad intelectual

Las complicaciones en el proceso de maduración del cerebro asociadas a la discapacidad intelectual también producen frecuentemente problemas a la hora de comunicarse.

Por eso, los logopedas infantiles sirven como parte del equipo multidisciplinar que debe tratar a los niños y niñas con estas características, como complemento a otro tipo de intervenciones que tienen como objetivo reforzar sus procesos de aprendizaje en otras competencias.

5. Otros casos

Existen muchos otros casos en los cuales resulta imprescindible la logopedia infantil.

Referencias bibliográficas:

Cross, M. (2011). Children with social, emotional and behavioural difficulties and communication problems: there is always a reason. Londres: Jessica Kingsley Publishers.
Richard G.J. (2011). “The role of the speech-language pathologist in identifying and treating children with auditory processing disorder”. Lang Speech Hear Serv Sch. 42 (3): 241 – 245.

Nuestra Terapia Logopeda

Los problemas de conducta en la infancia

Los enfrentamientos entre padres e hijos suelen ser muy habituales en el desarrollo del niño a medida que va creciendo y va poniendo a prueba sus nuevas habilidades de comunicación. problemas de conducta infancia pueden ser un gran problema que amenaza la armonía en casa.

No obstante, aunque es normal que puedan darse algunas discusiones y surgir problemas entre los miembros de la familia, si estas dificultades son demasiado frecuentes y/o se alargan en el tiempo, podrían llegar a ser algo más que simples disputas en el seno familiar convirtiéndose en problemas de conducta serios.

Nuestra Terapia Infantil

¿Cuáles son los problemas de conducta típicos de la infancia?

Los comportamientos negativos más comunes en los niños y adolescentes son los siguientes.

Rabietas: cuando no consiguen lo que quieren tienden a gritar, patalear y llamar la atención en general. En adolescentes, pueden aparecer conductas agresivas si no consiguen su objetivo.

Mutismo: cuando guardan silencio o responden sólo con monosílabos impidiendo la comunicación en la familia.

Demanda constante de atención: cuando necesitan que se esté pendiente de ellos en todo momento, observando todo lo que hacen o jugando siempre con ellos, sin dejar apenas espacio o tiempo para los adultos.

Poca autonomía: cuando no son capaces o no quieren hacer cosas propias de su edad y siempre demandan que los padres sean quienes lo terminen haciendo. No hay que olvidar que cualquier extremo es negativo. Por lo tanto,el exceso de autonomía también puede ser un problema, ya que el niño debe seguir un aprendizaje paulatino según su edad y su desarrollo.

Poca atención: cuando parece que no atienden a lo que se les dice, no escuchan, o si escuchan no hacen las cosas que se les piden.

Las disputas en el seno familiar son un motivo habitual de consulta de las familias que se ven desbordadas por ciertas conductas de sus hijos que no saben cómo afrontar

Técnicas para eliminar las conductas perjudiciales

Estos comportamientos negativos que se dan en la infancia en ocasiones no permiten a los niños interactuar con los otros de una manera adecuada. Es decir, cuando los niños interactúan con otros en forma de provocaciones, violencia verbal o física, con burlas, etc, de forma habitual, decimos que tiene un comportamiento desadaptado.

Existen técnicas básicas para eliminar este tipo de comportamientos que podemos utilizar para hacer desaparecer estas conductas poco a poco. Las más habituales son:

Retirada de atención: se basa en no reforzar una conducta. Por ejemplo:

María empieza a llamar la atención diciendo constantemente palabrotas, insultos, etc. Si nuestra respuesta es no prestarla atención o hacer como que no entendemos lo que dice cuando habla así, la conducta irá desapareciendo. Cuando María se esfuerza por pedirnos las cosas de otra manera, sin insultos, estaremos atentos para reforzar la conducta positiva.

Es habitual que al principio estas conductas empeoren, pero si no cejamos en el intento, obtendremos resultados positivos, porque en este caso, María tiene que reaprender que las cosas se pueden pedir de otra manera.

Tiempo fuera: este tipo de técnica consiste en privar al niño de un refuerzo por un corto espacio de tiempo (1-5 minutos) de las actividades que estaba haciendo y de las personas con las que estaba. Pongamos un ejemplo: a María le gusta molestar a sus hermanos, padres, etc cuando éstos están haciendo una actividad (ver una película, jugar) y aumenta en intensidad impidiendo a los demás realizar su actividad. Se utiliza cuando la advertencia verbal ya no sirve de nada. En este caso, apartaremos a María de la actividad y se la retira a un lugar neutro, que tampoco produzca pavor. Es importante explicarle justo antes por qué lo hacemos y qué es lo que no queremos que haga. Esta técnica se tiene que utilizar de forma firme y sistemática hasta que desaparezca la conducta. Pasado el tiempo acordado, se le lleva a realizar una actividad que sea positiva y que reforzaremos.

Técnica de Premark: consiste en asociar una acción desagradable a otra que sea agradable y que se da justo a continuación, y en este orden. Esta técnica se basa en que toda conducta que recibe un premio tiende a repetirse, con lo cual, aumenta la posibilidad de que se repita en el futuro. Por ejemplo: María no quiere recoger sus juguetes, pero si lo hace, después podrá jugar a la plastilina, que es su juego favorito. Como veis, la actividad que viene a continuación funciona como refuerzo para realizar la anterior.

El castigo:supone la aparición de una consecuencia desagradable por una conducta no adecuada. Solo se debe utilizar esta técnica cuando la conducta perjudica a los demás (agresiones físicas y sistemáticas) o para él mismo (cruzar la calle sin mirar). Debe ser utilizado inmediatamente después de la conducta inapropiada, y también debe ser corto aunque intenso. También hay que tener en cuenta que debe ser usado como último recurso para hacer desaparecer una conducta porque puede provocar respuestas emocionales de ansiedad, miedo…etc. Si se utiliza con frecuencia puede originar inseguridad y un mal concepto de sí mismo. Pongamos un ejemplo: María ha pegado con un palo a un amigo en el parque y sus padres han decidido que ya no puede seguir jugando y se marchan, o bien deciden que esta tarde ya no podrá ver sus dibujos preferidos.

Es importante que se ofrezca un modelo adecuado. El adulto debe comportase de manera habilidosa para que el aprendizaje sea eficaz (resolver conflictos dialogando, saber conversar, expresar sus emociones de manera adecuada, defender sus derechos sin ofender a los demás…etc) esto asegura unas buenas habilidades sociales en el futuro.

Nuestra Terapia Infantil

TDDEA

TDDEA: trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo

Los problemas de conducta y la irritabilidad exagerada es uno de los motivos más frecuentes por el que las familias acuden a un psicólogo o a su centro de salud. Este tipo de conductas disruptivas es lo que ha hecho que el DSM-5 incorporara el TDDEA como nueva categoría dentro de los trastornos depresivos para no confundirlo con otros como el trastorno negativista, el bipolar o el TDDEA (Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo)

Nuestra Terapia Infantil

¿Qué es el TDDEA?

El TDDEA es un trastorno que cursa con episodios indefinidos de cambios de conducta que no son los habituales en el niño y que no están relacionados con la etapa de desarrollo. Existe una continuidad en el cambio de conducta, es decir, se mantiene en el tiempo como una irritabilidad crónica con accesos de ira desproporcionados.

El diagnóstico se realiza entre los 6 y los 10 años de edad y se caracteriza por

  • Accesos de cólera graves y recurrentes que aparecen al menos tres o más veces por semana y que no concuerdan con el nivel de desarrollo
  • La irritabilidad se mantiene entre los episodios de cólera, la persona está irascible la mayor parte del tiempo
  • Los episodios se dan en todos los contextos sociales del niño (casa, escuela, compañeros) y algunos son de gravedad.
  • Se inician antes de los 10 años de edad y se mantienen por un periodo de 12 meses o más

Estos accesos de cólera desmedidos aparecen ante estresores comunes, es decir, son respuesta a las frustraciones y pueden aparecer tanto verbalmente como con conductas agresivas que aprecian personas fuera del entorno familiar del niño.

Los niños que sufren TDDEA tienen un mayor riesgo de desarrollar un trastorno depresivo y de ansiedad en la etapa adulta.

Esto provoca que el niño tenga dificultades en las relaciones con otros, así como dificultades con el rendimiento académico.

Causas y tratamiento

Aunque todavía se está investigando en las causas, se sabe que un trauma en la infancia, la separación con la figura de apego o la negligencia, que presenta un importante conflicto emocional, pueden ser el origen de este trastorno.

El diagnóstico temprano de este trastorno es fundamental. En la preadolescencia y adolescencia, entre los 12 y los 16 años el diagnóstico de TDDEA predice una serie de problemas en el adulto joven como depresión y ansiedad, por eso es importante acudir a un profesional cuando se tiene sospecha.

El tratamiento para este trastorno pasa por una estrecha colaboración entre los padres con los profesionales que atienden al niño para aprender estrategias de manejo de la conducta. En general, se utiliza la psicoterapia y la medicación combinadas.

Nuestra Terapia Infantil

normas y límites

La importancia de establecer normas y límites para tus hijos

Es muy común en terapia encontrar familias que acuden a consulta porque la situación familiar con los hijos les desborda, les altera y se sienten incapaces de hacer seguir una serie de normas que a menudo se van incumpliendo llevando la convivencia a una situación incontrolada. Hoy vamos a hablar del establecimiento de establecer normas y límites para tus hijos, esenciales para que la convivencia en familia sea armoniosa y tranquila.

Nuestra Terapia Infantil

Normas y límites para los hijos: ¿cómo establecerlos correctamente?

La convivencia en sociedad hace imprescindible el aceptar una serie de normas para que ésta sea posible. Las normas no son más que unas reglas que se aprueban de modo conjunto entre los miembros de una comunidad para el buen funcionamiento de esa comunidad. Es cierto que no todas las personas tenemos las mismas normas en nuestro núcleo de convivencia, por ejemplo: una familia puede establecer la norma de no poner los pies en el sofá y otras no creen necesario establecer esa norma. Así podemos entender que no todas las normas son iguales para todos.

Las normas pueden ser diferentes en cada medio familiar, y por lo tanto pueden variar de un contexto a otro; no ocurre lo mismo con los límites.

Esto no pasa con los límites. Los límites son normas que no se puede rebasar y que tienen también una penalización a nivel social. Muchas tienen relación con el comportamiento en sociedad. Por ejemplo: no molestar a los demás, no insultar, hablar con respeto son límites comunes y generalmente cuando éstos de sobrepasan, hay un rechazo que es común en el núcleo familiar y en el entorno social.

Establecer normas y límites es importante porque, por una parte, a nivel personal, nos ayudan a manejar las situaciones de frustración y nos preparan para la convivencia, las cosas no son muchas veces como nos gustaría que fueran; y por otra parte dan seguridad en la etapa infantil y adolescente y permiten desarrollarse libremente dentro de ese entorno seguro por estar acotado, mejorando la autoestima, la empatía y en general las habilidades sociales.

Cómo establecer normas y límites

Normalmente, establecemos normas y límites en casa desde que los niños son pequeños a través de rutinas que se van interiorizando de manera natural: lavarse las manos antes de comer, cepillarse los dientes después de cenar, recoger la habitación después de jugar o hacer la cama a diario son normas que se establecen sin necesidad de una pauta directa. Sin embargo, cuando los niños comienzan a ser más mayores, las normas y los límites se tienen que establecer de forma clara y comprensible.

Para establecer una norma hay que tener en cuenta que:

  • Debe ser realista, no podemos exigir cosas imposibles
  • Debe ser clara, hay que saber que se ha entendido
  • Debe ser despersonalizada, no juzgamos a la persona sino al acto o al comportamiento

Como hemos dicho, las normas en una familia pueden ser distintas en otras y esto no hay que ponerlo en tela de juicio ni tiene que ser motivo de conflicto. Pongamos un ejemplo: Un niño comenta en casa que a su amigo Miguel le dejan ver la televisión después de cenar. En su casa tienen por norma no ver la tele después de las ocho de la tarde, pero el niño, como tiene el deseo de ver la tele, pues intenta por todos los medios conseguirlo.

¿Qué podríamos hacer? Explicarle que cada familia tiene sus normas y que no todas son las mismas sin juzgar a la otra familia, y luego en todo caso, negociar con nuestro hijo si puede o no ver la televisión ese día después de cenar.

Ya hemos dicho que las normas pueden ser volubles, algunas que no consideramos importantes se pueden cambiar o negociar. Para ello es interesante pensar en ellas y saber cuáles son fundamentales y cuáles no.

Si bien en la etapa infantil apenas hay negociación en las normas, durante la adolescencia es más habitual negociarlas y también es importante tener claro cual será la consecuencia de incumplirla.

Los límites, en cambio, no se modifican, son constructos que se establecen sin discusión, son una prohibición clara. Por ejemplo: no agredir a otra persona física o verbalmente; no pedir las cosas gritando y sin respeto… etc. Son generalmente normas que rigen en sociedad y que van a ser penalizadas si se incumplen también en otros contextos sociales.

La familia es el primer lugar de prueba de normas y límites, lo normal es que sea en este contexto en el que los niños intenten saltarlas o retarlas constantemente. Ahí es donde los adultos juegan el importante papel de ayudarles en el aprendizaje de las mismas con tranquilidad, empatía y amor.

Nuestra Terapia Infantil

Depresión en la infancia y adolescencia: síntomas de alerta

En la adolescencia, los síntomas de la depresión se suelen parecer más a los de los adultos, sin embargo en la etapa infantil no sucede lo mismo. En los niños la tristeza se suele manifestar como irritabilidad y hay una mayor conexión con otros trastornos.

Nuestra Terapia Infantil

Síntomas de la depresión en niños y adolescentes

Es importante estar atentos cuando un niño o adolescente presente alguna de las siguientes características:

  • Está triste o llora con facilidad.
  • Pierde el interés por sus juegos preferidos.
  • No desea ir a la escuela.
  • Se aleja de sus amigos.
  • Presenta una comunicación pobre.
  • Se cansa o se aburre con facilidad.
  • Presenta menos energía en las actividades diarias.
  • Le cuesta concentrarse.
  • Se muestra muy irritable ante pequeñas frustraciones.
  • Tiene rabietas con más facilidad y regularidad.
  • Expresa baja autoestima despreciando a otros o a él mismo.
  • Elige finales tristes para sus juegos.
  • Se comporta agresivamente.
  • Se lastima, lastima a otros o lastima a animales.
  • Se queja constantemente de dolores de cabeza.
  • Come mucho o muy poco.
  • Tiene problemas para dormir o desea dormir con los padres.
  • Tiene actitudes como si “regresara” a una etapa anterior de su desarrollo, como chuparse el dedo u orinarse en la cama.
  • Habla de muerte, de suicidio (esta característica no es habitual en niños).
  • Deterioro en los estudios y ausencias frecuentes de la escuela.

Si detectas algunos de estos síntomas, lo mejor es hablar con el niño/a y estar alerta para ver qué puede estar pasando, pues también el acoso escolar, problemas en la familia etc, pueden ser sinónimo de que algo no marcha bien.

Nuestra Terapia para Adolescentes

Ir arriba