Psicología

Adicción al trabajo: ¿Qué es y cómo se trata?

adición al trabajo

La adicción al trabajo es cada vez más común. Se estima que un 20% de los trabajadores mundiales podrían padecerlo. Hablamos de adicción trabajo como un conjunto de comportamientos obsesivos centrados en el trabajo.

Hay que diferenciar ser trabajador de ser adicto al trabajo. Es sabido por todos que realizad un trabajo y tener remuneración es algo que a todos nos resulta reforzante. Esto es sano y normal ya que todos queremos realizarnos en este ámbito igual que en los demás.

Síntomas más comunes de la adicción al trabajo

El problema de la adicción al trabajo va más allá de ser responsables en nuestro trabajo y se puede reconocer por los siguientes síntomas:

  • Necesidad de tener el trabajo controlado, tener todos los factores de una tarea bajo control.
  • Pasar muchas horas trabajando. Es normal descuidar algunas cosas por el trabajo y no disponer de todo el ocio que nos gustaría o de todo el tiempo en familia que sería deseable pero en estos casos esto es demasiado exagerado o evidente.
  • Gastar mucho tiempo mental pensando en el trabajo y análisis de todos los factores del trabajo.
  • Ansiedad si no se puede terminar algo o se corta la tarea de trabajo.
  • Miedo a que el trabajo salga mal y a cometer errores.
  • Incapacidad para delegar. Principalmente por miedo a que las cosas no salgan bien.
  • Dificultad para desconectar al acabar la jornada.
  • Conversaciones alrededor del trabajo y de las tareas a realizar.
  • Esta situación genera un malestar significativo a la persona y personas que le rodean.

 

Causas

En la mayoría de los casos de adicción al trabajo encontramos un temor al fracaso. La persona ha empezado a desarrollar su capacidad de ser efectivo como “defensa” ante el miedo a cometer errores y, por extensión, a tener fracasos.

Al principio esta estrategia es algo que podría tener beneficios ya que, a más trabajas, menos errores cometes y más lejos estás de ser un “fracasado”. Sin embargo, este tipo de comportamientos suele tener un alto coste en la vida de las personas ya que se sacrifican muchas cosas cuando existe una adicción como esta.
Es muy común encontrar que este tipo de comportamientos trae muchas carencias en la vida de la persona que lo padece sobre todo con un descuido de la vida familiar, el ocio, los amigos, la pareja…

Además de todo esto aparece el estrés que se puede manifestar de muchas formas físicas: desde ansiedad e insomnio hasta problemas gástricos o de la piel. Llegando así a convertirse en problemas de salud.

Nuestra Terapia para el Estrés

 

Como ayudar a alguien que tiene adicción al trabajo

Siempre que sea posible y en la medida de lo posible, la forma habitual de tratar este marco es:

1. Concienciarse de lo que perdemos

En la mayoría de las ocasiones son los allegados de la persona los que dan la voz de alarma sobre la adicción al trabajo. Es parte del problema que las personas que lo padecen no consideren excesivo el tiempo y los esfuerzos dedicados al trabajo. Es por esto que hay una necesidad de ayudar a la persona a conectar con las pérdidas que conlleva su adicción. Ayudar mediante conversaciones a la persona a conectar con cosas que se está perdiendo y que también forman parte de una vida plena es fundamental para promover el cambio.

2. Establecer horarios

Proponernos unos horarios de trabajo y cumplirlos pase lo que pase. De esta forma aprendemos que no hay nada tan urgente o tan importante a pesar de la sensación de posible fracaso que nos acontece.

3. Aprender a ser fuertes ante la sensación de abstinencia

Como en cualquier adicción es muy importante preparar a la persona para soportar la abstinencia. En el caso del trabajo hay que aprender a aguantar cuando creemos que algo no está perfecto o quedan cosas sin hacer.

4. Practicar relajación y Mindfulness

La relajación nos ayudará a no ser esclavos de las sensaciones que nos invitan a seguir trabajando. Una vez podamos dejar de obedecer a ese miedo podemos centrarnos en cosas diferentes e importantes para la persona, como pueden ser su familia y amigos o el ocio abandonado. Aprender a relajarnos y a practicar Mindfulness puede ayudarnos.

Al principio es un camino duro y hay necesidad en el cuerpo de seguir con las dinámicas que teníamos pero, con el tiempo, conseguimos volver a disfrutar de las otras cosas importantes de la vida.

 

5. Volver a conectar y analizar las cosas que nos gustan.

Retomar hábitos perdidos, hacer deporte, lanzarnos a probar cosas nuevas, pasar más tiempo con los demás… movernos en estas direcciones suele alejarnos del abuso del trabajo.

6. Busca ayuda

Si consideras que pasas demasiado tiempo en el trabajo, que has abandonado muchas cosas importantes para ti y que te cuesta quitarle tiempo al trabajo es importante que tomes conciencia de un posible problema.
Es normal dejar cosas de lado en momentos puntuales de trabajo pero si se prolonga en el tiempo o te genera malestar a ti o a tus allegados es posible que necesites un poco de orientación.

Nuestra Terapia Psicológica

Las fases del duelo y su afrontamiento

fases del duelo

¿Cuáles son las fases del duelo?. Ante la pérdida, todas las personas hemos de elaborar un duelo. Es por eso que el duelo es un proceso que evoluciona, en lugar de un estado estático. La reacción de duelo puede producirse cuando perdemos a un ser querido, pero también elaboramos duelos cuando perdemos relaciones, capacidades, o cualquier otro elemento de nuestra vida. Esto significa que el duelo es por lo general una reacción normal que sigue su curso de manera natural; es un periodo en el que puede sentirse un gran dolor, pero procesar todas las emociones que trae es necesario para continuar la vida después de la pérdida.

Nuestra Terapia Psicológica

Las fases del duelo

Cada duelo es particular; depende de factores personales, culturales, y de muchas otras variables.

 

Sin embargo, hay una serie de etapas por las que es habitual pasar cuando sobreviene una pérdida:

1. Negación

Tomado de forma literal, el estado de negación sería la actitud de no reconocer que la muerte o la pérdida ha ocurrido. Sin embargo, en la mayoría de los casos esta fase toma otra forma. Suele ocurrir que hay una reacción inicial de “incredulidad”, como si no fuese posible pensar que ha ocurrido un cambio tan grande y que la vida va a ser diferente a partir de ese momento. Este momento puede venir acompañado de un cierto embotamiento emocional, como un estado de shock.

2. Ira

La ira puede sentirse de muchas maneras diferentes. Puede ser hacia la propia persona que ha muerto, en el caso de un fallecimiento; puede ser hacia las personas a quienes culpamos de la pérdida (personal médico, profesionales, etc.); puede ir dirigida hacia nuestra propia persona (culpándonos por lo ocurrido); e incluso puede sentirse hacia entes superiores cuando se tienen creencias espirituales.

3. Negociación

Aun cuando sabemos que no podemos hacer nada por remediar lo ocurrido, puede suceder que nos encontremos fantaseando con desenlaces alternativos a la pérdida, con pensamientos del tipo “si hubiese hecho…” o “si no hubiera…”. La negociación puede enfocarse hacia el futuro uando existe una fe espiritual, por ejemplo cuando aparecen pensamientos de reencontrarse con una persona fallecida tras la muerte.

4. Depresión

Al volver a enfocarnos en el presente, las emociones pueden vivirse de manera más intensa. Los sentimientos de vacío y la profunda tristeza pueden experimentarse como si fuesen un verdadero episodio de depresión, ya que puede parecer que no tienen fin.

No obstante, esta fase no es una depresión patológica sino un momento necesario para procesar el dolor de lo ocurrido.

5. Aceptación

Aceptar no significa olvidar. Aceptar implica empezar a seguir adelante con la vida recolocando el recuerdo de la pérdida. Cuando al fin reconocemos que no podemos volver atrás en el tiempo, empezamos a soltar el enfado y la tristeza y a dejar de resistirnos a la nueva realidad que se nos presenta por delante. Reconducimos nuestra vida con lo que tenemos en el momento presente y con el recuerdo de lo que hemos perdido colocado en un lugar que nos permite aprender y avanzar.

Tareas a elaborar

Para superar todas estas etapas, debemos cumplir una serie de “tareas”:

1. Aceptar la realidad de la pérdida.

Cuando acudimos a un funeral, nos vamos a una nueva casa sin nuestra anterior pareja o realizamos cualquier otro ritual de cambio, esto ayuda a tomar contacto con el hecho de que ha acontecido un cambio real.

2. Procesar el dolor

Es necesario darse permiso para experimentar todas las emociones que llegan para poder elaborar el duelo sin dejar que se enquisten y provoquen bloqueos más adelante.

3. Adaptarse a la nueva realidad.

Esto puede implicar aprender nuevas habilidades, establecer otras relaciones… en definitiva, vivir con las nuevas condiciones que hay después de la pérdida.

4. Hallar una nueva conexión con lo perdido.

En el momento en que dejamos de aferrarnos al pasado, podemos recordar de otra manera todo aquello que hemos perdido y seguir adelante.

Cuando el duelo es un problema

Aunque la mayoría de las reacciones de duelo son dolorosas pero naturales, hay circunstancias que pueden dar lugar a complicaciones. Por ejemplo, hay algunos tipos de pérdida que se hacen especialmente duros (muerte de personas muy significativas como la del cónyuge o de una hija o hijo, o de personas con quienes existía una relación complicada). Por otra parte, las condiciones de la pérdida también pueden complicar el duelo (como las desapariciones, los asesinatos o el suicidio, o las pérdidas múltiples).

El duelo puede volverse patológico cuando no se elabora este proceso de manera natural. Puede ocurrir que la reacción de duelo se vea exagerada, o que el duelo venga de manera retardada por no haber podido ser elaborado en el momento de la pérdida.

La terapia de duelo puede ayudar a prevenir el duelo patológico, lo cual consiste en un acompañamiento terapéutico durante el proceso normal de elaboración de la pérdida; asimismo, puede ser necesaria cuando el duelo no se ha elaborado correctamente y se hace necesaria la terapia para atravesar por todas las etapas correspondientes y cerrar las tareas pendientes.

 

Nuestra Terapia para el Duelo

Referencias bibliográficas:

Kübler-Ross, E. y Kessler, D. (2005). On grief and grieving: finding the meaning of grief through the five stages of loss. Nueva York, Estados Unidos: Simon & Schuster.
Neimeyer, R. A., (2016). Techniques of grief therapy: assessment and intervention. Nueva York, Estados Unidos: Routledge.
Worden, J. W. (2008) El tratamiento del duelo. Asesoramiento psicológico y terapia. Nueva York, Estados Unidos: Springer Publishing Company.

Síndrome post-aborto ¿realidad o mito?

síndrome post-aborto

En algunos medios se ha hablado de la existencia de un “Síndrome Post-Aborto”, un trastorno con sintomatología ansioso-depresiva que sobreviene como consecuencia de someterse a la interrpución voluntaria del embarazo. Pero, ¿realimente existe tal trastorno? La idea de sufrir un síndrome de este tipo hace que muchas personas teman no solamente al propio procedimiento, sino también a sus posibles secuelas. A día de hoy no figura ningún trastorno de tales características en los manuales de diagnóstico, pero ante la pregunta de si el aborto podía producir secuelas psicológicas se han realizado varias investigaciones en los últimos años.

En este artículo estudiaremos el síndrome post- aborto. ¿Realidad o mito?

Síntomas

Los estudios llevados a cabo hasta la fecha se han centrado en posibles indicadores de depresión, ansiedad, baja autoestima y afectación del bienestar subjetivo. Estos estudios se han venido desarrollando para comprobar si eran ciertas las hipótesis de investigaciones pasadas que defendían la existencia de este síndrome, las cuales fueron invalidadas por la comunidad científica ya que no cumplían los criterios necesarios para poder afirmar sus conclusiones.

Pues bien, se ha comprobado que después de la interrupción voluntaria de un embarazo no deseado no se producen aumentos significativos de los índices de depresión ni se dan síntomas de estrés postraumático.

Se han explorado los motivos para abortar de las participantes, que incluían dificultades económicas, problemas de pareja, falta de madurez o preparación emocional, la existencia de más hijos a quienes atender o simplemente el hecho de que no fuese un buen momento. Por todo esto se ha llegado a la conclusión de que no es el aborto en sí sino la existencia de unas circunstancias difíciles previas al embarazo lo que podría ser causa de posibles síntomas ansioso-depresivos. Esta hipótesis se refuerza en el hallazgo de que los niveles de autoestima y estado de ánimo eran más bajos antes de la interrupción del embarazo, tras lo cual se producía una cierta mejoría.

De hecho, también se ha comprobado que ante un embarazo no deseado es mayor el riesgo de sufrir secuelas psicológicas cuando se niega el acceso al aborto que cuando se realiza uno; cuando se impide abortar habiéndolo solicitado, los índices de ansiedad son más altos.

Lo esperable

Sí es común experimentar tristeza y duda después del proceso, ya que no resulta fácil. Estas reacciones emocionales son razonables, y por eso no constituyen en sí un trastorno psicológico. Es más, se ha encontrado que el momento de mayor malestar es el que se produce justo antes de la intervención, mientras que inmediatamente después comienzan a aparecer sentimientos de alivio.

Por lo general, se trata de una experiencia compleja que suele provocar una mezcla de emociones positivas y negativas, variando desde el pesar y la tristeza al inicio hasta la liberación y la tranquilidad posteriormente (especialmente cuando hay una reafirmación y un convencimiento de que la decisión tomada ha sido la correcta).

La mayor parte de las personas que han tomado la decisión de abortar han manifestado estar conformes con ello, incluso cuando se trata de algo que genera emociones encontradas. Este balance positivo se da sobretodo cuando se tiene una red de apoyo y el respaldo de las personas del entorno.

Cuando sí quedan secuelas

Aunque la mayoría no sufren las temidas secuelas, un pequeño porcentaje de quienes se someten a la interrupción del embarazo pueden experimentar arrepentimiento un tiempo después (los estudios realizados han hecho seguimientos de hasta cinco años).

El mayor factor de riesgo para experimentar este malestar es la existencia de un trastorno psicológico previo al aborto. Haber sufrido una depresión, un trastorno de ansiedad o las secuelas de un evento traumático (como los abusos en la infancia o la violencia de género) en el momento del embarazo aumenta las probabilidades de sufrir secuelas. Pero ojo, esto no sólo se refiere a posibles secuelas de un aborto. Tanto interrumpir un embarazo como llevarlo a término pueden ser experiencias intensas. Por esto mismo, tener un bebé habiendo un trastorno previo  ncrementa aún más la probabilidad de experimentar una exacerbación de los síntomas anteriores e incluso la aparición de otros nuevos.

Otros factores de riesgo incluyen la ambivalencia ante la decisión, las creencias religiosas o ideológicas opuestas al aborto, la existencia de violencia en la pareja, la falta de apoyo del entorno y las condiciones de clandestinidad o escasez de profesionalidad que se dan en algunas situaciones.

De todos modos, todos estos datos se refieren a los casos en los que se afronta un embarazo no deseado. Cuando se produce un aborto espontáneo o un aborto terapéutico durante un embarazo buscado las reacciones de duelo son esperables y totalmente justificadas.

Pedir ayuda

Sea como sea, el afrontamiento de un embarazo no deseado y la decisión de interrumpirlo es una experiencia que puede resultar muy difícil. Independientemente de las circunstancias previas al embarazo es necesario anticipar lo que puede suponer la decisión para elaborar bien el duelo. Esto es importante ya que si no se elabora bien, este podría salir a la luz en un embarazo posterior.
Igualmente, es fundamental trabajarlo en pareja cuando corresponda, porque si no se hace podría causar futuros problemas en la relación. Otro elemento a tener en cuenta es el estigma que conlleva el aborto, puesto que al ser un tema tabú puede generar una gran sensación de aislamiento.

Por todos estos motivos el apoyo es fundamental. Es recomendable contar con la compañía de alguna persona de confianza, pero cuando esto no es posible (o no resulta suficiente) también existe la posibilidad de contar con apoyo profesional. Si bien no existe un protocolo muy específico para estos casos, la terapia puede ayudar a gestionar las emociones que surjan durante y después del proceso.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

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Stotland, N. L. (2011). Psychiatric Aspects of Induced Abortion. The Journal of Nervous and
Mental Disease, 199(8) 568-570.

4 tips que harán mejorar tu comunicación

tips que mejorarán tu forma de comunicarte

4 tips que harán mejorar tu comunicación. Las habilidades sociales engloban muchísimos comportamientos en los que podemos ser más o menos “competentes” a la hora de relacionarnos con otras personas: la comodidad con el espacio interpersonal, el lenguaje no verbal, la capacidad para escuchar y empatizar, la facilidad para iniciar y mantener conversaciones o la manera de expresar nuestros pensamientos y emociones, por ejemplo.

En este artículo estudiaremos los principales estilos de comunicación, así como 4 tips muy importantes que nos ayudarán a mejorar tu comunicación y tus habilidades sociales.

Los principales estilos de la comunicación

Cada cual tiene su manera de expresarse, pero por lo general existen tres estilos:

  • Agresivo. Nos comunicamos de manera agresiva cuando no tenemos en cuenta a la otra persona y nos centramos mucho en llevarnos la razón. Aunque este estilo lleve el nombre de agresivo no se refiere solamente a los gritos e insultos. También nos comunicamos de manera agresiva cuando cuestionamos a la otra persona (por ejemplo “¿De verdad vas a ponerte eso?), cuando usamos el sarcasmo, cuando interrumpimos o cuando hablamos de manera tranquila pero enviamos el mensaje contrario con nuestros gestos y acciones (lo que se suele conocer como pasivo-agresivo).
  • Pasivo. Para quienes predomina el estilo inhibido de relacionarse puede ser difícil llevar la contraria, así que la tendencia suele ser la de dar la razón o callar para evitar confrontaciones. Nos comportamos de manera pasiva cuando sentimos inseguridad o cuando nos “tragamos” lo que queremos decir por miedo a herir o a recibir una mala respuesta.
  • Asertivo. La comunicación asertiva consiste en defender nuestros propios intereses respetando los de las demás personas involucradas. Se trata de hablar abiertamente sobre nuestras opiniones y deseos teniendo el cuenta los de los demás para que en cualquier conversación o negociación ambas partes salgan ganando algo.

 

4 tips que harán mejorar tu comunicación

Esto es fácil en la teoría, pero al intentar ponerlo en práctica existen algunas situaciones que pueden presentarnos dificultades. Estas son algunas de las más frecuentes:

1.Hacer críticas

Cometemos muchos errores a la hora de hacer críticas, pero el más frecuente de ellos es unirlas todas en la misma conversación. Esto pasa mucho cuando tendemos a callarnos las cosas y esperamos hasta el momento en que el grado de molestia es muy intenso; entonces formulamos mal la crítica (generalmente en forma de reproche) y la vamos hilando con otros  comportamientos que también nos molestan.

Esto puede generar mucho conflicto y por eso es una situación que se nos hace especialmente difícil de manejar.

2. Responder a las críticas

No siempre recibimos bien que se nos hagan críticas. Es cierto que depende en parte de cómo nos las hagan, pero hay tres tipos de respuestas erróneas en que solemos caer. Una es la  justificación, cuando damos un exceso de explicaciones para contrarrestar la crítica. Otra de ellas es el contraataque, cuando respondemos con otra crítica o reproche.

Y el últimos es la inhibición, cuando nos callamos aunque no estemos de acuerdo con el contenido o la forma de la crítica que se nos ha hecho.

3. Pedir

Hacer peticiones puede hacerse muy difícil por dos motivos completamente diferentes. El primero de ellos tiene que ver con esas ocasiones en las que asumimos que no debería ser necesario que le pidiéramos lo que queremos a la otra persona, ya que “debería saberlo”. Esto supone incurrir en el error de pretender que adivinen nuestro pensamiento. El segundo motivo por el que puede costar pedir algo es anticipar una respuesta negativa. Pensar automáticamente que va a haber un “no” por respuesta o incluso que vamos a molestar si pedimos lo que necesitamos es no tener en cuenta nuestro propio derecho de comunicar nuestras necesidades (independientemente de que después se nos concedan o no).

4. Decir que no

La dificultad para negarse ante una petición tiene más que ver con el estilo pasivo. Por temor a que la relación se deteriore o a obtener una mala respuesta, en ocasiones accedemos a hacer cosas que no queremos.

Esto genera mucha frustración porque, aunque a corto plazo el ser complacientes nos ayuda a mantener un buen ambiente, a la larga es un comportamiento que genera mucha frustración. Es importante saber cuándo decir que no (eso sí, de manera asertiva y no agresiva).

Estos son los puntos que habitualmente cuestan más, pero las dificultades en la comunicación pueden extenderse a actos tan básicos como iniciar o mantener una conversación. Las causas de los problemas de comunicación son múltiples: desde la educación recibida, los estilos de las personas con quienes crecemos y nos relacionamos en nuestro entorno, experiencias vividas y ciertos esquemas mentales que pueden generar pensamientos distorsionados son factores que influyen en gran medida en nuestros hábitos a la hora de relacionarnos.

Las dificultades de comunicación están presentes en problemas como la fobia social, la baja autoestima y los problemas de pareja. Para dificultades de este tipo se suele recurrir al  entrenamiento en habilidades de comunicación, que consiste en un conjunto de técnicas cognitivo-conductuales que van desde la reestructuración de pensamientos negativos hasta la exposición a situaciones sociales que producen vergüenza o ansiedad, pasando por el modelado y el ensayo en consulta de afirmaciones asertivas. Este tipo de terapia forma parte también del tratamiento de otras dificultades como la depresión, las adicciones e incluso los trastornos mentales graves. ¡Al fin y al cabo, la mejora en las habilidades de comunicación es beneficiosa en cualquier caso!

 

Nuestra Terapia Psicológica

 

Referencias bibliográficas:

García Huete, E. (2009). El Arte de Relacionarse. Archidona, España: Ediciones Aljibe.
Speed, B., Goldstein, B. y Goldfried, M. (2017). Assertiveness Training: A forgotten evidence-based
treatment. Clinical Psychology: Science and Practice (25)1.

Ventajas e inconvenientes del control de impulsos

control de impulsos

El control de impulsos acostumbra a ser descrito como una virtud que valoramos sobre todo desde un punto de vista moral. Sin embargo, esta perspectiva resulta un tanto superficial, porque en realidad este es uno de los factores más importantes a la hora de explicar el comportamiento de los seres humanos.

En este artículo veremos qué es y cuáles son las ventajas e inconvenientes del control de impulsos.

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¿Qué es el control de impulsos?

Como su nombre indica, el control de impulsos consiste en la capacidad de reprimir el deseo de realizar determinadas acciones, ya sea porque consideramos moralmente mala esa opción o porque eso nos distraería de otras metas más importantes.

Por otro lado, el control de los impulsos es una característica típicamente humana; en la mayoría de las especies, si un individuo tiene acceso fácil y rápido a algo que le iría bien objetivamente para satisfacer una de sus necesidades en el momento presente, realizará las acciones necesarias para gozar de sus beneficios en ese momento. En cambio, en el ser humano muchas veces este no es el caso.

¿Por qué ocurre esto? Debido a nuestra capacidad de prever las consecuencias de nuestras acciones, un tipo de operación mental muy limitado en el resto de los animales (o, al menos, en la mayoría de estos).

Ventajas del control de los impulsos

En muchos casos, no ceder al impulso de gozar de un recurso inmediatamente nos permite acceder a ganancias mayores a medio y largo plazo, y gracias a que podemos controlarnos, tenemos la opción de no caer en la trampa de las oportunidades desaprovechadas.

Eso sí, este rasgo no está ahí desde el nacimiento, sino que se va desarrollando a medida que nuestro sistema nervioso madura con la edad. En los niños y niñas de pocos años de edad, es prácticamente imposible resistir las ganas de comerse un caramelo incluso sabiendo que si se controlan durante unos minutos tendrán muchos más caramelos.

Además, se ha visto que el control de impulsos se asocia al nivel de inteligencia, el nivel de ingresos y estatus profesional, el nivel educativo y una menor probabilidad de tener problemas de salud.

La falta de control de impulsos implica una vulnerabilidad ante las tentaciones del aquí y ahora, es decir, estar más expuestos a las motivaciones cortoplacistas y que nos distraen de aquellas cuya recompensa no es inmediata, aunque puede ser superior a la que obtendríamos si no invirtiésemos tiempo y esfuerzo en ellas.

Por un lado, las personas con alto control de los impulsos son más capaces de realizar proyectos personales viables, dado que pueden mantenerse trabajando de manera consistente en algo, y son menos vulnerables a la procrastinación. Además, lo tienen más fácil para concentrarse al estudiar, lo cual redunda en sus resultados académicos y en sus cualificaciones para acceder a trabajos bien pagados, entre otras cosas.

Finalmente, el control de los impulsos es un elemento importante en la adopción de buenos hábitos alimenticios, y en el no uso de drogas.

Es por ello que quienes tienen menos control de los impulsos no se benefician de estas ventajas, y se exponen más a ciertos problemas, aunque eso no significa que vayan a tener necesariamente problemas psicológicos o de salud.

Además, hay varios trastornos psicológicos asociados a la falta de control de los impulsos: el TDAH, el TOC, las adicciones, la tendencia a la agresividad abrupta, la tricotilomanía, etc.

 

Inconvenientes del exceso de control de los impulsos

Por lo que hemos visto hasta ahora, parece que tener un muy alto control de los impulsos tenga que ser bueno en todos los casos. Sin embargo, esto no es así.

En las personas en las que este factor psicológico gana demasiado poder sobre el comportamiento, pueden surgir varias formas de malestar, y un ejemplo de esto lo tenemos en el Trastorno Obsesivo Compulsivo de la Personalidad.

Al contrario de lo que pasa en el Trastorno Obsesivo Compulsivo, en el TOCP el problema no es la falta para frenar las ganas de llevar a cabo rituales, sino la tendencia a sentirse mal si hay elementos del entorno que no están “en su sitio”. Quienes lo desarrollan son individuos extremadamente meticulosos y para quienes es son muy importante el orden y el cumplimiento de las normas; en definitiva, necesitan que la realidad se corresponda lo máximo posible con la teoría de cómo deberían ser las cosas.

Esto hace que para las personas con Trastorno Obsesivo Compulsivo de la Personalidad experimenten malestar si, por ejemplo, hay un cierto desorden en su casa, o si su ropa queda manchada y les cuesta que no se vea la mancha, etc. Como consecuencia, dedican gran parte de su tiempo a luchar contra estas pequeñas incursiones de caos en su día a día, lo cual tiene un desgaste importante en su bienestar.

 

Referencias bibliográficas:

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Kross, E.; Mischel, W.; Shoda, Y. (2011). Enabling Self-Control. Maddux, James E.; Tangney, June Price, eds. Social Psychological Foundations of Clinical Psychology. Guilford Press. pp. 375 – 394.
Neef, N.A.; Bicard, D.F.; Endo, S. (2001). Assessment of impulsivity and the development of self-control in students with attention deficit hyperactivity disorder. Journal of Applied Behavior Analysis 34(4): pp. 397 – 408.
Solnick, J. V.; Kannenberg, C.H.; Eckerman, D.A.; Waller, M.B. (1980). An experimental analysis of impulsivity and impulse control in humans». Learning and Motivation 11:pp. 61 – 77.

Trastorno Límite de la Personalidad

trastorno límite de la personalidad

¿Qué es el Trastorno Límite de la Personalidad?. Algunas de las alteraciones psicológicas abordadas en psicoterapia extienden sus raíces a tantos ámbitos de la vida de la persona que se fusionan con su personalidad. No se trata de problemas que surgen solo en los malos momentos o al encontrarnos con estímulos que nos vuelven ansiosos, sino que emergen en prácticamente todo tipo de situaciones.

Esto es lo que ocurre con los trastornos de personalidad, conceptos que aparecen definidos y clasificados en los manuales diagnósticos utilizados en psiquiatría y psicología clínica.

En este artículo nos centraremos en uno de ellos, el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), y veremos cuáles son sus características, síntomas típicos y tratamientos para ayudar a las personas que lo hayan desarrollado.

¿Qué es el Trastorno Límite de la Personalidad?

Empecemos por lo más importante: ¿qué es el Trastorno Límite de la Personalidad? Se trata de una psicopatología cuyos síntomas tienen que ver con la mala gestión de las emociones, la impulsividad, las dificultades para mantener relaciones duraderas, y los problemas en la formación del autoconcepto.

Es un trastorno de consecuencias potencialmente severas, que se asocia a, entre otras cosas, un mayor riesgo de consumo de drogas, autolesiones e intentos de suicidio.

Síntomas

Este es un resumen de los principales síntomas del Trastorno Límite de la Personalidad.

Eso sí, estos están debidamente detallados solamente en los manuales diagnósticos, y el diagnóstico solo puede ser llevado a cabo por profesionales de la salud mental tras una evaluación personalizada.

Por otro lado, estos síntomas son los asociados al concepto de TLP, que no se presente del mismo modo en todas las personas en las que ha sido diagnosticado. Es por ello que no describen a todos los individuos con TLP, tan solo reflejan tendencias estadísticas.

Mala gestión de las emociones

Una de las características del Trastorno Límite de la Personalidad es la polarización de las ideas y de las emociones. Eso significa que quienes desarrollan este trastorno tienden a asociar a sus vivencias una carga emocional o claramente positiva o claramente negativa, y tienden a no asignar un valor emocional neutro o con más matices.

Es por ello que su reactividad emocional es mayor: en su día a día, más eventos les ponen tristes o les hacen enfadar, o bien les entusiasman. Tal y como veremos, esto no solo tiene consecuencias para su estado de ánimo. Además, las tiene para su vida social.

Impulsividad

Este síntoma está relacionado con el anterior; estadísticamente, las personas con Trastorno Límite de la Personalidad tienden a ser más impulsivas, de manera que ceden más fácilmente a las demandas del aquí y el ahora, sacrificando los objetivos a largo plazo.

Distorsión del autoconcepto

El autoconcepto, la imagen de sí misma que tiene la persona, es muy extrema e inestable. Es por ello que, estadísticamente, quien presenta TLP a veces se cree merecedor de un buen trato que otros no tienen, y a veces siente que es incapaz o inútil, de peores cualidades que el resto de personas.

Inestabilidad de las relaciones

Otro síntoma característico del Trastorno Límite de la Personalidad es la inestabilidad de las relaciones personales y la predisposición a generar conflictos. Normalmente esto se debe al temor de ser abandonados por los demás, y los pensamientos cuasi-paranoides que el miedo al rechazo genera.

Causas

Las causas exactas del TLP son desconocidas, aunque sí se han detectado algunas diferencias en las características del cerebro de las personas con este trastorno y el resto de la población. Por ejemplo, el hipocampo y la amígdala son estructuras cerebrales que acostumbran a ser significativamente más pequeñas.

Eso sí, probablemente sus causas no son puramente genéticas, sino que se alimentan de vivencias pasadas. Por ejemplo, se ha observado que el porcentaje de personas con TLP es significativamente mayor entre quienes han vivido experiencias traumáticas durante la niñez.

Tratamiento

Existen varios tipos de tratamiento psicológico que han mostrado eficacia para ayudar a las personas con TLP, como por ejemplo la terapia cognitivo-conductual. Esta está diseñada para favorecer la creación de hábitos y patrones de pensamiento que debiliten los síntomas que generan problemas, y los psicólogos la aplican en sesiones de frecuencia semanal.

Además, en muchos casos se recomienda la combinación de la psicoterapia con la atención psicofarmacológica, aunque el uso de medicamentos conlleva ciertos riesgos, y es por ello que siempre debe realizarse siguiendo de manera estricta las indicaciones del médico.

Además, es importante saber que el uso de psicofármacos no servirá para “curar” el Trastorno Límite de la Personalidad, sino en todo caso para aliviar de manera temporal sus síntomas.

 

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Nuestra Terapia Psicológica

 

Referencias bibliográficas:

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Terapia de Aceptación y Compromiso

aceptación y compromiso

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso? Esta variante de intervención psicoterapéutica ha ido ganando terreno en los últimos años, haciendo que cada vez más profesionales se formen en ella, al mismo ritmo en el que crece la cantidad de personas interesadas en aprovechar sus beneficios como pacientes.

En este artículo veremos cuáles son las características de la Terapia de Aceptación y Compromiso, cuál es la filosofía de trabajo en la que se fundamenta, y los efectos positivos que tiene en las personas que acuden a ella a través del apoyo profesional de la mano de los psicólogos.

Nuestra Terapia Psicológica

Las Terapias de Tercera Generación

Lo primero que hay que saber acerca de la Terapia de Aceptación y Compromiso es que forma parte de las Terapias de Tercera Generación. El nombre de esta categoría hace referencia a que estas formas de intervención psicológica surgieron después de la segunda generación de psicoterapias, las cognitivo-conductuales, aparecidas en los años 60. ¿En qué se diferencian con estas? Principalmente, en su manera de conceptualizar el problema al que el que psicólogo y paciente deben enfrentarse, y los objetivos planteados para conseguirlo.

Desde la perspectiva de las terapias cognitivo-conductuales, el objetivo al que hay que aspirar es la eliminación o la mitigación de síntomas psicológicos que generan malestar, y cuyo poder sobre la persona puede ser combatido propiciando que el paciente piense de otras maneras y adopte nuevos hábitos que debiliten el trastorno.

En cambio, desde la perspectiva de las Terapias de Tercera Generación, el objetivo de la intervención no es tanto hacer desaparecer por completo el malestar, sino limitar la influencia negativa que el trastorno tiene en la persona haciendo que esta aprenda a “convivir” con cierto grado de incomodidad y de imperfección en lo que experimenta.

Además, las Terapias de Tercera Generación también son conocidas como Terapias Contextuales, porque ponen especial énfasis en la necesidad de entender el problema a tratar como parte del contexto en el que vive el paciente y del que no se puede desligar.

Características de la Terapia de Aceptación y Compromiso

Ahora que ya hemos visto en qué consiste la categoría a la que pertenece la Terapia de Aceptación y Compromiso, veamos qué es exactamente esta terapia, aunque algunos de sus rasgos principales ya los hemos visto anticipados en la sección anterior.

1. Se inspira en las terapias cognitivo-conductuales

A pesar de que tal y como hemos visto la Terapia de Aceptación y Compromiso no se considere una terapia cognitivo-conductual, eso no significa que se oponga claramente a los principios y métodos de las que sí lo son.

De hecho, ha sido creada desde los fundamentos de las terapias cognitivo-conductuales, de manera que tienen muchas cosas en común: ambas plantean objetivos terapéuticos concretos, se basan en información lo más objetiva posible, se desarrollan a través de unas pocas sesiones durante varias semanas seguidas, pretenden actuar sobre las creencias y la manera de interpretar las cosas del paciente, etc.

 

2. Se basa en la aceptación

Esto puede parecer redundante ya que es una palabra que aparece en el nombre de la terapia, pero realmente es uno de sus aspectos clave. A través de la Terapia de Aceptación y Compromiso, parte del objetivo a alcanzar es lograr un reajuste de las expectativas del paciente. Así, no tener una vida en la que el problema psicológico no ha dejado ningún rastro no se convierte en un factor que produzca una fuerte inestabilidad emocional ni que mantenga a la persona alejada de la felicidad de manera indefinida.

Esto es útil, teniendo en cuenta que a veces no se puede eliminar por completo el malestar ocasionado por un trastorno: las personas que han desarrollado fobias siguen sintiendo una cierta incomodidad al exponerse a lo que antaño las atemorizó, quienes han pasado por una etapa de depresión tienen un mayor riesgo de recaer, quienes han desarrollado adicciones sienten un mayor grado de tentación ante ciertos estímulos, etc.

3. Bloquea la evitación del pensamiento

La Terapia de Aceptación y Compromiso evita que el paciente se obsesiones con evitar ciertas ideas o pensamientos a causa de que anticipa el malestar que estos producirán si captan su atención.

Esto hace que se habitúen a aquello que hasta ese momento causaba angustia o ansiedad, lo cual permite abordar ciertos problemas con una mentalidad más constructiva.

4. Es una herramienta de resiliencia

Por lo que hemos visto, la Terapia de Aceptación y Compromiso es una gran ayuda a la hora de permitir que las personas superen experiencias dolorosas y vuelvan a ser felices incluso en situaciones que ellas mismas habían calificado de catastróficas meses atrás.

Dicho de otro modo, la Terapia de Aceptación y Compromiso potencia la capacidad de resiliencia, es decir, la habilidad a la hora de adaptarse a situaciones desfavorables y de encontrar significado y la posibilidad de ser feliz en momentos complicados.

 

Referencias bibliográficas:

  • Hayes, S. C., & Smith, S. (2005). Get Out of Your Mind and into Your Life: The New Acceptance and Commitment Therapy. Santa Rosa, CA: New Harbinger Publications.
  • Hayes, S.C.; Strosahl, K. & Wilson, K.G. (1999). Acceptance and Commitment Therapy: An experiential approach to behavior change. New York: Guilford Press.
  • Ruiz Jiménez, Francisco José (2012). Acceptance and commitment therapy versus traditional cognitive behavioral therapy: A systematic review and meta-analysis of current empirical evidence. International Journal of Psychology and Psychological Therapy. 12 (3): pp. 333 – 358.

Terapia cognitiva: ¿en qué consiste?

terapia cognitiva

Terapia cognitiva: ¿en qué consiste?. Uno de los elementos que hace más eficaz a la psicoterapia es que parte de una idea muy simple: el modo en el que somos capaces de adaptarnos bien a nuestras vidas depende, en buena parte, de cómo interpretamos lo que nos ocurre a lo largo de la vida.

Esta es la premisa fundamental de la terapia cognitiva, un tipo de psicoterapia creado por el famoso psicólogo Aaron T. Beck a mediados del siglo XX y que aún hoy en día sigue estando en el núcleo de varias formas de intervención psicológicas muy eficaces. En este artículo veremos en qué consiste y qué la hace útil para tratar ciertos trastornos.

¿Qué es la terapia cognitiva?

Entendemos por terapia cognitiva un tipo de intervención psicológica en el ámbito de la terapia (es decir, la interacción terapeuta-paciente para dar tratamiento a problemas emocionales, comportamentales o emocionales) que se basa en ayudar a la persona a adoptar esquemas mentales más útiles y que le permitan adaptarse mejor a su día a día.

Esta propuesta de psicología aplicada a la ayuda de pacientes surgió en los 60 para dar respuesta sobre todo a los trastornos del estado de ánimo en general, y a la depresión en particular. Aaron T. Beck observó que aquello que mantenía el malestar en las personas con depresión no era tanto lo que les ocurría objetivamente, sino más bien su manera de interpretarlo y de extraer un significado de esas experiencias. Por ello, concluyó que el problema debía estar, sobre todo, en los patrones de pensamiento y en las creencias arraigadas en su forma de “leer” la realidad.

Por otro lado, la terapia cognitiva no es una aproximación a la salud mental que haya salido de la nada: se basa en los trabajos de los psicólogos conductistas, aunque distanciándose de sus propuestas en varios aspectos fundamentales, y a la vez están muy relacionado con otros tipos de psicoterapia pertenecientes a las terapias cognitivo-conductuales.

Características de esta intervención psicológica

Estas son las principales características de la terapia cognitiva, y que sirven para distinguirla de otros modelos de psicoterapia.

1. Distingue entre conducta y proceso psicológico

A diferencia de lo que ocurre con las terapias que basadas en el paradigma del conductismo, la terapia cognitiva, tal y como fue diseñada por Beck, no asume que los pensamientos, las emociones y las creencias son producto del comportamiento humano, y trabaja considerando que una cosa es lo que ocurre en el marco de lo mental, y otra cosa es lo que ocurre objetivamente en nuestra manera de interactuar con el entorno y con los demás.

Por ejemplo, si los conductistas consideraban que la tendencia a evitar conversar con desconocidos y la acción de sentir miedo ante la posibilidad de hablar con desconocidos forma parte del mismo tipo de fenómenos, para Aron T. Beck y sus seguidores ambas cosas pertenecían a tipos diferentes de fenómenos psicológicos.

2. Atribuye el origen de las acciones a los procesos mentales

La terapia cognitiva tiende a darle más importancia causal a los procesos psicológicos privados (es decir, a los procesos mentales) que a los eventos objetivos que le ocurren a la persona y que pueden ser observados desde fuera (por ejemplo, tener un accidente de coche). Así, primero iría el pensamiento y la manera de interpretar las cosas, y luego, como consecuencia de lo anterior, ocurriría el estilo de comportamiento de la persona, que se plasma en sus movimientos, en su manera de hablar, etc.

3. Asume la existencia de los esquemas cognitivos

La terapia cognitiva se inspira en los modelos cognitivos basados en la ingeniería de sistemas y la informática, de manera que entiende la mente humana como algo parecido a un ordenador, en el que por un lado entran determinados datos y por el otro se emiten acciones fruto del modo en el que esos datos han sido procesados (aunque con varias diferencias, y sin negar la existencia de las emociones en las personas).

Por eso, en la terapia cognitiva opera teniendo en cuenta que cada persona tiene su propia red de conceptos relacionados entre sí y que, comportándose como una red o circuito de ideas, ofrece cierta interpretación de los hechos. Estas redes son llamadas esquemas cognitivos, y se construyen a partir de la combinación de las vivencias pasadas y la manera de interpretarlas desde esquemas cognitivos pasados.

4. Pretende debilitar creencias poco funcionales

Otra de las características típicas de la terapia cognitiva es que por medio de ella se intenta detectar esquemas cognitivos disfuncionales, primero, y debilitarlos para que otros más adecuados los sustituyan, en segundo lugar.

No se trata de introducir en la mente de la persona un falso optimismo, ni de obligarle a aceptar las creencias del terapeuta, sino de trabajar a partir de la mentalidad del paciente y favorecer que esta de desplace hacia una manera de pensar que, teniendo en cuenta su contexto, le permita ser más autónoma, tener una filosofía de vida más constructiva, y la empodere para mejorar por su cuenta en muchos aspectos de su cotidianidad.

 

Esto se logra a través de procedimientos como el diálogo socrático y la reestructuración cognitiva, y también combinando la terapia cognitiva con métodos propios de otras terapias.

El uso del diálogo socrático

Tal y como hemos visto, entre los pilares en los que reposa la terapia cognitiva encontramos un método de cuestionamiento de creencias conocido como diálogo socrático.

Este tiene que ver con la actividad que hizo famoso al conocido filósofo griego, Sócrates. Este intelectual se pasaba buena parte del día discutiendo con atenienses en la calle, aunque no tanto negando las creencias y las opiniones de los demás, sino dejando que estos fuesen los que revelasen su ignorancia involuntariamente, a medida que el pensador les hacía caer en contradicciones realizando una serie de preguntas e inferencias lógicas.

La idea era que, a partir de la reflexión conjunta, “a dos manos”, aflorase una manera de ver las cosas que huyese de simplismos y que contuviera muchos más matices.
Del mismo modo, en terapia cognitiva los psicólogos no niegan los sentimientos ni las creencias de los pacientes, sino que les permiten ponerlos a prueba para ver cuáles están manteniendo vivo el malestar a cambio de nada, y cuáles no.

A partir de una técnica conocida como reestructuración cognitiva, se pretende que los pacientes reconfiguren su red de creencias para que su interpretación de la realidad evolucione y les ayude a superar la tristeza, la ansiedad y cualquier otro problema de tipo psicológico que pudiesen estar experimentando.

Nuestra Terapia Psicológica

 

Referencias bibliográficas:

Beck, A.T. (1976). Cognitive therapy and the emotional disorders. International University Press, New York.
Beck, J.S. (1995). Cognitive Therapy: Basics and Beyond. Nueva York: Guilford Press.
Deffenbacher, J.L.; Dahlen E.R.; Lynch R.S.; Morris C.D.; Gowensmith W.N. (2000). An Application of Becks Cognitive Therapy to General Anger Reduction. Cognitive Therapy and Research. 24 (6): 689–697.
Newman, C.F.; Leahy, R.L.; Beck, A.T.; Reilly-Harrington, N. A.; & Gyulai, L. (2001). Bipolar Disorder: A Cognitive Therapy Approach. Washington DC: American Psychological Association.

Qué hacer para ayudar a una persona que sufre TOC

ayudar a personas con TOC

¿Qué hacer para ayudar a una persona que sufre TOC?. El Trastorno Obsesivo-Compulsivo es un concepto con el que a menudo se bromea: en la cultura popular, muchas veces se habla del TOC como si fuese una especie de manía por el orden y la meticulosidad que llega a un extremo incluso gracioso.

Sin embargo, tal y como ocurre con todas las alteraciones psicológicas, el verdadero TOC tiene poco de cómico y genera un alto grado de malestar en quienes lo desarrollan, hasta el punto de dañar su calidad de vida de una manera severa. Por ello, si conoces alguien de tu entorno cercano que lo experimente en primera persona, conviene saber fomentar su recuperación.

En este artículo veremos cómo ayudar a una persona que sufre TOC a partir de ideas que, como veremos, deben ser combinadas con la asistencia a psicoterapia (dado que recibir ayuda profesional es imprescindible).

Cómo ayudar a una persona que sufre TOC

A la hora de dar apoyo a una persona con Trastorno Obsesivo-Compulsivo, sigue estas pautas.

1. Deja que se exprese

En primer lugar, es importante no dar nada por supuesto y dejar que la otra persona exprese cómo se siente al respecto de los síntomas del TOC, sin tabúes. Esto te servirá para tener una referencia acerca de cómo abordar el tema con ella en el futuro.

Deja que tenga sus momentos para hablar sin interrupciones y no cuestiones lo que dice aunque no estés de acuerdo con lo que escuchas (por ejemplo, si cree que no es para tanto y que el trastorno no es un problema real).

2. Anímala a acudir a terapia

El proceso de cambio empieza acudiendo a psicoterapia, el contexto en el que especialistas en la salud mental seguirán su caso particular y ofrecerán un trato personalizado para que pueda superar el problema.

 

Por eso, es muy importante hacer lo posible para que la persona con TOC acuda a una primera sesión de terapia psicológica. Puedes animarla a hacerlo resolviendo posibles miedos e ideas preconcebidas negativas acerca del trabajo de los psicólogos, proponiendo acompañarla a la consulta, eligiendo juntos al terapeuta, etc.

3. No ridiculices sus compulsiones

Los rituales que realizan las personas con TOC, también llamados compulsiones, pueden parecer extraños y extremadamente irracionales, pero eso no es motivo para reírse de esta clase de fenómenos.

Para alguien que ha desarrollado Trastorno Obsesivo-Compulsivo, son algo muy serio y que de hecho atrae toda su atención en el momento de realizar esas acciones. Burlarse de las compulsiones o restarles importancia es totalmente contraproducente.

4. No las interrumpas al realizar las compulsiones

Otro de los consejos para ayudar a una persona con TOC que tiene que ver con la pauta anterior es algo tan simple como no interponerte entre la persona y la finalización de un ritual ya empezado. En la gran mayoría de los casos, tan solo generarás frustración y una renovada preocupación por completar el ciclo de la compulsión.

5. Coordínate con el terapeuta para ayudar a realizar retos semana a semana

En las sesiones de psicoterapia, el psicólogo propondrá una serie de hábitos y ejercicios que el paciente con TOC debe realizar durante las horas y días que pasa fuera de la consulta.

Si formas parte del entorno cercano de esa persona, propón la posibilidad de coordinarte con ambos para ayudar en lo posible, ya sea creando recordatorios, actuando como testigo de los progresos realizados hacia la superación del trastorno, etc.

6. Fíjate en si adopta conductas dañinas de gestión del estrés

El malestar y estrés causado por no estar realizando las compulsiones (una fase de abandono de estos rituales por la que la persona transitará tarde o temprano si la terapia va bien) puede alimentar sus ganas de lidiar con esa angustia realizando otra clase de acciones dañinas, o incluso inventándose compulsiones nuevas.

Si es así, observa cómo ocurre e informa a esa persona, para que la terapia se pueda adaptar a esa nueva realidad y no deje que se transforme en un nuevo problema añadido.

7. Deja que tenga su espacio

Finalmente, no está de más recordar que, aunque quieras ayudar a esa persona con TOC, no debes asumir un rol excesivamente controlador. El trastorno se irá disipando sobre todo a partir de sus propios esfuerzos y avances, y aunque tú puedes contribuir a ello, estar demasiado encima de lo que hace causará más inconvenientes que beneficios.

¿Buscas terapia para el Trastorno Obsesivo-Compulsivo?

Si crees que alguien de tu entorno puede estar manifestando los síntomas del TOC, te puede interesar darle a conocer nuestro centro de psicoterapia en Madrid. Contamos con un equipo de expertos en salud mental con mucha experiencia abordando esta clase de alteraciones, y la primera sesión es gratuita.

Nuestra Terapia Psicológica

 

Referencias bibliográficas:

APA. (203). Diagnostic and statistical manual of mental disorders : DSM-5. Washington: American Psychiatric Publishing.
Fallon, Brian A.; Qureshi, Altamash I.; Laje, Gonzalo; Klein, Brian (2000). Hypochondriasis and its relationship to obsessive-compulsive disorder. Psychiatric Clinics of North America 23 (3): pp. 605 – 616.
Piras, Federica; Piras, Fabrizio; Chiapponi, Chiara; Girardi, Paolo; Caltagirone, Carlo; Spalletta, Gianfranco (1 January 2015). “Widespread structural brain changes in OCD: a systematic review of voxel-based morphometry studies”. Cortex. 62: pp. 89 – 108.

Qué hacer para ayudar a una persona que se quiere suicidar

prevención suicidio

¿Qué hacer para ayudar a una persona que se quiere suicidar?. La ideación suicida es un fenómeno intensamente estudiado por la psicología, debido a la evidente importancia de poder desarrollar programas de prevención e intervención capaces de salvar vidas. Es por ello que los expertos en salud mental y psicoterapia intentan actualizarse lo más rápidamente posible para estar al corriente de las últimas tendencias y descubrimientos.

Sin embargo, en los primeros momentos en los que alguien se plantea terminar con su vida, cuando aún no ha entrado en contacto con el apoyo psicológico de los profesionales, también hay medidas que pueden y deben tomar quienes rodean a esa persona, y que la conduzcan a la recuperación. E incluso cuando esa persona ya está en terapia, la implicación de amigos y familiares resulta muy importante.

Es por ello que en este artículo veremos qué hacer para ayudar a una persona que se quiere suicidar; repasaremos varias ideas clave para que no consume esas ideas y, sobre todo, cómo ofrecerle alternativas para que poner fin a su vida de manera voluntaria deje de tener sentido.

 

¿Cómo ayudar a una persona que se quiere suicidar?

Aplica estos consejos si crees que alguien de tu entorno se está planteando suicidarse, pero ten en cuenta que en el momento en el que haya un profesional que supervise el caso, sus propuestas pasan a ser aquellas a seguir, dado que estarán adaptadas al caso particular y a las características de esa persona.

 

1. Exprésale tu preocupación

Para abrir una vía de conversación sobre el tema, háblale desde tu punto de vista acerca de aquellos aspectos de su comportamiento que te han hecho preocuparte. De esta manera conseguirás el doble efecto de pedirle que te informe sobre lo que le ocurre, y hacerlo mostrando tu disposición a ayudar y a dar apoyo emocional.

2. Pregúntale si tiene un plan

Es importante saber hasta qué punto ha estado madurando la idea de suicidarse, para hacerte una idea del grado de urgencia que hay. Para ello, pregúntale los detalles de lo que ha estado pensando, si tiene algo planeado y si ha fijado un calendario.

Evidentemente, esto no debe ser lo primero que preguntes en esta conversación, porque antes es importante crear la conexión emocional; que la otra persona sepa que seguir hablando no servirá solo para frustrar sus ganas de morir, sino que le aportará un nuevo contexto en el que podría dejar de ser infeliz.

3. Escucha y no prejuzgues

Quien debe tener más espacio para expresarse es la otra persona, no tú. Esta conversación no debe ser una en la que des lecciones de moralidad ni de cómo debe vivir su vida la otra persona: estás recopilando información para que la intervención en esa persona sea más fácil y llegue a tiempo.

Así, respeta sus turnos de palabra sin interrumpir, no le des máximas de vida en términos abstractos como si se tratase de un mitin político o una charla religiosa, y limítate a hacer lo posible para que quien piensa en el suicidio pueda abrirse y expresar lo que siente. También es importante que no cuestiones sus emociones y sentimientos, incluso aunque a ti te parezca que “no hay para tanto”.

4. Ofrécele una alternativa y acompañamiento

No le pidas a esa persona que actúe de una manera diferente para “dejar de estar triste”; probablemente no tiene fuerzas para hacerlo por sí misma. En vez de eso, proponle ampliar esa red de apoyo de la que tú eres la primera pieza: podéis ir juntos a que le diga cómo se siente a otra persona con la que tenga confianza (un amigo o ser querido de la familia).

Y lo que es más importante, de manera proactiva debes animarla a pedir ayuda profesional cuanto antes, sin dejar de ofrecerle apoyo e incluso acompañándola a la primera sesión d terapia si puedes (si no, puede hacerlo otra persona de esa red de apoyo que has contribuido a formar a su alrededor).

5. Ayúdala a seguir su tratamiento

Dependiendo de tu grado de proximidad con esa persona, implícate en lo posible en su progreso terapéutico; interésate por sus avances, ofrece tu ayuda para que sea más fácil no abandonar la terapia, felicítale cuando haya llegado a determinado objetivo, etc.

Si convives con esa persona, es bueno que negociéis algún modo por el cual puedes reducir su riesgo de suicidio manteniendo fuera de su alcance elementos peligrosos. Por ejemplo, llevando solo tú la llave de la caja de los medicamentos.

 

¿Buscas ayuda?

La ideación suicida es uno de los síntomas habituales de la depresión, trastorno que puede ser abordado de manera exitosa a través de la psicoterapia. Si necesitas ayuda para superar situaciones de este tipo, te invitamos a ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos.

Nuestra Terapia Psicológica

 

Referencias bibliográficas:

Brown, G.K.; et al. (2005). The internal struggle between the wish to die and the wish to live: a risk factor for suicide. American Journal of Psychiatry. 162(10): 1977 – 1979.
Galynker, I. (2017). The Suicidal Crisis: Clinical Guide to the Assessment of Imminent Suicide Risk. Nueva York: Oxford University Press.
Soloff, P.H.; Kevin, G.L.; Thomas, M.K.; Kevin, M.M.; Mann, J.J. (2000). Characteristics of Suicide Attempts of Patients With Major Depressive Episode and Borderline Personality Disorder: A Comparative Study. American Journal of Psychiatry. 157 (4): 601 – 608.
Valenstein, H.; Cronkite, R.C.; Moos, R.H.; Snipes, C.; Timko, C. (2012). Suicidal ideation in adult offspring of depressed and matched control parents: Childhood and concurrent predictors. Journal of Mental Health. 21 (5): 459 – 468.

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