Psicología

10 falsos mitos sobre la Psicología y la Psicoterapia

Falsos mitos sobre la psicología

La Psicología es una disciplina científica de la que se habla mucho, pero que también puede llegar a generar cierta confusión debido a lo complejo de los fenómenos que estudia.

Por un lado, mucho de sus temas de investigación aún están llenos de incógnitas y de elementos para el debate, dado que la Psicología no ofrece respuestas simples. Por el otro, muchas veces los medios de comunicación no especializados deforman el conocimiento científico extraído de la Psicología, o directamente difunden ideas falsas aprovechando el interés que despierta esta ciencia.

Por eso, en este artículo veremos una serie de falsos mitos sobre la Psicología y la Psicoterapia, dos ámbitos de trabajo orientados hacia la obtención de conocimiento y el uso de este conocimiento para mejorar la vida de las personas, respectivamente.

Falsos mitos de la Psicología

Estas son ideas que hay que rechazar para entender qué es la Psicología y la Psicoterapia, y cómo es aquello que investigan e intervienen.

1. Usamos solo el 10% del cerebro

Este es uno de los mitos sobre la Psicología, y es fácil comprender su popularidad: viene de la mano con la ilusionante idea de que tenemos un gran potencial escondido en cada uno de nosotros, en términos de inteligencia, memoria, creatividad, etc.

Sin embargo, esta idea es totalmente falsa. Nuestro cerebro es uno de los conjuntos de órganos más importantes del cuerpo humano, y no tendría sentido que invirtiéramos tantos recursos para mantener sus células en forma si en realidad usáramos una parte tan pequeña de su capacidad real.

2. La terapia psicológica consiste en hablar

La idea de que ir al psicólogo consiste en pagarle a alguien por contarle nuestras preocupaciones es una de las creencias falsas más extendidas de entre los mitos acerca de la Psicoterapia.

En realidad, acudir a sesiones con profesionales de la terapia psicológica implica involucrarse en actividades y realizar entrenamientos mentales y comportamentales; ir mucho más allá de expresar sensaciones a través del habla.

3. Es posible hipnotizar a alguien para que obedezca órdenes

La hipnosis no tiene el poder de obligar a alguien a ir contra sus valores éticos más fundamentales; en todo caso, influye en su manera de experimentar lo que ocurre en el aquí y el ahora e induce a un estado de sugestión en el que se pierden un poco las inhibiciones fruto de la presión social, pero sin llegar a extremos peligrosos.

4. La Psicoterapia es para personas “locas”

El concepto de la locura no es una categoría clínica con validez científica, sino un término usado para referirse a conductas extravagantes o que no encajan con los patrones de comportamiento socialmente aceptados.

Por otro lado, tampoco estaríamos en lo cierto si dijéramos que la terapia psicológica es para pacientes con trastornos mentales: hay muchas necesidades y formas de malestar que escapan a los criterios diagnósticos que hay que cumplir para tener un trastorno mental. Incluso es posible ir al psicólogo solo para mejorar en algún aspecto, sin creer que haya algo en nuestras vidas que vaya mal.

5. Todo el mundo tiene recuerdos reprimidos por ser traumáticos

No es cierto que todas las personas tengan recuerdos reprimidos que dejaron una emocional dolorosa en su mente y que no son accesibles por la consciencia.

Normalmente, tendemos a recordar más aquello que tiene una gran carga emocional para nosotros, con algunas excepciones en las que el exceso de ansiedad evita que “almacenemos” bien una vivencia en el cerebro, de manera que no se transforma en recuerdo.

6. Los psicólogos lo solucionan todo danto psicofármacos

Esto es falso por muchos motivos. El principal es que los psicólogos no medican, dado que esta forma de intervenir en pacientes solo puede ser hecha por médicos. Además, incluso los psiquiatras tienen otras herramientas de trabajo que van más allá de las pastillas.

7. Los psicólogos no curan, hay que ir a terapia para siempre

No es cierto que la terapia psicológica sea algo a lo que hay que recurrir de por vida. De hecho, en la mayoría de casos se intenta que los objetivos sean alcanzados en el periodo más corto posible.

Solo en ciertos casos en los que hay enfermedades crónicas, especialmente si son graves, se entiende que la terapia será un proceso de muy largo plazo.

8. La Psicología se basa en la reflexión

Otro de los falsos mitos de la Psicología es que trabaja a partir de la confrontación de argumentos y de ideas. Esto es en todo caso competencia de la Filosofía, no de la Psicología, sobre todo porque es muy cuestionable que los seres humanos (o los animales en general) se comporten como lo hacen según dicte la razón y la lógica.

9. El problema lo tiene siempre el paciente

Aquello que hay que solucionar en Psicoterapia no siempre reside en el paciente de manera individual. En muchas ocasiones, el problema está en una relación. Por eso se trabaja mucho en terapia de pareja y en terapia familiar.

10. La Psicología se centra en el estudio del alma

Aunque la etimología del término “Psicología” nos lo dé a entender así, los psicólogos no estudian nada que sea sobrenatural o que esté por encima de las leyes científicas fundamentales

Por mucho que los procesos mentales y los patrones de comportamiento no sean algo que se puede tocar, no son menos objetivos y pertenecientes al funcionamiento normal de la naturaleza.

Referencias bibliográficas:

  • Lilienfeld. S.O., Jay Lynn, S. (2016). 50 grandes mitos de la psicología popular. Vilassar de Dalt: Biblioteca Buridán
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Falsos mitos sobre la psicología

La Psicología es una disciplina científica de la que se habla mucho, pero que también puede llegar a generar cierta confusión debido a lo complejo de los fenómenos que estudia.

Por un lado, mucho de sus temas de investigación aún están llenos de incógnitas y de elementos para el debate, dado que la Psicología no ofrece respuestas simples. Por el otro, muchas veces los medios de comunicación no especializados deforman el conocimiento científico extraído de la Psicología, o directamente difunden ideas falsas aprovechando el interés que despierta esta ciencia.

Por eso, en este artículo veremos una serie de falsos mitos sobre la Psicología y la Psicoterapia, dos ámbitos de trabajo orientados hacia la obtención de conocimiento y el uso de este conocimiento para mejorar la vida de las personas, respectivamente.

Falsos mitos de la Psicología

Estas son ideas que hay que rechazar para entender qué es la Psicología y la Psicoterapia, y cómo es aquello que investigan e intervienen.

1. Usamos solo el 10% del cerebro

Este es uno de los mitos sobre la Psicología, y es fácil comprender su popularidad: viene de la mano con la ilusionante idea de que tenemos un gran potencial escondido en cada uno de nosotros, en términos de inteligencia, memoria, creatividad, etc.

Sin embargo, esta idea es totalmente falsa. Nuestro cerebro es uno de los conjuntos de órganos más importantes del cuerpo humano, y no tendría sentido que invirtiéramos tantos recursos para mantener sus células en forma si en realidad usáramos una parte tan pequeña de su capacidad real.

2. La terapia psicológica consiste en hablar

La idea de que ir al psicólogo consiste en pagarle a alguien por contarle nuestras preocupaciones es una de las creencias falsas más extendidas de entre los mitos acerca de la Psicoterapia.

En realidad, acudir a sesiones con profesionales de la terapia psicológica implica involucrarse en actividades y realizar entrenamientos mentales y comportamentales; ir mucho más allá de expresar sensaciones a través del habla.

3. Es posible hipnotizar a alguien para que obedezca órdenes

La hipnosis no tiene el poder de obligar a alguien a ir contra sus valores éticos más fundamentales; en todo caso, influye en su manera de experimentar lo que ocurre en el aquí y el ahora e induce a un estado de sugestión en el que se pierden un poco las inhibiciones fruto de la presión social, pero sin llegar a extremos peligrosos.

4. La Psicoterapia es para personas “locas”

El concepto de la locura no es una categoría clínica con validez científica, sino un término usado para referirse a conductas extravagantes o que no encajan con los patrones de comportamiento socialmente aceptados.

Por otro lado, tampoco estaríamos en lo cierto si dijéramos que la terapia psicológica es para pacientes con trastornos mentales: hay muchas necesidades y formas de malestar que escapan a los criterios diagnósticos que hay que cumplir para tener un trastorno mental. Incluso es posible ir al psicólogo solo para mejorar en algún aspecto, sin creer que haya algo en nuestras vidas que vaya mal.

5. Todo el mundo tiene recuerdos reprimidos por ser traumáticos

No es cierto que todas las personas tengan recuerdos reprimidos que dejaron una emocional dolorosa en su mente y que no son accesibles por la consciencia.

Normalmente, tendemos a recordar más aquello que tiene una gran carga emocional para nosotros, con algunas excepciones en las que el exceso de ansiedad evita que “almacenemos” bien una vivencia en el cerebro, de manera que no se transforma en recuerdo.

6. Los psicólogos lo solucionan todo danto psicofármacos

Esto es falso por muchos motivos. El principal es que los psicólogos no medican, dado que esta forma de intervenir en pacientes solo puede ser hecha por médicos. Además, incluso los psiquiatras tienen otras herramientas de trabajo que van más allá de las pastillas.

7. Los psicólogos no curan, hay que ir a terapia para siempre

No es cierto que la terapia psicológica sea algo a lo que hay que recurrir de por vida. De hecho, en la mayoría de casos se intenta que los objetivos sean alcanzados en el periodo más corto posible.

Solo en ciertos casos en los que hay enfermedades crónicas, especialmente si son graves, se entiende que la terapia será un proceso de muy largo plazo.

8. La Psicología se basa en la reflexión

Otro de los falsos mitos de la Psicología es que trabaja a partir de la confrontación de argumentos y de ideas. Esto es en todo caso competencia de la Filosofía, no de la Psicología, sobre todo porque es muy cuestionable que los seres humanos (o los animales en general) se comporten como lo hacen según dicte la razón y la lógica.

9. El problema lo tiene siempre el paciente

Aquello que hay que solucionar en Psicoterapia no siempre reside en el paciente de manera individual. En muchas ocasiones, el problema está en una relación. Por eso se trabaja mucho en terapia de pareja y en terapia familiar.

10. La Psicología se centra en el estudio del alma

Aunque la etimología del término “Psicología” nos lo dé a entender así, los psicólogos no estudian nada que sea sobrenatural o que esté por encima de las leyes científicas fundamentales

Por mucho que los procesos mentales y los patrones de comportamiento no sean algo que se puede tocar, no son menos objetivos y pertenecientes al funcionamiento normal de la naturaleza.

Referencias bibliográficas:

  • Lilienfeld. S.O., Jay Lynn, S. (2016). 50 grandes mitos de la psicología popular. Vilassar de Dalt: Biblioteca Buridán
Beneficios psicológicos de la meditación

Beneficios psicológicos de la meditación

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¿Qué hacer si un familiar o amigo dice que quiere suicidarse?

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Falsos mitos sobre la psicología

Las 6 fases de la terapia psicoanalítica

Fases de la terapia psicoanalítica

La terapia psicoanalítica se caracteriza entre otras cosas por ser ir adaptándose a las circunstancias sin seguir una estructura muy rígida. Esto es así porque, para la perspectiva teórica desde la que parte el psicoanálisis, cada paciente experimenta una forma de malestar única, basada en sus experiencias pasadas y que forman parte de su identidad como individuo.

Sin embargo, es posible resumir el qué consiste este proceso terapéutico fijándonos en cuáles son las principales fases de la terapia psicoanalítica, basada en las obras de Sigmund Freud y de sus seguidores. Justamente este es el tema que vamos a abordar en este artículo.

Para empezar: ¿qué hacen los psicoanalistas?

Antes de nada, demos un repaso rápido al concepto del psicoanálisis. Este puede ser entendido tanto como una propuesta psicoterapéutica para pacientes, por un lado, como el conjunto de teorías sobre el funcionamiento de la mente que sirve de base para este tipo de terapia, por el otro.

Si nos centramos en el psicoanálisis entendido como agrupación de teorías, lo más destacable de estas es que dan mucha importancia al componente inconsciente de la psique humana, hasta el punto de que se asume que este es el que nos mueve a comportarnos, pensar y sentir tal y como lo hacemos. 

Dicho de otro modo, los psicoanalistas trabajan desde la idea de que lo más relevante que nos pasa ocurre siempre en la cara oculta de nuestras mentes, la que no es accesible por nuestra consciencia.

A su vez, en el para el psicoanálisis, el funcionamiento de la mente humana se apoya en el movimiento que produce la tensión entre elementos psíquicos que están en conflicto entre sí a pesar de existir dentro de la misma persona.

¿Y cuál es este conflicto, aquello que produce contradicciones en el funcionamiento interno de los seres humanos? 

Por un lado, están los elementos psicológicos que quieren salir de lo inconsciente para formar parte de lo consciente, y por el otro están los elementos psicológicos que luchan por impedir que los anteriores salgan de lo inconsciente para que no nos veamos cegados por nuestros deseos y nuestros impulsos más ocultos y pasionales.

El objetivo de la terapia psicoanalítica

Por otro lado, las diferentes fases de la terapia psicoanalítica están pensadas para ir desvelando poco a poco cuál es la verdadera raíz del malestar psicológico de los pacientes, buscando sus causas profundas mirando más allá de la superficialidad de los síntomas de los que se quejan quienes acuden a su primera consulta.

A medida que el trabajo en equipo del terapeuta y el paciente va haciendo emerger la naturaleza del problema real a tratar, es posible integrar en la consciencia buena parte de estos contenidos psicológicos que generaban dolor psicológico o patrones de conducta inadecuados, otorgándoles un significado que nos permita aceptar su existencia y dejando de luchar por mantenerlos completamente reprimidos en nuestro inconsciente.

Fases de la terapia psicoanalítica

Estas son las principales fases de la terapia psicoanalítica, ordenadas.

1. Establecimiento del motivo de consulta

En esta primera fase, se da la oportunidad a los pacientes para que describan el motivo por el que acuden a estas sesiones de terapia psicoanalítica, expresando también sus preocupaciones y su manera de experimentar el malestar que les lleva a consulta.

Ahora bien, en terapia psicoanalítica no se da por supuesto que la verdadera fuente de malestar es aquella que el paciente cree. A fin de cuentas, desde el paradigma del psicoanálisis se pone énfasis en las limitaciones de la consciencia a la hora de entender lo que ocurre en la mente de uno mismo. Llegar a conocer el verdadero motivo por el que se va a consulta también forma parte de este proceso de terapia.

Por eso, en la fase de la entrevista inicial simplemente se crea una situación en la que el profesional realice una recogida de datos básicos, y para que este pueda decidir qué tipo de contenidos de la vida del paciente es conveniente explorar más adelante.

2. Entrevistas de exploración del problema

En esta segunda fase de la terapia psicoanalítica el profesional lleva a cabo una serie de entrevistas semi-estructuradas con el paciente con el objetivo de conocer su trayectoria vital y el contexto familiar y social en el que ha ido desarrollándose como persona. 

Es decir, que en esta etapa los psicoanalistas plantean una serie de preguntas de forma más o menos improvisada, aunque teniendo en cuenta cuáles son los temas principales a examinar a priori.

3. Establecimiento de las primeras hipótesis

Tal y como hemos visto, para los psicoanalistas los conflictos que tienen lugar en la parte inconsciente de la mente tienen una gran importancia a la hora de explicar por qué surgen los trastornos psicológicos y los problemas para adaptarse a las circunstancias que la vida nos plantea.

Por eso, esta es una de las fases de la terapia psicoanalítica más importantes, porque aquí ya se intenta a crear situaciones para que estos problemas reprimidos en lo inconsciente se expresen a través de las acciones y del discurso de la persona.

Estos contenidos encerrados en lo inconsciente (y cuya lucha por salir de ahí es la verdadera causa del malestar) se expresarán de manera no muy clara ni evidente, sino mediante formas más discretas, a causa del filtro que supone la parte consciente de la persona. Por ejemplo, surgirán plasmadas indirectamente a través de símbolos aparecidos en sueños, sustituciones de palabras mientras se habla, etc. 

Sin embargo, los psicoanalistas están entrenados para detectar la expresión de lo inconsciente en lo consciente.

Para poder recoger información indirecta sobre lo que pasa en lo inconsciente de los pacientes, los psicoanalistas usan técnicas y herramientas como las pruebas proyectivas (test de Rorschach, test del árbol, etc.).

Luego, el profesional de la terapia psicoanalítica establece una hipótesis acerca de cuál puede ser la causa del problema que hace sufrir a la persona y/o a su entorno familiar y social.

4. Devolución de la información

En esta fase, se informa al paciente acerca de la información importante recabada hasta el momento, y se le pide que opine sobre esto. La manera de reaccionar de la persona también es tenida en cuenta de cara a definir mejor qué le ocurre a la persona y cómo se la puede ayudar.

5. Fase de análisis

En esta fase de la terapia psicoanalítica, paciente y terapeuta examinan juntos los indicios por los cuales se expresa el conflicto psicológico que está detrás de los pensamientos y acciones problemáticas de quien acude a consulta, y trabajan para darles significado e integrarlos en la consciencia.

Se trata de una etapa de la intervención terapéutica que puede variar mucho dependiendo de la orientación psicoanalítica del profesional, si bien hay ciertos recursos que son especialmente populares, como la asociación libre.

En general, el terapeuta ayuda al paciente a que las barreras que separan lo consciente y lo inconsciente se debiliten y se entre en un estado de relativa no represión de las ideas y de los sentimientos, para que todo pueda ser expresado sin miedo a ser juzgados por los demás.

De esta manera, a la vez que se va comprendiendo cómo opera la mente inconsciente de uno mismo en lo relativo a temas que producen malestar (traumas, complejos e inseguridades, miedos, etc.) se produce también un alivio del malestar.

6. Revisión de los pasos anteriores

En la fase final, el paciente da su opinión sobre el proceso y valora los resultados obtenidos. De esta manera, siempre se está a tiempo de corregir algo si considera que aún se siente significativamente mal y queda trabajo por hacer.

Referencias bibliográficas:

  • Burnham, J. (ed.) (2012). After Freud Left: A Century of Psychoanalysis in America. Chicago: University of Chicago Press.
  • Quidonoz, J.M. (2005). Reading Freud. A Chronological Exploration of Freud’s Writings. The New Library of Psychoanalysis. Abingdon: Routledge.
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Fases de la terapia psicoanalítica

Trastorno de Ansiedad Generalizada: ¿qué es y cómo tratarlo?

La ansiedad es un fenómeno que está presente en muchos de los trastornos psicológicos más relevantes. Esto es natural, puesto que es una reacción del cuerpo ante situaciones de malestar o de anticipación de un peligro o riesgo, de manera que la propia anticipación de los síntomas genera esta experiencia de angustia y estrés.

Sin embargo, hay ciertas alteraciones psicológicas en las que la ansiedad tiene una gran importancia a la hora de explicar los síntomas: se trata de los trastornos de ansiedad.

En este artículo nos centraremos en uno de ellos, el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), y veremos de qué manera produce malestar y cómo se trata a los pacientes con esta alteración en las sesiones de psicoterapia.

¿Qué es el Trastorno de Ansiedad Generalizada?

El Trastorno de Ansiedad Generalizada es una alteración psicológica con síntomas psicológicos y fisiológicos que pertenece a la categoría de los llamados trastornos de ansiedad, y que se caracteriza por la presencia de malestar por ansiedad o angustia ante una amplia gama de situaciones en las que no hay un peligro real pero cuya ambigüedad es percibida como amenazante.

Así, mientras que en otros trastornos de ansiedad como las fobias o el Trastorno Obsesivo-Compulsivo la angustia o ansiedad está ligada a un tipo de experiencia muy concreta, en el TAG este malestar es más “generalizado”, con unos límites más difusos y capaces de reproducirse en situaciones variadas y en diferentes actividades.

Por otro lado, el Trastorno de Ansiedad Generalizada puede darse tanto en adultos como en niños y niñas (si bien los criterios diferentes son diferentes dependiendo de la edad), y sus efectos y síntomas deben estar presente durante varios meses seguidos y aparecer durante la mayor parte del tiempo.

Síntomas del TAG

Existe una cierta variabilidad en el modo en el que el Trastorno de Ansiedad Generalizada produce síntomas dependiendo del individuo.

Sin embargo, existen varios de ellos que suelen ser recurrentes y que por ello se utilizan como criterio diagnóstico, de modo que la presencia de muchos de ellos durante un periodo determinado indica la presencia de TAG. En cualquier caso, el diagnóstico solo puede ser realizado por profesionales de la salud mental debidamente entrenados y titulados para ello.

A modo de resumen, los principales síntomas del Trastorno de Ansiedad Generalizada son los siguientes:

  • Temblores
  • Irritabilidad muy intensa
  • Náuseas y mareos
  • Sudoración
  • Temor a situaciones percibidas como de alto riesgo a pesar de que no lo son
  • Problemas para “desenganchar” el foco de atención de la idea que causa temor o angustia
  • Sequedad en la boca
  • Insomnio
  • Pensamiento catastrófico (imaginar situaciones futuras en las que todo va mal)
  • Angustia al tener que realizar una elección en una situación de incertidumbre
  • Miedo extremo a escoger la opción incorrecta al tener que elegir
  • Problemas significativos al intentar concentrarse en una tarea
  • Ritmo cardíaco más alto de lo normal
  • Sensación de presión en el pecho o en el cuello

Para que el profesional diagnostique a un paciente con TAG, algunos de estos síntomas (una cantidad fijada por el especialista dependiendo de los que se presenten) deben hacer aparición durante más de 6 meses, y siempre que estos no puedan explicarse mejor por la presencia de otra alteración psicológica, como el trastorno de pánico.

Causas y factores de riesgo

Tal y como ocurre con todos los trastornos psicológicos, en el Trastorno de Ansiedad Generalizada no existe una sola causa que produzca este fenómeno, sino varios factores y predisposiciones que, en conjunto, facilitan su aparición.

Por ejemplo, se cree que existe una significativa influencia de las predisposiciones genéticas a la hora de desarrollar el TAG, una característica heredable en el momento de la gestación que no dependería de un solo gen, sino de una combinación de varios de ellos.

Por otro lado, el efecto de situaciones generadoras de un alto estrés como sucesos traumáticos o momentos de peligro (físico o de cualquier otro tipo) también pueden contribuir a que aparezca un estado de ansiedad y angustia que perdure y se agrave a medida que otras experiencias ligadas a factores estresantes van dejando su huella en nosotros. Por ejemplo, si a una mala situación familiar se le añaden problemas en el trabajo o mobbing, el Trastorno de Ansiedad Generalizada puede surgir.

En cualquier caso, aún hace falta investigar más para comprender las causas del TAG, tanto las que están vinculadas a la genética de los individuos como a la vivencia de situaciones estresantes y sus bases neurológicas que tienen lugar en el cerebro. Por el momento, se sabe que los principales factores de riesgo, hechos que aumentan sus posibilidades de aparición, son los siguientes:

1. Género

El Trastorno de Ansiedad Generalizada es mucho más común en mujeres, lo cual puede deberse tanto a diferencias biológicas presentes desde el nacimiento como a diferencias en su socialización.

2. Personalidad

Los rasgos de personalidad vinculados a la experimentación de un elevado temor por la propia integridad y por la imagen pública que se ofrece suelen estar correlacionados con mayores probabilidades de desarrollar trastornos de ansiedad como el TAG.

3. Uso de drogas

Los niveles de ansiedad pueden subir significativamente a raíz del uso de ciertas drogas, como el alcohol o las benzodiacepinas.

4. Genes

Existen varios grupos de genes que, combinados, están presentes en individuos con mayor facilidad de desarrollar problemas de estrés y ansiedad.

Tratamiento en psicoterapia

El tratamiento del Trastorno de Ansiedad Generalizada bajo la asistencia psicológica de un psicólogo se adapta siempre a las características y contexto de cada paciente, pero generalmente hay una serie de herramientas y estrategias que resultan especialmente comunes.

La combinación de la terapia cognitivo-conductual y ciertos psicofármacos ansiolíticos y algunos antidepresivos (solo bajo indicación médica) suele ser efectiva para que los síntomas se reduzcan hasta no generar un malestar significativo, si bien siempre que sea posible se evita la utilización de medicamentos. En determinados casos la terapia será suficiente.

Mediante la intervención de tipo cognitivo-conductual se trata de revertir los patrones de pensamiento y de comportamiento que mantienen vivo en ciclo de la ansiedad excesiva, como los pensamientos catastróficos y anticipatorios del malestar, así como las actividades que nos exponen a la angustia de una manera poco controlada.

Por otro lado, el uso de herramientas como las técnicas de relajación pueden ser utilizadas también para controlar las manifestaciones fisiológicas de la ansiedad, como los temblores y el alto ritmo cardíaco.

Referencias bibliográficas:

  • Spitzer, R. L.; Kroenke, K; Williams, J.B.; Löwe, B. (2006). A Brief Measure for Assessing Generalized Anxiety Disorder. Archives of Internal Medicine. 166 (10): 1092- 1907.
  • Torpy, J. M.; Burke, A.E.; Golub, R.M. (2011). Generalized Anxiety Disorder. JAMA. 305 (5): 522.
Trastorno de Ansiedad Generalizada

Trastorno bipolar: ¿qué es y cómo podemos tratarlo desde la psicología?

El trastorno bipolar es una patología mental que se caracteriza por cambios severos de humor que van de la depresión a episodios de manía.

Afecta a una de cada cien personas adultas, normalmente comienza en la etapa de la adolescencia (pero no hay que confundirlo en esta etapa con un TDDEA) y rara vez se inicia en personas de más de 40 años.

La causa concreta no está especificada y puede ser múltiple:
– Un trastorno físico dentro del sistema cerebral que se encarga de controlar el estado de ánimo (sistema límbico)
– Un acontecimiento estresante en la vida podría desencadenar un episodio
– Un componente genético

El trastorno bipolar se manifiesta en varios grados o tipos: El bipolar I y II; el trastorno ciclotímico y el de ciclación rápida. De ellos, es más complicado de diagnosticar el tipo II porque sus síntomas son más suaves y la fase maníaca no es tan aguda, pudiendo confundirse con depresión, pero de ellos hablaremos mas extensamente en otro post.

Manifestaciones del trastorno bipolar: episodios

El trastorno bipolar o maníaco-depresivo se evidencia en cambios de humor muy severos que van hacia uno de los dos polos: un periodo depresivo o un periodo maníaco.

Durante la etapa maníaca la persona tiene sentimientos extremos de bienestar, de alegría, optimismo, confianza en sí mismo y en sus capacidades de manera muy intensa. La persona muestra cambios de comportamiento que pueden aparecer como planes grandilocuentes y poco realistas; puede hablar con mucha rapidez, está activo, se siente lleno de energía y no tiene necesidad de dormir; está feliz y se siente importante; puede tener grandes deseos sexuales; cambia de ideas con rapidez y también puede estar irritable. La primera vez que sucede es habitual que la persona que sufre este episodio no lo perciba, pero sí las personas que le rodean como familiares o amigos.

En la etapa depresiva, el sentimiento de depresión es mayor, es continuo y duradero y le hace a la persona no poder con el día a día. Es un episodio de depresión profunda donde se acusan cambios como llanto incontrolado, pérdida de interés, pérdida en la confianza en uno mismo e incapacidad para tomar decisiones; pérdida de peso y apetito, fatiga extrema y trastornos del sueño; ideas de suicidio.

El trastorno bipolar es difícil de diagnosticar porque puede confundirse con depresión en la fase depresiva. Es muy importante el acompañamiento de la familia durante los episodios

Cuando alguna de estas fases es muy severa pueden aparecer síntomas psicóticos: aparecen durante la fase maníaca con ideas grandiosas sobre uno mismo, creer que se tiene una misión importante que cumplir en el mundo o que se tienen poderes sobrenaturales. En fase depresiva, la culpabilidad es tan profunda que pueden sentir que es la peor persona del mundo. Además de estos síntomas se pueden presentar alucinaciones auditivas, visuales o sensitivas que no se pueden justificar.

Los episodios pueden durar de semanas a meses y la intensidad es muy elevada. Entre los episodios antes se pensaba que entre ambos se recuperaba la normalidad del ánimo, pero hoy se sabe que esto no le ocurre a todas las personas con trastorno bipolar.

Los episodios se pueden desencadenar por factores estresantes: Enamoramiento, un nuevo trabajo, un despido, una ruptura… Que el estresor sea negativo no garantiza que el episodio sea depresivo o maníaco. Cualquier estresor puede dar como resultado uno de ambos.

Tratamiento

Lo ideal es la combinación de tratamiento farmacológico y psicológico como la mejor opción para abordar el trastorno bipolar.

El tratamiento farmacológico facilita la regulación del estado de ánimo para que no haya subidas o bajadas repentinas; y la terapia acompaña al paciente a conocer su enfermedad a través de técnicas psicoeducativas, a la vez que hace un seguimiento del estado anímico y a identificar cuándo se está produciendo un cambio de humor para autocontrolarlos.

Conviviendo con el trastorno bipolar

Es importante que haya un acompañamiento y seguimiento de familiares o personas cercanas cuando se trata de este trastorno. Durante las fases agudas, el acompañamiento es muy importante. Hay que ser paciente, comprensivo y realista, no agrandar las ideas cuando están en fase aguda. En caso de urgencia, es interesante pedir ayuda médica urgente si la persona deja de comer o beber; cuando el comportamiento es arriesgado para sí o para los otros o cuando aparecen ideas de suicidio.

Las personas que conviven con una persona con trastorno bipolar pueden sentirse agotadas o angustiadas tanto en las fases de manía como de depresión, a veces también es interesante buscar apoyo como acompañante para aprender estrategias de control y afrontamiento del estrés.

trastorno bipolar

TDDEA: trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo

Los problemas de conducta y la irritabilidad exagerada es uno de los motivos más frecuentes por el que las familias acuden a un psicólogo o a su centro de salud. Este tipo de conductas disruptivas es lo que ha hecho que el DSM-5 incorporara el TDDEA como nueva categoría dentro de los trastornos depresivos para no confundirlo con otros como el trastorno negativista, el bipolar o el TDAH.

¿Qué es el TDDEA?

El TDDEA es un trastorno que cursa con episodios indefinidos de cambios de conducta que no son los habituales en el niño y que no están relacionados con la etapa de desarrollo. Existe una continuidad en el cambio de conducta, es decir, se mantiene en el tiempo como una irritabilidad crónica con accesos de ira desproporcionados.

El diagnóstico se realiza entre los 6 y los 10 años de edad y se caracteriza por

  • Accesos de cólera graves y recurrentes que aparecen al menos tres o más veces por semana y que no concuerdan con el nivel de desarrollo
  • La irritabilidad se mantiene entre los episodios de cólera, la persona está irascible la mayor parte del tiempo
  • Los episodios se dan en todos los contextos sociales del niño (casa, escuela, compañeros) y algunos son de gravedad.
  • Se inician antes de los 10 años de edad y se mantienen por un periodo de 12 meses o más

Estos accesos de cólera desmedidos aparecen ante estresores comunes, es decir, son respuesta a las frustraciones y pueden aparecer tanto verbalmente como con conductas agresivas que aprecian personas fuera del entorno familiar del niño.

Los niños que sufren TDDEA tienen un mayor riesgo de desarrollar un trastorno depresivo y de ansiedad en la etapa adulta.

Esto provoca que el niño tenga dificultades en las relaciones con otros, así como dificultades con el rendimiento académico.

Causas y tratamiento

Aunque todavía se está investigando en las causas, se sabe que un trauma en la infancia, la separación con la figura de apego o la negligencia, que presenta un importante conflicto emocional, pueden ser el origen de este trastorno.

El diagnóstico temprano de este trastorno es fundamental. En la preadolescencia y adolescencia, entre los 12 y los 16 años el diagnóstico de TDDEA predice una serie de problemas en el adulto joven como depresión y ansiedad, por eso es importante acudir a un profesional cuando se tiene sospecha.

El tratamiento para este trastorno pasa por una estrecha colaboración entre los padres con los profesionales que atienden al niño para aprender estrategias de manejo de la conducta. En general, se utiliza la psicoterapia y la medicación combinadas.

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TDDEA

La importancia de establecer normas y límites para tus hijos

Es muy común en terapia encontrar familias que acuden a consulta porque la situación familiar con los hijos les desborda, les altera y se sienten incapaces de hacer seguir una serie de normas que a menudo se van incumpliendo llevando la convivencia a una situación incontrolada.

Hoy vamos a hablar del establecimiento de normas y de límites en casa, esenciales para que la convivencia en familia sea armoniosa y tranquila.

Normas y límites para los hijos: ¿cómo establecerlos correctamente?

La convivencia en sociedad hace imprescindible el aceptar una serie de normas para que ésta sea posible. Las normas no son más que unas reglas que se aprueban de modo conjunto entre los miembros de una comunidad para el buen funcionamiento de esa comunidad. Es cierto que no todas las personas tenemos las mismas normas en nuestro núcleo de convivencia, por ejemplo: una familia puede establecer la norma de no poner los pies en el sofá y otras no creen necesario establecer esa norma. Así podemos entender que no todas las normas son iguales para todos.

Las normas pueden ser diferentes en cada medio familiar, y por lo tanto pueden variar de un contexto a otro; no ocurre lo mismo con los límites.

Esto no pasa con los límites. Los límites son normas que no se puede rebasar y que tienen también una penalización a nivel social. Muchas tienen relación con el comportamiento en sociedad. Por ejemplo: no molestar a los demás, no insultar, hablar con respeto son límites comunes y generalmente cuando éstos de sobrepasan, hay un rechazo que es común en el núcleo familiar y en el entorno social.

Establecer normas y límites es importante porque, por una parte, a nivel personal, nos ayudan a manejar las situaciones de frustración y nos preparan para la convivencia, las cosas no son muchas veces como nos gustaría que fueran; y por otra parte dan seguridad en la etapa infantil y adolescente y permiten desarrollarse libremente dentro de ese entorno seguro por estar acotado, mejorando la autoestima, la empatía y en general las habilidades sociales.

Cómo establecer normas y límites

Normalmente, establecemos normas y límites en casa desde que los niños son pequeños a través de rutinas que se van interiorizando de manera natural: lavarse las manos antes de comer, cepillarse los dientes después de cenar, recoger la habitación después de jugar o hacer la cama a diario son normas que se establecen sin necesidad de una pauta directa. Sin embargo, cuando los niños comienzan a ser más mayores, las normas y los límites se tienen que establecer de forma clara y comprensible.

Para establecer una norma hay que tener en cuenta que:

  • Debe ser realista, no podemos exigir cosas imposibles
  • Debe ser clara, hay que saber que se ha entendido
  • Debe ser despersonalizada, no juzgamos a la persona sino al acto o al comportamiento

Como hemos dicho, las normas en una familia pueden ser distintas en otras y esto no hay que ponerlo en tela de juicio ni tiene que ser motivo de conflicto. Pongamos un ejemplo: Un niño comenta en casa que a su amigo Miguel le dejan ver la televisión después de cenar. En su casa tienen por norma no ver la tele después de las ocho de la tarde, pero el niño, como tiene el deseo de ver la tele, pues intenta por todos los medios conseguirlo.

¿Qué podríamos hacer? Explicarle que cada familia tiene sus normas y que no todas son las mismas sin juzgar a la otra familia, y luego en todo caso, negociar con nuestro hijo si puede o no ver la televisión ese día después de cenar.

Ya hemos dicho que las normas pueden ser volubles, algunas que no consideramos importantes se pueden cambiar o negociar. Para ello es interesante pensar en ellas y saber cuáles son fundamentales y cuáles no.

Si bien en la etapa infantil apenas hay negociación en las normas, durante la adolescencia es más habitual negociarlas y también es importante tener claro cual será la consecuencia de incumplirla.

Los límites, en cambio, no se modifican, son constructos que se establecen sin discusión, son una prohibición clara. Por ejemplo: no agredir a otra persona física o verbalmente; no pedir las cosas gritando y sin respeto… etc. Son generalmente normas que rigen en sociedad y que van a ser penalizadas si se incumplen también en otros contextos sociales.

La familia es el primer lugar de prueba de normas y límites, lo normal es que sea en este contexto en el que los niños intenten saltarlas o retarlas constantemente. Ahí es donde los adultos juegan el importante papel de ayudarles en el aprendizaje de las mismas con tranquilidad, empatía y amor.

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Distimia: causas y síntomas de un trastorno parecido a la depresión

La distimia, también conocida como Trastorno Depresivo Persistente, es un tipo de estado depresivo crónico en el que la persona tiene un ánimo bajo global que viene durando al menos dos años (un año para jóvenes o adolescentes). A menudo hay episodios de mayor intensidad o depresión mayor.

No hay una causa clara para este trastorno que afecta en mayor número a las mujeres, se cree que puede tener un origen en factores psicosociales que podrían venir de la infancia (falta de afecto, de estímulos, desarraigo…).

La distimia se caracteriza por tener síntomas menos graves que la depresión mayor pero que impiden a la persona tener una vida plena

Síntomas de la distimia

El principal síntoma es un estado de desánimo global, tristeza y desinterés por el mundo que rodea a la persona, del que se tiene una visión negativa o desalentadora, lo que impide a la persona resolver cualquier tipo de problema.

Además a la vez se dan al menos dos o más de estos aspectos:

  • Autoestima baja
  • Desajustes alimentarios y/o del sueño
  • Fatiga o baja energía
  • Falta de concentración
  • Irritabilidad o inquietud
  • Aislamiento
  • Episodios de llanto
  • Pensamientos catastróficos o de muerte

Qué hacer cuando sufrimos este trastorno

Es importante que la persona sea consciente de lo que le sucede para iniciar el cambio y evitar entrar en una depresión mayor.

La terapia se dirige a cambiar la visión distorsionada que tiene la persona de sí misma y de lo que le rodea, a identificar los estresores del entorno y a hacer una introspección en las relaciones afectivas para entender qué es lo que está detrás de esos pensamientos negativos, incrementándose la mejoría en la mayor parte de los afectados. En algunos casos la terapia se combina con medicamentos antidepresivos.
También ha resultado eficaz la terapia grupal.

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ASMR: así son los sonidos para activar el placer

El sonido del aspirador, el tintineo de unos golpes con los dedos, el burbujeo de una bebida gaseosa, el tacto de una pluma o un soplido sobre el cuello produce en algunas personas un estado de bienestar y relajación que se materializa en una sensación de hormigueo que recorre el cuero cabelludo y que a veces baja hacia la espalda activando la sensación de placer. Esto es lo que define el ASMR.

¿Qué es el ASMR?

Bajo estas siglas se esconde el término Autonomous Sensory Meridian Response, que en español se traduce por Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma. El concepto nace en 2010 en una comunidad de Facebook donde varias personas establecen un debate acerca de estas reacciones físicas que sentían cuando visualizaban u oían ciertos sonidos que les activaban una sensación placentera y que algunas definen como casi orgásmica.

Las investigaciones sobre este fenómeno que experimentan miles de personas no son todavía suficientes como para sacar una conclusión

Así aparecen multitud de vídeos en el canal de YouTube con miles de seguidores que se conectan a la red para sentir esa sensación de placer conectando sus auriculares a unos vídeos que cada vez están más elaborados.

A pesar de que no hay estudios científicos que avalen esta teoría de ASMR, lo cierto es que las personas sí que experimentan esa sensación ante estímulos de esa naturaleza, y la reacción no es igual para todas, varía de una persona a otra. El detonante puede ser un estímulo visual, táctil, auditivo o una combinación de ambos, siendo el auditivo el que en mayor porcentaje se experimenta esta sensación. Algunas personas que consumen este tipo de vídeos en la red lo comparan con la sinestesia y con la reacción que se siente cuando utilizamos un masajeador de cabeza.

Cómo se activa el placer

Nuestro cerebro está programado para buscar el placer y reproducirlo para sentir bienestar y felicidad. Por tanto el placer es un aprendizaje: primero experimentamos algo que nos gusta y a continuación lo asociamos a datos que vienen del exterior, elementos sensoriales externos, cosas que oímos, vemos o percibimos a través del tacto, y a la par lo asociamos a lo que estamos pensando.

Este tipo de asociaciones nos permiten establecer una pauta para repetir esta experiencia que nos agrada a la que le damos un valor placentero y positivo. Así que, finalmente, podemos buscar este placer en experiencias ”recuerdo” para volver a reproducirlas: comer ciertos alimentos, escuchar ciertos sonidos… etc.

En todo este proceso un papel fundamental lo tiene la dopamina, un neurotransmisor que regula el placer y que es capaz de generar la sensación placentera.

Quizá por este motivo, algunas personas que ven u oyen estos vídeos ASMR activen su centro de placer que es diferente para cada una de ellas, puesto que no todas las personas son capaces de sentir y reaccionar de manera similar ante los mismos estímulos.

En la actualidad, todavía se están tomando datos en distintas investigaciones que tratan de recoger información sobre ese fenómeno ASMR que por el momento no están publicados. Si estás interesado puedes consultar datos y encuestas en este enlace.

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Trastorno de la Imagen Corporal: causas, síntomas y tratamiento

La imagen que tenemos de nuestro cuerpo es una representación o construcción que cada uno hacemos en nuestra mente.

Esta imagen que nosotros creamos normalmente está mas o menos ajustada a la realidad, algunas cosas nos pueden gustar más y otras menos, pero cuando estamos muy descontentos con nuestra apariencia física pueden surgir problemas psicosociales en la interacción con los demás.

Trastorno de la Imagen Corporal: ¿qué es?

Esta imagen corporal se crea a partir de varios aspectos: se genera a través de la percepción que tenemos de nosotros y puede estar más o menos ajustada o bien puede estar sobrestimada o subestimada; también se construye con aspectos emocionales, es decir, la valoración que despierta desde un punto de vista emocional nuestro cuerpo, y que nos dice si estamos a gusto con él, si nos genera placer, etc.

En la sociedad actual en la que hay una primacía del aspecto físico por encima de otros valores, como consecuencia puede surgir una cierta insatisfacción por nuestro cuerpo que puede llegar a agravarse hasta el punto de hablar de un trastorno de la imagen corporal o trastorno dismórfico corporal.

El Trastorno de la imagen corporal se define como una exagerada preocupación por un “defecto” corporal que normalmente es inexistente o de escasa identidad, pero que produce gran malestar, ansiedad e interfiere en la vida de la persona dificultando sus relaciones sociales y su funcionamiento en la vida cotidiana. Normalmente esta preocupación se centra en partes del cuerpo (forma, tamaño, peso), pero también en aspectos más globales (por ejemplo en el caso de la vigorexia)

En la formación de una autoimagen corporal negativa influyen los modelos de belleza impuestos socialmente donde se estigmatizan ciertos aspectos de la imagen física, como por ejemplo la gordura que no se adapta al canon de belleza estereotipada

En muchos casos se asocia a trastornos de la alimentación donde existe también una insatisfacción con la imagen corporal, por lo tanto es importante que las terapias se centren en recuperar una imagen ajustada del cuerpo.

Cómo detectar un trastorno de la imagen corporal

En 1991, el psicólogo Cash definió una serie de esquemas cognitivos o pensamientos recurrentes en las personas que padecían este trastorno. Entre estos pensamientos encontramos:

– La gente atractiva lo tiene todo.

– La gente se da cuenta de lo erróneo de mi apariencia en primer lugar.

– La apariencia física es signo de cómo soy interiormente.

– Si pudiera cambiarme como deseo, mi vida sería mucho mejor.

– Si la gente supiera como soy realmente a ellos no les gustaría.

– Si controlo mi apariencia, podré controlar mi vida social y emocional.

– Mi apariencia es responsable de muchas cosas que ocurren en mi vida.

– Debería saber siempre cómo parecer atractivo.

– El único modo en el que me podría gustar mi apariencia es modificándola.

A nivel emocional las personas con trastorno corporal sienten asco, tristeza, se avergüenzan de su aspecto, no “se quieren” lo que hace que sufran bastante. Todo esto hace que al final adopten conductas evitativas, rituales, cambien sus hábitos alimenticios… etc. La causa de esta distorsión en la percepción les hace también adoptar pensamientos negativos hacia sí mismos y hacia otras personas con las que se identifican y todo esto lo que consigue es mantenerlo.

Terapia

La terapia psicológica va dirigida al aprendizaje nuevos patrones de pensamiento y emociones a través de técnicas que acompañan a la persona a verse de un modo más ajustado y a sentirse bien consigo mismo.

Imagen: Peter Demetz

trastornosimagencorporal

Dependencia emocional: ¿qué es, por qué ocurre y cómo superarla?

Son muchas las consultas que llegan a nuestra consulta de psicología sobre dependencia emocional en la relación de pareja. Ni que decir tiene, que cuando alguien llega a consulta con este tipo de dolor, incluso en el comienzo de la relación que se supone es la luna de miel, algo no va bien.

A lo largo de generaciones y muy influido por una cultura, en mucho literaria, del “amor cortés”, en la que el amor se ha asociado a sufrimiento y sacrificio, se ha instalado una concepción “dolorosa” del amor y de la relación de pareja, en ocasiones muy difícil de sustituir del imaginario individual.

Ese pensamiento de “si sufro es que le quiero”, engaña muchas veces y mantiene a las personas, que en otros aspectos tienen una relación normal con su entorno, en una relación tortuosa o en múltiples experiencias de pareja que siempre van por el mismo camino difícil.

¿Qué es la dependencia emocional?

La dependencia emocional se caracteriza por una excesiva necesidad de quien la padece de sentirse querido y aceptado, hasta el punto de llegar a olvidarse de ellos mismos y de sus necesidades, con tal de conseguir el fin último, mantener su relación de pareja cueste lo que cueste.

Este “a cualquier precio” implica en ocasiones, anularse, humillarse y vivir en la constante ansiedad de que su pareja pueda dejarles en cualquier momento.

Perfil de la persona con dependencia emocional

  • Baja autoestima y necesidad de deseabilidad social

La autoestima de la persona dependiente es muy baja, a lo largo de su vida de relaciones sociales suele tener la necesidad de gustar y caer bien a todo el mundo. La persona emocionalmente dependiente tiene muy interiorizada la creencia de que si dejan de quererle no sabrá valerse por si misma.

  • Miedo a la soledad y presión social

Resultado de la creencia de que no puede valerse por si misma surge un miedo desproporcionado a la soledad.

Se añade a esto la presión social, que constantemente nos lleva a la conclusión, desde el cine, series, obras literarias y mensajes publicitarios, de que una persona es exitosa en su vida si tiene pareja, y que lo contrario es signo de que algo va mal. De este modo, el amor se transforma en la “idealización del objeto amoroso” hasta la obsesión.

El papel de la pareja

  • Miedo al compromiso y necesidad de admiración

La otra parte, la aparentemente dominante depende también del otro; alzados en un altar de idealización, con miedos y problemas para comprometerse, de manera que siempre bailan en la ambigüedad de un amor difuso, con muchas normas que defienden su libertad pero con pocas obligaciones para con su pareja, estas personas mantienen a la perfección el equilibrio que sustenta la relación dependiente: un constante “te doy pero te quito” que mantiene el estado de alerta de su pareja.

Fijémonos en que este rol, no es menos dependiente: dependen de que su pareja les tenga constantemente idealizados, de que el miedo a la pérdida de su pareja favorezca el no involucrarse y comprometerse demasiado, dependen de quien siempre les perdona sus faltas, por graves que sean, y de que su autoestima se mantenga elevada en función del grado de sumisión de su pareja.

La relación se establece desde la ansiedad del miedo al abandono y a la soledad y una baja autoestima,

Sería más apropiado hablar entonces de “codependencia emocional”, para referirnos al tipo de relación de la pareja dependiente:   El miedo que sustenta a ambos miembros de la pareja en una relación de sufrimiento es básicamente el mismo, como las dos caras de la misma moneda, el miedo a la pérdida y al abandono de uno, asegura el poder del otro, auto-afirmándose en la medida que su pareja sufre por él o ella.

La relación se establece desde la ansiedad y no es más que la expresión de conductas obsesivas y pensamientos recurrentes, como llamadas telefónicas, comprobaciones constantes sobre cuánto me quiere el otro, qué hace o con quien está, etc.
Con el tiempo, y no en mucho tiempo, los intereses, inquietudes y relaciones sociales se van abandonando. Es tanta la energía que requiere la pareja para mantenerla, que cualquier cosa que en un momento dado se considere obstáculo para mi relación, se va eliminando.

La falta progresiva de apoyos y referentes, aumentará así la baja autoestima y por lo tanto la dependencia del otro.
La constante “celebración” de la recuperación del objeto amado, que abandona cada cierto tiempo para poner a prueba su valía, mantiene este tipo de relaciones a lo largo del tiempo.

El miedo al abandono

Si tengo miedo al abandono, normalmente por alguna experiencia temprana durante la infancia o por un apego poco seguro con los padres, la recuperación del amor significa solventar el abandono, es una recuperación constante y tranquilizadora, una superación aparente de un miedo de infancia.

En otras ocasiones son personas criadas en un ambiente excesivamente protector, por lo que crecen con la idea de que siempre necesitarán a alguien, al no poder valerse por sí mismas.

En el caso del rol, vamos a llamarlo dominante, frente al sumiso, ha podido crecer estableciendo una relación entre amor y poder, que mantiene la tendencia a demostraciones y luchas de poder dentro de la pareja, para bajar la ansiedad que le provoca que el otro sea más fuerte y pueda “controlarle”. Para estas personas, una relación de igual a igual, es una amenaza a su propia autoestima, ya que la valía personal se mide en función de lo superior que soy respecto a los demás, con la creencia disfuncional, muy interiorizada de “si no soy superior no valgo nada y no soy querible”.

Claves para detectar la dependencia emocional

Si muchas de tus creencias se enmarcan en la siguientes premisas, quizá sea bueno tener en cuenta que puedes tener tendencia a relaciones de dependencia emocional:

  • Si sufro es porque le quiero/ si sufre por mi significa que soy importante.
  • Abandono mis propios intereses o inquietudes, porque pierden sentido si no es con el otro/ si deja su mundo por mi, es porque valgo la pena.
  • Es preferible no dar mi opinión o expresar mis gustos, para evitar la discusión o que deje de gustarle / si me lleva la contraria significa que trata de atacarme.
  • Mis únicos pensamientos suelen ser dónde está, qué hace y querer saber de él/ella para sentirme bien /si sabe todo de mi, perderá interés y dejaré de ser importante.
  • Si no me dice que me quiere o me lo demuestra constantemente no estoy tranquilo/a / si le digo que le quiero me perderá el respeto.
  • Vivo con ansiedad a que me deje por cualquier cosa que haga o diga mal / si le reconozco las cosas se crecerá y pensará que vale más que yo.
  • No tomo ninguna decisión si antes no le he preguntado, por miedo a que se enfade / puedo tomar mis propias decisiones sin consultarle, porque no le debo nada.
  • Nunca me querrá nadie ni podré valerme por mi mismo/a, por lo que no puedo perderle / si tiene miedo a perderme es porque yo soy importante para él/ella.
  • Yo no soy importante y en cambio mi pareja es superior a mi, si sigue conmigo es porque valgo algo / si no cree que soy superior significa que no me quiere.

Claves para superarla

  • Trabajar la propia autoestima, será clave en caso de que detectemos nuestra tendencia a establecer relaciones de dependencia. La asertividad, o capacidad para expresar mis necesidades, deseos u opiniones, sin que el otro se sienta agredido (ver artículo sobre asertividad), será uno de los principales objetivos para recuperar la autoestima.
  • Trabajar las creencias que mantienen mi inseguridad, entendiendo que no son racionales y que suelen deberse a aprendizajes tempranos, es otro punto importante, después de que han sido detectadas. A veces, estas creencias son tan persistentes, que es necesaria la ayuda profesional para profundizar en ellas y poder cambiarlas de manera eficaz.
  • Tratar de mantener nuestro mundo, fuera de la relación, sabiendo que no es incompatible con la pareja, cuidando las relaciones familiares y de amistad, así como nuestras inquietudes y ocio fuera de la pareja, será primordial para no perder los referentes y puntos de apoyo fundamentales para cualquier persona.
  • Entender que el amor no es sufrimiento y que el otro no es nunca inferior o superior a mi, para que pueda establecerse un vínculo fuerte en la pareja, es fundamental para una salud en la relación.
  • Afrontar el miedo a la soledad, con pequeñas y cotidianas conductas, como ir al cine, a un museo, dedicarse tiempo a uno mismo cuidando la alimentación, haciendo deporte o realizando a solas esas pequeñas cosas que me hacen sentir bien y que me gustan, sin llamar al otro o esperando a que esté presente para realizarlas, ayudará a comprobar que uno puede valerse por si mismo.
  • No renunciar a cosas que son importantes para uno mismo porque la pareja nos lo pida, o porque creamos que “eso impedirá que me dejen”.
  • No entender el amor como una lucha de fuerzas en la que “el otro ha de estar sometido para que pueda quererme”.
  • Permitir que la pareja se exprese y que no tenga que estar siempre de acuerdo con mis ideas para no sentirme agredido/a.
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