Psicología

¿Cómo es el tratamiento psicológico para las fobias?

¿Cómo es el tratamiento psicológico para las fobias?

¿Cómo es el tratamiento psicológico para las fobias?. Las fobias son un ejemplo de hasta qué punto las alteraciones psicológicas pueden adoptar múltiples formas. Este tipo de trastornos de ansiedad son capaces de expresar sus síntomas ante prácticamente una infinidad de estímulos: situaciones en las que la persona nota cómo sus niveles de ansiedad se elevan de manera súbita, muchas veces hasta el punto de perder el control de la situación y huir del lugar en el que se está.

Nuestra Terapia para la Ansiedad

Afortunadamente, el hecho de que al principio parezca muy difícil neutralizar los efectos de este trastorno cuando se está viviendo una reacción fóbica no significa que sea imposible superar esta clase de problemas, dado que la psicología ha encontrado métodos eficaces para combatirlo. En este artículo veremos en qué consiste el tratamiento psicológico de las fobias a partir de un resumen de lo que se hace en terapia.

¿Qué son las fobias?

En primer lugar, veamos en qué consisten las fobias. Una fobia es un trastorno psicológico caracterizado por episodios en los que, cuando la persona se expone a determinado estímulo, surge una reacción de ansiedad que en ocasiones puede llegar a derivar en ataque de pánico.

Por otro lado, las fobias no tienen una única causa conocida, sino muchas; en ciertos casos lo que desencadena el inicio de su desarrollo es una experiencia traumática, pero esto no es un requisito necesario para experimentar episodios fóbicos. En cualquier caso, se sabe que no se trata de una enfermedad causada por alteraciones de origen genético o biológico en general.

Tratamiento psicológico de las fobias: un resumen

Estas son las principales herramientas terapéuticas utilizadas en el tratamiento contra las fobias.

Exposición en vivo o en la imaginación

Esta técnica tiene como objetivo hacer que el paciente “desaprenda” la asociación entre el estímulo fóbico y la reacción de ansiedad.

Para ello, se crea una jerarquía de situaciones fóbicas ordenadas según su nivel de potencial ansiógeno, con las más fáciles de superar y las más difíciles al principio. En segundo lugar, con la supervisión del psicólogo, el paciente se expone a estas situaciones y deja pasar el tiempo sin huir, aguantando la ansiedad hasta que esta se va apagando.

La idea es encontrar contextos en los que la ansiedad es lo suficientemente alta como para generar la respuesta fóbica, pero no lo suficiente como para hacer que el paciente pierda el control y huya o se desmaye. De esta manera, poco a poco, el organismo se acostumbra a perderle el miedo al estímulo fóbico.

Además, la exposición puede ser realizada con estímulos fóbicos reales o imaginados, habiendo entrenado previamente al paciente para que al cerrar los ojos puede imaginar vívidamente aquello que le genera angustia.

Desensibilización sistemática

La desensibilización sistemática es muy parecida a la técnica de la exposición, dado que también parte de la creación de una jerarquía de situaciones fóbicas; pero a diferencia de esta se basa en el contracondicionamiento, y no en el simple pasar del tiempo exponiéndose a lo que genera ansiedad.

Así, el terapeuta ayuda a que el paciente aplique técnicas de relajación y otras medidas que son incompatibles con el estado ansioso.

Reestructuración cognitiva

La reestructuración cognitiva tiene como objetivo crear el contexto en el que el paciente cuestione aquellas creencias que alimentan la existencia del trastorno, y se aplica a una gran variedad de alteraciones psicológicas. En este caso, consiste en dudar de la peligrosidad del estímulo fóbico, para debilitar su reacción de ansiedad en los momentos en los que la fobia se expresa.

Esta estrategia se basa en el diálogo socrático, un proceso por el cual en diálogo con el terapeuta el paciente empieza a ver los problemas que implica defender ciertas ideas. Por ejemplo si se tiene fobia a los pájaros, la reestructuración cognitiva lleva a someter a un análisis racional e informado la idea de que estos animales son capaces de causar daños serios en el ser humano o de que hay altas probabilidades de que un pájaro intente dañar a una persona.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la reestructuración cognitiva por sí sola raramente es suficiente para terminar con una fobia, y se utiliza como complemento con otros métodos con mayor componente conductual (esto es, que impliquen interactuar con el entorno más allá de con el psicólogo).

¿Buscas terapia contra las fobias?

Si te interesa contar con la ayuda de psicólogos que te ayuden a superar una fobia, te invitamos a ponerte en contacto con nuestro equipo de profesionales. En Avance Psicólogos disponemos de las herramientas terapéuticas de eficacia científicamente demostrada para dejar atrás el malestar y las limitaciones que impone la fobia.

Nuestra Terapia para las Fobias

 

Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association (2013), Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed.), Arlington: American Psychiatric Publishing.
Caballo, Vicente E. (1998). Manual de técnicas de terapia y modificación de conducta (4ª edición). SIGLO XXI.
Hamm, A.O. (2009). Specific phobias. The Psychiatric Clinics of North America. 32(3): 577 – 591.
Rachman, S. (1967). Systematic Desensitization. Psychological Bulletin 67:2, pp. 93 – 103.

Adicción al trabajo

Adicción al trabajo

La adicción al trabajo es un fenómeno psicológico ligado al desgaste laboral y al empobrecimiento de las relaciones sociales y familiares, entre otros aspectos negativos. Es por eso que en muchos casos, cuando está presente, se requiere de apoyo profesional por parte de psicólogos especializados en terapia.

Nuestra Terapia Psicológica

A lo largo de este artículo veremos en qué consiste exactamente la adicción al trabajo, cuáles pueden ser sus posibles causas y factores de mantenimiento, y qué se puede hacer desde la psicología para superarlo.

¿Qué es la adicción al trabajo?

La adicción al trabajo es un estado psicológico en el cual la dedicación a la actividad laboral pasa a ser casi la prioridad absoluta para la persona, haciendo que la línea entre la vida privada y la profesional se difumine a costa de esta última.

Las consecuencias negativas de esto son muchas, y a largo plazo incluye incluso la bajada de rendimiento en el trabajo; sin embargo, la peor parte repercute en el estado de salud física y mental de quien la sufre, así como en sus relaciones y seres queridos.

Las personas que desarrollan adicción al trabajo son también conocidas como workaholics, lo cual hace referencia a un patrón de comportamiento típico: trabajar a todas horas sin que exista alguien que les presione para ello, haciendo horas extras y cuando es posible trabajando también desde casa.

Por otro lado, es importante tener en cuenta que la adicción al trabajo no es un concepto que aparezca definido como tal en los manuales diagnósticos utilizados en psicología clínica y psiquiatría (DSM-5 y CIE-10). Esto no significa qué técnicamente no es una adicción en el mismo sentido en el que lo son por ejemplo el alcoholismo o el juego patológico (ludopatía), lo cual no significa que no sea un problema que sea recomendable tratar en psicoterapia.

Sin embargo, hay diferencias entre la adicción al trabajo y las relaciones de dependencia a drogas o a los juegos de azar.

Por ejemplo, mientras que las adicciones que aparecen en estos manuales son muy graves y muy raramente desaparecen por sí solas sin intervención profesional, en el caso de la adicción al trabajo sí es habitual que con el paso del tiempo uno deje de expresar este patrón de comportamiento, y el riesgo de recaer es significativamente menor.

Síntomas

Algunas de las señales de alerta que indican la existencia de un problema por adicción al trabajo son las siguientes:

  • Serias dificultades para ceñirse al horario oficial de trabajo.
  • Fatiga.
  • Rumiación (pensamientos recurrentes que tienen que ver con cosas que preocupan a la persona, en este caso vinculadas al trabajo).
  • El trabajo consume casi todas las horas del día no dedicadas a dormir y comer.
  • Se intenta comer a la vez que se trabaja (sobre todo si la labor se basa en mirar una pantalla).
  • Irritabilidad ante la sugerencia de que se deje de trabajar esas horas extra.
  • Vida social muy limitada o casi inexistente más allá del mundo laboral.

 

Causas

Las causas de la adicción al trabajo son variadas, algo que tiene en común con el resto de alteraciones psicológicas perjudiciales.

Por ejemplo, se sabe que existe un componente cultural que predispone a las personas a ser más “workaholic”: en países asiáticos como Japón o Korea del Sur este resulta un problema significativamente marcado en términos estadísticos. Debido a esto, encontramos una cultura del trabajo basada en la competitividad y el menosprecio de quien no se esfuerza.

Por otro lado, también existen trastornos psicológicos que predisponen a desarrollar este problema. Un ejemplo de ello es el Trastorno Obsesivo-Compulsivo de la Personalidad, una tendencia obsesiva a amoldarse a las normas y a tender al perfeccionismo en casi todo lo que se hace.

Tratamiento

En psicoterapia se utilizan varios métodos y técnicas para ayudar al paciente a desarrollar unos hábitos más sanos en su manera de relacionarse con su trabajo, modificando la actitud con la que se acerca al mundo laboral.

Uno de los focos de la intervención psicológica consiste en permitirle poner en duda su sistema de creencias arraigadas que están reforzando y manteniendo la adicción al trabajo. Normalmente tienen que ver con sus ideas acerca de la meritocracia, su concepción de lo que significa ser un buen trabajador, etc. Esto se consigue a través de un proceso conocido como reestructuración cognitiva.

Por otro lado, también se le proponen al paciente actividades con las que puede ir modificando sus hábitos. En primer lugar se le ayuda a detectar pensamientos desadaptativos (es decir, que solo le perjudican y le llevan al auto-sabotaje). En segundo lugar se le proponen retos y ejercicios a aplicar en su día a día y que le ayudarán a no sentirse mal por trabajar menos y de manera más organizada. Esto pasa por acostumbrarse a seguir un horario razonable, realizar ejercicios de relajación, aprender a gestionar bien los descansos, ser capaz de detectar situaciones que facilitan el caer en la adicción al trabajo, etc.

En cualquier caso, unas cuantas sesiones de psicoterapia a lo largo de varias semanas pueden conseguir que un “workaholic” vuelva a disfrutar de su tiempo libre y de su vida social y con la familia.

 

Referencias bibliográficas:

Griffiths, D. (2000). Japan’s workaholic culture. BBC News Online.
Killinger, B. (1991). Workaholics: the Respectable Addicts. Nueva York, Simon & Schuster.
Robinson, B.E. (2001). Chained to the Desk: A Guidebook for Workaholics, Their Partners and Children, and the Clinicians Who Treat Them. Nueva York: New York University Press.

5 formas de ayudar a alguien que sufre un trastorno psicológico

ayudar a alguien que sufre un trastorno psicológico

5 formas de ayudar a alguien que sufre un trastorno psicológico. Más allá de lo que ocurre durante las sesiones de psicoterapia, hay muchos factores que influyen en las probabilidades de que estas tengan éxito o no en llevar al paciente hacia sus objetivos.

En concreto, la implicación de los amigos o familiares es un aspecto capaz de aportar beneficios muy importantes en quien acude al psicólogo. E incluso en quienes aún no han empezado a buscar ayuda profesional, el poder contar con el apoyo de sus seres queridos puede marcar la diferencia.

Por eso, aquí veremos un resumen de algunas formas de ayudar a alguien que sufre un trastorno psicológico; recomendaciones pautas a seguir y a la hora de hacer su día a día un poco mejor.

Consejos para ayudar a alguien que sufre un trastorno psicológico

Cuando trabajan ofreciendo terapia a los pacientes, la meta de los psicólogos no es hacer que estos “se curen” simplemente manteniendo conversaciones con ellos, ni haciendo que algo en su cerebro cambie repentinamente y empiece a generar bienestar en personas que antes se sentían tristes o ansiosas.

Al contrario, el objetivo de la psicoterapia no es generar cambios aislados en el paciente, tal y como haría un doctor que cose un corte; el objetivo es permitir que el paciente aprenda a exponerse y a generar contextos, situaciones, capaces de participar en su proceso de recuperación y conquista del bienestar. Dicho de otro modo, la clave de la psicoterapia está en entrenar al paciente para que adopte otros hábitos y rutinas a la hora de interactuar con su entorno y con los demás.

Es por eso que tiene mucho sentido ayudar a una persona que está pasando por dificultades merecedoras de una visita al psicólogo, dado que introducir un cambio en el día a día de esa persona a través de nuestras acciones, consejos y ofrecimientos puede hacer que su manera de gestionar su problema sea más adecuado; al ayudar a alguien, estamos modificando el contexto al que se expone día a día, a fin de cuentas.

En este sentido, aquí encontrarás algunos consejos útiles para ayudar a alguien que ha desarrollado o puede estar desarrollando un trastorno psicológico, sin olvidar que es inútil y contraproducente pretender cargarse todos sus problemas sobre tus espaldas y que quien puede hacer más por su bienestar es esa persona con la ayuda de profesionales de la salud mental.

 

1. Anímale a ir a terapia

Es muy importante que la persona acuda a psicoterapia para que pueda gestionar del mejor modo posible el problema que le afecta, o incluso superarlo totalmente, en algunos casos.

Para ello, es útil que te informes acerca de los aspectos fundamentales de en qué consiste la psicoterapia y cómo se trabaja en ella, y que de ese modo la puedas tranquilizar aportando datos que le quiten los miedos y dudas. En el blog de nuestra web puedes encontrar información útil que te puede resultar de utilidad.

Por otro lado, también te puedes ofrecer a acompañar a esa persona a la primera sesión de psicoterapia, para que se sienta más segura y a la vez tenga más incentivos para no olvidarse del tema y dejar pasar el tiempo.

2. No la juzgues por sus miedos y preocupaciones

Una persona con un trastorno psicológico (como por ejemplo una depresión o una adicción) percibe la realidad de otra manera, y muchas veces es más sensible a aspectos de su entorno que le dan miedo o le producen desconfianza. Por eso es importante que no la juzgues por lo que siente; eso no solo no ayudará en nada, sino que puede hacer que se aleje de ti y se aísle más.

3. Ayúdale a llevar un diario

En psicoterapia, es muy frecuente que se pida a los pacientes que lleven un diario, y que vayan anotando lo que sienten y piensan acerca de lo que les hace sentir mal y lo que les hace sentir que están progresando. Tú puedes actuar como recordatorio de que lo tienen que llevar al día, aunque no les pidas que te cuenten lo que han escrito en él si no quieren revelar esos secretos.

4. Pregúntale si necesita algo para alcanzar sus objetivos de terapia

Otra de las características de la psicoterapia es que en ella se suelen plantear retos que llevan al paciente a ganarle terreno a los síntomas de su trastorno. Por ejemplo, en el caso de la fobia social se fijan objetivos de interacción social con personas desconocidas o semi-desconocidas.

En este sentido, puedes preguntarle a la persona a la que quieres ayudar si puedes hacer algo por ella, aunque solo sea para no ponerle obstáculos. Por ejemplo, si uno de los objetivos que se ha marcado la persona es estudiar en lugares en los que no hay distracciones, eso te tendría que llevar a no poner la música alta, no ir a llamar su atención mientras se dedica a la tarea, etc. Y si el objetivo es no exponerse a comida con altas cantidades de azúcar, le puedes proponer tirar al contenedor de la basura aquello que lleva en la nevera desde antes de ir por primera vez al psicólogo y que tiene una alta cantidad de glucosa.

Nuestra Terapia Psicológica

 

Adicción al trabajo: ¿Qué es y cómo se trata?

adicción al trabajo Qué es

Adicción al trabajo: ¿Qué es y cómo se trata?. Se estima que un 20% de los trabajadores mundiales podrían padecerlo. Hablamos de adicción trabajo como un conjunto de comportamientos obsesivos centrados en el trabajo.

Hay que diferenciar ser trabajador de ser adicto al trabajo. Es sabido por todos que realizad un trabajo y tener remuneración es algo que a todos nos resulta reforzante. Esto es sano y normal ya que todos queremos realizarnos en este ámbito igual que en los demás.

Síntomas más comunes de la adicción al trabajo

El problema de la adicción al trabajo va más allá de ser responsables en nuestro trabajo y se puede reconocer por los siguientes síntomas:

  • Necesidad de tener el trabajo controlado, tener todos los factores de una tarea bajo control.
  • Pasar muchas horas trabajando. Es normal descuidar algunas cosas por el trabajo y no disponer de todo el ocio que nos gustaría o de todo el tiempo en familia que sería deseable pero en estos casos esto es demasiado exagerado o evidente.
  • Gastar mucho tiempo mental pensando en el trabajo y análisis de todos los factores del trabajo.
  • Ansiedad si no se puede terminar algo o se corta la tarea de trabajo.
  • Miedo a que el trabajo salga mal y a cometer errores.
  • Incapacidad para delegar. Principalmente por miedo a que las cosas no salgan bien.
  • Dificultad para desconectar al acabar la jornada.
  • Conversaciones alrededor del trabajo y de las tareas a realizar.
  • Esta situación genera un malestar significativo a la persona y personas que le rodean.

 

Causas

En la mayoría de los casos de adicción al trabajo encontramos un temor al fracaso. La persona ha empezado a desarrollar su capacidad de ser efectivo como “defensa” ante el miedo a cometer errores y, por extensión, a tener fracasos.

Al principio esta estrategia es algo que podría tener beneficios ya que, a más trabajas, menos errores cometes y más lejos estás de ser un “fracasado”. Sin embargo, este tipo de comportamientos suele tener un alto coste en la vida de las personas ya que se sacrifican muchas cosas cuando existe una adicción como esta.
Es muy común encontrar que este tipo de comportamientos trae muchas carencias en la vida de la persona que lo padece sobre todo con un descuido de la vida familiar, el ocio, los amigos, la pareja…

Además de todo esto aparece el estrés que se puede manifestar de muchas formas físicas: desde ansiedad e insomnio hasta problemas gástricos o de la piel. Llegando así a convertirse en problemas de salud.

Nuestra Terapia para el Estrés

 

Como ayudar a alguien que tiene adicción al trabajo

Siempre que sea posible y en la medida de lo posible, la forma habitual de tratar este marco es:

1. Concienciarse de lo que perdemos

En la mayoría de las ocasiones son los allegados de la persona los que dan la voz de alarma sobre la adicción al trabajo. Es parte del problema que las personas que lo padecen no consideren excesivo el tiempo y los esfuerzos dedicados al trabajo. Es por esto que hay una necesidad de ayudar a la persona a conectar con las pérdidas que conlleva su adicción. Ayudar mediante conversaciones a la persona a conectar con cosas que se está perdiendo y que también forman parte de una vida plena es fundamental para promover el cambio.

2. Establecer horarios

Proponernos unos horarios de trabajo y cumplirlos pase lo que pase. De esta forma aprendemos que no hay nada tan urgente o tan importante a pesar de la sensación de posible fracaso que nos acontece.

3. Aprender a ser fuertes ante la sensación de abstinencia

Como en cualquier adicción es muy importante preparar a la persona para soportar la abstinencia. En el caso del trabajo hay que aprender a aguantar cuando creemos que algo no está perfecto o quedan cosas sin hacer.

4. Practicar relajación y Mindfulness

La relajación nos ayudará a no ser esclavos de las sensaciones que nos invitan a seguir trabajando. Una vez podamos dejar de obedecer a ese miedo podemos centrarnos en cosas diferentes e importantes para la persona, como pueden ser su familia y amigos o el ocio abandonado. Aprender a relajarnos y a practicar Mindfulness puede ayudarnos.

Al principio es un camino duro y hay necesidad en el cuerpo de seguir con las dinámicas que teníamos pero, con el tiempo, conseguimos volver a disfrutar de las otras cosas importantes de la vida.

 

5. Volver a conectar y analizar las cosas que nos gustan.

Retomar hábitos perdidos, hacer deporte, lanzarnos a probar cosas nuevas, pasar más tiempo con los demás… movernos en estas direcciones suele alejarnos del abuso del trabajo.

6. Busca ayuda

Si consideras que pasas demasiado tiempo en el trabajo, que has abandonado muchas cosas importantes para ti y que te cuesta quitarle tiempo al trabajo es importante que tomes conciencia de un posible problema.
Es normal dejar cosas de lado en momentos puntuales de trabajo pero si se prolonga en el tiempo o te genera malestar a ti o a tus allegados es posible que necesites un poco de orientación.

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Las fases del duelo y su afrontamiento

fases del duelo

¿Cuáles son las fases del duelo?. Ante la pérdida, todas las personas hemos de elaborar un duelo. Es por eso que el duelo es un proceso que evoluciona, en lugar de un estado estático. La reacción de duelo puede producirse cuando perdemos a un ser querido, pero también elaboramos duelos cuando perdemos relaciones, capacidades, o cualquier otro elemento de nuestra vida. Esto significa que el duelo es por lo general una reacción normal que sigue su curso de manera natural; es un periodo en el que puede sentirse un gran dolor, pero procesar todas las emociones que trae es necesario para continuar la vida después de la pérdida.

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Las fases del duelo

Cada duelo es particular; depende de factores personales, culturales, y de muchas otras variables.

 

Sin embargo, hay una serie de etapas por las que es habitual pasar cuando sobreviene una pérdida:

1. Negación

Tomado de forma literal, el estado de negación sería la actitud de no reconocer que la muerte o la pérdida ha ocurrido. Sin embargo, en la mayoría de los casos esta fase toma otra forma. Suele ocurrir que hay una reacción inicial de “incredulidad”, como si no fuese posible pensar que ha ocurrido un cambio tan grande y que la vida va a ser diferente a partir de ese momento. Este momento puede venir acompañado de un cierto embotamiento emocional, como un estado de shock.

2. Ira

La ira puede sentirse de muchas maneras diferentes. Puede ser hacia la propia persona que ha muerto, en el caso de un fallecimiento; también puede ser hacia las personas a quienes culpamos de la pérdida (personal médico, profesionales, etc.); o bien puede ir dirigida hacia nuestra propia persona (culpándonos por lo ocurrido); e incluso puede sentirse hacia entes superiores cuando se tienen creencias espirituales.

3. Negociación

Aun cuando sabemos que no podemos hacer nada por remediar lo ocurrido, puede suceder que nos encontremos fantaseando con desenlaces alternativos a la pérdida, con pensamientos del tipo “si hubiese hecho…” o “si no hubiera…”. La negociación puede enfocarse hacia el futuro uando existe una fe espiritual, por ejemplo cuando aparecen pensamientos de reencontrarse con una persona fallecida tras la muerte.

4. Depresión

Al volver a enfocarnos en el presente, las emociones pueden vivirse de manera más intensa. Los sentimientos de vacío y la profunda tristeza pueden experimentarse como si fuesen un verdadero episodio de depresión, ya que puede parecer que no tienen fin.

No obstante, esta fase no es una depresión patológica sino un momento necesario para procesar el dolor de lo ocurrido.

5. Aceptación

Aceptar no significa olvidar. Aceptar implica empezar a seguir adelante con la vida recolocando el recuerdo de la pérdida. Cuando al fin reconocemos que no podemos volver atrás en el tiempo, empezamos a soltar el enfado y la tristeza y a dejar de resistirnos a la nueva realidad que se nos presenta por delante. Reconducimos nuestra vida con lo que tenemos en el momento presente y con el recuerdo de lo que hemos perdido colocado en un lugar que nos permite aprender y avanzar.

Tareas a elaborar

Para superar todas estas etapas, debemos cumplir una serie de “tareas”:

1. Aceptar la realidad de la pérdida.

Cuando acudimos a un funeral, nos vamos a una nueva casa sin nuestra anterior pareja o realizamos cualquier otro ritual de cambio, si bien, esto ayuda a tomar contacto con el hecho de que ha acontecido un cambio real.

2. Procesar el dolor

Es necesario darse permiso para experimentar todas las emociones que llegan para poder elaborar el duelo sin dejar que se enquisten y provoquen bloqueos más adelante.

3. Adaptarse a la nueva realidad.

Esto puede implicar aprender nuevas habilidades, establecer otras relaciones… en definitiva, vivir con las nuevas condiciones que hay después de la pérdida.

4. Hallar una nueva conexión con lo perdido.

En el momento en que dejamos de aferrarnos al pasado, podemos recordar de otra manera todo aquello que hemos perdido y seguir adelante.

Cuando el duelo es un problema

Aunque la mayoría de las reacciones de duelo son dolorosas pero naturales, hay circunstancias que pueden dar lugar a complicaciones. Por ejemplo, hay algunos tipos de pérdida que se hacen especialmente duros (muerte de personas muy significativas como la del cónyuge o de una hija o hijo, o de personas con quienes existía una relación complicada). Por otra parte, las condiciones de la pérdida también pueden complicar el duelo (como las desapariciones, los asesinatos o el suicidio, o las pérdidas múltiples).

El duelo puede volverse patológico cuando no se elabora este proceso de manera natural. Puede ocurrir que la reacción de duelo se vea exagerada, o que el duelo venga de manera retardada por no haber podido ser elaborado en el momento de la pérdida.

La terapia de duelo puede ayudar a prevenir el duelo patológico, lo cual consiste en un acompañamiento terapéutico durante el proceso normal de elaboración de la pérdida; asimismo, puede ser necesaria cuando el duelo no se ha elaborado correctamente y se hace necesaria la terapia para atravesar por todas las etapas correspondientes y cerrar las tareas pendientes.

 

Nuestra Terapia para el Duelo

Referencias bibliográficas:

Kübler-Ross, E. y Kessler, D. (2005). On grief and grieving: finding the meaning of grief through the five stages of loss. Nueva York, Estados Unidos: Simon & Schuster.
Neimeyer, R. A., (2016). Techniques of grief therapy: assessment and intervention. Nueva York, Estados Unidos: Routledge.
Worden, J. W. (2008) El tratamiento del duelo. Asesoramiento psicológico y terapia. Nueva York, Estados Unidos: Springer Publishing Company.

Síndrome post-aborto ¿realidad o mito?

síndrome post-aborto

En algunos medios se ha hablado de la existencia de un “Síndrome Post-Aborto”, un trastorno con sintomatología ansioso-depresiva que sobreviene como consecuencia de someterse a la interrpución voluntaria del embarazo. Pero, ¿realimente existe tal trastorno? La idea de sufrir un síndrome de este tipo hace que muchas personas teman no solamente al propio procedimiento, sino también a sus posibles secuelas. A día de hoy no figura ningún trastorno de tales características en los manuales de diagnóstico, pero ante la pregunta de si el aborto podía producir secuelas psicológicas se han realizado varias investigaciones en los últimos años.

En este artículo estudiaremos el síndrome post- aborto. ¿Realidad o mito?

Síntomas

Los estudios llevados a cabo hasta la fecha se han centrado en posibles indicadores de depresión, ansiedad, baja autoestima y afectación del bienestar subjetivo. Estos estudios se han venido desarrollando para comprobar si eran ciertas las hipótesis de investigaciones pasadas que defendían la existencia de este síndrome, las cuales fueron invalidadas por la comunidad científica ya que no cumplían los criterios necesarios para poder afirmar sus conclusiones.

Pues bien, se ha comprobado que después de la interrupción voluntaria de un embarazo no deseado no se producen aumentos significativos de los índices de depresión ni se dan síntomas de estrés postraumático.

Se han explorado los motivos para abortar de las participantes, que incluían dificultades económicas, problemas de pareja, falta de madurez o preparación emocional, la existencia de más hijos a quienes atender o simplemente el hecho de que no fuese un buen momento. Por todo esto se ha llegado a la conclusión de que no es el aborto en sí sino la existencia de unas circunstancias difíciles previas al embarazo lo que podría ser causa de posibles síntomas ansioso-depresivos. Esta hipótesis se refuerza en el hallazgo de que los niveles de autoestima y estado de ánimo eran más bajos antes de la interrupción del embarazo, tras lo cual se producía una cierta mejoría.

De hecho, también se ha comprobado que ante un embarazo no deseado es mayor el riesgo de sufrir secuelas psicológicas cuando se niega el acceso al aborto que cuando se realiza uno; cuando se impide abortar habiéndolo solicitado, los índices de ansiedad son más altos.

Lo esperable

Sí es común experimentar tristeza y duda después del proceso, ya que no resulta fácil. Estas reacciones emocionales son razonables, y por eso no constituyen en sí un trastorno psicológico. Es más, se ha encontrado que el momento de mayor malestar es el que se produce justo antes de la intervención, mientras que inmediatamente después comienzan a aparecer sentimientos de alivio.

Por lo general, se trata de una experiencia compleja que suele provocar una mezcla de emociones positivas y negativas, variando desde el pesar y la tristeza al inicio hasta la liberación y la tranquilidad posteriormente (especialmente cuando hay una reafirmación y un convencimiento de que la decisión tomada ha sido la correcta).

La mayor parte de las personas que han tomado la decisión de abortar han manifestado estar conformes con ello, incluso cuando se trata de algo que genera emociones encontradas. Este balance positivo se da sobretodo cuando se tiene una red de apoyo y el respaldo de las personas del entorno.

Cuando sí quedan secuelas

Aunque la mayoría no sufren las temidas secuelas, un pequeño porcentaje de quienes se someten a la interrupción del embarazo pueden experimentar arrepentimiento un tiempo después (los estudios realizados han hecho seguimientos de hasta cinco años).

El mayor factor de riesgo para experimentar este malestar es la existencia de un trastorno psicológico previo al aborto. Haber sufrido una depresión, un trastorno de ansiedad o las secuelas de un evento traumático (como los abusos en la infancia o la violencia de género) en el momento del embarazo aumenta las probabilidades de sufrir secuelas. Pero ojo, esto no sólo se refiere a posibles secuelas de un aborto. Tanto interrumpir un embarazo como llevarlo a término pueden ser experiencias intensas. Por esto mismo, tener un bebé habiendo un trastorno previo  ncrementa aún más la probabilidad de experimentar una exacerbación de los síntomas anteriores e incluso la aparición de otros nuevos.

Otros factores de riesgo incluyen la ambivalencia ante la decisión, las creencias religiosas o ideológicas opuestas al aborto, la existencia de violencia en la pareja, la falta de apoyo del entorno y las condiciones de clandestinidad o escasez de profesionalidad que se dan en algunas situaciones.

De todos modos, todos estos datos se refieren a los casos en los que se afronta un embarazo no deseado. Cuando se produce un aborto espontáneo o un aborto terapéutico durante un embarazo buscado las reacciones de duelo son esperables y totalmente justificadas.

Pedir ayuda

Sea como sea, el afrontamiento de un embarazo no deseado y la decisión de interrumpirlo es una experiencia que puede resultar muy difícil. Independientemente de las circunstancias previas al embarazo es necesario anticipar lo que puede suponer la decisión para elaborar bien el duelo. Esto es importante ya que si no se elabora bien, este podría salir a la luz en un embarazo posterior.
Igualmente, es fundamental trabajarlo en pareja cuando corresponda, porque si no se hace podría causar futuros problemas en la relación. Otro elemento a tener en cuenta es el estigma que conlleva el aborto, puesto que al ser un tema tabú puede generar una gran sensación de aislamiento.

Por todos estos motivos el apoyo es fundamental. Es recomendable contar con la compañía de alguna persona de confianza, pero cuando esto no es posible (o no resulta suficiente) también existe la posibilidad de contar con apoyo profesional. Si bien no existe un protocolo muy específico para estos casos, la terapia puede ayudar a gestionar las emociones que surjan durante y después del proceso.

 

Nuestra Terapia Psicológica

Referencias bibliográficas:

Aznar, J. y Cerdá, G. (2014). Aborto y salud mental de la mujer. Acta Bioethica, 20(2).
Biggs, M. A., Upadhyay, U. D., McCulloch, C. E. y Foster, D. (2016). Women’s Mental Health and
Well-being 5 Years AfterReceiving or Being Denied an AbortionA Prospective, Longitudinal Cohort
Study. JAMA Psychiatry. Recuperado de doi:10.1001/jamapsychiatry.2016.3478.
Cameron, S. (2010). Induced abortion and psychological sequelae. Best Practice & Research
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Casey, P. R. (2010). Abortion among young women and subsequent life outcomes. Best Practices
and Research: Clinical Obstetrics and Gynaecology, 24(4) 491-502.
Hernández, J. C. (2010). Consecuencias Psicológicas del Aborto: Mitos y Realidades. Hoja
Informativa. Grupo de Información en Reproducción Elegida, AC.
Horvath, S. y Schreiber, C. A. (2017). Unintended Pregnancy, Induced Abortion, and Mental
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Norris, A., Bessett, D., Steinberg, J. R., Kavanaugh, M. L., De Zordo, S. y Becker, D. (2011).
Abortion Stigma: A Reconceptualization of Constituents, Causes and Consequences. Women’s
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Stotland, N. L. (2011). Psychiatric Aspects of Induced Abortion. The Journal of Nervous and
Mental Disease, 199(8) 568-570.

4 tips que harán mejorar tu comunicación

tips que harán mejorar tu comunicación

Tips que harán mejorar tu comunicación. Las habilidades sociales engloban muchísimos comportamientos en los que podemos ser más o menos “competentes” a la hora de relacionarnos con otras personas: la comodidad con el espacio interpersonal, el lenguaje no verbal, la capacidad para escuchar y empatizar, la facilidad para iniciar y mantener conversaciones o la manera de expresar nuestros pensamientos y emociones, por ejemplo.

En este artículo estudiaremos los principales estilos de comunicación, así como 4 tips muy importantes que nos ayudarán a mejorar tu comunicación y tus habilidades sociales.

Los principales estilos de la comunicación

Cada cual tiene su manera de expresarse, pero por lo general existen tres estilos:

  • Agresivo. Nos comunicamos de manera agresiva cuando no tenemos en cuenta a la otra persona y nos centramos mucho en llevarnos la razón. Aunque este estilo lleve el nombre de agresivo no se refiere solamente a los gritos e insultos. También nos comunicamos de manera agresiva cuando cuestionamos a la otra persona (por ejemplo “¿De verdad vas a ponerte eso?), cuando usamos el sarcasmo, cuando interrumpimos o cuando hablamos de manera tranquila pero enviamos el mensaje contrario con nuestros gestos y acciones (lo que se suele conocer como pasivo-agresivo).
  • Pasivo. Para quienes predomina el estilo inhibido de relacionarse puede ser difícil llevar la contraria, así que la tendencia suele ser la de dar la razón o callar para evitar confrontaciones. Nos comportamos de manera pasiva cuando sentimos inseguridad o cuando nos “tragamos” lo que queremos decir por miedo a herir o a recibir una mala respuesta.
  • Asertivo. La comunicación asertiva consiste en defender nuestros propios intereses respetando los de las demás personas involucradas. Se trata de hablar abiertamente sobre nuestras opiniones y deseos teniendo el cuenta los de los demás para que en cualquier conversación o negociación ambas partes salgan ganando algo.

 

4 tips que harán mejorar tu comunicación

Esto es fácil en la teoría, pero al intentar ponerlo en práctica existen algunas situaciones que pueden presentarnos dificultades. Estas son algunas de las más frecuentes:

1.Hacer críticas

Cometemos muchos errores a la hora de hacer críticas, pero el más frecuente de ellos es unirlas todas en la misma conversación. Esto pasa mucho cuando tendemos a callarnos las cosas y esperamos hasta el momento en que el grado de molestia es muy intenso; entonces formulamos mal la crítica (generalmente en forma de reproche) y la vamos hilando con otros  comportamientos que también nos molestan.

Esto puede generar mucho conflicto y por eso es una situación que se nos hace especialmente difícil de manejar.

2. Responder a las críticas

No siempre recibimos bien que se nos hagan críticas. Es cierto que depende en parte de cómo nos las hagan, pero hay tres tipos de respuestas erróneas en que solemos caer. Una es la  justificación, cuando damos un exceso de explicaciones para contrarrestar la crítica. Otra de ellas es el contraataque, cuando respondemos con otra crítica o reproche.

Y el últimos es la inhibición, cuando nos callamos aunque no estemos de acuerdo con el contenido o la forma de la crítica que se nos ha hecho.

3. Pedir

Hacer peticiones puede hacerse muy difícil por dos motivos completamente diferentes. El primero de ellos tiene que ver con esas ocasiones en las que asumimos que no debería ser necesario que le pidiéramos lo que queremos a la otra persona, ya que “debería saberlo”. Esto supone incurrir en el error de pretender que adivinen nuestro pensamiento. El segundo motivo por el que puede costar pedir algo es anticipar una respuesta negativa. Pensar automáticamente que va a haber un “no” por respuesta o incluso que vamos a molestar si pedimos lo que necesitamos es no tener en cuenta nuestro propio derecho de comunicar nuestras necesidades (independientemente de que después se nos concedan o no).

4. Decir que no

La dificultad para negarse ante una petición tiene más que ver con el estilo pasivo. Por temor a que la relación se deteriore o a obtener una mala respuesta, en ocasiones accedemos a hacer cosas que no queremos.

Esto genera mucha frustración porque, aunque a corto plazo el ser complacientes nos ayuda a mantener un buen ambiente, a la larga es un comportamiento que genera mucha frustración. Es importante saber cuándo decir que no (eso sí, de manera asertiva y no agresiva).

Estos son los puntos que habitualmente cuestan más, pero las dificultades en la comunicación pueden extenderse a actos tan básicos como iniciar o mantener una conversación. Las causas de los problemas de comunicación son múltiples: desde la educación recibida, los estilos de las personas con quienes crecemos y nos relacionamos en nuestro entorno, experiencias vividas y ciertos esquemas mentales que pueden generar pensamientos distorsionados son factores que influyen en gran medida en nuestros hábitos a la hora de relacionarnos.

Las dificultades de comunicación están presentes en problemas como la fobia social, la baja autoestima y los problemas de pareja. Para dificultades de este tipo se suele recurrir al  entrenamiento en habilidades de comunicación, que consiste en un conjunto de técnicas cognitivo-conductuales que van desde la reestructuración de pensamientos negativos hasta la exposición a situaciones sociales que producen vergüenza o ansiedad, pasando por el modelado y el ensayo en consulta de afirmaciones asertivas. Este tipo de terapia forma parte también del tratamiento de otras dificultades como la depresión, las adicciones e incluso los trastornos mentales graves. ¡Al fin y al cabo, la mejora en las habilidades de comunicación es beneficiosa en cualquier caso!

 

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Referencias bibliográficas:

García Huete, E. (2009). El Arte de Relacionarse. Archidona, España: Ediciones Aljibe.
Speed, B., Goldstein, B. y Goldfried, M. (2017). Assertiveness Training: A forgotten evidence-based
treatment. Clinical Psychology: Science and Practice (25)1.

Ventajas e inconvenientes del control de impulsos

control de impulsos

El control de impulsos acostumbra a ser descrito como una virtud que valoramos sobre todo desde un punto de vista moral. Sin embargo, esta perspectiva resulta un tanto superficial, porque en realidad este es uno de los factores más importantes a la hora de explicar el comportamiento de los seres humanos.

En este artículo veremos qué es y cuáles son las ventajas e inconvenientes del control de impulsos.

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¿Qué es el control de impulsos?

Como su nombre indica, el control de impulsos consiste en la capacidad de reprimir el deseo de realizar determinadas acciones, ya sea porque consideramos moralmente mala esa opción o porque eso nos distraería de otras metas más importantes.

Por otro lado, el control de los impulsos es una característica típicamente humana; en la mayoría de las especies, si un individuo tiene acceso fácil y rápido a algo que le iría bien objetivamente para satisfacer una de sus necesidades en el momento presente, realizará las acciones necesarias para gozar de sus beneficios en ese momento. En cambio, en el ser humano muchas veces este no es el caso.

¿Por qué ocurre esto? Debido a nuestra capacidad de prever las consecuencias de nuestras acciones, un tipo de operación mental muy limitado en el resto de los animales (o, al menos, en la mayoría de estos).

Ventajas del control de los impulsos

En muchos casos, no ceder al impulso de gozar de un recurso inmediatamente nos permite acceder a ganancias mayores a medio y largo plazo, y gracias a que podemos controlarnos, tenemos la opción de no caer en la trampa de las oportunidades desaprovechadas.

Eso sí, este rasgo no está ahí desde el nacimiento, sino que se va desarrollando a medida que nuestro sistema nervioso madura con la edad. En los niños y niñas de pocos años de edad, es prácticamente imposible resistir las ganas de comerse un caramelo incluso sabiendo que si se controlan durante unos minutos tendrán muchos más caramelos.

Además, se ha visto que el control de impulsos se asocia al nivel de inteligencia, el nivel de ingresos y estatus profesional, el nivel educativo y una menor probabilidad de tener problemas de salud.

La falta de control de impulsos implica una vulnerabilidad ante las tentaciones del aquí y ahora, es decir, estar más expuestos a las motivaciones cortoplacistas y que nos distraen de aquellas cuya recompensa no es inmediata, aunque puede ser superior a la que obtendríamos si no invirtiésemos tiempo y esfuerzo en ellas.

Por un lado, las personas con alto control de los impulsos son más capaces de realizar proyectos personales viables, dado que pueden mantenerse trabajando de manera consistente en algo, y son menos vulnerables a la procrastinación. Además, lo tienen más fácil para concentrarse al estudiar, lo cual redunda en sus resultados académicos y en sus cualificaciones para acceder a trabajos bien pagados, entre otras cosas.

Finalmente, el control de los impulsos es un elemento importante en la adopción de buenos hábitos alimenticios, y en el no uso de drogas.

Es por ello que quienes tienen menos control de los impulsos no se benefician de estas ventajas, y se exponen más a ciertos problemas, aunque eso no significa que vayan a tener necesariamente problemas psicológicos o de salud.

Además, hay varios trastornos psicológicos asociados a la falta de control de los impulsos: el TDAH, el TOC, las adicciones, la tendencia a la agresividad abrupta, la tricotilomanía, etc.

 

Inconvenientes del exceso de control de los impulsos

Por lo que hemos visto hasta ahora, parece que tener un muy alto control de los impulsos tenga que ser bueno en todos los casos. Sin embargo, esto no es así.

En las personas en las que este factor psicológico gana demasiado poder sobre el comportamiento, pueden surgir varias formas de malestar, y un ejemplo de esto lo tenemos en el Trastorno Obsesivo Compulsivo de la Personalidad.

Al contrario de lo que pasa en el Trastorno Obsesivo Compulsivo, en el TOCP el problema no es la falta para frenar las ganas de llevar a cabo rituales, sino la tendencia a sentirse mal si hay elementos del entorno que no están “en su sitio”. Quienes lo desarrollan son individuos extremadamente meticulosos y para quienes es son muy importante el orden y el cumplimiento de las normas; en definitiva, necesitan que la realidad se corresponda lo máximo posible con la teoría de cómo deberían ser las cosas.

Esto hace que para las personas con Trastorno Obsesivo Compulsivo de la Personalidad experimenten malestar si, por ejemplo, hay un cierto desorden en su casa, o si su ropa queda manchada y les cuesta que no se vea la mancha, etc. Como consecuencia, dedican gran parte de su tiempo a luchar contra estas pequeñas incursiones de caos en su día a día, lo cual tiene un desgaste importante en su bienestar.

 

Referencias bibliográficas:

Black D.W. (2001). Compulsive buying disorder: definition, assessment, epidemiology and clinical management. CNS Drugs. 15 (1): 17–27.
Kross, E.; Mischel, W.; Shoda, Y. (2011). Enabling Self-Control. Maddux, James E.; Tangney, June Price, eds. Social Psychological Foundations of Clinical Psychology. Guilford Press. pp. 375 – 394.
Neef, N.A.; Bicard, D.F.; Endo, S. (2001). Assessment of impulsivity and the development of self-control in students with attention deficit hyperactivity disorder. Journal of Applied Behavior Analysis 34(4): pp. 397 – 408.
Solnick, J. V.; Kannenberg, C.H.; Eckerman, D.A.; Waller, M.B. (1980). An experimental analysis of impulsivity and impulse control in humans». Learning and Motivation 11:pp. 61 – 77.

Trastorno Límite de la Personalidad

trastorno límite de la personalidad

¿Qué es el Trastorno Límite de la Personalidad?. Algunas de las alteraciones psicológicas abordadas en psicoterapia extienden sus raíces a tantos ámbitos de la vida de la persona que se fusionan con su personalidad. No se trata de problemas que surgen solo en los malos momentos o al encontrarnos con estímulos que nos vuelven ansiosos, sino que emergen en prácticamente todo tipo de situaciones.

Esto es lo que ocurre con los trastornos de personalidad, conceptos que aparecen definidos y clasificados en los manuales diagnósticos utilizados en psiquiatría y psicología clínica.

En este artículo nos centraremos en uno de ellos, el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), y veremos cuáles son sus características, síntomas típicos y tratamientos para ayudar a las personas que lo hayan desarrollado.

¿Qué es el Trastorno Límite de la Personalidad?

Empecemos por lo más importante: ¿qué es el Trastorno Límite de la Personalidad? Se trata de una psicopatología cuyos síntomas tienen que ver con la mala gestión de las emociones, la impulsividad, las dificultades para mantener relaciones duraderas, y los problemas en la formación del autoconcepto.

Es un trastorno de consecuencias potencialmente severas, que se asocia a, entre otras cosas, un mayor riesgo de consumo de drogas, autolesiones e intentos de suicidio.

Síntomas

Este es un resumen de los principales síntomas del Trastorno Límite de la Personalidad.

Eso sí, estos están debidamente detallados solamente en los manuales diagnósticos, y el diagnóstico solo puede ser llevado a cabo por profesionales de la salud mental tras una evaluación personalizada.

Por otro lado, estos síntomas son los asociados al concepto de TLP, que no se presente del mismo modo en todas las personas en las que ha sido diagnosticado. Es por ello que no describen a todos los individuos con TLP, tan solo reflejan tendencias estadísticas.

Mala gestión de las emociones

Una de las características del Trastorno Límite de la Personalidad es la polarización de las ideas y de las emociones. Eso significa que quienes desarrollan este trastorno tienden a asociar a sus vivencias una carga emocional o claramente positiva o claramente negativa, y tienden a no asignar un valor emocional neutro o con más matices.

Es por ello que su reactividad emocional es mayor: en su día a día, más eventos les ponen tristes o les hacen enfadar, o bien les entusiasman. Tal y como veremos, esto no solo tiene consecuencias para su estado de ánimo. Además, las tiene para su vida social.

Impulsividad

Este síntoma está relacionado con el anterior; estadísticamente, las personas con Trastorno Límite de la Personalidad tienden a ser más impulsivas, de manera que ceden más fácilmente a las demandas del aquí y el ahora, sacrificando los objetivos a largo plazo.

Distorsión del autoconcepto

El autoconcepto, la imagen de sí misma que tiene la persona, es muy extrema e inestable. Es por ello que, estadísticamente, quien presenta TLP a veces se cree merecedor de un buen trato que otros no tienen, y a veces siente que es incapaz o inútil, de peores cualidades que el resto de personas.

Inestabilidad de las relaciones

Otro síntoma característico del Trastorno Límite de la Personalidad es la inestabilidad de las relaciones personales y la predisposición a generar conflictos. Normalmente esto se debe al temor de ser abandonados por los demás, y los pensamientos cuasi-paranoides que el miedo al rechazo genera.

Causas

Las causas exactas del TLP son desconocidas, aunque sí se han detectado algunas diferencias en las características del cerebro de las personas con este trastorno y el resto de la población. Por ejemplo, el hipocampo y la amígdala son estructuras cerebrales que acostumbran a ser significativamente más pequeñas.

Eso sí, probablemente sus causas no son puramente genéticas, sino que se alimentan de vivencias pasadas. Por ejemplo, se ha observado que el porcentaje de personas con TLP es significativamente mayor entre quienes han vivido experiencias traumáticas durante la niñez.

Tratamiento

Existen varios tipos de tratamiento psicológico que han mostrado eficacia para ayudar a las personas con TLP, como por ejemplo la terapia cognitivo-conductual. Esta está diseñada para favorecer la creación de hábitos y patrones de pensamiento que debiliten los síntomas que generan problemas, y los psicólogos la aplican en sesiones de frecuencia semanal.

Además, en muchos casos se recomienda la combinación de la psicoterapia con la atención psicofarmacológica, aunque el uso de medicamentos conlleva ciertos riesgos, y es por ello que siempre debe realizarse siguiendo de manera estricta las indicaciones del médico.

Además, es importante saber que el uso de psicofármacos no servirá para “curar” el Trastorno Límite de la Personalidad, sino en todo caso para aliviar de manera temporal sus síntomas.

 

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Si te interesa recibir asistencia psicológica ante el TLP, te invitamos a ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos altamente cualificados. Avance Psicólogos ofrece tanto terapia presencial en Madrid como terapia online desde cualquier parte del mundo.

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Referencias bibliográficas:

Aviram R.B.; Brodsky B.S.; Stanley, B. (2006). Borderline personality disorder, stigma, and treatment implications. Harvard Review of Psychiatry. 14 (5): 249 – 256.
Arntz, A. (2005). Introduction to special issue: cognition and emotion in borderline personality disorder. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry. 36 (3): 167–72.
Gregory, R. (2006). Clinical Challenges in Co-occurring Borderline Personality and Substance Use Disorders. Psychiatric Times XXIII (13). Retrieved on 2007-09-23.
Lis, E., Greenfield, B., Henry, M., Guile, J.M. y Dougherty, G. (2007) Neuroimaging and genetics of borderline personality disorder: a review. Journal of Psychiatry and Neuroscience, 32, 3.

Terapia de Aceptación y Compromiso

aceptación y compromiso

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso? Esta variante de intervención psicoterapéutica ha ido ganando terreno en los últimos años, haciendo que cada vez más profesionales se formen en ella, al mismo ritmo en el que crece la cantidad de personas interesadas en aprovechar sus beneficios como pacientes.

En este artículo veremos cuáles son las características de la Terapia de Aceptación y Compromiso, cuál es la filosofía de trabajo en la que se fundamenta, y los efectos positivos que tiene en las personas que acuden a ella a través del apoyo profesional de la mano de los psicólogos.

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Las Terapias de Tercera Generación

Lo primero que hay que saber acerca de la Terapia de Aceptación y Compromiso es que forma parte de las Terapias de Tercera Generación. El nombre de esta categoría hace referencia a que estas formas de intervención psicológica surgieron después de la segunda generación de psicoterapias, las cognitivo-conductuales, aparecidas en los años 60. ¿En qué se diferencian con estas? Principalmente, en su manera de conceptualizar el problema al que el que psicólogo y paciente deben enfrentarse, y los objetivos planteados para conseguirlo.

Desde la perspectiva de las terapias cognitivo-conductuales, el objetivo al que hay que aspirar es la eliminación o la mitigación de síntomas psicológicos que generan malestar, y cuyo poder sobre la persona puede ser combatido propiciando que el paciente piense de otras maneras y adopte nuevos hábitos que debiliten el trastorno.

En cambio, desde la perspectiva de las Terapias de Tercera Generación, el objetivo de la intervención no es tanto hacer desaparecer por completo el malestar, sino limitar la influencia negativa que el trastorno tiene en la persona haciendo que esta aprenda a “convivir” con cierto grado de incomodidad y de imperfección en lo que experimenta.

Además, las Terapias de Tercera Generación también son conocidas como Terapias Contextuales, porque ponen especial énfasis en la necesidad de entender el problema a tratar como parte del contexto en el que vive el paciente y del que no se puede desligar.

Características de la Terapia de Aceptación y Compromiso

Ahora que ya hemos visto en qué consiste la categoría a la que pertenece la Terapia de Aceptación y Compromiso, veamos qué es exactamente esta terapia, aunque algunos de sus rasgos principales ya los hemos visto anticipados en la sección anterior.

1. Se inspira en las terapias cognitivo-conductuales

A pesar de que tal y como hemos visto la Terapia de Aceptación y Compromiso no se considere una terapia cognitivo-conductual, eso no significa que se oponga claramente a los principios y métodos de las que sí lo son.

De hecho, ha sido creada desde los fundamentos de las terapias cognitivo-conductuales, de manera que tienen muchas cosas en común: ambas plantean objetivos terapéuticos concretos, se basan en información lo más objetiva posible, se desarrollan a través de unas pocas sesiones durante varias semanas seguidas, pretenden actuar sobre las creencias y la manera de interpretar las cosas del paciente, etc.

 

2. Se basa en la aceptación

Esto puede parecer redundante ya que es una palabra que aparece en el nombre de la terapia, pero realmente es uno de sus aspectos clave. A través de la Terapia de Aceptación y Compromiso, parte del objetivo a alcanzar es lograr un reajuste de las expectativas del paciente. Así, no tener una vida en la que el problema psicológico no ha dejado ningún rastro no se convierte en un factor que produzca una fuerte inestabilidad emocional ni que mantenga a la persona alejada de la felicidad de manera indefinida.

Esto es útil, teniendo en cuenta que a veces no se puede eliminar por completo el malestar ocasionado por un trastorno: las personas que han desarrollado fobias siguen sintiendo una cierta incomodidad al exponerse a lo que antaño las atemorizó, quienes han pasado por una etapa de depresión tienen un mayor riesgo de recaer, quienes han desarrollado adicciones sienten un mayor grado de tentación ante ciertos estímulos, etc.

3. Bloquea la evitación del pensamiento

La Terapia de Aceptación y Compromiso evita que el paciente se obsesiones con evitar ciertas ideas o pensamientos a causa de que anticipa el malestar que estos producirán si captan su atención.

Esto hace que se habitúen a aquello que hasta ese momento causaba angustia o ansiedad, lo cual permite abordar ciertos problemas con una mentalidad más constructiva.

4. Es una herramienta de resiliencia

Por lo que hemos visto, la Terapia de Aceptación y Compromiso es una gran ayuda a la hora de permitir que las personas superen experiencias dolorosas y vuelvan a ser felices incluso en situaciones que ellas mismas habían calificado de catastróficas meses atrás.

Dicho de otro modo, la Terapia de Aceptación y Compromiso potencia la capacidad de resiliencia, es decir, la habilidad a la hora de adaptarse a situaciones desfavorables y de encontrar significado y la posibilidad de ser feliz en momentos complicados.

Referencias bibliográficas:

  • Hayes, S. C., & Smith, S. (2005). Get Out of Your Mind and into Your Life: The New Acceptance and Commitment Therapy. Santa Rosa, CA: New Harbinger Publications.
  • Hayes, S.C.; Strosahl, K. & Wilson, K.G. (1999). Acceptance and Commitment Therapy: An experiential approach to behavior change. New York: Guilford Press.
  • Ruiz Jiménez, Francisco José (2012). Acceptance and commitment therapy versus traditional cognitive behavioral therapy: A systematic review and meta-analysis of current empirical evidence. International Journal of Psychology and Psychological Therapy. 12 (3): pp. 333 – 358.
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